Juicio en el Quirinale

 

El proceso más grave sobre la Mafia siciliana celebrado en Italia en los últimos años cobró ayer aún más importancia al ser el primero en que se ha visto obligado a declarar un presidente de la República. Giorgio Napolitano, que no quería comparecer, prestó testimonio en el juicio sobre los presuntos pactos entre el Estado y Cosa Nostra en los años noventa, la ‘Trattativa’. Aunque tuvo el privilegio de hacerlo en su casa, el palacio del Quirinale, y a puerta cerrada, último aspecto polémico de una vista muy controvertida.

A la sesión, que duró tres horas, asistieron 40 personas, entre magistrados y abogados, Sin un periodista ni una grabación del tribunal, sólo una de los propios técnicos del Quirinale. Un secretismo que no ayuda precisamente a despejar la idea, arraigada en la opinión pública y con bastante fundamento, del eterno pasteleo político con la Mafia y de que todo pez gordo tiene algo que esconder. Napolitano, en realidad, ha entrado en este proceso por una puerta muy secundaria y no tiene nada que ver con el meollo de la cuestión, pero lo ha hecho por detalles extraños que sí son interesantes. Ayer no se negó a responder ninguna pregunta, aunque podía, y en esencia repitió que nunca ha sabido nada de acuerdos con la Mafia. Y menos que se va a saber porque la clave de su aparición en el proceso son cuatro llamadas que le grabaron con uno de los imputados, el exministro de Interior Nicola Mancino, pero Napolitano hizo valer su inmunidad y fueron destruidas. Eso tampoco ayudó a aclarar las cosas.

Lo relevante de la audiencia de ayer es que se celebrara, en medio de una gran hostilidad institucional a este proceso y sus fiscales, amenazados de muerte. Las polémicas han surgido por la erosión que supone para la institución, por el hecho de que el abogado de Totò Riina, el más sanguinario capo mafioso, pudiera interrogar al jefe de Estado y también por la posibilidad, al final rechazada, de que el propio Riina pudiera asistir a la vista, por ser imputado, aunque fuera en videoconferencia. Quienes critican a los magistrados les acusan de buscar sólo protagonismo mediático.

El juicio indaga en las negociaciones abiertas entre 1992 y 1993 por altos cargos con la cúpula mafiosa de Totò Riina y el clan de los Corleoneses. La tesis es que tras la primera gran sentencia contra la Mafia de 1992, obra de los magistrados Falcone y Borsellino, los capos consideraron que sus padrinos políticos de toda la vida les habían fallado. Asesinaron, para empezar, al líder democristiano siciliano Salvo Lima, su principal interlocutor. Entonces otros políticos, muertos de miedo, intentaron negociar para salvar el pellejo. Después fueron asesinados, en menos de dos meses, Falcone y Borsellino. Este último, es una de las hipótesis, precisamente por oponerse a las negociaciones. Riina exigió concesiones legales y penitenciarias y emprendió una serie de grandes atentados en 1993 en Roma, Milán y Florencia. Lo cierto es que en esas fechas más de 300 presos mafiosos salieron del régimen duro. En 1994 llegó al poder un nuevo político, Silvio Berlusconi, y la ofensiva se detuvo. Según los fiscales, porque la Mafia encontró en él un nuevo interlocutor. Por todo ello se sientan en el banquillo los capos Riina y Leoluca Bagarella junto a ocho personas más, entre ellas antiguos altos cargos y la mano derecha de Berlusconi, Marcello Dell’Utri, ya condenado a siete años por ser el mediador del magnate con Cosa Nostra. La veracidad y gravedad de este gran mosaico es lo que está en juego en un juicio que durará años y tal vez se quede en nada, pero que por el camino está deparando retazos de verdad y sorpresas.

Napolitano es una de esas sorpresas. Entra en escena porque uno de los imputados, Mancino, se puso nervioso en 2011 y le abrasó de llamadas para que le echaran una mano y pararan los pies a los magistrados. El problema es que ya tenía el teléfono pinchado. Un asesor del presidente, Loris D’Ambrosio, atendió las llamadas, pero cuatro veces le pasó con Napolitano. Esas cuatro charlas se han ocultado, pero no las de D’Ambrosio, que fueron publicadas en 2012 y causaron un gran escándalo. El asesor sufrió tal presión que en un mes murió de infarto. Pero antes envió una angustiosa carta a Napolitano en la que temía haber sido “escudo de indecibles acuerdos” en los años noventa.

De esto le preguntaron ayer a Napolitano y, según contaron los abogados a la salida, dijo que no tenía ni idea de a qué se refería su colega. Otras preguntas fueron por una alerta de 1993 de posible atentado mafioso contra Napolitano, entonces presidente de la Cámara de Diputados. Respondió que era normal en su cargo, no se preocupó mucho y que entonces no supo nada de acuerdos con la Mafia. En los próximos días se hará pública la transcripción del interrogatorio.

(Publicado en El Correo)

Diario mínimo (115)

Presume de no haber trabajado en su vida con falsas enfermedades

Carlo Cani, exminero de la empresa Carbosulcis, en Santadi, Cerdeña, jubilado en 2006 tras 35 años de cotización ha dado un entrevista muy orgulloso contando que toda su vida se ha inventado enfermedades, ha estado siempre de baja en 26 años de contrato con esta compañía y no ha pegado un palo al agua. “La mina no era para mí, allá abajo lo pasaba mal, el carbón y yo nunca congeniamos”, ha explicado. Para no ir a trabajar recurrió a todo lo imaginable: hemorroides, amnesia, tortícolis, dolores varios. “Respeto a los mineros, pero a mí me gusta el jazz”. Es que es su verdadera pasión, no trabajar. Tras la publicación del artículo la seguridad social italiana ha abierto una inspección. Los 423 mineros que aún trabajan en la mina sarda de Nuraxi Figus y se movilizan desde hace años contra el cierre, fijado en 2018, han aclarado que son serios y este señor no les representa.

