Íñigo Domínguez

La vida en Roma

Hay 20 artículos con el tag fantozzi en el blog Íñigo Domínguez. Otros artículos en el mundo de cerca clasificados con fantozzi

19 Feb 2010

Algo se mueve

No sé si habrán visto ya estas pavorosas imágenes:

En Italia siempre está uno con esa pregunta: ¿Se vendrá todo abajo? ¿Mejor salir corriendo? ¿Irse? Pobre Calabria. Ese lugar que acaban de ver, Maierato, 2.300 habitantes, ya es un pueblo fantasma, resbalando sobre la tierra como una pastilla de jabón. En unos 200 puntos de la región ha pasado lo mismo, con casas, carreteras e incluso una central eléctrica llevadas en volandas. En Sicilia ha ocurrido algo parecido en otro pueblo, San Fratello, de 4.500 vecinos, y toda la provincia de Messina se tambalea.

De forma macabra, se podría decir que al fin algo se mueve en Italia, aunque no es una sorpresa, todo lo contrario. Calabria entera, el cien por cien de sus municipios, está construida en zonas de riesgo geológico o hídrico. No se crean que el resto de Italia está mejor: son siete de cada diez localidades, un total de 5.581, fruto de las construcciones ilegales y las barbaridades urbanísticas. Es decir, las catástrofes están perfectamente previstas cada año. Eso es lo peor de Italia, que da la razón a los pesimistas. Por ejemplo, aquí ya lo habíamos anunciado en octubre, en la penúltima tragedia.

También, y lo siento de verdad, se verifica estos días algo de lo que temimos hace un año tras el terremoto del Abruzzo. El escándalo de la semana en Italia, por si no lo han seguido, es la corrupción en la adjudicación de obras de la Protección Civil, que alcanza a su director, Guido Bertolaso (chico de la foto). De nuevo, es algo de lo que hemos hablado, y hace muy poco, al subrayar la alucinante anomalía de una Protección Civil que se dedica a emergencias y a organizar todo tipo de actos, como el Mundial de Natación. Por cierto que todavía andan construyendo alguna piscina y el mundial fue en verano. Este truco se debe a que de este modo, considerando todo una emergencia, se agilizan trámites, pero también se pierde transparencia, como se ha demostrado.

A la espera de que los tribunales se pronuncien, las grabaciones telefónicas ya indican que es todo un mamoneo de regalitos, putas en centros de masajes, enchufes, cuñados y qué hay de lo mío. Pero sobre las emergencias, que es más estomagante. Como esta conversación entre dos empresarios el mismo 6 de abril, el día del terremoto:

-Alla Ferratella occupati di sta roba del terremoto perché qui bisogna partire in quarta subito, non è che c'è un terremoto al giorno.
-Lo so (ride).
-Per carità, poveracci.
-Va buò.
-Io stamattina ridevo alle tre e mezzo dentro al letto.

Traducción (lo he puesto en italiano para que quienes lo hablen capten los matices coloquiales de los sujetos):

-Ocúpate en la Ferratella de esta historia del terremoto, porque hay que arrancar en cuarta ya, no es que hay un terremoto cada día.
-Lo sé (ríe).
-Por Dios, pobre gente.
-Bueno...
-Yo esta madrugada reía a las tres y media de la mañana en la cama.

Reía a las tres y media de la mañana en la cama. ¿Se dan cuenta? Aún no se habían contado los muertos -307 personas- y estos dos tipos ya estaban haciendo números con el negocio que les caía encima. Estos dos tipos son Francesco Maria De Vito Piscicelli, director técnico de la empresa Opere Pubbliche e Ambiente S.A., de Roma, y su cuñado Pierfrancesco Gagliardi. A los tres días ya estaban en L'Aquila facturando y habrá que ver las cuentas infladas que presentarían. Según lo que se va sabiendo, andaban un 50% por encima del precio real. La Ferratella es la sede del Dipartimento per lo Sviluppo e la Competitività del Turismo, las oficinas de Angelo Balducci y Fabio De Santis, los dos principales detenidos del caso, dos dirigentes públicos que, según el fiscal, repartían los contratos de emergencias y grandes eventos a base de comisiones y favores.

El tal De Vito Piscicelli ha pedido disculpas y se ha defendido de forma expresiva y colorida diciendo que las terribles palabras son de su cuñado, que es un animal que le hace la vida imposible. «¡Ese hombre es la metástasis de mi vida. No la ruina. La metástasis!». Casi era mejor que se hubiera callado, porque añadió ribetes de tragicomedia familiar. Aquí todo termina en parodia amarga, como en las películas. Luego salió el cuñado diciendo que no, que son frases sacadas de contexto y que la víctima es él. Aquí todos son víctimas, del primer ministro para abajo. “Soy el Fantozzi de la situación”, resumió el cuñado lastimeramente.

Sacar a colación a nuestro pobre Fantozzi es un sacrilegio, pero nos viene bien para hacer un pausa e ilustrar, ¿cómo llamarlo?, la mentalidad dominante.

Sinopsis: Bueno, no se trata de Fantozzi, sino de uno de sus epígonos, siempre interpretado por el gran Paolo Villaggio. La peli se titula ‘Il Belpaese’ (El bello país, traducción mía, de Luciano Salce). Les advierto que es de 1977, así que la mentalidad dominante viene de lejos. Lo de ‘Belpaese’, por si no lo saben, es un sinónimo significativo de Italia que utilizan los propios italianos. Se quedan con que es bonito, que no es poco y yo creo que está bien visto.

La película habla de un italiano que ha pasado años en el extranjero y vuelve todo ilusionado. Obviamente, se pega un trastazo enorme con la realidad y va descubriendo en qué penoso estado se halla su país. Vamos con el monólogo del conductor, declamado mientras incumple todas las reglas de circulación:

«Es una vergüenza, es el caos, estamos en plena anarquía, somos pocos los que respetan las leyes de la vida democrática. Para hacer que la gente se comporte civilmente no hacen falta leyes especiales, basta aplicar las existentes y hacerlas respetar. (Se salta el semáforo en rojo). Ése es el punto, respetar las leyes, yo estoy a favor de la lucha política, pero dentro del maco constitucional, pero ahora que la izquierda puede usar democráticamente el poder ¿qué hacen? Nos puentean, no cumplen las reglas, todos contra el orden constituido. (Casi atropella a una señora) ¿Me puede dar, por favor...? Se ha sentado sobre, la cosa, la tarjeta del servicio de Estado. Justo, ¿ve esto? Me he visto obligado a hacérmelo dar porque ya no conseguía aparcar en zona prohibida. Porque yo nutro un odio visceral por el privilegio...»

Nuestro pobre protagonista le advierte que va en dirección prohibida: «Ah, por desgracia, ¿quién respeta ya las leyes?». Viene un coche de frente y el conductor le pide que le pase una señal de tráfico de la Policía: «¡Frene, frene! ¡Es que ni siquiera en las vías de sentido único...! ¿Ve lo que estamos obligados a hacer para contrastar el exceso de permisividad? Porque aquí, a fuerza de concesiones, derechos a las minorías, ensanchamiento de áreas democráticas... ¡La confusión!» (Se salta un stop, frenazo con otro coche e insultos). Porque, querido mío, con este pueblo de inmaduros también la democracia y la libertad tienen que ser programadas».

«-Bueno, ha llegado. ¿No me diga que tiene el dinero en el banco? mal, muy mal.
-¿Dónde lo debería tener? ¿En el colchón?
-¡No en el banco! Querido, no ve que acabarán por ir a por el secreto bancario, que la gente como nosotros, que ha tenido que trabajar para salir adelante, tendrá que dar cuentas de sus ahorros. Hágame caso (hace un gesto con la cabeza) Tenga todo fuera.
-¿Fuera? ¿Pero usted tiene algo fuera?
-¡Todo! Y estoy fenomenal. Ahí si que hay gente que tiene respeto por la ley y por el dinero, querido mío.
-Es siempre un placer conocer personas honestas como usted", dice al despedirse nuestro ingenuo héroe.

FIN

¿A quién me recuerdan a mí estos razonamientos? No sé que me pasa que veo a Berlusconi por todas partes. En fin, sigamos.

El diálogo anterior de los dos empresarios sobre el terremoto horrorizó a los vecinos de L’Aquila. Transcribo el comentario del alcalde, Massimo Cialente:

«Dan escalofríos y dan asco, son chacales. Me temo que para muchos esta ha sido una gran ocasión de hacer dinero. Algunos han venido a hacer su trabajo, pero luego tenemos estas figuras que forman parte de esta Italia que hace llorar».

Mejor lo dejamos, porque efectivamente es para llorar. El asco es una sensación dominante estos días y hace falta estómago para leer entero el periódico. Pero, por desgracia, tenemos que seguir con el cumplimiento implacable de las peores previsiones. Porque ha pasado ya un año del caso de Eluana Englaro. Si lo recuerdan es la mujer en estado vegetal sobre la que se armó un vergonzoso dramón de pasteleo político, con Berlusconi presentándose a última hora como defensor de la vida -ya saben, el partido del amor- con una ley in extremis para obligar a alimentarla por la fuerza que no llegó a tiempo. Habían tenido años para hacerla, pero al final no pudo ser. ¿Recuerdan la conmoción de aquellos días, que no iba a volver a ocurrir y todas las tonterías? Pues, como ya habrán adivinado, al día siguiente se olvidaron de todo y un año después esa ley que no aprobaron por un pelo para, oh, salvar a Eluana sigue empantanada en el Parlamento.

Está claro que no avanzamos nada. Pero, entonces, ¿a qué viene el título que hemos puesto a este capítulo? Un poco de paciencia, que enseguida llegamos. Resulta que, paradojas de la vida, no habían terminado los panegíricos y loas a Bettino Craxi, el primer ministro corrupto y huido de la Justicia tras la operación ‘Manos Limpias’ de los noventa, cuando Italia se ha visto de nuevo lanzada en una ola de casos de corrupción al mejor estilo de aquellos años.

El escándalo de las bolsilladas de la Protección Civil cada día va a más y hay otros episodios entrañables, como el de Mirko Pennisi, concejal de ayuntamiento de Milán y presidente de la comisión urbanística. Fue cazado cuando se hacía entregar una comisioncita de 5.000 euros escondida en un paquete de tabaco, como en los viejos tiempos. Se escabulló en una librería y lo escondió tras el radiador del baño. Era la segunda entrega del peaje que un empresario debía pagar para que su expediente, un permiso de obra parado desde hacía cuatro años, fuera considerado. Así es Italia, hay que pagar para que las cosas se muevan.

Pennisi dejó una solemne reunión sobre el Plan de Gobierno del Territorio y bajó a su cita en la puerta del ayuntamiento. Para qué andar molestándose en esconderse. Pero resulta que el empresario fue con la Policía. También han pillado de la misma manera y con las manos en la masa, en su propio despacho, al presidente de la provincia de Vercelli (norte, entre Turín y Milán), Renzo Masoero, embolsándose 10.000 euros de una empresa de desratización. Ambos son del PDL, el partido de Berlusconi.

Esto no para porque ayer pillaron al jefe de la sección antifraude de Varese (norte) y a otro empleado de Hacienda, que pedían 60.000 euros a un empresario para no hacerle una inspección. Y esta mañana han detenido a un dirigente del hospital Cardarelli de Nápoles (sur), mientras recibía 1.000 euros de un empresario que se había adjudicado el contrato anual de la manutención informática. En ambos casos, como los dos anteriores, las víctimas de los chantajes denunciaron. Parece que la gente se está hartando. O que algo se mueve, porque en Italia es difícil creer en las casualidades.

Son escenas calcadas a las que hace 18 años, el 17 de febrero de 1992, dio inicio a ‘Manos Limpias’. Un tal Mario Chiesa, dirigente menor del Partido Socialista de Craxi y presidente del Pio Albergo Trivulzio, una residencia de ancianos, fue pillado ‘in fraganti’ mientras ingresaba su comisión del día (tangente) de un empresario que aspiraba a la concesión del servicio de limpieza. Nada, siete millones de liras, medio kilo de pesetas de entonces. Parece que Chiesa escondió a toda prisa el fajo de billetes en la bragueta, un paquetón insoslayable. Chiesa era ‘mister 10%’, el porcentaje personal que endosaba a cada contrato. A partir de ahí, tirando del hilo, los fiscales de ‘Manos Limpias’ de Antonio Di Pietro desvelaron el sistema de corrupción crónico que financiaba el PSI y la Democracia Cristiana, los dos principales partidos italianos, que a raíz del escándalo desaparecieron. Entonces apareció Berlusconi...

