Íñigo Domínguez

La vida en Roma

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28 Abr 2010

En las nubes

Disculpas por desaparecer. He estado un poco enfermo y con mucho trabajo. Y disculpas anticipadas por el capítulo de hoy, especialmente farragoso, pero creo que el tema merece detenimiento. Parece que interesa porque he recibido unos cuantos mensajes al respecto.

Supongo que están enterados de los problemas de Benedicto XVI con la pederastia. Yo le sugeriría que fuera a presentar una película a Suiza y se hiciera arrestar en el aeropuerto: desataría de inmediato una ola de solidaridad. Además él no se benefició a una menor, como Polanski, sólo miró para otro lado con otro que lo había hecho, en ese caso con un menor. Bueno, varios.

Es fácil hacerse un lío con tanto escándalo, pero lo más relevante es lo que pasó en la diócesis de Munich en 1980. Se lo resumo. Un cura llamado Peter Hullermann abusó de tres niños en Essen. Para que se hagan una idea: en una excursión en la montaña cogió a Wilfred Fesselmann, de once años, le emborrachó, le llevó a su cuarto, le cerró con llave y le obligó a hacerle una felación. El pequeño Wilfred lo contó a sus padres, pero eran muy creyentes y no querían denunciar al cura -la religión tiene sus problemas-, sólo se lo dijeron al obispo. Que hizo lo que haría cualquiera de ustedes: no denunciarlo y cambiarlo de parroquia. ¿Ah, qué ustedes lo hubieran denunciado? ¿Pero quién se creen que son, qué falta de contexto histórico? ¿No se dan cuenta de que en 1980, el siglo pasado ni más ni menos, había otros valores, se pensaba de otra manera? Nada, nada, el criminal fue enviado a Munich para cambiar de aires, donde el arzobispo era Joseph Ratzinger, el actual Papa. Les dijeron que enviaban a este pájaro para someterlo a terapia y Ratzinger dijo que no había problema. Luego alguien se equivocó -el Vaticano dice que fue el ayudante de Ratzinger, el vicario Gerhard Gruber- y hasta se olvidaron de enviarlo a terapia. Le mandaron a otra parroquia sin más. Al cabo de un tiempo siguió abusando de niños, hasta que fue denunciado -sin duda por alguien sin escrúpulos- y condenado en 1986.

A mí me parece todo un poco fuerte, no sé a ustedes, y que el Papa debería aclararlo, pero no quiero formar parte de ninguna conspiración. Al menos gratis. Ante esta historia el Papa no ha dicho ni mu y el Vaticano ha replicado que la culpa es del vicario, por no cumplir las órdenes de enviarlo a terapia. ¡Pero hombre por Dios!, cualquiera ve que ésa no es la cuestión, sino cómo es posible que Ratzinger no denunciara a este pederasta. Pero el Vaticano considera que ya está todo explicado y se trata de una conjura mediática.

Yo creo que Ratzinger es un buen hombre y el que más ha peleado por hacer limpieza interna desde hace años, pero en el mejor de los casos no sabía que en su diócesis le colaban violadores de niños, o era una cosa secundaria que se dejaba a los colaboradores. Y en el peor de los casos, y eso es lo que ha admitido tranquilamente el Vaticano, hizo lo que se hacía entonces, mirar para otro lado, como muchísimos obispos, tal como se ha sabido ahora. Es decir, encubrió a un pederasta. Lo que son las cosas, precisamente Ratzinger ha sido víctima de la dictadura del relativismo, que fustiga cada día sin piedad: por lo visto en aquellos tiempos esto de cepillarse niños eran cosas que pasaban, lo normal, y fíjate tú que hoy es un delito gravísimo. Quién se lo iba a imaginar.

El Vaticano se defiende mal y como puede, a veces con laconismo y suficiencia, a veces corrige como es debido imprecisiones de las reconstrucciones que hacen los medios, pero desdeña todo como una campaña mediática en su contra cuando lo mejor sería que explicara todo bien clarito, admitiendo dónde se ha estado equivocando, y se terminó el asunto. Sin embargo la movida es de tales dimensiones que les da miedo y les supera, y van poniendo parches. Así no acabaremos nunca, mientras dependa de abogados estadounidenses y prensa centroeuropea o anglosajona, porque si dependiera de la prensa italiana el asunto se cerraría mañana mismo. ¡Qué manera de esconder las noticias! La Iglesia, como hemos explicado alguna vez, vive en Italia en una burbuja de pleitesía.

El Papa, decíamos, no ha aclarado lo de Munich y hay un problema: no da entrevistas ni ruedas de prensa, sólo habla cuando le parece y de lo que le parece. Una de las rarísimas ocasiones en que se le pueden hacer preguntas es en los viajes, si durante el vuelo se asoma a la parte de atrás del avión, donde están los periodistas. Ratzinger no lo hace casi nunca y una de las últimas veces, hace un año, metió la pata con sus declaraciones sobre el preservativo. Total, que hace una semana había viaje a Malta y se presentaba la ocasión. Pero no se admitieron preguntas. Se presentaron con antelación y luego el Papa salió a hablar. Lo explicó Federico Lombardi, el jesuita que hace de jefe de prensa del Vaticano, al aparecer ante los periodistas. O vaticanistas, como se llaman en Italia a los reporteros especializados en seguir la información del Vaticano.

Ahora les propongo un juego. Ejercicio: háganse a la idea de que están en el avión, como periodistas, esperando a saber si el Papa va a hablar por fin o no de su caso o del escándalo de la pederastia, y saquen un titular con sus declaraciones. Transcribo las intervenciones:

Lombardi: «...El Santo Padre ha recibido las preguntas que algunos de vosotros han presentado y que interpretan un poco las expectativas que todos tenemos al inicio de este viaje y por tanto nos hará algunas reflexiones, algunas consideraciones, sobre la base de nuestras expectativas. No seguiremos el esquema de otras veces de pregunta-respuesta, dejemos que el Santo Padre, según su parecer, nos haga un discurso sintético».

Benedicto XVI: «Queridos amigos, buenas tardes. Esperemos tener un buen viaje, sin esta nube oscura que hay en parte de Europa (eran los días de la nube volcánica). Así que, ¿por qué este viaje a Malta? Los motivos son múltiples. El primero es San Pablo. Se ha terminado el año paolino de la Iglesia universal, pero Malta festeja 1950 años del naufragio y esta es para mí una ocasión para llamar la atención una vez más sobre la figura del Apóstol de las gentes, con su mensaje importante también para hoy. Creo que se puede sintetizar lo esencial de su viaje con las palabras que él mismo resumió en la carta a los Gálatas: fe que obra en la caridad.

Estas son las cosas importantes también hoy: la fe, la relación con Dios, que se transforma después en caridad. Pero creo que el motivo del naufragio nos habla también a nosotros. Del naufragio, para Malta, nació la fortuna de tener fe, así podemos pensar también nosotros que los naufragios de la vida pueden hacer el proyecto de Dios para nosotros y pueden también ser útiles para nuevos inicios en nuestra vida.

El segundo motivo: me alegra vivir en una Iglesia vivaz como la de Malta, que es fecunda en vocaciones también hoy, llena de fe, en medio de nuestro tiempo, y que responde a los desafíos de nuestro tiempo. Sé que Malta ama Cristo y ama su Iglesia que es su Cuerpo y sabe que, aunque este Cuerpo está herido por nuestros pecados, el Señor ama de todos modos esta Iglesia, y su Evangelio es la verdadera fuerza que purifica y cura.

Tercer punto: Malta es el punto donde las corrientes de refugiados llegan desde África y llaman a la puerta de Europa. Este es un gran problema de nuestro tiempo y, naturalmente, no puede ser resuelto por Malta. Todos debemos responder a este desafío, trabajar para que todos puedan, en su tierra, vivir una vida digna y, por otra parte, hacer lo posible para que estos refugiados encuentren aquí donde llegan un espacio de vida digna. Una respuesta a un gran desafío de nuestro tiempo: Malta nos recuerda estos problemas y nos recuerda que la fe es la fuerza que da caridad, y por tanto también la fantasía para responder bien a estos desafíos. Gracias».

Lombardi: «Gracias Santidad y buen viaje, le acompañaremos con nuestro trabajo y nuestra información».

FIN

¿Qué? ¿Difícil acompañarle con la información, eh? Busquen, busquen un titular. Bienvenidos al arduo mundo de los vaticanistas. No digo que no haya cosas interesantes, pero éste es uno de esos discursos del Papa que los periodistas leen rápidamente y concluyen: «No hay nada». Casi siempre es así. Lo que hay que hacer entonces es ponerse italiano o eclesiástico -como ya hemos dicho, viene a ser lo mismo-, leer entre líneas, buscar sobreentendidos, insinuaciones, extrapolaciones y dar con algo parecido a un titular. Al día siguiente en casi todos los medios era éste, y así les doy la solución del ejercicio:

El Papa admite que la Iglesia está «herida por nuestros pecados»

Como a lo mejor tienen problemas para saber dónde dice eso les aclaro que es en el tercer párrafo. Sí, ya sé que esto es una locura, pero el oficio es así. Y por supuesto ni palabra del caso de Munich, así se va olvidando. Y quien lo recuerde participa en una conspiración o es un cabezón insensato, que lo sepan.

Quizá les haya dado la impresión de que el Papa vive en otro planeta. Esta forma de actuar es deliberada: el Vaticano siempre prefiere hacer como que está en las nubes, aunque en este caso era verdad, porque el Papa estaba en un avión. Por un lado es una actitud saludable, para ofrecer una perspectiva temporal distinta, de eternidad, pero por otro a veces es simplemente una forma de eludir los problemas.

Pero, para ser honestos, hay otra posibilidad. Lombardi dice que el Papa responde a preguntas de los periodistas. Entonces, ¿podría ser que ningún periodista le hubiera preguntado por el caso de Munich? ¿es eso posible? Pues me temo que sí. Y aquí es donde tenemos que hablar de los vaticanistas y el vuelo papal.

Ahora dirán ustedes que, si soy tan listo, por qué no lo pregunté yo. Es que no iba en el vuelo papal. Nunca lo he pedido no sea que me lo dieran -y aún así no creo que me lo hubieran dado- , pues se cuentan historias terribles. En el vuelo papal se entra en una especie de regresión a la infancia en donde se es tratado como en una excursión escolar de un colegio de curas. Los dirige un señor que, según opinión bastante unánime, está medio majareta, echa unas broncas de miedo y al que todos temen como colegiales. Ya ven que no salimos del tema de los niños.

Las reglas del viaje papal son muy estrictas, bajo pena de retirada de la acreditación. Para empezar te quitan el pasaporte y no te lo devuelven hasta el regreso. La manía más famosa es la de hacer levantar a los periodistas a las seis de la mañana para recoger los discursos que dará el Papa durante el día, y ahí desfilan todos los insignes reporteros en pijama en el hotel para luego volverse a la cama entre maldiciones. Uno puede delegar en algún generoso colega de despertar más fácil, pero se arriesga a que le miren mal. Te ponen un negativo. Para mí los compañeros abonados al ‘volo papale’, con mi admirada Paloma Gómez Borrero a la cabeza, a la que debo tantos favores, son héroes sin discusión.

