Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Ya sabrán la última. En teoría, el partido de Berlusconi, el PDL, no podrá presentarse a las elecciones regionales en Roma ni en Lombardía, la región de Milán. En Milán tenían firmas irregulares y en Roma el tipo encargado de presentar los papeles llegó al tribunal cuando ya había terminado el plazo. Bueno, en realidad llegó media hora antes, pero salió un momento y cuando volvió habían cerrado. ¿A qué salió? No se sabe muy bien. En principio se dijo que había olvidado el papel de los símbolos, luego se sospechó que había intentado modificar algunos nombres, pero la excusa oficial es que... había ido al bar a comerse un bocadillo.
Gracias a este desmadre tenemos un buen entretenimiento para los próximos días. Al margen del espectáculo, la cuestión de fondo que se impone es, obviamente, si las reglas deben respetarse y deben ser iguales para todos. Analizaremos el problema con el material noticioso de esta semana. Mi respuesta personal es que en Italia la respuesta será, sin ninguna duda, que no. Verán como al final los candidatos excluidos se presentan. A esta hora, cuando escribo, están enredando todos nerviosos a ver qué se pueden inventar, si un decreto o algo. Todo es buscar la excepción a la regla, la solución a un sistema injusto que tiene el obsceno error de no reparar en los casos personales. Yo, debo decirlo, a veces estoy a favor, sobre todo en mis casos personales, para qué les voy a engañar, también soy humano. Hay una honda y antigua sabiduría en esto que no sé explicar y no tiene ninguna justificación.
En este caso, es verdad, a cualquiera se le ocurre que es una barbaridad que el primer partido de Italia no pueda acudir a las urnas, pero es que sólo en Italia se colocan ellos solitos en estos casos límites, ideales para los dilemas filosóficos y las clases de derecho. A veces todo es muy bananero, tiene un encanto exótico.
El lema del PDL en esta batalla es «la burocracia no puede asesinar la democracia». Los pretextos para burlar la ley siempre se distinguen porque están llenos de grandes y abstractas palabras, los altos ideales. Tan altos que por debajo uno hace lo que quiere. Ya han visto, las leyes son burocracia, obstáculos, y un enemigo de la democracia. Esta retórica siempre funciona. Las leyes son como las normas de tráfico, meras referencias, no límites. Miren sino la reflexión de todo un ministro de la Defensa, Ignazio La Russa: «Esperamos confiados los veredictos sobre nuestras listas, pero no aceptaremos nunca una sentencia que impida votarnos. Estamos dispuestos a todo». Huy, a lo mejor saca los tanques a la calle.
No se crean que esto ocurre por falta de leyes. Italia es el país con más leyes del mundo. Ni se sabe el número y se suele decir que son diez veces más que en Francia o Alemania. El PD dijo una vez, en una propuesta de simplificación, que en Italia hay 21.291 leyes, 4.547 en Alemania y 9.800 en Francia.
Sea lo que sea, muchísimas leyes. ¡Y cómo son! Miren este decreto de la Gaceta Oficial de Sicilia del pasado 29 de enero: «Visto el Estatuto de la Región, vista la ley regional de 15 de mayo de 2000,....», y así seguía enumerando leyes, líneas y más líneas hasta que llega al asunto: «... el señor Bellavia, Vincenzo, nacido en Palermo el 7 de junio de 1967 y residente en Via Giotto número 78 es autorizado a criar con fines amateur y ornamentales la fauna autóctona enumerada a continuación por número y especie: nueva parejas de jilgueros (Carduelis carduelis)». En total, 523 palabras, como reseñaba puntualmente el ‘Corriere della Sera’, para esta chorrada. Imaginen para las cosas importantes. Les encantan los floripondios y el adorno, y las reglas en ese sentido cumplen su cometido a la perfección.
Otro ejemplo memorable han sido las primeras sanciones por blasfemar de la federación de fútbol (siete). De por sí ya ha sido un disparate crear una norma así, por el meapilas de su presidente, pero desde luego la diversión que ha traído ha merecido la pena. Las condenas se basan en lo que oyen los jueces de línea o en la lectura de los labios de los jugadores en televisión. Ya se imaginan el lío. La pena máxima es por ‘Porco Dio (Dios)’, pero se suele alegar que se ha dicho ‘Porco zio (tío)’. Como en España con ‘Ostras’ o ‘Cagüen ros’. A Davide Lanzafame, del Parma, no se lo han admitido. Pero Michele Marcolini, del Chievo, has ido más listo. Asegura que dijo ‘Porco Diaz’. No en referencia al general Armando Diaz de la Primera Guerra Mundial, aclaró, sino a un ex-jugador argentino del Inter. Decisión del tribunal: «El futbolista clivense saliendo del terreno de juego como consecuencia de la expulsión infligida poco antes, profería aparentemente una expresión jergal, en uso en el Triveneto y Lombardía, con vulgar referencia a Diaz y no a Dios». Fue absuelto.
No se engañen, estas leyes tan barrocas y preciosistas luego son un coladero. Es un círculo vicioso, porque hecha la ley, hecha la trampa y cuantas más leyes, más trampas. No paran de buscar el hueco para escabullirse y debe reconocerse su talento e imaginación en la tarea. Berlusconi, naturalmente, es campeón mundial y no les voy a aburrir otra vez con sus hazañas. Como las mismas leyes, todo es una cuestión de estilo y jugar hábilmente con las formas. Como en esta magistral lección política de ‘La giornata dell’onorevole’, capítulo de ‘I mostri’ (1963), mina inagotable de sabiduría del gran Dino Risi con el enorme Ugo Tognazzi:
Sinopsis: El ‘onorevole’ se aloja durante las vacaciones en un convento, donde vive a cuerpo de rey. Es un ejemplo de libro de democristiano de la época, con una fusión total entre Vaticano y partido. Esta relación y proximidad llega a nuestros días. En un plano más inconfesable, ahí tenemos ahora el escándalo de la Protección Civil y a un nigeriano del coro de San Pedro consiguiéndole chicos y algún seminarista a Angelo Balducci, un alto cargo de obras públicas, ‘gentiluomo de Sua Santità’. En fin, que nos distraemos. Al onorevole le lleva el desayuno un frailecillo afeminado. Luego llama a la familia, que veranea en Forte dei Marmi, destino playero pijo en Toscana. Pregunta por la prole y dice que no irá al Parlamento, porque no hay nada que hacer.
Al salir le aborda un colega del partido por un asunto urgente. Se trata de una compra de terrenos para una edificación surrealista de chalés para los 3.000 empleados de un ente absurdo. En definitiva, el clásico pelotazo corrupto. Sin embargo, hay un tal general Olivazzi, un técnico del ministerio, que ha descubierto que el Gobierno paga los terrenos diez veces por encima de su valor real. Es decir, lo mismito que en el actual escándalo de adjudicación de obras de la Protección Civil, y ha pasado medio siglo.... El general pretende presentar un dossier al ‘onorevole’ ese mismo día para denunciarlo, antes de que se apruebe el plan y sea demasiado tarde. El diputado le interrumpe: «Yo soy un diputado, y tengo responsabilidades hacia el Parlamento y el país, y sobre todo hacia mi conciencia. Luego, si este general Olivazzi me presentara el dossier y yo comprobara la veracidad de sus afirmaciones, lo siento por vosotros, pero cumpliré mi deber hasta el final». El compañero se alarma y dice que el escándalo será terrible, que hará caer el Gobierno.
Al llegar al despacho aparece su asistente. Es otra figura esencial de la política italiana. El ‘portaborse’, chico para todo que hace méritos, pelotea, obedece y traga con lo que le echen durante años hasta que le colocan. Por las calles de Roma, en torno a los edificios oficiales, se les ve a patadas. Este secretario, también afeminado, le dice que le espera el general Olivazzi por algo muy urgente. Dice que le hagan pasar.
El general está retratado, todo digno, como uno de esos italianos honestos de una pieza. Pobrecitos, esa raza condenada a la extinción, devorada por sus congéneres. El ‘onorevole’ lo sienta y le dice que en unos minutos está con él. De inmediato se va a una ceremonia militar al Palatino, aunque el asistente le recuerda que había dicho que no iba. Luego el secretario llama a la oficina y le dicen que el general sigue allí esperando. Entonces decide ir al Parlamento. En el despacho, el general ahí sigue. Un conserje le informa que el ‘onorevole’ tiene ahora una reunión y aún no puede venir. Le pregunta si quiere un bocadillo. Luego se hace de noche mientras su excelencia aprueba unos dibujos animados, en los que «el prepotente sucumbe». «¿Qué hora se nos ha hecho?», pregunta. Son ya las nueve. «Tardísimo», replica. En efecto. El vídeo acaba aquí, pero ya se imaginarán cómo termina la historia: cuando llega por fin a recibir al general el plan ya ha sido aprobado. El ‘onorevole’ lamenta en el alma no haber sido informado antes.
FIN
Reina una indulgencia generalizada hacia el delincuente, con una desconfianza implícita hacia quien parece honesto. A mí me da, es una mera impresión personal, que aquí el que puede, roba. Es una simple cuestión de oportunidades y si uno la tiene y no la aprovecha es tonto. De ahí la comprensión hacia el desliz o la falta. Salvo que uno sea asesino de niños en serie, todo se considera dentro de lo humanamente posible.
Por ejemplo, un senador del PDL de Berlusconi, Nicola Di Girolamo, está desde ayer en la cárcel por fraude electoral con agravante mafiosa. Está acusado de obtener su escaño en el extranjero, sin vivir en el extranjero, gracias a los votos recolectados por la ‘ndrangheta, la mafia calabresa, y a las órdenes de un nazi con cuadros de Hitler que le llamaba «mi esclavo». El otro día dimitió, con mucha conmoción, ante la cámara alta. Dijo que no era Lucifer ni el mal absoluto (recuerden, sólo está clarísimo el caso del asesino en serie de niños) y al final del discurso sus compañeros van y le aplauden. «Quiero sólo recordar que en todas las cuestiones hay también un lado humano, que prescinde del contenido de las decisiones», explicó Carlo Giovannardi, subsecretario de la presidencia del Gobierno. El lado humano siempre se tiene en cuenta. La ley es inhumana.
Lo mejor es que, por dimitir antes de que le echaran, Di Girolamo cobrará 17.000 euros de indemnización. Y el nuevo senador que le sustituye y representará a los extranjeros vive en Roma y cobrará los 35.000 euros de dieta de los elegidos en el extranjero.
De este modo tenemos el Parlamento italiano lleno de gente procesada y condenada en firme. No es que los italianos traguen con Berlusconi, es que tragan con una banda de cuidado. Cuando se formó el actual Parlamento, en abril de 2008, el panorama era el siguiente, entre condenados, investigados, con juicios en marcha o salvados por la prescripción, un total de 70 diputados y de ellos, 17 condenados de forma definitiva:
-PDL de Berlusconi: 45 personas, incluido el jefe, claro.
-Liga Norte: 7, entre ellos su líder, Umberto Bossi, con condena definitiva por financiación ilegal, y el ministro de Interior, con condena definitiva por resistencia a la autoridad (no se rían).
UDC: 5.
PD: 13.
Sólo les digo que el Gobierno de Berlusconi, ante la nueva oleada de casos de corrupción, ha aprobado un endurecimiento de las leyes contra la corrupción. Más leyes. Es muy gracioso, porque tiene la casa llena de gentuza y ha pasado estos años ablandándolas para salvarse él mismo en sus procesos. Como esta semana en el caso del abogado Mills, a quien Berlusconi sobornó para que no declarase en su contra en dos de sus procesos: se ha salvado de la condena en firme por ser sobornado gracias a la prescripción del del
ito. ¿Lo adivinan, no? Berlusconi rebajó la prescripción de este delito de 15 a 10 años en 2005, y también se va a beneficiar de ella enseguida en el proceso paralelo contra él como sobornador.
Como vemos las leyes no se cumplen, o no se hacen las que se quiere incumplir, o se cambian las que se quiere incumplir. Pero luego entramos en el terreno de las reglas no escritas, también muy importantes en cualquier país. Por ejemplo, es una ley no escrita, porque se supone, que los candidatos políticos tienen que tener una mínima preparación. Pero Berlusconi de nuevo ha colado una tía buena de la tele, Nicole Minetti (chica de la foto), que conoció ya reciclada como «higienista dental» en el hospital San Raffaelle, del que es el principal financiador. Además ha metido en las listas al fisioterapeuta del Milan y al geómetra de su villa de Arcore.
Pero también hay reglas escritas que se respetan, y mucho. Por ejemplo, la semana pasada un desconocido esperó a un abogado y concejal de Palermo del PDL, Enzo Fragalà, en la puerta de su casa y lo molió literalmente a palos con un bastón. Murió tres días después. No se crean que la noticia tuvo mucha repercusión. Estos sucesos del sur se ventilan a menudo en los medios silbando para otro lado. Como diciendo: bueno, bueno, esto huele a Mafia o algo raro, a saber qué hay detrás y mejor ni moverlo. Está entre el hábito malsano y la ‘omertà’.
Las reglas, en fin, son incomodísimas. Perdonen que les cuente una historieta ilustrativa personal. Vino una de mis hermanas a verme. Como siempre, le di escrupulosas y vanas instrucciones para evitar ser timada por el taxista del aeropuerto de Ciampino. Tras miles de estafas el ayuntamiento puso tarifa fija: 30 euros de Ciampino y 40 de Fiumicino (ya lo saben). Pero, como siempre, son capaces de crear matices e idear trucos que dan mucho juego. No les aburriré con los detalles, aunque un día podemos escribir un breve manual de supervivencia, el caso es que el taxista les pidió diez euros más.
En estos casos, aun sabiendo los dos que el taxista miente, se suele resolver con un ni para ti ni para mí, 35 euros o, por no discutir, le das los 40 que pide. Pero ese día yo estaba caliente y adopté la actitud de español: 'Mira majete, 30 o no te pago'. Esto en Italia es raro y se lleva mal. Su reacción fue agarrarme del cogote y decirme en voz baja al oído: "Si no me pagas te mato". Los taxistas de Ciampino tienen fama de ser una mafia de cuidado, pero yo estaba con ganas de bronca. Pensé en ir a la Policía, pero corría el riesgo de que se pusieran de su parte por mi imperdonable intransigencia, así que le dije que me daba igual.
Resultó ser un farol. No me mató. Al final se retiró, cogió los 30 euros y al irse me gritó lo siguiente -y a esto quería llegar-: «¡Estás loco, loco! ¡A ver si te enteras que Mussolini murió hace tiempo!». En resumen: exigir el cumplimiento de las normas era visto por este individuo como puro fascismo, una imposición irracional.
Luego pasé unos días mirando a mis espaldas cuando salía de casa, porque aquí nunca se sabe.
Otro aspecto del problema es que para burlar la regla y salvar la situación siempre se puede llegar a un pacto, que lleva a la conspiración, que suele aparejar alguna traición (aquí ya me pongo como Yoda, el enano con orejas de la Guerra de las Galaxias). El pacto es otra institución italiana. Aquí se negocia hasta con el diablo y por eso a menudo todos los núcleos de poder están interconectados. Ejemplo máximo, por ser un acontecimiento extraordinario, es el abrumador trasfondo del secuestro de Aldo Moro: ahí todo el mundo hablaba con todo el mundo, todos tenían líneas de comunicación con todos y se exploraban todas las vías. Aunque, claro, a menudo con intereses contrapuestos. Brigadas Rojas, masonería, servicios secretos, el Vaticano, la Mafia, la Banda de la Magliana,... Unos para liberarlo, otros para cargárselo.
