Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Berlusconi estuvo hace poco en Israel y en los Territorios Ocupados y volvió a dar una lección de diplomacia. Cualquiera sabe que en estos santos lugares hay que andarse con pies de plomo e hilar muy fino, pero eso no es problema para nuestro hombre. Él es un vendedor nato, un magnate del entretenimiento, y sabe que lo mejor es decirle al cliente lo que quiere oír. Y paciencia si el cliente luego compara con lo que le han dicho a otro y ve que es exactamente lo contrario. Siempre se puede atribuir a manipulaciones y conspiraciones de terceros. Es una norma que se puede aplicar en cualquier lado y también, cómo no, incluso en el avispero de Oriente Medio. Así que vamos con el ejemplo.
LECCIÓN NÚMERO 1
Israel, por la mañana, ante el primer ministro Benjamin Netanyahu y el parlamento:
«Italia está orgullosa de muchos gestos de solidaridad hacia vuestro país (...), se opuso en la ONU al informe Goldstone que intentaba criminalizar a Israel por su justa reacción a los misiles de Hamas lanzados desde Gaza».
Cisjordania, por la tarde, ante el primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina, Abu Mazen:
«Así como es justo llorar las víctimas del Holocausto, es justo manifestar dolor por lo que ha sucedido en Gaza. Siempre, cuando la guerra sustituye la paz, la violencia a la racionalidad, se deteriora la humanidad y las relaciones entre los hombres».
Luego le preguntaron qué había pensado al ver el muro israelí que rodea Belén: «No me he dado cuenta, estaba tomando apuntes». Para terminar y aligerar la tensión visitó la basílica de la Natividad, en Belén, y les contó a los frailes un chiste de la Virgen María.
Es decir, Berlusconi es un seguidor apasionado de la máxima de mi admirado Groucho: «Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros». Pero quédense con la moraleja: ¿Saben lo mejor? Que funcionó. Ni asesores geopolíticos ni gaitas. Un amigo que estaba esos días en Jerusalén me contó que tanto la prensa palestina como la israelí se quedaron con la frase que les ponía bien, obviaron la otra y todos tan contentos. Yo me rindo ante este hombre. Recuerden lo que decía Indro Montanelli, que lo conoció muy bien:
«Berlusconi es el mentiroso más sincero que existe, es el primero en creer en sus propias mentiras, y es esto lo que lo hace peligroso. Tiene alergia a la verdad, una voluntaria y voluptuosa propensión a las mentiras» (...) «Tiene un concepto de la verdad totalmente personal, por el que la verdad es lo que dice él. Y se cree esta palabrería, quizás a fuerza de mentir, quizás se convierte en un mentiroso de buena fe».
Lo malo es que parece que muchos otros también le creen. Vamos con la siguiente lección.
LECCIÓN NÚMERO 2
Uno de los más grandiosos ejemplos de cómo funciona nuestro héroe se halla en una recóndita intervención en un programa de una cadena de televisión de Túnez. ¿Pero qué pinta este señor en Túnez?, se preguntarán. Bueno, es que Berlusconi hace negocios con todo el mundo y allá donde ve dinero, va. Que sea primer ministro no es un obstáculo, al contrario, es una ventaja, porque con el cargo entran los viajes oficiales. Por eso su agenda de visitas al extranjero es tan extraña.
La entrevista, emitida el 18 de agosto de 2009, es larga, en dos vídeos, pero creo que merece la pena como documento para la antología. A lo mejor les resulta pesado, y pido disculpas, pero es necesario mostrar las pruebas cuando las hay. Si no es que uno no se lo cree. Por lo menos esta vez es en francés con subtítulos en italiano, que es de más ayuda. De todos modos, si prefieren, leánse el resumen y luego vayan a los pasajes que les interesen, para verlo con sus propios ojos.
Sinopsis:
La entrevista es en Nessma TV, una nueva cadena tunecina que emite para todo el Magreb. Berlusconi se congratula: «Cuando nace una televisión es una fiesta, porque la televisión es una fiesta en la familia, en la casa, es el dinamismo, el futuro, representa las cosas buenas».
Luego cuenta una anécdota: «Cuando trabajaba en los cruceros Costa era guía turístico pero no había estado nunca en Túnez, así que un amigo me dejó una guía e iba leyendo de tapadillo mientras explicaba, fue un gran éxito». Ya ven que desde joven era único para vender la moto.
El presentador le pregunta entonces por un día del año anterior en el que «entró en la Historia», con un discurso en Libia en el que pidió disculpas por los errores de Italia en la colonización. Berlusconi le corrige: no pidió excusas, sino perdón «ante el Parlamento libio», si existe tal cosa en los dominios de Gadafi, porque los italianos sometieron «una tierra y un pueblo libres». Aplausos. Dice que pidió perdón «con la mano en el corazón, con un gesto natural, no estudiado». También narra su emoción cuando besó la mano de un hijo de un héroe de la resistencia libia. Más aplausos. Repite que fue un gesto natural.
Hagamos un inciso, para que pongan las cosas en su contexto. Primero, antes que nada, que Berlusconi en Libia pidió «excusas», no perdón, pero vamos a pasárselo. Lo reseñable es que justo un año antes, el 11 de septiembre de 2008, Berlusconi hablaba ante un auditorio completamente distinto: la fiesta de las juventudes del partido post-fascista Alianza Nacional, Azione Giovane. Y va y les dice: «Se lo he dicho a Gadafi, Italo Balbo (gobernador italiano en Libia) hizo cosas egregias en Libia».
Sigamos. A continuación, el presentador le pregunta por su relación con Tarek Ben Ammar, uno de los dueños de la cadena y presente en el estudio, desde hace 25 años. «No se puede decir», bromea él. «Sí, los dos amamos la otra mitad del cielo, que son las mujeres», replica Berlusconi, señalando a la cuarta persona de la mesa, una chica guapa. Luego explica que han hecho películas juntos, series,... y una sociedad al cincuenta por ciento, Quinta (retengan este nombre para luego), sin firmar nunca un papel, sólo con un apretón de manos, y que se tienen el uno al otro cuando se necesitan.
Es decir, Ben Ammar y Berlusconi son socios de negocios. Ben Ammar se sienta de hecho en los consejos de administración de algunas empresas de su amigo. Ben Ammar añade que Berlusconi cree en el Magreb, en el mundo árabe moderado, y que les ha ayudado a crear Nessma TV con los hermanos Karoui, que gracias al presidente Ben Ali es «la primera televisión libre, independiente y privada creada en el mundo árabe con un socio europeo, de un amigo y de un país amigo como Italia». Ya ven que los socios de Berlusconi, como él, también confunden su persona con el Estado. «Por eso tenemos el honor de tener hoy con nosotros al emperador de la televisión privada», remata.
Inciso. Resumamos, porque a estas alturas ya se olerán el pastel. Efectivamente, esta televisión de Túnez, Nessma TV, también es de Berlusconi. Un momento, dirán ustedes, pero qué hace el primer ministro de un país haciendo negocios por ahí. ¿Pero, almas de cántaro, en qué mundo viven ustedes? Berlusconi cuando viaja también se ocupa de sus asuntos, faltaría más. Basta hipocresías: ¿para qué tener un político que defiende intereses de empresarios, en función de sus presiones o amistades, como ocurre en los demás países, cuando uno puede tener lo mismo en una sola persona? Se ahorra tiempo y energías.
El único problema es que si bien un empresario puede pasarse por el arco del triunfo los derechos humanos o los regímenes autoritarios, porque al fin y al cabo él sólo se ocupa de su dinero, cuando lo hace un primer ministro queda raro. Pero qué le vamos a hacer, todo no se puede. Y es más, es mucho más cómodo, porque uno tiene más margen de maniobra si está a buenas con las autoridades. Así que ahí tenemos a Berlusconi en Túnez, un régimen policial como Dios manda, haciendo risas en la tele. En su tele. Si añadimos a la censura autóctona la que impone la presencia del jefe ya ven lo que sale: una entrevista como la que vemos.
Sigamos. La presentadora, la chica guapa, le dice que «ha contribuido al cambio radical de Italia gracias a su televisión», y que si cree que Nessma TV puede cambiar también la cara del Magreb. Berlusconi dice que sí, porque pueden resaltar lo que tienen en común los cuatro países del Magreb donde se emite (Marruecos, Túnez, Argelia y Libia) y que puede unirles para el futuro. Es una televisión, apunta con mucha vista, que habla una lengua común para 80 millones de personas y promete un futuro de bienestar. Más aplausos.
El presentador le pregunta si Nessma TV puede tener el mismo gran futuro de sus otras televisiones. «Sí, es absolutamente posible, sobre todo hay que elegir bien a las personas», responde, y dice que ya están bien elegidos los que tiene delante. «Segundo, hay que hacer un casting de chicas -gesto de tía buena o bombón-, algo en lo que yo tengo una competencia increíble». Risas. «Yo lo confirmo, y soy un buen alumno suyo», dice su socio. Menuda pareja.
Ya ven, unos empantanados con la alianza de civilizaciones y Berlusconi triunfa exportando la democracia a base de mamachichos. Nessma TV es una cadena de series, concursos y vídeoclips, con poquita información. Entretenidísima. El fondo ideológico de la operación es crear una cadena de corte occidental para contrarrestar entre los jóvenes la influencia fundamentalista.
FIN
Bueno, esto que han visto es lo que en la profesión se llama, perdonen la expresión, una entrevista-mamada. Ya ven que sin algunos incisos que pongan las cosas en su sitio unos se traga la entrevista como un tinto de verano. Si tienen estómago, anímense, que vamos con la segunda parte de la entrevista.
Sinopsis:
Berlusconi sigue con su receta para el éxito en televisión. En tercer lugar, explica que las televisiones públicas del Magreb son demasiado particulares y hay muchos terrenos en los que no entran. En cambio, la parrilla de Nessma TV es «muy inteligente, que habla a los conservadores, a los más modernos, que mira a la tradición del pasado, que mira al futuro, y creo que los espectadores podrán aprovecharse de eso para ver cosas nuevas que entran en sus hogares. Lo que hay que tener muy claro es que la televisión es un medio que entra en toda la familia, que ven juntos padres e hijos. En la televisión no puede pasar nada que fastidie a la padre o a la madre, o algo que les avergüence ver junto a sus hijos». Toda una lección de teoría político-televisiva. No descarten que dentro de unos años Berlusconi entre en política en Túnez.
Y entonces le preguntan por la inmigración ilegal. «Lo peor son las organizaciones criminales, que son muchísimas. El señor Ben Ali (presidente de Túnez) me ha dicho que vuestra Policía ha descubierto más de 300. Son gente que se aprovecha de las esperanzas de los demás, de los que están en la miseria, de los que quieren para los suyos un futuro mejor. Y entonces se fían de gente con embarcaciones no seguras y acaban en tragedia. Hay que combatir todo esto». Y ahora permítanme que enmarque para la posteridad el resto de la frase:
«Para los que quieren intentar nuevas posibilidades de trabajo y de vida hay que intentar aumentar las posibilidades de entrar legalmente en Italia y en los otros países europeos. Y esto es lo que quiero que se aplique, no sólo en Italia, sino en toda la Europa. Hay que decir además que los italianos han sido un pueblo que ha emigrado y esto nos impone el deber de mirar a todos los que vienen a Italia con una total apertura de corazón y de dar a la gente que viene a Italia la posibilidad de una casa, de un trabajo, de un colegio para los niños y la posibilidad de un bienestar que significa también la salud y la apertura de todos nuestros hospitales para sus necesidades, y esta es la política de mi Gobierno».
¡Tiempo muerto! Inciso, por fuerza mayor.
Madre mía, pero qué cara más dura. La tiene de cemento armado (obsérvese el fenómeno, minuto 4.39 del vídeo). No sé ustedes, pero si yo fuera tunecino hubiera hecho las maletas inmediatamente, entre lágrimas de emoción, y habría salido pitando para Italia, el paraíso del emigrante. Pero menos mal que había estado unos meses antes en Lampedusa: la abrumadora mayoría de los extranjeros del centro de retención de inmigrantes en enero de 2009, cuando estallaron los disturbios, eran tunecinos. En total, un millar. A lo mejor es que habían ido demasiado pronto, antes de que saliera Berlusconi en la tele, porque si no no se explica. Al final Berlusconi firmó un acuerdo con Túnez para devolverlos en aviones a su país. Pero seguro que después de que salió en la tele según llegan les dan las llaves de la casa, coche, vacaciones en Torrevieja (Alicante) y tickets-restaurant.
En fin, para qué engañarnos, en Italia la consigna con los inmigrantes es la contraria: caña al mono que es de goma. Vean si no el divertido juego que tenía esos mismos días, agosto de 2009, la Liga Norte -aliado de Berlusconi en el Gobierno y quien impone la política de inmigración- en su página de Facebook. Se llama ‘Rebota al clandestino’ y consiste en detener los barcos de inmigrantes que aparecen por toda la costa por sorpresa antes de que toquen tierra. Es otro éxito tras el anterior ‘Convierte al comunista’, junto a los vídeos ‘Estoy cabreado’ y ‘Tengo miedo’, toda una declaración de principios.
Otra cosa más. Tres meses antes de esta entrevista el Gobierno de Berlusconi retiró, por la polémica creada, la norma que imponía a los médicos denunciar a los inmigrantes ilegales que fueran a urgencias, así que nada de hospitales para todos.
Vengan, vengan, como dice Berlusconi, a este valle de leche y miel, prácticamente Disneylandia, que luego ya les esperará el ministro de Interior de la Liga Norte con las rebajas. Pero no hay que andar estropeando el espectáculo con complejas consideraciones: Berlusconi está perpetrando su show y su único objetivo es arrancar lágrimas y sonrisas de su público, léase clientes. Según los datos que dio Mediaset, la empresa de Berlusconi, cuando presentó su cadena tunecina en Cannes en 2008, es un mercado potencial de publicidad de 350 millones. Cuántas emociones.
Y no soy el único a estar conmovido. Tras su discurso de película de Frank Capra, también se extendió la conmoción en el estudio. La chica no pudo contenerse:
-Es usted increíble, señor presidente, no puedo evitar aplaudir, es verdaderamente admirable que haya personas que hoy puedan dirigirse así a la gente del Magreb.
Verdaderamente admirable... o abominable. Vean ese careto de trolero que se le pone en el minuto 4.49 mientras le doran la píldora. La entrevista-masaje ya es imparable y alcanza a su clímax. ¿De dónde le viene toda esta energía?, pregunta ella rendida. «Simplemente del hecho de que soy un hombre del pueblo, vengo de una familia que ha conocido la guerra y la pobreza, y tengo un gran respeto por todos, a partir de los más humildes, es algo que forma parte de mi naturaleza». Cita incluso sus ocho años en los salesianos, que le han inculcado el ayudar a los demás, y añade que, como hombre con responsabilidades de Gobierno, la cosa más importante es ayudar a los que lo necesitan. Como él mismo, por ejemplo, añado yo.
Siguiente pregunta. Con todas las cosas que ha hecho, ¿de cuál se siente más orgulloso? «De no tener nada de los que arrepentirme, y espero que cuando me entierren escriban: ‘Fue un hombre justo, un buen hombre’».
Pregunta final. Presidente, es la primera vez que puede hablar directamente a millones de magrebíes, a través de nuestro canal. ¿Qué les diría? «Miro por primera vez a la cámara y digo: tenéis que ver este canal, para hacer vuestra vida mejor y porque este canal es el canal número uno». Perfecto para un primer ministro, qué gran estadista.
Para terminar, cómo no, chascarrillos picantes. Le pide el número de teléfono a la tipa. Pero ella, lastimeramente, le ruega que se siente para una última pregunta, «la que todo el mundo se hace». «Ay», se oye decir al socio de Berlusconi, que en esas fechas estaba metido en los escándalos de putas. Nuestro héroe se pone serio, por si resulta que al final le hacen una pregunta de verdad y le ponen en un aprieto. Pero sólo es un espejismo. Le hacen como en la televisión italiana cuando va a ‘Porta a porta’, preguntarle por el Milan. Que por qué han vendido a Kaká. «Ah, ¿pero han vendido Kaká?», responde él. Y es que ni eso le sacan. Risas. «El hombre más inteligente de Europa», despide el presentador, por si había quedado alguna duda. Qué estupenda velada.
LECCIÓN NÚMERO 3
La entrevista en la tele tunecina fue el 18 de agosto de 2009. El día 31 de ese mismo mes, ni dos semanas después, Berlusconi estaba en Libia para celebrar el primer aniversario de la famosa fecha histórica en que pidió excusas. Allí defendió igualmente la política de inmigración de su Gobierno, pero la auténtica, no la de postal que había sacado en la tele tunecina: rechazar las embarcaciones en alta mar, como en el juego de la Liga Norte. «Si queremos poner en marcha una verdadera política de integración tenermos que ser rigurosos para no abrir Italia a cualquiera», afirmó. La nueva línea, criticada por la ONU por violación del derecho de asilo de la Convención de Ginebra, ya no era desembarcar a los inmigrantes en Italia, sino mandarlos de vuelta a tierra en alta mar. Ese mismo día las autoridades italianas cortaron el paso a un barco con 75 personas, entre ellas 15 mujeres y tres niños. Por si no me creen, miren la noticia de ese día en SKY TG24, con el título: «Berlusconi en Libia, 'tolerancia cero' con los clandestinos».
Es enternecedor ver cómo Berlusconi y Gadafi inauguran trenes y proyectan autopistas juntos. Normal, es que son socios. ¿Cómo? ¿Pero todavía se me asombran? Sí, sí, son socios en Quinta, ¿recuerdan el nombre?, la empresa de la que hablaba antes en la televisión de Túnez.
Esto de los negocios de Berlusconi con Gadafi lo tuve que leer, como todo el mundo, en un diario británico, ‘The Guardian’, porque la prensa italiana guardaba silencio. Una sociedad libia, Lafitrade, controlada por Lafico, de la familia Gadafi, compró el 10% de Quinta Communication, la compañía de producción cinematográfica de Ben Ammar que, como el propio Berlusconi nos contaba en el vídeo que hemos visto, tiene a medias con el primer ministro italiano. ‘The Guardian’ detallaba que el 22% de Quinta es de una sociedad de Fininvest (el imperio audiovisual de Berlusconi) con sede en Luxemburgo. Ben Ammar replicó al día siguiente que Gadafi sólo había entrado en Quinta porque tenía interés en producir películas sobre el mundo árabe. Es todo por amor al arte.
Imagino que si uno puede hacer negocios pide excusas por lo que sea, el pasado colonial o la carabina de Ambrosio. Luego, a firmar, y lo demás son tonterías. En Libia hay contratos millonarios para las empresas italianas. Hacen la autopista de Túnez a Egipto que Berlusconi le regala a Gadafi y exportan gas y petróleo. ¿Conflicto de intereses? No me hagan reír, por favor, esos son conceptos trasnochados. Ya estamos en la política posmoderna de vanguardia. Dejemos ahora Libia para seguir de viaje con Berlusconi, que es más divertido que Willy Fogg.
LECCIÓN NÚMERO 4

Al cabo de dos meses Berlusconi se fue a Rusia a ver a Putin, pero en una visita “estrictamente privada” de tres días. A hablar de sus cosas, se entiende, y fue muy gracioso ver al ministro de Asuntos Exteriores, el hierático y mortalmente aburrido Franco Frattini hacer cabriolas para intentar explicar, sin tener ni idea, qué es lo que iba a hacer el jefe por allí. No era un viaje oficial, pero por lo que trascendió después habló con Putin de negocios. De energía, de producción de coches,... y quién sabe de qué más. Pero no hay que ser susceptible, es de todos conocido que Putin es una especie de príncipe de la democracia. Berlusconi siempre le saca la cara, siguiendo su máxima sagrada de decir al cliente lo que quiere oír, incluso exagerando, aun corriendo el riesgo de que al propio interesado le entre la risa.
Por ejemplo, en noviembre de 2003, cuando siendo presidente de turno de la UE, Berlusconi definió «leyendas» las violaciones de derechos humanos en Chechenia. «Es la prensa que, como en Italia, distorsiona los hechos», explicó. O en 2008, con su célebre reacción a la pregunta incómoda a Putin de una periodista rusa: simuló que la ametrallaba (vena la foto). Claro, si piensa que lo de Chechenia son leyendas, tampoco sabrá que en los últimos diez años han sido asesinados en Rusia más de 200 periodistas. Entre ellos una tal Anna Politkovskaja, que entre otras cosas denunció las barbaridades rusas en Chechenia. O a lo peor si lo sabe...
Pero no nos distraigamos, estábamos en su último viaje a Rusia. Fue todo tan misterioso que al volver se produjo un asombroso fenómeno atmosférico. Berlusconi plantó el consejo de ministros porque, se dijo oficialmente, estaba bloqueado en San Petersburgo por una tormenta de nieve. Era una trola como una casa y le cazaron enseguida: en San Petersburgo había cielo cubierto y cinco grados, pero no nevaba. Al cabo de un rato resulta que estaba comiendo con Putin y por la tarde se fotografió a los mandos de un jet anfibio ruso, Beriev be-200, que le produjo la siguiente reflexión: “Da un extraordinario sentido de poder”. Al final del día el portavoz ruso, que ignoraba la trola de Berlusconi, informó tranquilamente que Putin y Berlusconi habían pasado el día juntos. Menuda empanada entre lo público y privado. Pero bastante peor fue, un mes después, en Bielorrusia.
