Historias de la Mafia (8)

UN HÉROE EN LA SIMA DEL OLVIDO

  El último día decíamos de pasada algo tremendo. La Mafia liquidó entre 1944 y 1966 a 45 sindicalistas, líderes campesinos y políticos de izquierda, sin una sola condena. Hoy vamos a detenernos en una de esas historias, la de Placido Rizzotto. Un ángulo desde el que no se suele mirar la Mafia es desde la lucha de los oprimidos, sus víctimas y conciudadanos, por liberarse de ella. Siempre se piensa en términos policiales, no vecinales. Pero es en este nivel, que en realidad es una lucha por la democracia, en el que la pelea es más despiadada. Volvemos con Rizzotto a su pueblo, Corleone, en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial. Había combatido en los Alpes, llegando a sargento, y tras la rendición de Italia se había pasado a la Resistencia. Lo que se encontró Rizzotto, de familia muy pobre, es lo que había dejado. La Sicilia rural llevaba más de un siglo siendo una especie de arcaico Far West. La abolición del sistema feudal en 1812 hizo que los aristócratas se largaran a la ciudad y dejaran las tierras alquiladas a capataces, que a su vez las arrendaban a campesinos, matándoles de hambre e intimidándoles con sus abusos. A menudo con guardas a sueldo que vigilaban las tierras. En este entramado de déspotas y matones nace la Mafia en los pueblos.

   En Corleone, precisamente, surgió con fuerza a finales del XIX el movimiento de los Fasci -nada que ver con el fascismo-. Eran las primeras organizaciones campesinas socialistas que pedían la abolición de los feudos, distribuir tierras baldías y tratar con los terratenientes de forma colectiva. Hubo huelgas y ocupaciones de terrenos. Evidentemente eran un peligro para el sistema establecido, y por tanto, para la Mafia. En enero de 1894 el Gobierno envió 50.000 soldados y aplastó el movimiento. En una protesta con disparos a la multitud cayeron 83 muertos. El líder de Corleone, Bernardino Verro, fue encarcelado. Pero volvió a la carga en 1907 y formó varias cooperativas. Trataban con el propietario, sin mafiosos de por medio, y liberaron de la esclavitud a cientos de familias. En las elecciones de 1914 fue el primer alcalde socialista del pueblo. Fue asesinado al año siguiente. En realidad los mafiosos, a final de siglo, dudaron si apostar por ese nuevo Estado precario, Italia, o probar con el socialismo porque, quién sabe, a lo mejor al final vencía la Revolución. Jugaron a dos barajas hasta que lo vieron claro.

  Cuando Rizzotto llegó a Corleone y se puso a dirigir el partido socialista local sabía por dónde se andaba. Tras la guerra la Mafia se puso a romper piernas enseguida. Fue sonado el incidente de Villalba, feudo mafioso de Don Calogero Vizzini. Si lo recuerdan, es el que salió a recibir a los tanques americanos. En 1944 el líder comunista siciliano Girolamo Li Causi fue a dar un mítin y aquello acabó a tiros. Al final hasta le tiraron una bomba, arrojada por el propio alcalde, sobrino del capo. La sentencia tardó diez años, y Don Caló no ingresó en prisión por edad y por no tener antecedentes. Había jueces muy comprensivos. Don Caló murió ese año. Su esquela decía: “Humilde con los humildes/ grande con los grandes/ demostró con las palabras y con las obras/ que su mafia no fue delincuencia/ sino respeto de la ley/ defensa de cada derecho/ grandeza de ánimo/ fue amor”. Este era el clima dominante, con la Iglesia a menudo del lado mafioso ante el enemigo socialista.

  En Corleone, el potentado mafioso era el doctor Michele Navarra, ‘u Patri Nostru’, el ‘Padre Nuestro’. Culto y bien vestido, empresario democristiano, había reclutado en los campos a una buena panda de energúmenos. Estos chavales se llamaban Luciano Leggio (en la foto, años más tarde), Totó Riina, Calogero Bagarella y Bernardo Provenzano. Estamos ante la futura plana mayor del clan de los Corleone, que se adueñaría de Cosa Nostra en los ochenta, hasta hoy. Rizzotto fue su primera víctima importante. Curtido en la guerra, no tenía miedo de nada y encabezó varias ocupaciones de tierras, dentro de las movilizaciones para que se aplicara el revolucionario decreto de 1944: las parcelas abandonadas podían ser asignadas a agricultores sin trabajo. Naturalmente en Sicilia la Mafia no tenía la más mínima intención de hacerlo. Por otro lado, la Policía arrestaba a los campesinos por invasión de propiedad. Pero el choque de Rizzotto con las amenazas de los criminales fue más allá: un día le sacudió a Leggio en la plaza del pueblo. Se lo cargaron una noche de marzo de 1948 y lo arrojaron a una sima. Tenía 34 años. Hay un epílogo aterrador. Un niño de nueve años, un pastor que dormía con sus cabras, lo vio todo. El doctor Navarra lo ingresó en su hospital y lo asesinó con una inyección letal.

  Nadie fue condenado pese a una valiente investigación, inédita para la época, de un comisario llamado Carlo Alberto Della Chiesa. A Rizzotto le sustituyó un camarada, Pío La Torre. Es un guiño de esperanza porque siempre alguien toma el relevo: Della Chiesa y La Torre, que allí se conocieron, harán carrera y serán dos futuros héroes de la lucha contra la Mafia, aunque acabaron como Rizzotto. Otro día hablaremos de ellos.

  En 1958 Navarra cayó en una emboscada de Leggio en su Fiat en un camino rural (foto de abajo). Seguirían unos 70 homicidios de todos sus hombres. Fue el inicio de la escalada de los ‘corleonesi’. Sobre Rizzotto, de quien encontraron los zapatos y poco más, cayó el más absoluto olvido. Una buena película, ‘Placido Rizzotto’ (Pasquale Scimeca, 2000, en la foto de arriba) sirvió para recordarle. En 2009, por fin se encontraron sus restos en la sima, porque antes ninguna autoridad se había interesado, mientras los suntuosos mausoleos del doctor Navarra y otros mafiosos dominan el cementerio de Corleone. Su funeral se celebró al fin hace apenas dos meses. Acudió el presidente de la República e Italia hizo justicia a Placido Rizzotto, 64 años más tarde. En Corleone habían colocado un busto en 1996. Hay otro de Bernardino Verro, erigido en 1917, robado en 1925, puesto de nuevo en 1985 y arrancado otra vez. En 2004 volvieron a instalarlo. El Estado olvida, pero la Mafia no.

(Publicado en El Correo)

 

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