Naturalmente, la excepción a la regla sólo se efectúa con el fuerte, no con el débil. Es más, es el débil quien suele hacer las excepciones a la regla con el fuerte, porque espera sacar de ello una recompensa. En el caso con que empezamos, el de las listas electorales, no se crean que nadie piensa que el PDL, por ser el primer partido de Italia y el poderoso, debería precisamente dar más ejemplo o ser más escrupuloso que nadie con la ley. Al revés, se piensa que tiene derecho a la excepción por eso mismo. Si no ¿para qué sirve el poder? Sólo el influyente puede moldear las reglas a su favor en este país.
Como colofón, vean esta maravillosa frase del presidente del Senado y segundo cargo del Estado, tras el presidente de la República, Renato Schifani, sobre el problema de la chapuza con las listas:
«Espero que, siempre en el respeto de las leyes, prevalga la sustancia sobre la forma, cuando la forma no es esencial»
Qué pico de oro. Pero nada comparado con el inmenso Vittorio de Sica en esta lección de retórica, capítulo final de 'Altri tempi' (Otros tiempos, Alessandro Blasetti, 1952). Es el origen de la famosa expresión 'maggiorata', aplicada a los bellezones exuberantes de la época. Ilustra divinamente todo lo que llevamos dicho.
Sinopsis: En un tribunal napolitano se procesa a una mujer por el intento de asesinato, por envenenamiento, de su marido y su suegra. El caso está clarísimo, ella ha confesado todo y no hay ninguna duda. Es el turno del abogado defensor. Me meto una panzada a traducir, pero todo sea para que puedan apreciar la belleza del italiano en la boca de De Sica y la maestría de su interpretación.
«El colega de la acusación tiene toda la razón. No intentaré siquiera decir una sola palabra en su defensa. Yo no defenderé a la imputada, pero debo defenderles a ustedes, señores de la corte, del peligro de emitir una sentencia demasiado fácil, según nuestra ley, según nuestra moral, porque según nuestra ley esta mujer debe ser condenada, a cadena perpetua, de por vida. Pero...
Señores de la corte, señores que me estáis escuchando, se nos olvida otra ley, otra moral... ¡la ley de la belleza! Y la belleza es aquella por la que todas las leyes fueron creadas. La belleza es ¡la mujer! Acercarse a la mujer, comprender la mujer, admirar la mujer. Esto es lo que nuestra ley y nuestra moral ya no nos enseñan. Pero preguntad a vuestras bellas mujeres, a todas estas... bellas señoras que me escuchan, preguntad si la belleza de una mujer puede esconder la maldad y ahora me responderán todas...
-Noooo. «Simpático», le dice una señora a la otra.
Todo lo que os diré hablando de María Antonia... intentar comprenderla, iluminarla, será para comprender, iluminar, todas las mujeres. Y en primer lugar las vuestras (se dirige al jurado), aquí presentes. Pero consideremos las culpas de María Antonia... Deben ser consideradas una cosa que bien se puede descuidar, en comparación con la función alegórica y sugestiva que ella, como mujer, ejercita sobre el pueblo.
-¡Bravo, abogado!
¡Pero vosotros tenéis que aplicar la ley, vosotros tenéis que condenarla a cadena perpetua. Pensadlo bien. Tenéis el deber de imponer una sentencia tras la cual un triste edificio encerrará para siempre, fuera de la mirada de todos, del vuestro, como del de miles, una mujer en la que parece encarnarse la belleza misma de nuestro Nápoles, de nuestra primavera, de nuestro Vesubio, eh...
-Abogado, nosotros estamos aquí dispuestos a ayudarle... (Dice ya el presidente del tribunal)
Sigue. María Antonia forma parte del panorama, como los ríos, los lagos, las montañas... Condenándola meteriáis entre rejas una parte esencial de nuestro maravilloso paisaje. ¿Y qué dirían los extranjeros si metiéramos en la cárcel el Vesubio? ¡Y vosotros queréis hacerlo! Esto quiere nuestra justicia. ¡Cuánta diferencia entre nuestra justicia y la justicia griega!
-Perdone, ¿les molesta si hablo de los antiguos griegos?
-Por Dios, los griegos son maestros de la humanidad.
-El Areopago se abría sobre la más bella colina de Atenas... mientras nosotros estamos aquí encerrados en esta aula mísera, polvorienta, oscura y apestosa. Hombres de mente abierta a toda grandeza se sentaban para juzgar sobre escaños de mármol y no sobre esta pobre madera asquerosa, indecente, que vosotros ocupáis. Y si también entonces podía ocurrir que la belleza fuera arrastrada sobre la peana de los acusados, ¡cuán más alto era el debate... y el juicio! ¡Frine! ¡Frine! ¿Quién de vosotros ha entendido nunca este nombre? ¡Frine era una mujer griega, Frine era María Antonia, Frine era la belleza misma! Sal, sal fuera, María Antonia. Hipérides, mi ilustre predecesor la condujo al centro del Aeropago, que debía juzgarla por delitos ante los cuales, los de María Antonia son un juego de niños. ¡Miradla, miradla! ¿Y sabéis cómo el gran Hipérides la defendió? Una sola túnica escondía las formas de aquella maravillosa criatura... ¿Me sigue presidente?
-Sí, sí.
-¡Y de un sólo golpe la arrancó! ¡Así!
Se oye: «!¡Quanto è bella!».
-Y los jueces, que ya tenían el pulgar hacia abajo, lo volvieron hacia arriba y María Antonia, eeh, Frine, ¡fue absuelta! Como en esta pequeña y miserable cabaña judicial no puedo repetir el gesto de Hipérides... ¡La culpa no es de María Antonia, la culpa no es mía, la culpa es vuestra! ¡Culpa de la árida ley! ¡Árida ley! ¿O somos áridos nosotros, que no sabemos interpretarla? Porque le ley impone una condena perpetua, de por vida, pero por otra parte, ¿no es esta misma ley nuestra que prescribe que sean absueltos los ‘minorati psichici’ (deficientes mentales, de ‘menor’)? Y bien, ¿por qué no debería ser absuelta ¡¡¡una ‘maggiorata’ física (palabra inexistente, juego de palabras equivalente con ‘mayor’ para decir 'superdotada')!!!! como esta formidable criatura?
Sentencia: Condena a 24 meses (Uuuuuuuh) de detención, de los cuales 22 cubiertos de la reciente amnistía y los restantes dos meses ya ampliamente cumplidos (Aaaaaaaah), por lo que ordena la inmediata liberación.
FIN
Para concluir la tabarra de hoy. Esto de la maraña de leyes y la lentitud de la justicia también es una cuestión alimenticia. Como todos los arcaísmos italianos nada cambia porque hay una feroz resistencia interna. Italia es también el país con más abogados de Europa, 200.000 colegiados, dedicados a buscar la trampa en la ley. A cinco causas al año cada uno, tirando por lo bajo, salen un millón de procesos. Cada uno puede cubrir los tres grados de juicio, que involucra nueve jueces con los cinco del Supremo (Cassazione). Todo está judicializado y debe recorrer el mismo camino procesal robar una pera que un asesinato múltiple. Como ya sabemos, los juicios se eternizan y a menudo prescriben.
Se preguntarán quién es el chico de la foto, tan modosito. Es Fabbrizio Corona, rey de los paparazzi, y no crean que está en una discoteca, no. Está sentado en un juicio esperando una sentencia. Con esta solemnidad y apostura escuchó el pasado día 10 ante el tribunal cómo le condenaban a tres años y ocho meses por hacer fotos comprometidas a famosos y luego pedirles dinero por ellas, con la amenaza de publicarlas si no accedían. Por ejemplo, lo hizo con los futbolistas Adriano y Francesco Coco y el motociclista Marco Melandri, pillados en compañía de estrellas porno, prostitutas o transexuales.
Al salir del juicio, Corona hizo unas reflexiones: «Me avergüenzo de ser italiano. Lo que está escrito en la sala, ‘La ley es igual para todos’, no es verdad. Es una grandísima gilipollez. Ya no tengo confianza en la ley. Vivimos en un país de mierda». Justificó estas opiniones con el argumento de que todas las agencias fotográficas hacen lo mismo. Y eso que no le fue mal, porque el fiscal pedía el doble de la pena y fue absuelto de algunas acusaciones.
A día siguiente en un programa televisivo se enfadó con algunas preguntas, pegó un puñetazo en la mesa y la rompió. Tras la publicidad tenía la mano vendada y los médicos de la cadena pensaban que tenía una fractura. El presentador le preguntó cómo estaba. Respuesta: «El dolor no es una cosa que me incumba». Por unos momentos pareció oírse viento solitario de western en el estudio.
Su madre, la señora Gabriella, le defendió por teléfono en otro programa interviniendo en directo: «Esta sentencia es absolutamente injusta, creo que mi hijo es un chivo expiatorio para todo lo que sucede en Italia mucho más grave. Si mi hijo se ha convertido en lo que es se debe a quien ha construido esta juventud».
Se me olvidaba reseñar que Corona es un tipo que hasta grabó a escondidas a su mujer, otra famosilla, el día de su divorcio en los juzgados. También tiene otro juicio por ir de compras con un fajo de billetes falsos y es famoso el episodio de las dos multas al volante de su Lamborghini: le pusieron una por la mañana en Roma y la otra por la tarde en Suiza. Un angelito.
Entre madre e hijo resumen divinamente algunas de las principales excusas de uso cotidiano en este bendito país, que pivotan sobre el eje «lo hace todo el mundo-la culpa es del sistema». Eso se traduce en que, en general, nadie pide disculpas por nada. Siempre se espera en la simpatía hacia el infractor o, en sentido amplio, hacia el delincuente. La intervención pública de la madre también es muy socorrida. Así que no les tiene que extrañar que este señor atolondrado diga estas barbaridades de los tribunales.
Esto fue la mañana del día 10. Más o menos a la misma hora... en el congreso del Partido Popular Europeo en Bonn...:
Traducción: Consentidme, dado que otros colegas lo han hecho, que hable de mi país, Italia. Somos la tercera economía de Europa, hemos ganado las elecciones muy bien, tenemos una mayoría fuerte y cohesionada, un Gobierno muy operativo, un primer ministro... ¡súper!. Más del 60% de popularidad tras las pruebas de eficiencia dadas para la solución del problema de las basuras heredado de la izquierda en Campania. Y con la organización del post-terremoto en Abruzzo alcanzamos el 68,8%. Luego existe, naturalmente, una izquierda que tiene el 80% de la prensa italiana, que me ha atacado en todos los frentes, inventándose calumnias increíbles que, de todos modos, me han reforzado, porque los que creían en mí están aún más convencidos de lo que estamos haciendo, y sobre todo porque dicen: ‘Mamma mìa, ¿dónde encontramos uno, fuerte, duro, con pelotas, como el señor Silvio Berlusconi?’.
Bien, pero en Italia atravesamos un momento de transición particular. En Italia no hay inmunidad parlamentaria (por referéndum popular en 1993, n. del t.), en Italia los fiscales no dependen del Gobierno, y se ha formado poco a poco en la izquierda un partido de los jueces, pues la izquierda, como no consigue triunfar a través de la política lo intenta a través de los procesos. Yo he sido embestido por 103 procedimientos, 913 jueces se han interesado en mí, he tenido 587 visitas de la Policía judicial y de la Guardia de Finanza,... ah, y 2.520 audiencias, creo que es el récord universal de la historia. Pero sólamente absoluciones, porque por fortuna de la izquierda es una parte de los jueces, luego los de segundo y tercer nivel son jueces de verdad como en los otros países.
Bien, ¿qué es lo que sucede en este momento en Italia? Un hecho particular que yo llamo de transición y que tenemos que remediar. La Constitución italiana dice, como todas las constituciones, que la soberanía pertenece al pueblo. Bien, el pueblo vota, y es el Parlamento recibe la soberanía del pueblo. El Parlamento hace las leyes. Pero si estas leyes no gustan al partido de los jueces de la izquierda, se dirige al Tribunal Constitucional, que tiene 11 miembros de 15 que son de izquierda. Porque los cinco componentes nombrados por el presidente de la República son todos de izquierda, porque por desgracia hemos tenido tres presidentes de la República consecutivos de izquierda, y por tanto en vez de ser órgano de garantía, el Tribunal Constitucional se ha transformado en un órgano político, que deroga las leyes hechas del Parlamento. Por tanto la soberanía hoy, en Italia, no creo que diga nada excesivo, ha pasado del Parlamento al partido de los jueces.
Os doy dos ejemplos, de leyes recientemente derogadas. Una ley por la que un ciudadano, acusado de un delito, absuelto, dice: ‘Basta, no puede ser juzgado en segundo y tercer grado, metido de nuevo en la rueda infernal de los procesos, que te arruinan la vida, y la de tu familia y tus seres queridos, como sucede en las otras grandes democracias. Una persona se juzga una sola vez’. Esta ley, así de justa, así de natural, así de necesaria, ha sido derogada, a petición de los fiscales de izquierda, por el Tribunal Constitucional. (Como se imaginarán, es una de las leyes ‘ad personam’ que intentó colar sin éxito, para esa pequeña parte de los jueces de primer grado que no son comunistas y le absuelven, n. del t.).
Otra ley: el presidente de la República, los dos del Parlamento y el primer ministro, durante su mandato, debiendo dedicarse completamente al cuidado de los intereses del país tienen que ver cómo sus procesos se suspenden. Se suspende también la prescripción, los procesos se reanudan al final del mandato. También esta ley ha sido derogada por el Tribunal Constitucional, que prácticamente ha dicho a los fiscales: ‘Reanudad la caza al hombre del primer ministro’.
Bien, esta es una situación que tenéis que saber, porque muy a menudo los periódicos de cada país representan la situación italiana en modo completamente distinto de la realidad.
Es una situación transitoria, ciertamente, tenemos una gran mayoría en el Parlamento, estamos trabajando para cambiar esta situación con una reforma de la Constitución.
FIN
A los tres días le partieron la cara al chulo de discoteca. Me refiero al segundo, al del par de pelotas. Que al menos nos ha explicado por qué, con razón, el primero, el paparazzi, estaba enfadado: probablemente fue juzgado por unos magistrados comunistas. Es lo que pasa con un primer ministro que se cachondea de los tribunales, que luego cualquier mindundi entra en los juzgados como en el bar. Pero no se engañen, ahí donde lo ven Fabrizio Corona es un prototipo y modelo social de éxito. El otro, ya lo saben, es el primer ministro.
En fin, ya están enterados de lo que le pasó a Berlusconi en el Duomo de Milán y no es para hacerse el gracioso. A todos nos ha conmovido ver a un hombre herido y ensangrentado. Fue vergonzoso. Todo el mundo tiene derecho a decir lo que le dé la gana sin temor a que le parta la cara un imbécil, aunque en este caso era un enfermo. Pero que levante la mano quien no se esperaba algo así algún día. Digan lo que digan el contexto es importante para comprender por qué ha ocurrido.
