Un hombre solo al comando

“Un hombre solo al comando, su ‘maglia’ es blancoceleste, su nombre es Fausto Coppi”, cualquier italiano conoce esta frase, de un locutor de radio en una legendaria etapa del Giro de 1949. La metáfora del hombre solo al comando, que se carga a la espalda toda la responsabilidad y se lanza a una empresa sobrehumana, es un recurso automático en Italia para explicar algunas aventuras políticas. Sobre todo como tentación del poder concentrado en una persona, algo que suscita temores por el recuerdo del fascismo y porque es anómalo en una sociedad basada en un laberinto de pactos. Tras Berlusconi y Monti, ahora ese hombre es el primer ministro Matteo Renzi, pero desde luego está mucho más solo, tiene más controlada la carrera, va más despendolado y es más intratable. La gran pregunta es si acabará la etapa. El problema es que es Italia, en una grave situación económica, la que depende de esa respuesta.

La novedad de la insólita situación de Renzi, líder casi tiránico del Partido Demócrata (PD) de centro-izquierda, es el vacío que ha creado a su alrededor: no hay oposición, ni dentro de su formación, un escenario sin precedentes en un siglo del litigioso partido excomunista, ni tampoco fuera. Para explicarlo hay que hacer memoria de cómo ha llegado Renzi hasta aquí, porque tampoco es muy normal. Como se recordará, no le ha elegido nadie, no ha ganado unas elecciones.

Para empezar la derecha italiana vive una implosión interna con el derrumbe de Silvio Berlusconi, que durante dos décadas ha impedido un partido conservador moderno y europeo, un grave problema pendiente de este país. No tiene sucesor, ha dejado un gran hueco y por eso, paradójicamente, casi se puede decir que el propio Renzi es ahora el centro-derecha. Ya cuando perdió con Pierluigi Bersani las primarias del PD, en diciembre de 2012, lo lamentaron muchos votantes ajenos al partido, porque era su candidato ideal para las generales de febrero de 2013, del mismo modo que era muy antipático para el aparato y la base más roja del electorado de izquierda.

El PD ganó por los pelos unas elecciones de resultado caótico y sin una mayoría clara, marcadas por la irrupción contestataria del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) de Beppe Grillo como primera fuerza política. Bersani acabó por dimitir. Desde entonces el pánico a la llegada al poder de Grillo, similar al que ahora se vive en España con Podemos, inspirados claramente en la experiencia de M5S, es el móvil que explica toda la política italiana. Los partidos tradicionales pactan contra natura entre ellos para garantizar la gobernabilidad, evitar unas nuevas elecciones y frenar a Grillo. Renzi es el gran beneficiado.

Al final fue otra eminencia gris del PD, Enrico Letta, quien logró formar Gobierno con el apoyo de NCD, frágil escisión del partido de Berlusconi. Pero en las primarias de diciembre de 2013 Renzi arrasó con el 67% de los votos y desde entonces empezó a pitar pidiendo paso. Ahí arrancó su espectacular escapada en solitario. En febrero de 2014 obligó al PD a echar a Letta, caso insólito en la política europea, y se puso él. Resultado de la votación en la dirección del partido: 136 votos contra 16. Desde entonces, con todas las pataletas diarias que se quiera, al final se hace siempre lo que dice él. El PD se ha echado en sus manos, a la desesperada y porque en las europeas de mayo sacó un 40,8%, un récord. Más si se piensa en el hundimiento de Berlusconi, con un 17%. Renzi lo tomó como una investidura oficiosa. Esa prepotencia es la marca de la casa desde entonces, para propios y extraños. Esto incluye la UE, donde está tensando la cuerda para olvidarse del rigor y fomentar el crecimiento. Otro de sus rasgos clave es la ausencia de escrúpulos, que le han permitido pactar acuerdos con Berlusconi, hasta ahora el diablo en persona para el PD.

Lo increíble es que la llamada “minoría del PD” hace las funciones de oposición de izquierda a un partido que cree que ya no lo es. Renzi, que nace democristiano y es ajeno a la tradición comunista, es como un Tony Blair italiano que está transformando -para sus críticos, sepultando- la izquierda tradicional. Ocupa el centro y guiña a los dos lados. Como ha admitido sin rodeos esta semana el presidente de la patronal italiana, este Gobierno ha cumplido sus mejores sueños. El símbolo es la eliminación del artículo 18, que desde 1970 obligaba a readmitir al trabajador despedido injustamente. Ahora sólo será en caso de discriminación. Es el despido libre. Luego ha rebajado los impuestos a las empresas y les libra de cotizar a los nuevos trabajadores indefinidos.

Al exalcalde de Florencia no le importa dejar descubierto el flanco de la izquierda, porque por ahí no hay nadie. En teoría está Grillo, pero el M5S está atravesando un momento de crisis, por el desgaste de la vida formal en el Parlamento. “Grillo ha triunfado demasiado, arrasó a la vieja guardia del PD y dejó el campo libre a Renzi, una paradoja, porque es quien le ha hecho frente. Grillo ha creado el anticuerpo contra sí mismo”, opina Elisabetta Gualmini, politóloga y estudiosa del movimiento. Renzi, que también domina las redes sociales, como Grillo, se ha apropiado de algunas de sus batallas -echar a los políticos que llevan toda la vida, lucha al derroche y a los privilegios,…- y para parte del electorado ha colmado, sin ser una opción tan arriesgada, las ansias de cambio. Y no se debe olvidar que tiene 39 años, una revolución en sí misma en un país gerontocrático.

