Íñigo Domínguez

La vida en Roma

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Hablamos el otro día de las relaciones de padres e hijos, pero nos quedaba la otra mitad del asunto. Como decíamos, Italia es muy gremial, defensiva, y dentro de cada casta crecen los cachorros. Pero eso se traduce en ocasiones en un parasitismo que alcanza niveles de plaga del Serengheti. Por ejemplo, y ya que el tema de la universidad está de moda por las protestas estudiantiles, es enternecedor saber que la de Palermo está dominada por 100 familias, un total de 230 parientes. En Medicina, por ejemplo, son 24 clanes. En Derecho, 10. Salió el otro día el mapa en el periódico. Las cátedras se heredan de padres a hijos, de hijos a hermanos y hermanas. También ocurre en el norte, matización que hago ante las quejas de quien dice que estas cosas pasan sólo en el sur. En Udine -más al norte es imposible- hay doce familias que se han hecho fuertes en la facultad de Medicina. Hace una semana aparecieron artículos que describían el panorama, como el caso de un profesor que tiene colocados a dos hijos y la mujer. O el rector de Foggia (sur), que el 31 de octubre dejó su cargo después de nueve años, pero el día antes tuvo tiempo de contratar a su hijo. También su mujer se jubiló en la universidad como jefa del personal administrativo, puesto que ha heredado su hija. El marido de ésta también está colocado en la facultad de medicina. Hasta aquí una breve pincelada de la universidad, sólo porque es el tema de actualidad. Pero en cualquier casta italiana uno se topa con lo mismo.

Por eso no hay demasiada alarma con estas noticias. Todo el mundo lo hace y te lo encuentras a diario. El fiscal del escándalo del ‘Calcio’ de 2006 ha presentado hoy (sí, hoy) sus acusaciones y entre los imputados de la GEA, la asociación mafiosa que dominaba el mercado futbolístico, está el famoso Luciano Moggi, pero también su hijo, y el no menos famoso hijo del ex-seleccionador nacional, Marcello Lippi. También dirigía la GEA la hija de Cesare Geronzi, uno de los banqueros más poderosos de Italia y de los menos fiables. Aunque fue absuelta, su caso fue más fuerte: presenta el telediario de Canale 5, una de las tres cadenas de Berlusconi y en esos días tuvo que ausentarse para no tener que dar noticias de sí misma. Es una pena, porque tendría exclusivas. Aunque le pasará lo mismo cada vez que investigan a su padre por chanchullos financieros, como en las quiebras de Parmalat o Cirio. Por cierto, que el vicepresidente de Mediaset, el emporio televisivo de Berlusconi, es su hijo Piersilvio, y ahí arriba tienen una foto suya por si no le conocían y se estaban preguntando quién era ese elemento. ¿Verdad que parece un buen chico? Uno le puede confiar tranquilamente la puerta de la discoteca. Con estas pintas fue portada de 'Men's Health' y confesó su pasión por los gimnasios. Incluso dijo que pensaba en un 'reality show' ambientado en el mundo del fitness. Lo de esta familia es de juzgado de guardia, no sólo en sentido literal, como le pasa a su padre el primer ministro.

Hablando de la tele, la pones y ves a Piero Angela y a su hijo Alberto con sus documentales de historia y divulgación científica, que perfeccionan desde hace décadas, y desde luego son excelentes. En el fútbol Ancelotti, entrenador del Milan, entrena a su hijo, como Maldini padre lo hacía con Maldini hijo. De política mejor ni hablar -veáse el capítulo sobre nepotismo-, aunque últimamente ha marcado un hito Umberto Bossi, líder de la Liga Norte, que preparando la sucesión dinástica se lleva a su hijo Renzo incluso a las reuniones de la cúpula del Gobierno para que el chaval aprenda política, o al menos lo que se entiende como tal con Berlusconi. Ahí los tienen en la foto, en un mitin. Es como si Pepiño Blanco se llevara al niño a las reuniones de la Moncloa o Mariano Rajoy a su sobrino a los comités de partido, para que se fueran fogueando. En España sería de risa, pero aquí pasa totalmente inadvertido. Con el agravante de que el chaval no es precisamente una lumbrera, como ya contaremos un día.

En el festival de cine de Roma, que fue hace unas semanas, aunque dada su escasa relevancia es normal que nadie se haya enterado, se vieron películas de la hija de Tognazzi, del nieto de De Sica e hijo de su hijo Christian, también actor... Los ‘figli d’arte’, que se llaman, que en el mundo del cine son legión, con desiguales resultados. Sobre De Sica hay algo que decir. Christian De Sica, hijo del maestro, es también actor, como hemos dicho. Lo vemos aquí, a la izquierda. Es cabaretero, de vodevil y muecas, de películas populares de vergüenza ajena, muy olvidables. A mí, de todos modos, me cae simpático, y su existencia ya está de sobra justificada por el hecho de que recuerda que existió su padre. Él mismo lo acaba de hacer en un libro de memorias. Cuenta, por ejemplo, el día que murió Vittorio De Sica, el 13 de noviembre de 1974. Estaba en un hospital de Neuilly-sur-Seine, cerca de París. Christian cogió un avión y se fue para allá. Encontró a su padre de traje azul, elegante como siempre, con un hilo de voz: «Christian, deja todo y ven conmigo, me curo un poco y nos vamos juntos a Montecarlo». De Sica era un jugador empedernido. Luego susurró: «Cuánto siento que seáis tan jóvenes, tú y Manuel. Estad cerca de vuestra madre, Christian, y sobre todo, mira qué culo tiene esa enfermera». Siguió: «¡Quiero un whisky con hielo!». Se lo llevaron, el whisky, y bebió un poco. Su hijo le contó luego el número que estaba preparando en Milán, una canción, y él le dio unos consejos sobre cómo interpretarla y cantarla. Poco después murió en sus brazos.
Como retrato del maestro es perfecto.

