Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Alitalia, arranca la negociación.
Los sindicatos: será duro.
Contratos y despidos al centro del conflicto.
(No, no han leído mal. Es la noticia de apertura, dos páginas, del ‘Corriere della Sera’ de hoy. Sí, sí, ya sé que es el mismo titular de hace un mes, o dos, o un año o seis años. Lo de Alitalia no se ha acabado, sólo se ha olvidado, pero sigue ahí escondido, igual que siempre. Ahora, la próxima fecha en la que la compañía asegura que se le acaba el dinero es el 15 de noviembre)
Sólo para que quede constancia. Una de las chicas de la foto de Alitalia de las que hablamos el otro día, la de la cuerda (ver primer capítulo) , lo ha conseguido. Ya es famosa. Como dijimos, se veía venir porque apuntaba maneras. Siempre en primera fila de las movidas (la vemos aquí al lado), tras aparecer varios días en la prensa, pues lo hacía constantemente en las fotos de todas las agencias, el otro día participó en ‘Annozero’, programa de debate de Michele Santoro en la RAI. Fue como representante de los trabajadores. No estuvo mal, les dio caña a los políticos.
Por su interés, referimos los escasos datos que ha logrado arrancarle la prensa en algún momento, no obstante el fragor de la batalla laboral:
Daniela Martani, romana, 35 años. Fecha de nacimiento, 18 de mayo de 1973. Soltera y sin novio, porque hace rutas internacionales y así es difícil. Vive con sus padres. Tiene cuatro gatos. Azafata de Alitalia desde hace once años, aunque le da miedo volar. Está estudiando al mismo tiempo periodismo, en el tercer año. Sus dos mejores amigas se llaman Tamara y Carla. No bebe. Su verdadera pasión es cantar, aunque también ha hecho pinitos como actriz. Actúa en locales de Roma y provincia. Fiestas, bodas, cosas así. Envió una canción a Sanremo, pero no fue seleccionada. Se ha presentado a las pruebas de ‘X-Factor’, un programa en plan ‘Operación triunfo’, pero fue descartada en el segundo corte.
Pero un día va a una manifestación por la crisis de Alitalia y salta la oportunidad. Es que nunca se sabe.
Para ilustrar la crisis de Alitalia ayer elegí la foto de esa chica pensativa con un cartel. Era la que tenían todos los diarios digitales italianos. Hoy se repite en la primera página del ‘Corriere della Sera’ y de ‘La Stampa’, por ejemplo. Es revelador de lo que llevamos hablando estos días: ante cualquier noticia, acontecimiento o tragedia los medios italianos suelen buscar a la chica mona. Da igual que sea un mitin electoral o un naufragio. Ayer había decenas de imágenes de manifestaciones, piquetes e indignación sindical. Pero eligen ésta.
Quizá no es del todo descaminado buscar al menos la belleza en los momentos de caos. Pero creo que, más que reflejar una sociedad, reflejan a los redactores jefes de los medios. Son todos tíos. Se ponen a ver las fotos de día y no lo dudan. Ahí está la diferencia con España. Los redactores jefes españoles rechazarían la foto que nos ocupa porque pensarían que es una frivolidad y pondrían escenas dramáticas. Si acaso, la darían en un rincón, como detalle. Puede ser fruto de una cultura de puritanismo y pudor católica o el resultado de los primeros implantes de modernidad. En Italia, en cambio, la religión siempre ha sido más ostentosa y basada en la piedad. En cualquier caso, la clave es pensar qué transmite mejor la noticia: quizá un redactor jefe italiano piensa que la tristeza del drama humano de Alitalia se transmite mejor con esa chica guapa melancólica. En Italia se mueven más cómodamente en el sentimentalismo. En estas sutilezas, que subyacen tras los tópicos, se descubre que el abismo de la diferencia de carácter con España es enorme.
Otra cuestión es la chica en sí. No sé en este caso, pero a menudo a los italianos les encanta figurar. Lo hacen con el mayor desparpajo y en cualquier acto público televisado les ves posar sin rodeos o hacerse los encontradizos con la cámaras. Es una faceta más de su individualismo, respuesta a un sistema que no funciona, aunque esto ya puede que sea sociología barata. El español tiene más miedo a destacar o a hacer el ridículo, está más a gusto en la masa. Por ejemplo esta chica de aquí al lado (que hace referencia a la famosa 'cordata' con una soga de horca) aparecía ayer en varias fotos distintas en posturas diferentes. Repito que no sé si sólo pasaba por allí, y pido disculpas por adelantado.
Los medios siempre buscan a la chica guapa, hasta en las misas del Papa retransmitidas por la RAI, aunque en esos casos suelen seleccionar un tipo de belleza determinado, sin maquillaje, que refleje pureza y limpieza de espíritu. A veces incluso el factor chica da prioridad a la noticia: apostaría que el hecho de que la madre de la pobre Madeleine fuera mona le dio aquí muchas más portadas al caso que si hubiera sido normalita, igual que el triunfo de la coalición naranja en Ucrania tuvo más repercusión porque Yulia Tymoshenko es guapa. Si no, seamos sinceros, ¿a quién le importa la situación política ucraniana? En fin, es un país en el que el ‘Corriere della Sera’, el diario más serio, sacó en foto de primera página a Condoleeza Rice resaltando el «look sadomaso» de la secretaria de Estado sólo porque iba con minifalda negra de cuero.
