Íñigo Domínguez

La vida en Roma

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12 Abr 2010

Caos, rebelión

Siguiendo donde lo dejamos el otro día, pero siempre de forma errática y saltando por las casualidades, quería recordar algo. El pasado 23 de marzo fue el aniversario de la matanza de las Fosas Ardeatinas. A muchos quizá no les diga nada, porque si se suele desconocer la propia historia qué vamos a saber de la de los demás. Como buen ignorante, yo tampoco sabía nada antes de venir a Italia. Se lo cuento brevemente.

En 1944, tras la rendición de Italia en la Segunda Guerra Mundial, la mitad norte quedó en manos de sus aliados hasta la fecha, los queridos nazis. Sólo que tras la capitulación dejaron de ser tan amigos. En Roma, como en otros lugares del país, se organizó una pequeña red de resistencia. El 23 de marzo uno de esos grupos colocó una bomba en Via Rasella al paso de un convoy militar y mató a 32 soldados. Otro murió poco después, y otros nueve posteriormente. También murieron dos italianos que pasaban por allí, uno de ellos de trece años. Via Rasella está muy cerca de la Fontana de Trevi. Lo digo por si les entra curiosidad, pues aunque parezca una paradoja el turismo en Roma a veces tapa la historia.

La represalia fue terrible, por oden directa de Hitler. Se barajaron varias opciones. Primero, matar 50 italianos por cada soldado alemán y demoler el barrio entero, aunque se fue bajando en el regateo y al final se quedó en una proporción de diez italianos por uno. Era mucha gente y para llegar a ese número los nazis vaciaron primero la cárcel de Regina Coeli, en Trastevere, de miembros de la resistencia, de prisioneros políticos y de judíos. Los hebreos fueron un total de 75, supervivientes de los 1.023 enviados a los campos de exterminio en la trágica redada del ghetto de Roma de cinco meses antes, el 16 de octubre de 1943. Como seguían sin llegar al número fijado, rellenaron con detenidos comunes y alguno cogido por la calle al azar. Así hasta 335. Pensarán ustedes que no salen las cuentas. Es que prendieron 320, por 32 soldados muertos, pero murió otro y el oficial encargado, Herbert Kappler, ordenó por su propia iniciativa capturar otros diez. En las cadenas de mando no se suelen valorar las iniciativas individuales, pero se arriesgó. Los otros cinco fueron cinco personas de más de propina, porque con el lío y las prisas arrestaron a más de la cuenta.

El 24 de marzo los llevaron a las afueras de Roma, en la zona de las catacumbas, los mataron, los introdujeron en unas cavidades naturales y luego las volaron para dejarles enterrados y ocultar lo ocurrido. Hoy se puede visitar el lugar, que es escalofriante.


Pasé la noche del último 24 de marzo viendo ‘Ran’, de Akira Kurosawa, a quien adoro, en el cine Farnese de Campo de Fiori. Había un ciclo sobre él porque nació hace 100 años, también el 23 de marzo de 1910. La tragedia de las Fosas Ardeatinas siempre me ha impresionado y esa noche me pareció que la legendaria secuencia de la toma del castillo Hidetora de ‘Ran’ representa como pocas ese espíritu del mal, de la guerra, de destrucción, de estupidez abisal que también anida en el hombre. Música heladora de Toru Takemitsu. Si quieren después pueden seguir leyendo con la música puesta:

El hermano mayor de Kurosawa, Heigo, a quien él admiraba, se suicidó cuando él tenía 20 años. Era narrador de cine mudo en cines de Tokio, aunque se quedó sin trabajo cuando llegó el sonoro. Tras el terremoto de 1923 que destruyó la ciudad y dejó 100.000 muertos se llevó de paseo al pequeño Akira, que entonces tenía 13 años, por las calles llenas de cadáveres para que se le quitara el miedo.

El propio Kurosawa intentó suicidarse el 22 de diciembre de 1971, tras el fracaso consecutivo de dos de sus películas. Entró por la mañana en el baño y se hizo varios cortes en la garganta y las muñecas. Le encontraron a tiempo. Y menos mal. Tras recuperarse hizo en diez años tres obras maestras: Dersu Uzala (1975), Kagemusha (1980) y Ran (1985). Tuvo una candidatura al Oscar como mejor director por ‘Ran’, pero no ganó. Ese año lo ganó Sydney Pollack por ‘Memorias de África’.

Volviendo a Roma, el otro día un grupo de neonazis rapados atacaron un bar al que suelo ir a tomar un café y que está a dos minutos del cine Farnese, donde vi ‘Ran’. Les gritaron algo así como “¡Judíos de mierda os vamos a quemar el bar!”. A veces parece que no pasa el tiempo, pero no rejuvenece nada, al contrario.