Antes de la agresión del Duomo ya saben lo que había, porque en este blog hemos ido contando las peripecias de nuestro hombre. Ahí les he puesto el discurso-clímax-delirio de Bonn, con Angela Merkel, imagino que flipando, en primera fila. Tal sucesión de trolas, megalomanía, populismo y despotismo es difícil de ver hoy en día en directo y en estado natural. Salvo que uno salga de la UE y empiece a mirar entre los amigos de Berlusconi: Gadafi, el presidente bielorruso, el de Túnez,... Pero de eso hablaremos otro día. He colocado el núcleo del discuro enterito para que luego no diga nuestro héroe que los periodistas extranjeros nos inventamos lo que dice.
Berlusconi, el del par de pelotas, ha seguido una doble estrategia después del ataque. Por un lado, y dado que se acercaban las navidades, ha seguido inteligentemente el guión ‘atentado a Juan Pablo II’: mensajitos sobre el amor y el odio, sentirse agraciado con un milagro, perdón al agresor... No me extrañaría que un día fuera a visitarlo a la cárcel y el otro acabara haciéndose del PDL. Este lado espiritual ha culminado, cómo no, con un emotivo poema de Don Luigi Verzé, el cura que citamos el otro día, en cuyo hospital, financiado por Berlusconi, ha permanecido ingresado el primer ministro. Se lo dedicó el día que le dieron de alta:
Carissimo Silvio,
¡Ahora Te vas reajustado del San Raffaele! ¡Y que Dios sea loado! Te vas más rico, porque has versado un poco de Tu sangre por este nuestro País. Ya habías trabajado tanto y sufrido incomprensiones y humillaciones. ¡Todo para hacer el bien y destruir el mal! Así el buen Dios lo dispuso incluso para su Hijo Jesús. Te acompañe este orgullo: Tus fatigas, Tu entusiasmo, Tu inteligencia, Tu sangre de hombre verdadero. He dicho de hombre, no de santo.
Las mayúsculas, como podrán imaginar, son suyas, no mías. No sé cómo le sentará a Silvio que se las hayan puesto también a Dios. Recordemos este memorable pasaje del elegido -una vez dijo ser el «ungido del Señor»- junto a su presentador de confianza, Bruno Vespa, en el inenarrable programa ‘Porta a porta’:
Traducción: «...sobre todo en campaña electoral alcanzo una virtud... ¿quiere oler? Huela, huela, con la nariz, ¡es olor de santidad!».
Pero mientras el venerable líder pedía serenidad y amor universal, en el lado negativo de la fuerza los medios de su propiedad se lanzaban a la manipulación que era una maravilla. Mientras Silvio componía églogas, el par de pelotas quedó para sus chicos. La noche del ataque el informativo especial de Canale 5 daba la noticia con las imágenes de los manifestantes que habían protestado contra Berlusconi durante el mítin previo, identificando la protesta con la agresión. Sólo al cabo de diez minutos se acordaron de decir, por fin, que fue una obra de un desequilibrado.
El periódico de la familia Berlusconi, ‘Il Giornale’, fue a saco al día siguiente en primera página: «El asaltante es un loco, pero los autores morales son conocidos, y también algunos políticos del centro-derecha...». Fue una cosa increíble: la crítica a Berlusconi ha quedado convertida en incitación a la violencia, incluida la de sus aliados. De hecho, dos días después decían: «Quien grita al tirano legitima el tiranicidio. En democracia se admite matar a un dictador. Pero de ahora en adelante quien define un régimen fascista este gobierno debe asumir la responsabilidad».

El ápice de la locura lo alcanzó el inefable Fabrizio Cicchito (chico de la foto), que no es cualquiera, sino el portavoz del partido de Berlusconi en la Cámara de Diputados. En un discurso en la cámara habló de una red que ha orquestado «una campaña de odio» compuesta por algunos medios y periodistas. No crean, que es una opinión más que autorizada, porque Cicchito de conspiraciones sabe un rato: es un ex-socialista de la época de Craxi reciclado en la derecha que estaba en las listas de la logia masónica P2. Ya saben, la organización ilegal, subversiva y clandestina formada por cientos de personalidades que conspiraba para alterar el orden democrático establecido. Pero aquí nadie se retira por eso. Al revés, se crecen. Miren si no a Berlusconi, que también era de la P2.
En fin, que si criticar a Berlusconi antes estaba mal, a partir de ahora va a ponerse imposible: se convierte uno en un terrorista. Pero además se ha visto enseguida que nuestro hombre iba a aprovechar el castañazo para pisar el acelerador. Ya saben, lo que decía en Bonn, arreglar esta «situación de transición», esta cosa rara de la democracia italiana en la que se le puede juzgar como a cualquiera. Ya está todo montado, y sin ningún ruido con la conmoción del ataque del Duomo y las emociones navideñas. El día 11 de enero vuelven a presentar en el Senado la ley de inmunidad, pero esta vez será una ley constitucional, para que nadie la pare. Como tardará unos 15 meses, durante ese tiempo salvarán el culo al jefe con dos leyes para su beneficio personal que ya les avanzaba el otro día: la del ‘legítimo impedimento’, cuyo trámite empieza el 25 de enero en la Cámara de Diputados, y la del ‘proceso breve’, en lanzamiento el 12 de enero en el Senado.
Entretanto, el buen Silvio esboza pensamientos catequéticos a vuelapluma en la web: «Estad serenos y seguros, el amor vence siempre sobre la envidia y el odio». Dirigidos «a quien quiere construir, a quien quiere el bien de todos y a ninguno desea el mal».
Si antes ya estaba mal visto hablar de los juicios a Berlusconi imaginen ahora. En la izquierda ya sólo se debate sobre la forma de bajarse los pantalones con más dignidad. El argumento que circula es que hay que tragar y que Berlusconi se blinde con la inmunidad por el bien del país, para que pueda trabajar y a ver si hace algo. Ahora que lo pienso llevo casi una década en Italia y en este tiempo no ha avanzado nada. Eso sí, siempre están hablando de empezar de una vez «las urgentísimas reformas que necesita el país absolutamente».
Decíamos que en Italia el delincuente siempre puede contar con cierta simpatía generalizada por el infractor de la ley. En ese sentido debe considerarse que Berlusconi, en fin, no exageremos, no ha matado a nadie, y lo demás son cosillas que todo el mundo hace o, por lo menos, que casi todos harían si fueran él. Absolviendo a Berlusconi los italianos se absuelven a sí mismos. Y ya verán ahora que se acerca el décimo aniversario de la muerte de Craxi, primer ministro fallecido en el exilio fugado de la Justicia. Y padrino de Berlusconi. Está en plena rehabilitación y le quieren dedicar una calle en Milán, siempre con el mismo argumento: era un chorizo corrupto, ya, pero eso es lo de menos, qué gran estadista. Pero de eso hablaremos otro día.
Veamos un fragmento de ‘Todo modo’ (Elio Petri, 1976), de la novela de Leonardo Sciascia. "Todo modo" es el inicio de una cita de San Ignacio de Loyola que verán en la escena a continuación. La película, muy polémica en su día y sobre todo incomodísima tras el asesinato de Aldo Modo dos años después, es una brutal crítica del corrupto mundo de la política democristiana, personificada en Aldo Moro, aquí calcado por Gian Maria Volontè, junto al gran Marcello Mastroianni. Como decimos siempre, lo de Italia viene de lejos, no es de ahora:
Traducción:
-¿Debo decir todo lo que he descubierto? ¿Derrumbar el castillo? ¿Nos tenemos que entregar al enemigo? ¿Invertir la pirámide? ¿Las relaciones de clase? ¿Cambiar, cambiar, cambiar? ¿Cambiar cultura, cambiar todo, debo cambiar de verdad?
-Todo modo para buscar la voluntad divina.
-¿Y qué es la voluntad divina?
-No es alma y no es mente, no es imaginación, ni opinión,ni razón, ni pensamiento, no es número, orden, grandeza, pequeñez, igualdad, ¡desigualdad!, no es vivo y no es vida, no es espacio, materia, esencia, no es bondad, ni verdad, no es tiniebla, ni luz, no es error, ni verdad.
-Yo soy un político, necesito indicaciones concretas.
-Tú eres un hombre como todos los demás, ¿amas el poder?
-Sí, magmáticamente.
-¿Estás dispuesto a cederlo?
-Ehhh, ¿y a quién? No hay ninguno mejor que yo. Sabes, creo que tengo una misión que cumplir, sí.
-¿Tienes los estigmas?
-Eh, sí, sí, a veces me parece verlas, sí, sí, mira, también ahora, ¿ves?
-Yo no las veo. Tú eres como los demás. Sigue su ejemplo, y no finjas más.
-¡Eh no, yo no soy como los demás! Yo soy distinto, yo no soy ávido, no soy arrogante, no soy hipócrita, soy una buena persona, una persona honesta, no robo yo, dímelo tú, por favor, dímelo que no soy como los demás!
-¡Tú eres como tus electores, cínico y feroz! ¡Sigue tu mandato hasta el final, de todos modos caeremos juntos! ¡Tú, con tus ricos impostores que te tienen en el gobierno sólo para protegerles de los pobres, y yo con mi estúpido rebaño, inocente, pecador, que sólo espera de mí el viático para el otro mundo!
-Tú ya no me amas.
-Eres tú que ya no me amas, lo sé. Los curas son molestos.
-Confiésame, por la última vez, yo... tengo la sensación de que no nos veremos más.
-No, no podría absolverte.
-¡No, tú me tienes que absolver!
-¡Déjame!
-¡Piensa en lo que representamos, no en lo que somos!
-Eres una beata, lloras como una beata.
-¡No, yo, yo para continuar necesito tu absolución! ¿Qué somos sin vosotros, vosotros sin nosotros... ellos?
-¡Non possumus!
FIN
Ya ven que por arriba se p
asan el Estado por el arco del triunfo. Así que por abajo qué vamos a esperar. Como los ciudadanos tampoco pueden contar con que el Estado cumpla su deber. Y aquí volvemos a entrar, como siempre, en aterradores destellos de incompetencia administrativa. Estos días ha habido un buen ejemplo, con la sentencia del célebre crimen de Garlasco, culebrón que ha tenido en vilo a Italia durante más de dos años. Es el misterioso asesinato de una joven, Chiara Poggi, de 26 años, hallada muerta en un chalé. Gran despliegue policial. Juicio mediático y paralelo, como mandan los cánones, gran atención a los mínimos detalles y exposición minuciosa de los indicios en televisión. Por eso unas primas de la víctima, Paola y Stefania Cappa, bautizadas como "las gemelas K", aprovecharon para trucar una foto de la difunta y colocarse con ella para distribuirla a la prensa y hacerse famosas. La repartieron entre los periodistas al día siguiente del crimen en la puerta del chalé. A esto ha llegado Italia. Ahí tienen la foto, si es que todavía no se les ha caído de vergüenza la cara pegada con el Photoshop. Pero hasta aparecieron en la revista del corazón 'Oggi' contando su vida y lo íntimas amigas que eran de la pobre Chiara. Y al final, premio gordo, consiguieron que las llamara Fabrizio Corona, el chulo del que hemos hablado al principio, el perseguido por los jueces, es decir, el primero, para ofrecerles 4.000 euros por un reportaje fotográfico sexy. Corona lo explicó así: "Posarían vestidas de 'veline', alegres, sonrientes, con una bonita entrevista sobre su vida, sus estudios, sus amores, los proyectos, ninguna referencia al homicidio de Garlasco, obviamente. Tene que ser una cosa alegre, divertida". Obviamente.
Puntualicemos que 'veline' son las azafatas televisivas de las cadenas de Berlusconi, el del par de pelotas, el perseguido por los jueces, el segundo del que hemos hablado.
A lo que íbamos. No crean que la Policía y los funcionarios del Estado sintieron mucha presión. El principal sospechoso, su novio, Albeto Stasi, ha sido absuelto. Había algunos pequeños errores en la instrucción porque aquello fue de Mortadelo y Filemón. Vamos con la lista de chapuzas:
-El lugar del crimen parecía la Gran Vía. Sólo el personal de la ambulancia se puso los pertinentes patucos de tela. Los expertos de huellas encontraron pisadas de 25 personas y pasaron semanas aclarándose de quién eran, con secuestro incluido del calzado para las pesquisas: 18 carabinieri, el fiscal, el médico legal -con dos pares de zapatos distintos- su asistente y tres empleados de la funeraria.
-Es más, un agente se resbaló con la sangre del suelo y se limpió en el felpudo, otro usó el baño, otro se puso a vomitar al ver el cadáver, otro hizo fotos de recuerdo con su cámara digital...
-El RIS, el departamento del investigaciones científicas, tardó tres días en aparecer por allí.
-Había muchas huellas digitales, 17, pero seis eran de policías que estuvieron manoseando todo sin guantes. Curiosamente, todos jefazos. El capitán Cassese, comandante de la compañía; el teniente coronel Sangiuliano, responsable de la división de operaciones y el mayor Pizzamiglio, ¡¡¡del RIS; departamento de investigaciones científicas!!!
-El cadáver fue enviado a un hospital que no tenía báscula para pesar el cadáver, extremo decisivo para fijar la hora de la muerte.
-Nadie se acordó de tomar las huellas digitales del cadáver. Es más, hubo que desenterrar el cuerpo en secreto una semana después para tomárselas.
- El novio, principal sospechoso, es interrogado tres veces y desde el principio cae en numerosas incoherencias. Pero el fiscal tardó una semana en ordenar el registro de su casa. El taller de su padre nunca fue registrado.
-El ordenador del sospechoso fue abierto y destripado durante 15 días sin respetar los procedimientos legales.
-Pasaron 15 días hasta que a alguien se le ocurrió buscar el arma del crimen en el bosque de los alrededores de la casa.
-Se tardó 17 horas en confiscar los zapatos del novio, que declaró haber encontrado el cadáver, y ya estaban limpitos.
-La Policía no se dio cuenta hasta pasados 40 días de que en la casa del sospechoso había una alarma, que él conectaba cada vez que entraba y salía y, por tanto, indicaba sus movimientos. Para entonces, como el aparato sólo almacenaba 100 datos, ya no había información del día del delito.
-Nadie pensó en pedir los e-mails y el texto de los chats de la víctima y su novio. Por fin, se les ocurrió a los dos años. Pero era tarde: la ley sólo obliga a conservar esos datos un año.
En fin, detengámonos con esta breve iluminación de ‘I mostri’ (Los monstruos), obra maestra a capítulos de Dino Risi, de 1963, con los monstruos Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi:
Mejor dejamos lo de Garlasco porque es para desesperarse. En cambio, es para llorar lo que le ha pasado esta semana a una niña de cinco meses de Gela, en Sicilia (sur). Se atragantó con la leche y se congestionó. Acudió rápidamente una ambulancia y se acordó su evacuación a Palermo en helicóptero. Mientras tanto, los padres cogieron el coche y se fueron para Palermo. Tardaron tres horas, pero llegaron antes que su hija. La pequeña esperó tres horas la evacuación porque el helicóptero de Palermo y el de Caltanisetta estuvieron discutiendo a quién le tocaba ir. Al final murió.
A otra niña de dos años y medio de Cosenza (sur), en Calabria, le escayolaron el otro día el brazo que no era, el sano. Al ver la noticia en el diario, otra madre reveló que hace cuatro años, en el mismo hospital, le escayolaron mal el brazo roto a su hijo de siete años y al final murió por las complicaciones.
En Italia estas cosas pasan demasiado a menudo, no hay que fiarse nunca de nadie y todo depende de con quién te encuentres. En resumen, sálvese quien pueda. Berlusconi, por ejemplo, es lo que hace. Y él puede. Y muchos le comprenden. Es otra víctima del sistema. Y ahora además predica el amor.