De todas maneras, lo más raro de este vuelo es el precio. Por ejemplo, para los periodistas el billete del vuelo papal del próximo viaje a Fátima, dentro de dos semanas, cuesta 1.983 euros: 1.003 euros por el trayecto Roma-Lisboa con Alitalia - que siempre hace el vuelo de ida- y 980,00 por Oporto-Roma, con la TAP, las líneas aéreas portuguesas. Yo, que voy por libre y no soy un lince, me he pillado uno por 234,22 euros, sin buscar demasiado y con la TAP. Es decir, unas diez veces menos, y hombre, se supone que al Vaticano le harán algún descuento. Por razones misteriosas, el billete del vuelo papal siempre vale cuatro, cinco, diez veces más que un vuelo normal. Las malas lenguas dicen que es porque el viaje del Papa lo pagan los periodistas. No es menos extraña la forma de pago, porque en ocasiones se abona sólo en metálico y ahí vuelven a desfilar los periodistas con sus fajos de billetes.

Para salir de dudas sobre todo el tinglado una vez pregunté sobre esto en la sala de prensa de la Santa Sede y me convocaron para una entrevista personal. «Uyuyuy, te la vas a cargar», me decían temblorosos algunos compañeros, como en el cole cuando el director te llamaba a su despacho. Pero no, me recibió el organizador de los viajes, el señor con fama de desaprensivo. Yo le comprendo, es que trabaja en el Vaticano. En realidad fue muy amable. No entró en detalles, pero me explicó que los gastos están totalmente justificados porque cuesta mucho disponer de un avión en exclusiva.

De todos modos, para satisfacer su curiosidad, les pongo la lista de todos los viajes que lleva Benedicto XVI, con su coste correspondiente para los periodistas, para que vean qué precios. Sólo los grandes medios, y ya casi ni esos, se lo pueden permitir:

1. Agosto 2005. Colonia (Alemania). Roma-Colonia-Roma: 1.500 euros.
2. Mayo 2006. Polonia. Roma-Varsovia, Cracovia-Roma: 900 euros.
3. Julio 2006. Valencia (España). Roma-Valencia-Roma: 1.440 euros.
4. Septiembre 2006. Alemania. Roma- Munich-Roma: 1.100 euros.
5. Noviembre 2006. Turquía. Roma-Ankara, Ankara-Esmirna, Esmirna-Estambul: 2.260 euros.
6. Mayo 2007. Brasil. Roma-Sao Paulo-Roma: 3.300 euros.
7. Septiembre 2007. Austria. Roma-Viena-Roma: 923 euros.
8. Abril 2008. Estados Unidos. Roma-Washington-New York-Roma: 3.200 euros.
9. Julio 2008. Australia. Roma-Sydney-Roma: 6.800 euros.
10. Septiembre 2008. Francia. Roma-París-Lourdes-Roma: 2.360 euros.
11. Marzo 2009. Camerún y Angola. Roma-Yaoundé-Luanda-Roma: 5.500 euros.
12. Mayo 2009. Jordania, Israel y Cisjordania. Roma-Amman-Tel Aviv-Roma: 2.151 euros.
13. Septiembre 2009. República Checa. Roma-Praga-Roma: 870 euros.
14. Abril 2010. Malta. Roma-La Valetta-Roma: 1.127 euros.

Esto del ‘volo papale’ tenía más sentido con Juan Pablo II. Había que estar allí porque se cocía todo. Además de que los suyos eran viajes tremendos, casi imposibles de seguir por libre -y aún así las facturas por ir en el séquito eran de órdago-, el Papa salía a lidiar con los periodistas a pelo para hablar de lo que fuera.

Pero tras el vuelo, hablemos de los vaticanistas. Hay de dos clases: los que creen o se lo creen y los que no. En los extremos, el meapilas bobalicón y el anticlerical recalcitrante. Es un arduo debate saber si el periodista debe comulgar con lo que escribe, nunca mejor dicho en este caso. Pero con la salvedad del fútbol, donde a menudo impera el forofismo o el patriotismo, se supone que debe ser imparcial. Sin embargo fútbol y religión son las únicas áreas informativas donde a menudo se disculpa, o hasta se exige, la militancia. He visto individuos que como salvapantallas del ordenador se tienen a sí mismos saludando al Papa. El caso del Vaticano y la información religiosa es muy especial, porque afecta a creencias íntimas, que pueden cabrear a muchos lectores, y se debe ser respetuoso sin renunciar a la crítica. Además a la hora de trabajar tiene un rasgo muy singular: el Vaticano es probablemente el único lugar de la tierra que se cree en posesión de la verdad. Así no vale.

En la sala de prensa vaticana, que está al final de la Via della Conciliazione, en el último edificio a la derecha, también hay cierto ambiente escolar. Entrar allí para mí siempre es como volver a la niñez, a clase, me entra un temor inexplicable de cagarla y que me llamen la atención. Cuando uno llega la primera vez se sorprende de lo bordes que son algunos empleados, y eso que predican el amor. Hasta hace poco había una monja con fama de medio loca -también- de la que se contaban historias terroríficas de maltrato a los periodistas. La verdad es que conmigo siempre se portó bien, pero a lo mejor porque soy tío y parece que era más desagradable con las tías. Pero, en resumen, siempre han sido famosas las reprimendas, que llevan a señores hechos y derechos a transformarse en mansos escolares. La gente se infantiliza.

El vaticanista es una especie única pues, quizá por contagio, a menudo también está en las nubes. Se cree en el centro del mundo y puede sumirse en profundos debates sobre las sutiles connotaciones de una sugerencia tácita de un comunicado de cuatro líneas, y sobre conceptos como la catequesis mistagógica. Entre que algunos son muy creyentes, el temor reverencial a las broncas y una tendencia italiana general a la adulación y el peloteo reina una atmósfera plácida. En fin, que entra dentro de lo posible que nadie le hubiera preguntado al Papa lo que había que preguntarle. Y todos tan contentos. Naturalmente entre los vaticanistas hay de todo, y hay profesionales como la copa de un pino, pero se prefiere, a la italiana, el método transversal, nunca lo directo. Es fácil quemarse y las escasas fuentes, que son los propios cardenales y la gente de la Curia, pueden cerrar el grifo.

También es que a veces hay represalias. El ‘volo papale’ siempre ha tenido una connotación de caramelito de premio que te daban. Si uno caía en desgracia se quedaba fuera. Fue célebre el caso de Domenico del Rio, vaticanista de ‘Repubblica’ ya fallecido, que fue vetado en 1985 por un reportaje crítico, precisamente sobre los viajes de Juan Pablo II, en los que denunciaba su alto coste. Le excluyeron del vuelo a Venezuela, Ecuador, Perú y Trinidad y Tobago. Fue tan exagerado que 40 periodistas de 20 países firmaron una carta de protesta en defensa de la libertad de información. Lo curioso es que, al cabo de unos años, Del Rio, ex-fraile franciscano desengañado, se convirtió de nuevo a fuerza de seguir a Wojtyla. Según contó, fue en 1992 cuando le vio entrar entre el fango en una choza de Angola.

También a veces se ha retirado la acreditación a periodistas como castigo. Colaborar en libros considerados hostiles ha significado para algunos estar sin acreditación para los siglos de los siglos. Sé de fotógrafos a los que les han dado un toque por tomar imágenes de manifestantes de colectivos homosexuales junto a la plaza de San Pedro. Y a otro le quitaron la acreditación por no saludar al Papa con la efusión que se creía necesaria. Otro fue vetado por una foto que hizo de Juan Pablo II tropezándose. Sólo de comentar a algún compañero fotógrafo que quería contar alguna de estas batallitas ha cundido el pánico, por si acaso luego podían tener problemas. Del mismo modo hay normas para vestir. Las chicas deben ir bien tapaditas.

Naturalmente, entrar en casa ajena significa aceptar sus reglas, pero en el Vaticano a veces exageran. Deben de tener miedo de que se les cuele algún elemento como Roberto Benigni en ‘Il Pap’occhio’ (Renzo Arbore, 1980), película jocosa sobre el Vaticano que fue convenientemente censurada y prohibida por el Gobierno italiano, que también coopera fielmente con la Santa Sede en el control de los desaprensivos. Ya se lo dice a sí mismo el protagonista de la escena: «Benigni, ¿no te parece que estás exagerando un poco?»:

Pero pongámonos serios. Habíamos empezado con la pederastia y teníamos pendiente hablar de ello. Esto viene desde 2002 y ya entonces la Iglesia no se bajaba del burro. Han tenido que pasar ocho años más. Al margen de su problema en Munich yo sí que creo que Ratzinger se ha puesto serio con este tema. El problema es que sí que hay una conspiración, pero la tiene dentro. Hay un ala arcaica de la Iglesia que pese a las disculpas y promesas de limpieza del Papa no cree ni de coña que se haya actuado mal, sólo que alguien tiene la insolencia de considerar que la Iglesia debe someterse a las reglas del mundo y no está por encima del bien y del mal. Algunos deben de tener nostalgia del Antiguo Régimen y hasta envidia de las teocracias de los países árabes.

Cuando empezó todo esto, en enero de 2002 en Estados Unidos, una de las primeras reacciones fue la carta del Jueves Santo de ese año de Juan Pablo II. La presentó el 21 de marzo de 2002 el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos (en la foto), uno de los carcas. Y mandaba mucho, era prefecto de la Congregación para el Clero. Las congregaciones son como los ‘ministerios’ de la Santa Sede, para entendernos y este señor fue el jefe de todos los curas del mundo de 1996 a 2006. Esto es lo que dijo sobre el escándalo cuando le preguntaron:

«Me permito dar una sola y única respuesta. En el ambiente de pansexualismo y libertinaje sexual creado en el mundo, algunos curas, también ellos hombres de esta cultura, han cometido el gravísimo delito del abuso sexual. Querría destacar dos aspectos.

1. No hay todavía una estadística precisa comparativa respecto a otras profesiones, médicos, psiquiatras, psicólogos, educadores, deportistas, periodistas, políticos u otras categorías comunes, incluidos padres y parientes. De lo que sabemos, resulta de un estudio (...) que cerca del 3% del clero americano tendría tendencias al abuso de menores y el 0,3% sería pedófilo.

2. En el momento en que la moral sexual cristiana y la ética sexual civil han sufrido una notable relajación mundial, paradójicamente pero también afortunadamente, se ha desarrollado, en no pocos países, un sentido de rechazo y una sensibilidad coyuntural respecto a la pedofilia, con repercusiones penales y económicas por el resarcimiento de daños».

Ya ven qué análisis y qué actos de contricción. La culpa de los curas pederastas es de todos los demás, de nosotros, de la sociedad, por haber relajado las costumbres. Esto hace cien años no pasaba. El cardenal siguió luego enumerando algunos documentos que muestran la dureza con que la Iglesia ha abordado el tema, como el catecismo y la carta de Juan Pablo II a Oceanía. Hasta llegar al célebre y polémico documento de 2001, y perdonen que les endose estos discursos, pero hay que documentarlos:

«El Santo Padre publicó el 30 de abril de 2001 la carta apostólica ‘Sacramentorum sanctitatis tutela’ con las «Normae de gravioribus delictis Congregationi pro Doctrina Fidei reservatis», donde se reserva a la Congregación para la Doctrina de la Fe la competencia sobre una serie de graves delitos (...), entre ellos la pedofilia. La Congregación para la Doctrina de la Fe, asumiendo esta especial competencia, ha enviado una carta a los obispos de todo el mundo y los acompaña en la toma de responsabilidad ante hechos tan graves. (...)

En la normativa hay un elemento, digamos así, garantista. Sirve para alejar los peligros de que venza una cultura de la sospecha. Se prevé un verdadero, regular proceso para aclarar los hechos, para confirmar las pruebas de la culpabilidad ante un tribunal. Ciertamente se insiste en la rapidez del proceso. (...)

