Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Lamento tener que seguir dando la brasa con este tema, pero así se hacen una idea de la sensación de vivir en Italia, cuarenta años con lo mismo. Es sobre el tema de los incidentes de Piazza Navona. En los comentarios del primer capítulo de la serie (Como en los viejos tiempos), un amable lector ha tenido la gentileza de explicar otra versión de los hechos, con el apoyo de vídeos, que son estos:
http://www.youtube.com/watch?v=QKwpqxI3d-8 (Reportaje en un canal de TV sobre la llamativa manifestación unitaria)
http://www.youtube.com/watch?v=YO8uetNnQnE (Vídeo del enfrentamiento desde el propio lugar)
http://www.youtube.com/watch?v=hFtUMqREeNY (Video de la agresión desde un balcón de la plaza)
http://www.youtube.com/watch?v=-_tFb9YozXo (Vídeo del Blocco con imágenes de los tres días y los incidentes)
Los vídeos están muy bien, gracias, pero lo que me quedaba por oír es una manifestación apolítica organizada por un colectivo neofascista.
Blocco Studentesco, según explican en su web negra, es un movimiento de «ocupación no conforme del fascismo del tercer milenio», sea lo que sea eso. Su programa propone, entre otras cosas, la abolición inmediata de las escuelas privadas y, muy curioso, el incremento de las horas de clase de educación física en un 150%. En concreto, «disciplinas deportivas elegidas por los estudiantes, cualesquiera que sean, de los deportes de tiro a los de combate». Yo siempre lamenté en mi educación la ausencia de clases de lucha libre, son muy útiles, sobre todo en manifestaciones apolíticas.
El Blocco Studentesco nace de Casa Pound, centro ocupado fascista de Roma. Su líder es otro alumno adolescente prometedor, como los ceporros del bando comunista: Gianluca Ianonne, de 35 años, que tiene un tatuaje en el cuello de ‘Me ne frego’ (algo así como ‘me importa un bledo’), uno de los lemas clásicos fascistas. Ex-sargento y cantante de un grupo de rock neofascista, muy popular entre los apolíticos, fue candidato en las últimas elecciones con La Destra, partido de extrema derecha de Francesco Storace. Storace es otro personaje inenarrable de la política italiana que tuvo que dimitir por espiar a sus rivales políticos cuando era presidente de la región Lazio. No está mal para un apolítico.
De todos modo, bien mirado, yo casi estoy por arriesgarme y apostar que el Blocco Studentesco un poco político sí es. Esta es su declaración de principios: «Somos un movimento revolucionario, de ruptura con la escuela de hoy, la escuela-empresa donde las ideas se prohíben, donde los estudiantes no cuentan nada, donde mandan los profesores nostálgicos del 68 y directores-manager. ¡Juventud al poder! Una consigna, una voluntad, un objetivo. Devolver la tensión ideal a las escuelas, las ganas de luchas, de cambiar el mundo».
Si esto es así creo que la dirección del movimiento debería sancionar severamente a los involucrados en Piazza Navona por abandonar sus ideales y dedicarse a liderar insulsas manifestaciones apolíticas.
Del mismo modo, si ya es intolerable que alguien sea antifascista, porque de eso es de lo que realmente se trata, más aún que lo pague con quien no es fascista.
Por cierto, en la reconstrucción de vídeos de nuestro amable lector falta uno ya famoso del programa ‘Chi l’ha visto?’, el ‘¿Quién sabe dónde?’ italiano. Es de RAI 3, la cadena roja por supuesto. No me pregunten por qué se meten en estos berenjenales. Mostraron a los apolíticos del Blocco Studentesco zurrándose con cinturones con los otros energúmenos, pero ya antes de la bronca final en Piazza Navona. Hay, por supuesto, otro vídeo de respuesta que lo explica todo, pero como sucedió realmente de verdad de la buena. En fin, no voy a poner más vídeos, porque esto no termina nunca y ya es voyeurismo adolescente de youtube, que a esta gente les priva. Como decíamos, será otro misterio italiano que durará años.
