Un día tonto en la Expo

La huelga de esta semana del colegio de mi hijo en Roma cae justo el día que voy a la Expo de Milán, así que me lo tengo que llevar. Pero bueno, insisten en que es para las familias. La alcaldesa de la ciudad, Letizia Moratti, presentó en su día la Expo 2015, dedicada a la alimentación, de esta manera: “Es un proyecto que se propone no solo objetivos de crecimiento económico, sino de refuerzo del diálogo intercultural y de responsabilidad social hacia los países afectados por el drama del hambre y la pobreza, Milán debe ser un hito crucial, un punto de referencia para Italia y el mundo entero, una propuesta coral y compartida de los nuevos paradigmas para la existencia del mundo”. Pero mejor al niño no se lo digo, perdería credibilidad. Le cuento que es una especie de parque de atracciones sobre la comida. No sabía lo acertado que estaba.

La Expo está en un descampado donde iba a salir barato porque no necesitaba regeneración ambiental. Luego encontraron amianto yotras porquerías y todo se complicó. Es una historia significativa. Fue la primera obra que se adjudicó -en 2011, tres años y medio después de ser asignada la Expo- y debía preparar el terreno para construir lo demás. La acaban de terminar y el presupuesto ha subido de 58,5 a 127,5 millones. A los seis meses desmontarán todo y no se sabe qué va a ser de este lugar.

Como se temía, terminar la Expo a tiempo ha sido un estrés y aún se ven currelas por los rincones o trabajos a medias cuando uno dobla una esquina. En marzo, mes y medio antes de la inauguración del pasado 1 de mayo solo estaban oficialmente acabados el 9% de los trabajos. También se veía venir, y así ha sido, que sería un bebedero de patos para la corrupción y la mafia. Normal: estaba en juego un botín de 1.300 millones de dinero público italiano. Ha habido varios escándalos y arrestos, la rutina de siempre. El pabellón insignia, el de Italia, el más grande, cinco pisos, ha estado a la altura de las expectativas: en octubre fue detenido su responsable y el coste se ha desmadrado de 62 a 96 millones. En total, se calcula que la Expo ha costado 14.000 millones, y menos mal que buena parte de los proyectos, un montón de asombrosas maquetas de ciencia ficción, se ha caído por el camino. Pero todo sea por fomentar la reflexión sobre la agricultura y el hambre en el mundo.

Entramos dispuestos a concienciarnos de lo que sea y lo primero que se ve, por este orden, es un pabellón de Cáritas, otro de la catedral del Milán y una fabulosa tienda de helados de una marca famosa. Sí, se han colado grandes marcas, como patrocinadores. El niño va para allá atraído por un futbolín, pero cuesta 50 céntimos. Descubriremos que no hay nada gratis, nadie te ofrece pinchitos autóctonos. Pagas la entrada y luego es cosa tuya. De hecho hay una completa red de cajeros, una de las cosas más cuidadas, no tanto los lugares donde descansar o las fuentes gratuitas, que están más escondidos. El precio de los billetes varía. Un paquete familiar para dos adultos y un niño vale, por ejemplo, 84,50 euros.

Los 152 pabellones se extienden por una avenida de kilómetro y medio. En el primero, de la República Checa, te recibe un bar con el orgullo nacional, su cerveza. La caña más pequeña, cuatro euros. Dentro hay una exposición de algo, pero no parece gran cosa y nos largamos. Será igual en casi todos los pabellones: un montaje más o menos apañado sobre algún producto local y luego visite nuestro bar o llévese algo de la tienda. La verdad, así es difícil transmitir a los chavales el valor de las acciones desinteresadas, y la Expo parecía el lugar adecuado. En algunos casos es descarado: según sales del pabellón de Vietnam hay un indio que te intenta convencer de que entres al suyo por una puerta lateral. Dentro solo hay un mercadillo de baratijas a cinco euros y puedes regatear. Se supone que aquello va del arroz basmati, pero hay que leer unos paneles y da pereza. Uno piensa que todavía le queda un kilómetro y hay 145 países para ver. Qué diría la pobre alcaldesa Moratti si lo supiera: el factor didáctico y cultural que tanto debía movernos a cambiar el mundo a los visitantes se ha delegado en un telón de fondo de carteles, fotos, pantallas táctiles y vídeos que, sin duda, deben de ser interesantísimos, pero de los que pasa todo el mundo.

Para comprobar si el cutrerío es solo cosa de pobres, vamos al pabellón gastronómico de Reino Unido, un expo-oxímoron. Han puesto un pradito con una gran bola de alambres. Nos cuentan que todo está dedicado a la abeja, ese valioso insecto -aunque esto ya lo sabía hasta mi hijo- y la cosa representa una colmena. Es más, cada lucecita está conectada a una abeja real de un enjambre que por lo visto anda por Nottingham y refleja su actividad. El niño me mira para saber si puede reírse o es una cosa seria de mayores. Esto es lo que hacen en los pabellones de los países ricos: chorradas más caras. Pedimos un agua mineral, una auténtica ‘Ty nant’ de Gales, dos euros. El sandwich de ‘roastbeef’ cuesta nueve.

Desistimos de ser serios y vamos al de Brasil. Dicen que es el más divertido. Han colocado una red elástica gigantesca donde la gente salta y se hace fotos. Debajo se ven parterres con plantas. Me explican que intentan transmitir el respeto por los cultivos, sobrevolando grácilmente sobre ellos. Dudo que la multitud pille la idea, pero al menos se lo pasa bien. Luego hay vídeos con las espectaculares cifras de Brasil en la exportación de pollos. Dicen que el de Japón está muy bien, pero hay bastante cola, y eso que es entre semana y no hay una gran masificación. Nos alejamos corriendo de otros que pone “Yo siento Eslovenia” o “Respira Austria”.

Para comer algo optamos por el de España, porque el niño quiere tortilla y croquetas. Pasamos la exposición-pretexto, una breve confusión de vídeos y música donde se ve a Adriá y cocineros famosos, y llegamos a la zona restaurante. Hay tres: una terraza, un bar de raciones y uno VIP, todos llenos. Curioseo en el pijo: espalda de cordero lechal de Valladolid, 32 euros. También hay una tienda como esas de gourmet caras de los aeropuertos, con vinos y conservas, un señor cortando jamón -”Spanish National Treasure”, dice un cartel- a razón de 40 euros los 100 gramos y un chico que vende chuletones donostiarras a 124 euros el kilo. Comemos en la terraza con atronadoras sevillanas, aunque luego ponen ‘Lobo Hombre en París’ y otros éxitos de los ochenta. Pagamos 49 euros por cuatro raciones, una fanta y una caña. Intentamos mantenernos lejos del gasto medio de 500 euros por toda la estancia que espera de nosotros la organización.

Por razones que se me escapan, quizá para denunciar el problema de la obesidad, a lo largo de la avenida hay varios puestos expositivos de TechnoGym, una marca de aparatos de gimnasia y cintas para correr. “Móvamonos por un mundo mejor”, proclaman, como en un musical. Hay muchas más cosas que no sabes bien qué hacen allí: enfrente del pabellón de España está el de la Santa Sede, con un cuadro de la última cena, muy bien visto, y fotos y vídeos sobre “las heridas del planeta”: los conflictos, los desequilibrios y el rechazo de Dios, entre otros. Cada uno vende lo suyo. Aquí al menos no hay bar.

En el público vagante hay un fuerte premodominio de excursiones escolares. Pasan comiendo patatas fritas y guarradas tóxicas, probablemente sin ninguna denominación de origen. Pero hay lugares solitarios, como los ‘cluster’, poblados de pabellones pequeños para países sin pasta, agrupados temáticamente por productos: arroz, cereales, tubérculos… Casi todos están cerrados. En el del cacao nos explican que aún no ha llegado la mercancía. Sí ha llegado y sí están abiertas las tiendas de marcas buenas alusivas al tema, una heladería de Pernigotti y una gran tienda de Lindt, donde no nos dejan entrar con el helado, y eso que es de chocolate de Costa de Marfil del mismísimo ‘cluster’ del cacao. El del café está dominado por la marca Illy. Tienen un gran bar y oyes la voz de su dueño, que aparece en una pantalla mirando pensativo el mar tropical. Luego te asomas al caseto cafetero de Timor Est, por ejemplo, y ves a dos azafatos aburridos enfrascados en sus móviles entre cuatro posters turísticos. No pueden competir.

