Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Hoy hace cien años nació Ennio Flaiano, periodista, escritor y guionista, fallecido en 1972. Les dejo con algunas de sus reflexiones, siempre actuales:
-El italiano es un intento de la naturaleza de desmitificarse a sí misma. Coged el Polo Norte: es bastante serio, tomado en sí mismo. Un italiano en el Polo Norte añade de inmediato algo de cómico, que antes no habíamos percibido.
-Los italianos corren siempre en ayuda del vencedor.
-Los italianos están irremediablemente hechos para la dictadura.
-En Italia los fascistas se dividen en dos categorías: los fascistas y los antifascistas.
-Para los italianos el infierno es ese lugar donde se está con mujeres desnudas y con los diablos se puede uno poner de acuerdo.
-Las dictaduras tienen esto de bueno, que saben hacerse amar.
-En Italia la línea más breve entre dos puntos es el arabesco. Vivimos en una red de arabescos.
-En este país que amo no existe simplemente la verdad. Otros países tienen una verdad. Nosotros tenemos infinitas versiones.
-Detrás de cada italiano medio se esconde un cretino.
-Yo no soy comunista porque no me lo puedo permitir.
-Si los pueblos se conocieran mejor se odiarían más.
-Tengo pocas ideas, pero confusas.
-Dentro de 30 años Italia no será como la habrán hecho los gobiernos, sino como la habrá hecho la televisión.
-La pena y la sospecha que suscitan las personas normales en un mundo donde interesa sólo lo Excepcional, en todas su variedades. Así el hombre probo es visto como el canalla de mañana, o un canalla que se esconde, mientras en el canalla de hoy se descubre un motivo de emoción.
-La situación política en Italia es grave, pero no seria.
-Los días inolvidables de la vida de un hombre son cinco o seis, los demás hacen volumen.
-Hoy he dejado mi familia porque estaba cansado de sentirme solo.
-Cuando el hombre ya no tiene frío, hambre o miedo está descontento.
-La homosexualidad para los pobres no es un vicio, sino un medio para acceder a las clases superiores.
-A los veinte años se intenta la poesía, a los cincuenta se piensa que había que haber insistido.
-En amor, los escritos vuelan y las palabras permanecen.
-Sólo hay una estación, el verano. Todas las demás giran alrededor.
-El soñador es un hombre con los pies fuertemente apoyados en las nubes.
-Ánimo, lo mejor ha pasado.
Final de 'La dolce vita' (1960), guión de Ennio Flaiano, con Federico Fellini y Tullio Pinelli.
Aquí no gana uno para sustos, que ayer hubo otro terremoto y en mi casa se movían los muebles. Pero casi acongoja más lo de nuestro hombre. Siento volver a él, porque además de la televisión italiana me está monopolizando el blog, pero se impone en la actualidad por méritos propios. Ya habrán visto que la peli que poníamos el otro día, ‘In nome del popolo italiano’, resultó profética: el tal Giampaolo Tarantini, el empresario de Bari acusado de suministrar las chicas a Berlusconi, es sospechoso de dedicarse a lo mismo que el personaje de Gassman. Si es que aquí no hay nada nuevo. Les supongo enterados del argumento básico del nuevo culebrón, así que me centraré en los detalles, que son encantadores y no suelen entrar en las noticias porque no hay sitio para todas las tonterías. Paradójicamente, sirven para comprender de un vistazo el conjunto. Su abundancia se debe, no tanto a la prensa, como a la descacharrante Justicia italiana, que filtra en tiempo real sus pesquisas e interrogatorios. Es comprensible, porque es posible que luego la investigación de Bari se quede en nada y hay que aprovechar antes.
Detallitos son, por ejemplo, los que tiene Berlusconi con sus chicas. Dicen que hay por ahí una flotilla de minis rojos, el coche que regala al escalafón medio de la corte de mamachichos. Ahora cada vez que te cruzas con uno en la calle es inevitable mirar dentro. Pero lo mejor son las dádivas asignadas en la categoría de principiantes, esos collares que diseña él mismo, o eso dice, aunque resulta totalmente verosímil dado su aspecto. Son de dos tipos: tortuguitas o maripositas. Algo significativo, porque revela su talento para el camelo, es que a cada chica le jura que es un regalo especial, pero los encarga en serie y por toneladas desde hace años. Igual que los retratos firmados. En una conversación telefónica dos de estas chicas se indignaban porque habían visto uno igual que el suyo en casa de Noemi Letizia, y eso que les dijo que era personal. Increíble, les había mentido. A lo mejor no se lo esperaban de un primer ministro. De todos modos el collar de Noemi era de seis mil euros y parece de una categoría distinta, quizá la Sub-21, pero es que era la hija de unos viejos amigos.
La primera chica que aparece en escena y lo cuenta todo es la tal Barbara D’Addario, 42 años. Ahí la tienen en un calendario 2004 (sí, sí, es la misma chica de la publicidad electoral de arriba, aunque quizá habría tenido más votos así). Es un poco cabeza loca, apasionada de magia y sostiene haber sido ayudante de David Copperfield, a quien habría conocido en una convención suiza. A mí lo que me interesa de estos personajes es que, a medida que salen detalles de sus biografías, se descubren vidas novelescas y azarosas, no como la de uno. D’Addario es ‘escort’ (no el Ford, sino prostituta de lujo, que es un palabro que ahora descubro) y tan pronto aparece en galas regionales cutres como está con un jeque en Dubai o en un casino de Montenegro. Realmente es gente que ha hecho de todo para sobrevivir. En el culebrón aflora humanidad a raudales.
Recordemos cómo eran los burdeles que recuerda Fellini en ‘Roma’ (1972), cerrados en 1958 con la famosa ley Merlin.
Pero el móvil último de Patrizia D’Addario es esa obsesión suya por que le den el permiso para construir un hotelito en un terreno familiar de Bari. Hasta dice que su padre se suicidó por eso. ¿Qué hacer? Lo normal, pastelear con políticos. Lo primero que hizo es lo que se le ocurriría a cualquiera, presentarse con Mastella (tenemos pendiente hablar de él). Pero nada. Parece que daba la tabarra con su proyecto inmobiliario a quien se le ponía a tiro y, al final, su ocasión de oro fue Berlusconi. Asegura que le prometió «desbloquear el procedimiento» enviando dos personas de confianza a Bari y por eso se habría ido con él a la cama -«a la cama grande», ha aclarado-. También por eso, porque no hizo nada, ha decidido vengarse. De todos modos tuvieron el detallito de colocarla en la lista municipal ‘Puglia prima di tutto’ (Puglia antes que nada). Los responsables del PDL dicen que es mentira, pero es peor el remedio que la enfermedad: aseguran que pasó un día por la oficina, dejó el currículum y ya está, la metieron en las listas. Explican que no tenían a nadie para la cuota femenina. Ya ven cómo se hacen algunas listas electorales.
La segunda chica es una tal Barbara Montereale, 23 años. Lo mejor de todo es que cuenta vida y milagros de las fiestas de Berlusconi, pero pensando que le hace un favor, porque es berlusconiana a muerte, según subraya en todas las entrevistas. Del mismo modo ha relatado que al aparecer en la prensa su novio la infló a mamporros y casi le rompe la mandíbula, porque pensó que era puta. Pero en vez de denunciarlo lo contó con toda naturalidad, explicando que es celoso. Claro, tiene un tatuaje en el brazo que dice ‘Equivocarse es sufrir’. Barbara se define ‘ragazza imagine’, otro oficio fascinante, aunque en esta foto de granjera que ponemos debía de estar en horas bajas. Ha sido ‘billionerina’ -azafata de la discoteca ‘Billionaire’ de Briatore en Cerdeña- y, como Noemi, aspiró a ‘meteorina’ -las chicas del tiempo de Fede que ya describimos en el culebrón Noemi-. Fede lo negó, pero anteayer se acordó de ella -hay fotos de ellos juntos- y le ha dicho que le llame cuando quiera, que le guarda el puesto. Resumiendo, que Barbara al final metió el pie en las fiestas de Berlusconi y sacó 10.000 euros haciendo pucheritos:
«Fue muy dulce, como un padre. Le conté que había perdido a mis padres y mi hija no estaba bien. Que no conseguía salir adelante sola. Me dio un beso en la frente y antes de irme me dio un sobre. Fue un gesto bellísimo. Y lo juro sobre mi hija, no tuve con él ninguna relación sexual. Puedo sólo decir que Tarantini nos decía que para quien fuera con el presidente había sobre con una cifra a elegir».
