Íñigo Domínguez

La vida en Roma

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Hablamos el otro día de las relaciones de padres e hijos, pero nos quedaba la otra mitad del asunto. Como decíamos, Italia es muy gremial, defensiva, y dentro de cada casta crecen los cachorros. Pero eso se traduce en ocasiones en un parasitismo que alcanza niveles de plaga del Serengheti. Por ejemplo, y ya que el tema de la universidad está de moda por las protestas estudiantiles, es enternecedor saber que la de Palermo está dominada por 100 familias, un total de 230 parientes. En Medicina, por ejemplo, son 24 clanes. En Derecho, 10. Salió el otro día el mapa en el periódico. Las cátedras se heredan de padres a hijos, de hijos a hermanos y hermanas. También ocurre en el norte, matización que hago ante las quejas de quien dice que estas cosas pasan sólo en el sur. En Udine -más al norte es imposible- hay doce familias que se han hecho fuertes en la facultad de Medicina. Hace una semana aparecieron artículos que describían el panorama, como el caso de un profesor que tiene colocados a dos hijos y la mujer. O el rector de Foggia (sur), que el 31 de octubre dejó su cargo después de nueve años, pero el día antes tuvo tiempo de contratar a su hijo. También su mujer se jubiló en la universidad como jefa del personal administrativo, puesto que ha heredado su hija. El marido de ésta también está colocado en la facultad de medicina. Hasta aquí una breve pincelada de la universidad, sólo porque es el tema de actualidad. Pero en cualquier casta italiana uno se topa con lo mismo.

Por eso no hay demasiada alarma con estas noticias. Todo el mundo lo hace y te lo encuentras a diario. El fiscal del escándalo del ‘Calcio’ de 2006 ha presentado hoy (sí, hoy) sus acusaciones y entre los imputados de la GEA, la asociación mafiosa que dominaba el mercado futbolístico, está el famoso Luciano Moggi, pero también su hijo, y el no menos famoso hijo del ex-seleccionador nacional, Marcello Lippi. También dirigía la GEA la hija de Cesare Geronzi, uno de los banqueros más poderosos de Italia y de los menos fiables. Aunque fue absuelta, su caso fue más fuerte: presenta el telediario de Canale 5, una de las tres cadenas de Berlusconi y en esos días tuvo que ausentarse para no tener que dar noticias de sí misma. Es una pena, porque tendría exclusivas. Aunque le pasará lo mismo cada vez que investigan a su padre por chanchullos financieros, como en las quiebras de Parmalat o Cirio. Por cierto, que el vicepresidente de Mediaset, el emporio televisivo de Berlusconi, es su hijo Piersilvio, y ahí arriba tienen una foto suya por si no le conocían y se estaban preguntando quién era ese elemento. ¿Verdad que parece un buen chico? Uno le puede confiar tranquilamente la puerta de la discoteca. Con estas pintas fue portada de 'Men's Health' y confesó su pasión por los gimnasios. Incluso dijo que pensaba en un 'reality show' ambientado en el mundo del fitness. Lo de esta familia es de juzgado de guardia, no sólo en sentido literal, como le pasa a su padre el primer ministro.

Hablando de la tele, la pones y ves a Piero Angela y a su hijo Alberto con sus documentales de historia y divulgación científica, que perfeccionan desde hace décadas, y desde luego son excelentes. En el fútbol Ancelotti, entrenador del Milan, entrena a su hijo, como Maldini padre lo hacía con Maldini hijo. De política mejor ni hablar -veáse el capítulo sobre nepotismo-, aunque últimamente ha marcado un hito Umberto Bossi, líder de la Liga Norte, que preparando la sucesión dinástica se lleva a su hijo Renzo incluso a las reuniones de la cúpula del Gobierno para que el chaval aprenda política, o al menos lo que se entiende como tal con Berlusconi. Ahí los tienen en la foto, en un mitin. Es como si Pepiño Blanco se llevara al niño a las reuniones de la Moncloa o Mariano Rajoy a su sobrino a los comités de partido, para que se fueran fogueando. En España sería de risa, pero aquí pasa totalmente inadvertido. Con el agravante de que el chaval no es precisamente una lumbrera, como ya contaremos un día.

En el festival de cine de Roma, que fue hace unas semanas, aunque dada su escasa relevancia es normal que nadie se haya enterado, se vieron películas de la hija de Tognazzi, del nieto de De Sica e hijo de su hijo Christian, también actor... Los ‘figli d’arte’, que se llaman, que en el mundo del cine son legión, con desiguales resultados. Sobre De Sica hay algo que decir. Christian De Sica, hijo del maestro, es también actor, como hemos dicho. Lo vemos aquí, a la izquierda. Es cabaretero, de vodevil y muecas, de películas populares de vergüenza ajena, muy olvidables. A mí, de todos modos, me cae simpático, y su existencia ya está de sobra justificada por el hecho de que recuerda que existió su padre. Él mismo lo acaba de hacer en un libro de memorias. Cuenta, por ejemplo, el día que murió Vittorio De Sica, el 13 de noviembre de 1974. Estaba en un hospital de Neuilly-sur-Seine, cerca de París. Christian cogió un avión y se fue para allá. Encontró a su padre de traje azul, elegante como siempre, con un hilo de voz: «Christian, deja todo y ven conmigo, me curo un poco y nos vamos juntos a Montecarlo». De Sica era un jugador empedernido. Luego susurró: «Cuánto siento que seáis tan jóvenes, tú y Manuel. Estad cerca de vuestra madre, Christian, y sobre todo, mira qué culo tiene esa enfermera». Siguió: «¡Quiero un whisky con hielo!». Se lo llevaron, el whisky, y bebió un poco. Su hijo le contó luego el número que estaba preparando en Milán, una canción, y él le dio unos consejos sobre cómo interpretarla y cantarla. Poco después murió en sus brazos.
Como retrato del maestro es perfecto.

De Sica se describió a sí mismo con mucha ironía en este capítulo de ‘L’oro di Napoli’ (El oro de Nápoles, 1954), dirigida por él, en el que muestra su gran talento e interpreta a un conde adicto al juego al que su mujer no le da dinero para que no lo apueste. El hombre vive desesperado, robando cubiertos para empeñarlos, pidiendo dinero al mayordomo,... Su único consuelo y mayor logro es una partida que juega a escondidas con el hijo del portero, en un cuartucho de la portería, Al niño no le hace ninguna gracia porque prefiere jugar con sus amigos, pero su padre le obliga para estar a bien con el amo. La escena de la partida es muy famosa. La he encontrado entera, pero está dividida en dos partes.