(La Stampa, 21 de octubre de 2014)

 

Cruzada de un párroco contra la minifalda

Un párroco de Gesico, en Cagliari, Cerdeña, ha emprendido una cruzada contra las minifaldas, entendidas como aquellas que no llegan siquiera a tocar la rodilla, según ha explicado con un dibujo didáctico colocado en la puerta de la iglesia: “La falda debe llegar a tocar (subrayado dos veces) la rodilla, no obliguéis al párroco a echaros. Este es un lugar sagrado. Respeto”, dice el cartel. También da instrucciones sobre las mangas y el escote con dos sencillas figuras sobre lo que está bien y lo que está mal. El tono del pasquín denota cierta desesperación del cura, pues el título es: “¿Está más claro así?”. Tras cierta polémica en el pueblo y bastante cachondeo a nivel nacional, pasadas las fiestas de Sant’Amatore, el cura retiró el cartel.

(La Nuova Sardegna, 21 de octubre de 2014)

 

 

Colecta improvisada para ayudar a un pasajero

Motlatsi Monoko, de 46 años, de Lesotho, uno de los participantes en las célebres jornadas de agricultura biológica y ‘slow food’ de Turín, Terra Madre, se vio atrapado el sábado en una de esas redes burocráticas del absurdo en el aeropuerto de esta ciudad (norte). A la ida había perdido la conexión de Roma a Turín porque no llegaba el equipaje -que no era culpa suya-, así que cogió un tren. Pero al regreso Alitalia no le dejaba coger el vuelo porque no había usado el de ida, a menos que no pagara 90 euros de multa. No los tenía y se puso a llorar desconsolado. Los empleados del aeropuerto se apiadaron de él y entre todos le pagaron la multa para que pudiera embarcar.

(La Stampa de hoy)

Italianos geniales (4): Ennio Flaiano

Ennio Flaiano vivió su vida perplejo, sin saber bien de qué iba esto, pero dejando caer frases que muestran que quizá lo sabía mejor que nadie. Este escritor atípico no tiene grandes obras maestras, concepto que le daba pereza, y las que tiene es como si no fueran suyas, son guiones en la sombra de grandes películas. Las esenciales de Fellini, de ‘Los inútiles’ y ‘La strada’ a ‘La dolce vita’ y ‘Ocho y medio’, y otras con Antonioni, Risi o Monicelli. El alma de esas historias de Fellini y de Roma es tan suya como de Flaiano, que era ese periodista desencantado que recorre los cafés de Via Veneto. Aunque era bajito y con bigote, no era Mastroianni.

A Flaiano la realidad le superaba, la sensación de la inutilidad de todo, y apenas aspiraba a pillar alguna esencia con frases certeras que, esas sí, son pequeñas obras maestras. En Italia es el genio del aforismo. Sus reflexiones sobre los italianos son verdades nacionales asumidas y muchas son de uso común: “La situación es grave pero no seria” o “Los italianos siempre acuden en auxilio del vencedor”, o “En Italia nunca habrá una revolución porque nos conocemos todos”. Mi favorita: “El italiano, en su calidad de personaje cómico, es un intento de la naturaleza de desmitificarse a sí misma. Coged el Polo Norte, es bastante serio. Un italiano en el Polo Norte añade de inmediato algo cómico de lo que antes no nos habíamos percatado”. Flaiano llegó a estas conclusiones tras una biografía siempre inconclusa de vagabundeo, múltiples oficios y proyectos inacabados. Nacido en 1910, a los siete años ya sabía escribir un telegrama. Séptimo hijo de un comerciante, vivió de ciudad en ciudad, de colegio en colegio, hasta llegar a Roma, con doce años, el día de la marcha fascista en el tren de las camisas negras. Ya aquello le pareció poco serio. No acabó la universidad y en 1933 le mandaron a la guerra de Etiopía. Luego siguió de redacción en redacción, porque comprendió que el periodismo podía ser un buen lugar donde camuflar sus carencias.

Fue crítico teatral, cinematográfico y literario, con varios seudónimos, en distintas revistas, en muchos periódicos. Empezó de guionista por el dinero en 1943 y escribió un pedazo de la historia del cine italiano. Aún así en 1947 sacó tiempo para un libro sobre sus recuerdos de la guerra, ‘Tempo di uccidere’ (Tiempo de matar) y ganó el Strega, el premio más prestigioso de Italia. “Fue acogido tibiamente. Un crítico dijo que me esperaba en el segundo libro. Todavía está esperando”, recordó luego. No escribió más. Es decir, no escribió más novelas, pero sí muchos cuentos, relatos, artículos, apuntes, diarios. Una continua dispersión. Tiene esta reflexión sobre la ética del trabajo: “Decidió cambiar de vida, aprovechar la mañana. Se levantó a las seis, se duchó, se afeitó, se vistió, disfrutó el desayuno, fumó un par de cigarrillos, se sentó en la mesa de trabajo y se despertó al mediodía”. En el fondo era un poeta de incógnito, encubierto, sin saberlo. “A los veinte años se intenta la poesía, a los cincuenta se piensa que había que haber insistido”, decía. También le fue mal en el teatro. Un amigo suyo lo resumió con una frase que podía haber sido suya: “El fracaso se le ha subido a la cabeza”. Y aún así es de los autores más influyentes y admirados en Italia. En España apenas hay nada publicado. Ahora la estupenda editorial Errata Naturae ha editado ‘Dos noches’.

