Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Gracias de corazón a todos por sus palabras que, sin embargo, tienen un grave inconveniente: me han animado a seguir, con evidente riesgo de equivocarme.
Sin movernos del terreno de lo imposible, quería mencionar el apasionante fenómeno de la elasticidad temporal en Italia. También aquí es fácil que me pierda, así que partiré de lo más concreto para intentar terminar Dios sabe dónde, en el infinito y más allá, como en ‘2001, una odisea del espacio’.
El uso del gerundio en italiano, en algunos casos, eleva a una categoría desconocida el sentido de este tiempo verbal. Por lo generoso. Se supone que indica una acción que se está realizando y eso es precisamente lo que sobreentiende un romano a quien se espera durante media hora en una cita y responde al teléfono: «Sto arrivando» (Estoy llegando). No hay que equivocarse. Con escaso margen de error, en la mayoría de las ocasiones lo que quiere decir es que está entrando en la ducha, si hay suerte, y así hay que interpretarlo.
La literalidad en italiano está mal vista, como un exceso de celo. Se debe dejar un margen a la ambigüedad, que permite el juego. Es además mucho más práctico y real para vivir en movimiento, en el río imparable de la vida. Las referencias, sean reglas u horas, son portátiles. También te pueden cobrar cada día una cosa en el bar o en la carnicería, sin llegar nunca a aferrar el criterio regulador. La gente pide descuentos en los sitios menos pensados y a veces se los dan. Absolutamente todo puede dejarse para otro día en el último momento, hasta lo más sagrado, desde un juicio a unas oposiciones, y no digamos una votación decisiva del Parlamento o una intervención quirúrgica. Hasta el inicio de la liga, y con eso está todo dicho. Por ejemplo, hoy se ha decidido, de repente, cambiar la cumbre del G-8 de Cerdeña a L’Aquila, después de dos años de preparativos y a sólo dos meses y medio de la cita. Y que la nueva encíclica del Papa vuelve a retrasarse hasta junio. 'Slittare' (resbalar) y 'rinviare' (aplazar) son los verbos más socorridos y utilizados. Todo 'slitta', todo resbala. Es un país flotante. Además de tener una ciudad acuática e imposible, Venecia.
Lo público, como hemos intentado explicar, se suele descuidar porque no es de nadie. Se adapta a las necesidades personales. En su aplicación al reloj, esa peculiar concepción del tiempo, cuyo uso queda al albedrío de cada cual, está perfectamente reflejada en el cartel del horario de una vieja librería de Via del Pellegrino, en el centro de Roma. «Mañanas: incierto variable. Tardes: de 16.00 a 20.00 (seguro). Tardes de sábado: sólo en los meses no cálidos». Y añade: «En cumplimiento de la convención de Ginebra de 1949 este establecimiento se abstiene de abrir los domingos». En otra tienda suele haber un cartel que dice: «Torno prima o poi» (Vuelvo antes o después). Yo estoy totalmente a favor.
Esta dilatación de las reglas de convivencia, en función de las pequeñas vicisitudes de cada uno, hace que todo sea imprevisible o se retrase. Porque, como repetimos, el centro es el hombre, no el sistema, que es inhumano por definición y exigencias de funcionamiento. Si coincide que ese hombre es uno mismo es una bendición del cielo. Cuando se forma parte del sistema es para desesperarse. Pero eso mismo hace que en este país todo sea posible, para bien y para mal. Todos los que vivimos aquí, como el replicante rubiales, hemos visto cosas que vosotros no creériais. Ferrys que retrasan veinte minutos la salida para esperar a una señora que llega tarde y avisa por teléfono para que la esperen. Revisores que se apiadan de viajeros sin billete y les dejan viajar gratis en primera clase. Aviones que se abren cuando están cerrados. Policías que te cuelan sólo porque estuvieron una vez en España y se lo pasaron muy bien. Profesores que te aprueban porque les caes simpático. En ese sentido es un país mágico. Triunfan los sentimientos, como en las películas. En otro lugar de Europa uno se daría por jodido, pero la individualidad italiana, su sentido de la solidaridad y la extrañeza ante las reglas o estructuras superiores a lo que ocurre aquí y ahora abre espacios impensables. Uno cuenta siempre con poder forzar, aunque sea un poquito, los márgenes instituidos. Se vive más despreocupado. Pero también, y esta es la parte mala, se abren espacios inimaginables cuando a uno le toca chocar irremisiblemente con la ineficacia del sistema. Cualquiera tiene también historias terroríficas para no dormir.
