Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Ya saben que en Italia el pasado no pasa, siempre está presente. Pero a veces es necesario dejarlo atrás. Luego ocurre eso de cambiar todo para que no cambie nada, lo del Gattopardo, pero vamos a dejarlo por el momento. En fin, que quería hablarles del congreso del PDL. Tiene que ver con lo del 25 de abril, porque Berlusconi ahora se hace el moderno. El congreso se nos ha pasado sin decir nada y quizá hayan oído algo sobre ello. Si dentro de Italia ya es difícil seguir la política, y en general a la gente no le interesa, qué decir del mundo exterior, que sólo ve sopas de siglas y gente que no le suena nada, aparte Berlusconi.
Esto del PDL es un esfuerzo de imagen sobrehumano. Berlusconi, que lleva 15 años haciendo y diciendo lo mismo, tiene que seguir vendiendo un producto a la última moda y que es el hombre nuevo, siempre joven gracias a sus estiramientos faciales. Pero es más fuerte que él: luego va y saca en el congreso el mismo discurso de 1994, cuando anunció su entrada en política. Se citó a sí mismo varias veces y hasta lo leyó literalmente durante cuatro minutos. Al final, regaló a los delegados una edición impresa en falso pergamino con caracteres gótico-medievales. ‘Por mi país’, se llama. El efecto es algo así como esos mesones arandinos de cartón piedra con armaduras en las esquinas, que quieren ser clásicos aunque hayan abierto en 2005. Pero es que Berlusconi se cree el mesías. Miren este fragmento de su discurso:
«Según Erasmo, ‘Las decisiones más sabias, las más justas, la verdadera sabiduría, no es la que surge del razonamiento, ni de la mente, sino de una locura visionaria con amplitud de miras’. Yo creo de verdad que una ‘locura visionaria con amplitud de miras’ me ha guiado desde el principio en nuestra aventura política. He pensado donaros una edición en pergamino de mi primer discurso, ‘Por mi país’, del 26 de enero de 1994,...»
Es modesto, porque la amplitud de miras se veía venir mucho antes. Se acaba de publicar un libro con el diario inédito de Indro Montanelli en el que escribía reflexiones personales. Miren lo que anotaba el 23 de mayo de 1977 sobre un acto de homenaje al que acude:
«Vuelo a Luxemburgo en el habitual birreactor de Berlusconi, que nos acompaña, feliz de exhibirse y de exhibir su estatus en una ceremonia internacional. (...) Berlusconi llena su cuaderno de direcciones, de todas las personas que ha encontrado. Es el verdadero escalador que aprovecha todo y no tira nada»
Pues eso, 1977. Y sólo era un constructor. Ya saben de dónde viene su manía de desmelenarse en las cumbres internacionales. Pero hemos citado 'Il Gattopardo' (Visconti, 1963) y hay que poner algo, está muy a tono con el tema:
Pero para dejar atrás el pasado peor lo tiene Gianfranco Fini, líder de Alianza Nacional (AN), que se ha diluido en el PDL. Su condena ha sido pasar media vida siendo fascista y tener que pasarse la otra media renegando del fascismo. Eso es cansadísimo. Para los no iniciados, lo explicaremos, quizá no brevemente. Porque para buscar el origen de AN hay remontarse a la rendición de Italia en la Segunda Guerra Mundial. Mientras los aliados comían el terreno a los alemanes, el fascismo y Mussolini resistieron en un miniestado llamado República Social Italiana (RSI) o República de Saló, por la localidad del lago de Garda, en el norte del país, donde tenía su capital. Les llamaron ‘’repubblichini’ (republiquinos). Allí, marionetas de los nazis, siguieron haciendo como si nada los últimos incondicionales durante año y medio. Aquí al lado tienen un amable cartel propagandístico de la época.