Visto desde España, qué risa Berlusconi ¿verdad? Qué incomprensibles los italianos ¿verdad? ¿por qué no reaccionan o hacen algo? Pues bien, el otro día este señor tan gracioso, primer ministro de un país extranjero, se compró dos televisiones de Prisa, editora de El País, el diario español más crítico con su Gobierno. Pero no lo vi escrito en ninguna parte. En todas partes la alegre noticia era que se fusionaban Cuatro y Tele 5, con agudos análisis de la reconfiguración del sistema televisivo español. En algún párrafo por ahí se mencionaba que Mediaset es el grupo del primer ministro italiano, como si fuera algo medio normal.
Vaya, ahora me acuerdo de lo que el primer ministro italiano le dijo públicamente en rueda de prensa al corresponsal de El País, mi compañero Miguel Mora, cuando le preguntó por sus escándalos sexuales. Tras negarlo todo y eludir la respuesta, concluyó:
«Podría añadir muchas cosas sobre lo que escribe su periódico, pero deben ustedes abrir los ojos y no ser facciosos. Los periódicos están perdiendo tirada y publicidad y se arriesgan a la quiebra empresarial. Creo que El País sabe algo de eso».
Berlusconi se refería a los 5.000 millones de deuda de Prisa, ya ven que está muy informado, y aquello sonó a lo que sonó. Luego se fue con Zapatero a tomar un café a Villa Certosa, la famosa mansión de las juergas con tías que entonces estaba en el ojo del huracán. Nuestro santo varón tiende a comprar a cualquiera que se le ponga por delante y anda siempre haciendo diplomacia con su cartera. Un jefe de Gobierno millonario con un imperio mediático, sin escrúpulos y con tendencias omnímodas es aún más peligroso en tiempos de crisis.
Así que miremos ahora como queda el panorama de los medios españoles:
-Berlusconi controla Tele 5 y Cuatro, primer grupo de televisión privada de España. Era socio, hasta este año, de Vocento -editor de ABC y de mi periódico, entre otros- y ahora lo es de Prisa -editora de El País, As y Cinco Días, entre otros-. También ha entrado en Digital +.
-RCS, editora de Corriere della Sera, posee El Mundo, Expansión y Marca, entre otros.
-De Agostini está al frente de Antena 3 -que se fusionará con la Sexta- y Onda Cero.
-Il Sole 24 Ore, el diario de la patronal italiana, edita El Economista.
No digo que Berlusconi domine también la información española, sólo digo que él controla una parte y empresas italianas dominan otra. Empresas italianas que pueden ser influenciables, como ya lo son en Italia, por un primer ministro que es el hombre más rico del país y uno de sus principales empresarios. No digo que Berlusconi controle directamente lo que se dice y se publica, es imposible, digo que a veces basta con que se sepa quién manda, o con una llamadita al año. Además, ¿para qué se compra medios de comunicación un magnate con tan mala opinión de los que no controla? Aunque tampoco dudo de que los compañeros de cualquier medio lucharán por conservar su independencia. Aunque en tiempos de crisis eso siempre es más difícil. De momento, del tema no se habla, y ya es curioso.
¿Se ríen todavía?
Por si lo están pensando a mí nunca me han dicho nada y mi diario me ha dado siempre total libertad. Aunque yo no pinto nada, claro, somos prensa de periferia. De todos modos si un día me dieran un toque ya se lo haría saber disimuladamente.
Entretanto tranquilos, a todos nos debe reconfortar que con Berlusconi triunfa el amor, como en los musicales, y con él uno siempre se está riendo. Y así es como empezamos con un par de pelotas y acabamos en el partido del amor, la última etiqueta que ha colocado a su formación. Todo hormonal, ya ven. Es el lenguaje de la publicidad, que ocupa los espacios muertos de la política y de la información. Que cada vez son más.
Para terminar, que no decaiga la fiesta y meternos ya en ambiente, un alegre musical bananero de 'Polvere di stelle' (Alberto Sordi, 1973), con Alberto Sordi y Monica Vitti y el célebre tema romanesco "¿Pero dónde vas si no tienes la banana?" (Ma 'n do' vai se la banana non ce l'hai?):
Feliz año a todos.
Hola a todos. Estoy de vuelta, y de nuevo he sufrido el shock habitual que produce cada nueva inmersión en Italia. Se va uno unos días y pasan un montón de cosas, aunque luego todo sigue igual. Por ejemplo, algo ha ocurrido durante mi ausencia que ahora todos los programas de televisión están llenos de transexuales. O ‘trans’, como les llaman aquí. Es por el escándalo de Piero Marrazzo, el gobernador de Lazio, la región de Roma, chantajeado por unos carabinieri que irrumpieron, cámara en mano, en una casa donde tenía un lío con Natalí, una transexual brasileña (chica de la foto). Le grabaron un vídeo en el que también, dicen, aparece cocaína.
Pero hay algo raro. Cuando fue el lío de Berlusconi con las prostitutas no apareció ni una en la tele y la famosa Barbara D’Addario sólo pudo verse al cabo de cuatro meses, y porque se lanzó a ello un peligroso presentador comunista. Ahora el memorable ‘Porta a porta’ de Bruno Vespa se ha hecho tres programas seguidos de reinonas. ¿Cuál es la diferencia? Muy fácil, Piero Marrazzo (chico de la foto) es del PD, el principal partido de centro-izquierda. La ecuación la pueden sacar ustedes solitos:
-Marrazo=comunista amargado=va con tíos operados que tienen tetas y es la vergüenza del país=qué escándalo
-Berlusconi=playboy simpaticote=se corre juergas con tías buenas y es la envidia del vecindario=qué violación de su intimidad
-Conclusión: no sea tonto, hombre, vote al machote
Por cierto, que Marrazzo era un simple presentador de la tele antes de entrar en política, así que estamos en las mismas. A su mujer, que aún trabaja en la RAI en un telediario nocturno, le tocó el papelón de repasar las portadas de los diarios del día siguiente con la noticia de su marido.
Pero eso no es nada con lo que ha pasado luego. El caso está siendo de lo más chungo. Ya se han cepillado a dos personas del círculo cercano a Natalí: otro transexual, Brenda (incendio fortuito en su casa), porque parece que sabía demasiado y tenía un archivo de más famosos chantajeables, y a un camello que intentaba colocar los vídeos (dosis mortal y fortuita de cocaína).
Por lo que parece en este país de machotes latinos hay un pasión enorme por los transexuales, al menos entre la gente con pasta. Pero lo más revelador de este culebrón es lo que ha hecho Marrazzo. Primero, justificante médico de estrés para poder ausentarse del trabajo y no dimitir. Envía el certificado periódicamente, como en clase. Segundo, retirarse a la abadía de Montecassino. Tercero, envía una carta al Papa mostrándose arrepentido y pidiendo perdón. «Santidad, perdóneme por todo lo que he hecho», decía, aunque Benedicto XVI no está en el censo electoral italiano. A sus colaboradores les tuvo que bastar con un SMS. A los votantes, nada. Y menos mal que es un señor de izquierdas.
Ah, la absolución. En Italia siempre se busca la absolución y el perdón, el alivio de la conciencia, porque no hay delitos, sino pecados. De hecho Marrazzo no ha cometido ningún delito. Es más, es víctima de unos carabinieri corruptos que le han chantajeado.
Para ilustrar estas banales reflexiones con las que les castigo hoy y divertirnos un rato, echaremos mano de una pieza magistral, ‘Il complesso della schiava nubiana’ (El complejo de la esclava nubia), uno de los sensacionales capítulos de ‘I complessi’ (1965). Pusimos hace tiempo un trozo del más famoso, el del mítico 'Dentone' de Alberto Sordi, pero este también es buenísimo, con mi admirado Ugo Tognazzi. Está dirigido por Franco Rossi. Como no es muy largo y gracias a las maravillas de la técnica lo ponemos entero. Espero que puedan sobrellevar el tostón de las sinopsis explicativas.
Sinopsis: Ugo Tognazzi es Gildo Beozzi, un intachable y meapilas dirigente democristiano, presidente de un espeso y arcano ente público, retrato de una época. Empieza la jornada de forma marcial a las seis de la mañana, levantando a toda la familia antes de irse a trabajar. “Ciao nascituro!”, dice al niño que está punto de nacer, y todo su vocabulario es en este plan. En el despacho, revista de prensa, con un problema habitual: hay un playboy llamado Guido Beozzi, famoso por sus gamberradas, que con esa fastidiosa homonimia siempre le causa problemas. Por ejemplo, el diario del día dice que ha robado a una viejecita por una apuesta. Manda una carta a todos los diarios aclarando que no tiene nada que ver. Luego llama a un ‘onorevole’, conversación que graba meticulosamente. Así vamos conociendo al personaje.
Entretanto, su mujer recibe una carta terrible, que le precipita el parto.
En su despacho, el presidente Beozzi recibe a un inspector de Policía, al que había enviado a corromper a un nuevo conserje, para ver cómo reaccionaba. Confirma que le dio mil liras y le dejó adelantar en la fila a cuatro personas, aunque tuvo que insistir y metérselas en el bolsillo. Beozzi concluye disgustado que tendrá que despedirlo, “porque con la mentalidad que hay en Italia, qué dirá la gente”. Al despedirse, hay un momento incómodo: el policía le dice que las mil liras las ha puesto él de su bolsillo y el presidente le propone que pase el sábado por caja. “¿Sábado?”, pregunta con fastidio. “Paciencia y fe”, responde él.
Luego recibe a la prensa, encantado de conocerse y cita una definición de la prensa: “Beozzi, este hombrecito débil sin puntos débiles, este pequeño Aquiles sin talón de Aquiles”.
Llega al hospital a ver a su mujer, aunque le fastidia que el parto se haya anticipado, porque no va a poder bautizarle el senador Tamburini que está de viaje. “Bueno, ya lo hará otro pez gordo”, dice la suegra, que no le soporta. “No hablemos de política, me hacía falta Tamburini, y basta”, replica. Es el clásico pasteleo de la política italiana. Luego se indigna porque la han metido en una habitación individual, y no colectiva como las otras veces. Suelta un sermón, diciendo que tienen un estilo de vida franciscano y que aspira a ser un ejemplo. “De cretinería congénita”, apunta la suegra. Muestra la ropa que lleva desde hace ocho años y su único lujo, una pastillas mentoladas. “Y no nos olvidemos que alguno nació en un pesebre, cierro el paréntesis”, apostilla con su retintín.
Cuando coge las facturas para hacerse devolver el dinero y enviar a su mujer a una sala de cuatro camas, descubre la terrible carta.
La suegra le explica que es una cosa de hace años, una tontería, una película que hizo como extra porque apareció un rodaje en la playa durante las vacaciones. Es la carta con el cheque que le paga los servicios prestados, por el derecho a usar las imágenes. Es una película de ‘Venere Films’. “¿Pero qué tipo de película es?”, grita él. Entonces entra la enfermera para llevársela a la sala de parto. “No es el momento”, le interrumpe el marido.
Cuando se la llevan encuentra el título en el periódico: Thor y las cuatro reinas... ¡desnudas! Corre hacia su mujer y le pregunta si es una de las cuatro reinas. Dice que no, que era una esclava, negra, pero le confiesa que en una escena de un baño se le cayó la túnica y... “¡Entonces se le ven las mamas!”, dice perplejo nuestro pobre chupatintas.
FIN
Hablábamos de que en Italia no hay delitos, sino pecados, y lo que veremos después en esta historia nos lo explicará muy bien. Hasta un terrorista de los años de plomo, Cesare Battisti, encarcelado en Brasil a la espera de la extradición por cuatro homicidios, imploró clemencia hace unos meses en una carta de ocho folios, preguntándose «si no ha llegado la hora de que Italia muestre su lado cristiano» y recordando que «el perdón es un acto de nobleza». Aquí si cuela, cuela.
Pero no es que no haya delitos, sino que dentro de nada tampoco habrá sentencias ni condenas, porque Berlusconi se ha inventado la llamada ‘ley del proceso breve’, que ahora anda por el Senado. Es algo fantástico: se anulan los juicios que no terminen en menos de seis años, y ya hemos explicado otras veces que en Italia para que un proceso se dé por terminado debe agotar las tres instancias, Supremo incluido. Como se imaginarán, esto en Italia es jugar con lo impepinable, algo así como decretar que se anulan los juicios que se celebren en años con cuatro estaciones. Ordenar que los procesos tienen que ser breves sin hacer nada para que lo sean viene a ser como proclamar el derecho a la vivienda, cosa que hace alegremente la Constitución española sin entrar en consideraciones sobre el precio de los pisos.
Quien haya tenido la paciencia o el descuido de seguir este blog sabrá ya a estas alturas que la Justicia italiana tiende hacia la eternidad. Es algo celestial, que se deja para el otro mundo, por eso hay tan poca aquí en la Tierra. Último ejemplo conocido, el alucinante caso de un trivial litigio por la venta de un coche usado en Pieve di Cadore (norte), que ha durado 17 años. Empezó en 1985 y tardaron cinco años y medio en hacer la primera vista. Primera sentencia, a los diez años. Pero el juez tardó siete más en depositar el texto de la resolución, en 2002. Y esto sólo para la primera instancia. El pobre ciudadano que esperaba justicia -y que, por tanto, no deseaba anular el juicio, como prevé la nueva ley, porque no todos los italianos tienen algo que temer- presentó una queja al Consejo Superior de la Magistratura y le dieron la razón. Decían que el proceso tenía que haber durado tres años. El mismo juez se había tirado quince años para otra resolución. Pero el castigo al magistrado ha sido ridículo: un euro por día de retraso, unos 2.500 euros. Si ni los propios jueces dan ejemplo con su justicia, qué más podemos añadir.
Resumiendo, la ley del proceso breve, como se imaginarán y porque ya conocen al personaje, es algo que Berlusconi hace para quitarse de encima los juicios que le quedan abiertos en este momento (dos, casos Mills y Mediaset), aunque para eso se beneficien legiones de mangantes. Creo que con esta ya van 18 leyes ‘ad personam’, hechas exclusivamente para arreglar sus chanchullos personales. De hecho, el nombre oficial de la ley es «Medidas para la tutela del ciudadano contra la duración indeterminada de los procesos». Del ciudadano Berlusconi, se entiende.
Lo cierto es que no habría mucho que objetar si Berlusconi fuera un ejemplo de hacer lo posible para agilizar los procesos, pero es que es campeón mundial en retrasarlos. Por ejemplo, ahora ha empezado el juicio del caso Mills, después de que le hayan quitado la inmunidad que se había dado por el morro, y ya está diciendo que no va porque le viene mal. Y así hasta que prescriba. Es el famoso argumento del «legítimo impedimento».
Por ejemplo, este viernes dijo que no podía asistir al juicio porque tenía que inaugurar un tramo con túnel de la autopista Salerno-Reggio Calabria. Sí, han leído bien, es la autopista que se lleva construyendo desde hace 40 años. Siguiendo las metáforas absurdas, es como si fuera a inaugurar un muñeco de nieve en los Alpes: siempre hay un tramo de la autopista Salerno-Reggio Calabria que se puede inaugurar. Aunque hace menos de un mes, el 13 de noviembre, a la inauguración de otro túnel de la misma autopista apenas fue el presidente del Anas, el ente público de carreteras. Debió de ser por esto que el tribunal no lo admitió como excusa, y entonces nuestro hombre alegó que tenía consejo de ministros. Convocó uno el jueves y otro el viernes, por si acaso. Luego ya pasó totalmente de la autopista, pero no avisó, y una nutrida comitiva de autoridades le esperó en el túnel durante más de dos horas, hasta que el obispo local -suelen ir a estas cosas- se hartó del plantón, lo inauguró él mismo y se largó.