Viajó mucho por el mundo y eso que no le gustaba viajar, porque creía que la melancolía te persigue allá donde vayas, pero se dejaba llevar. Pasó por Londres, París, Bangkok, Bombay, temporadas en Nueva York. Pasó por España y se entendió con dos almas gemelas suyas, Luis Berlanga y Rafael Azcona. Firmó ‘Calabuch’ (1955) y ‘El verdugo’ (1963). Con todo, tenía una visión de la vida ligera, no grave. Irónica, individualista, anticonformista y apolítica (“No soy comunista porque no me lo puedo permitir”). Fue un feroz analista del ‘boom’ económico italiano y desarrolló un total escepticismo hacia el género humano, mezclado con una sutil piedad: “En cada minoría inteligente hay una mayoría de imbéciles”; “Los días inolvidables de la vida de un hombre son cinco o seis en total, los demás hacen volumen”; “Si los pueblos se conocieran mejor se odiarían más”;  “Cuando la vanidad se aplaca, el hombre está listo para morir y empieza a pensar en ello”; “La homosexualidad para la clase pobre no es un vicio sino un modo de acceder a las clases superiores”; “El hombre muy rico tiene que hablar siempre de poesía o de música intentando crear incomodidad en quienes querrían admirarlo sólo por su riqueza”; “Cuando el hombre ya no tiene frío, hambre y miedo está descontento”. Esta frase ahora se cita mucho: “Dentro de 30 años Italia no será como la habrán hecho los gobiernos, sino como la habrá hecho la televisión”. Era 1970. Quizá la mejor sea: “Ánimo, lo mejor ha pasado”.

Tenía un refinamiento extremo para mirar el alma humana -“En amor los escritos vuelan y las palabras permanecen”- y veía el amor con sorna: “Los grandes amores se anuncian en modo preciso, apenas la ves te preguntas: ¿quién es esta gilipollas?”. O tambien: “Hoy he dejado mi familia porque estaba cansado de sentirme solo”. Laico, racionalista, se casó con una profesora de matemáticas, Rosetta, un matrimonio feliz dentro de la media que duró toda la vida. Pero su propia figura está incompleta, públicamente, sin un secreto íntimo. Su hija Lele nació con una lesión cerebral que la dejó inmóvil y sin habla. Se ocupó siempre de ella. Tras su muerte, en 1972, se encontraron unas notas suyas, anómalas en su estilo, ni cínicas ni desencantadas sobre la relación con su hija. La describía así: “Un amor purísimo”.

 

Un hombre solo al comando

“Un hombre solo al comando, su ‘maglia’ es blancoceleste, su nombre es Fausto Coppi”, cualquier italiano conoce esta frase, de un locutor de radio en una legendaria etapa del Giro de 1949. La metáfora del hombre solo al comando, que se carga a la espalda toda la responsabilidad y se lanza a una empresa sobrehumana, es un recurso automático en Italia para explicar algunas aventuras políticas. Sobre todo como tentación del poder concentrado en una persona, algo que suscita temores por el recuerdo del fascismo y porque es anómalo en una sociedad basada en un laberinto de pactos. Tras Berlusconi y Monti, ahora ese hombre es el primer ministro Matteo Renzi, pero desde luego está mucho más solo, tiene más controlada la carrera, va más despendolado y es más intratable. La gran pregunta es si acabará la etapa. El problema es que es Italia, en una grave situación económica, la que depende de esa respuesta.

La novedad de la insólita situación de Renzi, líder casi tiránico del Partido Demócrata (PD) de centro-izquierda, es el vacío que ha creado a su alrededor: no hay oposición, ni dentro de su formación, un escenario sin precedentes en un siglo del litigioso partido excomunista, ni tampoco fuera. Para explicarlo hay que hacer memoria de cómo ha llegado Renzi hasta aquí, porque tampoco es muy normal. Como se recordará, no le ha elegido nadie, no ha ganado unas elecciones.

Para empezar la derecha italiana vive una implosión interna con el derrumbe de Silvio Berlusconi, que durante dos décadas ha impedido un partido conservador moderno y europeo, un grave problema pendiente de este país. No tiene sucesor, ha dejado un gran hueco y por eso, paradójicamente, casi se puede decir que el propio Renzi es ahora el centro-derecha. Ya cuando perdió con Pierluigi Bersani las primarias del PD, en diciembre de 2012, lo lamentaron muchos votantes ajenos al partido, porque era su candidato ideal para las generales de febrero de 2013, del mismo modo que era muy antipático para el aparato y la base más roja del electorado de izquierda.

El PD ganó por los pelos unas elecciones de resultado caótico y sin una mayoría clara, marcadas por la irrupción contestataria del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) de Beppe Grillo como primera fuerza política. Bersani acabó por dimitir. Desde entonces el pánico a la llegada al poder de Grillo, similar al que ahora se vive en España con Podemos, inspirados claramente en la experiencia de M5S, es el móvil que explica toda la política italiana. Los partidos tradicionales pactan contra natura entre ellos para garantizar la gobernabilidad, evitar unas nuevas elecciones y frenar a Grillo. Renzi es el gran beneficiado.

Al final fue otra eminencia gris del PD, Enrico Letta, quien logró formar Gobierno con el apoyo de NCD, frágil escisión del partido de Berlusconi. Pero en las primarias de diciembre de 2013 Renzi arrasó con el 67% de los votos y desde entonces empezó a pitar pidiendo paso. Ahí arrancó su espectacular escapada en solitario. En febrero de 2014 obligó al PD a echar a Letta, caso insólito en la política europea, y se puso él. Resultado de la votación en la dirección del partido: 136 votos contra 16. Desde entonces, con todas las pataletas diarias que se quiera, al final se hace siempre lo que dice él. El PD se ha echado en sus manos, a la desesperada y porque en las europeas de mayo sacó un 40,8%, un récord. Más si se piensa en el hundimiento de Berlusconi, con un 17%. Renzi lo tomó como una investidura oficiosa. Esa prepotencia es la marca de la casa desde entonces, para propios y extraños. Esto incluye la UE, donde está tensando la cuerda para olvidarse del rigor y fomentar el crecimiento. Otro de sus rasgos clave es la ausencia de escrúpulos, que le han permitido pactar acuerdos con Berlusconi, hasta ahora el diablo en persona para el PD.