Veamos, como intermedio, las peripecias del pobre Fantozzi, el gan Paolo Villaggio, para cobrar la pensión. Últimamente teníamos un poco olvidado a nuestro héroe, prototipo del italiano puteado, explotado y sufridor, y eso no puede ser, es mascota entrañable del blog:
El tráfico es un ejemplo clásico y aquí ya podemos estar rozando el tópico. Los italianos se saltan las reglas continuamente, pero conducen muy bien y, respetándolas, quizá la circulación quedaría colapsada. Ya hemos contado que un día hubo huelga de mantenimiento de semáforos en Nápoles, los apagaron todos y el tráfico fluyó con toda normalidad como un día cualquiera. En Roma uno puede cruzar la calle por donde le dé la gana, basta mirar a los ojos al conductor que viene lanzado. En nueve de cada diez casos el automovilista se parará sin enfadarse y te dejará pasar, aunque sea en hora punta y tenga encima siete autobuses. Da igual lo que diga el código de circulación para esa situación concreta y quien tenga la razón según las normas. Es más humano pactarlo entre dos personas sobre la marcha. El italiano es comprensivo y tiene un afinado sentido de la piedad. Es extremadamente civilizado en lo privado, aunque el uso de lo público dé una impresión de barbarie. Basta ver lo sucia que está Roma. Un conocido me contó que, pasando por un paso de cebra, un motocilista lo esquivó a toda velocidad y con el clásico sarcasmo romano le gritó mientras se alejaba:
-Aoooo, ¿pero es que crees que estás en Londreeeeees?
Las reglas y leyes fluctuantes pueden causar muchos problemas al recién llegado, porque se cree todo y aún funciona con esquemas normales. En este sentido aterrizar en Italia puede ser una pesadilla. Lo sabe cualquier corresponsal. El teléfono, la luz, abrir una cuenta, cualquier trámite burocrático parece un obstáculo insuperable porque, en general, uno llama y aparece una persona que le dice que necesita 17 documentos distintos y hasta su carta astral, en copia compulsada. Aunque sea para hacerse la tarjeta del supermercado. Ese empleado o funcionario lo suele hacer porque no tiene ni idea, o no se acuerda, o las reglas cambian cada mes y, para asegurar, pide todo lo que se le ocurre. Se castiga al ciudadano sin piedad. Lo mejor en estos casos es mi ‘técnica del concurso’: llamar dos o tres veces a empelados distintos y elegir la respuesta más sencilla, pues tras algunos intentos suele aparecer otro dependiente que simplemente pide una fotocopia del carné de identidad. Esto entre gente que trabaja en la misma oficina, imaginen coordinar un país. Las centralitas telefónicas delirantes de la modernidad, especializadas en marear al consumidor, no han hecho más que disparar este fenómeno.
Aquí tocamos otro punto insondable, en el que por hoy no nos adentraremos, que es el amor al papeleo. Por antigüedad decimonónica Italia es el reino del matasellos, el timbre y el formulario recortable. Pero yo atribuyo a esa desconfianza hacia lo abstracto y al creer sólo en lo que se ve un amor realmente desmedido por el fax. Aunque en el resto del mundo occidental esté en desuso los fabricantes pueden dormir tranquilos mientras exista Italia. Hacer las cosas por Internet les suena a chino y una voz al teléfono es un eco en el espacio. Mande usted un fax, es siempre la respuesta. Se siente el vértigo temporal de un país que vive en otra época. Con la burocracia los tiempos son eternos, otra dimensión del tiempo. Tras la impaciencia inicial se entra en una especie de estado de desinterés, de desapego espiritual y se deja de esperar. Es lo más parecido que conozco a la ataraxia, una serenidad imprevisible que, paradójicamente, Italia proporciona por saturación. Otra lección de vida.
Como todo resbala, o se pospone, o depende de las circunstancias concretas, nadie cree demasiado en nada, cosa que ya hemos dicho. Todos estos retrasos y agujeros en el tiempo que repetimos pueden ser defectos, pero según como se mire son comodidades y, ayayay, como tales son muy contagiosas. Suecos, españoles o alemanes cuadriculados que llegan quejándose de todo al final se ‘italianizan’ totalmente, porque en cierto modo la suya puede ser una forma de vida más saludable. El extremo es que incluso se llega a desear que no se cumpla lo anunciado, como cuando uno era pequeño y la noche anterior a un examen soñaba con una repentina nevada que bloqueaba la ciudad o un ataque marciano. En Italia esos milagros son perfectamente posibles. Todo puede saltar a última hora. Es más, la gente se organiza a veces deseando o dando por sentado que las cosas no serán a la hora establecida. Es más, si es así, a veces se causan trastornos, pues la puntualidad puede llegar a ser juzgada como una exageración, una falta de flexibilidad que es casi vista como no saber vivir. A mí me han reñido por llegar a la hora a cenar a una casa donde estaba invitado, porque ni habían empezado a cocinar.