Barbara también acabó en la lista ‘Puglia prima di tutto’.
Vamos con el tercer personaje. Desde hace unos días serpenteaba entre los párrafos de las noticias, medio oculto, un transexual llamado Manila. Como pueden ver, aquí a la derecha de sus pantallas, también tiene su calendario. Se le citaba en los papeles de la Fiscalía de Bari como alguien metido en eso de mover chicas. Era cuestión de tiempo que saliera a la palestra y ayer, por fin, también apareció con su entrevista. Les advierto que cada vez bajamos más en las catacumbas del imperio. Manila, de 27 años declarados, se define ‘talent scout’ (buscador de talentos) y se considera una creadora de tendencias de Teleregione, cadena de Puglia, donde hace ‘realities’, copias de los de las grandes cadenas. Si los originales ya son malos imaginen la imitación de provincias. Pero su análisis es agudo, aunque le fastidia que a ella nunca le hayaninvitado a las fiestas de Berlusconi. Lean, lean:
«Los chicos y las chicas que frecuentan mis programas vienen a mí con una esperanza. Al menos unas cincuenta chicas que han pasado por aquí después han llegado a ‘Uomini e donne’, ‘Amici’, al ‘casting’ del ‘Grande Fratello’ o de ‘L’Isola dei famosi’. (...) Evidentemente, alguien se ha dado cuenta de que en torno a Manila (habla en tercera persona, como el Papa o los futbolistas) hay un vivero fértil de personas que quieren triunfar. Y ha pensado que los podía proponer a personas importantes».
Dice que también le propusieron entrar en la lista ‘Puglia prima di tutto’. Rechazó la invitación, porque le parecía una caricatura. Al fin alguien con sentido de Estado.
Un último personaje que ha aparecido de refilón es Licia Ronzulli, que según el testimonio de Barbara Montereale recibía a las chicas y organizaba «la logística» de Villa Certosa. Pues resulta que es toda una eurodiputada del PDL, una de esas que causó cierto revuelo por ser incluida en las últimas listas sin saber por qué. Se dijo que era por su impecable perfil de voluntaria en Bangladesh, pero ya ven que ha acabado reciclada en regulador vial de los convoyes de mamachichos. Ha replicado diciendo que cuando es invitada a Cerdeña -«con mi marido», detalla- colabora en la acogida de los invitados.
Fellini, de todos modos, ya especificaba luego en ‘Roma’ que, como en todo, había clases, y que existían otros lupanares de más nivel, donde de repente podía aparecer una personalidad importante y todos a contener la respiración:
Las veladas descritas por estas chicas lenguaraces son increíbles porque parecen estar destinadas a hacer creer a Berlusconi que van todas allí en peregrinación porque es el más guapo, el más simpático, el más gracioso y el más sexy. Y él aún se siente en la obligación de seducirlas con sus encantos. Champán, pizza, helado. En Villa Certosa, coreografías de rubias con morenas. Chicas de países del Este vestidas de Papa Noel. Paseo en cochecito de golf por los jardines de cactus y el volcán con efectos pirotécnicos. Y, por supuesto, canciones napolitanas con Apicella, el ex-aparcacoches reciclado en guitarrista personal del ‘Cavaliere’. Aquí les vemos en un recital en el mítico anfiteatro de la misma Villa Certosa:
En estas imágenes se ve que Berlusconi lo vive, se ve esa espontaneidad que lo hace tan simpático, ese deshacerse por sus invitados y que hace creer realmente que puede pecar de ingenuo. Mira que no saber distinguir una prostituta cuando se la meten en casa, porque eso es lo que ha dicho. Menudo chasco se habrá llevado. Él pensando que había triunfado con la D’Addario como un campeón a la segunda noche de verla y con sólo charlar un rato. Qué ingrato es el poder.
En las imágenes, en fin, se comprende que Berlusconi lleva en la sangre su origen como cantante de cruceros. Es el estilo que impregna su modo de ser, la política cabaretera. Entonces hasta tenía tupé, como demuestra esta foto de época de la izquierda. Y es precisamente en aquellos cruceros primordiales donde se halla una clave esencial, un nodo neurálgico del devenir futuro, porque, y me parece que esto aún no lo he contado, en la misma nave donde actuaba Berlusconi -con Fedele Confalonieri, actual presidente de las televisiones del magnate, al piano- en otro piso estaba en escena ¡¡¡¡¡nuestro héroe Fantozzi!!!!! Como lo oyen, en el mismo barco el destino unió el yin y el yan, el triunfador y el perdedor, el megadirector galáctico natural y el más bajo subordinado inferior. En efecto, el genial Paolo Villaggio, genovés, también empezó con espectáculos en los barcos de placer. Y en otra sala a veces actuaba Fabrizio de André. Villaggio dice que Berlusconi, como cantante, era buenísimo. Pero ya sabemos cómo acabó Fantozzi, haciendo horas extras de noche para cubrir al jefe máximo, el Duca Conte Semenzara, cuando se iba de putas y llamaba su mujer:
Es el inicio de ‘Il secondo tragico Fantozzi’ (1976, Luciano Salce).
Volviendo a lo nuestro, y como descargo, yo creo que Berlusconi ha sido víctima de un trágico equívoco. Como ha dicho su abogado, Niccolò Ghedini, si alguien ha pagado a las chicas a espaldas de su cliente él sólo sería, en todo caso, «el utilizador final», un concepto absoluto, como el Gran Timonel. Y en cualquier caso, su cliente «no necesita que nadie le lleve mujeres, puede tener grandes cantidades gratis». Le faltó decir ‘cargamentos’ o algo así. En fin, que yo creo que si alguien pagó a las muchachas no fue para que mantuviera relaciones sexuales con el primer ministro, sino para la parte más dura de estas ceremonias de autoexaltación del líder, después de sus chistes: tragarse una hora de vídeos de Berlusconi. Dos mil euros, la cifra que se maneja como tarifa estándar, me parece poco. Según han contado las chicas, les ponía imágenes de sus visitas a la Casa Blanca y al final, todas a cantar, en coro, con los brazos en alto y cogidas de la mano, el himno oficioso ‘Meno male che Silvio c’e’ (‘Menos mal que tenemos a Silvio’). No se descarta que hubiera también mecheros encendidos. Desde luego este señor está muy mal, tiene razón su mujer. ¿Recuerdan aquellas frases majaras que se escribía solo en un folio («Soy el presidente número uno,...»)?
Estas son historias deprimentes de chicas con vida difícil. El ambiente de las fiestas es declaradamente decadente. Y lo más llamativo y que no deja de asombrarme, aunque no deja de ser un consuelo para los que no somos millonarios, es que no hay una que esté realmente buena. Son todas del montón, de Noemi para arriba. Por eso estarán doblemente cabreados los políticos de toda la vida que han sido dejados fuera de las listas con el argumento decisivo de que no tienen tetas, como le dijo el coordinador nacional del PDL, Denis Verdini a Marcello Vernola, según el relato de éste. Es un europarlamentario apartado de las candidaturas y que se ha pasado a la UDC. Hay mucho resentimiento interno. Además mientras tanto Berlusconi, defensor de la familia y que en esos días aprobaba una ley para endurecer la lucha a la prostitución, ordenaba cubrir el seno de la reproducción del Tièpolo de la sala de prensa del palacio presidencial. Ahí vemos el detallito, antes y después, con la ministra Carfagna, la fulgurante chica de los calendarios, impulsora de la ley. La ley, por cierto, que está aún en trámite, es la primera desde la Merlin de 1958 que citábamos antes y acabó con aquel mundo felliniano.

