Más de 10.000 rescates en dos semanas

 

Con el buen tiempo vuelve el auge de los desembarcos de inmigrantes del norte de África en Italia, como era previsible, y sin embargo la UE sigue improvisando y sin un plan. Es decir, todo sigue como siempre. En lo que va de mes Italia ha rescatado a más de 10.000 personas en alta mar, la gran mayoría desde el pasado viernes. Viajaban en embarcaciones de fortuna y todas habían zarpado desde Libia. Ya son 20.000 desde que comenzó el año.

De seguir este ritmo creciente la cifra final del año superará los 150.000 salvados en 2014, y eso que al menos entonces había una operación de auxilio, Mare Nostrum. Ahora con la denominada Tritón, que se promete reforzar, de la agencia europea de fronteras Frontex, los medios y el dinero son mucho menores.

Son números escandalosos, pero se tratan con rutina hasta que surge un elemento nuevo que permite volver a destacar el problema. Esta vez fue un supuesto naufragio de 400 personas, relatado al llegar a tierra por algunos testigos a la ONG Save The Children. Sin embargo ayer seguía sin haber confirmación oficial. A menudo es difícil contrastar estas informaciones y a veces los supervivientes no son claros, o no saben que alguna nave que vieron en dificultades luego fue rescatada.

No obstante, en esta última oleada de rescates se han registrado dos rasgos novedosos interesantes. Uno es el ataque, también rodeado de confusión, de una nave libia a buques de socorro. Fue el lunes. Un remolcador italiano y una nave islandesa de la operación Tritón rescataron a 250 personas de un maltrecho pesquero a cincuenta millas de la costa africana. En ese momento apareció una lancha libia con cuatro hombres uniformados de amarillo y disparó unos tiros al aire. Luego se apropiaron del pesquero, ya vacío, y se fueron con él a toda velocidad. Se pensó que era una nave militar, pero luego se descartó y se cree que iban disfrazados de soldados.

Fue una escena extraña. Para el director de Frontex, Fabrice Leggeri, significa una cosa: “A los traficantes se les están acabando las barcas”. Por eso intentarían recuperarlas una vez que sus ocupantes han sido rescatados. Lo cierto es que desde el fin de semana han llegado casi 200, pero las autoridades italianas dudan de que las redes criminales tengan tal problema. Pero si es así aumentará la precariedad de las embarcaciones. En los próximos días se verá hasta dónde se aventuran estas lanchas armadas y si se ha tratado de un episodio aislado.

El segundo detalle sorprendente emerge del relato de algunos náufragos: “¿Cuánto he pagado por venir? ¡Nada! Si yo no quería venir, me han obligado”. Es lo que han relatado algunos inmigrantes de Sierra Leona y Mali. Huyeron de la guerra de sus lugares de origen y en Libia fueron arrestados. Sin ningún motivo, aseguran. Tras permanecer semanas o meses hacinados en prisión, una noche la Policía les trasladó a una playa y les embarcó a la fuerza en naves que zarpaban hacia Italia. Es decir, en los distintos feudos de poder en los que se divide actualmente Libia, inmersa en una compleja guerra civil, se detiene a los extranjeros y se están vaciando las cárceles en el Mediterráneo, hacia Europa.

Todas son historias que apuntan, en resumen, a una situación de gran caos en Libia. No es una sorpresa, pero tiene difícil solución. Italia dice desde hace meses, y lo repitió ayer su ministro de  Exteriores, Paolo Gentiloni, que la única pasa “resolver el problema en su raíz”. Es decir, estabilizando Libia, pero eso son palabras mayores que se mueven en el terreno de la utopía: supondría una ambiciosa política exterior de la UE y una visión a largo plazo del asunto de la inmigración. El comisario europeo de Asuntos Internos e Inmigración, Dimitris Avramopoulos, prometió ayer visitar Sicilia la semana que viene. Dijo que están dispuestos a dar más dinero. Aseguró que la Comisión ultima una nueva política de inmigración que será presentada a finales de mayo. “Hasta ahora el planteamiento ha sido fragmentario, ahora queremos que sea común y completo”. Y en eso están.

En el frente interno Italia vive bajo una gran presión para alojar a las personas que rescata. El indicador habitual, el centro de acogida de la isla de Lampedusa, vuelve a ser implacable: caben 250 y ya hay más de 1.400. Este, como en otros puntos de acogida de emergencia de Sicilia, se va saturando hasta que se traslada a los internos a la península. Pero el ministerio de Interior ya tiene bajo su gestión más de 80.000 personas llegadas en el último año y sufre para encontrar sitio. Esta semana ha pedido a gobiernos regionales y municipios que busquen hueco para 6.500 personas más. Ha sido un reclamo de ensueño para la Liga Norte, en vísperas de elecciones regionales, y sus líderes se han lanzado a clamar sus barbaridades de repertorio. Su nuevo líder, Matteo Salvini, ha llamado a asaltar los “albergues, hostales, escuelas o cuarteles” donde se aloje a inmigrantes. Esta gente, que huye de guerras y en numerosas ocasiones aspira al estatus de refugiado, es hospedada a la espera de que se resuelvan sus peticiones de asilo. Allí pasan meses o, simplemente, salen de Italia rumbo a países europeos del norte, donde prefieren ir. Y eso sin conocer a la Liga Norte.

(Publicado en El Correo)

El ocaso de los banqueros de Dios

 

El pasado mes de julio se presentó ante la prensa Jean-Baptiste de Franssu, el nuevo presidente del banco vaticano, el Instituto para las Obras de Religión (IOR). Es un economista francés, casado y con cuatro hijos, que dio la impresión de ser el gestor de una modesta caja de ahorros dedicada a gestionar los dineros de conventos de monjas y poco más. Una imagen a años luz del famoso ‘banquero de Dios’, monseñor Marcinkus, un cura estadounidense fortachón y desinhibido que gobernó la entidad de 1971 a 1989 sin escrúpulos y asesorado por un abogado de la mafia, Michele Sindona.

A través del IOR se blanqueó entonces dinero de Cosa Nostra y de la corrupción política italiana. Hoy, en cambio, tiene una web donde se pueden consultar datos que antes era un misterio y desde 2013 presenta un informe anual. Ahora se dispone a publicar el tercero y ultima el examen de todas las cuentas corrientes, donde se escondían los trapos sucios. Esta semana la Santa Sede ha firmado un histórico acuerdo con Italia para acabar con el secreto bancario, similar a los que ha suscrito con Suiza, Mónaco y Liechtenstein.