Uno de aquellos 'repubblichini' fue Giorgio Almirante, que en 1946 volvió a la vida pública y fundó con otros colegas el Movimiento Social Italiano (MSI). Ya ven que de RSI a MSI sólo cambiaba una letra. Es como si en Alemania tras la guerra se presentara otra vez a las elecciones el partido nazi, pero es que Italia es así: aquí no hubo procesos de Nuremberg y se hizo la vista gorda para no empeorar las cosas. Por otro lado, cosa que se suele olvidar, los Estados Unidos estaban interesados en mantener más o menos intacto el tejido social fascista, pues ya desde el final de la guerra estaban pensando en la posguerra y en el nuevo enemigo: Stalin. Italia tenía el mayor partido comunista de Occidente y el riesgo de que se convirtiera en un satélite de la URSS lo convirtió en un país decisivo de la Guerra Fría. Total, que EE UU y sus servicios secretos, como el Vaticano, echaron una mano a los fascistas para que salvaran el pellejo. Italia pagó muy cara su condición de tablero de juego, pues aquello se convirtió en los sesenta y setenta en una gogantesca ensalada de espías y conspiraciones.
De todos modos, lo curioso es que el ministro de Justicia del primer Gobierno italiano que soltó en la amnistía de 1946 a unos 7.000 fascistas, entre ellos incluso dirigentes y torturadores, fue el comunista Palmiro Togliatti. Pensaba atraer así a esta gente hacia el PCI, por su anticapitalismo. Le salió mal, claro.
Como vimos el otro día, Italia vivió una guerra civil incipiente entre partisanos y fascistas al final de la Segunda Guerra Mundial, pero esta supervivencia del fascismo mantuvo latentes los dos bandos, un choque que asomó de nuevo en los ‘años de plomo’, con terroristas rojos y negros, e incluso, según algunos teóricos, sobrevive hoy de forma degenerada con el ‘berlusconismo’ y ‘antiberlusconismo’. El fascismo ha llegado hasta hoy.
Pero hablábamos de Almirante, jerarca de la República de Saló, un tipo que el 5 de mayo de 1942 escribía en la revista ‘La Difesa della razza’ lo siguiente. Perdonen la extensión de la cita y las posibles arcadas:
«El racismo tiene que ser comida de todos y para todos, si verdaderamente queremos que en Italia haya, y esté viva en todos, la conciencia de la raza. Nuestro racismo debe ser el de la sangre, que corre en mis venas, que yo siento fluir en mí, e puedo ver, analizar y confrontar con la sangre de los otros. Nuestro racismo tiene que ser el de la carne y los músculos, el del espíritu, sí, pero en la medida que el espíritu se alberga en e
stos determinados cuerpos, los cuales viven en este determinado país: no de un espíritu vagante entre las sombras inciertas de una tradición múltiple o de un universalismo ficticio y engañoso. Si no, acabaremos por hacerles el juego a los mestizos y los judíos, los judíos que, como en demasiados casos han podido cambiar de nombre y confundirse con nosotros, así podrán, todavía más fácilmente y sin ni siquiera necesidad de prácticas dispensiosas y costosas, fingir una mutación de espíritu y decir que son más italianos que nosotros, y fingir serlo, y conseguir pasar por tales. No hay más que un atestado que pueda dar el alto al mestizaje y el judaísmo: el atestado de sangre».
Más tarde Almirante renegó de estas palabras. Pero por lo demás mantuvo el pedigrí perfectamente, brindando con el golpe de Estado de Pinochet. Ahí lo tienen, el abuelete del sombrero, en una foto con los chicos que daban palizas en la universidad. Pues bien, el joven Gianfranco Fini fue el delfín favorito de Almirante. Hoy es un señor civilizado de derechas bastante progre. No debe subestimarse nunca
la fabulosa capacidad transformadora de un político italiano. A simple vista puede parecer reprobable, pero bien mirado es sólo la muestra más visible del sentido práctico de la adaptación y la supervivencia de este peculiar pueblo, al que yo admiro ciegamente. Ojalá me saliera a mí. Me lanzo como siempre, cargado de ignorancia, a la antropología barata: el español es un iluso entrañable y cabezón, cree en los ideales inmutables y eternos, es evaluado socialmente por ese patrón, desconfía de la sofisticación. En cambio el italiano toma la vida como viene, no se hace grandes ilusiones y cree en el carácter lúdico de la existencia.
