Íñigo Domínguez

La vida en Roma

Hay 2 artículos con el tag francis ford coppola en el blog Íñigo Domínguez. Otros artículos en el mundo de cerca clasificados con francis ford coppola

Hoy hablamos de un episodio de Semana Santa. Ya, ya sé que ya pasó. Pero aunque todos vemos que el periodismo de hoy, y parece que el del futuro, es lo contrario de la reflexión les ruego que no tomen este retraso como fruto del detenimiento en el análisis. No, es simple tardanza. Sin embargo me debo de estar acompasando de forma natural al ritmo del entorno, porque en un pueblo de Calabria celebraron este domingo la procesión del domingo de resurrección, una semana después. Eso sí que es que la realidad no te estropee el retraso en dar una noticia, porque se retrasa ella misma.

Ha ocurrido en Sant’ Onofrio, tres mil habitantes, provincia de Vibo Valentia y les intento explicar por qué. Resulta que la procesión de la ‘Affruntata’ (que significa 'encuentro' y aparece en la foto), donde se encuentran en la plaza los pasos de la Virgen, de San Juan y de Cristo resucitado, se suspendió porque un clan de la ’ndrangheta, la mafia calabresa, se lió a tiros con el prior de la confradía. Dispararon a la puerta de la sede como intimidación. Estaban enfadados porque les habían dejado fuera de la procesión, sin sitio entre los que llevan los pasos. No se sorprendan del sentido religioso de los mafiosos, que es conocido y un tanto particular. Todo tiene su sentido. La cultura mafiosa y la cultura católica, italiana, tienen cierta relación, y no estoy pensando sólo en la ‘omertà’, la ley del silencio y el encubrimiento. Algún día tendremos que extendernos sobre ello.

Sant’Onofrio, como muchos otros lugares de Calabria, apesta de Mafia y el ayuntamiento fue disuelto hace un año por infiltración de la criminalidad organizada. Y como en muchos otros pueblos es costumbre que el clan dominante, los Bonavota, se adueñe de los puestos más relevantes de la procesión, para hacer una demostración endomingada de poderío social. Los vecinos son obligados así a presenciar su solemne puesta de largo. Pero hay más, se había transformado en rito interno, en perfecta simbiosis con el religioso. Un ‘arrepentido’ (fíjense en la palabra), Rosario Michienzi, reveló que los ‘picciotti’, los novatos recién entrados en el clan, hacen su primera aparición pública en la procesión, para recibir una especie de bautismo. Llevan el paso de San Juan, que se inclina tres veces ante la Madonna. Pero es que ante la Virgen se halla el capo, que ocupa el cargo máximo de jefe del desfile (‘mazziere’) llevando el mazo que marca el ritmo. En Sant’Onofrio toda la vida ha sido Don Vincenzo, jefe del clan Bonavota, hasta que murió. Luego han heredado el puesto sus hijos. En resumen, era un ritual de sumisión al capo. Toda la procesión venía a decir quién mandaba en el pueblo.

Llegamos así a la pregunta de cajón: ¿cómo se asignaban los puestos de los porteadores en la cofradía? Respuesta: a la mejor oferta económica en sobre cerrado, y loado sea el cielo. Estamos con lo que decíamos la última vez sobre la complejidad de la Iglesia, que hay mucho cura impresentable. Pero también decíamos que los hay con un par de pelotas y algunos se enfrentan a la Mafia. De hecho a veces se los cargan, como a don Pino Puglisi, en Palermo. Por ejemplo, uno de estos es el obispo que llegó nuevo en 2007 a esta diócesis, la de Mileto-Nicotera-Tropea (qué nombre tan bonito), Luigi Renzo. Es el señor de la foto. Al ver el panorama ordenó que los puestos en los pasos se dieran por sorteo. Pero no funcionó, porque los agraciados siempre acababan por ceder su puesto al mafioso de turno, pues preferían declararse enfermos a sentirse verdaderamente mal después. Total, que este año el obispo ordenó directamente que los benditos puestos no se dieran a «personas discutibles».

