El típico mes apocalíptico (3)

   “¡Os nombro misioneros de verdad y libertad! ¡Salid y convertid a quien no lo ha hecho todavía!” ¿Palabras del Papa en el Ángelus? No, el final del mitin de Berlusconi el domingo, con el himno a todo volumen ‘Menos mal que nos queda Silvio’. De hecho hizo un chiste sobre sus posibilidades en el Vaticano, “donde ahora se ha quedado libre un sitio”. Fue la culminación de dos horas de desbarre en las que prometió, quizá su única promesa fiable, que si Monti se queda fuera del Parlamento se emborracha. No aclaró si luego habrá bunga bunga.

   El día antes en Sicilia hizo las clásicas promesas para atraer el voto mafioso: “Para ir a la cárcel hacen falta pruebas seguras, y haber cometido delitos con penas superiores a cinco años, quiero introducir la libertad con fianza, una medida civilizada para nuestro país”. Grandes aplausos. También promete que si un imputado es absuelto en primer grado el fiscal no pueda recurrir y la cosa se quede ahí. Más aplausos. Última estocada a su mujer, a quien paga un pastón tras el divorcio, algo que le viene de perlas para argumentar que ahora es “pobre”. Sí, dice que es pobre. Dijo: “Cada mañana me pregunto si mi exmujer se habrá levantado, porque sino solo le queda la tarde para gastar 100.000 euros”. Sí, le pasa ese dineral al día. Su táctica electoral de “una estupidez al día” para ser noticia registra un ‘crescendo’ ante la recta final y ya dice al menos cuatro o cinco.

   Los meteorólogos anuncian una ola de frío polar a partir del jueves. Es decir, domingo y lunes se votará con un frío que pela, lo ideal para animar a la gente a ir a las urnas. Es la primera vez que en Italia se vota en invierno. Como el Papa se ha encerrado en unos ejercicios espirituales hasta el sábado y el domingo hay elecciones, la política empieza a tomar el protagonismo. Es curioso que coincidan estos dos momentos cruciales. También puede pasar que con la expectación acumulada de un gran cambio tanto en el Vaticano como en Italia al final haya más de lo mismo en los dos sitios. Están trabajando en ello.

   Antes de irse el Papa le dio el domingo otro palo a la Curia y a la jerarquía, a los que solo piensan en figurar y hacer carrera. Continúa, por tanto, la ambigüedad comunicativa del Vaticano, que no hace más que confundir aún más las cosas. Oficialmente no pasa nada y el Papa se va serenamente porque está cansado. En cambio, todo el mundo sabe que tiene un pifostio en casa que le ha comido la moral, pero sigue siendo un tabú afrontar directamente la cuestión. Lo hacen los medios y entonces se les acusa de contar fantasías. Pero él mismo Papa hace entender entre líneas que esto es un desastre y así no se puede seguir. Como siempre, todo es oblicuo y lleno de sobreentendidos. No creo que el creyente normal de toda la vida se entere de gran cosa de lo que está pasando. En el Ángelus el Papa era más pequeñito que nunca en la ventana, es un Papa que se sabe que ya no es Papa. Es una cosa muy rara.

   En el frente vaticano, nunca mejor dicho, nuevos movimientos de tropas de Bertone. Colocó in extremis, antes de perder el puesto automáticamente el día 28, como presidente del banco vaticano, el IOR, a un fabricante de buques de guerra. Ahora ha logrado echar de la comisión cardenalicia de control de la entidad a Attilio Nicora, el único que le protestaba cuando frenaba la operación de limpieza de los pufos del banco. Ha colado Domenico Calcagno, un amiguete que calzó como cardenal y que entonces se hizo famoso por su colección de armas. Tiene, por ejemplo, el pistolón de Harry el Sucio, para entendernos. El propio Bertone se ha atornillado a la silla como presidente de la comisión para los próximos cinco años. Todo sigue siendo paz y amor en la Santa Sede en estos difíciles momentos.

   En las maniobras del cónclave está el clásico Italia contra todos. Se creen que lo del Papa sigue siendo cosa suya y que esto de un polaco y un alemán ha sido un paréntesis excepcional. Es un dato objetivo que siempre son el grupo numeroso, esta vez 28 cardenales, una cifra que no tiene el más mínimo sentido. Pero es una costumbre que se arrastra, como muchos otros lastres decimonónicos. El siguiente grupo nacional es Estados Unidos, con 11. Sin embargo, muy a la italiana, los italianos siempre están peleados entre ellos. Parece que hay un solo italiano con posibilidades, Angelo Scola, arzobispo de Milán.

    Por su parte los demás, del resto de países, no quieren ni oír hablar de un italiano, porque todos los problemas que han desembocado en la dimisión de Ratzinger son líos muy italianos: las conspiraciones de la Curia, una corte barroca de despachos, un mayordomo que roba papeles y se cree infiltrado del Espíritu Santo… El próximo Papa debería hacer una limpieza a fondo de todo esto. Los no italianos buscan uno de fuera, pero se tienen que poner de acuerdo.

   La duda es, ante tal marrón, ¿no será que solo un italiano, con lo fino que hilan, es capaz de arreglarlo?

   Sobre lo de papas negros, latinos y demás solo hay que ver los caretos de los prelados cuando se lo mencionas. Todavía miran a los que no son europeos por encima del hombro, como poco de fiar. Está bien hablar de ello como hipótesis en momentos normales, pero a la hora de la verdad hay que ser serios. Temen que el Vaticano degenere en una especie de república bananera. Al menos ahora es una especie de monarquía absoluta decrépita, que tiene mucho más solera.

    Entrarán en el cónclave 117 tíos. La mayoría para ser elegido Papa es de dos tercios, es decir, 78. Todos los europeos juntan 61 cardenales y son los que mandan.

    El festival de Sanremo por lo menos ya se ha terminado.

    Hablando, por fin, de cosas importantes en Roma a la gente se la ve mucho más contenta desde el golazo de Totti, el ‘capitano’, a la Juventus este fin de semana.

 

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