Sinopsis: De Sica propone como apuesta lo único que ha podido robar, unas gafas de plástico. El niño saca unos cromos y un tirachinas, aunque luego dice que le hace falta. Empieza la partida de escoba y el niño arrasa. Al final al conde ya le da la risa: "Me da casi la risa, es que si lo cuentas...".

Sinopsis: El conde se enfurece: "¿De qué te ríes, Don... Coso? ¿Qué creéis que habéis hecho? Egregio amigo, la primera partida es la de los tontos, además jugábamos tonterías... ¡Me juego todo el palacio, de la bodega al tejado!". El niño mira a sus amigos con envidia por la ventana. Sigue otra partida con idénticos resultados. El niño hace escoba. "¡Es inaudito, es que si lo cuentas no te creen! No me diga que esto no es fortuna!". "La carta sabe dónde tiene que ir", dice el niño con suficiencia. "¡Si supieras cuánto me sacas de quicio cuándo dices estas cosas!¡Un poco de paciencia! ¡Sabéis que os digo, que además del palacio me juego mi finca, con los árboles frutales, el....!" El niño acaba la frase porque lo dice siempre. El conde por fin saca una baza y empieza a canturrear. "¡Te quiero reducir a la nada, querido barón!", dice al niño en su ilusión de hallarse en un salón, para asombro de éste. Sin embargo el niño vuelve a hacer escoba. "¡Cómo iba a saber que tenéis la fábrica de reyes!¡Es una vergüenza!"", se lamenta el conde. El niño se ofende: "Yo sé jugar". "¿Y yo no? ¿Qué soy, un inepto?", replica el aristócrata. La siguiente jugada, lo mismo. El conde explota: "¿Pero quién os creéis que sois? ¡Bufón! ¡A mí no me impresionáis! ¡Al palacio y la finca añado la chaqueta!". Vuelve a perder: "¡Admítelo que es pura fortuna lo tuyo! ¡Dilo, soy afotunado, dilo!". "No, no es verdad", dice el niño. Aparece el padre, el portero, y le da la razón al conde. "Es que ganas siempre, eres muy afortunado". De Sica se va iracundo: "¡Se pone a hacer el maestro, a dar lecciones a mí, bestia presuntuosa!". El portero le persigue con la chaqueta mientras el conde vuelve a su casa, uno de esos hermosos palacios de Nápoles.

La clave maestra de esta escena, si uno se fija, es que el niño actúa como un adulto y el conde como un niño.

Dicho esto, anuncio a los lectores de este blog, sean los que sean porque no lo sé si quitamos a los amigos y la familia, que me voy de vacaciones. Supongo que es lo que querrían hacer la mayoría de los italianos, con el tercer día de huelga de Alitalia que paraliza los aeropuertos, el informe estadístico de hoy que dice que el país es cada vez más pobre y más viejo y no sé cuántas tragedias cotidianas más. Encima ha llegado el otoño y llueve. Hasta anteayer todavía era verano. En fin, que tendré el blog un poco descuidado durante unas cuantas semanas. Ya me tocaba descansar, como imagino que se deducía cada vez más del contenido de los textos. Aún así quizá no lo deje completamente desatendido porque me lo paso bien, cosa que negaré a cualquiera de mis superiores si me lo preguntan. Espero que no salga de aquí.

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Un cosita breve. Berlusconi está hoy en Moscú, como siempre en plan compadreo. Todo es tan campechano que va y dice:


"He dicho a Medvedev que Obama lo tiene todo para estar de acuerdo con él: es joven, guapo y también bronceado"


Por supuesto, esta declaración se autodestruirá más o menos en 12 horas, cuando Berlusconi lea lo que ha dicho en los periódicos, lo desmienta y diga que nos lo hemos inventado los periodistas.

Por si acaso, insertamos el documento:

Ya ayer su primera reacción tras la victoria de Obama fue decir que, siendo más mayor que él, podría darle valiosos consejos.

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Berlusconi escribió el otro día en una revista médica, todo emocionado, que probablemente la ciencia conseguirá que la vida llegue tranquilamente a los 120 años. Es decir, para lo que a él le interesa, la edad media de los jugadores del Milan podrá seguir subiendo hasta el infinito y el término gerontocracia, tal como lo conocemos en Italia, aún está en sus albores. De ese modo ahora nos hallaríamos, prácticamente, en un jardín de infancia comparado con lo que se avecina. Bueno, ya dijo hace unos años su médico personal y alcalde de Catania, Umberto Scapagnini, (todos los que son algo personal de Berlusconi obtienen de regalo un cargo político) que el magnate "técnicamente, es casi inmortal".

Berlusconi, de 72 años, no parará de rejuvenecer y, según algunos analistas, será por lo menos papa en 2037. Según ha explicado, la palabra "viejo" podía servir hace unos años para alguien, por ejemplo, de 60 años, "pero hoy no son pocas las personas que a esa edad emprenden nuevas aventuras". "Goethe- continúa- se enamoró a los 72 y Tolstoi a esa edad profundizó el estudio del hebreo". Mientras Berlusconi decide si tener un lío o estudiar arameo, hay quien teme una nueva transformación de este camaleónico personaje:

Es una viñeta de Giannelli en el 'Corriere della Sera'.

Hay por ahí una película rarísima de Ugo Tognazzi, una de las cuatro que dirigió, de ciencia ficción, un género poco transitado en Italia pero que tiene algunos titulos muy curiosos. Se llama 'I viaggiatori della sera' (1979) que en España se llamó 'Los viajeros del atardecer'. Describía un futuro en el que los viejos, al llegar a una cierta edad y ante la escasez de recursos en la Tierra, eran llevados a una extraña colonia de vacaciones y eran sacrificados, para dejar paso a los jóvenes. Fue antes de la célebre 'La fuga de Logan' (película y luego mítica serie de televisión), que tenía el mismo argumento. Otra curiosidad: se rodó en Canarias en escenarios volcánicos, idea que también precede, como en otros puntos, a la novela apocalíptica 'Posibilidad de una isla', de Michel Houellebecq. Sale por ahí el gran José Luis López Vázquez de gurú medio loco de la secta. Bien pensado, lo imagino perfectamente departiendo con Berlusconi sobre los problemas de la edad y el paso del tiempo.