La libertad de movimientos de Renzi, que le vale acusaciones de autoritarismo y hasta de peligo para la democracia, se ampara en la emergencia, porque parece la última esperanza de Italia. Se ha enfrentado sin darles ni agua a sindicatos, a mastodontes como la RAI, a los cuerpos de policía, a los magistrados… Va con la apisonadora y goza prácticamente de carta blanca, y esto es algo que ni siquiera logró Berlusconi en sus mejores tiempos, con una mayoría absoluta en 2001 que por primera vez en la historia italiana agotó los cinco años de legislatura. Entonces, como siempre cada Gobierno italiano, toreaba con una alianza de cuatro partidos y una tropa de formaciones enanas. Renzi ahora tiene el control total. Es un líder líquido en medio de partidos que se deshacen en un país exhausto. Sueña con una mayoría absoluta de un solo partido, una utopía en Italia. Si lo logra no habrá quien lo pare.

La política de la ilusión permanente

El comisario extraordinario para estudiar un recorte radical de gastos en la administración italiana, Carlo Cottarelli, fichado del FMI, acaba de terminar un año de trabajo. Ha identificado un tajo de 13.000 millones de euros, pero confiesa que ha sido duro. Además de la resistencia de los despachos romanos cuenta una anécdota significativa. Quería reducir al mínimo los coches oficiales pero en el Ejército topó con un problema: un reglamento prohíbe a los militares de uniforme llevar paraguas, así que ante el riesgo de mojarse tienen que coger necesariamente el coche. Y todo en este plan. Cambiar Italia es muy difícil. A Renzi se opone una nube de burócratas y castas parasitarias con todos sus trucos. Esto hay que reconocerlo y de ahí que buena parte de la opinión pública apoye su falta de miramientos.

Pero esto no quita que su estilo tiene algo poco de fiar, si se miran con lupa los datos. Renzi transmite tal sensación de movimiento que marea. Lo hace con promesas casi diarias, que no da tiempo de verificar porque ya son infinitas y la de hoy solapa la de ayer. Esto alimenta una ilusión permamente de esperanza en el cambio. Pero si uno recuerda lo básico, que en marzo calculó un PIB para este año de 0,8 y al final es de -0,4 es como para desconfiar. Vendió como receta mágica, entre otras, un populista regalo de 80 euros en la nómina a las rentas más bajas, pero de momento no tiene efectos.

Las grandes reformas de los cimientos institucionales que deben cambiar el país son una modificación de la Constitución que elimina el poder del Senado y un nuevo sistema electoral, pues el actual, un proporcional puro, es un suicidio. Es el que ha quedado de oficio tras ser anulado el anterior por el Constitucional. Eran las iniciativas más ambiciosas y urgentes, y debían estar a mitad de tramitación en mayo, pero siguen empantanadas con mucho retraso. Sus primeros presupuestos, presentados esta semana, han sido los últimos fuegos artificiales de Renzi. Es una ambiciosa inyección de dinero público de 36.000 millones, a base de hinchar el déficit y cortar gasto. Pero al día siguiente ya había un coro de protestas porque se suben impuestos por otro lado y, en el fondo, gran parte del sacrificio recae en regiones y munipios. Que su vez quizá suban impuestos o empeoren la sanidad, los transportes, la educación y otros servicios. Con Renzi no se acaba de saber si se está ante un salvador, un mago o un trilero.

(Publicado en El Correo)

Fractura en la Iglesia sobre homosexuales y divorciados

En una decisión histórica de transparencia, que seguramente ahora tendrá sus críticos, el Papa hizo público ayer no sólo el documento final del sínodo extraordinario sobre la familia, sino los resultados de todas las votaciones sobre cada punto, para mostrar una radiografía nítida de las opiniones internas de la Iglesia. Es la primera vez. Sin temor a una imagen de desunión, Francisco ha preferido la de una Iglesia viva. Lo que se percibe es la clara división entre conservadores y progresistas, un pulso intenso que ya era evidente estas dos semanas, y se ha hecho evidente en dos asuntos: los homosexuales y los divorciados. Los tres epígrafes que abordaban estos temas no obtuvieron la mayoría de dos tercios  exigida para ser considerados “expresión del sínodo”. Hay una lectura más sutil, gracias precisamente a la publicación de los números: con todo, los renovadores serían mayoría, y absoluta. Es un detalle importante porque la discusión ahora seguirá un año más, hasta otro sínodo definitivo en octubre de 2015.

La posibilidad de permitir la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, ahora prohibido, era el caballo de batalla de los dos bandos en vísperas del sínodo. Un salto de calidad en la acogida a los homosexuales se convirtió, por sorpresa, en el segundo al aparecer asombrosas aperturas en el borrador provisional difundido el lunes. Dentro de un reconocimiento general a los “valores positivos” que a menudo se encuentran en las uniones ajenas al matrimonio religioso, en el caso de los gays se apreciaban sus “dones y cualidades” y se planteaba incluso “aceptar y valorar” su orientación sexual.

La reacción del sector tradicionalista fue enérgica, con 470 enmiendas -el dato se supo ayer- que han transformado notablemente el documento de partida. En concreto, toda apertura a los gays ha sido desmantelada y ha quedado reducida a parafrasear el catecismo, pidiendo respeto para ellos y evitar discriminaciones. La votación del documento final fue epígrafe por epígrafe, y eran 62. El apartado sobre los homosexuales, pese a quedar reducido a su mínima expresión, no obtuvo la mayoría suficiente: 188 prelados contra 62. El resultado del párrafo clave sobre los divorciados casados por segunda vez, que pedía estudiar fórmulas de apertura, fue de 104 a favor contra 74. Fue la mayoría más baja de todo el texto, un 56%. Lo mismo ocurrió con el siguiente, sobre el mismo tema, aprobado con 112 votos frente a 64. La batalla de momento se queda ahí, pero se han medido las fuerzas, algo muy difícil en la Iglesia, que prefiere aparentar homogeneidad.