Ni siquiera los Estados Unidos se han currado nada del otro mundo y solo han puesto furgonetas que venden hamburguesas. La más barata 8 euros. En una entrañable metáfora de nuestro tiempo detrás del pabellón de Estados Unidos está el de las Empresas Unidas de China. Al lado el de Coca Cola, que no podía faltar en todo lo que sea hacer el mundo más feliz. Al cabo de cinco horas, cansados y sudorosos, nos vamos. Entonces descubrimos el pabellón más monumental, el de la ONU. Se llama Pabellón Cero, quizá porque por aquí la reflexión se acerca al cero absoluto. Es el recinto más aparente y trabajado, pero no deja de ser una acumulación artística de colosales obviedades: el hombre domestica los animales, la sociedad era rural y ahora es urbana, tiramos mucha comida…

Es desalentador que ni siquiera haya ese pique entre países por ver quién hace la tontería más grande. El sultanato de Omán se ha marcado un castillo, pero en general se nota un cansancio planetario por estos eventos, una inercia de los Estados por estar, porque cómo no vas a estar, pero es como si no se lo creyeran. Y hacen bien, con esta crisis galopante se han gastado 1.000 millones en pabellones y ya es suficientemente escandaloso. Ya no es como en la Expo de París en 1889 con la torre Eiffel, habría que asumirlo. Milán solo competía con Esmirna y su tema “Nuevos caminos para un mundo mejor, salud para todos”. Y si hubiera ganado todos se habrían inventado algo. Este gran camelo metafísico quizá tenga sentido, como publicidad y turismo, para la ciudad organizadora, aunque debe llegar la cuenta final, y para los que hacen negocio. La gente, misteriosamente, sigue yendo: se esperan 20 millones de visitantes, 15 de ellos italianos. También con la Expo de Sevilla en 1992 parecías tonto si no ibas. Se impone el efecto ombligo: la prensa italiana lo presenta a bombo y platillo como una fabulosa Disneylandia filosófica donde se deciden los destinos del mundo. Es obsceno que con la misma facilidad que se derrochan montañas de dinero se manoseen conceptos sacros como el hambre o la comida. Si ya las cumbres serias sobre el tema a veces parecen inútiles, qué decir de una gran feria de productos regionales.

Le pido un balance a mi hijo: lo mejor era la cama elástica de Brasil hasta que le dieron un fantástico globo de colores en el McDonalds, que era con diferencia el lugar -ellos lo llaman restaurante- más lleno de todos. En el globo pone “Feliz comida”. Llamamos la atención en el tren y nadie cree que venimos de la Expo.

 

 

La gran ensalada de la Expo

Italia probablemente lo conseguirá una vez más, pero está sufriendo para llegar hoy al estreno mundial de la Expo 2015 de Milán, entre retrasos, escándalos de corrupción, infiltración mafiosa, la paranoia de la seguridad por temor a atentados y las protestas de movimientos contrarios a estos circos que ayer se llevaron parte de las fotos. Estos grandilocuentes eventos de borrosa utilidad se siguen realizando periódicamente, aunque nadie, salvo el país organizador, sepa bien los motivos y esté al corriente de que se celebra. Tras la última de Shangai en 2010 ahora le toca a Milán durante seis meses, hasta el 31 de octubre, y para que el mundo se entere ayer hubo un concierto en la plaza del Duomo de Andrea Bocelli y el pianista Lang Lang. También un gran fiestón de Armani, por sus 40 años, con un nivel alto de famosos, de Tom Cruise y Leonardo Di Caprio a Cate Blanchet y Sophia Loren. Dio el toque de glamour necesario para ser noticia en todo el planeta.

La Expo 2015, en realidad, es otra cosa, está dedicada a la alimentación. En Italia han pensado que es realmente un terreno muy suyo que podían utilizar magníficamente como escaparate internacional de la imagen del país. Esperan que sirva para dar un impulso y una alegría a una nación en recesión y declive moral. Políticamente el Gobierno de Matteo Renzi lo querría vender como un hito que marca el inicio de la recuperación económica italiana, que aún está por ver. La prensa ya se ha lanzado en esos titulares de “Milán, centro del mundo” o “El mundo mira hacia Milán”, cuando fuera de aquí casi nadie sabe nada de esto. Luego servirá para muchos otros del estilo, tipo “Albacete seduce a Milán” o “Italia se rinde a Albacete” en el periódico local correspondiente cuando le toque pasar a una delegación de la ciudad presumiendo de sus dulces típicos.

De momento, obviamente, para Milán ha supuesto un arreón urbanístico y de pelotazos de ladrillo en Rho, una zona de las afueras, a unos 15 kilómetros del centro. No obstante, se ha trabajado mucho estos meses el envoltorio filosófico, con una gran dispersión de espesísimos y variados debates de consumo interno sobre todo lo que rodea la comida, de la biodiversidad y el ‘slow food’ al hambre pura y dura. El lema es “Nutrir el planeta, energía para la vida”. Qué duda cabe que es una cuestión de primer orden y sería estupendo que se abriera un debate serio. Pero ha sido inevitable que se hagan chistes con el contraste de los miles de inmigrantes de África que Europa se resiste a salvar en las costas italianas mientras celebra en Milán un banquete de proporciones planetarias, con 140 pabellones de países con sus excelencias culinarias, en el que entre plato y plato se piensa en cómo resolver el hambre en el mundo. Se esperan 20 millones de visitantes.

El pabellón de España, por ejemplo, empieza su agenda con un evento sobre conservas gallegas y luego venga catas de vinos con la semana de La Rioja y después la del cava para seguir con la de Navarra y así sucesivamente, por comunidades autónomas. Promoción turística y gastronómica con un bar de tapas permanente. La entrada para visitar estos 1,1 millones de metros cuadrados de canapés y copas de todas las banderas, una fiesta del paladar, costará para dos adultos y un niño, ejemplo de paquete familiar, 69 euros. Más lo que luego uno se gaste dentro. Habrá mil cochecitos de niño gratis a disposición de las familias y 14 zonas infantiles.

Estos seis meses rodeará la Expo un intenso calendario de actividades culturales paralelas, como una temporada estival de la Scala, la apertura del nuevo museo de la Piedad Rondanini de Miguel Ángel o un espectáculo inédito del Cirque du Soleil. Pero además de comer y pasarlo bien el objetivo teórico es hacer cavilar sobre la comida, cómo se produce, cómo se comercia y qué estamos haciendo mal. Porque el dato más repetido en los dossieres es que en un mundo con 7.300 millones habitantes se producen alimentos para 12.000 millones de personas pero hay 820 millones que no tienen casi nada que llevarse a la boca. En el plano ideológico ya se ha abierto una buena batalla. Por ejemplo, los críticos con la globalización y las organizaciones que defienden los movimientos campesinos consideran un despropósito cosas como que Coca Cola y McDonalds figuren entre los patrocinadores. En su opinión es todo una farsa. La organización, por su parte, esgrime la Carta de Milán, un manifiesto elaborado en los meses precedentes para “crear líneas de actuación para tener en el futuro comida sana, segura, sostenible y suficiente para todos”. Aunque es lo que intenta hacer la FAO, la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, con sede en Roma, desde hace 70 años.

Compaginar estómago y cerebro, placer y reflexión, comilonas e ideas, negocio y cooperación es tal vez una empresa demasiado ambiciosa, sofisticada o cercana al cinismo como para creérsela, pero es el desafío de la Expo de Milán. Una ensalada fabulosa. A ver qué sale, y si es comestible.

 

Drones y bombardeos contra los barcos de las mafias en Libia

La estrategia que impulsa Italia para atajar el descomunal flujo de inmigrantes que se embarcan a la desesperada hacia Europa desde Libia pasa por pararlos allí antes de que salgan. Tras el terrible naufragio con unos 850 muertos, según las últimas estimaciones, y ante el consejo extraordinario que se celebrará mañana en Bruselas,  la idea que plantea el Ejecutivo de Matteo Renzi y que estudia la UE es atacar las bases y embarcaciones de los traficantes en los puertos libios. Para ello el Gobierno de Roma apunta al uso de drones espía para localizar los puntos exactos y ataques posteriores con drones o aviación militar para destruirlos.

La propia portavoz de la Comisión en materia de inmigración, Natasha Bertaud, confirmó ayer abiertamente que piensan en una “operación militar” contra las mafias que organizan los viajes y confirmó que esa es la línea. Aunque no entró en detalles, mucho menos en hablar de drones, y todo se decidirá el jueves. Tampoco concretó nada sobre esto el plan de diez puntos aprobado el lunes en el consejo de ministros de Exteriores e Interior, que hablaba de un “esfuerzo sistemático para capturar y destruir las embarcaciones utilizadas por los traficantes”.

A nadie se le pasa por la cabeza una acción militar terrestre en Libia, así que las opciones son de mar y aire. En cualquier caso necesitará de un aval de la ONU, un requisito complejo que no se consigue de la noche a la mañana. La UE ya se está moviendo para obtener un mandato de Naciones Unidas, lo ha dicho la alta representante de Política Exterior, la italiana Federica Mogherini. La presidencia de turno del Consejo de Seguridad es de Jordania, sensible a la cuestión, y se espera al menos una declaración en tiempo breve. Para la resolución la espera será más larga.