Lo increíble es que la llamada “minoría del PD” hace las funciones de oposición de izquierda a un partido que cree que ya no lo es. Renzi, que nace democristiano y es ajeno a la tradición comunista, es como un Tony Blair italiano que está transformando -para sus críticos, sepultando- la izquierda tradicional. Ocupa el centro y guiña a los dos lados. Como ha admitido sin rodeos esta semana el presidente de la patronal italiana, este Gobierno ha cumplido sus mejores sueños. El símbolo es la eliminación del artículo 18, que desde 1970 obligaba a readmitir al trabajador despedido injustamente. Ahora sólo será en caso de discriminación. Es el despido libre. Luego ha rebajado los impuestos a las empresas y les libra de cotizar a los nuevos trabajadores indefinidos.

Al exalcalde de Florencia no le importa dejar descubierto el flanco de la izquierda, porque por ahí no hay nadie. En teoría está Grillo, pero el M5S está atravesando un momento de crisis, por el desgaste de la vida formal en el Parlamento. “Grillo ha triunfado demasiado, arrasó a la vieja guardia del PD y dejó el campo libre a Renzi, una paradoja, porque es quien le ha hecho frente. Grillo ha creado el anticuerpo contra sí mismo”, opina Elisabetta Gualmini, politóloga y estudiosa del movimiento. Renzi, que también domina las redes sociales, como Grillo, se ha apropiado de algunas de sus batallas -echar a los políticos que llevan toda la vida, lucha al derroche y a los privilegios,…- y para parte del electorado ha colmado, sin ser una opción tan arriesgada, las ansias de cambio. Y no se debe olvidar que tiene 39 años, una revolución en sí misma en un país gerontocrático.

La libertad de movimientos de Renzi, que le vale acusaciones de autoritarismo y hasta de peligo para la democracia, se ampara en la emergencia, porque parece la última esperanza de Italia. Se ha enfrentado sin darles ni agua a sindicatos, a mastodontes como la RAI, a los cuerpos de policía, a los magistrados… Va con la apisonadora y goza prácticamente de carta blanca, y esto es algo que ni siquiera logró Berlusconi en sus mejores tiempos, con una mayoría absoluta en 2001 que por primera vez en la historia italiana agotó los cinco años de legislatura. Entonces, como siempre cada Gobierno italiano, toreaba con una alianza de cuatro partidos y una tropa de formaciones enanas. Renzi ahora tiene el control total. Es un líder líquido en medio de partidos que se deshacen en un país exhausto. Sueña con una mayoría absoluta de un solo partido, una utopía en Italia. Si lo logra no habrá quien lo pare.

La política de la ilusión permanente

El comisario extraordinario para estudiar un recorte radical de gastos en la administración italiana, Carlo Cottarelli, fichado del FMI, acaba de terminar un año de trabajo. Ha identificado un tajo de 13.000 millones de euros, pero confiesa que ha sido duro. Además de la resistencia de los despachos romanos cuenta una anécdota significativa. Quería reducir al mínimo los coches oficiales pero en el Ejército topó con un problema: un reglamento prohíbe a los militares de uniforme llevar paraguas, así que ante el riesgo de mojarse tienen que coger necesariamente el coche. Y todo en este plan. Cambiar Italia es muy difícil. A Renzi se opone una nube de burócratas y castas parasitarias con todos sus trucos. Esto hay que reconocerlo y de ahí que buena parte de la opinión pública apoye su falta de miramientos.

Pero esto no quita que su estilo tiene algo poco de fiar, si se miran con lupa los datos. Renzi transmite tal sensación de movimiento que marea. Lo hace con promesas casi diarias, que no da tiempo de verificar porque ya son infinitas y la de hoy solapa la de ayer. Esto alimenta una ilusión permamente de esperanza en el cambio. Pero si uno recuerda lo básico, que en marzo calculó un PIB para este año de 0,8 y al final es de -0,4 es como para desconfiar. Vendió como receta mágica, entre otras, un populista regalo de 80 euros en la nómina a las rentas más bajas, pero de momento no tiene efectos.

Las grandes reformas de los cimientos institucionales que deben cambiar el país son una modificación de la Constitución que elimina el poder del Senado y un nuevo sistema electoral, pues el actual, un proporcional puro, es un suicidio. Es el que ha quedado de oficio tras ser anulado el anterior por el Constitucional. Eran las iniciativas más ambiciosas y urgentes, y debían estar a mitad de tramitación en mayo, pero siguen empantanadas con mucho retraso. Sus primeros presupuestos, presentados esta semana, han sido los últimos fuegos artificiales de Renzi. Es una ambiciosa inyección de dinero público de 36.000 millones, a base de hinchar el déficit y cortar gasto. Pero al día siguiente ya había un coro de protestas porque se suben impuestos por otro lado y, en el fondo, gran parte del sacrificio recae en regiones y munipios. Que su vez quizá suban impuestos o empeoren la sanidad, los transportes, la educación y otros servicios. Con Renzi no se acaba de saber si se está ante un salvador, un mago o un trilero.