En medio de este desmadre, insisto, se yerguen ciudadanos rectos integérrimos, hastiados pero aún en pie, que son como esculturas vivientes al héroe desconocido, luchando contra viento y marea sin la menor posibilidad, creo yo, de éxito ni de cambiar nada. Con la gente que todavía cree en los Reyes Magos y los lectores de periódicos son los últimos románticos de este mundo.
Uno de los más grandes ejemplos de alegre elasticidad temporal es el que plantea ‘Non ci resta che piangere’ (No nos queda más que llorar, según mi traducción, 1984), legendaria película de Massimo Troisi y Roberto Benigni, dos monstruos de la humanidad. Interpretan a dos bedeles de un instituto que se quedan dormidos en el coche mientras esperan ante un paso a nivel. Cuando despiertan están en el Quattrocento. Y ya está, así de fácil. Sus aventuras para intentar regresar al presente son memorables. «¡Recordad que debéis morir!», les dice un fraile de la Inquisición, y Troisi responde: «Sí, sí, ahora me lo apunto...». Uno de los mejores momentos es éste, en el que encuentran al mismísimo Leonardo Da Vinci:
Sinopsis: Para los que no dominen el italiano será largo, porque el humor de Troisi y Benigni está en su forma de hablar, sin acabar las frases. Pero haremos el esfuerzo por el cine, qué demonios. Lo traduzco casi literalmente para quien no comprenda bien.
Nuestros héroes, un napolitano, Troisi, y un toscano, Benigni, cada uno retrato de sus rasgos autóctonos, encuentran a Leonardo Da Vinci. Se acercan y empiezan a discutir. «Mira, le decimos, nos hace falta esto, esto y esto, ¿nos lo puedes construir?», dice Troisi. «Pero no, a él qué le importa, imbécil, él tiene que pensar que somos dos científicos, tenemos que despertar su curiosidad, decimos cosas que le dejan impresionado».
Pasan al lado y Troisi dice haciéndose el interesante: «¿Pero nueve por nueve serán 81?». Benigni le sacude: «¡Hemos terminado con Leonardo, vas con la tablita de multiplicar a Leonardo Da Vinci! ¡Cosas científicas! Déjame hablar a mí». Vuelven. Empieza el diálogo:
-En la naranja está la vitamina C...
-¿Quiénes sois?
-Somos... dos... digamos colegas... somos también ingenieros, científicos, descubridores, hemos hecho un montón de patentes, inventamos, hacemos un montón de cosas...
-¿Qué está haciendo?
-Un experimento con las palas y el agua...
-¿La corriente?
-La corriente... la corriente es... peligrosa, peligrosa, te arrastra, si usted intenta nadar contracorriente, nada, no lo consigue... peligroso... no para los ingenieros, sino para el que nada...
-Oiga, nosotros queríamos desarrollar estas cosas científicas que hemos dicho con usted, si tiene un poco de tiempo...
-Podemos hacer una consulta... entre inteligencias...
-Vamos, vamos a la tienda estudio.
En la tienda:
-Bueno Leonardo, no hay que perder tiempo. Estoy emocionado porque es la primera vez que... Entonces... Nosotros, las cosas que te hemos dicho antes, estos conceptos científicos, hay que construir sobre esto, aparatos...
-Nosotros sería como, como decir, que nosotros metemos las ideas, trabajamos con la inteligencia, tú construyes, ta, ta, lo que salga al final, faltaría más, se divide a la mitad... bueno, 33, 33 y 33, mejor dejar claro estas cosas que... Bueno, te explica él.
-Bueno, a ver alguna de estas invenciones que tenemos en el archivo... ¡La gente va a pie o va a caballo! No es verdad, hay otra manera, el tren. El tren está construido así Leonardo: dos vías, más fácil y se muere... pero dos vías largas, puedes llegar a África, no te preocupes, dos trozos de hierro, los sabéis construir ¿no? De hierro, duro, con cosas de madera dentro, y vas donde quieras, das curvas, subes, bajas,... Bueno dibujo peor que usted, perdone si me permito... Zas y zas, esto son las vías, la madera, y encima está el tren, todo de hierro, el humo que sale, tuf, tuf... ¿Cómo funciona? Se tira la leña en la caldera, el calor desarrolla energía y...
