Íñigo Domínguez

La vida en Roma

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25 Feb 2009

Diario mínimo (34)

Escolares de ceniza

La concejalía de Educación del Ayuntamiento de Roma, de Alianza Nacional (postfascista), envió ayer un fax urgente a todas las guarderías y colegios de la ciudad: a partir de hoy, miércoles de ceniza, empieza la cuaresma y por tanto queda prohibida la carne los viernes en los comedores escolares hasta el 3 de abril. Son seis viernes. Los escolares afectados tienen de 5 a 13 años. No obstante, clásico de cierta derecha italiana, es más papista que el Papa: la Iglesia italiana declaró exentos del ayuno de cuaresma a los menores de 14 años, ancianos y enfermos en 1994.

(La Repubblica de hoy)

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Tengo que darles una noticia desasosegante: todos ustedes, los miles de lectores de El Correo, saben más que el Papa. Como lo oyen. Es una grave responsabilidad que nos deja a todos un poco más huérfanos, pero deben hacerse a la idea. Al menos no están solos, la comparten con otros miles de lectores del mundo de diversos medios. Les explico.

El Vaticano dijo ayer que Benedicto XVI no conocía, el momento de perdonar a Richard Williamson (chico de la foto) y los otros tres obispos lefebvrianos, las célebres declaraciones del primero, que negó la dimensión del Holocausto y la existencia de las cámaras de gas nazis. El decreto que levantaba su excomunión, emitida en 1988, fue firmado el pasado 21 de enero. Es verdad que en ese momento no se podian conocer las declaraciones -el matiz de la nota vaticana está muy cuidado para no incurrir en mentirijilla- porque se conocieron ese mismo día, pero es que la Santa Sede tardó tres días en hacer público el decreto. Tenían el papel encima de la mesa y pudieron tirarlo a la papelera, pero no lo hicieron.

Ahora bien, el Papa no sabía nada del asunto o nadie se lo dijo. Puede ser verdad y que se lo hayan cocinado a sus espaldas. Uno tiende siempre a exaltar sus méritos, pero les aseguro que mis fuentes en el Vaticano son bastante peores que las del Papa. No obstante mi incompetencia, probada en numerosas ocasiones, me enteré de las ocurrencias de Williamson el día 22, al igual que todos los medios italianos y muchos otros periodistas. Como ya se barruntaba que el fin de la excomunión era inminente, las burradas de Williamson resultaban aún más noticiosas. Así que ustedes, por ejemplo, lo pudieron leer el día 23. Bueno, eso si compran el periódico, porque mucha gente ya sólo lo lee por Internet, donde las noticias se buscan, no se encuentran, y sólo se ven a primera vista las tonterías. Por ejemplo, es de suponer que es lo que les ha pasado a los asesores del Papa. Por otro lado, contribuye a la crisis el que los diarios se están suicidando, apuntándose también a las tonterías y al refrito a distancia -¿no lo han notado?-. En fin, el Vaticano anunció su decisión el día 24, ajeno a lo que sabía todo el mundo. O eso quisieron hacer creer ayer, que viven en otro planeta, acusación que generalmente rechazan.

Ya es despiste, porque las opiniones filonazis de este elemento no son nada nuevas. Se trata de un dinosaurio retrógrado que no oculta su condición. Vean si no su blog, y el dibujito (aquí a la izquierda) que ha elegido como presentación. Si es que no se fijan, y eso que la sagacidad de la diplomacia vaticana está tan mitificada.

El epílogo portentoso y revelador de la historia es que hoy los principales diarios italianos, que dieron tempestivamente la noticia de las tonterías de Williamson como los demás y a quienes les basta coger su hemeroteca de hace dos semanas para comprobar la sucesión de fechas, calla totalmente o sobrevuela estas evidentes incongruencias vaticanas, como para no dejar mal al Papa. El peloteo, los silencios unánimes y la pleitesía al poder y la Santa Sede tienen a veces estos grandes momentos en Italia.

Sobre estos espinosos temas, que tantas quejas hacen llegar a la redacción, cómo no recordar un filme maldito, oculto y de culto: ‘Il Pap’occhio’ (1980, Renzo Arbore), una absoluta majarada, una gran chorrada, ingenua, ochentera, improvisada, punk, irreverente y hecha con cuatro liras. Es obra de una banda de cómicos y zumbados que perpetraba gags en ‘L’altra domenica’, un programa de la RAI, capitaneada por Renzo Arbore, y donde militaban, entonces muy jóvenes, Roberto Benigni o Diego Abatantuono. Entonces, y fíjense lo mojigatos que eran en aquella época, se podían hacer esas cosas. Hoy, ni soñarlo. Saquen conclusiones. En la película aparecen también por ahí Isabella Rossellini y Martin Scorsese.

Les muestro uno de los momentos más inocentones, pero es que entonces sacar al Papa en una película y encima para hacer bromas sobre él era pecado mortal. Aunque Juan Pablo II salía muy bien parado, como un cachas -hasta hacía pesas- y una persona normal, moderna, ajena a los vicios y conspiraciones de la Curia. Aquí le vemos en su clase de italiano, así de paso la pueden aprovechar ustedes:

Sinopsis: El profesor le echa la bronca al Papa porque no ha estudiado. "Sí he estudiado, pero no he repasado", protesta el pontífice. "Bueno, pues mañana el discurso lo hago yo", dice el profesor. "Ojalá", murmura el Papa. Luego entra un cardenal y pregunta qué tal va: "No ha estudiado, no ha repasado, no se ha preparado el discurso, yo creo que está desganado...", se lamenta el docente.

Su estreno fue un éxito de público -obtuvo el ‘Biglietto d’oro’ y fue la quinta recaudación del año-, pero enseguida fue masacrado por la prensa conservadora y católica, que logró el secuestro de la película por vilipendio a la Iglesia católica y al Papa. Y así hasta hace nada. Volvió a algunas salas minoritarias y cine-clubs en 1998 y la RAI, que la produjo pero que nunca la transmitió, la emitió por primera vez en junio de 2008, aunque fue en RAI Extra, un canal por satélite para cosas raras. Se encuentra por ahí en vídeo, pero con algunas escenas aún censuradas. Ahora con You Tube ha vuelto a circular libremente. Como el actor que interpretaba a Wojtyla murió poco después de cáncer los integristas lo consideraron una prueba de un castigo divino.

El año pasado, Arbore recordó la película: «A su manera, celebraba la Iglesia. Si acaso yo bromeé con el catecismo, como hacen los monaguillos». Contó que el director del Osservatore Romano de entonces, Valerio Volpini, le comentó una vez que en el Vaticano no había desagradado. En Roma el proceso se archivó. Cuenta Arbore, muriéndose de risa, que hubo una genial intervención de Benigni ante el fiscal, con una de sus ocurrencias, que le comunicó de forma reservada una información secreta: que la película era católica hasta tal punto que Arbore había recibido dinero del Vaticano.

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Enero suele ser en Italia un mes demoledor, porque en el ciclo de ritos que se repiten toca a la presentación de balances del año anterior, casi siempre terroríficos. En España, tan viciados con el fugaz bienestar, está todo el mundo como loco en cuanto empiezan a venir mal dadas, pero en Italia llueve sobre mojado. Sin embargo estos informes, con ser apocalípticos, arrojan la luz de esperanza de que no es el fin, porque ocurre todos los años con total normalidad sin que se hunda nada. Uno de los casos más aplastantes es el de la apertura del año judicial, oportunidad para enunciar tremebundas estadísticas. Ríanse de los problemas de la Justicia en España y el caso de Mari Luz. En la imagen, como la fortaleza de Mordor, la mole del Palacio de Justicia de Roma, o 'palazzaccio' para los romanos, porque es pesado y feote.