Entretanto, en el frente diplomático y siempre con la meta de cerrar en origen las rutas de inmigración, la UE quiere llegar a acuerdos con los países que hacen frontera con Libia, de modo que sea allí donde se corte la vía de paso. Son seis, y bastante complicados: Túnez, Argelia, Niger, Chad, Sudán y Egipto. Se supone que ya están en ello.

El modelo que inspirará la intervención militar será el de la operación Atalanta, el despliegue de naves militares en la costa de Somalia y el Oceáno Índico que desde 2008 protege a los pesqueros y mercantes europeos. España lo conoce bien por los ataques y secuestros a atuneros vascos que sufrió en 2008 y 2009. El esfuerzo internacional, amparado en resoluciones de la ONU, logró amortiguar el problema. La operación comenzó con vigilancia y arrestos en alta mar, pero al final ha llegado a acciones contra las bases logísticas de los piratas en la costa somalí.

La situación libia no es igual, pero las naves de los traficantes están en el punto de mira porque se sospecha que empiezan a tener problemas para encontrarlas. Zarpan decenas de barcos cada día, desde hace varios años, y la flota comenzaría a escasear, opinan en Frontex, la agencia europea de vigilancia de fronteras. Las embarcaciones cada vez son más viejas, ruinosas y más atestadas de gente. Es más, en la última semana los contrabandistas han disparado en dos ocasiones a las naves de rescate para recuperar los botes vacíos, una vez que los inmigrantes habían sido salvados. Es decir, llegan a seguir a distancia a las embarcaciones para intentar llevarlas a puerto de nuevo y volver a usarlas.

En Italia, que tiene un papel protagonista en esta crisis, Renzi era ayer optimista sobre la acogida a sus pretensiones, pues ha captado cierto cambio de mentalidad y que “por primera vez, toda Europa se ha mostrado atenta y solidaria”. Pronto se sabrá si es uno de sus faroles, y si la emotividad del naufragio dura más de dos días en Bruselas. Italia pide el secuestro y destrucción de barcos con uso de drones y aviación militar, misiones de policía en los lugares de donde parten, una acción de policía coordinada entre países de la UE, centros de acogida en los países de origen de los inmigrantes para crear corredores humanitarios y trabajar por estabilizar Libia. En este último aspecto, el decisivo, está volcado el delegado especial de la  ONU, el español Bernardino León, que negocia con las partes de la guerra civil en este país y en este momento es moderadamente optimista de lograr resultados a corto plazo.

Italia también ha arrancado la promesa de que se reforzará la ridícula operación Tritón, reducida al control de fronteras y con escasos medios, que el pasado 1 de noviembre sustituyó catastróficamente a la llamada Mare Nostrum, que el año anterior logró salvar a 170.000 personas. La UE piensa en doblar el presupuesto de Tritón de 2,9 millones a 6, pero es que Mare Nostrum recibía 9. También se estudia ampliar el radio de acción más allá del límite de las 30 millas fijado ahora, pero habrá que ver si llega a las 50 y más allá de Mare Nostrum. Es decir, la pregunta es si la UE va a sacar la pata de donde la metió o va a disimular.

Otro eterno deseo de Italia, siempre rechazado y que ha vuelto a repetir esta vez, es poder repartir entre los 28 países comunitarios parte de los inmigrantes que recibe y formulan peticiones de asilo. Supone saltarse el tratado de Dublín que impone que sea solicitado en el primer país que se pisa y que el intereasado resida en él mientras espera. Italia hospeda ahora a 70.000 personas que están en esta situación. Sin embargo, la tragedia ha abierto esta vez una pequeña fisura en el frente europeo contrario a esta medida y el lunes se barajó hacer un experimento con 5.000 personas. No es mucho, pero sí tendría un gran valor político si saliera adelante, pues sería la primera vez que se da un mínimo paso de solidaridad en esta dirección. Pero hay que esperar al jueves, porque el plan puede acabar en el cesto de la basura.

Los países del norte suelen acusar a Italia de quejica: en 2014 Alemania tuvo 173.00 peticiones de asilo y Suecia, 75.000, y no piden ayuda a nadie, frente a las 63.000 de Italia. España atendió 5.900. El problema es que la repentina avalancha de desembarcos colapsa el sistema en los centros de acogida en Italia. En ese sentido la UE sí se plantea enviar a Sicilia refuerzos de funcionarios comunitarios para agilizar las tramitaciones de asilo. También se exige un esfuerzo para tomar las huellas digitales a todos los que llegan. Ya se debería hacer ahora, pero en la práctica Italia es un coladero y miles de inmigrantes luego hacen perder su pista. Esto ha creado muchos roces entre la UE e Italia: de los 170.000 rescatados en 2014 luego ‘desaparecieron’ unos 65.000. Del mismo modo en Bruselas piensan en devoluciones y repatriaciones de quien no tenga derecho a asilo. Mañana, la solución. Al menos sobre el papel, mientras miles de personas se siguen lanzando al Mediterráneo cada día.

 

“El capitán estaba borracho y fumaba hachís”

“El capitán bebía vino, estaba borracho y fumaba hachís mientras estaba al timón, poco antes de que el barco se hundiera”, ha contado uno de los 28 supervivientes del desastre del domingo. El número de muertos estimado finalmente por la Fiscalía de Catania, que investiga el caso, es de 850. Ese capitán, por sorpresa, estaba entre los náufragos rescatados y fue detenido ayer, junto a otro cómplice. Se llaman Mohammed Alì Malek, tunecino, de 27 años, y Mahmud Bikhit, sirio, de 25. Han sido identificados y acusados por los otros pasajeros salvados (son los de la foto).

El estado de ebriedad del capitán habría contribuido a que sus maniobras fueran erróneas al acercarse al mercante luso ‘King Jacob’, que se disponía a ayudarles. Es más, también es posible que causara el accidente al abandonar el puente para mezclarse y esconderse entre la multitud  e intentar salvarse. Por tanto, esta es la conclusión de los fiscales italianos, el barco no se no habría hundido solo porque el pasaje se abalanzó sobre un lado por el ansia de ser rescatado. Ayer apuntaban que también chocó contra el buque portugués, y parte de la responsabilidad es del capitán. El mercante no tendría culpa alguna y además tiene experiencia en este tipo de situaciones porque ha participado ya en cuatro operaciones de auxilio con la guardia costera.

Los testimonios confirmarían también que había cientos de personas encerradas en la bodega del viejo pesquero, de no más de 30 metros de eslora. Los supervivientes son eritreos, somalíes, sudaneses y bengalíes. Pasaron un mes encerrados en una especie de granja y zarparon de un puerto cercano a Tripoli la noche del 16 de abril. Su travesía duró tres días hasta el momento de la tragedia.

(Publicado en El Correo)

Un millón de inmigrantes esperan para zarpar en Libia

Al día siguiente del mayor naufragio de inmigrantes registrado en el Mediterráneo, unos 700 muertos, no había mucho que decir. A al espera de los anuncios de las reuniones de la UE ayer predominaba el silencio culpable, roto solo para añadir que, incluso, los fallecidos podrían ser más. El único de los 28 supervivientes que ha sido trasladado a Italia, un joven de Bangladesh que se encontraba en estado crítico, relató que a bordo del viejo pesquero hundido había “unas 950 personas”. El otro número que impresionaba ayer lo dio el fiscal adjunto de Palermo, Maurizio Scalia, al presentar, justo ayer, una operación contra las mafias de traficantes humanos de estas rutas: “Según los datos que tenemos habría un millón de personas listas para partir hacia Europa en la costa libia. Hay un tráfico imparable de personas”.

El resto de los náufragos del domingo desembarcó ayer en Malta y aún no han trascendido sus testimonios. El comandante de la nave que los trasladó, Gianluigi Bove, solo confirmó que le hablaron de cifras similares, “entre 700 y 900 personas”, la mayor parte amontonados en las bodegas, donde quedaron atrapados. Dos de los supervivientes rescatados contaron que se habían agarrado a los cadáveres para mantenerse a flote. Estas 28 personas, todos hombres, son principalmente eritreos, somalíes y sudaneses.

Mientras el debate político nacional y europeo se centraba ayer, en gran parte, en cómo actuar contra las organizaciones que montan estos viajes, la tempestiva operación policial vino de perlas a las instituciones italianas para salvar la cara mediáticamente. Se ha llamado ‘Glauco II’ y fueron arrestadas en Italia 24 personas de Eritrea, Etíopía, Costa de Marfil, Guinea y Ghana. Actuaban en contacto con  los jefes de la organización, residentes en Libia, y vivían en Milán, Roma, Bari, Catania y en dos de los propios centros de acogida temporal de inmigrantes y solicitantes de asilo en Sicilia: el de Mineo, cerca de Caltagirone, y el de Siculiana, en Agrigento.

