Íñigo Domínguez

La vida en Roma

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30 Ago 2009

Verano loco (14)

27. La cuchara de Totti

Un amigo que se muere de risa con las historias de Totti, el grandioso jugador de la Roma, quería un recuerdo de verano. Para comprender la dimensión de Totti debe decirse que es un romano de pura cepa, rayano con el borono, que aspira a ser un Beckham de Trastevere, sobre todo por su mujer, la azafata televisiva Ilary (pronúnciese Ilery, en inglés a la italiana). Su boda con sombrero de copa, apoteosis de lo kitsch, fue retransmitida por canal de pago (ver foto) y seguida por 1,3 millones de personas. A su hija la han llamado Chanel.

En Italia le tachan de analfabeto para arriba, pero da igual, es muy majete. Tiene una gracia innata y seguramente inconsciente. Se lo rifan en los anuncios y, ya que es el tonto de los chistes, reunió los mejores en dos libros, cuyos beneficios donó a Unicef. Sus memorias se titulan 'Mo je faccio er cucchiao' ('Ahora les hago la cuchara', en dialecto), por una de sus mejores anécdotas. Semifinales de Eurocopa 2000, Italia-Holanda, penaltis. Diálogo de Totti y Di Biagio. D.B.: "Estoy acojonado". T.: "A quién se lo dices ¿has visto qué grande es el portero?". D.B.: "Vaya ánimos que me das". T.: "No te preocupes, ahora les hago la cuchara". D.B.: "¿Qué? ¿Estás loco?". Totti va al punto de penalti y lo lanza de vaselina. Golazo, clase e ironía: Francesco Totti. Ganó Italia. Claro, que en la liga le ha salido mal alguna vez y se han reído de él.

FIN

Ahora, con las posibilidades técnicas del maravilloso mundo de los blogs, podemos ver aquel momento memorable. Recuérdese que Holanda había fallado dos penaltis durante el partido y terminó cero a cero, y que se jugaba en Amsterdam.

Completemos el asunto con una recopilación memorable de 'cucharas' de Totti. Por cierto, que por ahí se ve el famoso gesto al banquillo de la Juve en tres tiempos: silencio-cuatro chicharros-a casa:

28. Mártires del fútbol

Es la última de fútbol, lo juro, pero tenía que hablar de dos símbolos sentimentales del 'calcio' romano, que comparten una calle pese a ser rivales. Luciano Re Cecconi y Agostino Di Bartolome representan la época dorada y maldita de sus equipos, cuando ganaron sus ligas más queridas, pues las últimas son más modernas, cotizando en bolsa. Re Cecconi, el 'ángel rubio', era el único normal de la Lazio de los setenta, una tropa de cuidado de macarras fascistoides. Todos llevaban pistola. Justo él, que no tenía, entró en una joyería y para hacer el gracioso dijo: "¡Esto es un atraco!". No era el sitio adecuado. Llevaban dos robos. El joyero lo mató de un tiro. Esa Lazio ganó la liga del 74, la primera, pero no jugó la Copa de Europa por una paliza que les dieron en el vestuario a los ingleses del Ipswich Town el año anterior.

Di Bartolomei era otra alma pura en un fútbol de rapaces. No quería jugar la final europea de la Roma con el Liverpool en 1984 porque sabía que su club había comprado al árbitro en semifinales. El castigo divino fue perder la copa en su estadio en los penaltis. Fue su último partido romano. Luego estuvo en el Milan, pero llegó Sacchi y el fútbol moderno y él se quedó viejo. No se hizo a la jubilación y acabó pegándose un tiro en 1994. En una nota dijo que se sentía en un agujero. Ese día se cumplían diez años de la final con el Liverpool.