De Sica se describió a sí mismo con mucha ironía en este capítulo de ‘L’oro di Napoli’ (El oro de Nápoles, 1954), dirigida por él, en el que muestra su gran talento e interpreta a un conde adicto al juego al que su mujer no le da dinero para que no lo apueste. El hombre vive desesperado, robando cubiertos para empeñarlos, pidiendo dinero al mayordomo,... Su único consuelo y mayor logro es una partida que juega a escondidas con el hijo del portero, en un cuartucho de la portería, Al niño no le hace ninguna gracia porque prefiere jugar con sus amigos, pero su padre le obliga para estar a bien con el amo. La escena de la partida es muy famosa. La he encontrado entera, pero está dividida en dos partes.

Sinopsis: De Sica propone como apuesta lo único que ha podido robar, unas gafas de plástico. El niño saca unos cromos y un tirachinas, aunque luego dice que le hace falta. Empieza la partida de escoba y el niño arrasa. Al final al conde ya le da la risa: "Me da casi la risa, es que si lo cuentas...".

Sinopsis: El conde se enfurece: "¿De qué te ríes, Don... Coso? ¿Qué creéis que habéis hecho? Egregio amigo, la primera partida es la de los tontos, además jugábamos tonterías... ¡Me juego todo el palacio, de la bodega al tejado!". El niño mira a sus amigos con envidia por la ventana. Sigue otra partida con idénticos resultados. El niño hace escoba. "¡Es inaudito, es que si lo cuentas no te creen! No me diga que esto no es fortuna!". "La carta sabe dónde tiene que ir", dice el niño con suficiencia. "¡Si supieras cuánto me sacas de quicio cuándo dices estas cosas!¡Un poco de paciencia! ¡Sabéis que os digo, que además del palacio me juego mi finca, con los árboles frutales, el....!" El niño acaba la frase porque lo dice siempre. El conde por fin saca una baza y empieza a canturrear. "¡Te quiero reducir a la nada, querido barón!", dice al niño en su ilusión de hallarse en un salón, para asombro de éste. Sin embargo el niño vuelve a hacer escoba. "¡Cómo iba a saber que tenéis la fábrica de reyes!¡Es una vergüenza!"", se lamenta el conde. El niño se ofende: "Yo sé jugar". "¿Y yo no? ¿Qué soy, un inepto?", replica el aristócrata. La siguiente jugada, lo mismo. El conde explota: "¿Pero quién os creéis que sois? ¡Bufón! ¡A mí no me impresionáis! ¡Al palacio y la finca añado la chaqueta!". Vuelve a perder: "¡Admítelo que es pura fortuna lo tuyo! ¡Dilo, soy afotunado, dilo!". "No, no es verdad", dice el niño. Aparece el padre, el portero, y le da la razón al conde. "Es que ganas siempre, eres muy afortunado". De Sica se va iracundo: "¡Se pone a hacer el maestro, a dar lecciones a mí, bestia presuntuosa!". El portero le persigue con la chaqueta mientras el conde vuelve a su casa, uno de esos hermosos palacios de Nápoles.

La clave maestra de esta escena, si uno se fija, es que el niño actúa como un adulto y el conde como un niño.

Dicho esto, anuncio a los lectores de este blog, sean los que sean porque no lo sé si quitamos a los amigos y la familia, que me voy de vacaciones. Supongo que es lo que querrían hacer la mayoría de los italianos, con el tercer día de huelga de Alitalia que paraliza los aeropuertos, el informe estadístico de hoy que dice que el país es cada vez más pobre y más viejo y no sé cuántas tragedias cotidianas más. Encima ha llegado el otoño y llueve. Hasta anteayer todavía era verano. En fin, que tendré el blog un poco descuidado durante unas cuantas semanas. Ya me tocaba descansar, como imagino que se deducía cada vez más del contenido de los textos. Aún así quizá no lo deje completamente desatendido porque me lo paso bien, cosa que negaré a cualquiera de mis superiores si me lo preguntan. Espero que no salga de aquí.

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Sobre el capítulo del otro día dedicado a los niños hay algo más que añadir. Es acerca de ese aspecto característico de los niños que consiste en ser hijos de alguien, que en Italia tiene las consecuencias que se pueden imaginar. En este caso el amor por el niño se traduce en el patrocinio total de su carrera, fenómeno en el que es difícil distinguir a veces entre la noble tradición familiar y el enchufe crónico. Hoy hablaremos de lo primero, para no ser redundantes.

Por ejemplo, como se publicará el domingo en un reportajillo del suplemento económico color salmón del periódico -si es que hay alguien que no lo tira-, seis de las diez empresas más antiguas del mundo son italianas: un fabricante de campanas, una bodega de Chianti, una hacienda de aceite, un cristalero, un joyero, un astillero veneciano... Todos llevan veintipico generaciones haciendo lo mismo en el mismo sitio. Las técnicas, los secretos del oficio, pasan de padres a hijos durante siglos.

Se ve también en cualquier familia de abogados, médicos,... Italia es un país gremial, grupal, tribal. De ahí, además del gusto por los títulos y las jerarquías, viene el trato encopetado que se dispensa al ‘avvocato’, el ‘dottore’, la ‘dottoressa’, el ‘ingegnere’, el ‘ragioniere’ o, como en ‘El Padrino’ (Francis Ford Coppola, 1972), ‘il consigliere’ Tom Hagen. Imagínense que a mí me llegan las cartas como Egregio Dottore. A mí. Si he de ser sincero, algunas mañanas me ha reconfortado. Si es que un poco de buenas maneras, educación y peloteo no hacen daño a nadie.

El fabricante de campanas más antiguo del mundo que mencionaba antes es la familia Marinelli, de Molise, y llevan en el ramo nada menos que desde el año mil. ¡Mil años haciendo campanas! A mí me han transportado a la atmósfera de una película fascinante y monumental, ‘Andrei Rublev’ (1966), de Andrei Tarkovski. Quizá piensen: «Hala, ya se queda sin ideas y empieza a meter cine ruso». Hombre, está justificado. Vean si no, o recuerden, el final de la película:

Pido disculpas por el sonido, demasiado bajo, pero al menos los subtítulos son en español.

