Íñigo Domínguez
La vida en Roma
Bueno, prepárense que había mucho material pendiente y me ha salido un poco largo. Como adelantábamos el otro día, por fin se ha votado, Berlusconi ha sacado el 35% de los votos -aunque él esperaba al menos el 40%- y una mayoría relativa de los italianos ha expresado que le importa un pimiento el culebrón de Noemi. Me imagino que ahora el asunto irá apagándose poco a poco.
Habrán notado que hemos seguido el asunto de lejos. Es que era muy cansado, un enorme esfuerzo mediático con nuevos personajes cada día y detalles cada vez más cutrones, y todo para llegar a una asombrosa conclusión: Berlusconi ha mentido. Vaya notición, paren las máquinas. Supongamos que es verdad, porque tiene toda la pinta. Berlusconi ha mentido... ¿y? Hace años que Italia dejó atrás esa señal de alarma.
Ha sido enternecedor ver a ‘Repubblica’ en su cruzada como si Italia fuera un país anglosajón o al menos normal y como si con una mentirijilla de un cargo público se rasgara la cúpula del Parlamento. Si así fuera, en Italia las sesiones serían al aire libre todo el año. De todos modos, estoy a favor de las causas perdidas y ‘Repubblica’ tenía razón. Bastaba que Berlusconi hubiera replicado que su vida privada era asunto suyo y se habría acabado la cuestión, pero acostumbrado como está a la impunidad y a decir lo primero que se le pasa por la cabeza empezó a decir cada día una cosa distinta sobre su extraña relación. Era legítimo dar caña, aunque él ni pisa el Parlamento -y eso que prometió dar explicaciones en la cámara- y sólo habla en sus programas de la tele. Con Bruno Vespa en ‘Porta a porta’ ha sido increíble: cómo sufrió el pobre Bruno al tener que preguntarle tímidamente por Noemi para que el magnate dijera lo que quisiera. A los veinte minutos de programa, pasado el mal trago, ya estaba todo contento preguntándole por la gran cuestión política de Kaká.
Otro punto de interés era el hecho de que Noemi era menor, aunque nadie se ha preocupado de explicar que perfectamente tiene derecho a unas relaciones si son consentidas. Este tema se ha jugado en realidad no en el campo penal, sino en el melindroso terreno del decoro, la tradición y las buenas costumbres, como en una comedia a la italiana, y el gran debate de fondo ha sido si Noemi era virgen o no. Ella proclamó que sí -habló de «la fatídica primera vez»-, su ex-novio lo confirmó y su padre lo repitió varias veces: «Mia figlia è illibata, ricordatevi questa parola, illibata!» (¡Mi hija es virgen, acordáos de esta palabra ‘virgen’!). La palabra en sí, ‘illibata’, del verbo ‘libar’, una que no ha sido libada, es antigua, como de romancero medieval, pero es que ésa es la atmósfera temporal del folletín. Italia para estos temas no sale del pasado. Es como el fantástico tráiler de canto de juglar de ‘Sedotta e abbandonata’ (Seducida y abandonada, 1964), obra maestra del gran Pietro Germi, sobre los raptos pactados en familia para arreglar bodas y salvar el honor.
El caso Noemi cobró mayor interés cuando se supo que había fotos por ahí, pues quizá demostraban alguna mentira más de Berlusconi, y se añadió otro dato, el del uso de aviones de Estado para fines privados, el único realmente relevante, aunque sea poca cosa para un elemento como ‘il Cavaliere’, cuyo listón de tropelías está colocado a alturas interestelares. Sin embargo ahí se desinfló todo. Ahora sabemos por qué las fotos de la villa de Berlusconi estuvieron meses rulando por las redacciones italianas sin que nadie las publicara: no se veía nada. Pero menos mal que un diario español se lanzó a ello. Dios mío, qué bomba informativa el pene de un ex-primer ministro checo que pasaba por allí, el tal Topolanek. Por cierto que también le ha ido fenomenal en las elecciones europeas. Y qué escándalo, gente tomando el sol ¡desnuda! ¡en una piscina privada! ¡en verano! Menos mal que en una imagen aparece Berlusconi que va a por unos aperitivos, que si no podría ser una urbanización de Oropesa. Me supongo que en ‘Interviú’ y en la prensa mojigata de derechas, que se rasga las vestiduras por los atentados a las buenas costumbres, estarán indignados con ‘El País’, qué manera de meterse en su terreno.
Además ha sido contraproducente: en vez de generar indignación han causado envidia. Este fin de semana he estado en España y la gente no hacía más que darte codazos: «¡Qué tío este Berlusconi, es un crack! ¿Has visto las fotos?». El modelo televisivo creado por Berlusconi y la inercia de Internet, que está contagiado como un virus pernicioso a los diarios impresos, nos ha hecho a todos tan mirones que ya no vemos las cosas: estas fotos son una vergüenza. Yo todavía estoy buscando dónde está la noticia, porque a lo mejor hay alguna tía con tres pechos o algo así, esas primicias que ahora atraen visitas en las ediciones digitales. En este blog no hacemos precisamente la pelota a Berlusconi, como ustedes saben, pero en privado que haga lo que quiera. A mí como si se opera, cosa que ya hace con asiduidad. Con Berlusconi parece que vale todo y hay que tener mucho cuidado con eso, porque le da argumentos. Nadie habría publicado unas fotos así de Sarkozy, Brown, Zapatero o Angela Merkel en su casa, con sus invitados y en sus vacaciones.