Los procedimientos y los procesos deben garantizar la preservación de la santidad de la Iglesia, el bien común y los derechos de las víctimas y los culpables. Las leyes de la Iglesia son serias y severas y están concebidas dentro de la tradición, que ya era apostólica, de tratar dentro las cosas internas, lo que no significa en el orden público externo, sustraerse a cualquier ordenamiento civil vigente en los distintos países, salvo siempre el caso del sello sacramental o del secreto vinculado al ejercicio del ministerio episcopal y al bien común pastoral».

No se confundan. Cuando el cardenal Castrillón Hoyos dice todas estas cosas de procesos, tribunales, investigaciones, no está pensando lo mismo que nosotros, el resto de los mortales. No, está hablando de procesos canónicos, bajo secreto pontificio. Son una cosa tremenda: su máxima pena es que a uno le castigan con dejar de ser cura. Comprendo que para un cura es gravísimo, pero en el mundo real a uno de estos pederastas le caen unos cuantos años de cárcel. Parece que también para la Iglesia, como ya hemos visto que pasa en Italia -y no se sabe quién influyó a quién- no hay delitos, sino pecados.

Para terminar de completar el cuadro de cómo se veía entonces el escándalo, y así estamos ahora, recordemos unas palabras de un mes después, el 29 de abril de 2002, del cardenal español Julián Herranz (en la foto), entonces presidente del Pontificio Consejo de Textos Legislativos, del Opus Dei. También mandaba mucho, era una de las máxima autoridades en derecho canónico. Como tal, ilustró en una conferencia en Milán «la contribución que una recta visión jurídica podría ofrecer para devolver la serenidad en tantos ánimos turbados». Disculpen de nuevo la extensión de la cita:

«En esta materia es necesario ciertamente proteger los derechos de las víctimas, los de los Pastores y de los otros fieles de las comunidades directamente interesados y de toda la Iglesia: en definitiva, los derechos de todas las personas involucradas, también los de la misma sociedad civil (...).
A este efecto el Derecho de la Iglesia católica -que tiene una propia autonomía generalmente reconocida por los Estados- dispone de todos los instrumentos procesales y sancionadores en grado de asegurar (...) que sean respetadas contemporáneamente todas las exigencias de justicia para tutelar el bien común y de cada alma. En los casos extremos ciertos delitos cometidos por ministros sacros -que afectan no sólo a esa forma concreta de homosexualidad que es la pedofilia- pueden ser castigados con la pena perpetua de dimisión del estado clerical.

Dada la gravedad de esta pena, que concierne a la misma condición personal del clérigo, se comprende que las normas canónicas y las del reciente Motu proprio de Juan Pablo II ‘Sacramentorum sanctitatis tutela’, exigan las necesarias garantías con regular investigación previa, comprobación de los hechos y pruebas de culpabilidad, asegurando el derecho a la defensa tanto del acusado como de la víctima. (...).

La Iglesia reconoce ciertamente la competencia de las autoridades civiles en los casos que constituyen delitos en el propio ámbito civil. Pero la Iglesia no puede renunciar a sus propios instrumentos procesales y sancionadores, que están en sintonía con las específicas exigencias de la justicia intraeclesial. Los fieles tienen el derecho, especialmente en el caso de los sacerdotes, a ser juzgados y eventualmente castigados según las disposiciones canónicas. (...)

Sobre la onda emotiva del clamor público algunos plantean la obligación de la Autoridad eclesiástica de denunciar al juez civil todos los casos que lleguen a su conocimiento, además de la obligación de transmitir al juez civil toda la documentación relativa de los archivos eclesiásticos. (...) A mi entender la justicia exige huir de estas simplificaciones indebidas.

Hay que tener cuenta, de una parte, que cuando las autoridades eclesiásticas tratan estos delicados problemas no sólo tienen el deber de respetar cuidadosamente el principio fundamental de presunción de inocencia, sino que deben adaptarse a las exigencias de la relación de confianza y el consiguiente secreto de oficio, que es inherente a las relaciones entre el obispo y los sacerdotes, sus colaboradores, y entre los sacerdotes y los fieles: no atender estas exigencias comportaría muchos daños, y de gran gravedad, para la Iglesia. (...)

Bien sabemos que la Iglesia sigue siendo siempre santa, pero hay que evitar con fuerza, y es un deber de todos, que algunos pretendan insistentemente enfangarla».

En fin, queda claro que para la Iglesia sus procesos son la pera marinera y van antes que los del resto de los mortales. Y que, aún así, cuando declaren culpable a un cura tampoco está nada claro que luego lo denuncien a la Policía. Esto ha sido así hasta que Benedicto XVI ha dicho con todas las letras que estos criminales hay que entregarlos a los tribunales. La primera vez, el 19 de julio de 2008 en una misa en Sydney, Australia. Ahora, con la que está cayendo, casi lo dice ya una vez a la semana. De todos modos, el contexto de esa conferencia de Herranz en 2001 también era que a la Iglesia empezaba a preocuparle el asunto de la pasta, pues varias diócesis de EE UU quebraron por pagar las indemnizaciones a las víctimas.

Con tanto hablar de procesos canónicos les habrá entrado curiosidad. Veamos uno en esta escena de ‘In nome del Papa Re’ (‘En nombre del Papa Rey’ -traducción mía-, Luigi Magni, 1977), una película que está muy bien y muy interesante de la trilogía de Magni sobre la Roma papal de fines del XIX, antes de que perdiera su poder terrenal. Es el año 1867, con Pío IX.

Sinopsis: Se juzga a dos revolucionarios partidarios de la unidad de Italia acusados de un atentado contra un cuartel papal que ha matado a 23 soldados franceses. El fiscal pide la pena de muerte. Habla el cardenal que preside el juicio: «Querría recordar a los jueces la importancia de este proceso, en un momento en que se ponen en discusión la autoridad del Papa y de la misma religión. Los rebeldes, los asesinos, los sicarios, aquellos que atentan contra la seguridad del trono y del altar, son ya celebrados como mártires por aquellos que niegan la legitimidad del poder temporal. Cualquier acto de clemencia, por tanto, aunque esté inspirado en los más altos principios de la cristiana caridad, se podría fácilmente interpretar como una confirmación de esta desgraciada opinión. Pero no querría influenciar vuestra libre decisión. Quien se pronuncie por la pena de muerte, responda ‘sí’, y quien es contrario, responda ‘no, y que Dios le perdone.

Los cardenales van diciendo que sí hasta que llega el turno de Colombo, interpretado por Nino Manfredi, máximo exponente, con Alberto Sordi, de la ironía, la gracia y el desencanto romano. Su eminencia parece estar en las nubes y pregunta qué debe hacer. Le explican si ha oído lo que pide el fiscal. Dice que sí, pero aclara que no vota sí: «No, quería decir una cosa pero ya no me acuerdo, ¿será la vejez?». El presidente le dice que ahí son todos viejos y que se aclare, porque hay que terminar.
-Qué, ¿tenéis miedo de que se muera el verdugo? ¡Ah, claro, porque también él es decrépito, está ahí desde 1802!
-¿Pero os hace reír?
-Ah, ¿pero estaba riendo? ¿y según vosotros este es un proceso que hace reír? Así, sin acusados en el aula, sin abogados defensores, hace reír. Aquí se pide la pena de muerte para dos imputados que ni siquiera han confesado y hace reír. De todos modos, en la relación de mosneñor Marino leo que Monti y Tognetti en el curso de la instructoria han tenido un comportamiento tal que no deja dudas de su culpabilidad. ¿No me diréis que hace reír?
-¿Pero por qué debería hacer reír?
-Ah, veo que empezamos a entendernos. Una pregunta: ¿basta para condenarles a muerte?
-¿Quieres insinuar que no tenemos pruebas suficientes?
-Si son estas es evidente que no las tenéis. Pero imaginemos que las tenéis, ¿qué cambia? ¿basta para condenarles a muerte?
-Sí, basta y sobra.
-¿Veis? No cambia. Si acaso cambian los tiempos, pero de todos modos en Roma ¿quién se da cuenta? Vosotros a lo mejor os creéis que estamos aquí juzgando a Giordano Bruno. Pero cuando cambian los tiempos, óptimos padres, cambia el mode de ver las cosas, y cambia también la moral sobre la que se funda la ley.
-¡Nuestra ley no cambia, deriva directamente del Evangelio!
-Pues bueno.
Y Manfredi coge y se va.
-¿Pero dónde vais?
-¡Pues me voy, qué voy a hacer yo aquí, o hablamos en serio o si no...!
-Nosotros no deseamos otra cosa que escucharos.
-Entonces, por favor, no digamos estas cosas. Decía que, dado que ha cambiado la moral, el concepto de culpa y de inocencia que tienen ellos ya es distinto del nuestro. Nosotros creemos todavía en la obediencia, y ellos en las bombas. Y claro que están equivocados, pero eso no quiere decir que tengamos razón nosotros.
Entonces cierra la puerta.
-Ah, ¿el proceso sigue a puerta cerrada?
-No, entra aire. Y además, puertas abiertas o cerradas, ¿quién tiene que entrar?
-Yo querría que entrara en el Espíritu Santo a ilumanaros.
-Ése, si por error hubiera entrado una vez, no creo que entrara más.
-¡Monseñor, está poniendo en duda la legitimidad de este tribunal!
-¡Jovencitos, en Roma hay guerra! Es inútil que nos lo escondamos. Aquí han saltado por los aires 23 soldados de un ejército que como es el nuestro nos puede no gustar, pero ¿sabéis quién ha sido?
-Monti y Tognetti.
-Soldados también ellos, de otro ejército, de civil. Pero estemos atentos, porque cuando un un ejército va de civil es del pueblo, y con el pueblo te acabas dando siempre de morros. ¡Garibaldi está a las puertas! ¡Y Satanás con el sombrero de soldado avanza hacia Porta Pía! Hermanos, somos viejos, tenemos las horas contadas. ¿Queremos hacer una buena acción antes de morir? Una sola. Jubilamos al verdugo y acabamos de buena manera. Intentemos ser curas, yo sólo esto os pido, ser curas, que no perdemos nada. Se ha acabado, se ha acabado...
-Así que imagino que votaréis que no.
-Eh, no. Me gustaría. Pero votando reconocería la legitimidad del tribunal y serían buenos los síes.
-Os abstenéis.
-Es lo mismo. Hagamos así, haced como que no estoy.
Sigue la votación y el tribunal decide, por unanimidad, la muerte.

FIN

Ya ven cómo se las gastaba la Iglesia con sus procesos, al menos con los demás. El verdugo pontificio es un señor muy interesante, y ya hablaremos otro día de él. El penúltimo, el más famoso y muy longevo, Mastro Titta, se jubiló con 85 años en 1865 tras ejecutar a 516 personas por orden del Papa. Su sucesor se quedó en trece, porque en 1870 cayeron los Estados Pontificios al entrar las tropas italianas en Roma. Qué cosas, qué relativo es todo. Realmente es que es una dictadura.

El Vaticano se ha defendido estos meses vendiendo aquella circular de Ratzinger de 2001, «Normae de gravioribus delictis Congregationi pro Doctrina Fidei reservatis», como su gran paso contra la pederastia, ordenando mano dura. Con ella se centralizaron los procesos en la congregación que dirigía Ratzinger, pero lo cierto es que se imponía el secreto pontificio, y ahí le duele. Según ha dicho ahora el Vaticano, se sobreentendía que había que acudir a los tribunales civiles, aunque no estaba escrito en ninguna parte. Ahora, de repente, han sacado un documento que lo dice, pero no tiene fecha, una cosa muy rara, aunque ellos dicen que es de 2003. como hemos dicho, Benedicto XVi sólo lo dijo por primera vez en público en julio de 2008 en Australia. También se ha sabido ahora, aunque parte de la prensa lo ha escondido y eso que eran datos oficiales, que el Vaticano ha recibido desde 2001 unas 3.000 denuncias de curas pederastas. Lo que no han aclarado es cuántas fueron llevadas luego a los tribunales.