Hoy casi se libran de la filmina, pero he encontrado milagrosamente una escena de esta película de Tognazzi. No es nada del otro mundo, pero tiene su encanto: se ve esa angustia setentera y nuclear de la ciencia-ficción, el futuro de plexiglás, las pintas modernas y el toquecillo erótico imprescindible de la época.

Sinopsis: La familia llega a las modernas instalaciones sacrificales y Tognazzi pide un café en la mesa. Le dicen que no está contemplado en las reglas, pero responde que lo contempla él. Pide un helado para el niño, que lo rechaza: «Como el niño es un poco gilipollas tráigame sólo un café». Se niegan a llevárselo. «¡Pero es posible que no se entienda que se ha perdido algunas cosas, sentarse a la mesa, pedir un café, es una placer irrenunciable, así como debe ser un placer para usted traérmelo a la mesa! El placer de trabajo basado en el residuo personal».

Interviene la mujer, Ornella Vanoni, en uno de sus raras incursiones en el cine. Pero el hijo dice que no insistan, que así son las reglas: «Nuestra sociedad se basa en el orden». Replica Tognazzi: «Una sociedad basada en el desprecio recíproco, donde en vez de hablar mirándose a la cara yo estoy hablando desde hace media hora con un culo».

El camarero cuenta entonces que él ya acompañó a su madre a la cita final e intentó contentarla, pero le recomienda que se lleve a su padre, que está «en un estado de cólera turbulenta», o llamará al ESPA (Ejército de Salud Pública). Tognazzi se queja de que le tratan como a un paquete. Fuera, su hijo le pide las llaves del coche, porque ahora conduce él. «Y una mierda, no te las doy. ¿Y tú no dices nada? En el fondo estos dos monstruos los has hecho tú», le dice a su mujer. «Sí, claro, cuando los hice tú habías salido un momento», contesta ella. «¡Eh, no, yo quito la firma!», replica.

El hijo teme que el camarero haya visto algo y avise a los de seguridad. La hija entra a pedir una tirita y ve que el camarero se dispone a llamar. Ella le ofrece su reloj si no llama, pero él preferiría «un gozo físico», porque su trabajo le obliga a un aislamiento forzado».

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Los postfascistas de Alianza Nacional (AN), uno de los dos partidos de la coalición PDL de Silvio Berlusconi, están muy exaltados con la conmemoración del 4 de noviembre. ¿Qué? ¿El 4 de qué? Sí, es lo mismo que se preguntan tres de cada cuatro italianos, que no saben lo qué es, según una encuesta que publica hoy el ‘Corriere della Sera’. Pero hay que saber un poco de historia, por lo menos para sacar quesitos amarillos en el Trivial: el 4 de noviembre fue el día del final de la Primera Guerra Mundial en Italia.

Está bien celebrar el final de las guerras, pero es que el Gobierno le ha dado por celebrar ahora, por primera vez, la victoria en esa guerra. El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN) se ha puesto muy pesado y ha introducido esta novedad conmemorativa, aprovechando que hoy ya se festeja el día de las fuerzas armadas. Le vemos a la izquierda en una imagen de esta mañana, haciendo risitas con Berlusconi. Al lado, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, está más atento a los solemnes actos.

Bueno, se dirá, pues que lo celebren. Total, han pasado 90 años. Lo que pasa es que últimamente, cada vez que la derecha italiana sale con aniversarios raros, se acaban leyendo libros de historia. Están muy nostálgicos. Bueno, pues esto es lo que he encontrado leyendo a Renzo de Felice, máximo historiador del fascismo italiano:

«El fascismo como movimiento fue en gran parte la expresión de clases medias emergentes, que habiéndose convertido en un hecho social, intentaron conquistar poder político. (...) Fue la Primera Guerra Mundial la que movilizó toda una parte de la sociedad italiana, que hasta entonces había quedado apartada. Y esta parte, movilizada para la guerra pero excluida del poder efectivo, después de la participación tiende, a través del fascismo, a reivindicar y adquirir su función (...) La guerra fue el hecho decisivo que puso en marcha el proceso. Sin la guerra no habría habido fascismo»

Estos chicos de la derecha están en todo. Aunque quizá no hilan tan fino. En realidad, lo que se pretende que esta fecha se añada a las dos establecidas hasta ahora como fiesta nacional en Italia: el 25 de abril, liberación de Italia de la Alemania nazi y derrota del fascismo, y el 2 de junio, referéndum entre monarquía y república, que ganó esta última. En resumen, para la derecha significa más o menos que por fin ellos tienen también algo que celebrar. Por ejemplo, el primer ministro, Silvio Berlusconi, jamás ha asistido oficialmente a las ceremonias del 25 de abril, pero ayer estaba en los actos conmemorativos.

La Primera Guerra Mundial, de todos modos, fue una gigantesca carnicería e Italia, aunque ganó, salió muy mal parada. Por eso se han alzado voces que critican la conmemoración, aunque como todo en Italia, son rabietas políticas. La terrible derrota de Caporetto, por ejemplo, es una trauma nacional. Stanley Kubrick contó magistralmente esta guerra en ‘Senderos de gloria’ (1957). Más modestamente, en Italia lo hizo Francesco Rosi, otro gran director un tanto olvidado, en ‘Uomini contro’ (1970, 'Hombres contra la guerra'), que no está nada mal.

Sinopsis: Un grupo de soldados italianos son enviados a la primera línea con una nueva invención, las corazas Fasina:"Permiten en pleno día acciones de una audacia extrema. El enemigo puede disparar con fusiles, ametralladoras, cañones. ¡Con la corazas Fasina, se pasa de todos modos!". Luego el general añade: "Los soldados romanos vencían gracias a las corazas". Tras masacrarlos, los propios soldados austriacos piden a los italianos que se detengan: "Basta, italianos, no se puede matar así, volved atrás". El teniente (Gian Maria Volontè), harto de combatir, grita: "¡Basta, basta con esta guerra de muertos de hambre, contra muertos de hambre!". Cuando ve al general ordenar el avance dice: "¡Ése es el verdadero enemigo, a nuestras espaldas, soldados alzáos, disparemos allí!".

Por esta película, Rosi fue juzgado por vilipendio al Ejército, aunque fue absuelto.