No se entiende nada, la verdad, de si están a favor o en contra de los pechos. En este sentido, ha sido útil e interesante una entrevista de ‘La Stampa’ a Stefania Ariosto, la mujer que frecuentaba asiduamente el círculo berlusconiano en los ochenta, sus fiestas de lujo y vacac
iones en velero, y que un día, nunca se ha averiguado por qué, empezó a contar lo que sabía sobre cuentas suizas y demás. De su testimonio salieron los procesos SME, IMI-SIR y Lodo Mondadori contra Berlusconi y compañía. Fueron célebres sus descripciones de la casa de Cesare Previti, abogado y hombre de confianza de Berlusconi, con una bañera llena de langostas y una escultura en forma de falo. La Ariosto conoce muy bien el percal. Vean estos fragmentos de la entrevista:
-¿Se imaginaba que se llegaría a esto?
-Algunos comportamientos de Berlusconi simplemente se han acentuado. Yo entonces fui marcada como peligrosa porque osé rebelarme, contar lo que sabía. Y sobre todo no adhería a su comportamiento, a una cierta arrogancia que se sanaba sólo con el dinero. También yo recibí dinero, pero intenté siempre corresponder a Verónica. (...)
-¿También usted recibió pulseras y collares?
-Sí. Eran los regalos típicos de Berlusconi, un comportamiento en realidad de desprecio por las mujeres. Él tiende a comprar todo.
-¿No son gestos de galantería?
-No, son formas visibles de poder. Berlusconi adora la visibilidad, si no no se explica cómo ha podido ocurrir esto. ¿Cómo entra una prostituta en su casa y graba todo? Tenía la posibilidad de hacer sus cosas en privado, pero él no goza si no hay una representación externa de lo que hace. Y así se arriesga a un chantaje.
-¿Cuando lo frecuentaba era distinto?
-No era así. Esta acentuación del exhibicionismo sexual creo que se debe a la senilidad y a la intervención quirúrgica, que le ha afectado mucho.
-¿Quién es Berlusconi en privado?
-Es un hombre generosísimo, esto está fuera de discusión, pero sus regalos tienen más que ver con un sutil ejercicio del poder. Berlusconi no ama las mujeres, es un embustero.
-¿Se esperaba la D’Addario y sus amigas a Palazzo Grazioli y Villa Certosa?
-El uso de ‘escort’ o ‘ragazze imagine’ es un modo de hacer muy milanés. A menudo para hacer negocios se llevan estas chicas, que son bien adoctrinadas. En esta historia a Berlusconi le absuelvo, su culpa es haberse fiado de ese tipo, Tarantini. (...) En el fondo es una historia triste y él ya me da un poco de pena.
En resumen, todo esto es una apestosa combinación de cotilleo y política, de público y privado. Tras callar una semana, no responder preguntas y negar todo, por fin Berlusconi habla hoy por primera vez del tema. ¿Dónde? ¿En una rueda de prensa? ¿En el Parlamento? ¿En la RAI? ¿En el ‘New York Times’? No, en ‘Chi’, una revista del corazón casposilla que es de su propiedad. Todos a leerla a a peluquería.
Roma cumple hoy, según la tradición, 2762 años. Así que cualquier cosa que podamos decir le resbala, y hace bien. El 21 de abril del año 753 a.C. fue fundada por Rómulo (el hermano de Rémolo, según el célebre gazapo de Berlusconi). Y ahí sigue, hasta hoy, tan hermosa, hipnótica y colosal como siempre.
Esta escena es de 'Roma' (1972), de Fellini, declaración de amor a la ciudad. Los motores rugen en la noche de los tiempos.
Pasear de noche por Roma es una de las grandes experiencias de la vida. Dar vueltas por Roma en moto, en primavera, es otra gran experiencia de la vida. Roma es una gran experiencia de la vida.
Auguri!
Ya se habrán enterado de que Silvio Berlusconi ha dicho que le da asco ser primer ministro. Hombre, a muchos también les da asco que lo sea. Nuestro hombre es así. Tiene días de gag y días tristes. Anteayer tocaba día triste, pero el otro día tocaba gag. El objetivo es que nadie se aburra, la política como entretenimiento, y vaya que si lo consigue. Vean el gag del otro día en un acto en el teatro Capranica:
Traducción: Berlusconi cuenta que fue a un centro médico recién inaugurado, gracias a una donación suya, en la que han colocado una placa de 'Mamma Rosa', la madre del magnate, fallecida recientemente. Berlusconi saludó a todos los viejecitos. La conversación fue animada. Le preguntaron cómo estaba, qué hacía, si es verdad qué corre por las mañanas, qué come... "Luego veo a una viejecita en silla de ruedas, toda encogida, y pienso: 'Será la más vieja del departamento'. Voy para allá y le pregunto cómo está, ella toda contenta, y le pregunto: '¿Qué edad tiene?' Y ella (imitando a Doña Rogelia): '¡Somos coetáneos!' ¡Madonna! Pasé quince minutos mirándome en el retrovisor del coche a ver si me habían salido nuevas arrugas. Un desastre".
Y este fue el diálogo de anteayer, en el teatro Quirino, con algunos espectadores.
-Hace ocho semanas que no tengo un día de descanso.
-Pero usted se divierte.
-No, a mí no me gusta lo que hago, lo hago sólo por sentido de responsabilidad, me da asco lo que hago. Estoy desesperado, pero estoy acostumbrado a trabajar. Piense que durante 21 días no he dormido nunca dos noches seguidas en la misma cama.
-Ha sido una ‘tournée’.
-No, en ‘tournée’ se interpreta siempre el mismo papel, yo cada día tengo que cambiar.
Lo que decíamos, un día poli bueno y otro poli malo. De todos modos, lo del asco al cargo no es para preocuparse. Esta conversación era privada, con simples contribuyentes, y son esas cosas que dice él partiéndose de risa, en plan amigos. Lo que pasa es que luego los periódicos le sacan el titular con una foto en la que aparece enfurruñado, o con la mandíbula prieta, y parece que lo ha dicho con gravedad en una convención.
No es para preocuparse, decía, porque es uno de esos mantras que se él repite de vez en cuando. Tiene varios. Que esto lo hace desinteresadamente por el país, porque él podría estar tan contento en su casa. Que es el más guapo, el más simpático y el que más liga. Que los de la oposición son unos tristes y los suyos unos cachondos con los que uno se lo pasa bomba. Que es un superhombre que no para, porque duerme cinco horas y trabaja diecinueve. Que si no fuera por su físico bestial eso no lo aguantaría. Etcétera.
Lo de que la política es un asco lo repite desde hace años para seguir cultivando la idea de que él, en realidad, es ajeno a la política, un mundillo que le repele y en el que ha tenido que entrar casi obligado. Usó esta idea cuando saltó al ruedo en 1994, tras la debacle de Manos Limpias, y los italianos veían a todos los politicos como una gentuza corrupta e incompetente. Bueno, casi como hoy, pero ya nadie se inmuta. Berlusconi se presentó como el hombre nuevo, el empresario hecho a sí mismo, un gestor triunfador, aséptico ideológicamente. En realidad era el último subproducto de lo viejo (en la foto, con su amigo y protector Bettino Craxi). Pero quiere hacer ver que está de la parte del pueblo y que en el fondo eso del despacho no va con él. Aunque lleva quince años.
Lo de que está todo el día ocupado tiene varias intenciones. Una, que es su principal argumento para no presentarse en sus juicios y dilatar las audiencias. Dos, hacer ver como que trabaja constantemente por el país y no tiene tiempo para sus asuntos, de los que prácticamente ya no se ocuparía. De todos modos, muchas de sus últimas actuaciones las ha hecho en teatros, un marco idóneo por otra parte, porque le gusta ir a ver espectáculos. No Shakespeare o Pirandello, no crean, sino musicales, vodeviles y variedades. Le va más el rollo cabaretero. Del mismo modo que hace política cabaretera, amenizada con chistes, para aligerarla. Normal, es que el hombre se aburre.
