Una diva de alma popular y atormentada

 

Probablemente no haya nadie en Italia ahora mismo más popular, legendario y querido que Sophia Loren, casi la última de las grandes estrellas vivas de la edad de oro del cine italiano, junto a Claudia Cardinale y Monica Vitti. Su fulgurante carrera, con un increíble Óscar a la mejor actriz en 1962 por ‘La ciocciara’, no siendo una película americana, es la fábula de una niña muy pobre y herida por los traumas familiares que se abre camino en el cine como una fuerza de la naturaleza. Sus memorias ‘Ieri, oggi, domani’ (Ayer, hoy, mañana), publicadas simultáneamente la semana pasada en todo el mundo, son un relato apasionante por la época y los personajes que se cruzan. Pero del mismo modo revelan con sinceridad la fragilidad interior de una estrella que siempre buscó poder formar una familia normal, como la que ella no tuvo.

TRAUMA FAMILIAR
Loren dedica el libro a sus cuatro nietos, “el gran milagro de mi vida”, porque escribe como madre y abuela, los grandes éxitos de su vida. En realidad es lo que persiguió siempre. Nacida el 20 de septiembre de 1934 en Roma, su madre se volvió enseguida a Pozzuoli, cerca de Nápoles, al ser rechazada por su novio, que no quiso saber nada de ella ni de la niña. “Si pienso en mi vida me sorprendo que todo sea verdad, una mañana me despertaré y comprenderé que era sólo un sueño. No ha sido fácil, ha sido duro, pero ha valido la pena. El éxito tiene un peso que hay que aprender a gestionar,  nadie te lo enseña”. Su madre, Romilda Villani, era una mujer de buen ver que siempre soñó con ser una estrella. De hecho ganó un concurso de dobles de Greta Garbo y el premio era ir a Hollywood, pero sus padres no la dejaron. Toda su vida se redimió con la carrera de su hija, siendo su sombra y empujándola a los primeros ‘castings’. Sofía -la ‘ph’ vendría luego- se apellidó Scicolone. Por cierto, el segundo apellido de su padre era Murillo, de vago origen noble napolitano. Nada más nacer casi muere porque la patrona de la pensión donde cayó su madre le dio unas lentejas y su familia hizo un voto a San Genaro. Creció con sus abuelos napolitanos y vio por primera vez a su padre con cinco años.

HAMBRE Y GUERRA
La Loren, luego exuberante y expansiva, fue un niña tímida y comaplejada: “No tenía padre y mi madre era demasiado rubia, alta, vivaz y sobre todo no casada. Su belleza excéntrica me avergonzaba. Soñaba una mamá normal, reconfortante. Rogaba a Dios que no viniera a buscarme al colegio porque me avergonzaba ante mis compañeras”. Además eran muy pobres, en una casa llena de gente, y pasaban hambre. En navidad le regalaban carbón diciendo que había sido mala, aunque con un guiño le hacían comprender que era porque no había dinero. “El hambre fue el tema dominante de mi infancia”, confiesa. Era tan delgada que la llamaban ‘Stuzzicadenti’, palillo. De los seis a los once años sufrió la guerra y el espantoso asedio de Nápoles, corriendo a refugiarse de las bombas en el túnel del tren. Aún hoy duerme con la luz encendida. “Quedé reducida a un esqueleto”, recuerda. Cuando entraron los aliados un soldado le tiró una chocolatina, pero como no sabía lo que era no se atrevió a probarlo. Le quedó una cicatriz en la barbilla de una esquirla de bomba y se la curaron en un campamento americano.

 

REINA DE BELLEZA Y FOTONOVELAS
La pequeña Loren estaba enamorada de Tyrone Power en ‘Sangre y arena’ y de Gregory Peck en ‘Duelo al sol’, pero ni soñaba con ser actriz. Era su hermana la que tenía talento en los espectáculos caseros. Pero con 15 años la explosión adolescente le hizo pasar de “patito feo a cisne” y hasta su profesor de gimnasia se presentó en su casa endomingado para pedirla en matrimonio. En 1949 hubo en Nápoles un concurso de belleza de Reina del Mar y, por dinero y por vengar el destino que le negaron sus padres, su madre la apuntó, la maquilló para simular su edad y le hizo un vestido con las cortinas de casa. No ganó pero fue elegida entre las princesas, se llevó un juego de mantelería y 23.000 liras. También un billete de tren a Roma, el pasaporte soñado para ir a probar suerte a Cinecittà, que entonces despegaba como sucursal de Hollywood. Tras unas clases de interpretación, fueron a la capital a la selección de extras para ‘Quo Vadis’, de Mervyn LeRoy. Se instalaron gorroneando en casa de unos primos que les acigieron a regañadientes y fue a su primera prueba, una charla con el director que fue así:

-Do you speak english?
-Yes.
-Is it your first time in Cinecittà?
-Yes.
-Have yo read Quo vadis?
-Yes.
-What’s your name?
-Yes.

Les cayó simpática y la contrataron, y también a su madre. Aparecen por ahí en la película haciendo bulto. Entonces comenzó la pelea por abrirse camino en Roma, pululando siempre por Cinecittà con papeles de comparsa, en películas de Totò o de romanos, y a la búsqueda de una ocasión. Mientras se ganaba la vida como protagonista de fotonovelas, entonces muy populares y que eran un trmapolín al cine. Se cambió por primera vez el nombre a Sofia Lazzaro, idea del director de la revista porque decía que su belleza resucitaba a los muertos. Aunque era una belleza fuera del canon clásico: frecuentaba concursos de belleza y nunca ganaba. Por ejemplo, fue segunda en miss Italia en 1950.

 

CARLO PONTI, EL AMOR DE SU VIDA
En uno de aquellos concursos, en 1951, conoció al entonces ya célebre productor Carlo Ponti, su futuro marido (arriba). Ella tenía 16 años y él 39. Le sugirió hacerle una prueba, que fue un poco desastrosa: “¡’Dottore’, es imposible fotografiarla, tiene un rostro demasiado corto, una boca demasiado grande, una nariz demasiado larga!”, se quejaba el fotógrafo. Después Ponti le sugeriría recurrir a la cirugía para retocar la nariz y ella se negó: “¡No quiero una naricita a la francesa!”. Su salto definitivo al cine de protagonista fue en 1952 y por fin empezó a tener algo de dinero. Se instaló con su madre en un piso sin cocina. Cocinaban a escondidas con un hornillo en el baño y confiesa que toda la vida se ha llevado uno para cocinar su pasta si le entraba hambre en algún hotel de lujo. Ponti, entonces casado pero que la acompañaba frecuentemente, era para ella “una presencia paterna” que le daba seguridad. Se fue fraguando una extraña y escandalosa pareja que en realidad duró toda la vida.

 

 

DE SICA Y MASTROIANNI
Para tener su primer papel protagonista Loren mintió y dijo que sabía nadar, y casi se ahoga. Fue entonces cuando le cambiaron a Loren, porque sonaba a sueco, y Sofía a Sophia, “aunque en mi pueblo empezaron a decir Sopía, porque no entendían nada”. Lo primero que hizo al ganar un millón de liras fue pagar a su padre para que cediera el apellido a su hermana menor, que no había reconocido, y restaurar su honor. Tuvo que comprarlo. El encuentro que le cambió la vida fue con Vittorio de Sica, que le echó el ojo para ‘L’oro di Napoli’, en 1954. El primer día de rodaje le dijo: “Sofí, tú ya tienes dentro todo lo que te sirve, hazlo salir, déjate llevar, pesca tus emociones de lo que has visto y vivido”. Lección de cine de un maestro. Rodarían trece películas. “Me enseñó todo lo que sé”, asegura. Luego encontró a su otro amor, “cinematográfico, se entiende”, Marcello Mastroianni, diez años más grande que él, en ‘Peccato che sia una cannaglia’. Repite, como siempre ha dicho, que su relación con Mastroianni fue siempre de amistad, de complicidad, sin el más leve escarceo amoroso, porque se veían como almas gemelas. Curiosidad: revela que en ese filme el ‘matón’ encargado de proteger a los actores de los curiosos era un tal Gabriel García Márquez, que estaba en Roma estudiando cine. El primer papel dramático de Loren fue en 1954 en ‘La donna del fiume’, en cuyo rodaje cristalizó la relación con Ponti, que el último día de rodaje le regaló un anillo de compromiso. Aunque no podía casarse, porque su matrimonio seguía siendo válido y antes debía anularlo.

 

LA HISTORIA CON CARY GRANT
En 1956 se acercó a Hollywood por Madrid, donde aterriza para rodar ‘Orgullo y pasión’, con Cary Grant y Frank Sinatra. En la rueda de presentación ella llegó puntual temblando de nervios, Cary Grant, dos horas tarde y Sinatra, cuatro. “Confieso que no he estado más agitada en toda mi vida”, escribe. Fueron seis meses de rodaje por Castilla y Léon. Sinatra era “un hombre delicioso, bueno y divertido”, aunque sufría mucho por Ava Gardner. Pero fue con Cary Grant, 22 años frente a 52, con quien entabló una intensa amistad de la que siempre se ha hablado mucho. Loren señala el nexo que les unió en la infancia difícil de Grant: su madre fue encerrada en un manicomio y él se escapó con una compañía de saltimbanquis. Cenando en Ávila o Segovia pasaron muchas veladas juntos y rozaron el romance, pero ambos estaban comprometidos, aunque la Loren sufría por su condición de esposa clandestina. “Los dos intuíamos que el sentimiento entre nosotros comenzaba a convertirse en amor pero teníamos miedo”, apunta. El último día de rodaje Grant le pidió que se casara con ella. “Nunca le había creado ilusiones”, dice, y le respondió de forma elusiva que necesitaba tiempo. Él contestó con su fino humor: “¿Y por qué no nos casamos primero y luego lo pensamos?”. Se dejaron como buenos amigos. Grant siguió mandándole flores y notitas y los celos de Ponti a ella le costaron una famosa bofetada en público.