El centro de Mineo, donde residían una decena de los detenidos, ya había aparecido en las investigaciones que en diciembre destaparon la nueva mafia de Roma: sus capos obtenían buena parte de sus ingresos en el negocio de la inmigración, tanto en los centros de acogida de la capital italiana como en el de Mineo. La financiación pública supone, solo en Sicilia, una inversión de 190 millones de euros, que a veces son parasitados por las asociaciones y cooperativas adjudicatarias del servicios, infiltradas por la mafia italiana. Actualmente residen en estos centros en la isla unas 14.000 personas, y en Italia, 70.000. El Estado paga 30 euros al día por interno a la empresa que gestiona el servicio. Ha quedado demostrado que luego eso se puede racanear y robar, a costa de un servicio deficiente. La humillación y explotación de los inmigrantes llega a ese extremo, y eso es en Italia.

En cambio, esta operación ha permitido destapar las otras mafias, en este caso africanas y coordinadas con la orilla libia, que desde dentro mismo de los centros organizan la fuga y el viaje al norte de Europa. De este modo se cierra el negocio pirata que cubre toda la ruta de la desesperación: la banda desarticulada ayer organizaba viajes completos desde Eritrea, Somalia, Sudán y Libia hasta el norte de Europa. Eran una siniestra agencia de viajes.

En esta organización había cuatro tipos de tarifas, explicaron ayer los fiscales. Una por atravesar el desierto del Sahara, 5.000 dólares. Zarpar desde Libia cuesta unos 1.500 dólares. Si se llega con vida, al abandonar los centros de acogida se debe pagar entre 200 y 400 euros para vivir en pisos clandestinos. La última etapa, llegar a los países nórdicos, Reino Unido, Holanda y Alemania, donde a menudo les esperan familiares, requiere 1.500 euros más. Generalmente es en autobús, que son menos vigilados por la Policía. “Estos países deben entender que la llegada de inmigrantes, tras el primer impacto en nuestras costas, les incumbe más a ellos que a nosotros”, señaló el fiscal. Italia es solo una escal intermedia, nadie quiere quedarse ahí.

En total, el coste del viaje para un subsahariano, si tiene suerte, es de entre 8.000 y 9.000 euros. Con frecuentes palizas, torturas y violaciones por el camino, además de hambre y sed. Esta organización habría monopolizado una buena tajada del flujo migratorio ilegal hacia Sicilia en los últimos años y se calcula que ha transportado a más de 200.000 personas. Cada uno de los jefes situados en lo alto del organigrama obtenía unos 80.000 euros por cada barco de 200 inmigrantes. De hecho en una de las conversaciones grabadas por la Policía, uno de los criminales se carcajea de cómo llenan los botes hasta lo inverosímil y así ganan más dinero. “Dicen de mí que siempre hago subir más de los que caben, pero son ellos los que quieren viajar cuanto antes, y yo hago como me dicen”, bromea.

La investigación ha llevado año y medio y partió del naufragio de Lampedusa de octubre de 2013, en el que se registraron 366 muertos y era, hasta ahora, el más grave ocurrido en el Mediterráneo. Las pesquisas, la primera Operación Glauco, ya identificaron entonces al jefe de la red que había organizado ese viaje, el etíope Ermias Ghermay, que vive en Tripoli y también en Zuwara, una localidad costera entre la capital y la frontera con Túnez. Se pega la buena vida y tiene apoyos en las fuerzas de policía local. Puede incluso llegar a comprar ‘paquetes’ de inmigrantes y sobornar funcionarios libios para hacer evadir a presos de las cárceles y luego embarcarles hacia Sicilia. En julio de 2014 ya se emitió una orden de captura internacional contra él. Ahora ha vuelto a salir en esta investigación. Otros dos grandes traficantes se llaman Medhane Yehdego Redae, eritreo, y Mered Medhanie, etíope, que se hace llamar ‘el General’, como Gadafi, y tiene 34 años. Los dos viven también en Libia y mandan al teléfono.

El cabecilla del grupo en Italia era Asghedom Ghermay, etíope, que llegó a Italia en una de las embarcaciones rescatadas en 2013. Fue alojado en el centro de acogida de Mineo y obtuvo el asilo político. Una vez instalado en Italia, se quedó a vivir en Catania, en Sicilia, y se convirtió en el referente de la organización en la isla. Dentro del centro de acogida contaba con una red de cómplices que dirigían las entradas y salidas de inmigrantes hacia el norte de Europa.

El negocio les iba viento en popa y uno de los jefes se jacta de ello en algunas llamadas grabadas: “Este año he trabajado bien, he hecho partir a 7.000, 8.000 personas”. Y discute de dónde es mejor invertir, si en Dubai, en Estados Unidos o en Canadá. La parte libia de esta organización ha quedado intactay naturalmente siguen funcionando otras redes como esta. Ayer las operaciones de rescate salvaron a unas 650 personas más y la oleada de desembarcos con el buen tiempo no ha hecho más que empezar.

(Publicado en El Correo)

El peor naufragio ya ha llegado: 700 muertos

Según el guion esperado, ante la llegada masiva de inmigrantes desde África y la pasividad de la Unión Europea, ayer se produjo el mayor naufragio que se recuerda en el Mediterráneo, con una cifra aproximada de 700 muertos, entre Libia y Sicilia. Anoche se llegaba a hablar de 950. Era cuestión de tiempo y casi ninguno de los líderes europeos tiene derecho a asombrarse. Lo ocurrido es un trágico fracaso político y moral de difícil justificación. Solo en lo que va de mes han sido rescatadas unas 15.000 personas y era muy probable que alguna de las cientos de maltrechas naves que zarpan atestadas de gente de las playas libias terminara muy mal. Hace justo una semana algunos supervivientes hablaron de un naufragio de 400 personas, aunque sigue sin confirmarse, y el jueves se registró otro con 45 muertos. Es decir, el balance de esta última semana sería de mil muertos. Entonces no hubo ninguna reacción oficial, salvo que la Comisión admitió que el problema iría a peor y no había “ni dinero ni voluntad política” de afrontarlo. Bien, lo peor ya ha llegado.

A medianoche del domingo, un mercante portugués, el ‘King Jacob’, fue enviado en ayuda del bote por la guardia costera italiana, que había recibido sus llamadas de auxilio. Estaba en medio de la nada, a unos 130 kilómetros de Libia y 220 de la isla de Lampedusa, el primer pedazo de tierra europeo que es la meta de estas travesías. Cuando el buque llegó al punto señalado se encontró con un viejo pesquero de entre 20 y 30 metros, pero cargado de forma inverosímil. Los testimonios de la nave lusa y los de algunos supervivientes indican que viajaban a bordo unas 700 personas.

Como ha ocurrido en otras ocasiones, la desgracia sucedió cuando más cerca estaba la salvación: al ver el barco los pasajeros se abalanzaron hacia ese lado, desequilibraron el casco y la nave se hundió. El agua no estaba muy fría, 17 grados, pero entonces intervino otro agravante habitual: casi ninguna de estas personas sabe nadar, además de que acumulan días de cansancio, sueño, hambre y sed, y suele haber muchos niños e incluso mujeres embarazadas. Su única esperanza es agarrarse a algo que flote o ser socorridos a tiempo. Fueron llegando naves italianas y maltesas, un total de 17, pero el balance a úiltima hora de ayer era demoledor: solo 28 supervivientes, junto a 24 cadáveres recuperados de las aguas. La cifra total no se sabrá nunca con certeza, pero aunque fueran menos de los 700 estimados, incluso varios cientos menos, sería la peor registrada hasta ahora. En total, se calcula que en los últimos quince años han muerto unas 20.000 personas en el Mediterráneo.

Debe calibrarse aún en los despachos europeos si esto podría considerarse lo peor o conviene esperar a la próxima tragedia. Si las proporciones del desastre son suficientes o no para constituir un móvil piadoso que haga rodar los mecanismos de la UE. En octubre de 2013 fallecieron 366 personas cerca de la isla de Lampedusa y algo se movió. En ese momento fue la peor hasta entonces. Las autoridades comunitarias fueron al funeral, se creó un gran dispositivo de rescate, Mare Nostrum, con una gran inversión de dinero y en un año se salvaron 170.000 personas, principalmente con la Marina italiana. Lampedusa había sido meses antes de aquel naufragio el destino del primer viaje del Papa Francisco, muy atento a los rincones olvidados, que había clamado contra “la globalización de la indiferencia”.

Pero luego llegó el invierno y pasada la emotividad en Bruselas hicieron sus cálculos. Concluyeron que se podía cerrar la persiana y volver a lo de antes. A partir del 1 de noviembre, fecha bien elegida por ser día de difuntos, la operación Mare Nostrum quedó clausurada. La sustituyó otra llamada Tritón que era un broma. Reducía al mínimo el presupuesto y la misión oficial, que se limita a patrullar 30 millas de la costa e impide salir a altar mar a buscar estas naves desesperadas. La ONU y las ONG denunciaron alarmadas que se trataba de un siniestro disparate, pero se les contestó que no era para tanto. Quizá alguien ahora debiera reconocer que sí lo era. Ya en febrero hubo un naufragio de 300 muertos que demostró que se había regresado al punto de partida, pero no ocurrió nada. Con el buen tiempo, en abril se han disparado los desembarcos y la primera gran tragedia no ha tardado en llegar.