“Personalmente ma habría preocupado y entristecido mucho si no se hubieran dado estas animadas discusiones”, dijo Francisco para cerrar el sínodo. Era exactamente lo que él quería para revitalizar la Iglesia, además de que se le sitúa en el sector favorable a los cambios. De hecho pidió “no mirar la humanidad desde un castillo de cristal para juzgar o clasificar a las personas”. No obstante, repartió palos a todos al citar algunas tentaciones que a su juicio planean sobre el debate y deben evitarse: “la rigidez hostil, encerrarse dentro de lo escrito y no dejarse sorprender por Dios (…), el buenismo destructivo, en nombre de una misericordia engañosa, de los progresistas (…), descuidar la realidad utilizando una lengua minuciosa para decir muchas cosas y no decir nada”. Lo cierto es que la impronta de Bergoglio ya ha calado en el otro documento publicado ayer, un mensaje final del sínodo, cuya idea central era: “Cristo ha querido que su Iglesia fuese una casa con la puerta siempre abierta en la acogida, sin excluir a nadie”. El problema es cómo se traduce eso en la práctica. De momento las respuestas a tantas preguntas -el famoso cuestionario de 38 puntos que fue enviado a cada país para preparara el sínodo- quedan en suspenso. Estas dos semanas, en el fondo la más ambiciosa operación de cambio de Bergoglio, han servido para abrir la caja de los problemas, pero nadie esperaba resolverlos. Ahora queda por delante un año para una larga guerra de posiciones.

(Publicado en El Correo)

Lui (46): un juez en Lourdes

La sentencia del juicio de apelación del ‘caso Ruby’ fue en julio una gran noticia para Silvio Berlusconi: le absolvió después de una primera condena a siete años de cárcel por abuso de poder y prostitución de menores. Sin embargo el texto de la resolución, difundido ayer tras el plazo de tres meses del que dispone el tribunal para redactarlo, es un nuevo varapalo moral y político para el exprimer ministro, si es que eso aún cuenta algo en Italia. Muy al estilo nacional, casi todo lo peor de este escándalo queda confirmado, pero no es penado por diferentes razones.

Los jueces dan por demostradas las famosas juergas eróticas del ‘bunga bunga’ en la mansión del entonces primer ministro en Arcore, cerca de Milán, donde se registraban “ejercicio de actividad prostitutiva” y “actos sexuales consumados públicamente”, como tocamientos y simulaciones. Demuestran la prostitución “las ingentes sumas de dinero en contante y las joyas entregadas por Berlusconi a las chicas que participaban en las veladas”, así como “los gastos que asumía por los inmuebles ocupados” por ellas. ‘Ruby’ participó en las fiestas y fue retribuida por ello con “una enorme suma de dinero recibida en un brevísimo lapso de tiempo”.

Si bien Berlusconi ha jurado varias veces que en su vida ha pagado por mantener relaciones sexuales con nadie, el tribunal da por hecho que el entonces jefe del Gobierno pagó en febrero de 2010 por acostarse con ‘Ruby’, la marroquí Karima El Mahroug, de 17 años. Fue a ocho fiestas en su villa y se quedó a dormir al menos dos veces, pero no se ha probado sin margen de duda que el ilustre anfitrión supiera su edad. Esto tumba el cargo de prostitución de menores.

En realidad esta imputación, siendo la más morbosa, sólo constituía un año de la condena de siete, el resto se debía a la célebre llamada de Berlusconi a una comisaría de Milán para que soltaran a ‘Ruby’, arrestada por robo, una noche de mayo de 2010. Argumentó la no menos famosa trola de que la chica era sobrina de Mubarak, el entonces presidente egipcio, y podía crearse un conflicto diplomático. El magnate siempre ha defendido que él lo creía de verdad, y así lo aprobó también su mayoría en el Parlamento italiano en una sesión memorable.

El fallo rechaza que, como primer ministro, Berlusconi efectuara una coacción sobre el jefe de la comisaría, pues no considera que hubiera intimidación o amenazas. Tampoco el funcionario obtuvo una ventaja, como exige la tipificación del delito, un detalle clave: se cambió meses antes de la primera sentencia, una polémica idea del Gobierno técnico de Mario Monti. Con el viejo artículo probablemente habría sido condenado. Los jueces señalan, en todo caso, que sí hubo un abuso de poder de Berlusconi, que entonces ya sabía a ciencia cierta la edad de ‘Ruby’, y que llamó “preocupado por el riesgo de revelaciones comprometedoras” de la joven. El comisario presionado actuó por “temor reverencial” al primer ministro, “excesivo obsequio” y “debilidad”. Pero nada de eso es delito.

Al final ‘Ruby’ no fue enviada a un centro de acogida, como había ordenado la fiscal de menores, sino entregada a una persona de confianza que envió Berlusconi. Resultó ser Nicole Minetti, exazafata televisiva que llegó a diputada regional de Milán enchufada en las listas, y que era precisamente quien le organizaba las fiestas sexuales.

El juez que presidía el tribunal, que incluye otros dos magistrados, presentó su dimisión el jueves tras entregar la sentencia. Es el señor del centro de la foto, se llama Enrico Tranfa, de 70 años, a 15 meses de la jubilación, y lo decidió tras un viaje a Lourdes.

(Publicado en El Correo)

Monólogo del desayuno

Pago más de 1.200 euros al año de comunidad, un escándalo, y seguro que en el periódico a veces piensan que les estoy timando. Nunca he sabido bien por qué, pero esta mañana me dice la portera que amenazan a todo el edificio con cortar la luz y el agua en unos días porque la mayoría de los vecinos resulta que no pagan. Ahora sé por qué pago lo que pago. Aunque si soy el tonto del barrio al menos algunos me podrían saludar en la escalera.

En Italia llevar una comunidad de vecinos es algo tan demencial que se contrata a un administrador externo, un oficio como otro cualquiera, despachos que llevan varios edificios. Son un Señor Lobo, como el personaje de ‘Pulp Fiction’,  que resuelve problemas. O los crea: en mi edificio hace unos años el administrador se largó con la pasta y luego se han sucedido varios que dimiten desesperados al cabo de unos meses.