LECCIÓN NÚMERO 5
Sí, Bielorrusia, efectiva
mente, el país del último dictador europeo, Alexander Lukashenko (chico de la foto), a quien no visita nadie desde que llegó al poder en 1994. Pues para allá que se fue Berlusconi, siempre batiendo marcas. Y vaya que si las batió. Lean esta declaración de amor a Lukashenko: “Muchas felicidades a usted y a su Gobierno. Y a su gente, que sé que le ama, lo demuestran los resultados de las elecciones, que están a la vista de todos, que nosotros conocemos y apreciamos”. Nuestro héroe se refiere a las tres elecciones que ha ganado de calle (82% de los votos en 2006) gracias a fraudes monumentales, según ha denunciado la OSCE. Pero eso da igual, recuerden que esto es como la televenta.
De todos modos hay que entender la simpatía de Berlusconi por estos personajes. Lukashenko se hace llamar por sus ciudadanos ‘El Padre’ (Bathka), ha eliminado la prensa independiente, mantiene la pena de muerte y castiga con la cárcel cualquier crítica.
Se preguntarán qué se le ha perdido a Berlusconi en Bielorrusia. Pues no se sabe. Pero se volvió con un montón de papeles de archivos del KGB. En teoría, de los italianos desaparecidos en Rusia en la Segunda Guerra Mundial. Aunque en Italia a veces aparecen viejos documentos del KGB para acusar a dirigentes de la izquierda de supuestas conspiraciones en el pasado a sueldo de los servicios secretos soviéticos. Y por otro lado, Berlusconi anunció: "Ahora podemos dar inicio a relaciones industriales y económicas". Hasta entonces Lukashenko sólo había recibido a Gadafi, Chávez o Ahmadinejad.
EPÍLOGO
Este año ha comenzado, como decíamos al principio, con el memorable viaje a Israel y los Territorios Ocupados, pero seguramente nos deparará nuevas lecciones de diplomacia. Como hace poco, cuando recibió al primer ministro albanés, Sali Berisha, y dijo que los inmigrantes ilegales no son bienvenidos, pero “se puede hacer alguna excepción con las chicas guapas”. El show debe continuar.
Pero fuera de bromas, hagamos una reflexión ecuánime. Como comentaba con el amigo de Jerusalén, Berlusconi es quien realmente está haciendo hoy una auténtica diplomacia: cínica, egoísta, amoral y sin prejuicios, pero encima a la vista de todo el mundo. Se tutea con personalidades de dudosa reputación y les hace la pelota, pero sabe lo que hace.
Primero, es esa cosa tan italiana de hacer un favor, pero para venderlo: que te deban un favor. A Berlusconi, un millonario que se mueve con el mundo con una cartera llena de billetes para lo que sea, todos estos personajes le deben algo. Segundo, y consecuencia del primer punto, Berlusconi atesora el potencial de convertirse en otra figura italiana fundamental, el mediador. Cuando hay movida con estos países raros -como en conflicto de ahora entre Libia y Suiza-, Berlusconi es de los pocos a los que cogen el teléfono y se presenta a arreglar las cosas. Acumulando más favores y ganando el prestigio que se supone que pierde con su particular sentido de la diplomacia. Digo se supone porque, en realidad, todos los líderes occidentales y de la UE se comportan con él como hace él con los impresentables del escenario internacional: le ríen las gracias y hacen como que no pasa nada. También reina la hipocresía, aunque a niveles normales. Berlusconi, en definitiva, nunca pierde.
Se debe al talento italiano para moverse en las zonas grises. Paradójicamente, los italianos se desenvuelven muy bien donde hay reglas, porque todo se convierte en un juego y saben aprovecharlas a su favor. Y se habla hasta con el diablo. Es esa obsesión no de no cerrarse ninguna puerta, porque nunca se sabe por dónde se puede salir ganando.
En fin, terminemos estas lecciones de diplomacia y alta política con ‘L’arte de arrangiarse’ (El arte de apañarse, Luigi Zampa, 1954):
Sinopsis: En esta divertidísima y didáctica película el protagonista, Sasá Scimoni, se va transformando camaleónicamente en fascista, comunista o lo que toque cada año, al sol que más caliente, con tal de trepar. Y encierra una conclusión visionaria. Scimoni sale de la cárcel por mangante en plena campaña electoral y reflexiona: «En un momento comprendí cuál era mi verdadera vocación. Nada de inscribirse a un partido, tenía que fundar yo uno. Y ahora podía, porque había estado en la cárcel. Era una víctima».
Mítin berlusconiano: «¡Estas muñecas, que han conocido el frío acero de las esposas... (Aplausos) Lo sabía, queridos amigos, viendo vuestras caras orgullosas y viriles (travelling con los caretos del respetable), que también vosotros habéis padecido en las galeras patrias, víctima de vuestros ideales! ¿A quién pediré el voto? ¡No lo pediré a los burgueses con pantuflas, ni a los santurrones (besapilas) hipócritas, ni a los que reniegan de la patria, sino a los hombres de corazón y de hígado sano, a vosotros, a los hombres que han sabido vivir en el peligro! ¡También yo he sufrido por mis ideales! ¡He sido calumniado y condenado, víctima de los regímenes de la pluto-democracia!».
Luego, epílogo: «No fui elegido, sólo 112 votos. Pero qué importa. Lo esencial en la vida es hacerse conocer, y además me quedé con la camioneta...» Y se le ve disfrazado de tirolés -con el acento de Ratzinger, por cierto-, vendiendo cuchillas de afeitar.
FIN
La historia reciente de Italia ha ido exactamente al revés, porque se han perfeccionado los mecanismos de venta. Hoy sabemos que Berlusconi ha superado a este personaje de Sordi del lejano 1954. Empezó de cantante de cruceros y vendiendo escobas eléctricas por las casas, pero ha terminado de primer ministro, donde ha evitado posibles condenas, no como el protagonista de la película, y donde todo se vende que es una maravilla. Es que se lo quitan de las manos, oiga.
Una última frase del maestro Montanelli:
«Berlusconi no tiene ideas, tiene sólo intereses».
No sé si habrán visto ya estas pavorosas imágenes:
En Italia siempre está uno con esa pregunta: ¿Se vendrá todo abajo? ¿Mejor salir corriendo? ¿Irse? Pobre Calabria. Ese lugar que acaban de ver, Maierato, 2.300 habitantes, ya es un pueblo fantasma, resbalando sobre la tierra como una pastilla de jabón. En unos 200 puntos de la región ha pasado lo mismo, con casas, carreteras e incluso una central eléctrica llevadas en volandas. En Sicilia ha ocurrido algo parecido en otro pueblo, San Fratello, de 4.500 vecinos, y toda la provincia de Messina se tambalea.
De forma macabra, se podría decir que al fin algo se mueve en Italia, aunque no es una sorpresa, todo lo contrario. Calabria entera, el cien por cien de sus municipios, está construida en zonas de riesgo geológico o hídrico. No se crean que el resto de Italia está mejor: son siete de cada diez localidades, un total de 5.581, fruto de las construcciones ilegales y las barbaridades urbanísticas. Es decir, las catástrofes están perfectamente previstas cada año. Eso es lo peor de Italia, que da la razón a los pesimistas. Por ejemplo, aquí ya lo habíamos anunciado en octubre, en la penúltima tragedia.
También, y lo siento de verdad,
se verifica estos días algo de lo que temimos hace un año tras el terremoto del Abruzzo. El escándalo de la semana en Italia, por si no lo han seguido, es la corrupción en la adjudicación de obras de la Protección Civil, que alcanza a su director, Guido Bertolaso (chico de la foto). De nuevo, es algo de lo que hemos hablado, y hace muy poco, al subrayar la alucinante anomalía de una Protección Civil que se dedica a emergencias y a organizar todo tipo de actos, como el Mundial de Natación. Por cierto que todavía andan construyendo alguna piscina y el mundial fue en verano. Este truco se debe a que de este modo, considerando todo una emergencia, se agilizan trámites, pero también se pierde transparencia, como se ha demostrado.
A la espera de que los tribunales se pronuncien, las grabaciones telefónicas ya indican que es todo un mamoneo de regalitos, putas en centros de masajes, enchufes, cuñados y qué hay de lo mío. Pero sobre las emergencias, que es más estomagante. Como esta conversación entre dos empresarios el mismo 6 de abril, el día del terremoto:
-Alla Ferratella occupati di sta roba del terremoto perché qui bisogna partire in quarta subito, non è che c'è un terremoto al giorno.
-Lo so (ride).
-Per carità, poveracci.
-Va buò.
-Io stamattina ridevo alle tre e mezzo dentro al letto.
Traducción (lo he puesto en italiano para que quienes lo hablen capten los matices coloquiales de los sujetos):
-Ocúpate en la Ferratella de esta historia del terremoto, porque hay que arrancar en cuarta ya, no es que hay un terremoto cada día.
-Lo sé (ríe).
-Por Dios, pobre gente.
-Bueno...
-Yo esta madrugada reía a las tres y media de la mañana en la cama.
Reía a las tres y media de la mañana en la cama. ¿Se dan cuenta? Aún no se habían contado los muertos -307 personas- y estos dos tipos ya estaban haciendo números con el negocio que les caía encima. Estos dos tipos son Francesco Maria De Vito Piscicelli, director técnico de la empresa Opere Pubbliche e Ambiente S.A., de Roma, y su cuñado Pierfrancesco Gagliardi. A los tres días ya estaban en L'Aquila facturando y habrá que ver las cuentas infladas que presentarían. Según lo que se va sabiendo, andaban un 50% por encima del precio real. La Ferratella es la sede del Dipartimento per lo Sviluppo e la Competitività del Turismo, las oficinas de Angelo Balducci y Fabio De Santis, los dos principales detenidos del caso, dos dirigentes públicos que, según el fiscal, repartían los contratos de emergencias y grandes eventos a base de comisiones y favores.
El tal De Vito Piscicelli ha pedido disculpas y se ha defendido de forma expresiva y colorida diciendo que las terribles palabras son de su cuñado, que es un animal que le hace la vida imposible. «¡Ese hombre es la metástasis de mi vida. No la ruina. La metástasis!». Casi era mejor que se hubiera callado, porque añadió ribetes de tragicomedia familiar. Aquí todo termina en parodia amarga, como en las películas. Luego salió el cuñado diciendo que no, que son frases sacadas de contexto y que la víctima es él. Aquí todos son víctimas, del primer ministro para abajo. “Soy el Fantozzi de la situación”, resumió el cuñado lastimeramente.
Sacar a colación a nuestro pobre Fantozzi es un sacrilegio, pero nos viene bien para hacer un pausa e ilustrar, ¿cómo llamarlo?, la mentalidad dominante.
Sinopsis: Bueno, no se trata de Fantozzi, sino de uno de sus epígonos, siempre interpretado por el gran Paolo Villaggio. La peli se titula ‘Il Belpaese’ (El bello país, traducción mía, de Luciano Salce). Les advierto que es de 1977, así que la mentalidad dominante viene de lejos. Lo de ‘Belpaese’, por si no lo saben, es un sinónimo significativo de Italia que utilizan los propios italianos. Se quedan con que es bonito, que no es poco y yo creo que está bien visto.
La película habla de un italiano que ha pasado años en el extranjero y vuelve todo ilusionado. Obviamente, se pega un trastazo enorme con la realidad y va descubriendo en qué penoso estado se halla su país. Vamos con el monólogo del conductor, declamado mientras incumple todas las reglas de circulación:
«Es una vergüenza, es el caos, estamos en plena anarquía, somos pocos los que respetan las leyes de la vida democrática. Para hacer que la gente se comporte civilmente no hacen falta leyes especiales, basta aplicar las existentes y hacerlas respetar. (Se salta el semáforo en rojo). Ése es el punto, respetar las leyes, yo estoy a favor de la lucha política, pero dentro del maco constitucional, pero ahora que la izquierda puede usar democráticamente el poder ¿qué hacen? Nos puentean, no cumplen las reglas, todos contra el orden constituido. (Casi atropella a una señora) ¿Me puede dar, por favor...? Se ha sentado sobre, la cosa, la tarjeta del servicio de Estado. Justo, ¿ve esto? Me he visto obligado a hacérmelo dar porque ya no conseguía aparcar en zona prohibida. Porque yo nutro un odio visceral por el privilegio...»
Nuestro pobre protagonista le advierte que va en dirección prohibida: «Ah, por desgracia, ¿quién respeta ya las leyes?». Viene un coche de frente y el conductor le pide que le pase una señal de tráfico de la Policía: «¡Frene, frene! ¡Es que ni siquiera en las vías de sentido único...! ¿Ve lo que estamos obligados a hacer para contrastar el exceso de permisividad? Porque aquí, a fuerza de concesiones, derechos a las minorías, ensanchamiento de áreas democráticas... ¡La confusión!» (Se salta un stop, frenazo con otro coche e insultos). Porque, querido mío, con este pueblo de inmaduros también la democracia y la libertad tienen que ser programadas».
«-Bueno, ha llegado. ¿No me diga que tiene el dinero en el banco? mal, muy mal.
-¿Dónde lo debería tener? ¿En el colchón?
-¡No en el banco! Querido, no ve que acabarán por ir a por el secreto bancario, que la gente como nosotros, que ha tenido que trabajar para salir adelante, tendrá que dar cuentas de sus ahorros. Hágame caso (hace un gesto con la cabeza) Tenga todo fuera.
-¿Fuera? ¿Pero usted tiene algo fuera?
-¡Todo! Y estoy fenomenal. Ahí si que hay gente que tiene respeto por la ley y por el dinero, querido mío.
-Es siempre un placer conocer personas honestas como usted", dice al despedirse nuestro ingenuo héroe.
FIN
¿A quién me recuerdan a mí estos razonamientos? No sé que me pasa que veo a Berlusconi por todas partes. En fin, sigamos.
El diálogo anterior de los dos empresarios sobre el terremoto horrorizó a los vecinos de L’Aquila. Transcribo el comentario del alcalde, Massimo Cialente:
«Dan escalofríos y dan asco, son chacales. Me temo que para muchos esta ha sido una gran ocasión de hacer dinero. Algunos han venido a hacer su trabajo, pero luego tenemos estas figuras que forman parte de esta Italia que hace llorar».
Mejor lo dejamos, porque efectivamente es para llorar. El asco es una sensación dominante estos días y hace falta estómago para leer entero el periódico. Pero, por desgracia, tenemos que seguir con el cumplimiento implacable de las peores previsiones. Porque ha pasado ya un año del caso de Eluana Englaro. Si lo recuerdan es la mujer en estado vegetal sobre la que se armó un vergonzoso dramón de pasteleo político, con Berlusconi presentándose a última hora como defensor de la vida -ya saben, el partido del amor- con una ley in extremis para obligar a alimentarla por la fuerza que no llegó a tiempo. Habían tenido años para hacerla, pero al final no pudo ser. ¿Recuerdan la conmoción de aquellos días, que no iba a volver a ocurrir y todas las tonterías? Pues, como ya habrán adivinado, al día siguiente se olvidaron de todo y un año después esa ley que no aprobaron por un pelo para, oh, salvar a Eluana sigue empantanada en el Parlamento.
Está claro que no avanzamos nada. Pero, entonces, ¿a qué viene el título que hemos puesto a este capítulo? Un poco de paciencia, que enseguida llegamos. Resulta que, paradojas de la vida, no habían terminado los panegíricos y loas a Bettino Craxi, el primer ministro corrupto y huido de la Justicia tras la operación ‘Manos Limpias’ de los noventa, cuando Italia se ha visto de nuevo lanzada en una ola de casos de corrupción al mejor estilo de aquellos años.
El escándalo de las bolsilladas de la Protección Civil cada día va a más y hay otros episodios entrañables, como el de Mirko Pennisi, concejal de ayuntamiento de Milán y presidente de la comisión urbanística. Fue cazado cuando se hacía entregar una comisioncita de 5.000 euros escondida en un paquete de tabaco, como en los viejos tiempos. Se escabulló en una librería y lo escondió tras el radiador del baño. Era la segunda entrega del peaje que un empresario debía pagar para que su expediente, un permiso de obra parado desde hacía cuatro años, fuera considerado. Así es Italia, hay que pagar para que las cosas se muevan.
Pennisi dejó una solemne reunión sobre el Plan de Gobierno del Territorio y bajó a su cita en la puerta del ayuntamiento. Para qué andar molestándose en esconderse. Pero resulta que el empresario fue con la Policía. También han pillado de la misma manera y con las manos en la masa, en su propio despacho, al presidente de la provincia de Vercelli (norte, entre Turín y Milán), Renzo Masoero, embolsándose 10.000 euros de una empresa de desratización. Ambos son del PDL, el partido de Berlusconi.
Esto no para porque ayer pillaron al jefe de la sección antifraude de Varese (norte) y a otro empleado de Hacienda, que pedían 60.000 euros a un empresario para no hacerle una inspección. Y esta mañana han detenido a un dirigente del hospital Cardarelli de Nápoles (sur), mientras recibía 1.000 euros de un empresario que se había adjudicado el contrato anual de la manutención informática. En ambos casos, como los dos anteriores, las víctimas de los chantajes denunciaron. Parece que la gente se está hartando. O que algo se mueve, porque en Italia es difícil creer en las casualidades.
Son escenas calcadas a las que hace 18 años, el 17 de febrero de 1992, dio inicio a ‘Manos Limpias’. Un tal Mario Chiesa, dirigente menor del Partido Socialista de Craxi y presidente del Pio Albergo Trivulzio, una residencia de ancianos, fue pillado ‘in fraganti’ mientras ingresaba su comisión del día (tangente) de un empresario que aspiraba a la concesión del servicio de limpieza. Nada, siete millones de liras, medio kilo de pesetas de entonces. Parece que Chiesa escondió a toda prisa el fajo de billetes en la bragueta, un paquetón insoslayable. Chiesa era ‘mister 10%’, el porcentaje personal que endosaba a cada contrato. A partir de ahí, tirando del hilo, los fiscales de ‘Manos Limpias’ de Antonio Di Pietro desvelaron el sistema de corrupción crónico que financiaba el PSI y la Democracia Cristiana, los dos principales partidos italianos, que a raíz del escándalo desaparecieron. Entonces apareció Berlusconi...
Aquello se llamó ‘Tangentopoli’. Este extraño nombre quiere decir algo así como el mundo o la ciudad de las comisiones, con terminología del Don Miki (Topolino en italiano), pues Paperopoli es la ciudad del Tío Gilito (Paperone en italiano). Ya ven que, como siempre, todo tiene un matiz lúdico. Pues bien, 'Tangentopoli' es un término que vuelve a estar en boca de todos, junto a un desaliento general aún más profundo, si es que esto es posible, ante las páginas y páginas de corrupción gruesa y chabacana que llenan cada día los periódicos.
El hecho de que cada día salga alguien a desmentir acaloradamente que esto de ahora no es como ‘Tangentopoli’ no hace más que corroborar cuánto se parece. Parece que no ha pasado el tiempo. De hecho ahora me acuerdo que Mario Chiesa apareció implicado hace un año en una estafa de tráfico ilegal de basuras. Craxi, cuando empezaba la movida, dijo que era un caso aislado. Últimas palabras famosas. Curiosamente, Berlusconi ha dicho hoy lo mismo de estos nuevos chorizos. Es más, va a endurecer las leyes contra la corrupción. Pero claro, ahí le duele: es que él, por ejemplo, se ha librado de condenas de corrupción por las circunstancias atenuantes. Con el carrerón que lleva ¿cómo va a pedir Berlusconi a nadie que dimita? Menos que nadie a Bertolaso, el director de Protección Civil, a quien los fiscales acusan de haber pegado «una repasada» a una masajista brasileña facilitada por la banda de empresarios trincones, los que se reían del terremoto de L’Aquila. Es un espejo de las juergas con putas de Berlusconi.
Pero así llegamos a este resquicio de esperanza del que les hablaba, esos ligeros movimientos que indican tendencias positivas. Según Berlusconi, estos casos de corrupción:
“...son hechos personales que entran en las estadísticas, pues de cien personas puede haber uno, dos, tres, cuatro o cinco personas que puedan ser unos bandidos que se aprovechan de su posición por interés personal”.
No sé si captan la letal ironía de estas palabras, seguramente inconsciente, viniendo de quien viene, el campeón del uso personal del poder. No se entiende por qué se comportan así algunos italianos, teniendo el modelo ejemplar de su primer ministro. Por otro lado también queda en evidencia cuando se queja estos días de que van a por él, como si cuando empiezan a detener chorizos él saliera en defensa de su gremio. Pero también el presidente de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini, co-fundador del PDL con Berlusconi quiso poner los puntos sobre las íes:
“Nada de Tangentopoli, antes se robaba para el partido, hoy quien roba es un ladrón y basta”.
En fin, a lo mejor les decepciono, pero estas eran las buenas noticias: ya sólo se roba por mero lucro personal.
Sin embargo, digan lo que digan Berlusconi y Fini son las propias estadísticas las que saltan por los aires. Esta sensación de ‘deja vu’ generalizada fue certificada anteayer por el aplastante informe del Tribunal de Cuentas: las denuncias por corrupción han subido un 229% con respecto a 2009, un fenómeno que ha hecho perder al Estado unos 70 millones de euros. «La corrupción es un cáncer maligno (...) Hace falta sentido ético, porque no bastan jueces, carabinieri ni fuerzas del orden», ha dicho el presidente del organismo. Sin duda no tiene la capacidad de relativizar los fenómenos de Berlusconi.