-¿Entonces va con una chimenea?
-No, no, es un mecanismo diverso...
-Echando leña se mueve...
-Bueno, otra cosa... ¡El obrero! ¡Marx! El capitalista explota al obrero, que no sabe que es un obrero, la conciencia de clase... la huelga ¿Cuánto me quieres hacer trabajar? ¡Hago la huelga!... Ehhh, ¡Freud! Dice esta mesa ¿qué es? El lapsus freudiano, tu madre te gustaba, complejo de Edipo, el inconsciente... Buuff.
-Perdona, Leonardo, una cosa simple, facilísima, el termómetro. Una cosa de cristal, mercurio, todos los numeritos, sirve para saber si tienes fiebre, te lo pones aquí, o en la boca. Si el mercurio llega a 35...
-¡Débil!
-Débil, mírame a mi.
-36, normal, 37.... eehh
-Rojo, rojo, lo ha tenido mi hermana...
-Rojo, un poco de fiebre, 38 un poco más, tienes que quedarte en casa, no sales, qué frío, una cosa... 41, 42, rojísimo, al hospital...
-¿35?
-Exacto, 35, débil, te sientes...
-¡38!
-38... ¡Leonardo! No, lo ha dicho antes, bueno, gracias, nada, nos vamos... Si quieres quedarte, quédate, yo me voy...
-Escúchame Leonardo, con calma, si nos ponemos... ¡El semáforo!
Pasa la tarde. Cae el sol.
Benigni vuelve y Troisi le está enseñando otra cosa.
-¿Entendido? No, no me digas que entiendes y luego no has entendido nada, ¿por qué no me lo dices: no, no he entendido, explicámelo otra vez?
-He entendido.
-Sí, pero pones un cara... Vamos a probar. Atención. Cojo cuarenta cartas, ta, ta, barajo, corto...
-¡Cortas para no hacer trampas!
-Eso es, muy bien. Tres cartas a ti, tres para mí... En la mesa... ¡Atención Leonardo, no me hagas...! En la mesa settebello (el siete de oros), as de oros y ocho de espadas. Tú tienes el ocho de bastos, ¿qué coges?
-¡Settebello y as de oros!
-Muy bonito ¿ves cómo no has entendido nada y dices que sí? ¡Si tienes un ocho tienes que cogerlo!
-¿Pero por qué?
-¡Mamma mía! ¡Porque es una regla!
-Venga vamos, déjalo.
-¡Ni siquiera la escoba, es que es una cosa...!
-Arrivederci, maestro, gracias.
-Arrivederci, maestro, pero mamma mía...
Desde luego, qué cabezón este Leonardo. Las reglas son las reglas.
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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24 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Jabi dijo
Italia es grande Iñigo.. tu también por trasladárnoslo de esta manera. Un abrazo
uno que tal dijo
Iñigo!
Aqui un fiel lector... Te tengo un poco abandonado ultimamente, pero hoy ando leyendo los ultimos articulos que te has marcado y estoy ciertamente encantado. ¡No pares, por favor, de hablar asi de Italia!
Pareces Chesterton.
Un abrazo desde Madrid
P/D.- Por cierto... Soy amigo de Paz Sansebastian, ¿sabes si sigue en Brescia? ¿Como anda?
Juan dijo
Genial, Íñigo. Si algún día estás que no sabes si escribir o no un artículo y tenemos que hacerte la pelota para que lo hagas, avisa, yo encantado.
Anónimo dijo
Hola Íñigo,
En contra de lo que dicen algunos en tu contra, a mí, que me están empezando a caer un poco gordos los italianos, me es suficiente leer tus posts para volver a apreciarlos.
Hace unas semanas recomendaste a Montanelli y leí sus memorias, que no es exactamente lo que buscaba (una historia de la política italiana desde la II Guerra Mundial), pero que ha merecido la pena. Una lástima que la derecha italiana se haya alejado de gente como él y que la izquierda haya desaparecido: Italia, que siempre hacía gracia, está empezando a dar miedo.