Convendrán conmigo en que todo este lío de presentar justificantes, como en clase, es una lata. ¿Qué hacer? Naturalmente, otra ley: la ley del legítimo impedimento. Los chicos de Berlusconi, sus abogados-diputados, están en ello y parece que servirá para extender un permiso, renovable cada seis meses, para ausentarse de los procesos a miembros del Gobierno y parlamentarios. Tras fallarle la inmunidad el diligente equipo técnico del magnate le están haciendo una serie de leyes por el estilo para trampear en lo que se pueda.
Pero no se alarmen, pese a estas artimañas, no dejará de hacerse justicia, porque al final Berlusconi siempre logra la absolución, la verdadera, la única que cuenta: la del pueblo en las urnas. Los jueces que se dediquen a las multas de tráfico.
¡Cuánta razón tiene don Luigi Verzé, famoso sacerdote y empresario hospitalario, amigo de Berlusconi! (Señor de la foto) Hace poco ha repetido en una entrevista lo que dijo en 1994, cuando el magnate entró en política: «Berlusconi es una bendición para el país, un don de Dios a Italia». Y dejó esta reflexión sobre la Justicia y los últimos líos de faldas de su amigo: «No quiero juzgar. Berlusconi es un hombre, no un santo, aunque yo en cada hombre veo la santidad. Italia es un país profundamente cristiano, un país maravilloso, pero está perdiendo el respeto por sí mismo hurgando en la basura, está desacralizando y pisoteando sus valores en un dramático vacío de cultura. Y lo peor de nuestra cultura son algunos magistrados. La Justicia en Italia siempre ha sido una espada de Damocles sobre la cabeza de cualquiera. Por desgracia algunos magistrados no tienen el sentido de la Justicia». Amén.
Y sigamos viendo ‘El complejo de la esclava nubia’:
Sinopsis: La suegra dice al protagonista que en la dichosa película a su hija sólo se le ve una teta, y que además entonces no estaban casados, era sólo su prima. Ya ven que lo de las 'veline' viene de lejos. Vemos al presidente Beozzi ante el cartel de la peli, una de esas de serie B de las que hemos hablado otras veces, un ‘peplum’ con destape. Abrumado, el hombre se hace sus cálculos: habrán conocido a su mujer unas 1500 personas, “influyentes y no influyentes”, y dada “la ventolera de inmoralidad que se ha abatido” sobre Italia, un 30% irán a ver la peli. Ah, eran esos hermosos tiempos en que la gente iba al cine: 360 individuos “!ó 360 posibilidades de ser arruinado!”.
Llama a su mujer para saber en cuántas escenas sale (sólo en una) y, por suerte, al final se acuerda de preguntar si el recién nacido es niño o niña. Luego lo tenemos en el cine, viendo él solito la película. Fuera está la policía. Es el clásico uso para chanchullos personales de un grupito de agentes de confianza o de células de servicios secretos. Uno en política no es nada sin ellas.
Cuando llega el momento culminante, el famoso baño, pasa muy rápido. El presidente detiene la proyección, pero el empleado le explica que ese trozo ha sido censurado y que los fotogramas acabarán en la hoguera. A nuestro protagonista le embarga la felicidad. Sin embargo, en una aburrida reunión con unos japoneses, ante la palabra ‘comisión’ (y mediante la transformación imaginaria del inglés de un delegado en puro acento romanesco), se le ocurre que los componentes de la comisión de censura sí han visto la escena de su mujer. Pide la lista de miembros de la comisión y ¡¡hay uno que conoce a su mujer, un periodista!! Deja su despacho a toda prisa, aunque le espera una visita importantísima relacionada con la remolacha holandesa.
Y ahí lo tenemos esperando a la comisión de censura. El periodista que conoce sale clamando contra la obscenidad de una escena que se acaba de cargar. Nuestro héroe le aborda, simulando que se ha equivocado de piso, intentando escrutar si sabe algo, y antes de volver a la sala “a ahorrar otra obscenidad a Italia” el periodista le envía distinguidos saludos a su señora. El presidente, muy supicaz, le pregunta por qué, y el hombre no sabe qué decir, explica que sólo porque se está despidiendo. Luego encuentra al director del filme censurado y le sugiere que no se le ocurra hacer alguna llamadita para presionarle -un clásico más-, porque con él eso no funciona. “A mí no me mueve nadie de mis ideas”, concluye. “Te muevo yo”, jura el protagonista. Y así vemos en la siguiente escena al periodista de corresponsal en Moscú. Un clásico de las componendas de la RAI.
Pero no se acaba ahí la pesadilla: ¡la película era una coproducción italo-egipcia y seguramente en Egipto se verá íntegra! En la siguiente escena vemos cómo vuelve el material a Italia, con la voz en off de una carta indignada del ministerio, que pide explicaciones al presidente Beozzi de cómo es posible que haya firmado un acuerdo para hacerse enviar las copias de la película ¡a cambio de 200 kilómetros de tubos de oleducto y doce vehículo ‘bulldozer’!. Otro ejemplo clásico del uso personalizado del poder. Y vemos al presidente quemado desquiciado la película. Pero en eso se da cuenta de que aún hay negativos de las fotografías publicitarias, hechas por el estudio Nardi de Piacenza.
FIN
Los afanes de este hombre apagando fuegos no son nada con la que se le está viniendo encima a Berlusconi en otro frente judicial. En realidad es algo viejo y estaba ahí dormido desde hace años, como ya contamos cuando repasamos la intensa historia procesual del amado líder del centro-derecha. Se trata de sus presuntas conexiones con la Mafia. Un capo ha decidido colaborar con la Justicia y ahora va y dice que Berlusconi hizo pactos con Cosa Nostra y que incluso está relacionado con los grandes atentados contra el Estado de los noventa. Como dijo el co-líder del centro-derecha Gianfranco Fini el otro día, pensando que no le oía nadie, es «una bomba atómica». Pero le pillaron en un vídeo que sacaron luego. Berlusconi se enfadó mucho y luego tan amigos, como siempre. También se habla de otro vídeo comprometedor que anda por ahí con Alessandra Mussolini y Roberto Fiore, líder fascista de Forza Nuova. Como ven, en Italia últimamente la política sólo avanza a golpe de vídeos robados.
Ya nos detend
remos otro día en este proceloso asunto de la Mafia y Berlusconi, qué habrá que ver al final en qué se queda, pero lo que nos interesa ahora es señalar la ironía justiciera del caso: básicamente las novedades se asientan sobre el testimonio de un ‘arrepentido’, Gaspare Spatuzza (señor de la foto). Sí, claro, también los mafiosos un día se arrepienten, entran en un camino de contricción y hacen examen de conciencia. Después, confiesan. Así obtienen beneficios. Todo muy pío. ¿Lo adivinan? Efectivamente, Spatuzza, de 45 años, condenado varias veces a cadena perpetua, que asesinó al sacerdote Pino Puglisi en 1993, ha experimentado en la cárcel una repentina conversión, estudia la Biblia y ya ha aprobado seis exámenes de teología, con excelentes notas en Sagrada Escritura y Patrística.
Es lo bueno de estas civilizaciones católicas, que siempre puede triunfar el bien y la piedad, como en las películas. Si fuera en Suecia lo llevarían claro, como en una de Ingmar Bergman. De esta atmósfera paternal se beneficia la propia Iglesia católica, faltaría más, que para eso la esponsoriza. Por ejemplo, el otro día se supo que el Banco de Italia y la Guardia di Finanza ha descubierto una cuenta secreta del IOR (Istituto Opera di Religione), el famoso banco del Vaticano implicado en célebres escándalos, en la que se han movido 180 millones de euros en los últimos años, en violación de la ley de transparencia y anti-reciclaje. Se ha abierto una investigación, pero me apuesto una cena a que no se llegará nada. Como en las veces anteriores, aunque de esto hablaremos otro día, porque si no estaríamos hasta mañana.
Así que mejor veamos ahora el final de las aventuras de nuestro entrañable presidente Beozzi:
Sinopsis: Vemos a nuestro querido presidente Beozzi en la estación de Piacenza, donde ha ido a buscar al fotógrafo que tiene los benditos negativos de las fotos de promoción de la película. Muerto de frío y desmoralizado, espera a su secretaria, que llega de incógnito. Le trae un fajo de billetes, que ha anotado bajo el concepto ‘Sondeo en el norte’ -un clásico más-. El hombre está fuera de sí y le tiene que frenar la secretaria para que antes de irse firme todos los papelotes atrasados, contratos millonarios de concesiones petrolíferas y cosas así, firmados sin mirar -otro clásico-. Está tan loco que hasta firma el periódico. Se lo ha traído la secretaria porque hay otra proeza de su homónimo Beozzi, el playboy, que se ha batido en duelo en Villa Borghese. La secretaria le confiesa que está preocupada por su estado y le pide al menos que acepte una barra de cacao para los labios. Al despedirse, el presidente le entrega la caja de pastillas mentoladas para que le deposite en el altar de exvotos de su parroquia. Antes toma una, “la última de mi vida”, dice con dramatismo.
El presidente, que lleva días buscando al fotógrafo Nardi, está luego en una tienda de anticuariado, donde le ha dirigido un camarero del hotel. “¿Ah, es amigo de Giorgio?”, pregunta el propietario con interés. “No, pero ha comprendido mi urgencia de encontrar a Nardi”, responde él. Pero no se trata de anticuariado, sino de “algo muy personal”. El dependiente dice que no sabe nada y Beozzi, sin duda equivocando el significado las maneras, apela con sutileza a un posible pasado común: “Me parece entender por sus modales que también usted estudió en el seminario...”. El otro lo niega, repite que no sabe nada y le pide que se vaya. Antes de salir, Beozzi se aplica la barra de cacao de labios y esto atrae un repentino interés del anticuario. Se acerca, con una nueva actitud, y le propone encontrar a Nardi esa misma noche, en un lugar apartado. Un amigo “que sabe todo” le llevará en coche. “Póngase guapo”, le dice antes de irse.
El presidente llega a una villa de las afueras y en el timbre le dicen: “Corola”. El chófer le ayuda y responde: “Pistilo”. Nuestro héroe entra y se encuentra en un fiestón gay por todo lo alto, repleto de personas importantes. En eso llega la Policía y hace una redada, acompañados de ‘paparazzi’, claro, un clásico más. Primera página del día siguiente: ‘La doble vida del profesor Beozzi’. Y en una esquina, una nota aclaratoria: “El conocido playboy Gildo Beozzi quiere precisar que no tiene nada que ver con el profesor Guido Beozzi y de no ser pariente suyo ni en línea recta ni en línea colateral”.
FIN
Maravilloso ¿no les parece? No sé para qué me enrollo tanto si basta con ver películas. Aunque ha pasado el tiempo y hay diferencias claro. Hoy el playboy, por ejemplo, es primer ministro.
Todo esto, el desvarío político, legal y judicial, los vídeos y los trans, sitúa a Italia en una transdemocracia, más allá de la democracia y con un innegable trasfondo espiritual. No sé qué es, si un limbo, un purgatorio, un infierno, un paraíso, pero es otra cosa, y pese a su inequívoco aspecto de absoluta decadencia quizá sea, paradójicamente, una vanguardia, a la que tal vez llegaremos los demás tras un penoso y esforzado proceso de derrumbe. Transdemocracia es como la tontería esa de «país transalpino», utilizado como sinónimo de Italia, pues ser transalpino es condición que cumple cualquier país que esté al otro lado de los Alpes, según la posición geográfica del hablante. Por ejemplo, para mí en este momento España es un país transalpino. Y cada vez lo es más, que no pasa día sin un caso de corrupción.
Por todo esto se echaron el sábado a la calle miles de personas en Roma, en el llamado No-B Day contra Berlusconi, con una simple convocatoria a través de Internet, ajena a los partidos. Cada vez hay más fenómenos de este tipo, meramente ciudadanos, de hartazgo y desahogo, pero todavía no se ve qué salida pueden tener que no sea esa, salir a la calle. Sucede que no es fácil ser italiano, no sentirse representado con casi un millar de parlamentarios. Pero al final llegamos siempre a lo mismo: a Berlusconi le ha votado una mayoría de italianos.
Antes de terminar, les recuerdo que el día de Navidad no deben dejar de conectarse con el ‘Grande Fratello 10’: entrará en la casa un sacerdote para oficiar la misa. Entretanto pueden entretenerse buscando el trans entre los concursantes. Es muy divertido, han dicho que entre toda la tropa de zumbados hay una mujer convertida en hombre, pero no han dicho quién es. Según los responsables del programa, "no hay que tener miedo de mostrar esa Italia que somos, en el fondo, también un poco todos nosotros".
Aunque esto me recuerda que una de las grandes noticias de la portada de la edición digital de hace unos días era del Gran Hermano español. Literalmente decía: "Indhira, expulsada de Gran Hermano tras agredir a Carol. La joven malagueña ha tenido que abandonar el concurso tras lanzar los hielos contenidos en un vaso de agua a la concursante de Castro". Y es que encima en España van por Gran Hermano 11. Por delante de Italia.
3. Y si no, nos enfadamos
Todos record
amos con cariño las dosis de violencia gratuita de Bud Spencer y Terence Hill. Estamos hablando, por supuesto, de Carlo Pedersoli y Mario Girotti, más italianos que los canelones. No digan que no queda mejor en inglés. ¿Qué ha sido de ellos? A Terence Hill se lo encuentra uno en la tele, vestido de cura, en 'Don Matteo', una serie en la que interpreta a un párroco de pueblo, buenazo pero sagaz, que ayuda a resolver casos locales a los Carabinieri.
Spencer, que fue nadador olímpico, ha hecho de todo en la vida, pero lo que le faltaba era la política. En un momento de ofuscación se presentó por Forza Italia, el partido de Berlusconi. Un colega, más que nada como fan, le pidió una entrevista. Se citaron en la sede de Forza Italia en Roma, que por una inmensa paradoja catastral está en Vía de la Humildad, el 3 de abril de 2005. Si a alguien le suena la fecha es porque fue al día siguiente de la muerte de Juan Pablo II. Mi amigo, claro, se olvidó del viejo Bud y por la noche tenía unos siete mensajes en el móvil. El último era de él en persona, muy cabreado, y daba muchísimo miedo: "Soy Bud Spencer, llevo una hora esperando ¿dónde coño se ha metido?". Mi amigo lo conserva como oro en paño y nos lo ponemos en alguna noche de copas. Nos reímos, sí, pero aún se asusta nuestro corazoncito infantil.
'Y si no, nos enfadamos' ('Altrimenti, ci arrabbiamo', Marcello Fondato, 1974). Fue rodada en España y sale algún actor ibérico. Además del malo malísimo Donald Pleasance.