En realidad, lo más interesante del culebrón son otros matices sociológicos. No sé si lo han seguido, han logrado comprenderlo o ni siquiera si les interesa, pero se lo resumo por sentido del deber. Los enterados pueden saltarse los dos siguientes párrafos. El pasado 28 de abril el primer ministro aparece en la puesta de largo de una joven en un restaurante de bodorrios perdido en las afueras de Nápoles. Aunque suene raro, son estas cosas extrañas que hace Berlusconi de asistir a todo tipo de saraos. A los dos días su mujer, Veronica Lario (en la foto, con cara amargada como siempre), saltó indignada: su marido no había ido nunca a los cumpleaños de los 18 años de sus hijos y le tiene que ver en el de una desconocida. Por otro lado, lamentó que su marido proyectara llenar las listas electorales de las europeas de azafatas y modelos sin oficio ni beneficio: «basura política». Se refería a las quinielas de las candidatas del PDL: una ex concursante de 'Gran Hermano 3'; una actriz del culebrón histórico 'Elisa di Rivombrosa'; una intérprete de la décima temporada de 'Incantessimo', serie de sobremesa; una chica florero de la RAI... En total unas treinta que participaron en un seminario del PDL para preparar a los candidatos. Les daban un 'kit' de fichas para que supieran al menos qué era la OTAN. Tras el escándalo hubo contraorden.
Veronica Lario añadió que su marido «no está bien» -frase ambigua que se ha interpretado en muchos sentidos, todos adictivos- y que «frecuenta menores». Remató diciendo que era una vergüenza ver a estas chicas como «vírgenes que se ofrecen al dragón para conseguir el éxito, la notoriedad y el crecimiento económico». Desde ese momento, aireando las vergüenzas conyugales, Veronica Lario se convertía en líder de la oposición, si por eso se entiende quien le canta las verdades al primer ministro. Luego todo se lió: Berlusconi que cada día contaba una explicación distinta de la historia -con unas presuntas fotos muy formales de la fiesta, con los padres de ella, que parecen trucadas (juzguen, aquí arriba)-, Noemi que decía otra, sus padres otra diferente y el ex-novio una totalmente diversa. Luego apareció hasta un tía de la familia y la prensa berlusconiana contraatacó diciendo que Veronica Lario tiene un rollo con su guardaespaldas.
No es nada nuevo. Que Berlusconi anda con tías se sabe desde hace años y ya hemos hablado de ello en este blog. Hay fotos mucho más fuertes que las últimas, pagaran lo que pagaran por la exclusiva. Es más, el poder, las mujeres y las juergas en Italia siempre han ido unidos, aunque hasta ahora al menos había un velo de hipocresía, era todo más democristiano, más de toda la vida. Veamos esta magistral escena de una fiesta en ‘Il divo’ (2008), la estupenda película sobre Giulio Andreotti de Paolo Sorrentino, uno de los directores de más talento de su generación.
Sin embargo ahora estamos en plena posmodernidad de nuevos ricos. Ya hemos explicado que Berlusconi se hace un lío con lo público y lo privado, y en eso es totalmente coherente. En lo privado se parece a su televisión, lo más público que hay. Su villa de Cerdeña es como un plató: azafatas, topless, diversión, discoteca, platos de cocina, puestos de helados, decorados, un falso anfiteatro romano para actuaciones y un volcán de mentira con erupciones de pega. Aire festivo y optimismo de relaciones públicas.
Esta mentalidad se ha impuesto en toda Italia, tras dos décadas de monopolio de televisión berlusconiana. Italia es como un gran plató televisivo. Cuando hemos insistido en el blog con la chica de Alitalia, las azafatas y el machismo sociológico no es por diversión, que también, sino porque refleja la atmósfera que se respira en el país. Ser ‘velina’ (azafata televisiva) o ‘miss’ es el gran ascensor social al que muchas adolescentes quieren subir desesperadamente. Esto siempre ha sido así: Sophia Loren, Gina Lollobrigida, Silvana Mangano, Lucia Bosé y muchas otras se dieron a conocer de este modo. Pero eran de otra pasta y la ventana era el cine, bastante más exigente, no la televisión. Y menos la televisión de Berlusconi.
El cine italiano, tan anestesiado y alejado de la realidad en su mayor parte, apenas ha hablado de este fenómeno. Una excepción es ‘Ricordati di me’ (2003), de Gabriele Muccino, que en uno de sus mosaicos de decadencia colectiva retrata el ascenso de una chica mona que hace lo que haga falta y se cepilla a quien sea para salir en la tele. Funciona más o menos así:
En Italia hay chicas de estas a paladas, dispuestas a lo que sea. Una vez expuestas en el escaparate, lo demás depende de ellas mismas, de su habilidad y de sus escrúpulos. Se puede ir al ‘Grande Fratello’ o hacer un calendario sexy. Pero a poco que estén buenas y se lo monten bien, se colocan. Algunas son inteligentes, otras son más listas que el hambre, pero si son tontas es casi mejor. El hermano menor de Berlusconi, Paolo, ahí donde lo ven (chico de la foto), estuvo con dos bellezones, primero con Katia Noventa y luego con Natalia Estrada. Curiosamente, Estrada siempre aparecía en los sondeos durante ese periodo como una de las mujeres más deseadas por los italianos. Cuando lo dejaron, en 2006, dejó de aparecer en la tele -las de Berlusconi- y en los sondeos. Parece que ya no la deseaban. El hijo de Berlusconi, el cachas Piersilvio, está con otra azafata, Silvia Toffanin, una ex-’letterina’ (las chicas del ‘Pasapalabra), otro trampolín más. Otro filón son los futbolistas, de Totti a Buffon o Inzaghi. Ah, y se me olvidaba: la propia Veronica Lario era otra actriz a quien Berlusconi empezó a tirar los tejos en un teatro. Los problemas en la pareja llegan con el cambio de modelo, como con los coches, al último modelo y a la última modelo. La prensa afín a su marido se encargó de sacar unas fotos del cajón y recordárselo de manera un tanto brusca cuando "la señora", como la llama Berlusconi, se puso pesadita: "Velina ingrata", le dijo junto a unas fotos de juventud. Ya ven cómo se ha puesto el patio en Italia estas semanas.