Dicho esto, es obvio que Italia es mucho más y aún más arriesgado generalizar, dado el potencial de genialidad individual de sus ciudadanos. Sin ninguna duda, un país maravilloso, uno de los más maravillosos de la tierra. Aquí tienen, condensada en un minuto, algo de la esencia de Italia en un anuncio que hizo para un banco Giusseppe Tornatore (Cinema Paradiso, 1987). La música es del maestro Paolo Conte, por el gelato al limone.
Caramba, ahora que me doy cuenta, salen muchas chicas monas, no sé si era un buen ejemplo...
Por cierto, en el momento de publicar esta nota la patronal italiana, Confindustria, comunica que el país está en recesión, por tercera vez desde la posguerra.
En las próximas horas Alitalia quebrará o seguirá agonizando en manos de una alianza variopinta de 18 empresarios, caso único en el mundo, que la sacará adelante de momento. Eso porque el último ultimátum (tal aliteración en Italia es obligada, siempre hay muchos ultimátums) es mañana, el jueves 18 de septiembre.
Pero en Italia el verbo que más se conjuga es ‘aplazar’ (‘slittare’, resbalar). Todo resbala, todo se mueve, todo se puede aplazar, dejar para otro día, hasta lo más sagrado. Es una buena forma de relativizar la importancia de las cosas. Desde un examen al inicio de la liga o el cierre de los colegios electorales. Alitalia, por ejemplo, lleva afrontando su día decisivo, el de verdad, cada semana de la última década.
El otro día, en el Corriere della Sera, Sergio Rizzo, co-autor del best seller ‘La casta’, libro imprescindible sobre la vida de escándalo y despilfarro de los políticos italianos, hacía un fantástico resumen de los mejores pufos de Alitalia. Un top-ten de la inutilidad y el mamoneo que lo explica todo. Por ejemplo, que para cinco aviones de cargo tenía asignados 135 pilotos. Que instituyó una comisión de ocho personas sólo para decidir los nombres de los aviones. Que, por ejemplo, el ministro de centro-derecha Claudio Scajola, cada vez que ha llegado al cargo en los últimos años -tres veces con Berlusconi- ha abierto una línea de Roma al pueblo donde tiene el colegio electoral. Máximo de pasajeros registrado: 18. Cuando le cesaban, la línea desaparecía. Al volver a la poltrona, reaparecía. O cosas como que Alitalia ha tenido una oficina con 15 empleados en México hasta 1999, pese a que las líneas con ese país se abandonaron... en 1985, y menos mal que lo denunció una revista. Y así hasta el infinito. Los sindicatos también tienen lo suyo, claro. Un día, en un momento de cabreo sindical, la más pequeña de las trece siglas de pilotos consiguió parar 320 vuelos, y eso que sólo tenía cinco afiliados inscritos.
En resumen, Alitalia es uno de los símbolos más afinados de por qué Italia va tan mal. Uno de los entes más ‘fantozzianos’ que existen, y es una última broma del cielo que haya acabado en manos de un comisario extraordinario llamado Fantozzi, como decíamos el otro día. La prensa le está sacando mucho jugo a la homonimia, que ha situado el problema en su justa medida de absurdo. Ya con sólo oír mencionar cada dos por tres ‘Fantozzi’ en las noticias todo el mundo comprende que se trata de la tragicomedia definitiva. Con al menos 3.000 despidos por medio o gente a la que proponen rebajar aún más su sueldo de 1.200 euros. Lo sintetiza la viñeta de Giannelli en el ‘Corriere’ de aquí arriba, que ahora pasaremos a explicar, tras la oportuna visión de una secuencia histórica.
Sinopsis: La viñeta evoca a Fantozzi, nuestro héroe, en una de sus más gloriosas escenas, la más recordada por los italianos. Es la que sigue a una secuencia que ya vimos en su día (capítulo 'Calcio, esa enfermedad'), durante la Eurocopa, cuando Fantozzi se dispone a ver un Italia-Inglaterra decisivo. Fantozzi ya está preparado ante la tele con todos los complementos: manta de cuadros, tortilla con cebolla, cerveza familiar Peroni helada y eructo libre. En ese momento llama su compañero Filini y le dice que obligan a los empleados a acudir al terrible cine-club de la empresa, dirigido por un pesadísimo ejecutivo apasionado del expresionismo, para ver un filme checoslovaco con subtítulos en alemán. Por un momento hay esperanza, porque la copia no ha llegado, pero anuncian que a cambio proyectarán 'El acorazado Potemkin', que ya han visto decenas de veces, obligados, en plúmbeos sábados por la tarde. En todas las sesiones los empleados hacen la pelota e intervienen en el coloquio posterior, pero esta vez la humillación es demasiado. Cuando termina, por primera vez en años el subordinado Fantozzi pide la palabra. Clama en voz alta lo que todos piensan: que 'El acorazado Potemkin’ es "una cagata pazzesca» (Una cagada bestial). Después apalean al dirigente, destruyen la película y le obligan a ver cine basura italiano. Tras dos días de sublevación, son reducidos por la Policía.