4. Nostalgia de Ugo
En verano uno se imagina con un descapotable por las curvas de Amalfi, con música de órgano ye-ye. Se tienen nostalgias imposibles. Tomarse un martini con gente de otra época, inigualable y divertida como, por ejemplo, Ugo Tognazzi. La mejor anécdota que yo conozca de Tognazzi, socarrón, ligoncete, comilón, genial, es la siguiente. Ugo iba con su deportivo a toda velocidad y se le cruza un cerdo. Lo mata. Se baja con su pachorra habitual y aparece el propietario del gorrino. Le acaba convenciendo para que se lo pague pero Ugo precisa que, en ese caso, el animal es suyo. El nativo, consciente de que el coche no tiene maletero y sólo dos plazas, le mira incrédulo. Ugo echó mano de su elegancia natural y sentó al cerdo en el asiento del copiloto, con cinturón de seguridad y todo. Con esa compañía se hizo más de 400 kilómetros, desde Parma a Roma. Durante el viaje hasta conversaron y le bautizó como 'Gigetto'. Al llegar a casa lo metió en un arcón congelador y se convirtió en parte fija de sus famosos banquetes. Parecía que no se acababa nunca y sus amigos ya lo evitaban, hasta que en una fiesta, tonteando con Raffaella Carrá, ella le dijo que tenía hambre. Ugo, excelente cocinero, le preparó allí mismo lo que quedaba de 'Giggeto' al chocolate. Por lo visto, la cosa terminó en cagalera.
'Amici miei' (1975, Mario Monicelli), obra maestra. Esta es la mítica escena en la que el conde arruinado y venido a menos Raffaello Mascetti, tras el intento de suicidio de su mujer, decide dejar a su amante, Titti, de una vez por todas.
Sinopsis: El conde, Ugo Tognazzi, espera a la salida de clase a Titti y en un melancólico paseo de una hora, "con la voz firme del hombre que sabe cuál es su deber", le explica que su historia debe terminar. Es un monólogo dramático. "Tengo demasiadas culpas con esa pobre desgraciada... Si volviera a hacer ese gesto, no podría soportarlo, sería capaz de matarme yo también... Tú eres joven, tienes el derecho de ser inconsciente, pero yo no, ¡no!... Sí, lo sé, te estoy arruinando la vida, no puedo pretender hipotecar tu futuro, no me lo perdonaría nunca... Y tú, en un cierto momento, puedes decir que todas estas cosas las sabíamos antes, y que esto es sólo un pretexto para liberarme de tí, cuando supe de.. tu defectillo (la pilló en la cama con otra tía), bueno defectillo, no sé hasta qué punto... No, la verdad es otra, hay que mirar la verdad a la cara. Ha sido un sueño, un sueño muy bonito y basta. Tú tienes 18 años, y yo 52. No es por esos 34 años de diferencia, que son lo de menos, es que nuestro amor no puede tener ningún futuro... Coraje, Titti, es mejor que saquemos el cuchillo de la herida..."
Despedida:
-Addio Titti.
-¡Addio merdaiolo, nos vemos mañana en el sitio de siempre a mediodía!
-¡No, a y media, que a mediodía tengo un embargo!
Y Tognazzi se va frotándose las manos.
(Publicados en El Correo en julio de 2007)
Sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate... El otro día le cazaron a Berlusconi en la asamblea anual de Confindustria, la patronal italiana, poniéndose pote de tapadillo. No creo que sea por las arrugas, sino más bien porque el cemento armado no es fotogénico. Acuérdense del hombre pedrusco de los cuatro fantásticos. Lo de este hombre con lo falso y lo postizo es una obsesión. Que si alzas en los tacones, que si pelo implantado, que si estiramientos faciales, que si los informativos de sus tres televisiones y de las otras tres del Gobierno... Pero de eso vive, de la imagen. Ya ven, nos despedimos hace unos días -quizá demasiados, perdonen la demora- y aquí estamos otra vez hablando de lo mismo. El culebrón que destapó su propia mujer no ha cesado, pero se ha enriquecido con nuevos personajes. Después de aparecer su actual novio, que sostiene que serían perfectos para un 'reality' porque se compenetran "como el Gordo y el Flaco", se acaba de cerrar el círculo con el ex-novio despechado de Noemi Letizia. Cómo está Italia para que le plante cara al primer ministro y segundo hombre más rico del país, acusándole de mentir y de robarle la novia, un chaval de 22 años, empleado en una fábrica, rubio teñido con tatuajes y aficionado al 'kickboxing'. Aunque esto es sólo el principio. A ver si un día me animo y se lo resumo, pero es como un libreto malo de ópera bufa.
Recordemos hoy, para aligerar mi palabrería y por su interés, otra gran película del maestro Dini Risi, ‘In nome del popolo italiano’ (1971). Es muy sombría. Va de un juez inflexible, Ugo Tognazzi, que intenta empurar a un empresario, Vittorio Gassman, prototipo del delincuente medio-alto italiano, simpaticón y rufián, constructor con villas fastuosas y cochazos.
Sinopsis:
Llamado a declarar por la muerte de una jovencita, los dos protagonistas se tantean. Gassman declara:
-¿Es tan reprobable que un hombre de mi colocación no desee hacer públicas sus relaciones con una putilla?
-Está hablando de una muerta, y yo no acepto guiños de ojos, ¿está claro?
-No, quería sólo aclarar que con esta chica, pobrecita, sólo tuve un encuentro esporádico.
-¿Solamente?
-Eeeeh, no.
-No, aparte de una cosa que evidentemente Roncherini no le ha dicho (Pero piensa: En cambio seguro que te lo ha dicho, por eso te lo digo yo)... En negocios, a veces se concluye más en una comida que en diez reuniones. Y en algunos casos las chicas guapas asumen un peso propio, especialmente si son un poco ligeras...
-Intentemos ser más claros: es habitual que en algunas comidas de negocios, chicas guapas aparentemente de buena sociedad, son presentadas al personaje que interesa. ¿Sí o no?
-Sí.
-Hasta el punto de dar a este personaje la ilusión de haber hecho una conquista.
-Sí.
-De este modo, estimulando la vanidad o el sentido de culpa se hace más maleable al personaje en las negociaciones.
-Sí.
-Porque sí es verdad que se concluye más en un comedor, se concluye aún más en un dormitorio.
-¿Debo responder sí o no?
-¿Se hacía acompañar a menudo de la difunta a este tipo de convenios?
-Esto sería una culpa. porque yo sé lo que piensa usted...
-¡Usted no sabe lo que pienso yo!
Les interrumpe otro interrogatorio.
-¿Es verdad que una vez a un hombre de negocios americanos se le ha hecho creer que una chica fuera la hija de un empresario que tenía que cerrar un acuerdo con él?
-(Recuerda la escena) No, de esto no sé nada.
El juez le sugiera entonces que podría tratarse de instigación a la prostitución, pero el empresario dice que nadie obliga a estas chicas.
-Lo hacen porque hay quien las paga (dice mostrando un cheque).
-No fue un pago, fue un regalo. Muchas chicas se venden porque es un atajo. Yo el puesto de cajera al supermercado se lo había encontrado, ¿por qué no lo ha cogido?
El juez luego le pregunta por estupefacientes y el empresario, con verbo florido y retórico, rechaza sus imputaciones.
Hablamos de Justicia porque en realidad estos días ha habido entremedias un temilla menor: han condenado a cuatro años y medio a David Mills (chico de la foto), abogado británico que en los noventa trabajó para Fininvest, el imperio mediático de Berlusconi, por dejarse comprar por el actual primer ministro para protejerle cuando fue interrogado en dos de sus procesos. En resumen, según la sentencia en primer grado -pero quedan dos- Berlusconi le sobornó para que mintiera. Berlusconi también estaba imputado como corruptor del corrupto, pero se ha librado de la sentencia gracias a una ley de inmunidad fabricada a la medida.
Qué fuerte, dirán ustedes, pero no se preocupen que no pasará absolutamente nada. Esto de los procesos a nuestro hombre ya es una historia muy aburrida. Tanto que a la mayoría de los italianos no les interesa, o no saben, o son cosas complicadas. Son muchos procesos, uno se pierde, siempre se quedan en nada, no terminan nunca. Una lata.
Recordemos entonces algunas nociones básicas. Son datos que en más de ocho años en Italia jamás he visto en un solo programa de televisión. Sólo en libros especializados o, a veces, en algunos diarios. Así que, veamos: los procesos de Berlusconi.
1-Falso testimonio sobre la P2. Declarado culpable en 1990 en segundo grado de jurar en falso que no pertenecía a la logia masónica P2. El delito, no obstante, queda cubierto por una amnistía del año anterior.
2-Corrupción a la Guardia di Finanza de 1989 a 1994. Condenado a dos años y nueve meses por cuatro sobornos a agentes que inspeccionaban sus empresas. En segundo grado, el tribunal aplica atenuantes genéricas a tres de ellos y, con ello, concede la prescripción del delito, mientras que le absuelve del cuarto. Absuelto luego por el Supremo.
3-All Iberian 1. Financiación ilegal al partido socialista de Bettino Craxi con contabilidad secreta de Fininvest. Condenado a dos años y cuatro meses. Prescripción del delito en segundo grado, confirmada por el Supremo.
4-All Iberian 2. Falsedad en balance contable. Bloqueado en 2005 por la ley del Gobierno Berlusconi sobre sociedades que despenalizó el delito imputado.
5-Medusa cine. Condenado a un año y cuatro meses por falsedad en balance. En segundo grado, delito prescrito al aplicarse las atenuantes genéricas.
6-Compra de terrenos en Villa Macherio. Absuelto en una parte, delito prescrito en otra por irregularidades en parcelas de una de sus villas. Sentencia confirmada en segundo grado, con la concesión para uno de los delitos de la amnistía de una condonación fiscal de 1992.
7-Laudo Mondadori. Corrupción de jueces para emitir una sentencia a favor de Berlusconi. Aplicación de las atenuantes genéricas, que conllevan la prescripción del delito. Su abogado y ministro de Defensa de su Gobierno en 1994, Cesare Previti (chico de la foto), sí es condenado como intermediario del soborno de jueces para Berlusconi. Para conceder las atenuantes, la sentencia considera «las actuales condiciones de vida social e individual del sujeto», es decir, que Berlusconi era entonces primer ministro. En primer grado Previti fue condenado a 13 años. En segundo grado, absuelto. El Supremo le impuso un año y medio.
8-Caso SME. Corrupción de jueces para emitir una sentencia a favor de Berlusconi. Absuelto en parte de los cargos, obtiene la prescripción para el resto gracias a la aplicación de atenuantes genéricas. Tras recurrir, recibe la absolución plena. De nuevo su abogado, Cesare Previti, como intermediario entre Fininvest y los jueces corruptos, es condenado a cinco años en primero y segundo grado, pero el Supremo anula todo el proceso en 2006 porque los hechos ocurrieron en Roma y el tribunal de Milán no era competente para juzgarlos. Los cargos de falsedad contable quedan anulados por la ley del Gobierno Berlusconi de 2002 que los despenalizaba.
9-Caso Lentini. Falsedad en balance por la compra en negro del Milan del futbolista Lentini al Torino. Bloqueado por la ley del Gobierno Berlusconi sobre sociedades que redujo el plazo de la prescripción del delito.
10-Consolidado Grupo Fininvest. Falsedad contable. Bloqueado por la ley del Gobierno Berlusconi sobre sociedades que despenalizó los delitos imputados.
11-Telecinco. Fraude fiscal, reciclaje y violación de la ley antimonopolio. Absuelto por el Supremo español en 2008.
12-Derechos televisivos cinematográficos de Mediaset. Aún abierto.
13-Corrupción del abogado Mills. Abandona el proceso como presunto corruptor gracias a una ley de inmunidad. En primer grado, Mills es condenado a cuatro años y medio de cárcel.
Bueno, quizá tenía que haberlo hecho por capítulos, porque no se acaba nunca. Por brevedad, no he incluido los casos archivados tras las diligencias previas, aunque algunos son muy interesantes, sobre todo los de presuntas conexiones con la Mafia.
Berlusconi siempre dice que en todos sus procesos ha sido declarado inocente -en Italia sólo es firme la sentencia final del Supremo-, pero como verán hay cuatro prescripciones definitivas (procesos 3,5,6 y 7), dejando a un lado las que luego fueron revisadas como absoluciones. A uno enseguida se le ocurre que si la Justicia funcionara en Italia, sin cometer errores garrafales y a un ritmo razonable, a Berlusconi quizá podían haberle condenado, y no una ni dos veces, sino más. Aunque esto también debe agradecérselo a sus abogados, artistas en estirar procesos al infinito.
La explicación de Berlusconi para tan desmedida lista de entuertos judiciales es que entre ciertos magistrados, en Milán, hay una vena exagerada de izquierdas y que van a por él porque le odian. Berlusconi no se inventa todo, miren, miren esta otra escena de la película.
Sinopsis:
Los protagonistas discuten agriamente, porque el juez ha tendido una trampa al empresario y éste ha caído.
-¡Usted es un listo, mucho más listo que yo!
-Puede ser. Y ahora escihe mi desahogo. Estoy harto, y no soy el único, de ser el defensor de leyes que protegen una sociedad que da asco! ¡Porque consiente a individuos como usted prosperar y proliferar!
-¿Individuos como yo? ¿Y cómo soy yo, me lo puede explicar?
-¡Sí, usted es un ciudadano ejemplar, por Dios, no defrauda el fisco, no incendia bosques, tiene respeto por el paisaje, no contamina mares y ríos, no corrompe funcionarios, y frena ante los gatos negros!
-¡Señor juez!
-El señor juez está convencido de que algunas leyes que consienten a los detentores del poder económico dañar a la colectividad deben ser cambiadas!
-¡Pero si es lo que digo yo!
-¡No me toque, paracaidista, usted es un hombre vil y vulgar!
-¡Sí, confieso que soy vil, porque usted me da miedo! ¡Porque desde el primer momento he leído en su mirada una palabra terrorífica: ideología! ¡Usted me odia a nivel ideológico! ¡Usted está prevenido contra mí! ¡Usted no es un buen juez!
Este diálogo es el mismo que podrían tener alguien que odie a Berlusconi y lo que representa y el actual primer ministro, que replica estas mismas cosas a los magistrados. La película es del año 1971 y ya está todo ahí. Como siempre comprobamos, este país no cambia, viene de muy lejos. Risi ya retrata un tipo determinado de magistrado justiciero encabronado. En fin, no digo que sea el caso de los jueces que han procesado, y están procesando, a Berlusconi -aunque él sostiene que sí y yo creo que no- pero es necesario comprender el contexto y esto es lo que tratamos de hacer aquí, explicar las cosas a los de fuera. Es verdad que en Italia muchos jueces, pero sobre todo los fiscales, están tan contagiados como cualquiera de sus compatriotas por el afán de figurar. Salen en la tele, dan entrevistas a diestro y siniestro, se hacen famosos enseguida, abren investigaciones tremendas que se quedan en nada. En España, salvo Garzón y alguno más, es difícil recordar no ya el nombre de un magistrado, sino su careto. Aquí, en cambio, podrían hacer un 'reality'.
Por eso nuestro hombre, convencido de que esto es una guerra política, se siente legitimado para defenderse desde el poder. Bueno, en realidad es una opinión muy extendida entre sus adversarios que fue su única razón para entrar -y seguir- en política. Volvamos entonces a la lista de sus procesos.
Si uno se fija, no es menos evidente que los procesos 4, 8, 9 y 10 fueron paralizados y enterrados por una ley que despenalizaba la falsedad contable aprobada por su Gobierno. Así que quizá podría haber sido condenado alguna vez más.