En fin, que varias generaciones después de la pobre Veronica ahí tenemos también a Noemi Letizia. Siendo adolescente se hizo un ‘book’ de fotos calentorras, jaleada por sus padres. Veamos algunas por mero interés informativo y sólo para que se hagan una idea.


Fotografías de este pelo circularon por ahí hasta que a Noemi le llegó la oportunidad de su vida: le llama ¡Emilio Fede! Recordemos a este personaje en uno de sus deslices, hace años. Conectan con él y le pillan comentando lo buena que está la presentadora:
Pues bien este elemento de Emilio Fede ha hecho carrera por su inquebrantable fidelidad a Berlusconi y, siendo ya director de su propio informativo, el impagable TG4, se ha montado su propio garito de chicas. La oportunidad dorada de Noemi Letizia es cuando la llamaron del programa de Fede para hacer esto...:
Por si no se han dado cuenta se trataba del pronóstico del tiempo. Detrás había un mapa, pero había que fijarse. Es una de las cumbres de la televisión berlusconiana de paraíso multicolor. Las ‘meteorine’, las chicas del tiempo del TG4 de Fede, son una de las más rastreras variaciones de la azafata televisiva. Es una pasarela de tías buenas, de carácter sumiso y sonriente, con un punto tontito porque leen con dificultad y se confunden, que deben reír las gracias y los piropos de Emilio Fede, que las trata paternalmente -como ‘Papi’-, les pregunta por el novio, qué van a hacer a la salida y cosas así. Al final leen el santo del día y un proverbio como niñas buenas. Es el aderezo de un increíble telediario panfletario. No debe caerse en el error de verlo como un informativo, sino como un fantástico programa de humor. Miren a Fede, a cámara cerrada mientras transmite las imágenes de un mítin de Berlusconi, canturrear el himno de Forza Italia.
Letizia aspiraba a hacerse un hueco aquí, en el escalón más bajo del bajo imperio berlusconiano. Por algo hay que empezar. Pero imaginen como sería Letizia de taruga que el propio Fede la descartó tras una prueba porque no tenía buena dicción. Así que hay que entender que cuando a la pequeña Noemi la llamó el emperador en persona estaba como si le hubiera tocado la lotería: había triunfado, estaba hecho. Lo siguiente es cuando su relación salió a la luz y la prensa se presentó en su casa. Estaba encantada haciéndose fotos y dando entrevistas en la cocina junto a su madre. La que le hizo el Corriere della Sera no tiene desperdicio:
-¿Qué quiere ser de mayor?
-‘Showgirl’. He estudiado danza, desde los seis años. Ahora estoy siguiendo un curso de guía turística. Pero me interesa también la política. Estoy lista para aprovechar cualquier oportunidad, a 360 grados, pero no me rebajaré nunca.
-¿Qué opina de que Berlusconi quiera presentar mujeres del espectáculo a las europeas?
-Hace bien, quiere rejuvenecer. Y si ‘Papi’ lo quiere hacer así, seguro que no se equivoca. Elige estas chicas porque son inteligentes y capaces, no sólo porque son guapas. Mi lema en política será: 'Menos impuestos, más controles'. Basta con los listos que no respetan las reglas. (...)
-¿La veremos en las elecciones regionales?
-No, prefiero presentarme al Parlamento, se encargará ‘Papi Silvio’.
Y su madre, allí presente, encantada de la vida. No ha cambiado nada -bueno sí, a peor- desde ‘Bellissima’ (1951), de Visconti, con la gran Anna Magnani. Sólo he encontrado este fragmento en español, con un doblaje terrible. Que me perdonen los italianos. Es de una madre que hace lo que sea para que su hija se haga famosa.
«¡Non fate strepito! (No hagáis estrépito)», dice el aria con que arranca la película. Pero ni caso.
Noemi ha relatado luego a ‘Chi’, revista de Mondadori, propiedad de Berlusconi, sus aficiones favoritas: «Shopping, cenas, peluquería y estetista. Adoro la manicura. me hago crecer las uñas y después me las pinto. En este momento las tengo moradas. (...) He visto en el cine ‘I love shopping’, una película estupenda. me identifico con la protagonista».
Este domingo, el día de las elecciones, estreno electoral de su mayoría de edad por todos conocida, fue la consagración de Noemi. Fue uno más de los millones de italianos que se acercaron a las urnas, pero apareció en el colegio electoral escoltada, con empujones a los mortales, gafas de sol y prodigando sonrisas (foto a la derecha). Su madre la seguía igualmente pimpante. Hasta le cerraron el colegio para ella sola, ante el asombro de los ciudadanos que hacían cola. ¿A quién creen ustedes que votaría Noemi? Se supone que a ‘Papi’, claro.