A mí siempre me han hecho gracia estos dos italianos perdidos por la estepa pero siempre a lo suyo: descreídos, hablando de chicas, haciendo apuestas,... Tarkovski también amaba Italia.

No creo que haya una película que refleje tan bien la miseria y la oscuridad medieval y el sufrido triunfo de la luz, del arte, sobre las tinieblas. Bueno, es que no me resisto a no poner el principio. Uno de los más subyugantes y poéticos de la historia del cine.

Son más de tres horas, pero yo me lo paso como un enano.

La vida del pobre Tarkovski, que vivió y filmó por Italia en su exilio, es un ejemplo de lo que una dictadura comunista hace con los espíritus libres y creadores. El olvido en el que ha caído su obra después, es decir, ahora, al igual que con casi todos los maestros del cine, es otro tipo de dictadura muy insidiosa que no sé muy bien cómo llamar. Supongo que será difícil alquilar 'Andrei Rublev' en un video-club, y ni siquiera sé si está editada en DVD, aunque imagino que sí y será una de esas cosas marginales que le convierten a uno en detective, a la búsqueda de joyas raras como un delincuente. Lo que es seguro es que no se enseña, no se muestra y nadie se la puede encontrar por azar. En fin, lo que se entiende por difundir la cultura. Con lo que ha costado, desde el inicio de los tiempos, de generación en generación.

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Con todo lo que llevamos hablado del desdén italiano por las reglas y su desconfianza innata por las estructuras artificiales, debemos añadir una consideración sobre la contrapartida humana que lo acompaña. Si bien el interés general, el bien común y el sentido del deber son cosas que al ciudadano se le suelen escapar, porque en medio siempre hay alguien que se aprovecha y, por tanto, no tiene mucho sentido, es extraordinariamente sensible al interés particular, el bien individual y el sentido de la necesidad cuando se le presenta una situación concreta en la que él puede intervenir directamente. La solidaridad y la ayuda a las personas, al vecino o incluso al desconocido con problemas pueden desencadenar auténticos derroches de generosidad. El italiano prefiere las distancias cortas, lo que ve, lo que toca con la mano, de lo que se puede fiar.

Un ejemplo muy claro es el trato que se dispensa, en general, a los niños y a los ancianos. Es un amor y respeto reverencial. Los niños, sobre todo, son sagrados y se les idolatra. Cualquier cosa se puede parar si hay un niño por medio. Hasta los policías de guardia con la metralleta en el Parlamento dejan su puesto para hacer carantoñas y caras a un chaval que pasa. En una tienda, en un restaurante, en el supermercado, las madres con el cochecito tienen toda la prioridad y nunca molestan. Las embarazadas, por la misma razón, son objeto de todo tipo de atenciones y miramientos. Todo el mundo por la calle les da ‘auguri’, se interesa, pregunta, se vuelve como de la familia.

Con los ancianos, muy presentes en todas las familias, pasa lo mismo. Italia es el país con más viejos del mundo. Está dominado por las gerontocracias, como ya hemos dicho alguna vez, de la política al Vaticano, pero el lado bueno es que la gente mayor tiene mucha presencia pública y prestigio social. Se les deja el sitio en el autobús, se les hace pasar antes, se les escucha y andan por el barrio como por su casa.

Son esas cosas antiguas tan buenas que Italia sabe conservar, junto a las malas de las que tanto hablamos.

Por desgracia, según mi experiencia las últimas veces que he ido, en España esto se está perdiendo de forma alarmante, con ese carácter agrio que se está imponiendo en muchas ciudades. Somos todos muy modernos.

Si hay un cineasta que ha sabido tratar con ternura a niños y ancianos es sin duda el gran maestro Vittorio De Sica. Hace ya 60 años, en 1948, revolucionó el cine con este niño y esta película.

Es, naturalmente, ‘Ladri di biciclette’, Ladrones de bicicletas, que en España fue titulada en singular, ‘Ladrón de bicicletas’. Médicos de toda solvencia recomiendan verla al menos una vez al año, o como máximo, cada dos años.

Cuatro años después De Sica hizo ‘Umberto D’, sobre este jubilado al que la pensión ya no le llega para nada. Desesperado y hambriento, va al Panteon, hoy lleno de turistas...

Hablando de gerontocracia, en 1948, cuando se estrenó 'Ladri di biciclette', Giulio Andreotti, que ya estaba en el Gobierno y ahí sigue mangoneando todavía, de senador vitalicio, criticó la película porque ofrecía una imagen negativa de Italia. «Los trapos sucios se lavan en casa», dijo. Bueno, pues en eso siguen, hasta arriba de trapos sucios y con la lavadora atascada.

Otra maravillosa película, 'C'eravamo tanto amati' (1974, Ettore Scola), que en español tuvo dos títulos, 'Una mujer y tres hombres' y, más fiel, 'Nos habíamos querido tanto', resume esta idea. Cuenta la historia de Italia a través de la vida de tres amigos. Mira por dónde, sale también de refilón el tema que nos ha ocupado recientemente de la movida estudiantil.

Sinopsis: Uno de los tres protagonistas recuerda la primera vez que vio 'Ladri di biciclette' en un cine-club de las fuerzas vivas de Nocera Inferiore, pueblecito de Salerno, en el sur. "Eran los años fabulosos en los que el cine italiano se imponía como el único fenómeno de verdadera renovación cultural, gracias a Rosellini, Zavattini, De Sica,..." Aquel debate, confiesa, fue memorable y determinó el camino que seguiría su vida.

Abre el debate un profesor: "Obras así ofenden la gracia, la poesía, la belleza, estas mierdas nos difaman ante el mundo, bien ha dicho un joven católico de gran porvenir, cercano a De Gasperi, que los trapos sucios se lavan en casa (Andreotti)"

Pide la palabra el narrador, el profesor Palumbo: "Esta noche hemos visto una película ¡¡¡estupenda!!! ¡Esto nos hace ver a los verdaderos enemigos de la colectividad, justo en esos defensores de la gracia, la poesía, la belleza y de todos los otros valores de vuestra cultura burguesa!".