(Publicados en El Correo en agosto de 2007)

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24 Jun 2009

Lui (16): detallitos

Aquí no gana uno para sustos, que ayer hubo otro terremoto y en mi casa se movían los muebles. Pero casi acongoja más lo de nuestro hombre. Siento volver a él, porque además de la televisión italiana me está monopolizando el blog, pero se impone en la actualidad por méritos propios. Ya habrán visto que la peli que poníamos el otro día, ‘In nome del popolo italiano’, resultó profética: el tal Giampaolo Tarantini, el empresario de Bari acusado de suministrar las chicas a Berlusconi, es sospechoso de dedicarse a lo mismo que el personaje de Gassman. Si es que aquí no hay nada nuevo. Les supongo enterados del argumento básico del nuevo culebrón, así que me centraré en los detalles, que son encantadores y no suelen entrar en las noticias porque no hay sitio para todas las tonterías. Paradójicamente, sirven para comprender de un vistazo el conjunto. Su abundancia se debe, no tanto a la prensa, como a la descacharrante Justicia italiana, que filtra en tiempo real sus pesquisas e interrogatorios. Es comprensible, porque es posible que luego la investigación de Bari se quede en nada y hay que aprovechar antes.

Detallitos son, por ejemplo, los que tiene Berlusconi con sus chicas. Dicen que hay por ahí una flotilla de minis rojos, el coche que regala al escalafón medio de la corte de mamachichos. Ahora cada vez que te cruzas con uno en la calle es inevitable mirar dentro. Pero lo mejor son las dádivas asignadas en la categoría de principiantes, esos collares que diseña él mismo, o eso dice, aunque resulta totalmente verosímil dado su aspecto. Son de dos tipos: tortuguitas o maripositas. Algo significativo, porque revela su talento para el camelo, es que a cada chica le jura que es un regalo especial, pero los encarga en serie y por toneladas desde hace años. Igual que los retratos firmados. En una conversación telefónica dos de estas chicas se indignaban porque habían visto uno igual que el suyo en casa de Noemi Letizia, y eso que les dijo que era personal. Increíble, les había mentido. A lo mejor no se lo esperaban de un primer ministro. De todos modos el collar de Noemi era de seis mil euros y parece de una categoría distinta, quizá la Sub-21, pero es que era la hija de unos viejos amigos.

La primera chica que aparece en escena y lo cuenta todo es la tal Barbara D’Addario, 42 años. Ahí la tienen en un calendario 2004 (sí, sí, es la misma chica de la publicidad electoral de arriba, aunque quizá habría tenido más votos así). Es un poco cabeza loca, apasionada de magia y sostiene haber sido ayudante de David Copperfield, a quien habría conocido en una convención suiza. A mí lo que me interesa de estos personajes es que, a medida que salen detalles de sus biografías, se descubren vidas novelescas y azarosas, no como la de uno. D’Addario es ‘escort’ (no el Ford, sino prostituta de lujo, que es un palabro que ahora descubro) y tan pronto aparece en galas regionales cutres como está con un jeque en Dubai o en un casino de Montenegro. Realmente es gente que ha hecho de todo para sobrevivir. En el culebrón aflora humanidad a raudales.

Recordemos cómo eran los burdeles que recuerda Fellini en ‘Roma’ (1972), cerrados en 1958 con la famosa ley Merlin.

Pero el móvil último de Patrizia D’Addario es esa obsesión suya por que le den el permiso para construir un hotelito en un terreno familiar de Bari. Hasta dice que su padre se suicidó por eso. ¿Qué hacer? Lo normal, pastelear con políticos. Lo primero que hizo es lo que se le ocurriría a cualquiera, presentarse con Mastella (tenemos pendiente hablar de él). Pero nada. Parece que daba la tabarra con su proyecto inmobiliario a quien se le ponía a tiro y, al final, su ocasión de oro fue Berlusconi. Asegura que le prometió «desbloquear el procedimiento» enviando dos personas de confianza a Bari y por eso se habría ido con él a la cama -«a la cama grande», ha aclarado-. También por eso, porque no hizo nada, ha decidido vengarse. De todos modos tuvieron el detallito de colocarla en la lista municipal ‘Puglia prima di tutto’ (Puglia antes que nada). Los responsables del PDL dicen que es mentira, pero es peor el remedio que la enfermedad: aseguran que pasó un día por la oficina, dejó el currículum y ya está, la metieron en las listas. Explican que no tenían a nadie para la cuota femenina. Ya ven cómo se hacen algunas listas electorales.