En este punto la Italia actual se distancia totalmente del final de ‘Bellissima’, donde la madre comprende que todo es un circo al observar a escondidas los comentarios de la gente del cine sobre su hija, riéndose de ella. En ese momento ‘toma conciencia’, algo que en el cine de la época era la salvación de los protagonistas. La madre irrumpe en el estudio, indignada por los sacrificios y humillaciones que ha tenido que hacer para que la niña participe en el ‘casting’.
La Magnani llorando a solas en el parque es un monumento del cine italiano al trastazo con la realidad. Miles de ‘veline’ frustradas, explotadas o puteadas acaban así cada día en los rincones de Italia, aunque no se hacen películas sobre eso.
Pero hay más. Otro de los personajes secundarios del culebrón ha sido el ex-novio despechado de Letizia, un tal Gino Flaminio (chico de la foto), que empezó a dar entrevistas contando cómo Berlusconi le había robado la novia y desmintiendo la versión de los hechos del primer ministro. Fue quien desveló que nada de que Berlusconi conocía a los padres de Noemi desde hace años, sino que la vio en uno de esos tórridos ‘books’ que le pasó Emilio Fede y luego la llamó al móvil. Resulta que este chaval de 22 años, rubio oxigenado, con tatuajes, aficionado al ‘kickboxing’, empleado en una fábrica, con antecedentes por robar un móvil por el método del tirón con un ciclomotor, también vota a Berlusconi. Normal. Ha crecido viendo sólo su televisión de mamachichos y se enamora de uno de sus clones de barrio, la ínclita Noemi Letizia. Pero también su mente ha absorbido los valores berlusconianos. Tras el revuelo que se armó con sus declaraciones escribió una carta para dar explicaciones, diciendo que había sido manipulado, y pidiendo disculpas a Noemi y Berlusconi. Escuchemos la voz del supertacañón (las mayúsculas son suyas, al igual que las incoherencias gramaticales del actual lenguaje adolescente de los móviles):
«...Me dicen que soy un camorrista, Boss, Mentiroso, Líder de la Izquierda, Falso, Difamador, en resumen, un asco de hombre. (...) PURA FALSEDAD, me gustaría mucho querellarme, pero no me puedo permitir un abogado penalista. MI PUNTO DE VISTA he sido usado por alguien que no pudiendo atacar a El hombre del pueblo (así llamo yo al PRESIDENTE) usa un Gossip, un Cotilleo, mi historia de amor con Noemi. Ahora insinúan que él habría tenido relaciones de sexo cosa que excluyo a priori e imposible, conociendo a Noemi y sus valores. ¿Posible que el hombre del Pueblo no pueda tener una vida privada? ¿Qué mal hay en ser amigo de una familia normal? Esta es la cosa bella él es distinto de los políticos habituales él es amigo de todos los Chef, Obreros, Dependientes, Mendigos, Pobres en resumen de TODOS».
A mí lo que más gracia me hace es la enumeración inicial de personajes repudiables. Empieza con jefe mafioso y sigue con Líder de la Izquierda para terminar con Falso y Difamador. Qué ensalada de valores. Es como eso que decía Thomas De Quincey de que se empieza por asesinar a alguien y se termina por faltar a misa los domingos. Pero lo que nos interesa aquí es comprobar hasta qué punto cala hondo enla plebe italiana el mensaje de Berlusconi, envuelto en papel de regalo por sus televisiones. Para un pobre chaval muerto de hambre de Nápoles el hombre más rico de Italia, que se ocupa mayormente de sus negocios y de salvarse el culo en sus procesos, que le roba la novia para llevársela en Nochevieja a una fiesta en una villa de lujo de Cerdeña es El Hombre del Pueblo. Con mayúsculas. Ya ven que la izquierda tiene perdida la batalla en Italia para muchos años. El pobre Gino Flaminio me ha recordado las humillaciones a las que se somete el pobre Alberto Sordi en ‘Una vita difficile’ (1961), del maestro Risi.
Aquí vemos otra alegre fiestecilla, un tipo de situación muy italiano, pues es un espléndido corte de muestra social, que aparece en decenas de películas. El protagonista, qué curioso, se llama Silvio. Empieza de partisano en la Resistencia y acaba de chico de los recados de un magnate mangante, todo por trepar en la sociedad. Se deja humillar para lograr el éxito, para ser alguien y por contentar a su mujer, pero hasta Sordi, prototipo del italiano mediocre y arribista, al final se redime en esta película. También 'toma conciencia'. Hoy, en cambio, nadie tiraría a Berlusconi a la piscina, sino que hay cola por acudir a sus fiestas a chupar los bordillos del lavapiés. Italia no toma conciencia, sigue anestesiada por las televisiones del primer ministro, y aunque lo haga seguro que cuando despierte el donosaurio seguirá allí, como en el microcuento de Monterroso. Berlusconi se morirá en la cama, como Franco. Aunque eso también se debe a que no hay una alternativa a él, y eso si que no es culpa suya. Si un pasmarote como Prodi le ha ganado dos veces lo puede hacer cualquiera mínimamente presentable, pero ése es precisamente el problema, encontrarlo en la patética izquierda italiana. Entretanto todos seguiremos entretenidos y bien informados con el rabo de Topolanek, qué tío.