La respuesta del Blocco Studentesco a la emisión del programa fue enviar otros cuarenta pacíficos apolíticos que se presentaron en los estudios de la RAI, saltaron las barreras de vigilancia y entraron hasta la cocina. No daban ningún miedo, no se crean, nada que ver con los entrañables escuadrones fascistas, era como una visita escolar, aunque llevaban cascos y alguna chupa militar. Según ellos fue una «carrera futurista», un «paseo demostrativo», «para preguntar si se asumen la responsabilidad moral de lo que puede suceder en breve si no se cambia de dirección». Ayer amaneció con pintadas amenazantes nazis el coche de un periodista de RAI 3. Están avisados. No sé si yo también tengo que darme por aludido.
Bueno, como no todo va a ser política terminamos con un poco de música. Es de Zetazeroalfa, el grupo musical de Gianluca Ianonne (es el cantante), el líder apolítico de Casa Pound del que hemos hablado antes. Es el vídeo de uno de sus éxitos: se llama ‘Cinghiamattanza’ (algo así como cinturón-matanza) y creó una divertidísima moda ritual de liarse a zurriagazos en los conciertos. Pero entre ellos, no vayan a pensar, no como en Piazza Navona. Es una violencia lúdica, viril, simpática, de puertas adentro, que no tiene más importancia y ahí se queda, naturalmente. La bandera del fondo también es muy simpática, y sobre todo familiar.
Ah, y perdonen que insista, pero sigo esperando explicaciones sobre la presencia de Pinocho.
Los postfascistas de Alianza Nacional (AN), uno de los dos partidos de la coalición PDL de Silvio Berlusconi, están muy exaltados con la conmemoración del 4 de noviembre. ¿Qué? ¿El 4 de qué? Sí, es lo mismo que se preguntan tres de cada cuatro italianos, que no saben lo qué es, según una encuesta que publica hoy el ‘Corriere della Sera’. Pero hay que saber un poco de historia, por lo menos para sacar quesitos amarillos en el Trivial: el 4 de noviembre fue el día del final de la Primera Guerra Mundial en Italia.
Está bien celebrar el final de las guerras, pero es que el Gobierno le ha dado por celebrar ahora, por primera vez, la victoria en esa guerra. El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN) se ha puesto muy pesado y ha introducido esta novedad conmemorativa, aprovechando que hoy ya se festeja el día de las fuerzas armadas. Le vemos a la izquierda en una imagen de esta mañana, haciendo risitas con Berlusconi. Al lado, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, está más atento a los solemnes actos.
Bueno, se dirá, pues que lo celebren. Total, han pasado 90 años. Lo que pasa es que últimamente, cada vez que la derecha italiana sale con aniversarios raros, se acaban leyendo libros de historia. Están muy nostálgicos. Bueno, pues esto es lo que he encontrado leyendo a Renzo de Felice, máximo historiador del fascismo italiano:
«El fascismo como movimiento fue en gran parte la expresión de clases medias emergentes, que habiéndose convertido en un hecho social, intentaron conquistar poder político. (...) Fue la Primera Guerra Mundial la que movilizó toda una parte de la sociedad italiana, que hasta entonces había quedado apartada. Y esta parte, movilizada para la guerra pero excluida del poder efectivo, después de la participación tiende, a través del fascismo, a reivindicar y adquirir su función (...) La guerra fue el hecho decisivo que puso en marcha el proceso. Sin la guerra no habría habido fascismo»
Estos chicos de la derecha están en todo. Aunque quizá no hilan tan fino. En realidad, lo que se pretende que esta fecha se añada a las dos establecidas hasta ahora como fiesta nacional en Italia: el 25 de abril, liberación de Italia de la Alemania nazi y derrota del fascismo, y el 2 de junio, referéndum entre monarquía y república, que ganó esta última. En resumen, para la derecha significa más o menos que por fin ellos tienen también algo que celebrar. Por ejemplo, el primer ministro, Silvio Berlusconi, jamás ha asistido oficialmente a las ceremonias del 25 de abril, pero ayer estaba en los actos conmemorativos.