Es el resultado de cinco años traumáticos de limpieza, iniciada por Benedicto XVI y rematada por Francisco. Pero que aún tiene flecos pendientes y puede deparar sorpresas. Si San Juan Pablo II escondía a Marcinkus en el Vaticano de la Justicia italiana, el propio Bergoglio ha ordenado a los tribunales del pequeño Estado que investiguen al expresidente del IOR Angelo Caloia y el ex director general, Lelio Scaletti, sospechosos de malversación. Caloia fue el sucesor de Marcinkus y dirigió el banco las dos décadas siguientes, de 1989 a 2009. Lo puso en orden y le dio beneficios. A tenor de lo que se ha sabido ahora, también se los pudo dar a él: según el fiscal vaticano, entre 2001 y 2008 vendió 29 inmuebles de la entidad en Roma y Milán, casi todo su patrimonio inmobiliario, y habría sacado una tajada de unos 57 millones, junto a Scaletti y un abogado. Han aparecido sociedades en Bahamas y paraísos fiscales, como en los buenos tiempos de Marcinkus. Caloia y Scaletti tenían aún sendas cuentas en el IOR donde han sido secuestrados 16 millones.

Este caso es resultado de la limpieza interna: lo denunció el propio IOR, algo impensable hasta hace nada. “Es un acto que subraya nuestro compromiso a favor de la transparencia y la tolerancia cero, también con relación a sospechas sobre hechos del pasado”, declaró en diciembre De Franssu cuando trascendió la noticia. Ese pasado tan oscuro aún tiene un potencial explosivo. “Cada vez que parece todo arreglado surgen nuevos escándalos, como el de Caloia. Parece un pozo sin fondo. El reto ahora es establecer las normas y nombrar las personas necesarias para que no se repita”, opina Andrea Tornielli, de ‘La Stampa’, uno de los principales ‘vaticanistas’ italianos.

Este asunto se destapó con la revisión de todas las cuentas corrientes de la entidad, una por una, emprendida en 2013, cuando llegó Francisco. Se encargó de ello una prestigiosa firma externa, Promontory. Estas cuentas han sido desde siempre un auténtico desmadre, donde se ha ocultado durante décadas el botín de los grandes delincuentes italianos conectados con las altas esferas. En teoría solo pueden tener cuenta en el IOR los ciudadanos y el personal vaticano, así como los diplomáticos representados ante la Santa Sede. En la práctica había miles de cuentas llamadas ‘laicas’, de ciudadanos italianos, que operaban sin ningún control como en un paraíso fiscal, al igual que algunos sacerdotes que hacían de testaferros o intermediarios y se prestaban a estos manejos. En 2011, al poco de empezar la limpieza de Benedicto XVI, había 21.000 cuentas. Las ratas comenzaron a escapar del barco y otras fueron cerradas por el propio IOR. En 2014 quedaban 15.400.

La cruzada de Ratzinger por adecentar el IOR arrancó con la marcha de Caloia y el nombramiento de Ettore Gotti Tedeschi en 2009. Chocó enseguida con la vieja guardia que se resistía a los cambios y a que se ventilaran secretos bien guardados. En realidad era una exigencia exterior, un efecto de los atentados del 11-S, que llevaron a redoblar en todo el mundo la lucha contra los canales de financiación del terrorismo y el blanqueo de dinero. El Vaticano quedaría en la lista negra si no se adaptaba las normas internacionales.

Esa presión llevó a un momento crucial: el 20 de septiembre de 2010 la Fiscalía de Roma, por indicación de los controles del Banco de Italia, secuestró 23 millones de euros del IOR en un banco italiano. En realidad se bloquearon todas sus cuentas en entidades italianas. Gotti Tedeschi, junto al director general de la entidad, Paolo Cipriani, y su vicedirector, Massimo Tulli, quedaron bajo investigación. El presidente del IOR dio entonces otro paso insólito: colaboró sin cortapisas con los magistrados. En el Vaticano se vio como una traición a la soberanía y la ‘omertà’ histórica. La Santa Sede raramente ha colaborado con los tribunales italianos. Comenzó en ese momento la rebelión interna para eliminar a Gotti Tedeschi. De forma simultánea, se aceleró el proceso de limpieza. Benedicto XVI creó la Autoridad de Información Financiera, un órgano de vigilancia similar al de cualquier país que debía supervisar todas las operaciones del IOR, y el 30 de diciembre de 2010 aprobó la primera ley vaticana contra el blanqueo de dinero.

En 2010 también llegó a la sentencia definitiva del último proceso por la muerte de Roberto Calvi, el otro ‘banquero de Dios’, presidente del banco Ambrosiano, ente católico y controlado por el IOR, que protagonizó el gran escándalo de los ochenta con Marcinkus y Sindona. Calvi apareció ahorcado en junio de 1982 en un puente de Londres, pero por fin este juicio, que terminó con la absolución de los acusados, confirmó dos cosas: que no se suicidó, lo asesinaron, y que el IOR blanqueó enormes sumas de dinero de Cosa Nostra. Sindona también fue suicidado en prisión en 1986 con cianuro. Marcinkus murió de viejo en una parroquia de Arizona en 2006.

En ese juicio salieron también a la luz las “cuentas mixtas” del IOR, al menos seis. Eran cuentas de la entidad vaticana en bancos italianos que, en realidad, gestionaba por cuenta de terceros, clientes italianos cuya identidad permanecía oculta. Se llamaban de “gestión confusa”, un término técnico muy apropiado. En su día, en 1991, habían quedado fuera del proceso por la quiebra del Ambrosiano, que se centró solo en los acreedores extranjeros. “Lo increíble es que esas cuentas siguieron vivas en la oscuridad hasta hoy, durante treinta años”, explica en conversación con EL CORREO Maria Antonietta Calabrò, del ‘Corriere della Sera’, que ha desvelado estos datos. Es autora del libro ‘Le mani della Mafia’ (Las manos de la Mafia), sobre el lado oscuro de las finanzas vaticanas.

Esas cuentas fueron el pasadizo secreto del dinero del Ambrosiano para financiar, dentro de la cruzada de Wojtyla contra el comunismo, el sindicato polaco Solidarnosc o las guerrillas anticomunistas de Centroamérica. También la compra de misiles Exocet para Argentina durante la guerra de las Malvinas. Según denunció en 2013 Carlo Calvi, el hijo del banquero asesinado, “sumas ingentes han seguido circulando por estas cuentas con destino desconocido hasta 2009″. “En realidad han estado activas hasta 2012, y dieron origen a las investigaciones de la fiscalía de Roma”, apunta Calabrò. También al inédito bloqueo de los cajeros del Vaticano el 1 de enero de 2013. El Banco de Italia echó el ojo a partir de 2009 a las operaciones opacas cotidianas del IOR con algunos bancos italianos, violando las leyes contra el blanqueo de dinero. En una cuenta del IOR en la sucursal del Banco de Roma en Via della Conciliazione, la célebre avenida que lleva al Vaticano, pasaron al menos 180 millones entre 2006 y 2008.