El administrador es uno de esos oficios parásitos italianos que se benefician, y defienden, la kafkiana complejidad del sistema y su altísima litigiosidad. Sólo en Roma hay más abogados que en toda Francia. También está el no menos mítico “comercialista”, el asesor fiscal. Parece imposible vivir sin uno. Es alguien que entiende los arcanos misteros de la burocracia, está al día de los continuos cambios legales, conoce los trucos y los despachos y te lleva los papeles y la declaración de la renta. Ayer entré en el banco a pagar un impuesto municipal, yo solito, y se quedaron asombrados de que no tuviera “comercialista”. Intentaron convencerme de que era un cálculo complejo y debía afrontarlo yo solo con el temible módulo F24. Estuve media hora, pero lo conseguí.

De todos modos empiezo a pensar cómo organizarnos a breve plazo para vivir unos días sin luz ni agua, a los críos a lo mejor hasta les divierte.

Luego me entero de nuevos problemas en el colegio público de mi hijo: va por el cuarto profesor de italiano en un mes. Se van, los cambian, la dirección no tiene gente ni dinero para cubrir todas las horas. Muchos son precarios y vienen del quinto pino cada día. Es decir, con cada huelga o incidencia de transporte, varias veces al mes si no una a la semana, llegan tarde, si llegan. Cada mañana hay furiosas sublevaciones de padres en la puerta del colegio con conatos de toma del edificio. Hoy ha habido una bastante buena y, a  las ocho de la mañana, ya tenía mails de los padres con parrafadas interminables plagadas de detalles técnicos sobre el organigrama del centro y debates durísimos, porque luego cada uno tiene una opinión sobre cómo organizar el asunto. Algunos se rinden y cambian a los chavales de colegio sobre la marcha hasta que dan con uno bueno. Mejor dicho, con una clase con un maestro bueno dentro de un colegio regular, quitando si es posible el 70% de escuelas italianas con problemas estructurales, techos que se caen y esas cosas. Ah, hay 2.000 colegios construidos con amianto: 342.000 alumnos con riesgo de pillarse algo chungo. El ministerio calculó en 2013 que para reparar todos, al actual ritmo de inversiones, harán falta 110 años.

Empiezo a pensar en que a lo mejor debo cambiar a mi hijo de colegio, o ir  a uno privado, y empiezo a pensar en cómo haría para mandarlo a uno privado. Tal vez dejando de pagar la comunidad, como un vecino normal, aunque el niño haría los deberes con una vela y se ducharía en la fuente de la esquina, que por fortuna sigue funcionando. También debo pensar a quién conozco que me enchufe en uno privado, porque si no, ni loco.

Lo bueno de mi profesión es que luego abres el periódico y tus problemas te parecen pequeños, por cómo está Italia, por no hablar del mundo.  Y son sólo las nueve de la mañana.

También te llaman amigos de Roma y te cuentan otras movidas distintas, cada uno peleando con las suyas.

Menos mal que empiezo a pensar que es viernes, y qué bonita está hoy Roma, y que lo mejor es ir luego a comer a un buen sitio. Si me pasa esto un lunes no sé cómo me lo hubiera tomado. Aunque ahora me acuerdo que me toca trabajar este fin de semana, con esto del Vaticano que debaten, entre otras cosas, si los homosexuales son personas normales o no y si lo deciden este año o el que viene.

Se me acaban los recursos, así que mejor me voy al bar a tomar un café, ‘corretto’ (corregido: con lingotazo de aguardiente), que seguro que al final, no sé cómo, se arregla todo.

…Epílogo, añadido más tarde: en el bar me explican, cómo no me había dado cuenta, que hoy es viernes 17, que en Italia es como el martes y 13 y trae mala suerte. Basta esperar que pase y “tutto si mette a posto”, todo se coloca en su sitio.

 

Contraorden: la Iglesia ahora no se abre a los homosexuales

Si el sínodo sobre la familia que se celebra en Roma fuera un partido de fútbol se podría decir que el sector progresista ganaba el lunes 1-0, pero era sólo el descanso y no se sabe cómo terminará el marcador. El informe provisional sobre el debate, publicado ese día, arrojó sorprendentes novedades de apertura hacia las formas de familia ajenas al matrimonio católico. Sobre todo a las parejas homosexuales y no es exagerado decir que contenía frases históricas, como reconocer que sus miembros pueden prestarse “un apoyo precioso” y tienen “dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana”.

Como se podía prever el bando conservador contraatacó ayer con fuerza y algunas declaraciones de tono alarmante. En la sesión de ayer hubo 41 intervenciones que pidieron “aclaraciones” y “matizaciones” de la síntesis provisional. Algunos prelados han lamentado significativamente que no se menciona en el texto ni la palabra “pecado” ni la “ley natural”, y es cierto que son ausencias muy reveladoras del cambio de aires. El presidente de la Iglesia polaca, Stanislaw Gadecki, dijo que el documento “contiene errores, es inaceptable para muchos obispos y se distancia de las enseñanzas de los papas precedentes”.

Para variar algunos han echado la culpa a la prensa. El cardenal italiano Fernando Filoni admitió que “ha habido sorpresas al ver la reacción de los medios, perplejidad porque era como si el Papa hubiera dicho, o el sínodo hubiera decidido…”. El sudafricano Wilfried Fox Napier ha hablado de “interpretaciones equivocadas” del texto por parte de los periodistas y dijo temer que el mensaje transmitido sobre los gays “no sea verdad”.

En realidad hay otra áspera batalla interna por la gestión comunicativa del sínodo, con críticas abiertas a los resúmenes de las sesiones que hace cada día el portavoz vaticano, Federico Lombardi. Corre una teoría de la conspiración que ve un intento de deformar la visión del reparto de fuerzas del sínodo como si fuera mayoritariamente favorable a los cambios. El cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, conservador, insistió ayer en que la información del sínodo “es manipulada” desde dentro: “Hay un número consistente de obispos que no acepta las ideas de apertura pero pocos lo saben”. Advirtió que “todo esto debe terminar porque causa un grave daño a la fe”. Es más, dijo esperar un “pronunciamiento” de llamada al orden del Papa “que puede ser sólo de continuidad con la enseñanza de la Iglesia en toda su historia”. Probablemente puede esperar sentado. El malestar en este bando es agudo porque Francisco parece jugar en el otro equipo y se sienten en desventaja.