ÉXITO Y HUIDA DE LOS PURITANOS
En 1957 desembarcó en Hollywood con un contrato de la Paramount. Alucinaba con el desmadre de las fiestas: la despampanante Jayne Mansfield, con alguna copa de más, se sentó con ella y le plantó un pecho sobre su plato, una foto que se hizo famosa. Por entonces se casó con Ponti en México, un matrimonio no válido en Italia, que le dio dolores de cabeza, con denuncias de bigamia y ataques del ‘Osservatore Romano’. Vivieron dos años fuera de Italia como un exilio, ante el temor de ser arrestados si ponían pie en el país, porque Ponti se arriesgaba a cinco años de cárcel, pero en esos años Loren se consagró como actriz con los más grandes. En 1962 ganó el Óscar, pero le daba miedo ir a la ceremonia y la pasó en Roma, esperando al teléfono, porque no había retransmisión televisiva. Para calmar los nervios s epuso a cocinar salasa de tomate para la pasta. Por fin llamó Cary Grant a las seis de la mañana para decírselo. Ya madura como artista la amistad con Alberto Moravia, autor de la novela de ‘La ciociara’, dio pie luego a una célebre entrevista del escritor en la que prácticamente la diseccionaba psicológicamente y le revelaba las claves de su personalidad, los traumas de su infancia y el deseo de normalidad. “La releo hoy después de cincuenta años y todavía me conmuevo”, señala. Cumplir su sueño de ser madre fue arduo. Con 29 años sufrió un aborto, una pesadilla agudizada por “la mirada de desprecio de las monjas”, pues seguía vivíendo en situación irregular con Ponti. “Una mirada obtusa, sin humanidad, sin ningún sentimiento”, acusa. Cuatro años después perdió un segundo hijo y carga contra su ginecólogo, que le dijo que no era nada, se fue a una fiesta y que se tomara una manzanilla. Luego incluso le dijo que nunca tendría hijos. Por fin lo consiguió en 1968. Su relación con Ponti, cuya resolución en los tribunales se atascaba sin fin, continuó siendo pasto de cotilleos en la Italia mojigata y en 1964 se hartaron y se instalaron en París, donde se casaron dos años más tarde. Iban y venían de Roma, pero en 1974 se instalaron definitivamente en París y en 1980, en Suiza. Entre otras malas experiencias, Loren narra intentos se secuestro, robos de joyas y problemas con la justicia italiana por acusaciones de evasión de impuestos, que incluso le llevaron dos semanas a la cárcel en 1982.

 

LA VIDA CON LAS ESTRELLAS
El libro, obviamente, rebosa de estrellas. Loren confiesa que su primer modelo fue Lucía Bosé y también niega la supuesta rivalidad con Gina Lollobrigida. Recuerda a John Wayne exactamente como lo que parecía, un cowboy sanote, y tiene unas herraduras de su caballo en una pared. Fue vecino de Audrey Hepburn, que una vez les invitó a cenar pero descubrieron con horror que era una hoja de lechuga y poco más. Al volver a casa se hizo un bocadillo. Rodar con Chaplin fue una de las experiencias de su vida, salvo por la compañía de Marlon Brando, que “a pesar de su atractivo era un hombre que parecía incómodo en el mundo”. En una escena se le fue la mano y le paró los pies a gritos. Deprimido, se alimentaba sólo de helados y fue engordando durante el rodaje. Pero tiene palabras de simpatía para casi todo el mundo. Con Omar Shariff hizo un concurso del plato de berenjenas de sus respectivas madres. Paul Newman, “un hombre adorable, bello como el sol”; Peter Sellers, “de una inteligencia extraordinaria, me hacía reir como nadie”; Richard Burton, entrañable, se alojó en su casa una temporada mientras intentaba dejar el alcohol y olvidar a Liz Taylor.Alec Guiness “el actor más completo que he conocido”. Michael Jackson, vecino de rancho en California, de una “timidez delicada y un poco infantil”. Y dedica varias páginas a su amigo Giorgio Armani.

 

 

Para terminar, una escena de ‘L’oro di Napoli’ (1954), de Vittorio De Sica, la primera película que la lanzó a la fama, con el célebre papel de la pizzaiola y el marido cornudo. Advierto que entra una nostalgia terrible de ir a Nápoles, aunque nunca se haya estado allí:


(Publicado en El Correo)

Italianos geniales (1): Tiziano Terzani

Hola a todos, espero que hayan pasado un buen verano y estén bien cada uno de lo suyo.

Para reactivar el blog y mientras me hago a la idea comenzamos con estas entregas veraniegas publicadas en El Correo y en el resto de diarios del grupo Vocento.

Me pidieron una pequeña serie sobre algo y ya que me paso el año contando calamidades pensé en hablar de personajes italianos geniales y más o menos desconocidos fuera de Italia, un ejemplo de lo bueno que tiene este país. Me pidieron sólo cuatro, pero por supuesto que hay muchísimos.

Comenzamos con Tiziano Terzani:

 

 

Uno de los reporteros más famosos del siglo XX en Italia es muy desconocido fuera de ella, salvo en Alemania, y lo fue incluso en su propio país buena parte de su vida. Tiziano Terzani era un periodista atípico porque para empezar no era periodista. Y para terminar tampoco, porque tras consagrarse como reportero de guerra y corresponsal en Asia se cansó del periodismo, le dio por los libros, la espiritualidad y acabó convertido en una especie de santón indio con barba blanca a lo Tolstoi.

Nacido en Florencia en 1938 en una familia muy pobre Terzani estudió leyes y se colocó de ejecutivo en la Olivetti, pero lo de llevar corbata no le gustaba nada. Los viajes sí, y con su trabajo pudo ver un poco de mundo. En 1965 aprovechando uno a la Sudáfrica del ‘apartheid’ hizo un reportaje que le publicaron en una revista. Aquello era lo suyo y dejó el trabajo. El título de periodista en Italia requería 18 meses de prácticas y las consiguió en ‘Il Giorno’, de Milán, aunque ya tenía 31 años y un hijo. Allí se hizo su mili del oficio y cuando sacó el título fue donde el director y le dijo: “‘Direttore’, yo en la redacción no estoy bien, quiero ser corresponsal en China”. Le respondió: “El único puesto libre es en Brescia”. Terzani se largó y fue llamando a la puerta de los principales periódicos de Europa. Al final le ficharon en ‘Der Spiegel’ para el sur de Asia. Su mujer era medio alemana y él chapurreaba el idioma.

Se instaló en Singapur en 1972, pero lo justo para salir pitando a la guerra de Vietnam. Terzani se la hizo entera y fue uno de los primeros periodistas occidentales en estar con los vietcong, y uno de los pocos que cubrió la caída de Saigón en 1975. Se consagró y luego recorrió toda Asia. Fue uno de los primeros periodistas en entrar en Camboya tras la caída de Pol Pot para descubrir el horror. Tiene reportajes en el reino perdido de Mustang o en las islas Kuriles, pero igual se apasionaba con los casinos de Macao, los burdeles cutres tailandeses o la atmósfera de los fumaderos de opio camboyanos. En 1980 su sueño se hizo realidad y fue uno de los primeros periodistas occidentales en China desde la instauración del comunismo.

Sin embargo llegaba admirando a Mao y se desilusionó rápido. Desveló cómo era el gran país desconocido y comenzó a fastidiar a las autoridades. Por ejemplo, fue a Tibet y se coló en el Potala, el sagrado palacio de los lamas. Se escondió cuando cerraron la puerta y se quedó a pasar la noche dentro. También documentó la destrucción urbanística del viejo Pekín con capítulos de diez o quince páginas cada semana. Al final le echaron del país.

Pasó unos años en Tokio muy deprimido, porque la sociedad japonesa le pareció un horror. Deshumanizada, robotizada, vio un capitalismo despiadado. Decepcionado del comunismo, le parecía que no había alternativa, que el mundo iba mal y se acabarían globalizando los horarios inhumanos, el trabajo estresante y el consumismo tecnológico. Fue a un psiquiatra y le dio una caja de Prozac. Pero le dio todas las pastillas a su perro enfermo, que así pudo morir en paz.  Le funcionó mejor irse de Japón. Se trasladó a Bangkok, a una casa de madera con un lago con una tortuga carnívora de un metro. Pero seguía rumiando la idea de pegarle un giro a su vida. En 1992 se acordó de una profecía que le hizo un adivino de Hong Kong 16 años antes: en 1993 no debía volar porque tendría un accidente aéreo. Cenando con su jefe del ‘Der Spiegel’ se lo soltó. Junto a su propuesta: pasar un año yendo a hacer reportajes sin coger un avión, viajando como antiguamente, a una velocidad humana. El jefe aceptó y al siguiente encargo mandó a otro. Es increíble pero el helicóptero donde viajó su colega, y que tenía que haber cogido él, se estrelló. Sólo hubo heridos, pero su compañero le llamó para cagarse en su adivino. Esto le acabó de convencer en su idea y así, moviéndose con lentitud, redescubrió Asia, y el periodismo. Lo contó en un libro estupendo, ‘Un indovino mi disse’ (Un adivino me dijo).

Pero ese viaje le alejó definitivamente del periodismo. Para seguir el juego se entretuvo consultando adivinos en cada rincón y acabó descubriendo la meditación con un exagente de la CIA convertido en eminencia del yoga. Fue a más cuando le mandaron a India, donde pasó una temporada de ermitaño en el Himalaya con un viejo gurú. Por aquel entonces le descubrieron un cáncer pero ya era un maestro de vida y lo llevó con deportividad. Tiene otro libro precioso, ‘La fine è il mio inizio’ (El fin es mi inicio) en el que repasa su vida con su hijo. Su conclusión es que las revoluciones son frustrantes porque la historia se repite y nada cambia. La única revolución, decía, era la interior. Parece que él lo consiguió, pese a tener uno de esos egos inquietos e incansables de los italianos, de un revoltoso cabezota florentino.