La Justicia en Italia es tercermundista. No lo digo yo, lo acaba de repetir el presidente del Tribunal Supremo, Vincenzo Carbone, y lo dicen los datos que citó sobre la lentitud de los procesos. En la clasificación ‘Doing Bussines 2009’ del Banco Mundial, basada en el tiempo para resolver un litigio comercial, si nos sumergimos hasta el fondo de la lista esto es lo que vemos: puesto 151, Egipto; 152, Angola; 153, Gabón; 154, Guinea Bissau; 155, Sao Tome y Principe; 156, Italia... Siguen: 157, Yibuti; 158, Liberia; 159; Sri Lanka.. Y no continúo porque, total, se acaba enseguida, hay 181 países. Es decir, niveles africanos. Si este año los tribunales italianos consiguen tardar 16 días más ya adelantarán a Yibuti.

El criterio de la lista es el tiempo que una víctima tarda en recuperar un pago. En Italia se suele tardar más de cuatro años. Pregúntense ahora por qué es una osadía pretender hacer negocios en Italia y puede ser suicida aterrizar cándidamente como inversor extranjero. Por si alguien tiene curiosidad, España ocupa en la lista el puesto 54, es el último de Europa. El impagable Gian Antonio Stella, cronista del ‘Corriere’ y co-autor del best-seller del despilfarro ‘La Casta’, pone el ejemplo de Otello Semeraro, un señor de Taranto (sur) que hace poco no se presentó a una nueva audiencia por la quiebra de su empresa. Normal: había fallecido, porque el proceso empezó en 1962. Al final ha recuperado 188.000 euros... quién los hubiera pillado en 1962, cuando sí que era dinero. Una quiebra tarda de media más de ocho años. Pero el patrón se repite en los procesos civiles -una media de tres años y dos meses frente a los 15 meses de Francia- o penales -nueve en Italia y cuatro en Francia-.

Vean la respuesta al discurso de Carbone del delirante ministro para la Semplificazione, Roberto Calderoli (el que hizo la «ley cerdada» del sistema electoral con el propósito declarado de complicar las cosas): «Concreto, sincero, eficaz».

Este fastuoso engendro da de comer a mucha gente. En Italia hay 213.081 abogados, cinco veces más que en Francia (47.765) y muchos más que en España (155.000), que ya va sobrada. Sólo en Roma hay 21.000 abogados, la mitad que toda Francia. Los de Berlusconi, por ejemplo, están especializados en alargar los procesos hasta el infinito (el ínclito Niccolò Ghedini, en la foto). Es la gran paradoja: cuando Berlusconi afronta reformas en la Justicia es para arreglarse sus procesos e intentar alargarlos lo más posible y que prescriban, cosa que ha logrado en varias ocasiones.

Cuando me preguntan qué es lo peor de Italia -lo mejor es muy difícil de decir, porque hay muchas cosas buenas- suelo pensar que es la injusticia. En Italia no hay certeza de la pena, ya es un tópico decirlo, y seguir la vía legal de hacer las cosas parece casi siempre una pérdida de tiempo. Por eso predomina la ilegalidad. Es duro luchar contra el escepticismo y admiro a los ciudadanos honestos. Miren la pobre Eluana, la chica que lleva 17 años en estado vegetal: si su padre, en vez de ser un buen ciudadano y confiar en el cauce legal se hubiera ido a Suiza habría terminado hace años con esta historia. En Italia, teniendo una sentencia del Supremo que le da la razón, no consigue aplicarla. Por no hablar de los recientes casos de violación que tanto escándalo están causando. Se carga contra unos rumanos, pero en el primer caso de esta serie, uno de Nochevieja, el culpable resultó ser un chico de familia bien. El juez le ha puesto sólo en arresto domiciliario.

Las causas de todo esto son muy profundas. Podemos intentar seguir el rastro en una película divertídisma, y perfecta para conocer la Roma pontificia del Ottocento, ‘Il marchese del Grillo’ (Mario Monicelli, 1981). Entre sus muchos momentos estelares y de hondo significado, a la par que actual, los italianos suelen recordar éste, apoteosis del ‘usted no sabe quién soy yo’:

Sinopsis: El marqués del Grillo, sublime Alberto Sordi, es un noble golfo, anárquico, cínico, simpático y bromista. Es decir, un romano. Es sorprendido por la Policía en una pelea por una timba con trampas. De hecho sostiene en la mano el pie de su rival con un naipe que intentaba pasar a su compañero. «El cuerpo del delito», como argumenta el marqués al oficial. El oficial advierte al tabernero de que le va a meter un puro: «Bravo Caetá (Caetano, en Roma se corta el final de los nombres), sono cazzi tuoi (colorida expresión, para decir que alguien se ha metido en un lío y lo lleva claro)». Pero este servidor de la ley comete el error de querer detener al marqués, que replica: «Yo no puedo ser arrestado salvo por orden expresa del cardenal vicario, soy el marqués Onofrio del Grillo, duque de Bracciano, guarda noble y camarero secreto de su santidad Pío VII». Al oficial le da igual y lo arresta: «Sono cazzi tuoi». En eso llega el comisario y ve al marqués: «¿Pero qué hace usted en medio de estos canallas?». «¿Has visto! Ahora son ‘cazzi tuoi’», dice Sordi. «¿Pero es que has bebido? ¿cómo arrestas al marqués?», increpa el comisario. «Es que estaba en medio de todos estos ladrones», dice el ingenuo policía. «¿Y no sabes distinguir un noble de un plebeyo? ¡Dos meses de cárcel, así aprendes!». Como Sordi apunta que encima le había dicho quién era, le meten cuatro. «Perdónele excelencia», ruega el comisario al marqués, que de paso libera también a su sirviente. Antes de irse, Sordi pronuncia la mítica frase: «Lo siento, pero yo soy yo, y vosotros no sois una mierda». Al pueblo llano sólo le queda lamentarse. Como hoy.

Para concluir el tema y porque tiene relación con eventos vaticanos de las últimas semanas, veamos esta otra escena. En una de sus bromas -en esto el protagonista es como Berlusconi, todo el día de guasa-, el marqués ha pagado a todas las iglesias de Roma para que toquen las campanas a la misma hora. De ese modo, todo el mundo cree que el Papa ha muerto y cunde el pánico. Entonces es llamado al orden:

Sinopsis: El marqués se inclina ante el pontífice, pero pide saber de qué se le acusa. «No ha sido una broma», se justifica. «¿Cómo? Hacer sonar todas las campanas de Roma como si hubiera muerto el Papa no es una broma?», interviene el pontífice. «No, suenan porque ha muerto alguien quizá más importante», dice el marqués. «Ah, ¿y quién sería?», pregunta curioso el Papa. «La Justicia», replica Sordi, que explica: «Yo he cometido un abuso con un pobre carpintero judío, pero he conseguido, corrompiendo jueces, testimonios, auditores, guardias, abogados, cardenales, abades, funcionarios, peritos, administradores,que al final le condenaran a él. Sólo porque él es un pobre judío y yo un rico cristiano. Sin embargo, me inclino a vuestra voluntad y estoy dispuesto a ir a la cárcel, pero siempre que sea acompañado de...» y enumera todos los corruptos que ha comprado, de los monseñores al comandante de la Guardia Suiza. Cuando está por el abad de Santa María sopra Minerva -la hermosa iglesia con el elefantito delante- el Papa le echa el alto: «¡Eh basta, me estás masacrando todo el Sacro Collegio!». Y concluye: «Recuerda hijo que la Justicia no es de este mundo, sino del otro». «Lo sé santidad, Justicia del otro mundo», añade Sordi.

