En Grecia: Terror en los áticos caros de Atenas

 

“Mi mujer está aterrorizada”, confiesa en voz baja un empresario en su casa de Kolonaki, un barrio elegante de Atenas. Vive en un hermoso ático lleno de cuadros desde el que se divisa la ciudad. Su mujer también es ejecutiva de una gran compañía y vive con angustia, se la ve muy preocupada, un posible triunfo de Syriza que se palpa en el aire y todos dan por hecho. Han organizado una velada con amigos -intelectuales, abogados, políticos- que se convierte en un apasionado psicodrama de la clase media alta en vísperas de la jornada electoral. En los aperitivos ya están discutiendo.

La idea general es que Alexis Tsipras, líder de Syriza y que quizá no es mal tipo, no sabe dónde se está metiendo, sus asesores no tienen ni idea de economía, manejan un programa irreal y en realidad detrás hay un partido que es una confusa macedonia de marxistas desfasados, nostálgicos del Che Guevara, estalinistas y demás fauna. “Anacrónicos es la palabra”, resume uno de los presentes. En un país que, como todos en las grandes ocasiones, razona con lógica elemental, son los rojos que se van a tomar la revancha de la guerra civil que perdieron tras la Segunda Guerra Mundial. De paso surge una duda: ¿es nazi parte de la élite de un país que tuvo un núcleo duro fascista? Todos lo niegan. Alba Dorada sería un fenómeno popular, surgido exclusivamente desde abajo y de la rabia social, sin dinero ni cerebros detrás. A todos les preocupa.

La mayoría de los huéspedes votan a Antonis Samaras, el primer ministro y líder conservador de Nueva Democracia (ND), eso no está en discusión, pero la llegada de uno de los invitados, candidato de To Potami (El Río), abre un debate crucial en la derecha griega: ¿es más útil votar a Samaras, que por lo visto va a perder, o apoyar a este nuevo partido, liberal y moderado, que puede acabar siendo el socio de Alexis Tsipras y así puede desactivar su peligro? De hecho, una de las principales acusaciones contra To Potami es la de ser un submarino de la derecha creado en laboratorio, en áticos como este, para quitar votos a la izquierda.

Giorgios, el recién llegado, rechaza estos rumores y describe un partido que ha cristalizado el ansia de cambio de una generación de profesionales, de profesores universitarios, de gente preparada, entre los treinta y los cincuenta, que ya no se sentía representada. “Estaba harto de quejarme sólo en casa a través del ordenador, en foros y blogs. había que salir a la realidad”, explica. Nunca había hecho política, pero se animó con el tirón carismático de Stavros Theodorakis, el líder de To Potami, un popular periodista y presentador televisivo. En realidad es esta formación la que más se parece, en su génesis, al fenómeno español de Podemos, y no tanto Syriza. Surgió en marzo, de la nada, se basó en el impacto mediático del líder y sorprendió en las elecciones europeas.

To Potami ha buscado de inmediato el centro e, incluso, es casi apolítico, un ambiguo contenedor de ideas de todo tipo, de lo neoliberal a la limpieza del sistema y la lucha contra corrupción. Para sus detractores es como un partido ‘cool’ de pijos, todo imagen y con las chicas más monas. Pero Giorgios habla de gente bien formada que quiere aportar sus conocimientos para cambiar las cosas. Ellos también apuestan por un cambio histórico de ciclo, de ruptura con el pasado. En este sentido asegura que Syriza, en realidad, está infiltrado de oportunistas del PASOK, el partido socialisat de toda la vida que se derrumbó en las elecciones de 2012, y se mantendrán los viejos vicios.

Hablar de PASOK y ND, de décadas de poder alterno, es hablar de votos pagados con puestos en empresas públicas hinchadas de gente que no pegaba ni golpe, de sueldos estratosféricos, de sindicatos locos y consentidos. Incluso esta misma semana se ha visto un tic de los viejos tiempos: el Gobierno ha contratado a una hornada de 2.136 personas a tres días de las elecciones. “Somos un país anómalo, nada moderno, con un Estado bávaro-otomano, un corporativismo alemán, un proteccionismo francés y una economía de microempresas paquistaní”, resume Aquiles Kehimoglou, analista del diario ‘To Vima’.

El PASOK, que en 2009 arrasó con el 43,9% de los votos, fue borrado del mapa en apenas tres años tras estallar el escándalo griego que ha llevado al actual desastre. El primer ministro, Giorgios Papandreu, destapó las increíbles cuentas trucadas del Estado al llegar al cargo y ahí empezó todo. Aceptó el rescate y esa fue su culpa a ojos de los votantes. Samaras aprovechó de forma carroñera la situación, cuando su partido era responsable del desastre, hizo sangre y forzó las elecciones de 2012 pensando que ganaría, porque aún pensaba con los viejos esquemas de alternancia maquinal. Fue cuando irrumpió Syriza, rompió la inercia histórica y le obligó a un inédito gobierno con los restos del PASOK. “Samaras ha sido un idiota útil, se ha comido estos dos años de medidas impopulares y ahora está quemado”, admite con visión prosaica un invitado. “Podría haber tenido alguna oportunidad de ganar, pero su gran error ha sido el impuesto sobre la vivienda, que ha extendido a todo el mundo y ha sido exagerado, los griegos nunca se lo perdonarán”.

De fondo hay una traición de una clase política a los griegos, opina un técnico de aquel equipo de Papandreu que afrontó las medidas de choque en 2010: “La Troika no te dice que cortes las pensiones, los hospitales y las escuelas. Te pide el dinero y eres tú quien decide de dónde lo saca. Claro, hacerlo bien es difícil, atajar la evasión fiscal, sacar el dinero negro, que los ricos paguen más. Estos sinvergüenzas, unos y otros, han cortado de forma brutal e indiscriminada”. Se comenta sin rodeos que no hay nadie capaz de hacer pagar un duro de impuestos a los armadores, los grandes magnates del país. No hay nadie que no reconozca que hace falta sangre nueva, mover las poltronas ocupadas desde hace lustros por los mismos individuos. La fiesta termina y se asume que, salvo milagro, llega un cambio de época. Sólo esperan que Tsipras negocie bien.

 

 

 

Europa aguarda el cambio que arranca en Grecia

Alexis Tsipras, líder de izquierda de Syriza y favorito en los sondeos, dijo ayer que si es el nuevo primer ministro sólo se pondrá corbata el día en que le perdonen la deuda a Grecia. Tardaremos mucho en ver a Tsipras con corbata, quizá nunca, pero si se pasea por las cumbres europeas sin ella y da el cante en las fotos será un recuerdo constante de que hay un gran problema por resolver.

La deuda griega, un 176% del PIB, con un rescate de 240.000 millones que en teoría no se terminará de pagar hasta 2045, es un embrollo monumental e ineludible. En la UE lo saben. También saben que estos cuatro años de medidas de austeridad salvaje no han arreglado nada. Mientras ya se concede flexibilidad a Francia e Italia, quizá ha llegado el momento de cambiar el registro con Grecia. Las elecciones de hoy señalarán el nuevo interlocutor y abren un escenario distinto. Sería igual aunque, por sorpresa, venciera el actual jefe de Gobierno, el conservador Antonis Samaras, de Nueva Democracia (ND).

Sin el pánico de los mercados, no hay ningún tremendismo, sino sentido práctico y político. Grecia puede vivir un cambio de ciclo similar al de 1981, cuando se impuso el socialista Andreas Papandreu con un programa de izquierda y proclamas airadas contra Europa y la OTAN. Los ricos corrían a Suiza a esconder su dinero, pero no fue el fin del mundo. Para una generación de jóvenes sin esperanza y amplios sectores empobrecidos el triunfo de Syriza podría marcar hoy un hito histórico similar. Con la diferencia de que ahora no hay dinero para milagros, se trata de salvar los muebles.