 

 

Vacaciones con canguro

 

Me despido durante el mes de agosto, pero estén tranquilos que no creo que vaya a cambiar nada, y de todas maneras aquí dejo a la tropa con canguro.

La gran reforma del Senado de Renzi se ha empantanado en el Senado, algo sorprendente si se piensa que pretende que voten su suicidio y disolución. Le han plantado 7.800 enmiendas, todas medio inventadas con el único fin de bloquear el trámite hasta el infinito: el primer día echaron mañana y tarde y sólo debatieron cuatro. Uno que pide la palabra, el otro también, un paripé divertidísimo. Renzi amenazó con dejarles a todos sin vacaciones y pasar allí el mes de agosto, de nueve a nueve, apretando 7.800 veces el botoncito de voto. Menos mal que entonces se inventaron lo del canguro.

La técnica del canguro -les juro que le llaman así y se habla de ello en la prensa con normalidad- es una estratagema para ventilar en bloque todas las enmiendas que se parezcan. De ahí derivan algunos términos de la espesísima jerga parlamentaria como norma ‘cangurabile’ y demás. La Junta de Reglamento del Senado se reunió el otro día tres horas y dijeron que sí que se valía. Entonces de un plumazo se cargaron 1.400 enmiendas. En los escaños del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) empezaron a agitar un  muñeco de un canguro en plan de coña y el presidente de la cámara ordenó de inmediato a los ujieres que apresaran el peluche. Pero los senadores lo escondían debajo de los bancos y no había manera. Al cabo de un rato el canguro volvía a asomar por otro lado. Un cachondeo, como en clase de sociales con un profesor lelo.

Así hemos llegado a la semana decisiva… creo que número 66, pero esta sí que es la buena, de verdad, para las míticas reformas. Se han puesto de límite el 8 de agosto, pero no sería raro que les dejaran a todos para septiembre. Porque luego llegan las votaciones secretas y en el feliz anonimato todos los cálculos saltan por los aires y surgen decenas de traidores.

De todos modos ¿estamos hablando de algo que note la gente en su vida diaria o arregle algún problema? Pues no, la verdad, su único efecto actual es un aburrimiento monstruoso. Me da una pereza enorme contárselo porque van a dejar de leer y es que además a lo mejor pasado mañana lo cambian todo y estamos perdiendo el tiempo. Pero ¿estamos hablando de algo importante? Pues sí, la verdad, si al final hacen algo se notará a largo plazo: quieren cambiar el Senado y luego el sistema electoral. Pero por eso mismo, porque es importante, da miedo dejarlo en manos de estos inútiles.

 

Una parte, el centro-derecha, son los mismos que aprobaron la nefasta ley electoral de Berlusconi en 2005. De hecho, el autor confeso del delito, Roberto Calderoli, que la bautizó directamente como ‘porcata’, cerdada, es uno de los próceres que ahora firma las nuevas reformas, cuando debería retirarse a las montañas de la Padania de la verguënza y no regresar jamás. Pero ahí está, partiendo el bacalao. Casi desde el día siguiente de aprobar este sistema desastroso, pensado por Berlusconi para arruinar el probable triunfo de la izquierda en las siguientes elecciones y que garantizaba la ingobernabilidad, empezaron a hablar de cambiarlo, y llevamos así nueve años. Eso debe de ser para Berlusconi pensar a largo plazo. Encima el tribunal constitucional lo declaró inconstitucional, aunque le llevó ocho años decidirlo, y tras desmontarlo lo dejó un sistema proporcional puro, que sería como convertir definitivamente el parlamento en un manicomio: imaginen uno con cien partidos o por ahí.

Hay que cambiar el sistema de voto como sea, porque no se podría convocar unas elecciones ahora. Con eso juegan ahora unos y otros, para ganar tiempo, para perderlo, para meter miedo… El problema siempre es el mismo: cada partido sólo quiere el sistema electoral que le beneficia. La diferencia ahora es que Renzi, que es muy listo, ha concluido que el único modo de hacer algo es pactando con el enemigo, con Berlusconi. Aunque ya es mala suerte que lo haga justo cuando empezaba a no pintar nada y encima le condenan por evasor fiscal. Así que entre los dos han pactado un sistema que premia al primer partido y le regala la mayoría, y además parece que será con listas cerradas. Es para garantizar estabilidad y, por tanto, que por fin alguien decida y haga cosas, no como en el último medio siglo. El problema es que en Italia que mande sólo uno da un poco de miedo, por Mussolini y tantos otros bonitos recuerdos, y también porque predomina un imperioso deseo colectivo de trincar todos del pastel.

La cosa se pone aún más interesante con la reforma del Senado, porque quieren dejarlo de adorno. El objetivo es que Italia deje de tener un bicameralismo perfecto, es decir, que las dos cámaras ya no tengan la misma importancia y todas las leyes no deban ser aprobadas dos veces. Un latazo que retrasa los trámites una eternidad. En realidad cuando quieren las aprueban a toda velocidad, pero claro, tienen que querer y eso es lo realmente difícil. Algunas leyes ‘ad personam’ de Berlusconi han sido muy rápidas. Y por otro lado aunque se den prisa con decretos ley luego deben darles efectividad. Renzi, por ejemplo, tiene quinientos y pico normas amontonadas de sus predecesores Monti y Letta esperando el visto bueno.

La cuestión es que con tanto compromiso con esta reforma están perpetrando una chapuza: no se cargan el Senado, pero lo dejan en un centenar de escaños que no se eligen, sino que los rellenan con diputados regionales, alcaldes y otros elementos para que se reúnan en las tardes libres para sesiones consultivas que en teoría no sirven para nada. Y que de todas maneras parece que tendrán inmunidad parlamentaria, que al final a muchos mangantes es para lo que les sirve.

La combinación de un solo partido que manda y con una sola cámara que cuenta de verdad, sin más contrapesos, es lo que está levantando ampollas. Porque de ese modo un solo partido podría elegir solito, por ejemplo, el presidente de la República y los jueces del tribunal constitucional. Por eso los gritos que se oyen estas semanas son: ¡deriva autoritaria! ¡golpe de Estado! ¡vamos hacia la dictadura! El diario ‘Il Fatto’ ha recogido ya 200.000 firmas contra estas reformas y juristas de prestigio están bastante preocupados.

¿Qué pasará? ¿Se hundirá el país? ¿En septiembre tendremos un régimen tiránico? ¿Caerá Renzi con todo el equipo presa de su desmedida ambición? ¿Se convertirá por fin en un bluff? ¿Habrá elecciones anticipadas? De momento todos a la playa de vacaciones y en septiembre ya veremos. Aquí en agosto todo se para.

Mientras tanto, con las instituciones distraídas, la gente se organiza por su cuenta:

 

Playa delle Pergole, en Realmonte, Agrigento, Sicilia… un año más, como siempre.

Les deseo unas felices vacaciones, si las tienen, y si no, un tranquilo mes de agosto.

 

Lui (45): la imaginación al poder

 

Los comentarios de la gente en Italia a la noticia de la absolución de Berlusconi en el segundo juicio del caso ‘Ruby’ no son precisamente los que se le ocurren a alguien que no sea italiano, y de hecho necesitan explicación para los no iniciados. Son más o menos así: “Cáspita, Renzi es más peligroso de lo que parece”. ¿Ein? Pues sí, lo primero que se imagina la gente en la calle es lo siguiente:

“Ah, claro, ahora que Renzi necesita como el agua el apoyo de Berlusconi en el Parlamento, para sacar adelante las reformas que ha prometido hasta la saciedad, hace una llamadita a los jueces para que se lo absuelvan, así lo rehabilita, le tranquiliza y todos tan contentos. Sí, sí, ahora se ve perfectamente en qué consistían los pactos secretos que han firmado estos dos pájaros: tú me arreglas mis procesos y yo te echo una mano con tus proyectos. Y además así da con la puerta en las narices al movimiento de Beppe Grillo. Un genio. Es el sistema que se sigue defendiendo, no hay nada que hacer, la vida sigue igual, esto no tiene arreglo. Vaya con Renzi, cómo ha tomado el control de todos los resortes del poder en unos pocos meses. Este chico llegará lejos. En fin, esperemos que haga algo, si es la cuarta parte de lo que dice nos damos con un canto en los dientes”.

Esto refleja, se darán cuenta, una nula confianza en las instituciones, en la democracia y una absoluta convicción de que los tribunales funcionan con mando teledirigido desde el Gobierno: pues sí, así es como lo ven los italianos, no se hacen ilusiones. Ya están paranoicos perdidos y nadie quiere pasar por ingenuo, que ya hemos dicho que en este país es el peor pecado: si pareces desprevenido te la meten doblada seguro, así que todos van de listos para no llevarse decepciones en esta vida de miserias. Yo, por mi parte, no digo nada, porque resulta que muchas veces aciertan.

Sobre las amables relaciones entre Renzi y Berlusconi ya se han hecho todo tipo de chistes. Se los imaginan así:

 

O en esta versión más cinéfila y de miedo:

 

 

O con este otro aspecto tan simpático:

 

 

 

En Italia viene a pensar que Berlusconi se ha salvado todos estos años de sus fechorías porque mandaba. Cuando dejó de mandar porque empezó a ser un estorbo –noviembre de 2011, en plena crisis económica europea- le condenaron un par de veces –Ruby en junio de 2013 y Mediaset en agosto de 2013-. Pero ahora vuelven a rescatarlo porque todavía les hace falta. Y eso que para Berlusconi los jueces son todos comunistas y no dejan de perseguirle.

Perdonen que no entre en detalles sobre las famosas reformas de Renzi que justificarían estas conspiraciones (Senado, sistema electoral,…) pero es que es aburridísimo. Estamos en la semana decisiva número 64 –la emisora Radio Sole 24 Ore lleva el recuento con alborozo- y acaban de presentar 7.800 enmiendas al texto en el Senado. El día que terminen ya avisarán, lo malo es que nos machacan todos los días con este tostón, mientras las estadísticas advierten que ya hay 6 millones de pobres “absolutos” en Italia, uno de cada diez.

