Hagan juego señores

      

   Como se temía, reina un gran desinterés de los italianos hacia la política, volcados en la llamada antipolítica: solo se han presentado a las elecciones del próximo 24 y 25 de febrero 219 partidos. Hombre, no está mal, un 15% más que en 2008. Menos mal que en una primera poda, el ministerio de Interior solo ha aceptado 169 símbolos. Entre ellos algunos falsos, copiados de partidos auténticos salvo en algún pequeño detalle del dibujito -como en mi juventud la ginebra Lirios- para intentar engañar a alguien.

    Las campañas electorales, ya lo sabemos todos, son un latazo. Entre las muchas inercias incomprensibles de la prensa hay pocas tan aburridas como el seguimiento obsesivo de las elecciones de Estados Unidos, meses y meses hablando de los caucus o que si Carolina del Norte es decisiva para no sé qué, cuando solo hay que elegir entre rojos y azules. En Italia, en cambio, es un espectáculo, un gran momento italiano. Las elecciones son un reflejo de su talento para los matices, del individualismo, de la creatividad, de afán lúdico, de astucia y golfería. Vean lo trabajado de algunos proyectos políticos, que denotan un interés sincero. Tenemos por ejemplo el Movimiento Bunga Bunga o algunos muy batalladores como Fuori tutti (Fuera todos), Basta Ladri (Basta Ladrones), Io non voto (Yo no voto) o Come ci hanno ridotto (Cómo nos han reducido, es decir, algo así como En qué estado nos han dejado), cuyo símbolo es un hombrecillo en pelotas. También, y ya ni traduzco, Forza Evasori Stato Ladro, Basta Tasse y Liberi di Equitalia (el ente encargado de cobrar los impuestos).

   En un terreno más elevado, se puede votar a Movimento Poeti d’Azione o, si hace ilusión votar a un imperio, al Sacro Romano Impero Liberal Cattolico, si es que tal combinación es posible, y que en realidad es cosa de una ex-empleado de la FIAT. Les hará ilusión saber que también está por ahí una vieja conocida, la estrella porno Cicciolina con el partido DNA (ADN en italiano), siglas de Democracia Naturaleza y Amor. Aunque habíamos quedado en que el partido del amor era el de Berlusconi, que al final también ha resultado ser un poco porno. Aquí a veces es difícil distinguir.

   Las papeletas que uno se encuentra al ir a votar son tal desmadre que, antes de que se decidiera colocar los símbolos por sorteo, había un truco de toda la vida entre los partidos para que sus votantes no se les perdieran. Consistía en ser el primero de la lista o el último, las siglas más fáciles de descubrir. Pero para ello había que ser, como es natural, el primero o el último en entregar la solicitud en el ministerio. El primero siempre era el partido comunista, que se llevaba un piquete de una docena de camaradas para asegurarse el puesto entre codazos. Pero lo realmente difícil y que tiene mucho más mérito es ser el último, como en esas carreras de bicis donde gana quien vaya más despacio sin caerse. Se trataba de entregar los papeles justo antes de que cierre la ventanilla del ministerio, con el riesgo de quedarse fuera. Tal sutileza era un arte de la Democracia Cristiana, como no podía ser de otra manera. Desde 1958 el encargado de tan trascendente tarea era Luciano Gesuelli, el ‘hombre del último minuto’, que solía encontrarse en el ministerio el último día, poco antes del cierre a las ocho de la tarde, con el enviado de los socialistas en este peculiar sprint. Lo que hacía era llevarse otro grupo de fortachones que empezaban a empujar y metían al otro, contra su voluntad, en el despacho. Así él se quedaba el último. Gesuelli, una institución, ahora hace lo mismo… para el Partido Demócrata (PD).

  Total, que al final tenemos una selva impenetrable de siglas, símbolos y dibujitos para decidir a quién votar: Ya lo ha dicho Berlusconi: no voten a los partidos pequeños, que es perder la papeleta. Y luego resulta que su coalición es la más numerosa de todas, con una ensalada de nueve formaciones para la Cámara de Diputados y nada menos que un guirigay de 14 siglas para el Senado. Entre ellos mitos como el Partido del Jubilado y dos de los partidos graciosos que hemos citado antes (Basta Tasse y Liberi da Equitalia). También ha prometido a la Liga Norte que no será candidato a primer ministro para poder aliarse con ellos. Necesita a la Liga como el aire para tener mínimas opciones de joder la marrana -impedir que el PD de Bersani gane en el Senado, gracias al demencial sistema electoral inventado por él mismo-. ¿Adivinan qué pone en el símbolo de su partido? Efectivamente, ‘Berlusconi presidente’. Ya se la ha metido doblada. Si empieza así con sus aliados qué no hará con los italianos. Ah, también hay fila de delincuentes y condenados para meterse en las listas, como siempre. Dell’Utri y Consentino están presionando mucho y hasta se ha colado Luciano Moggi, el mangante del ‘Calcio’.