El poder está bien para burlar procesos judiciales, hacerse leyes a la medida, codearse con los grandes del planeta, manejar los hilos del cotarro, enchufar amiguitas en la tele,... pero lo demás es un dolor de cabeza. Sobre todo lidiar con los aliados políticos y adaptarse a las reglas del sistema. Por eso propuso la semana pasada algo revolucionario: ¿para qué perder el tiempo con las sesiones del parlamento y toda esa gente que habla? Lo mejor es que los diputados deleguen en los portavoces de cada grupo, se reúnan y voten ellos solitos. Eso es lo que propuso sin el menor asomo de ironía. Lo dice otro líder europeo y se arma un escándalo. Aquí, la prensa internacional ya ni lo cuenta, es un más. En vez de ese sistema carísimo que acaban de instalar para votar bastarían dos escaños con dos botones: Gobierno y oposición. Como el Gobierno es mayoría, en realidad bastaría un solo botón, el suyo, para tomar decisiones cómoda y rápidamente como con el mando a distancia. Si no, es que la política es un asco.
No obstante, a veces se cansa, no crean que su capacidad de sacrificio es ilimitada. También él es humano. Desaparece de repente, se coge unas vacaciones y asunto arreglado. Da igual que tenga que plantar a alguien o asuntos importantes. Por ejemplo, el pasado mes de septiembre, durante los días cruciales de las negociaciones de Alitalia y la asamblea general de la ONU en Nueva York, esa donde va cada jefe de estado o de gobierno y echa su discurso, Berlusconi envió a dos subordinados y se fue a descansar y hacerse masajes a una Beauty Farm de lujo en Umbria. Un balneario, para entendernos. Reapareció el domingo en la tribuna del partido del Milan. Fue más divertido en agosto de 2004, cuando desapareció misteriosamente unos días hasta que volvió a salir a la luz de forma estelar: se paseó por Porto Cervo con los Blair, indumentaria de Julio Iglesias y un vistoso pañuelo pirata en la cabeza. Luego se supo que se había hecho un implante capilar.
A lo que dedique el tiempo libre es asunto suyo, tendrá su vida privada, pero miren lo que pasó una de esas veces que se quejó de todo lo que trabaja. Era julio del año pasado. En plena rueda de prensa, empezó a lamentar que no para, que no tiene tiempo para nada y en eso va y agita un folio: «Mirad todo lo que me hacen trabajar». Era su agenda del día, que mostraba una lista de citas y encuentros. Pues bien, la prensa se preocupó de ampliar la imagen y aquello parecía la agenda de un relaciones públicas de discoteca.

Adentrémonos en la agenda de Estado. Escritos con el ordenador aparecen una inauguración y algunas citas serias, la parte aburrida, con socios de Gobierno y cargos del partido. Todos tíos, claro. Luego él ha completado la jornada, con apuntes de su puño y letra. Veamos esos grandes asuntos de gobierno, velando por el destino de los italianos. Una parte son sus abogados, Ghedini, que le lleva los procesos, y Previti, que fue su letrado de confianza y le llevaba los asuntos en el pasado: ha sido condenado por corrupción a seis años, en firme, en el caso IMI-Sir y a uno y medio en el caso Mondadori. Fue curioso que apareciera en la lista, porque públicamente desapareció tras las sentencias y parecía que ya ni se hablaba con Berlusconi, pero no, se siguen tratando en la intimidad.
Otro lote de citas son sus negocios, la tele. Recibe a un dirigente de Endemol (productora de Gran Hermano, emitido en Canale 5, de su propiedad), Marco Bassetti, y a un consejero de la RAI.
Luego, por la tarde, llegan las chicas. Vamos por orden. Evelina Manna, otra de esas actrices medio monas de tercera fila que intentó enchufar en la RAI. Aquí al lado pueden comprobar que esta persona no es precisamente un secreto de Estado. Luego, Antonella Troise, una más de esta banda. De ella Berlusconi decía en las conversaciones grabadas que el enchufe le corría prisa porque «se estaba volviendo peligrosa». Por último, Nunzia Di Girolamo, joven diputada suya de 32 años a la que envió papelitos paternales con sonrisas en medio de una sesión parlamentaria. Pero lo mejor es el final de la tarde: a las 20.30 una tal ‘Selvaggia’ (‘la salvaje’). A secas. Tiene razón, es que no para.
Para terminar, como nota delirante y objeto de análisis de psiquiatras, el hombre más guapo y simpático del planeta se escribe a sí mismo, como otro mantra más, esta frase al final del folio: «El presidente número 1. El presidente con más victorias/más victorioso en la historia del fútbol. Milan AC campeón del mundo. Número uno en la historia del fútbol».
Como ven, la agenda de Berlusconi es mejor que la de Casanova. Y ya sabemos lo agotador que es eso. Recordemos ‘Casanova’ (1976), de Fellini, con Donald Sutherland, y perdonen la calidad de la imagen, pero es lo único que he encontrado. Aunque le da un aire más pecaminoso, como de película casera.
Un asco, como ven. Y a pesar de los sacrificios, el poder es extremamente ingrato. Miren lo que pasó en un informativo de Canale 5, propiedad de Berlusconi:
Traducción del espontáneo: «¡Berlusconi ya no folla!¡Berlusconi ya no folla!».
Un asco. Se trata del pesado de Paolini, individuo muy conocido y pesadilla de reporteros, especializado en irrumpir en los directos. Otro día hablaremos de estas cosas.
Como consuelo a la amarguras del cargo, Berlusconi puede echar un vistazo a los ingresos de publicidad de Mediaset, su imperio televisivo (tres cadenas, de las cuatro privadas en abierto que hay en Italia). Un reportaje de 'L'espresso' ha revelado cómo, en tiempos de crisis, con un derrumbe alarmante de la publicidad en todos los medios de todo el mundo y no obstante la caída de la audiencia de Mediaset, sus cadenas han tenido 30 millones de euros más de ingresos en 2008. Obtiene el 38% de la publicidad. Mientras tanto la RAI, a la que de paso el Gobierno propone dejar sin publicidad en un canal, pegó un bajón.
Desde luego es incomprensible. Si usted tiene una empresa, llega la crisis y tiene que reducir gastos de publicidad ¿por dónde corta? Tiene dos opciones: la RAI, pública, o Mediaset, que es del primer ministro, el que manda. Curiosamente, casi todas las grandes empresas han optado por reducir gastos en la RAI. ¿Qué raro, no? Lo mismo pasa con la publicidad institucional.
Pero, como es sabido, el conflicto de intereses es una cuestión que no interesa a los italianos y ahora que me acuerdo Berlusconi dijo hace unos meses a una asamblea de empresarios lo siguiente: "No entiendo como aceptáis que vuestros productos tengan publicidad en la RAI", porque según él está en manos de los comunistas y se pasan el día insultándole.
Tiene razón Berlusconi, qué asco.
Aquellos de ustedes que aún conserven la buena costumbre de leer el periódico, y otra mejor aún que es comprarlo, quizá hayan visto que hoy contamos que se cumplen 50 años del inicio del rodaje de 'La dolce vita'.
Más o menos a esta hora, a las 11.35 de la mañana del 16 de marzo de 1959, el ayudante de dirección Gianfranco Mingozzi, en su primer currelo, le da a la claqueta en el estudio 14 de Cinecittà. El escenógrafo Piero Gherardi, uno de esos genios artesanos de Cinecittà (ganó el Oscar por el vestuario del filme y luego otro con '8 1/2'), ha reconstruido el interior de la cúpula de San Pietro para rodar la escena 206. Se rueda cinco veces. Se mandan al laboratorio la tercera y la quinta toma. A las 11.49 se pasa a la siguiente escena. Recordemos lo que rodaron esa maravillosa manaña:
Los escrupulosos detalles mencionados antes, puestos así para impresionar, no son producto de mi dudosa sabiduría, obviamente, sino que están copiados del libro sobre la película de Tullio Kezich, uno de los grandes expertos en Fellini. Creo que se encuentra en español. A la cúpula de San Pedro, la original, pueden subir cuando quieran, aunque suele haber cola en el ascensor. Es un espectáculo.