La segunda chica es una tal Barbara Montereale, 23 años. Lo mejor de todo es que cuenta vida y milagros de las fiestas de Berlusconi, pero pensando que le hace un favor, porque es berlusconiana a muerte, según subraya en todas las entrevistas. Del mismo modo ha relatado que al aparecer en la prensa su novio la infló a mamporros y casi le rompe la mandíbula, porque pensó que era puta. Pero en vez de denunciarlo lo contó con toda naturalidad, explicando que es celoso. Claro, tiene un tatuaje en el brazo que dice ‘Equivocarse es sufrir’. Barbara se define ‘ragazza imagine’, otro oficio fascinante, aunque en esta foto de granjera que ponemos debía de estar en horas bajas. Ha sido ‘billionerina’ -azafata de la discoteca ‘Billionaire’ de Briatore en Cerdeña- y, como Noemi, aspiró a ‘meteorina’ -las chicas del tiempo de Fede que ya describimos en el culebrón Noemi-. Fede lo negó, pero anteayer se acordó de ella -hay fotos de ellos juntos- y le ha dicho que le llame cuando quiera, que le guarda el puesto. Resumiendo, que Barbara al final metió el pie en las fiestas de Berlusconi y sacó 10.000 euros haciendo pucheritos:

«Fue muy dulce, como un padre. Le conté que había perdido a mis padres y mi hija no estaba bien. Que no conseguía salir adelante sola. Me dio un beso en la frente y antes de irme me dio un sobre. Fue un gesto bellísimo. Y lo juro sobre mi hija, no tuve con él ninguna relación sexual. Puedo sólo decir que Tarantini nos decía que para quien fuera con el presidente había sobre con una cifra a elegir».

Barbara también acabó en la lista ‘Puglia prima di tutto’.

Vamos con el tercer personaje. Desde hace unos días serpenteaba entre los párrafos de las noticias, medio oculto, un transexual llamado Manila. Como pueden ver, aquí a la derecha de sus pantallas, también tiene su calendario. Se le citaba en los papeles de la Fiscalía de Bari como alguien metido en eso de mover chicas. Era cuestión de tiempo que saliera a la palestra y ayer, por fin, también apareció con su entrevista. Les advierto que cada vez bajamos más en las catacumbas del imperio. Manila, de 27 años declarados, se define ‘talent scout’ (buscador de talentos) y se considera una creadora de tendencias de Teleregione, cadena de Puglia, donde hace ‘realities’, copias de los de las grandes cadenas. Si los originales ya son malos imaginen la imitación de provincias. Pero su análisis es agudo, aunque le fastidia que a ella nunca le hayaninvitado a las fiestas de Berlusconi. Lean, lean:

«Los chicos y las chicas que frecuentan mis programas vienen a mí con una esperanza. Al menos unas cincuenta chicas que han pasado por aquí después han llegado a ‘Uomini e donne’, ‘Amici’, al ‘casting’ del ‘Grande Fratello’ o de ‘L’Isola dei famosi’. (...) Evidentemente, alguien se ha dado cuenta de que en torno a Manila (habla en tercera persona, como el Papa o los futbolistas) hay un vivero fértil de personas que quieren triunfar. Y ha pensado que los podía proponer a personas importantes».

Dice que también le propusieron entrar en la lista ‘Puglia prima di tutto’. Rechazó la invitación, porque le parecía una caricatura. Al fin alguien con sentido de Estado.

Un último personaje que ha aparecido de refilón es Licia Ronzulli, que según el testimonio de Barbara Montereale recibía a las chicas y organizaba «la logística» de Villa Certosa. Pues resulta que es toda una eurodiputada del PDL, una de esas que causó cierto revuelo por ser incluida en las últimas listas sin saber por qué. Se dijo que era por su impecable perfil de voluntaria en Bangladesh, pero ya ven que ha acabado reciclada en regulador vial de los convoyes de mamachichos. Ha replicado diciendo que cuando es invitada a Cerdeña -«con mi marido», detalla- colabora en la acogida de los invitados.