La Primera Guerra Mundial, de todos modos, fue una gigantesca carnicería e Italia, aunque ganó, salió muy mal parada. Por eso se han alzado voces que critican la conmemoración, aunque como todo en Italia, son rabietas políticas. La terrible derrota de Caporetto, por ejemplo, es una trauma nacional. Stanley Kubrick contó magistralmente esta guerra en ‘Senderos de gloria’ (1957). Más modestamente, en Italia lo hizo Francesco Rosi, otro gran director un tanto olvidado, en ‘Uomini contro’ (1970, 'Hombres contra la guerra'), que no está nada mal.
Sinopsis: Un grupo de soldados italianos son enviados a la primera línea con una nueva invención, las corazas Fasina:"Permiten en pleno día acciones de una audacia extrema. El enemigo puede disparar con fusiles, ametralladoras, cañones. ¡Con la corazas Fasina, se pasa de todos modos!". Luego el general añade: "Los soldados romanos vencían gracias a las corazas". Tras masacrarlos, los propios soldados austriacos piden a los italianos que se detengan: "Basta, italianos, no se puede matar así, volved atrás". El teniente (Gian Maria Volontè), harto de combatir, grita: "¡Basta, basta con esta guerra de muertos de hambre, contra muertos de hambre!". Cuando ve al general ordenar el avance dice: "¡Ése es el verdadero enemigo, a nuestras espaldas, soldados alzáos, disparemos allí!".
Por esta película, Rosi fue juzgado por vilipendio al Ejército, aunque fue absuelto.
Mario Monicelli rodó también una película sobre esta guerra, ‘La Grande Guerra’ (1959), una obra maestra. «Caporetto no fue una derrota, fue una rebelión que serpenteaba desde hace tiempo y que explotó, los soldados se negaron a combatir, no soportaban más ser enviados al matadero», ha dicho estos días. Monicelli está a favor de que se recuerde la Gran Guerra, pero por honrar «no a los superiores ni al poder, sino a los soldados, hombres malnutridos,mal preparados, y mal dirigidos que resistieron con dureza». Es lo que cuenta en su película, con Alberto Sordi y Vittorio Gasmann en estado de gracia.
"¡Os hago yo ver como se hacen agujeros a una sartén!", dice Sordi para poder asar castañas.
El Ministerio de Defensa de entonces, dirigido por Giuilio Andreotti (sí, el mismo, ya en el 59), no le quiso prestar ayuda con material militar. De Monicelli, Gassman y Sordi se esperaba una comedieta irreverente. Pero salió un peliculón. Es un ejemplo sublime de algo que aparece en casi todas las películas bélicas italianas: retratan al soldado italiano como alguien descreído, que va obligado al combate, que desconfía de grandes valores como la patria o la nación y que, si puede, evita la violencia e intenta sobrevivir por su cuenta. Pero que saca toda su humanidad y heroísmo cuando menos se espera. Yo, en particular, si hay una guerra me iría con los italianos.
En la Primera Guerra Mundial Italia estaba al principio con la Triple Alianza, los que perdieron, pero se declaró neutral y luego, con pactos secretos, pasó al otro lado. En la Segunda Guerra Mundial se alineó con Hitler, pero tarde, sólo cuando la guerra parecía ya ganada. Sin embargo al final terminó en el otro bando, el vencedor.
Para terminar, volvemos a Renzo De Felice (aquí al lado, con su Toscano en la boca). Decía otra cosa sobre el auge del fascismo que da que pensar estos días, por lo que se oye sobre la famosa crisis económica:
«En Europa hay entre las dos guerras una cierta crisis general, que asume consistencia después de la crisis de 1929. Una crisis moral y política que afecta a vastos sectores de la burguesía, especialmente de la pequeña burguesía, y a ciertos ambientes intelectuales. Es una crisis de desconfianza en la democracia y en el capitalismo, y principalmente en su eficiencia y funcionalidad, una crisis que después se amplía a toda una serie de aspectos de las sociedad de aquel tiempo. En esta situación se produce un despertar, un surgir ‘ex novo’ de interés por una serie de experiencias que se plantean como alternativas a la democracia y como un intento de poner fin a las principales disfunciones del capitalismo».