Aquello se llamó ‘Tangentopoli’. Este extraño nombre quiere decir algo así como el mundo o la ciudad de las comisiones, con terminología del Don Miki (Topolino en italiano), pues Paperopoli es la ciudad del Tío Gilito (Paperone en italiano). Ya ven que, como siempre, todo tiene un matiz lúdico. Pues bien, 'Tangentopoli' es un término que vuelve a estar en boca de todos, junto a un desaliento general aún más profundo, si es que esto es posible, ante las páginas y páginas de corrupción gruesa y chabacana que llenan cada día los periódicos.

El hecho de que cada día salga alguien a desmentir acaloradamente que esto de ahora no es como ‘Tangentopoli’ no hace más que corroborar cuánto se parece. Parece que no ha pasado el tiempo. De hecho ahora me acuerdo que Mario Chiesa apareció implicado hace un año en una estafa de tráfico ilegal de basuras. Craxi, cuando empezaba la movida, dijo que era un caso aislado. Últimas palabras famosas. Curiosamente, Berlusconi ha dicho hoy lo mismo de estos nuevos chorizos. Es más, va a endurecer las leyes contra la corrupción. Pero claro, ahí le duele: es que él, por ejemplo, se ha librado de condenas de corrupción por las circunstancias atenuantes. Con el carrerón que lleva ¿cómo va a pedir Berlusconi a nadie que dimita? Menos que nadie a Bertolaso, el director de Protección Civil, a quien los fiscales acusan de haber pegado «una repasada» a una masajista brasileña facilitada por la banda de empresarios trincones, los que se reían del terremoto de L’Aquila. Es un espejo de las juergas con putas de Berlusconi.

Pero así llegamos a este resquicio de esperanza del que les hablaba, esos ligeros movimientos que indican tendencias positivas. Según Berlusconi, estos casos de corrupción:

“...son hechos personales que entran en las estadísticas, pues de cien personas puede haber uno, dos, tres, cuatro o cinco personas que puedan ser unos bandidos que se aprovechan de su posición por interés personal”.

No sé si captan la letal ironía de estas palabras, seguramente inconsciente, viniendo de quien viene, el campeón del uso personal del poder. No se entiende por qué se comportan así algunos italianos, teniendo el modelo ejemplar de su primer ministro. Por otro lado también queda en evidencia cuando se queja estos días de que van a por él, como si cuando empiezan a detener chorizos él saliera en defensa de su gremio. Pero también el presidente de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini, co-fundador del PDL con Berlusconi quiso poner los puntos sobre las íes:

“Nada de Tangentopoli, antes se robaba para el partido, hoy quien roba es un ladrón y basta”.

En fin, a lo mejor les decepciono, pero estas eran las buenas noticias: ya sólo se roba por mero lucro personal.

Sin embargo, digan lo que digan Berlusconi y Fini son las propias estadísticas las que saltan por los aires. Esta sensación de ‘deja vu’ generalizada fue certificada anteayer por el aplastante informe del Tribunal de Cuentas: las denuncias por corrupción han subido un 229% con respecto a 2009, un fenómeno que ha hecho perder al Estado unos 70 millones de euros. «La corrupción es un cáncer maligno (...) Hace falta sentido ético, porque no bastan jueces, carabinieri ni fuerzas del orden», ha dicho el presidente del organismo. Sin duda no tiene la capacidad de relativizar los fenómenos de Berlusconi.

Pero, insisto, no desesperen, hay que agarrarse a lo que sea para tener esperanza. Por ejemplo, esta semana ha dimitido alguien. Sí, ya sé que sólo ha sido un locutor de un programa de cocina de la RAI, masacrado por los defensores de los animales por decir que los gatos se cocinan y están buenos. Pero también tenemos el acontecimiento histórico del informativo de Emilio Fede (chico de la foto), el delirante TG4: ¡dio una noticia! No era una exclusiva, pero por algo se empieza: su público se enteró por primera vez en más de veinte años de que hay un líder en un partido de izquierda con una cara y una voz. En efecto, Fede entrevistó por primera vez en su informativo a un líder de la izquierda, Pierluigi Bersani, del PD.

Pero si todo esto no les parecen mejorías, sino tristes consuelos, ahora les convenceré. Antes debo confesar que también me he ido contagiando del entorno y cada vez soy más individualista. Visto así, el gran bombazo es que he descubierto que soy rico, uno de los más ricos de Italia. Sí, sí, como el Tío Gilito. Como lo oyen. Han salido los datos de la declaración de la renta y quédense con el titular: el 91% de los italianos declaran ingresos inferiores a 35.000 euros. Yo gano más, aunque no llego a ese escaso 1% de italianos que gana más de 100.000 euros, así que, sin saberlo, formo parte de la élite del país. La mitad de los contribuyentes gana menos de 15.000 euros y el 27% no paga absolutamente nada. En resumen, que el 12% de los italianos paga el 52% de los impuestos, según los datos del Departamento del Tesoro. Los demás, a vivir.

Me ha venido muy bien saber que soy rico, porque febrero siempre ha sido para mí el peor mes del año, me sumo matemáticamente en confusas depresiones invernales. Pero cómo no se va uno a deprimir si pone la tele y se encuentra con el festival de Sanremo. Miren a qué ha quedado reducida la pobre Italia. Con todos ustedes, el ínclito príncipe Emanuele Filiberto di Savoia con el tema ‘Italia amore mio’, acompañado de Pupo y el tenor Luca Canonici:


«Yo creo en mi culturaaaa, y en mi religiooón, por eso no tengo miedoooo de expresaar mi opinioooón...» Madre del amor hermoso, qué ataques de vergüenza ajena. Fue eliminado a la primera, menos mal. Pero ayer fue repescado en una extraña maniobra, para variar. El público protestó y pitó, pero ya sólo le queda eso, el pataleo como único síntoma de vida. Por cierto, la presentadora del principio no es la Bruja Avería, sino la pimpante Antonella Clerici. Ahí la tienen en un momento de la velada columpiándose como en el anuncio campestre de Timotei.

Para terminar, vamos a ponernos serios. Buscar una esperanza en Italia es algo muy serio. Hace tres meses causó gran conmoción, efímera como todo, esta carta pública que escribió a su hijo Pier Luigi Celli, ex-director general de la RAI y director general de la Luiss, la universidad privada más prestigiosa de Roma. Fue publicada en un diario y reproduzco los párrafos más interesantes.

Hijo mío, estás a punto de terminar la universidad, has sido muy bueno. (...) Y es por esto por lo que te hablo con amargura, pensando en lo que ahora te espera. Este País, tu País, ya no es un lugar en el que sea posible estar con orgullo.

Puedes imaginar el sufrimiento con que te digo estas cosas (...) pero no puedo, honestamente, esconder lo que he meditado largamente. Te conozco bastante para saber lo fuerte que es tu sentido de justicia, el deseo de llegar a resultados (...) y, la idea de que el estudio duro es el único camino para ser creíble y de confianza en el trabajo que encontrarás.

Pero mira a tu alrededor. Lo que puedes ver es que todo esto cada vez tiene menos valor en una sociedad dividida, pendenciera, fuertemente individualista, dispuesta a malvender los mínimos valores de solidaridad y honestidad, a cambio de un reconocimiento de los intereses personales, de prebendas discutibles, de carreras feroces hechas sobre méritos inexistentes. A menos que no sea un mérito la afiliación política, de clan, familiar.

Este es un País en el que, si te va bien, empezarás ganando una décima parte de un asistente (portaborse) cualquiera, un centésimo de una azafata de televisión (velina), quizá poco más de un milésimo de un alto ejecutivo con quiebras que no pagará nunca. Y que es un país en el que, para viajar, tienes que esperar que a Alitalia no se le meta en la cabeza hacer la empresa seria pidiendo a sus empleados el respeto del horario, porque entonces puede que te anulen cada vuelo durante días enteros. (...) Por otro lado, como podría ser distinto, si este es el único País en el que una compañía aérea del Estado, técnicamente en quiebra, ha sido privatizada regalando el monopolio, obligando a sus dirigentes a la parálisis ante empleados que no creeerán nunca más que corren peligro.

Créeme, si miras alrededor no encontrarás muchas razones para reconfortarte. Tropezarás con destinos gloriosos de quien, siendo a lo mejor taxista, se ve premiado con un consejo de administración, o no sabiendo nada de electricidad o gas accede impertérrito a la cúpula de una empresa de energía. (...) Este es un País en el que ninguno parece destinado a pagar por los errores cometidos (...)

Por eso, con el corazón que sufre más que nunca, mi consejo es que, acabados tus estudios, te vayas al extranjero. Elige ir donde todavía tenga un valor la lealtad, el respeto, el reconocimiento del mérito y los resultados. Probablemente no será todo oro, esto no. Ocurrirá también que, a menudo, te entre nostalgia de tu País y, espero, de tus padres. Y tú intentarás encontrar una vía para hacer aquello para lo que te has preparado durante años. Hazme caso, este es un País que no te merece. Habríamos querido que fuera distinto y hemos fracasado. También nosotros. Tú tienes derecho a vivir de forma distinta, sin preguntarte, por ejemplo, si lo que dices o escribes puede molestar a alguno de estos mediocres importantes, con el riesgo de caer en su punto de mira y encontrarte marginado sin entender por qué.

Ahora que te he dicho lo que querría evitar, lo sé, preveo, lo que querrías responderme. Te conozco y te quiero por esto. Me dirás que es todo verdad, que las cosas están así, que también te dan asco, pero que tú, justo por eso, no les dejarás que ganen. Y no sé, creéme, si preocuparme más de tu obstinación o alegrarme por haber encontrado el modo de que no me desilusionaras, secundando mi amargura.

Prepárate de todos modos para sufrir.

Con afecto, tu padre.

Veamos, para despedirnos, el final de ‘Il Belpaese’:

Sinopsis: El protagonista, después de que le haya pasado de todo y chocar con todas las adversidades imaginables, cosa que puede comprender cualquiera que llegue por primera vez a Italia, se harta y decide largarse. Pero en el último momento toma una decisión: no se va del país, se queda. «¡Yo no dejo Italia! ¿Has entendido Belpaese? ¡Yo me quedo aquí, no te dejo! ¡Has intentado hacerme partir, me has bombardeado la tienda, me has masacrado, robado, humillado, pero yo me quedo! ¿Sabes por qué? ¡¡¡¡Porque soy un gilipollas (stronzo)!!!! Pero son los gilipollas como nosotros, que se despiertan todas las mañanas para ir a trabajar... ¿habéis entendido gilipollas? ¿Pero queréis hacerles ver, sí o no, que somos nosotros los que importamos en este país?». Y se pone a animar a la gente del barrio a que salga a la calle, venza el miedo, pasee, se hable,...

El contexto es el de la Italia de los años de plomo, con violencia y tiros en las calles, que seguramente era mucho peor que esta. Pero no sé si esto es un consuelo.

4 comentarios | Enlace permanente

01 Feb 2010

Coppi en amarillo

Lo siento, he desaparecido un par de semanas porque he tenido que hacer unos viajes. A lo mejor han pensado que me habían recluído, pero es que la salida fue precipitada y ni tuve tiempo de dejarles un aviso. Pero ya estoy aquí. Para regresar quería contar algunas batallitas que tenía pendientes desde el pasado 2 de enero, día en que se cumplieron 50 años de la muerte de Fausto Coppi. Aunque no sean aficionados al ciclismo les aseguro que son muy entretenidas.