Fellini, de todos modos, ya especificaba luego en ‘Roma’ que, como en todo, había clases, y que existían otros lupanares de más nivel, donde de repente podía aparecer una personalidad importante y todos a contener la respiración:

Las veladas descritas por estas chicas lenguaraces son increíbles porque parecen estar destinadas a hacer creer a Berlusconi que van todas allí en peregrinación porque es el más guapo, el más simpático, el más gracioso y el más sexy. Y él aún se siente en la obligación de seducirlas con sus encantos. Champán, pizza, helado. En Villa Certosa, coreografías de rubias con morenas. Chicas de países del Este vestidas de Papa Noel. Paseo en cochecito de golf por los jardines de cactus y el volcán con efectos pirotécnicos. Y, por supuesto, canciones napolitanas con Apicella, el ex-aparcacoches reciclado en guitarrista personal del ‘Cavaliere’. Aquí les vemos en un recital en el mítico anfiteatro de la misma Villa Certosa:

En estas imágenes se ve que Berlusconi lo vive, se ve esa espontaneidad que lo hace tan simpático, ese deshacerse por sus invitados y que hace creer realmente que puede pecar de ingenuo. Mira que no saber distinguir una prostituta cuando se la meten en casa, porque eso es lo que ha dicho. Menudo chasco se habrá llevado. Él pensando que había triunfado con la D’Addario como un campeón a la segunda noche de verla y con sólo charlar un rato. Qué ingrato es el poder.

En las imágenes, en fin, se comprende que Berlusconi lleva en la sangre su origen como cantante de cruceros. Es el estilo que impregna su modo de ser, la política cabaretera. Entonces hasta tenía tupé, como demuestra esta foto de época de la izquierda. Y es precisamente en aquellos cruceros primordiales donde se halla una clave esencial, un nodo neurálgico del devenir futuro, porque, y me parece que esto aún no lo he contado, en la misma nave donde actuaba Berlusconi -con Fedele Confalonieri, actual presidente de las televisiones del magnate, al piano- en otro piso estaba en escena ¡¡¡¡¡nuestro héroe Fantozzi!!!!! Como lo oyen, en el mismo barco el destino unió el yin y el yan, el triunfador y el perdedor, el megadirector galáctico natural y el más bajo subordinado inferior. En efecto, el genial Paolo Villaggio, genovés, también empezó con espectáculos en los barcos de placer. Y en otra sala a veces actuaba Fabrizio de André. Villaggio dice que Berlusconi, como cantante, era buenísimo. Pero ya sabemos cómo acabó Fantozzi, haciendo horas extras de noche para cubrir al jefe máximo, el Duca Conte Semenzara, cuando se iba de putas y llamaba su mujer:

Es el inicio de ‘Il secondo tragico Fantozzi’ (1976, Luciano Salce).

Volviendo a lo nuestro, y como descargo, yo creo que Berlusconi ha sido víctima de un trágico equívoco. Como ha dicho su abogado, Niccolò Ghedini, si alguien ha pagado a las chicas a espaldas de su cliente él sólo sería, en todo caso, «el utilizador final», un concepto absoluto, como el Gran Timonel. Y en cualquier caso, su cliente «no necesita que nadie le lleve mujeres, puede tener grandes cantidades gratis». Le faltó decir ‘cargamentos’ o algo así. En fin, que yo creo que si alguien pagó a las muchachas no fue para que mantuviera relaciones sexuales con el primer ministro, sino para la parte más dura de estas ceremonias de autoexaltación del líder, después de sus chistes: tragarse una hora de vídeos de Berlusconi. Dos mil euros, la cifra que se maneja como tarifa estándar, me parece poco. Según han contado las chicas, les ponía imágenes de sus visitas a la Casa Blanca y al final, todas a cantar, en coro, con los brazos en alto y cogidas de la mano, el himno oficioso ‘Meno male che Silvio c’e’ (‘Menos mal que tenemos a Silvio’). No se descarta que hubiera también mecheros encendidos. Desde luego este señor está muy mal, tiene razón su mujer. ¿Recuerdan aquellas frases majaras que se escribía solo en un folio («Soy el presidente número uno,...»)?