En la viñeta, se alude a la famosa opinión de Fantozzi, aplicada la solución desesperada que se ha buscado a Alitalia. Sólo que le cambian una palabra: en vez de "cagada", le hacen decir "cordata", la 'cordada' de empresarios que se ha hecho con la compañía.
Puede que el Papa el otro día rezara en Lourdes por Alitalia, con la que hace sus viajes. Si es así, es en este momento la posibilidad más realista de salvación para la compañía.
El Gobierno italiano ha superado la ficción, una vez más. En esta ocasión, en sentido escrupulosamente literal. Además, ha cumplido el sueño de generaciones de italianos y, más en concreto, de este blog. En resumen, ha nombrado comisario extraordinario de Alitalia a.... ¡Fantozzi!
Sí, se trata del protagonista inaugural de este blog, del héroe de los bloques de oficinas, del empleado gris, desgraciado y servil por excelencia, del dependiente humillado que nunca será ascendido. El ragionere Ugo Fantozzi, como ya se ha explicado en otras ocasiones, es el inmortal personaje de Paolo Villaggio, centro de una saga de diez películas desde 1975. Resulta que hay un tipo que se llama igual. Pese a su curriculum, estas cosas en Italia se toman muy en serio y hasta ahora se le había ocultado en cargos de segunda fila, dado el efecto cómico que produce. Es como si en España nombraran ministro de Defensa a un tal Chiquito de la Calzada. Según la prensa, el propio Berlusconi rechazó su candidatura de ministro porque no quería un Fantozzi de ministro y ser el hazmerreír de los italianos. Pero esta vez daba igual, porque el culebrón de Alitalia, en quiebra inminente desde hace una década, ya ha superado todos los límites del absurdo.
Así que, Fantozzi al poder. La gente hace chistes y hasta el Corriere della Sera se mofó en una viñeta cómica en primera página. Entretanto, una vez más, emergencia definitiva. A Alitalia le queda sólo gasolina para unos días. Intensas negociaciones con los sindicatos. El Gobierno defiende la 'italianidad' de la compañía de bandera. La UE, alarmada ante la posibilidad de ayudas de Estado encubiertas. No se sabe si los despidos serán 7.000 o 12.000. Como en otros campos, las decisiones duras pero necesarias en Italia se van aplazando hasta que llega el desastre y diluye la responsabilidad individual en una colectiva.
Desde aquí, ánimo para el comisario extraordinario Fantozzi en esta misión suicida:
Sinopsis: Esta escena aérea es del filme 'Pappa e ciccia' (1982) y no corresponde a la saga de Fantozzi, pero el personaje es el mismo. En esta ocasión se va de vacaciones con un chollo que ha encontrado y el viaje es una sátira aproximada de las desgracias de un viajero medio italiano. Para empezar, una pitonisa predice al turista Fantozzi una catástrofe aérea. Le cobra 10.000 liras. Dentro de la terminal, las escenas habituales del sálvese quien pueda y tonto el último: pasajeros con nueve horas de retraso, discusiones por los carros de maletas (en Fiumicino ahora son de pago), por la cabina,... "Astutísimamente, habíamos reservado un vuelo chárter que a mitad de precio ofrecía casi el mismo tratamiento", dice. en efecto, la salida es al lado de los baños. En el vuelo viaja una "temibilissima" tropa de alpinos, la pintoresca sección de infantería del Ejército italiano. "No hagamos la habitual carrera vergonzosa por las ventanillas", dice el mando de los alpinos. Pero la cosa acaba en sprint, como sucede hoy con las líneas baratas. Y ven el avión: un "terrificante" Savoia Marchetti de 1915 abatido 12 veces en las dos guerras mundiales y rechazado por todas las compañias del mundo. La azafata les trata a base de insultos y carteles con faltas de ortografía. El piloto es el inefable Lino Banfi, otro clásico de la comedia setentera, que anuncia el vuelo "no se sabe a dónde", a 60-70 metros de altura y a 65-67 kilómetros por hora. "La llegada está prevista, si todo va bien...", dice tocándose el huevo derecho, gesto italiano para ahuyentar la mala suerte. Tras algunas reparaciones, un ala se cae: "Pero mira tú, por un martillazo. Bueno, da igual, total es un chárter". Al séptimo intento despega. Tras reseolver algunos problemas de estabilidad, el capitán concluye: "Cerrad los ojos, rezad y daos la mano en señal de paz. Si queréis fumar, fumad. Total, si tiene que pasar algo..."
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que versar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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