Los ánimos, en resumen, están al rojo vivo y el sector conservador, por primera vez, se siente bajo asedio. Con semejante presión el propio Lombardi precisó ayer, “a raíz de las reacciones que han seguido a la publicación y al hecho de que se le ha atribuido a menudo un valor que no corresponde a su naturaleza”, que el documento era sólo “un borrador”.

Sea una metedura de pata de alguien o una jugada táctica del bando reformista, lo cierto es que el mensaje de un insólito intento de cambio ha pasado. La verdad es que ya el lunes, en la presentación del texto, algo chirríaba. Preguntado por las menciones a los homosexuales el cardenal húngaro Peter Erdo, firmante del documento, pasó la palabra al arzobispo italiano Bruno Forte, secretario especial del sínodo. Dijo que ese párrafo era cosa suya, como quitándose el muerto de encima. Forte, encantado, se desmelenó con una defensa de las parejas de hecho gays que haría palidecer a muchos de sus colegas. Contra toda la línea tradicional vaticana, pidió “una codificación que pueda garantizar los derechos a las uniones homosexuales, es un tema de civismo y de respeto a la dignidad de las personas”.

La reacción conservadora tendrá efectos. Mañana habrá un segundo documento de actualización de la discusión, con enmiendas y correcciones, que tal vez suponga una marcha atrás en lo expuesto y empate las posiciones. Será interesante ver en qué recula. Los 191 obispos de todo el mundo que participan en este gran congreso votarán un texto final el sábado, que será entregado al Papa, y no sería raro que constituyera una vía intermedia de compromiso. El sínodo, por el alcance de la discusión, cada vez se parece más a un miniconcilio. El propio Papa pidió claramente un diálogo franco en el que todos dijeran sin miedo lo que pensaban, y ése es ahora, por primera vez en medio siglo, el problema.

(Publicado en El Correo)

La Iglesia se abre a los homosexuales

 

El sínodo extraordinario sobre la familia que se celebra en Roma, ideado por el Papa para dar un revolcón a la postura tradicional de la Iglesia sobre los controvertidos aspectos que la rodean, ha llegado a su ecuador con un claro indicador de cambio de aires. El tono y el debate son totalmente nuevos, contagiados por Francisco, como demostró ayer el primer informe provisional sobre las 265 intervenciones registradas que refleja una apertura general hacia las formas de convivencia fuera del matrimonio. La más notable, hacia los homosexuales, con palabras sorprendentes.

Por ejemplo: “Las personas homosexuales tiene dotes de y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿somos capaces de acoger a estar personas, garantizándoles un espacio de fraternidad (…) aceptando y valorando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica y el matrimonio?”. Partiendo del planteamiento básico de Bergoglio de no censurar ni aferrarse a la doctrina, sino priorizar la misericordia, el documento se limita a señalar que las uniones del mismo sexo no pueden “equipararse” al matrimonio entre hombre y mujer, y también expresa “una atención especial” hacia los niños de estas parejas, pero no va más allá en sus líneas rojas. Acepta como un hecho la relación homosexual. Es más, afirma que “sin negar las problemáticas morales se da constancia de que hay casos en los que el mutuo apoyo hasta el sacrificio constituye un apoyo precioso para la vida de los compañeros”. El texto original, en italiano, utiliza el término inglés “partner”. Nunca, de verdad, se había oído hablar así de los homosexuales en el Vaticano, que hasta ahora eran enfermos, cuando no degenerados, sólo se les podía convertir o ayudar con terapias y su relación iba contra la ley natural. Que, por cierto, ni se menciona en todo el texto, algo muy llamativo, porque es el pilar teórico en el que hasta ahora se apoyaba todo.

Es un cambio de registro histórico, dentro de un viraje general hacia la acogida de las familias “heridas” o “imperfectas”, separados, divorciados y parejas de hecho, que hasta ahora eran una amenaza para los valores cristianos y la estabilidad de la sociedad: “La Iglesia se dirige con respeto hacia ellos apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las carencias”. El texto admite que hay uniones ajenas al matrimonio católico, “con auténticos valores familiares”, y pide “decisiones pastorales valientes”. Se estudia cómo facilitar las nulidades y hay un gran debate para permitir la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar. En cuanto a los anticonceptivos, un callejón teológico sin salida cerrado con la encíclica ‘Humanae vitae’ de Pablo VI, en 1968, la Iglesia sigue insistiendo en la enseñanza de los “métodos naturales”.

Son días especiales en el Vaticano, porque se cuestionan conceptos inmóviles desde hace siglos, y de hecho algunos prelados, según contó ayer el relator general del sínodo, el cardenal húngaro Peter Erdo, han evocado “el espíritu del Concilio Vaticano II”, que renovó la Iglesia en los sesenta. También se parece por el encendido contraste de fondo que se advierte, y se muestra sin tapujos, entre un sector progresista y otro conservador, que ve los posibles cambios con preocupación, porque además el Papa los ampara. Hay cierta tensión de fondo. Cardenales de uno y otro bando se replican con entrevistas con puntos de vista muy opuestos, se evapora esa meliflua homogeneidad de la jerarquía y no se debe descartar ahora una fuerte reacción para frenar estas posibles aperturas.

Se están dando reacciones insólitas, como la de Rogelio Ricardo Livieres, el arzobispo de Paraguay destituido el mes pasado por el Papa por encubrir un cura pederasta. Livieres, miembro del Opus Dei, ha alertado del peligro “de una gran cisma” por los “vientos nuevos que soplan en la Iglesia y que no pertenecen al Espíritu Santo”. No habla sólo de su caso, sino de las aperturas que discute el sínodo, un síntoma de las grietas que se abren en algunos sectores: “Lo que antes estaba prohibido y era una desobediencia contra la ley de Dios ahora podría ser bendecido en nombre de su misericordia”. El Opus Dei, que reafirma su “total unión” con el Papa, ha rechazado las palabras “muy equivocadas” de Livieres y afirmó que son “de su exclusiva responsabilidad”.

