Íñigo Domínguez
La vida en Roma
El Estado no paga, basta escuchas policiales
Las tres compañías de escuchas telefónicas y ambientales que trabajan en Italia para la Policía y la Justicia amenazan con suspenderlas el 1 de diciembre si el Estado no les paga los 140 millones que les debe. Entre las operaciones que pueden pararse, búsqueda de huidos de la Camorra y protección de Roberto Saviano, persecución de la 'ndranghetta o terrorismo integrista islámico. "Hemos tenido que pedir prestado a los bancos y está en juego nuestra supervivencia -lamentan en un comunicado-. No somos Alitalia, somos empresas sanas, pero nos falta liquidez y 500 días de retraso en el pago son demasiados, porque el Estado es nuestro único cliente".
(Corriere della Sera de hoy)
El Supremo anula el nombre de Viernes a un niño y le bautiza como Gregorio Magno
La Cassazione, el Tribunal Supremo italiano, es famoso por ocuparse normalmente de tonterías sin la menor importancia. Como ayer. Decidió cambiar de oficio el nombre de un niño, al que sus padres habían llamado Viernes, y le pusieron Gregorio Magno, festividad de su día de nacimiento. El Registro se negó a inscribirlo y la apelación de los padres fue subiendo hasta el Supremo. Los padres, de Génova, lo han encajado mal: "Para nosotros siempre será Viernes". Alegan que, por ejemplo, Totti ha llamado a su hija Chanel. El Supremo, más leído, asegura que Viernes puede ser objeto de bromas, pues recuerda al nombre del compañero de Robinson Crusoe, "una figura humana caracterizada por la sumisión y la inferioridad que no alcanzó la condición de hombre civilizado". La pareja replica que ellos nunca pensaron en la novela, y que incluso estuvieron a punto de ponerle Miércoles.
(Agencias de hoy)
19 médicos cobraban por pacientes ya muertos
Brindisi. La Guarda di Finanza ha descubierto decenas de personas fallecidas que aún estaban inscritas en las listas de sus médicos de cabecera, de modo que los facultativos seguían cobrando la compensación mensual correspondiente por paciente. Naturalmente, era cosa de los propios médicos. Han sido denunciados 19 por estafa. En 70 de los casos de personas muertas, habían sido incluso sus propios médicos quienes habían certificado la defunción.
(Breve en 'La Repubblica' de hoy)
El testamento de un cardenal del XVII bloquea el cierre de un hospital
Han decidido cerrar el hospital de San Giacomo, en Roma, y venderlo para hacer un hotel de cinco estrellas. Es un hospital histórico, el más antiguo de la ciudad, en plena Via del Corso. Se ha liado en la forma clásica. Primero, protestas en la calle y ocupación del centro, pacientes incluidos. Segundo, respuesta oficial con datos: cuesta 54 millones al año, con 178 médicos, 348 enfermeros y 222 empleados para 170 camas. Luego aparece un pergamino: el cardenal Antonio Maria Salviati legó el palacio en su testamento, al morir en 1602, con la condición de que siempre fuera un hospital. «No creo que sea el caso de llamar a Indiana Jones», replicó el presidente regional, pero la Fiscalía investiga. Hoy, nuevo descubrimiento delirante: una sociedad holandesa compró el hospital en 2002 en una curiosa operación de finanza creativa. Para hacer caja, la Región del Lazio vendió 49 edificios públicos... y paga un alquiler semestral de 45 millones durante 35 años. Volverá a recuperar los inmuebles en 2037. Es decir, el San Giacomo no sería suyo y no lo puede vender. La operación fue financiada con una emisión de obligaciones y una de las aseguradoras era Lehman Brothers, que acaba de quebrar. Así a ojo, se hablará del San Giacomo durante los próximos cuatro años. Cada vez será un asunto más incomprensible.
