PIZZA CONNECTION
Si se preguntaron en los ochenta por qué de repente las calles se llenaron de yonquis, la respuesta está en Sicilia, en 1957. Ese año hubo dos cumbres famosas de la Mafia. La primera, en el Hotel des Palmes de Palermo, en octubre. Aún hoy pueden desayunar en los salones donde se reunió la cúpula estadounidense con la siciliana. Acudió un capo de Nueva York, Joe Bonanno, aunque la prensa le llamaba Joe ‘Bananas’ y no le gustaba nada. En Italia era otra cosa: en el aeropuerto de Roma le recibió un jefazo de un ministerio. “Si me vieran los del FBI”, pensó él, según dijo en sus memorias. En Palermo Bonanno sugirió a los sicilianos que formaran, como ellos, una comisión de capos para arreglar sus roces. Es más, apareció por allí Lucky Luciano desde Nápoles, autor del invento. Así nació, importada, la ‘Commisione’ siciliana. Pero sobre todo fue allí donde los americanos les metieron en el negocio de la heroína.
En 1956 una ley se había puesto seria en EE UU con los estupefacientes. Te caían, mínimo, 40 años. Además Cuba, base mafiosa del narcotráfico, ya no era segura por un tal Fidel Castro. ¿Solución? Las Cinco Familias prohibieron, de fachada, tocar la droga, por la familia y esas cosas, pero siguieron con ello reduciendo riesgos a través de socios. Y quién más de fiar que los primos del pueblo. Joe ‘Bananas’ volvió muy contento, pero más le valdría haberse quedado tomando ‘cannoli’. Al mes siguiente se convocó otra cumbre en EE UU. Había guerra: el viejo capo Frank Costello fue herido y Albert Anastasia, liquidado mientras se afeitaba en la barbería del Sheraton de Manhattan (foto de abajo). La crema de la Mafia, más de cien capos de todo el país, se citó en un chalé en Apalachin, Nueva York. Tanto cochazo donde nunca pasaba nada daba un poco el cante. La Policía hizo una redada y trincó a 61 mafiosos, entre ellos un conocido empresario de taxis recién nombrado hombre del año por la Policía de Buffalo. Fue un correcalles, algunos huyeron por el bosque y el gran capo de la ‘Commisione’, Vito Genovese, escapó en coche diciendo en un control que venía de una barbacoa. Ese día EE UU descubrió que la Mafia de verdad existía. El FBI, por primera vez, tuvo que admitirlo. Por entonces tenía 400 agentes adscritos a la lucha contra el comunismo y cuatro contra el crimen organizado. El anfitrión de la barbacoa, Joseph Barbera, cargó toda la vida con la culpa de haberla organizado tan mal.
Aquel golpe fue fatal para la Mafia. Genovese fue a la cárcel en 1959 por narcotráfico, la primera condena contra un mafioso desde la posguerra. El propio Joe ‘Bananas’ cayó en desgracia en 1962, su familia se dividió y se retiró a Arizona. Entretanto, desconocidos para el FBI, los sicilianos iban llegando a Nueva York. En 1966, Tommaso Buscetta, que sería el primer gran arrepentido en Italia, abrió su primera pizzería. Con Gateano Badalamenti y Salvatore Greco era uno de los mafiosos en ascenso. La Mafia metía droga en EE UU desde los años veinte, en cajas de anchoas, de limones,… En los sesenta se pusieron de moda las pizzerías. Importaban los ingredientes de Italia y eran una estupenda red oculta de distribución de heroína. Pero cuando a Cosa Nostra le tocó la lotería fue con la campaña contra el crimen de Nixon en 1969. Desmanteló la ‘French Connection’, la red de narcotráfico de turcos y corsos que pasaba por Marsella y la ‘Pizza Connection’ tuvo el campo libre.
En los setenta nació una ruta perfecta de los campos de amapolas asiáticos a Nueva York o al barrio de ustedes. Los capos compraban morfina base en Asia y la refinaban en Sicilia, tras fichar químicos franceses. Luego transportaban la heroína y la vendían, controlaban todo el proceso. Los laboratorios sicilianos empezaron a funcionar en 1977, y ahí arranca el ‘boom’ drogadicto en Occidente. Monopolizarían el mercado hasta mitad de los ochenta. Un ejemplo. Los capos de Palermo Stefano Bontate y Salvatore Inzerillo vendían heroína a 50.000 dólares a
l kilo a los Gambino de Nueva York, que la vendían a 130.000 dólares. Los sicilianos ganaban 35 millones de dólares al año. Los americanos, 90. Esas riadas de dinero terminaban en cuentas suizas. De este modo la Mafia entró en las altas finanzas y sus ventajas VIP. Contactos con políticos, servicios secretos, masonería, armas, esas cosas. Es así como aparece en esta historia el banquero Michele Sindona, asesor financiero de Pablo VI, del Vaticano y de su banco, el IOR, y miembro de la logia P-2 (Propaganda Due), pero necesitaríamos todo el verano para contarlo (foto de aquí al lado). Es el culebrón que termina con Roberto Calvi, director del banco católico Ambrosiano, suicidado en un puente de Londres en 1982. Y con Sindona envenenado en la cárcel. Blanqueaban dinero para la Mafia y al final faltaba pasta, no salían las cuentas.
En América ahora mandaban los primos del pueblo. Habían surgido facciones sicilianas con Catalano, Inzerillo, los Gambino de Cherry Hills. Lo cuenta, por ejemplo, en sus memorias Donnie Brasco, el agente del FBI infiltrado en los Bonanno de 1976 a 1981. A lo mejor han visto la película con Al Pacino, que está muy bien (foto de apertura). Una noche en un club de Brooklin había unos tipos raros de lengua incomprensible. “Son ‘zips’”, le dijeron. Llamaban así a los sicilianos porque hablaban a toda velocidad. La avidez por el dinero fue el fin. Estalló en guerras internas, sobre todo en Sicilia, donde los Corleoneses de Totò Riina querían entrar en el negocio y masacraron literalmente a la cúpula de Bontate e Inzerillo. Eso hizo posible por primera vez los ‘arrepentidos’. A Salvatore Contorno, testigo clave junto a Buscetta contra el narcotráfico, le asesinaron a 35 familiares. Antes, a partir de 1978, un juez ya había comenzado en Palermo a investigar seriamente a la Mafia. Era un cabezota al que sus jefes cargaban de trabajo aburrido para que no diera problemas. Se llamaba Giovanni Falcone. Junto al FBI logró el sonado proceso ‘Pizza Connection’ en 1985 en EE UU, donde también fue decisivo Donnie Brasco. Se sentaron 24 acusados, todos sicilianos, muchos no hablaban inglés. Por cierto, al gran capo Badalamenti lo arrestaron en Madrid en 1984. Pero antes de Falcone quien se enfrentó a él descaradamente fue un mocoso con una radio. De él hablaremos el próximo día.



