Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Algunos de ustedes quizá se hayan asustado mucho al ver este fin de semana en medios españoles terroríficas noticias del regreso a las calles italianas de patrullas fascistas con uniforme casi nazi. Hombre, a estas alturas ya deben de saber que de Italia hay que creerse la mitad de la mitad, pero hay quien sigue insistiendo en tomarse las cosas al pie de la letra. No se preocupen, esto de las ‘rondas negras’ y el chico este de la foto quedará de maravilla en las noticias, que pretenden tenernos perpetuamente escandalizados, pero es para morirse de risa. Bastaba ver quién está detrás del tinglado, el inenarrable Gaetano Saya.
Este siciliano, de 53 años, se dio a conocer hace cuatro años al ser detenido porque había inventado una policía paralela, como la TIA de Mortadelo, llamada Dipartimento Studi Strategici Antiterrorismo (DSSA) para luchar contra la amenaza del terrorismo islámico y, en general, según sus obsesiones, contra una presunta invasión de musulmanes en Italia. No se crean, que andaban por ahí metidos ex-policías y agentes jubilados y tenían placas falsas, sirenas y a veces entraban en las bases de datos. En Italia siempre hay gentuza de los bajos fondos del Estado que se lo monta en secreto no se sabe cómo. Saya es uno de esos elementos. Con ayuda de su mujer, Maria Antonietta Cannizzaro, siempre vicepresidenta del garito de turno, no ha hecho más que fundar partidos, logias másonicas (ahí lo tienen disfrazado como gran maestre) y servicios secretos, aunque a la mínima oportunidad abría una página web para proclamarlo. Para Saya es difícil conjugar el afán de protagonismo con ser agente secreto, lo lleva mal. Es una contradicción muy italiana: todo es secreto pero todo se sabe.
Sus partidos en la última década han sido, a saber: Partito Giustizialista Italiano (con un escudo igual al de la CIA), Partito Nazionale della Destra Italiana, Partito della Rinascita della Democrazia Cristiana y hasta Destra Nazionale Nuovo MSI, para apropiarse la mítica ‘fiamma’ fascista, en litigio judicial con AN de Fini. Como agente secreto es un desastre, porque lleva años presumiendo de pertenecer a «una estructura secreta de la OTAN», como dijo en un proceso contra Andreotti en 1997. El caso es que, asegura, de algún modo entró en el SISMI, los servicios secretos italianos. En Italia todo es tener padrinos.
Para intentar comprender su empanada mental sirve muy bien el detalle que siempre aparece en las entrevistas que da en su ático de Florencia, además de su colección de cascos militares y la reproducción del Juicio Final: tiene dos fotografías gigantes de Reinhard Heydrich, el oficial nazi encargado del Holocausto y, al lado, la menora, el candelabro judío de siete brazos, junto a la bandera de Estados Unidos y la de Israel. «Mis amigos israelíes quedan perplejos, pero es el dualismo bien-mal», explica. «No soy nazi, pero soy un amante del ocultismo y en una sesión de espiritismo me ha sido dicho que soy la reencarnación de Heydrich, y he tomado nota», argumenta. «Es más, soy de religión judía», añade. En su biografía subraya como dato esencial que le educó su abuelo, participante en la Marcha de Roma.
De todos modos la clave la dio su mujer cuando le arrestaron en 2005 por el asunto de la policía paralela: «Gaetano Saya estaba levantando el vuelo. Estaba convirtiéndose en alguien demasiado potente. Entre otras cosas estaba a punto de ser nombrado embajador de un país del centro de África amenazado por la parte musulmana de la población. Y no ha ocultado nunca que quería ser ministro de Interior. Pero esto no se acaba aquí, porque un día acabará siendo ministro de Interior». Bueno, en eso cualquiera sabe, con los precedentes que tenemos. Aunque con esos bigotes... no sé, no sé.
Total, que este fin de semana Saya monta una rueda de prensa en Milán y presenta su último engendro, una delirante Guardia Nazionale Italiana (GNI), con uniforme caqui, águilas imperiales y el sol negro de las SS. Dicen que tienen 2.500 voluntarios, pero no se lo creen ni ellos. Los nazis son siempre noticia y, hala, a dar la vuelta al mundo con las imágenes. Saya encantado, claro. Aunque simplemente es una propuesta para apuntarse a las patrullas ciudadanas que el Gobierno estudia crear, según una propuesta de la Liga Norte que aún está en trámite. En cualquier caso, si es que algún día llega a aprobarse esta tontería, no se aceptarían símbolos políticos y los permisos a las patrullas dependerán de los alcaldes. Es decir, esta patochada jamás llegará a nada. La fiscalía ha abierto la correspondiente investigación por apología del fascismo y ya está. De ahí, njo obstante, los rimbombantes titulares: "Italia investiga...". En fin.
La GNI aseguran que se dotarán de «medios navales y áreos con sistemas de vigilancia visuales y sonoros». Para ello se dividirán en varios departamentos: «protección civil, protección eco-ambiental, protección íctico-faunística-vanatoria, protección zoológica, promoción y divulgación de la historia, de las lenguas y de las tradiciones italianas, con particular referencia al Imperio Romano». Bueno, y como decía Mayra, hasta ahí puedo leer, porque me da la risa.
El que dio la cara, porque es el que sale en todas las fotos disfrazado, y el organizador de la Guardia Nazionale Italiana no fue Saya, claro, sino un pardillo llamado Maurizio Correnti, 38 años, ex-soldado alpino y conductor de autobuses en Milán. Es el chico de la foto de arriba del todo. Al día siguiente, después de ver el revuelo, aseguró en la prensa que no sabía que esos símbolos eran fascistas, que los cambiarían y que, es más, salió indignado de la rueda de prensa tras ver los saludos romanos. Hombre, es como aparecer vestido de torero en la plaza de Las Ventas creyendo que es para un campeonato de voley-playa. Lo cierto es que en las imágenes de la rueda de prensa lo vemos en una esquina de la mesa, más perdido que un pulpo en un garaje y convertido en un personaje totalmente fantozziano. Si es que hasta se parece a Fantozzi:
Este vídeo está adornado al final con unas imágenes de 'Fascisti su Marte', descacharrante película de Corrado Guzzanti que hemos puesto alguna vez.
Sin embargo, cuando Correnti quiso desentenderse del camelo ya era tarde: Saya estaba despendolado en Internet con un bigotillo graciosísimo -nada que ver con el modelo máson- llamando a los «verdaderos italianos» a la causa, aunque llevaba la bandera italiana puesta del revés. Ayayay esos detalles minan la credibilidad de la cruzada:
Sinopsis: La noticia de tono jocoso del TG3, históricamente rojillo, empieza con Saya y pasa al pobre Correnti, que dice que son como la Protección Civil y no van a pegar a nadie. Se le ve ya confundido, y explica que cambiarán el color de la camisa, que será roja, con corbata blanca, y que no es fascista. Sobre la rueda solar nazi dice que es un símbolo de la derecha que le gustaba y se lo pasó Saya. «¡Si me llama el PD yo voy!», aclara. Termina diciendo que también quitará el águila, aunque no reniega de Saya...
Bueno, al día siguiente ya renegaba de Saya. En el periódico de ayer, ya en pequeñito, el pobre Correnti, muy apesadumbrado, anunciaba que ya ha cambiado el uniforme y que, esta vez sí, será azul. Que quiere hablar con Saya inmediatamente y sus relaciones están congeladas, porque se siente engañado: «La Guardia Nazionale era mi criatura, he cuidado los detalles, he empleado mi tiempo y mi dinero. Saya era un asesor. Con toda probabilidad transferiremos la sede nacional, aquí hay una atmósfera que no me gusta. Estoy dispuesto a dimitir». Si es que no se fijan. Como los medios alarmistas que ven el fascismo por todos lados.