Pero bueno, admitamos que se sobreentendía el deber de acudir a la Policía aunque no estuviera escrito y que todos los obispos tenían clarísimo que había que denunciar a los criminales. Pues bien, ni Castrillón Hoyos ni Herranz, que citan la circular en las reflexiones que hemos transcrito y eran de los que mandaban, pensaban eso. Es más, como hemos visto proclamaban lo contrario. Es más, ahora hemos sabido que Castrillón Hoyos en 2001, unos siete meses antes de la intervención que hemos leído, escribió una carta a un obispo francés, el de Bayeux, para felicitarle por no haber denunciado a un cura pederasta, que abusó de once niños. Al cura le cayeron 18 años de cárcel y al obispo, tres meses por encubridor. Es una carta encantadora:

«Me congratulo con usted por no haber denunciado a un cura. Usted ha actuado bien y me felicito de tener un hermano en el episcopado que, a los ojos de la historia y de todos los otros obispos del mundo, habrá preferido la prisión antes que denunciar a su hijo-cura».

Luego decía que enviaría una copia de su carta a todos los obispos del mundo para que le tomaran como ejemplo. Esto se supo el pasado jueves día 15. A Lombardi, el portavoz vaticano, le cayó encima otra bomba y sólo dijo en un escueto comunicado que «no representa la línea adoptada por la Santa Sede», aunque la carta de Castrillón era del 8 de septiembre de 2001, cuatro meses después de la circular de Ratzinger. Pero es que ese mismo jueves por la tarde, el otro día, Castrillón Hoyos estaba en Murcia, dando una conferencia, y siguió en sus trece. Pero encima dijo que le había enseñado la famosa misiva a Juan Pablo II y éste le había dado el visto bueno. En el auditorio había varios cardenales y obispos españoles que le aplaudieron.

Ese sábado Lombardi (en la foto) dio una rueda de prensa en Malta, porque él sí las da, y le preguntaron sobre el tema. Respondió que ya había dicho que ésa no era la línea de la Santa Sede. Los periodistas le hicieron notar que la circular de Ratzinger era de mayo de 2001 y la carta de Castrillón Hoyos de septiembre de 2001, pero replicó que no iba a entrar en «detalles técnicos de fechas», y que además estaba en Malta y sólo iba a hablar de Malta.

Fue una rueda de prensa muy triste. Lombardi, el pobre, trataba de hablar del viaje a Malta y de sus cosas, como el Papa en el avión y sin preguntas, pero el centenar de periodistas de la sala querían saber otras cosas. Estaban en mundos distintos. La empanada del Vaticano con esta historia es inmensa y lo último es admitir toda la verdad, seguramente porque no pueden, al menos sin desatar una catarsis purificadora, pero destructiva. De todas maneras, gracias a los medios de comunicación -y no por su culpa- el asunto ha salido a la luz y se están poniendo las pilas. En la página web del Vaticano ya hay un apartado donde se pueden consultar los documentos de la Iglesia al respecto, como algunos de los que hemos citado, y los últimos comunicados. De todos modos faltan algunos, como la famosa circular de 2001 que impone el secreto pontificio, que pueden leer aquí en italiano. Si alguien todavía quiere enterarse mejor, ya sabe.

Lombardi también es un buen hombre y hace lo que puede, porque está todo el día apagando fuegos. Los jesuitas ahora son de los curas más enrollados, pero en el pasado eran de cuidado y mandaban un montón. Un día cambiaron radicalmente y, sin embargo, con Juan Pablo II fueron marginados y no han pintado nada. Qué cosas, qué relativo es todo.

Veamos otra escena del final de ‘In nome del Papa Re’:

Sinopsis: El cardenal Colombo es recibido por el general de los jesuitas, llamado el ‘Papa negro’. «Vosotros cada vez más alegres», bromea antes de entrar al ver la profusión de esqueletos. Al entrar el general le señala a dos señoras con niños. Son las mujeres de los dos condenados a muerte de la escena anterior. «Ponte cómodo, no te sientas bajo acusación...», le dice.
-Si yo me siento bajo acusación desde que nací.
-Haces bien, hijo mío, estamos todos bajo acusación.
Luego le muestra una carta de arrepentimiento de los dos acusados, en la que piden clemencia al Papa.
-Comprendo que habrías apreciado una mayor firmeza y coherencia por su parte.
-Conozco vuestra capacidad de persuasión.
-Pero esos pobres diablos han asumido su deber, cómo podían ser sordos a las plegarias de las familias. Mira estas mujeres, jmira estos angelitos, lo que no sea haga por los propios hijos ¿verdad monseñor?
-No lo sé.
-Monti me ha pedido personalmente que estas dos pobres criaturas sean criadas en uno de nuestros conventos. Nosotros ofreceremos a Dios, para compensar los errores del padre, y haremos de ellos dos buenos soldados de la Compañía de Jesús.... ¿Ves como se hace cuando se quiere ayudar a la gente? No como has hecho tú.
-¿Cómo he hecho yo?
-Es lo que nos preguntamos todos, también el Santo Padre está muy dolido.
-Lo siento mucho.
-Yo no pongo en duda tu buena fe, pero el camino era equivocado, llevaba a la guillotina.
-¿Y en cambio el vuestro dónde lleva?
-A la gracia, la gracia de quien no persigue la venganza, sino el perdón. Tú en cambio has hecho apología de las bombas.
-Y por fortuna nadie me ha hecho caso.
-Y has pecado hacia estas pobres mujeres.
-Esto es verdad y les pido perdón.
-Muy bien, sólo quien se humilla será alzado.
-No les déis estas criaturas, las educarán en el odio a su padre.
-Pero no me parece que te estés humillando.
-De hecho estaba diciendo otra cosa.
Entonces el general despide a las señoras y las tranquiliza. El Papa rezará toda la noche, con la carta de clemencia bajo el cojín del reclinatorio, pensando si firmará o no. «Firmará, firmará,...», las despide.
-Un bello objeto, simple pero expresivo. (Dice el cardenal de la calavera).
-Tú no crees en nuestra buena voluntad de salvarlos. Y eso que a uno ya lo hemos salvado.
-¿A cuál de los dos?
-Al tercero, ¿o crees que lo has salvado tú? Somos nosotros que te lo hemos permitido (Se refiere a un tercer acusado, Cesare Costa, fugado de prisión con ayuda del cardenal).
-Vosotros sabéis siempre todo.
-No, es que lo que hay que saber lo sabemos antes que nadie. Por ejemplo, que Cesare Costa es tu hijo tú sólo lo has sabido ahora. Nosotros lo sabemos desde que nació.
-Me lo podíais haber dicho, de forma confidencial.
-Queríamos evitarte una crisis de conciencia inútil.
-¿Y ahora es útil?
-Mira, mira, ven aquí. (Le muestra un agujero oculto en la pared).
-Pero es el Papa...
-El Santo Padre ha querido dignarse a pasar la vigilia aquí, también para comunicar inmediatamente al confesor si firma la gracia.
-También confesáis a domicilio...
-Sí, pero el viejo es raro, ya lo sabes, le podría venir la idea de darles la gracia...
-Sería grave ¿eh?
-En un momento como este...
-Bueno, pero siempre estáis vosotros listos para convencerlo.
-No, serás tú quien lo convencerá para que rechace la gracia.
-¿Por qué yo?
-Porque sólo así nosotros tendremos la certeza de tu obediencia y podremos considerarte recuperado, y esto es la cosa, hijo mío, que más allá de la condena de los criminales nos importa más.
-No eminencia, yo no condeno a nadie más. Ya no creo.
-¿No crees? ¿Has perdido la fe?
-¿Qué hace, el jesuita conmigo? Habéis entendido muy bien en lo que ya no creo. Yo quiero hacer sólo el cura. Dejádmelo hacer, que ya es una fatiga.
-¿Pero no comprendes que así estás condenando a tu hijo?
-Paciencia, había imaginado que el precio era este. De todos modos antes lo tenéis que pillar.
-Si no le cogemos a él te cogemos a ti. Alguno tendremos que coger.
-Eso, quedemos así. ¿Puedo irme?
-Todavía eres el amo.

FIN

Ya ven cómo pueden marear al Papa las camarillas de la Curia y qué personaje el general de los jesuitas (gran Salvo Randone). En cambio el de ahora, el padre Nicolás, es más majo que las pesetas, un señor que ha visto mundo y con los pies en el suelo, no en las nubes. Como hemos dicho en anteriores capítulos, en la Iglesia hay de todo. Los curas pederastas son una minoría de los 400.000 que hay en el mundo y hay miles que hacen una labor impagable. Pero también hay mucho retrógrado que, pese a ser minoría, son de los que más mandan. Y se ayudan, vete a saber por qué.

Y esto es todo. ¿Hay todavía alguien ahí?

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12 Abr 2010

Caos, rebelión

Siguiendo donde lo dejamos el otro día, pero siempre de forma errática y saltando por las casualidades, quería recordar algo. El pasado 23 de marzo fue el aniversario de la matanza de las Fosas Ardeatinas. A muchos quizá no les diga nada, porque si se suele desconocer la propia historia qué vamos a saber de la de los demás. Como buen ignorante, yo tampoco sabía nada antes de venir a Italia. Se lo cuento brevemente.

En 1944, tras la rendición de Italia en la Segunda Guerra Mundial, la mitad norte quedó en manos de sus aliados hasta la fecha, los queridos nazis. Sólo que tras la capitulación dejaron de ser tan amigos. En Roma, como en otros lugares del país, se organizó una pequeña red de resistencia. El 23 de marzo uno de esos grupos colocó una bomba en Via Rasella al paso de un convoy militar y mató a 32 soldados. Otro murió poco después, y otros nueve posteriormente. También murieron dos italianos que pasaban por allí, uno de ellos de trece años. Via Rasella está muy cerca de la Fontana de Trevi. Lo digo por si les entra curiosidad, pues aunque parezca una paradoja el turismo en Roma a veces tapa la historia.

La represalia fue terrible, por oden directa de Hitler. Se barajaron varias opciones. Primero, matar 50 italianos por cada soldado alemán y demoler el barrio entero, aunque se fue bajando en el regateo y al final se quedó en una proporción de diez italianos por uno. Era mucha gente y para llegar a ese número los nazis vaciaron primero la cárcel de Regina Coeli, en Trastevere, de miembros de la resistencia, de prisioneros políticos y de judíos. Los hebreos fueron un total de 75, supervivientes de los 1.023 enviados a los campos de exterminio en la trágica redada del ghetto de Roma de cinco meses antes, el 16 de octubre de 1943. Como seguían sin llegar al número fijado, rellenaron con detenidos comunes y alguno cogido por la calle al azar. Así hasta 335. Pensarán ustedes que no salen las cuentas. Es que prendieron 320, por 32 soldados muertos, pero murió otro y el oficial encargado, Herbert Kappler, ordenó por su propia iniciativa capturar otros diez. En las cadenas de mando no se suelen valorar las iniciativas individuales, pero se arriesgó. Los otros cinco fueron cinco personas de más de propina, porque con el lío y las prisas arrestaron a más de la cuenta.

El 24 de marzo los llevaron a las afueras de Roma, en la zona de las catacumbas, los mataron, los introdujeron en unas cavidades naturales y luego las volaron para dejarles enterrados y ocultar lo ocurrido. Hoy se puede visitar el lugar, que es escalofriante.