Estas son historias deprimentes de chicas con vida difícil. El ambiente de las fiestas es declaradamente decadente. Y lo más llamativo y que no deja de asombrarme, aunque no deja de ser un consuelo para los que no somos millonarios, es que no hay una que esté realmente buena. Son todas del montón, de Noemi para arriba. Por eso estarán doblemente cabreados los políticos de toda la vida que han sido dejados fuera de las listas con el argumento decisivo de que no tienen tetas, como le dijo el coordinador nacional del PDL, Denis Verdini a Marcello Vernola, según el relato de éste. Es un europarlamentario apartado de las candidaturas y que se ha pasado a la UDC. Hay mucho resentimiento interno. Además mientras tanto Berlusconi, defensor de la familia y que en esos días aprobaba una ley para endurecer la lucha a la prostitución, ordenaba cubrir el seno de la reproducción del Tièpolo de la sala de prensa del palacio presidencial. Ahí vemos el detallito, antes y después, con la ministra Carfagna, la fulgurante chica de los calendarios, impulsora de la ley. La ley, por cierto, que está aún en trámite, es la primera desde la Merlin de 1958 que citábamos antes y acabó con aquel mundo felliniano.


No se entiende nada, la verdad, de si están a favor o en contra de los pechos. En este sentido, ha sido útil e interesante una entrevista de ‘La Stampa’ a Stefania Ariosto, la mujer que frecuentaba asiduamente el círculo berlusconiano en los ochenta, sus fiestas de lujo y vacaciones en velero, y que un día, nunca se ha averiguado por qué, empezó a contar lo que sabía sobre cuentas suizas y demás. De su testimonio salieron los procesos SME, IMI-SIR y Lodo Mondadori contra Berlusconi y compañía. Fueron célebres sus descripciones de la casa de Cesare Previti, abogado y hombre de confianza de Berlusconi, con una bañera llena de langostas y una escultura en forma de falo. La Ariosto conoce muy bien el percal. Vean estos fragmentos de la entrevista:

-¿Se imaginaba que se llegaría a esto?
-Algunos comportamientos de Berlusconi simplemente se han acentuado. Yo entonces fui marcada como peligrosa porque osé rebelarme, contar lo que sabía. Y sobre todo no adhería a su comportamiento, a una cierta arrogancia que se sanaba sólo con el dinero. También yo recibí dinero, pero intenté siempre corresponder a Verónica. (...)
-¿También usted recibió pulseras y collares?
-Sí. Eran los regalos típicos de Berlusconi, un comportamiento en realidad de desprecio por las mujeres. Él tiende a comprar todo.
-¿No son gestos de galantería?
-No, son formas visibles de poder. Berlusconi adora la visibilidad, si no no se explica cómo ha podido ocurrir esto. ¿Cómo entra una prostituta en su casa y graba todo? Tenía la posibilidad de hacer sus cosas en privado, pero él no goza si no hay una representación externa de lo que hace. Y así se arriesga a un chantaje.
-¿Cuando lo frecuentaba era distinto?
-No era así. Esta acentuación del exhibicionismo sexual creo que se debe a la senilidad y a la intervención quirúrgica, que le ha afectado mucho.
-¿Quién es Berlusconi en privado?
-Es un hombre generosísimo, esto está fuera de discusión, pero sus regalos tienen más que ver con un sutil ejercicio del poder. Berlusconi no ama las mujeres, es un embustero.
-¿Se esperaba la D’Addario y sus amigas a Palazzo Grazioli y Villa Certosa?
-El uso de ‘escort’ o ‘ragazze imagine’ es un modo de hacer muy milanés. A menudo para hacer negocios se llevan estas chicas, que son bien adoctrinadas. En esta historia a Berlusconi le absuelvo, su culpa es haberse fiado de ese tipo, Tarantini. (...) En el fondo es una historia triste y él ya me da un poco de pena.