Les cuento una anécdota que me gusta recordar, porque da la idea de cómo eran las cosas entonces, y que se ha caído del texto publicado, porque no cabía. Esto de los blogs y el periódico puede acabar como los extras del DVD y la película. O viceversa. A ver cómo termina el reparto de papeles. El escándalo de 'La dolce vita' fue tal que un día hasta un señor se acercó a Fellini por la calle y le desafió a un duelo. Ennio Flaiano, co-guionista, que estaba presente, replicó con su humor habitual: «Eso, un duelo, y díganos ¿cómo se hacen estas cosas?». En algunas iglesias había carteles de luto que invitaban a rezar por el alma del público pecador Federico Fellini. Tengan en cuenta que Italia era un país en el que el artículo 589 del código penal castigaba el adulterio, pero sólo el de la mujer, basándose en el principio de que sólo la infidelidad de la mujer, y no la del hombre, turbaba la serenidad de la familia. Un año después del estreno de 'La dolce vita' la Corte Costituzionale reafirmó la legitimidad de este principio. El 5 de febrero de 1960 la película se estrenó en Milán y un señor, o una señora, no me acuerdo pero da lo mismo, le escupió a Fellini en la cara. Bueno, en aquella época era normal, también se lo hacían a Pasolini.
Muchas de estas cosas y otras divertidísimas tampoco las sé porque sí, se pueden encontrar en un libro delicioso, 'Dolce vita gossip', de Aurelio Magistà, que reproduce decenas de páginas de revistas y diarios de la época.
De todos modos, con esta película siempre viene a la memoria la misma cosa: "¡Marceeelloooo come here!". Ya lo pusimos un día, pero 50 años son 50 años, y además hoy es lunes, aunque eso aumenta el riesgo subversivo de la frase que se dice Mastroianni mientras se quita los zapatos para entrar en el agua: "Que sí hombre, tiene razón ella, me estoy equivocando en todo, nos estamos equivocando en todo..."
La escena se rodó a la una de la madrugada, con la fontana atestada de gente aplaudiendo y aullando, aunque algunos planos son en estudio, pues Fellini prefería reconstruir su propia realidad paralela, sin gente ni molestias. El rodaje ya fue un acontecimiento y una de las cosas que se hacía en aquellos meses por la noche era ir a ver cómo hacían la película en los rincones de Roma. 'La dolce vita' es muy nocturna, es en blanco y negro por partida doble, porque es una película de noches y amaneceres. Mastroianni vaga desorientado, buscando una inspiración, en dónde está el error que no acierta a descifrar o la solución a su vida. 'La dolce vita' empieza y termina con personas que intentan hablar pero no consiguen entenderse.
Sin palabras. Ya han visto que no he tenido que traducir ninguna de las tres secuencias.
Quizá se hayan enterado de que se ha muerto Tullio Pinelli, maestro de guionistas que firmó la mayorías de las obras de Fellini y otras de De Santis, Rossellini, Germi, Monicelli, Soldini, Lattuada, Pietrangeli,... Un artista inmenso. Para impresionar, basta citar que escribió, para Fellini, Lo sceicco bianco, I vitelloni, La strada, Il bidone, Le notti di Cabiria, La dolce vita, 8 1/2, Giulietta degli spiriti, Ginger e Fred, y La voce della luna. Para Pietrangeli, Adua e le compagne. Para Risi, El gaucho. Para Monicelli, Il marchese del Grillo y los dos primeros Amici miei, y para Nanni Loy, el tercero.
Como todos los guionistas de la época dorada del cine italiano muere casi anónimo. En la prensa italiana han salido pequeñas notas y el ‘Corriere della Sera’ hasta se equivocó con la foto, porque puso una de Fellini con dos personas y ninguno era él. Es un epílogo irónico, acorde con la historia de un rostro oculto tras la fama de su amigo. Fellini y Pinelli, compañero de clase y amigo de Cesare Pavese -recibió una de sus últimas cartas-, se conocieron en un quiosco de la Roma de posguerra, leyendo cada uno por una cara un periódico que estaba expuesto. Pinelli era más mayor -se ha muerto con cien años- y había dejado su trabajo de abogado para escribir obras de teatro y guiones. La química fue instantánea y juntos escribieron la primera película totalmente propia de Fellini, ‘Lo sceicco bianco’ (El jeque blanco). Les ofrecieron dirigirla y Fellini le pidió que lo hicieran juntos, porque estaba aterrorizado. Pinelli dijo que ni loco y Fellini se lanzó. Desde entonces su amigo guionista siempre trabajó en la sombra, era su otra mitad. Fellini soñaba, hablaba por los codos, inventaba y olvidaba, y él escribía. Luego estaba Ennio Flaiano, con las cosas que se le ocurrían.
Hace poco salió un libro de cartas de Fellini a Pinelli, bajo el título ‘Lo que hemos inventado es todo auténtico’, que revela su complicidad creativa. La frase del título sale de una de esas cartas, en la época en que escribían ‘I vitelloni’ (Los inútiles), un retrato de los jóvenes vagos y gamberros de provincia:
Roma, 1952
Viejo conde solitario, aquí estoy para contarte todo: hemos estado en Fano, Viareggio, Cervia, etc. He encontrado sitios muy bonitos, pero no ha salido ninguna idea nueva. Flaiano ha evitado cuidadosamente durante todo el viaje tocar el tema de la película. En compensación hemos comido muy bien y hemos estado en los más grandes hoteles de las dos costas.He encontrado viejos amigos ‘vitelloni’ y he tenido la confirmación de que todo lo que hemos inventado es todo auténtico. Te cuento un detalle: el inventor del vuelo humano existe de verdad, está en Sant’Arcangelo di Romagna y mira qué cosa hace. El domingo por la mañana compra siempre dos ocas, se pone de acuerdo con el sacristán, sube al campanario y desde allí las deja caer. Las pobres, tras algunos trágicos intentos de mantenerse en el aire se precipitan en la plaza. Hace tres semanas los carabinieri se interesaron por la cosa porque una de las ocas casi mata a un niño que estaba en una cuna.
Y así también por lo que respecta a los ‘vitelloni’, las situaciones, etc. Todo va muy bien. Sólo que haría falta escribir, y yo francamente estoy un poquito preocupado, porque a Flaiano (carissimo, simpatiquísimo, todo lo que sabemos) no consigo pescarlo nunca. Espero con ansia tu regreso y deberías serme bastante preciso. No te asustes, disfruta tus vacaciones, pero por favor vuelve al menos quince días antes de que empiece a rodar...
Federico
De 'La strada' (1954).
Nadie lo ha dicho, y ya es raro, porque los aniversarios se han convertido en noticias muy socorridas para llenar, pero se han cumplido 50 años de la inauguración oficial de la ‘dolce vita’. No fue con la película de Fellini, que se estrenó en 1960 y retrató ese mundillo, sino con un curioso episodio que en 1958 sacó a la luz las juergas nocturnas de la noche romana y causó un escándalo monumental. Como hemos ido viendo, las bacanales venían al menos desde hacía una década, pero una cosa es que se sepa y otra que se diga. O que se vea, porque eso fue exactamente lo que pasó gracias a una figura que nació entonces y hoy goza de gran predicamento: el paparazzi. Aún no tenía ese nombre, porque se popularizó a raíz de Paparazzo, el nombre del fotógrafo que acompaña al personaje de Marcello Mastroianni en ‘La dolce vita’.
Pero vamos a los prolegómenos, como dicen los locutores deportivos, a lo que pasó en 1958. Uno de esos fotógrafos picaruelos de la noche, Tazio Secchiaroli, se cascó una foto de un strip-tease desmadrado en el sótano del ‘Rugantino’, un restaurante de Via Veneto. La foto, hoy famosa y que tienen ahía arriba, muestra a una joven morena despatarrada en bolas en el suelo al ritmo de un tambor entre señores sudorosos con corbata y señoras bien de aire divertido. La imagen decía muchas cosas. Había frivolidad y algo pecaminoso, pero sobre todo lo entretenido, lo improvisado, la poca sensación de culpa, la atmósfera lúdica
y casi infantil de picnic, sugerían que no era un día de locura de un grupo de exaltados, sino la alegre vida habitual de la Roma pija. Que al día siguiente podía ir a la misa del Papa en San Pedro como si tal cosa. Como decíamos, llevaban diez años así, dándole al tambor. Pocos meses después, en marzo de 1959, Fellini empezó a rodar su película.