Pasé la noche del último 24 de marzo viendo ‘Ran’, de Akira Kurosawa, a quien adoro, en el cine Farnese de Campo de Fiori. Había un ciclo sobre él porque nació hace 100 años, también el 23 de marzo de 1910. La tragedia de las Fosas Ardeatinas siempre me ha impresionado y esa noche me pareció que la legendaria secuencia de la toma del castillo Hidetora de ‘Ran’ representa como pocas ese espíritu del mal, de la guerra, de destrucción, de estupidez abisal que también anida en el hombre. Música heladora de Toru Takemitsu. Si quieren después pueden seguir leyendo con la música puesta:

El hermano mayor de Kurosawa, Heigo, a quien él admiraba, se suicidó cuando él tenía 20 años. Era narrador de cine mudo en cines de Tokio, aunque se quedó sin trabajo cuando llegó el sonoro. Tras el terremoto de 1923 que destruyó la ciudad y dejó 100.000 muertos se llevó de paseo al pequeño Akira, que entonces tenía 13 años, por las calles llenas de cadáveres para que se le quitara el miedo.

El propio Kurosawa intentó suicidarse el 22 de diciembre de 1971, tras el fracaso consecutivo de dos de sus películas. Entró por la mañana en el baño y se hizo varios cortes en la garganta y las muñecas. Le encontraron a tiempo. Y menos mal. Tras recuperarse hizo en diez años tres obras maestras: Dersu Uzala (1975), Kagemusha (1980) y Ran (1985). Tuvo una candidatura al Oscar como mejor director por ‘Ran’, pero no ganó. Ese año lo ganó Sydney Pollack por ‘Memorias de África’.

Volviendo a Roma, el otro día un grupo de neonazis rapados atacaron un bar al que suelo ir a tomar un café y que está a dos minutos del cine Farnese, donde vi ‘Ran’. Les gritaron algo así como “¡Judíos de mierda os vamos a quemar el bar!”. A veces parece que no pasa el tiempo, pero no rejuvenece nada, al contrario.

Esta carrera desesperada de Anna Magnani, escena cumbre de la historia del cine de ‘Roma città aperta’ (Roberto Rossellini, 1945), fue rodada en Via Raimondo Montecuccoli, detrás de la estación Termini, en el barrio de la Prenestina. Rossellini la rodó pocos meses después de la matanza de las Fosas Ardeatinas y empezó las tomas en Via degli Avignonesi, justo al lado de Via Rasella. Es la calle paralela, hay una placa en el lugar. Trabajó nada más irse los alemanes, apenas acabada la guerra, en una situación de total precariedad. Eso sí que es lamerse las heridas y recuperarse de un trauma a toda velocidad. La película se estrenó en septiembre de 1945. Con escaso éxito. Supongo que la gente no estaba como para ir la cine a ver dramones, aunque se acabara de inventar el neorrealismo allí mismo, en su vecindario.

Si se preguntan que fue de Kappler, el oficial de las SS que organizó la matanza, y que también fue responsable de la redada en el ghetto, fue condenado al final de la guerra a cadena perpetua por un tribunal italiano. Sin embargo padecía un tumor, estaba muy enfermo y fue trasladado al hospital militar del Celio, al lado del Coliseo. Rigurosamente vigilado, por supuesto. Tanto que se fugó con ayuda de su mujer el 15 de agosto de 1977. En unas horas estaba ya en Alemania tomando cervezas y recibiendo admiradores. Habrán notado que era un día de fiesta, Ferragosto, un día en el que el país está totalmente parado.

La fuga es muy curiosa. Su mujer, Annalisa Kappler, se presentó con un maletón enorme, en el que escondía una cuerda con un cabestrante. Metió dentro al marido, que se había quedado muy raquítico y apenas pesaba 50 kilos, y descolgó la maleta por la ventana hasta un jardín. Los ‘carabinieri’ de la puerta dormían. Luego salió, arrastró la maleta hasta el coche, un Fiat 131 alquilado en el aeropuerto de Fiumicino, y tiraron millas hasta la frontera con Austria, donde pasaron sin problemas. Habían tenido siete horas de margen hasta el primer control de la mañana. Luego llegó a Alemania y a casita (foto).

Esta ha sido la versión de toda la vida, pero hace tres años la viuda Kappler dio una entrevista a ‘Oggi’ -una popular revista del corazón, no un semanario de geopolítica-, donde cambiaba la historia. Dice que ni maleta ni nada, que le puso una manta encima y bajaron caminando despacito por las escaleras a la una de la madrugada. Lo tumbó en el asiento de atrás del coche y salió sin que nadie le dijera nada. Lo único que no cambia es que los ‘carabinieri’ de la puerta dormían.

Este cambio de versión es raro, como todo en Italia, donde los misterios nunca terminan de aclararse. La señora Annalisa admite que compró la cuerda y la maleta, pero sólo para poder contar la versión oficial que se ha mantenido durante años “porque no quería que se le echara la culpa a nadie”. Qué detalle tan enternecedor. Casualmente esos días alguien había dado orden de rebajar la vigilancia del prisionero Kappler.

Sea como fuere para el epílogo de la historia aparece un detalle importante e incomprensible. Para meterle en un hospital militar, una cosa rara pero ideal por las condiciones de seguridad, al Gobierno italiano no se le ocurrió otra cosa que declarar a Kappler prisionero de guerra, aunque era 1977. Esta tontería, fruto de la burocracia creativa o del arte de la chapuza italianas, o quien sabe si era una decisión muy consciente, fue decisivo luego: Alemania se negó a extraditarlo porque al ser prisionero de guerra tenía derecho a fugarse. Kappler murió a los seis meses.

Si esto les parece gracioso esperen a oír lo del capitán Erich Priebke, uno de sus cómplices. Él pudo huir a Argentina gracias a la red secreta de fuga que permitió darse el piro a Sudamérica a varios criminales de guerra nazis, conocida como organización ODESSA (Organisation der Ehemaligen SS-Angehörigen/ Organización de ex-miembros de las SS) o Ratline (Ruta de las ratas), y en donde tenían un papel central miembros de la Iglesia católica que facilitaban salvoconductos del Vaticano. Por cierto, creo que nadie ha pedido perdón por esto.

Priebke vivió cómodamente en San Carlos de Bariloche, paradisiaca y agradable ciudad turística de los Andes, durante 50 años. Estaba tan confiado que dio una entrevista a la BBC en 1994 contando sus hazañas. Decía que sólo cumplía órdenes. Pero se armó tal escándalo que al año siguiente fue extraditado a Italia y juzgado. Si ya están un poco avezados en los asuntos italianos supongo que adivinarán la sentencia: su delito había prescrito. Pero se armó tal pitote que hicieron el juicio otra vez y lo condenaron a cadena perpetua en 1998, pero en arresto domiciliario debido a su edad. Es decir, acabó de vecino de las familias de los muertos en las Fosas Ardeatinas. Yo llegué a Roma en 2001 y al lado de mi casa había pintadas a favor de Priebke. Qué recuerdos.

En 2007, con 93 años, le dieron permiso para salir de casa a trabajar en un despacho de abogados de Via Panisperna, en el barrio de Monti. Se publicaron fotos del tipo de paquete en un ‘motorino’ (foto). Se armó tal lío que recularon y se lo denegaron. Sigue viviendo en Roma. Tiene 97 años. Qué bonito final. Como el de ‘Roma città aperta’:

Había mucho cura malnacido, pero también otros ejemplares, como el que interpreta el buen Aldo Fabrizi. La Iglesia es muy humana. Sigue pasando hoy con el escándalo de la pedofilia, o quizá debería decir, como sostiene el Vaticano, la conspiración contra el Papa de la pedofilia. Pero de eso hablaremos otro día, porque parece que va para largo.

‘Ran’ en japonés significa ‘caos’ y también 'rebelión', creo. Fue en Venecia donde descubrieron a Akira Kurosawa en 1951, con ‘Rashomon’.

¿Moraleja? No sé, que no hay que rendirse porque los cabrones nunca se suicidan y aguantan hasta el final. Yo qué sé, es lunes y acabo de volver de unas pequeñas vacaciones.

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25 Feb 2009

Diario mínimo (34)

Escolares de ceniza

La concejalía de Educación del Ayuntamiento de Roma, de Alianza Nacional (postfascista), envió ayer un fax urgente a todas las guarderías y colegios de la ciudad: a partir de hoy, miércoles de ceniza, empieza la cuaresma y por tanto queda prohibida la carne los viernes en los comedores escolares hasta el 3 de abril. Son seis viernes. Los escolares afectados tienen de 5 a 13 años. No obstante, clásico de cierta derecha italiana, es más papista que el Papa: la Iglesia italiana declaró exentos del ayuno de cuaresma a los menores de 14 años, ancianos y enfermos en 1994.

(La Repubblica de hoy)

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Tengo que darles una noticia desasosegante: todos ustedes, los miles de lectores de El Correo, saben más que el Papa. Como lo oyen. Es una grave responsabilidad que nos deja a todos un poco más huérfanos, pero deben hacerse a la idea. Al menos no están solos, la comparten con otros miles de lectores del mundo de diversos medios. Les explico.

El Vaticano dijo ayer que Benedicto XVI no conocía, el momento de perdonar a Richard Williamson (chico de la foto) y los otros tres obispos lefebvrianos, las célebres declaraciones del primero, que negó la dimensión del Holocausto y la existencia de las cámaras de gas nazis. El decreto que levantaba su excomunión, emitida en 1988, fue firmado el pasado 21 de enero. Es verdad que en ese momento no se podian conocer las declaraciones -el matiz de la nota vaticana está muy cuidado para no incurrir en mentirijilla- porque se conocieron ese mismo día, pero es que la Santa Sede tardó tres días en hacer público el decreto. Tenían el papel encima de la mesa y pudieron tirarlo a la papelera, pero no lo hicieron.

Ahora bien, el Papa no sabía nada del asunto o nadie se lo dijo. Puede ser verdad y que se lo hayan cocinado a sus espaldas. Uno tiende siempre a exaltar sus méritos, pero les aseguro que mis fuentes en el Vaticano son bastante peores que las del Papa. No obstante mi incompetencia, probada en numerosas ocasiones, me enteré de las ocurrencias de Williamson el día 22, al igual que todos los medios italianos y muchos otros periodistas. Como ya se barruntaba que el fin de la excomunión era inminente, las burradas de Williamson resultaban aún más noticiosas. Así que ustedes, por ejemplo, lo pudieron leer el día 23. Bueno, eso si compran el periódico, porque mucha gente ya sólo lo lee por Internet, donde las noticias se buscan, no se encuentran, y sólo se ven a primera vista las tonterías. Por ejemplo, es de suponer que es lo que les ha pasado a los asesores del Papa. Por otro lado, contribuye a la crisis el que los diarios se están suicidando, apuntándose también a las tonterías y al refrito a distancia -¿no lo han notado?-. En fin, el Vaticano anunció su decisión el día 24, ajeno a lo que sabía todo el mundo. O eso quisieron hacer creer ayer, que viven en otro planeta, acusación que generalmente rechazan.

Ya es despiste, porque las opiniones filonazis de este elemento no son nada nuevas. Se trata de un dinosaurio retrógrado que no oculta su condición. Vean si no su blog, y el dibujito (aquí a la izquierda) que ha elegido como presentación. Si es que no se fijan, y eso que la sagacidad de la diplomacia vaticana está tan mitificada.