Hombre, yo creo que esto es una noticia que se puede contar, pero sabiendo que es todo de chirigota, como el TG3, no lo que se ha visto por ahí. Es como el intento de golpe de estado de pacotilla que describe Monicelli en ‘Vogliamo i colonelli’ (‘Queremos los coroneles’, traducción mía, 1973). Se basa en la génesis del auténtico golpe de estado Borghese, de 1970, que era algo más serio pero que se quedó en nada:
Sinopsis: El inefable Beppe Tritone (Ugo Tognazzi), diputado de extrema derecha venido a menos, acude al campamento marcial de sus chicos, para arengarles. Tras inspirarse con un disco del Duce, habla: «¡Dentro de poco se os confiarán las riendas del país, y digo riendas porque este país necesita las riendas y la frusta! ¡Orden, obediencia y disciplina! (Es lo mismo que dijeron en la rueda de prensa de la GNI) ¡Basta con la antihistórica igualdad! ¿Pero qué quiere decir? ¿Por qué un ingeniero tiene que ser igual a un albañil? ¡Sólo los cojones son iguales uno al otro! (‘Coglioni’ también tiene el sentido de ‘idiota’) ... ¡Destruyamos esta democracia!». Tras el discurso, pregunta al jefe de campo cómo va su hijo, pero le dice que lo ha puesto tres días en las letrinas. «¡Ah, como su padre cuando era joven, resistencia a la disciplina! ¿Qué ha hecho?». Le dice que se ha escaqueado en el ejercicio de arma blanca. Con alguna chica, supone el padre, como él cuando era joven, pero no, ha sido para tocar la guitarra en el bosque. Así que convoca al chico inmediatamente. El chaval le dice que no está hecho para esas cosas, que a él le gusta leer, estudiar, la música... Dice que los demás le toman el pelo, y le llaman maricón. «¡¡¡¡Queeeeé, maricón el hijo de Beppe Tritoni!!!!! ¡¡¡Qué vergüenza!!!», grita el padre. El hijo dice que no es verdad, que son ignorantes. «¡¡¡No me llames ‘papino’, a mí que siempre me han llamado con los nombres más terribles!!! !!Y a mi hijo le llaman maricón, y esto en la víspera de la toma del poder!!!!».
En fin, los auténticos elementos de extrema derecha del Estado han tenido históricamente mucha menos visibilidad y son más siniestros, los famosos ‘servizi deviati’, servicios desviados. Lo demás es folclore, que ahora está más de moda porque con la nueva era berlusconiana están crecidillos. Pero no se lo tomen muy en serio.
Cambiando de tema, por casualidad ese mismo día había otra noticia de interés en Italia, pero no tuvo ninguna repercusión y por tanto no causó ninguna preocupación. Se trataba de la sentencia a las llamadas Nuevas Brigadas Rojas, catorce condenas de hasta quince años a la mayoría de los detenidos en febrero de 2007 por formar un partido comunista político militar con fines eversivos. Tras la sentencia, medio centenar de personas del público, amigos y parientes de los imputados, cantaron la Internacional y corearon lemas como «Contra la crisis del imperialismo guerra de clase para el comunismo» o «Contra el fascismo y la represión, revolución». Vean las imágenes de un informativo, históricamente de derechas:
Hombre, estos sí que van en serio y se lo creen, no como la tropa patosa de Saya. Sí, ya sé, no se vende nada bien como noticia, todos queremos el colorín,el susto y las risas, como en el circo. El resultado es que a menudo las tonterías se presentan como algo serio y las cosas serias ni se presentan, y con Internet y su influencia en los medios esto cada vez va a peor. Veamos. Las Nuevas Brigadas Rojas han asesinado a dos asesores del Gobierno italiano en derecho y asuntos laborales, Massimo D’Antona en 1999 y Marco Biagi 2002. Ahora, según la acusación, este nuevo comando que se estaba formando proyectaba atentar contra otro, Pietro Ichino. Los imputados deben indemnizarle con 100.000 euros, aunque éste ha renunciado si los reos aceptan encontrarle y discutir sus puntos de vista en un diálogo constructivo. Lo cuenta en el vídeo en conexión telefónica.
Ichino vive con escolta desde 2002 y es un impulsor de reformas en el anquilosado mercado laboral italiano. Los títulos de sus dos últimos libros son reveladores: '¿Para qué sirve el sindicato?' y 'Los que no hacen nada', sobre los funcionarios vagos. Para los acusados es un «masacrador de obreros» y le amenazaron cuando prestó declaración en el juicio.
Cuando estas personas fueron arrestadas el jefe de la Policía antiterrorista italiana dijo: «Estamos ante unos marcianos». Se refería a que vivían todavía con la retórica de los años de plomo, pensando en la revolución, la dictadura del proletariado y esas cosas, o como decía el primer número de su pasquín ‘Aurora’, «la meta es la insurrección armada de la masa popular contra el Estado burgués». A mí siempre me choca que, al igual que en la tropa fascista, los líderes suelen ser cuarentones y cincuentones, no jóvenes airados con la revolución en las hormonas. Italia es que no avanza.
De todos modos, para la defensa ha sido un proceso político, un montaje y recurrirá. A ver en qué se queda porque con la Justicia italiana ya se sabe. Los 'centri sociali' -locales juveniles con rollo ideológico donde uno podría pasarlo bien si no fueran tan pesados con las consignas- están movilizados por los camaradas.
Por cierto, la fiscal de melena roja que ven en las imágenes sentada impasible en su escaño es Ilda Boccassini, pesadilla de Berlusconi en los procesos SME, IMI-SIR y Lodo Mondadori. Según el magnate, es una peligrosa magistrada comunista, pero ya ven.
Permítanme que les refrite un artículo que publiqué el otro día en el diario impreso, porque imagino que muchos de ustedes no lo compran, por hallarse en Pernambuco o bien en Portugalete pero sin vocación de ir al quiosco -y según los gurús de esto tal vez son ustedes el futuro, así que fíjense bien en lo que hacen-. Me comporto así porque he recibido mensajes de gente que no tenía ni idea de este tema, así que lo transcribo aquí con la esperanza de que tenga interés para alguien más. Va sobre esta foto y la otra que hay dentro:

Berlusconi, que casi nunca habla mal del fascismo, dijo hace poco ante las juventudes de AN, el partido post-fascista, que Italo Balbo hizo en Libia como gobernador «cosas egregias». Italia también hizo sus pinitos coloniales pero apenas se habla de ello y mucho menos de la parte oscura: sólo en Libia dejó 100.000 muertos, que este país eleva a 700.000. Ese pasado ha sido desempolvado de golpe por la visita histórica del coronel Gadafi a Italia con la ya célebre foto que exhibía en el pecho al bajar del avión. Es una imagen del líder de la resistencia, Omar Al Mukhtar, el día de su captura en 1931, encadenado y mostrado como un trofeo.
«Esa foto es para nosotros como para los cristianos llevar la cruz, recordar al mundo la suerte de Cristo», dijo ayer el líder libio. Se ve que soñaba con el día en que pisaría Italia con esa fotografía. Gadafi, un beduino como Mukhtar, organiza cada 7 de octubre manifestaciones populares por el ‘Día de la Venganza’, aniversario de la expulsión de los italianos (de 20.000 a 35.000) y confiscación de sus bienes en 1970, cuando llegó al poder. Ahora, para la reconciliación, ha recordado la afrenta en suelo del viejo invasor y ha obligado a Italia a hacer memoria. Los libios ya recuerdan a Mukhtar cada día en los billetes de diez dinares.
Italia llegó tarde a la carrera colonial, porque el propio estado italiano no nace hasta 1861, y se quedó con lo que le pillaba más cerca: Eritrea (1882), Somalia (1889), Libia (1911) y Etiopía (1935), sin contar sus fracasos en Albania y Grecia. (En la foto de abajo, trabajadores etíopes aprenden a hacer el saludo fascista en 1938). Le sirvió, curiosamente, para afianzar su nueva identidad y enseguida se dio a las barbaridades y el genocidio, como los imperios de verdad. Italia llegó con el racismo paternalista del XIX y acabó con el fascista de los años treinta. «Tenemos hambre de tierra porque somos prolíficos y pensamos seguir siéndolo», argumentó Mussolini.
La ocupación de Libia duró de 1911, con el ataque al imperio otomano, a 1943. Tras un arranque lento, Mussolini redobló el esfuerzo bélico y la emigración masiva de italianos, vénetos y del sur, las regiones más pobres. La resistencia de la gente del desierto de Cirenaica se reunió en torno a Mukhtar, un hombre de 63 años, venerable e inteligente, que se había pasado la vida dando clases coránicas en la mezquita de su pueblo. El que luego sería el rey Idris huyó a El Cairo y dejó la batalla en sus manos. Con tres mil hombres volvió locos a los ejércitos de cuatro gobernadores durante una década.