Volvamos al rollo histórico. El MSI, prueba de esto que decimos, apenas sacó 500.000 votos, un 2%, en las primeras elecciones de 1948. Habiendo sido fascistas hasta poco antes, los italianos sabían perfectamente que eso ya no tocaba. Todos se hicieron democristianos o comunistas. Luego, pasado el temporal, el MSI ya sacó sus dos millones de votos a partir de los setenta. Pero en 1947 en el ayuntamiento de Roma ya había tres concejales fascistas del MSI, como lo oyen. Pero es más, en la inmediata posguerra los propios fascistas se reciclaron a toda velocidad. También sabían que eso ya no tocaba. Según un estudio de Renzo De Felice, máximo historiador del fascismo, sobre la situación en algunas provincias en esos primeros años, el 50% de los inscritos a todos los partidos del abanico parlamentario, de izquierda, centro y derecha, eran ex-fascistas. En fin, que estaban por todas partes.
Fini ha contado que entró en política por una película. Digamos que es una de las más fachas que ha hecho Hollywood en toda su vida, ‘Boinas verdes’ (The Green Berets, John Wayne, 1968):
Yo tengo debilidad por John Wayne, con el que crecí viendo películas de vaqueros en ‘Primera sesión’, y me dan igual sus ideas políticas, pero esto es un panegírico sobre la guerra de Vietnam como la copa de un pino. Cuando Fini fue al cine a verla se encontró con manifestantes de izquierda que la boicoteaban y le insultaban. Se cabreó y empezó a interesarse por la política. Ya ven el poder del cine. Espero no haber creado ningún fascista con el trocito de la película que he puesto yo, aunque a la gente es mejor no darle ideas.
Fini llegó a la secretaría general del MSI en 1987 y Almirante dijo: «Nadie podrá llamar fascista a quien ha nacido en la posguerra». Y Fini le definió «el líder de una generación que no se rindió». Y todos tan contentos. En el entierro de Almirante, en 1988, Fini hacía conmovido el saludo fascista. Ya ven que eso es de anteayer, como quien dice. Pero luego empezó la transformación. En 1995, Fini cambió el nombre del partido, de MSI a Alianza Nacional (AN). Desde entonces, se enfadan si alguien define el partido como «post-fascista», que es la manera más suave de decirlo. A mí no, porque no pinto nada,
pero a colegas de periódicos más importantes les llaman puntualmente indignados cada vez que lo escriben, aunque lo hacemos más que nada para que el lector extranjero sepan de quién estamos hablando. Porque, ¿cómo llamarían ustedes a un partido cuyo símbolo es la llama que arde sobre la tumba de Mussolini? Ése era el símbolo del MSI, mantenido hasta ahora, por no hablar de las siglas alusivas, que se pueden leer como Mussolini Sei Inmmortale (Mussolini eres inmortal). La mítica ‘fiamma’ (llama), hasta ahora intocable, ha aguantado medio siglo hasta el otro día, cuando quedó sepultada en el envoltorio de plástico del PDL. Y eso que miren lo que contestó un día el ínclito Ignazio La Russa (chico de la foto, actual ministro de Defensa con su fantástico careto de los años treinta) al periodista que le preguntó si algún día eliminarían la ‘fiamma’: «¿Pero usted se quitaría sus atributos?». Así se sienten ahora los nostálgicos de AN, un poco castradillos.