Lo que decíamos, Justicia del tercer mundo... o del otro. Tampoco dejo de asombrarme por cómo la cultura del catolicismo en Italia se traduce en su parte más piadosa, al contrario que en España, más calvinista, cuadriculada y vengativa. La indulgencia, el perdón, y su otra cara, la impunidad, invaden la vida pública.

Por cierto, sé que andarán distraídos con el escándalo del cura ‘lefebvriano’ (desde luego este nombre es de secta de Star Trek) que es un poquito nazi, pero miren lo que había escondido en la lista de nombramientos de la Santa Sede del sábado: un tal Gerhard Wagner, nuevo obispo auxiliar de Linz, Austria. ¿Quién es este señor? Ahora mismo se lo digo.

Este señor, de 54 años, tuvo hermosas palabras en 2005 ante la catástrofe del huracán Katrina, que arrasó Nueva Orleans y causó 1.800 muertos. Vino a decir que esta ciudad de «inmoralidad» se lo había buscado: «No es casualidad que hayan sido destruidas cinco clínicas abortistas y los locales nocturnos». En sus cavilaciones espirituales, se había preguntado si «la repetición de catástrofes naturales es sólo una consecuencia de la contaminación ambiental del hombre o también de la contaminación espiritual». Creo que los actuales vecinos de Nínive están acojonados, por si vuelven las plagas del Antiguo Testamento, y ya piensan en evacuar la ciudad. Ah, en 2001, este señor calificó a Harry Potter de ser un niño satánico y previno a los fieles contra él.

Arrepiéntanse, hombre, que no cuesta nada y el fin está cerca, y con él, al menos, llegará por fin la Justicia del otro mundo.

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23 Ene 2009

Papa por un tubo

El Vaticano estrena hoy un canal propio en You Tube en el que se podrán seguir las intervenciones, sermones y actos del Papa. Era una cosa lógica dado que uno de los principales problemas de la Iglesia es llegar, al menos, a sus propios fieles, no digamos a los no creyentes. Pero es que se supone que la gran prioridad de Benedicto XVI es el diálogo con el mundo contemporáneo, tanto con unos como con otros. Y aquí el Vaticano lo lleva claro. No hablamos de las noticias, sino de su «mensaje», que es lo que a ellos les interesa. Los medios no les hacen ni caso, o al menos no el que ellos querrían, y cuando sí se lo hacen buscan titulares y sobrevuelan la sustancia. Eso la prensa escrita, porque en la tele el Papa sólo aparece si se pone un gorro de la Guardia Civil. Para los creyentes, y entre ustedes los habrá según las estadísticas, supongo que es frustrante.

Ratzinger tampoco lo pone fácil porque casi siempre es intraducible y encima lo que él pretende es que le lean, porque le gusta explicarse con calma. Es curioso, con lo clarita que es la Biblia, qué tostón son las encíclicas y los documentos vaticanos. Intenten leerlos y verán. Pero, y lo que diré ahora quizá sea raro o impopular, escuchar al Papa es interesante. Yo lo hago obligado, claro, pero digo que es interesante porque, en esencia, es alguien que filosofa a diario sobre el sentido de la vida. Es un señor de 81 años, muy culto, que se ha pasado la vida haciendo sólo eso: leyendo, estudiando el asunto de la existencia y dándole vueltas al tarro. En suma, algo sabrá. Así que uno escucha, se lo cree, no se lo cree, reflexiona y saca sus conclusiones. En fin, actividad intelectual, que no es poco, y grandes cuestiones, a los que todos tenemos que dar respuesta. Es una gran diferencia con el resto de los políticos -recordemos que es un jefe de Estado-, que son tan prosaicos y sólo hablan del IPC. A uno le apetece esto más con el Dalai Lama, es verdad, pero los pontífices también merecen una oportunidad.

Ahora con You Tube todo el mundo va poder seguir a pelo lo que dice el Papa, aunque le he echado un vistazo a la página y, de momento, son noticias comentadas y refritos, encima con ese tonillo melufluo que echa tanto para atrás, pero algo es algo. La Iglesia ya puede prescindir del filtro de los medios. El riesgo que tiene es el que siempre le he visto, por ejemplo, a los vídeos de Escrivá de Balaguer: lo peor que le podría pasar al Opus Dei es que tuvieran la máxima difusión.

Deseando buena suerte a este nuevo canal vaticano, recordemos este impagable episodio, uno más, de ‘I mostri’ (Los monstruos, Dino Risi, 1963), con el gran Vittorio Gassman:

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Por vacaciones y acumulación de material tenía un remanente de hechos insólitos que paso a referirles. Debido a las quejas de algunos lectores, que alegan que no toda Italia es igual y que en el norte no pasan estas cosas, he tenido cuidado de especificar la localización geográfica, para que no se produzcan lamentables equívocos.

Justicia increíble. Un albañil de Ferrara (norte) que fue juzgado y absuelto por el asesinato de su mujer en 2004 decide confesar que en realidad sí lo hizo, pero sabiendo que ya no se le puede condenar, pues la sentencia es definitiva. Se presentó en comisaría a primeros de enero, porque no podía con el peso en la conciencia, según dijo. No obstante, en los días siguientes ofrece entrevistas y sale en la tele contando su caso y cómo lo hizo.

Más Justicia increíble. Un juez de Milán (norte) condena a un ladrón de 35 años, delincuente habitual, a arresto domiciliario. Sin embargo, su padre está harto de él y se niega a acogerlo en el hogar familiar. Es decir, el reo carece de residencia. ¿Solución del magistrado? Arresto domiciliario en un banco del parque de via Trieste, en Limbiate. El reportaje del ‘Corriere della Sera’ se acompaña de foto del tipo en su banco, como Forrest Gump, con un perro.

Moralidad y buenas costumbres. El ayuntamiento de Candiolo, un pueblecito de Piamonte (norte) de 5.000 vecinos, ha prohibido la prostitución en la espesura de las afueras, con multa de 274 euros a los pillados ‘in fraganti’. La relación de las excusas presentadas por los acusados, a veces sorprendidos con los pantalones bajados, es memorable. «Estaba buscando setas, qué culpa tengo yo de que el bosque esté lleno de putas». «Tengo disentería, no aguantaba más y he corrido hacia el bosque, no tengo nada que ver». «El médico me ha dicho que para curar la próstata debo tener relaciones sexuales frecuentes y como no tengo muchas mujeres a mi disposición...» (acompaña certificado médico). El mejor es el de un hombre sorprendido en pleno acto sadomaso profiriendo gritos agresivos: «Yo con esta chica me quiero casar. Ni siquiera le pago (técnicamente no es prostitución). Le quiero regalar un futuro diverso, lejos de esta mierda....»

Sanidad. Nueva gigantesca estafa en la Sanidad del Lazio, la región de Roma (centro), calculada en unos 10 millones de euros entre 2005 y 2007. Tras el escándalo de las miles de recetas falsas, un nuevo frente inverosímil. En 33 ambulatorios y clínicas concertadas se han descubierto «anómalas concentraciones de prestaciones». Es decir, servicios nunca realizados pero cobrados. No se crean que se andaban por las ramas: 741 tipos de Civitavecchia fueron operados, en teoría, hasta 1.600 veces de cataratas cada uno en el mismo año. Ver para creer, aunque quizá no sea la mejor expresión. Pero hay ciudadanos que acumulan 2.241 prestaciones al año, entre visitas, análisis, TAC y ecografías, equivalentes a ocho servicios al día. Vamos, que ni iban a comer a casa.