Esa dijo
Sobre las colas italianas se podria escribir un tratado. Por no hablar de la solidaridad entre usuarios de frente a la ventanilla del empleado, cuando tienes la mala suerte de que te toca el intransigente al que tienes que presentar la copia del certificado de la bula papal controfirmada por el embajador y a ser posible por Juan Carlos en persona. Ha pasado a la historia el follon que monté en la ventanilla de La Posta di Ostiense (la misma de la pelicula de Fantozzi!!!!!) en el 96 cuando el empleado no me queria dar el dinero que me mandaban desde España para sobrevivir como estudiante Erasmus porque a él le resultaba que el carnet de identidad español era el viejo modelo azulillo e insistia que mi DNI post-92, ese fabricado en la mismisma Fabrica Nacional de Moneda y Timbre no era bueno. Cuando desde el corro de gente empezaron a levantarse voces un encargado, con una gran pachorra, marcò el numero de telefono del consulado de la Embajada de España y se hizo describir como era un DNI.
Calabrès dijo
Esa no es por nada, pero a mi en España no me reconocen mi carta d'identità. Tuve que hacer 2 horas de cola hace 5 años para sacar el NIE que ademàs para abrir cuenta bancaria o gestiones importantes no me sirve, asì que tengo que moverme con pasaporte.
El hecho de te lo hayan reconocido es una prueba màs de la "elasticidad" italiana que Iñigo describe muy bièn arriba, cosa que no te quita el merito de aguantar las Kafkianas colas de cualquier oficina publica italiana..
Un gelato al limon dijo
ja! ja! ja!... Qué risas! En este post ya se nota otro humor... Me la sono spassata. Y "Non ci resta che piangere" me encanta!.
La verdad es que en unas cuantas cosas has acertado. Por ejemplo en aquello del tomar o no las cosas al pie de la letra. A veces me ha pasado aquí que me he sorprendido pensando "Pero me ha tomado al pie de la letra! Qué locura!".... ja ja ja!!!!
Por otro lado, hay cosas que son más marcadas a medida que vas bajando por la bota, de norte a sur, hay que ser sinceros. Se nota que vives en Roma, porque de donde soy yo somos un poquito más "estándar", cuadriculados (sin pasarse, claro), incluso aburridillos. Las tiendas y bares tienen un horario fijo, siempre el mismo. Ídem para precios, etc. Otra cosa que te hagan precio especial por la razón que sea, pero eso es normal... De norma la gente para en el semáforo en rojo y, de vez en cuando, deja pasar a los peatones por el paso de cebra (sobre todo si el peatón es una chica guapa, claro).
Otros aspectos que relatas, me han ocurrido a mí, idénticos, aquí en España, pero no me voy a entretener con esto, que si no me dicen que me salgo del asunto que ocupa este blog, que es Italia y no España. ;o)
Disiento, sin embargo, cuando dices que en Italia la gente vive más relajada y despreocupada. Yo diría que PARA NADA. Por lo menos al Norte. Desde luego que no. Todos lo notan cuando vienen a visitarme, de lo tranquilos que son aquí. No será que vivir en el extranjero, incluso después de tantos años, es una especie de "vacación interminable"?
Por otro lado reseñar un dato curioso: como se respeta a rajatabla la prohibición de fumar en los locales. ¿Os habéis fijado? Lo he comprobado al Norte, en Roma, en Sicilia, en Nápoles... Y qué maravilla volver a casa todavía oliendo a fresco!
Esa dijo
No me digas! A ti tambien con lo de "el pasaporte!"? Yo me lo he tenido que hacer por pura desesperacion. De la serie "en todas partes cuecen habas"! A proposito de elasticidad es que hay cada norma que es tan absurda que o el funcionario es elastico o dejas la cosa por imposible.
Mancha dijo
Nos pasan cosas curiosas en todas partes ...
Esta que os cuento aùn no he terminado de digerirla, pero me digan ustedes còmo se digiere una cosa asi.
Recibí una carta del Servicio Sanitario Nacional en la que me citaban en ambulatorio para la revisiòn ginecològica gratuita, era una campaña para la prevenciòn del tumor al ùtero. Bien, la prevenciòn es importante y como siempre he hecho allí que fui.
El aspecto del ginecòlogo me dejò ya un tanto perpleja, debía medir 1.90 si no màs y, sinceramente, pensé dar media vuelta y volver otro día esperando encontrar alguien màs "pequeño"... hice coraje y realicé la visita.
Al cabo de un mes, recibo una llamada del susodicho "gigante", él en persona. Cuando dijo quén era, obviamente me asusté un poquillo, pensé que algo no había ido bien.