Pero hay más. La victoria de Tsipras, de 40 años, trascendería las fronteras griegas, al ser el primer jefe de Gobierno europeo de la izquierda radical y abiertamente contrario al guión dominante, marcado por Alemania, de políticas de austeridad. Y en un momento muy particular. Para España, donde ha surgido Podemos, Grecia se convertiría de inmediato en banco de pruebas de seguimiento constante para uso electoral. Pero es que en una situación de tensión social, la alternativa en otros países, empezando por Francia, está siendo el auge del populismo de extrema derecha. De hecho Syriza ha cortado el ascenso de los neoanazis de Alba Dorada, y su resultado es otra de las grandes incógnitas de hoy.

En medios griegos y europeos se ha asegurado que la propia Troika forzó el adelanto de las elecciones. El trío de prestamistas que ha marcado desde 2010 la agenda política de Atenas -Comisión europea, Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI)- habría querido negociar el último tramo del rescate, de 1.800 millones, con un Gobierno fuerte. Debían haberlo cerrado antes del 31 de diciembre, pero se prorrogó al 28 de febrero y es muy posible que mañana una de las primeras reacciones a los comicios sea, de entrada, otra ampliación del plazo para abrir, con calma, una nueva fase de negociación. El Eurogrupo tiene ya una reunión fijada en la que puede anunciar que retrasa la fecha a mediados de año o incluso más alla. Son conscientes de que deben dar tiempo a que se siente el nuevo Gobierno griego. Además se da por hecho que luego se pactarán los términos de un nuevo rescate, el tercero, en condiciones más favorables.

¿Qué pasará mañana lunes? En realidad, pese a las prisas externas porque se aclare rápidamente el panorama, las cosas irán despacio. El calendario debe contar con algo que el resto de Europa parece haber olvidado, ansiosa cómo está de saber lo que ocurrirá. Estas elecciones han llegado porque el Parlamento fue incapaz de elegir un nuevo presidente de la república y por eso lo primero que deberá hacer la nueva cámara es nombrar uno. Ya no será tan difícil como en diciembre, porque bastará una mayoría simple, pero llevará algunos días. El nuevo jefe de Estado, una figura muy protocolaria, será por tanto un hombre al gusto del ganador de las elecciones. Luego el partido más votado dispondrá de tres días para formar Gobierno. Si no lo consigue, la segunda formación tendrá otros tres días y, si no, la tercera. En último caso se repetirían las elecciones al mes siguiente, como ocurrió en 2012. Significaría más paciencia para el resto de Europa.

En todo caso no reina el miedo a lo que pasará el lunes, como ocurrió en 2012, cuando los cajeros agotaban el contante y se temía un hundimiento apocalíptico de las bolsas europeas. Esta vez las primas de riesgo española e italiana, por ejemplo, ni se han inmutado ante las noticias de Atenas. La griega sí, naturalmente, pero está claro que no hay temor de contagio. Entretanto la UE ha desplegado estos años los cortafuegos necesarios y, por otro lado, se ha extendido la tácita convicción, al margen de algunos círculos alemanes y del norte de Europa, de que la sangría impuesta a Grecia ha sido exagerada. La histórica inyección de liquidez anunciada esta semana por la BCE es otra señal de que la UE está cambiando de mentalidad.

En estas nuevas coordenadas se abre la ventana de oportunidad que el nuevo Gobierno griego debe saber explotar inteligentemente a su favor, aunque deberá ceder en sus pretensiones. “No será un problema. El votante griego, y el de Syriza no es una excepción, siempre sabe que el Gobierno luego no hará ni la mitad de lo que dijo”, dice Aquiles Hekimoglou, analista del diario ‘To Vima’.

El presidente del BCE, Mario Draghi, dibujó esta perspectiva al explicar que Grecia queda por el momento fuera de la compra masiva de deuda, pero que podría entrar si acepta la hoja de ruta de la ‘troika’. Si Tsipras gana las elecciones, el choque de trenes que se plantea es, por un lado, entre sus promesas electorales -ruptura de los acuerdos, renegociar la deuda, inversiones para la población más pobre-, y las exigencias de la Troika de nuevos recortes si quiere seguir recibiendo dinero. Atenas necesita ya los 7.200 millones de euros de préstamo previstos para febrero de la UE y el FMI. La nueva vía intermedia debería permitir un calendario más flexible y una demora de los plazos del pago de la deuda.

Evidentemente hay instrumentos para ahogar a Grecia, pero a nadie le interesa precipitar la situación, y ningún partido griego, incluido Tsipras, contempla una salida del euro, que llevaría el país a la quiebra. Atenas dispone de dinero para dos semanas, pero nadie ni en Grecia ni en Europa parece preocupado.

 

(Publicado en El Correo)

 

En Grecia: lo importante es ser tercero

 

Que gana Alexis Tsipras nadie parece dudarlo, la cuestión ya es cómo. Si se confirman los sondeos, en las elecciones de mañana en Grecia vencerá el partido de izquierda Syriza, pero el interés se centra en saber si logrará la mayoría absoluta, una meta difícil, y en ese caso, el escenario más probable, en cómo podría formar gobierno. Suponiendo que el conservador Nueva Democracia (ND) quede segundo, es aquí donde entra en juego el tercer partido, y luego el cuarto y el resto de la fila. Ahí deberá pescar Tsipras un socio que le permita armar un Ejecutivo con garantías.

Los sondeos de ayer, los últimos antes de que hoy quede prohibida su publicación, le daban una ventaja de entre cinco y diez puntos sobre ND, pero se quedaría al borde de la mayoría absoluta, que se logra en torno al 37%. Depende de cuánto se aglutine el voto en las grandes formaciones y de cuántos partidos entren en el Parlamento. Sería en todo caso un resultado enorme para un partido que en 2009 estaba en el 4,6% y en 2012 se disparó al 26,9%. Pero debe recordarse que en las europeas no mejoró y las encuestas siempre le han sobrevalorado. Suele vivir en un efecto de euforia previa general que al final no se corresponde con la realidad, porque el miedo no se confiesa en las encuestas, y menos el voto a Samaras.

Cuanto más fuerte sea Tsipras, mejor podrá negociar con los acreedores y socios europeos, la terrorífica tarea que le esperaría el lunes. La ‘troika’, formada por Comisión europea, Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI), espera a saber quién tendrá delante. Si realmente se cree lo que dice en la campaña, a Tsipras le iría mejor solo. Por eso ha machacado hasta el último momento, y ayer lo volvió a hacer, que necesita un “mandato claro para tener las manos libres”. “El plan B de la ‘troika’ es que Syriza no saque la mayoría absoluta para que sea vea obligada a gobernar con los propagandistas que defienden sus posturas”, advirtió. Aseguró que, si es primer ministro, quiere cerrar un acuerdo con la UE antes de julio. Reconoce los compromisos con las instituciones europeas, pero no con la ‘troika’ y, por tanto, no quiere saber nada de lo firmado por el Ejecutivo actual de Antonis Samaras, de ND.

Quizá sería mejor para Tsipras tener un socio al que acusar de ser el motivo de las concesiones que sin duda deberá hacer, porque en solitario no tendrá excusas para no cumplir sus promesas. Si debe buscarse un aliado quien tiene más opciones es el partido liberal y europeísta To Potami (El Río), del popular periodista televisivo Stavros Theodorakis, de 51 años (chico de la foto). Se forjó fama de íntegro y batallador con sus progamas de investigación, y le arropa un grupo de intelectuales y personalidades reformistas de centro. Salió de la nada en marzo y dos meses después obtuvo en las europeas un 6,6%. Fue la sorpresa. Para las elecciones generales lo han visto muy claro: han apostado descaradamente por ser el partido bisagra, el que necesitará Tsipras para gobernar. Sus carteles dicen directamente “Tercera fuerza” y la palabra que más repiten es “cambio”. También ellos son nuevos, ajenos a la clase política tradicional, pero ofrecen un perfil moderado que muchos votantes preocupados pueden preferir para ablandar el programa de Syriza. En el partido de Tsipras, obviamente, les odian en voz baja, pero se van haciendo a la idea de que quizá al final deberán entenderse.