El epílogo portentoso y revelador de la historia es que hoy los principales diarios italianos, que dieron tempestivamente la noticia de las tonterías de Williamson como los demás y a quienes les basta coger su hemeroteca de hace dos semanas para comprobar la sucesión de fechas, calla totalmente o sobrevuela estas evidentes incongruencias vaticanas, como para no dejar mal al Papa. El peloteo, los silencios unánimes y la pleitesía al poder y la Santa Sede tienen a veces estos grandes momentos en Italia.

Sobre estos espinosos temas, que tantas quejas hacen llegar a la redacción, cómo no recordar un filme maldito, oculto y de culto: ‘Il Pap’occhio’ (1980, Renzo Arbore), una absoluta majarada, una gran chorrada, ingenua, ochentera, improvisada, punk, irreverente y hecha con cuatro liras. Es obra de una banda de cómicos y zumbados que perpetraba gags en ‘L’altra domenica’, un programa de la RAI, capitaneada por Renzo Arbore, y donde militaban, entonces muy jóvenes, Roberto Benigni o Diego Abatantuono. Entonces, y fíjense lo mojigatos que eran en aquella época, se podían hacer esas cosas. Hoy, ni soñarlo. Saquen conclusiones. En la película aparecen también por ahí Isabella Rossellini y Martin Scorsese.

Les muestro uno de los momentos más inocentones, pero es que entonces sacar al Papa en una película y encima para hacer bromas sobre él era pecado mortal. Aunque Juan Pablo II salía muy bien parado, como un cachas -hasta hacía pesas- y una persona normal, moderna, ajena a los vicios y conspiraciones de la Curia. Aquí le vemos en su clase de italiano, así de paso la pueden aprovechar ustedes:

Sinopsis: El profesor le echa la bronca al Papa porque no ha estudiado. "Sí he estudiado, pero no he repasado", protesta el pontífice. "Bueno, pues mañana el discurso lo hago yo", dice el profesor. "Ojalá", murmura el Papa. Luego entra un cardenal y pregunta qué tal va: "No ha estudiado, no ha repasado, no se ha preparado el discurso, yo creo que está desganado...", se lamenta el docente.

Su estreno fue un éxito de público -obtuvo el ‘Biglietto d’oro’ y fue la quinta recaudación del año-, pero enseguida fue masacrado por la prensa conservadora y católica, que logró el secuestro de la película por vilipendio a la Iglesia católica y al Papa. Y así hasta hace nada. Volvió a algunas salas minoritarias y cine-clubs en 1998 y la RAI, que la produjo pero que nunca la transmitió, la emitió por primera vez en junio de 2008, aunque fue en RAI Extra, un canal por satélite para cosas raras. Se encuentra por ahí en vídeo, pero con algunas escenas aún censuradas. Ahora con You Tube ha vuelto a circular libremente. Como el actor que interpretaba a Wojtyla murió poco después de cáncer los integristas lo consideraron una prueba de un castigo divino.

El año pasado, Arbore recordó la película: «A su manera, celebraba la Iglesia. Si acaso yo bromeé con el catecismo, como hacen los monaguillos». Contó que el director del Osservatore Romano de entonces, Valerio Volpini, le comentó una vez que en el Vaticano no había desagradado. En Roma el proceso se archivó. Cuenta Arbore, muriéndose de risa, que hubo una genial intervención de Benigni ante el fiscal, con una de sus ocurrencias, que le comunicó de forma reservada una información secreta: que la película era católica hasta tal punto que Arbore había recibido dinero del Vaticano.

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Enero suele ser en Italia un mes demoledor, porque en el ciclo de ritos que se repiten toca a la presentación de balances del año anterior, casi siempre terroríficos. En España, tan viciados con el fugaz bienestar, está todo el mundo como loco en cuanto empiezan a venir mal dadas, pero en Italia llueve sobre mojado. Sin embargo estos informes, con ser apocalípticos, arrojan la luz de esperanza de que no es el fin, porque ocurre todos los años con total normalidad sin que se hunda nada. Uno de los casos más aplastantes es el de la apertura del año judicial, oportunidad para enunciar tremebundas estadísticas. Ríanse de los problemas de la Justicia en España y el caso de Mari Luz. En la imagen, como la fortaleza de Mordor, la mole del Palacio de Justicia de Roma, o 'palazzaccio' para los romanos, porque es pesado y feote.

La Justicia en Italia es tercermundista. No lo digo yo, lo acaba de repetir el presidente del Tribunal Supremo, Vincenzo Carbone, y lo dicen los datos que citó sobre la lentitud de los procesos. En la clasificación ‘Doing Bussines 2009’ del Banco Mundial, basada en el tiempo para resolver un litigio comercial, si nos sumergimos hasta el fondo de la lista esto es lo que vemos: puesto 151, Egipto; 152, Angola; 153, Gabón; 154, Guinea Bissau; 155, Sao Tome y Principe; 156, Italia... Siguen: 157, Yibuti; 158, Liberia; 159; Sri Lanka.. Y no continúo porque, total, se acaba enseguida, hay 181 países. Es decir, niveles africanos. Si este año los tribunales italianos consiguen tardar 16 días más ya adelantarán a Yibuti.

El criterio de la lista es el tiempo que una víctima tarda en recuperar un pago. En Italia se suele tardar más de cuatro años. Pregúntense ahora por qué es una osadía pretender hacer negocios en Italia y puede ser suicida aterrizar cándidamente como inversor extranjero. Por si alguien tiene curiosidad, España ocupa en la lista el puesto 54, es el último de Europa. El impagable Gian Antonio Stella, cronista del ‘Corriere’ y co-autor del best-seller del despilfarro ‘La Casta’, pone el ejemplo de Otello Semeraro, un señor de Taranto (sur) que hace poco no se presentó a una nueva audiencia por la quiebra de su empresa. Normal: había fallecido, porque el proceso empezó en 1962. Al final ha recuperado 188.000 euros... quién los hubiera pillado en 1962, cuando sí que era dinero. Una quiebra tarda de media más de ocho años. Pero el patrón se repite en los procesos civiles -una media de tres años y dos meses frente a los 15 meses de Francia- o penales -nueve en Italia y cuatro en Francia-.

Vean la respuesta al discurso de Carbone del delirante ministro para la Semplificazione, Roberto Calderoli (el que hizo la «ley cerdada» del sistema electoral con el propósito declarado de complicar las cosas): «Concreto, sincero, eficaz».

Este fastuoso engendro da de comer a mucha gente. En Italia hay 213.081 abogados, cinco veces más que en Francia (47.765) y muchos más que en España (155.000), que ya va sobrada. Sólo en Roma hay 21.000 abogados, la mitad que toda Francia. Los de Berlusconi, por ejemplo, están especializados en alargar los procesos hasta el infinito (el ínclito Niccolò Ghedini, en la foto). Es la gran paradoja: cuando Berlusconi afronta reformas en la Justicia es para arreglarse sus procesos e intentar alargarlos lo más posible y que prescriban, cosa que ha logrado en varias ocasiones.

Cuando me preguntan qué es lo peor de Italia -lo mejor es muy difícil de decir, porque hay muchas cosas buenas- suelo pensar que es la injusticia. En Italia no hay certeza de la pena, ya es un tópico decirlo, y seguir la vía legal de hacer las cosas parece casi siempre una pérdida de tiempo. Por eso predomina la ilegalidad. Es duro luchar contra el escepticismo y admiro a los ciudadanos honestos. Miren la pobre Eluana, la chica que lleva 17 años en estado vegetal: si su padre, en vez de ser un buen ciudadano y confiar en el cauce legal se hubiera ido a Suiza habría terminado hace años con esta historia. En Italia, teniendo una sentencia del Supremo que le da la razón, no consigue aplicarla. Por no hablar de los recientes casos de violación que tanto escándalo están causando. Se carga contra unos rumanos, pero en el primer caso de esta serie, uno de Nochevieja, el culpable resultó ser un chico de familia bien. El juez le ha puesto sólo en arresto domiciliario.

Las causas de todo esto son muy profundas. Podemos intentar seguir el rastro en una película divertídisma, y perfecta para conocer la Roma pontificia del Ottocento, ‘Il marchese del Grillo’ (Mario Monicelli, 1981). Entre sus muchos momentos estelares y de hondo significado, a la par que actual, los italianos suelen recordar éste, apoteosis del ‘usted no sabe quién soy yo’:

Sinopsis: El marqués del Grillo, sublime Alberto Sordi, es un noble golfo, anárquico, cínico, simpático y bromista. Es decir, un romano. Es sorprendido por la Policía en una pelea por una timba con trampas. De hecho sostiene en la mano el pie de su rival con un naipe que intentaba pasar a su compañero. «El cuerpo del delito», como argumenta el marqués al oficial. El oficial advierte al tabernero de que le va a meter un puro: «Bravo Caetá (Caetano, en Roma se corta el final de los nombres), sono cazzi tuoi (colorida expresión, para decir que alguien se ha metido en un lío y lo lleva claro)». Pero este servidor de la ley comete el error de querer detener al marqués, que replica: «Yo no puedo ser arrestado salvo por orden expresa del cardenal vicario, soy el marqués Onofrio del Grillo, duque de Bracciano, guarda noble y camarero secreto de su santidad Pío VII». Al oficial le da igual y lo arresta: «Sono cazzi tuoi». En eso llega el comisario y ve al marqués: «¿Pero qué hace usted en medio de estos canallas?». «¿Has visto! Ahora son ‘cazzi tuoi’», dice Sordi. «¿Pero es que has bebido? ¿cómo arrestas al marqués?», increpa el comisario. «Es que estaba en medio de todos estos ladrones», dice el ingenuo policía. «¿Y no sabes distinguir un noble de un plebeyo? ¡Dos meses de cárcel, así aprendes!». Como Sordi apunta que encima le había dicho quién era, le meten cuatro. «Perdónele excelencia», ruega el comisario al marqués, que de paso libera también a su sirviente. Antes de irse, Sordi pronuncia la mítica frase: «Lo siento, pero yo soy yo, y vosotros no sois una mierda». Al pueblo llano sólo le queda lamentarse. Como hoy.

Para concluir el tema y porque tiene relación con eventos vaticanos de las últimas semanas, veamos esta otra escena. En una de sus bromas -en esto el protagonista es como Berlusconi, todo el día de guasa-, el marqués ha pagado a todas las iglesias de Roma para que toquen las campanas a la misma hora. De ese modo, todo el mundo cree que el Papa ha muerto y cunde el pánico. Entonces es llamado al orden:

Sinopsis: El marqués se inclina ante el pontífice, pero pide saber de qué se le acusa. «No ha sido una broma», se justifica. «¿Cómo? Hacer sonar todas las campanas de Roma como si hubiera muerto el Papa no es una broma?», interviene el pontífice. «No, suenan porque ha muerto alguien quizá más importante», dice el marqués. «Ah, ¿y quién sería?», pregunta curioso el Papa. «La Justicia», replica Sordi, que explica: «Yo he cometido un abuso con un pobre carpintero judío, pero he conseguido, corrompiendo jueces, testimonios, auditores, guardias, abogados, cardenales, abades, funcionarios, peritos, administradores,que al final le condenaran a él. Sólo porque él es un pobre judío y yo un rico cristiano. Sin embargo, me inclino a vuestra voluntad y estoy dispuesto a ir a la cárcel, pero siempre que sea acompañado de...» y enumera todos los corruptos que ha comprado, de los monseñores al comandante de la Guardia Suiza. Cuando está por el abad de Santa María sopra Minerva -la hermosa iglesia con el elefantito delante- el Papa le echa el alto: «¡Eh basta, me estás masacrando todo el Sacro Collegio!». Y concluye: «Recuerda hijo que la Justicia no es de este mundo, sino del otro». «Lo sé santidad, Justicia del otro mundo», añade Sordi.