Todo esto empezó a salir a la luz mientras en el Vaticano se libraba una guerra sucia a gran escala, con la filtración de documentos reservados del escándalo Vatileaks. El punto culminante fue el contraataque del bando opuesto a las reformas, que logró modificar y descafeinar la ley contra el blanqueo de dinero en 2012, una jugada que desmontó los avances de Gotti Tedeschi. De hecho los inspectores europeos de Moneyval, el organismo del Consejo de Europa que certifica el cumplimiento de las normas internacionales para salir de la lista negra de paraísos fiscales, advirtieron en abril de 2012 de que el Vaticano había dado “un paso atrás”.

Este choque frontal desembocó en la violenta defenestración de Gotti Tedeschi, el 24 de mayo de 2012. El comunicado que anunció su cese quedará en los anales del Vaticano por su asombrosa rudeza y malos modos. Le acusaron prácticamente de ser un inútil y un vago. Lo más grave fue que todo ocurrió sin el conocimiento del Papa. Benedicto XVI lo vivió como una puñalada, según reveló año y medio después su secretario personal, Georg Gaenswein. Entre estos y otros dolores de cabeza, Ratzinger dimitió en febrero de 2013.

El consejo del banco no echó, sin embargo, ni al director general, Paolo Cipriani, ni a su ayudante, Massimo Tulli. Es revelador lo que pasó un año después, en julio de 2013: fue Francisco quien les destituyó, al cerrarse la investigación de la fiscalía de Roma con su imputación por el asunto de los 23 millones congelados. El pontífice argentino, elegido en marzo de ese año, tuvo que empezar sus reformas por el IOR, obligado por las circunstancias, como confesó luego. Pensaba dejarlo para más tarde, pero le superaron los acontecimientos. En junio fue arrestado el sacerdote Nunzio Scarano, contable del APSA, el otro potente ente financiero del Vaticano que gestiona su patrimonio inmobiliario. Según la fiscalía italiana intentó meter 20 millones desde Suiza con un jet privado. Se sospecha que, aprovechando su mano libre en el IOR, blanqueaba millones de euros de empresarios y conocidos, con una comisión del 2%.

Este escándalo obligó a Francisco a intervenir en el IOR, cambiar sus dirigentes y acelerar su reforma. Gotti Tedeschi al final salió limpio, quedó demostrado que no sabía nada y que sus subordinados actuaban a sus espaldas. Pero el Vaticano no lo ha rehabilitado. “Es muy llamativo, y contrasta con la misericordia que propugna Francisco, que ni ha respondido a dos cartas que le ha escrito. Francamente, no se comprende. Francisco en realidad es muy pragmático. En el Vaticano siguen quienes lo echaron, hay cuestiones sin resolver y tal vez quiere evitar un avispero”, apunta Sandro Magister, otro de los ‘vaticanistas’ mejor informados.

El cese de Gotti Tedeschi dejó el cargo vacante durante casi un año, mientras se empantanaba la limpieza del IOR. Sin embargo la repentina dimisión de Benedicto XVI movilizó a toda prisa al bando de resistencia, capitaneado por el secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Una semana antes de la marcha de Ratzinger fue nombrado presidente del IOR el alemán Ernst Von Fryberg. Pensaron que aún podrían imponer ese cargo al futuro pontífice. Pero salió Francisco y Von Fryberg tuvo que ponerse las pilas. Al cabo de un año lo reemplazó con De Franssu, que ya solo es una pieza más. El IOR y el resto del entramado financiero vaticano, así como las cuentas del pequeño Estado, ahora estarán bajo control de un nuevo ‘ministerio’ de Economía, dirigido por el cardenal australiano George Pell.

“La limpieza no se ha completado, pero es un gran paso la obligación de todos los dicasterios de presentar balances y presupuestos cada año, con una racionalización del gastos”, indica Tornielli. Pell, que va como una apisonadora contra la vieja guardia, ha revelado en una polémica entrevista que ha encontrado 1.400 millones de euros que no figuraban en los balances. No es que estuvieran ocultos, es que eran fondos de departamentos que aún van por libre. De ahí han surgido nuevos golpes bajos, como nuevas filtraciones de documentos que han revelado los dispendios de Pell y de su equipo. Para Tornielli “está claro que hay gente en el Vaticano que sigue pensando en hacer la guerra con filtraciones, algunas mentalidades aún son muy fuertes en la Curia, no hay duda de que hay resistencias, porque si quitas el control del dinero a alguien se resiste”.

También siguen apareciendo de vez en cuando curas involucrados en escándalos, el último estos mismos días, en el gran caso de corrupción de las obras públicas italianas. Es Francesco Gioia, exarzobispo de Camerino y presidente de Peregrinatio ad Petri Sedem, la entidad que gestiona la acogida a los peregrinos en el Vaticano. Los Carabinieri registraron su casa la semana pasada y analizan su cuenta en el IOR. En otro caso se investiga por blanqueo a cinco sacerdotes junto a un capo mafioso romano. En cuanto a los últimos mohicanos del IOR, esos italianos aún ocultos en las 5.000 cuentas cerradas o bloqueadas en estos cinco años, con el nuevo acuerdo entre Italia y la Santa Sede podrán hacer volver su capital a casa con sanciones reducidas y sin efectos penales. Está por ver si se sabrá por fin quiénes son y cuánto dinero escondían. Es el fin de una época. Una época que ha durado demasiado, desde que se fundó el IOR, hace más de setenta años.

 

EL GRAN NEGOCIO DE LA FARMACIA, EL TABACO Y LA GASOLINA

La farmacia del Vaticano es, seguramente, la más productiva del mundo. Tiene medicinas de otros países, que no se encuentran en Italia y son muy solicitadas -se vende como rosquillas un célebre fármaco contra las hemorroides-, y además muchas tienen precios mucho menores, rebajados hasta en un 20%. El resultado son unos beneficios en 2012 de 32,6 millones de euros. Lo ha revelado por primera vez la revista ‘L’Espresso’, que ha tenido acceso al balance del Governatorato vaticano, la institución que gestiona los diversos entes del pequeño Estado.

Estos ingresos son estratosféricos si se comparan con la media oficial de una farmacia italiana, unos 700.000 euros para un área de clientes de 3.500 personas. La verdad es que son los mismos que los teóricos usuarios de la farmacia vaticana, los 3.600 vecinos, empleados y prelados de la Curia. ¿Cuál es el milagro? Que este comercio tiene unos 2.000 clientes diarios. Cualquiera puede cruzar los muros, decir al guarda suizo de turno que va a la farmacia y comprar lo que necesita.