(Varios diarios de la última semana y 'Repubblica' de hoy)
PD (Post Data, no Partido Demócrata): En las últimas horas ha habido algunos problemas técnicos con los comentarios del blog. Uno de los que se esfumó, en el capítulo dedicado a Roberto Saviano, era de un lector, 'gelato al limon', que citaba el enlace para firmar en apoyo del escritor. Lo recuperamos aquí por su interés. Como se sabe, Saviano es un Salman Rushdie italiano, condenado a muerte por la Camorra por haber escrito un libro sobre esta organización criminal. El diario 'La Repubblica', donde escribe, ha organizado una recogida de firmas, abierta por seis premios Nobel, para protestar, darle su apoyo, exigir protección para él y decir, simplemente, que el problema de la Camorra es inadmisible en una democracia. Ya van por 100.000 firmas.
Este es el enlace, si alguien quiere unirse: http://www.repubblica.it/speciale/2008/appelli/saviano2/index.html#form
Los vecinos pintan de blanco la nueva zona azul
Un grupo de comerciantes de la calle Giovanni Branca, en el barrio romano de Testaccio, reaccionó ayer con agilidad a la decisión del ayuntamiento de convertir el aparcamiento en zona azul, de pago. Tras la marcha de los operarios que pintaron las líneas azules en el asfalto, salieron y las pintaron otra vez de blanco. Al final, el ayuntamiento dijo que se había confundido y las dejará como están. No se sabe si no quiere líos o es verdad que se ha confundido. Ambas cosas son posibles.
(Corriere della Sera de hoy, suplemento interior de Roma)
Le quitan el carnet de conducir por ser gay
Un joven siciliano de Catania, de 26 años, vio cómo le quitaban el carné de conducir tras declarar que era homosexual en el examen para el servicio militar, donde fue rechazado. La Motorizzazione de Catania consideró que era una "alteración de identidad" que aconsejaba no darle el permiso. Tras presentar una denuncia, el Tribunal de Catania ha dado la razón al joven. Ha establecido que "ser homosexual no es una enfermedad" y ha condenado al ministerio de Transportes y al de Defensa a pagarle 100.000 euros. Ambos ministerios han recurrido la resolución.
(Breve en algunos diarios de hoy, no en todos)
Hoy he tenido una mañana muy romana. A ver si consigo explicar por qué, en esta imposible tarea de describir Italia, y que se me perdone la digresión.
Debía ir al INPS, la seguridad social, a arreglar unos papeles. El INPS, como Eni, Acea, el Comune, la Regione (en la foto de aquí al lado, ente fantozziano por excelencia), es uno de esos monstruos burocráticos donde uno entra pero no sabe cuándo sale, ni cómo se las arreglará dentro ni que será de su vida. Todo depende de la suerte y de la maña de cada uno, no de seguir las reglas, que es un error. Pues bien, la oficina central de Roma, en San Giovanni, una mole de diez pisos, estaba cerrada todo el día por asamblea sindical. Esto es normal. Fue culpa mía, por no mirar el calendario: los viernes uno tiene ese riesgo. Estas cosas, como las huelgas, se suelen hacer los viernes para que salga un bonito puente.
Cientos de ciudadanos que habían tenido que faltar al trabajo o desatender obligaciones, como millones de italianos que pierden miles de mañanas en resolver papeleos absurdos, llegaban a la puerta y empezaban a cagarse en todos los muertos. Italia aún vive en la época del vuelva usted mañana, Internet es una fantasía y adoran el fax. Pero enseguida ocurría eso que me asombra tanto de los italianos: resignación, miradas al cielo, un café en el bar. No se puede luchar con la vida, contra el sistema, contra la fatalidad. Al rato ya se hacían bromas. A nadie se le ocurre protestar porque no sabría ni por dónde empezar.