“Contra estas tragedias hace falta una operación Mare Nostrum. La pedimos desde hace un año y no hemos tenido respuesta. La de hoy es una hecatombe nunca vista en el Mediterráneo que confirma la necesidad de una intervención europea con medios adecuados”, dijo ayer Carlotta Sami, portavoz en Italia de ACNUR, la comisión de Naciones Unidas para los refugiados.

La Comisión europea, el Gobierno comunitario, se declaró ayer “profundamente frustrada”. Lo lleva como puede. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, suspendió su agenda y convocó un consejo de ministros extraordinario. Al salir pidió una cumbre extraordinaria de la UE. Francia solicitó una reunión de emergencia de los titulares de Interior y de Asuntos Exteriores de la UE. El alto representante para la política exterior, la italiana Federica Mogherini, anunció que abordará hoy la cuestión de la inmigración en una reunión ya prevista del consejo de Asuntos Exteriores.

La única respuesta inmediata aceptable sería poner los medios y el dinero para evitar más muertes. Pero obviamente se trata del último parche en una cadena de problemas de muy difícil solución y origen múltiple. El primero y más peliagudo es Libia. Hasta la caída de Gadafi, abundantemente pagado y financiado por los gobiernos italianos, su régimen se encargaba de contener parte del flujo de inmigración. Pero a partir de 2011 saltaron los controles. Podría discutirse ahora si fue acertado derribar o no a Gadafi pero ya es taerde. La guerra civil libia ha aumentado el caos. En Túnez, que era otro punto de partida, la eficacia del filtro de vigilancia ha ido por rachas, pero ha ayudado su estabilidad tras la ‘primavera árabe’ y en el último año ha vuelto a funcionar.

No obstante la raíz última de la cuestión está en los países de origen de quienes arriesgan la vida por llegar a Italia como sea. Son estados en guerra, con regímenes tiránicos o sumidos en la pobreza. Algunos ya casi ni existen realmente, como Siria o Somalia. El resto son Eritrea, Etiopía, Nigeria, Niger, Mali, Ghana… En la mayoría de los casos los que viajan hacia Italia son potenciales refugiados con derecho a asilo. Si no estuviera el mar por medio habría colas kilométricas en la frontera europea. De hecho luego surge el problema de su acogida y alojamiento en Italia, que no da abasto. En este momento atiende a 80.000 personas. Una de las reclamaciones de Roma a sus socios europeos es, precisamente, que se repartan entre los 28 estados comunitarios, aunque los países del norte no quieren ni oír hablar de ello. Argumentan, y es verdad, que ellos ya tienen un volumen mucho más elevado de refugiados y no piden ayuda.

El problema es que estas avalanchas colapsan rápidamente el sistema en Italia. En Lampedusa y el resto de centros de acogida de Sicilia la situación es “dramática”, según Médicos Sin Fronteras. Además, en el frente interno, son un importante factor de pelea política y electoral, en víspera de las elecciones regionales del 31 de mayo, que agita las pulsiones xenófobas y es utilizado metódicamente por la Liga Norte.

El Papa, en sus palabras del Ángelus desde la ventana del palacio apostólico del Vaticano, pidió ayer a la comunidad internacional que actúe de una vez “con decisión” para evitar que se repita este drama: “Son hombres y mujeres como nosotros. Hermanos nuestros que buscan una vida mejor, hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras… Buscaban la felicidad”. Hasta hoy han llegado a Italia 23.556 inmigrantes a través del Mediterráneo, con una tendencia de aumento del 30% respecto al año pasado. A final de año podrían llegar a 200.000, y sin ningún efecto llamada, pretexto que se utilizó para suprimir la operación Mare Nostrum.

(Publicado en El Correo)

Más de 10.000 rescates en dos semanas

 

Con el buen tiempo vuelve el auge de los desembarcos de inmigrantes del norte de África en Italia, como era previsible, y sin embargo la UE sigue improvisando y sin un plan. Es decir, todo sigue como siempre. En lo que va de mes Italia ha rescatado a más de 10.000 personas en alta mar, la gran mayoría desde el pasado viernes. Viajaban en embarcaciones de fortuna y todas habían zarpado desde Libia. Ya son 20.000 desde que comenzó el año.

De seguir este ritmo creciente la cifra final del año superará los 150.000 salvados en 2014, y eso que al menos entonces había una operación de auxilio, Mare Nostrum. Ahora con la denominada Tritón, que se promete reforzar, de la agencia europea de fronteras Frontex, los medios y el dinero son mucho menores.

Son números escandalosos, pero se tratan con rutina hasta que surge un elemento nuevo que permite volver a destacar el problema. Esta vez fue un supuesto naufragio de 400 personas, relatado al llegar a tierra por algunos testigos a la ONG Save The Children. Sin embargo ayer seguía sin haber confirmación oficial. A menudo es difícil contrastar estas informaciones y a veces los supervivientes no son claros, o no saben que alguna nave que vieron en dificultades luego fue rescatada.

No obstante, en esta última oleada de rescates se han registrado dos rasgos novedosos interesantes. Uno es el ataque, también rodeado de confusión, de una nave libia a buques de socorro. Fue el lunes. Un remolcador italiano y una nave islandesa de la operación Tritón rescataron a 250 personas de un maltrecho pesquero a cincuenta millas de la costa africana. En ese momento apareció una lancha libia con cuatro hombres uniformados de amarillo y disparó unos tiros al aire. Luego se apropiaron del pesquero, ya vacío, y se fueron con él a toda velocidad. Se pensó que era una nave militar, pero luego se descartó y se cree que iban disfrazados de soldados.

Fue una escena extraña. Para el director de Frontex, Fabrice Leggeri, significa una cosa: “A los traficantes se les están acabando las barcas”. Por eso intentarían recuperarlas una vez que sus ocupantes han sido rescatados. Lo cierto es que desde el fin de semana han llegado casi 200, pero las autoridades italianas dudan de que las redes criminales tengan tal problema. Pero si es así aumentará la precariedad de las embarcaciones. En los próximos días se verá hasta dónde se aventuran estas lanchas armadas y si se ha tratado de un episodio aislado.

El segundo detalle sorprendente emerge del relato de algunos náufragos: “¿Cuánto he pagado por venir? ¡Nada! Si yo no quería venir, me han obligado”. Es lo que han relatado algunos inmigrantes de Sierra Leona y Mali. Huyeron de la guerra de sus lugares de origen y en Libia fueron arrestados. Sin ningún motivo, aseguran. Tras permanecer semanas o meses hacinados en prisión, una noche la Policía les trasladó a una playa y les embarcó a la fuerza en naves que zarpaban hacia Italia. Es decir, en los distintos feudos de poder en los que se divide actualmente Libia, inmersa en una compleja guerra civil, se detiene a los extranjeros y se están vaciando las cárceles en el Mediterráneo, hacia Europa.

Todas son historias que apuntan, en resumen, a una situación de gran caos en Libia. No es una sorpresa, pero tiene difícil solución. Italia dice desde hace meses, y lo repitió ayer su ministro de  Exteriores, Paolo Gentiloni, que la única pasa “resolver el problema en su raíz”. Es decir, estabilizando Libia, pero eso son palabras mayores que se mueven en el terreno de la utopía: supondría una ambiciosa política exterior de la UE y una visión a largo plazo del asunto de la inmigración. El comisario europeo de Asuntos Internos e Inmigración, Dimitris Avramopoulos, prometió ayer visitar Sicilia la semana que viene. Dijo que están dispuestos a dar más dinero. Aseguró que la Comisión ultima una nueva política de inmigración que será presentada a finales de mayo. “Hasta ahora el planteamiento ha sido fragmentario, ahora queremos que sea común y completo”. Y en eso están.

En el frente interno Italia vive bajo una gran presión para alojar a las personas que rescata. El indicador habitual, el centro de acogida de la isla de Lampedusa, vuelve a ser implacable: caben 250 y ya hay más de 1.400. Este, como en otros puntos de acogida de emergencia de Sicilia, se va saturando hasta que se traslada a los internos a la península. Pero el ministerio de Interior ya tiene bajo su gestión más de 80.000 personas llegadas en el último año y sufre para encontrar sitio. Esta semana ha pedido a gobiernos regionales y municipios que busquen hueco para 6.500 personas más. Ha sido un reclamo de ensueño para la Liga Norte, en vísperas de elecciones regionales, y sus líderes se han lanzado a clamar sus barbaridades de repertorio. Su nuevo líder, Matteo Salvini, ha llamado a asaltar los “albergues, hostales, escuelas o cuarteles” donde se aloje a inmigrantes. Esta gente, que huye de guerras y en numerosas ocasiones aspira al estatus de refugiado, es hospedada a la espera de que se resuelvan sus peticiones de asilo. Allí pasan meses o, simplemente, salen de Italia rumbo a países europeos del norte, donde prefieren ir. Y eso sin conocer a la Liga Norte.