Pero, insisto, no d
esesperen, hay que agarrarse a lo que sea para tener esperanza. Por ejemplo, esta semana ha dimitido alguien. Sí, ya sé que sólo ha sido un locutor de un programa de cocina de la RAI, masacrado por los defensores de los animales por decir que los gatos se cocinan y están buenos. Pero también tenemos el acontecimiento histórico del informativo de Emilio Fede (chico de la foto), el delirante TG4: ¡dio una noticia! No era una exclusiva, pero por algo se empieza: su público se enteró por primera vez en más de veinte años de que hay un líder en un partido de izquierda con una cara y una voz. En efecto, Fede entrevistó por primera vez en su informativo a un líder de la izquierda, Pierluigi Bersani, del PD.
Pero si todo esto no les parecen mejorías, sino tristes consuelos, ahora les convenceré. Antes debo confesar que también me he ido contagiando del entorno y cada vez soy más individualista. Visto así, el gran bombazo es que he descubierto que soy rico, uno de los más ricos de Italia. Sí, sí, como el Tío Gilito. Como lo oyen. Han salido los datos de la declaración de la renta y quédense con el titular: el 91% de los italianos declaran ingresos inferiores a 35.000 euros. Yo gano más, aunque no llego a ese escaso 1% de italianos que gana más de 100.000 euros, así que, sin saberlo, formo parte de la élite del país. La mitad de los contribuyentes gana menos de 15.000 euros y el 27% no paga absolutamente nada. En resumen, que el 12% de los italianos paga el 52% de los impuestos, según los datos del Departamento del Tesoro. Los demás, a vivir.
Me ha venido muy bien saber que soy rico, porque febrero siempre ha sido para mí el peor mes del año, me sumo matemáticamente en confusas depresiones invernales. Pero cómo no se va uno a deprimir si pone la tele y se encuentra con el festival de Sanremo. Miren a qué ha quedado reducida la pobre Italia. Con todos ustedes, el ínclito príncipe Emanuele Filiberto di Savoia con el tema ‘Italia amore mio’, acompañado de Pupo y el tenor Luca Canonici:

«Yo creo en mi culturaaaa, y en mi religiooón, por eso no tengo miedoooo de expresaar mi opinioooón...» Madre del amor hermoso, qué ataques de vergüenza ajena. Fue eliminado a la primera, menos mal. Pero ayer fue repescado en una extraña maniobra, para variar. El público protestó y pitó, pero ya sólo le queda eso, el pataleo como único síntoma de vida. Por cierto, la presentadora del principio no es la Bruja Avería, sino la pimpante Antonella Clerici. Ahí la tienen en un momento de la velada columpiándose como en el anuncio campestre de Timotei.
Para terminar, vamos a ponernos serios. Buscar una esperanza en Italia es algo muy serio. Hace tres meses causó gran conmoción, efímera como todo, esta carta pública que escribió a su hijo Pier Luigi Celli, ex-director general de la RAI y director general de la Luiss, la universidad privada más prestigiosa de Roma. Fue publicada en un diario y reproduzco los párrafos más interesantes.
Hijo mío, estás a punto de terminar la universidad, has sido muy bueno. (...) Y es por esto por lo que te hablo con amargura, pensando en lo que ahora te espera. Este País, tu País, ya no es un lugar en el que sea posible estar con orgullo.
Puedes imaginar el sufrimiento con que te digo estas cosas (...) pero no puedo, honestamente, esconder lo que he meditado largamente. Te conozco bastante para saber lo fuerte que es tu sentido de justicia, el deseo de llegar a resultados (...) y, la idea de que el estudio duro es el único camino para ser creíble y de confianza en el trabajo que encontrarás.
Pero mira a tu alrededor. Lo que puedes ver es que todo esto cada vez tiene menos valor en una sociedad dividida, pendenciera, fuertemente individualista, dispuesta a malvender los mínimos valores de solidaridad y honestidad, a cambio de un reconocimiento de los intereses personales, de prebendas discutibles, de carreras feroces hechas sobre méritos inexistentes. A menos que no sea un mérito la afiliación política, de clan, familiar.
Este es un País en el que, si te va bien, empezarás ganando una décima parte de un asistente (portaborse) cualquiera, un centésimo de una azafata de televisión (velina), quizá poco más de un milésimo de un alto ejecutivo con quiebras que no pagará nunca. Y que es un país en el que, para viajar, tienes que esperar que a Alitalia no se le meta en la cabeza hacer la empresa seria pidiendo a sus empleados el respeto del horario, porque entonces puede que te anulen cada vuelo durante días enteros. (...) Por otro lado, como podría ser distinto, si este es el único País en el que una compañía aérea del Estado, técnicamente en quiebra, ha sido privatizada regalando el monopolio, obligando a sus dirigentes a la parálisis ante empleados que no creeerán nunca más que corren peligro.
Créeme, si miras alrededor no encontrarás muchas razones para reconfortarte. Tropezarás con destinos gloriosos de quien, siendo a lo mejor taxista, se ve premiado con un consejo de administración, o no sabiendo nada de electricidad o gas accede impertérrito a la cúpula de una empresa de energía. (...) Este es un País en el que ninguno parece destinado a pagar por los errores cometidos (...)
Por eso, con el corazón que sufre más que nunca, mi consejo es que, acabados tus estudios, te vayas al extranjero. Elige ir donde todavía tenga un valor la lealtad, el respeto, el reconocimiento del mérito y los resultados. Probablemente no será todo oro, esto no. Ocurrirá también que, a menudo, te entre nostalgia de tu País y, espero, de tus padres. Y tú intentarás encontrar una vía para hacer aquello para lo que te has preparado durante años. Hazme caso, este es un País que no te merece. Habríamos querido que fuera distinto y hemos fracasado. También nosotros. Tú tienes derecho a vivir de forma distinta, sin preguntarte, por ejemplo, si lo que dices o escribes puede molestar a alguno de estos mediocres importantes, con el riesgo de caer en su punto de mira y encontrarte marginado sin entender por qué.
Ahora que te he dicho lo que querría evitar, lo sé, preveo, lo que querrías responderme. Te conozco y te quiero por esto. Me dirás que es todo verdad, que las cosas están así, que también te dan asco, pero que tú, justo por eso, no les dejarás que ganen. Y no sé, creéme, si preocuparme más de tu obstinación o alegrarme por haber encontrado el modo de que no me desilusionaras, secundando mi amargura.
Prepárate de todos modos para sufrir.
Con afecto, tu padre.
Veamos, para despedirnos, el final de ‘Il Belpaese’:
Sinopsis: El protagonista, después de que le haya pasado de todo y chocar con todas las adversidades imaginables, cosa que puede comprender cualquiera que llegue por primera vez a Italia, se harta y decide largarse. Pero en el último momento toma una decisión: no se va del país, se queda. «¡Yo no dejo Italia! ¿Has entendido Belpaese? ¡Yo me quedo aquí, no te dejo! ¡Has intentado hacerme partir, me has bombardeado la tienda, me has masacrado, robado, humillado, pero yo me quedo! ¿Sabes por qué? ¡¡¡¡Porque soy un gilipollas (stronzo)!!!! Pero son los gilipollas como nosotros, que se despiertan todas las mañanas para ir a trabajar... ¿habéis entendido gilipollas? ¿Pero queréis hacerles ver, sí o no, que somos nosotros los que importamos en este país?». Y se pone a animar a la gente del barrio a que salga a la calle, venza el miedo, pasee, se hable,...
El contexto es el de la Italia de los años de plomo, con violencia y tiros en las calles, que seguramente era mucho peor que esta. Pero no sé si esto es un consuelo.
Hola a todos. Estoy de vuelta, y de nuevo he sufrido el shock habitual que produce cada nueva inmersión en Italia. Se va uno unos días y pasan un montón de cosas, aunque luego todo sigue igual. Por ejemplo, algo ha ocurrido durante mi ausencia que ahora todos los programas de televisión están llenos de transexuales. O ‘trans’, como les llaman aquí. Es por el escándalo de Piero Marrazzo, el gobernador de Lazio, la región de Roma, chantajeado por unos carabinieri que irrumpieron, cámara en mano, en una casa donde tenía un lío con Natalí, una transexual brasileña (chica de la foto). Le grabaron un vídeo en el que también, dicen, aparece cocaína.
Pero hay algo raro. Cuando fue el lío de Berlusconi con las prostitutas no apareció ni una en la tele y la famosa Barbara D’Addario sólo pudo verse al cabo de cuatro meses, y porque se lanzó a ello un peligroso presentador comunista. Ahora el memorable ‘Porta a porta’ de Bruno Vespa se ha hecho tres programas seguidos de reinonas. ¿Cuál es la diferencia? Muy fácil, Piero Marrazzo (chico de la foto) es del PD, el principal partido de centro-izquierda. La ecuación la pueden sacar ustedes solitos:
-Marrazo=comunista amargado=va con tíos operados que tienen tetas y es la vergüenza del país=qué escándalo
-Berlusconi=playboy simpaticote=se corre juergas con tías buenas y es la envidia del vecindario=qué violación de su intimidad
-Conclusión: no sea tonto, hombre, vote al machote
Por cierto, que Marrazzo era un simple presentador de la tele antes de entrar en política, así que estamos en las mismas. A su mujer, que aún trabaja en la RAI en un telediario nocturno, le tocó el papelón de repasar las portadas de los diarios del día siguiente con la noticia de su marido.
Pero eso no es nada con lo que ha pasado luego. El caso está siendo de lo más chungo. Ya se han cepillado a dos personas del círculo cercano a Natalí: otro transexual, Brenda (incendio fortuito en su casa), porque parece que sabía demasiado y tenía un archivo de más famosos chantajeables, y a un camello que intentaba colocar los vídeos (dosis mortal y fortuita de cocaína).
Por lo que parece en este país de machotes latinos hay un pasión enorme por los transexuales, al menos entre la gente con pasta. Pero lo más revelador de este culebrón es lo que ha hecho Marrazzo. Primero, justificante médico de estrés para poder ausentarse del trabajo y no dimitir. Envía el certificado periódicamente, como en clase. Segundo, retirarse a la abadía de Montecassino. Tercero, envía una carta al Papa mostrándose arrepentido y pidiendo perdón. «Santidad, perdóneme por todo lo que he hecho», decía, aunque Benedicto XVI no está en el censo electoral italiano. A sus colaboradores les tuvo que bastar con un SMS. A los votantes, nada. Y menos mal que es un señor de izquierdas.
Ah, la absolución. En Italia siempre se busca la absolución y el perdón, el alivio de la conciencia, porque no hay delitos, sino pecados. De hecho Marrazzo no ha cometido ningún delito. Es más, es víctima de unos carabinieri corruptos que le han chantajeado.
Para ilustrar estas banales reflexiones con las que les castigo hoy y divertirnos un rato, echaremos mano de una pieza magistral, ‘Il complesso della schiava nubiana’ (El complejo de la esclava nubia), uno de los sensacionales capítulos de ‘I complessi’ (1965). Pusimos hace tiempo un trozo del más famoso, el del mítico 'Dentone' de Alberto Sordi, pero este también es buenísimo, con mi admirado Ugo Tognazzi. Está dirigido por Franco Rossi. Como no es muy largo y gracias a las maravillas de la técnica lo ponemos entero. Espero que puedan sobrellevar el tostón de las sinopsis explicativas.
Sinopsis: Ugo Tognazzi es Gildo Beozzi, un intachable y meapilas dirigente democristiano, presidente de un espeso y arcano ente público, retrato de una época. Empieza la jornada de forma marcial a las seis de la mañana, levantando a toda la familia antes de irse a trabajar. “Ciao nascituro!”, dice al niño que está punto de nacer, y todo su vocabulario es en este plan. En el despacho, revista de prensa, con un problema habitual: hay un playboy llamado Guido Beozzi, famoso por sus gamberradas, que con esa fastidiosa homonimia siempre le causa problemas. Por ejemplo, el diario del día dice que ha robado a una viejecita por una apuesta. Manda una carta a todos los diarios aclarando que no tiene nada que ver. Luego llama a un ‘onorevole’, conversación que graba meticulosamente. Así vamos conociendo al personaje.
Entretanto, su mujer recibe una carta terrible, que le precipita el parto.
En su despacho, el presidente Beozzi recibe a un inspector de Policía, al que había enviado a corromper a un nuevo conserje, para ver cómo reaccionaba. Confirma que le dio mil liras y le dejó adelantar en la fila a cuatro personas, aunque tuvo que insistir y metérselas en el bolsillo. Beozzi concluye disgustado que tendrá que despedirlo, “porque con la mentalidad que hay en Italia, qué dirá la gente”. Al despedirse, hay un momento incómodo: el policía le dice que las mil liras las ha puesto él de su bolsillo y el presidente le propone que pase el sábado por caja. “¿Sábado?”, pregunta con fastidio. “Paciencia y fe”, responde él.
Luego recibe a la prensa, encantado de conocerse y cita una definición de la prensa: “Beozzi, este hombrecito débil sin puntos débiles, este pequeño Aquiles sin talón de Aquiles”.
Llega al hospital a ver a su mujer, aunque le fastidia que el parto se haya anticipado, porque no va a poder bautizarle el senador Tamburini que está de viaje. “Bueno, ya lo hará otro pez gordo”, dice la suegra, que no le soporta. “No hablemos de política, me hacía falta Tamburini, y basta”, replica. Es el clásico pasteleo de la política italiana. Luego se indigna porque la han metido en una habitación individual, y no colectiva como las otras veces. Suelta un sermón, diciendo que tienen un estilo de vida franciscano y que aspira a ser un ejemplo. “De cretinería congénita”, apunta la suegra. Muestra la ropa que lleva desde hace ocho años y su único lujo, una pastillas mentoladas. “Y no nos olvidemos que alguno nació en un pesebre, cierro el paréntesis”, apostilla con su retintín.
Cuando coge las facturas para hacerse devolver el dinero y enviar a su mujer a una sala de cuatro camas, descubre la terrible carta.
La suegra le explica que es una cosa de hace años, una tontería, una película que hizo como extra porque apareció un rodaje en la playa durante las vacaciones. Es la carta con el cheque que le paga los servicios prestados, por el derecho a usar las imágenes. Es una película de ‘Venere Films’. “¿Pero qué tipo de película es?”, grita él. Entonces entra la enfermera para llevársela a la sala de parto. “No es el momento”, le interrumpe el marido.
Cuando se la llevan encuentra el título en el periódico: Thor y las cuatro reinas... ¡desnudas! Corre hacia su mujer y le pregunta si es una de las cuatro reinas. Dice que no, que era una esclava, negra, pero le confiesa que en una escena de un baño se le cayó la túnica y... “¡Entonces se le ven las mamas!”, dice perplejo nuestro pobre chupatintas.
FIN
Hablábamos de que en Italia no hay delitos, sino pecados, y lo que veremos después en esta historia nos lo explicará muy bien. Hasta un terrorista de los años de plomo, Cesare Battisti, encarcelado en Brasil a la espera de la extradición por cuatro homicidios, imploró clemencia hace unos meses en una carta de ocho folios, preguntándose «si no ha llegado la hora de que Italia muestre su lado cristiano» y recordando que «el perdón es un acto de nobleza». Aquí si cuela, cuela.
Pero no es que no haya delitos, sino que dentro de nada tampoco habrá sentencias ni condenas, porque Berlusconi se ha inventado la llamada ‘ley del proceso breve’, que ahora anda por el Senado. Es algo fantástico: se anulan los juicios que no terminen en menos de seis años, y ya hemos explicado otras veces que en Italia para que un proceso se dé por terminado debe agotar las tres instancias, Supremo incluido. Como se imaginarán, esto en Italia es jugar con lo impepinable, algo así como decretar que se anulan los juicios que se celebren en años con cuatro estaciones. Ordenar que los procesos tienen que ser breves sin hacer nada para que lo sean viene a ser como proclamar el derecho a la vivienda, cosa que hace alegremente la Constitución española sin entrar en consideraciones sobre el precio de los pisos.
Quien haya tenido la paciencia o el descuido de seguir este blog sabrá ya a estas alturas que la Justicia italiana tiende hacia la eternidad. Es algo celestial, que se deja para el otro mundo, por eso hay tan poca aquí en la Tierra. Último ejemplo conocido, el alucinante caso de un trivial litigio por la venta de un coche usado en Pieve di Cadore (norte), que ha durado 17 años. Empezó en 1985 y tardaron cinco años y medio en hacer la primera vista. Primera sentencia, a los diez años. Pero el juez tardó siete más en depositar el texto de la resolución, en 2002. Y esto sólo para la primera instancia. El pobre ciudadano que esperaba justicia -y que, por tanto, no deseaba anular el juicio, como prevé la nueva ley, porque no todos los italianos tienen algo que temer- presentó una queja al Consejo Superior de la Magistratura y le dieron la razón. Decían que el proceso tenía que haber durado tres años. El mismo juez se había tirado quince años para otra resolución. Pero el castigo al magistrado ha sido ridículo: un euro por día de retraso, unos 2.500 euros. Si ni los propios jueces dan ejemplo con su justicia, qué más podemos añadir.
Resumiendo, la ley del proceso breve, como se imaginarán y porque ya conocen al personaje, es algo que Berlusconi hace para quitarse de encima los juicios que le quedan abiertos en este momento (dos, casos Mills y Mediaset), aunque para eso se beneficien legiones de mangantes. Creo que con esta ya van 18 leyes ‘ad personam’, hechas exclusivamente para arreglar sus chanchullos personales. De hecho, el nombre oficial de la ley es «Medidas para la tutela del ciudadano contra la duración indeterminada de los procesos». Del ciudadano Berlusconi, se entiende.
Lo cierto es que no habría mucho que objetar si Berlusconi fuera un ejemplo de hacer lo posible para agilizar los procesos, pero es que es campeón mundial en retrasarlos. Por ejemplo, ahora ha empezado el juicio del caso Mills, después de que le hayan quitado la inmunidad que se había dado por el morro, y ya está diciendo que no va porque le viene mal. Y así hasta que prescriba. Es el famoso argumento del «legítimo impedimento».
Por ejemplo, este viernes dijo que no podía asistir al juicio porque tenía que inaugurar un tramo con túnel de la autopista Salerno-Reggio Calabria. Sí, han leído bien, es la autopista que se lleva construyendo desde hace 40 años. Siguiendo las metáforas absurdas, es como si fuera a inaugurar un muñeco de nieve en los Alpes: siempre hay un tramo de la autopista Salerno-Reggio Calabria que se puede inaugurar. Aunque hace menos de un mes, el 13 de noviembre, a la inauguración de otro túnel de la misma autopista apenas fue el presidente del Anas, el ente público de carreteras. Debió de ser por esto que el tribunal no lo admitió como excusa, y entonces nuestro hombre alegó que tenía consejo de ministros. Convocó uno el jueves y otro el viernes, por si acaso. Luego ya pasó totalmente de la autopista, pero no avisó, y una nutrida comitiva de autoridades le esperó en el túnel durante más de dos horas, hasta que el obispo local -suelen ir a estas cosas- se hartó del plantón, lo inauguró él mismo y se largó.
Convendrán conmigo en que todo este lío de presentar justificantes, como en clase, es una lata. ¿Qué hacer? Naturalmente, otra ley: la ley del legítimo impedimento. Los chicos de Berlusconi, sus abogados-diputados, están en ello y parece que servirá para extender un permiso, renovable cada seis meses, para ausentarse de los procesos a miembros del Gobierno y parlamentarios. Tras fallarle la inmunidad el diligente equipo técnico del magnate le están haciendo una serie de leyes por el estilo para trampear en lo que se pueda.
Pero no se alarmen, pese a estas artimañas, no dejará de hacerse justicia, porque al final Berlusconi siempre logra la absolución, la verdadera, la única que cuenta: la del pueblo en las urnas. Los jueces que se dediquen a las multas de tráfico.
¡Cuánta razón tiene don Luigi Verzé, famoso sacerdote y empresario hospitalario, amigo de Berlusconi! (Señor de la foto) Hace poco ha repetido en una entrevista lo que dijo en 1994, cuando el magnate entró en política: «Berlusconi es una bendición para el país, un don de Dios a Italia». Y dejó esta reflexión sobre la Justicia y los últimos líos de faldas de su amigo: «No quiero juzgar. Berlusconi es un hombre, no un santo, aunque yo en cada hombre veo la santidad. Italia es un país profundamente cristiano, un país maravilloso, pero está perdiendo el respeto por sí mismo hurgando en la basura, está desacralizando y pisoteando sus valores en un dramático vacío de cultura. Y lo peor de nuestra cultura son algunos magistrados. La Justicia en Italia siempre ha sido una espada de Damocles sobre la cabeza de cualquiera. Por desgracia algunos magistrados no tienen el sentido de la Justicia». Amén.
Y sigamos viendo ‘El complejo de la esclava nubia’:
Sinopsis: La suegra dice al protagonista que en la dichosa película a su hija sólo se le ve una teta, y que además entonces no estaban casados, era sólo su prima. Ya ven que lo de las 'veline' viene de lejos. Vemos al presidente Beozzi ante el cartel de la peli, una de esas de serie B de las que hemos hablado otras veces, un ‘peplum’ con destape. Abrumado, el hombre se hace sus cálculos: habrán conocido a su mujer unas 1500 personas, “influyentes y no influyentes”, y dada “la ventolera de inmoralidad que se ha abatido” sobre Italia, un 30% irán a ver la peli. Ah, eran esos hermosos tiempos en que la gente iba al cine: 360 individuos “!ó 360 posibilidades de ser arruinado!”.