En esta historia de ‘Ruby’ los detalles del proceso son lo de menos. El culebrón ya se lo sabe todo el mundo. También, aunque sea de lo que se acuerda todo el mundo, lo menos importante es el bunga bunga y si Berlusconi se acostó o no con ‘Ruby’. La prostitución de menores era sólo un año de los siete que le cayeron en la primera sentencia y, a la espera del texto de la absolución, parece que los jueces han creído eso de que le juro señoría que aparentaba por lo menos 19 ó 20, usted mírela bien y dígame de verdad cuántos le echaría y no me entienda mal.

Los otros seis años de la condena, lo gordo, eran por concusión o abuso de poder, como respuesta a esta pregunta: ¿Llamó Berlusconi, siendo primer ministro, a una comisaría de Milán desde París la medianoche el 27 de mayo de 2010 para que soltaran a su amiga ‘Ruby’ cuanto antes aunque había sido arrestada por robo? Sí, eso está claro y probado. Dijo que pensaba que era la sobrina de Mubarak y todos nos seguimos despanzurrando de la risa. Pero ahí se acaban las risas. Una cosa es lo que parece y otra los arcanos matices del código penal. A ustedes, que no tienen ni idea, quizá les parezca que es muy fuerte y que es gravísimo, pero eso, no tienen ni idea. No está tan claro que esto sea delito. Parece que con tantas leyes como se inventan y cambian cada día en Italia justo esto se les había quedado fuera. Ahora parece que sólo hay concusión si a uno le obligan a incumplir la ley con una coartación total de su libertad o si uno saca algún beneficio de ello. El comisario dijo en el juicio que no se sintió nada obligado, pero para nada, por la llamadita del primer ministro, aunque a cualquiera se le ocurre que tal vez pensó, en un rincón de su cerebro, en que se jugaba un posible traslado a la más remota comisaría de la Calabria profunda. Pero debió de ser sólo una cuestión de imaginación.

No ayuda a pensar bien que justo en diciembre de 2012 el Gobierno técnico de Mario Monti, sostenido por Berlusconi y el Partido Demócrata (PD) cambiara el delito de concusión, que casualmente estaba en juego en ese momento en el juicio de Berlusconi y en el de un pez gordo del PD, Filippo Penati, expresidente de la provincia de Milán procesado por corrupción. Con los resultados que ahora se ven, porque Penati también se libró de la pena el pasado mes de febrero gracias a ese cambio legal.

En cambio, no se imaginan ustedes las disquisiciones bizantinas que se están haciendo sobre por qué lo de Berlusconi no es delito. Ya saben, en Italia las sentencias se anuncian y luego los jueces tienen tres meses para escribirlas. Así que todo este debate tiene lugar sin saber siquiera lo que ha pasado ni por qué le han absuelto, hay que imaginárselo. Los italianos, ya lo hemos dicho, ya se lo imaginan. Juguemos nosotros también a imaginar, que es muy divertido.

Si un tipo roba una pera le condenan sin contemplaciones, pero juraría que si el que la roba es Berlusconi o uno de los de su ralea, entraríamos en infinitos debates jurídicos y descubriríamos inimaginables posibilidades sofísticas en torno a la pera. Por ejemplo, sobre la plena conciencia del imputado de que se trataba realmente de una pera y su conocimiento exacto de las ciencias naturales y, concretamente, de la botánica, así como su percepción fuera de toda duda de que era una pera propiedad de alguien y no un pera silvestre, con referencia a la claridad de la delimitación del perímetro del peral y del tipo de vallado o cercado pertinente, y si tal demarcación estaba en regla o era acorde a los parámetros establecidos por la ley, sin descartar la posible obligación de una adecuada señalización, con rótulos homologados, de la presencia de un cultivo de peras, con consideración de si en el momento de los hechos las condiciones climáticas permitían la visibilidad tanto de la delimitación como de los rótulos, por no hablar del permiso del agricultor para producir ese tipo de pera en esa estación del año y a esa altura del suelo. Es más, producir ese tipo de pera a esa altura del suelo podría constituir una provocación a hipotéticos viandantes que es susceptible de barajarse como circunstancia atenuante, del mismo modo que el impulso irrefrenable de apetito del imputado, etcétera, etcétera. Eso, la pera.

Siguiendo con los ejemplos, un suponer: imaginemos que a Obama le pillan montando juergas con prostitutas en su casa, y encima una de ellas es menor, y además la detienen en Manhattan por robar dinero a su compañera de piso y él, presidente de los Estados Unidos, llama en persona a la comisaría de Manhattan desde otro país, en conferencia internacional, durante una cena institucional, y dice que se ponga el comisario, que no está en el despacho porque son las once de la noche, y entonces le pasan la llamada a su casa, donde el hombre alucina, tal vez hasta estaba ya en pijama, se pone firmes y a sus órdenes, y entonces Obama le dice que sabe de buena tinta –porque le ha llamado al móvil una prostituta brasileña, aunque esto no se lo dice- que tienen ahí detenida a una pava que, cuidadín, es sobrina de Mubarak, y el comisario cuelga, pone las pilas a todos sus subordinados, que flipan porque a la primera de cambio ven que la chavala, para empezar, ni es egipcia, sino marroquí y sus padres son unos pobres desgraciados que viven en un pueblo de Sicilia y, como decía, sus subordinados al final la sueltan aunque la fiscal de menores de guardia dice que la chica es una pieza de cuidado y hay que internarla en un centro de menores, pero pasan de ella, porque el presidente es el presidente, y que se joda la fiscal, y pasan también incluso de terminar el protocolo de identificación obligatorio de la sujeta, y se la entregan, no a un familiar, sino a una amiga que el presidente ha mandado para allá, amiga que, todo hay que decirlo, es mona y todo el mundo sabe que ha sido enchufada por el presidente por ser higienista dental, además de azafata sexy de la tele y, principalmente, por estar buena, pero que ahora cobra 12.000 euros al mes como diputada regional y, aunque eso no lo saben en comisaría, porque lo dirán luego los tribunales, es la que organiza las juergas eróticas del presidente.

Pregunta: hagamos un esfuerzo e imaginemos que esto no es delito, pero ¿cuánto hubiera durado Obama en su cargo sólo con lo que sale en las dos primeras líneas? A los del Tea Party y a media población estadounidense les habría dado un colapso nervioso en la tercera o la cuarta.

Berlusconi, como sabemos, aguantó como un campeón. Dijo que era su forma de vida, a la que nunca renunciaría y que no tenía por qué dar explicaciones a nadie. Aseguró además que no ha pagado por acostarse con una mujer en su vida. Ahora está crecidísimo, aunque hay que esperar la sentencia definitiva del Supremo, dentro de un año. A lo mejor lo volvemos a pasar bien: tal vez confirme la absolución, pero lo mismo le vuelven a condenar o incluso ordenan repetir el juicio. Aquí todo es posible y supera la imaginación.

En cuanto a nuestro héroe, él ahora fabula de nuevo con que le concedan la gracia, cuando se largue de una vez el actual presidente de la República y él ponga a otro de acuerdo con Renzi, uno que le garantice la gracia. También sueña con una ley a la medida que anule su inhabilitación y le permita volver a presentarse a las elecciones. Aunque todo esto no tiene nada que ver con ‘Ruby’: es efecto de su condena definitiva de agosto de 2013 por fraude fiscal en el caso Mediaset. Robó 368 millones al erario público, también siendo primer ministro. Pero ¿quién se acuerda de eso? Era dinero de la venta de derechos de películas, el material con el que se hacen los sueños, pura fantasía. Además el delito fue prescribiendo, gracias a sus cambios legales, y sólo le pudieron condenar por el fraude de los últimos años, 2002 y 2003, un total de 7,3 millones. El resto hay que imaginárselo. La condena fue de cuatro años, pero se quedó en uno, porque tres se los perdonó un indulto. El resto hay que imaginárselo. El año restante no es de cárcel, ni de arresto domiciliario, sino que lo está cumpliendo en trabajo social en un geriátrico. Pero cuatro horas a la semana, una mañana a la semana. El resto hay que imaginárselo. Tampoco hará un año, se quedará en diez meses y medio por beneficios penales de regalo. El resto hay que imaginárselo. Así que en febrero volverá tan fresco, otra vez a la carga. Y el resto, queridos amigos, no requiere mucha imaginación.

Números, limpieza y porquería del banco vaticano

El banco vaticano, el polémico Instituto para las Obras de Religión (IOR), entra desde ahora en la “Fase Dos”, como la ha llamado la Santa Sede, o año uno después de Francisco. Debería ser una nueva etapa como banco católico decente, sin pufos, sin blanqueo de dinero para mafiosos o políticos corruptos y sin clientes misteriosos, el lastre de las últimas décadas de un banco mezclado en graves escándalos. El saneamiento del IOR es uno de los pilares de credibilidad de la revolución moral que Jorge Mario Bergoglio ha aplicado al Vaticano y, a 16 meses de su elección, parece encarrilado.

La entidad publicó el martes por segunda vez su balance anual, el primero de un ejercicio completo bajo el nuevo Papa, una radiografía del lavado de cara: en el último año, apretando las tuercas, ha cerrado 3.000 cuentas y ha congelado más de 2.000 hasta aclarar lo que hay en ellas o quién está detrás. También ha abandonado inversiones raras de la anterior gestión. Todo ello le ha costado un bajón de beneficios, pues ha pasado de ganar 86,6 millones a 2,9. Es decir, el precio de la limpieza han sido 83,7 millones. Acabado el trabajo sucio, su presidente lo deja. El alemán Ernst Von Freyberg, nombrado de forma controvertida en los últimos días de Benedicto XVI, se va con todo el consejo y entra un nuevo equipo. El sucesor es el francés Jean-Baptiste de Franssu, miembro del Consejo de Economía creado por el Papa en febrero. Son los dos chicos de la foto: De Franssu, a la izquierda, y Von Fryberg, a la derecha. Aseguran que se han hecho muy amigos y no tienen ningún mal rollo, lo que tratándose del IOR es noticia. Al frente de este consejo está el cardenal australiano George Pell, un ‘ministro de Economía’ vaticano que es la nueva figura fuerte del organigrama. Controlará el IOR a partir de ahora.