Esta carrera desesperada de Anna Magnani, escena cumbre de la historia del cine de ‘Roma città aperta’ (Roberto Rossellini, 1945), fue rodada en Via Raimondo Montecuccoli, detrás de la estación Termini, en el barrio de la Prenestina. Rossellini la rodó pocos meses después de la matanza de las Fosas Ardeatinas y empezó las tomas en Via degli Avignonesi, justo al lado de Via Rasella. Es la calle paralela, hay una placa en el lugar. Trabajó nada más irse los alemanes, apenas acabada la guerra, en una situación de total precariedad. Eso sí que es lamerse las heridas y recuperarse de un trauma a toda velocidad. La película se estrenó en septiembre de 1945. Con escaso éxito. Supongo que la gente no estaba como para ir la cine a ver dramones, aunque se acabara de inventar el neorrealismo allí mismo, en su vecindario.

Si se preguntan que fue de Kappler, el oficial de las SS que organizó la matanza, y que también fue responsable de la redada en el ghetto, fue condenado al final de la guerra a cadena perpetua por un tribunal italiano. Sin embargo padecía un tumor, estaba muy enfermo y fue trasladado al hospital militar del Celio, al lado del Coliseo. Rigurosamente vigilado, por supuesto. Tanto que se fugó con ayuda de su mujer el 15 de agosto de 1977. En unas horas estaba ya en Alemania tomando cervezas y recibiendo admiradores. Habrán notado que era un día de fiesta, Ferragosto, un día en el que el país está totalmente parado.

La fuga es muy curiosa. Su mujer, Annalisa Kappler, se presentó con un maletón enorme, en el que escondía una cuerda con un cabestrante. Metió dentro al marido, que se había quedado muy raquítico y apenas pesaba 50 kilos, y descolgó la maleta por la ventana hasta un jardín. Los ‘carabinieri’ de la puerta dormían. Luego salió, arrastró la maleta hasta el coche, un Fiat 131 alquilado en el aeropuerto de Fiumicino, y tiraron millas hasta la frontera con Austria, donde pasaron sin problemas. Habían tenido siete horas de margen hasta el primer control de la mañana. Luego llegó a Alemania y a casita (foto).

Esta ha sido la versión de toda la vida, pero hace tres años la viuda Kappler dio una entrevista a ‘Oggi’ -una popular revista del corazón, no un semanario de geopolítica-, donde cambiaba la historia. Dice que ni maleta ni nada, que le puso una manta encima y bajaron caminando despacito por las escaleras a la una de la madrugada. Lo tumbó en el asiento de atrás del coche y salió sin que nadie le dijera nada. Lo único que no cambia es que los ‘carabinieri’ de la puerta dormían.

Este cambio de versión es raro, como todo en Italia, donde los misterios nunca terminan de aclararse. La señora Annalisa admite que compró la cuerda y la maleta, pero sólo para poder contar la versión oficial que se ha mantenido durante años “porque no quería que se le echara la culpa a nadie”. Qué detalle tan enternecedor. Casualmente esos días alguien había dado orden de rebajar la vigilancia del prisionero Kappler.

Sea como fuere para el epílogo de la historia aparece un detalle importante e incomprensible. Para meterle en un hospital militar, una cosa rara pero ideal por las condiciones de seguridad, al Gobierno italiano no se le ocurrió otra cosa que declarar a Kappler prisionero de guerra, aunque era 1977. Esta tontería, fruto de la burocracia creativa o del arte de la chapuza italianas, o quien sabe si era una decisión muy consciente, fue decisivo luego: Alemania se negó a extraditarlo porque al ser prisionero de guerra tenía derecho a fugarse. Kappler murió a los seis meses.

Si esto les parece gracioso esperen a oír lo del capitán Erich Priebke, uno de sus cómplices. Él pudo huir a Argentina gracias a la red secreta de fuga que permitió darse el piro a Sudamérica a varios criminales de guerra nazis, conocida como organización ODESSA (Organisation der Ehemaligen SS-Angehörigen/ Organización de ex-miembros de las SS) o Ratline (Ruta de las ratas), y en donde tenían un papel central miembros de la Iglesia católica que facilitaban salvoconductos del Vaticano. Por cierto, creo que nadie ha pedido perdón por esto.

Priebke vivió cómodamente en San Carlos de Bariloche, paradisiaca y agradable ciudad turística de los Andes, durante 50 años. Estaba tan confiado que dio una entrevista a la BBC en 1994 contando sus hazañas. Decía que sólo cumplía órdenes. Pero se armó tal escándalo que al año siguiente fue extraditado a Italia y juzgado. Si ya están un poco avezados en los asuntos italianos supongo que adivinarán la sentencia: su delito había prescrito. Pero se armó tal pitote que hicieron el juicio otra vez y lo condenaron a cadena perpetua en 1998, pero en arresto domiciliario debido a su edad. Es decir, acabó de vecino de las familias de los muertos en las Fosas Ardeatinas. Yo llegué a Roma en 2001 y al lado de mi casa había pintadas a favor de Priebke. Qué recuerdos.