Con el otro posible tercer clasificado, el partido neonazi Alba Dorada, se añade un matiz importante: si al final logran esa plaza, como de hecho ocurrió en los recientes comicios europeos, eso les daría derecho a entrar en los rituales de formación de Gobierno. Es decir, si ni el primer partido en las urnas, y tampoco el segundo, consiguen una mayoría el presidente de la república, Karolos Papoulias, no tendría más remedio, por ley, que encargar el intento al líder neonazi Nikos Michaloliakos. Que está en prisión desde septiembre de 2013, como el resto de la cúpula del partido, acusados de formar una organización criminal tras el asesinato de un rapero de izquierda. (En la foto es el chico de la camisa que parece que sólo pasa por allí)

Al pobre Papoulias, de 85 años, partisano en su juventud durante la ocupación alemana, tener que recibir con todos los honores a una tropa de neonazis le puede costar un ictus. En las elecciones europeas alcanzaron un 9,4%, 536.000 votos, cien mil más que en las generales de junio de 2012. Los comicios europeos suelen ser poco extrapolables, pero la gran pregunta es si romperán su techo. Los sondeos, en su caso, siempre les dan menos votos de los que luego obtienen.
Siete de los dirigentes de Alba Dorada están en prisión, y tres en arresto domiciliario, con la acusación de formar una organización criminal. Al margen de que no hay fecha para el juicio y cuando pasen 18 meses, en primavera, quedarán en libertad, está por ver si la cárcel ha podido alimentar el victimismo entre su electorado. Por otro lado, lo cierto es que la detención les cortó de raíz el protagonismo, porque hasta entonces ocupaban la escena cada día. Montaban números en el Parlamento y había palizas a inmigrantes. Esa presencia mediática les hacía mucha publicidad. La gente sabía que podía recurrir a ellos como servicio de orden, o para resolver problemas. Y funcionaban. Quien tenía inquilino extranjeros en un piso que no se querían ir les llamaba y estos matones se lo desalojaban en cinco minutos.

Obviamente Syriza ni se plantea una alianza con Alba Dorada, pero si son terceros Tsipras deberá bajar a buscar apoyos hasta los últimos partidos de la tabla y se irán reduciendo sus opciones de sumar escaños. En 2012 ya salió un cuadro complejo que obligó a repetir las elecciones al mes siguiente. No hay que descartar nada.

 

Contra el hambre en Atenas

 

El despacho de Cleansis Chironis está en un rincón del mercado central de Atenas, entre ganchos de carnicería y detrás de una hilera de pollos colgando. Allí estaba ayer pagando facturas con la calculadora, rodeado de papeles y tazas de café, y echando pestes. Su mesa es un termómetro preciso de la marcha de la economía de la ciudad, porque es el presidente de los carniceros de la capital y el principal vendedor del mercado, con ocho locales y 32 empleados. “¿Qué cómo va? Mira, lo tengo comprobado, el dinero de la pensión, de muchos sueldos, dura una semana. La primera semana del mes. Ahí vendemos algo. Luego empieza el largo camino hasta final de mes”, explica.

El hambre serpenta por las calles de Atenas y roe la vida diaria de muchos griegos, con un 32% que se halla bajo el umbral de pobreza. “No estamos en Somalia, pero hay mucha gente, que antes era clase media, que de repente ya no sabe lo que va a comer hoy, lo que va a poner en el plato a sus hijos mañana, vive en una constante inseguridad alimentaria”, explica Alexander Theodoridis, de la ONG Boroume. Es una exitosa iniciativa que desde 2011 coordina el reparto de la comida que sobra en supermercados, hoteles y restaurantes. ‘Boroume’ significa ‘Podemos’. Este es el ‘Podemos’ griego, donde poder comer ya es el reto de base. Ellos distribuyen hasta 3.000 comidas al día. Como dice Theodoridis, “es absurdo pasar hambre cuando vives rodeado de comida, porque en las calles de Atenas la ves por todas partes, en tiendas, escaparates, mercados”.

Es muy cierto. Pero entrar en el mercado central de Atenas es recorrer en solitario pasillos vacíos, flanqueados por comerciantes de bata blanca que te animan a comprarles algo. Los puestos son exuberantes, pero el carnicero Chironis vive, y sus clientes viven, gracias al pollo, la carne más barata. Luego un poco de cerdo, después vacuno y poquísimo cordero, que los griegos ya no se pueden permitir. El pescado fresco también está caro. Sólo la fruta y la verdura son más baratas que en España. Ni las navidades fueron buenas. “Un desastre. Empecé con el pavo a seis euros el kilo y acabé vendiéndolo a un euro”, resume.

Este mercado también sirve para medir el sentir ciudadano hacia los políticos, porque siempre pasan por allí en la campaña a hacerse las fotos de rigor saludando al personal. En 2012, cuenta Chironis, la gente les tiraba de todo y les insultaba. Este mes no les hacían ni caso. “Ya no hay ira. Hay una calma fría. La gente tiene claro que el domingo quiere cambiar, aunque en realidad lo que espera es un milagro”, apunta. Él calcula que sus beneficios han caído un 70% en los últimos cuatro años. A sus 65 años, no recuerda un momento peor y no ve la hora de jubilarse. Le sucederá su hija, que se licenció en económicas. La otra vive en Londres. El paro en Grecia es del 27%, entre jóvenes es del 56%, y muchos se van del país.

El mercado, no obstante, sigue siendo el lugar colorido y bullicioso que uno espera. Transmite alegría, los tenderos exhiben ese optimismo contagioso, y a menos de que sean grandes actores uno se pregunta cómo es posible. Hay una explicación sutil enlazada a la crisis: de los 1.500 empleados del mercado, sólo diez son griegos. Estos chicos que dan voces son albaneses, paquistaníes, egipcios. Cobran unos veinte euros al día, un sueldo que muchos griegos no quieren, y tan sólo los técnicos de corte ganan 400 a la semana. Pero es que para ellos, viniendo de donde vienen, está bien. Depende del punto de partida. Los griegos, en retroceso o que emigran, se cruzan con inmigrantes que llegan y mejoran su vida. Chironis dice que los extranjeros están integrados y trabajan bien. Pero evidentemente en este orden de cosas y con el amargo descontento de fondo es donde irrumpe con éxito el partido neonazi Alba Dorada.

Alexander Theodoridis, de Boroume, es un ejemplo de los griegos preparados que se quedan y quieren cambiar las cosas, sobre todo porque han perdido la esperanza de que sus políticos sean capaces de hacerlo. Formado con estudios universitarios en Munich y Londres, cooperante en Afganistán, probó como técnico en la política y salió espantado. En 2011 estaba en una cena en casa de un amigo donde sobraba un montón de comida y no pudo evitar pensar en las imágenes de la tele con filas ante los comedores sociales. Entonces eso empezaba, pero ahora es muy normal encontrarse en las plazas de Atenas grupos de voluntarios, que se organizan por su cuenta, cocinando con una gran cazuela y un hornillo de gas. Dan de comer a la gente del barrio que lo necesita.

Alexander pensó en tender un puente entre esos dos extremos. Montó Boroume con dos amigas, Xenia Papastavrou y Alexia Moatsou. Hoy son cinco empleados y 30 voluntarios. “Empezamos con doce tartas de queso de una panadería, que nos dijo que las iba a tirar esa noche”, recuerda. Les dijo que cada día arrojaba a la basura 30 kilos de alimentos. Cuatro años después, cuatro años de plan de austeridad, trabajan con 800 comedores o puntos de asistencia de toda Grecia a los que hacen llegar alimentos de 120 empresas. Se sostienen con donaciones privadas, sin financiación pública. Su sede de Monastiraki, en el centro de Atenas, es un quinto piso, una pequeña oficina soleada donde sólo hay ordenadores. No hay furgonetas ni cajas de comida, como uno podría esperar. Ellos sólo organizan toda esa red. “Enlazamos quien quiere ayudar con quien lo necesita”, explica Alexander, sentado en su ordenador. Es otra mesa luminosa desde la que se comprende la lucha de los griegos por salir adelante.