Llama a su mujer para saber en cuántas escenas sale (sólo en una) y, por suerte, al final se acuerda de preguntar si el recién nacido es niño o niña. Luego lo tenemos en el cine, viendo él solito la película. Fuera está la policía. Es el clásico uso para chanchullos personales de un grupito de agentes de confianza o de células de servicios secretos. Uno en política no es nada sin ellas.
Cuando llega el momento culminante, el famoso baño, pasa muy rápido. El presidente detiene la proyección, pero el empleado le explica que ese trozo ha sido censurado y que los fotogramas acabarán en la hoguera. A nuestro protagonista le embarga la felicidad. Sin embargo, en una aburrida reunión con unos japoneses, ante la palabra ‘comisión’ (y mediante la transformación imaginaria del inglés de un delegado en puro acento romanesco), se le ocurre que los componentes de la comisión de censura sí han visto la escena de su mujer. Pide la lista de miembros de la comisión y ¡¡hay uno que conoce a su mujer, un periodista!! Deja su despacho a toda prisa, aunque le espera una visita importantísima relacionada con la remolacha holandesa.
Y ahí lo tenemos esperando a la comisión de censura. El periodista que conoce sale clamando contra la obscenidad de una escena que se acaba de cargar. Nuestro héroe le aborda, simulando que se ha equivocado de piso, intentando escrutar si sabe algo, y antes de volver a la sala “a ahorrar otra obscenidad a Italia” el periodista le envía distinguidos saludos a su señora. El presidente, muy supicaz, le pregunta por qué, y el hombre no sabe qué decir, explica que sólo porque se está despidiendo. Luego encuentra al director del filme censurado y le sugiere que no se le ocurra hacer alguna llamadita para presionarle -un clásico más-, porque con él eso no funciona. “A mí no me mueve nadie de mis ideas”, concluye. “Te muevo yo”, jura el protagonista. Y así vemos en la siguiente escena al periodista de corresponsal en Moscú. Un clásico de las componendas de la RAI.
Pero no se acaba ahí la pesadilla: ¡la película era una coproducción italo-egipcia y seguramente en Egipto se verá íntegra! En la siguiente escena vemos cómo vuelve el material a Italia, con la voz en off de una carta indignada del ministerio, que pide explicaciones al presidente Beozzi de cómo es posible que haya firmado un acuerdo para hacerse enviar las copias de la película ¡a cambio de 200 kilómetros de tubos de oleducto y doce vehículo ‘bulldozer’!. Otro ejemplo clásico del uso personalizado del poder. Y vemos al presidente quemado desquiciado la película. Pero en eso se da cuenta de que aún hay negativos de las fotografías publicitarias, hechas por el estudio Nardi de Piacenza.
FIN
Los afanes de este hombre apagando fuegos no son nada con la que se le está viniendo encima a Berlusconi en otro frente judicial. En realidad es algo viejo y estaba ahí dormido desde hace años, como ya contamos cuando repasamos la intensa historia procesual del amado líder del centro-derecha. Se trata de sus presuntas conexiones con la Mafia. Un capo ha decidido colaborar con la Justicia y ahora va y dice que Berlusconi hizo pactos con Cosa Nostra y que incluso está relacionado con los grandes atentados contra el Estado de los noventa. Como dijo el co-líder del centro-derecha Gianfranco Fini el otro día, pensando que no le oía nadie, es «una bomba atómica». Pero le pillaron en un vídeo que sacaron luego. Berlusconi se enfadó mucho y luego tan amigos, como siempre. También se habla de otro vídeo comprometedor que anda por ahí con Alessandra Mussolini y Roberto Fiore, líder fascista de Forza Nuova. Como ven, en Italia últimamente la política sólo avanza a golpe de vídeos robados.
Ya nos detend
remos otro día en este proceloso asunto de la Mafia y Berlusconi, qué habrá que ver al final en qué se queda, pero lo que nos interesa ahora es señalar la ironía justiciera del caso: básicamente las novedades se asientan sobre el testimonio de un ‘arrepentido’, Gaspare Spatuzza (señor de la foto). Sí, claro, también los mafiosos un día se arrepienten, entran en un camino de contricción y hacen examen de conciencia. Después, confiesan. Así obtienen beneficios. Todo muy pío. ¿Lo adivinan? Efectivamente, Spatuzza, de 45 años, condenado varias veces a cadena perpetua, que asesinó al sacerdote Pino Puglisi en 1993, ha experimentado en la cárcel una repentina conversión, estudia la Biblia y ya ha aprobado seis exámenes de teología, con excelentes notas en Sagrada Escritura y Patrística.
Es lo bueno de estas civilizaciones católicas, que siempre puede triunfar el bien y la piedad, como en las películas. Si fuera en Suecia lo llevarían claro, como en una de Ingmar Bergman. De esta atmósfera paternal se beneficia la propia Iglesia católica, faltaría más, que para eso la esponsoriza. Por ejemplo, el otro día se supo que el Banco de Italia y la Guardia di Finanza ha descubierto una cuenta secreta del IOR (Istituto Opera di Religione), el famoso banco del Vaticano implicado en célebres escándalos, en la que se han movido 180 millones de euros en los últimos años, en violación de la ley de transparencia y anti-reciclaje. Se ha abierto una investigación, pero me apuesto una cena a que no se llegará nada. Como en las veces anteriores, aunque de esto hablaremos otro día, porque si no estaríamos hasta mañana.
Así que mejor veamos ahora el final de las aventuras de nuestro entrañable presidente Beozzi:
Sinopsis: Vemos a nuestro querido presidente Beozzi en la estación de Piacenza, donde ha ido a buscar al fotógrafo que tiene los benditos negativos de las fotos de promoción de la película. Muerto de frío y desmoralizado, espera a su secretaria, que llega de incógnito. Le trae un fajo de billetes, que ha anotado bajo el concepto ‘Sondeo en el norte’ -un clásico más-. El hombre está fuera de sí y le tiene que frenar la secretaria para que antes de irse firme todos los papelotes atrasados, contratos millonarios de concesiones petrolíferas y cosas así, firmados sin mirar -otro clásico-. Está tan loco que hasta firma el periódico. Se lo ha traído la secretaria porque hay otra proeza de su homónimo Beozzi, el playboy, que se ha batido en duelo en Villa Borghese. La secretaria le confiesa que está preocupada por su estado y le pide al menos que acepte una barra de cacao para los labios. Al despedirse, el presidente le entrega la caja de pastillas mentoladas para que le deposite en el altar de exvotos de su parroquia. Antes toma una, “la última de mi vida”, dice con dramatismo.
El presidente, que lleva días buscando al fotógrafo Nardi, está luego en una tienda de anticuariado, donde le ha dirigido un camarero del hotel. “¿Ah, es amigo de Giorgio?”, pregunta el propietario con interés. “No, pero ha comprendido mi urgencia de encontrar a Nardi”, responde él. Pero no se trata de anticuariado, sino de “algo muy personal”. El dependiente dice que no sabe nada y Beozzi, sin duda equivocando el significado las maneras, apela con sutileza a un posible pasado común: “Me parece entender por sus modales que también usted estudió en el seminario...”. El otro lo niega, repite que no sabe nada y le pide que se vaya. Antes de salir, Beozzi se aplica la barra de cacao de labios y esto atrae un repentino interés del anticuario. Se acerca, con una nueva actitud, y le propone encontrar a Nardi esa misma noche, en un lugar apartado. Un amigo “que sabe todo” le llevará en coche. “Póngase guapo”, le dice antes de irse.
El presidente llega a una villa de las afueras y en el timbre le dicen: “Corola”. El chófer le ayuda y responde: “Pistilo”. Nuestro héroe entra y se encuentra en un fiestón gay por todo lo alto, repleto de personas importantes. En eso llega la Policía y hace una redada, acompañados de ‘paparazzi’, claro, un clásico más. Primera página del día siguiente: ‘La doble vida del profesor Beozzi’. Y en una esquina, una nota aclaratoria: “El conocido playboy Gildo Beozzi quiere precisar que no tiene nada que ver con el profesor Guido Beozzi y de no ser pariente suyo ni en línea recta ni en línea colateral”.
FIN
Maravilloso ¿no les parece? No sé para qué me enrollo tanto si basta con ver películas. Aunque ha pasado el tiempo y hay diferencias claro. Hoy el playboy, por ejemplo, es primer ministro.
Todo esto, el desvarío político, legal y judicial, los vídeos y los trans, sitúa a Italia en una transdemocracia, más allá de la democracia y con un innegable trasfondo espiritual. No sé qué es, si un limbo, un purgatorio, un infierno, un paraíso, pero es otra cosa, y pese a su inequívoco aspecto de absoluta decadencia quizá sea, paradójicamente, una vanguardia, a la que tal vez llegaremos los demás tras un penoso y esforzado proceso de derrumbe. Transdemocracia es como la tontería esa de «país transalpino», utilizado como sinónimo de Italia, pues ser transalpino es condición que cumple cualquier país que esté al otro lado de los Alpes, según la posición geográfica del hablante. Por ejemplo, para mí en este momento España es un país transalpino. Y cada vez lo es más, que no pasa día sin un caso de corrupción.
Por todo esto se echaron el sábado a la calle miles de personas en Roma, en el llamado No-B Day contra Berlusconi, con una simple convocatoria a través de Internet, ajena a los partidos. Cada vez hay más fenómenos de este tipo, meramente ciudadanos, de hartazgo y desahogo, pero todavía no se ve qué salida pueden tener que no sea esa, salir a la calle. Sucede que no es fácil ser italiano, no sentirse representado con casi un millar de parlamentarios. Pero al final llegamos siempre a lo mismo: a Berlusconi le ha votado una mayoría de italianos.
Antes de terminar, les recuerdo que el día de Navidad no deben dejar de conectarse con el ‘Grande Fratello 10’: entrará en la casa un sacerdote para oficiar la misa. Entretanto pueden entretenerse buscando el trans entre los concursantes. Es muy divertido, han dicho que entre toda la tropa de zumbados hay una mujer convertida en hombre, pero no han dicho quién es. Según los responsables del programa, "no hay que tener miedo de mostrar esa Italia que somos, en el fondo, también un poco todos nosotros".
Aunque esto me recuerda que una de las grandes noticias de la portada de la edición digital de hace unos días era del Gran Hermano español. Literalmente decía: "Indhira, expulsada de Gran Hermano tras agredir a Carol. La joven malagueña ha tenido que abandonar el concurso tras lanzar los hielos contenidos en un vaso de agua a la concursante de Castro". Y es que encima en España van por Gran Hermano 11. Por delante de Italia.
Lo bueno de estar unos días fuera de Italia es que se da tiempo suficiente para que, al regreso, todo siga como estaba, no obstante lo que pueda parecer de lejos. A Berlusconi le han negado la inmunidad judicial, pero ya anda enredando para inventarse otra cosa. Abreviar las prescripciones de sus procesos y cosas así.
Qué semana la de nuestro hombre. Terrible. Para alguien que se cree supermán perder la inmunidad viene a ser como que le pongan delante unas albóndigas de kriptonita. Se vuelve uno como los demás, sujeto a las leyes humanas, y a merced de sus enemigos. Porque no se engañen, Italia está totalmente tomada por los bolcheviques. A su lado Cuba es sólo un parque temático. Pero mejor lo explica él mismo:
Síntesis: Es la primera reacción de Berlusconi a la noticia de que el Tribunal Constitucional ha rechazado la ley que le dotaba de inmunidad juidicia. El titular que se ve en la parte inferior de la imagen ("Queste cose mi fanno un baffo") es una frase concluyente que dijo al respecto. Quiere decir "A mí esto me importa un pepino", como tradujeron las agencias en plan fino, o si se prefiere una versión más coloquial, "A mí esto me la suda":
«Nada, no pasa nada, vamos adelante, hemos gobernado cinco años con o sin laudo (laudo Alfano, el nombre de la ley de inmunidad, n. del r.). Yo nunca he creído en esto, porque con un Tribunal Constitucional con once jueces de izquierda era imposible que aprobaran esto. Después de todo, quiero decir, ¿la síntesis cuál es? «Menos mal que está Silvio» (título de una de las canciones que le exaltan, n. del r.), porque si no estuviera Silvio con todo su gobierno y con el apoyo del 70% de los italianos, estaría en manos de una izquierda que haría de nuestro país lo que todos sabéis. Así que, vamos bien. Tenemos una minoría de magistrados rojos organizadísima, que usa la Justicia con fines de lucha política. Tenemos el 72% de la prensa que es de izquierda, todos los espacios de análisis y debate de la televisión pública, pagados con el dinero de todos, que son de izquierda, nos toman el pelo también con los espectáculos cómicos, el jefe del Estado ya sabéis de que parte está y tenemos once en el Tribunal Constitucional, elegidos de los tres jefes de Estado de la izquierda, que hacen del Tribunal Constitucional no un órgano de garantía, sino político. Nosotros vamos adelante. Los procesos que me caerán encima en Milán son auténticas farsas. Yo me sustraeré algunas horas del cuidado de la cosa pública para ir allí y desmentirlos a todos. A mí estas cosas me cargan, a los italianos les cargan ¡Viva Italia, viva Berlusconi!»
FIN
Bueno, en Italia se bordeó la alarma institucional porque, por un momento, parecía que iba a arremeter contra algún árbitro menchevique por pitar contra el Milan, pero por fortuna se detuvo a tiempo. El desahogo no tuvo mayores consecuencias.
Ya ven que para dar por descontado el rechazo a la ley no se puede decir que lo haya encajado bien. Pero es normal, se había tomado sus molestias. Berlusconi tenía muchas promesas electorales cuando llegó al poder, pero la ley de inmunidad, que no era una de ellas, fue una de las primeras cosas que hizo: el Gobierno se formó el 7 de mayo de 2008 y ya estaba aprobada en consejo de ministros el 26 de junio. Le corría prisa porque el juicio del caso Mills en el que está acusado de corrupción estaba a punto de ser visto para sentencia. El tiempo le ha dado la razón, las cosas como son: justo después de saltar en marcha del proceso con la inmunidad, a Mills, abogado británico que hacía trapicheos para sus empresas, le cayeron cuatro años y medio por dejarse comprar por el actual primer ministro para mentir en sus testimonios y protegerle. Está a punto de salir la sentencia de segundo grado.
Berlusconi ahora vuelve al banquillo a varios procesos, pero es casi seguro que en el de Mills, el más apremiante, le salvará la prescripción. Con los demás ya se irá inventando algo. Está todo calculado. Como ven, pese a ser rechazada, la ley de inmunidad ya ha hecho su servicio en los pocos meses que ha estado activa. En 2003 fue igual: se acercaba la sentencia del caso SME, Berlusconi se aprobó una ley de inmunidad, el proceso siguió sin él, evitó la resolución y aunque luego fue declarada inconstitucional ya había ganado tiempo para salvar la situación.
Volviendo al hilo, Berlusconi se había tomado más molestias con la dichosa ley. Por ejemplo, había invitado a cenar a dos de los jueces del Tribunal Constitucional. No se escandalicen, hombre, que sólo es una cena. También el otro día, cuando salió Patrizia D’Addario en ‘Annozero’, programa de la RAI, pasaron antes por su casa a repasar la lección el director de ‘Libero’, Maurizio Belpietro, presente luego en el debate del programa para defenderlo a capa y espada, y el ínclito Bruno Vespa, que dedicó su espacio justo después a desmontar el anterior. Pero bueno, de todos modos estuvo bien porque por fin, después de cuatro meses de hablar de esta chica en toda Italia y todo el mundo, un espectador que sólo viera la RAI o las cadenas de Berlusconi -es decir, todas- aún no sabía qué cara tenía. Un jubilado cualquiera de Tomelloso sabe más del tema que un italiano medio.
La semana ha seguido con otra de esas cosas que un país normal habrían hecho dimitir a un primer ministro: una condena a Fininvest, el imperio mediático de Berlusconi, por corrupción en la compra de la editorial Mondadori en 1990. Es la sentencia civil, una indemnización de 750 millones, por haber corrompido un juez para que les adjudicara la empresa -que hoy es el primer grupo editorial italiano- en la disputa con otro comprador. Era Carlo de Benedetti, propietario de 'La Repubblica', principal diario de oposición. La condena penal ya estableció que Berlusconi era el corruptor del caso, aunque de grado simple y por tanto se benefició de las atenuantes y, gracias a ellas, de la prescripción. Su abogado, Cesare Previti, se comió estoicamente el marrón, como en el caso IMI Sir, y finalmente fue condenado en 2007 a año y medio de cárcel.
Nadie en Italia ha insinuado ni de lejos que esto, en fin, es un poco grave tratándose de una empresa del primer ministro, por mucho que ahora la dirija su hija, y que, a lo mejor, sólo a lo mejor, debería, no ya dimitir, sino al menos decir algo.
Pero miren, en cambio, lo que salió en un programa matinal de Canale 5, una de las cadenas de Berlusconi. Es un vídeo exclusivo del juez Mesiano, el magistrado que firmó la sentencia. Una auténtica bomba, oigan:
Síntesis: El presentador exhibe un ejemplar de ‘Il Giornale’, diario de la familia Berlusconi, que da la noticia de la promoción del juez Masiano a los pocos días de la sentencia y critica que de él «no se recuerdan sentencias, sino extravagancias por las calles de Milán». «Y nosotros tenemos estas imágenes exclusivas que ahora les mostramos», dice el locutor.
Y entonces, con música trepidante de los Red Hot Chilli Peppers, vemos algo increíble: el juez Masiano pasea por Milán, se fuma unos pitillos mientras espera en la puerta de su peluquero de toda la vida, se afeita y luego se sienta en un banco. Ver para creer. La voz de la cronista ahonda aún más en los detalles:
«Han pasado poco más de 24 horas desde que con su sentencia ha condenado a Fininvest a una de las indemnizaciones más altas de la historia de Italia y aquí tenemos al juez Raimondo Messiano en su fin de semana alejado de los papelotes del tribunal. Se quita la toga y se mete en el papel de un simple ciudadano. Claro, no de un ciudadano cualquiera, a sus extravagancias en realidad ya nos hemos acostumbrado. Pasea el hombre Raimondo Mesiano por las calles milanesas. Delante de su peluquero de confianza espera su turno. Es impaciente, no consigue estar quieto. Adelante y atrás. Se para, aspira su cigarrillo y, otra vez, adelante y atrás. Quizás no sabe todavía que el Consejo Superior de la Magistratura lo va a promover con la máxima nota y un bonito aumento de sueldo. Él va adelante y atrás, adelante y atrás. Se relaja sólo con la barba y al cortarse el pelo. Terminada la toilette continúa su paseo. Sólo se para dos veces: en el semáforo y poco después para fumar el enésimo cigarrillo de la mañana, como si fuera una publicidad al revés. Antes de salir de nuestro campo visual nos regala otra extravagancia: mirad, sentado en un banco, camisa, pantalón azul, zapato blanco y calcetines turquesa, de esos que en el tribunal no es el caso de lucir»
Suerte que "salió del campo visual", porque si no a lo mejor hasta le pillan leyendo un libro o cualquier otro acto subversivo. No, no piensen que les falta alguna clave oculta esencial para comprenderlo. Esto es todo. Yo tampoco entiendo nada. Menos mal que al final del vídeo interviene el presentador:
«Obviamente no queremos dar juicios ni sacar conclusiones, pero también leyendo el artículo, lo que sale a la luz es que entre las extravagancias del personaje y la promoción del CSM hay algo que no funciona ¿no?». Entonces opina el co-director de ‘Il Giornale’, Alessandro Sallusti, que añade más detalles escabrosos. A las «extravagancias físicas» del juez se suma un escándalo judicial: ¡tiene pendiente desde 2006 un juicio por una tubería de agua rota en una comunidad de vecinos y lo ha pospuesto a 2011! Hay más: asegura que en una cena brindó con los amigos en un restaurante tras la condena de Berlusconi. «El restaurante es conocido y hay testigos», advierte, para exigir a continuación la suspensión del juez o, al menos, retirarle la posibilidad de juzgar a Berlusconi y, como ya lo ha hecho, anular la sentencia.
FIN
Claro, como no están vacunados a lo mejor les parece un poco fuerte, pero la Italia de la tele de Berlusconi es así. Y como el ambiente está muy envenenado, como contábamos el otro día en el retroscena, ya saca toda la artillería. Al día siguiente de una sentencia en su contra una de sus teles manda un equipo a seguir y espiar al juez, y se las arreglan para presentarlo como un desequilibrado porque lleva calcetines azul turquesa. Eso es lo cómodo de cómo se lo ha montado nuestro admirado magnate. En otro país el proceso de mamoneo de los medios es más alambicado y se pierde tiempo.
Un pequeño dato alusivo: según un reciente sondeo de Ipsos, el 54% de los italianos se informa principalmente a través de la televisióny considera que la información es fiable. El 25% se informa por los periódicos, el 12% por Internet y el 3% por la radio.
