Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Nos quedamos el último día hablando del estereotipo siciliano. No sé ustedes, pero yo, la primera vez que fui a Sicilia fue con Michael Corleone, cuando se tuvo que coger unas vacaciones forzadas...
En Italia se rieron con estas secuencias sicilianas de ‘El padrino’ (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972), que les parecían como de la semana de Sicilia en El Corte Inglés. En general no les suele hacer gracia como retratan los americanos a la mafia, al margen de que la mafia estadounidense y la siciliana tienen estilos diferentes. Unos mitifican los spaghetti con albóndigas, que en Italia no come nadie, y van de chulos del barrio, pero los otros, sus primos los del pueblo, son huraños y reservados. Para que se hagan una idea aquí ‘Los Soprano’ han pasado sin pena ni gloria. Lo curioso es que esta imagen bucólica y caballeresca de Cosa Nostra, con la que esta organización criminal ha estado encantada hasta hace poco, no la inventó Hollywood, sino la propia Italia. Más exactamente, fue una ópera, ‘Cavalleria rusticana’, de Pietro Mascagni (chico de la foto), estrenada en 1890 en Roma, que fue un éxito tremendo, una de las mayores conmociones de la historia de la ópera y que además puso de moda el acto único. Mascagni pudo vivir de eso toda su vi
da.
El bar en el que hemos estado con Al Pacino, las situaciones y esos tipos taciturnos son los mismos de ‘Cavalleria rusticana’, basada en la novela de Giovanni Verga, que pinta una Sicilia folclórica, pasional y violenta. Su escena crucial, por ejemplo, transcurre en una tasca donde uno de los protagonistas rechaza un vaso de vino, desplante por el que se arma el pifostio. La historia de la ópera es muy simple, un triángulo amoroso, cuernos, celos, honor ultrajado y ‘vendetta’. Pero quizá se debería aclarar una cosa: Mascagni era de Livorno y no había estado en su vida en Sicilia. En 1890, con la unidad de Italia muy reciente, la isla era, como ha sido hasta hace poco, un lugar remoto y exótico. Esta ópera, que fue un éxito internacional, consagró la imagen de la mafia durante un siglo. Según opina John Dickie en su ‘Historia de la mafia siciliana’, es una de las directas responsables de la mitificación y confusión sobre Cosa Nostra hasta fechas recientes. De todos modos ‘El Padrino’ va a misa, no se preocupen. Los propios mafiosos, que adoran ver películas de la mafia, dicen que es así. Por ejemplo, las familias mafiosas de Estados Unidos siguen enviando a los chicos a Sicilia, en plan curso de verano, para que aprendan valores en el pueblo, tal como han demostrado algunas escuchas telefónicas de la Policía italiana.
La sangre italiana corría a raudales entre los jóvenes que airearon Hollywood en los setenta y cultivaron en gran medida esa fascinación por la tierra ancestral. Basta ver los nombres de ‘El Padrino’: Coppola era hijo de inmigrantes de Basilicata, los abuelos maternos de Al Pacino eran del mismo Corleone y parte de la familia de Robert De Niro venía de Molise. Para cerrar la trilogía, Coppola llevó a Michael Corleone al maravilloso teatro Massimo de Palermo a ver una representación de... ‘Cavalleria rusticana’. Durante la representación se produce la habitual escabechina con montaje paralelo en la que uno de los capos muere en el palco a base de ‘cannoli’ envenenados. Si fuera yo desde luego caería como un bendito, porque soy capaz de comerme una docena. Al final, la hija de Michael Corleone, interpretada por Sofia Coppola, muere en la escalinata mientras suena el famoso intermezzo de la ópera. Pero desde luego esta pieza ha quedado en la memoria por el arranque hipnótico de ‘Raging bull’ (Toro salvaje, 1980), obra de otro hijo de inmigrantes sicilianos, Martin Marcantonio Luciano Scorsese. Póngase cómodos, suban el volumen y veánlo otra vez, que siempre merece la pena:
Lo malo de esto es que dan ganas de volver a verla. Si están pensando que Mascagni tiene algo de cinematográfico no andan descaminados: fue el primer compositor profesional en dedicarse a las bandas sonoras de películas, con una muda de 1915. En ‘Toro salvaje’ tenemos una transposición actualizada de los temas de ‘Cavalleria rusticana’, y si uno se fija Scorsese volvió a repetir casi igualito el esquema de la historia en ‘Casino’ (1995) con los mismos actores. Hay una historia curiosa de ‘Toro salvaje’, a modo de epílogo del filme, que conté una vez en el periódico: el auténtico Jake La Motta volvió por primera vez a Sicilia, su tierra de origen, en 2005, con 83 años. Él también pasó unas vacaciones inolvidables en Italia, de peregrinaje sentimental, aunque cada vez me fastidia más hablar de este tema, porque se están acabando las mías y ya no tiene tanta gracia. Lo mejor es que estaba con su hermano Joey (Joe Pesci en el filme), con quien acaba muy mal en la película. Pero mira tú, lo que es la vida real, luego se reconciliaron. Querían ir a Messina, la ciudad de su padre, un albañil muerto de hambre que se embarcó en 1909 en un buque rumbo a Nueva York a buscar fortuna. Esto de los inmigrantes es una plaga, están por todas partes. Y miren este tal La Motta, que no volvió a su casa hasta los 83 años. Si es que luego ya no hay quien los eche.