(Publicado en El Correo)

En Grecia: First we take Manhattan

 

 

“Primero tomaremos Manhattan, luego tomaremos Berlín”, cantaba ayer la voz de Leonard Cohen mientras se abrazaban Alexis Tsipras y Pablo Iglesias en el mitin de cierre de campaña de Syriza, el partido de izquierda griego favorito en las elecciones del domingo. “¡Hasta la victoria, Syriza y Podemos, venceremos!”, clamó Iglesias tras leer un par de frases en griego y repetir el estribillo de Cohen. Luego sonó el ‘Bella ciao’ la canción de los partisanos italianos en la Segunda Guerra Mundial. España mira a las elecciones del domingo en Grecia con mucha atención y la imagen de ayer explica muy bien por qué. Una gran multitud se agolpaba en las calles que confluyen en la plaza de Omonia, enclave tradicional de Syriza en sus campañas, y les saludaba prácticamente como los futuros salvadores de Europa, empezando por Grecia. Aunque a Tsipras, la verdad, se le veía un poco cansado.

“¿Podemos en España como va? ¿Son primeros? Tienen que ganar, hay que cambiar esto desde el sur, no podemos seguir dominados por la señora Merkel”, preguntaba muy interesado Dimitris, un dirigente de Syriza que ha sido alcalde de su pueblo, cerca de Salónica. Sigue existiendo una extraña comunicación a distancia entre Grecia y España. Arrancó en 2010 con la emulación de los Indignados en la plaza Syntagma, como reacción a un cartel en la Puerta del Sol que decía “cuidado, no despertéis a los griegos”. Continuó durante los planes de ajuste cuando la gente advertía a los españoles que serían los próximos. Culmina ahora con un proyecto político paralelo, respuesta a los planes de austeridad. Si bien Iglesias se preocupó de matizar ayer que las situaciones en ambos países “son muy distintas tanto desde el punto de vista económico como el político”.

Iglesias tuvo ayer el protagonismo en el escenario, pero no era el único. Ayer había cola para arrimarse a Tsipras. También han viajado hasta Atenas el coordinador de Izquierda Unida (IU), Cayo Lara, que decidió quedarse un día más para asistir al mitin; los portavoces de Guanyem Barcelona, Ada Colau y Gerardo Pisarello; y también el europarlamentario de EH Bildu Josu Juaristi. En las primeras filas del público hasta se veía una bandera republicana española. Lo mismo ha ocurrido con otros partidos europeos, desde formaciones italianas a Sinn Fein. Incluso Marine Le Pen ha lanzado en los últimos días mensajes de apoyo, que han entrado venenosamente en la campaña y han sido rechazados por Syriza. Es más, señalan que ellos son el freno a partidos populistas de derecha que, en su opinión, son consecuencia de las medidas de austeridad.

Syriza, en resumen, aglutina las esperanzas de cambio del rumbo europeo de siglas de todo tipo, conscientes de que el domingo en Grecia puede romperse un esquema y abrirse otro. Tsipras parece un buen chico, siempre con chaqueta y camisas bien planchadas, y tiene un tono de voz nasal muy tranquilizador. Pero, naturalmente, en Grecia y en toda Europa la incertidumbre y la confusión sobre lo que puede pasar si gana Syriza son enormes. Los sondeos de ayer le daban de nuevo ventajas de hasta cinco puntos sobre el conservador Nueva Democracia (ND), que en alianza con los socialistas del PASOK ha gobernado desde 2012 aplicando las recetas de austeridad. No obstante, hablando con la gente en Atenas, no se ve el miedo de 2012, se lo ha llevado un agotamiento absoluto. Ya les da igual.

ND y PASOK, en todo caso, siguen centrando su campaña en el alarmismo y no se ahorran metáforas. El primer ministro Antonis Samaras, de ND, asegura que si gana Tsipras el país acabará “como Corea del Norte”. “Se harán un ejército, matarán la economía y meterán las manos en las cuentas corrientes”, advirtió. Entretanto ‘Eleftieri Ora’ (La hora de la libertad), el diario del patriarcado de Constantinopla, lleva días avisando a sus lectores de que preparen víveres e incluso armas para hacerse fuertes en sus casas. Aunque a Samaras le llaman directamente payaso.

Evangelos Venizelos, líder del PASOK, prefirió comparar el escenario con Venezuela. La verdad es que en el mitin que dio el miércoles por la noche en Atenas había cuatro gatos y, con una media de edad altísima, muy nostálgicos. PASOK, el gran partido dinástico y clientelar que ha dominado con ND el bipolarismo griego durante décadas es ahora una ruina que se agarra a una previsión del 5% de votos. Es otro espejo muy temible para España, en este caso para el PSOE, de qué ocurre cuando te pasan por la izquierda con un nuevo modelo.

En todo caso Venizelos se ofreció, si es necesario, a pactar con Syriza si no logra la mayoría absoluta. El gran objetivo de Tsipras es, precisamente, una gran victoria que le permita gobernar en solitario. Ayer lo volvió a repetir: “Necesitamos un mandato fuerte para negociar con la ‘troika’, no queremos ser rehenes de un socio que podría pretender descafeinar nuestro programa”, proclamó. En las encuestas está cerca del 36-37% que da la mayoría absoluta en el Parlamento, aunque hay que cogerlas con pinzas. En 2012 inflaron el resultado de Syriza y además la crisis ha hecho al elector griego muy imprevisible. Hay un 15-20% de indecisos.

El tercer puesto, por tanto, está muy disputado y es probable que sea la clave de los comicios. A él aspiran varias formaciones. La menos mala para Tsipras sería To Potami (El Río), otro partido nuevo fruto de la crisis surgido en marzo y que irrumpió en las europeas. Son liberales, europeístas y obligarían a Syriza a moderar su línea. La otra posibilidad es el partido neonazi Alba Dorada, que en las elecciones europeas llegó al 9%. Su mitin del miércoles en Atenas tenía un lleno total, aunque en el escenario no estaban sus líderes, la mayor parte en prisión dentro de la investigación del asesinato de un rapero en 2013 a manos de un militante. Pero enviaron vídeos grabados en la cárcel con arengas de mucho éxito, y no se sabe qué es peor.

 

Pague si quiere que le demos a su bebé

En un hospital de Atenas tomaron prácticamente de rehén a un recién nacido hasta que su madre no pagara la factura del parto. No le daban al niño hasta que abonara una cuenta de mil euros. Christina Samartzi, coordinadora de proyectos de Médicos del Mundo, contaba ayer este episodio en su despacho. Ocurrió en 2012 y tuvieron que intervenir para solucionarlo con una mediación. Para tres millones de griegos entrar en un hospital, si no es en una urgencia, significa pagar, en principio, cinco euros, y luego depende del tratamiento. Son los tres millones de griegos sin asistencia médica gratuita, gente que después de un año de paro se queda sin sanidad pública, el punto más bajo del desmantelamiento social que se ha visto obligada a emprender Grecia por imposición de sus prestamistas internacionales, la ‘troika’ formada por Comisión europea, Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI).