(Como la cita anterior, es una reflexión de su clásico 'Entrevista sobre el fascismo' (1975), que imagino, o quiero imaginar, que estará editado en España)
Nunca se sabe dónde llevan estos arreones de la historia. Y ¿no hay cierto aire general de que esto del capitalismo es una farsa y la democracia un programa televisivo malo?
A propósito, para comprender la crisis y cualquier otra cosa, recomiendo fervientemente el blog de Anatoli, un inmigrante de remoto origen eslavo, célibe y obsesionado con los membrillos. Vayan, vayan a ver.
"No sé por qué, pero nunca he ido al lugar donde asesinaron a Pasolini" ('Caro diario', 1993, Nanni Moretti):
Ayer se cumplieron 33 años de la muerte de Pier Paolo Pasolini. Al menos han adecentado el lugar y hubo un pequeño acto. Por allí andaba también uno de sus asesinos, Pino Pelosi, el único que pillaron. Tras 26 años de cárcel, en su trabajo social de resinserción le ha tocado ser jardinero del recinto. Ha dicho, para variar y como otras veces, que un día de estos dirá la verdad, que había más personas, que lo va a contar todo. Otro misterio italiano que no acaba nunca.
En estas mismas dunas de Ostia poco tiempo antes Pasolini concedió una entrevista en la que exponía sus funestas predicciones sobre el camino que había tomado Italia. Son las mismas ideas que se ven en sus escritos de sus últimos años y que hoy dan escalofríos al leerlas, por su denuncia del poder de la televisión. Qué diría hoy de Berlusconi.
Sinopsis: "...ahora sucede lo contrario. El régimen es democrático, pero esa aculturación, esa homologación que el fascismo no consiguió obtener en absoluto, el poder de hoy, de la sociedad de consumo, lo consiogue perfectamente, destruyendo las realidades particulares, quitando realidad a los diversos modos de ser hombres que Italia ha producido en modo históricamente muy diferenciado. Y esta aculturación esta destruyendo Italia. Y puedo decir sin duda que el verdadero fascismo es este poder de la sociedad de consumo que está destruyendo Italia. Esto ha ocurrido tan rápidamente que no nos hemos dado cuenta, ha ocurrido todo en estos últimos cinco, seis, siete, diez años,... Ha sido una especie de pesadilla en la que hemos visto Italia destruirse, desaparecer, y ahora que nos despertamos, quizá, de esta pesadilla y mirando alredoder nos damos cuenta de que ya no hay nada que hacer".
Bueno, terminamos con una película. Aunque Pasolini hacía de todo: poesía, teatro, ensayo, artículos de prensa, jugaba al fútbol,... El cine de Pasolini es a veces difícil, con serias incursiones en el tostón. Claro, era un intelectual. Pero tiene muchísima potencia, libertad, desgarro, poesía, amargura, según... Hay que buscar.
Una de las cosas más bonitas que hizo, y menos conocidas, fue un capitulito escondido en una de esas películas corales, de muchos directores, que se hacían en aquellos años. El filme se llama 'Capriccio all'italiana' (1967), y su capítulo '¿Qué son las nubes?'. Cuenta la historia de un espectáculo de marionetas donde se recita 'Otello', aunque las marionetas no entran en sus papeles. Otello (Ninetto Davoli) no comprende su papel y dialoga con el malvado Yago (Totó):
Sinopsis:
-Yo soy un asesino, soy un asesino, ¿quién se lo iba a creer? ¡Soy un asesino! ¡Mierda! ¿Pero por qué? ¿Pero por qué hago las cosas que me dice Yago, por qué soy tan estúpido?