Lo mismo ocurre con el economato vaticano, que generó 21 millones en ese ejercicio. Es un supermercado de lujo que vende de todo y con marcas de nivel, una especie de ‘duty free’ en medio de Roma. Por eso, según un estudio del California Wine Institute, el Vaticano sería el país con el mayor consumo de vino del mundo, 74 litros por persona. Pero es que se peregrina para hacerse con botellas caras a buenos precios.

Otra de las alegrías para las arcas vaticanas es la Oficina Filatélica. Emite sellos y monedas conmemorativas que son muy ambicionadas por los coleccionistas. Basta darle a la manivela para fabricar algunas hornadas cada año y otra vez se obra el prodigio: 19,8 millones en 2012. No obstante, lo más asombroso y que rebasa toda lógica, al menos legal, es el caso de los cigarrillos y la gasolina. El estanco vaticano ingresa nada menos que 10 millones al año, lo que supone una media de dos o tres paquetes al día para cada uno de los 3.600 clientes oficiales. Como la gasolinera, que genera 27 millones, equivalente a 45.000 kilómetros al año de cada vecino, empleado o cura vaticano. Tanto el tabaco como el combustible tiene precios muy ventajosos, porque no llevan impuestos.

Se supone que el acceso a estos chollos, que sumó en 2012 ingresos por 110 millones, más que los Museos Vaticanos, está limitado a esos 3.600 beneficiarios oficiales que viven o trabajan en la Santa Sede. Para eso tienen una tarjeta identificativa que se debe mostrar en cada compra de productos libres de impuestos, salvo en la farmacia o el despacho filatélico. Pero es evidente que se hace la vista gorda o bien ha habido un total descontrol en el reparto de tarjetas a amiguetes y políticos, o ambas cosas. También, como han reconocido a ‘L’Espresso’ fuentes vaticanas, es posible que “algunos empleados compren cantidades enormes a bajo coste y las revendan en negro en Italia”. Todo esto es tan viejo como Roma, desde que existe el Estado vaticano. Son pecadillos conocidos en la ciudad y que a todo el mundo le vienen bien. En resumen, en estos negocios, como las cuentas del IOR, hay miles de usuarios extraoficiales. Pero de momento nadie los ha tocado.
(Publicado en El Correo)

‘Calabria’, el alma negra de la ‘ndrangheta

Películas de mafia americana hay muchísimas, de la mafia siciliana bastantes menos, para la Camorra contemporánea hubo que esperar hasta ‘Gomorra’ en 2008 y por fin se estrena ahora en España el primer filme que se ha atrevido a retratar la ‘ndrangheta, la organización criminal italiana más desconocida, más misteriosa, pero también, actualmente, la más poderosa y temible. ‘Anime nere’ (Almas negras), titulada en España directamente ‘Calabria’, por ir al grano y situar al espectador extranjero, es una magnífica película, una de las mejores del año pasado en Italia. Dura, austera, oscura y potente. Y de paso muy didáctica, porque explica sin alardes de recursos y sin énfasis retórico la esencia de esta mafia tan particular. Da muchas pistas para comprender y, por supuesto, se aleja de todos los clichés mafiosos.

Calabria, la punta de la ‘bota’ italiana, es un universo aparte y la Calabria profunda, si es que hay alguna parte de ella que no lo sea, no digamos. Es una especie de agujero negro de Italia donde el Estado, simplemente, o no se ve o es que ni existe. Es una tierra pobre, de emigración,y en ‘Calabria’ parece un territorio casi premoderno, de arquetipos arcaicos, donde se mueven, como almas en pena, individuos sombríos, con chupas negras, con coches oscuros, como en un luto perenne que impregna todo. Los que matan son sombras.

Francesco Munzi, un nuevo talento del cine italiano a sus 46 años y con tres filmes, ha dicho inspirarse en Rossellini y el Scorsese de ‘Mean streets’. En la última Mostra de Venecia, donde le aplaudieron mucho, también se evocó ‘El funeral’, de Abel Ferrara. ‘Calabria’ narra la historia de tres hermanos al frente de uno de los tantos clanes de la ‘ndrangheta que, pese a su origen primitivo y rural, en realidad se mueven a nivel internacional. Sus capos viven en Milán o Amsterdam, desde donde dominan el narcotráfico mundial.

Ese contraste entre una rígida tradición y una versátil adaptación al mundo actual es una de las señas de identidad de esta organización. Pero lo que destripa esta película tremenda es que esa tierra recóndita y hostil de las montañas del Aspromonte, sus raíces, les arrastran como una fuerza superior. Los lazos de sangre, el vínculo familiar, es otro de sus rasgos más distintivos. En cada clan son todos familia entre ellos, y por eso apenas hay traiciones o ‘arrepentidos’. En cada hogar se veneran fotos en blanco y negro de los antepasados, muertos a menudo de forma violenta.

Munzi ha rodado en pueblos como Africo, auténticos feudos mafiosos, donde nadie antes había plantado una cámara de cine y se ha valido de actores no profesionales. El paisaje es un protagonista más: pueblos feos, casas pobres y desoladas, algunas a medio hacer, cemento y uralita. Se charla en salones espartanos, donde manosean joyas como piratas en su guarida, y se intercambian alijos en cuadras inmundas. Los capos parecen cabreros vestidos de domingo en sillones dorados. Es una atmósfera silenciosa, de pocas palabras y cuchicheos de mujeres, que en la versión original en dialecto aumenta aún más la impresión de encontrarse ante murmullos huidizos de fieras. En cualquier diálogo hay una tensión latente. En ese clima se despliegan ritos ancestrales. Curaciones, banquetes, funerales, emparejamientos entre familias, sacrificio de animales, la música hipnótica de la ‘tarantella’ y, sobre todo, la ferocidad tribal.

“Allí no llegó el italiano”, bromea uno de los capos sobre su pueblo remoto. “En nuestra tierra Garibaldi terminó mal”, le responde otro. La mujer de uno de ellos, una milanesa crecida a mil años luz de este mundo pero que también representa la Italia que mira para otro lado, desciende a Calabria como a un país de otro continente. “No soy como vosotros”, dice asustada. Italia se cree lejos de este mal oscuro, pero lo tiene metido hasta las entrañas, aunque no lo vea. Tampoco se ve fuera. Un narcotraficante colombiano, interpretado por Carlos Bardem, dice a sus socios calabreses: “El cargamento ya está en Marbella, y en pocos días llegará a Milán”. ‘Calabria’ no da mucha esperanza, la verdad, ni tampoco soluciones, pero alumbra esa oscuridad de almas negras y ocultas.