Esto es lo fuerte: su hermano se presentaba a las elecciones provinciales (o no sé a cuàles ,porque aquí se vota siempre); me pedía el voto para su hermano!!!!!!! Alucinante, me quedé sin habla y le pedí si podía repetir el motivo de la llamada, lo hizo y entonces si que perdí el control, yo creo que en la euforia lo insulté hasta en español!!!! Ni se inmutò, es màs, me dijo que si yo no votaba podía referirlo a cualquier otro familiar ... le colgué, incrédula aùn de lo que me había dicho. Hubo màs, pero lo dejo a la vuestra fantasia...
Calabrès dijo
Mancha pero si vives en la tierra de De Mita y Mastella! Como puede dejarte extrañada esto?
Iñigo Domínguez dijo
Mancha, esta me la apunto para una antología. Por favor, contadme más.
Gelato, de acuerdo en todo. No he llegado a hablar de relajación y con la despreocupación hablaba más bien como mal menor o consuelo, pero es verdad que el país, en general, tiene una depresión nacional y que no funcione nada causa mucho estrés. Aquí sólo se vive bien y ajeno a estas penalidades con dinero.
Es verdad que muchas de las cosas que cuento son muy romanas, pero se repite con más o menos matices en norte y sur.
Sobre lo de fumar yo también me quedé impresionado. Jamás pensé que fuera a funcionar, y desde aquel 1 de enero la cosa fue tajante. Ha sido una bendición, lo dice incluso la gente que fuma. Cuando voy a España ya no me acostumbro. En este caso, curiosamente, creo que los españoles han hecho con su ley una cosa a la italiana.
Y cuenta, cuenta peripecias burocráticas españolas, que así nos hacemos una idea de lo que pasa un extranjero.
Por cierto, Lurdes, que no sé si andará por ahí, el otro día preguntó sobre unas películas de un ciclo italiano de nuevas tendencias: si me dices cuáles son te puedo comentar algo.
En cuanto a una pregunta anterior de si soy el guionista de 'In ascolto', pues sí. Espero que a alguien le gustara.
Gracias a todos, como siempre.
Calabrés dijo
No tiene a que ver con la burocracia, pero si con la italianidad.
Una vez con 5 amigos fui cerca de mi pueblo a buscar setas; entre ellos una amiga irlandesa estudiante Erasmus. Pasamos la mañana en el monte y a mediodia buscando donde comer encontramos un bar de un pueblo a lado y comimos unos fenomenales bocatas de queso, berenjenas, jamon acompañados con una botella de vino. Nuestra amiga con mucha insistencia decide invitarnos y despues de haber pagado nos dice que al pregunatar la cantidad al hombre en el bar, este le dijo que eran 12 euros. Ella asombrada, considerando el precio muy bajo repitiò:"doce euros!!!???". Entonces el hombre: "No no perdona, me he equivocado, son 10".
Adicto dijo
Genial. Las autoridades sanitarias deberían recomendar una lectura como esta cada día. saludos y adelante.
Un gelato al limon dijo
Tú, lo has querido, Íñigo. Je je je....
Algunos ejemplos de cosas bizarras. Algunas son experiencias propias, otras vicarias...
-que pagues una multa de tráfico y que te la vuelvan a cobrar embargándote la cuenta (y venga recurso...)
-que no pudiendo quitarte los puntos del carnet... se los quiten a tu pareja !!! (y venga recurso)
-que la compañía de suministro de agua no lea los contadores y te cobre un forfait elevadísimo, ni que fueramos 10 viviendo en una casa
-que para el NIE pierdo una mañana y luego no tengo muy claro de qué sirve, ya que no vale como documento de identificación
-que este modelo de NIE ha cambiado tres veces desde que vivo aquí y todas las veces tengo que explicarlo al funcionario, notario o lo que sea de turno (sí, le tuve que explicar al notario).
-que el estado español durante unos años exigía el canje del carnet de conducir y tuvo que rectificar. Se generan casos como el de un conocido que canjeó el carnet y luego le devolvieron el suyo. Ahora tiene dos.
-que pides una visita médica a algún especialista y la espera es de tres meses, así que tienes que ir a una consulta privada (exactamente como en Italia)
-que la gente viva en masa en un sitio y esté empadronada en otro (experiencia vicaria)
-la carrera loca para meter a un niño en un determinado colegio (experiencia vicaria)
-que te entreguen una casa que... no tiene línea telefónica y la única manera de conseguirla es mediante enchufe (ma va?). Exp. vicaria.