En resumen, todo esto es una apestosa combinación de cotilleo y política, de público y privado. Tras callar una semana, no responder preguntas y negar todo, por fin Berlusconi habla hoy por primera vez del tema. ¿Dónde? ¿En una rueda de prensa? ¿En el Parlamento? ¿En la RAI? ¿En el ‘New York Times’? No, en ‘Chi’, una revista del corazón casposilla que es de su propiedad. Todos a leerla a a peluquería.

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21 Abr 2009

Feliz cumpleaños

Roma cumple hoy, según la tradición, 2762 años. Así que cualquier cosa que podamos decir le resbala, y hace bien. El 21 de abril del año 753 a.C. fue fundada por Rómulo (el hermano de Rémolo, según el célebre gazapo de Berlusconi). Y ahí sigue, hasta hoy, tan hermosa, hipnótica y colosal como siempre.

Esta escena es de 'Roma' (1972), de Fellini, declaración de amor a la ciudad. Los motores rugen en la noche de los tiempos.

Pasear de noche por Roma es una de las grandes experiencias de la vida. Dar vueltas por Roma en moto, en primavera, es otra gran experiencia de la vida. Roma es una gran experiencia de la vida.

Auguri!

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Italia y el Vaticano son dos mundos que se corresponden como en un espejo, lo que no sé es quien llegó antes al espejo, como en la escena de ‘Sopa de ganso’ de los hermanos Marx, una de las más divertidas de la historia del cine.

No sé si la Iglesia es algo muy italiano o Italia algo muy eclesiástico. Lo que si sé es que la Iglesia no es explica sin Italia, y viceversa. Llevan 2000 años viviendo juntos. Se han pegado mutuamente sus rasgos y costumbres. Por ejemplo, Benedicto XVI fue el otro día a Nápoles y ni mencionó la Camorra.

Muchas cosas de la forma de ser y de hacer de la Iglesia se comprenden cuando se vive en Italia, se descubre de dónde salen. Quizá el secreto de su extraordinaria supervivencia es que sea tan italiana. Si San Pedro hubiera recalado en Salzburgo o en Madrigal de las Altas Torres lo mismo la historia hubiera sido distinta. Dios sabía lo que se hacía confiando su empresa a los italianos. Seis de las diez empresas más antiguas del mundo son italianas, que pasan religiosamente de padres a hijos.

Del mismo modo, Italia está impregnada de carácter religioso, incluida la militancia comunista. Por eso, quizá, no hay un anticlericalismo tan exacerbado y arraigado como en España. Están acostumbrados, familiarizados con él como algo propio, aunque sólo sea porque medio país ha sido del Papa durante siglos, hasta 1870. Y eso porque los propios italianos le invadieron Roma (a la derecha, la brecha de Porta Pia, por donde entraron las tropas). Pío IX amenazó con la excomunión a los romanos que votaran a favor de la unidad de Italia, pero ni por esas. Se quedó sin finca, pero a los italianos algo de súbditos pontificios se les ha quedado.

El Papa opina de política italiana de forma rutinaria, más que Rouco de la española. Y los obispos italianos intervienen hasta sobre los presupuestos. Por eso, cualquier líder político italiano se maneja con el Vaticano como con un partido más, pero que es único porque influye en todos los demás. Van a visitar al Papa cuando les eligen, asisten a ceremonias (D’Alema, el gurú carismático de la izquierda acudió a la canonización de Escrivá de Balaguer) y hacen carreras por tener gestos de respeto. El Parlamento aprobó un indulto masivo en las cárceles por la única razón de que lo pidió el Papa.