Debe considerarse, además, que para torpedear los procesos All Iberian 2, Lentini, SME y Mondadori en 2001 aprobó una ley que endurecía los requisitos de las comisiones rogatorias, las peticiones de información de los magistrados a otros países, y de este modo anulaba pruebas o demoraba esos juicios ya abiertos. Afectaba principalmente a los documentos bancarios de Suiza y otros países. El Supremo rechazó algunos aspectos de la ley en 2002 y los tribunales la interpretaron de forma distinta. Pero los diversos juicios sufrieron retrasos.
Para paralizar el proceso SME aprobó en 2002 la ley de la legítima sospecha, que permitía recusar a un juez si uno tenía la legítima sospecha de que no era imparcial. Sus abogados la invocaron, pero fue rechazada. No obstante, demoró el juicio.
Todas estas leyes ‘ad personam’ fueron, obviamente, utilizadas también por otras terceras personas, que se beneficiaron alegremente de ellas, de mafiosos y traficantes a delincuentes comunes, pero esto son inevitables daños colaterales.
Para burlar la sentencia del caso SME aprobó una ley de inmunidad en 2003 que le permitió abandonar el proceso. Luego fue declarada inconstitucional, pero retrasó su juicio.
Para evitar la reciente sentencia del caso Mills aprobó una nueva ley de inmunidad. Si no, probablemente habría sido condenado con su compañero de banquillo, pues la sentencia dice claramente que "pagó por su impunidad". Debe pronunciarse el Constitucional, pero de momento ya ha evitado la sentencia. El caso, de todos modos, se dirige a la prescripción en los primeros meses de 2010.
Por otro lado, en la amena lectura de esta lista de procesos se perciben otras cosas, como el increíble fenómeno, un clásico de la Justicia italiana, de ser condenado a un porrón de años y luego absuelto, o juicios infinitos, o delirantes chapuzas judiciales. Son ingredientes que alegran aún más el conjunto. Claro, luego la gente no cree en la Justicia.
Como habrán comprobado, si es que han llegado hasta aquí, es un tema árido, aburrido. No entretiene. En definitiva, muy poco televisivo. Por eso nunca sale en la tele, ni Bruno Vespa le dedica un programa, ni los informativos se conectan en directo con la sala que va a fomrular una sentencia contra el primer ministro, sino que emiten 'Renegado', con Lorenzo Lamas, o cosas así. Por cierto, que del asunto de Noemi Letizia los informativos están contando muy poco. Se entera uno más con las televisiones extranjeras. En Italia se tiene la oportunidad de vivir sensaciones antiguas, como en 'Cuéntame'.
El problema para Berlusconi, y ya terminamos enganchando por el principio, como los autores consagrados, es que lo de Noemi Letizia (chica de la foto, con la foto dedicada de 'papi') sí es entretenido y, al contrario que toda esta pesada ristra de procesos incomprensibles, afecta a asuntos verdaderamente importantes: el honor, la familia, la tradición, esas cosas. Sería indignante, pero gracioso, que al final esto sí le cueste algún voto. Pero descuiden: en las elecciones europeas hablará el pueblo, arrasará y será investido otra vez de nueva y flamante soberanía. Así él siempre habla en nombre del pueblo italiano, como si no hubiera disidencia, como el título de la película, que es la frase con la que se inician las sentencias de los tribunales italianos. La otra frase simbólica de la Justicia es la escrita en todas las salas de juicio sobre las cabezas de todos: "La ley es igual para todos", algo que se recuerda como si no fuera obvio, porque no lo es. Veamos ahora cómo termina 'In nome del popolo italiano'.
Sinopsis:
El juez tiene el diario de la chica asesinada, donde anuncia su suicidio y que, por tanto, exculpa al odiado empresario. El magistrado sabe que este hombre es un chorizo redomado pero que nunca va a poder pillarle, porque siempre tendra´recursos para escabullirse de la ley, y está tentado de hacer desaparecer la prueba. En ese momento hay un partido de fútbol, Italia-Inglaterra y gana Italia. La gente se echa a la calle. Se desencadena la habitual juerga de ‘tifosi’. El juez, asqueado por el circo de su país, de pan y circo, ve por todas partes el rostro del empresario en la multitud: en un cura, en un viejo fascista, un militar, hasta en una pilingui. Está un poquito obsesionado. El caos termina con unos energúmenos, uno también con la cara del empresario, que vuelcan e incendian un coche de matrícula inglesa. El juez, que ve condensado en ese momento lo peor de los italianos y de un país que ha degenerado moralmente, decide quemar el diario y procesar a su enemigo, aunque sea inocente en ese caso concreto.
Italia es que es muy complicada.
El otro día fue fiesta en Italia, una fiesta muy importante: el 25 de abril se celebra la Liberazione, la Liberación del fascismo y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hoy toca tema serio. Así cuenta ese día Bernardo Bertolucci en ‘Novecento’ (1976):
Sinopsis: Lo que vemos aquí es a la gente de los pueblos que se entera de la noticia del fin de la guerra y sale con las armas a perseguir a los últimos fascistas que quedan por ahí. «¡Dinos lo qué ves!», le dicen a la campesina que está sobre el carro de heno. «¡Veo un montón de cosas! ¡Veo un montón de bandidos negros que escapan como conejos y uno de los nuestros que les persigue, sin fusil! ¡Tiene sólo un bastón, qué bastonazos le da, parece un diablo con cien brazos, si pudiérais verlo! ¡Gritad! ¡Gritad!» «Bendita juventud que ve lo que no existe», murmura escéptica una anciana que ya no espera nada.
«¡Los alemanes escapan, se van para siempre, no volverán nunca más! ¡Tiran los fusiles y los uniformes para que no les reconozcan». En un momento de ensoñación la chica cree ver a Olmo (Gerad Depardieu), uno de los personajes, en un caballo blanco. Pero enseguida despierta cuando divisa al jerarca fascista del lugar (Donald Sutherland) y su mujer . Los persiguen y los apalean.
Bertolucci, militante de izquierda, da así una visión entre poética y realista de lo que fue aquello. Alegría y barbarie. La reacción popular se puede explicar porque lo que hemos visto entronca con otras escenas similares del fascismo, como la que tenemos aquí en ‘La marcia su Roma’ (La marcha de Roma, 1962), de Dino Risi:
Sinopsis: Un grupo de camisas negras pasan con dos disidentes apresados, cantando ‘Giovinezza’ (Juventud), himno de la época, mientras los dos protagonistas, Ugo Tognazzi y Vittorio Gassman, fascistas de circunstancias y por conveniencia se disponen a dar una lección a otro. Se trata de un juez que les condenó en el pasado en unos incidentes y el método es el clásico de aquella época, ingestión forzada de aceite de ricino, que causa fulminantes y terribles diarreas. Si recuerdan, lo sufre también el padre del protagonista de 'Amarcord'.
Subiendo las escaleras, Gassman, siempre con más morro, explica a Tognazzi, más parado, que agarrará al profesor mientras él le hace tragar el aceite. Tognazzi, a quien no le apetece nada la misión, objeta que a lo mejor se defiende. «Un golpe en la cabeza y se acabó», dice Gassman. Cuando se dispone a tirar la puerta abajo, la abre un señora: «¿Son los del carbón?», pregunta al verles de negro. «¿Tienen cita?». «Desde hace dos años», replica Gassman haciéndose el duro.
«Buenos días, ¿no se han acomodado?», dice el profesor al entrar. Cuando pasan al salón, Tognazzi se olvida la botella. Al decir que no les conoce, Gassman le recuerda los disturbios de la huelga de barrenderos de Milán en la que fueron detenidos. El profesor no se inmuta ante la botella y pide que les traigan el vermut. Luego cuenta que la suya es una familia de magistrados, pero que él prefirió dimitir.
«Un magistrado puede juzgar si es independiente, y un hombre es independiente si es totalmente libre». Como no era libre, explica, dimitió. «Es usted el que nos quitó nuestra libertad», replica Tognazzi. El profesor responde que, en efecto, hoy serían juzgados con mayor benevolencia, aunque él les seguiría condenando igual. «Yo no he cambiado», dice bebiendo su vermut con aceite de ricino.
Luego, arenga: «Sois unos irresponsables, pero no es todo culpa vuestra. Cuando el fanatismo ocupa el lugar de la razón el camino está lleno de engaños, y el engaño mayor es justo éste: que uno cree que ama la propia patria sólo si esta patria es un país donde todos piensan como él, y es así como termina por amar una patria de esclavos, y no se da cuenta de que es un esclavo él mismo». Así apura su copa. «Ahora me tengo que ir, ya ya sabéis dónde. ¡Iros allí vosotros también y vuestro Benito Mussolini!».
Dino Risi, un maestro. Otro ejemplo más de esa elegante combinación de tragedia, comedia e historia que hacía sin esfuerzo el cine italiano de aquella época.
Volvamos a la actualidad porque todas estas cosas están todavía muy presentes en la vida italiana, y quizá algunos lectores desconozcan los detalles.
Hasta este año Berlusconi nunca había celebrado el 25 de abril, porque decía que era una fiesta secuestrada por la izquierda. Además, siempre ha tenido palabras afectuosas hacia el fascismo. Que Mussolini no era tan malo, sólo enviaba a la gente a pasar una temporada de vacaciones a prisión y cosas así. En su línea. A saber qué opinaría del juez que hemos visto en la película, dada su opinión de los magistrados. O qué opinaría el juez de él.
En fin, que Berlusconi ha pasado sus 14 años de vida política, aún siendo primer ministro, sin celebrar el fin del fascismo. Como él, gran parte de la derecha. Ya ven qué tropa. Italia es un país muy complejo. Porque, por otro lado, recordarán que Berlusconi, cada vez que va a Estados Unidos, cuenta su batallita de la visita al cementerio americano con su padre y repite su eterna gratitud a los aliados. A él lo que le fastidia es que también haya que agradecerles algo a los comunistas.
Por eso cada aniversario del 25 de abril está siempre rodeado de cierta polémica, porque los que perdieron -o más bien sus hedereros o simpatizantes- lo ven como una fiesta de la izquierda, aunque la Resistencia y los partisanos, organizados en un comité de liberación nacional reunían a gente de todo pelaje, desde católicos y liberales a socialistas y comunistas.
Por una parte, es verdad que la izquierda italiana ha monopolizado un poco la Liberación, pero por otra también es verdad que los nostálgicos del fascismo nunca se han acabado de bajar del burro. Como hemos contado ya alguna vez, en los últimos años cada vez se han crecido más y el propio ministro de Defensa, Ignazio La Russa, hijo de un dirigente de la República de Saló, el último mini-estado donde resistió Mussolini, no deja de repetir que también los fascistas luchaban por la patria, al menos por la idea que tenían de ella, y que también deben ser recordados.
Pero hay algo más. Hasta hace poco no se hablaba de las masacres de los partisanos comunistas de Tito en la zona de Trieste, las terribles ‘foibe’, simas naturales donde se arrojaba a prisioneros italianos, pero mucho menos de las barbaridades que también cometieron los partisanos italianos y los ajustes de cuentas salvajes que dominaron los primeros días de la Liberación. Como la que hemos visto en 'Novecento'. Esto ha cambiado y se debe sobre todo a un periodista, Giampaolo Pansa, de izquierda para más señas, que lo ha contado en una serie de libros muy vendidos. Para parte de la izquierda se trata de falaz revisionismo, pero para otros simplemente ha roto un tabú y ha rellenado lagunas históricas. Lo que pasó en aquellos días convulsos fue un germen de guerra civil, que siguió de forma latente y de baja intensidad durante los ‘años de plomo’.
En cualquier caso, parece que los tiempos están madurando, pues el partido post-fascista de Gianfranco Fini, Alianza Nacional, se ha diluido en el PDL y parece que abandona definitivamente la nostalgia del Duce, y estamos en 2009. Y la buena noticia es que por primera vez Berlusconi ha reconocido el papel de la Resistencia, el antifascismo como clave fundadora de la democracia italiana y ha celebrado la fiesta de la Liberación, y estamos en 2009. Ha sido un paso significativo por la conciliación e Italia se ha encontrado por fin un poco menos dividida. Aquí lo tienen, a la izquierda, con el pañuelo de partisano anudado al cuello, una imagen impensable hasta ahora. Mañana seguiremos.
Ya ven que cada país tiene lo suyo.
Qué fijación, dirán ustedes. Pero no, ya no es para reírse. Los destinos de la pobre Daniela Martani, la ex-azafata de Alitalia que acabó en Grande Fratello, son una parábola cada vez más perfecta de algunos rasgos de la sociedad italiana y de los funestos resultados de la fascinación de la fama televisiva. En un nuevo capítulo de sus desgracias, se presentó este domingo en otro programa basura, ‘La fattoria 4’ (La granja), pero no duró ni un asalto: el público la echó en el primer programa sin contemplaciones con el 75% de los votos. Cuatro millones de espectadores, 21% de cuota de pantalla. La gente ya la ha demonizado. «Quizás no es mi momento para los ‘reality’», reflexionó.
Pobre Daniela. Recordarán su accidentada biografía mediática. No dejó de lucirse en las fotos durante las manifestaciones laborales de la crisis de Alitalia, posando ante la prensa descaradamente, saltó a la fama, apareció en programas y al final, pese a ser uno de los afortunados trabajadores que no echaban a la calle, se largó para entrar en Grande Fratello 9. Como amenazaron con despedirla porque en realidad había ido en sus vacaciones y ya se le habían terminado, dejó la casa de los majaras a los 22 días. Sin embargo la despidieron igual, aunque ahora ha reclamado en los tribunales. Después decidió ir a 'La fattoria', uno de los programas más espantosos: envían una panda de energúmenos famosos de tercera fila, con aspiraciones de pasar a la primera, a una granja de Brasil a currar entre fango, cerdos y gallinas. A esto quería llegar al menos la pobre Daniela y ni aquí la han dejado.
Daniela Martani es una chica italiana más, entre miles, que desea con todas sus ganas ser famosa cueste lo que cueste gracias a su cara bonita, haciendo lo que sea. La capacidad de envilecimiento de este mundo entre las candidatas es ilimitado, al igual que su poder de destrucción y su crueldad si es que llegan a tener un momento de visibilidad. Ya hace más de cuarenta años una espléndida película de Antonio Pietrangeli, ‘Io la conoscevo bene’ (Yo la conocía bien, 1965), reflejaba los desvelos de una chica de pueblo (fantástica Stefania Sandrelli) por llegar al mundo del espectáculo en Roma. Aquí vemos una escena en una fiesta en la que, aún sin saberlo, contempla un alma gemela, el gigantesco Ugo Tognazzi, en un breve papel que le dio un 'nastro d'argento': es un actor venido a menos que merodea por las fiestas -esas fiestas romanas que salen en tantas películas y que siguen siendo exactamente iguales- en busca de un papelito, un favor o simplemente algo de comer:
Sinopsis: Un actor famoso con ganas de divertirse toma el pelo a Baggini (Tognazzi), contando que en sus tiempos fue un famoso ‘latin lover’ y que hasta Ava Gardner estuvo enamorada de él. «¿Enamorada? Bueno, perdió un poco la cabeza -contesta-, me la encontraba siempre a la puerta de casa». «Pero tú nada ¿eh? Duro, la hacías sufrir. Al final le dijo: vete con Dominguín o con quien quieras, pero con Luigi Baggini nada de nada», ironiza el famoso. «¿Pero es verdad?», le pregunta la chica de al lado. «Qué va, es todo mentira, es un loco».