Réplica: "¡Estas bellas lecciones de anarquía el profesor Palumbo las suministra a los alumnos de mi escuela! ¡Ya ha salido la denuncia para las autoridades de Salerno!"

Palumbo: "¡Esos alumnos que usted quiere tener sometidos bajo la ignorancia borbónica!". "¡Pero Nicola, por una película!", intenta tranquilizarle su mujer.

Interviene el farmacéutico: "¡Denuncia sacrosanta, el profesor Palumbo fomenta el odio social!".

Y dice otro: "¡Y sobre todo ofende las tradiciones morales de Nocera Inferiore!"

Palumbo: "¡Nocera es inferior porque ha dado el poder a individuos ignorantes y reaccionarios como vosotros tres!"

Le dejan solo, confirmándole que está despedido. "Pídeles perdón", dice su mujer. "No, nunca", responde él. "Claro, así tu dignidad está a salvo, con los extraños, pero con tu mujer, con tu hijo... Qué hacemos ahora, quién nos mantiene, mi padre claro... ¡Tienes que elegir Nicola, o el ideal o la familia!" "¿¿¿¿Pero por qué????" "¡Porque el mundo es así!" "Pues si es así hay que cambiarlo, ¿o no? ¿O te va bien así?"

El poder del cine y del arte. El ideal o la familia. ¿El mundo es así o no, y hay que cambiarlo?
Gran película, gran país.

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Estas últimas semanas hay mucha movida en las universidades y en los institutos italianos. En el periódico se puede seguir, como el horario de farmacias, qué centros se han declarado en estado de agitación, cuáles han sido ocupados y en dónde se ha instituido una autogestión. Este vocabulario de lucha de clases tal vez alarme, pero no hay que preocuparse, es normal. Los alumnos de los institutos italianos ocupan las aulas, se llevan los sacos de dormir y colocan pancartas en las ventanas a la primera de cambio. Es muy divertido, como una fiesta de pijamas pero con archivadores. A la izquierda vemos a unos alumnos de Economía de La Sapienza divirtiéndose como niños ocupando su facultad el otro día.

Al margen de los motivos y la justificación de la protesta, contra una reforma educativa y el anuncio de recortes en la financiación de la universidad, en realidad da igual. Es lo mismo desde hace años cada vez que alguien, derecha o izquierda, quiere reformar algo. En estos casos siempre hay guerra de números, los chavales no se enteran realmente de nada y la masa corea consignas huecas. Lo importante es que cada generación de alumnos italianos tiene su derecho a jugar un rato al 68. Siempre les ha fastidiado que se les ocurriera a los franceses y no a ellos. La política en Italia, como ya se ha dicho otras veces, es una pose juvenil más y, en el caso del 68, permite además ponerse ropa supermolona que ahora vuelve a estar de moda. Es una costumbre que viene de los sesenta, de las bofetadas entre rojos y negros, aunque en aquella época el jueguecito degeneró en grupos terroristas. Una película reciente que no está nada mal, 'Mio fratello è figlio unico' ('Mi hermano es hijo único', 2007, Daniele Luchetti) lo cuenta muy bien:

Pero hay que prestar atención a estas movilizaciones de hoy porque seguramente entre sus líderes se hallen los políticos del futuro, es decir, aquellos que quizá aspiren al poder cuando tengan 60 años, según la media actual. Entretanto tendrán que hacer méritos. Comparado con los chavales españoles, tan pasivos e incapaces de argumentar incluso la defensa del botellón, en Italia es asombroso comprobar el pico de oro que tienen muchos chicos con el megáfono, cómo dominan la jerga política, las grandes palabras y conceptos vacíos, la demagogia gritona y la confusión de ideas... ¿dónde lo habrán aprendido? Pues en la universidad, claro. En Italia los exámenes son orales y la retórica se mama desde pequeñito. Luego, algunos, los más espabilados, sienten la llamada de la política, o lo que es lo mismo, del verdadero puesto fijo.

Si no, miren estas fotos:

El chavalín de la derecha, en la foto en blanco y negro, es Walter Veltroni, actual líder de la oposición, el Partido Demócrata (PD). Sin veinte años cumplidos ya estaba codeándose con Pasolini en una protesta estudiantil. No presten atención al otro de la camisa de cuadros, que es Ferdinando Adornato, ahora en Forza Italia con Berlusconi. En cambio, en las siguiente imágenes vemos a Gianni Alemanno, uno de los líderes de la derecha, en la posfascista Alianza Nacional (AN), y actual alcalde de Roma.

La foto en blanco y negro me parece que es de una manifestación contra Bush padre. Tanto Veltroni como Alemanno empezaron de críos en el arte de protestar y ya han podido vivir toda la vida sin dar ni golpe. Bueno, quizá alguno sí, porque Alemanno fue detenido varias veces con sus compañeros fascistas, uno de esos grupos de palizas callejeras, aunque luego fue siempre absuelto.


Lo mismo le pasa al ministro de Interior, Roberto Maroni, de la Liga Norte, a quien Berlusconi le pide caña a los estudiantes y que les mande la Policía, pero es que la Policía le sacudió al propio Maroni y a los suyos en 1996, cuando irrumpió en una de sus sedes. Les acusaban de ser un grupo paramilitar por una de sus locuras, formar una especie de Guarda Padana. De hecho condenaron a Maroni a cuatro meses y 20 días de cárcel por resistencia a las fuerzas del orden. Hasta le mordió a un agente en un tobillo. Pero ya lo ven, esto es una carrera de fondo y ahora es ministro de Interior. Aquí a la derecha vemos al feroz muerdetobillos en una foto de la época. Quizá la faceta oscura ya se deducía de su corbata.

Al menos hay políticos dignos como Berlusconi, que ya ha dicho que él a la universidad iba a estudiar y no se ha manifestado en su vida. En fin, que no se sabe qué es peor.

Total, que ahí siguen los mismos desde hace treinta años. Como si en España siguiéramos con Felipe González, Landelino Lavilla, Santiago Carrillo o Manuel Chaves (bueno, quizá este no es un buen ejemplo).