De todos modos, una de las moralejas más evidentes que a mí se me queda de todos estos eventos es que lo peor de cualquier poder son los pelotas ¿no les parece? Algún día tendremos que hablar del arte de la adulación en Italia. Pero aún no han visto nada. Esto nos lleva a la peor noticia de la semana, con mucho, para Silvio Berlusconi: le han dado el Nobel de la Paz a Obama. ¿Y qué?, dirán ustedes. Hombre, es que él se presentaba. ¿Cómo, no lo sabían? ¡Pero si se cae por su propio peso! Aquí tienen el vídeo-clip del comité de apoyo, porque tienen canción y todo. Maravilloso.
Conmovedor ¿verdad? Como 'La bella y la bestia'. "Hay un presidenteeee, siempreeee presenteeee..." Ése es mi pasaje favorito, aunque no creo que se refiera a su permanente protagonismo mediático. Si van a la página web del comité oficial (http://silvioperilnobel.sitonline.it) y superan la visión de la tropa de pelotas que lo integra, verán que fue constituido en abril «para derrotar el Hiroshima cultural que está minando la base de nuestros valores morales, la paz y el sistema económico, político, cultural y para presentar la candidatura de Silvio Berlusconi al Premio Nobel de la Paz». Aunque ahora que me fijo se presenta para 2010. Menos mal, no todo está perdido. Todos juntos: "Silviooo Silviooo grande eeeeè!".
Aquí no gana uno para sustos, que ayer hubo otro terremoto y en mi casa se movían los muebles. Pero casi acongoja más lo de nuestro hombre. Siento volver a él, porque además de la televisión italiana me está monopolizando el blog, pero se impone en la actualidad por méritos propios. Ya habrán visto que la peli que poníamos el otro día, ‘In nome del popolo italiano’, resultó profética: el tal Giampaolo Tarantini, el empresario de Bari acusado de suministrar las chicas a Berlusconi, es sospechoso de dedicarse a lo mismo que el personaje de Gassman. Si es que aquí no hay nada nuevo. Les supongo enterados del argumento básico del nuevo culebrón, así que me centraré en los detalles, que son encantadores y no suelen entrar en las noticias porque no hay sitio para todas las tonterías. Paradójicamente, sirven para comprender de un vistazo el conjunto. Su abundancia se debe, no tanto a la prensa, como a la descacharrante Justicia italiana, que filtra en tiempo real sus pesquisas e interrogatorios. Es comprensible, porque es posible que luego la investigación de Bari se quede en nada y hay que aprovechar antes.
Detallitos son, por ejemplo, los que tiene Berlusconi con sus chicas. Dicen que hay por ahí una flotilla de minis rojos, el coche que regala al escalafón medio de la corte de mamachichos. Ahora cada vez que te cruzas con uno en la calle es inevitable mirar dentro. Pero lo mejor son las dádivas asignadas en la categoría de principiantes, esos collares que diseña él mismo, o eso dice, aunque resulta totalmente verosímil dado su aspecto. Son de dos tipos: tortuguitas o maripositas. Algo significativo, porque revela su talento para el camelo, es que a cada chica le jura que es un regalo especial, pero los encarga en serie y por toneladas desde hace años. Igual que los retratos firmados. En una conversación telefónica dos de estas chicas se indignaban porque habían visto uno igual que el suyo en casa de Noemi Letizia, y eso que les dijo que era personal. Increíble, les había mentido. A lo mejor no se lo esperaban de un primer ministro. De todos modos el collar de Noemi era de seis mil euros y parece de una categoría distinta, quizá la Sub-21, pero es que era la hija de unos viejos amigos.
La primera chica que aparece en escena y lo cuenta todo es la tal Barbara D’Addario, 42 años. Ahí la tienen en un calendario 2004 (sí, sí, es la misma chica de la publicidad electoral de arriba, aunque quizá habría tenido más votos así). Es un poco cabeza loca, apasionada de magia y sostiene haber sido ayudante de David Copperfield, a quien habría conocido en una convención suiza. A mí lo que me interesa de estos personajes es que, a medida que salen detalles de sus biografías, se descubren vidas novelescas y azarosas, no como la de uno. D’Addario es ‘escort’ (no el Ford, sino prostituta de lujo, que es un palabro que ahora descubro) y tan pronto aparece en galas regionales cutres como está con un jeque en Dubai o en un casino de Montenegro. Realmente es gente que ha hecho de todo para sobrevivir. En el culebrón aflora humanidad a raudales.
Recordemos cómo eran los burdeles que recuerda Fellini en ‘Roma’ (1972), cerrados en 1958 con la famosa ley Merlin.
Pero el móvil último de Patrizia D’Addario es esa obsesión suya por que le den el permiso para construir un hotelito en un terreno familiar de Bari. Hasta dice que su padre se suicidó por eso. ¿Qué hacer? Lo normal, pastelear con políticos. Lo primero que hizo es lo que se le ocurriría a cualquiera, presentarse con Mastella (tenemos pendiente hablar de él). Pero nada. Parece que daba la tabarra con su proyecto inmobiliario a quien se le ponía a tiro y, al final, su ocasión de oro fue Berlusconi. Asegura que le prometió «desbloquear el procedimiento» enviando dos personas de confianza a Bari y por eso se habría ido con él a la cama -«a la cama grande», ha aclarado-. También por eso, porque no hizo nada, ha decidido vengarse. De todos modos tuvieron el detallito de colocarla en la lista municipal ‘Puglia prima di tutto’ (Puglia antes que nada). Los responsables del PDL dicen que es mentira, pero es peor el remedio que la enfermedad: aseguran que pasó un día por la oficina, dejó el currículum y ya está, la metieron en las listas. Explican que no tenían a nadie para la cuota femenina. Ya ven cómo se hacen algunas listas electorales.
La segunda chica es una tal Barbara Montereale, 23 años. Lo mejor de todo es que cuenta vida y milagros de las fiestas de Berlusconi, pero pensando que le hace un favor, porque es berlusconiana a muerte, según subraya en todas las entrevistas. Del mismo modo ha relatado que al aparecer en la prensa su novio la infló a mamporros y casi le rompe la mandíbula, porque pensó que era puta. Pero en vez de denunciarlo lo contó con toda naturalidad, explicando que es celoso. Claro, tiene un tatuaje en el brazo que dice ‘Equivocarse es sufrir’. Barbara se define ‘ragazza imagine’, otro oficio fascinante, aunque en esta foto de granjera que ponemos debía de estar en horas bajas. Ha sido ‘billionerina’ -azafata de la discoteca ‘Billionaire’ de Briatore en Cerdeña- y, como Noemi, aspiró a ‘meteorina’ -las chicas del tiempo de Fede que ya describimos en el culebrón Noemi-. Fede lo negó, pero anteayer se acordó de ella -hay fotos de ellos juntos- y le ha dicho que le llame cuando quiera, que le guarda el puesto. Resumiendo, que Barbara al final metió el pie en las fiestas de Berlusconi y sacó 10.000 euros haciendo pucheritos:
«Fue muy dulce, como un padre. Le conté que había perdido a mis padres y mi hija no estaba bien. Que no conseguía salir adelante sola. Me dio un beso en la frente y antes de irme me dio un sobre. Fue un gesto bellísimo. Y lo juro sobre mi hija, no tuve con él ninguna relación sexual. Puedo sólo decir que Tarantini nos decía que para quien fuera con el presidente había sobre con una cifra a elegir».
Barbara también acabó en la lista ‘Puglia prima di tutto’.
Vamos con el tercer personaje. Desde hace unos días serpenteaba entre los párrafos de las noticias, medio oculto, un transexual llamado Manila. Como pueden ver, aquí a la derecha de sus pantallas, también tiene su calendario. Se le citaba en los papeles de la Fiscalía de Bari como alguien metido en eso de mover chicas. Era cuestión de tiempo que saliera a la palestra y ayer, por fin, también apareció con su entrevista. Les advierto que cada vez bajamos más en las catacumbas del imperio. Manila, de 27 años declarados, se define ‘talent scout’ (buscador de talentos) y se considera una creadora de tendencias de Teleregione, cadena de Puglia, donde hace ‘realities’, copias de los de las grandes cadenas. Si los originales ya son malos imaginen la imitación de provincias. Pero su análisis es agudo, aunque le fastidia que a ella nunca le hayaninvitado a las fiestas de Berlusconi. Lean, lean:
«Los chicos y las chicas que frecuentan mis programas vienen a mí con una esperanza. Al menos unas cincuenta chicas que han pasado por aquí después han llegado a ‘Uomini e donne’, ‘Amici’, al ‘casting’ del ‘Grande Fratello’ o de ‘L’Isola dei famosi’. (...) Evidentemente, alguien se ha dado cuenta de que en torno a Manila (habla en tercera persona, como el Papa o los futbolistas) hay un vivero fértil de personas que quieren triunfar. Y ha pensado que los podía proponer a personas importantes».
Dice que también le propusieron entrar en la lista ‘Puglia prima di tutto’. Rechazó la invitación, porque le parecía una caricatura. Al fin alguien con sentido de Estado.
Un último personaje que ha aparecido de refilón es Licia Ronzulli, que según el testimonio de Barbara Montereale recibía a las chicas y organizaba «la logística» de Villa Certosa. Pues resulta que es toda una eurodiputada del PDL, una de esas que causó cierto revuelo por ser incluida en las últimas listas sin saber por qué. Se dijo que era por su impecable perfil de voluntaria en Bangladesh, pero ya ven que ha acabado reciclada en regulador vial de los convoyes de mamachichos. Ha replicado diciendo que cuando es invitada a Cerdeña -«con mi marido», detalla- colabora en la acogida de los invitados.
Fellini, de todos modos, ya especificaba luego en ‘Roma’ que, como en todo, había clases, y que existían otros lupanares de más nivel, donde de repente podía aparecer una personalidad importante y todos a contener la respiración:
Las veladas descritas por estas chicas lenguaraces son increíbles porque parecen estar destinadas a hacer creer a Berlusconi que van todas allí en peregrinación porque es el más guapo, el más simpático, el más gracioso y el más sexy. Y él aún se siente en la obligación de seducirlas con sus encantos. Champán, pizza, helado. En Villa Certosa, coreografías de rubias con morenas. Chicas de países del Este vestidas de Papa Noel. Paseo en cochecito de golf por los jardines de cactus y el volcán con efectos pirotécnicos. Y, por supuesto, canciones napolitanas con Apicella, el ex-aparcacoches reciclado en guitarrista personal del ‘Cavaliere’. Aquí les vemos en un recital en el mítico anfiteatro de la misma Villa Certosa:
En estas imágenes se ve que Berlusconi lo vive, se ve esa espontaneidad que lo hace tan simpático, ese deshacerse por sus invitados y que hace creer realmente que puede pecar de ingenuo. Mira que no saber distinguir una prostituta cuando se la meten en casa, porque eso es lo que ha dicho. Menudo chasco se habrá llevado. Él pensando que había triunfado con la D’Addario como un campeón a la segunda noche de verla y con sólo charlar un rato. Qué ingrato es el poder.
En las imágenes, en fin, se comprende que Berlusconi lleva en la sangre su origen como cantante de cruceros. Es el estilo que impregna su modo de ser, la política cabaretera. Entonces hasta tenía tupé, como demuestra esta foto de época de la izquierda. Y es precisamente en aquellos cruceros primordiales donde se halla una clave esencial, un nodo neurálgico del devenir futuro, porque, y me parece que esto aún no lo he contado, en la misma nave donde actuaba Berlusconi -con Fedele Confalonieri, actual presidente de las televisiones del magnate, al piano- en otro piso estaba en escena ¡¡¡¡¡nuestro héroe Fantozzi!!!!! Como lo oyen, en el mismo barco el destino unió el yin y el yan, el triunfador y el perdedor, el megadirector galáctico natural y el más bajo subordinado inferior. En efecto, el genial Paolo Villaggio, genovés, también empezó con espectáculos en los barcos de placer. Y en otra sala a veces actuaba Fabrizio de André. Villaggio dice que Berlusconi, como cantante, era buenísimo. Pero ya sabemos cómo acabó Fantozzi, haciendo horas extras de noche para cubrir al jefe máximo, el Duca Conte Semenzara, cuando se iba de putas y llamaba su mujer:
Es el inicio de ‘Il secondo tragico Fantozzi’ (1976, Luciano Salce).
Volviendo a lo nuestro, y como descargo, yo creo que Berlusconi ha sido víctima de un trágico equívoco. Como ha dicho su abogado, Niccolò Ghedini, si alguien ha pagado a las chicas a espaldas de su cliente él sólo sería, en todo caso, «el utilizador final», un concepto absoluto, como el Gran Timonel. Y en cualquier caso, su cliente «no necesita que nadie le lleve mujeres, puede tener grandes cantidades gratis». Le faltó decir ‘cargamentos’ o algo así. En fin, que yo creo que si alguien pagó a las muchachas no fue para que mantuviera relaciones sexuales con el primer ministro, sino para la parte más dura de estas ceremonias de autoexaltación del líder, después de sus chistes: tragarse una hora de vídeos de Berlusconi. Dos mil euros, la cifra que se maneja como tarifa estándar, me parece poco. Según han contado las chicas, les ponía imágenes de sus visitas a la Casa Blanca y al final, todas a cantar, en coro, con los brazos en alto y cogidas de la mano, el himno oficioso ‘Meno male che Silvio c’e’ (‘Menos mal que tenemos a Silvio’). No se descarta que hubiera también mecheros encendidos. Desde luego este señor está muy mal, tiene razón su mujer. ¿Recuerdan aquellas frases majaras que se escribía solo en un folio («Soy el presidente número uno,...»)?
Estas son historias deprimentes de chicas con vida difícil. El ambiente de las fiestas es declaradamente decadente. Y lo más llamativo y que no deja de asombrarme, aunque no deja de ser un consuelo para los que no somos millonarios, es que no hay una que esté realmente buena. Son todas del montón, de Noemi para arriba. Por eso estarán doblemente cabreados los políticos de toda la vida que han sido dejados fuera de las listas con el argumento decisivo de que no tienen tetas, como le dijo el coordinador nacional del PDL, Denis Verdini a Marcello Vernola, según el relato de éste. Es un europarlamentario apartado de las candidaturas y que se ha pasado a la UDC. Hay mucho resentimiento interno. Además mientras tanto Berlusconi, defensor de la familia y que en esos días aprobaba una ley para endurecer la lucha a la prostitución, ordenaba cubrir el seno de la reproducción del Tièpolo de la sala de prensa del palacio presidencial. Ahí vemos el detallito, antes y después, con la ministra Carfagna, la fulgurante chica de los calendarios, impulsora de la ley. La ley, por cierto, que está aún en trámite, es la primera desde la Merlin de 1958 que citábamos antes y acabó con aquel mundo felliniano.

No se entiende nada, la verdad, de si están a favor o en contra de los pechos. En este sentido, ha sido útil e interesante una entrevista de ‘La Stampa’ a Stefania Ariosto, la mujer que frecuentaba asiduamente el círculo berlusconiano en los ochenta, sus fiestas de lujo y vacac
iones en velero, y que un día, nunca se ha averiguado por qué, empezó a contar lo que sabía sobre cuentas suizas y demás. De su testimonio salieron los procesos SME, IMI-SIR y Lodo Mondadori contra Berlusconi y compañía. Fueron célebres sus descripciones de la casa de Cesare Previti, abogado y hombre de confianza de Berlusconi, con una bañera llena de langostas y una escultura en forma de falo. La Ariosto conoce muy bien el percal. Vean estos fragmentos de la entrevista:
-¿Se imaginaba que se llegaría a esto?
-Algunos comportamientos de Berlusconi simplemente se han acentuado. Yo entonces fui marcada como peligrosa porque osé rebelarme, contar lo que sabía. Y sobre todo no adhería a su comportamiento, a una cierta arrogancia que se sanaba sólo con el dinero. También yo recibí dinero, pero intenté siempre corresponder a Verónica. (...)
-¿También usted recibió pulseras y collares?
-Sí. Eran los regalos típicos de Berlusconi, un comportamiento en realidad de desprecio por las mujeres. Él tiende a comprar todo.
-¿No son gestos de galantería?
-No, son formas visibles de poder. Berlusconi adora la visibilidad, si no no se explica cómo ha podido ocurrir esto. ¿Cómo entra una prostituta en su casa y graba todo? Tenía la posibilidad de hacer sus cosas en privado, pero él no goza si no hay una representación externa de lo que hace. Y así se arriesga a un chantaje.
-¿Cuando lo frecuentaba era distinto?
-No era así. Esta acentuación del exhibicionismo sexual creo que se debe a la senilidad y a la intervención quirúrgica, que le ha afectado mucho.
-¿Quién es Berlusconi en privado?
-Es un hombre generosísimo, esto está fuera de discusión, pero sus regalos tienen más que ver con un sutil ejercicio del poder. Berlusconi no ama las mujeres, es un embustero.
-¿Se esperaba la D’Addario y sus amigas a Palazzo Grazioli y Villa Certosa?
-El uso de ‘escort’ o ‘ragazze imagine’ es un modo de hacer muy milanés. A menudo para hacer negocios se llevan estas chicas, que son bien adoctrinadas. En esta historia a Berlusconi le absuelvo, su culpa es haberse fiado de ese tipo, Tarantini. (...) En el fondo es una historia triste y él ya me da un poco de pena.
En resumen, todo esto es una apestosa combinación de cotilleo y política, de público y privado. Tras callar una semana, no responder preguntas y negar todo, por fin Berlusconi habla hoy por primera vez del tema. ¿Dónde? ¿En una rueda de prensa? ¿En el Parlamento? ¿En la RAI? ¿En el ‘New York Times’? No, en ‘Chi’, una revista del corazón casposilla que es de su propiedad. Todos a leerla a a peluquería.
Bueno, prepárense que había mucho material pendiente y me ha salido un poco largo. Como adelantábamos el otro día, por fin se ha votado, Berlusconi ha sacado el 35% de los votos -aunque él esperaba al menos el 40%- y una mayoría relativa de los italianos ha expresado que le importa un pimiento el culebrón de Noemi. Me imagino que ahora el asunto irá apagándose poco a poco.
Habrán notado que hemos seguido el asunto de lejos. Es que era muy cansado, un enorme esfuerzo mediático con nuevos personajes cada día y detalles cada vez más cutrones, y todo para llegar a una asombrosa conclusión: Berlusconi ha mentido. Vaya notición, paren las máquinas. Supongamos que es verdad, porque tiene toda la pinta. Berlusconi ha mentido... ¿y? Hace años que Italia dejó atrás esa señal de alarma.
Ha sido enternecedor ver a ‘Repubblica’ en su cruzada como si Italia fuera un país anglosajón o al menos normal y como si con una mentirijilla de un cargo público se rasgara la cúpula del Parlamento. Si así fuera, en Italia las sesiones serían al aire libre todo el año. De todos modos, estoy a favor de las causas perdidas y ‘Repubblica’ tenía razón. Bastaba que Berlusconi hubiera replicado que su vida privada era asunto suyo y se habría acabado la cuestión, pero acostumbrado como está a la impunidad y a decir lo primero que se le pasa por la cabeza empezó a decir cada día una cosa distinta sobre su extraña relación. Era legítimo dar caña, aunque él ni pisa el Parlamento -y eso que prometió dar explicaciones en la cámara- y sólo habla en sus programas de la tele. Con Bruno Vespa en ‘Porta a porta’ ha sido increíble: cómo sufrió el pobre Bruno al tener que preguntarle tímidamente por Noemi para que el magnate dijera lo que quisiera. A los veinte minutos de programa, pasado el mal trago, ya estaba todo contento preguntándole por la gran cuestión política de Kaká.
Otro punto de interés era el hecho de que Noemi era menor, aunque nadie se ha preocupado de explicar que perfectamente tiene derecho a unas relaciones si son consentidas. Este tema se ha jugado en realidad no en el campo penal, sino en el melindroso terreno del decoro, la tradición y las buenas costumbres, como en una comedia a la italiana, y el gran debate de fondo ha sido si Noemi era virgen o no. Ella proclamó que sí -habló de «la fatídica primera vez»-, su ex-novio lo confirmó y su padre lo repitió varias veces: «Mia figlia è illibata, ricordatevi questa parola, illibata!» (¡Mi hija es virgen, acordáos de esta palabra ‘virgen’!). La palabra en sí, ‘illibata’, del verbo ‘libar’, una que no ha sido libada, es antigua, como de romancero medieval, pero es que ésa es la atmósfera temporal del folletín. Italia para estos temas no sale del pasado. Es como el fantástico tráiler de canto de juglar de ‘Sedotta e abbandonata’ (Seducida y abandonada, 1964), obra maestra del gran Pietro Germi, sobre los raptos pactados en familia para arreglar bodas y salvar el honor.
El caso Noemi cobró mayor interés cuando se supo que había fotos por ahí, pues quizá demostraban alguna mentira más de Berlusconi, y se añadió otro dato, el del uso de aviones de Estado para fines privados, el único realmente relevante, aunque sea poca cosa para un elemento como ‘il Cavaliere’, cuyo listón de tropelías está colocado a alturas interestelares. Sin embargo ahí se desinfló todo. Ahora sabemos por qué las fotos de la villa de Berlusconi estuvieron meses rulando por las redacciones italianas sin que nadie las publicara: no se veía nada. Pero menos mal que un diario español se lanzó a ello. Dios mío, qué bomba informativa el pene de un ex-primer ministro checo que pasaba por allí, el tal Topolanek. Por cierto que también le ha ido fenomenal en las elecciones europeas. Y qué escándalo, gente tomando el sol ¡desnuda! ¡en una piscina privada! ¡en verano! Menos mal que en una imagen aparece Berlusconi que va a por unos aperitivos, que si no podría ser una urbanización de Oropesa. Me supongo que en ‘Interviú’ y en la prensa mojigata de derechas, que se rasga las vestiduras por los atentados a las buenas costumbres, estarán indignados con ‘El País’, qué manera de meterse en su terreno.