El más grande ciclista italiano de todos los tiempos también tiene, por fidelidad al espíritu nacional, su colección de misterios (‘giallo’, literalmente ‘amarillo’, por el color de las tapas de las primeras novelas de género negro de la Mondadori). Es muy conocido el ‘giallo’ de la célebre fotografía del Tour de 1952 en el Col du Galibier. La ven aquí al lado. Aparece Coppi primero y Bartali detrás, a su rueda. Eran los rivales míticos de aquellos años y en la imagen aparecen pasándose una botella de agua, en el preciso momento en que la cambian de mano. Pero ¿quién la pasa a quién? Es decir, ¿quién iba mal y la necesitaba? Bueno, pues más de medio siglo después todavía no se sabe y la foto es endiabladamente ambigua. Tanto Coppi como Bartali se atribuyeron el gesto y se murieron sin aclararlo.

Precisamente la muerte de Coppi es rarísima. En 1959 se fue a Alto Volta, hoy Burkina Faso, a participar en una carrera entre amiguetes. Paradojas del desarrollo, hoy con tanta globalización ni a un solo famoso se le ocurre acercarse a África, aunque es verdad que Madonna ha contribuido a colocar en el mapa Malawi con sus dudosas adopciones. Pero entonces podía parecer más cercana, y si no acuérdense del alucinante documental ‘When we were kings’ (Leon Gast, 1996) sobre el legendario combate de Mohamed Ali y Foreman en el Zaire de Mobutu en 1974, con conciertazo loco de James Brown incluido.

Si no la conocen, aunque no sean aficionados al boxeo seguro que les apasiona. Si alguna vez tienen un día alicaído, pónganse este chute de película. Pero vamos adelante que si no me pierdo, como siempre. Decíamos que el Real Madrid o el Barcelona no se irían jamás a Burkina Faso si no hay un pastón de por medio, pero en aquel tiempo en Alto Volta había verdadera pasión por el ciclismo y las figuras de entonces se fueron para allá, de safari y a echar unas carreras. Definitivamente había más romanticismo. Pero Coppi se pilló la malaria y murió poco después en Italia, problemas del romanticismo. Tenía 40 años.

Fue de manual de misterio italiano. Su compañero de habitación, Raphael Gemignani, también contrajo la enfermedad pero los médicos franceses le dieron quinina y se acabó. A Coppi los médicos italianos le dijeron que nada, nada, que aquello era una gripe. Tiene delito porque incluiso el hermano de Gemignani llamó al hospital desde Francia a toda prisa para decirles el diagnóstico de su hermano, pero no le hicieron ni caso. Hasta se lo tomaron a chirigota. Total, que Coppi palmó. Era el mayor mito de su tiempo, así que cómo sería la atención médica de los comunes mortales.

Aquello era claramente carne de ‘giallo’ y tardó en salir, pero al final emergió de forma delirante en enero de 2002. Mereció la pena esperar. Fue de la siguiente manera, aunque no se lo crean. Ocupó varios días los diarios. Un dirigente del comité olímpico italiano que no podía ocultar la verdad por más tiempo contó que 17 años antes, en 1985, estuvo en Burkina Faso y un misionero, ya fallecido, le reveló que un indígena le había contado, en confesión, que había envenenado a Coppi. Le habían suministrado, decía, un brebaje de hierbas mortal preparado por un brujo de una tribu. Fue como venganza porque, no se sabe si ese año o el anterior, un ciclista de Costa de Marfil, llamado Canga, había muerto en una carrera empujado por un corredor europeo, que no era Coppi, pero para vengarse servía. Imposible, se dijo en agrio debate ante tamaña revelación, Coppi había hecho la guerra en África y cuando andaba por allí no bebía cualquier cosa, sólo te. Naturalmente, los indicios eran abrumadores y la Fiscalía de Roma abrió una investigación. Aunque ustedes hayan tardado un segundo en concluir que esto es una tontería, el fiscal de turno tardó un año en llegar a la misma conclusión.

Por supuesto, sigue saliendo material. A finales de 2007 recuerdo que hubo nuevas revelaciones sobre lo que pasó realmente en aquellas carreras africanas de Coppi, gracias a los testimonios de algunos presentes, localizados en Burkina Faso. Nada escandaloso, sólo anécdotas deportivas. En la carrera del 13 de diciembre de 1959 Coppi perdió contra Sanu Moussa, máxima figura de Alto Volta. Parece que le dejó ganar porque el importador de Citröen le prometió al chaval una Idem, la Ds africana de entonces, agitando las llaves en la mano cuando Moussa pasó delante de él. «¡Si ganas a Coppi el coche es tuyo!», le picó a gritos. Además, el presidente de la república, Maurice Yameogo, le advirtió en la salida: «¡Tienes que defender el honor del país!». En fin, que Coppi le dejó ganar, tampoco había que ser abusón.

Para descansar de tanta épica, recurrimos a nuestro entrañable Fantozzi, en una terrible fase de su vida en la que el megadirettore de su empresa es aficionado al ciclismo y, en una de sus rutinarias prácticas de sumisión del subordinado, les obliga a practicarlo, con nefastos resultados.

Sinopsis: Para burlar al jefe, que les espía desde la ventana, los pobres y serviles empleados fingen que se van alegremente de excursión al salir de trabajar. Metidos en el papel, proclaman que se van nada menos que a Pinerolo, 1.200 kilómetros, a cenar a casa de la tía de uno. Pero doblan la esquina y paran donde tienen aparcado el coche. Mientras se ríen del jefe, con un repertorio de gestos de desprecio que puede resultar útil al neófito, el superdirettore naturale aparece por sorpresa. Con su despotismo habitual, les ordena hacer 20 kilómetros. Al regreso, Fantozzi y el inseparable ragionere Filini comentan que no ha sido para tanto...

FIN

Sigamos con la épica. La rivalidad de Coppi y Bartali, que dividió Italia, era de estilo y de fondo político, pero eran amigos. En una etapa del Giro en 1940 Coppi se paró para abandonar y Bartali se bajó de la bici para decirle que no podía hacerle eso a sus padres, después de los sacrificios que habían hecho por él. Le restregó nieve por la cara y lo puso en marcha otra vez. El duelo Coppi-Bartali hizo época, pues representaban dos caras de Italia, como escribió Curzio Malaparte en 1949 en un artículo que se hizo famoso. En Italia lo acaba de reeditar Adelphi en un librito, con un delicioso análisis de Gianni Mura, que me regaló hace poco un amigo, Darío Menor, corresponsal de ‘La Razón’ en Roma. El enfrentemiento entre Coppi y Bartali es a base de estereotipos que resultaron un poco forzados y que se intentaban manipular, porque ambos eran muy independientes y ajenos a pasteleos, pero tenían algo de verdad. Bartali venía a ser de derechas, creyente, de origen campesino, fortachón, sufridor, fruto del mundo anterior a la Segunda Guerra Mundial, el pasado. Coppi, de izquierdas, descreído, de origen obrero, delgado, una máquina, un hombre de la posguerra, el futuro. Coppi parecía sobrehumano, como se suele recordar con el comentario de un locutor cuando ganó su primera Milán-Sanremo: «Primer clasificado, Coppi Fausto. A la espera del segundo clasificado transmitimos música de baile». No se sabe si es verdad o leyenda, pero da igual.

La guerra marcó a ambos, pues a Bartali le robó la madurez y a Coppi la juventud, dice Gianni Mura. Bartali se hacía casi 400 kilómetros entre Perugia y Florencia para pasar documentos ocultos en la barra de la bici. Con ellos se salvaron muchos judíos. A Coppi le tocó la campaña de África y, prisionero de los ingleses, se comió dos años en un campo de concentración en Medjez-el-Bab, en el norte de Túnez. También comió sapos, del hambre que pasó. Luego, a pedalear otra vez como si no hubiera ocurrido nada. Y todo esto sin posar en calzoncillos para Armani.

Bartali ganó el Tour en 1938. Titular de ‘La Gazzetta dello Sport’: «Una orden de la Italia del Duce: vencer. Bartali, campeón de Legnano, ha obedecido». Ya ven, peor que ahora con los espónsors. Bartali, pese a como lo pintaban, nunca quiso saber nada del fascismo. Pero según la leyenda sí que hizo un gran servicio a su país años después. El 14 de julio de 1948 fue el atentado al líder comunista, Palmiro Togliatti (foto), en una Italia que acababa de salir partida en dos de las primeras elecciones tras la guerra, entre la Democracia Cristiana, vencedora por poco, y el frente de izquierda. El atentado casi desata una revuelta popular, la tensión era muy alta y mientras Togliatti era operado el primer ministro, Alcide de Gasperi, llamó a Bartali a Cannes, donde la tropa del Tour tenía día de descanso: «Oye Gino, ¿puedes ganar el Tour?». Bartali dijo que podía probar. Al día siguiente ganó una etapa de montaña de perros con nevada incluida y al otro se puso el ‘maillot’ amarillo. La noticia fue titular de los informativos de radio, por delante del parte de Togliatti. El país se distrajo, se puso contento y se ahuyentó el riesgo de una guerra civil. En parte fue gracias a Bartali, que tenía ya 34 años y ganó el Tour. Fue el primero en ganar dos con una década de distancia. Y eso que fumaba. Murió en 2000.

Esta fenomenal pareja se reflejó en esos años en Francia en Anquetil y Poulidor, un duelo similar. En este juego de espejos, Coppi y Anquetil tuvieron curiosos paralelismos: ambos se liaron con la mujer de su médico, cosa que a Coppi le costó la condena del Papa, Pío XII, y de los tribunales, todo un escándalo nacional de adulterio imperdonable, y también compartieron las dotes de Biagio Cavanna, habilidoso masajista ciego. Qué historias.

Para comprender la pasión por el ciclismo de entonces hay que pensar que en 1946 había en Italia tres millones de bicis, frente a 149.000 coches. Y que el país fue así, con más bicis que coches, hasta 1975. En España supongo que el predominio de las bicicletas duraría algunos años más. Está bien saberlo para reflexionar mientras vemos con suficiencia imágenes de países pobres con miles de bicis.

Ahora me acuerdo que elegí mi primera casa en Roma, además de por la camarera del bar de enfrente, porque estaba justo delante del lugar donde le roban la bici al protagonista de ‘Ladri di biciclette’ (Vittorio de Sica, 1948). Ya ven qué tonterías hace uno, fiándose a menudo de impulsos irracionales y señales del destino. Al año me cambié, porque también a mí me robaban. Pero fue muy bonito.

13 comentarios | Enlace permanente

03 Sep 2009

Verano loco (16)

31. Magia cotidiana

En las cenas con otros extranjeros en Italia siempre se impone como conversación lo que ya es un subgénero de sobremesa: contar la mejor historia de burocracia italiana sufrida o conocida. Yo tenía varias muy buenas, con trenes, teléfonos, bancos, alquileres,... pero un querido colega ha vivido la anécdota definitiva. Es de correos, otro clásico. Imagino que él la contará un día con mucha más gracia en alguno de sus hermosos libros, pero la esbozo brevemente. Mi amigo envía un paquete, creo que un libro, a Barcelona. Por certificado y pagando un plus por un código que asegura la localización del envío en todo momento. Pasan dos o tres semanas y el paquete no llega. Va a correos y tras mirar en el ordenador le dicen que, no se sabe cómo, el paquete está en Helsinki, me parece. Pero le aseguran que se lo arreglan.

Semanas más tarde, ni rastro del envío. Mi amigo vuelve a correos y la búsqueda electrónica ubica el bendito paquete en Colorado o Wisconsin, en fin, en algún estado de EE UU. Tampoco se sabe cómo ni por qué ha llegado hasta allí. Mi colega, curtido en la vida italiana, decide tomarlo ya por el lado de la diversión antropológica y se dedica a seguir las misteriosas evoluciones del paquete. Un día el cartero llama a su puerta y se lo entrega. Lo han recuperado. Pero atención, le cobran 60 euros por gastos de franqueo.

FIN

Como siempre que hablamos de burocracia, recurrimos para ilustrarla a nuestro héroe, Fantozzi. Esta vez en una sublime escena en un hospital, sólo un pelín caricaturizada. Me parece recordar que es por el parto de su hija.