En 2007, con 93 años, le dieron permiso para salir de casa a trabajar en un despacho de abogados de Via Panisperna, en el barrio de Monti. Se publicaron fotos del tipo de paquete en un ‘motorino’ (foto). Se armó tal lío que recularon y se lo denegaron. Sigue viviendo en Roma. Tiene 97 años. Qué bonito final. Como el de ‘Roma città aperta’:

Había mucho cura malnacido, pero también otros ejemplares, como el que interpreta el buen Aldo Fabrizi. La Iglesia es muy humana. Sigue pasando hoy con el escándalo de la pedofilia, o quizá debería decir, como sostiene el Vaticano, la conspiración contra el Papa de la pedofilia. Pero de eso hablaremos otro día, porque parece que va para largo.

‘Ran’ en japonés significa ‘caos’ y también 'rebelión', creo. Fue en Venecia donde descubrieron a Akira Kurosawa en 1951, con ‘Rashomon’.

¿Moraleja? No sé, que no hay que rendirse porque los cabrones nunca se suicidan y aguantan hasta el final. Yo qué sé, es lunes y acabo de volver de unas pequeñas vacaciones.

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28 Abr 2009

25 aprile

El otro día fue fiesta en Italia, una fiesta muy importante: el 25 de abril se celebra la Liberazione, la Liberación del fascismo y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hoy toca tema serio. Así cuenta ese día Bernardo Bertolucci en ‘Novecento’ (1976):

Sinopsis: Lo que vemos aquí es a la gente de los pueblos que se entera de la noticia del fin de la guerra y sale con las armas a perseguir a los últimos fascistas que quedan por ahí. «¡Dinos lo qué ves!», le dicen a la campesina que está sobre el carro de heno. «¡Veo un montón de cosas! ¡Veo un montón de bandidos negros que escapan como conejos y uno de los nuestros que les persigue, sin fusil! ¡Tiene sólo un bastón, qué bastonazos le da, parece un diablo con cien brazos, si pudiérais verlo! ¡Gritad! ¡Gritad!» «Bendita juventud que ve lo que no existe», murmura escéptica una anciana que ya no espera nada.

«¡Los alemanes escapan, se van para siempre, no volverán nunca más! ¡Tiran los fusiles y los uniformes para que no les reconozcan». En un momento de ensoñación la chica cree ver a Olmo (Gerad Depardieu), uno de los personajes, en un caballo blanco. Pero enseguida despierta cuando divisa al jerarca fascista del lugar (Donald Sutherland) y su mujer . Los persiguen y los apalean.

Bertolucci, militante de izquierda, da así una visión entre poética y realista de lo que fue aquello. Alegría y barbarie. La reacción popular se puede explicar porque lo que hemos visto entronca con otras escenas similares del fascismo, como la que tenemos aquí en ‘La marcia su Roma’ (La marcha de Roma, 1962), de Dino Risi:

Sinopsis: Un grupo de camisas negras pasan con dos disidentes apresados, cantando ‘Giovinezza’ (Juventud), himno de la época, mientras los dos protagonistas, Ugo Tognazzi y Vittorio Gassman, fascistas de circunstancias y por conveniencia se disponen a dar una lección a otro. Se trata de un juez que les condenó en el pasado en unos incidentes y el método es el clásico de aquella época, ingestión forzada de aceite de ricino, que causa fulminantes y terribles diarreas. Si recuerdan, lo sufre también el padre del protagonista de 'Amarcord'.

Subiendo las escaleras, Gassman, siempre con más morro, explica a Tognazzi, más parado, que agarrará al profesor mientras él le hace tragar el aceite. Tognazzi, a quien no le apetece nada la misión, objeta que a lo mejor se defiende. «Un golpe en la cabeza y se acabó», dice Gassman. Cuando se dispone a tirar la puerta abajo, la abre un señora: «¿Son los del carbón?», pregunta al verles de negro. «¿Tienen cita?». «Desde hace dos años», replica Gassman haciéndose el duro.

«Buenos días, ¿no se han acomodado?», dice el profesor al entrar. Cuando pasan al salón, Tognazzi se olvida la botella. Al decir que no les conoce, Gassman le recuerda los disturbios de la huelga de barrenderos de Milán en la que fueron detenidos. El profesor no se inmuta ante la botella y pide que les traigan el vermut. Luego cuenta que la suya es una familia de magistrados, pero que él prefirió dimitir.