En fin, ‘post-fascistas’ o no, el caso es que nunca les han querido en el Partido Popular Europeo (PPE), aunque ahí anda Fini trabajándose a Aznar con su fundación FareFuturo e incluso presentándole sus libros, a ver si le mete en el club, igual que coló en su día a un elemento como Berlusconi. Con el PDL ya está arreglado.
Pero debe reconocerse que Fini se ha dedicado con convicción a dar entender que ya no es fascista, sino sólo de derechas. Peregrinó a Jerusalén, visitó el museo del Holocausto, empezó a hablar mal de Mussolini,... Mírenle en la foto con Sharon, como un niño bueno. Muchos de su partido estaban asqueados, pero de algo hay que vivir. Fini tiene 57 años, y espera su turno histórico tras Berlusconi, 72 años, que aunque no lo crea, y los demás empecemos a tener dudas, no será eterno. En una década, acorde con los tiempos históricos italianos y si el tiempo lo permite, Fini será primer ministro. La gran ventaja de Fini, su intuición política decisiva, es que al lado de Berlusconi parece normal, y en los últimos años se ha forjado cuidadosamente una imagen de sensatez. De hecho, sería un líder excelente para el Partido Demócrata (PD), la oposición. Se desmarcó de la polémica de la pobre Eluana o le para los pies a Berlusconi cuando quiere aplastar las reglas y propone eliminar el voto en el Parlamento. Pero yo creo que no hay que fiarse. Tras su aparente serenidad, quizá Fini tenga un lado kitsch oculto que tardará en salir, pero será cuestión de tiempo. A lo mejor cuando mande y se desmadre, como su amigo Aznar, que ahora cultiva exclusivamente esa faceta. Porque lo más ‘heavy’ que hay en el pasado de Fini no es Mussolini ni Almirante, sino lo que van a ver ahora en este glorioso documento:
Efectivamente, se trata de la actual señora Fini, Elisabetta Tulliani, en una vida anterior. El cacique indescriptible es Luciano Gaucci, ex-propietario del Perugia, uno de esos personajes inenarrables del Calcio. Les traduzco los diálogos impagables del docudrama.
Interior castillo. Despacho.
-Elisabetta, soy yo, oye, te quería decir... si te apetece dar una vuelta por el castillo, nos vemos en la sala Sforza.
Música. Galería.
-Yo... tenía que decirte una cosa, que no sé si te puede gustar...Estaba reflexionando, porque soy un fatalista, que pensando en el hecho de que tú eras compañera de clase de mi hijo Alessandro, el destino quiso que nos encontráramos y nos enamoráramos, así que soy muy feliz por esto ¿qué piensas?
-Sí, es verdad, efectivamente es una cuestión de destino...
Música. Biblioteca.
-Elisabetta, ¿qué estas leyendo?
-‘Grandes historias de amor’.
-Como la nuestra. ¿Lo sabes que yo podría ser tu padre?
-¡Y yo también podría ser tu hija!
-Por fortuna no lo eres.
-¡Nuestra relación es distinta, querido!
Música. Sala de billar.
-Te he dicho que no tienes que darle a las de colores, si no a la blanca, todavía no has aprendido.
-A mí edad se va a la discoteca, no se juega al billar
Música. Exterior. Cochazo.
-Desde luego es una bella joya.
-A propósito de joyas... Tengo este jugador que quiere dos millardos más de fichaje, ¿qué quieres que haga, su ficha o una joya para tí?
-Las dos cosas y así...
-¡Pero entonces serían cuatro (millardos)!
Música. Escalinata principal.
-¡Amore! Ya que estamos en un castillo, si hiciéramos el juego de la torre, entre yo y el Perugia, ¿a quién tirarías de la torre? Cuidado que me tiro, eh.
Pausa musical. Pensativo:
-Elisabetta, ¿sabes lo que he pensado? Alessandro es consejero delegado. Riccardo es consejero. A ti te hago presidente. Ciao.
FIN.