Tres millones son más de un cuarto de la población y el 35% vive bajo el umbral de pobreza. Eso explica las colas que había ayer en la pequeña clínica de Médicos del Mundo en el centro de Atenas, que abrió en 1997 para los inmigrantes y a partir de 2010 empezó a recibir ciudadanos griegos, la clase media que comenzaba a desmontarse. Ahora son el 30% de sus pacientes, de los 1.500 que atienden al día, pero tienen otros cuatro centros en el país y, por ejemplo, en Perama, en El Pireo, los griegos son el 90%. “No vemos ninguna mejora, viene cada vez más gente en busca de atención y medicinas, y muchas familias a vacunar a los niños”, relata Samartzi. Ancianos y niños son los más frágiles, con numerosos casos de malnutrición, y en algunas zonas rurales incluso no hay pediatras, ni siquiera para quienes sí están cubiertos por la seguridad social. Médicos del Mundo envía unidades móviles. Hay otras organizaciones que hacen lo mismo, como Praxis o Solidarity for All. Suplen al Estado cuando el Estado se derrumba. En su caso, seis médicos pagados y cincuenta voluntarios. Lo curioso es que la UE, que exige los recortes, es al mismo tiempo el principal financiador de esta ONG, junto a donaciones privadas. “Política”, resume lacónica esta voluntaria. ¿Qué pasará el domingo? “Estamos desesperados, algo tiene que cambiar”.

Si se va a mirar el otro pilar de una teórica sociedad de bienestar, la educación, se ve otra trinchera de resistencia. Incluso si por ampliar la visión se indaga en un colegio público de un barrio pudiente y de clase media alta como Kolonakis. “En estos dos últimos años he sido pisoteado y escupido por el Gobierno, escríbelo”, dice un profesor de educación especial para niños con problemas, Panaiotis Cassianos, que además es el director del centro, con 500 alumnos. Por eso él cobra 1.000 euros, de los 1.600 que cobraba, y es afortunado. El sueldo de un maestro que lleve muchos años ronda los 800 euros, pero uno que empieza recibe 600. El colegio ha perdido en torno a un 40% de su presupuesto. “Muchos niños vienen con hambre, no tienen ropa suficiente, se ven agujeros en los zapato. Una vez al mes hacemos un bazar para que todos traigan lo que no les sirve o cosas de segunda mano y las intercambien”, explica. Lo único bueno de la crisis es que ha sacado la solidaridad a la calle. “Lo peor es que los chicos que van a ir a la universidad no tienen esperanza”, dice Cassianos. Otro profesor de lengua, Thanos Natsis, no ve tanto impacto de la crisis en este colegio, comparado con barrios más pobres. “Pero es verdad que han ido llegando muchos que antes estudiaban en centros privados y ya no se los pueden permitir”, señala. Aún así apunta que en su clase han organizado un viaje a París, por 550 euros, a ver qué pasaba. Y todos han pagado.

Está claro que en Grecia, como en España e Italia, de la crisis se entera quien le toca, pero si no se puede vivir más o menos ajeno. Por otro lado, igual que este desastre es consecuencia de décadas de derroche de los Gobiernos, también ha habido chapuzas en los recortes, efectuados a veces de forma arbitraria o absurda. Por ejemplo, la semana pasada había una manifestación de señoras de la limpieza de los ministerios contra despidos y rebajas de sueldo. Pero es que, con la que está cayendo, ¡seguían cobrando 2.500 euros! Mientras en algunos sectores se toca fondo, aún persisten bolsas ocultas de privilegios. Y, naturalmente, una enorme evasión fiscal. De ahí, precisamente, Syriza quiere extraer gran parte de los fondos para atajar esta “crisis humanitaria”, una primera inversión de choque de 11.500 millones. El problema es encontrarlos. Desde 2010 todos los Gobiernos han confiado en hacerlo, sin mucho éxito. Según Syriza, es cuestión de voluntad y no la tenían. Aseguran que ellos los van a encontrar.

(Publicado en El Correo)

En Grecia: “Ajustar las cuentas sin matar la democracia”


Me han mandado a Grecia, por quinto año, y vamos a ver qué pasa. Durante unos días dejamos Roma y hablaremos de lo de aquí.

 

Se acerca el día en el que a lo mejor Alexis Tsipras, líder del partido de izquierda Syriza, es el nuevo primer ministro griego y no deja de lanzar mensajes conciliadores a Europa, preparando la pista para que no le reciban como si aterrizara un marciano. Las elecciones son este domingo y al día siguiente, si gana él como dicen los sondeos, puede cundir el nerviosismo en Europa y el descontrol en los mercados. La mañana del lunes promete ser muy muy movida. Tsipras, que no está dando entrevistas a medios extranjeros, se comunica con artículos. Ayer eligió el ‘Financial Times’, biblia financiera y conservadora, para asegurar que “un Gobierno de Syriza respetará las obligaciones de Grecia” y no hará locuras, sólo que tiene recetas muy distintas de las actuales. “Grecia puede ajustar sus cuentas sin matar la democracia”, promete. “La austeridad ha fracasado, no hay ninguna razón lógica para continuar con una medicina que propaga la metástasis”.

Lo cierto es que en las calles de Atenas, con cualquiera que hables, de derecha e izquierda, todo el mundo pide un cambio a gritos, porque siente que está llegando a su límite. Basta ver cómo la gente empieza a revolver en los contenedores de basura en cuanto cae la noche, o cómo señores trajeados buscan billetes de metro válidos en las papeleras de las estaciones. Syriza sería ese cambio, no sólo de política, sino de políticos. El conservador Nueva Democracia (ND), del primer ministro Antonis Samaras, gobierna con los socialistas, el PASOK, y son los dos partidos de toda la vida. Corruptos, responsables del desastre y que encima están gestionando su dolorosa solución, sin margen de maniobra. Les viene impuesta desde la ‘troika’, el trío de prestamistas formado por Comisión europea, Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha impuesto las condiciones de los 240.000 millones concedidos en dos rescates.

Tras cuatro años de tremendos recortes que, por ejemplo, han dejado a tres millones de personas -en un país de once millones- fuera del sistema sanitario, hay una sensación creciente, o se confunde con el deseo, de que esta vez Europa va a aflojar la cuerda. De ahí la palabra clave del lema de Syriza, “esperanza”. No es como en 2012, con el terror a una salida del euro y una hecatombe general. Ahora la propia UE cambia hacia una mayor flexibilidad y se espera que hoy el BCE dé una señal con su esperada compra masiva de deuda, con la incógnita de si incluirá o no a Grecia.

También Syriza ha cambiado y ha pulido su discurso. No parecen ya una banda improvisada de rojos, sino unos socialdemócratas con estudios, aunque en la base siga habiendo de todo. Su ideólogo económico es Yanis Varoufakis, profesor de economía política en la universidad de Austin, Texas. Es el cerebro del programa de choque de Syriza, llamado Documento de Salónica y presentado en esta ciudad en septiembre de 2014. Ha sido un esfuerzo por dar concreción a lo que hasta ahora eran consignas vagas.

Leyendo el programa se comprende bien el dilema del votante griego. Por un lado Syriza promete salir al paso de la “crisis humanitaria” griega con un Plan de Reconstrucción Nacional: electricidad gratis -hay miles de vecinos sin luz porque no la pueden pagar- a 300.000 familias pobres, dar una vivienda a quien no la tiene, añadir una paga más a las pensiones inferiores a 700 euros, sanidad gratuita a los parados no asegurados… Sólo esto suma una inversión de 1.000 millones.

En cambio, respetar los compromisos con la ‘troika’ exige ya, con un ultimátum el 28 de febrero, que Grecia pegue otro palo de 19 medidas: total liberalización del despido, reducir aún más las pensiones, eliminar la moratoria que impide el desahucio en la primera vivienda, un tajo de 2.000 millones más en los presupuestos de 2015,… Si no, Atenas no recibirá la última cuota del rescate, 1.800 millones. Tampoco una línea de crédito del Mecanismo Europeo de Estabilidad que le permitirá financiarse en buenas condiciones. Y en marzo le vencen 5.000 millones en créditos y bonos. Más otros 15.000 en los próximos meses. En esta espiral diabólica ha vivido Grecia en los ultimos cuatro años.