La chica de la foto era otra guiri de vacaciones en Roma, tema o pretexto de estos capítulos caóticos. Se llamaba Aichè Nanà, tenía 22 años y era armena, así que a lo mejor era inmigrante, y no turista. Turista sólo es el que se lo puede pagar, una condición reservada a ciertas nacionalidades que se lo pueden permitir. Nanà se convirtió de inmediato en símbolo de la vida loca romana, aunque siempre ha dicho que aquello arruinó su carrera. Explicó que era una fiesta privada con tan buen rollo y con tantas risas que acabó despelotándose. Pero tuvo la mala suerte de que se coló un fotógrafo. Según ha repetido, dos días después tenía una prueba con Vittorio de Sica, que la anuló al verla en pelotas en la prensa. A partir de entonces nadie quiso contratarla. Esta gente de vacaciones en Roma fue esencial en la dolce vita, que hundió a esta extracomunitaria armena, pero en cambio ensalzó a una turista sueca. Hablamos, efectivamente, de Anita Ekberg o, como se la conoce en Roma por razones obvias, Anitona.
Tamaña muestra de belleza, hedonismo y vitalidad fue recibida con escándalo en el Vaticano. Hace poco han salido a la luz unas cartas muy graciosas de Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán que poco después sería Pablo VI, y el arzobispo de Génova, el cardenal Giuseppe Siri, que en el cónclave sería su rival. Curiosamente este intercambio epistolar fue a raíz de que Siri, símbolo del sector ultraconservador, habló bien, o no mal del todo, de ‘La dolce vita’, y Montini le llamó la atención. «Recibo protestas muy graves de que es un filme de tal inmoralidad y tan mal ejemplo sobre la depravación humana que haría falta una intervención de la autoridad eclesiástica para hacerlo retirar de los cines», decía Montini, el progre. Siri se excusó diciendo que no defendía «la visibilidad» de la película, sino la obra en sí y las notables cualidades del director: «El filme es verídico, y algunos han reaccionado porque golpea horriblemente la vida de muchos: se ven descritos y han tenido miedo de sí mismos». Es decir, Siri valoraba la obra, aunque eso no quitaba que pensaba que era mejor que los fieles no la vieran. Ah, por cierto, a todo esto Montini hablaba sin haberla visto. No sé si después llegó a verla. Si no es así desde luego sería papa, pero mira que morirse sin ver ‘La dolce vita’. Eso no tiene perdón de Dios.
El protagonista, Marcello, un cronista desencantado de la vida social, es un trasunto del propio Fellini, que también fue un forastero en Roma, a donde llegó desde su Rimini natal para ser periodista. Era lo que quería hacer por lo que había visto en las películas americanas: tipos con el sombrero echado hacia atrás, que fumaban, echaban tragos, callejeaban y no daban ni golpe, aunque, qué curioso, encontraban historias. Entonces se podía hacer, pero hoy, por ejemplo, el sombrero ya no se lleva. Además ahora es mucho más cómodo, basta quedarse sentado copiando lo que sale en Internet. Pero entonces todavía se mandaba a los reporteros a los sitios y un día enviaron a Fellini a Cinecittà, donde se quedó anonadado al ver un rodaje mastodóntico en el que el director dirigía las masas y daba voces con un megáfono desde una torre. Era Alessandro Blasetti, del que ya hablamos en un capítulo de esta serie. Fellini pensó que él, vago, con tendencia a la dispersión y sin sentido del orden ni la autoridad, no estaba hecho para el cine. Por fortuna, conoció a Roberto Rossellini, que rodaba por ahí con poca gente y lo que le parecía, como quien escribe o pinta. Fue una revelación. Si no es por él, no habríamos tenido a Fellini. Ya ven, repetimos, que Rossellini tuvo su importancia.
Pero volvamos a Anitona, no nos distraigamos. Como se podrán imaginar, y ya lo contamos en otra ocasión, en Roma había cola para tirársela. Sin embargo ella venía avisada. Durante el rodaje, Mastroianni se le acercó y dijo que quería pedirle un favor. «Yo no estar interesada en mamadas», respondió ella, por si acaso. El bueno de Marcello también era una pieza de cuidado. Una vez tuvo que repetir ocho veces un beso a Romy Schneider y murmuró: «Y encima me pagan por esto...». Al final el que se llevó el gato al agua con Anitona fue Dino Risi, que sólo por eso ya debe de figurar en la historia del cine. Un poco más adelante, en la letra T, encontraríamos a Francois Truffaut con una descripción más o menos así: «Ciudadano francés (1932-1984) que se lió, entre otras, con Jeanne Moreau, Julie Christie, Catherine Deneuve, la hermana de ésta, Jacqueline Bisset y Fanny Ardant». Y luego ya: «Cineasta, hizo 24 películas, etcétera...». Con ese currículum, que logró sólo a base de ser majete y tímido, quién quiere una filmografía. Aunque en el caso de Truffaut están en total armonía. Bueno, ya les dije que aprovecharía cualquier excusa para hablarles de Truffaut. Aquí le vemos con Jacqueline en una escena de 'La nuit américaine' (La noche americana, 1973), película maravillosa donde las haya:

El ácido maestro Risi, fallecido este año (el señor de la foto de abajo), ha dejado escrito un librito entrañable, ‘I miei mostri’ (Mis monstruos), en el que cuenta chascarrillos y recuerdos. Y relata un día que pasó con Anita Ekberg. La actriz tenía una lancha que conducía ella misma y salieron a dar una vuelta. Ya en alta mar, se desnudó con la melena al viento. Encontraron un petrolero sueco y los marineros se abalanzaron a la barandilla a mirar y lanzar aullidos. Uno hasta tocó cuatro veces la sirena. El diario de a bordo de ese día debe de ser un poema. Anita reía como loca y habló a voces con la tripulación. Eran de Malmöe, su ciudad. Siempre en bolas, Anita dio dos vueltas al petrolero de premio. De consolación, se entiende. «Pobrecitos, ellos c
ontentos de ver mí desnuda», decía en su italiano macarrónico. Risi flipaba. Luego volvieron a la villa que ella poseía en Roma, situada en una colina, con un prado que terminaba en una piscina de azulejos negros. Tenía dos doberman. De repente apareció un tipo, un actor americano. Su marido. Llevaba un saco. Se sirvió un whisky y arrampló metódicamente con todos los objetos de valor que vio por la casa. Platos, cubiertos, todo. Se fue y Anita se quedó llorando. «Tú no héroe, ¿eh?», preguntó a Risi. «No», contestó él. Y ahí se acabó su historia.
Ante estas avalanchas de extranjeros que, como hemos ido viendo, llegaban a Roma, el talante local hacia el visitante se traducía, y se traduce, en intentar ligarse a las turistas e intentar darle el palo a los turistas. Es tan evidente que no tenemos ni que cambiar de escenario para observar la otra cara del fenómeno. Por la noche se baña Anita, pero miren lo que pasa durante el día. En esta célebre escena de 'Totòtruffa 62' (Mastrocinque, 1961), el gran Totó vende a un incauto la mismísima fontana de Trevi.