Camorra. Detenido en Nápoles (sur) otro actor de ‘Gomorra’ por ser en la realidad miembro de la Camorra. Es el cuarto.

Balance de Nochevieja por disparos festivos de bala al aire. En Nápoles (sur), un muerto y tres heridos. El fallecido es un joven de 25 años que estaba asomado al balcón. A los tres días se entregó la sospechosa, una joven de 23 hija de un capo de la Camorra. En Lombardía (norte), tres heridos. En Sicilia (sur), una joven de 25, herida por su propio padre, guardia jurado, que se puso a disparar para celebrar las campanadas. Total de heridos en Italia (norte, centro, y sur) por petardos y cohetes, 354, con 28 heridos graves.

Santa Sede. Desde el 1 de enero el Vaticano (centro) decide dejar de aplicar las leyes italianas «por su número exorbitante, porque son confusas, inestables, ilógicas, contradictorias y amorales», aunque han tardado más de un siglo en enterarse.

Amor. Una joven de Savona (norte) decidió hacerse monja y entrar en un convento en Montecassino (sur). Su novio, dolido después de seis años de relación, se hizo 500 kilómetros con el coche y se plantó ante el cenobio con una pancarta. «Deja a Dios, vuelve conmigo», decían los titulares de los periódicos. En realidad, si uno leía el artículo, no decía eso (suele pasar), sino algo más etéreo que quedaba fatal para el titular, sin ninguna fuerza: «He venido hasta aquí con el corazón, pero mi deseo es que seas feliz». Quizá si el chico le hubiera dejado a un periodista le hubiera mejorado la frase. Pero el caso es que allí estuvo con la pancarta. Al final lo dejó.

Cuento negro. El señor Antonino Tripoli, jubilado de 66 años, de Palermo (sur), estaba en coma desde hacía diez días después de que le dispararan cuatro tiros en la cara. Era como el hombre invisible: toda la cabeza vendada y apenas dos agujeros en la cara. Los médicos no daban ninguna esperanza. De repente se despertó. Sin hablar, con gestos, pidió que llamaran a la Policía. Cuando llegaron los agentes, señalando fotos, siempre sin decir una palabra, como un fantasma, les dijo quién le había disparado: su nieto, Domenico Gargano, de 32 años, que había ido a verle compungido varias veces al hospital. A los dos días se murió. Titular: «Vuelve de la muerte y acusa a su asesino».

Tiempo. Para terminar, uno de mis favoritos. ‘La Stampa’ denuncia de nuevo que el gran reloj de la estación central de ferrocarril de Milán (norte) lleva 45 años parado en las 10.52. A los dos días, por fin, rápida intervención de las autoridades: tapan el reloj.

Además de la curiosa pero sin duda casual proliferación de localidades del norte, les habrá llamado la atención que el común denominador de casi todas estas historias es el ingenio, la genialidad, característica admirable de este gran pueblo. ¿Qué es el genio? Nos lo explica esta inolvidable secuencia de ‘Amici miei’ (1975, Mario Monicelli), película talismán de nuestro blog. Ocurre cuando la panda de amigos gamberros se cuela en una fiesta para comer con todo su morro y, de paso, para que el Necchi pueda ir al baño:

«¡Y continúa, no se para!», grita asustada la madre.... «¿Qué es el genio? Fantasía, intuición, decisión y velocidad de ejecución», nos cuenta la voz en off de Tognazzi. «No se puede imaginar cuán precioso es un amigo así, como el Necchi, especialmente en los momentos difíciles, en los que uno se estanca un poco...», comenta al final con melancolía.

Estos días hay revuelo por el proyecto de hacer un 'prequel' del filme ambientado en el Quattrocento y la gente se ha rebelado en masa en Internet. El 'Corriere' abrió una encuesta para votar la mejor escena, pero sólo había seis para elegir (era difícil, la verdad) y esta no estaba. No se preocupen que ya las iremos poniendo.

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13 Ene 2009

Eterno retorno

Roma es la ciudad eterna porque cuando uno vuelve sigue como siempre y no cambia nada. Les ha pasado a varios amigos ex-corresponsales que han pasado por aquí en navidades, y me pasa a mí al coger los periódicos tras las vacaciones.

Como si fuera un diario de 1994, o de 2001, o del pasado mes de junio, Berlusconi sigue discutiendo con la Liga Norte si tiene que empezar antes por el federalismo o por «las reformas», mítico y abstracto concepto que comprende, así a lo bestia, todos los cambios inaplazables que necesita urgentemente Italia. Sigue el culebrón de Alitalia. Sigue la aburridísima odisea del consejo de la RAI, donde llevan ocho meses pegándose para colocar a los amigos, asunto que a nadie interesa pero que ocupa todos los días varias páginas de los diarios. Sigue el drama de la pobre Eluana, la joven que este mes cumple 17 años años en estado vegetativo y que al final morirá de desesperación: la decisión sigue atascada en los tribunales.

Por otro lado se repiten con periodicidad religiosa acontecimientos rituales:

-Se acaba de producir una nueva escisión en el Partido Comunista (y van...), para formar uno, esta vez sí, verdaderamente auténtico.

-Nuevos y apasionantes capítulos de políticos chorizos en Nápoles, Pescara... En Nápoles el ambiente era tal que la alcaldesa, Rosa Russo Iervolino (PD, centro-izquierda) grababa a sus propios compañeros de partido en las reuniones. El alcalde de Pescara (tambuén del PD), de momento y hasta que empiece el juicio, se ha retirado a un convento.

-Panorama político prometedor: Berlusconi dice que se irá del país si se publican una escuchas telefónicas suyas con chicas, que él niega que existan y de las que se rumorea desde hace meses. No se sabe si su advertencia es una amenaza o una promesa. Veltroni, entretanto, ante la desbandada del PD, donde están a cuchilladas, lanza el desafío de «seguir juntos al menos hasta las elecciones europeas».

-Movimientos sensibles en la gerontocracia. Andreotti cumple mañana 90 años. Si le hacen la pelota normalmente imaginen ahora. Anoche le montaron un especial en ‘Porta a porta’, en el que le dieron muchísima caña. Por ejemplo: «¿Es verdad que a su abuela la trataba de usted?». Como es un fijo del programa yo creo que ni vuelve a su casa, lo tienen en un armario y lo sacan cada día. Otra apasionante batalla mediática se libra en el programa ‘La Corrida’ (uno de esos de ‘haga usted lo que sepa’ en el que gana quien más haga el ridículo), donde el director de la orquesta, el maestro Roberto Pregadio, de 80 años, se ha hecho fuerte y se niega a dejar el puesto después de 40 años. Ahí lo tienen, a la izquierda de la imagen.

-Apartado de tonterías del Vaticano: un artículo del ‘Osservatore Romano’ advierte alarmado del mal irremediable que causa al medio ambiente la píldora, pues una cantidad devastante de hormonas acaba en la orina de las mujeres y termina en la naturaleza, causa directa de la infertilidad masculina que sacude a Occidente. Reflexionen sobre ello.

-Como cada año, toneladas de calendarios guarros de cientos de azafatas, aspirantes a modelo o divas en decadencia invaden los quioscos y las webs de los diarios. La Repubblica, por ejemplo, tiene una cómoda página con más de 300. Es la coartada seria para quienes no comprarían una revista porno con una excusa tan absurda como saber qué día tiene uno el dentista.