Syriza propone romper ese círculo vicioso, porque lo considera un sinsentido que sólo masacra a los griegos. Creen que el problema real que no se quiere afontar es una deuda, el 175% del PIB, que es imposible de pagar y en un 80% es con la propia ‘troika’. Por eso plantean, y Tsipras lo volvió a repetir ayer, una gran conferencia europea sobre la deuda, similar a la que en 1953 perdonó la suya a Alemania, que salía diezmada de la guerra. “Grecia estaba entre los acreedores”, subraya el líder de Syriza. “No es la intención de la Comisión convocar una conferencia de este tipo”, replicó ayer el presidente de la institución, Jean-Claude Juncker. Ahora el pulso es hipotético. A partir del lunes puede ser real.

(Publicado en El Correo)

No hay que tener hijos como conejos

Francisco volvió a soltar ayer, hablando con los periodistas en el vuelo de regreso de Filipinas, una de sus frases bomba, que rompen siglos de discurso oficial católico. El primero fue aquel “Si alguien es gay, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. Ayer, hablando de natalidad y casi criticando a quien tiene un número alto de hijos, dijo lo siguiente: “Hay quien cree que para ser buenos católicos tenemos que ser como conejos”. Pidió, en cambio, “una paternidad responsable”, y aunque no entró en detalles sobre la anticoncepción, consideró que “para esto en la Iglesia hay grupos matrimoniales, expertos en estas cuestiones y yo conozco tantas y tantas vías de salida lícitas, que han ayudado para esto”.

Su reflexión comenzó con una defensa de la encíclica ‘Humanae vitae’ de Pablo VI, que en los sesenta prohibió los anticonceptivos. Bergoglio explicó que su predecesor buscaba también combatir “el neo-malthusianesimo universal que pretendía un control de la natalidad de parte de las potencias, menos del uno por ciento en Italia, lo mismo en España…”. Y añadió, con un razonamiento que llevó a esa frase tan inesperada: “Esto no significa que el cristiano deba hacer hijos en serie. He reñido a una mujer que estaba en su octavo embarazo y había tenido siete partos cesáreos: ¿quiere dejar huérfanos a sus hijos? (…) Esto es una irresponsabilidad. ‘No, pero yo confío en Dios…’, decía. Sí, Dios te da los medios, pero perdonadme, hay quien cree que para ser buenos cristianos tenemos que ser conejos, ¿no?”.

El Papa abordó este tema en dos ocasiones durante la conversación con la prensa. La segunda cuando le preguntaron sobre la posible relación de la pobreza en Filipinas con el alto índice de natalidad: “Yo creo que el número de tres hijos por familia, según lo que dicen los técnicos, es el número importante para mantener la población. Cuando baja de este nivel, se llega al otro extremo, lo que pasa en Italia, que en 2024 -he oído, no sé si es verdad- no habrá dinero para pagar las pensiones”. Es una declaración alarmante que no se sabe si puede tener respuesta del Gobierno italiano.

Francisco matizó que, de todos modos, “aunque se debe ser prudentes, para la  gente más pobre un hijo es un tesoro”. Y concluyó: “Paternidad responsable, pero también mirar la generosidad de ese papá o esa mamá que ve en los hijos un tesoro”. Y ahí dejó la cuestión, con un buen lío armado.
Fue lo más destacado de una hora de intervención, en la que, además de otras reflexiones sobre la pobreza y la corrupción, lo más noticioso fue el anuncio de próximos viajes para este año: una gran gira por Ecuador, Bolivia y Paraguay; en septiembre, visita a Estados Unidos para visitar la ONU en Nueva York y también Washington y Filadelfia; y a final de año, República Centroafricana y Uganda. El año que viene, adelantó, quiere ir a Chile, Argentina y Urguay. “Falta Perú y no sabemos dónde meterlo”, confesó.

Un periodista planteó al Papa que su reciente frase sobre los atentados de París causó “confusión, como si justificara la violencia”. Bergoglio dijo que la libertad de expresión tiene un límite y, por ejemplo, si alguien insulta a su madre le esperaba un puñetazo, e incluso simuló el gesto. Así que Francisco volvió a explicarse: “Podemos decir lo que dice el Evangelio, poner la otra mejilla. En teoría podemos decir que comprendemos la libertad de expresión. Esto es importante, en la teoría estamos todos de acuerdo. Pero somos humanos. Yo no puedo provocar, insultar a una persona continuamente, porque me arriesgo a que se enfade, a una reacción injusta. Pero es humano. La libertad de expresión debe tener en cuenta la realidad humana y por eso digo que debe ser prudente, educada. La prudencia es la virtud humana que regula nuestras relaciones”.

(Publicado en El Correo)

El Papa no quiere bromas con la religión

 

El Papa entró ayer de lleno en el debate que ha seguido a la masacre en la revista satírica ‘Charlie Hebdo’, obra de dos fanáticos islamistas, y lo hizo rompiendo la opinión más o menos institucional que se ha formado en Occidente. Hablando de la libertad de expresión dijo: “Hay un límite, no se puede provocar, no se puede insultar la religión de los demás, no se puede uno reír de la religión, cada religión que respeta la vida tiene dignidad”, señaló en su primera charla con periodistas desde los atentados.

Fiel a su estilo, Bergoglio habló sin rodeos. Con un ejemplo sorprendentemente coloquial, para el asunto en juego y siendo el Papa, señaló al funcionario vaticano que tenía al lado: “No se puede reaccionar violentamente, pero si el señor Gasbarri, que es mi amigo, dice una palabrota contra mi madre le espera un puñetazo, ¡es normal!”.

Evidentemente ahora se hace más complejo el escenario, hasta ahora planteado como un choque cultural entre un Occidente laico y un mundo islámico que no ha pasado por la modernidad. La Iglesia católica es parte esencial de la sociedad occidental y se ha colocado al lado de los musulmanes, cuyos clérigos dicen lo mismo estos días tras condenar los atentados. El Papa ha optado por un frente común con el resto de religiones, un paso determinante, que reedita el eterno contraste de lo sagrado y la llamada ley natural con las normas de los Estados de derecho. Aunque más bien, dentro de la astucia de Bergoglio, se propone como puente entre las partes, sustrayéndose al conflicto.

Francisco había condenado los crímenes en comunicados y discursos, pero ayer era la primera vez que hablaba libremente, improvisando con la prensa en el vuelo de Sri Lanka a Filipinas, dentro de su viaje en Asia. Así que entró en matices y marcó la posición de la Iglesia católica. Era la que se imaginaba, pero hasta ahora se la había callado, no era oportuno. “Hablemos claro, vamos a París, no se puede esconder una verdad”, dijo al abordar el tema. Antes dibujó el contexto, con una nueva condena previa de la “aberración de matar en nombre de Dios”, de los kamikazes -”hay un elemento de desequilibrio humano, no sé si mental”- y con la admisión de que él mismo puede sufrir un atentado: “El mejor modo de responder a las amenazas es la mansedumbre, ser humilde como el pan. Alguna vez me he preguntado: ¿si me pasara a mí? Sólo he pedido la gracia de que no me haga daño, no soy valiente ante el dolor”.

Introdujo también una autocrítica poco frecuente: “A nosotros lo que pasa ahora nos sorprende, pero pensemos en nuestra historia, ¡cuántas guerras de religión hemos tenido!”. Citó expresamente la noche de San Bartolomé, nada casual, pues fue una matanza de miles de protestantes a manos de católicos en el mismo París y en el resto de Francia en el siglo XVI. “Como se comprende, también nosotros hemos sido pecadores en esto”, recordó. Fue un modo sutil de señalar al islam que, por su parte, la Iglesia católica ha vivido una evolución histórica.

Lo cierto es que esto entronca directamente con la famosa polémica de Benedicto XVI en su discurso de Ratisbona en 2006, que indignó a los musulmanes al evocar la problemática relación entre fe y violencia en el islam. En realidad visto ahora aquello resulta sorprendente: fue entonces el Papa quien se colocó en el punto de mira de los islamistas por unas afirmaciones consideradas provocatorias. Y no sólo por ellos. Eran, naturalmente, reflexiones más sofisticadas que las viñetas de ‘Charlie Hebdo’, pero en Europa, y más desde la izquierda, muchos le criticaron por ello, exactamenten por jugar con fuego. No se defendió precisamente su libertad de expresión.