(Publicado en El Correo)

El ocaso de los banqueros de Dios

 

El pasado mes de julio se presentó ante la prensa Jean-Baptiste de Franssu, el nuevo presidente del banco vaticano, el Instituto para las Obras de Religión (IOR). Es un economista francés, casado y con cuatro hijos, que dio la impresión de ser el gestor de una modesta caja de ahorros dedicada a gestionar los dineros de conventos de monjas y poco más. Una imagen a años luz del famoso ‘banquero de Dios’, monseñor Marcinkus, un cura estadounidense fortachón y desinhibido que gobernó la entidad de 1971 a 1989 sin escrúpulos y asesorado por un abogado de la mafia, Michele Sindona.

A través del IOR se blanqueó entonces dinero de Cosa Nostra y de la corrupción política italiana. Hoy, en cambio, tiene una web donde se pueden consultar datos que antes era un misterio y desde 2013 presenta un informe anual. Ahora se dispone a publicar el tercero y ultima el examen de todas las cuentas corrientes, donde se escondían los trapos sucios. Esta semana la Santa Sede ha firmado un histórico acuerdo con Italia para acabar con el secreto bancario, similar a los que ha suscrito con Suiza, Mónaco y Liechtenstein.

Es el resultado de cinco años traumáticos de limpieza, iniciada por Benedicto XVI y rematada por Francisco. Pero que aún tiene flecos pendientes y puede deparar sorpresas. Si San Juan Pablo II escondía a Marcinkus en el Vaticano de la Justicia italiana, el propio Bergoglio ha ordenado a los tribunales del pequeño Estado que investiguen al expresidente del IOR Angelo Caloia y el ex director general, Lelio Scaletti, sospechosos de malversación. Caloia fue el sucesor de Marcinkus y dirigió el banco las dos décadas siguientes, de 1989 a 2009. Lo puso en orden y le dio beneficios. A tenor de lo que se ha sabido ahora, también se los pudo dar a él: según el fiscal vaticano, entre 2001 y 2008 vendió 29 inmuebles de la entidad en Roma y Milán, casi todo su patrimonio inmobiliario, y habría sacado una tajada de unos 57 millones, junto a Scaletti y un abogado. Han aparecido sociedades en Bahamas y paraísos fiscales, como en los buenos tiempos de Marcinkus. Caloia y Scaletti tenían aún sendas cuentas en el IOR donde han sido secuestrados 16 millones.

Este caso es resultado de la limpieza interna: lo denunció el propio IOR, algo impensable hasta hace nada. “Es un acto que subraya nuestro compromiso a favor de la transparencia y la tolerancia cero, también con relación a sospechas sobre hechos del pasado”, declaró en diciembre De Franssu cuando trascendió la noticia. Ese pasado tan oscuro aún tiene un potencial explosivo. “Cada vez que parece todo arreglado surgen nuevos escándalos, como el de Caloia. Parece un pozo sin fondo. El reto ahora es establecer las normas y nombrar las personas necesarias para que no se repita”, opina Andrea Tornielli, de ‘La Stampa’, uno de los principales ‘vaticanistas’ italianos.

Este asunto se destapó con la revisión de todas las cuentas corrientes de la entidad, una por una, emprendida en 2013, cuando llegó Francisco. Se encargó de ello una prestigiosa firma externa, Promontory. Estas cuentas han sido desde siempre un auténtico desmadre, donde se ha ocultado durante décadas el botín de los grandes delincuentes italianos conectados con las altas esferas. En teoría solo pueden tener cuenta en el IOR los ciudadanos y el personal vaticano, así como los diplomáticos representados ante la Santa Sede. En la práctica había miles de cuentas llamadas ‘laicas’, de ciudadanos italianos, que operaban sin ningún control como en un paraíso fiscal, al igual que algunos sacerdotes que hacían de testaferros o intermediarios y se prestaban a estos manejos. En 2011, al poco de empezar la limpieza de Benedicto XVI, había 21.000 cuentas. Las ratas comenzaron a escapar del barco y otras fueron cerradas por el propio IOR. En 2014 quedaban 15.400.

La cruzada de Ratzinger por adecentar el IOR arrancó con la marcha de Caloia y el nombramiento de Ettore Gotti Tedeschi en 2009. Chocó enseguida con la vieja guardia que se resistía a los cambios y a que se ventilaran secretos bien guardados. En realidad era una exigencia exterior, un efecto de los atentados del 11-S, que llevaron a redoblar en todo el mundo la lucha contra los canales de financiación del terrorismo y el blanqueo de dinero. El Vaticano quedaría en la lista negra si no se adaptaba las normas internacionales.

Esa presión llevó a un momento crucial: el 20 de septiembre de 2010 la Fiscalía de Roma, por indicación de los controles del Banco de Italia, secuestró 23 millones de euros del IOR en un banco italiano. En realidad se bloquearon todas sus cuentas en entidades italianas. Gotti Tedeschi, junto al director general de la entidad, Paolo Cipriani, y su vicedirector, Massimo Tulli, quedaron bajo investigación. El presidente del IOR dio entonces otro paso insólito: colaboró sin cortapisas con los magistrados. En el Vaticano se vio como una traición a la soberanía y la ‘omertà’ histórica. La Santa Sede raramente ha colaborado con los tribunales italianos. Comenzó en ese momento la rebelión interna para eliminar a Gotti Tedeschi. De forma simultánea, se aceleró el proceso de limpieza. Benedicto XVI creó la Autoridad de Información Financiera, un órgano de vigilancia similar al de cualquier país que debía supervisar todas las operaciones del IOR, y el 30 de diciembre de 2010 aprobó la primera ley vaticana contra el blanqueo de dinero.

En 2010 también llegó a la sentencia definitiva del último proceso por la muerte de Roberto Calvi, el otro ‘banquero de Dios’, presidente del banco Ambrosiano, ente católico y controlado por el IOR, que protagonizó el gran escándalo de los ochenta con Marcinkus y Sindona. Calvi apareció ahorcado en junio de 1982 en un puente de Londres, pero por fin este juicio, que terminó con la absolución de los acusados, confirmó dos cosas: que no se suicidó, lo asesinaron, y que el IOR blanqueó enormes sumas de dinero de Cosa Nostra. Sindona también fue suicidado en prisión en 1986 con cianuro. Marcinkus murió de viejo en una parroquia de Arizona en 2006.

En ese juicio salieron también a la luz las “cuentas mixtas” del IOR, al menos seis. Eran cuentas de la entidad vaticana en bancos italianos que, en realidad, gestionaba por cuenta de terceros, clientes italianos cuya identidad permanecía oculta. Se llamaban de “gestión confusa”, un término técnico muy apropiado. En su día, en 1991, habían quedado fuera del proceso por la quiebra del Ambrosiano, que se centró solo en los acreedores extranjeros. “Lo increíble es que esas cuentas siguieron vivas en la oscuridad hasta hoy, durante treinta años”, explica en conversación con EL CORREO Maria Antonietta Calabrò, del ‘Corriere della Sera’, que ha desvelado estos datos. Es autora del libro ‘Le mani della Mafia’ (Las manos de la Mafia), sobre el lado oscuro de las finanzas vaticanas.

Esas cuentas fueron el pasadizo secreto del dinero del Ambrosiano para financiar, dentro de la cruzada de Wojtyla contra el comunismo, el sindicato polaco Solidarnosc o las guerrillas anticomunistas de Centroamérica. También la compra de misiles Exocet para Argentina durante la guerra de las Malvinas. Según denunció en 2013 Carlo Calvi, el hijo del banquero asesinado, “sumas ingentes han seguido circulando por estas cuentas con destino desconocido hasta 2009″. “En realidad han estado activas hasta 2012, y dieron origen a las investigaciones de la fiscalía de Roma”, apunta Calabrò. También al inédito bloqueo de los cajeros del Vaticano el 1 de enero de 2013. El Banco de Italia echó el ojo a partir de 2009 a las operaciones opacas cotidianas del IOR con algunos bancos italianos, violando las leyes contra el blanqueo de dinero. En una cuenta del IOR en la sucursal del Banco de Roma en Via della Conciliazione, la célebre avenida que lleva al Vaticano, pasaron al menos 180 millones entre 2006 y 2008.

Todo esto empezó a salir a la luz mientras en el Vaticano se libraba una guerra sucia a gran escala, con la filtración de documentos reservados del escándalo Vatileaks. El punto culminante fue el contraataque del bando opuesto a las reformas, que logró modificar y descafeinar la ley contra el blanqueo de dinero en 2012, una jugada que desmontó los avances de Gotti Tedeschi. De hecho los inspectores europeos de Moneyval, el organismo del Consejo de Europa que certifica el cumplimiento de las normas internacionales para salir de la lista negra de paraísos fiscales, advirtieron en abril de 2012 de que el Vaticano había dado “un paso atrás”.