Pero es que el debate es anómalo porque el propio Francisco deja caer lo que piensa un día sí y un día no. Como ayer, en su misa de la mañana, hablando de un pasaje del evangelio: “Los doctores de la ley estaban encerrados en su sistema, habían organizado la ley muy bien, todos los judíos sabían lo que se podía hacer y no hacer. Lo que hacía Jesús era extraño y peligroso, ir con los pecadores, estaba en peligro la doctrina, que habían hecho durante siglos. Habían olvidado que Dios es también el Dios de las sorpresas, siempre nuevo”.

Tras la asamblea general de la semana pasada, esta se trabajará en círculos menores y se votará un documento final el sábado. Seguirá un año de discusión en las parroquias, para culminar en otro sínodo en 2015.

(Publicado en El Correo)

Diario mínimo (114)

Sentencia después de 80 años sobre un litigio de tierras

Un litigio de tierras iniciado a las once de la mañana del 30 de junio de 1934 ha terminado por fin esta semana. Después de más de 80 años la comisaria para la liquidación de usos civiles en las regiones de Campania y Molise, Anna Maria Allagrande, ha dado la razón a la familia De Falco: son realmente suyas las 10 hectáreas de tierras que reclamaba por derecho feudal el ayuntamiento de Arienzo, en Caserta. Tras una interminable serie de pericias e informes técnicos contrapuestos, búsquedas laberínticas en archivos, recursos y aplazamientos, ha aclarado definitivamente la cuestión el folio 496 del catastro francés de 1801 de José Bonaparte, en la época del Reino de Nápoles, así como documentos de propiedad que se remontan a 1536.

El abogado defensor, Amedeo Passaro, autor de este triunfo histórico, ha declarado lo siguiente: “Se trata de un caso muy interesante que, sin duda, denota los mecanismos infernales de la determinación de la verdad procesal pero también es un extraordinario ejemplo de análisis histórica”. Concluye con una cita filosófica: “Como dice Heidegger, las vías que llevan a la verdad son las mismas que conducen al error, por lo que la Justicia italiana es lenta, pero difícilmente comete errores”.

(La Repubblica, 11 de octubre de 2014)

Mafiosos en el despacho del presidente

Estaba cantado que habría escenas indigestas en el tortuoso proceso de la ‘Trattativa’, el histórico juicio sobre los presuntos pactos secretos entre el Estado italiano y la cúpula de la Mafia siciliana en los noventa. Se ha armado un gran lío cuando le ha tocado prestar declaración al presidente de la República, Giorgio Napolitano. Aunque se ha resistido, el jefe de Estado al final deberá responder preguntas el 28 de octubre, aunque gracias a sus privilegios lo hará en su despacho a puerta cerrada. Todo bien hasta que Totó Riina, el más sanguinario capo de Cosa Nostra, y su lugarteniente Leoluca Bagarella, pidieron estar presentes, derecho que les corresponde como imputados. Sería en videoconferencia pero la sola idea de que los dos capos entraran, virtualmente, en el palacio del Quirinale, sede de la presidencia de la República, y pasaran el rato de tú a tú con el jefe de Estado ha creado una enorme polémica. Más aún cuando la Fiscalía se mostró a favor el martes pasado. Al final el tribunal rechazó el jueves la solicitud y salvó las apariencias.

Lo cierto es que esta escandalosa imagen de contigüidad entre las altas esferas y la cúpula mafiosa es la que ofrece el mismo proceso, ahora sólo se hacía mucho más nítida. Se sientan en el banquillo grandes capos de los Corleoneses, amos absolutos de Cosa Nostra desde los ochenta, y varios altos cargos de gobiernos pasados y de las fuerzas de seguridad. Según la acusación, distintos interlocutores, y también Marcello Dell’Utri, mano derecha de Silvio Berlusconi que entonces entró en política, entablaron negociaciones en medio del pánico institucional de 1992 y 1993 para intentar parar los grandes atentados de Cosa Nostra. A cambio, la Mafia habría obtenido concesiones penitenciarias. De hecho en dos años se sacó a más de 800 reclusos mafiosos del régimen duro de aislamiento.

Napolitano tiene qué explicar si sabía algo de estos tejemanejes, pues todo un exministro de Interior, Nicola Mancino, también imputado, llamó alarmado al Quirinale durante la instrucción del caso, entre 2011 y 2012. En unas conversaciones grabadas entre Mancino y un hombre de confianza de Napolitano, Loris D’Ambrosio, el exministro pedía ayuda para que le salvaran del proceso. Al final logró hablar cuatro veces con el presidente de la República. No se sabe qué se dijeron, porque el tribunal impidió el uso de la grabación, por la inmunidad del jefe de Estado. Pero sí se divulgaron en la prensa las llamadas con D’Ambrosio, que no soportó la presión y falleció de un ataque al corazón en 2012. Antes de morir D’Ambrosio escribió una carta a Napolitano en la que lamentaba haber sido “un escudo de indecibles acuerdos”. Sobre qué quería decir le preguntarán a Napolitano el 28 de octubre, aunque ya ha adelantado que no tiene gran cosa que declarar. Mancino, por su parte, también había pedido estar presente en el interrogatorio, como Riina y Bagarella (Riina, foto de arriba; Bagarella, abajo, más antigua).

Las sombras y presiones sobre el juicio, que le rodean desde el primer día y que no parten sólo de la Mafia, sino también del otro lado, no dejan de aumentar. De entrada, como argumentó la Fiscalía, rechazar la videoconferencia de los dos capos en el Quirinale puede ser objeto de un recurso en el futuro ante el Supremo, por vulneración del derecho a la defensa, que tumbe todo el proceso al cabo de unos años por vicios formales. Más inquietantes son las amenazas al fiscal general de Palermo, Roberto Scarpinato. El mes pasado alguien entró en su despacho, teóricamente protegido con grandes medidas de seguridad, y dejó una carta con amenazas de muerte, dándole detalles muy reservados de su vida privada. Cuando la Policía buscó las imágenes de vídeo de la vigilancia habían sido borradas. Scarpinato, Nino Di Matteo y el resto de fiscales, raramente reciben muestras de solidaridad oficial y sufren un total aislamiento institucional.