(Publicado en El Correo)

Fractura en la Iglesia sobre homosexuales y divorciados

En una decisión histórica de transparencia, que seguramente ahora tendrá sus críticos, el Papa hizo público ayer no sólo el documento final del sínodo extraordinario sobre la familia, sino los resultados de todas las votaciones sobre cada punto, para mostrar una radiografía nítida de las opiniones internas de la Iglesia. Es la primera vez. Sin temor a una imagen de desunión, Francisco ha preferido la de una Iglesia viva. Lo que se percibe es la clara división entre conservadores y progresistas, un pulso intenso que ya era evidente estas dos semanas, y se ha hecho evidente en dos asuntos: los homosexuales y los divorciados. Los tres epígrafes que abordaban estos temas no obtuvieron la mayoría de dos tercios  exigida para ser considerados “expresión del sínodo”. Hay una lectura más sutil, gracias precisamente a la publicación de los números: con todo, los renovadores serían mayoría, y absoluta. Es un detalle importante porque la discusión ahora seguirá un año más, hasta otro sínodo definitivo en octubre de 2015.

La posibilidad de permitir la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, ahora prohibido, era el caballo de batalla de los dos bandos en vísperas del sínodo. Un salto de calidad en la acogida a los homosexuales se convirtió, por sorpresa, en el segundo al aparecer asombrosas aperturas en el borrador provisional difundido el lunes. Dentro de un reconocimiento general a los “valores positivos” que a menudo se encuentran en las uniones ajenas al matrimonio religioso, en el caso de los gays se apreciaban sus “dones y cualidades” y se planteaba incluso “aceptar y valorar” su orientación sexual.

La reacción del sector tradicionalista fue enérgica, con 470 enmiendas -el dato se supo ayer- que han transformado notablemente el documento de partida. En concreto, toda apertura a los gays ha sido desmantelada y ha quedado reducida a parafrasear el catecismo, pidiendo respeto para ellos y evitar discriminaciones. La votación del documento final fue epígrafe por epígrafe, y eran 62. El apartado sobre los homosexuales, pese a quedar reducido a su mínima expresión, no obtuvo la mayoría suficiente: 188 prelados contra 62. El resultado del párrafo clave sobre los divorciados casados por segunda vez, que pedía estudiar fórmulas de apertura, fue de 104 a favor contra 74. Fue la mayoría más baja de todo el texto, un 56%. Lo mismo ocurrió con el siguiente, sobre el mismo tema, aprobado con 112 votos frente a 64. La batalla de momento se queda ahí, pero se han medido las fuerzas, algo muy difícil en la Iglesia, que prefiere aparentar homogeneidad.

“Personalmente ma habría preocupado y entristecido mucho si no se hubieran dado estas animadas discusiones”, dijo Francisco para cerrar el sínodo. Era exactamente lo que él quería para revitalizar la Iglesia, además de que se le sitúa en el sector favorable a los cambios. De hecho pidió “no mirar la humanidad desde un castillo de cristal para juzgar o clasificar a las personas”. No obstante, repartió palos a todos al citar algunas tentaciones que a su juicio planean sobre el debate y deben evitarse: “la rigidez hostil, encerrarse dentro de lo escrito y no dejarse sorprender por Dios (…), el buenismo destructivo, en nombre de una misericordia engañosa, de los progresistas (…), descuidar la realidad utilizando una lengua minuciosa para decir muchas cosas y no decir nada”. Lo cierto es que la impronta de Bergoglio ya ha calado en el otro documento publicado ayer, un mensaje final del sínodo, cuya idea central era: “Cristo ha querido que su Iglesia fuese una casa con la puerta siempre abierta en la acogida, sin excluir a nadie”. El problema es cómo se traduce eso en la práctica. De momento las respuestas a tantas preguntas -el famoso cuestionario de 38 puntos que fue enviado a cada país para preparara el sínodo- quedan en suspenso. Estas dos semanas, en el fondo la más ambiciosa operación de cambio de Bergoglio, han servido para abrir la caja de los problemas, pero nadie esperaba resolverlos. Ahora queda por delante un año para una larga guerra de posiciones.

(Publicado en El Correo)

Lui (46): un juez en Lourdes

La sentencia del juicio de apelación del ‘caso Ruby’ fue en julio una gran noticia para Silvio Berlusconi: le absolvió después de una primera condena a siete años de cárcel por abuso de poder y prostitución de menores. Sin embargo el texto de la resolución, difundido ayer tras el plazo de tres meses del que dispone el tribunal para redactarlo, es un nuevo varapalo moral y político para el exprimer ministro, si es que eso aún cuenta algo en Italia. Muy al estilo nacional, casi todo lo peor de este escándalo queda confirmado, pero no es penado por diferentes razones.

Los jueces dan por demostradas las famosas juergas eróticas del ‘bunga bunga’ en la mansión del entonces primer ministro en Arcore, cerca de Milán, donde se registraban “ejercicio de actividad prostitutiva” y “actos sexuales consumados públicamente”, como tocamientos y simulaciones. Demuestran la prostitución “las ingentes sumas de dinero en contante y las joyas entregadas por Berlusconi a las chicas que participaban en las veladas”, así como “los gastos que asumía por los inmuebles ocupados” por ellas. ‘Ruby’ participó en las fiestas y fue retribuida por ello con “una enorme suma de dinero recibida en un brevísimo lapso de tiempo”.

Si bien Berlusconi ha jurado varias veces que en su vida ha pagado por mantener relaciones sexuales con nadie, el tribunal da por hecho que el entonces jefe del Gobierno pagó en febrero de 2010 por acostarse con ‘Ruby’, la marroquí Karima El Mahroug, de 17 años. Fue a ocho fiestas en su villa y se quedó a dormir al menos dos veces, pero no se ha probado sin margen de duda que el ilustre anfitrión supiera su edad. Esto tumba el cargo de prostitución de menores.