 

(Publicado en El Correo)

 

 

Pobres en la Capilla Sixtina

No hay imágenes de la última idea de Francisco para mostrar una nueva cercanía del Vaticano a los pobres: invitarles ayer a visitar la Capilla Sixtina y después a cenar en el museo. Hay que imaginarse por tanto a 150 vagabundos de Roma mirando absortos los frescos de Miguel Ángel, e impresiona pensar lo mucho que se habrá parecido la escena a la película de Buñuel, ‘Viridiana’, donde una monja abre el palacio familiar a los pobres y emula una cena similar a la de Leonardo Da Vinci. El ‘Osservatore Romano’ masacró entonces el filme, era 1961, como un sacrilegio, pero parece que ya no es para tanto.

“¡Bienvenidos, esta es la casa de todos, vuestra casa, las puertas están siempre abiertas para todos!”, dijo el Papa a sus invitados con una aparición por sorpresa en la Capilla Sixtina. Les saludó uno por uno y le pidió que rezaran por él: “Necesito la oración de personas como vosotros”. Le escuchaban atónitas estas 150 personas sin hogar fijo, elegidos en las calles próximas. El limosnero vaticano, el polaco Konrad Krajewski, ha organizado la visita estos días repartiendo invitaciones a los que iba encontrando. Algunos de ellos han contado su emoción porque nunca han podido permitirse entrar a los museos y al salir describieron una experiencia “maravillosa”.

En el último año, desde que llegó Bergoglio, se ha ido formando un gran círculo de indigentes que empieza a resultar familiar en el Vaticano. Francisco les ha puesto duchas en la columnata de Bernini, con peluquería, y ha distribuido cientos de paraguas y sacos de dormir. También ha invitado a desayunar a algunos de ellos y en enero autorizó incluso que uno fuera enterrado en el pequeño cementerio de la ciudad vaticana. El último detalle ocurrió el domingo: unos 300 mendigos ayudaron al Papa a repartir 50.000 evangelios en la plaza de San Pedro.

La visita de ayer fue en tres grupos, cada uno con un guía. Recorrieron los Museos Vaticanos y luego, de propina, los jardines. Todo sin nadie que les molestara, pues el recinto está cerrado al público por la tarde. Normalmente esto es un privilegio de pocos. La famosa pinacoteca reserva las tardes a visitas privadas para quien pueda pagarlas, una parte más de la mayor fuente de ingresos de la Santa Sede: seis millones de visitantes al año a 16 euros la entrada son 96 millones.

Hay que sumar otro médoto de recaudación que el Vaticano inventó en octubre, algo polémico: el acto VIP. El primero fue un concierto de música clásica organizado por el Porsche Travel Club para 40 clientes. ¿Precio del billete? 5.000 euros, también con cena. La Santa Sede se embolsó 200.000 euros, pero rechazó los comentarios de que la Capilla Sixtina se alquilaba a ricos. Este tipo de actos de élite han continuado, aunque no se ha sabido nada más de ellos. Quedaba un poco raro y lo de ayer, que es más raro todavía, lo ha compensado.

‘Viridiana’ (1961), de Luis Buñuel.

(Publicado en El Correo)

Mediterráneo descapotable

Queridos lectores de este blog: hoy sale un nuevo libro que he publicado con Libros del KO, a quienes he logrado embaucar una vez más después de que editaran Crónicas de la Mafia el año pasado.

He cambiado bastante de tema. Se llama Mediterráneo descapotable. Viaje ridículo por aquel país tan feliz, y esta es la refrescante portada diseñada por Luis Demano:

Es el relato de un viaje que hice en julio de 2008 por todo el litoral mediterráneo español en un descapotable y que salió publicado en su día en el periódico El Correo y el resto de diarios del grupo Vocento. Quizá algunos de ustedes lo leyeron entonces. Fue una cosa sobre la marcha, como debe ser, sin saber muy bien qué iba a salir. Lo que salió, por casualidad, fue un paseo playero por un país descacharrante, obsesionado con el ladrillo y las rotondas, que estaba a punto de estallar con la famosa burbuja inmobiliaria.

Lo que ha venido después ya se lo saben. Aún así, para actualizarlo, he añadido una segunda parte en la que repaso el mapa por los lugares por donde pasé, a ver cómo han terminado o qué fue de ellos. Iba a ser un pequeño epílogo, pero me ha salido un desolador informe del desastre, con tanto y tan variado caso de corrupción como ha salido en estos años. Vamos, que casi no lo cuento, en el sentido de que casi no lo acabo. En fin, que también esto otro ha sido como una galería de los horrores.

Con todo, espero que una brisa de ligereza, como en descapotable, les haga llevadera la lectura. Ayudarán los dibujos con que ha ilustrado las páginas Esteban Hernández:

 

Lo encontrarán desde hoy en las librerías y también en la web de Libros del KO, se lo mandan a casa o lo pueden comprar en formato digital.

Próximamente organizaremos una presentación en Madrid y otras localidades.

Seguiremos informando.

Gracias a todos.

 

 

 

De los delitos y de las penas

Franco Alfieri, alcalde de Agropoli, cerca de Nápoles (sur), ha ideado un ardid para burlar su propia ley con el aplauso de todos. Miembro del Partido Demócrata (PD), centroizquierda, se quería presentar a las próximas elecciones regionales de mayo, pero una norma municipal le obligaba, en tal caso, a dejar su puesto de alcalde y que fuera nombrado un comisario, elegido por el Gobierno. Sin embargo Alfieri quería dejar colocado a su ‘número dos’ para seguir manejando los hilos. ¿Qué hacer? Dejó el coche mal aparcado y la Policía municipal, su propia Policía,  le puso una multa. Luego él se negó a pagarla y la impugnó. En este caso, como el litigio debía ser resuelto por él mismo, entró en juego otra ley pensada para evitar el conflicto de intereses: el alcalde quedó suspendido de su cargo y fue relevado por su número dos. Todo como el señor alcalde quería, y con escrupuloso respeto de la legalidad. Su partido, que es el partido de Matteo Renzi, el primer ministro, ha quedado encantado con la solución. Es más, tras esta demostración de buen hacer el nuevo candidato ha subido en los sondeos.

Es aún más reveladora la historia del número uno de esa lista regional, el candidato a la presidencia de Campania del mismo PD, Vincenzo De Luca. Histórico alcalde de Salerno, fue condenado el pasado mes de enero a una año de cárcel por abuso de poder y apeado del cargo en aplicación de la ley anticorrupción de 2011, la llamada Ley Severino. Es la misma que llevó a la expulsión de Silvio Berlusconi del Parlamento. ¿Qué ha hecho este genio? Primero ha recurrido al Constitucional , porque hay dudas sobre la aplicación de esta norma a cargos locales, y está esperando a ver qué pasa. Pero luego decidió presentarse a las primarias del PD para ser candidato a las elecciones regionales, aun sabiendo que si gana y llega a ser presidente de Campania al minuto siguiente a su nombramiento quedará automáticamente cesado. Él explica que un minuto después presentará un recurso, y otra vez a esperar a ver qué pasa.