Los mafiosos de las películas cuando van a la ópera no ven Verdi o Puccini, y no digamos Mozart o Wagner. Siempre ven ‘Cavalleria rusticana’ o ‘Pagliacci’, de Leoncavallo, que en su día fue una respuesta calabresa a la ópera de Mascagni, con los mismos ingredientes de cuernos, honor y venganza. Una es de 1890 y la otra de 1892, y fueron dos óperas muy populares. De hecho, como duran poco más de una hora cada una, se solían representar en programa doble, costumbre que se sigue manteniendo. Además Caruso grabó ‘Pagliacci’ y fue el primer disco que vendió más de un
millón de copias. Leoncavallo se inspiró en un crimen ocurrido realmente en un pueblo de Calabria durante su infancia y que él conoció muy bien, pues instruyó el caso su padre, que era juez. En esos años la mafia siciliana se consolidó gracias al fin de la estructura feudal y a la unidad de Italia, y aunque sus miembros eran unos ceporros pueblerinos, tanto o más que ahora, les gustaba verse retratados de forma épica. Y a sus primos de Estados Unidos, más todavía, con la morriña. Vean sino a Al Capone (otra vez De Niro, el de verdad está en la foto de la izquierda), un hijo de emigrantes napolitanos, emocionándose con el aria de ‘Vesti la giubba’ mientras se cargan a uno de los intocables de Eliot Ness, el pobre Sean Connery. Da mucha pena cuando lo matan, por eso lo hacen. Estos del cine juegan con los sentimientos de las personas.
Como en ocasiones anteriores, es el único vídeo que he encontrado y no tengo ni idea de cuál es el idioma que hablan, así que abrimos el consabido concurso popular para identificarlo: ¿húngaro? ¿tagalo? ¿murciano? ¿guipuzcoano? Como probablemente sabrán o se habrán imaginado, ‘Los intocables’ (The untouchables, 1987) es de otro hijo de emigrantes italianos, Brian de Palma. Por cierto, Eliot Ness también era hijo de emigrantes, pero noruegos. Es para desesperarse, ¿pero es que no hay nadie de pura raza, de buena familia y que no moleste?

Ya hemos comentado alguna vez que esta corriente que une Italia y Estados Unidos es muy intensa, debido a la inmigración, por un lado, y por otro, a la liberación aliada en la Segunda Guerra Mundial (ya han visto en el primer vídeo como hasta el propio escolta de Michael Corleone se pone como loco al paso de los soldados americanos, en plan Bienvenido Mister Marshall). Los americanos tienen debilidad por Italia y los italianos adoran Estados Unidos (recuerden los numeritos de Berlusconi). La conexión es tan buena que en la Segunda Guerra Mundial los servicios secretos norteamericanos no tuvieron reparos en ir a la cárcel a pedir la colaboración del tipo que ven en la foto policial de arriba. Es Lucky Luciano. ¿Ustedes le dejarían el coche? Pues el Gobierno de Estados Unidos le encargó a él y a otro mafioso, Vito Genovese, que les organizaran un desembarco militar tranquilo en Sicilia. Y les quedó fenomenal, oye. La mafia con los políticos siempre se ha entendido perfectamente.
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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