-Para terminar, debo reseñar con orgullo mis dotes de vidente, aunque es una lástima que sólo me funcione con las bobadas, y no con una quiniela ¿Se acuerdan de la chica de la foto de Alitalia? Sí, hombre, esta chica de la derecha, aquella azafata que desde el primer día se veía a la legua que iba a las protestas sindicales a lucirse. Le dedicamos dos capítulos y ya avisamos que apuntaba maneras y, en efecto, por fin lo ha conseguido: ayer hizo su entrada como concursante en el Grande Fratello 9. Otra azafata mona que también se lo había currado ha dado una entrevista quejándose, porque dice que hay enchufe: «Me querían a mí, pero ella tenía los apoyos necesarios». Nuestra chica ya está en la patética casa junto a un emigrante gitano llegado en patera, un ciego -gran atracción de este año pero que al final entra la próxima semana- y la habitual tropa de machotes y modelos de medio pelo. El espectador ya se relame porque sabe que las veremos a casi todas en bolas en los calendarios del año que viene. Ah, también estaba el mayordomo de los príncipes de Saboya. Entretanto, el príncipe Emanuele Filiberto estará en danza en otra cadena en ‘Ballando con le stelle’.

-Si me permiten un apunte personal, el paquete con jamón y viandas ibéricas para las navidades que me envió mi madre por correo certificado el 16 de diciembre aún no ha llegado. Y ha pasado casi un mes. Cada año adelantamos más el envío y, nada, no hay manera. A ver si ahora hay suerte y llega al menos para las navidades de 2009.

Cuando fui el otro día a Correos, tras hacer la clásica fila de media hora burlando a ancianos que querían colarse con técnicas de Totó, observé un cartel enternecedor que avisaba que ellos cerraban a su hora y les daba igual la fila: «El horario de cierre es a las 14.00, por tanto para evitar desagradables y extenuantes discusiones se invita a los gentiles clientes a valorar si persistir en la espera o regresar en los próximos días». Lo pongo en italiano que es muy bonito: «...per evitare spiacevoli nonché estenuanti discussioni si invita ai gentili clienti a valutare se persistere nella attesa o ritornare nei prossimi giorni». Si te lo dicen así hasta te hace gracia. En España pondrían algo así como «Cerramos a las dos caiga quien caiga», a lo bruto, o se organizarían para cerrar la puerta veinte minutos antes. En Italia impera el sálvese quien pueda, pero guardando las formas.

Ah, me ha llegado la factura del ‘canone’ de la RAI: 107 euros. Aquí la tele es de pago, aunque no la paga nadie. Una vez hasta salió un reportaje de un pequeño pueblo cuya peculiaridad es que era el único localizado donde todos los vecinos pagaban el ‘canone’, algo excepcional.

Por supuesto hay un remanente increíble de otros hechos insólitos con el que haremos en breve una descacharrante recapitulación para el Diario Mínimo.

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Nadie lo ha dicho, y ya es raro, porque los aniversarios se han convertido en noticias muy socorridas para llenar, pero se han cumplido 50 años de la inauguración oficial de la ‘dolce vita’. No fue con la película de Fellini, que se estrenó en 1960 y retrató ese mundillo, sino con un curioso episodio que en 1958 sacó a la luz las juergas nocturnas de la noche romana y causó un escándalo monumental. Como hemos ido viendo, las bacanales venían al menos desde hacía una década, pero una cosa es que se sepa y otra que se diga. O que se vea, porque eso fue exactamente lo que pasó gracias a una figura que nació entonces y hoy goza de gran predicamento: el paparazzi. Aún no tenía ese nombre, porque se popularizó a raíz de Paparazzo, el nombre del fotógrafo que acompaña al personaje de Marcello Mastroianni en ‘La dolce vita’.

Pero vamos a los prolegómenos, como dicen los locutores deportivos, a lo que pasó en 1958. Uno de esos fotógrafos picaruelos de la noche, Tazio Secchiaroli, se cascó una foto de un strip-tease desmadrado en el sótano del ‘Rugantino’, un restaurante de Via Veneto. La foto, hoy famosa y que tienen ahía arriba, muestra a una joven morena despatarrada en bolas en el suelo al ritmo de un tambor entre señores sudorosos con corbata y señoras bien de aire divertido. La imagen decía muchas cosas. Había frivolidad y algo pecaminoso, pero sobre todo lo entretenido, lo improvisado, la poca sensación de culpa, la atmósfera lúdica y casi infantil de picnic, sugerían que no era un día de locura de un grupo de exaltados, sino la alegre vida habitual de la Roma pija. Que al día siguiente podía ir a la misa del Papa en San Pedro como si tal cosa. Como decíamos, llevaban diez años así, dándole al tambor. Pocos meses después, en marzo de 1959, Fellini empezó a rodar su película.

La chica de la foto era otra guiri de vacaciones en Roma, tema o pretexto de estos capítulos caóticos. Se llamaba Aichè Nanà, tenía 22 años y era armena, así que a lo mejor era inmigrante, y no turista. Turista sólo es el que se lo puede pagar, una condición reservada a ciertas nacionalidades que se lo pueden permitir. Nanà se convirtió de inmediato en símbolo de la vida loca romana, aunque siempre ha dicho que aquello arruinó su carrera. Explicó que era una fiesta privada con tan buen rollo y con tantas risas que acabó despelotándose. Pero tuvo la mala suerte de que se coló un fotógrafo. Según ha repetido, dos días después tenía una prueba con Vittorio de Sica, que la anuló al verla en pelotas en la prensa. A partir de entonces nadie quiso contratarla. Esta gente de vacaciones en Roma fue esencial en la dolce vita, que hundió a esta extracomunitaria armena, pero en cambio ensalzó a una turista sueca. Hablamos, efectivamente, de Anita Ekberg o, como se la conoce en Roma por razones obvias, Anitona.

Tamaña muestra de belleza, hedonismo y vitalidad fue recibida con escándalo en el Vaticano. Hace poco han salido a la luz unas cartas muy graciosas de Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán que poco después sería Pablo VI, y el arzobispo de Génova, el cardenal Giuseppe Siri, que en el cónclave sería su rival. Curiosamente este intercambio epistolar fue a raíz de que Siri, símbolo del sector ultraconservador, habló bien, o no mal del todo, de ‘La dolce vita’, y Montini le llamó la atención. «Recibo protestas muy graves de que es un filme de tal inmoralidad y tan mal ejemplo sobre la depravación humana que haría falta una intervención de la autoridad eclesiástica para hacerlo retirar de los cines», decía Montini, el progre. Siri se excusó diciendo que no defendía «la visibilidad» de la película, sino la obra en sí y las notables cualidades del director: «El filme es verídico, y algunos han reaccionado porque golpea horriblemente la vida de muchos: se ven descritos y han tenido miedo de sí mismos». Es decir, Siri valoraba la obra, aunque eso no quitaba que pensaba que era mejor que los fieles no la vieran. Ah, por cierto, a todo esto Montini hablaba sin haberla visto. No sé si después llegó a verla. Si no es así desde luego sería papa, pero mira que morirse sin ver ‘La dolce vita’. Eso no tiene perdón de Dios.

El protagonista, Marcello, un cronista desencantado de la vida social, es un trasunto del propio Fellini, que también fue un forastero en Roma, a donde llegó desde su Rimini natal para ser periodista. Era lo que quería hacer por lo que había visto en las películas americanas: tipos con el sombrero echado hacia atrás, que fumaban, echaban tragos, callejeaban y no daban ni golpe, aunque, qué curioso, encontraban historias. Entonces se podía hacer, pero hoy, por ejemplo, el sombrero ya no se lleva. Además ahora es mucho más cómodo, basta quedarse sentado copiando lo que sale en Internet. Pero entonces todavía se mandaba a los reporteros a los sitios y un día enviaron a Fellini a Cinecittà, donde se quedó anonadado al ver un rodaje mastodóntico en el que el director dirigía las masas y daba voces con un megáfono desde una torre. Era Alessandro Blasetti, del que ya hablamos en un capítulo de esta serie. Fellini pensó que él, vago, con tendencia a la dispersión y sin sentido del orden ni la autoridad, no estaba hecho para el cine. Por fortuna, conoció a Roberto Rossellini, que rodaba por ahí con poca gente y lo que le parecía, como quien escribe o pinta. Fue una revelación. Si no es por él, no habríamos tenido a Fellini. Ya ven, repetimos, que Rossellini tuvo su importancia.