Estos dilema éticos en Italia se suelen tratar no como una disyuntiva que obliga a una elección, sino como un obstáculo en sí que debe ser sorteado de alguna manera inteligente, porque sin duda se trata de errores que impiden la vida civil de las personas. El PD, por ejemplo, optó por callarse. Intentó convencer a De Luca de que mejor que no se presentara, fue retrasando la fecha de las primarias, pero no hubo manera. En el partido debieron de pensar como último recurso que la misión de limpieza podía dejarse al pueblo, opción bastante suicida en este país, a ver si les sacaban las castañas del fuego. Pues bien se celebraron las primarias y De Luca ganó, con el 52% de los 157.000 votos. Tampoco la gente veía un problema ético, y mucho menos legal. Por cierto, un periodista de’Il Mattino’, por ver si colaba, logró votar cinco veces con un carné de identidad caducado. Sí coló, sí.

En fin, De Luca ahora es el candidato oficial a las elecciones regionales. Primeras palabras tras el triunfo: “Voy a usar mi posición para una batalla de renovación y urbanidad del derecho, una revolución democrática. La ley me permite presentarme a las elecciones. El Parlamento debe resolver la cuestión de mi elección, no es un problema mío”. Imagino que conocen esa frase de Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. En Italia la razón generalmente si conoce, y es más, apoya y se entiende de maravilla con las razones del corazón. El problema es que la razón de los demás no, salvo la familia y los amigos, y son los demás los que tienen un problema, y de alguna manera deben hacerse cargo y comprender cada caso.

El PD, ante la espada y la pared, ha decidido por fin hacer algo. ¿Se lo imaginan no? Sí, ya se ha abierto el debate sobre la necesidad de cambiar la ley anticorrupción en algunos casos. De Luca lo ha explicado magníficamente: “A mí esta ley no me da ni frío ni calor. El debate sobre ella ha llegado a un nivel teológico, me parece estar siguiendo el concilio de Nicea”.

Hablando de teología, la divina providencia ha querido que precisamente sean estas las mismas preocupaciones que incumben en estos momentos a Silvio Berlusconi. Acaba de cumplir su ridícula pena de cuatro horas de trabajo social a la semana durante diez meses, tras su condena por un colosal fraude fiscal, y ya fantasea con volver al Parlamento. Su condena le dejó fuera hasta el 2019, pero también él piensa que habría que cambiar la ley anticorrupción. No es una cuestión de principios, sino de finales.

Vean, por cierto, cómo ha terminado la ley anticorrupción aclamada por los jueces que se presentó hace dos años en el Parlamento: está bloqueada desde entonces por los vetos de los partidos a normas que, se teme, podrían llegar incluso a combatir eficazmente la corrupción. El debate ha consistido, básicamente, en hacerlas más inocuas. Pero no ha terminado. El lunes, por fin, se presentó la ley a trámite en el Senado, pero ahora hay que esperar las enmiendas.

Como epílogo, este impagable momento del otro día en un Fiorentina-Milan. El árbitro se lesionó y se retiró para ser sustituido. Sin árbitro en el campo, los jugadores siguieron jugando. Y mucho mejor, dónde va a ir a parar:

Diario mínimo (120)

Un taxista romano saca una katana samurái
en una discusión con un colega

Tenía que acabar pasando. Un taxista sacó del maletero una katana de samurái en medio de una discusión con un colega en la parada de taxis de la estación Termini de Roma. Ocurrió el sábado por la tarde, dentro de la habitual rivalidad por pillar a los clientes extranjeros, los más fáciles de desplumar. Una turista subió a uno de los taxis para ir al aeropuerto de Fiumicino, pero otro se enfadó porque consideró que esa carrera era suya. Fue entonces cuando sacó la espada. Grito de guerra, con fuerte acento romanesco: “¡Y ahora vamos a ver si la carrera es mía o es tuya!”. La turista salió despavorida. Los compañeros llamaron a la Policía. El taxista samurái fue arrestado poco después.

El arma en cuestión:

(La Repubblica de hoy)

 

Cuando la multa cuesta menos que el permiso

Un periodista del diario La Stampa ha contado la odisea de un amigo que vive en el centro de Roma y quería obtener el permiso para entrar en la zona restringida al tráfico con una furgoneta para hacer una mudanza. Como buen ciudadano, llamó al ayuntamiento y se encontró con lo de siempre: papeleo, timbres, fotocopias, certificados, formularios,… El clásico dolor de cabeza, con un coste de 102 euros. Luego se enteró de que la multa eran 94. No lo dudó. Y así todo.

(La Stampa, 11 de marzo de 2015)

 

Reveladora comparecencia de un cura en
la comisión de investigación del caso Moro

Sigue existiendo una comisión de investigación en el Parlamento italiano del caso Moro, el exprimer ministro secuestrado y asesinado por las Brigadas Rojas en 1978. Es uno de los más grandes misterios italianos. Como es natural, cíclicamente surgen novedades. Esta vez se creó una gran expectación con la comparecencia de Antonello Mennini, un cura que entonces tenái 31 años y recibió algunos mensajes de los secuestradores. Según algunos rumores, llegó incluso a ser conducido al zulo donde estaba Moro para confesarle. Nunca ha querido aclararlo. Ahora, por fin, ha decidido hablar. Dijo esto: “No confesé a Moro, ojalá… Pero si lo hubiera hecho no lo diría porque el secreto de confesión también atañe a las circunstancia de tiempo y lugar”. Al salir dijo a los parlamentarios con un tono de contrariedad: “Estoy convencido de que no os he convencido. Siempre quedará esta leyenda urbana”.

Al margen de esto, contó cosas interesantes. Dos días después del secuestro, él y su confesor, el padre Weber, se dirigieron a un anciano sacerdote alemán, el jesuita Heinrich Pfeiffer, que por lo visto tenía dotes de medium. Entró un rato en trance y les dijo que Moro estaba secuestrado en la zona de Via Aurelia. Al día siguiente Mennini fue recibido por el ministro de Interior, Francesco Cossiga, que ordenó rastrear la zona. Aunque luego, en el último momento, cambió de idea y no se hizo.