Bueno, en realidad no la hizo presidentessa del Perugia, sino del Sambenedettese, otro club que tenía por ahí. Gaucci huyó a la República Dominicana por la quiebra del Perugia, mientras detenían a sus hijos, y vivió a lo grande. Aunque el delito ya ha prescrito y creo que ya anda otra vez por aquí.
Este vídeo de antología, que demuestra cómo Fini puede ser un más que digno sucesor del 'Cavaliere', fue emitido por una cadena de Berlusconi en un momento de distanciamiento con Fini. Para que vean lo útil que es tener una televisión. Por otro lado, la entrevista de esta semana a la mujer de Berlusconi, Veronica Lario, donde le ha puesto a parir por presentar macizas en las listas electorales y tontear con adolescentes ha sido publicada por la revista de FareFuturo, la fundación de Fini. Ya ven qué amigos son los dos líderes del PDL. Y no se preocupen, que otro día hablaremos de este último culebrón de Berlusconi.
Ah, entretanto, en ‘Liberazione’, el diario comunista, andan debatiendo sobre la rehabilitación de Stalin.
Como continuación de un capítulo anterior, y por dejar constancia de que algo se mueve por ahí abajo en Italia, el sábado hubo movida en el partido Bulgaria-Italia. Se trata de ultras, efectivamente, y alguno pensará que, bueno, que es normal, que en el fútbol ya se sabe y que en Italia más todavía. Pero escuchen a Gigi Riva: "Es la primera vez que la selección vive una noche así, y lo dice uno que viste de 'azzurro' desde 1963".
La noche así fue una agradable velada de brazos con el saludo romano, gritos de "¡Duce, duce!" y otros coros, incluido el momento del himno nacional. Luego, peleas, quema de bandera y enfrentamientos varios. Cruces célticas, esvásticas, el repertorio clásico.
Más reconfortante aún la reacción de Domenico Mazzilli, director del Observatorio del ministerio de Interior para prevenir la violencia en los estadios: "En Bulgaria eso no es delito, y yo no soy sociólogo". Fin del expediente.
Peor la papeleta del ministro de Defensa, Ignazio La Russa (Alianza Nacional, post-fascista). Ha condenado enérgicamente lo ocurrido, pero su ex-colega Francesco Storace, que rompió con el partido precisamente por traicionar las esencias originales, ha tenido el mal gusto de intervenir: "Lo que cantaban era lo mismo que La Russa cantaba de joven". Los cinco 'tifosi' detenidos también son jóvenes, entre 27 y 29 años, como entonces La Russa. A lo mejor un día también ellos serán ministros. En realidad este grupo sigue a la selección desde 2003, pero sólo ahora se han venido arriba, quién sabe por qué.
Una situación verdaderamente entretenida.
Una vez jaleados, los chicos pueden ser difíciles de controlar, hasta llegan a superar a sus maestros. Veáse lo que le ocurre al protagonista de 'Il federale' (Luciano Salce, 1961), una película muy interesante por diversas razones. Es uno de los primeros filmes italianos que afrontó el fascismo desde el punto de vista de un fascista, aunque fue muy polémico porque le humanizaba bastante y la guerra era aún reciente. El cine italiano de la era dorada ha tenido esta formidable capacidad de analisis. También fue la primera película en la que Tognazzi, hasta entonces encasillado en la comedia y la televisión cómica, pudo ensancharse como actor. Y además es el debut de dos grandes nombres del cine italiano: Stefania Sandrelli y Ennio Morricone, que firma su primera banda sonora. Para terminar, sólo reseñar que Salce, un tanto olvidado, es director de un puñado de buenas comedias y, todos en pie, de los dos primeros capítulos de la saga de Fantozzi.