-Quizás porque en realidad eres tú quien quiere asesinar a Desdémona.
-¿Cómo? ¿Yo quiero asesinar a Desdémona? ¿Por qué?
-Quizá porque a Desdémona le gusta ser asesinada.
-¿Ah sí? ¿Es así?
-Quizás es así.
-¿Pero cuál es la verdad? ¿Lo que pienso yo de mí? ¿O lo que piensa la gente? ¿O lo que piensa ese de ahí adentro?
-¿Tú que sientes dentro de ti? Concéntrate bien. ¿Qué sientes?
-Sí, sí, siento que hay algo.
-Eso es la verdad. Pero, sssh, no hay que nombrarla, porque apenas la nombras, ya no está.
Al final del cuento, las marionetas acaban en un basurero, donde ven las nubes por primera vez.
Fue la última aparición en una película del gran Totó. Con Pasolini comenzó la reivindicación artística de Totó, hasta entonces despreciado por la crítica como un actor de segunda fila de cine popular.
Como continuación de un capítulo anterior, y por dejar constancia de que algo se mueve por ahí abajo en Italia, el sábado hubo movida en el partido Bulgaria-Italia. Se trata de ultras, efectivamente, y alguno pensará que, bueno, que es normal, que en el fútbol ya se sabe y que en Italia más todavía. Pero escuchen a Gigi Riva: "Es la primera vez que la selección vive una noche así, y lo dice uno que viste de 'azzurro' desde 1963".
La noche así fue una agradable velada de brazos con el saludo romano, gritos de "¡Duce, duce!" y otros coros, incluido el momento del himno nacional. Luego, peleas, quema de bandera y enfrentamientos varios. Cruces célticas, esvásticas, el repertorio clásico.
Más reconfortante aún la reacción de Domenico Mazzilli, director del Observatorio del ministerio de Interior para prevenir la violencia en los estadios: "En Bulgaria eso no es delito, y yo no soy sociólogo". Fin del expediente.
Peor la papeleta del ministro de Defensa, Ignazio La Russa (Alianza Nacional, post-fascista). Ha condenado enérgicamente lo ocurrido, pero su ex-colega Francesco Storace, que rompió con el partido precisamente por traicionar las esencias originales, ha tenido el mal gusto de intervenir: "Lo que cantaban era lo mismo que La Russa cantaba de joven". Los cinco 'tifosi' detenidos también son jóvenes, entre 27 y 29 años, como entonces La Russa. A lo mejor un día también ellos serán ministros. En realidad este grupo sigue a la selección desde 2003, pero sólo ahora se han venido arriba, quién sabe por qué.
Una situación verdaderamente entretenida.
Una vez jaleados, los chicos pueden ser difíciles de controlar, hasta llegan a superar a sus maestros. Veáse lo que le ocurre al protagonista de 'Il federale' (Luciano Salce, 1961), una película muy interesante por diversas razones. Es uno de los primeros filmes italianos que afrontó el fascismo desde el punto de vista de un fascista, aunque fue muy polémico porque le humanizaba bastante y la guerra era aún reciente. El cine italiano de la era dorada ha tenido esta formidable capacidad de analisis. También fue la primera película en la que Tognazzi, hasta entonces encasillado en la comedia y la televisión cómica, pudo ensancharse como actor. Y además es el debut de dos grandes nombres del cine italiano: Stefania Sandrelli y Ennio Morricone, que firma su primera banda sonora. Para terminar, sólo reseñar que Salce, un tanto olvidado, es director de un puñado de buenas comedias y, todos en pie, de los dos primeros capítulos de la saga de Fantozzi.