En cualquier acto público de media estatura, desde una exposición a una presentación de un libro, hay un cardenal moviéndose entre los canapés. El párroco suele ser uno de los referentes públicos de cualquier municipio y se les entrevista como voces de la comunidad cuando hay un suceso. Es un reflejo de la fragmentación grupal italiana, traducido en la presencia capilar de la Iglesia a través de sus parroquias y organizaciones, que a menudo realizan una labor social imprescindible y son uno de los pocos referentes morales de la comunidad, sobre todo en las zonas más amorales. En la tele, además, resuelven casos policiales:

En la tele uno siempre se encuentra algún cura. Si lo han reconocido pero no creen lo que ven sus ojos han visto bien, es verdad, es él: es Terence Hill, convertido en Don Matteo, serie de éxito de la RAI que va por la sexta temporada. Bueno Bud Spencer, de quien ya hablamos un día, acabó de candidato en Forza Italia... Los curas son personajes habituales de las series, los anuncios o invitados en los debates. En España no sucede desde el Padre Mundina y sus plantas, pero es que Italia sigue un poco en aquella época, es muy setentera. De aquí nace, creo, parte del asombro del Vaticano cuando en el resto del mundo a menudo no les hacen ni caso y no pintan nada. Les gustaría que todos fueran como Italia, esa Arcadia feliz. Del mismo modo, cuando los italianos salen de Italia descubren con pasmo lo lejos que queda el Vaticano de la vida de los demás países.

Sin ánimo de ser exhaustivo, una lista improvisada de parecidos entre Italia y la Iglesia, tanto históricos como actuales, incluiría por ejemplo:

Las jerarquías, los uniformes, los disfraces, la ceremonia, el sentido teatral, las castas sacerdotales, las paráfrasis, la retórica, la lentitud de la burocracia, la gerontocracia, el nepotismo, el machismo, la homofobia, la piedad, la hipocresía, el sentido de grupo, la fragmentación en grupúsculos interminables, el papel central de la madre, la reverencia, la adulación, las reglas férreas con castigos tremendos pero cuya infracción siempre se puede perdonar -de ahí la ley y la trampa, el doble juego y la redención del pecador-, la capacidad de interpretar los textos en sentidos diversos según la ocasión y la conveniencia, la importancia de la familia, la adaptación camaleónica a los cambios, la práctica del relativismo moral pero su condena pública, el fatalismo, el conservadurismo, el inmovilismo, la desconfianza hacia lo nuevo, la alergia a la modernidad, los anacronismos, el sentido del tiempo como eternidad, el arte de la hipocresía, la conciencia de la debilidad del género humano, el olfato para los negocios, la habilidad para la diplomacia, el término medio y la ambigüedad calculada, la superstición, los milagros, la sensación de vivir en un museo, el vivir del dinero de los demás, que el fin justifica los medios, el amor al arte, el comer bien, la sabiduría antigua y la obsesión por el adulterio, las mujeres y las vírgenes.

A mí casi todo me parece bien. Roma, en concreto, la han hecho los papas, y no les quedó nada mal. El Papa ha sido el alcalde de Roma durante siglos y sus cardenales concejales de urbanismo o seguridad, que lo mismo tendían la red de agua como ejecutaban desgraciados con la pena de muerte.

En fin, Fellini, que veía muy bien en las entrañas de Roma con su ojo juguetón y burlón, supo ilustrar estas indefinibles sensaciones, esta confusión de identidades, esta realidad fascinante, en esta famosa secuencia de 'Roma' (1972):

Por cierto que en algunos salones de Roma el ambiente y los personajes siguen siendo los mismos.

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10 Oct 2008

Una mañana en Roma

Hoy he tenido una mañana muy romana. A ver si consigo explicar por qué, en esta imposible tarea de describir Italia, y que se me perdone la digresión.

Debía ir al INPS, la seguridad social, a arreglar unos papeles. El INPS, como Eni, Acea, el Comune, la Regione (en la foto de aquí al lado, ente fantozziano por excelencia), es uno de esos monstruos burocráticos donde uno entra pero no sabe cuándo sale, ni cómo se las arreglará dentro ni que será de su vida. Todo depende de la suerte y de la maña de cada uno, no de seguir las reglas, que es un error. Pues bien, la oficina central de Roma, en San Giovanni, una mole de diez pisos, estaba cerrada todo el día por asamblea sindical. Esto es normal. Fue culpa mía, por no mirar el calendario: los viernes uno tiene ese riesgo. Estas cosas, como las huelgas, se suelen hacer los viernes para que salga un bonito puente.