(Se lo pongo vestido para que al menos sepan la cara que tiene)
Aunque tenga escasos resultados visibles, estos últimos días he tenido mucho trabajo y no he podido ni siquiera cumplir con el Diario Mínimo, pensado para tal eventualidad. Como saben, el blog no es mi trabajo real, el bueno es el otro. Es como esa prostituta que confesaba tener una vida secreta como funcionaria de correos. En resumen, que tenemos un poco de bingo acumulado. Disculpen el desabastecimiento.
Multado por patinar sin carnet
Una patrulla de Policía cortó el paso, obligándole a parar en el arcén, a un hombre de 30 años que patinaba por la calle en Roma el pasado verano. Los agentes le pidieron que se quitara los patines, pero el individuo replicó que, si hacía eso, se quedaría descalzo en plena calle. Luego le pidieron el carnet de conducir y, como no lo llevaba encima, le llevaron a comisaría. Dos horas. Su novia llevó el carnet. Treinta euros de multa. Por lo visto, está prohibido patinar fuera de la acera. A los siete meses le ha llegado a este hombre un aviso judicial: la Fiscalía ha abierto una investigación por un delito que puede estar penado con un mes de cárcel y 400 euros de multa. El tema está en los tribunales, informan los abogados del patinador.
(Varios diarios, 22 de marzo de 2009)
Pedofilia, clero, hipnosis y Justicia creativa
Un cura de Bolzano (norte) fue acusado de pedofilia en 2003 por una chica, delito que se remontaría a 14 años antes, de 1989 a 1994. Lo curioso es que ella sólo pudo recordarlo e identificar al presunto agresor tras 350 sesiones de psicoanálisis con algo parecido a la hipnosis, la «distensión meditativa». En un sueño la violaban un grupo de marroquíes en un bar llamado San Giorgio. La significación oculta, al parecer, fue inmediata: el agresor era un cura llamado Giorgio. Luego habrían emergido otros detalles. Con este material, fueron a los tribunales. Primera sentencia: absuelto el cura, porque el testimonio de la víctima no era creíble. Segunda sentencia: condenado a siete años y medio. Tercera sentencia y definitiva en la mítica Cassazione: absuelto por prescripción, pero condenado a pagar 760.000 euros de indemnización. Es decir, una cosa intermedia, a la italiana: culpable e inocente a la vez. Don Giorgio vuelve a decir misa.
(Corriere della Sera, 26 de marzo de 2009)
Secuestro de caballos
Nuevos capítulos de uno de los más curiosos negocios de la mafia y afines: el secuestro y tráfico de caballos. ‘Iglesias’, campeón de trote, desapareció de un pueblo del litoral napolitano donde se recuperaba de una lesión en un tendón. El propietario es un ex-banquero milanés apasaionado del hipódromo de San Siro que se metió a fraile franciscano. Criaba el caballo en Asís. Se espera la petición de rescate.
(Varios diarios, 27 de marzo de 2009)
Inciso. El mundo hípico tiene una gran tradición en Italia, al igual que la gente poco de fiar que se mueve en torno a él. Prueba de todo ello es una comedia romana de culto, ‘Febbre da cavallo’ (Steno, 1976). Ponemos el arranque para ver el ambiente y porque la musiquilla setentera es entrañable, pone de buen humor. Un intervalo musical, como en la tele antigua.
Amenaza mafiosa
Hallan un extraño paquete en Palermo junto a la puerta de la oficina del senador Carlo Vizzini(PDL), presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales e impulsor de leyes contra la mafia, ya amenazado y con escolta. Contiene una cabeza de cabra con un proyectil incrustado y una nota: «¿Qué hay que hacer para que te calles?».
(Varios medios, 21 de marzo de 2009)
Una mentira más
El Parlamento rebaja hasta hacerlo desaparecer el nivel mínimo de naranja exigible a los zumos de naranja envasados. Era un mísero 12%. Ahora bastará con que tenga color y aroma de naranja. Esto en el país de la naranja.
(La Repubblica, 31 de marzo de 2009)
Rey por una noche
El príncipe Emanuele Filiberto fue coronado la semana pasada como vencedor del programa ‘Ballando con le stelle’ (Bailando con las estrellas), y lo mejor es que lo hizo por votación popular. Una revancha histórica para la casa Saboya, expulsada de Italia por referéndum en 1946, y en horario de máxima audiencia, el sábado por la noche en RAI Uno. El rival final, un actor-deejay. Otros dejados en las eliminatorias, un maratón de cuatro horas, eran un ex-futbolista, una imitadora y otro actor.
(RAI Uno, 21 de marzo de 2009)
Para abundar sobre la cuestión monárquica italiana, mal conocida en España, vamos a poner una secuencia magistral de Dino Risi en ‘Una vita difficile’ (1961), una de sus mejores películas. Como hemos contado más veces, los italianos se analizan y saben contar muy bien su pasado, no como los españoles, que en general son unos analfabetos sobre sí mismos. Aquí queda retratado el momento de aquel referéndum de 1946.
Sinopsis: Alberto Sordi y Lea Massari, dos novietes sin una lira, están muertos de hambre en la calle y por casualidad ven un conocido en un portal que les invita a subir y cenar. Es un palacio de esos de familias romanas de alto copete. Aún hoy el ambiente en estos sitios es más o menos como el que vemos.