Sinopsis: El soldado Primo Arcovazzi (Tognazzi) es enviado a capturar a un profesor antifascista y llevarlo a Roma. Son los últimos días de la guerra y el caos es general. Tras detenerlo, ambos emprenden el viaje a la capital, lleno de peripecias. De paso, comienzan a fraguar cierta inconfesable amistad. Tras una de estas desgracias, Tognazzi pierde su uniforme, pero llegan a una Casa del Fascio en un pueblo y entran a pedir ayuda. Sin embargo aparecen dos chavales muy bien aleccionados. Les toman por espías. Tognazzi le asegura que es un soldado fascista y que lleva un prisionero a Roma. Hasta interviene el profesor para testimoniar a su favor: "Os aseguro que es un pez gordo del partido, y con buenas esperanzas de convertirse en Federale". Pero nada. Deciden interrogarlo a ver si es verdad, con preguntas del manual del fascista ejemplar, en plan catequesis y con la retórica de la época. Por ejemplo, "¿Cuáles son los motivos que nos dan la certeza de la segura victoria?" "Primero, combatimos por una causa justa. Segundo, tenemos armas y voluntad..." Etcétera. Pero hay una pregunta cuya respuesta ha olvidado. Se la tiene que soplar su amigo el prisionero. Entonces los chicos le dan el visto bueno. Cuando uno de ellos le va a dar la mano, Tognazzi le reprende, porque estrechar la mano fue abolido el 23 de junio de 1938. Como el dar de usted, los anglicismos y otras reformas del lenguaje. Cuando se van, los chicos se quejan de que el tándem que se llevan es del partido. "El partido soy yo", replica Tognazzi. Saludo final: "Vincere! Vinceremo!". Recuerda el "Hasta la victoria siempre" que todavía hoy se usa en Cuba. Qué cosas.
El otro día le preguntaron al portero del Milan, Christian Abbiati (llegado ex-Atlético de Madrid), sobre sus ideas políticas, aunque se intuyen porque tiene la canción ‘Faccetta nera’, himno fascista de la guerra de Etiopía, como sintonía del móvil: «Hago míos algunos valores del fascismo: la patria, el orden social, el respeto de la religión católica. No comparto sus errores: la alianza con Hitler y la entrada en la guerra, sobre todo. Pero basta de considerar el fascismo como un tema tabú».
También le preguntaron (y dos veces en lugares distintos) al presidente de su club, y primer ministro de todos los italianos, Silvio Berlusconi, si era antifascista. Respuesta: «Yo pienso sólo en trabajar, para resolver los problemas de los italianos».
Lo cierto es que el fascismo en Italia no es ningún tabú, para tranquilidad de Abbiati, y en cambio el antifascismo parece cada vez más una tontería, para preocupación de los demócratas. Lo del antifascismo tiene más enjundia de lo que parece, pues es la raíz del actual Estado italiano, que de este modo nació en el bando de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y explícitamente contra el fascismo.
Todos los días uno se cruza en los puestos callejeros de Roma con retratos de Mussolini, que se venden tranquilamente junto a los de Totó y Padre Pío. Hay muchos taxistas con el llavero del ‘Duce’ o que afirman que Italia sólo
funcionaría con un dictador, «come quando c’era Lui» (‘cuando estaba Él’, que en este caso es Mussolini, no Berlusconi). Los chavales en el instituto se diferencian no sólo por equipos de fútbol, sino por ser fascistas o comunistas (que también existen, como vimos en el capítulo 8 de esta serie), pues la política impregna toda la vida social en Italia, al menos como pose.
Ha habido un partido salido directamente del fascismo, el
MSI, que luego se convirtió en Alianza Nacional (AN) y que es el segundo del Gobierno centro-derecha, tras el de Berlusconi. Aún tienen el símbolo de la llama sobre la tumba de Mussolini, en Predappio. Por cierto, fantástico lugar de peregrinación, nostalgia y exaltación fascista. AN ha hecho malabarismos para reciclarse en derecha civilizada -su líder, Gianfranco Fini ha peregrinado a Jerusalén- pero en la base hay un núcleo duro muy ‘negro’. Por alguna razón, el triunfo abrumador de la derecha en mayo les ha dado alas. No se sabe por qué, pues es un Gobierno de lo más progre: Berlusconi, AN y la Liga Norte, el partido ecologista por el esperanto y las razas del mundo, del que ya nos hemos ido ocupando (ver La dura construcción nacional).