Lo más curioso de las supuestos conatos cotidianos de revolución en Italia y de todas las manifestaciones que discurren a diario por todas las ciudades es que se hacen al revés que en el resto del mundo: para que nada cambie. Muchos de los italianos que he conocido que han tenido más oportunidades en la vida, los más formados, los más brillantes, no aspiran mínimamente a cambiar nada. Aunque los más listos quizá sean los que se van.

Para no agotar más al lector, vayamos al cine italiano, que como siempre, ha caricaturizado muy a menudo el joven pseudo revolucionario ofuscado. Una de las interpretaciones más famosas es de Carlo Verdone en su primer filme, ‘Un sacco bello’ (1980), que ya mencionamos un día. He aquí Ruggero, huido a una comuna naturista de Umbria, donde vio la luz, y que regresa a Roma a repartir pasquines en un semáforo, con la mala suerte de que se encuentra con su padre, el gran Mario Brega.

Sinopsis: Lo gracioso de esta secuencia es la forma de hablar de la banda alternativa, el tono y los términos, que definen a este tipo de personajes y aún hoy, tres décadas después, siguen vigentes. A ver si traduzco todo sin aburrir. Ahí va Ruggero con el primer automovilista:

"Hola, somos un grupo de chicos ¿no? que están formando una comunidad agrícola en Cittá della Pieve ¿no?, como alternativa a la contaminación urbana, entendido no sólo como escorias y etcétera, sino como contaminación moral, ¿entiende en qué sentido? Pero mire que no hay nada de política en esto, es decir, estamos completamente fuera de ciertos juegos de poder..."

Y Fiorenza, su chica, que sólo obtiene dos fichas de cabina de teléfono: "¿Pero me aseguras que no son para droga?" "Me parece que con dos fichas es difícil comprar droga, pero de todos modos es un tipo de experiencia que no nos interesa".

Y Cristiano, el clásico pringado del grupo, que topa con un romano romano romano: "Aó, llevas siete días dándome el coñazo...."

Hasta que Ruggero se encuentra con su padre, un romano de tomo y lomo. "¡Ah, pero has vuelto!¡Cómo has cambiado!" "Sí, quizá dentro he cambiado" "También la voz (se refiere al tono engolado característico) , pero al menos una llamada de teléfono..." "A menudo establecer algunos tipos de relaciones es bastante problemático" "¿Bastante qué?" "Problemático".

Entonces le abraza y le soba y Ruggero se revuelve: "¡Basta con esta violencia!". El padre le sugiere ir a tomar un café, porque si no llega a pasar por casualidad ni lo ve. "Pero cómo por casualidad, si sabías que estaba aquí, acéptalo, acéptalo..." Al final le convence para ir a casa a tomar el café. Ruggero llama a la chica, Fiorenza. "Como hemos establecido un principio de compartir todo, a este punto me parece justo dividir en dos este café".

Luego, Mientras esperan que el padre haga una llamada Ruggero se lamenta: "¿Entiendes ahora por qué me fui de casa hace dos años?" "Hombre, la cara de fascista la tiene" "Ni siquiera fascista, ojalá lo fuera, al menos habría tomado partido en su vida...". Luego siguen camino, mientras el padre, que antes ha vuelto a reírse de su extraño timbre de voz, ahora se ríe de las palabras que usa.

Como siempre en las películas italianas, es una ocasión para ver Roma: la Via Petroselli, al lado del Teatro Marcello, y luego, en la escena de la cabina, Pirámide.

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Italia y el Vaticano son dos mundos que se corresponden como en un espejo, lo que no sé es quien llegó antes al espejo, como en la escena de ‘Sopa de ganso’ de los hermanos Marx, una de las más divertidas de la historia del cine.

No sé si la Iglesia es algo muy italiano o Italia algo muy eclesiástico. Lo que si sé es que la Iglesia no es explica sin Italia, y viceversa. Llevan 2000 años viviendo juntos. Se han pegado mutuamente sus rasgos y costumbres. Por ejemplo, Benedicto XVI fue el otro día a Nápoles y ni mencionó la Camorra.

Muchas cosas de la forma de ser y de hacer de la Iglesia se comprenden cuando se vive en Italia, se descubre de dónde salen. Quizá el secreto de su extraordinaria supervivencia es que sea tan italiana. Si San Pedro hubiera recalado en Salzburgo o en Madrigal de las Altas Torres lo mismo la historia hubiera sido distinta. Dios sabía lo que se hacía confiando su empresa a los italianos. Seis de las diez empresas más antiguas del mundo son italianas, que pasan religiosamente de padres a hijos.

Del mismo modo, Italia está impregnada de carácter religioso, incluida la militancia comunista. Por eso, quizá, no hay un anticlericalismo tan exacerbado y arraigado como en España. Están acostumbrados, familiarizados con él como algo propio, aunque sólo sea porque medio país ha sido del Papa durante siglos, hasta 1870. Y eso porque los propios italianos le invadieron Roma (a la derecha, la brecha de Porta Pia, por donde entraron las tropas). Pío IX amenazó con la excomunión a los romanos que votaran a favor de la unidad de Italia, pero ni por esas. Se quedó sin finca, pero a los italianos algo de súbditos pontificios se les ha quedado.

El Papa opina de política italiana de forma rutinaria, más que Rouco de la española. Y los obispos italianos intervienen hasta sobre los presupuestos. Por eso, cualquier líder político italiano se maneja con el Vaticano como con un partido más, pero que es único porque influye en todos los demás. Van a visitar al Papa cuando les eligen, asisten a ceremonias (D’Alema, el gurú carismático de la izquierda acudió a la canonización de Escrivá de Balaguer) y hacen carreras por tener gestos de respeto. El Parlamento aprobó un indulto masivo en las cárceles por la única razón de que lo pidió el Papa.