«¿Qué noticias hay?», pregunta la abuela entrando al comedor. «Estamos ganando en todas partes», le dice su hijo. «Estoy tan preocupada por el rey... ¿Quién es este joven?», pregunta señalando a Sordi, y se lo presentan. Luego murmura, sin bajar demasiado la voz: «¿Por qué me traéis a casa gente que no conozco?». «Éramos trece», le confiesan. Ser trece a la mesa trae mala suerte, en Italia estas cosas son así. Sordi y su novia lo comentan entre dientes, dándose cuenta de la situación y de por qué les han invitado.
«¡Qué momentos está pasando su majestad!», suspira la abuela. Su hijo relata: «Recordaré siempre la última vez que vi a su majestad. Estaba en Pinerolo, partía hacia el frente y su majestad vino a despedirse, se volvió rápidamente, me estrechó la mano y me dijo: ‘Caro Rustichelli, usted no sabe cuánto le envidio’. Había una conmoción tan sincera en sus palabras que me vinieron las lágrimas a los ojos, y ahora cuando lo cuento, francamente, me conmuevo». Sordi le mira como pensando que este tío es imbécil. Aquí abajo tienen la foto de Vittorio Emanuele III.
«¿Por qué tanta gente quiere mal al rey?», se pregunta la abuela. Sordi ya no se aguanta y dice: «A lo mejor hay gente que lo acusa de haberse ido al sur». «¿Usted lo acusa de haber escapado?», le increpa una invitada. «No, ha dicho ‘ido’, no ‘escapado’», intenta mediar Massari. «Ido, escapado,... ¿Por qué no fue al norte a combatir a los alemanes con los partisanos?», dice Sordi. «Bueno, tenía 70 años, pequeñito, enfermo,...», trata de mediar ella. «¿Quién habla de partisanos? ¡Canallas que no han hecho más que sembrar confusión!», interviene otro pariente. Sordi se va a lanzar a discutir pero su novia le recuerda, muertos de hambre como están, que están a punto de comer, y en ese momento entra el primer plato.
Tras servirse, observados con desaprobación por los comensales, la radio habla: «Atención, les leemos el comunicado oficial con los resultados del referéndum popular monarquía-república. Monarquía: 10.709.423. República: 12.718.019. Desde hoy, Italia es republicana».
Drama familiar, mientras Sordi y Massari se besan. «Y encima se ríe», lloriquea una de las sobrinas tremendas. «¿Quién tiene el coraje de reir? ¡Viva el rey!», grita otro familiar invidente, que sale dándose con las sillas. De ese modo el viejo régimen abandona la sala.
«¿Qué hacemos, nos vamos?», pregunta Sordi. «Comemos y luego nos vamos», responde ella. Champán. Suena el himno de Italia.
Lección de historia en cinco minutos. Dino Risi, un maestro.
Nadie lo ha dicho, y ya es raro, porque los aniversarios se han convertido en noticias muy socorridas para llenar, pero se han cumplido 50 años de la inauguración oficial de la ‘dolce vita’. No fue con la película de Fellini, que se estrenó en 1960 y retrató ese mundillo, sino con un curioso episodio que en 1958 sacó a la luz las juergas nocturnas de la noche romana y causó un escándalo monumental. Como hemos ido viendo, las bacanales venían al menos desde hacía una década, pero una cosa es que se sepa y otra que se diga. O que se vea, porque eso fue exactamente lo que pasó gracias a una figura que nació entonces y hoy goza de gran predicamento: el paparazzi. Aún no tenía ese nombre, porque se popularizó a raíz de Paparazzo, el nombre del fotógrafo que acompaña al personaje de Marcello Mastroianni en ‘La dolce vita’.
Pero vamos a los prolegómenos, como dicen los locutores deportivos, a lo que pasó en 1958. Uno de esos fotógrafos picaruelos de la noche, Tazio Secchiaroli, se cascó una foto de un strip-tease desmadrado en el sótano del ‘Rugantino’, un restaurante de Via Veneto. La foto, hoy famosa y que tienen ahía arriba, muestra a una joven morena despatarrada en bolas en el suelo al ritmo de un tambor entre señores sudorosos con corbata y señoras bien de aire divertido. La imagen decía muchas cosas. Había frivolidad y algo pecaminoso, pero sobre todo lo entretenido, lo improvisado, la poca sensación de culpa, la atmósfera lúdica
y casi infantil de picnic, sugerían que no era un día de locura de un grupo de exaltados, sino la alegre vida habitual de la Roma pija. Que al día siguiente podía ir a la misa del Papa en San Pedro como si tal cosa. Como decíamos, llevaban diez años así, dándole al tambor. Pocos meses después, en marzo de 1959, Fellini empezó a rodar su película.
La chica de la foto era otra guiri de vacaciones en Roma, tema o pretexto de estos capítulos caóticos. Se llamaba Aichè Nanà, tenía 22 años y era armena, así que a lo mejor era inmigrante, y no turista. Turista sólo es el que se lo puede pagar, una condición reservada a ciertas nacionalidades que se lo pueden permitir. Nanà se convirtió de inmediato en símbolo de la vida loca romana, aunque siempre ha dicho que aquello arruinó su carrera. Explicó que era una fiesta privada con tan buen rollo y con tantas risas que acabó despelotándose. Pero tuvo la mala suerte de que se coló un fotógrafo. Según ha repetido, dos días después tenía una prueba con Vittorio de Sica, que la anuló al verla en pelotas en la prensa. A partir de entonces nadie quiso contratarla. Esta gente de vacaciones en Roma fue esencial en la dolce vita, que hundió a esta extracomunitaria armena, pero en cambio ensalzó a una turista sueca. Hablamos, efectivamente, de Anita Ekberg o, como se la conoce en Roma por razones obvias, Anitona.