Este choque frontal desembocó en la violenta defenestración de Gotti Tedeschi, el 24 de mayo de 2012. El comunicado que anunció su cese quedará en los anales del Vaticano por su asombrosa rudeza y malos modos. Le acusaron prácticamente de ser un inútil y un vago. Lo más grave fue que todo ocurrió sin el conocimiento del Papa. Benedicto XVI lo vivió como una puñalada, según reveló año y medio después su secretario personal, Georg Gaenswein. Entre estos y otros dolores de cabeza, Ratzinger dimitió en febrero de 2013.

El consejo del banco no echó, sin embargo, ni al director general, Paolo Cipriani, ni a su ayudante, Massimo Tulli. Es revelador lo que pasó un año después, en julio de 2013: fue Francisco quien les destituyó, al cerrarse la investigación de la fiscalía de Roma con su imputación por el asunto de los 23 millones congelados. El pontífice argentino, elegido en marzo de ese año, tuvo que empezar sus reformas por el IOR, obligado por las circunstancias, como confesó luego. Pensaba dejarlo para más tarde, pero le superaron los acontecimientos. En junio fue arrestado el sacerdote Nunzio Scarano, contable del APSA, el otro potente ente financiero del Vaticano que gestiona su patrimonio inmobiliario. Según la fiscalía italiana intentó meter 20 millones desde Suiza con un jet privado. Se sospecha que, aprovechando su mano libre en el IOR, blanqueaba millones de euros de empresarios y conocidos, con una comisión del 2%.

Este escándalo obligó a Francisco a intervenir en el IOR, cambiar sus dirigentes y acelerar su reforma. Gotti Tedeschi al final salió limpio, quedó demostrado que no sabía nada y que sus subordinados actuaban a sus espaldas. Pero el Vaticano no lo ha rehabilitado. “Es muy llamativo, y contrasta con la misericordia que propugna Francisco, que ni ha respondido a dos cartas que le ha escrito. Francamente, no se comprende. Francisco en realidad es muy pragmático. En el Vaticano siguen quienes lo echaron, hay cuestiones sin resolver y tal vez quiere evitar un avispero”, apunta Sandro Magister, otro de los ‘vaticanistas’ mejor informados.

El cese de Gotti Tedeschi dejó el cargo vacante durante casi un año, mientras se empantanaba la limpieza del IOR. Sin embargo la repentina dimisión de Benedicto XVI movilizó a toda prisa al bando de resistencia, capitaneado por el secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Una semana antes de la marcha de Ratzinger fue nombrado presidente del IOR el alemán Ernst Von Fryberg. Pensaron que aún podrían imponer ese cargo al futuro pontífice. Pero salió Francisco y Von Fryberg tuvo que ponerse las pilas. Al cabo de un año lo reemplazó con De Franssu, que ya solo es una pieza más. El IOR y el resto del entramado financiero vaticano, así como las cuentas del pequeño Estado, ahora estarán bajo control de un nuevo ‘ministerio’ de Economía, dirigido por el cardenal australiano George Pell.

“La limpieza no se ha completado, pero es un gran paso la obligación de todos los dicasterios de presentar balances y presupuestos cada año, con una racionalización del gastos”, indica Tornielli. Pell, que va como una apisonadora contra la vieja guardia, ha revelado en una polémica entrevista que ha encontrado 1.400 millones de euros que no figuraban en los balances. No es que estuvieran ocultos, es que eran fondos de departamentos que aún van por libre. De ahí han surgido nuevos golpes bajos, como nuevas filtraciones de documentos que han revelado los dispendios de Pell y de su equipo. Para Tornielli “está claro que hay gente en el Vaticano que sigue pensando en hacer la guerra con filtraciones, algunas mentalidades aún son muy fuertes en la Curia, no hay duda de que hay resistencias, porque si quitas el control del dinero a alguien se resiste”.

También siguen apareciendo de vez en cuando curas involucrados en escándalos, el último estos mismos días, en el gran caso de corrupción de las obras públicas italianas. Es Francesco Gioia, exarzobispo de Camerino y presidente de Peregrinatio ad Petri Sedem, la entidad que gestiona la acogida a los peregrinos en el Vaticano. Los Carabinieri registraron su casa la semana pasada y analizan su cuenta en el IOR. En otro caso se investiga por blanqueo a cinco sacerdotes junto a un capo mafioso romano. En cuanto a los últimos mohicanos del IOR, esos italianos aún ocultos en las 5.000 cuentas cerradas o bloqueadas en estos cinco años, con el nuevo acuerdo entre Italia y la Santa Sede podrán hacer volver su capital a casa con sanciones reducidas y sin efectos penales. Está por ver si se sabrá por fin quiénes son y cuánto dinero escondían. Es el fin de una época. Una época que ha durado demasiado, desde que se fundó el IOR, hace más de setenta años.

 

EL GRAN NEGOCIO DE LA FARMACIA, EL TABACO Y LA GASOLINA

La farmacia del Vaticano es, seguramente, la más productiva del mundo. Tiene medicinas de otros países, que no se encuentran en Italia y son muy solicitadas -se vende como rosquillas un célebre fármaco contra las hemorroides-, y además muchas tienen precios mucho menores, rebajados hasta en un 20%. El resultado son unos beneficios en 2012 de 32,6 millones de euros. Lo ha revelado por primera vez la revista ‘L’Espresso’, que ha tenido acceso al balance del Governatorato vaticano, la institución que gestiona los diversos entes del pequeño Estado.

Estos ingresos son estratosféricos si se comparan con la media oficial de una farmacia italiana, unos 700.000 euros para un área de clientes de 3.500 personas. La verdad es que son los mismos que los teóricos usuarios de la farmacia vaticana, los 3.600 vecinos, empleados y prelados de la Curia. ¿Cuál es el milagro? Que este comercio tiene unos 2.000 clientes diarios. Cualquiera puede cruzar los muros, decir al guarda suizo de turno que va a la farmacia y comprar lo que necesita.

Lo mismo ocurre con el economato vaticano, que generó 21 millones en ese ejercicio. Es un supermercado de lujo que vende de todo y con marcas de nivel, una especie de ‘duty free’ en medio de Roma. Por eso, según un estudio del California Wine Institute, el Vaticano sería el país con el mayor consumo de vino del mundo, 74 litros por persona. Pero es que se peregrina para hacerse con botellas caras a buenos precios.

Otra de las alegrías para las arcas vaticanas es la Oficina Filatélica. Emite sellos y monedas conmemorativas que son muy ambicionadas por los coleccionistas. Basta darle a la manivela para fabricar algunas hornadas cada año y otra vez se obra el prodigio: 19,8 millones en 2012. No obstante, lo más asombroso y que rebasa toda lógica, al menos legal, es el caso de los cigarrillos y la gasolina. El estanco vaticano ingresa nada menos que 10 millones al año, lo que supone una media de dos o tres paquetes al día para cada uno de los 3.600 clientes oficiales. Como la gasolinera, que genera 27 millones, equivalente a 45.000 kilómetros al año de cada vecino, empleado o cura vaticano. Tanto el tabaco como el combustible tiene precios muy ventajosos, porque no llevan impuestos.

Se supone que el acceso a estos chollos, que sumó en 2012 ingresos por 110 millones, más que los Museos Vaticanos, está limitado a esos 3.600 beneficiarios oficiales que viven o trabajan en la Santa Sede. Para eso tienen una tarjeta identificativa que se debe mostrar en cada compra de productos libres de impuestos, salvo en la farmacia o el despacho filatélico. Pero es evidente que se hace la vista gorda o bien ha habido un total descontrol en el reparto de tarjetas a amiguetes y políticos, o ambas cosas. También, como han reconocido a ‘L’Espresso’ fuentes vaticanas, es posible que “algunos empleados compren cantidades enormes a bajo coste y las revendan en negro en Italia”. Todo esto es tan viejo como Roma, desde que existe el Estado vaticano. Son pecadillos conocidos en la ciudad y que a todo el mundo le vienen bien. En resumen, en estos negocios, como las cuentas del IOR, hay miles de usuarios extraoficiales. Pero de momento nadie los ha tocado.
(Publicado en El Correo)

‘Calabria’, el alma negra de la ‘ndrangheta

Películas de mafia americana hay muchísimas, de la mafia siciliana bastantes menos, para la Camorra contemporánea hubo que esperar hasta ‘Gomorra’ en 2008 y por fin se estrena ahora en España el primer filme que se ha atrevido a retratar la ‘ndrangheta, la organización criminal italiana más desconocida, más misteriosa, pero también, actualmente, la más poderosa y temible. ‘Anime nere’ (Almas negras), titulada en España directamente ‘Calabria’, por ir al grano y situar al espectador extranjero, es una magnífica película, una de las mejores del año pasado en Italia. Dura, austera, oscura y potente. Y de paso muy didáctica, porque explica sin alardes de recursos y sin énfasis retórico la esencia de esta mafia tan particular. Da muchas pistas para comprender y, por supuesto, se aleja de todos los clichés mafiosos.