En la diócesis hay 163 parroquias. De las otras 162 no ha habido noticias, pero en Sant’Onofrio hay un párroco con otro par, don Franco Fragalà, y de acuerdo con el prior de la cofradía, Michele Virdò, conductor de autobuses, acataron la consigna: este año han dejado fuera a los cofrades mafiosos. De ahí los disparos y luego la suspensión de la procesión. Plantarse aquí no es moco de pavo, pues en la provincia de Vibo Valentia llevan cuatro asesinatos de la ’ndrangheta en lo que va de año. Sin ninguna relevancia en la tele ni la prensa nacional, por supuesto. Es como si fuera lo normal, del estilo de los accidentes de tráfico.

Tras una semana de tensión este domingo desfiló por fin la procesión, bajo escolta, sin mafiosos y con despliegue de autoridades: el gobernador, el prefecto, diputados, senadores,... Todos para decir ese célebre pleonasmo italiano: «El Estado está» (Lo Stato c’e). Claro, lo dicen sólo el día que van allí y están. Pero unos metros más allá los mafiosos del lugar seguían la procesión, sabiendo que los estadistas luego cogerían los coches, se largarían y el pueblo volvería a ser suyo. Con todo, en Italia los símbolos son esenciales y lo que ha pasado es un golpe de imagen para los malos, un desafío. Los mafiosos suelen llevar mal estas cosas.

Completan el panorama las palabras conciliadoras del obispo: «Después de estos días vividos en el malestar general por lo ocurrido, la fuerza de Jesús resucitado ha derrotado el mal y el miedo. Un mensaje de paz lo dirijo también a quien ha tomado, digamos, el camino desviado. También para vosotros está abierto el sepulcro». En Italia y en la Iglesia -ya hemos dicho que no se sabe si es la Iglesia la que es a la italiana o es Italia la que se ha modelado de forma eclesiástica- siempre queda abierta la puerta del perdón, de un mafioso a un pederasta.

Como bien sabrán, esta secuencia es de la segunda parte de ‘El Padrino’ (1974), de Francis Ford Coppola, y ahí tenemos a Vito Corleone en su juventud (Robert de Niro) haciéndole por primera vez al capo del barrio (Gastone Moschin, uno de los míticos golfos de 'Amici miei') una de esas famosas ofertas suyas que no se pueden rechazar. El lugar es ‘Little Italy’, en Nueva York, y procesiones como esta se siguen celebrando en las colonias italianas. También la ‘Affruntata’ calabresa, por ejemplo, en las nutridas comunidades de Canadá.

No quería terminar sin decir algo de San Onofrio. Debo confesarles que una vez me llevé el susto de mi vida en la iglesia de San Onofrio en Roma, que está subiendo la cuesta del Gianicolo desde el lado del Vaticano. Había un cartel en varios idiomas y Onofrio en inglés se dice... ¡Humphrey! Onofrio Bogart es algo a lo que no consigo hacerme a la idea.

11 comentarios | Enlace permanente

Nos quedamos el último día hablando del estereotipo siciliano. No sé ustedes, pero yo, la primera vez que fui a Sicilia fue con Michael Corleone, cuando se tuvo que coger unas vacaciones forzadas...

En Italia se rieron con estas secuencias sicilianas de ‘El padrino’ (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972), que les parecían como de la semana de Sicilia en El Corte Inglés. En general no les suele hacer gracia como retratan los americanos a la mafia, al margen de que la mafia estadounidense y la siciliana tienen estilos diferentes. Unos mitifican los spaghetti con albóndigas, que en Italia no come nadie, y van de chulos del barrio, pero los otros, sus primos los del pueblo, son huraños y reservados. Para que se hagan una idea aquí ‘Los Soprano’ han pasado sin pena ni gloria. Lo curioso es que esta imagen bucólica y caballeresca de Cosa Nostra, con la que esta organización criminal ha estado encantada hasta hace poco, no la inventó Hollywood, sino la propia Italia. Más exactamente, fue una ópera, ‘Cavalleria rusticana’, de Pietro Mascagni (chico de la foto), estrenada en 1890 en Roma, que fue un éxito tremendo, una de las mayores conmociones de la historia de la ópera y que además puso de moda el acto único. Mascagni pudo vivir de eso toda su vida.

