El típico mes apocalíptico (1)

  Creo que ya lo sabrán, dimitió el entrenador de la Roma. El alcalde de la ciudad también está en las últimas porque le quedan dos telediarios, todo el Gobierno regional del Lazio cayó porque son unos chorizos, ni siquiera hay Gobierno de la nación, a diez días de las elecciones, y hay que buscar también un presidente de la República, que termina ahora. Encima va el Papa y dimite. Nada más enterarme, el lunes, cogí un taxi y salí corriendo para el Vaticano. Primeras reflexiones del taxista:

-¿Se ha enterado? Ha dimitido el Papa…. Quién sabe lo que hay detrás, cosas que nosotros no sabemos…

   Eso es exactamente lo que piensa cualquier romano, e italiano, al instante ante una situación así, y en cualquier situación. Que hay gato encerrado y todo se cuece en las sombras. En realidad ahora es todo el mundo el que se lo plantea. Pero la siguiente consideración del taxista fue esta:

-Si cojo a Oswaldo le desatornillo la cabeza como una bombilla… No te puedes permitir quitarle el lanzamiento del penalty al ‘capitano’ y luego fallarlo…

   Y ya todo el rato se dedicó a hablar de eso. Sí, efectivamente, el entrenador de la Roma dimitió y el equipo va fatal, el domingo perdió de mala manera. Sí, lo que haya detrás de la renuncia del Papa será muy intrigante, pero qué más da, no lo sabremos nunca y ya nos lo imaginamos, para qué darle más vueltas. Ya pondrán a otro. Pero es que lo de la Roma este año es de juzgado de guardia.
    No se crean, que el abandono del Papa a los romanos no es que les haga mucha gracia. ¿Pero qué se ha creído? El Papa no dimite, si no ¿qué Papa es? Dónde vamos a ir a parar, o dicho a la romana: “Non c’è più religione…” (Ya no hay religión). Esta no es una ciudad moderna, sino instalada en la historia. Por eso no se sorprende de nada y todo le resbala, pero le fastidian los cambios. Aunque se acostumbrará a lo que venga. De momento manadas de periodistas.
    Ahora por aquí hay una familiar sensación apocalíptica. Ya cuando cae un rayo sobre la cúpula del Vaticano casi te pones a esperar que por encima de los edificios asome Godzilla. No se sabe por qué, de vez en cuando y de repente, en Italia todo colapsa simultáneamente y parece el fin del mundo. Pero solo es un rato hasta que se vuelvan a colocar las piezas y todos de nuevo a jugar. Menos mal que siempre ha referencias sólidas, brújulas en la tormenta. El festival de Sanremo, por ejemplo. O Berlusconi, que sigue a lo suyo. Porque sigue la campaña electoral, aunque nadie se acuerde. Nuestro héroe hizo el otro día unos chistes con una empleada de una empresa sobre si alcanzaba fácilmente el orgasmo. Luego le ha salido otro lío de un marido cabreado que le acusa de ponerle los cuernos con su mujer. Hasta le ha denunciado. Pero dudo que salga nada en la prensa, porque el gran lío del Vaticano lo eclipsa todo.
    En este ambiente de las grandes ocasiones históricas, que siempre son tan cansadas, se imaginarán que me costará sacar adelante este blog. He recibido, no obstante, mensajes de algunos de ustedes que quieren que les comente las jugadas y que a ver qué hago, que si estoy dormido. Lo siento, pero tengo cada día dos o tres artículos para el periódico, porque aún hay gente maravillosa que los compra. Son ustedes formidables, dejen que se lo diga. Si quieren seguir el día a día y las conspiraciones ahí lo cuento, o lo intento. Tambíén lo pueden leer por Internet, aunque sea pagando. Sin embargo trataré de mantener aquí una especie de parte de guerra telegráfico y permanente, por seguir los acontecimientos, porque esto será muy largo. Unos dos meses sin parar.
     ¿Qué está pasando? Qué quieren que les diga. No dejen que les engañen: aquí nadie tiene ni idea de lo que está pasando, pero es muy divertido intentar enterarse. Y ríanse de las quinielas de papables, son listas que se copian de aquí y de allá. Ante la expectación creada los medios tienen que llenar espacio y tiempo con lo que sea, y me muero de risa con las multitudes de expertos que afloran por las esquinas. Con Internet todos se creen que saben de todo. Los propios cardenales no tienen le menor idea de por dónde tirar y están muertos de miedo: en 2005 ya andaban perdidos y eligieron a Ratzinger para ganar tiempo, pero el tiempo ya se ha acabado y están peor que el principio, con todo el invento patas arriba. El pobre Benedicto lo ha mandado todo a la porra y no saben a quién poner ahora para darle a esto un cambio, ni consiguen imaginar qué cambio sería, ni se aclaran si hay que cambiar, y todos se ponen a silbar mirando al cielo como si aquí nadie hubiera hecho nada. En fin, un lío. Lo pasaremos bomba.

 De ‘Habemus papam’ (2011), de Nanni Moretti.

 

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