Sinopsis: El soldado Primo Arcovazzi (Tognazzi) es enviado a capturar a un profesor antifascista y llevarlo a Roma. Son los últimos días de la guerra y el caos es general. Tras detenerlo, ambos emprenden el viaje a la capital, lleno de peripecias. De paso, comienzan a fraguar cierta inconfesable amistad. Tras una de estas desgracias, Tognazzi pierde su uniforme, pero llegan a una Casa del Fascio en un pueblo y entran a pedir ayuda. Sin embargo aparecen dos chavales muy bien aleccionados. Les toman por espías. Tognazzi le asegura que es un soldado fascista y que lleva un prisionero a Roma. Hasta interviene el profesor para testimoniar a su favor: "Os aseguro que es un pez gordo del partido, y con buenas esperanzas de convertirse en Federale". Pero nada. Deciden interrogarlo a ver si es verdad, con preguntas del manual del fascista ejemplar, en plan catequesis y con la retórica de la época. Por ejemplo, "¿Cuáles son los motivos que nos dan la certeza de la segura victoria?" "Primero, combatimos por una causa justa. Segundo, tenemos armas y voluntad..." Etcétera. Pero hay una pregunta cuya respuesta ha olvidado. Se la tiene que soplar su amigo el prisionero. Entonces los chicos le dan el visto bueno. Cuando uno de ellos le va a dar la mano, Tognazzi le reprende, porque estrechar la mano fue abolido el 23 de junio de 1938. Como el dar de usted, los anglicismos y otras reformas del lenguaje. Cuando se van, los chicos se quejan de que el tándem que se llevan es del partido. "El partido soy yo", replica Tognazzi. Saludo final: "Vincere! Vinceremo!". Recuerda el "Hasta la victoria siempre" que todavía hoy se usa en Cuba. Qué cosas.
El otro día le preguntaron al portero del Milan, Christian Abbiati (llegado ex-Atlético de Madrid), sobre sus ideas políticas, aunque se intuyen porque tiene la canción ‘Faccetta nera’, himno fascista de la guerra de Etiopía, como sintonía del móvil: «Hago míos algunos valores del fascismo: la patria, el orden social, el respeto de la religión católica. No comparto sus errores: la alianza con Hitler y la entrada en la guerra, sobre todo. Pero basta de considerar el fascismo como un tema tabú».
También le preguntaron (y dos veces en lugares distintos) al presidente de su club, y primer ministro de todos los italianos, Silvio Berlusconi, si era antifascista. Respuesta: «Yo pienso sólo en trabajar, para resolver los problemas de los italianos».
Lo cierto es que el fascismo en Italia no es ningún tabú, para tranquilidad de Abbiati, y en cambio el antifascismo parece cada vez más una tontería, para preocupación de los demócratas. Lo del antifascismo tiene más enjundia de lo que parece, pues es la raíz del actual Estado italiano, que de este modo nació en el bando de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y explícitamente contra el fascismo.
Todos los días uno se cruza en los puestos callejeros de Roma con retratos de Mussolini, que se venden tranquilamente junto a los de Totó y Padre Pío. Hay muchos taxistas con el llavero del ‘Duce’ o que afirman que Italia sólo
funcionaría con un dictador, «come quando c’era Lui» (‘cuando estaba Él’, que en este caso es Mussolini, no Berlusconi). Los chavales en el instituto se diferencian no sólo por equipos de fútbol, sino por ser fascistas o comunistas (que también existen, como vimos en el capítulo 8 de esta serie), pues la política impregna toda la vida social en Italia, al menos como pose.
Ha habido un partido salido directamente del fascismo, el
MSI, que luego se convirtió en Alianza Nacional (AN) y que es el segundo del Gobierno centro-derecha, tras el de Berlusconi. Aún tienen el símbolo de la llama sobre la tumba de Mussolini, en Predappio. Por cierto, fantástico lugar de peregrinación, nostalgia y exaltación fascista. AN ha hecho malabarismos para reciclarse en derecha civilizada -su líder, Gianfranco Fini ha peregrinado a Jerusalén- pero en la base hay un núcleo duro muy ‘negro’. Por alguna razón, el triunfo abrumador de la derecha en mayo les ha dado alas. No se sabe por qué, pues es un Gobierno de lo más progre: Berlusconi, AN y la Liga Norte, el partido ecologista por el esperanto y las razas del mundo, del que ya nos hemos ido ocupando (ver La dura construcción nacional).