-que dos capitales como Bilbao y Santander no tengan una normal conexión por tren, por el hecho de que son dos comunidades distintas y se ve que el Estado en estas cosas no pinta nada
-que cuando por fin ponen un transporte por bus decente entre mi pueblo y Bilbao, no hay bonobús porque "no saben muy bien como hacerlo" (LO JURO)
-que al parecer el único edificio que van a demoler en mi pueblo por estar demasiado cerca de la costa es el único polideportivo con piscina del que dispone el pueblo (y está RODEADO de casas!)
-y, por supuesto: vuelva usted mañana...
Bueno, suficiente, no?
Dicho sea de paso, ninguna de estas cosas ha mínimamente mermado mi calidad de vida aquí. Porque tampoco la gente se pasa la vida en oficinas públicas. Esto aquí como en Italia. Son hechos puntuales y no cotidianos.
Creo que lo que hace que la gente y la atmósfera estén más o menos crispadas o relajadas son otros factores. Por lo menos yo, personalmente, valoro más ciertas cosas, antes que otras. Eso también es sujetivo.
Aquí la gente se toma todo con mucho más relajo. El viernes por la tarde, por ejemplo, es a todos los efectos un día inhábil. Las tardes de verano también. Estas sí son cosas que marcan la diferencia en el día a día. En noviembre, si solicitas algún presupuesto para lo que sea te dicen, que sí, que vale, pero que para empezar cualquier cosa, "dejemos pasar las navidades"...
Una amiga mía que es profesora me describe la diferencia entre una reunión de docentes en Italia o en España (se ocupa de los intercambios). En el primer caso son horas y horas encerrados en la escuela, en el segundo caso, en un bar, delante de una cañita fresca.
Luego es la forma de vivir, las relaciones sociales... La gente vive en la calle, desde la niñez hasta el día del entierro. Y esto tanto en barrios populares, como en barrios elegantes. Cuando los amigos me visitan todos se sorprenden por la cantidad de niños o la cantidad de ancianos o la cantidad de gente minusválida o en silla de rueda... Yo les explico que, en realidad, los números serán muy parecidos a Italia, pero que aquí todo hijo de vecino sale a la calle un rato, para jugar o para tomarse un vino con la familia, los amigos...
Mis padres nunca salen. Pero aquí yo me los llevo de fiesta con la mayor naturalidad. Y no desentonan, ni se sienten fuera de lugar. Cosas como salir en cuadrilla con el acordeón, la guitarra y cantando se hacen con la mayor naturalidad. No puedo ni de lejos imaginarme eso mismo en los bares del pueblo del que procedo...
Mi madre dice que la verdadera "dolce vita" es aquí. Esa genuinidad, esa espontaneidad en Italia, (al menos en el norte) se ha perdido en gran medida y desde hace tiempo. En la plaza de mi pueblo donde hace años jugábamos los niños mientras los padres, junto con los vecinos, se tomában algo en las terrazas, es ahora un sitio solo para gente guapa, para ver y hacerse ver...
Me consta que en el sur es bastante distinto. La gente es más acogedora y cariñosa. Y se vive "todos juntos".
Y luego la paciencia de los españoles. Tú dices que los italianos no protestan, pero los españoles menos aún! Créeme. Eso es bueno o malo? Pues no lo sé, pero la gente aquí vive más relajada. Conductas que a mí me enervan, pues aquí se lo toman con una cachasa...
Fíjate que los que más protestan, los franceses, al parecer también viven una profunda crisis social que de ninguna manera se puede achacar al hecho de que las cosas funcionen mal. Tengo un par de amigas que vivieron en Francia varios años, por estudio y trabajo y que me cuentan lo mismo: mucha soledad, mucha neurosis, agresividad, estrés... Una de las dos hizo la carrera allí y me cuenta que los estudiantes casi cada semana hacían una huelga, una sentada o lo que sea. Motivos? Pues que "faltan ordenadores". Y ella alucinaba porque tenían salas de ordenadores impresionantes y unas instalaciones que le dában mil vueltas a las instalaciones de cualquier uni española! Pero protestaban, porque no les parecía suficiente....
Y con todo esto... qué quería yo decir? Pues la verdad es que no lo sé, pero aquí lo dejo, que no quiero que un comentario sea más largo que el mismo post...
Se ve que en una cosa se parecen italianos y españoles: hablamos por los codos!!!!
fenicio dijo
Este blog se revaloriza vertiginosamente, al igual que crece el paro por estos pagos.
¿Podría ser Italia El Dorado de los parados en España?