La respuesta del fascismo fue terrible. Incendios de aldeas, deportaciones multitudinarias a campos de concentración -100.000 personas, de las que sobrevivieron 40.000-, ejecuciones de masa y uso pionero de armas químicas con bombardeos de gas. Para capturar a Mukhtar el general Graziani recurrió al hambre, con la eliminación del ganado -las ovejas pasaron de 800.000 a 98.000-, de las cosechas y del comercio desde Egipto. La represión en Cirenaica destruyó una sociedad.
El 11 de septiembre de 1931 -el particular 11-S libio- Mukhtar fue finalmente capturado, condenado en un proceso de farsa y ahorcado el día 16 en el campo de Soluch ante 20.000 prisioneros. El régimen castigó incluso con diez días de cárcel a su abogado defensor, el capitán Roberto Lontano. Uno de los máximos historiadores del colonialismo italiano, Angelo Del Boca, que ha roto muchos tabúes, escribió que Omar Al Mukhtar «no es sólo un espléndido ejemplo de fe religiosa, de vida simple e integérrima, construyó una perfecta organización político-militar que los italianos consiguieron derrotar sólo con medios absolutamente extraordinarios».
En 1980 Gadafi decidió financiar con 35 millones de dólares una gran producción de estilo hollywoodiense sobre el héroe libio. En ‘El león del desierto’, dirigida por el sirio Moustapha Akkad, Mukhtar es interpretado por un espléndido Anthony Quinn, clavado al original, junto a Irene Papas, Rod Steiger -que hace de Mussolini- , Oliver Reed, John Gielgud. De italianos, Raf Vallone y el gran Gastone Moschin. El momento de la famosa foto es reconstruido con minuciosidad. Para el prestigioso historiador británico Denis Mack Smith es un documento único sobre las atrocidades coloniales. Es como ‘La batalla de Argel’, de Pontecorvo, para Francia. En Italia fue prohibida y la Policía secuestró una sala de Trento donde se quiso exhibir por «vilipendio a las fuerzas armadas». La proyección de la película en Italia es una vieja obsesión de Gadafi y cuando empezó el acercamiento entre ambos países se lo pidió, sin éxito, a Bettino Craxi. Por fin se emitió ayer en Sky, aunque es un canal de pago. Seguramente Gadafi se sentó a verla anoche en Roma antes de irse a dormir, con otro sueño cumplido. Aunque en Italia le proponen que se ponga otra foto: la del atentado aéreo de Lockerbie y sus 270 muertos.
Fin
Menudo pájaro, el Gadafi. De apestado internacional y Bin Laden de los ochenta a dar lecciones por Europa. Puso la jaima en Villa Pamphilj pero dormía en el palacio. La diplomacia es curiosa: hace sólo año y medio no se autorizó al Dalai Lama intervenir en el Senado y hubo una desbandada general de políticos, que huían de él porque la consigna era no desairar a China. Pero Gadafi estuvo a punto de hacerlo en su visita si no hubiera sido por las protestas de la oposición. Berlusconi le hace la pelota por el suministro de gas y, ahora, porque es decisivo para cerrar desde el origen el flujo de embarcaciones de inmigrantes ilegales. Por eso firmó en agosto de 2008 un sorprendente Tratado de Amistad por el que Italia pagará a Libia 5.000 millones de dólares en veinte años en concepto de «reconocimiento completo y moral de los daños infligidos en la época colonial». Y todos tan amigos. La historia de las relaciones Italia-Libia es muy curiosa, pero ya hablaremos de eso otro día.
La verdad es que en España la película de Anthony Quinn la ponían por la tele, yo la vi cuando era pequeño. Les pongo un fragmento que he encontrado por ahí en el ciberespacio árabe.
Ah, imagino que, siguiendo las reglas consuetudinales del blog, esto abrirá un debate sobre el genocidio en América y el quinto centenario, o algo así. Que tampoco me parece mal.
Ya saben que en Italia el pasado no pasa, siempre está presente. Pero a veces es necesario dejarlo atrás. Luego ocurre eso de cambiar todo para que no cambie nada, lo del Gattopardo, pero vamos a dejarlo por el momento. En fin, que quería hablarles del congreso del PDL. Tiene que ver con lo del 25 de abril, porque Berlusconi ahora se hace el moderno. El congreso se nos ha pasado sin decir nada y quizá hayan oído algo sobre ello. Si dentro de Italia ya es difícil seguir la política, y en general a la gente no le interesa, qué decir del mundo exterior, que sólo ve sopas de siglas y gente que no le suena nada, aparte Berlusconi.
Esto del PDL es un esfuerzo de imagen sobrehumano. Berlusconi, que lleva 15 años haciendo y diciendo lo mismo, tiene que seguir vendiendo un producto a la última moda y que es el hombre nuevo, siempre joven gracias a sus estiramientos faciales. Pero es más fuerte que él: luego va y saca en el congreso el mismo discurso de 1994, cuando anunció su entrada en política. Se citó a sí mismo varias veces y hasta lo leyó literalmente durante cuatro minutos. Al final, regaló a los delegados una edición impresa en falso pergamino con caracteres gótico-medievales. ‘Por mi país’, se llama. El efecto es algo así como esos mesones arandinos de cartón piedra con armaduras en las esquinas, que quieren ser clásicos aunque hayan abierto en 2005. Pero es que Berlusconi se cree el mesías. Miren este fragmento de su discurso:
«Según Erasmo, ‘Las decisiones más sabias, las más justas, la verdadera sabiduría, no es la que surge del razonamiento, ni de la mente, sino de una locura visionaria con amplitud de miras’. Yo creo de verdad que una ‘locura visionaria con amplitud de miras’ me ha guiado desde el principio en nuestra aventura política. He pensado donaros una edición en pergamino de mi primer discurso, ‘Por mi país’, del 26 de enero de 1994,...»
Es modesto, porque la amplitud de miras se veía venir mucho antes. Se acaba de publicar un libro con el diario inédito de Indro Montanelli en el que escribía reflexiones personales. Miren lo que anotaba el 23 de mayo de 1977 sobre un acto de homenaje al que acude:
«Vuelo a Luxemburgo en el habitual birreactor de Berlusconi, que nos acompaña, feliz de exhibirse y de exhibir su estatus en una ceremonia internacional. (...) Berlusconi llena su cuaderno de direcciones, de todas las personas que ha encontrado. Es el verdadero escalador que aprovecha todo y no tira nada»
Pues eso, 1977. Y sólo era un constructor. Ya saben de dónde viene su manía de desmelenarse en las cumbres internacionales. Pero hemos citado 'Il Gattopardo' (Visconti, 1963) y hay que poner algo, está muy a tono con el tema:
Pero para dejar atrás el pasado peor lo tiene Gianfranco Fini, líder de Alianza Nacional (AN), que se ha diluido en el PDL. Su condena ha sido pasar media vida siendo fascista y tener que pasarse la otra media renegando del fascismo. Eso es cansadísimo. Para los no iniciados, lo explicaremos, quizá no brevemente. Porque para buscar el origen de AN hay remontarse a la rendición de Italia en la Segunda Guerra Mundial. Mientras los aliados comían el terreno a los alemanes, el fascismo y Mussolini resistieron en un miniestado llamado República Social Italiana (RSI) o República de Saló, por la localidad del lago de Garda, en el norte del país, donde tenía su capital. Les llamaron ‘’repubblichini’ (republiquinos). Allí, marionetas de los nazis, siguieron haciendo como si nada los últimos incondicionales durante año y medio. Aquí al lado tienen un amable cartel propagandístico de la época.
Uno de aquellos 'repubblichini' fue Giorgio Almirante, que en 1946 volvió a la vida pública y fundó con otros colegas el Movimiento Social Italiano (MSI). Ya ven que de RSI a MSI sólo cambiaba una letra. Es como si en Alemania tras la guerra se presentara otra vez a las elecciones el partido nazi, pero es que Italia es así: aquí no hubo procesos de Nuremberg y se hizo la vista gorda para no empeorar las cosas. Por otro lado, cosa que se suele olvidar, los Estados Unidos estaban interesados en mantener más o menos intacto el tejido social fascista, pues ya desde el final de la guerra estaban pensando en la posguerra y en el nuevo enemigo: Stalin. Italia tenía el mayor partido comunista de Occidente y el riesgo de que se convirtiera en un satélite de la URSS lo convirtió en un país decisivo de la Guerra Fría. Total, que EE UU y sus servicios secretos, como el Vaticano, echaron una mano a los fascistas para que salvaran el pellejo. Italia pagó muy cara su condición de tablero de juego, pues aquello se convirtió en los sesenta y setenta en una gogantesca ensalada de espías y conspiraciones.