El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN), por ejemplo, en plena ceremonia de la Resistencia, reivindicó a los soldados de la República de Saló, el mini-estado fascista que persistió en el norte del país durante el avance aliado. El alcalde de Roma, Gianni Alemanno (AN), que lleva un cruz céltica en el cuello, dijo que «las leyes raciales sí fueron el mal absoluto, pero el fascismo no, es un fenómeno más complejo».
Fini, que aspira a suceder a Berlusconi, intentó quitar hierro al asunto, pero las juventudes del partido se le pusieron bravas. He aquí la carta que le escribió el presidente de Acción Juvenil de Roma, Federico Iadicicco: «He puesto todas mis ganas en encontrar un motivo para ser antifascista pero no lo he encontrado, es más, he encontrado muchas para no serlo. Ruego a Dios que nos dé la fuerza para perdonar a quien en nombre del antifascismo ha matado jóvenes vidas inocentes, pero no podremos ser, no queremos ser y no seremos nunca antifascistas».

Alessandra Mussolini, nieta del Duce, que siempre anda por ahí dando la nota, aprovechó el debate para ponerse una camiseta molona: «Con orgullo, de la parte equivocada» (la chica de la foto de arriba). Curiosamente en su día hizo pinitos como actriz y aparece con quince añitos en una de las mejores películas italianas contra el fascismo, la magnífica ‘Una giornata particolare’ (‘Una jornada particular’, 1977, Ettore Scola), con Mastroianni y la Loren. Pero claro, es que es sobrina de Sofia Loren, cuya hermana se casó con un hijo del Duce. Como también apareció en Playboy y eso no quiere decir que esté buena.
En resumen, en este ambientillo están floreciendo pintadas fachas en Roma y están de modas las palizas a inmigrantes, como se contará en el periódico de mañana. Pero seguramente no tenga nada que ver.
El fascismo, pese a sus ínfulas y pretensiones, siempre choca con una inexplicable falta de consideración, se le infravalora. Basta ver sus inicios, como muestra la genial película de Dino Risi ‘La marcia su Roma’, (1962), con Gassman y Tognazzi.
Sinopsis: La película, tres décadas antes que Forrest Gump, mezcla imágenes reales con la ficción. Es buena ocasión para verlas, pues se pasan siempre las nazis y muy poco las del fascismo italiano. Bajo el esquema de una tragicomedia que cuenta las andanzas de dos desgraciados, reconstruye muy en serio la llegada del fascismo. Aquí, al final de la película, se ve la marcha sobre Roma. Ordenan al Ejército que dejen pasar a los fascistas.
En Roma, los dos protagonistas asisten a la llegada. "¿Has visto? Lo han conseguido", dice Gassman. "No, no está nada claro. ¿Cómo van a mandar a esta gente al Gobierno? Verás como las cosas cambiarán, de así a así", responde Tognazzi, pero mientras el amigo le levanta el brazo por si acaso. "Y el rey, ¿lo han echado?", pregunta de nuevo. "No, ha sido él el que los ha dejado entrar", insiste Tognazzi. "Pero bueno, todavía tiene que hablar,..." En ese momento, golpe maestro de Dino Risi, que pone imágenes reales con una voz en off inventada. El rey Vittorio Emanuele III le pregunta al general Armando Diaz:
-General, desapasionadamente, ¿qué piensa de estos fascistas? ¿Cree que dejamos el país en buenas manos? Dígame sin rodeos su parecer, porque estamos todavía a tiempo de echarlos, ¿eh?
-Desapasionadamente majestad, me parece gente seria.
-Sí hombre sí, vamos a probarlos unos meses.
FINE
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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