Hace años que los médicos (el 25%) emigran al extranjero en pos de mejores ingresos y oportunidades. El dinero no tiene patria, y que lo de emigrar no se hace sólo por gusto, sino por necesidad.
Y si no que se lo pregunten a los 300.000 postgraduados universitarios en busca de su primer empleo:
les da igual 8 que 80, lo mismo que al millón o dos de extranjeros desocupados.
Nos queda por colocar al millón de familias con todos sus miembros parados.
Mi experiencia es que el sistema laboral Italiano es más bien esclavista si se compara con el nuestro, pero a buen hambre no hay pan duro.
Otra alternativa sería arreglar nuestros propios problemas, pero esa es otra historia.
irene dijo
Genial, siempre genial.
Eres el escritor vivo con más talento.
Ya sabes a quien no se lo tienes que decir.
Bss.
nuvolari dijo
Mucha gente pensaba que los italianos montarían un pocho o se saltarían a la torera la prohibición de fumar en los locales ("con lo que son los italianos de quinquis...", venivan a decir) Y sin embargo, se equivocavan. Han demostrado tener muchísimo más civismo que los españoles (los fumadores, sobre todo) que ante una ley ridícula que les permite fumar en el 99% de los locales de hostelería, montaron un cirio tremendo.
A partir de mañana, y durante diez días, ¡podré tomarme un caffè sin que me sepa a humo! ¡Viva Italia! ¡Viva la Apulia! Como me haga mal tiempo le pongo una denuncia al Papa. Hasta la vuelta.
Adicto dijo
Gelato, si, eso es verdad. Todo ello!
Nuvolari: el problema con el tabaco es que aquí la derechona se ha atribuido la defensa del tabaquismo en los bares frente a ZP que se ha empeñado en prohibirlo. y se montan historias como las de Esperanza Fósil Aguirre en Madrid, que directamente saca un decreto para impedir la aplicación de la ley.
Lurdes dijo
Iñigo ! claro que ando por aqui , con lo que me divierto leyendolo como para perdermelo , ahora no tengo los titulos de las peliculas del siglo XXI
me da rabia que pongan ese ciclo en vez de el que yo querria ver .
Yo creo que con la ley antitabaco ocurrio que no se atrevieron , fueron unos cagones , con perdon .
salud
Torquemada dijo
Jajaja, casi me iba a morir por las carcajadas!
No quiero presumir, pero estoy metido en el mismisimo lio del pasaporte en este momento, la semana pasada hasta me peleé con un funcionario de policia quien llegó a decirme la frase mas famosa del cine italiano de los años '60: "come si permette, lei non sa chi sono io!
:-D
Y a ver si bastaran 3 semanas por sacar el pinche pasaporte con el chip.
Torquemada
javi dijo
Dios, los comentarios son CASI mejores que las entradas a las que nos tiene acostumbrados Iñigo. Casi me parto... Genial post, por cierto.
Lo de la puntualidad es acojonante. Yo solía ser bastante puntual, pero desde que me empezaron a mirar mal, dejé de serlo...
En cuanto al "fax", yo creo que es por la palabra en sí, que les debe de sonar al colmo de la modernidad. Breve, orecchiabile... e soprattutto "international".
Respecto al tráfico, he ido forjando la teoría del protestantismo circulatorio. Consiste básicamente en que, aunque es un país de mayoría cristiana católica, todos tienden a interpretar individualmente el código de circulación. Eso sí, mientras cruces... yo qué sé... una autopista con paso decidido, nadie te increpará.
En lo que se refiere a burocracia e italianización de los extranjeros: en el consulado de España en Roma (con curritos españoles) insisten en mandarme las papeletas electorales a mi ex-casa de Perugia, después de varias llamadas y varios años sin vivir allí. Tendré que valorar seriamente enviarles un fax :D
javi (again) dijo
Ah! Anónimo... a propósito de Montanelli (Soltanto un giornalista, imprescindible), han publicado hace poco los diarios inéditos: I conti con me stesso. Mañana vuelo a Roma, así que me parece que me lo traeré de vuelta...
AuerlianoBastida dijo
Lo malo de cruzar la calle "a la italiana", al estilo de "si no miras al coche, no existe", es que al volver a España, bien que temporalmente, se ha convertido inintencionadamente en un peatón suicida.
En cuanto a la puntualidad, AHORA me parece genial el llamado "cuarto de hora académico" (el profesor entra en el aula 15 minutos después del inicio previsto de la clase). Es la institucionalización del retraso.
pablo dijo
son re giles
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