En cualquier acto público de media estatura, desde una exposición a una presentación de un libro, hay un cardenal moviéndose entre los canapés. El párroco suele ser uno de los referentes públicos de cualquier municipio y se les entrevista como voces de la comunidad cuando hay un suceso. Es un reflejo de la fragmentación grupal italiana, traducido en la presencia capilar de la Iglesia a través de sus parroquias y organizaciones, que a menudo realizan una labor social imprescindible y son uno de los pocos referentes morales de la comunidad, sobre todo en las zonas más amorales. En la tele, además, resuelven casos policiales:

En la tele uno siempre se encuentra algún cura. Si lo han reconocido pero no creen lo que ven sus ojos han visto bien, es verdad, es él: es Terence Hill, convertido en Don Matteo, serie de éxito de la RAI que va por la sexta temporada. Bueno Bud Spencer, de quien ya hablamos un día, acabó de candidato en Forza Italia... Los curas son personajes habituales de las series, los anuncios o invitados en los debates. En España no sucede desde el Padre Mundina y sus plantas, pero es que Italia sigue un poco en aquella época, es muy setentera. De aquí nace, creo, parte del asombro del Vaticano cuando en el resto del mundo a menudo no les hacen ni caso y no pintan nada. Les gustaría que todos fueran como Italia, esa Arcadia feliz. Del mismo modo, cuando los italianos salen de Italia descubren con pasmo lo lejos que queda el Vaticano de la vida de los demás países.

Sin ánimo de ser exhaustivo, una lista improvisada de parecidos entre Italia y la Iglesia, tanto históricos como actuales, incluiría por ejemplo:

Las jerarquías, los uniformes, los disfraces, la ceremonia, el sentido teatral, las castas sacerdotales, las paráfrasis, la retórica, la lentitud de la burocracia, la gerontocracia, el nepotismo, el machismo, la homofobia, la piedad, la hipocresía, el sentido de grupo, la fragmentación en grupúsculos interminables, el papel central de la madre, la reverencia, la adulación, las reglas férreas con castigos tremendos pero cuya infracción siempre se puede perdonar -de ahí la ley y la trampa, el doble juego y la redención del pecador-, la capacidad de interpretar los textos en sentidos diversos según la ocasión y la conveniencia, la importancia de la familia, la adaptación camaleónica a los cambios, la práctica del relativismo moral pero su condena pública, el fatalismo, el conservadurismo, el inmovilismo, la desconfianza hacia lo nuevo, la alergia a la modernidad, los anacronismos, el sentido del tiempo como eternidad, el arte de la hipocresía, la conciencia de la debilidad del género humano, el olfato para los negocios, la habilidad para la diplomacia, el término medio y la ambigüedad calculada, la superstición, los milagros, la sensación de vivir en un museo, el vivir del dinero de los demás, que el fin justifica los medios, el amor al arte, el comer bien, la sabiduría antigua y la obsesión por el adulterio, las mujeres y las vírgenes.

A mí casi todo me parece bien. Roma, en concreto, la han hecho los papas, y no les quedó nada mal. El Papa ha sido el alcalde de Roma durante siglos y sus cardenales concejales de urbanismo o seguridad, que lo mismo tendían la red de agua como ejecutaban desgraciados con la pena de muerte.

En fin, Fellini, que veía muy bien en las entrañas de Roma con su ojo juguetón y burlón, supo ilustrar estas indefinibles sensaciones, esta confusión de identidades, esta realidad fascinante, en esta famosa secuencia de 'Roma' (1972):

Por cierto que en algunos salones de Roma el ambiente y los personajes siguen siendo los mismos.

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Una de las noticias de hoy, y del periódico de mañana, es que Roberto Saviano, autor de Gomorra, se va de Italia. No puede más. Después de dos años condenado a muerte por la Camorra y con escolta, tras las revelaciones de un arrepentido de que quieren asesinarle antes de Navidad, lo ha anunciado en 'La Repubblica' en un largo artículo que podéis leer en el enlace anterior.

Sólo transcribo unas palabras:

"'Fanculo el éxito. Quiero una vida. Quiero una casa. Quiero enamorarme, beber una cerveza en público, ir a una librería y elegir un libro leyendo la portada. Quiero pasear, tomar el sol, caminar bajo la lluvia, encontrar a mi madre sin miedo y sin asustarla"

"Esta burbuja de soledad inexpugnable que me aprieta hace de mí un hombre peor"

"En cautividad, vigilado por los carabinieri debe vivir Sandokan, Francesco Schiavone, jefe de los Casalesi. ¿Pero cuál es mi delito? ¿Por qué debo vivir como un recluso, como un leproso, escondido de la vida? (...) He querido sólo contar una historia, la historia de mi gente, de su humillación. Estaba satisfecho de haberlo hecho y creía merecer esa pequeña felicidad que te regala la virtud social de tener la aprobación de tu gente. He sido un ingenuo. Ni siquiera una casa quieren alquilarme en Nápoles".

"No creía que un libro, sólo un libro, pudiera causar este terremoto. Pero creo que debo respetar, como respeto a mí mismo, esta magia de las palabras"

Saviano se va para seguir escribiendo. De su libro ha salido la impresionante película 'Gomorra', de Matteo Garrone, que, como ya hemos dicho, compite en los Oscar. Desde aquí apostamos por ella y por Saviano, donde quiera que vaya, para que siga escribiendo. Gracias a él, por ejemplo, ahora todo el mundo sabe que la Camorra hace esto con la basura radiactiva y los residuos peligrosos:

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Como continuación de un capítulo anterior, y por dejar constancia de que algo se mueve por ahí abajo en Italia, el sábado hubo movida en el partido Bulgaria-Italia. Se trata de ultras, efectivamente, y alguno pensará que, bueno, que es normal, que en el fútbol ya se sabe y que en Italia más todavía. Pero escuchen a Gigi Riva: "Es la primera vez que la selección vive una noche así, y lo dice uno que viste de 'azzurro' desde 1963".

La noche así fue una agradable velada de brazos con el saludo romano, gritos de "¡Duce, duce!" y otros coros, incluido el momento del himno nacional. Luego, peleas, quema de bandera y enfrentamientos varios. Cruces célticas, esvásticas, el repertorio clásico.