Sinopsis: Fantozzi entra con un sobre de dinero con sus ahorros, sabiendo que a veces, para resolver un problema con rapidez hay que pagar. Pero es peor de lo que imaginaba. Diálogo (las cantidades están en liras):

-Perdone...

-¡10.000!

-Perdone, yo tendría una cita con el profesor...

-¡30.000!

-(Tras recibir el dinero) El profesor no está, está de vacaciones.

-No, es que he dado 10.000 y ahora...

-Justo, tengo que enviar el dinero al profesor a Cortina (D'Ampezzo) con un giro. Es más, deme 500 para el giro.

-Ah, perdone, no me he dado cuenta. Bueno, le doy 10.000 y me da la vuelta... (No le da la vuelta y guarda el dinero) Oiga, mire que lo ha guardado... Bueno, no da la vuelta... Bueno, aprovecho que no me ha dado la vuelta para preguntar, y así estamos en paz, quién es el sustituto...

-De acuerdo, el doctor Giovanni Rava.

-¿¿Y dónde está?? (Mientras le da otro billete)

-No está, está de huelga... Pero su caso ¿es urgente?

-¡Sí, es un caso desesperado!

-¡100.000!

-Voz en off: Por esta suma se enteró de que en casos de urgencia el responsable de ginecología era el profesor Grandi, jefe de ortopedia.

-En este mismo piso, después de radiología.

-Ah, muy bien, muy amable. Buenos días señorita.

Pero ella sólo responde si le vuelve a pagar.

32. Fantasmas de la ópera

Los italianos inventaron la ópera, una cosa que, bien mirada, es tan rara que no se sabe a quién se le pudo ocurrir. Pero según la teoría de un amigo melómano, es de cajón. La ópera es Italia en estado puro: historias rocambolescas e inverosímiles, con tragedias exageradas, representadas por gente disfrazada que habla cantando. Todo ello en un teatro lleno de pasadizos, diseñado para que el público pueda exhibirse y examinarse. Dicho así parece imposible que pueda resultar, pues todo es mentira y artificio, pero por una intuición genial lo cierto es que el conjunto funciona, se transporta con ligereza y logra una armonía sublime. Y genera fanatismo, peregrinaciones a la casa de Puccini en Torre del Lago, al pueblo de Verdi, al Pesaro de Rossini. En la ópera en Italia chocan dos cosas. Una, que es muy popular, se ven muchos jóvenes en el público. El ferretero canturrea un aria mientras busca el clavo justo. Otra es la gran afluencia de alemanes, todo un turismo cultural. Bajan hacia la luz mediterránea arrastrados por su corazón romántico.

Mi amigo señala el abismo de carácter entre italianos y españoles comparando la ópera con los toros, donde todo es gravedad y tragedia real. Instinto y razón pelean a cuerpo y sólo sale vivo uno, entre los extremos del sol y la sombra, en un círculo cerrado sin escapatoria. En fin, algo de una seriedad innecesaria.

FIN

(Publicados en El Correo en agosto de 2007)

3 comentarios | Enlace permanente

12 Ago 2009

Verano loco (10)

19. Zelig napolitano

El transformismo camaleónico, según el viento que sople, es una función vital más con la que nacen muchos italianos. El 'voltagabbana', el chaquetero, es un personaje tan característico como el gondolero. Decenas de diputados cambian de grupo en cada legislatura y, al revés que en España, donde se mira mal a quien descuella, es deporte nacional acudir en auxilio del vencedor. Sólo tal civilización podía generar el extraordinario caso clínico documentado en Nápoles, capital de la genialidad en la supervivencia. Un tal A.D., de 65 años, sufrió un ataque de corazón en 2002 y se convirtió en alguien como Zelig, el personaje de Woody Allen que se mimetizaba con su interlocutor, adoptando su personalidad y profesión (en la foto, en versión apache).

Este Zelig napolitano asombró a los médicos, que le sometieron a pruebas y siempre se metía en el papel: cocinero con los cocineros, notario con los notarios, psicólogo con los psicólogos. Un caso único que describieron en marzo en la prestigiosa revista 'Neurocase'. El hombre mantenía perfectamente conversaciones, con habilidad, y no era tonto, porque sólo hubo un oficio al que fue refractario, en la lavandería. Estaba incómodo y preguntó qué hacía allí. Su identidad variaba, pero no su carácter, siempre seguro y con afán de protagonismo. De joven fue actor, pero los médicos dan la clave reveladora: toda su vida había sido político.

FIN

'Zelig' (1983), obra maestra de Woody Allen:


20. El sueño de la suerte


Para hacerse una idea del nivel de superstición en Italia baste esta anécdota de un amigo culto, leído, que habla idiomas y ha viajado. Llegábamos tarde a una cita e íbamos a toda velocidad por las callejuelas de Roma en su vetusta 'Cinquecento'. De repente se cruzó un gato negro y mi amigo frenó en seco. Dio marcha atrás haciendo juramentos hasta que encontró un hueco para meter el coche. Luego, ahí nos quedamos, esperando en la penumbra mientras él miraba nervioso el reloj. De improviso su cara se iluminó cuando apareció un coche por la calle y salió de inmediato detrás de él, con carcajadas malévolas.

Se supone que el otro conductor, ignorante él, se comió el mal fario tendido de acera a acera por el bendito gato. Un matiz gracioso es ese pensar en salvar el culo a toda costa y el placer en embaucar al prójimo. Rituales como estos son habituales, recuérdense los famosos cuernos de Berlusconi, y se huye de los gafes como de la peste. Pero lo mejor, como en tantas cosas, es Nápoles. Hay toda una teoría cabalística y de interpretación de sueños para la lotería, que hasta se puede consultar en la página web del organismo de apuestas. En la 'smorfia' (foto), la lista clásica, a cada imagen soñada corresponde un número. Desde una mujer desnuda (21) o unos pechos (28), a la Madonna (8) o las almas del purgatorio (85). En fin, el arco completo de la imaginación.

FIN

Ahora mismo en Italia andan histéricos con el premio de 131 millones acumulado a quien acierte los seis números de la loto. El premio, récord europeo, ayer volvió a quedar desierto y hay colas en los estancos. Anteayer oí a dos por la calle que hablaban de los números que habían soñado.

También la mascota de nuestro blog, Fantozzi, ganó una vez la lotería. Bueno, no él, sino uno de sus alter ego, siempre interpretados por Paolo Villaggio. En 'Ho vinto la lotteria di capodanno' (He ganado la lotería de Nochevieja, Neri Parenti, 1989) se llama Paolo Ciottoli, periodista pusilánime y amargado de un cutre diario romano. Le toca la lotería y se desmelena, aunque al llegar al periódico adopta su actitud habitual para no despertar sospechas. Esto también es muy normal. Se han dado casos de secuestros.

(Publicados en El Correo en agosto de 2007)

3 comentarios | Enlace permanente

07 Ago 2009

Verano loco (9)

17. Sorpresas de búfala

En Italia hay búfalos. De la especie asiática. ¿Qué hacen estos bichos en las llanuras de Roma? Su existencia es trascendental: con leche de búfala se hace la 'mozzarella'. Olviden los emplastos de la pizza ibérica, la 'mozzarella' fresca es uno de los manjares de la humanidad. Como pasa con el jamón, se sueña con ella cuando se vive fuera. Hay restaurantes de Nueva York que las llevan en avión a diario, pues no duran mucho. No se sabe cómo llegaron los búfalos a Italia, pero desde los romanos se sienten como en casa en zonas pantanosas de Nápoles y Roma.

La ciénaga pontina, al sur de la capital, se extiende bajo el peñón donde vivía la maga Circe, que tuvo un rollo con Ulises. Era una tierra maldita que ni Leonardo logró drenar. Hasta que llegó Mussolini, claro, aunque le costó 15 años. Fue el último lugar de Europa con malaria y sólo vivían allí los 'butteri', una especie de 'cowboys' muy brutos. Y aquí viene lo bueno en esta historia de búfalos: el 8 de marzo de 1890 actuó en Roma el circo Wild West Show de Buffalo Bill. En un número, retó al público a cabalgar un potro salvaje. Saltó voluntario un 'buttero', Augusto Imperiali, que dejó seco al caballito y flipando a Buffalo Bill, curtido con apaches pero que no sabía de dónde había salido ese tío. Quizá eso explique que visitara al papa León XIII, quién sabe si con la chupa de flecos, y se convirtiera.

18. Genios de la huelga

Parece que unos conductores del AVE le han echado morro y se han puesto malos todos a la vez, en una huelga encubierta. Meros aficionados. Les habrá pasado los apuntes un colega italiano en algún curso de verano. En Italia, donde a la mínima se declaran "en estado de agitación" sin que nadie parezca muy nervioso, son los amos de la huelga a golpe de certificado médico. Ya casi se toma por un paro más. Empezó en 2003 con asistentes de vuelo de Alitalia, unos genios: enfermaron 800 el mismo día. Siguió con el 22% de los profesores que debían vigilar la selectividad. Pero el pasado junio se impuso como moda sindical. En una semana hubo una epidemia de 300 enfermeros en los hospitales de Roma. En Nápoles los operadores del ferrocarril urbano dejaron tirados a 150.000 vecinos y los turistas que iban a Pompeya por otro achaque general. Los maquinistas de cercanías de Roma hicieron lo mismo porque exigían aparcar en la estación.

Pero quedan campos por explorar. Las 10.000 maletas desperdigadas estos días por las pistas del aeropuerto de Roma han abierto los ojos. Ya era normal esperar una hora el equipaje, pero se han logrado récords de días. Hay sospechas de que, además de la habitual pachorra y negligencia, de las rachas de desvalijamientos de los empleados, el personal retrasa las maletas para cobrar más horas extras.

FIN

Como todo lo que atañe al campo laboral, hay pocas secuencias más memorables para ilustrar lo que es el absentismo y el doble empleo que esta de una película Fantozzi, para variar.

Sinopsis: "¡Con la alternancia de sabios gobiernos el pueblo italiano ha alcanzado un alto grado de madurez, los trabajadores han entendido por fin que la productividad está en la base del bienestar social y el único camino para salir de la crisis!". Los empleados de la oficina de Fantozzi se agolpan en la puerta de la oficina deseando trabajar. Hasta suben a pie porque los ascensores están estropeados. "¡Por fin, las dos grandes plagas del absentismo y el doble empleo, que tanto daño han hecho a la economía italiana, se puede decir que han sido derrotadas!", dice la voz en off. Pero de inmediato comienza una alegre espantada de los que tienen un puesto en otro sitio o quienes se dan el piro para practicar sus aficiones. Hasta hay un helicóptero en la azotea de la Asociación Nacional Absentistas para evacuar a los que hacen novillos.

(Publicados en El Correo en agosto de 2007)

9 comentarios | Enlace permanente

24 Jun 2009

Lui (16): detallitos

Aquí no gana uno para sustos, que ayer hubo otro terremoto y en mi casa se movían los muebles. Pero casi acongoja más lo de nuestro hombre. Siento volver a él, porque además de la televisión italiana me está monopolizando el blog, pero se impone en la actualidad por méritos propios. Ya habrán visto que la peli que poníamos el otro día, ‘In nome del popolo italiano’, resultó profética: el tal Giampaolo Tarantini, el empresario de Bari acusado de suministrar las chicas a Berlusconi, es sospechoso de dedicarse a lo mismo que el personaje de Gassman. Si es que aquí no hay nada nuevo. Les supongo enterados del argumento básico del nuevo culebrón, así que me centraré en los detalles, que son encantadores y no suelen entrar en las noticias porque no hay sitio para todas las tonterías. Paradójicamente, sirven para comprender de un vistazo el conjunto. Su abundancia se debe, no tanto a la prensa, como a la descacharrante Justicia italiana, que filtra en tiempo real sus pesquisas e interrogatorios. Es comprensible, porque es posible que luego la investigación de Bari se quede en nada y hay que aprovechar antes.