Sinopsis: Totó empieza su número, una vez vista su presa, echando a los niños que intentan robar monedas y quejándose al guardia. «¿Lo sabe que pierdo millones de liras al año con estos niños? El sábado cuando limpio la fontana me faltan siempre 3.000 o 4.000 liras», lamenta. «Ah, ¿pero las monedas son suyas?», pregunta el incauto. «Esta es la famosa fontana de Trevi, que pertenece a mi familia desde hace generaciones», y se presenta como el cavaliere ufficiale Antonio de Trevi. «¿Es un buen ‘bisnís’ (bussines)?», pregunta el otro. Totó le expica que, además de las monedas que tira la gente, alquila la fuente para rodajes. En ese momento completa la escena acercándose a un turista y pidiéndole en voz baja un donativo para la Cruz Roja, aunque a la víctima le explica que acaba de cobrar los derechos de imagen por las fotos. Cada foto cien liras. «Ah, yo he hecho tres», añade el inocente, que le paga religiosamente. Mientras se acerca el cómplice, Totó le da carrete y le explica que la fuente la hizo un arquitecto que su bisabuelo hizo venir de Suiza. Cuando el turista le replica que la guía la atribuye a Bernini, Totó está hábil: «Claro, venía de Berna y era bajito, por eso le llamaban Bernini». El incauto se sincera: es hijo de emigrantes italianos en América y quiere establecerse en Italia. Totó le propone venderle la fontana, porque algún día se jubilará. Además explica que aquello no le va bien para el reúma, todo el día cerca del agua: con diez millones está hecho. A la espera del contrato, Totó le pide una fianza. En ese momento interviene el cómplice, con acento toscano (no se pronuncian las ‘ces’, que se aspiran en forma de hache, por ejemplo hohahola=cocacola). Quiere comprar la fontana para una película americana y sube la oferta de la fianza. Al final la víctima pica y ofrece 500.000 liras. Creyéndose ya el propietario de la fontana acaba bastante mal. En efecto, a veces Italia es para volverse loco.
En ‘Guardie e ladri’ (Monicelli, 1951), que fue premio al mejor guión en Cannes, Totó se marca otro timo extraordinario a un turista norteamericano, esta vez en el Foro Imperial.
Sinopsis: Totó y su cómplice ensayan la venta de una moneda falsa a un turista norteamericano cuando aparece uno de verdad. El cómplice deja la moneda en el suelo y Totó se presenta como guía improvisando una explicación macarrónica. Un viandante que se lleva la moneda obliga a colocar otra, que Totó tarda en encontrar. El cómplice se presenta como profesor numismático (de asmática, dice Totó) que previene al turista de los timos, pero acaba por admitir que la pieza es auténtica. Empieza la venta mientras aparece el tipo que ha encontrado la otra moneda, al que echan sin contemplaciones. Pero una vez que el turista ha picado, es quien le abre los ojos.
Risas y chicas aparte, como deja entrever la película de Fellini, la mirada desolada de Mastroianni, lo curioso de esta juerga general, esta dolce vita y tanto jijijajá es que se asentaba en un boom económico que, no obstante, era un espejismo y cubría un vacío moral... ¿les suena el fenómeno? La comedia ‘all’italiana’ se basó en explotar sádicamente esta dualidad para hacer reír con una carga de sátira social y melancolía. Dino Risi lo clavó en una de sus mejores películas, ‘Una vita difficile’ (1961), un año antes de su otra obra maestra ‘Il sorpasso’ (La escapada, 1962). Vean, vean en qué se queda el jolgorio cuando llega el amanecer:
La musiquilla de fondo de guateque o de ritmo circense es una marca de la casa del cine italiano que siempre aligera lo que se ve. Esta escena de Alberto Sordi borracho escupiendo a los coches, fruto de una improvisación, es antológica. Y para lo que nos interesa, fíjense en su imprecación al autobús de turistas alemanes: «¿Qué venís a ver aqui? ¡No hay nada que ver, es todo un asco, no visitéis Italia, quedáos en vuestra casa que es mejor!». Esta idea de que Italia es un asco es algo que se dicen los italianos cuando se cabrean, los días que vienen mal dadas, que es bastante más a menudo de lo que quisieran. Sin embargo, el resto del mundo lo sigue ignorando y le parece todavía un lugar maravilloso para ir de vacaciones. Así que también nosotros continuaremos volviendo el próximo día.
Hablando de ancianos, gerontocracia, adaptación a los tiempos y demás, aparece en Internet el nuevo vídeo de Adriano Celentano que, para hacerse una idea, ya salía cantando como un desquiciado en 'La dolce vita' (1958, Federico Fellini) hace medio siglo. Con 70 años sigue en el rollo del rock, con el mismo espíritu indómito. Saca un nuevo disco, de recopilación, pero con dos canciones inéditas, dentro de un mes. Pero ya hace un año sacó otro, enterito de canciones nuevas. Se llamaba 'Duerme amor, la situación no es buena'. Siempre se le han dado bien los títulos y el chascarrillo, se queda hasta con su sombra.
Celentano, mito de los sesenta también en España, ha hecho de todo: música, televisión, cine... Como actor, una treintena de películas, pero dirigió y escribió cuatro. También es hincha del Inter (enfermedad extrañísima y pertinaz que padecen incluso algunos españoles, y no vamos a dar nombres) y ha cantado este año en el centenario del club, poniéndose de rodillas ante Moratti, algo que es definitivamente demasiado hasta para un fan del Inter.
Todo esto se explica porque Celentano es un tipo bastante gracioso, que siempre ha hecho lo que le ha dado la gana, carece de sentido del ridículo, se mete con quien le parece y que está como un cencerro.
Si no, miren esto. Desafío: intentar verlo sin sonrojarse.
Es de 'Il bisbetico domato' (1980, Castellano y Pipolo), algo así como 'El fierecillo domado', pero que en español se tradujo como 'El solterón domado'. Alguna vez lo han puesto en la tele. La escena, coherentemente, representa el triunfo de la tradición frente a la modernidad. del hombre frente a la máquina.
Lo que decimos, un fiera.
Italia y el Vaticano son dos mundos que se corresponden como en un espejo, lo que no sé es quien llegó antes al espejo, como en la escena de ‘Sopa de ganso’ de los hermanos Marx, una de las más divertidas de la historia del cine.
No sé si la Iglesia es algo muy italiano o Italia algo muy eclesiástico. Lo que si sé es que la Iglesia no es explica sin Italia, y viceversa. Llevan 2000 años viviendo juntos. Se han pegado mutuamente sus rasgos y costumbres. Por ejemplo, Benedicto XVI fue el otro día a Nápoles y ni mencionó la Camorra.
Muchas cosas de la forma de ser y de hacer de la Iglesia se comprenden cuando se vive en Italia, se descubre de dónde salen. Quizá el secreto de su extraordinaria supervivencia es que sea tan italiana. Si San Pedro hubiera recalado en Salzburgo o en Madrigal de las Altas Torres lo mismo la historia hubiera sido distinta. Dios sabía lo que se hacía confiando su empresa a los italianos. Seis de las diez empresas más antiguas del mundo son italianas, que pasan religiosamente de padres a hijos.
Del mismo modo, Italia está impregnada de carácter religioso, incluida la militancia comunista. Por eso, quizá, no hay un anticlericalismo tan exacerbado y arraigado como en España. Están acostumbrados, familiarizados con él como algo propio, aunque sólo sea porque medio país ha sido del Papa durante siglos, hasta 1870. Y eso porque los propios italianos le invadieron Roma (a la derecha, la brecha de Porta Pia, por donde entraron las tropas). Pío IX amenazó con la excomunión a los romanos que votaran a favor de la unidad de Italia, pero ni por esas. Se quedó sin finca, pero a los italianos algo de súbditos pontificios se les ha quedado.
El Papa opina de política italiana de forma rutinaria, más que Rouco de la española. Y los obispos italianos intervienen hasta sobre los presupuestos. Por eso, cualquier líder político italiano se maneja con el Vaticano como con un partido más, pero que es único porque influye en todos los demás. Van a visitar al Papa cuando les eligen, asisten a ceremonias (D’Alema, el gurú carismático de la izquierda acudió a la canonización de Escrivá de Balaguer) y hacen carreras por tener gestos de respeto. El Parlamento aprobó un indulto masivo en las cárceles por la única razón de que lo pidió el Papa.