Calabria, la punta de la ‘bota’ italiana, es un universo aparte y la Calabria profunda, si es que hay alguna parte de ella que no lo sea, no digamos. Es una especie de agujero negro de Italia donde el Estado, simplemente, o no se ve o es que ni existe. Es una tierra pobre, de emigración,y en ‘Calabria’ parece un territorio casi premoderno, de arquetipos arcaicos, donde se mueven, como almas en pena, individuos sombríos, con chupas negras, con coches oscuros, como en un luto perenne que impregna todo. Los que matan son sombras.

Francesco Munzi, un nuevo talento del cine italiano a sus 46 años y con tres filmes, ha dicho inspirarse en Rossellini y el Scorsese de ‘Mean streets’. En la última Mostra de Venecia, donde le aplaudieron mucho, también se evocó ‘El funeral’, de Abel Ferrara. ‘Calabria’ narra la historia de tres hermanos al frente de uno de los tantos clanes de la ‘ndrangheta que, pese a su origen primitivo y rural, en realidad se mueven a nivel internacional. Sus capos viven en Milán o Amsterdam, desde donde dominan el narcotráfico mundial.

Ese contraste entre una rígida tradición y una versátil adaptación al mundo actual es una de las señas de identidad de esta organización. Pero lo que destripa esta película tremenda es que esa tierra recóndita y hostil de las montañas del Aspromonte, sus raíces, les arrastran como una fuerza superior. Los lazos de sangre, el vínculo familiar, es otro de sus rasgos más distintivos. En cada clan son todos familia entre ellos, y por eso apenas hay traiciones o ‘arrepentidos’. En cada hogar se veneran fotos en blanco y negro de los antepasados, muertos a menudo de forma violenta.

Munzi ha rodado en pueblos como Africo, auténticos feudos mafiosos, donde nadie antes había plantado una cámara de cine y se ha valido de actores no profesionales. El paisaje es un protagonista más: pueblos feos, casas pobres y desoladas, algunas a medio hacer, cemento y uralita. Se charla en salones espartanos, donde manosean joyas como piratas en su guarida, y se intercambian alijos en cuadras inmundas. Los capos parecen cabreros vestidos de domingo en sillones dorados. Es una atmósfera silenciosa, de pocas palabras y cuchicheos de mujeres, que en la versión original en dialecto aumenta aún más la impresión de encontrarse ante murmullos huidizos de fieras. En cualquier diálogo hay una tensión latente. En ese clima se despliegan ritos ancestrales. Curaciones, banquetes, funerales, emparejamientos entre familias, sacrificio de animales, la música hipnótica de la ‘tarantella’ y, sobre todo, la ferocidad tribal.

“Allí no llegó el italiano”, bromea uno de los capos sobre su pueblo remoto. “En nuestra tierra Garibaldi terminó mal”, le responde otro. La mujer de uno de ellos, una milanesa crecida a mil años luz de este mundo pero que también representa la Italia que mira para otro lado, desciende a Calabria como a un país de otro continente. “No soy como vosotros”, dice asustada. Italia se cree lejos de este mal oscuro, pero lo tiene metido hasta las entrañas, aunque no lo vea. Tampoco se ve fuera. Un narcotraficante colombiano, interpretado por Carlos Bardem, dice a sus socios calabreses: “El cargamento ya está en Marbella, y en pocos días llegará a Milán”. ‘Calabria’ no da mucha esperanza, la verdad, ni tampoco soluciones, pero alumbra esa oscuridad de almas negras y ocultas.

 

(Publicado en El Correo)

 

 

Pobres en la Capilla Sixtina

No hay imágenes de la última idea de Francisco para mostrar una nueva cercanía del Vaticano a los pobres: invitarles ayer a visitar la Capilla Sixtina y después a cenar en el museo. Hay que imaginarse por tanto a 150 vagabundos de Roma mirando absortos los frescos de Miguel Ángel, e impresiona pensar lo mucho que se habrá parecido la escena a la película de Buñuel, ‘Viridiana’, donde una monja abre el palacio familiar a los pobres y emula una cena similar a la de Leonardo Da Vinci. El ‘Osservatore Romano’ masacró entonces el filme, era 1961, como un sacrilegio, pero parece que ya no es para tanto.

“¡Bienvenidos, esta es la casa de todos, vuestra casa, las puertas están siempre abiertas para todos!”, dijo el Papa a sus invitados con una aparición por sorpresa en la Capilla Sixtina. Les saludó uno por uno y le pidió que rezaran por él: “Necesito la oración de personas como vosotros”. Le escuchaban atónitas estas 150 personas sin hogar fijo, elegidos en las calles próximas. El limosnero vaticano, el polaco Konrad Krajewski, ha organizado la visita estos días repartiendo invitaciones a los que iba encontrando. Algunos de ellos han contado su emoción porque nunca han podido permitirse entrar a los museos y al salir describieron una experiencia “maravillosa”.

En el último año, desde que llegó Bergoglio, se ha ido formando un gran círculo de indigentes que empieza a resultar familiar en el Vaticano. Francisco les ha puesto duchas en la columnata de Bernini, con peluquería, y ha distribuido cientos de paraguas y sacos de dormir. También ha invitado a desayunar a algunos de ellos y en enero autorizó incluso que uno fuera enterrado en el pequeño cementerio de la ciudad vaticana. El último detalle ocurrió el domingo: unos 300 mendigos ayudaron al Papa a repartir 50.000 evangelios en la plaza de San Pedro.

La visita de ayer fue en tres grupos, cada uno con un guía. Recorrieron los Museos Vaticanos y luego, de propina, los jardines. Todo sin nadie que les molestara, pues el recinto está cerrado al público por la tarde. Normalmente esto es un privilegio de pocos. La famosa pinacoteca reserva las tardes a visitas privadas para quien pueda pagarlas, una parte más de la mayor fuente de ingresos de la Santa Sede: seis millones de visitantes al año a 16 euros la entrada son 96 millones.

Hay que sumar otro médoto de recaudación que el Vaticano inventó en octubre, algo polémico: el acto VIP. El primero fue un concierto de música clásica organizado por el Porsche Travel Club para 40 clientes. ¿Precio del billete? 5.000 euros, también con cena. La Santa Sede se embolsó 200.000 euros, pero rechazó los comentarios de que la Capilla Sixtina se alquilaba a ricos. Este tipo de actos de élite han continuado, aunque no se ha sabido nada más de ellos. Quedaba un poco raro y lo de ayer, que es más raro todavía, lo ha compensado.

‘Viridiana’ (1961), de Luis Buñuel.

(Publicado en El Correo)

Mediterráneo descapotable

Queridos lectores de este blog: hoy sale un nuevo libro que he publicado con Libros del KO, a quienes he logrado embaucar una vez más después de que editaran Crónicas de la Mafia el año pasado.

He cambiado bastante de tema. Se llama Mediterráneo descapotable. Viaje ridículo por aquel país tan feliz, y esta es la refrescante portada diseñada por Luis Demano:

Es el relato de un viaje que hice en julio de 2008 por todo el litoral mediterráneo español en un descapotable y que salió publicado en su día en el periódico El Correo y el resto de diarios del grupo Vocento. Quizá algunos de ustedes lo leyeron entonces. Fue una cosa sobre la marcha, como debe ser, sin saber muy bien qué iba a salir. Lo que salió, por casualidad, fue un paseo playero por un país descacharrante, obsesionado con el ladrillo y las rotondas, que estaba a punto de estallar con la famosa burbuja inmobiliaria.

Lo que ha venido después ya se lo saben. Aún así, para actualizarlo, he añadido una segunda parte en la que repaso el mapa por los lugares por donde pasé, a ver cómo han terminado o qué fue de ellos. Iba a ser un pequeño epílogo, pero me ha salido un desolador informe del desastre, con tanto y tan variado caso de corrupción como ha salido en estos años. Vamos, que casi no lo cuento, en el sentido de que casi no lo acabo. En fin, que también esto otro ha sido como una galería de los horrores.

Con todo, espero que una brisa de ligereza, como en descapotable, les haga llevadera la lectura. Ayudarán los dibujos con que ha ilustrado las páginas Esteban Hernández:

 

Lo encontrarán desde hoy en las librerías y también en la web de Libros del KO, se lo mandan a casa o lo pueden comprar en formato digital.

Próximamente organizaremos una presentación en Madrid y otras localidades.

Seguiremos informando.

Gracias a todos.

 

 

 

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