Detallitos son, por ejemplo, los que tiene Berlusconi con sus chicas. Dicen que hay por ahí una flotilla de minis rojos, el coche que regala al escalafón medio de la corte de mamachichos. Ahora cada vez que te cruzas con uno en la calle es inevitable mirar dentro. Pero lo mejor son las dádivas asignadas en la categoría de principiantes, esos collares que diseña él mismo, o eso dice, aunque resulta totalmente verosímil dado su aspecto. Son de dos tipos: tortuguitas o maripositas. Algo significativo, porque revela su talento para el camelo, es que a cada chica le jura que es un regalo especial, pero los encarga en serie y por toneladas desde hace años. Igual que los retratos firmados. En una conversación telefónica dos de estas chicas se indignaban porque habían visto uno igual que el suyo en casa de Noemi Letizia, y eso que les dijo que era personal. Increíble, les había mentido. A lo mejor no se lo esperaban de un primer ministro. De todos modos el collar de Noemi era de seis mil euros y parece de una categoría distinta, quizá la Sub-21, pero es que era la hija de unos viejos amigos.

La primera chica que aparece en escena y lo cuenta todo es la tal Barbara D’Addario, 42 años. Ahí la tienen en un calendario 2004 (sí, sí, es la misma chica de la publicidad electoral de arriba, aunque quizá habría tenido más votos así). Es un poco cabeza loca, apasionada de magia y sostiene haber sido ayudante de David Copperfield, a quien habría conocido en una convención suiza. A mí lo que me interesa de estos personajes es que, a medida que salen detalles de sus biografías, se descubren vidas novelescas y azarosas, no como la de uno. D’Addario es ‘escort’ (no el Ford, sino prostituta de lujo, que es un palabro que ahora descubro) y tan pronto aparece en galas regionales cutres como está con un jeque en Dubai o en un casino de Montenegro. Realmente es gente que ha hecho de todo para sobrevivir. En el culebrón aflora humanidad a raudales.

Recordemos cómo eran los burdeles que recuerda Fellini en ‘Roma’ (1972), cerrados en 1958 con la famosa ley Merlin.

Pero el móvil último de Patrizia D’Addario es esa obsesión suya por que le den el permiso para construir un hotelito en un terreno familiar de Bari. Hasta dice que su padre se suicidó por eso. ¿Qué hacer? Lo normal, pastelear con políticos. Lo primero que hizo es lo que se le ocurriría a cualquiera, presentarse con Mastella (tenemos pendiente hablar de él). Pero nada. Parece que daba la tabarra con su proyecto inmobiliario a quien se le ponía a tiro y, al final, su ocasión de oro fue Berlusconi. Asegura que le prometió «desbloquear el procedimiento» enviando dos personas de confianza a Bari y por eso se habría ido con él a la cama -«a la cama grande», ha aclarado-. También por eso, porque no hizo nada, ha decidido vengarse. De todos modos tuvieron el detallito de colocarla en la lista municipal ‘Puglia prima di tutto’ (Puglia antes que nada). Los responsables del PDL dicen que es mentira, pero es peor el remedio que la enfermedad: aseguran que pasó un día por la oficina, dejó el currículum y ya está, la metieron en las listas. Explican que no tenían a nadie para la cuota femenina. Ya ven cómo se hacen algunas listas electorales.

La segunda chica es una tal Barbara Montereale, 23 años. Lo mejor de todo es que cuenta vida y milagros de las fiestas de Berlusconi, pero pensando que le hace un favor, porque es berlusconiana a muerte, según subraya en todas las entrevistas. Del mismo modo ha relatado que al aparecer en la prensa su novio la infló a mamporros y casi le rompe la mandíbula, porque pensó que era puta. Pero en vez de denunciarlo lo contó con toda naturalidad, explicando que es celoso. Claro, tiene un tatuaje en el brazo que dice ‘Equivocarse es sufrir’. Barbara se define ‘ragazza imagine’, otro oficio fascinante, aunque en esta foto de granjera que ponemos debía de estar en horas bajas. Ha sido ‘billionerina’ -azafata de la discoteca ‘Billionaire’ de Briatore en Cerdeña- y, como Noemi, aspiró a ‘meteorina’ -las chicas del tiempo de Fede que ya describimos en el culebrón Noemi-. Fede lo negó, pero anteayer se acordó de ella -hay fotos de ellos juntos- y le ha dicho que le llame cuando quiera, que le guarda el puesto. Resumiendo, que Barbara al final metió el pie en las fiestas de Berlusconi y sacó 10.000 euros haciendo pucheritos:

«Fue muy dulce, como un padre. Le conté que había perdido a mis padres y mi hija no estaba bien. Que no conseguía salir adelante sola. Me dio un beso en la frente y antes de irme me dio un sobre. Fue un gesto bellísimo. Y lo juro sobre mi hija, no tuve con él ninguna relación sexual. Puedo sólo decir que Tarantini nos decía que para quien fuera con el presidente había sobre con una cifra a elegir».

Barbara también acabó en la lista ‘Puglia prima di tutto’.

Vamos con el tercer personaje. Desde hace unos días serpenteaba entre los párrafos de las noticias, medio oculto, un transexual llamado Manila. Como pueden ver, aquí a la derecha de sus pantallas, también tiene su calendario. Se le citaba en los papeles de la Fiscalía de Bari como alguien metido en eso de mover chicas. Era cuestión de tiempo que saliera a la palestra y ayer, por fin, también apareció con su entrevista. Les advierto que cada vez bajamos más en las catacumbas del imperio. Manila, de 27 años declarados, se define ‘talent scout’ (buscador de talentos) y se considera una creadora de tendencias de Teleregione, cadena de Puglia, donde hace ‘realities’, copias de los de las grandes cadenas. Si los originales ya son malos imaginen la imitación de provincias. Pero su análisis es agudo, aunque le fastidia que a ella nunca le hayaninvitado a las fiestas de Berlusconi. Lean, lean:

«Los chicos y las chicas que frecuentan mis programas vienen a mí con una esperanza. Al menos unas cincuenta chicas que han pasado por aquí después han llegado a ‘Uomini e donne’, ‘Amici’, al ‘casting’ del ‘Grande Fratello’ o de ‘L’Isola dei famosi’. (...) Evidentemente, alguien se ha dado cuenta de que en torno a Manila (habla en tercera persona, como el Papa o los futbolistas) hay un vivero fértil de personas que quieren triunfar. Y ha pensado que los podía proponer a personas importantes».

Dice que también le propusieron entrar en la lista ‘Puglia prima di tutto’. Rechazó la invitación, porque le parecía una caricatura. Al fin alguien con sentido de Estado.

Un último personaje que ha aparecido de refilón es Licia Ronzulli, que según el testimonio de Barbara Montereale recibía a las chicas y organizaba «la logística» de Villa Certosa. Pues resulta que es toda una eurodiputada del PDL, una de esas que causó cierto revuelo por ser incluida en las últimas listas sin saber por qué. Se dijo que era por su impecable perfil de voluntaria en Bangladesh, pero ya ven que ha acabado reciclada en regulador vial de los convoyes de mamachichos. Ha replicado diciendo que cuando es invitada a Cerdeña -«con mi marido», detalla- colabora en la acogida de los invitados.

Fellini, de todos modos, ya especificaba luego en ‘Roma’ que, como en todo, había clases, y que existían otros lupanares de más nivel, donde de repente podía aparecer una personalidad importante y todos a contener la respiración:

Las veladas descritas por estas chicas lenguaraces son increíbles porque parecen estar destinadas a hacer creer a Berlusconi que van todas allí en peregrinación porque es el más guapo, el más simpático, el más gracioso y el más sexy. Y él aún se siente en la obligación de seducirlas con sus encantos. Champán, pizza, helado. En Villa Certosa, coreografías de rubias con morenas. Chicas de países del Este vestidas de Papa Noel. Paseo en cochecito de golf por los jardines de cactus y el volcán con efectos pirotécnicos. Y, por supuesto, canciones napolitanas con Apicella, el ex-aparcacoches reciclado en guitarrista personal del ‘Cavaliere’. Aquí les vemos en un recital en el mítico anfiteatro de la misma Villa Certosa:

En estas imágenes se ve que Berlusconi lo vive, se ve esa espontaneidad que lo hace tan simpático, ese deshacerse por sus invitados y que hace creer realmente que puede pecar de ingenuo. Mira que no saber distinguir una prostituta cuando se la meten en casa, porque eso es lo que ha dicho. Menudo chasco se habrá llevado. Él pensando que había triunfado con la D’Addario como un campeón a la segunda noche de verla y con sólo charlar un rato. Qué ingrato es el poder.

En las imágenes, en fin, se comprende que Berlusconi lleva en la sangre su origen como cantante de cruceros. Es el estilo que impregna su modo de ser, la política cabaretera. Entonces hasta tenía tupé, como demuestra esta foto de época de la izquierda. Y es precisamente en aquellos cruceros primordiales donde se halla una clave esencial, un nodo neurálgico del devenir futuro, porque, y me parece que esto aún no lo he contado, en la misma nave donde actuaba Berlusconi -con Fedele Confalonieri, actual presidente de las televisiones del magnate, al piano- en otro piso estaba en escena ¡¡¡¡¡nuestro héroe Fantozzi!!!!! Como lo oyen, en el mismo barco el destino unió el yin y el yan, el triunfador y el perdedor, el megadirector galáctico natural y el más bajo subordinado inferior. En efecto, el genial Paolo Villaggio, genovés, también empezó con espectáculos en los barcos de placer. Y en otra sala a veces actuaba Fabrizio de André. Villaggio dice que Berlusconi, como cantante, era buenísimo. Pero ya sabemos cómo acabó Fantozzi, haciendo horas extras de noche para cubrir al jefe máximo, el Duca Conte Semenzara, cuando se iba de putas y llamaba su mujer:

Es el inicio de ‘Il secondo tragico Fantozzi’ (1976, Luciano Salce).

Volviendo a lo nuestro, y como descargo, yo creo que Berlusconi ha sido víctima de un trágico equívoco. Como ha dicho su abogado, Niccolò Ghedini, si alguien ha pagado a las chicas a espaldas de su cliente él sólo sería, en todo caso, «el utilizador final», un concepto absoluto, como el Gran Timonel. Y en cualquier caso, su cliente «no necesita que nadie le lleve mujeres, puede tener grandes cantidades gratis». Le faltó decir ‘cargamentos’ o algo así. En fin, que yo creo que si alguien pagó a las muchachas no fue para que mantuviera relaciones sexuales con el primer ministro, sino para la parte más dura de estas ceremonias de autoexaltación del líder, después de sus chistes: tragarse una hora de vídeos de Berlusconi. Dos mil euros, la cifra que se maneja como tarifa estándar, me parece poco. Según han contado las chicas, les ponía imágenes de sus visitas a la Casa Blanca y al final, todas a cantar, en coro, con los brazos en alto y cogidas de la mano, el himno oficioso ‘Meno male che Silvio c’e’ (‘Menos mal que tenemos a Silvio’). No se descarta que hubiera también mecheros encendidos. Desde luego este señor está muy mal, tiene razón su mujer. ¿Recuerdan aquellas frases majaras que se escribía solo en un folio («Soy el presidente número uno,...»)?

Estas son historias deprimentes de chicas con vida difícil. El ambiente de las fiestas es declaradamente decadente. Y lo más llamativo y que no deja de asombrarme, aunque no deja de ser un consuelo para los que no somos millonarios, es que no hay una que esté realmente buena. Son todas del montón, de Noemi para arriba. Por eso estarán doblemente cabreados los políticos de toda la vida que han sido dejados fuera de las listas con el argumento decisivo de que no tienen tetas, como le dijo el coordinador nacional del PDL, Denis Verdini a Marcello Vernola, según el relato de éste. Es un europarlamentario apartado de las candidaturas y que se ha pasado a la UDC. Hay mucho resentimiento interno. Además mientras tanto Berlusconi, defensor de la familia y que en esos días aprobaba una ley para endurecer la lucha a la prostitución, ordenaba cubrir el seno de la reproducción del Tièpolo de la sala de prensa del palacio presidencial. Ahí vemos el detallito, antes y después, con la ministra Carfagna, la fulgurante chica de los calendarios, impulsora de la ley. La ley, por cierto, que está aún en trámite, es la primera desde la Merlin de 1958 que citábamos antes y acabó con aquel mundo felliniano.