Pero volvamos a Anitona, no nos distraigamos. Como se podrán imaginar, y ya lo contamos en otra ocasión, en Roma había cola para tirársela. Sin embargo ella venía avisada. Durante el rodaje, Mastroianni se le acercó y dijo que quería pedirle un favor. «Yo no estar interesada en mamadas», respondió ella, por si acaso. El bueno de Marcello también era una pieza de cuidado. Una vez tuvo que repetir ocho veces un beso a Romy Schneider y murmuró: «Y encima me pagan por esto...». Al final el que se llevó el gato al agua con Anitona fue Dino Risi, que sólo por eso ya debe de figurar en la historia del cine. Un poco más adelante, en la letra T, encontraríamos a Francois Truffaut con una descripción más o menos así: «Ciudadano francés (1932-1984) que se lió, entre otras, con Jeanne Moreau, Julie Christie, Catherine Deneuve, la hermana de ésta, Jacqueline Bisset y Fanny Ardant». Y luego ya: «Cineasta, hizo 24 películas, etcétera...». Con ese currículum, que logró sólo a base de ser majete y tímido, quién quiere una filmografía. Aunque en el caso de Truffaut están en total armonía. Bueno, ya les dije que aprovecharía cualquier excusa para hablarles de Truffaut. Aquí le vemos con Jacqueline en una escena de 'La nuit américaine' (La noche americana, 1973), película maravillosa donde las haya:

El ácido maestro Risi, fallecido este año (el señor de la foto de abajo), ha dejado escrito un librito entrañable, ‘I miei mostri’ (Mis monstruos), en el que cuenta chascarrillos y recuerdos. Y relata un día que pasó con Anita Ekberg. La actriz tenía una lancha que conducía ella misma y salieron a dar una vuelta. Ya en alta mar, se desnudó con la melena al viento. Encontraron un petrolero sueco y los marineros se abalanzaron a la barandilla a mirar y lanzar aullidos. Uno hasta tocó cuatro veces la sirena. El diario de a bordo de ese día debe de ser un poema. Anita reía como loca y habló a voces con la tripulación. Eran de Malmöe, su ciudad. Siempre en bolas, Anita dio dos vueltas al petrolero de premio. De consolación, se entiende. «Pobrecitos, ellos contentos de ver mí desnuda», decía en su italiano macarrónico. Risi flipaba. Luego volvieron a la villa que ella poseía en Roma, situada en una colina, con un prado que terminaba en una piscina de azulejos negros. Tenía dos doberman. De repente apareció un tipo, un actor americano. Su marido. Llevaba un saco. Se sirvió un whisky y arrampló metódicamente con todos los objetos de valor que vio por la casa. Platos, cubiertos, todo. Se fue y Anita se quedó llorando. «Tú no héroe, ¿eh?», preguntó a Risi. «No», contestó él. Y ahí se acabó su historia.

Ante estas avalanchas de extranjeros que, como hemos ido viendo, llegaban a Roma, el talante local hacia el visitante se traducía, y se traduce, en intentar ligarse a las turistas e intentar darle el palo a los turistas. Es tan evidente que no tenemos ni que cambiar de escenario para observar la otra cara del fenómeno. Por la noche se baña Anita, pero miren lo que pasa durante el día. En esta célebre escena de 'Totòtruffa 62' (Mastrocinque, 1961), el gran Totó vende a un incauto la mismísima fontana de Trevi.

Sinopsis: Totó empieza su número, una vez vista su presa, echando a los niños que intentan robar monedas y quejándose al guardia. «¿Lo sabe que pierdo millones de liras al año con estos niños? El sábado cuando limpio la fontana me faltan siempre 3.000 o 4.000 liras», lamenta. «Ah, ¿pero las monedas son suyas?», pregunta el incauto. «Esta es la famosa fontana de Trevi, que pertenece a mi familia desde hace generaciones», y se presenta como el cavaliere ufficiale Antonio de Trevi. «¿Es un buen ‘bisnís’ (bussines)?», pregunta el otro. Totó le expica que, además de las monedas que tira la gente, alquila la fuente para rodajes. En ese momento completa la escena acercándose a un turista y pidiéndole en voz baja un donativo para la Cruz Roja, aunque a la víctima le explica que acaba de cobrar los derechos de imagen por las fotos. Cada foto cien liras. «Ah, yo he hecho tres», añade el inocente, que le paga religiosamente. Mientras se acerca el cómplice, Totó le da carrete y le explica que la fuente la hizo un arquitecto que su bisabuelo hizo venir de Suiza. Cuando el turista le replica que la guía la atribuye a Bernini, Totó está hábil: «Claro, venía de Berna y era bajito, por eso le llamaban Bernini». El incauto se sincera: es hijo de emigrantes italianos en América y quiere establecerse en Italia. Totó le propone venderle la fontana, porque algún día se jubilará. Además explica que aquello no le va bien para el reúma, todo el día cerca del agua: con diez millones está hecho. A la espera del contrato, Totó le pide una fianza. En ese momento interviene el cómplice, con acento toscano (no se pronuncian las ‘ces’, que se aspiran en forma de hache, por ejemplo hohahola=cocacola). Quiere comprar la fontana para una película americana y sube la oferta de la fianza. Al final la víctima pica y ofrece 500.000 liras. Creyéndose ya el propietario de la fontana acaba bastante mal. En efecto, a veces Italia es para volverse loco.

En ‘Guardie e ladri’ (Monicelli, 1951), que fue premio al mejor guión en Cannes, Totó se marca otro timo extraordinario a un turista norteamericano, esta vez en el Foro Imperial.

Sinopsis: Totó y su cómplice ensayan la venta de una moneda falsa a un turista norteamericano cuando aparece uno de verdad. El cómplice deja la moneda en el suelo y Totó se presenta como guía improvisando una explicación macarrónica. Un viandante que se lleva la moneda obliga a colocar otra, que Totó tarda en encontrar. El cómplice se presenta como profesor numismático (de asmática, dice Totó) que previene al turista de los timos, pero acaba por admitir que la pieza es auténtica. Empieza la venta mientras aparece el tipo que ha encontrado la otra moneda, al que echan sin contemplaciones. Pero una vez que el turista ha picado, es quien le abre los ojos.

Risas y chicas aparte, como deja entrever la película de Fellini, la mirada desolada de Mastroianni, lo curioso de esta juerga general, esta dolce vita y tanto jijijajá es que se asentaba en un boom económico que, no obstante, era un espejismo y cubría un vacío moral... ¿les suena el fenómeno? La comedia ‘all’italiana’ se basó en explotar sádicamente esta dualidad para hacer reír con una carga de sátira social y melancolía. Dino Risi lo clavó en una de sus mejores películas, ‘Una vita difficile’ (1961), un año antes de su otra obra maestra ‘Il sorpasso’ (La escapada, 1962). Vean, vean en qué se queda el jolgorio cuando llega el amanecer:

La musiquilla de fondo de guateque o de ritmo circense es una marca de la casa del cine italiano que siempre aligera lo que se ve. Esta escena de Alberto Sordi borracho escupiendo a los coches, fruto de una improvisación, es antológica. Y para lo que nos interesa, fíjense en su imprecación al autobús de turistas alemanes: «¿Qué venís a ver aqui? ¡No hay nada que ver, es todo un asco, no visitéis Italia, quedáos en vuestra casa que es mejor!». Esta idea de que Italia es un asco es algo que se dicen los italianos cuando se cabrean, los días que vienen mal dadas, que es bastante más a menudo de lo que quisieran. Sin embargo, el resto del mundo lo sigue ignorando y le parece todavía un lugar maravilloso para ir de vacaciones. Así que también nosotros continuaremos volviendo el próximo día.