Lo que decíamos, Justicia del tercer mundo... o del otro. Tampoco dejo de asombrarme por cómo la cultura del catolicismo en Italia se traduce en su parte más piadosa, al contrario que en España, más calvinista, cuadriculada y vengativa. La indulgencia, el perdón, y su otra cara, la impunidad, invaden la vida pública.

Por cierto, sé que andarán distraídos con el escándalo del cura ‘lefebvriano’ (desde luego este nombre es de secta de Star Trek) que es un poquito nazi, pero miren lo que había escondido en la lista de nombramientos de la Santa Sede del sábado: un tal Gerhard Wagner, nuevo obispo auxiliar de Linz, Austria. ¿Quién es este señor? Ahora mismo se lo digo.

Este señor, de 54 años, tuvo hermosas palabras en 2005 ante la catástrofe del huracán Katrina, que arrasó Nueva Orleans y causó 1.800 muertos. Vino a decir que esta ciudad de «inmoralidad» se lo había buscado: «No es casualidad que hayan sido destruidas cinco clínicas abortistas y los locales nocturnos». En sus cavilaciones espirituales, se había preguntado si «la repetición de catástrofes naturales es sólo una consecuencia de la contaminación ambiental del hombre o también de la contaminación espiritual». Creo que los actuales vecinos de Nínive están acojonados, por si vuelven las plagas del Antiguo Testamento, y ya piensan en evacuar la ciudad. Ah, en 2001, este señor calificó a Harry Potter de ser un niño satánico y previno a los fieles contra él.

Arrepiéntanse, hombre, que no cuesta nada y el fin está cerca, y con él, al menos, llegará por fin la Justicia del otro mundo.

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23 Ene 2009

Papa por un tubo

El Vaticano estrena hoy un canal propio en You Tube en el que se podrán seguir las intervenciones, sermones y actos del Papa. Era una cosa lógica dado que uno de los principales problemas de la Iglesia es llegar, al menos, a sus propios fieles, no digamos a los no creyentes. Pero es que se supone que la gran prioridad de Benedicto XVI es el diálogo con el mundo contemporáneo, tanto con unos como con otros. Y aquí el Vaticano lo lleva claro. No hablamos de las noticias, sino de su «mensaje», que es lo que a ellos les interesa. Los medios no les hacen ni caso, o al menos no el que ellos querrían, y cuando sí se lo hacen buscan titulares y sobrevuelan la sustancia. Eso la prensa escrita, porque en la tele el Papa sólo aparece si se pone un gorro de la Guardia Civil. Para los creyentes, y entre ustedes los habrá según las estadísticas, supongo que es frustrante.

Ratzinger tampoco lo pone fácil porque casi siempre es intraducible y encima lo que él pretende es que le lean, porque le gusta explicarse con calma. Es curioso, con lo clarita que es la Biblia, qué tostón son las encíclicas y los documentos vaticanos. Intenten leerlos y verán. Pero, y lo que diré ahora quizá sea raro o impopular, escuchar al Papa es interesante. Yo lo hago obligado, claro, pero digo que es interesante porque, en esencia, es alguien que filosofa a diario sobre el sentido de la vida. Es un señor de 81 años, muy culto, que se ha pasado la vida haciendo sólo eso: leyendo, estudiando el asunto de la existencia y dándole vueltas al tarro. En suma, algo sabrá. Así que uno escucha, se lo cree, no se lo cree, reflexiona y saca sus conclusiones. En fin, actividad intelectual, que no es poco, y grandes cuestiones, a los que todos tenemos que dar respuesta. Es una gran diferencia con el resto de los políticos -recordemos que es un jefe de Estado-, que son tan prosaicos y sólo hablan del IPC. A uno le apetece esto más con el Dalai Lama, es verdad, pero los pontífices también merecen una oportunidad.

Ahora con You Tube todo el mundo va poder seguir a pelo lo que dice el Papa, aunque le he echado un vistazo a la página y, de momento, son noticias comentadas y refritos, encima con ese tonillo melufluo que echa tanto para atrás, pero algo es algo. La Iglesia ya puede prescindir del filtro de los medios. El riesgo que tiene es el que siempre le he visto, por ejemplo, a los vídeos de Escrivá de Balaguer: lo peor que le podría pasar al Opus Dei es que tuvieran la máxima difusión.

Deseando buena suerte a este nuevo canal vaticano, recordemos este impagable episodio, uno más, de ‘I mostri’ (Los monstruos, Dino Risi, 1963), con el gran Vittorio Gassman:

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Por vacaciones y acumulación de material tenía un remanente de hechos insólitos que paso a referirles. Debido a las quejas de algunos lectores, que alegan que no toda Italia es igual y que en el norte no pasan estas cosas, he tenido cuidado de especificar la localización geográfica, para que no se produzcan lamentables equívocos.

Justicia increíble. Un albañil de Ferrara (norte) que fue juzgado y absuelto por el asesinato de su mujer en 2004 decide confesar que en realidad sí lo hizo, pero sabiendo que ya no se le puede condenar, pues la sentencia es definitiva. Se presentó en comisaría a primeros de enero, porque no podía con el peso en la conciencia, según dijo. No obstante, en los días siguientes ofrece entrevistas y sale en la tele contando su caso y cómo lo hizo.

Más Justicia increíble. Un juez de Milán (norte) condena a un ladrón de 35 años, delincuente habitual, a arresto domiciliario. Sin embargo, su padre está harto de él y se niega a acogerlo en el hogar familiar. Es decir, el reo carece de residencia. ¿Solución del magistrado? Arresto domiciliario en un banco del parque de via Trieste, en Limbiate. El reportaje del ‘Corriere della Sera’ se acompaña de foto del tipo en su banco, como Forrest Gump, con un perro.

Moralidad y buenas costumbres. El ayuntamiento de Candiolo, un pueblecito de Piamonte (norte) de 5.000 vecinos, ha prohibido la prostitución en la espesura de las afueras, con multa de 274 euros a los pillados ‘in fraganti’. La relación de las excusas presentadas por los acusados, a veces sorprendidos con los pantalones bajados, es memorable. «Estaba buscando setas, qué culpa tengo yo de que el bosque esté lleno de putas». «Tengo disentería, no aguantaba más y he corrido hacia el bosque, no tengo nada que ver». «El médico me ha dicho que para curar la próstata debo tener relaciones sexuales frecuentes y como no tengo muchas mujeres a mi disposición...» (acompaña certificado médico). El mejor es el de un hombre sorprendido en pleno acto sadomaso profiriendo gritos agresivos: «Yo con esta chica me quiero casar. Ni siquiera le pago (técnicamente no es prostitución). Le quiero regalar un futuro diverso, lejos de esta mierda....»

Sanidad. Nueva gigantesca estafa en la Sanidad del Lazio, la región de Roma (centro), calculada en unos 10 millones de euros entre 2005 y 2007. Tras el escándalo de las miles de recetas falsas, un nuevo frente inverosímil. En 33 ambulatorios y clínicas concertadas se han descubierto «anómalas concentraciones de prestaciones». Es decir, servicios nunca realizados pero cobrados. No se crean que se andaban por las ramas: 741 tipos de Civitavecchia fueron operados, en teoría, hasta 1.600 veces de cataratas cada uno en el mismo año. Ver para creer, aunque quizá no sea la mejor expresión. Pero hay ciudadanos que acumulan 2.241 prestaciones al año, entre visitas, análisis, TAC y ecografías, equivalentes a ocho servicios al día. Vamos, que ni iban a comer a casa.

Camorra. Detenido en Nápoles (sur) otro actor de ‘Gomorra’ por ser en la realidad miembro de la Camorra. Es el cuarto.

Balance de Nochevieja por disparos festivos de bala al aire. En Nápoles (sur), un muerto y tres heridos. El fallecido es un joven de 25 años que estaba asomado al balcón. A los tres días se entregó la sospechosa, una joven de 23 hija de un capo de la Camorra. En Lombardía (norte), tres heridos. En Sicilia (sur), una joven de 25, herida por su propio padre, guardia jurado, que se puso a disparar para celebrar las campanadas. Total de heridos en Italia (norte, centro, y sur) por petardos y cohetes, 354, con 28 heridos graves.

Santa Sede. Desde el 1 de enero el Vaticano (centro) decide dejar de aplicar las leyes italianas «por su número exorbitante, porque son confusas, inestables, ilógicas, contradictorias y amorales», aunque han tardado más de un siglo en enterarse.

Amor. Una joven de Savona (norte) decidió hacerse monja y entrar en un convento en Montecassino (sur). Su novio, dolido después de seis años de relación, se hizo 500 kilómetros con el coche y se plantó ante el cenobio con una pancarta. «Deja a Dios, vuelve conmigo», decían los titulares de los periódicos. En realidad, si uno leía el artículo, no decía eso (suele pasar), sino algo más etéreo que quedaba fatal para el titular, sin ninguna fuerza: «He venido hasta aquí con el corazón, pero mi deseo es que seas feliz». Quizá si el chico le hubiera dejado a un periodista le hubiera mejorado la frase. Pero el caso es que allí estuvo con la pancarta. Al final lo dejó.

Cuento negro. El señor Antonino Tripoli, jubilado de 66 años, de Palermo (sur), estaba en coma desde hacía diez días después de que le dispararan cuatro tiros en la cara. Era como el hombre invisible: toda la cabeza vendada y apenas dos agujeros en la cara. Los médicos no daban ninguna esperanza. De repente se despertó. Sin hablar, con gestos, pidió que llamaran a la Policía. Cuando llegaron los agentes, señalando fotos, siempre sin decir una palabra, como un fantasma, les dijo quién le había disparado: su nieto, Domenico Gargano, de 32 años, que había ido a verle compungido varias veces al hospital. A los dos días se murió. Titular: «Vuelve de la muerte y acusa a su asesino».

Tiempo. Para terminar, uno de mis favoritos. ‘La Stampa’ denuncia de nuevo que el gran reloj de la estación central de ferrocarril de Milán (norte) lleva 45 años parado en las 10.52. A los dos días, por fin, rápida intervención de las autoridades: tapan el reloj.

Además de la curiosa pero sin duda casual proliferación de localidades del norte, les habrá llamado la atención que el común denominador de casi todas estas historias es el ingenio, la genialidad, característica admirable de este gran pueblo. ¿Qué es el genio? Nos lo explica esta inolvidable secuencia de ‘Amici miei’ (1975, Mario Monicelli), película talismán de nuestro blog. Ocurre cuando la panda de amigos gamberros se cuela en una fiesta para comer con todo su morro y, de paso, para que el Necchi pueda ir al baño:

«¡Y continúa, no se para!», grita asustada la madre.... «¿Qué es el genio? Fantasía, intuición, decisión y velocidad de ejecución», nos cuenta la voz en off de Tognazzi. «No se puede imaginar cuán precioso es un amigo así, como el Necchi, especialmente en los momentos difíciles, en los que uno se estanca un poco...», comenta al final con melancolía.

Estos días hay revuelo por el proyecto de hacer un 'prequel' del filme ambientado en el Quattrocento y la gente se ha rebelado en masa en Internet. El 'Corriere' abrió una encuesta para votar la mejor escena, pero sólo había seis para elegir (era difícil, la verdad) y esta no estaba. No se preocupen que ya las iremos poniendo.

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13 Ene 2009

Eterno retorno

Roma es la ciudad eterna porque cuando uno vuelve sigue como siempre y no cambia nada. Les ha pasado a varios amigos ex-corresponsales que han pasado por aquí en navidades, y me pasa a mí al coger los periódicos tras las vacaciones.

