Historias de la Mafia (1)

Hola a todos, es decir, a los escasos supervivientes dotados de paciencia. Como todos los años, en verano me dedico a cosas raras. Este año en las páginas estivales del diario voy a perpetrar una serie de capítulos sobre historias e historia de la Mafia. No sé por qué pero el crimen resulta veraniego. También pasa como con otras cosas de Italia, es un tema muy conocido y desconocido a la vez. A todo el mundo le gusta y, no obstante, en general no suele tener ni idea. Yo el primero, pero he intentado paliarlo o disimularlo en los últimos años con la ingestión de libros sobre el tema, porque a mí también me atrae. Eso me ha permitido copiar con cierta solvencia de personas mucho más preparadas y mejor informadas e intentar transmitirlo ahora como mejor sepa. Al final, por respeto a autores y lectores, añadiré una breve bibliografía, cosa que en el papel ni cabe ni se estila. Iré colocando aquí los sucesivos capítulos. Espero que resulte de algún interés.

Gracias a todos y buen verano.

 

CAPÍTULO 1. CHICOS DE ORO.

  ¿Recuerdan ‘Las chicas de oro’? Era aquella serie de los ochenta sobre unas señoras que compartían piso en Miami. Una de ellas, la abuelita pequeñaja de origen italiano, zanjaba las conversaciones con anécdotas de su infancia. Todas empezaban igual: “Sicilia, 1934,…”. Solían ser de la Mafia. Pues eso es lo que haremos aquí este verano, contar historias de la Mafia siciliana. La Mafia siempre interesa muchísimo. Que en aquella serie metieran las historias de la señora revela el atractivo de un mundo violento, primitivo y misterioso. Pero al mismo tiempo delata su extraña conversión en factor de entretenimiento, objeto de películas y series de éxito que han acabado por distorsionar su verdadera naturaleza. En general, la gente no sabe mucho de la Mafia, lo que choca llamativamente con el interés que despierta. Lo que pasa es que nos gustan sus historias, como las de vaqueros, sin que por eso dominemos la historia del lejano Oeste. La idea de esta serie es mantener ese filón, pero sin dejar de intentar explicar la terrorífica y asombrosa realidad de la Mafia. Por acabar con este asunto: solo la guerra de clanes de Palermo entre 1981 y 1983 dejó mil muertos en dos años, cuando ETA no ha llegado a esa cifra en cuarenta años. Pero a nadie le hacen gracia las historias de ETA.

  La verdad sea dicha, hasta hace poco no se ha sabido gran cosa de la Mafia, salvo ficciones y mistificaciones. El primer gran ‘arrepentido’ que desvela algunos de sus secretos, pero en EE UU, y ya veremos que son mundos paralelos pero distintos, es Joe Valachi, en 1962. En Italia habrá que esperar a Tommaso Buscetta, en 1984, y a las investigaciones del juez Giovanni Falcone, que lo pagó con la vida en 1992 porque llegó demasiado lejos, a la complicidad del poder. Ahora se cumplen 20 años, en Italia siguen aún dándole vueltas y también por eso es un buen momento para hacer memoria. La primera historia de la Mafia completa y rigurosa, y fascinante, es del profesor Salvatore Lupo, en 1993. Se puede decir, como del diablo, que uno de los mayores logros de la Mafia es haber conseguido inocular la idea de que no existe. La tesis de que es una invención, al estilo de las conspiraciones judeomasónicas, era muy manejada hasta hace nada. Pero vaya que sí existe. Que se sepa, desde 1860 o por ahí, cuando informes de Palermo hablan de una especia de secta que acabará por ocupar los espacios de un nuevo Estado débil, caótico y poco de fiar que nace justo en ese momento. Se llama Italia. Desde entonces no ha cambiado mucho, y como un hilo negro recorre toda la historia de este bendito país, enredado con el poder. Solo se ha ido adaptando a la situación y los cambios de negocio. A los mafiosos les gusta hablar de sí mismos mencionando la tradición, la familia y el respeto. A todos les encanta la película de ‘El Padrino’, pues es una estilización de su mundo. En sus testimonios siempre parece que no han roto un plato, se consideran ‘hombres de honor’ (uomini d’onore) y se rigen por unas reglas. Pero al final su única regla es la violencia, el miedo y el dinero. Como prólogo, dos pequeñas historias.

 

Sicilia, 1897. El hombre más rico de la isla, el industrial Ignazio Florio, descubrió una mañana al levantarse que habían desaparecido varias obras de arte de su famosa mansión de Palermo (foto). ¿Llamó a la Policía? No, para qué. Lo que hizo fue echarle una bronca al jardinero, Francesco Noto. Es que en realidad era un potente capo mafioso. Por eso lo tenía allí, lo que nos alumbra sobre la convivencia entre poder y mafia desde los inicios. Ambos jefes, el del mundo visible y el oculto, se codean en el mismo lugar y no se sabe bien quién manda sobre quién. Noto interpretó el robo como un mensaje para él, una afrenta de un rival en su territorio. Eran otros mafiosos mosqueados porque no había compartido el rescate del secuestro de una niña, la hija de otra familia de ricachones palermitanos, los Whitaker. Antes les mandaron cartas de extorsión y les lanzaron manos cortadas al jardín, pero nada, no atendían a razones. Tras el secuestro los Whitaker aprendieron la lección más básica sobre la Mafia: te amenaza para que compres su protección, de ella misma, se entiende. Por eso el señor Florio fue a pedir cuentas al jardinero. Noto se puso manos a la obra y a los pocos días, cuando el patrón se despertó, encontró los cuadros donde estaban. Lo que hizo fue comprárselos a los ladrones con buenas palabras mientras tramaba su venganza para restablecer el orden. Luego reunió a los jefes de las ocho ‘cosche’ (familias) que entonces había en Palermo y acordaron cargarse a los responsables, los capos Lo Porto y Caruso, cosa que hicieron.

 

Milán, 1974. Uno de los hombres más ricos de Milán, Silvio Berlusconi, contrata como mozo de cuadras en su mansión de Arcore(foto)  a Vittorio Mangano, capo mafioso del clan de Porta Nuova, una de los más importantes de Palermo. En esa época hubo un intento de secuestrar a su hijo Piersilvio y más tarde le pusieron una bomba en la puerta. La mano derecha del magnate y cofundador de su partido, Marcello Dell’Utri, siciliano, le organizó el fichaje, al igual que el contacto con la cúpula mafiosa de entonces, guiada entre otros por Stefano Bontate. Él y otros importantes capos, casi todos liquidados luego en la guerra de clanes de 1981, fueron a Milán en 1974 y se reunieron con Berlusconi para hablar de lo suyo. Varios ‘arrepentidos’ han hablado de pagos periódicos del emporio de Berlusconi a Cosa Nostra y su relación nunca ha terminado de aclararse. Para el exprimer ministro Mangano era un entrañable abuelete, un chico de oro. El proceso a Dell’Utri por todas estas cosas aún está abierto. Y por hoy mejor lo dejamos aquí.

 

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