No se entiende nada, la verdad, de si están a favor o en contra de los pechos. En este sentido, ha sido útil e interesante una entrevista de ‘La Stampa’ a Stefania Ariosto, la mujer que frecuentaba asiduamente el círculo berlusconiano en los ochenta, sus fiestas de lujo y vacaciones en velero, y que un día, nunca se ha averiguado por qué, empezó a contar lo que sabía sobre cuentas suizas y demás. De su testimonio salieron los procesos SME, IMI-SIR y Lodo Mondadori contra Berlusconi y compañía. Fueron célebres sus descripciones de la casa de Cesare Previti, abogado y hombre de confianza de Berlusconi, con una bañera llena de langostas y una escultura en forma de falo. La Ariosto conoce muy bien el percal. Vean estos fragmentos de la entrevista:

-¿Se imaginaba que se llegaría a esto?
-Algunos comportamientos de Berlusconi simplemente se han acentuado. Yo entonces fui marcada como peligrosa porque osé rebelarme, contar lo que sabía. Y sobre todo no adhería a su comportamiento, a una cierta arrogancia que se sanaba sólo con el dinero. También yo recibí dinero, pero intenté siempre corresponder a Verónica. (...)
-¿También usted recibió pulseras y collares?
-Sí. Eran los regalos típicos de Berlusconi, un comportamiento en realidad de desprecio por las mujeres. Él tiende a comprar todo.
-¿No son gestos de galantería?
-No, son formas visibles de poder. Berlusconi adora la visibilidad, si no no se explica cómo ha podido ocurrir esto. ¿Cómo entra una prostituta en su casa y graba todo? Tenía la posibilidad de hacer sus cosas en privado, pero él no goza si no hay una representación externa de lo que hace. Y así se arriesga a un chantaje.
-¿Cuando lo frecuentaba era distinto?
-No era así. Esta acentuación del exhibicionismo sexual creo que se debe a la senilidad y a la intervención quirúrgica, que le ha afectado mucho.
-¿Quién es Berlusconi en privado?
-Es un hombre generosísimo, esto está fuera de discusión, pero sus regalos tienen más que ver con un sutil ejercicio del poder. Berlusconi no ama las mujeres, es un embustero.
-¿Se esperaba la D’Addario y sus amigas a Palazzo Grazioli y Villa Certosa?
-El uso de ‘escort’ o ‘ragazze imagine’ es un modo de hacer muy milanés. A menudo para hacer negocios se llevan estas chicas, que son bien adoctrinadas. En esta historia a Berlusconi le absuelvo, su culpa es haberse fiado de ese tipo, Tarantini. (...) En el fondo es una historia triste y él ya me da un poco de pena.

En resumen, todo esto es una apestosa combinación de cotilleo y política, de público y privado. Tras callar una semana, no responder preguntas y negar todo, por fin Berlusconi habla hoy por primera vez del tema. ¿Dónde? ¿En una rueda de prensa? ¿En el Parlamento? ¿En la RAI? ¿En el ‘New York Times’? No, en ‘Chi’, una revista del corazón casposilla que es de su propiedad. Todos a leerla a a peluquería.

7 comentarios | Enlace permanente

17 Jun 2009

Noticias de miedo

Algunos de ustedes quizá se hayan asustado mucho al ver este fin de semana en medios españoles terroríficas noticias del regreso a las calles italianas de patrullas fascistas con uniforme casi nazi. Hombre, a estas alturas ya deben de saber que de Italia hay que creerse la mitad de la mitad, pero hay quien sigue insistiendo en tomarse las cosas al pie de la letra. No se preocupen, esto de las ‘rondas negras’ y el chico este de la foto quedará de maravilla en las noticias, que pretenden tenernos perpetuamente escandalizados, pero es para morirse de risa. Bastaba ver quién está detrás del tinglado, el inenarrable Gaetano Saya.

Este siciliano, de 53 años, se dio a conocer hace cuatro años al ser detenido porque había inventado una policía paralela, como la TIA de Mortadelo, llamada Dipartimento Studi Strategici Antiterrorismo (DSSA) para luchar contra la amenaza del terrorismo islámico y, en general, según sus obsesiones, contra una presunta invasión de musulmanes en Italia. No se crean, que andaban por ahí metidos ex-policías y agentes jubilados y tenían placas falsas, sirenas y a veces entraban en las bases de datos. En Italia siempre hay gentuza de los bajos fondos del Estado que se lo monta en secreto no se sabe cómo. Saya es uno de esos elementos. Con ayuda de su mujer, Maria Antonietta Cannizzaro, siempre vicepresidenta del garito de turno, no ha hecho más que fundar partidos, logias másonicas (ahí lo tienen disfrazado como gran maestre) y servicios secretos, aunque a la mínima oportunidad abría una página web para proclamarlo. Para Saya es difícil conjugar el afán de protagonismo con ser agente secreto, lo lleva mal. Es una contradicción muy italiana: todo es secreto pero todo se sabe.

Sus partidos en la última década han sido, a saber: Partito Giustizialista Italiano (con un escudo igual al de la CIA), Partito Nazionale della Destra Italiana, Partito della Rinascita della Democrazia Cristiana y hasta Destra Nazionale Nuovo MSI, para apropiarse la mítica ‘fiamma’ fascista, en litigio judicial con AN de Fini. Como agente secreto es un desastre, porque lleva años presumiendo de pertenecer a «una estructura secreta de la OTAN», como dijo en un proceso contra Andreotti en 1997. El caso es que, asegura, de algún modo entró en el SISMI, los servicios secretos italianos. En Italia todo es tener padrinos.

Para intentar comprender su empanada mental sirve muy bien el detalle que siempre aparece en las entrevistas que da en su ático de Florencia, además de su colección de cascos militares y la reproducción del Juicio Final: tiene dos fotografías gigantes de Reinhard Heydrich, el oficial nazi encargado del Holocausto y, al lado, la menora, el candelabro judío de siete brazos, junto a la bandera de Estados Unidos y la de Israel. «Mis amigos israelíes quedan perplejos, pero es el dualismo bien-mal», explica. «No soy nazi, pero soy un amante del ocultismo y en una sesión de espiritismo me ha sido dicho que soy la reencarnación de Heydrich, y he tomado nota», argumenta. «Es más, soy de religión judía», añade. En su biografía subraya como dato esencial que le educó su abuelo, participante en la Marcha de Roma.

De todos modos la clave la dio su mujer cuando le arrestaron en 2005 por el asunto de la policía paralela: «Gaetano Saya estaba levantando el vuelo. Estaba convirtiéndose en alguien demasiado potente. Entre otras cosas estaba a punto de ser nombrado embajador de un país del centro de África amenazado por la parte musulmana de la población. Y no ha ocultado nunca que quería ser ministro de Interior. Pero esto no se acaba aquí, porque un día acabará siendo ministro de Interior». Bueno, en eso cualquiera sabe, con los precedentes que tenemos. Aunque con esos bigotes... no sé, no sé.

Total, que este fin de semana Saya monta una rueda de prensa en Milán y presenta su último engendro, una delirante Guardia Nazionale Italiana (GNI), con uniforme caqui, águilas imperiales y el sol negro de las SS. Dicen que tienen 2.500 voluntarios, pero no se lo creen ni ellos. Los nazis son siempre noticia y, hala, a dar la vuelta al mundo con las imágenes. Saya encantado, claro. Aunque simplemente es una propuesta para apuntarse a las patrullas ciudadanas que el Gobierno estudia crear, según una propuesta de la Liga Norte que aún está en trámite. En cualquier caso, si es que algún día llega a aprobarse esta tontería, no se aceptarían símbolos políticos y los permisos a las patrullas dependerán de los alcaldes. Es decir, esta patochada jamás llegará a nada. La fiscalía ha abierto la correspondiente investigación por apología del fascismo y ya está. De ahí, njo obstante, los rimbombantes titulares: "Italia investiga...". En fin.

La GNI aseguran que se dotarán de «medios navales y áreos con sistemas de vigilancia visuales y sonoros». Para ello se dividirán en varios departamentos: «protección civil, protección eco-ambiental, protección íctico-faunística-vanatoria, protección zoológica, promoción y divulgación de la historia, de las lenguas y de las tradiciones italianas, con particular referencia al Imperio Romano». Bueno, y como decía Mayra, hasta ahí puedo leer, porque me da la risa.

El que dio la cara, porque es el que sale en todas las fotos disfrazado, y el organizador de la Guardia Nazionale Italiana no fue Saya, claro, sino un pardillo llamado Maurizio Correnti, 38 años, ex-soldado alpino y conductor de autobuses en Milán. Es el chico de la foto de arriba del todo. Al día siguiente, después de ver el revuelo, aseguró en la prensa que no sabía que esos símbolos eran fascistas, que los cambiarían y que, es más, salió indignado de la rueda de prensa tras ver los saludos romanos. Hombre, es como aparecer vestido de torero en la plaza de Las Ventas creyendo que es para un campeonato de voley-playa. Lo cierto es que en las imágenes de la rueda de prensa lo vemos en una esquina de la mesa, más perdido que un pulpo en un garaje y convertido en un personaje totalmente fantozziano. Si es que hasta se parece a Fantozzi:

Este vídeo está adornado al final con unas imágenes de 'Fascisti su Marte', descacharrante película de Corrado Guzzanti que hemos puesto alguna vez.

Sin embargo, cuando Correnti quiso desentenderse del camelo ya era tarde: Saya estaba despendolado en Internet con un bigotillo graciosísimo -nada que ver con el modelo máson- llamando a los «verdaderos italianos» a la causa, aunque llevaba la bandera italiana puesta del revés. Ayayay esos detalles minan la credibilidad de la cruzada:

Sinopsis: La noticia de tono jocoso del TG3, históricamente rojillo, empieza con Saya y pasa al pobre Correnti, que dice que son como la Protección Civil y no van a pegar a nadie. Se le ve ya confundido, y explica que cambiarán el color de la camisa, que será roja, con corbata blanca, y que no es fascista. Sobre la rueda solar nazi dice que es un símbolo de la derecha que le gustaba y se lo pasó Saya. «¡Si me llama el PD yo voy!», aclara. Termina diciendo que también quitará el águila, aunque no reniega de Saya...

Bueno, al día siguiente ya renegaba de Saya. En el periódico de ayer, ya en pequeñito, el pobre Correnti, muy apesadumbrado, anunciaba que ya ha cambiado el uniforme y que, esta vez sí, será azul. Que quiere hablar con Saya inmediatamente y sus relaciones están congeladas, porque se siente engañado: «La Guardia Nazionale era mi criatura, he cuidado los detalles, he empleado mi tiempo y mi dinero. Saya era un asesor. Con toda probabilidad transferiremos la sede nacional, aquí hay una atmósfera que no me gusta. Estoy dispuesto a dimitir». Si es que no se fijan. Como los medios alarmistas que ven el fascismo por todos lados.

Hombre, yo creo que esto es una noticia que se puede contar, pero sabiendo que es todo de chirigota, como el TG3, no lo que se ha visto por ahí. Es como el intento de golpe de estado de pacotilla que describe Monicelli en ‘Vogliamo i colonelli’ (‘Queremos los coroneles’, traducción mía, 1973). Se basa en la génesis del auténtico golpe de estado Borghese, de 1970, que era algo más serio pero que se quedó en nada:

Sinopsis: El inefable Beppe Tritone (Ugo Tognazzi), diputado de extrema derecha venido a menos, acude al campamento marcial de sus chicos, para arengarles. Tras inspirarse con un disco del Duce, habla: «¡Dentro de poco se os confiarán las riendas del país, y digo riendas porque este país necesita las riendas y la frusta! ¡Orden, obediencia y disciplina! (Es lo mismo que dijeron en la rueda de prensa de la GNI) ¡Basta con la antihistórica igualdad! ¿Pero qué quiere decir? ¿Por qué un ingeniero tiene que ser igual a un albañil? ¡Sólo los cojones son iguales uno al otro! (‘Coglioni’ también tiene el sentido de ‘idiota’) ... ¡Destruyamos esta democracia!». Tras el discurso, pregunta al jefe de campo cómo va su hijo, pero le dice que lo ha puesto tres días en las letrinas. «¡Ah, como su padre cuando era joven, resistencia a la disciplina! ¿Qué ha hecho?». Le dice que se ha escaqueado en el ejercicio de arma blanca. Con alguna chica, supone el padre, como él cuando era joven, pero no, ha sido para tocar la guitarra en el bosque. Así que convoca al chico inmediatamente. El chaval le dice que no está hecho para esas cosas, que a él le gusta leer, estudiar, la música... Dice que los demás le toman el pelo, y le llaman maricón. «¡¡¡¡Queeeeé, maricón el hijo de Beppe Tritoni!!!!! ¡¡¡Qué vergüenza!!!», grita el padre. El hijo dice que no es verdad, que son ignorantes. «¡¡¡No me llames ‘papino’, a mí que siempre me han llamado con los nombres más terribles!!! !!Y a mi hijo le llaman maricón, y esto en la víspera de la toma del poder!!!!».