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Italia y el Vaticano son dos mundos que se corresponden como en un espejo, lo que no sé es quien llegó antes al espejo, como en la escena de ‘Sopa de ganso’ de los hermanos Marx, una de las más divertidas de la historia del cine.

No sé si la Iglesia es algo muy italiano o Italia algo muy eclesiástico. Lo que si sé es que la Iglesia no es explica sin Italia, y viceversa. Llevan 2000 años viviendo juntos. Se han pegado mutuamente sus rasgos y costumbres. Por ejemplo, Benedicto XVI fue el otro día a Nápoles y ni mencionó la Camorra.

Muchas cosas de la forma de ser y de hacer de la Iglesia se comprenden cuando se vive en Italia, se descubre de dónde salen. Quizá el secreto de su extraordinaria supervivencia es que sea tan italiana. Si San Pedro hubiera recalado en Salzburgo o en Madrigal de las Altas Torres lo mismo la historia hubiera sido distinta. Dios sabía lo que se hacía confiando su empresa a los italianos. Seis de las diez empresas más antiguas del mundo son italianas, que pasan religiosamente de padres a hijos.

Del mismo modo, Italia está impregnada de carácter religioso, incluida la militancia comunista. Por eso, quizá, no hay un anticlericalismo tan exacerbado y arraigado como en España. Están acostumbrados, familiarizados con él como algo propio, aunque sólo sea porque medio país ha sido del Papa durante siglos, hasta 1870. Y eso porque los propios italianos le invadieron Roma (a la derecha, la brecha de Porta Pia, por donde entraron las tropas). Pío IX amenazó con la excomunión a los romanos que votaran a favor de la unidad de Italia, pero ni por esas. Se quedó sin finca, pero a los italianos algo de súbditos pontificios se les ha quedado.

El Papa opina de política italiana de forma rutinaria, más que Rouco de la española. Y los obispos italianos intervienen hasta sobre los presupuestos. Por eso, cualquier líder político italiano se maneja con el Vaticano como con un partido más, pero que es único porque influye en todos los demás. Van a visitar al Papa cuando les eligen, asisten a ceremonias (D’Alema, el gurú carismático de la izquierda acudió a la canonización de Escrivá de Balaguer) y hacen carreras por tener gestos de respeto. El Parlamento aprobó un indulto masivo en las cárceles por la única razón de que lo pidió el Papa.

En cualquier acto público de media estatura, desde una exposición a una presentación de un libro, hay un cardenal moviéndose entre los canapés. El párroco suele ser uno de los referentes públicos de cualquier municipio y se les entrevista como voces de la comunidad cuando hay un suceso. Es un reflejo de la fragmentación grupal italiana, traducido en la presencia capilar de la Iglesia a través de sus parroquias y organizaciones, que a menudo realizan una labor social imprescindible y son uno de los pocos referentes morales de la comunidad, sobre todo en las zonas más amorales. En la tele, además, resuelven casos policiales:

En la tele uno siempre se encuentra algún cura. Si lo han reconocido pero no creen lo que ven sus ojos han visto bien, es verdad, es él: es Terence Hill, convertido en Don Matteo, serie de éxito de la RAI que va por la sexta temporada. Bueno Bud Spencer, de quien ya hablamos un día, acabó de candidato en Forza Italia... Los curas son personajes habituales de las series, los anuncios o invitados en los debates. En España no sucede desde el Padre Mundina y sus plantas, pero es que Italia sigue un poco en aquella época, es muy setentera. De aquí nace, creo, parte del asombro del Vaticano cuando en el resto del mundo a menudo no les hacen ni caso y no pintan nada. Les gustaría que todos fueran como Italia, esa Arcadia feliz. Del mismo modo, cuando los italianos salen de Italia descubren con pasmo lo lejos que queda el Vaticano de la vida de los demás países.

Sin ánimo de ser exhaustivo, una lista improvisada de parecidos entre Italia y la Iglesia, tanto históricos como actuales, incluiría por ejemplo:

Las jerarquías, los uniformes, los disfraces, la ceremonia, el sentido teatral, las castas sacerdotales, las paráfrasis, la retórica, la lentitud de la burocracia, la gerontocracia, el nepotismo, el machismo, la homofobia, la piedad, la hipocresía, el sentido de grupo, la fragmentación en grupúsculos interminables, el papel central de la madre, la reverencia, la adulación, las reglas férreas con castigos tremendos pero cuya infracción siempre se puede perdonar -de ahí la ley y la trampa, el doble juego y la redención del pecador-, la capacidad de interpretar los textos en sentidos diversos según la ocasión y la conveniencia, la importancia de la familia, la adaptación camaleónica a los cambios, la práctica del relativismo moral pero su condena pública, el fatalismo, el conservadurismo, el inmovilismo, la desconfianza hacia lo nuevo, la alergia a la modernidad, los anacronismos, el sentido del tiempo como eternidad, el arte de la hipocresía, la conciencia de la debilidad del género humano, el olfato para los negocios, la habilidad para la diplomacia, el término medio y la ambigüedad calculada, la superstición, los milagros, la sensación de vivir en un museo, el vivir del dinero de los demás, que el fin justifica los medios, el amor al arte, el comer bien, la sabiduría antigua y la obsesión por el adulterio, las mujeres y las vírgenes.

A mí casi todo me parece bien. Roma, en concreto, la han hecho los papas, y no les quedó nada mal. El Papa ha sido el alcalde de Roma durante siglos y sus cardenales concejales de urbanismo o seguridad, que lo mismo tendían la red de agua como ejecutaban desgraciados con la pena de muerte.

En fin, Fellini, que veía muy bien en las entrañas de Roma con su ojo juguetón y burlón, supo ilustrar estas indefinibles sensaciones, esta confusión de identidades, esta realidad fascinante, en esta famosa secuencia de 'Roma' (1972):

Por cierto que en algunos salones de Roma el ambiente y los personajes siguen siendo los mismos.

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El testamento de un cardenal del XVII bloquea el cierre de un hospital

Han decidido cerrar el hospital de San Giacomo, en Roma, y venderlo para hacer un hotel de cinco estrellas. Es un hospital histórico, el más antiguo de la ciudad, en plena Via del Corso. Se ha liado en la forma clásica. Primero, protestas en la calle y ocupación del centro, pacientes incluidos. Segundo, respuesta oficial con datos: cuesta 54 millones al año, con 178 médicos, 348 enfermeros y 222 empleados para 170 camas. Luego aparece un pergamino: el cardenal Antonio Maria Salviati legó el palacio en su testamento, al morir en 1602, con la condición de que siempre fuera un hospital. «No creo que sea el caso de llamar a Indiana Jones», replicó el presidente regional, pero la Fiscalía investiga. Hoy, nuevo descubrimiento delirante: una sociedad holandesa compró el hospital en 2002 en una curiosa operación de finanza creativa. Para hacer caja, la Región del Lazio vendió 49 edificios públicos... y paga un alquiler semestral de 45 millones durante 35 años. Volverá a recuperar los inmuebles en 2037. Es decir, el San Giacomo no sería suyo y no lo puede vender. La operación fue financiada con una emisión de obligaciones y una de las aseguradoras era Lehman Brothers, que acaba de quebrar. Así a ojo, se hablará del San Giacomo durante los próximos cuatro años. Cada vez será un asunto más incomprensible.