En realidad esta imputación, siendo la más morbosa, sólo constituía un año de la condena de siete, el resto se debía a la célebre llamada de Berlusconi a una comisaría de Milán para que soltaran a ‘Ruby’, arrestada por robo, una noche de mayo de 2010. Argumentó la no menos famosa trola de que la chica era sobrina de Mubarak, el entonces presidente egipcio, y podía crearse un conflicto diplomático. El magnate siempre ha defendido que él lo creía de verdad, y así lo aprobó también su mayoría en el Parlamento italiano en una sesión memorable.

El fallo rechaza que, como primer ministro, Berlusconi efectuara una coacción sobre el jefe de la comisaría, pues no considera que hubiera intimidación o amenazas. Tampoco el funcionario obtuvo una ventaja, como exige la tipificación del delito, un detalle clave: se cambió meses antes de la primera sentencia, una polémica idea del Gobierno técnico de Mario Monti. Con el viejo artículo probablemente habría sido condenado. Los jueces señalan, en todo caso, que sí hubo un abuso de poder de Berlusconi, que entonces ya sabía a ciencia cierta la edad de ‘Ruby’, y que llamó “preocupado por el riesgo de revelaciones comprometedoras” de la joven. El comisario presionado actuó por “temor reverencial” al primer ministro, “excesivo obsequio” y “debilidad”. Pero nada de eso es delito.

Al final ‘Ruby’ no fue enviada a un centro de acogida, como había ordenado la fiscal de menores, sino entregada a una persona de confianza que envió Berlusconi. Resultó ser Nicole Minetti, exazafata televisiva que llegó a diputada regional de Milán enchufada en las listas, y que era precisamente quien le organizaba las fiestas sexuales.

El juez que presidía el tribunal, que incluye otros dos magistrados, presentó su dimisión el jueves tras entregar la sentencia. Es el señor del centro de la foto, se llama Enrico Tranfa, de 70 años, a 15 meses de la jubilación, y lo decidió tras un viaje a Lourdes.

(Publicado en El Correo)

Monólogo del desayuno

Pago más de 1.200 euros al año de comunidad, un escándalo, y seguro que en el periódico a veces piensan que les estoy timando. Nunca he sabido bien por qué, pero esta mañana me dice la portera que amenazan a todo el edificio con cortar la luz y el agua en unos días porque la mayoría de los vecinos resulta que no pagan. Ahora sé por qué pago lo que pago. Aunque si soy el tonto del barrio al menos algunos me podrían saludar en la escalera.

En Italia llevar una comunidad de vecinos es algo tan demencial que se contrata a un administrador externo, un oficio como otro cualquiera, despachos que llevan varios edificios. Son un Señor Lobo, como el personaje de ‘Pulp Fiction’,  que resuelve problemas. O los crea: en mi edificio hace unos años el administrador se largó con la pasta y luego se han sucedido varios que dimiten desesperados al cabo de unos meses.

El administrador es uno de esos oficios parásitos italianos que se benefician, y defienden, la kafkiana complejidad del sistema y su altísima litigiosidad. Sólo en Roma hay más abogados que en toda Francia. También está el no menos mítico “comercialista”, el asesor fiscal. Parece imposible vivir sin uno. Es alguien que entiende los arcanos misteros de la burocracia, está al día de los continuos cambios legales, conoce los trucos y los despachos y te lleva los papeles y la declaración de la renta. Ayer entré en el banco a pagar un impuesto municipal, yo solito, y se quedaron asombrados de que no tuviera “comercialista”. Intentaron convencerme de que era un cálculo complejo y debía afrontarlo yo solo con el temible módulo F24. Estuve media hora, pero lo conseguí.

De todos modos empiezo a pensar cómo organizarnos a breve plazo para vivir unos días sin luz ni agua, a los críos a lo mejor hasta les divierte.

Luego me entero de nuevos problemas en el colegio público de mi hijo: va por el cuarto profesor de italiano en un mes. Se van, los cambian, la dirección no tiene gente ni dinero para cubrir todas las horas. Muchos son precarios y vienen del quinto pino cada día. Es decir, con cada huelga o incidencia de transporte, varias veces al mes si no una a la semana, llegan tarde, si llegan. Cada mañana hay furiosas sublevaciones de padres en la puerta del colegio con conatos de toma del edificio. Hoy ha habido una bastante buena y, a  las ocho de la mañana, ya tenía mails de los padres con parrafadas interminables plagadas de detalles técnicos sobre el organigrama del centro y debates durísimos, porque luego cada uno tiene una opinión sobre cómo organizar el asunto. Algunos se rinden y cambian a los chavales de colegio sobre la marcha hasta que dan con uno bueno. Mejor dicho, con una clase con un maestro bueno dentro de un colegio regular, quitando si es posible el 70% de escuelas italianas con problemas estructurales, techos que se caen y esas cosas. Ah, hay 2.000 colegios construidos con amianto: 342.000 alumnos con riesgo de pillarse algo chungo. El ministerio calculó en 2013 que para reparar todos, al actual ritmo de inversiones, harán falta 110 años.

Empiezo a pensar en que a lo mejor debo cambiar a mi hijo de colegio, o ir  a uno privado, y empiezo a pensar en cómo haría para mandarlo a uno privado. Tal vez dejando de pagar la comunidad, como un vecino normal, aunque el niño haría los deberes con una vela y se ducharía en la fuente de la esquina, que por fortuna sigue funcionando. También debo pensar a quién conozco que me enchufe en uno privado, porque si no, ni loco.

Lo bueno de mi profesión es que luego abres el periódico y tus problemas te parecen pequeños, por cómo está Italia, por no hablar del mundo.  Y son sólo las nueve de la mañana.

También te llaman amigos de Roma y te cuentan otras movidas distintas, cada uno peleando con las suyas.