En fin, los auténticos elementos de extrema derecha del Estado han tenido históricamente mucha menos visibilidad y son más siniestros, los famosos ‘servizi deviati’, servicios desviados. Lo demás es folclore, que ahora está más de moda porque con la nueva era berlusconiana están crecidillos. Pero no se lo tomen muy en serio.

Cambiando de tema, por casualidad ese mismo día había otra noticia de interés en Italia, pero no tuvo ninguna repercusión y por tanto no causó ninguna preocupación. Se trataba de la sentencia a las llamadas Nuevas Brigadas Rojas, catorce condenas de hasta quince años a la mayoría de los detenidos en febrero de 2007 por formar un partido comunista político militar con fines eversivos. Tras la sentencia, medio centenar de personas del público, amigos y parientes de los imputados, cantaron la Internacional y corearon lemas como «Contra la crisis del imperialismo guerra de clase para el comunismo» o «Contra el fascismo y la represión, revolución». Vean las imágenes de un informativo, históricamente de derechas:

Hombre, estos sí que van en serio y se lo creen, no como la tropa patosa de Saya. Sí, ya sé, no se vende nada bien como noticia, todos queremos el colorín,el susto y las risas, como en el circo. El resultado es que a menudo las tonterías se presentan como algo serio y las cosas serias ni se presentan, y con Internet y su influencia en los medios esto cada vez va a peor. Veamos. Las Nuevas Brigadas Rojas han asesinado a dos asesores del Gobierno italiano en derecho y asuntos laborales, Massimo D’Antona en 1999 y Marco Biagi 2002. Ahora, según la acusación, este nuevo comando que se estaba formando proyectaba atentar contra otro, Pietro Ichino. Los imputados deben indemnizarle con 100.000 euros, aunque éste ha renunciado si los reos aceptan encontrarle y discutir sus puntos de vista en un diálogo constructivo. Lo cuenta en el vídeo en conexión telefónica.

Ichino vive con escolta desde 2002 y es un impulsor de reformas en el anquilosado mercado laboral italiano. Los títulos de sus dos últimos libros son reveladores: '¿Para qué sirve el sindicato?' y 'Los que no hacen nada', sobre los funcionarios vagos. Para los acusados es un «masacrador de obreros» y le amenazaron cuando prestó declaración en el juicio.

Cuando estas personas fueron arrestadas el jefe de la Policía antiterrorista italiana dijo: «Estamos ante unos marcianos». Se refería a que vivían todavía con la retórica de los años de plomo, pensando en la revolución, la dictadura del proletariado y esas cosas, o como decía el primer número de su pasquín ‘Aurora’, «la meta es la insurrección armada de la masa popular contra el Estado burgués». A mí siempre me choca que, al igual que en la tropa fascista, los líderes suelen ser cuarentones y cincuentones, no jóvenes airados con la revolución en las hormonas. Italia es que no avanza.

De todos modos, para la defensa ha sido un proceso político, un montaje y recurrirá. A ver en qué se queda porque con la Justicia italiana ya se sabe. Los 'centri sociali' -locales juveniles con rollo ideológico donde uno podría pasarlo bien si no fueran tan pesados con las consignas- están movilizados por los camaradas.

Por cierto, la fiscal de melena roja que ven en las imágenes sentada impasible en su escaño es Ilda Boccassini, pesadilla de Berlusconi en los procesos SME, IMI-SIR y Lodo Mondadori. Según el magnate, es una peligrosa magistrada comunista, pero ya ven.

13 comentarios | Enlace permanente

04 Jun 2009

Un añito

Este blog cumple hoy un año. Quién lo iba a decir. Espero que ustedes lo pasen tan bien como yo, aunque a veces me viene a la memoria esta grandiosa escena de Fantozzi, el gran Paolo Villaggio. Nuestro héroe, prototipo del italiano medio puteado y sufridor, abrió con sus penalidades esta serie desordenada de ecos de sociedad, de esta curiosa sociedad de una galaxia muy lejana que trato de representarles. Recordemos a Fantozzi en... ¡¡¡¡la terrible reunión de condominio!!!! (comunidad de vecinos), donde entra y, por llegar tarde, ya le han adjudicado el puesto de presidente de la sesión. Así me cayó a mí este blog un día con una llamadita de teléfono. Pero al final nos reímos ¿no?

Aprovecho, una vez más, para dar las gracias de corazón a todos los que dedican buenas palabras a este negociado, a quienes se les ocurre participar y a los lectores que pasan por aquí en un momento de distracción.

36 comentarios | Enlace permanente

Gracias de corazón a todos por sus palabras que, sin embargo, tienen un grave inconveniente: me han animado a seguir, con evidente riesgo de equivocarme.

Sin movernos del terreno de lo imposible, quería mencionar el apasionante fenómeno de la elasticidad temporal en Italia. También aquí es fácil que me pierda, así que partiré de lo más concreto para intentar terminar Dios sabe dónde, en el infinito y más allá, como en ‘2001, una odisea del espacio’.

El uso del gerundio en italiano, en algunos casos, eleva a una categoría desconocida el sentido de este tiempo verbal. Por lo generoso. Se supone que indica una acción que se está realizando y eso es precisamente lo que sobreentiende un romano a quien se espera durante media hora en una cita y responde al teléfono: «Sto arrivando» (Estoy llegando). No hay que equivocarse. Con escaso margen de error, en la mayoría de las ocasiones lo que quiere decir es que está entrando en la ducha, si hay suerte, y así hay que interpretarlo.

La literalidad en italiano está mal vista, como un exceso de celo. Se debe dejar un margen a la ambigüedad, que permite el juego. Es además mucho más práctico y real para vivir en movimiento, en el río imparable de la vida. Las referencias, sean reglas u horas, son portátiles. También te pueden cobrar cada día una cosa en el bar o en la carnicería, sin llegar nunca a aferrar el criterio regulador. La gente pide descuentos en los sitios menos pensados y a veces se los dan. Absolutamente todo puede dejarse para otro día en el último momento, hasta lo más sagrado, desde un juicio a unas oposiciones, y no digamos una votación decisiva del Parlamento o una intervención quirúrgica. Hasta el inicio de la liga, y con eso está todo dicho. Por ejemplo, hoy se ha decidido, de repente, cambiar la cumbre del G-8 de Cerdeña a L’Aquila, después de dos años de preparativos y a sólo dos meses y medio de la cita. Y que la nueva encíclica del Papa vuelve a retrasarse hasta junio. 'Slittare' (resbalar) y 'rinviare' (aplazar) son los verbos más socorridos y utilizados. Todo 'slitta', todo resbala. Es un país flotante. Además de tener una ciudad acuática e imposible, Venecia.

Lo público, como hemos intentado explicar, se suele descuidar porque no es de nadie. Se adapta a las necesidades personales. En su aplicación al reloj, esa peculiar concepción del tiempo, cuyo uso queda al albedrío de cada cual, está perfectamente reflejada en el cartel del horario de una vieja librería de Via del Pellegrino, en el centro de Roma. «Mañanas: incierto variable. Tardes: de 16.00 a 20.00 (seguro). Tardes de sábado: sólo en los meses no cálidos». Y añade: «En cumplimiento de la convención de Ginebra de 1949 este establecimiento se abstiene de abrir los domingos». En otra tienda suele haber un cartel que dice: «Torno prima o poi» (Vuelvo antes o después). Yo estoy totalmente a favor.

Esta dilatación de las reglas de convivencia, en función de las pequeñas vicisitudes de cada uno, hace que todo sea imprevisible o se retrase. Porque, como repetimos, el centro es el hombre, no el sistema, que es inhumano por definición y exigencias de funcionamiento. Si coincide que ese hombre es uno mismo es una bendición del cielo. Cuando se forma parte del sistema es para desesperarse. Pero eso mismo hace que en este país todo sea posible, para bien y para mal. Todos los que vivimos aquí, como el replicante rubiales, hemos visto cosas que vosotros no creériais. Ferrys que retrasan veinte minutos la salida para esperar a una señora que llega tarde y avisa por teléfono para que la esperen. Revisores que se apiadan de viajeros sin billete y les dejan viajar gratis en primera clase. Aviones que se abren cuando están cerrados. Policías que te cuelan sólo porque estuvieron una vez en España y se lo pasaron muy bien. Profesores que te aprueban porque les caes simpático. En ese sentido es un país mágico. Triunfan los sentimientos, como en las películas. En otro lugar de Europa uno se daría por jodido, pero la individualidad italiana, su sentido de la solidaridad y la extrañeza ante las reglas o estructuras superiores a lo que ocurre aquí y ahora abre espacios impensables. Uno cuenta siempre con poder forzar, aunque sea un poquito, los márgenes instituidos. Se vive más despreocupado. Pero también, y esta es la parte mala, se abren espacios inimaginables cuando a uno le toca chocar irremisiblemente con la ineficacia del sistema. Cualquiera tiene también historias terroríficas para no dormir.

Veamos, como intermedio, las peripecias del pobre Fantozzi, el gan Paolo Villaggio, para cobrar la pensión. Últimamente teníamos un poco olvidado a nuestro héroe, prototipo del italiano puteado, explotado y sufridor, y eso no puede ser, es mascota entrañable del blog:

El tráfico es un ejemplo clásico y aquí ya podemos estar rozando el tópico. Los italianos se saltan las reglas continuamente, pero conducen muy bien y, respetándolas, quizá la circulación quedaría colapsada. Ya hemos contado que un día hubo huelga de mantenimiento de semáforos en Nápoles, los apagaron todos y el tráfico fluyó con toda normalidad como un día cualquiera. En Roma uno puede cruzar la calle por donde le dé la gana, basta mirar a los ojos al conductor que viene lanzado. En nueve de cada diez casos el automovilista se parará sin enfadarse y te dejará pasar, aunque sea en hora punta y tenga encima siete autobuses. Da igual lo que diga el código de circulación para esa situación concreta y quien tenga la razón según las normas. Es más humano pactarlo entre dos personas sobre la marcha. El italiano es comprensivo y tiene un afinado sentido de la piedad. Es extremadamente civilizado en lo privado, aunque el uso de lo público dé una impresión de barbarie. Basta ver lo sucia que está Roma. Un conocido me contó que, pasando por un paso de cebra, un motocilista lo esquivó a toda velocidad y con el clásico sarcasmo romano le gritó mientras se alejaba:

-Aoooo, ¿pero es que crees que estás en Londreeeeees?

Las reglas y leyes fluctuantes pueden causar muchos problemas al recién llegado, porque se cree todo y aún funciona con esquemas normales. En este sentido aterrizar en Italia puede ser una pesadilla. Lo sabe cualquier corresponsal. El teléfono, la luz, abrir una cuenta, cualquier trámite burocrático parece un obstáculo insuperable porque, en general, uno llama y aparece una persona que le dice que necesita 17 documentos distintos y hasta su carta astral, en copia compulsada. Aunque sea para hacerse la tarjeta del supermercado. Ese empleado o funcionario lo suele hacer porque no tiene ni idea, o no se acuerda, o las reglas cambian cada mes y, para asegurar, pide todo lo que se le ocurre. Se castiga al ciudadano sin piedad. Lo mejor en estos casos es mi ‘técnica del concurso’: llamar dos o tres veces a empelados distintos y elegir la respuesta más sencilla, pues tras algunos intentos suele aparecer otro dependiente que simplemente pide una fotocopia del carné de identidad. Esto entre gente que trabaja en la misma oficina, imaginen coordinar un país. Las centralitas telefónicas delirantes de la modernidad, especializadas en marear al consumidor, no han hecho más que disparar este fenómeno.