Más reconfortante aún la reacción de Domenico Mazzilli, director del Observatorio del ministerio de Interior para prevenir la violencia en los estadios: "En Bulgaria eso no es delito, y yo no soy sociólogo". Fin del expediente.

Peor la papeleta del ministro de Defensa, Ignazio La Russa (Alianza Nacional, post-fascista). Ha condenado enérgicamente lo ocurrido, pero su ex-colega Francesco Storace, que rompió con el partido precisamente por traicionar las esencias originales, ha tenido el mal gusto de intervenir: "Lo que cantaban era lo mismo que La Russa cantaba de joven". Los cinco 'tifosi' detenidos también son jóvenes, entre 27 y 29 años, como entonces La Russa. A lo mejor un día también ellos serán ministros. En realidad este grupo sigue a la selección desde 2003, pero sólo ahora se han venido arriba, quién sabe por qué.

Una situación verdaderamente entretenida.

Una vez jaleados, los chicos pueden ser difíciles de controlar, hasta llegan a superar a sus maestros. Veáse lo que le ocurre al protagonista de 'Il federale' (Luciano Salce, 1961), una película muy interesante por diversas razones. Es uno de los primeros filmes italianos que afrontó el fascismo desde el punto de vista de un fascista, aunque fue muy polémico porque le humanizaba bastante y la guerra era aún reciente. El cine italiano de la era dorada ha tenido esta formidable capacidad de analisis. También fue la primera película en la que Tognazzi, hasta entonces encasillado en la comedia y la televisión cómica, pudo ensancharse como actor. Y además es el debut de dos grandes nombres del cine italiano: Stefania Sandrelli y Ennio Morricone, que firma su primera banda sonora. Para terminar, sólo reseñar que Salce, un tanto olvidado, es director de un puñado de buenas comedias y, todos en pie, de los dos primeros capítulos de la saga de Fantozzi.

Sinopsis: El soldado Primo Arcovazzi (Tognazzi) es enviado a capturar a un profesor antifascista y llevarlo a Roma. Son los últimos días de la guerra y el caos es general. Tras detenerlo, ambos emprenden el viaje a la capital, lleno de peripecias. De paso, comienzan a fraguar cierta inconfesable amistad. Tras una de estas desgracias, Tognazzi pierde su uniforme, pero llegan a una Casa del Fascio en un pueblo y entran a pedir ayuda. Sin embargo aparecen dos chavales muy bien aleccionados. Les toman por espías. Tognazzi le asegura que es un soldado fascista y que lleva un prisionero a Roma. Hasta interviene el profesor para testimoniar a su favor: "Os aseguro que es un pez gordo del partido, y con buenas esperanzas de convertirse en Federale". Pero nada. Deciden interrogarlo a ver si es verdad, con preguntas del manual del fascista ejemplar, en plan catequesis y con la retórica de la época. Por ejemplo, "¿Cuáles son los motivos que nos dan la certeza de la segura victoria?" "Primero, combatimos por una causa justa. Segundo, tenemos armas y voluntad..." Etcétera. Pero hay una pregunta cuya respuesta ha olvidado. Se la tiene que soplar su amigo el prisionero. Entonces los chicos le dan el visto bueno. Cuando uno de ellos le va a dar la mano, Tognazzi le reprende, porque estrechar la mano fue abolido el 23 de junio de 1938. Como el dar de usted, los anglicismos y otras reformas del lenguaje. Cuando se van, los chicos se quejan de que el tándem que se llevan es del partido. "El partido soy yo", replica Tognazzi. Saludo final: "Vincere! Vinceremo!". Recuerda el "Hasta la victoria siempre" que todavía hoy se usa en Cuba. Qué cosas.

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Para hacer comprender de un vistazo la dimensión del fenómeno del nepotismo y los enchufes creo que lo mejor es mostrar este bonito cuadro que aparece en 'La Repubblica' de hoy, en un artículo firmado por Attilio Bolzoni, fiel notario de los desmanes sicilianos, y Emanuele Lauria. Se refiere a políticos sicilianos, entre ellos el ministro de Justicia, que acaba de firmar la ley de inmunidad judicial para Berlusconi, o el presidente del Senado, segundo cargo del Estado:

Vocabulario básico:

Figlio: hijo.

Figlia: hija.

Fratello: hermano.

Sorella: hermana.

Cugino: primo.

Cugina: prima.

Cognato: Cuñado.

Cognata: cuñada.

Sindaco: alcalde.

Poco más que comentar, salvo hacer observar el detalle encantador de que el cargo más prolífico en enchufes, el ínclito Francesco Scoma, es asesor regional para la Familia.

También debe advertirse que el cuadro es sucinto, por razones de complejidad, pues se han dejado fuera categorías menores como ex-chóferes de confianza y amigos, así como otros particulares deliciosos, por ejemplo, el importe de los sueldos percibidos.

Ah, naturalmente, es sólo una pequeña pieza del mosaico nacional. Y por supuesto, no pasará absolutamente nada. Jamás saldrá en la tele.

Aclaración final: nepotismo viene de nepote, "pariente y privado del Papa" (RAE), pues fueron los pontífices los maestros y pioneros en este arte. 'Nipote' en italiano es sobrino o nieto.

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El otro día le preguntaron al portero del Milan, Christian Abbiati (llegado ex-Atlético de Madrid), sobre sus ideas políticas, aunque se intuyen porque tiene la canción ‘Faccetta nera’, himno fascista de la guerra de Etiopía, como sintonía del móvil: «Hago míos algunos valores del fascismo: la patria, el orden social, el respeto de la religión católica. No comparto sus errores: la alianza con Hitler y la entrada en la guerra, sobre todo. Pero basta de considerar el fascismo como un tema tabú».

También le preguntaron (y dos veces en lugares distintos) al presidente de su club, y primer ministro de todos los italianos, Silvio Berlusconi, si era antifascista. Respuesta: «Yo pienso sólo en trabajar, para resolver los problemas de los italianos».

