Imaginen que el hijo de un etarra en la Euskadi profunda escribiera en un panfleto en plenos años ochenta esta reflexión: “Eta, montaña de mierda”. No sé ni si hoy se puede decir. Pues es casi más fácil que lo que hizo Peppino Impastato. Hijo de mafioso en un pueblo de mafiosos, Cinisi, cerca de Palermo, tenía 16 años cuando en 1966 puso bien grande en un pasquín socialista: “Mafia, montaña de mierda”. Su padre, afiliado del clan local, le echó de casa. Peppino no paró ahí. Durante una década denunció los desmanes mafiosos del municipio y al capo local, nada menos que Gaetano ‘Tano’ Badalamenti, jefazo de Cosa Nostra. Lo remató en 1977 con una emisora, ‘Radio Aut’, en la que se cachondeaba de él en plan ‘Gomaespuma’, con parodias e imitaciones. En la Sicilia de esos años, donde no se movía una hoja, era un sacrilegio. Le asesinaron en 1978, con 30 años, de forma atroz. Le torturaron y lo hicieron explotar con dinamita en las vías del tren.
El programa se llamaba ‘Onda pazza’ (Onda loca) y lo oía todo el pueblo. Era una “transmisión satiro-esquizo-política sobre problemas locales”. Su sintonía, ‘Hagamos como que todo va bien’, de Ombretta Colli. El programa del 7 de abril de 1978, un mes antes de su muerte, se llamó ‘Western en Mafiópolis’, sobrenombre de Cinisi, donde mandaba ‘Tano Sentado’. Empezaba con el himno local, el ruido de un retrete con ráfagas de tiros. Después parodiaba un pleno municipal donde se trampeaban licencias urbanísticas en torno al aeropuerto de Palermo, construido en Cinisi. “Si el edificio mide17 metros, ¿por dónde pasan los aviones?”, pregunta uno. “Les hacemos un túnel”, le responden. En realidad Peppino estaba revelando, en vísperas de las elecciones, un apaño secreto. Manejaba buena información y lo aireba todo. Corrupción, especulación inmobiliaria, expropiaciones abusivas y hasta el narcotráfico.
Peppino conocía el percal. Su tío Cesare Manzella, capo de Cinisi y miembro de la ‘Commissione’, murió en 1963 en la primera guerra de Mafia con el primer coche bomba de Sicilia. Le sucedió Tano Badalamenti, otro pariente. Tiene fotos con él de niño y jugaba en su casa. Distaba cien pasos de la suya, en la misma calle. Ése es el título de la película que descubrió Peppino a los italianos en 2000, ‘I cento passi’, de Tullio Giordana. Porque lo cierto es que, como otros héroes contra Cosa Nostra, era desconocido. No fue solo ‘omertà’, el Estado hizo su parte. Su cadáver apareció el mismo día que el de Aldo Moro, el 9 de mayo de 1978, y el suceso quedó eclipsado. Es más, se ventiló como un atentado frustrado en la vía férrea de un extremista de izquierda destrozado por su propia bomba.
Eran años turbios y podía ser. Peppino era de izquierda, pero renegaba de las Brigadas Rojas y dentro del comunismo era un bicho raro, porque también en este campo había tibieza con la Mafia. En su radio hasta cargó contra los porros y una comuna hippie por considerarlos una evasión de la realidad, que él veía a cien pasos. Pero, al margen de eso: sin ser Sherlock Holmes y con lo poco que hemos contado ¿a ustedes no se les habría ocurrido que su muerte podía ser cosa de la Mafia? Pues los Carabinieri ni se lo plantearon. Registraron su casa y por un escrito pesimista decidieron que se suicidó. A los mafiosos ni les interrogaron.o de la‘Commissione’, murió en 1963 en la primera guerra de Mafia con el primer coche bomba de Sicilia. Le sucedió Tano Badalamenti, otro pariente. Tiene fotos con él de niño y jugaba en su casa. Distaba cien pasos de la suya, en la misma calle. Ése es el título de la película que descubrió Peppino a los italianos en 2000, ‘I cento passi’, de Tullio Giordana. Porque lo cierto es que, como otros héroes contra Cosa Nostra, era desconocido. No fue solo ‘omertà’, el Estado hizo su parte. Su cadáver apareció el mismo día que el de Aldo Moro, el 9 de mayo de 1978, y el suceso quedó eclipsado. Es más, se ventiló como un atentado frustrado en la vía férrea de un extremista de izquierda destrozado por su propia bomba.
La batalla por la verdad, como sucede a menudo en Italia, quedó en manos de personas, no de instituciones. Fue una pelea solitaria de la familia y los amigos de Peppino, que encontraron la prueba de piedras con sangre donde le torturaron. Su madre, Felicia, y su hermano, Giovanni, rompieron públicamente con su familia mafiosa, algo sin precedentes. El primer centro de documentación sobre la Mafia, fundado el año anterior, tomó su nombre y en 1979 se celebró en el pueblo la primera manifestación contra la Mafia de la historia de Italia. Por fin una sentencia de 1992 reconoció la mano mafiosa, pero sin dar con el culpable. Reabierto el caso, Badalamenti no fue condenado hasta 2002.
Como pasa también mucho en Italia, el único modo de intentar saber la verdad es averiguar quién jugó al despiste, los famosos ‘depistaggi’. Una comisión parlamentaria denunció en 2000 la distorsión de las pesquisas y la Fiscalía de Palermo comenzó a investigarlo el año pasado. Así han salido más cosas raras. La mejor: ha aparecido la señora que vigilaba un paso a nivel en el lugar del crimen, una testigo clave, y admite que esa noche vio “algo”. En su día los agentes aseguraron que había emigrado a EE UU, pero la mujer, que ahora tiene 88 años, no se ha movido nunca de su casa. Nadie la buscó. Y es que encima su yerno es ‘carabiniere’.
El caso lo llevó el ahora general retirado Antonio Subranni, figura controvertida. Autorizó la polémica negociación con Cosa Nostra en 1992, actualmente en los tribunales, y fue investigado por presunta protección de la fuga de Bernardo Provenzano, gran capo tras el arresto de Totó Riina en 1993. Además en los noventa se supo que Badalamenti fue confidente de los Carabinieri, pero su contacto, el mariscal Antonino Lombardo, murió en extrañas circunstancias -se pegó un tiro- en 1995. Desaparecieron sus apuntes. En el registro de la casa de Peppino se llevaron papeles sobre un misterioso suceso que el joven investigaba, el asesinato de dos carabinieri en 1976 en una comisaría de un pueblo cercano. También fue otro caso de Subranni. Acusaron a cuatro jóvenes: uno se ahorcó en su celda, algo difícil porque solo tenía un brazo, y los otros fueron torturados. Este año un tribunal ha dicho que eran inocentes, tras testificar un agente con remordimientos. Dos se fugaron pero uno se ha comido 21 años de cárcel y 15 de libertad vigilada. Los fiscales creen que Peppino quizá averiguó algo y su muerte puede estar relacionada. En tal hipótesis, la Mafia habría actuado subcontratada, aunque ya tenía motivos contra Peppino. Hay más y todo les sonará. Los dos policías habían descubierto armas de Gladio, organización secreta de la OTAN, conocida solo en 1990, preparada para actuar en caso de invasión soviética. Aunque se sospecha que trabajó en las cloacas del Estado con fascistas y criminales. Todo se está investigando. Dentro de treinta años podemos seguir comentando asombrosas novedades.
(Publicado en El Correo)