Mario Monicelli rodó también una película sobre esta guerra, ‘La Grande Guerra’ (1959), una obra maestra. «Caporetto no fue una derrota, fue una rebelión que serpenteaba desde hace tiempo y que explotó, los soldados se negaron a combatir, no soportaban más ser enviados al matadero», ha dicho estos días. Monicelli está a favor de que se recuerde la Gran Guerra, pero por honrar «no a los superiores ni al poder, sino a los soldados, hombres malnutridos,mal preparados, y mal dirigidos que resistieron con dureza». Es lo que cuenta en su película, con Alberto Sordi y Vittorio Gasmann en estado de gracia.

"¡Os hago yo ver como se hacen agujeros a una sartén!", dice Sordi para poder asar castañas.

El Ministerio de Defensa de entonces, dirigido por Giuilio Andreotti (sí, el mismo, ya en el 59), no le quiso prestar ayuda con material militar. De Monicelli, Gassman y Sordi se esperaba una comedieta irreverente. Pero salió un peliculón. Es un ejemplo sublime de algo que aparece en casi todas las películas bélicas italianas: retratan al soldado italiano como alguien descreído, que va obligado al combate, que desconfía de grandes valores como la patria o la nación y que, si puede, evita la violencia e intenta sobrevivir por su cuenta. Pero que saca toda su humanidad y heroísmo cuando menos se espera. Yo, en particular, si hay una guerra me iría con los italianos.

En la Primera Guerra Mundial Italia estaba al principio con la Triple Alianza, los que perdieron, pero se declaró neutral y luego, con pactos secretos, pasó al otro lado. En la Segunda Guerra Mundial se alineó con Hitler, pero tarde, sólo cuando la guerra parecía ya ganada. Sin embargo al final terminó en el otro bando, el vencedor.

Para terminar, volvemos a Renzo De Felice (aquí al lado, con su Toscano en la boca). Decía otra cosa sobre el auge del fascismo que da que pensar estos días, por lo que se oye sobre la famosa crisis económica:

«En Europa hay entre las dos guerras una cierta crisis general, que asume consistencia después de la crisis de 1929. Una crisis moral y política que afecta a vastos sectores de la burguesía, especialmente de la pequeña burguesía, y a ciertos ambientes intelectuales. Es una crisis de desconfianza en la democracia y en el capitalismo, y principalmente en su eficiencia y funcionalidad, una crisis que después se amplía a toda una serie de aspectos de las sociedad de aquel tiempo. En esta situación se produce un despertar, un surgir ‘ex novo’ de interés por una serie de experiencias que se plantean como alternativas a la democracia y como un intento de poner fin a las principales disfunciones del capitalismo».

(Como la cita anterior, es una reflexión de su clásico 'Entrevista sobre el fascismo' (1975), que imagino, o quiero imaginar, que estará editado en España)

Nunca se sabe dónde llevan estos arreones de la historia. Y ¿no hay cierto aire general de que esto del capitalismo es una farsa y la democracia un programa televisivo malo?

A propósito, para comprender la crisis y cualquier otra cosa, recomiendo fervientemente el blog de Anatoli, un inmigrante de remoto origen eslavo, célibe y obsesionado con los membrillos. Vayan, vayan a ver.

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Ya solo faltaba él para que la atmósfera tenebrosa setentera fuera completa. Licio Gelli, de 89 años, dio el otro día una rueda de prensa para anunciar que comienza esta noche un programa de televisión en una desconocida cadena por satélite en el que contará la historia reciente, es decir, el último siglo, desde su punto de vista. Dios mío, todos a temblar.

¿Quién es Licio Gelli? Buena pregunta. Es el venerable anciano de la foto, que parece incapaz de matar una mosca. Podríamos estar aquí hasta mañana intentando sacar algo en claro sobre él. Nos limitaremos a una sucinta biografía que se asoma a los abismos de casi todos los misterios italianos.

Gelli, nacido en 1919, combatió en la Guerra Civil española con los fascistas italianos. Seguidor de Mussolini hasta la república de Saló, al final de la segunda Guerra Mundial acabó pasándose al lado de los partisanos, pero parece que era un espía doble. En la Guerra Fría se le asocia a la CIA y a la organización ‘Gladio’, una estructura secreta que actuaba para contrarrestar la influencia comunista y estaba lista para intervenir en caso de una victoria electoral del PCI. Del mismo modo se sospecha que participó en el intento de golpe de Estado llamado Borghese, en 1970. Pero Gelli salió a la luz en 1981 con el escándalo de la logia masónica P2, una organización secreta con el objetivo de controlar el Estado (Plan de Renacimiento Democrático) donde estaban inscritos cientos de altas personalidades de todos los campos. Políticos, generales, policías, magistrados, periodistas,... Gelli era el Gran Maestre Venerable. Es muy entretenido repasar la lista, aunque da un poco de miedo, ustedes mismos, y la pueden encontrar pinchando aquí. Su nombre apareció también en el caso de la quiebra del Banco Ambrosiano y el asesinato de su director, Roberto Calvi, suicidado en 1982 bajo un puente de Londres. Tiene una condena por intentar desviar la investigación de la masacre de la estación de Bolonia, en 1980, el peor atentado de los años de plomo con 85 muertos, aún sin resolver.

En fin, lo que se dice un clásico.

En Italia ha habido este fin de semana un poco de ruido, como siempre, como manda la tradición, en un ritual que se repite cíclicamente, con sus declaraciones. Por ejemplo:

«Nací con el fascismo, soy fascista y moriré fascista»
«El único que puede poner en práctica el Plan de Renacimiento Democrático es Silvio Berlusconi, tiene el temperamento del gran hombre, aunque ahora está en un momento de debilidad porque usa poco la mayoría parlamentaria (...) Si uno tiene la mayoría debe usarla, sin importarle la minoría, que no puede salir a la calle ni ofender»
«El Plan de Renacimiento estaba dirigido al bien, queríamos más disciplina, orden y cambiar las cosas que no funcionaban, como la magistratura»
«Ahora, con la pobreza, el terreno es fértil para un retorno de las Brigadas Rojas. Y si vuelven, volverán las masacres».

Uf. Es que esto no acaba nunca.