Lo cierto es que el fascismo en Italia no es ningún tabú, para tranquilidad de Abbiati, y en cambio el antifascismo parece cada vez más una tontería, para preocupación de los demócratas. Lo del antifascismo tiene más enjundia de lo que parece, pues es la raíz del actual Estado italiano, que de este modo nació en el bando de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y explícitamente contra el fascismo.

Todos los días uno se cruza en los puestos callejeros de Roma con retratos de Mussolini, que se venden tranquilamente junto a los de Totó y Padre Pío. Hay muchos taxistas con el llavero del ‘Duce’ o que afirman que Italia sólo funcionaría con un dictador, «come quando c’era Lui» (‘cuando estaba Él’, que en este caso es Mussolini, no Berlusconi). Los chavales en el instituto se diferencian no sólo por equipos de fútbol, sino por ser fascistas o comunistas (que también existen, como vimos en el capítulo 8 de esta serie), pues la política impregna toda la vida social en Italia, al menos como pose.

Ha habido un partido salido directamente del fascismo, el MSI, que luego se convirtió en Alianza Nacional (AN) y que es el segundo del Gobierno centro-derecha, tras el de Berlusconi. Aún tienen el símbolo de la llama sobre la tumba de Mussolini, en Predappio. Por cierto, fantástico lugar de peregrinación, nostalgia y exaltación fascista. AN ha hecho malabarismos para reciclarse en derecha civilizada -su líder, Gianfranco Fini ha peregrinado a Jerusalén- pero en la base hay un núcleo duro muy ‘negro’. Por alguna razón, el triunfo abrumador de la derecha en mayo les ha dado alas. No se sabe por qué, pues es un Gobierno de lo más progre: Berlusconi, AN y la Liga Norte, el partido ecologista por el esperanto y las razas del mundo, del que ya nos hemos ido ocupando (ver La dura construcción nacional).

El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN), por ejemplo, en plena ceremonia de la Resistencia, reivindicó a los soldados de la República de Saló, el mini-estado fascista que persistió en el norte del país durante el avance aliado. El alcalde de Roma, Gianni Alemanno (AN), que lleva un cruz céltica en el cuello, dijo que «las leyes raciales sí fueron el mal absoluto, pero el fascismo no, es un fenómeno más complejo».

Fini, que aspira a suceder a Berlusconi, intentó quitar hierro al asunto, pero las juventudes del partido se le pusieron bravas. He aquí la carta que le escribió el presidente de Acción Juvenil de Roma, Federico Iadicicco: «He puesto todas mis ganas en encontrar un motivo para ser antifascista pero no lo he encontrado, es más, he encontrado muchas para no serlo. Ruego a Dios que nos dé la fuerza para perdonar a quien en nombre del antifascismo ha matado jóvenes vidas inocentes, pero no podremos ser, no queremos ser y no seremos nunca antifascistas».


Alessandra Mussolini, nieta del Duce, que siempre anda por ahí dando la nota, aprovechó el debate para ponerse una camiseta molona: «Con orgullo, de la parte equivocada» (la chica de la foto de arriba). Curiosamente en su día hizo pinitos como actriz y aparece con quince añitos en una de las mejores películas italianas contra el fascismo, la magnífica ‘Una giornata particolare’ (‘Una jornada particular’, 1977, Ettore Scola), con Mastroianni y la Loren. Pero claro, es que es sobrina de Sofia Loren, cuya hermana se casó con un hijo del Duce. Como también apareció en Playboy y eso no quiere decir que esté buena.

En resumen, en este ambientillo están floreciendo pintadas fachas en Roma y están de modas las palizas a inmigrantes, como se contará en el periódico de mañana. Pero seguramente no tenga nada que ver.

El fascismo, pese a sus ínfulas y pretensiones, siempre choca con una inexplicable falta de consideración, se le infravalora. Basta ver sus inicios, como muestra la genial película de Dino Risi ‘La marcia su Roma’, (1962), con Gassman y Tognazzi.

Sinopsis: La película, tres décadas antes que Forrest Gump, mezcla imágenes reales con la ficción. Es buena ocasión para verlas, pues se pasan siempre las nazis y muy poco las del fascismo italiano. Bajo el esquema de una tragicomedia que cuenta las andanzas de dos desgraciados, reconstruye muy en serio la llegada del fascismo. Aquí, al final de la película, se ve la marcha sobre Roma. Ordenan al Ejército que dejen pasar a los fascistas.

En Roma, los dos protagonistas asisten a la llegada. "¿Has visto? Lo han conseguido", dice Gassman. "No, no está nada claro. ¿Cómo van a mandar a esta gente al Gobierno? Verás como las cosas cambiarán, de así a así", responde Tognazzi, pero mientras el amigo le levanta el brazo por si acaso. "Y el rey, ¿lo han echado?", pregunta de nuevo. "No, ha sido él el que los ha dejado entrar", insiste Tognazzi. "Pero bueno, todavía tiene que hablar,..." En ese momento, golpe maestro de Dino Risi, que pone imágenes reales con una voz en off inventada. El rey Vittorio Emanuele III le pregunta al general Armando Diaz:

-General, desapasionadamente, ¿qué piensa de estos fascistas? ¿Cree que dejamos el país en buenas manos? Dígame sin rodeos su parecer, porque estamos todavía a tiempo de echarlos, ¿eh?

-Desapasionadamente majestad, me parece gente seria.

-Sí hombre sí, vamos a probarlos unos meses.

FINE

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Hablábamos ayer de 'Gomorra' e Italia la acaba de elegir como su película candidata al Oscar al mejor filme extranjero. Es casualidad, claro, un corresponsal no maneja información privilegiada, se limita a copiar lo que dicen los periódicos. Aunque dado el preocupante descenso de la venta de periódicos -no los leen ni los estudiantes de periodismo-, su mera lectura empieza a ser una información privilegiada.

Así, sin ver las demás, yo digo que 'Gomorra' ganará el Oscar.

Ponemos otra escena. El 'bautismo' de los chavales que quieren entrar en la Camorra, la empresa de Nápoles con más posibilidades de sueldo y promoción. Les colocan un chaleco antibalas y les disparan.

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Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que versar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

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