Francisco también ha instado en varias ocasiones a los líderes musulmanes a condenar la violencia, pero se ha cuidado mucho de llegar tan lejos como Ratzinger con una crítica a la raíz del problema en el Corán y a la dificultad de los imanes para resolverlo superando la literalidad y reinterpretando los textos en clave moderna. Bergoglio ayer mencionó a Benedicto XVI y aquel discurso de 2006, pero sin remover los puntos dolientes. Le va más el buen rollo. Se fijó en el otro pilar de la crítica de Ratzinger, a las democracias occidentales: “Benedicto XVI habló de una metafísica post-positivista que trata las religiones como si fueran subculturas toleradas, porque no están en la cultura ilustrada. Por eso hay gente que habla demasiado, que toma el pelo, que convierte en juguete la religión”.

En aquel denso discurso de 2006 Benedicto XVI agradeció los avances de la Ilustración, pero se quejó de que el mundo occidental ha encumbrado la razón y predomina un cierto desprecio por las religiones, vistas como restos de un mundo arcaico. Y advirtió: “Las culturas religiosas del mundo ven justo en esta exclusión un ataque a sus convicciones más íntimas. Una razón que ante lo divino es sorda e incapaz de insertarse en el diálogo de culturas”. Tres meses más tarde señaló la “gran urgencia” del islam por superar un reto similar al que tuvo que afrontar el Vaticano con la Ilustración a partir del siglo XVIII y que sólo en el XX, “con el Concilio Vaticano II, trajo soluciones concretas a la Iglesia católica”. Entonces lanzó este aviso: “Si la razón secularizada sigue cerrada a la cuestión de Dios esto acabará por llevar a un choque de culturas”. Todo muy actual.

(Publicado en El Correo)

Napolitano abdica

“Esto es un poco una prisión”, le confesó anteayer medio en broma Giorgio Napolitano a un niña en el palacio del Quirinale. El presidente italiano, jefe de Estado, dijo también que estaba contento de volver a su casa y ayer pudo hacerlo. Por la mañana envió al primer ministro y a los presidentes de ambas cámaras su carta de dimisión, un paso conocido desde tiempo.

Napolitano se va cansado por su edad, 89 años, aunque casi más por el desgaste de un cargo que en Italia es tan solemne como marginal, pero al ser decisivo en momentos difíciles en este país quiere decir que lo es con bastante frecuencia. El presidente es el último responsable de mantener el timón en medio del caos y ejercer de eso tan raro en Italia que se llama estadista. Su caso ha llegado al extremo, pues el mandato dura siete años pero en 2013 se vio forzado a repetir en el cargo, algo insólito en la historia de la república nacida en la posguerra, por la ineptitud de los partidos a la hora de elegir su sucesor.

Su relevo coincidió entonces con el caos más total de la clase política italiana, tras las elecciones de febrero de 2013, que no tuvieron ganador y vieron la irrupción del movimiento de protesta de Beppe Grillo como primer partido. Fue la catarsis de la progresiva descomposición del sistema que ha marcado el mandato de Napolitano. Desde su elección en 2006, siendo el primer excomunista que llegaba al cargo, le ha tocado lidiar con una agitada secuencia de acontecimientos, y de hecho su creciente protagonismo le valió el sobrenombre de ‘Rey Giorgio’, a veces despectivo, pues algunos partidos y sectores opinan que ha ido demasiado lejos en sus funciones.

Se estrenó con el frágil gabinete de centroizquierda de Romano Prodi, derribado en 2008, y luego siguió con el borrascoso Ejecutivo de Silvio Berlusconi, que se hundió en 2011 al borde del cataclismo económico. Entonces llegó el momento estelar de Napolitano, que en plena emergencia ideó y apadrinó velozmente el Gobierno técnico de Mario Monti, sostenido por una inédita coalición de derecha e izquierda. Duró, para su pesar, sólo hasta inicios de 2013. Justo entonces le tocaba irse y Napolitano quería hacerlo antes de las elecciones, para no tener que afrontar el complejo escenario que se preveía. Fue una intuición acertada y le fue imposible seguirla, porque Berlusconi hizo caer el Gobierno.

Las elecciones, en efecto, hicieron saltar por los aires el esquema tradicional y en un empantanamiento general se tardó dos meses en formar el nuevo Ejecutivo. En medio, no obstante, había que elegir al sucesor de Napolitano y el desconcierto era tal que le suplicaron que repitiera. Él aceptó, pero echó una severa bronca a los partidos, como a niños malcriados. Les advirtió que debían acometer sin falta las reformas pendientes para desbloquear el país -ley electoral, Senado, justicia…- y que si no se iría. Dos años después aún están por llegar, pero el rey ya está cansado para seguir esperando. Matteo Renzi parece que casi lo tiene a mano y ahí lo deja.

De hecho el primer ministro quiere exprimir las dos semanas que tiene hasta el día  29, cuando arranca el bizantino ritual de elección de otro presidente, para dejar atada al menos la reforma electoral. La búsqueda de apoyos a estos trámites decisivos, para variar, se ha mezclado con las negociaciones para pactar el nuevo jefe de Estado, una alambicada operación de consenso que nunca es fácil y suele deparar sorpresas. En ese juego Berlusconi intentará sacar tajada. Por eso las quinielas que se manejan estos días son efímeras y es probable que hasta el último momento no se aclare nada. Se barajan nombres del centroizquierda, como Anna Finnochiaro, Walter Veltroni, Sergio Matarella, Romano Prodi y Piero Fassino, pero la historia dice que al final cuajarn nombres imprevistos. Reina cierto pánico a que se repita el desmadre de 2013, por eso Renzi quiere llegar con todo hablado, que sea una votación rápida y, más que nada, que salga quien diga él.

(Publicado en El Correo)

Dos mitos que se van

Buon anno a tutti. Sí, hemos empezado muy mal el año en París, todos sentimos lo mismo.

En Italia, entretanto, se nos han ido dos mitos. Muy distintos, pero eso es el cine. Uno mundial, fulgurante e indiscutible, Anita Ekberg, prácticamente por algunos minutos en una sola película. El otro, más discreto, pero un autor imprescindible, con muchas grandes películas, Francesco Rosi.

Arrancamos 2015 con un pequeño homenaje a ambos, porque poco más podemos decir.

Anita Ekberg en ‘Intervista’ (1987), de Federico Fellini:

Si no la han visto es una película curiosa, de las consideradas menores de Fellini, pero que siempre tiene algo, porque es que las mayores son monumentales y estas, si las hubiera hecho otro, serían enormes. Es un falso documental con una película dentro de la película, en fin, que al final Fellini se planta en casa de Anita Ekberg, su verdadera casa. Ella hace de sí misma, igual que Marcello Mastroianni. Fellini, que hacía su penúltima película y ya se sentía en declive, se despide así de sus dos mitos, con nostalgia y un brindis al tiempo que pasa y nos lleva en volandas, con la música de Nino Rota.

Y lo que sigue es de ‘Le mani sulla città’ (1963), de Francesco Rosi. He encontrado este fragmento en español, y a lo mejor así les suena todo mucho más familiar. Rosi es el gran director italiano pionero en el cine de denuncia e investigación política, lo que le hace universal. Rosi es uno de los más grandes, aunque sea menos conocido que Fellini, Rossellini o De Sica. La lista de 2008 de los cien mejores filmes italianos lo colocaba entre ellos con cinco títulos: ”I magliari’, ‘Le mani sulla città’, ‘Salvatore Giuliano’, ‘Il caso Mattei’ y ‘Cadaveri eccellenti’. Aunque se podrían poner alguno más.