Además ha sido contraproducente: en vez de generar indignación han causado envidia. Este fin de semana he estado en España y la gente no hacía más que darte codazos: «¡Qué tío este Berlusconi, es un crack! ¿Has visto las fotos?». El modelo televisivo creado por Berlusconi y la inercia de Internet, que está contagiado como un virus pernicioso a los diarios impresos, nos ha hecho a todos tan mirones que ya no vemos las cosas: estas fotos son una vergüenza. Yo todavía estoy buscando dónde está la noticia, porque a lo mejor hay alguna tía con tres pechos o algo así, esas primicias que ahora atraen visitas en las ediciones digitales. En este blog no hacemos precisamente la pelota a Berlusconi, como ustedes saben, pero en privado que haga lo que quiera. A mí como si se opera, cosa que ya hace con asiduidad. Con Berlusconi parece que vale todo y hay que tener mucho cuidado con eso, porque le da argumentos. Nadie habría publicado unas fotos así de Sarkozy, Brown, Zapatero o Angela Merkel en su casa, con sus invitados y en sus vacaciones.
En realidad, lo más interesante del culebrón son otros matices sociológicos. No sé si lo han seguido, han logrado comprenderlo o ni siquiera si les interesa, pero se lo resumo por sentido del deber. Los enterados pueden saltarse los dos siguientes párrafos. El pasado 28 de abril el primer ministro aparece en la puesta de largo de una joven en un restaurante de bodorrios perdido en las afueras de Nápoles. Aunque suene raro, son estas cosas extrañas que hace Berlusconi de asistir a todo tipo de saraos. A los dos días su mujer, Veronica Lario (en la foto, con cara amargada como siempre), saltó indignada: su marido no había ido nunca a los cumpleaños de los 18 años de sus hijos y le tiene que ver en el de una desconocida. Por otro lado, lamentó que su marido proyectara llenar las listas electorales de las europeas de azafatas y modelos sin oficio ni beneficio: «basura política». Se refería a las quinielas de las candidatas del PDL: una ex concursante de 'Gran Hermano 3'; una actriz del culebrón histórico 'Elisa di Rivombrosa'; una intérprete de la décima temporada de 'Incantessimo', serie de sobremesa; una chica florero de la RAI... En total unas treinta que participaron en un seminario del PDL para preparar a los candidatos. Les daban un 'kit' de fichas para que supieran al menos qué era la OTAN. Tras el escándalo hubo contraorden.
Veronica Lario añadió que su marido «no está bien» -frase ambigua que se ha interpretado en muchos sentidos, todos adictivos- y que «frecuenta menores». Remató diciendo que era una vergüenza ver a estas chicas como «vírgenes que se ofrecen al dragón para conseguir el éxito, la notoriedad y el crecimiento económico». Desde ese momento, aireando las vergüenzas conyugales, Veronica Lario se convertía en líder de la oposición, si por eso se entiende quien le canta las verdades al primer ministro. Luego todo se lió: Berlusconi que cada día contaba una explicación distinta de la historia -con unas presuntas fotos muy formales de la fiesta, con los padres de ella, que parecen trucadas (juzguen, aquí arriba)-, Noemi que decía otra, sus padres otra diferente y el ex-novio una totalmente diversa. Luego apareció hasta un tía de la familia y la prensa berlusconiana contraatacó diciendo que Veronica Lario tiene un rollo con su guardaespaldas.
No es nada nuevo. Que Berlusconi anda con tías se sabe desde hace años y ya hemos hablado de ello en este blog. Hay fotos mucho más fuertes que las últimas, pagaran lo que pagaran por la exclusiva. Es más, el poder, las mujeres y las juergas en Italia siempre han ido unidos, aunque hasta ahora al menos había un velo de hipocresía, era todo más democristiano, más de toda la vida. Veamos esta magistral escena de una fiesta en ‘Il divo’ (2008), la estupenda película sobre Giulio Andreotti de Paolo Sorrentino, uno de los directores de más talento de su generación.
Sin embargo ahora estamos en plena posmodernidad de nuevos ricos. Ya hemos explicado que Berlusconi se hace un lío con lo público y lo privado, y en eso es totalmente coherente. En lo privado se parece a su televisión, lo más público que hay. Su villa de Cerdeña es como un plató: azafatas, topless, diversión, discoteca, platos de cocina, puestos de helados, decorados, un falso anfiteatro romano para actuaciones y un volcán de mentira con erupciones de pega. Aire festivo y optimismo de relaciones públicas.
Esta mentalidad se ha impuesto en toda Italia, tras dos décadas de monopolio de televisión berlusconiana. Italia es como un gran plató televisivo. Cuando hemos insistido en el blog con la chica de Alitalia, las azafatas y el machismo sociológico no es por diversión, que también, sino porque refleja la atmósfera que se respira en el país. Ser ‘velina’ (azafata televisiva) o ‘miss’ es el gran ascensor social al que muchas adolescentes quieren subir desesperadamente. Esto siempre ha sido así: Sophia Loren, Gina Lollobrigida, Silvana Mangano, Lucia Bosé y muchas otras se dieron a conocer de este modo. Pero eran de otra pasta y la ventana era el cine, bastante más exigente, no la televisión. Y menos la televisión de Berlusconi.
El cine italiano, tan anestesiado y alejado de la realidad en su mayor parte, apenas ha hablado de este fenómeno. Una excepción es ‘Ricordati di me’ (2003), de Gabriele Muccino, que en uno de sus mosaicos de decadencia colectiva retrata el ascenso de una chica mona que hace lo que haga falta y se cepilla a quien sea para salir en la tele. Funciona más o menos así:
En Italia hay chicas de estas a paladas, dispuestas a lo que sea. Una vez expuestas en el escaparate, lo demás depende de ellas mismas, de su habilidad y de sus escrúpulos. Se puede ir al ‘Grande Fratello’ o hacer un calendario sexy. Pero a poco que estén buenas y se lo monten bien, se colocan. Algunas son inteligentes, otras son más listas que el hambre, pero si son tontas es casi mejor. El hermano menor de Berlusconi, Paolo, ahí donde lo ven (chico de la foto), estuvo con dos bellezones, primero con Katia Noventa y luego con Natalia Estrada. Curiosamente, Estrada siempre aparecía en los sondeos durante ese periodo como una de las mujeres más deseadas por los italianos. Cuando lo dejaron, en 2006, dejó de aparecer en la tele -las de Berlusconi- y en los sondeos. Parece que ya no la deseaban. El hijo de Berlusconi, el cachas Piersilvio, está con otra azafata, Silvia Toffanin, una ex-’letterina’ (las chicas del ‘Pasapalabra), otro trampolín más. Otro filón son los futbolistas, de Totti a Buffon o Inzaghi. Ah, y se me olvidaba: la propia Veronica Lario era otra actriz a quien Berlusconi empezó a tirar los tejos en un teatro. Los problemas en la pareja llegan con el cambio de modelo, como con los coches, al último modelo y a la última modelo. La prensa afín a su marido se encargó de sacar unas fotos del cajón y recordárselo de manera un tanto brusca cuando "la señora", como la llama Berlusconi, se puso pesadita: "Velina ingrata", le dijo junto a unas fotos de juventud. Ya ven cómo se ha puesto el patio en Italia estas semanas.

En fin, que varias generaciones después de la pobre Veronica ahí tenemos también a Noemi Letizia. Siendo adolescente se hizo un ‘book’ de fotos calentorras, jaleada por sus padres. Veamos algunas por mero interés informativo y sólo para que se hagan una idea.


Fotografías de este pelo circularon por ahí hasta que a Noemi le llegó la oportunidad de su vida: le llama ¡Emilio Fede! Recordemos a este personaje en uno de sus deslices, hace años. Conectan con él y le pillan comentando lo buena que está la presentadora:
Pues bien este elemento de Emilio Fede ha hecho carrera por su inquebrantable fidelidad a Berlusconi y, siendo ya director de su propio informativo, el impagable TG4, se ha montado su propio garito de chicas. La oportunidad dorada de Noemi Letizia es cuando la llamaron del programa de Fede para hacer esto...:
Por si no se han dado cuenta se trataba del pronóstico del tiempo. Detrás había un mapa, pero había que fijarse. Es una de las cumbres de la televisión berlusconiana de paraíso multicolor. Las ‘meteorine’, las chicas del tiempo del TG4 de Fede, son una de las más rastreras variaciones de la azafata televisiva. Es una pasarela de tías buenas, de carácter sumiso y sonriente, con un punto tontito porque leen con dificultad y se confunden, que deben reír las gracias y los piropos de Emilio Fede, que las trata paternalmente -como ‘Papi’-, les pregunta por el novio, qué van a hacer a la salida y cosas así. Al final leen el santo del día y un proverbio como niñas buenas. Es el aderezo de un increíble telediario panfletario. No debe caerse en el error de verlo como un informativo, sino como un fantástico programa de humor. Miren a Fede, a cámara cerrada mientras transmite las imágenes de un mítin de Berlusconi, canturrear el himno de Forza Italia.
Letizia aspiraba a hacerse un hueco aquí, en el escalón más bajo del bajo imperio berlusconiano. Por algo hay que empezar. Pero imaginen como sería Letizia de taruga que el propio Fede la descartó tras una prueba porque no tenía buena dicción. Así que hay que entender que cuando a la pequeña Noemi la llamó el emperador en persona estaba como si le hubiera tocado la lotería: había triunfado, estaba hecho. Lo siguiente es cuando su relación salió a la luz y la prensa se presentó en su casa. Estaba encantada haciéndose fotos y dando entrevistas en la cocina junto a su madre. La que le hizo el Corriere della Sera no tiene desperdicio:
-¿Qué quiere ser de mayor?
-‘Showgirl’. He estudiado danza, desde los seis años. Ahora estoy siguiendo un curso de guía turística. Pero me interesa también la política. Estoy lista para aprovechar cualquier oportunidad, a 360 grados, pero no me rebajaré nunca.
-¿Qué opina de que Berlusconi quiera presentar mujeres del espectáculo a las europeas?
-Hace bien, quiere rejuvenecer. Y si ‘Papi’ lo quiere hacer así, seguro que no se equivoca. Elige estas chicas porque son inteligentes y capaces, no sólo porque son guapas. Mi lema en política será: 'Menos impuestos, más controles'. Basta con los listos que no respetan las reglas. (...)
-¿La veremos en las elecciones regionales?
-No, prefiero presentarme al Parlamento, se encargará ‘Papi Silvio’.
Y su madre, allí presente, encantada de la vida. No ha cambiado nada -bueno sí, a peor- desde ‘Bellissima’ (1951), de Visconti, con la gran Anna Magnani. Sólo he encontrado este fragmento en español, con un doblaje terrible. Que me perdonen los italianos. Es de una madre que hace lo que sea para que su hija se haga famosa.
«¡Non fate strepito! (No hagáis estrépito)», dice el aria con que arranca la película. Pero ni caso.
Noemi ha relatado luego a ‘Chi’, revista de Mondadori, propiedad de Berlusconi, sus aficiones favoritas: «Shopping, cenas, peluquería y estetista. Adoro la manicura. me hago crecer las uñas y después me las pinto. En este momento las tengo moradas. (...) He visto en el cine ‘I love shopping’, una película estupenda. me identifico con la protagonista».
Este domingo, el día de las elecciones, estreno electoral de su mayoría de edad por todos conocida, fue la consagración de Noemi. Fue uno más de los millones de italianos que se acercaron a las urnas, pero apareció en el colegio electoral escoltada, con empujones a los mortales, gafas de sol y prodigando sonrisas (foto a la derecha). Su madre la seguía igualmente pimpante. Hasta le cerraron el colegio para ella sola, ante el asombro de los ciudadanos que hacían cola. ¿A quién creen ustedes que votaría Noemi? Se supone que a ‘Papi’, claro.
En este punto la Italia actual se distancia totalmente del final de ‘Bellissima’, donde la madre comprende que todo es un circo al observar a escondidas los comentarios de la gente del cine sobre su hija, riéndose de ella. En ese momento ‘toma conciencia’, algo que en el cine de la época era la salvación de los protagonistas. La madre irrumpe en el estudio, indignada por los sacrificios y humillaciones que ha tenido que hacer para que la niña participe en el ‘casting’.
La Magnani llorando a solas en el parque es un monumento del cine italiano al trastazo con la realidad. Miles de ‘veline’ frustradas, explotadas o puteadas acaban así cada día en los rincones de Italia, aunque no se hacen películas sobre eso.
Pero hay más. Otro de los personajes secundarios del culebrón ha sido el ex-novio despechado de Letizia, un tal Gino Flaminio (chico de la foto), que empezó a dar entrevistas contando cómo Berlusconi le había robado la novia y desmintiendo la versión de los hechos del primer ministro. Fue quien desveló que nada de que Berlusconi conocía a los padres de Noemi desde hace años, sino que la vio en uno de esos tórridos ‘books’ que le pasó Emilio Fede y luego la llamó al móvil. Resulta que este chaval de 22 años, rubio oxigenado, con tatuajes, aficionado al ‘kickboxing’, empleado en una fábrica, con antecedentes por robar un móvil por el método del tirón con un ciclomotor, también vota a Berlusconi. Normal. Ha crecido viendo sólo su televisión de mamachichos y se enamora de uno de sus clones de barrio, la ínclita Noemi Letizia. Pero también su mente ha absorbido los valores berlusconianos. Tras el revuelo que se armó con sus declaraciones escribió una carta para dar explicaciones, diciendo que había sido manipulado, y pidiendo disculpas a Noemi y Berlusconi. Escuchemos la voz del supertacañón (las mayúsculas son suyas, al igual que las incoherencias gramaticales del actual lenguaje adolescente de los móviles):
«...Me dicen que soy un camorrista, Boss, Mentiroso, Líder de la Izquierda, Falso, Difamador, en resumen, un asco de hombre. (...) PURA FALSEDAD, me gustaría mucho querellarme, pero no me puedo permitir un abogado penalista. MI PUNTO DE VISTA he sido usado por alguien que no pudiendo atacar a El hombre del pueblo (así llamo yo al PRESIDENTE) usa un Gossip, un Cotilleo, mi historia de amor con Noemi. Ahora insinúan que él habría tenido relaciones de sexo cosa que excluyo a priori e imposible, conociendo a Noemi y sus valores. ¿Posible que el hombre del Pueblo no pueda tener una vida privada? ¿Qué mal hay en ser amigo de una familia normal? Esta es la cosa bella él es distinto de los políticos habituales él es amigo de todos los Chef, Obreros, Dependientes, Mendigos, Pobres en resumen de TODOS».
A mí lo que más gracia me hace es la enumeración inicial de personajes repudiables. Empieza con jefe mafioso y sigue con Líder de la Izquierda para terminar con Falso y Difamador. Qué ensalada de valores. Es como eso que decía Thomas De Quincey de que se empieza por asesinar a alguien y se termina por faltar a misa los domingos. Pero lo que nos interesa aquí es comprobar hasta qué punto cala hondo enla plebe italiana el mensaje de Berlusconi, envuelto en papel de regalo por sus televisiones. Para un pobre chaval muerto de hambre de Nápoles el hombre más rico de Italia, que se ocupa mayormente de sus negocios y de salvarse el culo en sus procesos, que le roba la novia para llevársela en Nochevieja a una fiesta en una villa de lujo de Cerdeña es El Hombre del Pueblo. Con mayúsculas. Ya ven que la izquierda tiene perdida la batalla en Italia para muchos años. El pobre Gino Flaminio me ha recordado las humillaciones a las que se somete el pobre Alberto Sordi en ‘Una vita difficile’ (1961), del maestro Risi.
Aquí vemos otra alegre fiestecilla, un tipo de situación muy italiano, pues es un espléndido corte de muestra social, que aparece en decenas de películas. El protagonista, qué curioso, se llama Silvio. Empieza de partisano en la Resistencia y acaba de chico de los recados de un magnate mangante, todo por trepar en la sociedad. Se deja humillar para lograr el éxito, para ser alguien y por contentar a su mujer, pero hasta Sordi, prototipo del italiano mediocre y arribista, al final se redime en esta película. También 'toma conciencia'. Hoy, en cambio, nadie tiraría a Berlusconi a la piscina, sino que hay cola por acudir a sus fiestas a chupar los bordillos del lavapiés. Italia no toma conciencia, sigue anestesiada por las televisiones del primer ministro, y aunque lo haga seguro que cuando despierte el donosaurio seguirá allí, como en el microcuento de Monterroso. Berlusconi se morirá en la cama, como Franco. Aunque eso también se debe a que no hay una alternativa a él, y eso si que no es culpa suya. Si un pasmarote como Prodi le ha ganado dos veces lo puede hacer cualquiera mínimamente presentable, pero ése es precisamente el problema, encontrarlo en la patética izquierda italiana. Entretanto todos seguiremos entretenidos y bien informados con el rabo de Topolanek, qué tío.

(Se lo pongo vestido para que al menos sepan la cara que tiene)
Sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate... El otro día le cazaron a Berlusconi en la asamblea anual de Confindustria, la patronal italiana, poniéndose pote de tapadillo. No creo que sea por las arrugas, sino más bien porque el cemento armado no es fotogénico. Acuérdense del hombre pedrusco de los cuatro fantásticos. Lo de este hombre con lo falso y lo postizo es una obsesión. Que si alzas en los tacones, que si pelo implantado, que si estiramientos faciales, que si los informativos de sus tres televisiones y de las otras tres del Gobierno... Pero de eso vive, de la imagen. Ya ven, nos despedimos hace unos días -quizá demasiados, perdonen la demora- y aquí estamos otra vez hablando de lo mismo. El culebrón que destapó su propia mujer no ha cesado, pero se ha enriquecido con nuevos personajes. Después de aparecer su actual novio, que sostiene que serían perfectos para un 'reality' porque se compenetran "como el Gordo y el Flaco", se acaba de cerrar el círculo con el ex-novio despechado de Noemi Letizia. Cómo está Italia para que le plante cara al primer ministro y segundo hombre más rico del país, acusándole de mentir y de robarle la novia, un chaval de 22 años, empleado en una fábrica, rubio teñido con tatuajes y aficionado al 'kickboxing'. Aunque esto es sólo el principio. A ver si un día me animo y se lo resumo, pero es como un libreto malo de ópera bufa.
Recordemos hoy, para aligerar mi palabrería y por su interés, otra gran película del maestro Dini Risi, ‘In nome del popolo italiano’ (1971). Es muy sombría. Va de un juez inflexible, Ugo Tognazzi, que intenta empurar a un empresario, Vittorio Gassman, prototipo del delincuente medio-alto italiano, simpaticón y rufián, constructor con villas fastuosas y cochazos.
Sinopsis:
Llamado a declarar por la muerte de una jovencita, los dos protagonistas se tantean. Gassman declara:
-¿Es tan reprobable que un hombre de mi colocación no desee hacer públicas sus relaciones con una putilla?
-Está hablando de una muerta, y yo no acepto guiños de ojos, ¿está claro?
-No, quería sólo aclarar que con esta chica, pobrecita, sólo tuve un encuentro esporádico.
-¿Solamente?
-Eeeeh, no.
-No, aparte de una cosa que evidentemente Roncherini no le ha dicho (Pero piensa: En cambio seguro que te lo ha dicho, por eso te lo digo yo)... En negocios, a veces se concluye más en una comida que en diez reuniones. Y en algunos casos las chicas guapas asumen un peso propio, especialmente si son un poco ligeras...
-Intentemos ser más claros: es habitual que en algunas comidas de negocios, chicas guapas aparentemente de buena sociedad, son presentadas al personaje que interesa. ¿Sí o no?
-Sí.
-Hasta el punto de dar a este personaje la ilusión de haber hecho una conquista.
-Sí.
-De este modo, estimulando la vanidad o el sentido de culpa se hace más maleable al personaje en las negociaciones.
-Sí.
-Porque sí es verdad que se concluye más en un comedor, se concluye aún más en un dormitorio.
-¿Debo responder sí o no?
-¿Se hacía acompañar a menudo de la difunta a este tipo de convenios?
-Esto sería una culpa. porque yo sé lo que piensa usted...
-¡Usted no sabe lo que pienso yo!
Les interrumpe otro interrogatorio.
-¿Es verdad que una vez a un hombre de negocios americanos se le ha hecho creer que una chica fuera la hija de un empresario que tenía que cerrar un acuerdo con él?
-(Recuerda la escena) No, de esto no sé nada.
El juez le sugiera entonces que podría tratarse de instigación a la prostitución, pero el empresario dice que nadie obliga a estas chicas.
-Lo hacen porque hay quien las paga (dice mostrando un cheque).
-No fue un pago, fue un regalo. Muchas chicas se venden porque es un atajo. Yo el puesto de cajera al supermercado se lo había encontrado, ¿por qué no lo ha cogido?
El juez luego le pregunta por estupefacientes y el empresario, con verbo florido y retórico, rechaza sus imputaciones.