«Un magistrado puede juzgar si es independiente, y un hombre es independiente si es totalmente libre». Como no era libre, explica, dimitió. «Es usted el que nos quitó nuestra libertad», replica Tognazzi. El profesor responde que, en efecto, hoy serían juzgados con mayor benevolencia, aunque él les seguiría condenando igual. «Yo no he cambiado», dice bebiendo su vermut con aceite de ricino.

Luego, arenga: «Sois unos irresponsables, pero no es todo culpa vuestra. Cuando el fanatismo ocupa el lugar de la razón el camino está lleno de engaños, y el engaño mayor es justo éste: que uno cree que ama la propia patria sólo si esta patria es un país donde todos piensan como él, y es así como termina por amar una patria de esclavos, y no se da cuenta de que es un esclavo él mismo». Así apura su copa. «Ahora me tengo que ir, ya ya sabéis dónde. ¡Iros allí vosotros también y vuestro Benito Mussolini!».

Dino Risi, un maestro. Otro ejemplo más de esa elegante combinación de tragedia, comedia e historia que hacía sin esfuerzo el cine italiano de aquella época.

Volvamos a la actualidad porque todas estas cosas están todavía muy presentes en la vida italiana, y quizá algunos lectores desconozcan los detalles.

Hasta este año Berlusconi nunca había celebrado el 25 de abril, porque decía que era una fiesta secuestrada por la izquierda. Además, siempre ha tenido palabras afectuosas hacia el fascismo. Que Mussolini no era tan malo, sólo enviaba a la gente a pasar una temporada de vacaciones a prisión y cosas así. En su línea. A saber qué opinaría del juez que hemos visto en la película, dada su opinión de los magistrados. O qué opinaría el juez de él.

En fin, que Berlusconi ha pasado sus 14 años de vida política, aún siendo primer ministro, sin celebrar el fin del fascismo. Como él, gran parte de la derecha. Ya ven qué tropa. Italia es un país muy complejo. Porque, por otro lado, recordarán que Berlusconi, cada vez que va a Estados Unidos, cuenta su batallita de la visita al cementerio americano con su padre y repite su eterna gratitud a los aliados. A él lo que le fastidia es que también haya que agradecerles algo a los comunistas.

Por eso cada aniversario del 25 de abril está siempre rodeado de cierta polémica, porque los que perdieron -o más bien sus hedereros o simpatizantes- lo ven como una fiesta de la izquierda, aunque la Resistencia y los partisanos, organizados en un comité de liberación nacional reunían a gente de todo pelaje, desde católicos y liberales a socialistas y comunistas.

Por una parte, es verdad que la izquierda italiana ha monopolizado un poco la Liberación, pero por otra también es verdad que los nostálgicos del fascismo nunca se han acabado de bajar del burro. Como hemos contado ya alguna vez, en los últimos años cada vez se han crecido más y el propio ministro de Defensa, Ignazio La Russa, hijo de un dirigente de la República de Saló, el último mini-estado donde resistió Mussolini, no deja de repetir que también los fascistas luchaban por la patria, al menos por la idea que tenían de ella, y que también deben ser recordados.

Pero hay algo más. Hasta hace poco no se hablaba de las masacres de los partisanos comunistas de Tito en la zona de Trieste, las terribles ‘foibe’, simas naturales donde se arrojaba a prisioneros italianos, pero mucho menos de las barbaridades que también cometieron los partisanos italianos y los ajustes de cuentas salvajes que dominaron los primeros días de la Liberación. Como la que hemos visto en 'Novecento'. Esto ha cambiado y se debe sobre todo a un periodista, Giampaolo Pansa, de izquierda para más señas, que lo ha contado en una serie de libros muy vendidos. Para parte de la izquierda se trata de falaz revisionismo, pero para otros simplemente ha roto un tabú y ha rellenado lagunas históricas. Lo que pasó en aquellos días convulsos fue un germen de guerra civil, que siguió de forma latente y de baja intensidad durante los ‘años de plomo’.

En cualquier caso, parece que los tiempos están madurando, pues el partido post-fascista de Gianfranco Fini, Alianza Nacional, se ha diluido en el PDL y parece que abandona definitivamente la nostalgia del Duce, y estamos en 2009. Y la buena noticia es que por primera vez Berlusconi ha reconocido el papel de la Resistencia, el antifascismo como clave fundadora de la democracia italiana y ha celebrado la fiesta de la Liberación, y estamos en 2009. Ha sido un paso significativo por la conciliación e Italia se ha encontrado por fin un poco menos dividida. Aquí lo tienen, a la izquierda, con el pañuelo de partisano anudado al cuello, una imagen impensable hasta ahora. Mañana seguiremos.

Ya ven que cada país tiene lo suyo.