El esfuerzo de transparencia se empieza a notar hasta en la web del IOR, donde ya casi parece un banco normal. Hasta ahora era todo muy misterioso, pero ya ponen fotos y se ve la cara de sus consejeros, rostros ignotos hasta hace nada. También se lee que tienen 115 empleados. El patrimonio del IOR en 2013 ascendía a 720 millones. Entregó 50 al Vaticano como aportación a sus cuentas y 4 para beneficiencia. Los costes de gestión, 8,3 millones, se han disparado un 35% por las auditorías de Deloitte & Touche y los servicios de la sociedad Promontory, que ha revisado todas las cuentas corrientes una por una a ver lo que había dentro. Son unos fichajes que han sido criticados, como si no fueran capaces de hacer eso los propios empleados del banco, pero se ve que no, la verdad.

Las más de 2.000 cuentas bloqueadas “a la espera de los datos solicitados” pertenecen a 1.329 personas y 762 instituciones. Ahí está lo interesante y a ver cómo acaba, si es que nos enteramos. En cuanto a las cerradas, 2.600 llevaban años inactivas y con pequeñas cantidades, pero en 396 casos se debe a que sus titulares no debían tener esas cuentas. Según las reglas, que se han saltado piadosamente durante décadas, sólo eran para religiosos, empleados vaticanos, que en el IOR cobran sus sueldos y pensiones, y embajadas y diplomáticos acreditados ante la Santa Sede. A esas 396 cerradas hay que sumar otras 359 en trámites de clausura. En resumen, el IOR echa en total a 755 clientes, y es el otro punto con morbo: son los últimos de esos famosos laicos que tenían cuentas sin derecho a ello, sin que se supiera cómo habían llegado a poseerlas, y donde a veces se escondían operaciones turbias. Cerrarlas ha supuesto la salida de 44 millones del IOR.

A fecha de hoy la entidad tiene 15.495 clientes, un 80% de instituciones católicas y un 20% personales, con 6.000 millones de activos. Es significativo el progresivo descenso de titulares, que en 2011 eran 21.000. Son 7.000 que se han largado en tres años, y nadie ha explicado gran cosa, aunque quizá se debe al hecho de que el IOR dejó de ser lo que era, un estupendo paraíso fiscal para fechorías contables. Mirando fechas, debe considerarse que Benedicto XVI emprende, o más bien intenta, una limpieza del IOR a partir de septiembre de 2009, cuando nombra presidente a Ettore Gotti Tedeschi, el hombre del Santander en Italia (chico de la foto). Pero se abrió una feroz lucha interna con el sector que se resistía a los cambios, personificado por el entonces secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Perdió Gotti Tedeschi, y de forma clamorosa, defenestrado en 2012 con un comunicado venenosísimo en el prácticamente le acusaban de no dar ni golpe y ser un inútil. Acabó de los nervios, escribiendo un dossier secreto con todo lo que había descubierto y que debía ser divulgado si le pasaba algo, pues dijo temer por su propia vida. Aún no ha abierto la boca sobre lo que pasó, pero como empiece un día puede ser muy interesante. Sí la abrió hace poco el secretario personal de Ratzinger, Georg Gaenswein, que dijo sin rodeos que el cese de Gotti Tedeschi fue a espaldas del Papa. Se lo cargaron sin consultarle, y eso que era su hombre confianza y lo había puesto él.

Aquello fue el ápice de la guerra sucia de ‘Vatileaks’, entre bandos a favor o en contra de una limpieza de porquería en el Vaticano. Casualidad, a Gotti Tedeschi le echaron el mismo día en que arrestaron al mayordomo papal, Paolo Gabriele, por robar documentos del despacho de Benedicto XVI. Ventilado el asunto en un juicio de chirigota le perdonaron y hasta le buscaron un trabajo. El puesto de presidente del IOR quedó libre durante nueve meses, sin muchas prisas por poner a otro, hasta que de repente Benedicto XVI va y dimite en febrero de 2013. Entre otras cosas por ese trasfondo de casa de locos y puñaladas internas en que se había convertido la Curia. Entonces se cerró de la noche a la mañana el largo proceso de selección de candidatos al IOR y a los pocos días Bertone logró colar a Von Freyberg como nuevo presidente antes del cónclave, en un intento de seguir controlando el banco. Quedaba raro que fuera un noble alemán fabricante de buques de guerra, y más raro aún con el Papa  que llegó después. Evidentemente con Francisco se acabó el juego. Von Fryberg se adaptó como pudo -le había fichado otra directiva, tal vez con otras prioridades-, tuvo que ponerse las pilas y cumplir las nuevas órdenes: limpieza a fondo y ya mismo. El miércoles compareció ante la prensa con su sucesor y dijo muy contento que ha sido un año poco menos que maravilloso y más o menos que adora la transparencia, esa gran virtud. Es curioso, porque era la primera vez que aparecía por allí: dio su primera rueda de prensa el día que se iba. Ha dado entrevistas, pero el resto de los mortales nunca supimos la voz que tenía hasta el último momento.

“Ha sido un proceso doloroso pero absolutamente necesario que ha puesto las bases para un futuro del IOR exclusivamente dedicado a servir a la misión de Iglesia católica”, ha dicho Von Freyberg antes de irse. Se cierra la siniestra “Fase Uno” del IOR, que en realidad ha durado 72 años, desde que se fundó en 1942.

El balance del IOR no oculta las críticas a la anterior gestión, de forma sibilina. Por ejemplo, por fondos suscritos en Luxemburgo y Malta que han perdido 28,5 millones e inversiones en oro depreciadas por 11,5 millones. No se disimula una pérdida de 15,1 millones atribuible directamente a Bertone, un regalo a la fundación Lux Vide, de un amigo suyo, un escándalo bajo investigación. O los 11 millones utilizados para tapar un agujero de la diócesis italiana de Terni, otra decisión de Bertone. El exnúmero dos del Vaticano ha caído en picado, aunque sigue agarrado a su ático de tropecientos metros cuadrados en San Pedro, encima del Papa y su habitación espartana. Poner al desastre de Bertone al mando de todo fue el gran error de Benedicto XVI, y lo ha pagado muy caro. Su obtusidad se veía a la legua, hasta el mismo día que le hicieron secretario de Estado: contó que se le había aparecido en sueños Juan Pablo II y le había aconsejado aceptar el cargo.

En la presentación oficial del nuevo presidente, Jean-Baptiste de Franssu, quedó claro de una vez por todas que quien manda en las finanzas vaticanas ya no es tanto el ‘número uno’ del IOR, sino el ‘ministro de Economía’ George Pell (chico de la foto), que parece ser uno que no se anda con tonterías. El cardenal australiano hizo de maestro de ceremonias y expuso una amplia reforma del sector financiero de la Santa Sede en el que el IOR, ya desinfestado, será ya una pequeña pieza más. Abandonará las inversiones inmobiliarias para limitarse simplemente a gestionar los ahorros y pagos de curas, monjas, congregaciones y empleados vaticanos. “Será el clásico banco de depósitos y su principal prioridad serán sus clientes”, dijo De Franssu.

Este ejecutivo de 51 años, casado y con cuatro hijos, dirigía hasta ahora en Bruselas una firma de asesoría de fusiones y compras llamada Incipit y hasta 2011, Invesco Europe. Llegó al Vaticano en abril como miembro del Consejo de Economía de Pell. Sustituye a Von Fryberg tras sólo 17 meses. Oficialmente se va porque no se dedicaba a tiempo pleno al IOR, iba y venía de Roma. Pero está claro que el Papa necesitaba marcar el inicio de una nueva etapa. El nuevo consejo de administración tendrá seis laicos de distintos países y, a falta de conocer los dos últimos, no hay ningún italiano, un detalle significativo.

En los próximos dos años la entidad cambiará sus estatutos y trasladará la gestión del patrimonio de acciones e inversiones todas las instituciones vaticanas a una nueva oficina central, Vatican Asset Management (VAM). La otra entidad financiera del pequeño estado, la Administración del Patrimonio de la Santa Sede (Apsa), también salpicada por escándalos, será igualmente remodelada. Parte de su trabajo será absorbido por el ‘ministerio de economía’ y quedará convertido en tesorería, un banco central del Vaticano, como el de cualquier otro país.

Habrá más reformas, para cortar despilfarros y perfeccionar la gestión, y para afrontarlas se crean más comisiones, fórmula que parece ser del agrado del Papa. Cada vez hay más y uno ya se pierde. Un comité técnico estudiará el fondo de pensiones de los empleados de la Santa Sede, que por lo visto está a salvo, y otro, los medios de comunicación. De la oficina de prensa a Radio Vaticana y al diario ‘Osservatore Romano’, que son un coladero de fondos. Será presidido por el británico Lord Christopher Francis Patten, de 70 años, expresidente de la BBC, exministro y exgobernador de Hong Kong.