(Publicado en El Correo)

Renzi, el mago Merlín y el despido libre

 

En el habitual circo de alaridos y numeritos, el Senado italiano aprobó anoche, a eso de la una y pico de la madrugada, la reforma laboral de Matteo Renzi (en la imagen, con la selección femenina de voleibol). Como casi todo con este Gobierno, fue de aquella manera. Es un texto vago que debe pasar a la Cámara de Diputados y concretarse en un decreto. Los matices son lo de menos, el objetivo era que el primer ministro llegara a la cumbre de trabajo de la UE de ayer en Milán “con la cabellera en mano”, como se ha dicho en Italia, en plan apache. Y así fue, porque a media tarde ya se daba por aprobada.

La reforma laboral -’Jobs Act’ en palabras de Renzi, que siempre prefiere el inglés y todo lo que suene a Obama, además de la camisa blanca- es una de sus promesas y su baza para convencer a Bruselas de que hace los deberes. Se la piden a Italia desde hace años y tanto Angela Merkel como el FMI estaban ayer satisfechos. La reforma, entre otras cosas, perfila un despido prácticamente libre, un cambio histórico en Italia, y un nuevo contrato indefinido de “tutela creciente”, que protege al trabajador según su antigüedad. En teoría creará 83.000 empleos en un país con un 44% de paro juvenil.

Los matices, sin embargo, dicen mucho de cómo funciona Renzi. Amparado en la emergencia y en su aura de ser la última esperanza antes del caos ha forzado enormemente la máquina. Ha tramitado la reforma de modo inusual, con un tipo de ley que da carta blanca al Gobierno para escribirla (llamada ‘delega’), tan sólo debe esbozar de qué va a ir. Luego pidió el voto de confianza, fórmula que elimina las enmiendas -eran 700- y da vía libre al Ejecutivo por las buenas. Sin embargo es otra anomalía solicitarla para un delicado asunto  de consenso como los derechos laborales. Y ya ha hecho lo mismo con el 75% de las leyes que ha aprobado, un récord que casi dobla la marca del Ejecutivo de auténtica emergencia de Mario Monti en 2012, con el país al borde del abismo por la prima de riesgo. Por si fuera poco Renzi cambió el último día todo el texto (‘maxiemmendamento’ es el palabro), porque va como una moto saltando obstáculos sobre la marcha. El debate en el Senado, de hecho, empezó el martes de forma surrealista sin que nadie lo conociera: “¿Qué somos, el mago Merlín?”, se preguntó un senador ante la idea de discutir de algo que no se sabe lo que es. En los telediarios te decían a pelo que el Senado “debate el maxienmendamento sobre la delega del Jobs Act”, y vaya usted a saber qué demonios significa eso. Porque las imágenes eran unos señores forcejeando y tirando papelotes por el hemiciclo.

El gran símbolo de la reforma ha sido cargarse el famoso artículo 18 del estatuto de los trabajadores, que desde 1970 obliga a la readmisión del empleado despedido injustamente. Se quiere limitar a casos de discriminación y dejarlo en una indemnización. “Es un tótem de la izquierda”, ha dicho Renzi con desdén, líder del Partido Demócrata (PD), que se supone que es el viejo partido comunista. De hecho la vieja guardia del PD es la principal oposición al Gobierno, una de esas paradojas tan italianas, y Renzi siempre teme “emboscadas” de los suyos en el Parlamento. Debe recordarse que el jefe del Ejecutivo no ha pasado por las urnas y esto no estaba ni de lejos en el programa del PD.

En cambio, en es te undo al revés Renzi cuenta con el apoyo explícito de su socio de Gobierno, el Nuevo Centro Derecha (NCD) de Angelino Alfano, exdelfín de Berlusconi, y casi más y mejor con el respaldo silencioso del propio magnate, que finge estar en la oposición pero tiene un pacto secreto con Renzi. Del que siiguen sin saberse los detalles. Cuando se reúne a puerta cerrada con Berlusconi nunca se hace un ‘selfie’,no, y tampoco hay ‘diretta stremaing’, es todo muy misterioso.

Lo cierto es que la derecha jamás logró tocar el artículo 18. A Berlusconi los sindicatos le montaron una manifestación de tres millones de personas en el Circo Massimo. Monti también acabó reculando. Pero Renzi pasa de los sindicatos. En 1993 una gran negociación sobre los costes laborales y los salarios llevó 40 días. Esta vez Renzi lo ventiló el martes en una hora, mirando el reloj, y dejando claro que iría adelante con ellos o sin ellos. Dos centrales cedieron y otra, la principal, CGIL, saldrá sola a la calle.

El caso es que después de tanta bronca el texto de la reforma por fin se conoció ayer… y ni aparecía el artículo 18. Los detalles sólo se sabrán cuando el Gobierno apruebe el decreto, y tiene seis meses. Será ya para 2015, pero así Renzi ha podido sacar pecho ante Bruselas. Vive a golpes de efecto. Su popularidad ha caído nueve puntos en tres meses, aunque sigue al 53%, por esa sensación creciente de que abre muchos frentes y no cierra ninguno. Con la reforma laboral, de hecho, habrá que ver cómo acaba todo.