Sobre el caos y el ambiente de desmadre que vio en el ministerio de Interior el sacerdote dejó esta reflexión: “Al volver a casa dije a los míos que si las cosas funcionaban así a Moro sólo le podía salvar la Virgen o la Divina Providencia”. Y ya sabemos cómo acabó.

(Varios medios, 10 de marzo de 2015)

Lui (51): un mentiroso inocente

“Bunga bunga para todos”, esto es lo que dijo ayer Silvio Berlusconi tras su absolución en el ‘caso Ruby’, festejando con sus seguidores. Era broma, claro, pero es el mejor epitafio para esta historia. Que la fiesta continúe. El Tribunal Supremo italiano le absolvió la noche del martes definitivamente tras cinco años de sumario y tres juicios. Los tres magistrados se tiraron diez horas encerrados deliberando, fue una decisión difícil, y al final determinaron que el entonces primer ministro no cometió en 2010 ninguno de los dos delitos que se le imputaban: ni prostitución de menores ni concusión, abuso de poder. Pero la verdad es que además de no ser tan inocente ha quedado demostrado que ha mentido descaradamente. Sus propios abogados admitieron el martes el ejercicio de la prostitución en casa de su cliente. Como en casos anteriores, el peso político de la sentencia es enorme, o lo sería en otro país.

La noticia salió la medianoche del martes y se dio mal, y luego al día siguiente ya no interesaba demasiado, además de que todo lo relacionado con Berlusconi hace tiempo que aburre a las ovejas. Lo peor fue ver la inercia de agencias adocenadas, y de diarios digitales que copian y pegan maquinalmente sus textos, contando que este hombre es inocente y que ahora regresa a la política por la puerta grande. Son dos mentiras propagandísticas. A Berlusconi le habrán absuelto, pero inocente no es. Lo ha explicado muy bien su propio abogado, Franco Coppi: “Una de las primeras páginas de cualquier manual de derecho penal subraya la separación entre derecho y moral. No hay confundir nunca cuestiones de confesionario con cuestiones de derecho penal”. Y tampoco vuelve porque nunca se ha ido, lo que pasa es que ya parecía como si no estuviera, porque no pinta mucho. Su partido agoniza, muy dividido en guerras internas, y la derecha italiana está totalmente patas arriba.

Y lo cierto es que Berlusconi sigue inhabilitado para cargos públicos hasta 2019, pero no tiene nada que ver con el ‘caso Ruby’.  Se debe a su condena en firme a cuatro años por fraude -que se quedaron en tres por un indulto- en el ‘caso Mediaset’, lo que llevó a su expulsión del Parlamento en noviembre de 2013. El anciano líder, de 78 años, no puede presentarse a unas elecciones. Otra cosa es que siga ejerciendo de líder de la derecha, nadie se lo impide. Y otra cosa es que pueda hacerlo con ese currículum. La debacle de la derecha italiana, con el nuevo partido estilo Marine Le Pen de Matteo Salvini, se medirá en las regionales de mayo. Ahí se verá si algunos italianos siguen tragando con tanta trola.

En realidad en el juicio ha quedado probado que Berlusconi sí hizo exactamente esas dos cosas que señalaban los cargos: acostarse con una prostituta menor, la famosa ‘Ruby’, y abusar de su cargo presionando a un jefe de Policía de Milán, con catorce llamadas a su casa a medianoche, para que la soltara tras haberla arrestado por robo. Pero, tomando la ley al pie de la letra, faltan detalles esenciales para que se configure el delito como tal: no se ha probado, más allá de toda duda, que Berlusconi supiera que ‘Ruby’ era menor, y la nueva tipificación de la concusión exige ahora que el funcionario coaccionado no solo se vea amenazado o intimidado, sino que obtenga una ventaja de la vulneración de las reglas. Este delito fue modificado en 2011, con el juicio en marcha, de forma polémica por el Gobierno de Mario Monti. Se dijo, que en su nueva formulación salvaría a Berlusconi, y así ha sido.

Según la costumbre judicial italiana, el martes sólo se anunció la decisión, y a la espera del texto motivado de la sentencia, en las próximas semanas, a estas alturas ya está claro que todo lo más grave del escándalo era verdad. El líder de la derecha juró varias veces que no ha pagado en su vida por acostarse con nadie y que sus veladas eran “cenas elegantes”. Sin embargo los tribunales ya han establecido que, siendo primer ministro, organizaba orgías de prostitutas en su mansión de Milán, y entre ellas estaba la marroquí Karima el Mahroug, alias ‘Ruby’, de 17 años, que fue a ocho fiestas y se quedó a dormir al menos dos veces. En mayo de 2010 ‘Ruby’ fue detenida por robo y Berlusconi, que estaba en París de viaje oficial, levantó de la cama al comisario para que la pusiera en libertad. Aseguró, con una célebre trola, que era la sobrina del presidente egipcio Hosni Mubarak. La chica, en vez de ser enviada a un centro de acogida, como dispuso la fiscal de menores, fue entregada a una amiga del mandatario, Nicole Minetti, diputada regional, organizadora de las orgías.

El fiscal, que pedía la condena, argumentó el martes que Berlusconi tenía que saber que ‘Ruby’ era menor porque lo sabía todo su entorno y el amigo que la llevó a su casa. Acerca del embuste de Mubarak, dijo que era “digno de película de Mel Brooks y todo el mundo se ha reído de nosotros”. La presión sobre el comisario, sostuvo, “fue una violencia irresistible para obtener un resultado indebido”. Pero el tribunal no lo ha considerado así y ya explicará por qué cuando divulgue la sentencia argumentada.

Por otro lado, no debe olvidarse que hay otra investigación abierta contra él y otras 45 personas por la presunta compra de testigos para que mintieran en este proceso que acaba de terminar de esta manera. Entre quienes habría comprado Berlusconi para que mintieran o callaran está la propia Ruby, a la que ha seguido pagando hasta hace pocos meses, como ya hemos contado aquí. Ruby recibe ingresos periódicos en contante de hasta 15.000 euros y 21 de las chicas de sus fiestas, que negaron que allí pasara nada raro, siguen siendo mantenidas por este inocente magnate.

Fin del secreto bancario en el Vaticano

“Espero recuperar un poco de dinero en el Vaticano, hay muchos nombres italianos involucrados y creo que también la Santa Sede está interesada en hacer limpieza”, ha revelado el primer ministro italiano, Matteo Renzi, en una entrevista publicada ayer. Hablaba de los países con quienes pretende cerrar en breve acuerdos fiscales para poner fin a décadas de secreto bancario y evasión de capitales, tras los históricos pactos que el Gobierno de Roma acaba de firmar con Suiza, Liechtenstein y Mónaco. Pero quizá el más histórico va a ser ese, con el Vaticano.