Menos mal que empiezo a pensar que es viernes, y qué bonita está hoy Roma, y que lo mejor es ir luego a comer a un buen sitio. Si me pasa esto un lunes no sé cómo me lo hubiera tomado. Aunque ahora me acuerdo que me toca trabajar este fin de semana, con esto del Vaticano que debaten, entre otras cosas, si los homosexuales son personas normales o no y si lo deciden este año o el que viene.

Se me acaban los recursos, así que mejor me voy al bar a tomar un café, ‘corretto’ (corregido: con lingotazo de aguardiente), que seguro que al final, no sé cómo, se arregla todo.

…Epílogo, añadido más tarde: en el bar me explican, cómo no me había dado cuenta, que hoy es viernes 17, que en Italia es como el martes y 13 y trae mala suerte. Basta esperar que pase y “tutto si mette a posto”, todo se coloca en su sitio.

 

Contraorden: la Iglesia ahora no se abre a los homosexuales

Si el sínodo sobre la familia que se celebra en Roma fuera un partido de fútbol se podría decir que el sector progresista ganaba el lunes 1-0, pero era sólo el descanso y no se sabe cómo terminará el marcador. El informe provisional sobre el debate, publicado ese día, arrojó sorprendentes novedades de apertura hacia las formas de familia ajenas al matrimonio católico. Sobre todo a las parejas homosexuales y no es exagerado decir que contenía frases históricas, como reconocer que sus miembros pueden prestarse “un apoyo precioso” y tienen “dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana”.

Como se podía prever el bando conservador contraatacó ayer con fuerza y algunas declaraciones de tono alarmante. En la sesión de ayer hubo 41 intervenciones que pidieron “aclaraciones” y “matizaciones” de la síntesis provisional. Algunos prelados han lamentado significativamente que no se menciona en el texto ni la palabra “pecado” ni la “ley natural”, y es cierto que son ausencias muy reveladoras del cambio de aires. El presidente de la Iglesia polaca, Stanislaw Gadecki, dijo que el documento “contiene errores, es inaceptable para muchos obispos y se distancia de las enseñanzas de los papas precedentes”.

Para variar algunos han echado la culpa a la prensa. El cardenal italiano Fernando Filoni admitió que “ha habido sorpresas al ver la reacción de los medios, perplejidad porque era como si el Papa hubiera dicho, o el sínodo hubiera decidido…”. El sudafricano Wilfried Fox Napier ha hablado de “interpretaciones equivocadas” del texto por parte de los periodistas y dijo temer que el mensaje transmitido sobre los gays “no sea verdad”.

En realidad hay otra áspera batalla interna por la gestión comunicativa del sínodo, con críticas abiertas a los resúmenes de las sesiones que hace cada día el portavoz vaticano, Federico Lombardi. Corre una teoría de la conspiración que ve un intento de deformar la visión del reparto de fuerzas del sínodo como si fuera mayoritariamente favorable a los cambios. El cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, conservador, insistió ayer en que la información del sínodo “es manipulada” desde dentro: “Hay un número consistente de obispos que no acepta las ideas de apertura pero pocos lo saben”. Advirtió que “todo esto debe terminar porque causa un grave daño a la fe”. Es más, dijo esperar un “pronunciamiento” de llamada al orden del Papa “que puede ser sólo de continuidad con la enseñanza de la Iglesia en toda su historia”. Probablemente puede esperar sentado. El malestar en este bando es agudo porque Francisco parece jugar en el otro equipo y se sienten en desventaja.

Los ánimos, en resumen, están al rojo vivo y el sector conservador, por primera vez, se siente bajo asedio. Con semejante presión el propio Lombardi precisó ayer, “a raíz de las reacciones que han seguido a la publicación y al hecho de que se le ha atribuido a menudo un valor que no corresponde a su naturaleza”, que el documento era sólo “un borrador”.

Sea una metedura de pata de alguien o una jugada táctica del bando reformista, lo cierto es que el mensaje de un insólito intento de cambio ha pasado. La verdad es que ya el lunes, en la presentación del texto, algo chirríaba. Preguntado por las menciones a los homosexuales el cardenal húngaro Peter Erdo, firmante del documento, pasó la palabra al arzobispo italiano Bruno Forte, secretario especial del sínodo. Dijo que ese párrafo era cosa suya, como quitándose el muerto de encima. Forte, encantado, se desmelenó con una defensa de las parejas de hecho gays que haría palidecer a muchos de sus colegas. Contra toda la línea tradicional vaticana, pidió “una codificación que pueda garantizar los derechos a las uniones homosexuales, es un tema de civismo y de respeto a la dignidad de las personas”.

La reacción conservadora tendrá efectos. Mañana habrá un segundo documento de actualización de la discusión, con enmiendas y correcciones, que tal vez suponga una marcha atrás en lo expuesto y empate las posiciones. Será interesante ver en qué recula. Los 191 obispos de todo el mundo que participan en este gran congreso votarán un texto final el sábado, que será entregado al Papa, y no sería raro que constituyera una vía intermedia de compromiso. El sínodo, por el alcance de la discusión, cada vez se parece más a un miniconcilio. El propio Papa pidió claramente un diálogo franco en el que todos dijeran sin miedo lo que pensaban, y ése es ahora, por primera vez en medio siglo, el problema.

(Publicado en El Correo)

La Iglesia se abre a los homosexuales

 

El sínodo extraordinario sobre la familia que se celebra en Roma, ideado por el Papa para dar un revolcón a la postura tradicional de la Iglesia sobre los controvertidos aspectos que la rodean, ha llegado a su ecuador con un claro indicador de cambio de aires. El tono y el debate son totalmente nuevos, contagiados por Francisco, como demostró ayer el primer informe provisional sobre las 265 intervenciones registradas que refleja una apertura general hacia las formas de convivencia fuera del matrimonio. La más notable, hacia los homosexuales, con palabras sorprendentes.