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Los postfascistas de Alianza Nacional (AN), uno de los dos partidos de la coalición PDL de Silvio Berlusconi, están muy exaltados con la conmemoración del 4 de noviembre. ¿Qué? ¿El 4 de qué? Sí, es lo mismo que se preguntan tres de cada cuatro italianos, que no saben lo qué es, según una encuesta que publica hoy el ‘Corriere della Sera’. Pero hay que saber un poco de historia, por lo menos para sacar quesitos amarillos en el Trivial: el 4 de noviembre fue el día del final de la Primera Guerra Mundial en Italia.

Está bien celebrar el final de las guerras, pero es que el Gobierno le ha dado por celebrar ahora, por primera vez, la victoria en esa guerra. El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN) se ha puesto muy pesado y ha introducido esta novedad conmemorativa, aprovechando que hoy ya se festeja el día de las fuerzas armadas. Le vemos a la izquierda en una imagen de esta mañana, haciendo risitas con Berlusconi. Al lado, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, está más atento a los solemnes actos.

Bueno, se dirá, pues que lo celebren. Total, han pasado 90 años. Lo que pasa es que últimamente, cada vez que la derecha italiana sale con aniversarios raros, se acaban leyendo libros de historia. Están muy nostálgicos. Bueno, pues esto es lo que he encontrado leyendo a Renzo de Felice, máximo historiador del fascismo italiano:

«El fascismo como movimiento fue en gran parte la expresión de clases medias emergentes, que habiéndose convertido en un hecho social, intentaron conquistar poder político. (...) Fue la Primera Guerra Mundial la que movilizó toda una parte de la sociedad italiana, que hasta entonces había quedado apartada. Y esta parte, movilizada para la guerra pero excluida del poder efectivo, después de la participación tiende, a través del fascismo, a reivindicar y adquirir su función (...) La guerra fue el hecho decisivo que puso en marcha el proceso. Sin la guerra no habría habido fascismo»

Estos chicos de la derecha están en todo. Aunque quizá no hilan tan fino. En realidad, lo que se pretende que esta fecha se añada a las dos establecidas hasta ahora como fiesta nacional en Italia: el 25 de abril, liberación de Italia de la Alemania nazi y derrota del fascismo, y el 2 de junio, referéndum entre monarquía y república, que ganó esta última. En resumen, para la derecha significa más o menos que por fin ellos tienen también algo que celebrar. Por ejemplo, el primer ministro, Silvio Berlusconi, jamás ha asistido oficialmente a las ceremonias del 25 de abril, pero ayer estaba en los actos conmemorativos.

La Primera Guerra Mundial, de todos modos, fue una gigantesca carnicería e Italia, aunque ganó, salió muy mal parada. Por eso se han alzado voces que critican la conmemoración, aunque como todo en Italia, son rabietas políticas. La terrible derrota de Caporetto, por ejemplo, es una trauma nacional. Stanley Kubrick contó magistralmente esta guerra en ‘Senderos de gloria’ (1957). Más modestamente, en Italia lo hizo Francesco Rosi, otro gran director un tanto olvidado, en ‘Uomini contro’ (1970, 'Hombres contra la guerra'), que no está nada mal.

Sinopsis: Un grupo de soldados italianos son enviados a la primera línea con una nueva invención, las corazas Fasina:"Permiten en pleno día acciones de una audacia extrema. El enemigo puede disparar con fusiles, ametralladoras, cañones. ¡Con la corazas Fasina, se pasa de todos modos!". Luego el general añade: "Los soldados romanos vencían gracias a las corazas". Tras masacrarlos, los propios soldados austriacos piden a los italianos que se detengan: "Basta, italianos, no se puede matar así, volved atrás". El teniente (Gian Maria Volontè), harto de combatir, grita: "¡Basta, basta con esta guerra de muertos de hambre, contra muertos de hambre!". Cuando ve al general ordenar el avance dice: "¡Ése es el verdadero enemigo, a nuestras espaldas, soldados alzáos, disparemos allí!".

Por esta película, Rosi fue juzgado por vilipendio al Ejército, aunque fue absuelto.

Mario Monicelli rodó también una película sobre esta guerra, ‘La Grande Guerra’ (1959), una obra maestra. «Caporetto no fue una derrota, fue una rebelión que serpenteaba desde hace tiempo y que explotó, los soldados se negaron a combatir, no soportaban más ser enviados al matadero», ha dicho estos días. Monicelli está a favor de que se recuerde la Gran Guerra, pero por honrar «no a los superiores ni al poder, sino a los soldados, hombres malnutridos,mal preparados, y mal dirigidos que resistieron con dureza». Es lo que cuenta en su película, con Alberto Sordi y Vittorio Gasmann en estado de gracia.

"¡Os hago yo ver como se hacen agujeros a una sartén!", dice Sordi para poder asar castañas.