Ah, como mencionamos ya en otro capítulo dedicado a la masonería, se me olvidaba decir que en la lista de afiliados de la P2 descubierta en 1981 estaba un prometente constructor y empresario llamado Silvio Berlusconi, actual primer ministro. Ah, y que el actual jefe del grupo parlamentario del Pueblo de la Libertad (PDL), la coalición de centro-derecha, Fabrizio Cicchito, también estaba en la lista.

Gelli es el prototipo del Grande Vecchio, el gurú inmarcesible, diabólico y maquiavélico que lo sabe todo, que lo puede todo, que lo controla todo, el amo de los secretos, que no muere nunca y envejece sin fin. Bueno, a Andreotti, de 89 años, el domingo le dio un yuyu en directo en televisión. Esa gerontocracia fosilizada que domina, o aparenta dominar, los destinos del país y a la que todos temen y veneran, que custodian armarios llenos de esqueletos de todo el mundo, con la que hay que congraciarse para salir adelante y que tienen sus redes de acólitos y discípulos.

Pero para despejar aires tan funestos queremos recordar a otro Grande Vecchio por excelencia, ¡¡el Megapresidente Galáctico de la compañía de Fantozzi!!, al que tenemos un poco abandonado con tanta cita cinéfila de nivel.

Sinopsis: Llaman a casa Fantozzi, que ha sido despedido, el día de la cena de Nochebuena. No es una broma, es el Megapresidente Galáctico en persona. «Caro Fantozzi, tengo aquí su petición de readmisión, perdone si turbo la intimidad de su casa en esta santa noche, pero yo la paso aquí, en mi oficina, porque para mí el trabajo es oración, tengo que hablarle...»
Fantozzi sale disparado. «¡¡Acepto todo!!», dice al entrar.
Aunque no ha oído la propuesta, dice que se rinde sin condiciones. «¿Pero tiene miedo? Si le queremos tanto...», dice el Megapresidente al verle amedrentado ante su mano. «Sí, precisamente por eso», responde él. «¡Venga, matemos el cordero!», dice. «¿¿Yo??», salta Fantozzi angustiado. «No, usted es el hijo pródigo, bienvenido».
Fantozzi es contratado de nuevo. Pero no en su puesto. "Además del perdón de la compañía, obtiene la alegría purificadora de merecerlo". Empezará desde el escalón más bajo: le contratan como pararrayos. «¡Ría, ría, el trabajo es alegría!», le dice el Megapresidente al despedirse.

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"No sé por qué, pero nunca he ido al lugar donde asesinaron a Pasolini" ('Caro diario', 1993, Nanni Moretti):

Ayer se cumplieron 33 años de la muerte de Pier Paolo Pasolini. Al menos han adecentado el lugar y hubo un pequeño acto. Por allí andaba también uno de sus asesinos, Pino Pelosi, el único que pillaron. Tras 26 años de cárcel, en su trabajo social de resinserción le ha tocado ser jardinero del recinto. Ha dicho, para variar y como otras veces, que un día de estos dirá la verdad, que había más personas, que lo va a contar todo. Otro misterio italiano que no acaba nunca.

En estas mismas dunas de Ostia poco tiempo antes Pasolini concedió una entrevista en la que exponía sus funestas predicciones sobre el camino que había tomado Italia. Son las mismas ideas que se ven en sus escritos de sus últimos años y que hoy dan escalofríos al leerlas, por su denuncia del poder de la televisión. Qué diría hoy de Berlusconi.

Sinopsis: "...ahora sucede lo contrario. El régimen es democrático, pero esa aculturación, esa homologación que el fascismo no consiguió obtener en absoluto, el poder de hoy, de la sociedad de consumo, lo consiogue perfectamente, destruyendo las realidades particulares, quitando realidad a los diversos modos de ser hombres que Italia ha producido en modo históricamente muy diferenciado. Y esta aculturación esta destruyendo Italia. Y puedo decir sin duda que el verdadero fascismo es este poder de la sociedad de consumo que está destruyendo Italia. Esto ha ocurrido tan rápidamente que no nos hemos dado cuenta, ha ocurrido todo en estos últimos cinco, seis, siete, diez años,... Ha sido una especie de pesadilla en la que hemos visto Italia destruirse, desaparecer, y ahora que nos despertamos, quizá, de esta pesadilla y mirando alredoder nos damos cuenta de que ya no hay nada que hacer".

Bueno, terminamos con una película. Aunque Pasolini hacía de todo: poesía, teatro, ensayo, artículos de prensa, jugaba al fútbol,... El cine de Pasolini es a veces difícil, con serias incursiones en el tostón. Claro, era un intelectual. Pero tiene muchísima potencia, libertad, desgarro, poesía, amargura, según... Hay que buscar.

Una de las cosas más bonitas que hizo, y menos conocidas, fue un capitulito escondido en una de esas películas corales, de muchos directores, que se hacían en aquellos años. El filme se llama 'Capriccio all'italiana' (1967), y su capítulo '¿Qué son las nubes?'. Cuenta la historia de un espectáculo de marionetas donde se recita 'Otello', aunque las marionetas no entran en sus papeles. Otello (Ninetto Davoli) no comprende su papel y dialoga con el malvado Yago (Totó):

Sinopsis:

-Yo soy un asesino, soy un asesino, ¿quién se lo iba a creer? ¡Soy un asesino! ¡Mierda! ¿Pero por qué? ¿Pero por qué hago las cosas que me dice Yago, por qué soy tan estúpido?
-Quizás porque en realidad eres tú quien quiere asesinar a Desdémona.
-¿Cómo? ¿Yo quiero asesinar a Desdémona? ¿Por qué?
-Quizá porque a Desdémona le gusta ser asesinada.
-¿Ah sí? ¿Es así?
-Quizás es así.
-¿Pero cuál es la verdad? ¿Lo que pienso yo de mí? ¿O lo que piensa la gente? ¿O lo que piensa ese de ahí adentro?
-¿Tú que sientes dentro de ti? Concéntrate bien. ¿Qué sientes?
-Sí, sí, siento que hay algo.
-Eso es la verdad. Pero, sssh, no hay que nombrarla, porque apenas la nombras, ya no está.

Al final del cuento, las marionetas acaban en un basurero, donde ven las nubes por primera vez.

Fue la última aparición en una película del gran Totó. Con Pasolini comenzó la reivindicación artística de Totó, hasta entonces despreciado por la crítica como un actor de segunda fila de cine popular.