Tamaña muestra de belleza, hedonismo y vitalidad fue recibida con escándalo en el Vaticano. Hace poco han salido a la luz unas cartas muy graciosas de Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán que poco después sería Pablo VI, y el arzobispo de Génova, el cardenal Giuseppe Siri, que en el cónclave sería su rival. Curiosamente este intercambio epistolar fue a raíz de que Siri, símbolo del sector ultraconservador, habló bien, o no mal del todo, de ‘La dolce vita’, y Montini le llamó la atención. «Recibo protestas muy graves de que es un filme de tal inmoralidad y tan mal ejemplo sobre la depravación humana que haría falta una intervención de la autoridad eclesiástica para hacerlo retirar de los cines», decía Montini, el progre. Siri se excusó diciendo que no defendía «la visibilidad» de la película, sino la obra en sí y las notables cualidades del director: «El filme es verídico, y algunos han reaccionado porque golpea horriblemente la vida de muchos: se ven descritos y han tenido miedo de sí mismos». Es decir, Siri valoraba la obra, aunque eso no quitaba que pensaba que era mejor que los fieles no la vieran. Ah, por cierto, a todo esto Montini hablaba sin haberla visto. No sé si después llegó a verla. Si no es así desde luego sería papa, pero mira que morirse sin ver ‘La dolce vita’. Eso no tiene perdón de Dios.
El protagonista, Marcello, un cronista desencantado de la vida social, es un trasunto del propio Fellini, que también fue un forastero en Roma, a donde llegó desde su Rimini natal para ser periodista. Era lo que quería hacer por lo que había visto en las películas americanas: tipos con el sombrero echado hacia atrás, que fumaban, echaban tragos, callejeaban y no daban ni golpe, aunque, qué curioso, encontraban historias. Entonces se podía hacer, pero hoy, por ejemplo, el sombrero ya no se lleva. Además ahora es mucho más cómodo, basta quedarse sentado copiando lo que sale en Internet. Pero entonces todavía se mandaba a los reporteros a los sitios y un día enviaron a Fellini a Cinecittà, donde se quedó anonadado al ver un rodaje mastodóntico en el que el director dirigía las masas y daba voces con un megáfono desde una torre. Era Alessandro Blasetti, del que ya hablamos en un capítulo de esta serie. Fellini pensó que él, vago, con tendencia a la dispersión y sin sentido del orden ni la autoridad, no estaba hecho para el cine. Por fortuna, conoció a Roberto Rossellini, que rodaba por ahí con poca gente y lo que le parecía, como quien escribe o pinta. Fue una revelación. Si no es por él, no habríamos tenido a Fellini. Ya ven, repetimos, que Rossellini tuvo su importancia.
Pero volvamos a Anitona, no nos distraigamos. Como se podrán imaginar, y ya lo contamos en otra ocasión, en Roma había cola para tirársela. Sin embargo ella venía avisada. Durante el rodaje, Mastroianni se le acercó y dijo que quería pedirle un favor. «Yo no estar interesada en mamadas», respondió ella, por si acaso. El bueno de Marcello también era una pieza de cuidado. Una vez tuvo que repetir ocho veces un beso a Romy Schneider y murmuró: «Y encima me pagan por esto...». Al final el que se llevó el gato al agua con Anitona fue Dino Risi, que sólo por eso ya debe de figurar en la historia del cine. Un poco más adelante, en la letra T, encontraríamos a Francois Truffaut con una descripción más o menos así: «Ciudadano francés (1932-1984) que se lió, entre otras, con Jeanne Moreau, Julie Christie, Catherine Deneuve, la hermana de ésta, Jacqueline Bisset y Fanny Ardant». Y luego ya: «Cineasta, hizo 24 películas, etcétera...». Con ese currículum, que logró sólo a base de ser majete y tímido, quién quiere una filmografía. Aunque en el caso de Truffaut están en total armonía. Bueno, ya les dije que aprovecharía cualquier excusa para hablarles de Truffaut. Aquí le vemos con Jacqueline en una escena de 'La nuit américaine' (La noche americana, 1973), película maravillosa donde las haya:

El ácido maestro Risi, fallecido este año (el señor de la foto de abajo), ha dejado escrito un librito entrañable, ‘I miei mostri’ (Mis monstruos), en el que cuenta chascarrillos y recuerdos. Y relata un día que pasó con Anita Ekberg. La actriz tenía una lancha que conducía ella misma y salieron a dar una vuelta. Ya en alta mar, se desnudó con la melena al viento. Encontraron un petrolero sueco y los marineros se abalanzaron a la barandilla a mirar y lanzar aullidos. Uno hasta tocó cuatro veces la sirena. El diario de a bordo de ese día debe de ser un poema. Anita reía como loca y habló a voces con la tripulación. Eran de Malmöe, su ciudad. Siempre en bolas, Anita dio dos vueltas al petrolero de premio. De consolación, se entiende. «Pobrecitos, ellos c
ontentos de ver mí desnuda», decía en su italiano macarrónico. Risi flipaba. Luego volvieron a la villa que ella poseía en Roma, situada en una colina, con un prado que terminaba en una piscina de azulejos negros. Tenía dos doberman. De repente apareció un tipo, un actor americano. Su marido. Llevaba un saco. Se sirvió un whisky y arrampló metódicamente con todos los objetos de valor que vio por la casa. Platos, cubiertos, todo. Se fue y Anita se quedó llorando. «Tú no héroe, ¿eh?», preguntó a Risi. «No», contestó él. Y ahí se acabó su historia.