 FIN

En nuestro particular cine club, o quizá cine bluc, porque es al revés, primero se habla y luego se pone la película, ilustramos estas reflexiones con el filme de autor ‘Bertoldo, Bertoldino e Caccasenno’ (1984), de Mario Monicelli:

Sinopsis: Esta película picaresca cuenta las andanzas medievales de tres mangantes timadores, Bertoldo (Ugo Tognazzi), su hijo Bertoldino (Maurizio Nichetti) y fray Cipolla, o cebolla, (Alberto Sordi), un monje sinvergüenza. La escena no necesita mucha traducción, pero por aclarar los detalles, se parte de un botín de monedas de oro que han escondido entre la paja del establo, con la mala suerte de que un asno se lo come todo. Fray Cipolla encuentra la solución con un brebaje inmundo de efectos laxantes que hacen ingerir al pobre animal para sacar a la luz el dinero negro, como en el IOR. Funciona, y además con intereses, porque los crédulos dueños de la posada se creen que el burro defeca oro y le dan un dineral por él. Todo es saberse manejar con el dinero sin muchos escrúpulos. 

 

Procesión de fe

La histórica excomunión que el Papa lanzó el mes pasado a la mafia y, específicamente, a la ‘ndrangheta, la organización criminal de Calabria, la más poderosa, empieza a tener efectos. Se puede pensar que sólo eran bonitas palabras que a una asesino le resbalan, pero no es así. Golpean su legitimidad social, terminan con un vergonzoso silencio de la Iglesia y, sobre todo, en Calabria, acaban con una increíble simbiosis cultural de la mafia con lo religioso. Se esperaba una respuesta de los clanes y ya ha llegado. El miércoles en una procesión de la Virgen en un pueblo calabrés de 5.000 habitantes, Oppido Mamertina, pararon el paso de la ‘Madonna’ ante la casa del capo local, Peppe Mazzagatti, como signo de respeto:

 

 

Cosas así han pasado toda la vida, pero ahora son un desafío a la Iglesia. Se ha producido otra señal interesante en las cárceles. En la prisión de Larino, en la región de Molise que el Papa visitó este fin de semana, un centenar de reclusos ha hecho un plantón a la misa. Le han dicho al párroco que si no pueden comulgar dejan de ir. Es un aviso y una señal de obediencia al clan. Recuerda una reacción similar de los presos de Palermo cuando fue el obispo a decir misa tras su primer discurso contra la Mafia, en 1982. A Larino fue el domingo el obispo local y encontró a los presos para darles explicaciones. Era una visita prevista, precisamente, porque debía oficiar la confirmación de un capo de la ’ndrangheta, pero al final no se celebró porque le soltaron. Otra noticia de estos días es la propuesta del obispo de Reggio Calabria de suspender los padrinos de los bautizos durante diez años para cortar un modo de representación del poder
mafioso y de afianzamiento de los clanes. Algo se está moviendo.

La señal de que el anatema del Papa ha cambiado algo es el hecho mismo de que el incidente de la procesión haya sido noticia. Antes quedaba relegado a curiosidad antropológica del sur profundo. Ayer era primera página en la prensa y merecía declaraciones de prelados importantes. El caso ha trascendido porque el oficial local de los Carabinieri abandonó el acto indignado y redactó un informe. Los detalles son el habitual cuadro costumbrista mafioso rural. El pueblo y el clan implicados fueron protagonistas en los noventa de una guerra mafiosa que dejó un centenar de muertos, incluidos mujeres y niños y con moribundos arrojados a los cerdos para que se los comieran vivos. El capo del homenaje, de 82 años, está condenado a cadena perpetua pero vive en arresto domiciliario por enfermedad, algo raro si se piensa que otros capos igual de viejos y enfermos, pero más famosos, siguen entre rejas. El párroco del pueblo, Benedetto Rustico, es primo delcapo y en la misa del domingo dijo esto a los fieles al ver a un periodista, de ‘Il Fatto Quotidiano’: “Os invito a echar a bofetadas ese periodista que está al fondo de la iglesia”. Dicho y hecho.

A los pocos días apareció este vídeo, grabado por el mismo periodista del diario ’Il Fatto Quotidiano’. Sin necesidad de muchas explicaciones retrata la situación y o que significa la mezcla de religioso y profano en estos lugares. Se trata de la hija del capo de Oppido Mamertina, don Peppe Mazzagatti, Mimma Mazzagatti, que baja indignada a la calle a despotricar con los periodistas. No voy a traducir mucho, porque verdaderamente en este caso el medio es el mensaje. Las ideas claves son que su padre es inocente, que son gente honesta que siempre ha trabajado, que su padre es como Cristo, crucificado como Judas por traidores, y que por supuesto todo es mentira y la ‘ndrangheta no existe. Víctimas del destino.

 

Libertarias italianas

 

Dentro de la Guerra Civil española hubo otra guerra civil a pequeña escala, la italiana, porque había italianos en ambos bandos. Ha quedado la percepción mayoritaria de la Italia fascista que ayudó a Franco, y es normal, porque envió 80.000 soldados, pero los italianos antifascistas que acudieron de forma voluntaria constituyeron una fuerza nada desdeñable, unos 5.000 hombres, con cuatro comandantes de división. Pero no sólo fueron hombres. También hubo mujeres, otra pequeña parte de esa historia totalmente olvidada que ahora sale a la luz gracias a un libro publicado en Italia por la Asociación de Combatientes Antifascistas (AICVAS). Los autores, Augusto Cantaluppi y Marco Puppini, han revuelto los archivos hasta reconstruir las vidas de 63 mujeres, aunque se desconoce el número total y esperan que este volumen, titulado “Non avendo mai preso un fucile tra le mani” (Sin haber cogido nunca un fusil con las manos), abra el camino a nuevos estudios. Cada una de esas biografías es una novela.

La historiografía ya ha explorado el papel de españolas, inglesas y alemanas en la contienda, pero todavía quedaban las italianas, las más numerosas después de las británicas, que acudieron como enfermeras, pero mucho menos organizadas y con menos rastro documental. Las italianas eran en su mayoría anarquistas, que fueron por libre, seguidas de comunistas, a menudo desplazadas por orden del partido, y republicanas. Son vidas atribuladas, vapuleadas por la historia, que van de aquí para allá. Mujeres perseguidas por el fascismo en Italia, que en los años treinta huían a Francia o Bélgica, donde a menudo eran clandestinas, y que al volver eran encarceladas. Luego todas pasaron por el exilio, los campos de concentración en Francia, la Segunda Guerra Mundial, los campos alemanes y a veces el regreso a Italia y la prisión. “Fue una larga batalla de resistencia, de 1936 a 1945, una fuerte experiencia política que marcó sus vidas”, resume Italo Poma, presidente de AICVAS. Un caso significativo: Maria Filippini, que tras la muerte de su marido en el Ebro en 1938, siguió combatiendo y terminó de partisana en 1941 en Bélgica hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, junto a sus tres hijos.
 
Estas mujeres a veces seguían a sus parejas o hermanos compartiendo sus ideales, pero en sus biografías exhiben una autonomía e emancipación adelantada a su época. Muchas tenían el pelo corto, un escándalo para la época. Fueron más allá del estereotipo del rol femenino en la guerra, de enfermera o cocinera, tenían conciencia política. “No son mujeres que encarnan un ideal heroico, sino que rechazan con valentía el fascismo y el nazismo y traducen los ideales políticos, y a veces las motivaciones personales, en acción. Son defensoras de un ideal que siguen hasta el final como un deber”, argumenta Laura Branciforte, de la Universidad Carlos III en la introducción al volumen.
 
Además la república española era entonces una referencia porque había prestado mucha atención a las mujeres, les permitió votar y aprobó el divorcio, estaban tuteladas legalmente, cosas que en la Italia fascista sólo podían soñar. La pedagoga Maria Montessori, por ejemplo, dejó su país para instalarse en Barcelona hasta que estalló la guerra. Algunas de estas mujeres vivían ya en España, porque emigraron, o por lazos familiares, o por trabajo, y se quedaron. Maria Olandese, por ejempo, era cantante de ópera y se apuntó a la Cruz Roja en Barcelona. Mientras su marido y su hija, Ada Grossi, que es la última aún con vida de todo el grupo, trabajaron de locutores en la radio republicana en varias lenguas. Hay casos peculiares, como el de Maria Franchini, que viaja a España para asistir al funeral del marido, caído en el frente de Aragón, y decide quedarse para proseguir su lucha.
 
Una de estas mujeres, Maria Bibbi, escribe en una carta reproducida en el libro con fecha del 28 de octubre de 1936: “Estoy bien y soy feliz por vivir la vida de estos hombres valerosos y es inútil que te diga que espero ser cada vez más útil. Nos estamos preparando para un ataque formidable y espero poderte escribir pronto desde Teruel”. Bibbi, anarquista toscana de Carrara, ya había pasado un par de años en prisión bajo el régimen fascista, tuvo que emigrar a Francia y luego siguió a su hermano a combatir a España. Tras la guerra logró seguir en el país con nombre falso hasta que en 1945 pudo volver a Italia tras la guerra. Murió en 1993.
 
Las italianas lucharon unos meses en las trincheras hasta el decreto de militarización de Largo Caballero que en octubre de 1936 prohibió la presencia mujeres en el frente. A partir de entonces trabajaron en la retaguardia en hospitales, guarderías de huérfanos, tareas de propaganda, traducción, industria de guerra, y en evacuaciones. De ahí el título del libro. Maria Urbani llegó a realizar labores de espionaje y correo con Francia. Muchas de ellas corrieron numerosos riesgos, pero sólo las peripecias de algunas de estas mujeres eran conocidas. Figuras más famosas como Tina Modotti y otras con peso político, como Teresa Noce, mujer del dirigente Luigi Longo, o Rita Montagnara, la esposa del líder comunista Palmiro Togliatti, que en todo caso tienen importancia propia más allá de su pareja.
 
Tina Modotti, a quien Pablo Neruda escribió un poema, es el personaje más documentado, por su vida aventurosa. Emigrada a Estados Unidos, luego a México, activa en el mundo político y artístico, retratada por Rivera, fotógrafa, tuvo un papel decisivo en el Socorro Rojo Internacional. Organizó el primer hospital republicano en Madrid, en Cuatro Caminos, se movió en el frente en la unidad de transfusiones y participó en la evacuación de Málaga y Almería. Fue la novia de Vittori Vidali, comandante del Quinto Regimiento, el mando italiano más destacado.
 