Hablamos de Justicia porque en realidad estos días ha habido entremedias un temilla menor: han condenado a cuatro años y medio a David Mills (chico de la foto), abogado británico que en los noventa trabajó para Fininvest, el imperio mediático de Berlusconi, por dejarse comprar por el actual primer ministro para protejerle cuando fue interrogado en dos de sus procesos. En resumen, según la sentencia en primer grado -pero quedan dos- Berlusconi le sobornó para que mintiera. Berlusconi también estaba imputado como corruptor del corrupto, pero se ha librado de la sentencia gracias a una ley de inmunidad fabricada a la medida.
Qué fuerte, dirán ustedes, pero no se preocupen que no pasará absolutamente nada. Esto de los procesos a nuestro hombre ya es una historia muy aburrida. Tanto que a la mayoría de los italianos no les interesa, o no saben, o son cosas complicadas. Son muchos procesos, uno se pierde, siempre se quedan en nada, no terminan nunca. Una lata.
Recordemos entonces algunas nociones básicas. Son datos que en más de ocho años en Italia jamás he visto en un solo programa de televisión. Sólo en libros especializados o, a veces, en algunos diarios. Así que, veamos: los procesos de Berlusconi.
1-Falso testimonio sobre la P2. Declarado culpable en 1990 en segundo grado de jurar en falso que no pertenecía a la logia masónica P2. El delito, no obstante, queda cubierto por una amnistía del año anterior.
2-Corrupción a la Guardia di Finanza de 1989 a 1994. Condenado a dos años y nueve meses por cuatro sobornos a agentes que inspeccionaban sus empresas. En segundo grado, el tribunal aplica atenuantes genéricas a tres de ellos y, con ello, concede la prescripción del delito, mientras que le absuelve del cuarto. Absuelto luego por el Supremo.
3-All Iberian 1. Financiación ilegal al partido socialista de Bettino Craxi con contabilidad secreta de Fininvest. Condenado a dos años y cuatro meses. Prescripción del delito en segundo grado, confirmada por el Supremo.
4-All Iberian 2. Falsedad en balance contable. Bloqueado en 2005 por la ley del Gobierno Berlusconi sobre sociedades que despenalizó el delito imputado.
5-Medusa cine. Condenado a un año y cuatro meses por falsedad en balance. En segundo grado, delito prescrito al aplicarse las atenuantes genéricas.
6-Compra de terrenos en Villa Macherio. Absuelto en una parte, delito prescrito en otra por irregularidades en parcelas de una de sus villas. Sentencia confirmada en segundo grado, con la concesión para uno de los delitos de la amnistía de una condonación fiscal de 1992.
7-Laudo Mondadori. Corrupción de jueces para emitir una sentencia a favor de Berlusconi. Aplicación de las atenuantes genéricas, que conllevan la prescripción del delito. Su abogado y ministro de Defensa de su Gobierno en 1994, Cesare Previti (chico de la foto), sí es condenado como intermediario del soborno de jueces para Berlusconi. Para conceder las atenuantes, la sentencia considera «las actuales condiciones de vida social e individual del sujeto», es decir, que Berlusconi era entonces primer ministro. En primer grado Previti fue condenado a 13 años. En segundo grado, absuelto. El Supremo le impuso un año y medio.
8-Caso SME. Corrupción de jueces para emitir una sentencia a favor de Berlusconi. Absuelto en parte de los cargos, obtiene la prescripción para el resto gracias a la aplicación de atenuantes genéricas. Tras recurrir, recibe la absolución plena. De nuevo su abogado, Cesare Previti, como intermediario entre Fininvest y los jueces corruptos, es condenado a cinco años en primero y segundo grado, pero el Supremo anula todo el proceso en 2006 porque los hechos ocurrieron en Roma y el tribunal de Milán no era competente para juzgarlos. Los cargos de falsedad contable quedan anulados por la ley del Gobierno Berlusconi de 2002 que los despenalizaba.
9-Caso Lentini. Falsedad en balance por la compra en negro del Milan del futbolista Lentini al Torino. Bloqueado por la ley del Gobierno Berlusconi sobre sociedades que redujo el plazo de la prescripción del delito.
10-Consolidado Grupo Fininvest. Falsedad contable. Bloqueado por la ley del Gobierno Berlusconi sobre sociedades que despenalizó los delitos imputados.
11-Telecinco. Fraude fiscal, reciclaje y violación de la ley antimonopolio. Absuelto por el Supremo español en 2008.
12-Derechos televisivos cinematográficos de Mediaset. Aún abierto.
13-Corrupción del abogado Mills. Abandona el proceso como presunto corruptor gracias a una ley de inmunidad. En primer grado, Mills es condenado a cuatro años y medio de cárcel.
Bueno, quizá tenía que haberlo hecho por capítulos, porque no se acaba nunca. Por brevedad, no he incluido los casos archivados tras las diligencias previas, aunque algunos son muy interesantes, sobre todo los de presuntas conexiones con la Mafia.
Berlusconi siempre dice que en todos sus procesos ha sido declarado inocente -en Italia sólo es firme la sentencia final del Supremo-, pero como verán hay cuatro prescripciones definitivas (procesos 3,5,6 y 7), dejando a un lado las que luego fueron revisadas como absoluciones. A uno enseguida se le ocurre que si la Justicia funcionara en Italia, sin cometer errores garrafales y a un ritmo razonable, a Berlusconi quizá podían haberle condenado, y no una ni dos veces, sino más. Aunque esto también debe agradecérselo a sus abogados, artistas en estirar procesos al infinito.
La explicación de Berlusconi para tan desmedida lista de entuertos judiciales es que entre ciertos magistrados, en Milán, hay una vena exagerada de izquierdas y que van a por él porque le odian. Berlusconi no se inventa todo, miren, miren esta otra escena de la película.
Sinopsis:
Los protagonistas discuten agriamente, porque el juez ha tendido una trampa al empresario y éste ha caído.
-¡Usted es un listo, mucho más listo que yo!
-Puede ser. Y ahora escihe mi desahogo. Estoy harto, y no soy el único, de ser el defensor de leyes que protegen una sociedad que da asco! ¡Porque consiente a individuos como usted prosperar y proliferar!
-¿Individuos como yo? ¿Y cómo soy yo, me lo puede explicar?
-¡Sí, usted es un ciudadano ejemplar, por Dios, no defrauda el fisco, no incendia bosques, tiene respeto por el paisaje, no contamina mares y ríos, no corrompe funcionarios, y frena ante los gatos negros!
-¡Señor juez!
-El señor juez está convencido de que algunas leyes que consienten a los detentores del poder económico dañar a la colectividad deben ser cambiadas!
-¡Pero si es lo que digo yo!
-¡No me toque, paracaidista, usted es un hombre vil y vulgar!
-¡Sí, confieso que soy vil, porque usted me da miedo! ¡Porque desde el primer momento he leído en su mirada una palabra terrorífica: ideología! ¡Usted me odia a nivel ideológico! ¡Usted está prevenido contra mí! ¡Usted no es un buen juez!
Este diálogo es el mismo que podrían tener alguien que odie a Berlusconi y lo que representa y el actual primer ministro, que replica estas mismas cosas a los magistrados. La película es del año 1971 y ya está todo ahí. Como siempre comprobamos, este país no cambia, viene de muy lejos. Risi ya retrata un tipo determinado de magistrado justiciero encabronado. En fin, no digo que sea el caso de los jueces que han procesado, y están procesando, a Berlusconi -aunque él sostiene que sí y yo creo que no- pero es necesario comprender el contexto y esto es lo que tratamos de hacer aquí, explicar las cosas a los de fuera. Es verdad que en Italia muchos jueces, pero sobre todo los fiscales, están tan contagiados como cualquiera de sus compatriotas por el afán de figurar. Salen en la tele, dan entrevistas a diestro y siniestro, se hacen famosos enseguida, abren investigaciones tremendas que se quedan en nada. En España, salvo Garzón y alguno más, es difícil recordar no ya el nombre de un magistrado, sino su careto. Aquí, en cambio, podrían hacer un 'reality'.
Por eso nuestro hombre, convencido de que esto es una guerra política, se siente legitimado para defenderse desde el poder. Bueno, en realidad es una opinión muy extendida entre sus adversarios que fue su única razón para entrar -y seguir- en política. Volvamos entonces a la lista de sus procesos.
Si uno se fija, no es menos evidente que los procesos 4, 8, 9 y 10 fueron paralizados y enterrados por una ley que despenalizaba la falsedad contable aprobada por su Gobierno. Así que quizá podría haber sido condenado alguna vez más.
Debe considerarse, además, que para torpedear los procesos All Iberian 2, Lentini, SME y Mondadori en 2001 aprobó una ley que endurecía los requisitos de las comisiones rogatorias, las peticiones de información de los magistrados a otros países, y de este modo anulaba pruebas o demoraba esos juicios ya abiertos. Afectaba principalmente a los documentos bancarios de Suiza y otros países. El Supremo rechazó algunos aspectos de la ley en 2002 y los tribunales la interpretaron de forma distinta. Pero los diversos juicios sufrieron retrasos.
Para paralizar el proceso SME aprobó en 2002 la ley de la legítima sospecha, que permitía recusar a un juez si uno tenía la legítima sospecha de que no era imparcial. Sus abogados la invocaron, pero fue rechazada. No obstante, demoró el juicio.
Todas estas leyes ‘ad personam’ fueron, obviamente, utilizadas también por otras terceras personas, que se beneficiaron alegremente de ellas, de mafiosos y traficantes a delincuentes comunes, pero esto son inevitables daños colaterales.
Para burlar la sentencia del caso SME aprobó una ley de inmunidad en 2003 que le permitió abandonar el proceso. Luego fue declarada inconstitucional, pero retrasó su juicio.
Para evitar la reciente sentencia del caso Mills aprobó una nueva ley de inmunidad. Si no, probablemente habría sido condenado con su compañero de banquillo, pues la sentencia dice claramente que "pagó por su impunidad". Debe pronunciarse el Constitucional, pero de momento ya ha evitado la sentencia. El caso, de todos modos, se dirige a la prescripción en los primeros meses de 2010.
Por otro lado, en la amena lectura de esta lista de procesos se perciben otras cosas, como el increíble fenómeno, un clásico de la Justicia italiana, de ser condenado a un porrón de años y luego absuelto, o juicios infinitos, o delirantes chapuzas judiciales. Son ingredientes que alegran aún más el conjunto. Claro, luego la gente no cree en la Justicia.
Como habrán comprobado, si es que han llegado hasta aquí, es un tema árido, aburrido. No entretiene. En definitiva, muy poco televisivo. Por eso nunca sale en la tele, ni Bruno Vespa le dedica un programa, ni los informativos se conectan en directo con la sala que va a fomrular una sentencia contra el primer ministro, sino que emiten 'Renegado', con Lorenzo Lamas, o cosas así. Por cierto, que del asunto de Noemi Letizia los informativos están contando muy poco. Se entera uno más con las televisiones extranjeras. En Italia se tiene la oportunidad de vivir sensaciones antiguas, como en 'Cuéntame'.
El problema para Berlusconi, y ya terminamos enganchando por el principio, como los autores consagrados, es que lo de Noemi Letizia (chica de la foto, con la foto dedicada de 'papi') sí es entretenido y, al contrario que toda esta pesada ristra de procesos incomprensibles, afecta a asuntos verdaderamente importantes: el honor, la familia, la tradición, esas cosas. Sería indignante, pero gracioso, que al final esto sí le cueste algún voto. Pero descuiden: en las elecciones europeas hablará el pueblo, arrasará y será investido otra vez de nueva y flamante soberanía. Así él siempre habla en nombre del pueblo italiano, como si no hubiera disidencia, como el título de la película, que es la frase con la que se inician las sentencias de los tribunales italianos. La otra frase simbólica de la Justicia es la escrita en todas las salas de juicio sobre las cabezas de todos: "La ley es igual para todos", algo que se recuerda como si no fuera obvio, porque no lo es. Veamos ahora cómo termina 'In nome del popolo italiano'.
Sinopsis:
El juez tiene el diario de la chica asesinada, donde anuncia su suicidio y que, por tanto, exculpa al odiado empresario. El magistrado sabe que este hombre es un chorizo redomado pero que nunca va a poder pillarle, porque siempre tendra´recursos para escabullirse de la ley, y está tentado de hacer desaparecer la prueba. En ese momento hay un partido de fútbol, Italia-Inglaterra y gana Italia. La gente se echa a la calle. Se desencadena la habitual juerga de ‘tifosi’. El juez, asqueado por el circo de su país, de pan y circo, ve por todas partes el rostro del empresario en la multitud: en un cura, en un viejo fascista, un militar, hasta en una pilingui. Está un poquito obsesionado. El caos termina con unos energúmenos, uno también con la cara del empresario, que vuelcan e incendian un coche de matrícula inglesa. El juez, que ve condensado en ese momento lo peor de los italianos y de un país que ha degenerado moralmente, decide quemar el diario y procesar a su enemigo, aunque sea inocente en ese caso concreto.
Italia es que es muy complicada.
Con gran dolor de mi corazón, dejaré durante unos días la actualidad italiana con motivo del viaje del Papa a los Santos Lugares. Sin duda graves asuntos quedarán desatendidos. Sin embargo, hasta el regreso, sólo unas palabras sobre el gran asunto que quedaba pendiente. Más que hablar yo, dejemos que hable el cine. El buen cine, ‘Divorcio all’italiana’ (1961), obra maestra del gran Pietro Germi, que lo dice ya todo.
Antecedentes: El barón Fefé (Marcello Mastroianni) no soporta a su mujer y está enamorado de la prima de ésta, Angela, (Stefania Sandrelli), jovencita bastante menor que él. Pero como en Italia no había divorcio –llegó en 1970- su única salida es el crimen pasional, tolerado por
Sinopsis: Lo que vemos es el funeral del padre de Angela. El capo mafioso local se acerca a Mastroianni, le da el pésame y luego le espeta: “Pero ahora os tenéis que mover, vuestra familia era una familia de honor, todo el pueblo espera. En 24 horas sabremos dónde están”. Empiezan los besos y aparece la mujer abandonada del amante de su esposa: “He venido expresamente desde Catania para saber qué pensáis hacer”. Mastroianni pone su cara de panoli y ella le escupe. ¡Grave ofensa en público! “Eh, sí, ahora hay provocación”, se dice Mastroianni, pensando en el consejo de su abogado: necesita una excusa, como la humillación pública, para obtener luego atenuantes en el juicio, una vez que mate a su mujer. Es la farsa de las apariencias.
El barón Fefé, informado por el capo mafioso del paradero de los adúlteros, parte en su busca. Sin embargo, la mujer del otro se le adelanta:
-¿Pero qué habéis hecho?
-He vengado mi honor.
-Pero, pero ¿y el mío? (dice el barón oyendo gritar a su mujer y viendo que a ella no se la ha cargado).
Entonces va y la mata. Gran seguimiento de los acontecimientos en la prensa y en las tertulias del pueblo. Vamos, que no se habla de otra cosa. Es la farsa del espectáculo social.
“En este sugestivo rincón de Sicilia no son pocos los muertos por delitos de honor…” Ante la tumba de su mujer, la voz conmovida del barón recuerda que era buena, pero tenía demasiada sed de amor, demasiada. Esto alude a que en las célebres escenas de cama, se le lanzaba y él no sabía cómo quitársela de encima.
Empieza otra farsa: el proceso judicial. “Todo discurrió más o menos como yo había previsto…”, cuenta el barón, que como hombre cuenta con todo el apoyo moral y social. Mastroianni describe el juicio como un armónica sinfonía: “El abogado fue muy brillante, apasionado y sarcástico, conmovedor y conmovido, recorrió con hábil seguridad todas las teclas de los afectos y sentimientos. No llegó a mencionar las cruzadas, pero sí Otelo y compadre Turiddo (de la ópera Cavallería Rusticana). Estaba mamá, que lloraba. Sí, estaba conmovido hasta yo. Luego habló de mi padre: alcoholizado, corruptor de jovencitas, seguramente afectado por una enfermedad innombrable, sembrador de deudas e hijos ilegítimos,… Estaba claro que la atenuante de grave tara hereditaria podía añadirse a los motivos de honor. Y al final llevó al aula a la viuda Patané (la del pintor): no pudo llevar a sus hijos por su tierna edad, pero enseñó sus fotos, y la imagen de aquellos pobres huérfanos me conmovió, no sé por qué, quizá porque en Italia los hijos son siempre los hijos…”. Bajo el lema “La ley es igual para todos” y enunciando la fórmula “En nombre del pueblo italiano…”, sentencia: tres años. “El mínimo, en realidad un poco menos, porque gocé de una cierta amnistía, no digo que estuviera previsto, pero de media hay una cada tres años, así que me tocaba. No fue un periodo agradable, pero pasó…” La farsa de la justicia.
Al llegar a casa, el barón se angustia, porque no ha recibido cartas de su querida Angela. “Quizá por la natural reserva de la mujer del Sur”, piensa, “o porque… no, no sería justo”, concluye despejando sus temores. Ella le espera en el andén. Hasta entonces era ‘la otra’, pero ya puede haber boda… y luna de miel. “Sí, es verdad que la vida comienza a los cuarenta”, se dice extasiado el barón. La farsa del matrimonio.
Ya ven que Germi no deja títere con cabeza.
Y así dejamos a Papi, a la joven Noemi, a las otras jóvenes y a Verónica hasta otro día, con la ofensa, el escarnio público y el honor en juego. De todos modos, creo recordar que Berlusconi no puede presentarse en un juicio, porque se hizo una ley de inmunidad con el famoso ‘lodo Alfano’. Y hoy ha dicho que ha llevado todo este asunto con una gran clase.
Ya saben que en Italia el pasado no pasa, siempre está presente. Pero a veces es necesario dejarlo atrás. Luego ocurre eso de cambiar todo para que no cambie nada, lo del Gattopardo, pero vamos a dejarlo por el momento. En fin, que quería hablarles del congreso del PDL. Tiene que ver con lo del 25 de abril, porque Berlusconi ahora se hace el moderno. El congreso se nos ha pasado sin decir nada y quizá hayan oído algo sobre ello. Si dentro de Italia ya es difícil seguir la política, y en general a la gente no le interesa, qué decir del mundo exterior, que sólo ve sopas de siglas y gente que no le suena nada, aparte Berlusconi.
Esto del PDL es un esfuerzo de imagen sobrehumano. Berlusconi, que lleva 15 años haciendo y diciendo lo mismo, tiene que seguir vendiendo un producto a la última moda y que es el hombre nuevo, siempre joven gracias a sus estiramientos faciales. Pero es más fuerte que él: luego va y saca en el congreso el mismo discurso de 1994, cuando anunció su entrada en política. Se citó a sí mismo varias veces y hasta lo leyó literalmente durante cuatro minutos. Al final, regaló a los delegados una edición impresa en falso pergamino con caracteres gótico-medievales. ‘Por mi país’, se llama. El efecto es algo así como esos mesones arandinos de cartón piedra con armaduras en las esquinas, que quieren ser clásicos aunque hayan abierto en 2005. Pero es que Berlusconi se cree el mesías. Miren este fragmento de su discurso:
«Según Erasmo, ‘Las decisiones más sabias, las más justas, la verdadera sabiduría, no es la que surge del razonamiento, ni de la mente, sino de una locura visionaria con amplitud de miras’. Yo creo de verdad que una ‘locura visionaria con amplitud de miras’ me ha guiado desde el principio en nuestra aventura política. He pensado donaros una edición en pergamino de mi primer discurso, ‘Por mi país’, del 26 de enero de 1994,...»
Es modesto, porque la amplitud de miras se veía venir mucho antes. Se acaba de publicar un libro con el diario inédito de Indro Montanelli en el que escribía reflexiones personales. Miren lo que anotaba el 23 de mayo de 1977 sobre un acto de homenaje al que acude:
«Vuelo a Luxemburgo en el habitual birreactor de Berlusconi, que nos acompaña, feliz de exhibirse y de exhibir su estatus en una ceremonia internacional. (...) Berlusconi llena su cuaderno de direcciones, de todas las personas que ha encontrado. Es el verdadero escalador que aprovecha todo y no tira nada»
Pues eso, 1977. Y sólo era un constructor. Ya saben de dónde viene su manía de desmelenarse en las cumbres internacionales. Pero hemos citado 'Il Gattopardo' (Visconti, 1963) y hay que poner algo, está muy a tono con el tema:
Pero para dejar atrás el pasado peor lo tiene Gianfranco Fini, líder de Alianza Nacional (AN), que se ha diluido en el PDL. Su condena ha sido pasar media vida siendo fascista y tener que pasarse la otra media renegando del fascismo. Eso es cansadísimo. Para los no iniciados, lo explicaremos, quizá no brevemente. Porque para buscar el origen de AN hay remontarse a la rendición de Italia en la Segunda Guerra Mundial. Mientras los aliados comían el terreno a los alemanes, el fascismo y Mussolini resistieron en un miniestado llamado República Social Italiana (RSI) o República de Saló, por la localidad del lago de Garda, en el norte del país, donde tenía su capital. Les llamaron ‘’repubblichini’ (republiquinos). Allí, marionetas de los nazis, siguieron haciendo como si nada los últimos incondicionales durante año y medio. Aquí al lado tienen un amable cartel propagandístico de la época.