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28 Oct 2008

Lui (6): one man show

Como quizá ya saben, el sábado hubo una gran manifestación del Partido Demócrata (PD) de Walter Veltroni en Roma. Ellos dicen que había dos millones y medio de personas. La Policía dice que 200.000. Diga usted una cifra a ojo viendo la foto de abajo y tendrá la misma fiabilidad. En fin, lo normal en un país donde se exagera e ir al grano se considera una falta de tacto. También el 2 de diciembre de 2006 hubo una gran manifestación de Berlusconi contra el Gobierno de Prodi en la plaza de San Giovanni y él dijo que había 2,2 millones de personas, aunque la Policía lo dejó en 700.000. Curioso, porque San Giovanni es mucho más pequeño que el Circo Massimo.

Es más, si alguien, prensa o políticos, tuviera el menor apego a la objetividad bastaría recordar, como explicó una vez la Policía, que el Circo Massimo mide 140.000 metros cuadrados y, con cuatro personas por metro cuadrado, como mucho entran 560.000. Por no hablar de San Giovanni, que mide 39.000 metros cuadrados, más de tres veces menos.

En fin, en estas prescindibles consideraciones sobre la diferencia entre la realidad y lo que se hace pasar por real, lo que nos interesa aquí hoy es la cobertura mediática de la manifestación del sábado del PD. Para la televisión pública, las tres cadenas de la RAI que controla el Gobierno de centro-derecha de Silvio Berlusconi, no existió más que en los informativos. Para las tres cadenas de Mediaset, el imperio audiovisual de Silvio Berlusconi -el mismo señor, no es un caso de homonimia- menos todavía. Hubo tres cadenas que se conectaronen directo: Sky y RAI News 24, que se emiten por satélite, y La 7, la cuarta cadena privada, que ven cuatro gatos.

Lo llamativo es que en aquel 2 de diciembre de 2006 (en la foto de arriba), cuando fue Berlusconi el que se manifestó contra el Gobierno, sus tres cadenas le dedicaron largos especiales en directo, con reporteros en el gentío en distintos puntos, analistas en tertulia en el estudio y toda la redacción desplegada.

Durante el Gobierno de Prodi, los informativos de Mediaset-Berlusconi dedicaban un 33,45% del tiempo a la oposición, es decir, a él, y un 32,1% al Ejecutivo. Ahora, un 63,3% al Gobierno de su jefe, es decir, a Berlusconi, y un 16,7% a la oposición.
¿Conflicto de intereses? Esa expresión hace años que ha perdido cualquier significado en Italia, a fuerza de usarla a diario. Si no, vean lo que dijo el otro día Berlusconi a los industriales italianos reunidos en una cena en Villa Madama: «No sé cómo podéis aceptar que la RAI ponga vuestros anuncios en programas que sólo difunden pánico y desconfianza».


Es un caso único de jefe de Gobierno que intenta desviar financiación de la televisión pública, un conflicto de intereses en el conflicto de intereses. Es que Berlusconi tiene la teoría de que en la RAI, pese a tenerla bajo control, hay infiltrados comunistas. Está pensando, más que nada en RAI 3, la de menor audiencia, cuyos telediarios son casi normales. RAI 3 es la cadena que en el reparto que se hizo en su día de la televisión entre partidos -por eso hay tres- le tocó a los comunistas.

Para Berlusconi la televisión debe reflejar un mundo feliz de telepromoción y consumo alegre, un nimbo confortable de buenas noticias donde no sea necesario estrujarse demasiado la sesera. Se ha escrito mucho, y se sigue haciendo, del papel de la televisión berlusconiana, un mundo satinado de mediocridad, concursos y chicas, en la modelación del italiano medio actual, convertido luego en votante del propietario de esa televisión. Según decía el otro día el 'Financial Times', que es todo menos un diario de extrema izquierda, la situación informativa en Italia está alcanzando "niveles de Corea del Norte".

A todo esto, la televisión italiana, con todos sus defectos y dejando a un lado los informativos, es mejor que la española, que es un horror de serie B. Piensen lo que quieran y saquen sus conclusiones para el futuro.

En 1981, un año después de que comenzara a emitir la primera cadena de Berlusconi, Canale 5, Nanni Moretti ya se hacía una idea de por dónde iban a ir los tiros en 'Sogni d'oro' (Sueños de oro).

Sinopsis: Tras la final del concurso, el presentador dice: "Una apoteosis, una verdadera apoteosis para Gigio Cimino; el toque gélido de la derrota para Michele Apicella, que quiere saludar, quizá por la última vez, al público que una vez lo idolatró". Y Michele saluda.

Pues eso.

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Estas últimas semanas hay mucha movida en las universidades y en los institutos italianos. En el periódico se puede seguir, como el horario de farmacias, qué centros se han declarado en estado de agitación, cuáles han sido ocupados y en dónde se ha instituido una autogestión. Este vocabulario de lucha de clases tal vez alarme, pero no hay que preocuparse, es normal. Los alumnos de los institutos italianos ocupan las aulas, se llevan los sacos de dormir y colocan pancartas en las ventanas a la primera de cambio. Es muy divertido, como una fiesta de pijamas pero con archivadores. A la izquierda vemos a unos alumnos de Economía de La Sapienza divirtiéndose como niños ocupando su facultad el otro día.

Al margen de los motivos y la justificación de la protesta, contra una reforma educativa y el anuncio de recortes en la financiación de la universidad, en realidad da igual. Es lo mismo desde hace años cada vez que alguien, derecha o izquierda, quiere reformar algo. En estos casos siempre hay guerra de números, los chavales no se enteran realmente de nada y la masa corea consignas huecas. Lo importante es que cada generación de alumnos italianos tiene su derecho a jugar un rato al 68. Siempre les ha fastidiado que se les ocurriera a los franceses y no a ellos. La política en Italia, como ya se ha dicho otras veces, es una pose juvenil más y, en el caso del 68, permite además ponerse ropa supermolona que ahora vuelve a estar de moda. Es una costumbre que viene de los sesenta, de las bofetadas entre rojos y negros, aunque en aquella época el jueguecito degeneró en grupos terroristas. Una película reciente que no está nada mal, 'Mio fratello è figlio unico' ('Mi hermano es hijo único', 2007, Daniele Luchetti) lo cuenta muy bien:

Pero hay que prestar atención a estas movilizaciones de hoy porque seguramente entre sus líderes se hallen los políticos del futuro, es decir, aquellos que quizá aspiren al poder cuando tengan 60 años, según la media actual. Entretanto tendrán que hacer méritos. Comparado con los chavales españoles, tan pasivos e incapaces de argumentar incluso la defensa del botellón, en Italia es asombroso comprobar el pico de oro que tienen muchos chicos con el megáfono, cómo dominan la jerga política, las grandes palabras y conceptos vacíos, la demagogia gritona y la confusión de ideas... ¿dónde lo habrán aprendido? Pues en la universidad, claro. En Italia los exámenes son orales y la retórica se mama desde pequeñito. Luego, algunos, los más espabilados, sienten la llamada de la política, o lo que es lo mismo, del verdadero puesto fijo.