En ese momento aparece otro muerto de hambre colado en la fiesta, Cianfanna (Nino Manfredi), un agente de medio pelo y les presentan para seguir la broma. Cuenta que está preparando una película y Tognazzi dice que sabe hacer de todo. El actor consagrado mete baza: «Piense que Baggini sabe ocho lenguas». Manfredi le pregunta si sabe montar a caballo, pero Tognazzi no sabe. Entonces dice que sabe bailar claqué. Le piden que haga una demostración y aunque no tiene zapatos empieza su exhibición. Presenta el número: el tren.
Cuando termina todavía le pican para que cuente un chiste. «Espera», murmura recuperando el aliento.
Para los que viven en Italia, esta película está estos días en los quioscos con el 'Corriere della Sera'.

He visto que ha salido este tema en las conversaciones, y me uno al debate. De paso pido disculpas si, por falta de tiempo, no intervengo o no respondo a alguna pregunta. Pero vamos al tema que nos ocupa. Siempre recomiendo Italia a quien quiere aprender inglés, porque por el mismo precio practicas dos lenguas, se entiende mejor a todo el mundo y el clima es notablemente más soleado.
Para que se hagan una idea, imaginen un telediario más o menos así (quizá les haga falta un diccionario):
Bienvenidos a las news. Este weekend se ha producido una scalation de violencia que ha terminado con un blitz (esto es alemán) de la Policía, la captura de un killer y de una baby gang. Confiscados dos computer y un station wagon. El ministerio del Welfare se plantea crear una task force, mientras el premier piensa en una exit strategy para solucionar la spy story en la intelligence. Quizá todo se resuelva en un election day, aunque dos ministros han dado forfeit (o forfait, aquí se hacen un lío con los idiomas) y no han acudido al meeting de hoy, que ha sido una full inmersion en el análisis de la crisis. No se descarta que el presidente ejerza su moral suasion. Economía: el Estado lanza sus bond contra la crisis, mientras cae la confianza en los hedge founds. Show de Berlusconi mientras hacía shopping, vestido casual, en un bookshop: desmiente la love story con una hostess en el party de las nomination de los mejores film y fiction italianos. Sólo bebimos un drink, ha aclarado. Ella es single. Standing ovation de los presentes. Pasamos al sport: tensión por el big match de mañana de la Under 21 en el stop del campeonato, los steward del estadio temen incidentes cuando lleguen los pullman de aficionados. Record de share en la retransmisión de ayer. Buonasera.
Pues sí, hablan así. Esto ocurre con la mayor naturalidad. Es más, hay carreras por introducir nuevos palabros sajones, que rápidamente se extienden en la calle. Imagino que es por parecer modernos, y también por esa ancestral adoración hacia lo estadounidense de la que ya hemos hablado varias veces -creo, porque a veces me hago un lío-. Como cantaba el gran Renato Carosone, lo que pasa es que 'Tú quieres hacer el americano':
El resultado es que la hermosa lengua italiana sufre puñaladas a diario desde hace años. Resulta muy llamativo el escaso respeto por la propia lengua que hay en este país. Consecuencia, supongo, de una unidad lingüística y política reciente, del rodillo del mediocre lenguaje televisivo y de esa falta de apego genética por lo colectivo. Existe una especie de academia de la lengua, la Academia de la Crusca de Florencia, con una historia muy curiosa, pero que pinta aún menos que la española. Sobre el italiano y las lenguas italianas sigue quedando pendiente un capitulillo.
Por su parte, a los italianos les hace mucha gracia que traduzcamos los términos ingleses, como los franceses. Se mueren de risa con ‘perrito caliente’ o con el ‘ratón’ del ‘ordenador’. Pero debe reseñarse que en algo tan esencial como el fútbol estamos al revés. Fue obra de Mussolini la insistencia en la ‘italianización’ de la lengua y de ese modo el fútbol es ‘calcio’, el córner es ‘angolo’ y el penalty es ‘rigore’. Ahí nosotros nos hemos comido el inglés con patatas.
Otro elemento interesante es la pronunciación. El español, tímido, con miedo a destacar y al ridículo, con complejo de paleto, se limita a una expresión más o menos plana, sin exageraciones, de la que resulta su acento característico y el deletreo literal. Sin embargo el italiano, de carácter eminentemente interpretativo como sabemos, es muy echado para adelante y se lanza a la piscina. De este modo exagera por el lado contrario hasta extremos muy creativos: la consecuencia es un inglés propio hablado sólo en Italia. Un ejemplo habitual es la palabra club: dicen ‘cleb’. La ‘u’ es ‘e’. La ‘a’ también se transforma en ‘e’ y la hache, al contrario que nuestra jota torera, es totalmente muda: Tom Enks (Tom Hanks), Meneten (Manhattan),... En fin, nosotros decimos Jólibuz por Hollywood.
Por lo demás, como en España, la gente no habla inglés.
Ya dijo el otro día en Davos el ministro de Economía, Giulio Tremonti, medio en broma: los bancos italianos han salido bien parados de la crisis porque no hablan inglés.
Y con esta excusa de los idiomas ha llegado el momento de...¡la supercazzola! Con la ventaja de que no voy a tener que traducir nada:
Sinopsis: La película es, naturalmente, 'Amici miei' (Monicelli, 1975) y viene bien como homenaje a la Crusca, porque transcurre en Florencia. Además usan un palabro inglés nada más empezar a hablar. Dos de los gamberros suenan la bocina para que salgan los demás ('claxonan', dicen ellos) del bar del Necchi, pero aparece un guardia a multarles. Mosquin y Noiret empiezan a tomarle el pelo, pero entonces aparece Tognazzi, el mítico conde Mascetti: "Prematurata la supercazzola o scherziamo?", que no significa nada. Desde aquí ya no tengo que traducir, porque usa un lenguaje inventado, mezclado con palabras italianas sueltas, para mofarse de todo hijo de vecino. Algo así hizo luego Antonio Ozores en el 'Un dos tres'. Y también tenemos el gíglico de Cortázar, claro.
Berlusconi escribió el otro día en una revista médica, todo emocionado, que probablemente la ciencia conseguirá que la vida llegue tranquilamente a los 120 años. Es decir, para lo que a él le interesa, la edad media de los jugadores del Milan podrá seguir subiendo hasta el infinito y el término gerontocracia, tal como lo conocemos en Italia, aún está en sus albores. De ese modo ahora nos hallaríamos, prácticamente, en un jardín de infancia comparado con lo que se avecina. Bueno, ya dijo hace unos años su médico personal y alcalde de Catania, Umberto Scapagnini, (todos los que son algo personal de Berlusconi obtienen de regalo un cargo político) que el magnate "técnicamente, es casi inmortal".
Berlusconi, de 72 años, no parará de rejuvenecer y, según algunos analistas, será por lo menos papa en 2037. Según ha explicado, la palabra "viejo" podía servir hace unos años para alguien, por ejemplo, de 60 años, "pero hoy no son pocas las personas que a esa edad emprenden nuevas aventuras". "Goethe- continúa- se enamoró a los 72 y Tolstoi a esa edad profundizó el estudio del hebreo". Mientras Berlusconi decide si tener un lío o estudiar arameo, hay quien teme una nueva transformación de este camaleónico personaje:

Es una viñeta de Giannelli en el 'Corriere della Sera'.
Hay por ahí una película rarísima de Ugo Tognazzi, una de las cuatro que dirigió, de ciencia ficción, un género poco transitado en Italia pero que tiene algunos titulos muy curiosos. Se llama 'I viaggiatori della sera' (1979) que en España se llamó 'Los viajeros del atardecer'. Describía un futuro en el que los viejos, al llegar a una cierta edad y ante la escasez de recursos en la Tierra, eran llevados a una extraña colonia de vacaciones y eran sacrificados, para dejar paso a los jóvenes. Fue antes de la célebre 'La fuga de Logan' (película y luego mítica serie de televisión), que tenía el mismo argumento. Otra curiosidad: se rodó en Canarias en escenarios volcánicos, idea que también precede, como en otros puntos, a la novela apocalíptica 'Posibilidad de una isla', de Michel Houellebecq. Sale por ahí el gran José Luis López Vázquez de gurú medio loco de la secta. Bien pensado, lo imagino perfectamente departiendo con Berlusconi sobre los problemas de la edad y el paso del tiempo.
Hoy casi se libran de la filmina, pero he encontrado milagrosamente una escena de esta película de Tognazzi. No es nada del otro mundo, pero tiene su encanto: se ve esa angustia setentera y nuclear de la ciencia-ficción, el futuro de plexiglás, las pintas modernas y el toquecillo erótico imprescindible de la época.
Sinopsis: La familia llega a las modernas instalaciones sacrificales y Tognazzi pide un café en la mesa. Le dicen que no está contemplado en las reglas, pero responde que lo contempla él. Pide un helado para el niño, que lo rechaza: «Como el niño es un poco gilipollas tráigame sólo un café». Se niegan a llevárselo. «¡Pero es posible que no se entienda que se ha perdido algunas cosas, sentarse a la mesa, pedir un café, es una placer irrenunciable, así como debe ser un placer para usted traérmelo a la mesa! El placer de trabajo basado en el residuo personal».
Interviene la mujer, Ornella Vanoni, en uno de sus raras incursiones en el cine. Pero el hijo dice que no insistan, que así son las reglas: «Nuestra sociedad se basa en el orden». Replica Tognazzi: «Una sociedad basada en el desprecio recíproco, donde en vez de hablar mirándose a la cara yo estoy hablando desde hace media hora con un culo».
El camarero cuenta entonces que él ya acompañó a su madre a la cita final e intentó contentarla, pero le recomienda que se lleve a su padre, que está «en un estado de cólera turbulenta», o llamará al ESPA (Ejército de Salud Pública). Tognazzi se queja de que le tratan como a un paquete. Fuera, su hijo le pide las llaves del coche, porque ahora conduce él. «Y una mierda, no te las doy. ¿Y tú no dices nada? En el fondo estos dos monstruos los has hecho tú», le dice a su mujer. «Sí, claro, cuando los hice tú habías salido un momento», contesta ella. «¡Eh, no, yo quito la firma!», replica.
El hijo teme que el camarero haya visto algo y avise a los de seguridad. La hija entra a pedir una tirita y ve que el camarero se dispone a llamar. Ella le ofrece su reloj si no llama, pero él preferiría «un gozo físico», porque su trabajo le obliga a un aislamiento forzado».
Como continuación de un capítulo anterior, y por dejar constancia de que algo se mueve por ahí abajo en Italia, el sábado hubo movida en el partido Bulgaria-Italia. Se trata de ultras, efectivamente, y alguno pensará que, bueno, que es normal, que en el fútbol ya se sabe y que en Italia más todavía. Pero escuchen a Gigi Riva: "Es la primera vez que la selección vive una noche así, y lo dice uno que viste de 'azzurro' desde 1963".
La noche así fue una agradable velada de brazos con el saludo romano, gritos de "¡Duce, duce!" y otros coros, incluido el momento del himno nacional. Luego, peleas, quema de bandera y enfrentamientos varios. Cruces célticas, esvásticas, el repertorio clásico.
Más reconfortante aún la reacción de Domenico Mazzilli, director del Observatorio del ministerio de Interior para prevenir la violencia en los estadios: "En Bulgaria eso no es delito, y yo no soy sociólogo". Fin del expediente.
Peor la papeleta del ministro de Defensa, Ignazio La Russa (Alianza Nacional, post-fascista). Ha condenado enérgicamente lo ocurrido, pero su ex-colega Francesco Storace, que rompió con el partido precisamente por traicionar las esencias originales, ha tenido el mal gusto de intervenir: "Lo que cantaban era lo mismo que La Russa cantaba de joven". Los cinco 'tifosi' detenidos también son jóvenes, entre 27 y 29 años, como entonces La Russa. A lo mejor un día también ellos serán ministros. En realidad este grupo sigue a la selección desde 2003, pero sólo ahora se han venido arriba, quién sabe por qué.
Una situación verdaderamente entretenida.
Una vez jaleados, los chicos pueden ser difíciles de controlar, hasta llegan a superar a sus maestros. Veáse lo que le ocurre al protagonista de 'Il federale' (Luciano Salce, 1961), una película muy interesante por diversas razones. Es uno de los primeros filmes italianos que afrontó el fascismo desde el punto de vista de un fascista, aunque fue muy polémico porque le humanizaba bastante y la guerra era aún reciente. El cine italiano de la era dorada ha tenido esta formidable capacidad de analisis. También fue la primera película en la que Tognazzi, hasta entonces encasillado en la comedia y la televisión cómica, pudo ensancharse como actor. Y además es el debut de dos grandes nombres del cine italiano: Stefania Sandrelli y Ennio Morricone, que firma su primera banda sonora. Para terminar, sólo reseñar que Salce, un tanto olvidado, es director de un puñado de buenas comedias y, todos en pie, de los dos primeros capítulos de la saga de Fantozzi.
Sinopsis: El soldado Primo Arcovazzi (Tognazzi) es enviado a capturar a un profesor antifascista y llevarlo a Roma. Son los últimos días de la guerra y el caos es general. Tras detenerlo, ambos emprenden el viaje a la capital, lleno de peripecias. De paso, comienzan a fraguar cierta inconfesable amistad. Tras una de estas desgracias, Tognazzi pierde su uniforme, pero llegan a una Casa del Fascio en un pueblo y entran a pedir ayuda. Sin embargo aparecen dos chavales muy bien aleccionados. Les toman por espías. Tognazzi le asegura que es un soldado fascista y que lleva un prisionero a Roma. Hasta interviene el profesor para testimoniar a su favor: "Os aseguro que es un pez gordo del partido, y con buenas esperanzas de convertirse en Federale". Pero nada. Deciden interrogarlo a ver si es verdad, con preguntas del manual del fascista ejemplar, en plan catequesis y con la retórica de la época. Por ejemplo, "¿Cuáles son los motivos que nos dan la certeza de la segura victoria?" "Primero, combatimos por una causa justa. Segundo, tenemos armas y voluntad..." Etcétera. Pero hay una pregunta cuya respuesta ha olvidado. Se la tiene que soplar su amigo el prisionero. Entonces los chicos le dan el visto bueno. Cuando uno de ellos le va a dar la mano, Tognazzi le reprende, porque estrechar la mano fue abolido el 23 de junio de 1938. Como el dar de usted, los anglicismos y otras reformas del lenguaje. Cuando se van, los chicos se quejan de que el tándem que se llevan es del partido. "El partido soy yo", replica Tognazzi. Saludo final: "Vincere! Vinceremo!". Recuerda el "Hasta la victoria siempre" que todavía hoy se usa en Cuba. Qué cosas.
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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7-Laudo Mondadori. Corrupción de jueces para emitir una sentencia a favor de Berlusconi. Aplicación de las atenuantes genéricas, que conllevan la prescripción del delito. Su abogado y ministro de Defensa de su Gobierno en 1994, Cesare Previti (chico de la foto), sí es condenado como intermediario del soborno de jueces para Berlusconi. Para conceder las atenuantes, la sentencia considera «las actuales condiciones de vida social e individual del sujeto», es decir, que Berlusconi era entonces primer ministro. En primer grado Previti fue condenado a 13 años. En segundo grado, absuelto. El Supremo le impuso un año y medio.