El bar en el que hemos estado con Al Pacino, las situaciones y esos tipos taciturnos son los mismos de ‘Cavalleria rusticana’, basada en la novela de Giovanni Verga, que pinta una Sicilia folclórica, pasional y violenta. Su escena crucial, por ejemplo, transcurre en una tasca donde uno de los protagonistas rechaza un vaso de vino, desplante por el que se arma el pifostio. La historia de la ópera es muy simple, un triángulo amoroso, cuernos, celos, honor ultrajado y ‘vendetta’. Pero quizá se debería aclarar una cosa: Mascagni era de Livorno y no había estado en su vida en Sicilia. En 1890, con la unidad de Italia muy reciente, la isla era, como ha sido hasta hace poco, un lugar remoto y exótico. Esta ópera, que fue un éxito internacional, consagró la imagen de la mafia durante un siglo. Según opina John Dickie en su ‘Historia de la mafia siciliana’, es una de las directas responsables de la mitificación y confusión sobre Cosa Nostra hasta fechas recientes. De todos modos ‘El Padrino’ va a misa, no se preocupen. Los propios mafiosos, que adoran ver películas de la mafia, dicen que es así. Por ejemplo, las familias mafiosas de Estados Unidos siguen enviando a los chicos a Sicilia, en plan curso de verano, para que aprendan valores en el pueblo, tal como han demostrado algunas escuchas telefónicas de la Policía italiana.

La sangre italiana corría a raudales entre los jóvenes que airearon Hollywood en los setenta y cultivaron en gran medida esa fascinación por la tierra ancestral. Basta ver los nombres de ‘El Padrino’: Coppola era hijo de inmigrantes de Basilicata, los abuelos maternos de Al Pacino eran del mismo Corleone y parte de la familia de Robert De Niro venía de Molise. Para cerrar la trilogía, Coppola llevó a Michael Corleone al maravilloso teatro Massimo de Palermo a ver una representación de... ‘Cavalleria rusticana’. Durante la representación se produce la habitual escabechina con montaje paralelo en la que uno de los capos muere en el palco a base de ‘cannoli’ envenenados. Si fuera yo desde luego caería como un bendito, porque soy capaz de comerme una docena. Al final, la hija de Michael Corleone, interpretada por Sofia Coppola, muere en la escalinata mientras suena el famoso intermezzo de la ópera. Pero desde luego esta pieza ha quedado en la memoria por el arranque hipnótico de ‘Raging bull’ (Toro salvaje, 1980), obra de otro hijo de inmigrantes sicilianos, Martin Marcantonio Luciano Scorsese. Póngase cómodos, suban el volumen y veánlo otra vez, que siempre merece la pena:

Lo malo de esto es que dan ganas de volver a verla. Si están pensando que Mascagni tiene algo de cinematográfico no andan descaminados: fue el primer compositor profesional en dedicarse a las bandas sonoras de películas, con una muda de 1915. En ‘Toro salvaje’ tenemos una transposición actualizada de los temas de ‘Cavalleria rusticana’, y si uno se fija Scorsese volvió a repetir casi igualito el esquema de la historia en ‘Casino’ (1995) con los mismos actores. Hay una historia curiosa de ‘Toro salvaje’, a modo de epílogo del filme, que conté una vez en el periódico: el auténtico Jake La Motta volvió por primera vez a Sicilia, su tierra de origen, en 2005, con 83 años. Él también pasó unas vacaciones inolvidables en Italia, de peregrinaje sentimental, aunque cada vez me fastidia más hablar de este tema, porque se están acabando las mías y ya no tiene tanta gracia. Lo mejor es que estaba con su hermano Joey (Joe Pesci en el filme), con quien acaba muy mal en la película. Pero mira tú, lo que es la vida real, luego se reconciliaron. Querían ir a Messina, la ciudad de su padre, un albañil muerto de hambre que se embarcó en 1909 en un buque rumbo a Nueva York a buscar fortuna. Esto de los inmigrantes es una plaga, están por todas partes. Y miren este tal La Motta, que no volvió a su casa hasta los 83 años. Si es que luego ya no hay quien los eche.