De todos modos, lo curioso es que el ministro de Justicia del primer Gobierno italiano que soltó en la amnistía de 1946 a unos 7.000 fascistas, entre ellos incluso dirigentes y torturadores, fue el comunista Palmiro Togliatti. Pensaba atraer así a esta gente hacia el PCI, por su anticapitalismo. Le salió mal, claro.
Como vimos el otro día, Italia vivió una guerra civil incipiente entre partisanos y fascistas al final de la Segunda Guerra Mundial, pero esta supervivencia del fascismo mantuvo latentes los dos bandos, un choque que asomó de nuevo en los ‘años de plomo’, con terroristas rojos y negros, e incluso, según algunos teóricos, sobrevive hoy de forma degenerada con el ‘berlusconismo’ y ‘antiberlusconismo’. El fascismo ha llegado hasta hoy.
Pero hablábamos de Almirante, jerarca de la República de Saló, un tipo que el 5 de mayo de 1942 escribía en la revista ‘La Difesa della razza’ lo siguiente. Perdonen la extensión de la cita y las posibles arcadas:
«El racismo tiene que ser comida de todos y para todos, si verdaderamente queremos que en Italia haya, y esté viva en todos, la conciencia de la raza. Nuestro racismo debe ser el de la sangre, que corre en mis venas, que yo siento fluir en mí, e puedo ver, analizar y confrontar con la sangre de los otros. Nuestro racismo tiene que ser el de la carne y los músculos, el del espíritu, sí, pero en la medida que el espíritu se alberga en e
stos determinados cuerpos, los cuales viven en este determinado país: no de un espíritu vagante entre las sombras inciertas de una tradición múltiple o de un universalismo ficticio y engañoso. Si no, acabaremos por hacerles el juego a los mestizos y los judíos, los judíos que, como en demasiados casos han podido cambiar de nombre y confundirse con nosotros, así podrán, todavía más fácilmente y sin ni siquiera necesidad de prácticas dispensiosas y costosas, fingir una mutación de espíritu y decir que son más italianos que nosotros, y fingir serlo, y conseguir pasar por tales. No hay más que un atestado que pueda dar el alto al mestizaje y el judaísmo: el atestado de sangre».
Más tarde Almirante renegó de estas palabras. Pero por lo demás mantuvo el pedigrí perfectamente, brindando con el golpe de Estado de Pinochet. Ahí lo tienen, el abuelete del sombrero, en una foto con los chicos que daban palizas en la universidad. Pues bien, el joven Gianfranco Fini fue el delfín favorito de Almirante. Hoy es un señor civilizado de derechas bastante progre. No debe subestimarse nunca
la fabulosa capacidad transformadora de un político italiano. A simple vista puede parecer reprobable, pero bien mirado es sólo la muestra más visible del sentido práctico de la adaptación y la supervivencia de este peculiar pueblo, al que yo admiro ciegamente. Ojalá me saliera a mí. Me lanzo como siempre, cargado de ignorancia, a la antropología barata: el español es un iluso entrañable y cabezón, cree en los ideales inmutables y eternos, es evaluado socialmente por ese patrón, desconfía de la sofisticación. En cambio el italiano toma la vida como viene, no se hace grandes ilusiones y cree en el carácter lúdico de la existencia.
Volvamos al rollo histórico. El MSI, prueba de esto que decimos, apenas sacó 500.000 votos, un 2%, en las primeras elecciones de 1948. Habiendo sido fascistas hasta poco antes, los italianos sabían perfectamente que eso ya no tocaba. Todos se hicieron democristianos o comunistas. Luego, pasado el temporal, el MSI ya sacó sus dos millones de votos a partir de los setenta. Pero en 1947 en el ayuntamiento de Roma ya había tres concejales fascistas del MSI, como lo oyen. Pero es más, en la inmediata posguerra los propios fascistas se reciclaron a toda velocidad. También sabían que eso ya no tocaba. Según un estudio de Renzo De Felice, máximo historiador del fascismo, sobre la situación en algunas provincias en esos primeros años, el 50% de los inscritos a todos los partidos del abanico parlamentario, de izquierda, centro y derecha, eran ex-fascistas. En fin, que estaban por todas partes.
Fini ha contado que entró en política por una película. Digamos que es una de las más fachas que ha hecho Hollywood en toda su vida, ‘Boinas verdes’ (The Green Berets, John Wayne, 1968):
Yo tengo debilidad por John Wayne, con el que crecí viendo películas de vaqueros en ‘Primera sesión’, y me dan igual sus ideas políticas, pero esto es un panegírico sobre la guerra de Vietnam como la copa de un pino. Cuando Fini fue al cine a verla se encontró con manifestantes de izquierda que la boicoteaban y le insultaban. Se cabreó y empezó a interesarse por la política. Ya ven el poder del cine. Espero no haber creado ningún fascista con el trocito de la película que he puesto yo, aunque a la gente es mejor no darle ideas.
Fini llegó a la secretaría general del MSI en 1987 y Almirante dijo: «Nadie podrá llamar fascista a quien ha nacido en la posguerra». Y Fini le definió «el líder de una generación que no se rindió». Y todos tan contentos. En el entierro de Almirante, en 1988, Fini hacía conmovido el saludo fascista. Ya ven que eso es de anteayer, como quien dice. Pero luego empezó la transformación. En 1995, Fini cambió el nombre del partido, de MSI a Alianza Nacional (AN). Desde entonces, se enfadan si alguien define el partido como «post-fascista», que es la manera más suave de decirlo. A mí no, porque no pinto nada,
pero a colegas de periódicos más importantes les llaman puntualmente indignados cada vez que lo escriben, aunque lo hacemos más que nada para que el lector extranjero sepan de quién estamos hablando. Porque, ¿cómo llamarían ustedes a un partido cuyo símbolo es la llama que arde sobre la tumba de Mussolini? Ése era el símbolo del MSI, mantenido hasta ahora, por no hablar de las siglas alusivas, que se pueden leer como Mussolini Sei Inmmortale (Mussolini eres inmortal). La mítica ‘fiamma’ (llama), hasta ahora intocable, ha aguantado medio siglo hasta el otro día, cuando quedó sepultada en el envoltorio de plástico del PDL. Y eso que miren lo que contestó un día el ínclito Ignazio La Russa (chico de la foto, actual ministro de Defensa con su fantástico careto de los años treinta) al periodista que le preguntó si algún día eliminarían la ‘fiamma’: «¿Pero usted se quitaría sus atributos?». Así se sienten ahora los nostálgicos de AN, un poco castradillos.
En fin, ‘post-fascistas’ o no, el caso es que nunca les han querido en el Partido Popular Europeo (PPE), aunque ahí anda Fini trabajándose a Aznar con su fundación FareFuturo e incluso presentándole sus libros, a ver si le mete en el club, igual que coló en su día a un elemento como Berlusconi. Con el PDL ya está arreglado.
Pero debe reconocerse que Fini se ha dedicado con convicción a dar entender que ya no es fascista, sino sólo de derechas. Peregrinó a Jerusalén, visitó el museo del Holocausto, empezó a hablar mal de Mussolini,... Mírenle en la foto con Sharon, como un niño bueno. Muchos de su partido estaban asqueados, pero de algo hay que vivir. Fini tiene 57 años, y espera su turno histórico tras Berlusconi, 72 años, que aunque no lo crea, y los demás empecemos a tener dudas, no será eterno. En una década, acorde con los tiempos históricos italianos y si el tiempo lo permite, Fini será primer ministro. La gran ventaja de Fini, su intuición política decisiva, es que al lado de Berlusconi parece normal, y en los últimos años se ha forjado cuidadosamente una imagen de sensatez. De hecho, sería un líder excelente para el Partido Demócrata (PD), la oposición. Se desmarcó de la polémica de la pobre Eluana o le para los pies a Berlusconi cuando quiere aplastar las reglas y propone eliminar el voto en el Parlamento. Pero yo creo que no hay que fiarse. Tras su aparente serenidad, quizá Fini tenga un lado kitsch oculto que tardará en salir, pero será cuestión de tiempo. A lo mejor cuando mande y se desmadre, como su amigo Aznar, que ahora cultiva exclusivamente esa faceta. Porque lo más ‘heavy’ que hay en el pasado de Fini no es Mussolini ni Almirante, sino lo que van a ver ahora en este glorioso documento:
Efectivamente, se trata de la actual señora Fini, Elisabetta Tulliani, en una vida anterior. El cacique indescriptible es Luciano Gaucci, ex-propietario del Perugia, uno de esos personajes inenarrables del Calcio. Les traduzco los diálogos impagables del docudrama.