Si no, miren estas fotos:

El chavalín de la derecha, en la foto en blanco y negro, es Walter Veltroni, actual líder de la oposición, el Partido Demócrata (PD). Sin veinte años cumplidos ya estaba codeándose con Pasolini en una protesta estudiantil. No presten atención al otro de la camisa de cuadros, que es Ferdinando Adornato, ahora en Forza Italia con Berlusconi. En cambio, en las siguiente imágenes vemos a Gianni Alemanno, uno de los líderes de la derecha, en la posfascista Alianza Nacional (AN), y actual alcalde de Roma.

La foto en blanco y negro me parece que es de una manifestación contra Bush padre. Tanto Veltroni como Alemanno empezaron de críos en el arte de protestar y ya han podido vivir toda la vida sin dar ni golpe. Bueno, quizá alguno sí, porque Alemanno fue detenido varias veces con sus compañeros fascistas, uno de esos grupos de palizas callejeras, aunque luego fue siempre absuelto.


Lo mismo le pasa al ministro de Interior, Roberto Maroni, de la Liga Norte, a quien Berlusconi le pide caña a los estudiantes y que les mande la Policía, pero es que la Policía le sacudió al propio Maroni y a los suyos en 1996, cuando irrumpió en una de sus sedes. Les acusaban de ser un grupo paramilitar por una de sus locuras, formar una especie de Guarda Padana. De hecho condenaron a Maroni a cuatro meses y 20 días de cárcel por resistencia a las fuerzas del orden. Hasta le mordió a un agente en un tobillo. Pero ya lo ven, esto es una carrera de fondo y ahora es ministro de Interior. Aquí a la derecha vemos al feroz muerdetobillos en una foto de la época. Quizá la faceta oscura ya se deducía de su corbata.

Al menos hay políticos dignos como Berlusconi, que ya ha dicho que él a la universidad iba a estudiar y no se ha manifestado en su vida. En fin, que no se sabe qué es peor.

Total, que ahí siguen los mismos desde hace treinta años. Como si en España siguiéramos con Felipe González, Landelino Lavilla, Santiago Carrillo o Manuel Chaves (bueno, quizá este no es un buen ejemplo).

Lo más curioso de las supuestos conatos cotidianos de revolución en Italia y de todas las manifestaciones que discurren a diario por todas las ciudades es que se hacen al revés que en el resto del mundo: para que nada cambie. Muchos de los italianos que he conocido que han tenido más oportunidades en la vida, los más formados, los más brillantes, no aspiran mínimamente a cambiar nada. Aunque los más listos quizá sean los que se van.

Para no agotar más al lector, vayamos al cine italiano, que como siempre, ha caricaturizado muy a menudo el joven pseudo revolucionario ofuscado. Una de las interpretaciones más famosas es de Carlo Verdone en su primer filme, ‘Un sacco bello’ (1980), que ya mencionamos un día. He aquí Ruggero, huido a una comuna naturista de Umbria, donde vio la luz, y que regresa a Roma a repartir pasquines en un semáforo, con la mala suerte de que se encuentra con su padre, el gran Mario Brega.

Sinopsis: Lo gracioso de esta secuencia es la forma de hablar de la banda alternativa, el tono y los términos, que definen a este tipo de personajes y aún hoy, tres décadas después, siguen vigentes. A ver si traduzco todo sin aburrir. Ahí va Ruggero con el primer automovilista:

"Hola, somos un grupo de chicos ¿no? que están formando una comunidad agrícola en Cittá della Pieve ¿no?, como alternativa a la contaminación urbana, entendido no sólo como escorias y etcétera, sino como contaminación moral, ¿entiende en qué sentido? Pero mire que no hay nada de política en esto, es decir, estamos completamente fuera de ciertos juegos de poder..."

Y Fiorenza, su chica, que sólo obtiene dos fichas de cabina de teléfono: "¿Pero me aseguras que no son para droga?" "Me parece que con dos fichas es difícil comprar droga, pero de todos modos es un tipo de experiencia que no nos interesa".

Y Cristiano, el clásico pringado del grupo, que topa con un romano romano romano: "Aó, llevas siete días dándome el coñazo...."

Hasta que Ruggero se encuentra con su padre, un romano de tomo y lomo. "¡Ah, pero has vuelto!¡Cómo has cambiado!" "Sí, quizá dentro he cambiado" "También la voz (se refiere al tono engolado característico) , pero al menos una llamada de teléfono..." "A menudo establecer algunos tipos de relaciones es bastante problemático" "¿Bastante qué?" "Problemático".

Entonces le abraza y le soba y Ruggero se revuelve: "¡Basta con esta violencia!". El padre le sugiere ir a tomar un café, porque si no llega a pasar por casualidad ni lo ve. "Pero cómo por casualidad, si sabías que estaba aquí, acéptalo, acéptalo..." Al final le convence para ir a casa a tomar el café. Ruggero llama a la chica, Fiorenza. "Como hemos establecido un principio de compartir todo, a este punto me parece justo dividir en dos este café".

Luego, Mientras esperan que el padre haga una llamada Ruggero se lamenta: "¿Entiendes ahora por qué me fui de casa hace dos años?" "Hombre, la cara de fascista la tiene" "Ni siquiera fascista, ojalá lo fuera, al menos habría tomado partido en su vida...". Luego siguen camino, mientras el padre, que antes ha vuelto a reírse de su extraño timbre de voz, ahora se ríe de las palabras que usa.

Como siempre en las películas italianas, es una ocasión para ver Roma: la Via Petroselli, al lado del Teatro Marcello, y luego, en la escena de la cabina, Pirámide.