Uno de aquellos 'repubblichini' fue Giorgio Almirante, que en 1946 volvió a la vida pública y fundó con otros colegas el Movimiento Social Italiano (MSI). Ya ven que de RSI a MSI sólo cambiaba una letra. Es como si en Alemania tras la guerra se presentara otra vez a las elecciones el partido nazi, pero es que Italia es así: aquí no hubo procesos de Nuremberg y se hizo la vista gorda para no empeorar las cosas. Por otro lado, cosa que se suele olvidar, los Estados Unidos estaban interesados en mantener más o menos intacto el tejido social fascista, pues ya desde el final de la guerra estaban pensando en la posguerra y en el nuevo enemigo: Stalin. Italia tenía el mayor partido comunista de Occidente y el riesgo de que se convirtiera en un satélite de la URSS lo convirtió en un país decisivo de la Guerra Fría. Total, que EE UU y sus servicios secretos, como el Vaticano, echaron una mano a los fascistas para que salvaran el pellejo. Italia pagó muy cara su condición de tablero de juego, pues aquello se convirtió en los sesenta y setenta en una gogantesca ensalada de espías y conspiraciones.
De todos modos, lo curioso es que el ministro de Justicia del primer Gobierno italiano que soltó en la amnistía de 1946 a unos 7.000 fascistas, entre ellos incluso dirigentes y torturadores, fue el comunista Palmiro Togliatti. Pensaba atraer así a esta gente hacia el PCI, por su anticapitalismo. Le salió mal, claro.
Como vimos el otro día, Italia vivió una guerra civil incipiente entre partisanos y fascistas al final de la Segunda Guerra Mundial, pero esta supervivencia del fascismo mantuvo latentes los dos bandos, un choque que asomó de nuevo en los ‘años de plomo’, con terroristas rojos y negros, e incluso, según algunos teóricos, sobrevive hoy de forma degenerada con el ‘berlusconismo’ y ‘antiberlusconismo’. El fascismo ha llegado hasta hoy.
Pero hablábamos de Almirante, jerarca de la República de Saló, un tipo que el 5 de mayo de 1942 escribía en la revista ‘La Difesa della razza’ lo siguiente. Perdonen la extensión de la cita y las posibles arcadas:
«El racismo tiene que ser comida de todos y para todos, si verdaderamente queremos que en Italia haya, y esté viva en todos, la conciencia de la raza. Nuestro racismo debe ser el de la sangre, que corre en mis venas, que yo siento fluir en mí, e puedo ver, analizar y confrontar con la sangre de los otros. Nuestro racismo tiene que ser el de la carne y los músculos, el del espíritu, sí, pero en la medida que el espíritu se alberga en e
stos determinados cuerpos, los cuales viven en este determinado país: no de un espíritu vagante entre las sombras inciertas de una tradición múltiple o de un universalismo ficticio y engañoso. Si no, acabaremos por hacerles el juego a los mestizos y los judíos, los judíos que, como en demasiados casos han podido cambiar de nombre y confundirse con nosotros, así podrán, todavía más fácilmente y sin ni siquiera necesidad de prácticas dispensiosas y costosas, fingir una mutación de espíritu y decir que son más italianos que nosotros, y fingir serlo, y conseguir pasar por tales. No hay más que un atestado que pueda dar el alto al mestizaje y el judaísmo: el atestado de sangre».
Más tarde Almirante renegó de estas palabras. Pero por lo demás mantuvo el pedigrí perfectamente, brindando con el golpe de Estado de Pinochet. Ahí lo tienen, el abuelete del sombrero, en una foto con los chicos que daban palizas en la universidad. Pues bien, el joven Gianfranco Fini fue el delfín favorito de Almirante. Hoy es un señor civilizado de derechas bastante progre. No debe subestimarse nunca
la fabulosa capacidad transformadora de un político italiano. A simple vista puede parecer reprobable, pero bien mirado es sólo la muestra más visible del sentido práctico de la adaptación y la supervivencia de este peculiar pueblo, al que yo admiro ciegamente. Ojalá me saliera a mí. Me lanzo como siempre, cargado de ignorancia, a la antropología barata: el español es un iluso entrañable y cabezón, cree en los ideales inmutables y eternos, es evaluado socialmente por ese patrón, desconfía de la sofisticación. En cambio el italiano toma la vida como viene, no se hace grandes ilusiones y cree en el carácter lúdico de la existencia.
Volvamos al rollo histórico. El MSI, prueba de esto que decimos, apenas sacó 500.000 votos, un 2%, en las primeras elecciones de 1948. Habiendo sido fascistas hasta poco antes, los italianos sabían perfectamente que eso ya no tocaba. Todos se hicieron democristianos o comunistas. Luego, pasado el temporal, el MSI ya sacó sus dos millones de votos a partir de los setenta. Pero en 1947 en el ayuntamiento de Roma ya había tres concejales fascistas del MSI, como lo oyen. Pero es más, en la inmediata posguerra los propios fascistas se reciclaron a toda velocidad. También sabían que eso ya no tocaba. Según un estudio de Renzo De Felice, máximo historiador del fascismo, sobre la situación en algunas provincias en esos primeros años, el 50% de los inscritos a todos los partidos del abanico parlamentario, de izquierda, centro y derecha, eran ex-fascistas. En fin, que estaban por todas partes.
Fini ha contado que entró en política por una película. Digamos que es una de las más fachas que ha hecho Hollywood en toda su vida, ‘Boinas verdes’ (The Green Berets, John Wayne, 1968):
Yo tengo debilidad por John Wayne, con el que crecí viendo películas de vaqueros en ‘Primera sesión’, y me dan igual sus ideas políticas, pero esto es un panegírico sobre la guerra de Vietnam como la copa de un pino. Cuando Fini fue al cine a verla se encontró con manifestantes de izquierda que la boicoteaban y le insultaban. Se cabreó y empezó a interesarse por la política. Ya ven el poder del cine. Espero no haber creado ningún fascista con el trocito de la película que he puesto yo, aunque a la gente es mejor no darle ideas.
Fini llegó a la secretaría general del MSI en 1987 y Almirante dijo: «Nadie podrá llamar fascista a quien ha nacido en la posguerra». Y Fini le definió «el líder de una generación que no se rindió». Y todos tan contentos. En el entierro de Almirante, en 1988, Fini hacía conmovido el saludo fascista. Ya ven que eso es de anteayer, como quien dice. Pero luego empezó la transformación. En 1995, Fini cambió el nombre del partido, de MSI a Alianza Nacional (AN). Desde entonces, se enfadan si alguien define el partido como «post-fascista», que es la manera más suave de decirlo. A mí no, porque no pinto nada,
pero a colegas de periódicos más importantes les llaman puntualmente indignados cada vez que lo escriben, aunque lo hacemos más que nada para que el lector extranjero sepan de quién estamos hablando. Porque, ¿cómo llamarían ustedes a un partido cuyo símbolo es la llama que arde sobre la tumba de Mussolini? Ése era el símbolo del MSI, mantenido hasta ahora, por no hablar de las siglas alusivas, que se pueden leer como Mussolini Sei Inmmortale (Mussolini eres inmortal). La mítica ‘fiamma’ (llama), hasta ahora intocable, ha aguantado medio siglo hasta el otro día, cuando quedó sepultada en el envoltorio de plástico del PDL. Y eso que miren lo que contestó un día el ínclito Ignazio La Russa (chico de la foto, actual ministro de Defensa con su fantástico careto de los años treinta) al periodista que le preguntó si algún día eliminarían la ‘fiamma’: «¿Pero usted se quitaría sus atributos?». Así se sienten ahora los nostálgicos de AN, un poco castradillos.
En fin, ‘post-fascistas’ o no, el caso es que nunca les han querido en el Partido Popular Europeo (PPE), aunque ahí anda Fini trabajándose a Aznar con su fundación FareFuturo e incluso presentándole sus libros, a ver si le mete en el club, igual que coló en su día a un elemento como Berlusconi. Con el PDL ya está arreglado.
Pero debe reconocerse que Fini se ha dedicado con convicción a dar entender que ya no es fascista, sino sólo de derechas. Peregrinó a Jerusalén, visitó el museo del Holocausto, empezó a hablar mal de Mussolini,... Mírenle en la foto con Sharon, como un niño bueno. Muchos de su partido estaban asqueados, pero de algo hay que vivir. Fini tiene 57 años, y espera su turno histórico tras Berlusconi, 72 años, que aunque no lo crea, y los demás empecemos a tener dudas, no será eterno. En una década, acorde con los tiempos históricos italianos y si el tiempo lo permite, Fini será primer ministro. La gran ventaja de Fini, su intuición política decisiva, es que al lado de Berlusconi parece normal, y en los últimos años se ha forjado cuidadosamente una imagen de sensatez. De hecho, sería un líder excelente para el Partido Demócrata (PD), la oposición. Se desmarcó de la polémica de la pobre Eluana o le para los pies a Berlusconi cuando quiere aplastar las reglas y propone eliminar el voto en el Parlamento. Pero yo creo que no hay que fiarse. Tras su aparente serenidad, quizá Fini tenga un lado kitsch oculto que tardará en salir, pero será cuestión de tiempo. A lo mejor cuando mande y se desmadre, como su amigo Aznar, que ahora cultiva exclusivamente esa faceta. Porque lo más ‘heavy’ que hay en el pasado de Fini no es Mussolini ni Almirante, sino lo que van a ver ahora en este glorioso documento:
Efectivamente, se trata de la actual señora Fini, Elisabetta Tulliani, en una vida anterior. El cacique indescriptible es Luciano Gaucci, ex-propietario del Perugia, uno de esos personajes inenarrables del Calcio. Les traduzco los diálogos impagables del docudrama.
Interior castillo. Despacho.
-Elisabetta, soy yo, oye, te quería decir... si te apetece dar una vuelta por el castillo, nos vemos en la sala Sforza.
Música. Galería.
-Yo... tenía que decirte una cosa, que no sé si te puede gustar...Estaba reflexionando, porque soy un fatalista, que pensando en el hecho de que tú eras compañera de clase de mi hijo Alessandro, el destino quiso que nos encontráramos y nos enamoráramos, así que soy muy feliz por esto ¿qué piensas?
-Sí, es verdad, efectivamente es una cuestión de destino...
Música. Biblioteca.
-Elisabetta, ¿qué estas leyendo?
-‘Grandes historias de amor’.
-Como la nuestra. ¿Lo sabes que yo podría ser tu padre?
-¡Y yo también podría ser tu hija!
-Por fortuna no lo eres.
-¡Nuestra relación es distinta, querido!
Música. Sala de billar.
-Te he dicho que no tienes que darle a las de colores, si no a la blanca, todavía no has aprendido.
-A mí edad se va a la discoteca, no se juega al billar
Música. Exterior. Cochazo.
-Desde luego es una bella joya.
-A propósito de joyas... Tengo este jugador que quiere dos millardos más de fichaje, ¿qué quieres que haga, su ficha o una joya para tí?
-Las dos cosas y así...
-¡Pero entonces serían cuatro (millardos)!
Música. Escalinata principal.
-¡Amore! Ya que estamos en un castillo, si hiciéramos el juego de la torre, entre yo y el Perugia, ¿a quién tirarías de la torre? Cuidado que me tiro, eh.
Pausa musical. Pensativo:
-Elisabetta, ¿sabes lo que he pensado? Alessandro es consejero delegado. Riccardo es consejero. A ti te hago presidente. Ciao.
FIN.
Bueno, en realidad no la hizo presidentessa del Perugia, sino del Sambenedettese, otro club que tenía por ahí. Gaucci huyó a la República Dominicana por la quiebra del Perugia, mientras detenían a sus hijos, y vivió a lo grande. Aunque el delito ya ha prescrito y creo que ya anda otra vez por aquí.
Este vídeo de antología, que demuestra cómo Fini puede ser un más que digno sucesor del 'Cavaliere', fue emitido por una cadena de Berlusconi en un momento de distanciamiento con Fini. Para que vean lo útil que es tener una televisión. Por otro lado, la entrevista de esta semana a la mujer de Berlusconi, Veronica Lario, donde le ha puesto a parir por presentar macizas en las listas electorales y tontear con adolescentes ha sido publicada por la revista de FareFuturo, la fundación de Fini. Ya ven qué amigos son los dos líderes del PDL. Y no se preocupen, que otro día hablaremos de este último culebrón de Berlusconi.
Ah, entretanto, en ‘Liberazione’, el diario comunista, andan debatiendo sobre la rehabilitación de Stalin.
El otro día fue fiesta en Italia, una fiesta muy importante: el 25 de abril se celebra la Liberazione, la Liberación del fascismo y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hoy toca tema serio. Así cuenta ese día Bernardo Bertolucci en ‘Novecento’ (1976):
Sinopsis: Lo que vemos aquí es a la gente de los pueblos que se entera de la noticia del fin de la guerra y sale con las armas a perseguir a los últimos fascistas que quedan por ahí. «¡Dinos lo qué ves!», le dicen a la campesina que está sobre el carro de heno. «¡Veo un montón de cosas! ¡Veo un montón de bandidos negros que escapan como conejos y uno de los nuestros que les persigue, sin fusil! ¡Tiene sólo un bastón, qué bastonazos le da, parece un diablo con cien brazos, si pudiérais verlo! ¡Gritad! ¡Gritad!» «Bendita juventud que ve lo que no existe», murmura escéptica una anciana que ya no espera nada.
«¡Los alemanes escapan, se van para siempre, no volverán nunca más! ¡Tiran los fusiles y los uniformes para que no les reconozcan». En un momento de ensoñación la chica cree ver a Olmo (Gerad Depardieu), uno de los personajes, en un caballo blanco. Pero enseguida despierta cuando divisa al jerarca fascista del lugar (Donald Sutherland) y su mujer . Los persiguen y los apalean.
Bertolucci, militante de izquierda, da así una visión entre poética y realista de lo que fue aquello. Alegría y barbarie. La reacción popular se puede explicar porque lo que hemos visto entronca con otras escenas similares del fascismo, como la que tenemos aquí en ‘La marcia su Roma’ (La marcha de Roma, 1962), de Dino Risi:
Sinopsis: Un grupo de camisas negras pasan con dos disidentes apresados, cantando ‘Giovinezza’ (Juventud), himno de la época, mientras los dos protagonistas, Ugo Tognazzi y Vittorio Gassman, fascistas de circunstancias y por conveniencia se disponen a dar una lección a otro. Se trata de un juez que les condenó en el pasado en unos incidentes y el método es el clásico de aquella época, ingestión forzada de aceite de ricino, que causa fulminantes y terribles diarreas. Si recuerdan, lo sufre también el padre del protagonista de 'Amarcord'.
Subiendo las escaleras, Gassman, siempre con más morro, explica a Tognazzi, más parado, que agarrará al profesor mientras él le hace tragar el aceite. Tognazzi, a quien no le apetece nada la misión, objeta que a lo mejor se defiende. «Un golpe en la cabeza y se acabó», dice Gassman. Cuando se dispone a tirar la puerta abajo, la abre un señora: «¿Son los del carbón?», pregunta al verles de negro. «¿Tienen cita?». «Desde hace dos años», replica Gassman haciéndose el duro.
«Buenos días, ¿no se han acomodado?», dice el profesor al entrar. Cuando pasan al salón, Tognazzi se olvida la botella. Al decir que no les conoce, Gassman le recuerda los disturbios de la huelga de barrenderos de Milán en la que fueron detenidos. El profesor no se inmuta ante la botella y pide que les traigan el vermut. Luego cuenta que la suya es una familia de magistrados, pero que él prefirió dimitir.
«Un magistrado puede juzgar si es independiente, y un hombre es independiente si es totalmente libre». Como no era libre, explica, dimitió. «Es usted el que nos quitó nuestra libertad», replica Tognazzi. El profesor responde que, en efecto, hoy serían juzgados con mayor benevolencia, aunque él les seguiría condenando igual. «Yo no he cambiado», dice bebiendo su vermut con aceite de ricino.
Luego, arenga: «Sois unos irresponsables, pero no es todo culpa vuestra. Cuando el fanatismo ocupa el lugar de la razón el camino está lleno de engaños, y el engaño mayor es justo éste: que uno cree que ama la propia patria sólo si esta patria es un país donde todos piensan como él, y es así como termina por amar una patria de esclavos, y no se da cuenta de que es un esclavo él mismo». Así apura su copa. «Ahora me tengo que ir, ya ya sabéis dónde. ¡Iros allí vosotros también y vuestro Benito Mussolini!».
Dino Risi, un maestro. Otro ejemplo más de esa elegante combinación de tragedia, comedia e historia que hacía sin esfuerzo el cine italiano de aquella época.
Volvamos a la actualidad porque todas estas cosas están todavía muy presentes en la vida italiana, y quizá algunos lectores desconozcan los detalles.
Hasta este año Berlusconi nunca había celebrado el 25 de abril, porque decía que era una fiesta secuestrada por la izquierda. Además, siempre ha tenido palabras afectuosas hacia el fascismo. Que Mussolini no era tan malo, sólo enviaba a la gente a pasar una temporada de vacaciones a prisión y cosas así. En su línea. A saber qué opinaría del juez que hemos visto en la película, dada su opinión de los magistrados. O qué opinaría el juez de él.
En fin, que Berlusconi ha pasado sus 14 años de vida política, aún siendo primer ministro, sin celebrar el fin del fascismo. Como él, gran parte de la derecha. Ya ven qué tropa. Italia es un país muy complejo. Porque, por otro lado, recordarán que Berlusconi, cada vez que va a Estados Unidos, cuenta su batallita de la visita al cementerio americano con su padre y repite su eterna gratitud a los aliados. A él lo que le fastidia es que también haya que agradecerles algo a los comunistas.
Por eso cada aniversario del 25 de abril está siempre rodeado de cierta polémica, porque los que perdieron -o más bien sus hedereros o simpatizantes- lo ven como una fiesta de la izquierda, aunque la Resistencia y los partisanos, organizados en un comité de liberación nacional reunían a gente de todo pelaje, desde católicos y liberales a socialistas y comunistas.
Por una parte, es verdad que la izquierda italiana ha monopolizado un poco la Liberación, pero por otra también es verdad que los nostálgicos del fascismo nunca se han acabado de bajar del burro. Como hemos contado ya alguna vez, en los últimos años cada vez se han crecido más y el propio ministro de Defensa, Ignazio La Russa, hijo de un dirigente de la República de Saló, el último mini-estado donde resistió Mussolini, no deja de repetir que también los fascistas luchaban por la patria, al menos por la idea que tenían de ella, y que también deben ser recordados.
Pero hay algo más. Hasta hace poco no se hablaba de las masacres de los partisanos comunistas de Tito en la zona de Trieste, las terribles ‘foibe’, simas naturales donde se arrojaba a prisioneros italianos, pero mucho menos de las barbaridades que también cometieron los partisanos italianos y los ajustes de cuentas salvajes que dominaron los primeros días de la Liberación. Como la que hemos visto en 'Novecento'. Esto ha cambiado y se debe sobre todo a un periodista, Giampaolo Pansa, de izquierda para más señas, que lo ha contado en una serie de libros muy vendidos. Para parte de la izquierda se trata de falaz revisionismo, pero para otros simplemente ha roto un tabú y ha rellenado lagunas históricas. Lo que pasó en aquellos días convulsos fue un germen de guerra civil, que siguió de forma latente y de baja intensidad durante los ‘años de plomo’.
En cualquier caso, parece que los tiempos están madurando, pues el partido post-fascista de Gianfranco Fini, Alianza Nacional, se ha diluido en el PDL y parece que abandona definitivamente la nostalgia del Duce, y estamos en 2009. Y la buena noticia es que por primera vez Berlusconi ha reconocido el papel de la Resistencia, el antifascismo como clave fundadora de la democracia italiana y ha celebrado la fiesta de la Liberación, y estamos en 2009. Ha sido un paso significativo por la conciliación e Italia se ha encontrado por fin un poco menos dividida. Aquí lo tienen, a la izquierda, con el pañuelo de partisano anudado al cuello, una imagen impensable hasta ahora. Mañana seguiremos.
Ya ven que cada país tiene lo suyo.
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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7-Laudo Mondadori. Corrupción de jueces para emitir una sentencia a favor de Berlusconi. Aplicación de las atenuantes genéricas, que conllevan la prescripción del delito. Su abogado y ministro de Defensa de su Gobierno en 1994, Cesare Previti (chico de la foto), sí es condenado como intermediario del soborno de jueces para Berlusconi. Para conceder las atenuantes, la sentencia considera «las actuales condiciones de vida social e individual del sujeto», es decir, que Berlusconi era entonces primer ministro. En primer grado Previti fue condenado a 13 años. En segundo grado, absuelto. El Supremo le impuso un año y medio.
stos determinados cuerpos, los cuales viven en este determinado país: no de un espíritu vagante entre las sombras inciertas de una tradición múltiple o de un universalismo ficticio y engañoso. Si no, acabaremos por hacerles el juego a los mestizos y los judíos, los judíos que, como en demasiados casos han podido cambiar de nombre y confundirse con nosotros, así podrán, todavía más fácilmente y sin ni siquiera necesidad de prácticas dispensiosas y costosas, fingir una mutación de espíritu y decir que son más italianos que nosotros, y fingir serlo, y conseguir pasar por tales. No hay más que un atestado que pueda dar el alto al mestizaje y el judaísmo: el atestado de sangre».