El Ministerio de Defensa de entonces, dirigido por Giuilio Andreotti (sí, el mismo, ya en el 59), no le quiso prestar ayuda con material militar. De Monicelli, Gassman y Sordi se esperaba una comedieta irreverente. Pero salió un peliculón. Es un ejemplo sublime de algo que aparece en casi todas las películas bélicas italianas: retratan al soldado italiano como alguien descreído, que va obligado al combate, que desconfía de grandes valores como la patria o la nación y que, si puede, evita la violencia e intenta sobrevivir por su cuenta. Pero que saca toda su humanidad y heroísmo cuando menos se espera. Yo, en particular, si hay una guerra me iría con los italianos.

En la Primera Guerra Mundial Italia estaba al principio con la Triple Alianza, los que perdieron, pero se declaró neutral y luego, con pactos secretos, pasó al otro lado. En la Segunda Guerra Mundial se alineó con Hitler, pero tarde, sólo cuando la guerra parecía ya ganada. Sin embargo al final terminó en el otro bando, el vencedor.

Para terminar, volvemos a Renzo De Felice (aquí al lado, con su Toscano en la boca). Decía otra cosa sobre el auge del fascismo que da que pensar estos días, por lo que se oye sobre la famosa crisis económica:

«En Europa hay entre las dos guerras una cierta crisis general, que asume consistencia después de la crisis de 1929. Una crisis moral y política que afecta a vastos sectores de la burguesía, especialmente de la pequeña burguesía, y a ciertos ambientes intelectuales. Es una crisis de desconfianza en la democracia y en el capitalismo, y principalmente en su eficiencia y funcionalidad, una crisis que después se amplía a toda una serie de aspectos de las sociedad de aquel tiempo. En esta situación se produce un despertar, un surgir ‘ex novo’ de interés por una serie de experiencias que se plantean como alternativas a la democracia y como un intento de poner fin a las principales disfunciones del capitalismo».

(Como la cita anterior, es una reflexión de su clásico 'Entrevista sobre el fascismo' (1975), que imagino, o quiero imaginar, que estará editado en España)

Nunca se sabe dónde llevan estos arreones de la historia. Y ¿no hay cierto aire general de que esto del capitalismo es una farsa y la democracia un programa televisivo malo?

A propósito, para comprender la crisis y cualquier otra cosa, recomiendo fervientemente el blog de Anatoli, un inmigrante de remoto origen eslavo, célibe y obsesionado con los membrillos. Vayan, vayan a ver.

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El otro día le preguntaron al portero del Milan, Christian Abbiati (llegado ex-Atlético de Madrid), sobre sus ideas políticas, aunque se intuyen porque tiene la canción ‘Faccetta nera’, himno fascista de la guerra de Etiopía, como sintonía del móvil: «Hago míos algunos valores del fascismo: la patria, el orden social, el respeto de la religión católica. No comparto sus errores: la alianza con Hitler y la entrada en la guerra, sobre todo. Pero basta de considerar el fascismo como un tema tabú».

También le preguntaron (y dos veces en lugares distintos) al presidente de su club, y primer ministro de todos los italianos, Silvio Berlusconi, si era antifascista. Respuesta: «Yo pienso sólo en trabajar, para resolver los problemas de los italianos».

Lo cierto es que el fascismo en Italia no es ningún tabú, para tranquilidad de Abbiati, y en cambio el antifascismo parece cada vez más una tontería, para preocupación de los demócratas. Lo del antifascismo tiene más enjundia de lo que parece, pues es la raíz del actual Estado italiano, que de este modo nació en el bando de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y explícitamente contra el fascismo.

Todos los días uno se cruza en los puestos callejeros de Roma con retratos de Mussolini, que se venden tranquilamente junto a los de Totó y Padre Pío. Hay muchos taxistas con el llavero del ‘Duce’ o que afirman que Italia sólo funcionaría con un dictador, «come quando c’era Lui» (‘cuando estaba Él’, que en este caso es Mussolini, no Berlusconi). Los chavales en el instituto se diferencian no sólo por equipos de fútbol, sino por ser fascistas o comunistas (que también existen, como vimos en el capítulo 8 de esta serie), pues la política impregna toda la vida social en Italia, al menos como pose.

Ha habido un partido salido directamente del fascismo, el MSI, que luego se convirtió en Alianza Nacional (AN) y que es el segundo del Gobierno centro-derecha, tras el de Berlusconi. Aún tienen el símbolo de la llama sobre la tumba de Mussolini, en Predappio. Por cierto, fantástico lugar de peregrinación, nostalgia y exaltación fascista. AN ha hecho malabarismos para reciclarse en derecha civilizada -su líder, Gianfranco Fini ha peregrinado a Jerusalén- pero en la base hay un núcleo duro muy ‘negro’. Por alguna razón, el triunfo abrumador de la derecha en mayo les ha dado alas. No se sabe por qué, pues es un Gobierno de lo más progre: Berlusconi, AN y la Liga Norte, el partido ecologista por el esperanto y las razas del mundo, del que ya nos hemos ido ocupando (ver La dura construcción nacional).