(Varios diarios de la última semana y 'Repubblica' de hoy)

PD (Post Data, no Partido Demócrata): En las últimas horas ha habido algunos problemas técnicos con los comentarios del blog. Uno de los que se esfumó, en el capítulo dedicado a Roberto Saviano, era de un lector, 'gelato al limon', que citaba el enlace para firmar en apoyo del escritor. Lo recuperamos aquí por su interés. Como se sabe, Saviano es un Salman Rushdie italiano, condenado a muerte por la Camorra por haber escrito un libro sobre esta organización criminal. El diario 'La Repubblica', donde escribe, ha organizado una recogida de firmas, abierta por seis premios Nobel, para protestar, darle su apoyo, exigir protección para él y decir, simplemente, que el problema de la Camorra es inadmisible en una democracia. Ya van por 100.000 firmas.

Este es el enlace, si alguien quiere unirse: http://www.repubblica.it/speciale/2008/appelli/saviano2/index.html#form

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El Partido Demócrata (PD) de Walter Veltroni, teórica oposición en Italia, no da una. Su gran iniciativa del año ha sido convocar en junio una gran manifestación contra el Gobierno en... octubre. Sí, han leído bien. La convocaron antes de las vacaciones de verano, pero será este sábado. Hay rumores de que pensaron hacerla en 2011, pero en un ataque de realismo decidieron hacerla ya mismo, a los cuatro meses. Este es el concepto del tiempo en Italia.

No se puede decir que no han tenido tardes para preparar el acto, pero resulta que el PD no está mejor en cuanto al concepto del espacio. Estos días se ríe mucho con el cartel de la manifestación (aquí a la izquierda). La prensa de derechas (Il Giornale, Libero), tuvo la agudeza de ponerse a mirar con lupa la foto del cartel y descubrió, oh maldición, que era una foto de una audiencia del Papa en San Pedro. Hay hasta monjas y una bandera de Portugal.

A esto se le puede sacar mucha punta, claro. Bromas aparte, que a cualquiera se le ocurren, lo cierto es que, como todo lo que se escapa de forma inconsciente, el cartel tiene algo de verdad. La única oposición eficaz en este momento en Italia es la Iglesia y sus ramificaciones. La principal revista católica, ‘Famiglia cristiana’, semanario que tira tres millones de ejemplares y uno de los más vendidos de Italia, y el diario de la Conferencia Episcopal, ‘Avvenire’, le han dado mucha caña al Gobierno con las leyes sobre inmigración ilegal, el famoso censo de los gitanos que luego se ha quedado en nada y otros temas. Como se la dieron en su día al Gobierno de Prodi. Bloquearon un proyecto para legalizar las parejas de hecho que ya de por sí era tímido como él solo, para ver si colaba, pero ni por esas. Los católicos infiltrados en el centro-izquierda hundieron el plan.

La Iglesia es el único partido verdaderamente trasversal en Italia, junto con las afiliaciones futbolísticas (en el Parlamento hay clubes romanistas, juventinos,... con políticos de todo signo). Es decir, es el único poder capaz de dominar tanto a la izquierda como a la derecha. A decir verdad, es difícil saber, desde el punto de vista cristiano, qué es más peligroso: los comunistas, que los pobres ya no asustan a nadie, o un elemento como Berlusconi, que da bastante miedo.

Pero es la izquierda la que sin duda lo tiene peor. Como ilustra magistralmente este capítulo de ‘I nuovi mostri’ (‘Los nuevos monstruos’, 1977, Mario Monicelli, Dino Risi y Ettore Scola). Esta película es una continuación de ‘I mostri’, de Risi, y sigue la misma fórmula de capítulos, aunque con dos directores más. No obstante la acumulación de talento, el resultado no es muy afortunado, aunque se salvan algunos episodios y momentos. El mejor, en mi humilde opinión, es éste, firmado por Dino Risi y llamado ‘Tantum ergo’.

Sinopsis: Un cardenal (inmenso Vittorio Gassman) queda tirado en un barrio de las afueras de Roma al pincharse la rueda de su cochazo. Junto a su fiel asistente, ven una iglesia y van a pedir ayuda. Es una iglesia con un cura obrero, rojillo, la Iglesia progre de los sesenta. El sacerdote tiene una asamblea con los fieles para resolver los problemas del barrio, que es una jaula de grillos, para variar. Los vecinos proponen ir al ayuntamiento y armarla. El cura trata de explicarles las vías democráticas y pacíficas, nombrar una comisión... Hasta que un niño ve "uno vestido de rojo", el cardenal. "¿Cómo te llamas, hijo?", le pregunta al cura. "Ah, si, ya he oído hablar de ti...". El cardenal pregunta si puede sentarse a escuchar. El debate continúa, con las clásicas llamadas a montar una bronca y liarse a palos con la Policía. Un desmadre. "¡Hace un año, un año que intento haceros razonar!", se desespera el cura, que propone votar, pero a los feligreses lo de votar democráticamente ya no les convence.

Invitado a hablar, el cardenal habla con verbo florido, vauya que si habla: "Es con verdadera mortificación y profundo dolor que tomo la palabra. Mortificación porque llego a vuestra comunidad por un banal incidente mecánico, y no empujado por mi ansia pastoral, como sería mi deber, y dolor al constatar el profundo malestar de vuestra vida cotidiana... Un malestar que puede llevar a la estúpida , ciega e inútil violencia. He oído a uno de vosotros decir (imita el dialecto romano): vamos, ocupamos, pegamos..." Tras el bofetón, dice: "Sí, he usado la violencia, pero ¿he cambiado quizá tu ánimo, te he convencido? No, sólo he incrementado tu rencor". Luego se dirige al atril y habla de la parroquia, acusada de "haber descuidado los valores del espíritu, privilegiado en modo excesivo las instancias sociales, mejorar las condiciones materiales". Cita a los santos que han cultivado la pobreza. "Nosostros no somos santos, somos imperfectos, pero ¿cómo no podriáis ser imperfectos, vosotros que perseguís otra felicidad, sobre la tierra?". "¡No, la justicia!", interviene el cura, que ya le ve venir. "¿Qué justicia, la justicia de un cura que no siente el deber de llevar su sagrada túnica? No, la justicia de Dios", replica monseñor, que recuerda las bienaventuranzas sobre los mansos... "¿Pero cuándo lo ha dicho?", impreca el cura. "Lo ha dicho, lo ha dicho ¿no has visto al película de Zefirelli?...", le cortan los fieles, que le dicen que se calle. "No hagas tu tesoro en la tierra, sino en el cielo", sigue el cardenal. "Qué bien habla, tendrían que hacerlo papa", susurran los fieles. Ya lanzado, su eminencia dice que es un día de alegría, por el feliz encuentro, y ordena encencer las luces, tocar las campanas, el órgano ("Parece Navidad", dicen los fieles admirados), "...la voz de esperanza del órgano, de mansedumbre, de obediencia,...". Con los fieles enardecidos, el chófer comunica que el coche está listo y el cardenal se las pira.

Ahora que me doy cuenta, casi no se ha hablado en este blog del Vaticano. Debe de ser porque este Papa no hace nada, pero también supongo que lo he evitado inconscientemente para evitar líos, porque es uno de esos temas con los que te insultan. Bueno, pues queda pendiente para mañana.

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Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

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