Cientos de ciudadanos que habían tenido que faltar al trabajo o desatender obligaciones, como millones de italianos que pierden miles de mañanas en resolver papeleos absurdos, llegaban a la puerta y empezaban a cagarse en todos los muertos. Italia aún vive en la época del vuelva usted mañana, Internet es una fantasía y adoran el fax. Pero enseguida ocurría eso que me asombra tanto de los italianos: resignación, miradas al cielo, un café en el bar. No se puede luchar con la vida, contra el sistema, contra la fatalidad. Al rato ya se hacían bromas. A nadie se le ocurre protestar porque no sabría ni por dónde empezar.

Con el tiempo, yo también he adoptado este punto de vista. Pero no lo tomo como derrota, sino como una forma más inteligente de afrontar la vida. Así que eran las nueve de la mañana y tenía algo de tiempo. ¿Qué hacer? De pronto pienso que ahí al lado está la basílica de Santo Stefano Rotondo, del siglo V. En ocho años nunca he logrado verla. Siempre cerrada no se sabía por qué, o por restauración, o con horarios raros, o con reserva obligatoria,... Como el INPS.

Llego por calles estrechas, entre muros que se derrumban, jardines descuidados. En Roma basta doblar una esquina para quedar en silencio. Milagro, la iglesia abre en ese momento. Me explican que llevaba cinco años cerrada por obras. Por fin voy a verla. Entro y me quedo absorto ante el espectáculo. Una iglesia circular, diáfana, rodeada de decenas de frescos maravillosos. Se forman haces de luz entre el polvo de las obras que aún siguen en marcha. Retumban las conversaciones con acento romano de los currelas. No hay nadie y el tiempo se para.

Había oído que la iglesia ya estaba abierta, pero esas cosas en Roma siempre se mueven en forma de leyenda, como los mismos requisitos burocráticos: nunca se sabe qué papeles hay que llevar, cambian cada día, o según el funcionario que te lo explique. En Italia todo está envuelto en una niebla, como en un sueño, y siempre se va a ciegas, en una realidad inestable, resbaladiza, móvil. Por eso es un país que prepara para la vida, porque la vida es así y no, como se esfuerza el resto del mundo civilizado, algo que tenga un sentido.

Por otro lado, en Italia el cabreo por lo que no funciona se convierte rápidamente en una nimiedad ante el efecto de la belleza, que recuerda la alegría de estar vivo. Y ahí es donde tienen razón los italianos y los demás no terminamos de darnos cuenta. La belleza es vital, tiene una influencia benéfica, medicinal, sobre el estado de ánimo. No es ninguna tontería.

Para irme cojo el autobús enano 117. Es eléctrico y pequeñito. Dentro, los turistas extranjeros ruedan como en una bolera por las sacudidas. Se suelen dividir entre los impresionables y los que se divierten, pero en general tienen la misma cara que se me puede poner a mí, un suponer, en Calcuta. Hay una pintada -«Laureati falliti!» (¡Licenciados, fracasados!)- ejemplo de la agudeza nacional para la frase corta. Hay un cartel que prohíbe hablar con el conductor, pero todos los romanos que suben le preguntan si para aquí o allá y el viaje en sí es una tertulia colectiva. El 117 recorre la colina del Celio, pasa ante el Colosseo y llega a Piazza de Spagna. Un recorrido como otro cualquiera. Cuando bajo ya ni me acuerdo de la tontería del INPS.

En fin, yo no explico muy bien estas sensaciones inaferrables, pero Fellini lo hace mucho mejor que yo y atrapa de forma magistral el misterio de Roma en, precisamente, ‘Roma’ (1972). Como en esta secuencia mágica de las obras del metro.

El viento que aúlla en las películas de Fellini siempre es el misterio, la soledad, el paso del tiempo.

A mí en la parte final siempre se me saltan las lágrimas.

Buen fin de semana.

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Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

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