El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN), por ejemplo, en plena ceremonia de la Resistencia, reivindicó a los soldados de la República de Saló, el mini-estado fascista que persistió en el norte del país durante el avance aliado. El alcalde de Roma, Gianni Alemanno (AN), que lleva un cruz céltica en el cuello, dijo que «las leyes raciales sí fueron el mal absoluto, pero el fascismo no, es un fenómeno más complejo».

Fini, que aspira a suceder a Berlusconi, intentó quitar hierro al asunto, pero las juventudes del partido se le pusieron bravas. He aquí la carta que le escribió el presidente de Acción Juvenil de Roma, Federico Iadicicco: «He puesto todas mis ganas en encontrar un motivo para ser antifascista pero no lo he encontrado, es más, he encontrado muchas para no serlo. Ruego a Dios que nos dé la fuerza para perdonar a quien en nombre del antifascismo ha matado jóvenes vidas inocentes, pero no podremos ser, no queremos ser y no seremos nunca antifascistas».


Alessandra Mussolini, nieta del Duce, que siempre anda por ahí dando la nota, aprovechó el debate para ponerse una camiseta molona: «Con orgullo, de la parte equivocada» (la chica de la foto de arriba). Curiosamente en su día hizo pinitos como actriz y aparece con quince añitos en una de las mejores películas italianas contra el fascismo, la magnífica ‘Una giornata particolare’ (‘Una jornada particular’, 1977, Ettore Scola), con Mastroianni y la Loren. Pero claro, es que es sobrina de Sofia Loren, cuya hermana se casó con un hijo del Duce. Como también apareció en Playboy y eso no quiere decir que esté buena.

En resumen, en este ambientillo están floreciendo pintadas fachas en Roma y están de modas las palizas a inmigrantes, como se contará en el periódico de mañana. Pero seguramente no tenga nada que ver.

El fascismo, pese a sus ínfulas y pretensiones, siempre choca con una inexplicable falta de consideración, se le infravalora. Basta ver sus inicios, como muestra la genial película de Dino Risi ‘La marcia su Roma’, (1962), con Gassman y Tognazzi.

Sinopsis: La película, tres décadas antes que Forrest Gump, mezcla imágenes reales con la ficción. Es buena ocasión para verlas, pues se pasan siempre las nazis y muy poco las del fascismo italiano. Bajo el esquema de una tragicomedia que cuenta las andanzas de dos desgraciados, reconstruye muy en serio la llegada del fascismo. Aquí, al final de la película, se ve la marcha sobre Roma. Ordenan al Ejército que dejen pasar a los fascistas.

En Roma, los dos protagonistas asisten a la llegada. "¿Has visto? Lo han conseguido", dice Gassman. "No, no está nada claro. ¿Cómo van a mandar a esta gente al Gobierno? Verás como las cosas cambiarán, de así a así", responde Tognazzi, pero mientras el amigo le levanta el brazo por si acaso. "Y el rey, ¿lo han echado?", pregunta de nuevo. "No, ha sido él el que los ha dejado entrar", insiste Tognazzi. "Pero bueno, todavía tiene que hablar,..." En ese momento, golpe maestro de Dino Risi, que pone imágenes reales con una voz en off inventada. El rey Vittorio Emanuele III le pregunta al general Armando Diaz:

-General, desapasionadamente, ¿qué piensa de estos fascistas? ¿Cree que dejamos el país en buenas manos? Dígame sin rodeos su parecer, porque estamos todavía a tiempo de echarlos, ¿eh?

-Desapasionadamente majestad, me parece gente seria.

-Sí hombre sí, vamos a probarlos unos meses.

FINE

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04 Sep 2008

De Marzullo a Attila

No sé como funciona esto de los blogs, supongo que nadie lo sabe porque se está inventando. De todos modos son letras, sonidos e imágenes que se evaporarán en la nada digital. Por eso no sé cómo gestionar -creo que se dice así- los comentarios. Se hacen preguntas y quedan cuestiones en el aire. Sin ser maleducado, no se puede contestar a todo. En fin, que creo que lo mejor es recapitular.

Lo primero, gracias por las buenas palabras. Conmueven más los insultos, es verdad, pero es mucho más agradable. Espero que no se revelen nunca las identidades secretas para no descubrir cuántos familiares hay debajo, como en la película de los masones de Sordi que citamos un día.

Lamento que la RAI no se vea en algunas zonas, como señala un lector. Si es así, parte del mundo se habrá perdido un momento cumbre televisivo de una reciente madrugada: una entrevista de Gigi Marzullo a Bruno Vespa. Para los no iniciados, hablaremos de ellos otro día. Como complemento a esta amenaza, sirva la foto de Marzullo, el señor de aquí arriba a la izquierda.