Interior castillo. Despacho.
-Elisabetta, soy yo, oye, te quería decir... si te apetece dar una vuelta por el castillo, nos vemos en la sala Sforza.
Música. Galería.
-Yo... tenía que decirte una cosa, que no sé si te puede gustar...Estaba reflexionando, porque soy un fatalista, que pensando en el hecho de que tú eras compañera de clase de mi hijo Alessandro, el destino quiso que nos encontráramos y nos enamoráramos, así que soy muy feliz por esto ¿qué piensas?
-Sí, es verdad, efectivamente es una cuestión de destino...
Música. Biblioteca.
-Elisabetta, ¿qué estas leyendo?
-‘Grandes historias de amor’.
-Como la nuestra. ¿Lo sabes que yo podría ser tu padre?
-¡Y yo también podría ser tu hija!
-Por fortuna no lo eres.
-¡Nuestra relación es distinta, querido!
Música. Sala de billar.
-Te he dicho que no tienes que darle a las de colores, si no a la blanca, todavía no has aprendido.
-A mí edad se va a la discoteca, no se juega al billar
Música. Exterior. Cochazo.
-Desde luego es una bella joya.
-A propósito de joyas... Tengo este jugador que quiere dos millardos más de fichaje, ¿qué quieres que haga, su ficha o una joya para tí?
-Las dos cosas y así...
-¡Pero entonces serían cuatro (millardos)!
Música. Escalinata principal.
-¡Amore! Ya que estamos en un castillo, si hiciéramos el juego de la torre, entre yo y el Perugia, ¿a quién tirarías de la torre? Cuidado que me tiro, eh.
Pausa musical. Pensativo:
-Elisabetta, ¿sabes lo que he pensado? Alessandro es consejero delegado. Riccardo es consejero. A ti te hago presidente. Ciao.
FIN.
Bueno, en realidad no la hizo presidentessa del Perugia, sino del Sambenedettese, otro club que tenía por ahí. Gaucci huyó a la República Dominicana por la quiebra del Perugia, mientras detenían a sus hijos, y vivió a lo grande. Aunque el delito ya ha prescrito y creo que ya anda otra vez por aquí.
Este vídeo de antología, que demuestra cómo Fini puede ser un más que digno sucesor del 'Cavaliere', fue emitido por una cadena de Berlusconi en un momento de distanciamiento con Fini. Para que vean lo útil que es tener una televisión. Por otro lado, la entrevista de esta semana a la mujer de Berlusconi, Veronica Lario, donde le ha puesto a parir por presentar macizas en las listas electorales y tontear con adolescentes ha sido publicada por la revista de FareFuturo, la fundación de Fini. Ya ven qué amigos son los dos líderes del PDL. Y no se preocupen, que otro día hablaremos de este último culebrón de Berlusconi.
Ah, entretanto, en ‘Liberazione’, el diario comunista, andan debatiendo sobre la rehabilitación de Stalin.
El otro día fue fiesta en Italia, una fiesta muy importante: el 25 de abril se celebra la Liberazione, la Liberación del fascismo y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hoy toca tema serio. Así cuenta ese día Bernardo Bertolucci en ‘Novecento’ (1976):
Sinopsis: Lo que vemos aquí es a la gente de los pueblos que se entera de la noticia del fin de la guerra y sale con las armas a perseguir a los últimos fascistas que quedan por ahí. «¡Dinos lo qué ves!», le dicen a la campesina que está sobre el carro de heno. «¡Veo un montón de cosas! ¡Veo un montón de bandidos negros que escapan como conejos y uno de los nuestros que les persigue, sin fusil! ¡Tiene sólo un bastón, qué bastonazos le da, parece un diablo con cien brazos, si pudiérais verlo! ¡Gritad! ¡Gritad!» «Bendita juventud que ve lo que no existe», murmura escéptica una anciana que ya no espera nada.
«¡Los alemanes escapan, se van para siempre, no volverán nunca más! ¡Tiran los fusiles y los uniformes para que no les reconozcan». En un momento de ensoñación la chica cree ver a Olmo (Gerad Depardieu), uno de los personajes, en un caballo blanco. Pero enseguida despierta cuando divisa al jerarca fascista del lugar (Donald Sutherland) y su mujer . Los persiguen y los apalean.
Bertolucci, militante de izquierda, da así una visión entre poética y realista de lo que fue aquello. Alegría y barbarie. La reacción popular se puede explicar porque lo que hemos visto entronca con otras escenas similares del fascismo, como la que tenemos aquí en ‘La marcia su Roma’ (La marcha de Roma, 1962), de Dino Risi:
Sinopsis: Un grupo de camisas negras pasan con dos disidentes apresados, cantando ‘Giovinezza’ (Juventud), himno de la época, mientras los dos protagonistas, Ugo Tognazzi y Vittorio Gassman, fascistas de circunstancias y por conveniencia se disponen a dar una lección a otro. Se trata de un juez que les condenó en el pasado en unos incidentes y el método es el clásico de aquella época, ingestión forzada de aceite de ricino, que causa fulminantes y terribles diarreas. Si recuerdan, lo sufre también el padre del protagonista de 'Amarcord'.
Subiendo las escaleras, Gassman, siempre con más morro, explica a Tognazzi, más parado, que agarrará al profesor mientras él le hace tragar el aceite. Tognazzi, a quien no le apetece nada la misión, objeta que a lo mejor se defiende. «Un golpe en la cabeza y se acabó», dice Gassman. Cuando se dispone a tirar la puerta abajo, la abre un señora: «¿Son los del carbón?», pregunta al verles de negro. «¿Tienen cita?». «Desde hace dos años», replica Gassman haciéndose el duro.
«Buenos días, ¿no se han acomodado?», dice el profesor al entrar. Cuando pasan al salón, Tognazzi se olvida la botella. Al decir que no les conoce, Gassman le recuerda los disturbios de la huelga de barrenderos de Milán en la que fueron detenidos. El profesor no se inmuta ante la botella y pide que les traigan el vermut. Luego cuenta que la suya es una familia de magistrados, pero que él prefirió dimitir.
«Un magistrado puede juzgar si es independiente, y un hombre es independiente si es totalmente libre». Como no era libre, explica, dimitió. «Es usted el que nos quitó nuestra libertad», replica Tognazzi. El profesor responde que, en efecto, hoy serían juzgados con mayor benevolencia, aunque él les seguiría condenando igual. «Yo no he cambiado», dice bebiendo su vermut con aceite de ricino.
Luego, arenga: «Sois unos irresponsables, pero no es todo culpa vuestra. Cuando el fanatismo ocupa el lugar de la razón el camino está lleno de engaños, y el engaño mayor es justo éste: que uno cree que ama la propia patria sólo si esta patria es un país donde todos piensan como él, y es así como termina por amar una patria de esclavos, y no se da cuenta de que es un esclavo él mismo». Así apura su copa. «Ahora me tengo que ir, ya ya sabéis dónde. ¡Iros allí vosotros también y vuestro Benito Mussolini!».
Dino Risi, un maestro. Otro ejemplo más de esa elegante combinación de tragedia, comedia e historia que hacía sin esfuerzo el cine italiano de aquella época.
Volvamos a la actualidad porque todas estas cosas están todavía muy presentes en la vida italiana, y quizá algunos lectores desconozcan los detalles.
Hasta este año Berlusconi nunca había celebrado el 25 de abril, porque decía que era una fiesta secuestrada por la izquierda. Además, siempre ha tenido palabras afectuosas hacia el fascismo. Que Mussolini no era tan malo, sólo enviaba a la gente a pasar una temporada de vacaciones a prisión y cosas así. En su línea. A saber qué opinaría del juez que hemos visto en la película, dada su opinión de los magistrados. O qué opinaría el juez de él.
En fin, que Berlusconi ha pasado sus 14 años de vida política, aún siendo primer ministro, sin celebrar el fin del fascismo. Como él, gran parte de la derecha. Ya ven qué tropa. Italia es un país muy complejo. Porque, por otro lado, recordarán que Berlusconi, cada vez que va a Estados Unidos, cuenta su batallita de la visita al cementerio americano con su padre y repite su eterna gratitud a los aliados. A él lo que le fastidia es que también haya que agradecerles algo a los comunistas.
