Diario mínimo (98)

Dedicamos esta nueva entrega de nuestra querida serie a las últimas incidencias de la campaña electoral:

-Se impone definitivamente la atención mediática sobre Fiorella Ceccacci Rubino, candidata de Berlusconi y diputada desde hace siete años, a la que se ha descubierto un vídeo porno de hace quince. Es la chica de la foto. En la película se masturba en un cuarto de baño y acaba despatarrada por el suelo. Se ha defendido bien: dice que es actriz, que ha interpretado a Shakespeare, que entonces no podía saber que luego iba a hacer política y que es una obra de autor y el autor es el maestro Tinto Brass. Lo define un “monólogo erótico”. Se ofende cuando le preguntan cómo entró en las listas del partido. No entiende la polémica.

-Guido Crosetto, líder de Fratelli d’Italia, escisión del partido de Berlusconi, ingresado tras fumarse 150 cigarrillos en un día.

-Berlusconi promete cuatro millones de puestos de trabajo. Ni uno, ni dos, ni tres, cuatro. ¿Alguien sube a cinco? ¿He oído cinco al fondo de la sala?

-Ya que estamos, el otro día prometió otra amnistía fiscal. Sé que en España están muy sensibles con el tema, pero para que relativicen sepan que en Italia llevan 58 en el último siglo. Es una gran arma electoral. La última de Berlusconi fue en 2003, una de las mayores de la historia, anónima y con todo facilidades, y acudieron a ella como moscas 3,2 millones de evasores.

-Entretanto, en su intento por humanizar su personaje, persistiendo en el error de parecer un político, Mario Monti acaricia un cachorro de perro en la tele y hace un vídeo electoral en el que juega con los nietos en el suelo al Lego.

Un clásico de propina:

Les clavan 600 euros por dos raciones de pescado y marisco frito en Venecia

Dos turistas daneses que comían pescado frito en un restaurante-pizzeria de la plaza Santa Maria Formosa en Venecia pensaron que el camarero era muy amable cuando les preguntó si querían alguna cigala más. Dijeron que sí. Luego llegó la cuenta y eran 600 euros, precisamente, les explicaron, por las cigalas. Pagaron, porque eran diplomáticos, en todos los sentidos de la palabra, y al volver a su país se fueron a la embajada italiana a presentar una queja formal. Lo investigan los Carabinieri.

(‘Il Gazzettino’ de Venecia de hoy)

 

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