En cualquier acto público de media estatura, desde una exposición a una presentación de un libro, hay un cardenal moviéndose entre los canapés. El párroco suele ser uno de los referentes públicos de cualquier municipio y se les entrevista como voces de la comunidad cuando hay un suceso. Es un reflejo de la fragmentación grupal italiana, traducido en la presencia capilar de la Iglesia a través de sus parroquias y organizaciones, que a menudo realizan una labor social imprescindible y son uno de los pocos referentes morales de la comunidad, sobre todo en las zonas más amorales. En la tele, además, resuelven casos policiales:
En la tele uno siempre se encuentra algún cura. Si lo han reconocido pero no creen lo que ven sus ojos han visto bien, es verdad, es él: es Terence Hill, convertido en Don Matteo, serie de éxito de la RAI que va por la sexta temporada. Bueno Bud Spencer, de quien ya hablamos un día, acabó de candidato en Forza Italia... Los curas son personajes habituales de las series, los anuncios o invitados en los debates. En España no sucede desde el Padre Mundina y sus plantas, pero es que Italia sigue un poco en aquella época, es muy setentera. De aquí nace, creo, parte del asombro del Vaticano cuando en el resto del mundo a menudo no les hacen ni caso y no pintan nada. Les gustaría que todos fueran como Italia, esa Arcadia feliz. Del mismo modo, cuando los italianos salen de Italia descubren con pasmo lo lejos que queda el Vaticano de la vida de los demás países.
Sin ánimo de ser exhaustivo, una lista improvisada de parecidos entre Italia y la Iglesia, tanto históricos como actuales, incluiría por ejemplo:
Las jerarquías, los uniformes, los disfraces, la ceremonia, el sentido teatral, las castas sacerdotales, las paráfrasis, la retórica, la lentitud de la burocracia, la gerontocracia, el nepotismo, el machismo, la homofobia, la piedad, la hipocresía, el sentido de grupo, la fragmentación en grupúsculos interminables, el papel central de la madre, la reverencia, la adulación, las reglas férreas con castigos tremendos pero cuya infracción siempre se puede perdonar -de ahí la ley y la trampa, el doble juego y la redención del pecador-, la capacidad de interpretar los textos en sentidos diversos según la ocasión y la conveniencia, la importancia de la familia, la adaptación camaleónica a los cambios, la práctica del relativismo moral pero su condena pública, el fatalismo, el conservadurismo, el inmovilismo, la desconfianza hacia lo nuevo, la alergia a la modernidad, los anacronismos, el sentido del tiempo como eternidad, el arte de la hipocresía, la conciencia de la debilidad del género humano, el olfato para los negocios, la habilidad para la diplomacia, el término medio y la ambigüedad calculada, la superstición, los milagros, la sensación de vivir en un museo, el vivir del dinero de los demás, que el fin justifica los medios, el amor al arte, el comer bien, la sabiduría antigua y la obsesión por el adulterio, las mujeres y las vírgenes.
A mí casi todo me parece bien. Roma, en concreto, la han hecho los papas, y no les quedó nada mal. El Papa ha sido el alcalde de Roma durante siglos y sus cardenales concejales de urbanismo o seguridad, que lo mismo tendían la red de agua como ejecutaban desgraciados con la pena de muerte.
En fin, Fellini, que veía muy bien en las entrañas de Roma con su ojo juguetón y burlón, supo ilustrar estas indefinibles sensaciones, esta confusión de identidades, esta realidad fascinante, en esta famosa secuencia de 'Roma' (1972):
Por cierto que en algunos salones de Roma el ambiente y los personajes siguen siendo los mismos.
Hoy he tenido una mañana muy romana. A ver si consigo explicar por qué, en esta imposible tarea de describir Italia, y que se me perdone la digresión.
Debía ir al INPS, la seguridad social, a arreglar unos papeles. El INPS, como Eni, Acea, el Comune, la Regione (en la foto de aquí al lado, ente fantozziano por excelencia), es uno de esos monstruos burocráticos donde uno entra pero no sabe cuándo sale, ni cómo se las arreglará dentro ni que será de su vida. Todo depende de la suerte y de la maña de cada uno, no de seguir las reglas, que es un error. Pues bien, la oficina central de Roma, en San Giovanni, una mole de diez pisos, estaba cerrada todo el día por asamblea sindical. Esto es normal. Fue culpa mía, por no mirar el calendario: los viernes uno tiene ese riesgo. Estas cosas, como las huelgas, se suelen hacer los viernes para que salga un bonito puente.
Cientos de ciudadanos que habían tenido que faltar al trabajo o desatender obligaciones, como millones de italianos que pierden miles de mañanas en resolver papeleos absurdos, llegaban a la puerta y empezaban a cagarse en todos los muertos. Italia aún vive en la época del vuelva usted mañana, Internet es una fantasía y adoran el fax. Pero enseguida ocurría eso que me asombra tanto de los italianos: resignación, miradas al cielo, un café en el bar. No se puede luchar con la vida, contra el sistema, contra la fatalidad. Al rato ya se hacían bromas. A nadie se le ocurre protestar porque no sabría ni por dónde empezar.
Con el tiempo, yo también he adoptado este punto de vista. Pero no lo tomo como derrota, sino como una forma más inteligente de afrontar la vida. Así que eran las nueve de la mañana y tenía algo de tiempo. ¿Qué hacer? De pronto pienso que ahí al lado está la basílica de Santo Stefano Rotondo, del siglo V. En ocho años nunca he logrado verla. Siempre cerrada no se sabía por qué, o por restauración, o con horarios raros, o con reserva obligatoria,... Como el INPS.
Llego por calles estrechas, entre muros que se derrumban, jardines descuidados. En Roma basta doblar una esquina para quedar en silencio. Milagro, la iglesia abre en ese momento. Me explican que llevaba cinco años cerrada por obras. Por fin voy a verla. Entro y me quedo absorto ante el espectáculo. Una iglesia circular, diáfana, rodeada de decenas de frescos maravillosos. Se forman haces de luz entre el polvo de las obras que aún siguen en marcha. Retumban las conversaciones con acento romano de los currelas. No hay nadie y el tiempo se para.
Había oído que la iglesia ya estaba abierta, pero esas cosas en Roma siempre se mueven en forma de leyenda, como los mismos requisitos burocráticos: nunca se sabe qué papeles hay que llevar, cambian cada día, o según el funcionario que te lo explique. En Italia todo está envuelto en una niebla, como en un sueño, y siempre se va a ciegas, en una realidad inestable, resbaladiza, móvil. Por eso es un país que prepara para la vida, porque la vida es así y no, como se esfuerza el resto del mundo civilizado, algo que tenga un sentido.
Por otro lado, en Italia el cabreo por lo que no funciona se convierte rápidamente en una nimiedad ante el efecto de la belleza, que recuerda la alegría de estar vivo. Y ahí es donde tienen razón los italianos y los demás no terminamos de darnos cuenta. La belleza es vital, tiene una influencia benéfica, medicinal, sobre el estado de ánimo. No es ninguna tontería.
Para irme cojo el autobús enano 117. Es eléctrico y pequeñito. Dentro, los turistas extranjeros ruedan como en una bolera por las sacudidas. Se suelen dividir entre los impresionables y los que se divierten, pero en general tienen la misma cara que se me puede poner a mí, un suponer, en Calcuta. Hay una pintada -«Laureati falliti!» (¡Licenciados, fracasados!)- ejemplo de la agudeza nacional para la frase corta. Hay un cartel que prohíbe hablar con el conductor, pero todos los romanos que suben le preguntan si para aquí o allá y el viaje en sí es una tertulia colectiva. El 117 recorre la colina del Celio, pasa ante el Colosseo y llega a Piazza de Spagna. Un recorrido como otro cualquiera. Cuando bajo ya ni me acuerdo de la tontería del INPS.
En fin, yo no explico muy bien estas sensaciones inaferrables, pero Fellini lo hace mucho mejor que yo y atrapa de forma magistral el misterio de Roma en, precisamente, ‘Roma’ (1972). Como en esta secuencia mágica de las obras del metro.
El viento que aúlla en las películas de Fellini siempre es el misterio, la soledad, el paso del tiempo.
A mí en la parte final siempre se me saltan las lágrimas.
Buen fin de semana.
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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