(Publicado en El Correo)

Italianos geniales (3): Danilo Dolci

El Gandhi siciliano, Danilo Dolci, es un personaje único, genial en su idea de usar la no violencia para combatir a la mafia y, sobre todo, la pobreza crónica de Sicilia. Aunque su padre era un maquinista de trenes siciliano él nació, por sus traslados, en la otra punta de Italia, cerca de Trieste, en un pueblo que ahora es Eslovenia. Era 1924. Tampoco su formación tiene nada que ver con lo que hizo luego, porque acabó como un gran sociólogo y pedagogo italiano, escritor y poeta. Estudió en Milán para aparejador y tras la guerra cursó arquitectura, pero lo dejó todo por irse a una comunidad agrícola de pobres fundada por uno de esos curas anárquicos italianos, Zeno Saltini. Cambió su vida e indignado por la miseria en 1952, con 28 años, decidió hundirse en la Sicilia profunda, a cambiar el mundo desde abajo.

El lugar fue Trappeto, un pueblucho de 2.000 vecinos en la costa entre Palermo y Trapani, donde había vivido de niño. Desde allí inició un auténtica revolución, hasta su muerte en 1997. Contra la mafia y la injusticia usó, por ejemplo, el ayuno. Fue lo primero que hizo nada más llegar: ocho días de huelga de hambre en casa de un matrimonio que acababa de perder a su hijo por desnutrición, una historia que empezó a dar noticias de un loco que denunciaba los horrores tercermundistas sicilianos, como la explotación de los jornaleros y la plaga del trabajo infantil. Después se casó con una vecina abocada a la pobreza, una viuda con cinco hijos –luego tuvo cinco más con ella, más dos con una sueca con la que se lió después, pero eso es otra historia-. Dolci se instaló en una chabola y abrió una escuela, un núcleo de casas que acabó llamándose Borgo di Dio.

 

Desde allí empezó a armar lío, convencido del poder de la palabra y de la cultura. La gente, los campesinos, los pescadores de la zona, hasta entonces dejados de la mano de Dios, se volcaron con él. En su desafío a las autoridades tuvo una idea brillante, una huelga al revés organizada en 1956 en Partinico: si los trabajadores paraban para protestar, los parados protestarían trabajando. Con centenares de desempleados se puso a reparar una carretera municipal abandonada. Dolci fue arrestado y condenado a dos meses de cárcel por ocupación del suelo público. El proceso, en el que al final fue absuelto, tuvo un gran seguimiento en todo el país.

Se convirtió en un subversivo inclasificable atacado incluso por la Iglesia católica. En 1966 fue el primero en alzar la voz públicamente contra la mafia, en años en los que aún era un auténtico tabú. Se metió a investigarla en serio y lanzó graves acusaciones de connivencia contra un ministro democristiano siciliano, Bernardo Mattarella. Se abrió un juicio que se quedó en nada, pese a los graves indicios que salieron a la luz, pero él acabó condenado a dos años de cárcel por difamación, aunque le indultaron.  En 1970, durante dos días, abrió la primera radio libre de Italia, en la que denunció la indecente situación  de las víctimas del terremoto de Belice, en Sicilia, de 1968. Apareció la Policía y se la cerró.

Dolci también se ganó respeto y fama de intelectual de acción con impactantes libros de denuncia. En 1955 el gran filósofo y politólogo Norberto Bobbio le hizo un elogioso prólogo de ‘Banditi a Partinico’, una mezcla de datos sociológicos rigurosos y fascinante reportaje de testimonios que retratan la miseria de la Sicilia rural, vidas sometidas al crimen y los abusos. Escribió Bobbio: “Tras leer estas páginas, escuchad la resonancia siniestra o irónica que adquieren en vuestro ánimo palabras como democracia, justicia, derecho, ley”. Fue una bofetada para una Italia subida al tren del progreso y conmocionó a Sartre, Bertrand Russell y el Abate Pierre, entre otros. Al año siguiente fue más allá y demostró que el drama también estaba en la ciudad, en Palermo. En ‘Inchiesta a Palermo’ (Investigación en Palermo) entrevistó a 500 personas de barrios pobres con diez preguntas muy simples. Primera: “¿Tiene trabajo?”. Otra: “¿Cuándo no trabaja, cómo come?”. Un total de 324 dependían de la ayuda de amigos y familiares o buscaban hierbas en el campo. Parece un reportaje de un remoto suburbio indio. Dolci se atormentaba con la pregunta clave: ¿por qué tanta gente tiene una vida tan dura pero no logra organizarse en una mayoría y cambiar su existencia? Dedicó su vida a darle respuesta.

 

Este libro terminó de convertir a Dolci en un símbolo que atrajo a su pueblo de Sicilia a cientos de jóvenes idealistas de Italia y del resto del mundo, a ayudarle como voluntarios. También acudieron muchos intelectuales a mostrarle su apoyo y darle visibilidad. Llegó dinero para cultivar tierras, construir diques y sistemas de regadío. Nació un gran proyecto educativo para cientos de niños de la comarca, con laboratorios de arte y música. Dolci puso en marcha lo que llamó “mayéutica recíproca”, el método de Sócrates mejorado con la experiencia colectiva: en vez de llenar a los chavales de enseñanzas buscaba que las descubrieran a través del diálogo, compartiendo sus vivencias, para sacar a la luz lo mejor de sí mismos. Para darles confianza en sus fuerzas, hacerles ver que allí, en ese agujero negro, tenían lo que necesitaban y se bastaban por sí solos, sin esperar ayuda de nadie. Aldous Huxley, en el prólogo de ‘Inchiesta en Palermo’ resumió así la figura de Dolci: “Sin caridad, el conocimiento tiende a carecer de humanidad; sin conocimiento, la caridad está destinada demasiado a menudo a la impotencia. En una sociedad como la nuestra a un nuevo Gandhi o a un moderno San Francisco no le basta tener compasión y benevolencia. Necesita una carrera científica y conocer una docena de estudiosos. Sólo frecuentando el mundo del cerebro, no menos que el del corazón, el santo del siglo XX puede esperar alguna eficacia. Danilo Dolci es uno de estos modernos franciscanos con una carrera”.

En la imagen, Danilo Dolci con Peppino Impastato, el periodista asesinado por la Mafia con 30 años en 1978, durante una ocupación de tierras.

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