Con el tiempo, yo también he adoptado este punto de vista. Pero no lo tomo como derrota, sino como una forma más inteligente de afrontar la vida. Así que eran las nueve de la mañana y tenía algo de tiempo. ¿Qué hacer? De pronto pienso que ahí al lado está la basílica de Santo Stefano Rotondo, del siglo V. En ocho años nunca he logrado verla. Siempre cerrada no se sabía por qué, o por restauración, o con horarios raros, o con reserva obligatoria,... Como el INPS.
Llego por calles estrechas, entre muros que se derrumban, jardines descuidados. En Roma basta doblar una esquina para quedar en silencio. Milagro, la iglesia abre en ese momento. Me explican que llevaba cinco años cerrada por obras. Por fin voy a verla. Entro y me quedo absorto ante el espectáculo. Una iglesia circular, diáfana, rodeada de decenas de frescos maravillosos. Se forman haces de luz entre el polvo de las obras que aún siguen en marcha. Retumban las conversaciones con acento romano de los currelas. No hay nadie y el tiempo se para.
Había oído que la iglesia ya estaba abierta, pero esas cosas en Roma siempre se mueven en forma de leyenda, como los mismos requisitos burocráticos: nunca se sabe qué papeles hay que llevar, cambian cada día, o según el funcionario que te lo explique. En Italia todo está envuelto en una niebla, como en un sueño, y siempre se va a ciegas, en una realidad inestable, resbaladiza, móvil. Por eso es un país que prepara para la vida, porque la vida es así y no, como se esfuerza el resto del mundo civilizado, algo que tenga un sentido.
Por otro lado, en Italia el cabreo por lo que no funciona se convierte rápidamente en una nimiedad ante el efecto de la belleza, que recuerda la alegría de estar vivo. Y ahí es donde tienen razón los italianos y los demás no terminamos de darnos cuenta. La belleza es vital, tiene una influencia benéfica, medicinal, sobre el estado de ánimo. No es ninguna tontería.
Para irme cojo el autobús enano 117. Es eléctrico y pequeñito. Dentro, los turistas extranjeros ruedan como en una bolera por las sacudidas. Se suelen dividir entre los impresionables y los que se divierten, pero en general tienen la misma cara que se me puede poner a mí, un suponer, en Calcuta. Hay una pintada -«Laureati falliti!» (¡Licenciados, fracasados!)- ejemplo de la agudeza nacional para la frase corta. Hay un cartel que prohíbe hablar con el conductor, pero todos los romanos que suben le preguntan si para aquí o allá y el viaje en sí es una tertulia colectiva. El 117 recorre la colina del Celio, pasa ante el Colosseo y llega a Piazza de Spagna. Un recorrido como otro cualquiera. Cuando bajo ya ni me acuerdo de la tontería del INPS.
En fin, yo no explico muy bien estas sensaciones inaferrables, pero Fellini lo hace mucho mejor que yo y atrapa de forma magistral el misterio de Roma en, precisamente, ‘Roma’ (1972). Como en esta secuencia mágica de las obras del metro.
El viento que aúlla en las películas de Fellini siempre es el misterio, la soledad, el paso del tiempo.
A mí en la parte final siempre se me saltan las lágrimas.
Buen fin de semana.
Los nudos de la burocracia
Cientos de ancianos e inválidos obligados a hacer horas de cola para el bonobús
El ayuntamiento de Roma se ha propuesto acabar con los falsos discapacitados que compran el bonobús rebajado de 4 euros. Ha prohibido la venta en los estancos, que era una coladero. Resultado, un auténtico milagro: de 30.000 inválidos se ha pasado a sólo 6.000. Pero para ellos debe realizar una venta controlada en la oficina central de transportes, que no da abasto. Desde hace días hay colas apocalípticas de tullidos, inválidos, enfermos y ancianos que se ven obligados a hacer horas de fila en la calle ante la verja del centro. Se ven sillas de ruedas, enfermos de esclerosis múltiple o señoras con carteles improvisados que dice «Somos sordas» y se quejan de que nadie les da explicaciones.
('Il Messaggero' de hoy)
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que versar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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