La mayoría de estas italianas eran de la clase trabajadora, pero hay excepciones. El más llamativo es el de la condesa de Huntingdon, Cristina Casati Stampa Del Soncino, casada con un noble inglés y ambos con simpatías comunistas. Aparece incluso en los interrogatorios a sus compatriotas del otro bando capturados en la batalla de Guadalajara. Casi todas estas mujeres sobrevivieron a la guerra, pero al menos tres de las retratadas en el libro cayeron en campo batalla, como Gina Benzo, de la columna Durruti, de la que apenas se sabe su número, el 13361. Otras fueron heridas. Emilia Belviso, ‘Berretina’, enviada con otras seis mujeres por el partido comunista a Radio Barcelona, fue herida en el terrible bombardeo de marzo de 1938 en la capital catalana. Aquella operación fue obra de la aviación italiana, pero a veces en la historia se pueden ver extraños mecanismos de compensación. Para Mussolini la ayuda a Franco constituyó un enorme desembolso económico y aunque en las décadas siguientes Italia se lo hizo pagar lo cierto es que menguó su ejército. “Me gusta pensar que aunque los antifascistas perdieron en España, pusieron las bases y las condiciones para la derrota fascista en la Segunda Guerra Mundial, porque Italia entró muy debilitada en el conflicto”, comenta Italo Poma, cuyo padre fue uno de esos combatientes italianos en España.

 

Tina Modotti (1896-1942)
Fotógrafa e intelectual, amiga de artistas en Estados Unidos y México, le dedicó un poema Pablo Neruda. Organizó el Socorro Rojo Internacional y el primer hospital republicano en Madrid.

 

 

 

 

 

 
 

 

Emma Maria Bronzo (1907-1987)
Casada con un comunista, huyen de Italia en 1934 por los Alpes. En España le asignan peligrosos vuelos nocturnos de abastecimiento de armas. Detenida al volver a Italia, es liberada en 1943 y entra en la resistencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fosca Corsinovi (1897-1972)
Anarquista, sigue a su marido en Francia. Acaba en Barcelona en 1936 de enfermera en el frente de Aragón. Termina en un campo en Francia y en prisión en Italia hasta el fin de la guerra.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ada Grossi (1917)
Huyendo del fascismo su familia emigra a Argentina y luego a España. En 1936 es locutora de radio en Barcelona. Recluida en un campo francés, se casa con un español y vuelve con él a España. Es la única viva del grupo.

 

 

 

 

 

 

 

Noemi Maria Missio (1896-1968)
Sigue a su marido, activista, a Francia, Argelia y la guerra de España. Trabaja como mecánica en una fábrica de armas de Barcelona. Se va a Francia donde nace su hijo, al que llama Ibérico.

 

 

 

 

 

 

 

 

Teresa Noce (1900-1980)
Comunista y con cargos en el partido, vive en clandestinidad en el fascismo y es enviada a España a tareas de propaganda. Luego entra en la resistencia francesa y acaba en un campo alemán hasta volver a Italia. Era la esposa del importante dirigente comunista Luigi Longo, pero como le dijo en una carta a una camarada, “ninguna de nosotras le ha hecho de secretaria al marido”.

 

 

 

 

 

 

 

Tosca Tantini (1913-1940)
Anarquista, en 1930 se exilia en Francia con su padre y con 23 años va la guerra de España con su hermano. Combate en el frente en Aragón, donde muere su novio. Vuelve a Francia, donde muere.

 

 

 

 

 

 

 

(Publicado en El Correo)

El tuiteador impertinente

Cada vez que el primer ministro italiano, Matteo Renzi, entra en escena, porque es lo que hace, uno siente que está ante un político dinámico, moderno, capaz de grandes cosas. Ayuda que sea el líder más joven de Europa, 39 años, pero pone mucho de su parte. El parlamento europeo lo contempló el miércoles en su máxima expresión. Discurso ligero de 18 minutos, no leído, predominio de las emociones sobre los argumentos, alergia al lenguaje político clásico -el programa lo tenéis ahí y os lo leéis en casa, vino a decir-, lemas eficaces que dan titulares, complicidad de italiano simpático, impertinencia que transmite seguridad. Un gran ‘spot’ publicitario para arrancar el semestre de la presidencia, más que italiana, de Matteo Renzi.

Grandes aplausos, pero ¿qué dijo exactamente? Orgullo, coraje, pasión, sueños, por supuesto la palabra “crecimiento”, edificantes menciones de Ulises, Cicerón y Dante, pero ni idea de su plan, en resumen, lo que hará. Lo decisivo siempre está en esos papeles áridos que no es el momento de leer o son promesas que no se sabe cuándo ni cómo llegarán. La clave del estilo de Renzi está en esos otros papeles que tenía delante, revelados por los fotógrafos. A la izquierda, la “escaleta”, un guión del discurso. A la derecha, bajo el término “Tweets”, ocho frases para colar aquí y allá. La número uno: “Si Europa se hace un ‘selfie’ saldría una cara aburrida”. Dos: “Israel tiene el deber de existir”. Etcétera.

 

 

El líder del Partido Demócrata (PD) sabe que esta presidencia europea es perfecta como escaparate y con poco tiempo, seis meses, para hacer nada, una cortada igual de perfecta. Es como un ‘tuit’, breve y de autopromoción. ¿Alguien se ha percatado en el primer semestre de la presidencia griega? Pues ya se han enterado todos de que ha llegado Renzi. El ‘tuit’ es su unidad básica de expresión. Raramente va más allá de los 140 caracteres, del razonamiento de dos pasos o de la imagen poderosa. Se mueve así, con ‘slides’, con ‘hashtags’, con ‘flashes’, pide una Europa ‘smart’ que salga bien en un ‘selfie’. Inventa etiquetas exitosas en los medios como esa ‘generación Telémaco’, llamada a ser merecedora de la herencia de sus mayores, que soltó en Estrasburgo.  O golpes de efecto electoral como los 80 euros más de salario anunciados en Italia. El miércoles anuló la rueda de prensa porque tenía que salir pitando para Roma: quería estar a las 20.30 en ‘Porta a porta’, principal espacio de debate político de la televisión italiana, para contar lo bien que le había ido. Es un ‘emoticon’ andante.

Los italianos han ido mandando a Europa dirigentes de dos tipos. Aburridos de solemnidad -Prodi, Monti, Letta-, pero que parecen serios, y los más divertidos del mundo, Berlusconi y ahora, Renzi. El resultado ha venido a ser más o menos el mismo, nada cambia, pero siempre pican. El talento italiano para las relaciones públicas sigue funcionando, igual que parece imposible arreglar Italia, luchar contra su deuda del 132%, reducir su colosal gasto público y su burocracia, acabar con la corrupción o derrotar la jungla de castas y ‘lobbies’. Renzi, es indiscutible, se ha lanzado a esa tarea con arrojo suicida. Tiene un entusiasmo contagioso, da energía. Hace rápido nuevos seguidores. ‘Followers’ diría él. La prensa francesa, principalmente, se ha hecho fan, y ya habrán notado que la española, también. Eclipsado Hollande, es el único capaz de enfrentarse a Angela Merkel, que también ha sido seducida. Es único desactivando enemigos con piropos, pero si es necesario sabe ser muy macarra. Recordemos lo bien que se lleva con Berlusconi y cómo le quitó el puesto de primer ministro a su colega de partido Enrico Letta, con un atraco en toda regla. La pelea Roma-Berlín estos meses será apasionante. Los mercados creen en él y ahora prestan dinero a Italia a un bajísimo interés del 2,8%, un récord. La novedad en Italia es ésa: credibilidad, aunque es un valor volátil, debe durar más que un ‘tuit’.

Renzi también ha obtenido un 40,8% de votos en las elecciones europeas, sobre todo porque no hay alternativa -en la agonía de Berlusconi no existe una derecha en Italia- y sí un gran temor a la inestabilidad que puede traer el movimiento de Beppe Grillo. En Italia ya se da ese fenómeno patrio de que todos corren en auxilio del vencedor. Tránsfugas de centro, derecha y extrema izquierda se pasan con Renzi porque intuyen que será la referencia de los próximos años, hasta que la gente se canse de esperar el milagro o porque a lo mejor, quién sabe, llega de verdad. Los italianos pueden aguantar mucho, Berlusconi ha durado veinte años. Sin ir más lejos su hijo, Piersilvio Berlusconi, ya ha dicho que vota Renzi.

El exalcalde de Florencia de momento tiene crédito, pero sea por culpa suya o por las infernales resistencias del sistema, innegables, su lista de promesas incumplidas es abrumadora. Tras cuatro meses de gobierno se le ve el plumero. Veamos. La ley del conflicto de intereses prometida en cien días, nunca más se supo; la reforma de la administración pública de abril al final se ha conocido en junio y es la mitad de lo anunciado; la reforma del sistema electoral y del Senado era para febrero pero quizá llegue en otoño, dicho así, como estación; la reforma laboral fijada para marzo se ha quedado en un pequeño decreto y están en ello; el pago de las deudas de la administración previsto para marzo quizá sea a fin de año; la reforma de la justicia esperada en junio terminó siendo una presentación de “líneas de guía” el último día del mes, que a ver si se concreta allá por septiembre.

Sigamos con los famosos 80 euros, que sí han aparecido, pero hay dudas de que sea una partida cubierta con recursos reales; el recorte del impuesto a empresas de mayo se retrasó a 2015; la rebaja del 10% del coste de la energía para empresas, nada de nada; el gran plan de inversión en escuelas de 3.500 millones se ha quedado en 122 millones en 2014, y otros tantos el año que viene. La sonada subasta de coches oficiales en Internet, poca cosa. Y en este plan. Total, que ha pasado de hablar de un plan de 100 días a otro de 1.000 días, un cero más.