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Berlusconi ofreció en la cena del otro día en la Casa Blanca este impagable momento digno del mejor Fantozzi, tanto por la adulación desvergonzada como por la comicidad involuntaria, en resumen, por el arte del ridículo.

Por si alguien aún se lo pregunta, en la tele italiana (recuérdese que la mitad es suya y la otra mitad es pública, siendo él primer ministro) estas imágenes no se han puesto, o al menos yo no las he visto.

Aunque hay una traducción simultánea muy útil, subrayo la frase culminante:

"Esto es lo que puede hacer el demasiado amor", dice tras romper el atril.

Y luego, la despedida en medio de los aplausos, en el mejor estilo de programa de telepromociones de madrugada, vendedor de crecepelos o predicador loco del lejano Oeste:

"A todos vosotros mis deseos más sinceros para que cada uno pueda realizar los sueños y proyectos que lleva en el corazón, por vosotros, por vuestros seres queridos y por toda América"

Postdata seria: Como se cuenta en el periódico de hoy, Berlusconi ha alcanzado el máximo de su popularidad política, con un 62% de los italianos que confían en él, nueve puntos más que cuando ganó las elecciones en mayo, y eso que ya entonces arrasó. Mientras, la oposición se hunde. Entre otras cosas porque no existe. Había una vez un cierto Walter Veltroni y algo llamado Partido Demócrata (PD), pero corre el rumor de que se trató de una leyenda.

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14 Oct 2008

Lui (4): Columbus Day

A Berlusconi le encanta ir a la Casa Blanca y proclamar a la más mínima ocasión su amor por América (aquí, como los estadounidenses, casi nadie dice Estados Unidos). En la Casa Blanca la zona cerebral de Berlusconi destinada a la adulación y el peloteo dispara su actividad. Siempre lo hace, y así puede afirmar su perfecta sintonía con Putin o Bush simultáneamente y, si se diera el caso, podría hacerlo con Israel e Irán en el mismo día y sin perder la sonrisa. Así son los negocios, el marketing y las relaciones públicas. Luego hace lo que le da la gana, y eso debe de ser la política. Pero en esta ocasión se superó, porque sabe que Bush se larga y, total, le sale gratis.

La pasión por Estados Unidos y lo anglófono es nacional, desde la liberación aliada. En Italia se aprende casi más inglés que italiano, de la contaminación lingüística del idioma, y el Columbus Day es una debilidad de los políticos italianos. El Columbus Day es, por si no está claro, el 12 de octubre. Quinto centenario y lo que se quiera, pero Italia con su insuperable habilidad comercial ha vendido, prácticamente, que ellos descubrieron América, y eso que no es seguro que Colón (Colombo) fuera genovés. De hecho, en los actos del 12 de octubre en Estados Unidos ondea la bandera italiana y hay representación oficial italiana. Si se le une la negligencia y el complejo provinciano de los españoles para vender lo suyo el resultado es muy comprensible.

Total, que Berlusconi se fue para allá tan contento. El binomio Berlusconi-Bush siempre ha dado frutos espléndidos, una especie de guiñol pero en carne y hueso. Como dúo cómico es insuperable. Esta vez no ha sido menos. Veamos algunos momentos:

Bush: «Tengo con Berlusconi una relación excelente y un genuino respeto. Aprecio su amistad y su sabiduría. Es un hombre sincero, capaz de palabras leales y claras, capaz de mantener la palabra dada y me gusta su optimismo sin límites».
Berlusconi: «He encontrado en ti un hombre de grandes ideales y grandes principios. No he encontrado nunca el cálculo del político, sino siempre la sinceridad y la espontaneidad de una persona que cree profundamente en todo lo que hace. La Historia te definirá como un gran, grandísimo presidente, más de lo que en Europa están dispuestos a reconocer, un hombre que ha combatido por sus propios principios, que no ha cedido nunca a los intereses de parte, un idealista».

La verdad, es desolador que después de tantos años de amistad se conozcan tan poco. Luego siguieron:

Berlusconi: «Yo estoy siempre de la parte de Estados Unidos, antes incluso de saber de qué parte están los Estados Unidos» (...) «Juntos para derrotar el terrorismo, las fuerzas del Bien contra el Reino del Mal»
Bush: «He visto lo que le dijiste a Ahmadinejad, estás más a la derecha que yo...» (se refiere a una reciente comparación con Hitler)

Naturalmente, Berlusconi contó su batallita de todos los años, de cuando -según dice él- su padre le llevó a visitar las tumbas del desembarco aliado en Anzio cuando era un niño.

No faltó el análisis de la crisis financiera:

Berlusconi: «George, la verdad es que la crisis la habéis empezado vosotros, es culpa vuestra».
Bush: «Lo sabemos, la responsabilidad es de la codicia de muchos ejecutivos que no sienten la nación»
Berlusconi: «La economía real es sólida, evitemos que se resienta de la crisis. Desde luego yo no haré políticas socialistas»
Bush: «Tienes razón, yo tampoco pasaré a la historia como un presidente socialista»

Y esto es todo amigos.
Lástima que terminooó el festivaaal de hoy...

Qué mejor que recordar una escena legendaria, que ahora me sorprende que no haya salido antes. Es, claro está, "Un americano a Roma" (1954, Steno), símbolo absoluto de la pasión italiana por Estados Unidos.

Sinopsis: Sordi, en el papel del mítico Nando Mericoni, está obsesionado con parecer americano y hace todo lo que se le ocurre para parecerlo, copiándolo de lo que ve en las películas. Hasta chapurrea una especie de inglés con palabras que le suenan. Pero llega el momento de la cena. "Maccarone (apelativo despectivo de los italianos), esto es de carreteros. Yo soy americano, como mermelada, yogurt, leche, mostaza, cosas sanas, sustanciosas... Así vencen a los apaches, no beben vino tinto, beben leche, por eso no se emborrachan, los americanos son fuertes, no puedes combatir con ellos...". Empieza a comer, mirando a los macarrones con desprecio: "Yo te destruyo, maccarone, qué me miras con esa cara intrépida, pareces un gusano". Pero lo que se mete en la boca es un asco. Entonces, pensándolo mejor, dice la frase que ha quedado para la posteridad: "Maccarone, m'hai provocato e io ti distruggo adesso, io me te magno" (Maccarone, me has provocado y yo te destruyo, te como). Y se come el plato de pasta.

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Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que versar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

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