Otro amable lector se molestó en transcribir una escrupulosa tabla comparativa de datos de España e Italia. Sin embargo, faltaba uno fundamental que cualquier italiano añadiría de inmediato: Mundiales de fútbol ganados, Italia 4-España 0.

Sobre los silencios de Italia en torno a la Segunda Guerra Mundial hay mucho que decir, claro. Cualquiera tiene silencios sobre su pasado. Pero no es para tanto. El caso italiano es complejo y curioso, para variar: empezaron en un bando y terminaron en otro. Esos días de confusión por el cambio de trinchera están retratados en películas soberbias. Una de las mejores es ‘Tutti a casa’ (1960), de Luigi Comencini, con Alberto Sordi. El protagonista, ajeno a las novedades, llama alarmado al cuartel cuando empiezan a dispararle los alemanes: «¡Señor, los alemanes se han aliado con los americanos!». Pero por esto mismo Italia sufrió mucho, el doble, porque le dieron por los dos lados. Ahí están las Fosas Ardeatinas, con las víctimas de la masacre nazi, o el barrio romano de San Lorenzo, donde aún se ve la huella del bombardeo aliado.

Hay muchos misterios italianos sobre la guerra, naturalmente. Desde la amistad entre Churchill y Mussolini, con sus cartas secretas que nunca han sido halladas, a la propia muerte del Duce. Pero hay abundante material gráfico y fílmico. El Istituto Luce es una mina. Y no hay noche que en la tele no pongan un documental sobre la guerra. Vamos, como en España con la Guerra Civil.

Respecto a la sangría y el lambrusco es, en efecto, otro misterio: ambos países han conseguido colárselo mutuamente como símbolos nacionales.

Sobre películas italianas recomendables la lista sería interminable, pero aquí van saliendo día a día. En cuanto a la consulta concreta sobre la peli de un grupo de amigos ‘zíngaros’ se trata de ‘Amici miei’ (1975), del gran Mario Monicelli. Es una de las obras maestras del cine italiano y en español se llama incomprensiblemente ‘Habitación para cuatro’. Hay tres partes. Hablamos de ella en los comienzos de este blog, pero es un deber sacro volverlo a hacer. Queda pendiente.

Y hablar he hablado bastante. Esto es para un lector sardo que cayó por aquí no sé cómo. Sardegna-Cerdeña, es una tierra bendita y desconocida, que contiene las dos caras de Italia: la Costa Esmeralda, con un pijerío rampante y el lujo más hortera, y vastas zonas ignotas con lo mejor del país.

La música coral sarda es una cosa impresionante, de un impacto profundo cuando se oye por primera vez. Esta pequeña muestra es de la película ‘Una questione d’onore’ (1965), de Luigi Zampa, uno de los grandes de la comedia italiana, más olvidado que los demás. Sale el inmenso Ugo Tognazzi, esta vez de sardo. Si se pone atención, en la canción que nos ocupa se rastrea en el sardo la influencia de algunas palabras españolas, de los tiempos del Reino de Aragón. Se ponen la mano en la oreja para no perder el tono, la postura tradicional para cantar.

Sobre el apasionante mundo de identidades y nacionalidades no tenía ni idea, como señalan lectores andaluces, de que los blogs estaban divididos en almerienses, granadinos, vascos por el mundo etcétera. Son ridiculeces muy divertidas, aunque a veces resultan incómodas.

Para terminar, por eso de las identidades, un saludo a un tal ‘gelato al limon’, en recuerdo del gran Paolo Conte. A veces los sobrenombres tienen significados que se pueden escapar a los demás. Es el caso también de ‘Attila, flagello di Dio’, que me da pie para poner una cosita de este descacharrante filme de Diego Abatantuono (1982, Pipolo Casrtellano). Con esta película llevó al máximo su personaje milanés emigrante de imposible acento meridional-lombardo. Para digerir la parrafada de hoy hacían falta dos vídeos.

Sinopsis: Attila y sus bárbaros, oriundos de las campas de Segrate, actual periferia de Milán, bajan a conquistar Roma con su bandera, de los colores del actual Milan. Donde empieza el territorio romano les para un soldado, con acento romanesco, como pasa en los tebeos italianos de Asterix. "¿Quiénes sois?" "¡Los bárbaros!", responden, y añaden que van a destruir Roma. "Donde paso yo no crece la hierba, caro", le aclara Attila. "¿Cómo te llamas?", le pregunta el soldado. "¿Pero es que eres sordo, sois una tribu de discapacitados?", increpa Attila. Y ahí va la mítica enumeración de iniciales: "¡A de atrocidad, doble T de terremoto y tragedia, I como Ira de Dios, L de Lago de Sangre y A de ahora voy para allá y te rompo los cuernos, dadme las armas!".

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Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

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