En realidad en Italia se mueve poco, aunque viendo a Renzi él parece que no para. Así es, tiene mil frentes abiertos que acabarían con cualquiera -la televisión pública RAI, techo a los sueldos de los cargos públicos- y ha logrado cosas. Pero el paro, del 12%, es el más alto de los últimos treinta años y no hay crecimiento, la economía sigue muerta. Quizá todas estas cosas al final se hagan, y sus excusas siempre son buenas. Renzi se deshace en Europa para conseguir arrancar a Merkel una flexibilidad en las cuentas que le permita cumplir promesas en Italia. Es normal que sea el nuevo líder de la izquierda, aunque sea de origen democristiano: ni en Europa ni en Italia tienen a otro. Es la última generación del político puro, hecho para el poder, y desde luego como espectáculo es bonito de verdad. Si encima al final hace algo ya sería maravilloso.

(Publicado en El Correo)

 

Una visita casual

La Casa Real española volvió a sellar ayer sus lazos históricos privilegiados con la Santa Sede con la primera visita oficial al extranjero de los nuevos Reyes al Papa Francisco. Felipe VI y Doña Letizia prescindieron de símbolos religiosos en su coronación, pero ayer dieron una clara connotación confesional a su cargo con el viaje al Vaticano a los once días del inicio de su reinado y al inclinarse ante el pontífice tanto en el encuentro como en la despedida. El jefe de Estado se plegó para besar la mano del Papa y su esposa hizo la habitual reverencia con genuflexión.

El encuentro, celebrado al mediodía, duró 40 minutos, un tiempo largo para la media del protocolo vaticano, y dio más que nada para las fotos. El contenido de las conversaciones en estos encuentros siempre depende de lo que cuenten los interesados, que es más bien poco, o nada. Las audiencias del Papa son un ritual cortesano de lo más opaco, en el que el papel de los cronistas se limita a aportar luego música de violín y retórica costumbrista.

A la entrada y a la salida se permite la presencia de tres o cuatro periodistas, a la debida distancia, que luego cuentan a los demás lo poco que ven o consiguen oír. Esta vez fue: “Majestad, bienvenido, adelante”. Lo dijo el Papa al recibirles. Después se oyeron unas palabras sueltas de Don Felipe: “Intenso pero tranquilo”. Se supone que en referencia a este periodo de agitación de la abdicación de su padre y su sucesión. Después una pequeña broma en el momento de entrar en la biblioteca para sentarse a hablar, cuando el Rey se adelantó: “¡Los monaguillos delante!”. Era una alusión a la broma precedente que hizo el Papa a Don Juan Carlos en su reciente visita, el pasado mes de abril. “Ah, se lo contó su padre”, respondió Francisco. Esto es todo de la entrada.

A la salida, el intercambio de regalos, y de esto sí que dan siempre mucha información. Los Reyes le entregaron un facsímil de una obra de Baltasar Gracián, jesuita como el Papa, ‘Oráculo manual y arte de prudencia’, copia de un original custodiado en Luján, en la Pampa argentina. El Papa les regaló un medallón de bronce con un dibujo del Vaticano, objeto que suele entregar en estas recepciones.

En todo caso uno de los principales focos de atención de la visita parecía ser cómo iba vestida Doña Letizia: de blanco, privilegio de las reinas católicas, de chaqueta corta y falda a media rodilla, y con zapatos ‘beige’. Sin mantilla, porque no era una ceremonia religiosa. De esto era de lo que les preguntaban a todos los compañeros cuando sus jefes les llamaban por teléfono. Jefes de la sección de información nacional o política. El Rey iba de traje azul y corbata del mismo color. La Guardia Suiza, como siempre. Una vez una enviada de una importante revista del corazón vino de blanco y en el Vaticano la mandaron a cambiarse al hotel. No sabía que de blanco en el Vaticano sólo va el Papa, y las reinas católicas, y eso que lo subrayan siempre no sólo las revistas del corazón serias, sino también las que no son serias e incluso la prensa seria.

Según un portavoz de la Casa Real, los monarcas hablaron con el pontífice y luego, en 35 minutos de charla con el secretario de Estado, Pietro Parolin, de “temas sociales de España, como los jóvenes y el paro”, de Iberoamérica y del último viaje del Papa a Oriente Próximo. “Porque no olvidemos que el Rey es también rey de Jerusalén”, dejó caer el portavoz, sin que ningún gesto de su semblante hiciera suponer que no lo estaba diciendo en serio.

Don Felipe volvió a invitar a Francisco a España, como ya hizo su padre, Don Juan Carlos, en su última visita. El motivo sería la celebración en Ávila del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, en 2015. El Rey, consciente de que Francisco no tiene entre sus prioridades los viajes en Europa ni a países ricos -y el primero del continente será, significativamente, a Albania-, le propuso un “viaje corto pero intenso”, “cuestión de horas”. De hecho, al despedirse del Papa ante el grupito de periodistas, donde sí se oye lo que se dicen, se oyó bien que le decía: “Con la esperanza de verle en España”.

Por su parte la Santa Sede publicó su habitual y escueta nota de nulo interés informativo. Describió unos “cordiales coloquios” en una visita que simboliza el “deseo de reforzar las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y España”. “Se han afrontado temas de común interés, la importancia de favorecer el diálogo y la colaboración entre Iglesia y Estado por el bien de toda la sociedad española. Para terminar se han mencionado algunas problemáticas de carácter internacional y regional, con particular atención a las zonas de conflicto”. A menudo estos comunicados se escriben antes del acto en sí, una ventaja práctica de que no digan nada.

Por alguna razón, aunque nadie lo había preguntado, el portavoz de la Casa Real quiso matizar antes de la llegada de los monarcas que éstos no han elegido ir primero a la Santa Sede. Aseguró que simplemente manifestaron su interés en “un paquete” de viajes, al Vaticano y los países fronterizos con España, y al final el calendario se fue cerrando según la disponibilidad de la agenda de los respectivos mandatarios. Habría sido casual, por tanto, que el primer destino haya sido al jefe de la Iglesia católica. Los Reyes volvieron de inmediato a Madrid, sin comer siquiera en Roma, pues en rigor la visita no era a Italia. Luego irán a Marruecos, Francia y Portugal.

El Papa excomulga a la mafia

Francisco fue el sábado más lejos de lo que ningún Papa ni la Iglesia católica ha ido nunca en su tibia y polémica historia de permisividad con la Mafia: “Los mafiosos no están en comunión con Dios, están excomulgados”. La excomunión en sí, el castigo más grave para un creyente y que lo aparta de los sacramentos, ya es una noticia. Es una decisión rarísima en el último siglo, más aún pronunciada directamente por un Papa, sin decreto, y dirigida a un colectivo. Habría que remontarse a 1949 y la excomunión de los inscritos al partido comunista.

Bergoglio excomulgó con todas las letras a los mafiosos por el hecho de serlo, un paso que siempre se ha debatido en el seno de la Iglesia siciliana como una osada audacia de complejos matices teológicos, y siempre sin pronunciar la palabra ‘mafia’, y como una referencia perdida en documentos milimetrados, y nunca desde un púlpito. Un paso que jamás se había llegado a dar. Pero el Papa lo ha dado sin titubeos, dirigido a todas las mafias italianas, y lo ha hecho en una visita a Calabria, la región que más tristemente representa en este momento la gravedad del cáncer mafioso.

La mafia de Calabria, la ‘ndrangheta, es actualmente la más potente y peligrosa. Capaz incluso de matar el pasado mes de enero a un niño de tres años, Cocò Campolongo, en un brutal ajuste de cuentas a su familia. Fue lo que empujó al Papa a anunciar una visita al lugar del crimen, Cassano allo Ionio, un pueblo de la diócesis más pequeña de la región. Viajó allí el sábado y ya sólo ir allí era histórico, nunca un pontífice había prestado tal atención a la violencia mafiosa. Bergoglio vio inmediatamente en este rincón olvidado una de esas periferias donde cree que la Iglesia debe estar en la trinchera. El Papa llegó a primera hora de la mañana y tuvo actos de encuentro con los más marginados: presos, enfermos, pobres. También saludó a las abuelas del niño asesinado. “Nunca más atrocidades sobre los niños”, les susurró.

En los dos discursos de la mañana Francisco no mencionó la mafia, pero al llegar la misa de la tarde en Sibari, ante una impresionante muchedumbre de 250.000 personas (foto de abajo), fue al grano. Improvisó, no estaba escrito en el discurso. Mencionó también con todas las letras a la ‘ndrangheta, y es el primer pontífice que lo hace: “La ‘ndrangheta es adoración del mal y desprecio del bien común. Este mal hay que combatirlo y alejarlo. La Iglesia debe emplearse cada vez más para que el bien prevalezca”.

Todo ello supone la ruptura de un gigantesco tabú de silencio que la Iglesia también ha respetado vergonzosamente. Pero con Francisco esto se acabó, y ya lo demostró en marzo con otro histórico encuentro con víctimas de la mafia. Habrá que ver ahora cuál es la reacción de la mafia, que se basa en el miedo, el silencio y el consenso social. También en una increíble y perversa simbiosis cultural con lo sagrado y los símbolos religiosos, que incluye curas a su servicio y protagonismo de los capos en las procesiones de los pueblos. Que un Papa se les plante de frente supone un desafío mayúsculo a su estatus, de consecuencias imprevisibles. El primero que lo hizo fue Juan Pablo II en mayo de 1993, en una visita a Sicilia. La respuesta de la Mafia siciliana, entonces en su fase más sanguinaria bajo el mando de los Corleoneses de Totò Riina, fue tremenda: en verano puso dos bombas en iglesias de Roma y en septiembre asesinó a un cura de Palermo, Pino Puglisi, comprometido en la lucha contra los clanes. El sábado Francisco se detuvo unos momentos ante el lugar donde fue asesinado el pasado mes de marzo otro cura, Lazzaro Longobardi, aunque se trató de un robo.

 

 

(Publicado en El Correo)

elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.