Por eso cada aniversario del 25 de abril está siempre rodeado de cierta polémica, porque los que perdieron -o más bien sus hedereros o simpatizantes- lo ven como una fiesta de la izquierda, aunque la Resistencia y los partisanos, organizados en un comité de liberación nacional reunían a gente de todo pelaje, desde católicos y liberales a socialistas y comunistas.
Por una parte, es verdad que la izquierda italiana ha monopolizado un poco la Liberación, pero por otra también es verdad que los nostálgicos del fascismo nunca se han acabado de bajar del burro. Como hemos contado ya alguna vez, en los últimos años cada vez se han crecido más y el propio ministro de Defensa, Ignazio La Russa, hijo de un dirigente de la República de Saló, el último mini-estado donde resistió Mussolini, no deja de repetir que también los fascistas luchaban por la patria, al menos por la idea que tenían de ella, y que también deben ser recordados.
Pero hay algo más. Hasta hace poco no se hablaba de las masacres de los partisanos comunistas de Tito en la zona de Trieste, las terribles ‘foibe’, simas naturales donde se arrojaba a prisioneros italianos, pero mucho menos de las barbaridades que también cometieron los partisanos italianos y los ajustes de cuentas salvajes que dominaron los primeros días de la Liberación. Como la que hemos visto en 'Novecento'. Esto ha cambiado y se debe sobre todo a un periodista, Giampaolo Pansa, de izquierda para más señas, que lo ha contado en una serie de libros muy vendidos. Para parte de la izquierda se trata de falaz revisionismo, pero para otros simplemente ha roto un tabú y ha rellenado lagunas históricas. Lo que pasó en aquellos días convulsos fue un germen de guerra civil, que siguió de forma latente y de baja intensidad durante los ‘años de plomo’.
En cualquier caso, parece que los tiempos están madurando, pues el partido post-fascista de Gianfranco Fini, Alianza Nacional, se ha diluido en el PDL y parece que abandona definitivamente la nostalgia del Duce, y estamos en 2009. Y la buena noticia es que por primera vez Berlusconi ha reconocido el papel de la Resistencia, el antifascismo como clave fundadora de la democracia italiana y ha celebrado la fiesta de la Liberación, y estamos en 2009. Ha sido un paso significativo por la conciliación e Italia se ha encontrado por fin un poco menos dividida. Aquí lo tienen, a la izquierda, con el pañuelo de partisano anudado al cuello, una imagen impensable hasta ahora. Mañana seguiremos.
Ya ven que cada país tiene lo suyo.
Cerramos hoy la serie sobre el increíble asunto del legionario italiano que durante la Guerra Civil española hizo miles de fotos. Recordamos de nuevo el interés del Archivo Provincial de Bolzano en colaborar con instituciones españolas y en recibir cualquier ayuda útil para situar y datar muchas de las imágenes, que siguen siendo difíciles de identificar. Tienen 4.000 fotos inéditas que, como ya hemos contado, descubrieron de milagro tiradas de la basura.
Las personas interesadas pueden escribir a: Andrea.Di-Michele@provincia.bz.it
Todas las fotos proceden del Fondo Guglielmo Sandri del Archivo Provincial de Bolzano.
Prisioneros republicanos apenas capturados en la campaña del norte. Abril-octubre 1937.
Interrogatorio a un prisionero republicano. Campaña del norte. Abril-octubre 1937.
Frente de Aragón. Noviembre 1937-mayo 1938.
Manifestación político-religiosa con ancianos, mujeres y niños organizada en el cementerio de un pueblo por las tropas italianas.
Visita de niños al mando del tercer batallón de la Divisione Volontari del Littorio.
Propaganda del régimen en una ciudad.
Efectos de los bombardeos en una ciudad.
Vida cotidiana de las tropas italianas. Ejercicios de gimnasia.
Vida cotidiana de las tropas italianas. Lectura de revistas.
Bersaglieri en bicicleta en el frente de Aragón. 1938.
En la Concha.

El Arenal, Bilbao.

Guglielmo Sandri, legionario, aventurero, autor de las fotografías.
Seguimos con el fascinante material del legionario italiano que durante la Guerra Civil española hizo miles de fotos. Como explicamos en el primer capítulo, el Archivo Provincial de Bolzano, propietario de las imágenes, solicita la colaboración de instituciones españolas o de cualquier ayuda útil para identificar algunas fotos, pues posee más de 4.000 y algunas son difíciles de situar y datar. Las personas interesadas pueden escribir a: Andrea.Di-Michele@provincia.bz.it
Todas las fotos que reproducimos pertenecen al Archivo Provincial de Bolzano, Fondo Guglielmo Sandri.
Como dijimos el otro día ¿alguien conoce ese pueblo? ¿ese lugar? ¿esa cara?
Soldados marroquíes del ejército rebelde. 1938-1939.
Oficiales italianos con unas señoritas en un pueblo.
Mujeres esperando la cola para lavar.
Mujeres y niñas de un pueblo posan con la bandera.
Mujeres con la camisa fascista azul y negra.
Prisioneros. Campaña desde el norte a Aragón (noviembre 1937- mayo 1938)

Campamento italiano en un pueblo de Castilla. 1939.
Soldados regresan de un asalto con algunos prisioneros. Campaña del Ebro a Barcelona. Julio 1938-Enero 1939.
Comida de oficiales italianos.
Y para terminar, la siguiente va dedicada especialmente a un amigo de Guadalajara que anda por esos mundos de Dios y me enseñó la ciudad la última vez que nos vimos. Luego nos metimos una comilona y vimos en la tele un partido de España (o el combinado estatal, según las sensibilidades). Esa misma España que hemos visto en las fotos. Qué cosas. Amigo, esto es Guadalajara, Palacio de Ibarra, marzo de 1937, y mira cómo lo dejaron.

Y esto es todo por hoy. Mañana, más.
Hace unas semanas publiqué un reportaje de un legionario italiano que durante la Guerra Civil española hizo miles de fotos. La historia es increíble. Me van a permitir el abuso de volver a este asunto, por si alguien se lo perdió o no tiene acceso al diario en papel, debido a que tiene un aspecto muy interesante: el Archivo Provincial de Bolzano, propietario de las fotografías, tiene problemas para identificar algunos de los lugares de las imágenes y me pidieron si podía transmitir su interés en cualquier colaboración útil. Así que a continuación muestro algunas imágenes, bastantes más de las que cabían en la edición en papel. La ayuda no es tanto para estas fotos, sino para muchas de las 4.000 que poseen. El protagonista de esta historia, Guglielmo Sandri, se hizo cámara en ristre los tres años de la campaña italiana, desde Cádiz a la batalla de Guadalajara, y luego el frente del Ebro, la campaña del norte en el País Vasco y Cantabria, y la entrada en Barcelona.
Las personas interesadas pueden escribir a: Andrea.Di-Michele@provincia.bz.it
Todas las fotos proceden del Archivio Provinciale di Bolzano, Fondo Guglielmo Sandri, organismo que se ha embarcado en la aventura de rescatar este precioso material.
Las fotos son fascinantes. ¿Alguien reconoce su pueblo o a un familiar o incluso a sí mismo?
Campaña del norte. Dos columnas en marcha. 1937.
Marcha de una unidad de ametralladoras. 1937.
Soldados italianos con españoles, probablemente Logroño o Zaragoza. 1937.
Evacuación de de civiles en un pueblo durante la campaña de Aragón.
Cruce de caminos en la campaña del Ebro a Barcelona, abril 1938.
Mujeres lavando la ropa.
Columna motorizada en la marcha hacia Barcelona.
Una columna de soldados se cruza con civiles en Arnes, Cataluña.
Un niño haciendo el saludo romano.
Pues sí, de aquí venimos. No está mal hacer memoria de vez en cuando.
Esto es todo por hoy, mañana pondremos más, que hay muchas.