Ante estas avalanchas de extranjeros que, como hemos ido viendo, llegaban a Roma, el talante local hacia el visitante se traducía, y se traduce, en intentar ligarse a las turistas e intentar darle el palo a los turistas. Es tan evidente que no tenemos ni que cambiar de escenario para observar la otra cara del fenómeno. Por la noche se baña Anita, pero miren lo que pasa durante el día. En esta célebre escena de 'Totòtruffa 62' (Mastrocinque, 1961), el gran Totó vende a un incauto la mismísima fontana de Trevi.
Sinopsis: Totó empieza su número, una vez vista su presa, echando a los niños que intentan robar monedas y quejándose al guardia. «¿Lo sabe que pierdo millones de liras al año con estos niños? El sábado cuando limpio la fontana me faltan siempre 3.000 o 4.000 liras», lamenta. «Ah, ¿pero las monedas son suyas?», pregunta el incauto. «Esta es la famosa fontana de Trevi, que pertenece a mi familia desde hace generaciones», y se presenta como el cavaliere ufficiale Antonio de Trevi. «¿Es un buen ‘bisnís’ (bussines)?», pregunta el otro. Totó le expica que, además de las monedas que tira la gente, alquila la fuente para rodajes. En ese momento completa la escena acercándose a un turista y pidiéndole en voz baja un donativo para la Cruz Roja, aunque a la víctima le explica que acaba de cobrar los derechos de imagen por las fotos. Cada foto cien liras. «Ah, yo he hecho tres», añade el inocente, que le paga religiosamente. Mientras se acerca el cómplice, Totó le da carrete y le explica que la fuente la hizo un arquitecto que su bisabuelo hizo venir de Suiza. Cuando el turista le replica que la guía la atribuye a Bernini, Totó está hábil: «Claro, venía de Berna y era bajito, por eso le llamaban Bernini». El incauto se sincera: es hijo de emigrantes italianos en América y quiere establecerse en Italia. Totó le propone venderle la fontana, porque algún día se jubilará. Además explica que aquello no le va bien para el reúma, todo el día cerca del agua: con diez millones está hecho. A la espera del contrato, Totó le pide una fianza. En ese momento interviene el cómplice, con acento toscano (no se pronuncian las ‘ces’, que se aspiran en forma de hache, por ejemplo hohahola=cocacola). Quiere comprar la fontana para una película americana y sube la oferta de la fianza. Al final la víctima pica y ofrece 500.000 liras. Creyéndose ya el propietario de la fontana acaba bastante mal. En efecto, a veces Italia es para volverse loco.
En ‘Guardie e ladri’ (Monicelli, 1951), que fue premio al mejor guión en Cannes, Totó se marca otro timo extraordinario a un turista norteamericano, esta vez en el Foro Imperial.
Sinopsis: Totó y su cómplice ensayan la venta de una moneda falsa a un turista norteamericano cuando aparece uno de verdad. El cómplice deja la moneda en el suelo y Totó se presenta como guía improvisando una explicación macarrónica. Un viandante que se lleva la moneda obliga a colocar otra, que Totó tarda en encontrar. El cómplice se presenta como profesor numismático (de asmática, dice Totó) que previene al turista de los timos, pero acaba por admitir que la pieza es auténtica. Empieza la venta mientras aparece el tipo que ha encontrado la otra moneda, al que echan sin contemplaciones. Pero una vez que el turista ha picado, es quien le abre los ojos.
Risas y chicas aparte, como deja entrever la película de Fellini, la mirada desolada de Mastroianni, lo curioso de esta juerga general, esta dolce vita y tanto jijijajá es que se asentaba en un boom económico que, no obstante, era un espejismo y cubría un vacío moral... ¿les suena el fenómeno? La comedia ‘all’italiana’ se basó en explotar sádicamente esta dualidad para hacer reír con una carga de sátira social y melancolía. Dino Risi lo clavó en una de sus mejores películas, ‘Una vita difficile’ (1961), un año antes de su otra obra maestra ‘Il sorpasso’ (La escapada, 1962). Vean, vean en qué se queda el jolgorio cuando llega el amanecer:
La musiquilla de fondo de guateque o de ritmo circense es una marca de la casa del cine italiano que siempre aligera lo que se ve. Esta escena de Alberto Sordi borracho escupiendo a los coches, fruto de una improvisación, es antológica. Y para lo que nos interesa, fíjense en su imprecación al autobús de turistas alemanes: «¿Qué venís a ver aqui? ¡No hay nada que ver, es todo un asco, no visitéis Italia, quedáos en vuestra casa que es mejor!». Esta idea de que Italia es un asco es algo que se dicen los italianos cuando se cabrean, los días que vienen mal dadas, que es bastante más a menudo de lo que quisieran. Sin embargo, el resto del mundo lo sigue ignorando y le parece todavía un lugar maravilloso para ir de vacaciones. Así que también nosotros continuaremos volviendo el próximo día.
Sobre este blog
Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».
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