Por ejemplo: “Las personas homosexuales tiene dotes de y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿somos capaces de acoger a estar personas, garantizándoles un espacio de fraternidad (…) aceptando y valorando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica y el matrimonio?”. Partiendo del planteamiento básico de Bergoglio de no censurar ni aferrarse a la doctrina, sino priorizar la misericordia, el documento se limita a señalar que las uniones del mismo sexo no pueden “equipararse” al matrimonio entre hombre y mujer, y también expresa “una atención especial” hacia los niños de estas parejas, pero no va más allá en sus líneas rojas. Acepta como un hecho la relación homosexual. Es más, afirma que “sin negar las problemáticas morales se da constancia de que hay casos en los que el mutuo apoyo hasta el sacrificio constituye un apoyo precioso para la vida de los compañeros”. El texto original, en italiano, utiliza el término inglés “partner”. Nunca, de verdad, se había oído hablar así de los homosexuales en el Vaticano, que hasta ahora eran enfermos, cuando no degenerados, sólo se les podía convertir o ayudar con terapias y su relación iba contra la ley natural. Que, por cierto, ni se menciona en todo el texto, algo muy llamativo, porque es el pilar teórico en el que hasta ahora se apoyaba todo.

Es un cambio de registro histórico, dentro de un viraje general hacia la acogida de las familias “heridas” o “imperfectas”, separados, divorciados y parejas de hecho, que hasta ahora eran una amenaza para los valores cristianos y la estabilidad de la sociedad: “La Iglesia se dirige con respeto hacia ellos apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las carencias”. El texto admite que hay uniones ajenas al matrimonio católico, “con auténticos valores familiares”, y pide “decisiones pastorales valientes”. Se estudia cómo facilitar las nulidades y hay un gran debate para permitir la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar. En cuanto a los anticonceptivos, un callejón teológico sin salida cerrado con la encíclica ‘Humanae vitae’ de Pablo VI, en 1968, la Iglesia sigue insistiendo en la enseñanza de los “métodos naturales”.

Son días especiales en el Vaticano, porque se cuestionan conceptos inmóviles desde hace siglos, y de hecho algunos prelados, según contó ayer el relator general del sínodo, el cardenal húngaro Peter Erdo, han evocado “el espíritu del Concilio Vaticano II”, que renovó la Iglesia en los sesenta. También se parece por el encendido contraste de fondo que se advierte, y se muestra sin tapujos, entre un sector progresista y otro conservador, que ve los posibles cambios con preocupación, porque además el Papa los ampara. Hay cierta tensión de fondo. Cardenales de uno y otro bando se replican con entrevistas con puntos de vista muy opuestos, se evapora esa meliflua homogeneidad de la jerarquía y no se debe descartar ahora una fuerte reacción para frenar estas posibles aperturas.

Se están dando reacciones insólitas, como la de Rogelio Ricardo Livieres, el arzobispo de Paraguay destituido el mes pasado por el Papa por encubrir un cura pederasta. Livieres, miembro del Opus Dei, ha alertado del peligro “de una gran cisma” por los “vientos nuevos que soplan en la Iglesia y que no pertenecen al Espíritu Santo”. No habla sólo de su caso, sino de las aperturas que discute el sínodo, un síntoma de las grietas que se abren en algunos sectores: “Lo que antes estaba prohibido y era una desobediencia contra la ley de Dios ahora podría ser bendecido en nombre de su misericordia”. El Opus Dei, que reafirma su “total unión” con el Papa, ha rechazado las palabras “muy equivocadas” de Livieres y afirmó que son “de su exclusiva responsabilidad”.

Pero es que el debate es anómalo porque el propio Francisco deja caer lo que piensa un día sí y un día no. Como ayer, en su misa de la mañana, hablando de un pasaje del evangelio: “Los doctores de la ley estaban encerrados en su sistema, habían organizado la ley muy bien, todos los judíos sabían lo que se podía hacer y no hacer. Lo que hacía Jesús era extraño y peligroso, ir con los pecadores, estaba en peligro la doctrina, que habían hecho durante siglos. Habían olvidado que Dios es también el Dios de las sorpresas, siempre nuevo”.

Tras la asamblea general de la semana pasada, esta se trabajará en círculos menores y se votará un documento final el sábado. Seguirá un año de discusión en las parroquias, para culminar en otro sínodo en 2015.

(Publicado en El Correo)

Diario mínimo (114)

Sentencia después de 80 años sobre un litigio de tierras

Un litigio de tierras iniciado a las once de la mañana del 30 de junio de 1934 ha terminado por fin esta semana. Después de más de 80 años la comisaria para la liquidación de usos civiles en las regiones de Campania y Molise, Anna Maria Allagrande, ha dado la razón a la familia De Falco: son realmente suyas las 10 hectáreas de tierras que reclamaba por derecho feudal el ayuntamiento de Arienzo, en Caserta. Tras una interminable serie de pericias e informes técnicos contrapuestos, búsquedas laberínticas en archivos, recursos y aplazamientos, ha aclarado definitivamente la cuestión el folio 496 del catastro francés de 1801 de José Bonaparte, en la época del Reino de Nápoles, así como documentos de propiedad que se remontan a 1536.

El abogado defensor, Amedeo Passaro, autor de este triunfo histórico, ha declarado lo siguiente: “Se trata de un caso muy interesante que, sin duda, denota los mecanismos infernales de la determinación de la verdad procesal pero también es un extraordinario ejemplo de análisis histórica”. Concluye con una cita filosófica: “Como dice Heidegger, las vías que llevan a la verdad son las mismas que conducen al error, por lo que la Justicia italiana es lenta, pero difícilmente comete errores”.

(La Repubblica, 11 de octubre de 2014)

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