“La cuestión no hay que plantearla en términos morales, véalo desde un punto de vista político…”

 

 

 

Napolitano lo deja por imposible

Giorgio Napolitano se va. Tras meses de rumores, el presidente de la República italiana confirmó el jueves sin rodeos que su marcha es “inminente”. Aguantará hasta el final del semestre italiano de presidencia europea, que termina el 13 de enero con un discurso de despedida del primer ministro, Matteo Renzi. Se calcula que el día 15 comunicará su renuncia y pondrá así en marcha en febrero la farragosa maquinaria para elegir a su sucesor, que ya se atascó en abril de 2013 con una grave crisis que le llevó a repetir en el cargo, un hecho sin precedentes.

Se teme ahora un nuevo circo de la política italiana de efectos imprevisibles. Es un trance delicado para los intereses generales en el que, obviamente, todos piensan exclusivamente en los suyos particulares. No hay candidatos claros y la elección marcará el curso político italiano, siempre con las elecciones anticipadas en el horizonte. Renzi ha conseguido salirse con la suya y calzar antes en el calendario, en la segunda mitad de enero, la aprobación definitiva del nuevo sistema electoral. Es la reforma clave para garantizar unas futuras elecciones tranquilas, pues el actual es un desastre que abocaba otra vez a la ingobernabilidad. Por eso todos retrasaban, como siempre, el momento de cambiarlo, pues era útil como amenaza para no ir a las urnas. Si Renzi finalmente lo logra, y habrá que verlo, tendrá las manos libres tanto para imponer su candidato a la sucesión de Napolitano como para adelantar los comicios cuando le venga bien.

Renzi quiere para la presidencia alguien que no le haga sombra y sea de fiar. Como por ejemplo su ministro de Economía, Pier Carlo Padoan, gris y respetado a nivel internacional. Sin embargo la decisión requiere un gran consenso. Silvio Berlusconi, pese a estar inhabilitado tras su condena por fraude fiscal, sigue pintando mucho y desearía alguien no hostil hacia él. Ya puestos, que le arregle lo suyo: alguna ley que se inventen para que pueda volver a la política en primera línea. Para complicar el cuadro, en estos casos suelen tener gran protagonismo los ‘francotiradores’, parlamentarios que, amparados en el voto secreto, van por libre y desobedecen a sus líderes. Es un ejército silencioso que hunde las estrategias oficiales y, precisamente, ahora mismo Renzi y Berlusconi afrontan fuertes disidencias internas en sus partidos. En 2013 fue famosa la banda de los 101 del Partido Demócrata (PD) que abortó su propia candidatura de Romano Prodi. Puede pasar de todo.

Para Napolitano saltar en marcha de este nuevo capítulo del caos será una de las alegrías de su vida. Tiene 89 años y está muy fatigado. Ha sido el primer presidente que ha repetido mandato, y eso que duran siete años, pero es que cuando le tocaba irse la situación era tan demencial que aceptó seguir. En febrero de 2013 unas elecciones sin ganador claro aterrorizaron a los partidos tradicionales porque, por sorpresa o no tanta, consagraron al movimiento de protesta de Beppe Grillo como primera fuerza política. Es un interesante espejo para España. Derecha e izquierda se unieron a regañadientes en la emergencia, pero no fueron capaces ni de pactar un nuevo jefe de Estado, que justo debía elegirse en ese momento. Aquello fue un circo y Napolitano accedió a continuar con una severa bronca a la clase política: si no cambiaban en serio y acometían las grandes reformas que necesitaba el país no dudaría en largarse. No es que le hayan hecho mucho caso, pero Matteo Renzi al menos es nuevo, lo está intentando y parece haber encarrilado las reformas. Con eso a Napolitano ya le vale y por fin podrá irse. Aún se oye el eco de sus advertencias cuando aceptó repetir: era “imperdonable”no haber cambiado el sistema electoral, y también los “tacticismos” de los partidos que condenaban al país a la inanidad. Podría decirlo de nuevo hoy mismo. Pero ya, para qué.

(Publicado en El Correo)

La gran belleza rubia

La impresión por la muerte de Virna Lisi, fallecida ayer en su casa de Roma a los 78 años, es bien comprensible y rastreable entre quienes vivieron los sesenta, época en la que fue un auténtico ‘sex symbol’ mundial. Los nacidos después o poco cinéfilos quizá no sepan mucho de su existencia, porque tuvo una carrera larga y decente, con buenas y variadas películas pero pocos títulos que hagan historia. Sin embargo les bastará ahora ver su foto o escenas de sus películas para quedarse de piedra. Virna Lisa era realmente bella, una de actrices más guapas de la historia del cine y hasta Hollywood trató de convertirla en la sucesora de Marilyn Monroe. Para quienes la conocieron y se enamoraron de ella será una punzada de dolor nostálgico.

En Italia era ayer la noticia del día, porque es una de las divas de su cine y fue muy popular toda su vida en televisión, donde trabajó muchísimo, desde los 22 años en un famoso anuncio de pasta de dientes (“Con esa boca puede decir lo que quiera”) hasta sus últimas series, cómo no siendo Italia, en papeles de monja. Fue el final paradójico de una carrera construida sobre el magnetismo sensual de unos ojos verdes, un rostro angelical y una melena rubia, el contrapunto italiano a la belleza mediterránea de Sophia Loren y Claudia Cardinale. A Virna Lisi, formada en el teatro y con papeles de muñequita en televisión, le costó mucho más que a ellas demostrar que además era una buena actriz, y lo era con creces. Tardó mucho en ser reconocida. Pero los directores, y los más listos, sí lo sabían. Pietro Germi, Dino Risi, Mario Monicelli, los genios de la comedia italiana le sacaron partido. Sobre todo Germi, que le puso una peluca morena y le dio en 1966 uno de sus papeles más recordados: la cajera Milena, que tontea en un bar con el ingeniero Bisigato en la obra maestra ‘Señoras y señores’, Palma de Oro en Cannes.

Fue entonces cuando sedujo a Hollywood y se trasladó a Los Ángeles. Su primer filme fue ‘Cómo matar a la propia esposa’, de Richard Quine, con Jack Lemmon que la contempla alelado mientras sale en bikini de una tarta de nata y se mordisquea los labios color guinda. La Paramount explotó al máximo y a todo color su belleza, le dio papeles con Frank Sinatra y Tony Curtis, pero ella acabó hasta el gorro de la disciplina de los estudios y de hacer sólo de mujer florero. “Era su prisionera en una jaula dorada, con séquito de peluqueros, chóferes, lujo y aislamiento. No podía ni ir al supermercado”, contó más tarde. A los tres años, cuando le ofrecieron el papel protagonista de ‘Barbarella’, que acabó siendo para Jane Fonda, dijo que se iba. Los abogados de la Paramount le hicieron la guerra, porque estaba a mitad de contrato, pero encontró su punto débil. Su marido lo explicó así: “Mi mujer y yo queremos tener tres hijos, tenemos uno y desde esta noche buscaremos el segundo”. Llegaron a un acuerdo, ni en sueños querían un actriz embarazada.

Virna Lisi era seria, inteligente y sabía lo que quería. Dio prioridad a su marido, un arquitecto que fue presidente de la Roma, el club de fútbol, y a su vida familiar. Frecuentó pocas fiestas y trabajó mucho, no sólo en Italia, también en numerosas producciones internacionales, con Lattuada, Kramer, Losey o Dmytryk. En su país ganó muchos galardones y en 1994 obtuvo el premio a la mejor actriz en Cannes por su papel de Caterina de Medici en ‘La reina Margot’, de Patrice Chereau. Evitó la cirugía estética y fumó mucho tiempo un paquete y medio de cigarrillos. Para ser una belleza divina era muy normal y su idea de su trabajo era esta: “Un actor hoy no es nadie si no está deprimido, no se da aires o no tiene dramas intelectuales. Yo amaba la simplicidad de Mastroianni. Marcello era mi preferido. Se ponía ahí, interpretaba, esperaba la tartera con las albóndigas de su madre y en la pausa de la tarde dormía feliz”. Duerme feliz ahora tú también con Mastroianni, dulce Virna Lisi.

(Publicado en El Correo)

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