El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN), por ejemplo, en plena ceremonia de la Resistencia, reivindicó a los soldados de la República de Saló, el mini-estado fascista que persistió en el norte del país durante el avance aliado. El alcalde de Roma, Gianni Alemanno (AN), que lleva un cruz céltica en el cuello, dijo que «las leyes raciales sí fueron el mal absoluto, pero el fascismo no, es un fenómeno más complejo».
Fini, que aspira a suceder a Berlusconi, intentó quitar hierro al asunto, pero las juventudes del partido se le pusieron bravas. He aquí la carta que le escribió el presidente de Acción Juvenil de Roma, Federico Iadicicco: «He puesto todas mis ganas en encontrar un motivo para ser antifascista pero no lo he encontrado, es más, he encontrado muchas para no serlo. Ruego a Dios que nos dé la fuerza para perdonar a quien en nombre del antifascismo ha matado jóvenes vidas inocentes, pero no podremos ser, no queremos ser y no seremos nunca antifascistas».

Alessandra Mussolini, nieta del Duce, que siempre anda por ahí dando la nota, aprovechó el debate para ponerse una camiseta molona: «Con orgullo, de la parte equivocada» (la chica de la foto de arriba). Curiosamente en su día hizo pinitos como actriz y aparece con quince añitos en una de las mejores películas italianas contra el fascismo, la magnífica ‘Una giornata particolare’ (‘Una jornada particular’, 1977, Ettore Scola), con Mastroianni y la Loren. Pero claro, es que es sobrina de Sofia Loren, cuya hermana se casó con un hijo del Duce. Como también apareció en Playboy y eso no quiere decir que esté buena.
En resumen, en este ambientillo están floreciendo pintadas fachas en Roma y están de modas las palizas a inmigrantes, como se contará en el periódico de mañana. Pero seguramente no tenga nada que ver.
El fascismo, pese a sus ínfulas y pretensiones, siempre choca con una inexplicable falta de consideración, se le infravalora. Basta ver sus inicios, como muestra la genial película de Dino Risi ‘La marcia su Roma’, (1962), con Gassman y Tognazzi.
Sinopsis: La película, tres décadas antes que Forrest Gump, mezcla imágenes reales con la ficción. Es buena ocasión para verlas, pues se pasan siempre las nazis y muy poco las del fascismo italiano. Bajo el esquema de una tragicomedia que cuenta las andanzas de dos desgraciados, reconstruye muy en serio la llegada del fascismo. Aquí, al final de la película, se ve la marcha sobre Roma. Ordenan al Ejército que dejen pasar a los fascistas.
En Roma, los dos protagonistas asisten a la llegada. "¿Has visto? Lo han conseguido", dice Gassman. "No, no está nada claro. ¿Cómo van a mandar a esta gente al Gobierno? Verás como las cosas cambiarán, de así a así", responde Tognazzi, pero mientras el amigo le levanta el brazo por si acaso. "Y el rey, ¿lo han echado?", pregunta de nuevo. "No, ha sido él el que los ha dejado entrar", insiste Tognazzi. "Pero bueno, todavía tiene que hablar,..." En ese momento, golpe maestro de Dino Risi, que pone imágenes reales con una voz en off inventada. El rey Vittorio Emanuele III le pregunta al general Armando Diaz:
-General, desapasionadamente, ¿qué piensa de estos fascistas? ¿Cree que dejamos el país en buenas manos? Dígame sin rodeos su parecer, porque estamos todavía a tiempo de echarlos, ¿eh?
-Desapasionadamente majestad, me parece gente seria.
-Sí hombre sí, vamos a probarlos unos meses.
FINE
Pese a la aparente seguridad en mis juicios debo reconocer que sigo confuso. Algunos comentarios me llenan de dudas. ¿Será la Liga Norte de derechas? ¿Zapatista? ¿Vegetariana? He repasado algunas declaraciones más de Mario Borghezio. Veamos. Proclama «¡Secesión!» mientras hace el saludo fascista. Pero luego saca una ikurriña y pide libertad «para los pueblos vascos». Así que a lo mejor es trotskista-leninista.