Lamento tener que seguir dando la brasa con este tema, pero así se hacen una idea de la sensación de vivir en Italia, cuarenta años con lo mismo. Es sobre el tema de los incidentes de Piazza Navona. En los comentarios del primer capítulo de la serie (Como en los viejos tiempos), un amable lector ha tenido la gentileza de explicar otra versión de los hechos, con el apoyo de vídeos, que son estos:
http://www.youtube.com/watch?v=QKwpqxI3d-8 (Reportaje en un canal de TV sobre la llamativa manifestación unitaria)
http://www.youtube.com/watch?v=YO8uetNnQnE (Vídeo del enfrentamiento desde el propio lugar)
http://www.youtube.com/watch?v=hFtUMqREeNY (Video de la agresión desde un balcón de la plaza)
http://www.youtube.com/watch?v=-_tFb9YozXo (Vídeo del Blocco con imágenes de los tres días y los incidentes)
Los vídeos están muy bien, gracias, pero lo que me quedaba por oír es una manifestación apolítica organizada por un colectivo neofascista.
Blocco Studentesco, según explican en su web negra, es un movimiento de «ocupación no conforme del fascismo del tercer milenio», sea lo que sea eso. Su programa propone, entre otras cosas, la abolición inmediata de las escuelas privadas y, muy curioso, el incremento de las horas de clase de educación física en un 150%. En concreto, «disciplinas deportivas elegidas por los estudiantes, cualesquiera que sean, de los deportes de tiro a los de combate». Yo siempre lamenté en mi educación la ausencia de clases de lucha libre, son muy útiles, sobre todo en manifestaciones apolíticas.
El Blocco Studentesco nace de Casa Pound, centro ocupado fascista de Roma. Su líder es otro alumno adolescente prometedor, como los ceporros del bando comunista: Gianluca Ianonne, de 35 años, que tiene un tatuaje en el cuello de ‘Me ne frego’ (algo así como ‘me importa un bledo’), uno de los lemas clásicos fascistas. Ex-sargento y cantante de un grupo de rock neofascista, muy popular entre los apolíticos, fue candidato en las últimas elecciones con La Destra, partido de extrema derecha de Francesco Storace. Storace es otro personaje inenarrable de la política italiana que tuvo que dimitir por espiar a sus rivales políticos cuando era presidente de la región Lazio. No está mal para un apolítico.
De todos modo, bien mirado, yo casi estoy por arriesgarme y apostar que el Blocco Studentesco un poco político sí es. Esta es su declaración de principios: «Somos un movimento revolucionario, de ruptura con la escuela de hoy, la escuela-empresa donde las ideas se prohíben, donde los estudiantes no cuentan nada, donde mandan los profesores nostálgicos del 68 y directores-manager. ¡Juventud al poder! Una consigna, una voluntad, un objetivo. Devolver la tensión ideal a las escuelas, las ganas de luchas, de cambiar el mundo».
Si esto es así creo que la dirección del movimiento debería sancionar severamente a los involucrados en Piazza Navona por abandonar sus ideales y dedicarse a liderar insulsas manifestaciones apolíticas.
Del mismo modo, si ya es intolerable que alguien sea antifascista, porque de eso es de lo que realmente se trata, más aún que lo pague con quien no es fascista.
Por cierto, en la reconstrucción de vídeos de nuestro amable lector falta uno ya famoso del programa ‘Chi l’ha visto?’, el ‘¿Quién sabe dónde?’ italiano. Es de RAI 3, la cadena roja por supuesto. No me pregunten por qué se meten en estos berenjenales. Mostraron a los apolíticos del Blocco Studentesco zurrándose con cinturones con los otros energúmenos, pero ya antes de la bronca final en Piazza Navona. Hay, por supuesto, otro vídeo de respuesta que lo explica todo, pero como sucedió realmente de verdad de la buena. En fin, no voy a poner más vídeos, porque esto no termina nunca y ya es voyeurismo adolescente de youtube, que a esta gente les priva. Como decíamos, será otro misterio italiano que durará años.
La respuesta del Blocco Studentesco a la emisión del programa fue enviar otros cuarenta pacíficos apolíticos que se presentaron en los estudios de la RAI, saltaron las barreras de vigilancia y entraron hasta la cocina. No daban ningún miedo, no se crean, nada que ver con los entrañables escuadrones fascistas, era como una visita escolar, aunque llevaban cascos y alguna chupa militar. Según ellos fue una «carrera futurista», un «paseo demostrativo», «para preguntar si se asumen la responsabilidad moral de lo que puede suceder en breve si no se cambia de dirección». Ayer amaneció con pintadas amenazantes nazis el coche de un periodista de RAI 3. Están avisados. No sé si yo también tengo que darme por aludido.
Bueno, como no todo va a ser política terminamos con un poco de música. Es de Zetazeroalfa, el grupo musical de Gianluca Ianonne (es el cantante), el líder apolítico de Casa Pound del que hemos hablado antes. Es el vídeo de uno de sus éxitos: se llama ‘Cinghiamattanza’ (algo así como cinturón-matanza) y creó una divertidísima moda ritual de liarse a zurriagazos en los conciertos. Pero entre ellos, no vayan a pensar, no como en Piazza Navona. Es una violencia lúdica, viril, simpática, de puertas adentro, que no tiene más importancia y ahí se queda, naturalmente. La bandera del fondo también es muy simpática, y sobre todo familiar.
Ah, y perdonen que insista, pero sigo esperando explicaciones sobre la presencia de Pinocho.
Los postfascistas de Alianza Nacional (AN), uno de los dos partidos de la coalición PDL de Silvio Berlusconi, están muy exaltados con la conmemoración del 4 de noviembre. ¿Qué? ¿El 4 de qué? Sí, es lo mismo que se preguntan tres de cada cuatro italianos, que no saben lo qué es, según una encuesta que publica hoy el ‘Corriere della Sera’. Pero hay que saber un poco de historia, por lo menos para sacar quesitos amarillos en el Trivial: el 4 de noviembre fue el día del final de la Primera Guerra Mundial en Italia.
Está bien celebrar el final de las guerras, pero es que el Gobierno le ha dado por celebrar ahora, por primera vez, la victoria en esa guerra. El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN) se ha puesto muy pesado y ha introducido esta novedad conmemorativa, aprovechando que hoy ya se festeja el día de las fuerzas armadas. Le vemos a la izquierda en una imagen de esta mañana, haciendo risitas con Berlusconi. Al lado, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, está más atento a los solemnes actos.
Bueno, se dirá, pues que lo celebren. Total, han pasado 90 años. Lo que pasa es que últimamente, cada vez que la derecha italiana sale con aniversarios raros, se acaban leyendo libros de historia. Están muy nostálgicos. Bueno, pues esto es lo que he encontrado leyendo a Renzo de Felice, máximo historiador del fascismo italiano:
«El fascismo como movimiento fue en gran parte la expresión de clases medias emergentes, que habiéndose convertido en un hecho social, intentaron conquistar poder político. (...) Fue la Primera Guerra Mundial la que movilizó toda una parte de la sociedad italiana, que hasta entonces había quedado apartada. Y esta parte, movilizada para la guerra pero excluida del poder efectivo, después de la participación tiende, a través del fascismo, a reivindicar y adquirir su función (...) La guerra fue el hecho decisivo que puso en marcha el proceso. Sin la guerra no habría habido fascismo»
Estos chicos de la derecha están en todo. Aunque quizá no hilan tan fino. En realidad, lo que se pretende que esta fecha se añada a las dos establecidas hasta ahora como fiesta nacional en Italia: el 25 de abril, liberación de Italia de la Alemania nazi y derrota del fascismo, y el 2 de junio, referéndum entre monarquía y república, que ganó esta última. En resumen, para la derecha significa más o menos que por fin ellos tienen también algo que celebrar. Por ejemplo, el primer ministro, Silvio Berlusconi, jamás ha asistido oficialmente a las ceremonias del 25 de abril, pero ayer estaba en los actos conmemorativos.
La Primera Guerra Mundial, de todos modos, fue una gigantesca carnicería e Italia, aunque ganó, salió muy mal parada. Por eso se han alzado voces que critican la conmemoración, aunque como todo en Italia, son rabietas políticas. La terrible derrota de Caporetto, por ejemplo, es una trauma nacional. Stanley Kubrick contó magistralmente esta guerra en ‘Senderos de gloria’ (1957). Más modestamente, en Italia lo hizo Francesco Rosi, otro gran director un tanto olvidado, en ‘Uomini contro’ (1970, 'Hombres contra la guerra'), que no está nada mal.