Aquí tocamos otro punto insondable, en el que por hoy no nos adentraremos, que es el amor al papeleo. Por antigüedad decimonónica Italia es el reino del matasellos, el timbre y el formulario recortable. Pero yo atribuyo a esa desconfianza hacia lo abstracto y al creer sólo en lo que se ve un amor realmente desmedido por el fax. Aunque en el resto del mundo occidental esté en desuso los fabricantes pueden dormir tranquilos mientras exista Italia. Hacer las cosas por Internet les suena a chino y una voz al teléfono es un eco en el espacio. Mande usted un fax, es siempre la respuesta. Se siente el vértigo temporal de un país que vive en otra época. Con la burocracia los tiempos son eternos, otra dimensión del tiempo. Tras la impaciencia inicial se entra en una especie de estado de desinterés, de desapego espiritual y se deja de esperar. Es lo más parecido que conozco a la ataraxia, una serenidad imprevisible que, paradójicamente, Italia proporciona por saturación. Otra lección de vida.

Como todo resbala, o se pospone, o depende de las circunstancias concretas, nadie cree demasiado en nada, cosa que ya hemos dicho. Todos estos retrasos y agujeros en el tiempo que repetimos pueden ser defectos, pero según como se mire son comodidades y, ayayay, como tales son muy contagiosas. Suecos, españoles o alemanes cuadriculados que llegan quejándose de todo al final se ‘italianizan’ totalmente, porque en cierto modo la suya puede ser una forma de vida más saludable. El extremo es que incluso se llega a desear que no se cumpla lo anunciado, como cuando uno era pequeño y la noche anterior a un examen soñaba con una repentina nevada que bloqueaba la ciudad o un ataque marciano. En Italia esos milagros son perfectamente posibles. Todo puede saltar a última hora. Es más, la gente se organiza a veces deseando o dando por sentado que las cosas no serán a la hora establecida. Es más, si es así, a veces se causan trastornos, pues la puntualidad puede llegar a ser juzgada como una exageración, una falta de flexibilidad que es casi vista como no saber vivir. A mí me han reñido por llegar a la hora a cenar a una casa donde estaba invitado, porque ni habían empezado a cocinar.

En medio de este desmadre, insisto, se yerguen ciudadanos rectos integérrimos, hastiados pero aún en pie, que son como esculturas vivientes al héroe desconocido, luchando contra viento y marea sin la menor posibilidad, creo yo, de éxito ni de cambiar nada. Con la gente que todavía cree en los Reyes Magos y los lectores de periódicos son los últimos románticos de este mundo.

Uno de los más grandes ejemplos de alegre elasticidad temporal es el que plantea ‘Non ci resta che piangere’ (No nos queda más que llorar, según mi traducción, 1984), legendaria película de Massimo Troisi y Roberto Benigni, dos monstruos de la humanidad. Interpretan a dos bedeles de un instituto que se quedan dormidos en el coche mientras esperan ante un paso a nivel. Cuando despiertan están en el Quattrocento. Y ya está, así de fácil. Sus aventuras para intentar regresar al presente son memorables. «¡Recordad que debéis morir!», les dice un fraile de la Inquisición, y Troisi responde: «Sí, sí, ahora me lo apunto...». Uno de los mejores momentos es éste, en el que encuentran al mismísimo Leonardo Da Vinci:

Sinopsis: Para los que no dominen el italiano será largo, porque el humor de Troisi y Benigni está en su forma de hablar, sin acabar las frases. Pero haremos el esfuerzo por el cine, qué demonios. Lo traduzco casi literalmente para quien no comprenda bien.

Nuestros héroes, un napolitano, Troisi, y un toscano, Benigni, cada uno retrato de sus rasgos autóctonos, encuentran a Leonardo Da Vinci. Se acercan y empiezan a discutir. «Mira, le decimos, nos hace falta esto, esto y esto, ¿nos lo puedes construir?», dice Troisi. «Pero no, a él qué le importa, imbécil, él tiene que pensar que somos dos científicos, tenemos que despertar su curiosidad, decimos cosas que le dejan impresionado».

Pasan al lado y Troisi dice haciéndose el interesante: «¿Pero nueve por nueve serán 81?». Benigni le sacude: «¡Hemos terminado con Leonardo, vas con la tablita de multiplicar a Leonardo Da Vinci! ¡Cosas científicas! Déjame hablar a mí». Vuelven. Empieza el diálogo:

-En la naranja está la vitamina C...
-¿Quiénes sois?
-Somos... dos... digamos colegas... somos también ingenieros, científicos, descubridores, hemos hecho un montón de patentes, inventamos, hacemos un montón de cosas...
-¿Qué está haciendo?
-Un experimento con las palas y el agua...
-¿La corriente?
-La corriente... la corriente es... peligrosa, peligrosa, te arrastra, si usted intenta nadar contracorriente, nada, no lo consigue... peligroso... no para los ingenieros, sino para el que nada...
-Oiga, nosotros queríamos desarrollar estas cosas científicas que hemos dicho con usted, si tiene un poco de tiempo...
-Podemos hacer una consulta... entre inteligencias...
-Vamos, vamos a la tienda estudio.

En la tienda:
-Bueno Leonardo, no hay que perder tiempo. Estoy emocionado porque es la primera vez que... Entonces... Nosotros, las cosas que te hemos dicho antes, estos conceptos científicos, hay que construir sobre esto, aparatos...
-Nosotros sería como, como decir, que nosotros metemos las ideas, trabajamos con la inteligencia, tú construyes, ta, ta, lo que salga al final, faltaría más, se divide a la mitad... bueno, 33, 33 y 33, mejor dejar claro estas cosas que... Bueno, te explica él.
-Bueno, a ver alguna de estas invenciones que tenemos en el archivo... ¡La gente va a pie o va a caballo! No es verdad, hay otra manera, el tren. El tren está construido así Leonardo: dos vías, más fácil y se muere... pero dos vías largas, puedes llegar a África, no te preocupes, dos trozos de hierro, los sabéis construir ¿no? De hierro, duro, con cosas de madera dentro, y vas donde quieras, das curvas, subes, bajas,... Bueno dibujo peor que usted, perdone si me permito... Zas y zas, esto son las vías, la madera, y encima está el tren, todo de hierro, el humo que sale, tuf, tuf... ¿Cómo funciona? Se tira la leña en la caldera, el calor desarrolla energía y...
-¿Entonces va con una chimenea?
-No, no, es un mecanismo diverso...
-Echando leña se mueve...
-Bueno, otra cosa... ¡El obrero! ¡Marx! El capitalista explota al obrero, que no sabe que es un obrero, la conciencia de clase... la huelga ¿Cuánto me quieres hacer trabajar? ¡Hago la huelga!... Ehhh, ¡Freud! Dice esta mesa ¿qué es? El lapsus freudiano, tu madre te gustaba, complejo de Edipo, el inconsciente... Buuff.
-Perdona, Leonardo, una cosa simple, facilísima, el termómetro. Una cosa de cristal, mercurio, todos los numeritos, sirve para saber si tienes fiebre, te lo pones aquí, o en la boca. Si el mercurio llega a 35...
-¡Débil!
-Débil, mírame a mi.
-36, normal, 37.... eehh
-Rojo, rojo, lo ha tenido mi hermana...
-Rojo, un poco de fiebre, 38 un poco más, tienes que quedarte en casa, no sales, qué frío, una cosa... 41, 42, rojísimo, al hospital...
-¿35?
-Exacto, 35, débil, te sientes...
-¡38!
-38... ¡Leonardo! No, lo ha dicho antes, bueno, gracias, nada, nos vamos... Si quieres quedarte, quédate, yo me voy...
-Escúchame Leonardo, con calma, si nos ponemos... ¡El semáforo!

Pasa la tarde. Cae el sol.
Benigni vuelve y Troisi le está enseñando otra cosa.
-¿Entendido? No, no me digas que entiendes y luego no has entendido nada, ¿por qué no me lo dices: no, no he entendido, explicámelo otra vez?
-He entendido.
-Sí, pero pones un cara... Vamos a probar. Atención. Cojo cuarenta cartas, ta, ta, barajo, corto...
-¡Cortas para no hacer trampas!
-Eso es, muy bien. Tres cartas a ti, tres para mí... En la mesa... ¡Atención Leonardo, no me hagas...! En la mesa settebello (el siete de oros), as de oros y ocho de espadas. Tú tienes el ocho de bastos, ¿qué coges?
-¡Settebello y as de oros!
-Muy bonito ¿ves cómo no has entendido nada y dices que sí? ¡Si tienes un ocho tienes que cogerlo!
-¿Pero por qué?
-¡Mamma mía! ¡Porque es una regla!
-Venga vamos, déjalo.
-¡Ni siquiera la escoba, es que es una cosa...!
-Arrivederci, maestro, gracias.
-Arrivederci, maestro, pero mamma mía...

Desde luego, qué cabezón este Leonardo. Las reglas son las reglas.

24 comentarios | Enlace permanente

Interrumpimos la emisión de la serie de tonterías de las que nos veníamos ocupando en estas vacaciones para felicitarles el Año Nuevo. En estas fechas entrañables, qué mejor manera de desearles lo mejor que recordando lo peor, es decir, una Nochevieja (Capodanno) cualquiera de nuestro querido Fantozzi, mascota de este blog. Eso sí que era crisis, en los setenta, y no lo de ahora.

Sinopsis: Los míseros empleados de la empresa de Fantozzi, dados sus escasos medios e imaginación, han organizado un patético cotillón por cuatro liras en los gélidos bajos de un edificio, aunque con orquesta y todo. Fantozzi llega con su mujer, la sufridora señora Pina ysu indescriptible hija. Fantozzi ve enseguida a la señorita Silvani, belleza oficiosa de la oficina, pero no logra sentarse con ella. La cena, despachada por camareros displicentes, es amenizada por una orquesta no menos desganada. El menú nos permite observar una típica cena de Capodanno en Italia, con lentejas con zampone (pata de cerdo). Las lentejas son símbolo de riqueza, como las monedas, por eso son señal de prosperidad cuando le caen encima a Fantozzi. Entretanto la orquesta, que no hace más que mirar el reloj, decide adelantar las campanadas en una hábil maniobra, porque tienen otro compromiso en otro cotillón. Así hacen dos en una noche. Aunque son las diez y media, celebran la llegada del año nuevo. Fantozzi intenta besar sin éxito a la añorada Silvani. Luego, mientras baila 'Garibaldi fu ferito in una gamba', una especie de Paquito Chocolatero local, cae por la ventana. La orquesta aprovecha la confusión para salir por piernas y la fiesta se acaba. "A la una y media, hora ilegal del maestro Canello (director de la orquesta), es decir la medianoche real, la ciudad saludó explotando el Año Nuevo". Otra cosa típica: de Roma para abajo las ciudades se vienen abajo de petardos, cohetes y bombas de segunda mano. Siempre hay muertos. Fantozzi y sus colegas se sorprenden de la hora, pero ya no le dan importancia, contagiados de la alegría general. Cuando van a coger el coche, avisan desde arriba de que van a tirar trastos. Esta es otra costumbre curiosa, más bien napolitana: tirar por la ventana cosas viejas, para dejar atrás el pasado. La gente exagera y arroja hasta retretes o pianos de cola. La sección de sucesos del 2 de enero es siempre muy atractiva. En este caso se trata de un armatoste de enormes dimensiones que aplasta el utilitario del pobre Fantozzi. "Yo casi casi lo dejo aparcado aquí", musita nuestro héroe con su habitual estoicismo, curtido a base de continuas humillaciones de sus superiores.

Feliz Año y que ustedes lo pasen bien.

5 comentarios | Enlace permanente

Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

ver perfil [+]

normas de uso

ver otros blogs [+]

Otros corresponsales

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

PUBLICIDAD