El banco de la Santa Sede, el IOR (Instituto para las Obras de Religión), ha actuado hasta ahora como un paraíso fiscal incrustado en la capital de Italia. Los tribunales han chocado siempre con un muro de silencio a la hora de investigar los graves escándalos de blanqueo de dinero de la política y de la mafia que la entidad ha protagonizado desde los ochenta. Las comisiones rogatorias de los magistrados y las peticiones de información caían en saco roto. Pero ahora lo ha hecho posible la operación de limpieza, con enorme oposición interna, emprendida por Benedicto XVI y rematada por Francisco. Con este paso, la Santa Sede cede un pedazo de su celosa soberanía.

“Hay efectivamente conversaciones en marcha para colaborar con Italia y caminar hacia una transparencia más amplia y completa y al intercambio de información con fines fiscales”, confirmó enseguida el portavoz vaticano, Federico Lombardi. Es decir, que las autoridades italianas podrán por fin asomarse tras los muros vaticanos para ver qué ciudadanos italianos se esconden en las cuentas del IOR, con qué dinero, de qué origen y cómo se mueve el capital procedente de Italia a través de esa entidad y de Apsa, el otro organismo financiero del Vaticano, que se ocupa de la administración del patrimonio.

En realidad a estas alturas los clientes más sucios o embarazosos ya han salido o escapado en la llamada ‘Fase Uno’ de limpieza del banco, culminada el pasado verano. Abrir antes las puertas a los jueces italianos habría sido un suicidio. En julio el IOR hizo balance del saneamiento de sus arcas y anunció el cierre de 3.000 cuentas y la congelación de otras 2.000, lo que le costó un bajón de beneficios de 83,7 millones. Se quedó tan solo en 2,9 millones.

Desde 2011, cuando emprendió la limpieza en serio, el IOR ha perdido unos 6.000 clientes y actualmente tiene en torno a 15.000, pero se supone que ya son todos presentables. Ahora por fin se cumplirían las reglas: solo pueden tener cuenta en el banco religiosos, ciudadanos y empleados vaticanos, embajadas y diplomáticos acreditados ante la Santa Sede. Antes ahí había de todo.

La seriedad de las intenciones del Papa se ha visto con otro paso impensable que el propio Vaticano dio en diciembre, cuando los mismos tribunales de la Santa Sede abrieron una investigación contra la anterior cúpula del IOR, Angelo Caloia, presidente de 1989 a 2009, y el exdirector general, Lelio Scaletti. Junto al abogado Gabriele Liuzzo, habrían vendido patrimonio inmobiliario del banco a bajo precio para luego revenderlo y llevarse un beneficio de 60 millones. Salió a la luz, precisamente, durante la revisión de cuentas porque seguían manteniendo parte de ese dinero en el propio banco, confiados en su opacidad.

Según fuentes vaticanas, tras el fin del secreto bancario el objetivo de las autoridades italianas no sería tanto descubrir alguna cuenta escondida, que ya no quedan, como poder vigilar las transferencias internacionales que parten del IOR y Apsa. La mayoría se deben a la financiación de la actividad misionera de la Iglesia católica, pues para ello el banco es su instrumento básico y esa era su principal labor, en teoría. No obstante siempre existe el riesgo de que sean tapaderas de otras transacciones, con destinatarios difíciles de identificar. Pero ya no lo tendrán fácil.

(Publicado en El Correo)

Lui (50): angelitos para el lumbago

El último tocho de escuchas telefónicas de Silvio Berlusconi, más de 10.000 páginas sobre las que se levantó el secreto de sumario el miércoles, ha pillado a Italia con la película ya muy vista. Es más de lo mismo: fiestas con chicas, presunción de proezas sexuales, los estomagantes mecanismos de enchufes para seducir aspirantes a azafatas… A estas alturas tendría que aparecer en ellas Bin Laden para que despertaran interés. Buena parte del material era conocido, pero hay nuevas escenas.

Son conversaciones de 2008 y 2009 entre el entonces primer ministro y Gianpaolo Tarantini, un joven empresario de Bari que se hizo amigo suyo, empezó a llevarle chicas y vio la ocasión de su vida para pegar un pelotazo. Todo saltó por los aires en 2009 cuando una de las señoritas, Patrizia D’Addario, lo contó todo. Fue el primer escándalo sexual de Berlusconi. Ahora Tarantini está siendo juzgado en Bari, junto a otras siete personas, por favorecimiento de la prostitución. Ha asegurado, y eso ha salvado al líder de la derecha, que el magnate no sabía que las chicas eran prostitutas y que eran pagadas por ir a su casa.

Las escuchas muestran que Tarantini y Berlusconi se llamaban a menudo, siempre para hablar de mujeres y de cómo se iban a montar la noche. Luego pasaba lo que pasaba: “No nos podemos quedar hasta las tres de la mañana, el consejo de ministros ha sido un calvario, porque a las niñas después las he acostado”, cuenta al día siguiente resacoso el primer ministro. El nivel de peloteo de Tarantini roza a veces lo inverosímil, sobre todo al comentar la noche anterior:
-¿Pero qué les da? Están todas enamoradas de usted.
-Este ha sido siempre mi problema, las mujeres se enamoran de mí. Es algo que me persigue de toda la vida.

El empresario, por su parte, de vez en cuando pedía favores a su mentor, como una entradas para la Scala. Berlusconi se las da encantado: “La ópera son tres horas criminales, de morirse, un coñazo increíble”.

En algunos momentos el ritmo festivo era tal que se creaban problemas logísticos. Llegó a haber problemas con las camas, porque había demasiadas chicas que se quedaban a dormir y, como se quejaba Berlusconi, “no consigo echarlas ni a cañonazos”. “Son cuarenta, he comprado una casa aquí cerca para tener más sitio”.

El jefe no paraba ante nada. En una ocasión sufría un fuerte lumbago y Tarantini le propuso: “Le mando un angelito y se le pasa el dolor de espalda”. Y Berlusconi acepta porque, pese al dolor, dice: “Hago de todo”.

El mandatario se mostró ayer indignado por la difusión de conversaciones privadas, justo cuando ayer termina de cumplir su pena de diez meses de trabajos sociales en un hospital: “Es una coincidencia singular. Es una indecencia, son todas grabaciones viejas, no hay ningún delito y el único objetivo es enfangar mi imagen”.

En otra charla el mandatario comenta a Tarantini que está con dos altos dirigentes de televisión, “personas que pueden hacer trabajar a cualquiera, y las chicas saben que están ante hombres que pueden decidir su destino”. Por eso le pide que le lleve más , aunque le avisa: “El único joven eres tú, los otros son viejecitos, pero tienen mucho poder”.

(Publicado en El Correo)

elcorreo.com

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