Sinopsis: Un grupo de soldados italianos son enviados a la primera línea con una nueva invención, las corazas Fasina:"Permiten en pleno día acciones de una audacia extrema. El enemigo puede disparar con fusiles, ametralladoras, cañones. ¡Con la corazas Fasina, se pasa de todos modos!". Luego el general añade: "Los soldados romanos vencían gracias a las corazas". Tras masacrarlos, los propios soldados austriacos piden a los italianos que se detengan: "Basta, italianos, no se puede matar así, volved atrás". El teniente (Gian Maria Volontè), harto de combatir, grita: "¡Basta, basta con esta guerra de muertos de hambre, contra muertos de hambre!". Cuando ve al general ordenar el avance dice: "¡Ése es el verdadero enemigo, a nuestras espaldas, soldados alzáos, disparemos allí!".
Por esta película, Rosi fue juzgado por vilipendio al Ejército, aunque fue absuelto.
Mario Monicelli rodó también una película sobre esta guerra, ‘La Grande Guerra’ (1959), una obra maestra. «Caporetto no fue una derrota, fue una rebelión que serpenteaba desde hace tiempo y que explotó, los soldados se negaron a combatir, no soportaban más ser enviados al matadero», ha dicho estos días. Monicelli está a favor de que se recuerde la Gran Guerra, pero por honrar «no a los superiores ni al poder, sino a los soldados, hombres malnutridos,mal preparados, y mal dirigidos que resistieron con dureza». Es lo que cuenta en su película, con Alberto Sordi y Vittorio Gasmann en estado de gracia.
"¡Os hago yo ver como se hacen agujeros a una sartén!", dice Sordi para poder asar castañas.
El Ministerio de Defensa de entonces, dirigido por Giuilio Andreotti (sí, el mismo, ya en el 59), no le quiso prestar ayuda con material militar. De Monicelli, Gassman y Sordi se esperaba una comedieta irreverente. Pero salió un peliculón. Es un ejemplo sublime de algo que aparece en casi todas las películas bélicas italianas: retratan al soldado italiano como alguien descreído, que va obligado al combate, que desconfía de grandes valores como la patria o la nación y que, si puede, evita la violencia e intenta sobrevivir por su cuenta. Pero que saca toda su humanidad y heroísmo cuando menos se espera. Yo, en particular, si hay una guerra me iría con los italianos.
En la Primera Guerra Mundial Italia estaba al principio con la Triple Alianza, los que perdieron, pero se declaró neutral y luego, con pactos secretos, pasó al otro lado. En la Segunda Guerra Mundial se alineó con Hitler, pero tarde, sólo cuando la guerra parecía ya ganada. Sin embargo al final terminó en el otro bando, el vencedor.
Para terminar, volvemos a Renzo De Felice (aquí al lado, con su Toscano en la boca). Decía otra cosa sobre el auge del fascismo que da que pensar estos días, por lo que se oye sobre la famosa crisis económica:
«En Europa hay entre las dos guerras una cierta crisis general, que asume consistencia después de la crisis de 1929. Una crisis moral y política que afecta a vastos sectores de la burguesía, especialmente de la pequeña burguesía, y a ciertos ambientes intelectuales. Es una crisis de desconfianza en la democracia y en el capitalismo, y principalmente en su eficiencia y funcionalidad, una crisis que después se amplía a toda una serie de aspectos de las sociedad de aquel tiempo. En esta situación se produce un despertar, un surgir ‘ex novo’ de interés por una serie de experiencias que se plantean como alternativas a la democracia y como un intento de poner fin a las principales disfunciones del capitalismo».
(Como la cita anterior, es una reflexión de su clásico 'Entrevista sobre el fascismo' (1975), que imagino, o quiero imaginar, que estará editado en España)
Nunca se sabe dónde llevan estos arreones de la historia. Y ¿no hay cierto aire general de que esto del capitalismo es una farsa y la democracia un programa televisivo malo?
A propósito, para comprender la crisis y cualquier otra cosa, recomiendo fervientemente el blog de Anatoli, un inmigrante de remoto origen eslavo, célibe y obsesionado con los membrillos. Vayan, vayan a ver.
"No sé por qué, pero nunca he ido al lugar donde asesinaron a Pasolini" ('Caro diario', 1993, Nanni Moretti):
Ayer se cumplieron 33 años de la muerte de Pier Paolo Pasolini. Al menos han adecentado el lugar y hubo un pequeño acto. Por allí andaba también uno de sus asesinos, Pino Pelosi, el único que pillaron. Tras 26 años de cárcel, en su trabajo social de resinserción le ha tocado ser jardinero del recinto. Ha dicho, para variar y como otras veces, que un día de estos dirá la verdad, que había más personas, que lo va a contar todo. Otro misterio italiano que no acaba nunca.
En estas mismas dunas de Ostia poco tiempo antes Pasolini concedió una entrevista en la que exponía sus funestas predicciones sobre el camino que había tomado Italia. Son las mismas ideas que se ven en sus escritos de sus últimos años y que hoy dan escalofríos al leerlas, por su denuncia del poder de la televisión. Qué diría hoy de Berlusconi.
Sinopsis: "...ahora sucede lo contrario. El régimen es democrático, pero esa aculturación, esa homologación que el fascismo no consiguió obtener en absoluto, el poder de hoy, de la sociedad de consumo, lo consiogue perfectamente, destruyendo las realidades particulares, quitando realidad a los diversos modos de ser hombres que Italia ha producido en modo históricamente muy diferenciado. Y esta aculturación esta destruyendo Italia. Y puedo decir sin duda que el verdadero fascismo es este poder de la sociedad de consumo que está destruyendo Italia. Esto ha ocurrido tan rápidamente que no nos hemos dado cuenta, ha ocurrido todo en estos últimos cinco, seis, siete, diez años,... Ha sido una especie de pesadilla en la que hemos visto Italia destruirse, desaparecer, y ahora que nos despertamos, quizá, de esta pesadilla y mirando alredoder nos damos cuenta de que ya no hay nada que hacer".
Bueno, terminamos con una película. Aunque Pasolini hacía de todo: poesía, teatro, ensayo, artículos de prensa, jugaba al fútbol,... El cine de Pasolini es a veces difícil, con serias incursiones en el tostón. Claro, era un intelectual. Pero tiene muchísima potencia, libertad, desgarro, poesía, amargura, según... Hay que buscar.
Una de las cosas más bonitas que hizo, y menos conocidas, fue un capitulito escondido en una de esas películas corales, de muchos directores, que se hacían en aquellos años. El filme se llama 'Capriccio all'italiana' (1967), y su capítulo '¿Qué son las nubes?'. Cuenta la historia de un espectáculo de marionetas donde se recita 'Otello', aunque las marionetas no entran en sus papeles. Otello (Ninetto Davoli) no comprende su papel y dialoga con el malvado Yago (Totó):
Sinopsis:
-Yo soy un asesino, soy un asesino, ¿quién se lo iba a creer? ¡Soy un asesino! ¡Mierda! ¿Pero por qué? ¿Pero por qué hago las cosas que me dice Yago, por qué soy tan estúpido?
-Quizás porque en realidad eres tú quien quiere asesinar a Desdémona.
-¿Cómo? ¿Yo quiero asesinar a Desdémona? ¿Por qué?
-Quizá porque a Desdémona le gusta ser asesinada.
-¿Ah sí? ¿Es así?
-Quizás es así.
-¿Pero cuál es la verdad? ¿Lo que pienso yo de mí? ¿O lo que piensa la gente? ¿O lo que piensa ese de ahí adentro?
-¿Tú que sientes dentro de ti? Concéntrate bien. ¿Qué sientes?
-Sí, sí, siento que hay algo.
-Eso es la verdad. Pero, sssh, no hay que nombrarla, porque apenas la nombras, ya no está.
Al final del cuento, las marionetas acaban en un basurero, donde ven las nubes por primera vez.
Fue la última aparición en una película del gran Totó. Con Pasolini comenzó la reivindicación artística de Totó, hasta entonces despreciado por la crítica como un actor de segunda fila de cine popular.
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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stos determinados cuerpos, los cuales viven en este determinado país: no de un espíritu vagante entre las sombras inciertas de una tradición múltiple o de un universalismo ficticio y engañoso. Si no, acabaremos por hacerles el juego a los mestizos y los judíos, los judíos que, como en demasiados casos han podido cambiar de nombre y confundirse con nosotros, así podrán, todavía más fácilmente y sin ni siquiera necesidad de prácticas dispensiosas y costosas, fingir una mutación de espíritu y decir que son más italianos que nosotros, y fingir serlo, y conseguir pasar por tales. No hay más que un atestado que pueda dar el alto al mestizaje y el judaísmo: el atestado de sangre».