Los mafiosos de las películas cuando van a la ópera no ven Verdi o Puccini, y no digamos Mozart o Wagner. Siempre ven ‘Cavalleria rusticana’ o ‘Pagliacci’, de Leoncavallo, que en su día fue una respuesta calabresa a la ópera de Mascagni, con los mismos ingredientes de cuernos, honor y venganza. Una es de 1890 y la otra de 1892, y fueron dos óperas muy populares. De hecho, como duran poco más de una hora cada una, se solían representar en programa doble, costumbre que se sigue manteniendo. Además Caruso grabó ‘Pagliacci’ y fue el primer disco que vendió más de un millón de copias. Leoncavallo se inspiró en un crimen ocurrido realmente en un pueblo de Calabria durante su infancia y que él conoció muy bien, pues instruyó el caso su padre, que era juez. En esos años la mafia siciliana se consolidó gracias al fin de la estructura feudal y a la unidad de Italia, y aunque sus miembros eran unos ceporros pueblerinos, tanto o más que ahora, les gustaba verse retratados de forma épica. Y a sus primos de Estados Unidos, más todavía, con la morriña. Vean sino a Al Capone (otra vez De Niro, el de verdad está en la foto de la izquierda), un hijo de emigrantes napolitanos, emocionándose con el aria de ‘Vesti la giubba’ mientras se cargan a uno de los intocables de Eliot Ness, el pobre Sean Connery. Da mucha pena cuando lo matan, por eso lo hacen. Estos del cine juegan con los sentimientos de las personas.

Como en ocasiones anteriores, es el único vídeo que he encontrado y no tengo ni idea de cuál es el idioma que hablan, así que abrimos el consabido concurso popular para identificarlo: ¿húngaro? ¿tagalo? ¿murciano? ¿guipuzcoano? Como probablemente sabrán o se habrán imaginado, ‘Los intocables’ (The untouchables, 1987) es de otro hijo de emigrantes italianos, Brian de Palma. Por cierto, Eliot Ness también era hijo de emigrantes, pero noruegos. Es para desesperarse, ¿pero es que no hay nadie de pura raza, de buena familia y que no moleste?


Ya hemos comentado alguna vez que esta corriente que une Italia y Estados Unidos es muy intensa, debido a la inmigración, por un lado, y por otro, a la liberación aliada en la Segunda Guerra Mundial (ya han visto en el primer vídeo como hasta el propio escolta de Michael Corleone se pone como loco al paso de los soldados americanos, en plan Bienvenido Mister Marshall). Los americanos tienen debilidad por Italia y los italianos adoran Estados Unidos (recuerden los numeritos de Berlusconi). La conexión es tan buena que en la Segunda Guerra Mundial los servicios secretos norteamericanos no tuvieron reparos en ir a la cárcel a pedir la colaboración del tipo que ven en la foto policial de arriba. Es Lucky Luciano. ¿Ustedes le dejarían el coche? Pues el Gobierno de Estados Unidos le encargó a él y a otro mafioso, Vito Genovese, que les organizaran un desembarco militar tranquilo en Sicilia. Y les quedó fenomenal, oye. La mafia con los políticos siempre se ha entendido perfectamente.

16 comentarios | Enlace permanente

Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

ver perfil [+]

normas de uso

ver otros blogs [+]

Otros corresponsales

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

PUBLICIDAD