   En este lío de papeletas, a modo de orientación, les señalo una opción formidable: el Partido de la Lotería. No sé cómo no se le había ocurrido a nadie antes. Es una cosa genial, la política afrontada con total sinceridad: no hay programa “ni se quiere tenerlo” (para qué, si nadie los lee ni los cumple), candidatos elegidos al azar (viene a ser lo mismo que hacen los partidos y el riesgo de que salga un zoquete puede ser incluso menor) y deseo explícito de pillar el escaño solo para calentarlo y trincar la pasta (en los partidos normales suele ser una intención implícita, pero latente). Está planteado como una lotería: te apuntas al partido y entre todos los inscritos se sortean los nombres de la lista. Democrático y transparente, no como los demás. El premio está clarísimo: si los afortunados salen elegidos se llevan el sueldo de 13.000 euros al mes de diputado o senador sin pegar ni golpe, como la mayoría de los parlamentarios, pero con la verdad por delante y diciéndolo antes. Con la diferencia de que solo en este partido la oportunidad está verdaderamente abierta a todos los ciudadanos.

   No se crean que lo han hecho para pasar el rato. Se han currado hasta el himno, que es una obra de arte:

 

   “Mira tu silla, mañana puede ser una poltrona..¡Dilo a mamá, dilo a tu tía, vota al Partido Lotería!… ¡Eres candidato, no has robado, has sido extraído, te han votado!..” El lema es ‘Vota e vinci’, copiado del ‘Rasca y gana’, y el símbolo, la diosa de la fortuna vendada con una cornucopia bajo el brazo ¿no es una maravilla? Son estas cosas las que te devuelven la fe en la gente común. Por si tienen curiosidad, es cosa de un grupo de amigos romanos. En siete días recogieron 7.000 inscripciones.

   En su página web (http://partitolotteria.org) afirman que el partido nace “para mejorar la condición económica de sus elegidos, designados de modo transparente a través del sorteo”. Para evitar la infiltración de políticos profesionales y garantizar que el partido solo es para quien realmente lo necesita, el único requisito es tener ingresos inferiores a los 35.000 euros anuales. Presentan argumentos históricos, pues se inspiran en la “los valores políticos de la demarquía” y la tradición democrática ateniense de Clístenes y de la República de Venecia, donde se hacían sorteos.

  La idea clave es esta: “Porque la extracción a suerte, a fin de cuentas, es la única que garantiza de verdad a los ciudadanos la posibilidad de acceder a la política y sus privilegios, en vez de hacer emerger de la Casta ‘veline’ y quien representa intereses particulares se da una posibilidad a las personas normales”. Por si quedaba alguna duda, declaran: “Cada representante del Partido Lotería es libre de perseguir sus propios fines personales y políticos (…). En particular, es libre de no participar a la actividad política parlamentaria”. En fin, como los demás, pero avisando. “No pensamos que se puedan cambiar las cosas, pero sí la vida de quien sale elegido”, ha explicado su portavoz, Miriam Vivacqua, abogado, en un debate televisivo. Muy seria, sensata y sacando de quicio a los políticos profesionales presentes en el estudio. Que no conseguían encontrar las diferencias de su propuesta con el sistema tradicional.

   Sin embargo las personas normales en Italia lo más normal es que se imaginen que el sorteo está trucado. Así son las cosas en este país.

   De hecho el Partido Lotería, lamentablemente, no recogió las firmas necesarias para presentarse en el plazo establecido.

   Pero no se desaniman. Están ya recogiendo adhesiones para las municipales de junio: “Los premios serán menores, pero no os desespéreis, los grandes premios volverán en las elecciones europeas de 2014”. ¿Ya no se acordaban, eh? Sí, dentro de poco llegan esas, que sí que son apasionantes.

 

   Totò en las elecciones de 1953, sin tomárselo demasiado en serio. Es una imagen del curioso documental maldito ‘Forza Italia’ (Roberto Faenza, 1977), sobre la evolución política italiana.

  De este modo vuelvo a estar con ustedes, al menos con los que me aguanten. Disculpen, para variar, el retraso en mi regreso.

 

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