Pero no se puede simplificar. Es un personaje polifacético, porque tiene varios análisis incisivos sobre el diálogo entre culturas: «Pensad si a nuestros abuelos les hubieran contado que nos íbamos a dejar quitar los cantos navideños por una banda de musulmanes cornudos de mierda»... «Estos imanes que circulan libremente y organizan terrorismo (...) La Liga había denunciado hace tiempo que esta mezquita era una cueva de cornudos musulmanes bastardos, que teníamos que echarlos a patadas en el culo» ... «Estos imanes confunden este país con una tierra de conquista y, o se ocupa el Estado, o vamos a cogerlos nosotros uno por uno de la barba y les echamos de la Padania y de Italia». No sé, quizá Borghezio es un defensor de la globalización y la eliminación de aranceles.
De todos modos, es verdad que Borghezio puede ser un elemento aislado, que no refleja la filosofía de su partido. Pero entonces me acordé de Giancarlo Gentilini, alcalde de Treviso desde 1994 a 2003 y que sigue siendo segundo alcalde en la sombra porque la ley le impide un tercer mandato:
Traducción: ¡Este es el evangelio de la Liga: tolerancia cero! ¡Yo no permito que todos esos extracomunitarios vendan cosas por la calle, flores, que limpien cristales, porque si usted entra en Treviso verá escrito: «Dejad cualquier esperanza, vosotros que entráis»!.
Pisanu (ministro de Interior en la anterior legislatura de Berlusconi) está cazando células durmientes.. .Querría yo saber dónde duermen. ¡Duermen en las mezquitas, en los centros islámicos y quizá en alguna parroquia de algún cura rojo! ¡También la jerarquía eclesiástica: vuelve al evangelio de Cristo y no ames el evangelio islámico, porque es muerte!¡Y también aquí: tolerancia cero!
La religión islámica no puede absolutamente poner pie en nuestra civilización, quien viene debe obedecer a las leyes, como hacían nuestros inmigrantes: si se permitían ir a un bar una noche, al día siguiente tenían el decreto de expulsión.
Nosotros no queremos mezquitas, nos bastan nuestras iglesias, de nuestros antepasados. Porque la Iglesia es un punto de encuentro cuando vamos a un bautizo, a un funeral, las mezquitas son centros de negocios, allí se refugian todos los terrroristas. ¡Es allí donde se hacen los planes para destruir nuestra civilización, nuestra tradición, nuestra religión! ¡Tolerancia cero!
Lo que yo digo es la suma de lo que me dicen los ciudadanos. Soy un gran megáfono, no tengo miedo de nadie y digo lo que ellos quieren. Que haya sido elegido tres mandatos consecutivos demuestra que respondo perfectamente a las instancias de mis ciudadanos.
Estas cosas las cambiamos si tenemos ganas, porque no somos un movimiento de mantequilla ¡Vamos adelante con los garrotes y las espadas!
Bueno, yo he intentado transmitir esos ideales que siempre he tenido desde los tiempos de mi juventud, bajo el régimen fascista, que nos inculcó qué era el orden, la disciplina y el respeto de las leyes.
¡¡¡Tolerancia cero, bajo cero!!! ¡No quiero oír hablar de 'buonismo' o de perdón!¡Si me dan una bofetada yo les rompo la cara!
FIN
Creo que ahora lo tengo claro: con tolerancia bajo cero la Liga es un partido que lucha contra el cambio climático.
Un grupo de valientes patriotas fue enviado a la conquista del «rojo planeta bolchevique y traidor», que se opuso con «alienígena obstinación». Pero a las 15.00 horas del 10 de mayo de 1939: ¡Marte es fascista! (Del genial filme de Corrado Guzzanti).
Un abrazo a mis compañeros de la rotativa y toda la redacción de El Correo
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que versar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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