Como si fuera un diario de 1994, o de 2001, o del pasado mes de junio, Berlusconi sigue discutiendo con la Liga Norte si tiene que empezar antes por el federalismo o por «las reformas», mítico y abstracto concepto que comprende, así a lo bestia, todos los cambios inaplazables que necesita urgentemente Italia. Sigue el culebrón de Alitalia. Sigue la aburridísima odisea del consejo de la RAI, donde llevan ocho meses pegándose para colocar a los amigos, asunto que a nadie interesa pero que ocupa todos los días varias páginas de los diarios. Sigue el drama de la pobre Eluana, la joven que este mes cumple 17 años años en estado vegetativo y que al final morirá de desesperación: la decisión sigue atascada en los tribunales.

Por otro lado se repiten con periodicidad religiosa acontecimientos rituales:

-Se acaba de producir una nueva escisión en el Partido Comunista (y van...), para formar uno, esta vez sí, verdaderamente auténtico.

-Nuevos y apasionantes capítulos de políticos chorizos en Nápoles, Pescara... En Nápoles el ambiente era tal que la alcaldesa, Rosa Russo Iervolino (PD, centro-izquierda) grababa a sus propios compañeros de partido en las reuniones. El alcalde de Pescara (tambuén del PD), de momento y hasta que empiece el juicio, se ha retirado a un convento.

-Panorama político prometedor: Berlusconi dice que se irá del país si se publican una escuchas telefónicas suyas con chicas, que él niega que existan y de las que se rumorea desde hace meses. No se sabe si su advertencia es una amenaza o una promesa. Veltroni, entretanto, ante la desbandada del PD, donde están a cuchilladas, lanza el desafío de «seguir juntos al menos hasta las elecciones europeas».

-Movimientos sensibles en la gerontocracia. Andreotti cumple mañana 90 años. Si le hacen la pelota normalmente imaginen ahora. Anoche le montaron un especial en ‘Porta a porta’, en el que le dieron muchísima caña. Por ejemplo: «¿Es verdad que a su abuela la trataba de usted?». Como es un fijo del programa yo creo que ni vuelve a su casa, lo tienen en un armario y lo sacan cada día. Otra apasionante batalla mediática se libra en el programa ‘La Corrida’ (uno de esos de ‘haga usted lo que sepa’ en el que gana quien más haga el ridículo), donde el director de la orquesta, el maestro Roberto Pregadio, de 80 años, se ha hecho fuerte y se niega a dejar el puesto después de 40 años. Ahí lo tienen, a la izquierda de la imagen.

-Apartado de tonterías del Vaticano: un artículo del ‘Osservatore Romano’ advierte alarmado del mal irremediable que causa al medio ambiente la píldora, pues una cantidad devastante de hormonas acaba en la orina de las mujeres y termina en la naturaleza, causa directa de la infertilidad masculina que sacude a Occidente. Reflexionen sobre ello.

-Como cada año, toneladas de calendarios guarros de cientos de azafatas, aspirantes a modelo o divas en decadencia invaden los quioscos y las webs de los diarios. La Repubblica, por ejemplo, tiene una cómoda página con más de 300. Es la coartada seria para quienes no comprarían una revista porno con una excusa tan absurda como saber qué día tiene uno el dentista.

-Para terminar, debo reseñar con orgullo mis dotes de vidente, aunque es una lástima que sólo me funcione con las bobadas, y no con una quiniela ¿Se acuerdan de la chica de la foto de Alitalia? Sí, hombre, esta chica de la derecha, aquella azafata que desde el primer día se veía a la legua que iba a las protestas sindicales a lucirse. Le dedicamos dos capítulos y ya avisamos que apuntaba maneras y, en efecto, por fin lo ha conseguido: ayer hizo su entrada como concursante en el Grande Fratello 9. Otra azafata mona que también se lo había currado ha dado una entrevista quejándose, porque dice que hay enchufe: «Me querían a mí, pero ella tenía los apoyos necesarios». Nuestra chica ya está en la patética casa junto a un emigrante gitano llegado en patera, un ciego -gran atracción de este año pero que al final entra la próxima semana- y la habitual tropa de machotes y modelos de medio pelo. El espectador ya se relame porque sabe que las veremos a casi todas en bolas en los calendarios del año que viene. Ah, también estaba el mayordomo de los príncipes de Saboya. Entretanto, el príncipe Emanuele Filiberto estará en danza en otra cadena en ‘Ballando con le stelle’.

-Si me permiten un apunte personal, el paquete con jamón y viandas ibéricas para las navidades que me envió mi madre por correo certificado el 16 de diciembre aún no ha llegado. Y ha pasado casi un mes. Cada año adelantamos más el envío y, nada, no hay manera. A ver si ahora hay suerte y llega al menos para las navidades de 2009.

Cuando fui el otro día a Correos, tras hacer la clásica fila de media hora burlando a ancianos que querían colarse con técnicas de Totó, observé un cartel enternecedor que avisaba que ellos cerraban a su hora y les daba igual la fila: «El horario de cierre es a las 14.00, por tanto para evitar desagradables y extenuantes discusiones se invita a los gentiles clientes a valorar si persistir en la espera o regresar en los próximos días». Lo pongo en italiano que es muy bonito: «...per evitare spiacevoli nonché estenuanti discussioni si invita ai gentili clienti a valutare se persistere nella attesa o ritornare nei prossimi giorni». Si te lo dicen así hasta te hace gracia. En España pondrían algo así como «Cerramos a las dos caiga quien caiga», a lo bruto, o se organizarían para cerrar la puerta veinte minutos antes. En Italia impera el sálvese quien pueda, pero guardando las formas.

Ah, me ha llegado la factura del ‘canone’ de la RAI: 107 euros. Aquí la tele es de pago, aunque no la paga nadie. Una vez hasta salió un reportaje de un pequeño pueblo cuya peculiaridad es que era el único localizado donde todos los vecinos pagaban el ‘canone’, algo excepcional.

Por supuesto hay un remanente increíble de otros hechos insólitos con el que haremos en breve una descacharrante recapitulación para el Diario Mínimo.

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Nadie lo ha dicho, y ya es raro, porque los aniversarios se han convertido en noticias muy socorridas para llenar, pero se han cumplido 50 años de la inauguración oficial de la ‘dolce vita’. No fue con la película de Fellini, que se estrenó en 1960 y retrató ese mundillo, sino con un curioso episodio que en 1958 sacó a la luz las juergas nocturnas de la noche romana y causó un escándalo monumental. Como hemos ido viendo, las bacanales venían al menos desde hacía una década, pero una cosa es que se sepa y otra que se diga. O que se vea, porque eso fue exactamente lo que pasó gracias a una figura que nació entonces y hoy goza de gran predicamento: el paparazzi. Aún no tenía ese nombre, porque se popularizó a raíz de Paparazzo, el nombre del fotógrafo que acompaña al personaje de Marcello Mastroianni en ‘La dolce vita’.

Pero vamos a los prolegómenos, como dicen los locutores deportivos, a lo que pasó en 1958. Uno de esos fotógrafos picaruelos de la noche, Tazio Secchiaroli, se cascó una foto de un strip-tease desmadrado en el sótano del ‘Rugantino’, un restaurante de Via Veneto. La foto, hoy famosa y que tienen ahía arriba, muestra a una joven morena despatarrada en bolas en el suelo al ritmo de un tambor entre señores sudorosos con corbata y señoras bien de aire divertido. La imagen decía muchas cosas. Había frivolidad y algo pecaminoso, pero sobre todo lo entretenido, lo improvisado, la poca sensación de culpa, la atmósfera lúdica y casi infantil de picnic, sugerían que no era un día de locura de un grupo de exaltados, sino la alegre vida habitual de la Roma pija. Que al día siguiente podía ir a la misa del Papa en San Pedro como si tal cosa. Como decíamos, llevaban diez años así, dándole al tambor. Pocos meses después, en marzo de 1959, Fellini empezó a rodar su película.

La chica de la foto era otra guiri de vacaciones en Roma, tema o pretexto de estos capítulos caóticos. Se llamaba Aichè Nanà, tenía 22 años y era armena, así que a lo mejor era inmigrante, y no turista. Turista sólo es el que se lo puede pagar, una condición reservada a ciertas nacionalidades que se lo pueden permitir. Nanà se convirtió de inmediato en símbolo de la vida loca romana, aunque siempre ha dicho que aquello arruinó su carrera. Explicó que era una fiesta privada con tan buen rollo y con tantas risas que acabó despelotándose. Pero tuvo la mala suerte de que se coló un fotógrafo. Según ha repetido, dos días después tenía una prueba con Vittorio de Sica, que la anuló al verla en pelotas en la prensa. A partir de entonces nadie quiso contratarla. Esta gente de vacaciones en Roma fue esencial en la dolce vita, que hundió a esta extracomunitaria armena, pero en cambio ensalzó a una turista sueca. Hablamos, efectivamente, de Anita Ekberg o, como se la conoce en Roma por razones obvias, Anitona.

Tamaña muestra de belleza, hedonismo y vitalidad fue recibida con escándalo en el Vaticano. Hace poco han salido a la luz unas cartas muy graciosas de Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán que poco después sería Pablo VI, y el arzobispo de Génova, el cardenal Giuseppe Siri, que en el cónclave sería su rival. Curiosamente este intercambio epistolar fue a raíz de que Siri, símbolo del sector ultraconservador, habló bien, o no mal del todo, de ‘La dolce vita’, y Montini le llamó la atención. «Recibo protestas muy graves de que es un filme de tal inmoralidad y tan mal ejemplo sobre la depravación humana que haría falta una intervención de la autoridad eclesiástica para hacerlo retirar de los cines», decía Montini, el progre. Siri se excusó diciendo que no defendía «la visibilidad» de la película, sino la obra en sí y las notables cualidades del director: «El filme es verídico, y algunos han reaccionado porque golpea horriblemente la vida de muchos: se ven descritos y han tenido miedo de sí mismos». Es decir, Siri valoraba la obra, aunque eso no quitaba que pensaba que era mejor que los fieles no la vieran. Ah, por cierto, a todo esto Montini hablaba sin haberla visto. No sé si después llegó a verla. Si no es así desde luego sería papa, pero mira que morirse sin ver ‘La dolce vita’. Eso no tiene perdón de Dios.

El protagonista, Marcello, un cronista desencantado de la vida social, es un trasunto del propio Fellini, que también fue un forastero en Roma, a donde llegó desde su Rimini natal para ser periodista. Era lo que quería hacer por lo que había visto en las películas americanas: tipos con el sombrero echado hacia atrás, que fumaban, echaban tragos, callejeaban y no daban ni golpe, aunque, qué curioso, encontraban historias. Entonces se podía hacer, pero hoy, por ejemplo, el sombrero ya no se lleva. Además ahora es mucho más cómodo, basta quedarse sentado copiando lo que sale en Internet. Pero entonces todavía se mandaba a los reporteros a los sitios y un día enviaron a Fellini a Cinecittà, donde se quedó anonadado al ver un rodaje mastodóntico en el que el director dirigía las masas y daba voces con un megáfono desde una torre. Era Alessandro Blasetti, del que ya hablamos en un capítulo de esta serie. Fellini pensó que él, vago, con tendencia a la dispersión y sin sentido del orden ni la autoridad, no estaba hecho para el cine. Por fortuna, conoció a Roberto Rossellini, que rodaba por ahí con poca gente y lo que le parecía, como quien escribe o pinta. Fue una revelación. Si no es por él, no habríamos tenido a Fellini. Ya ven, repetimos, que Rossellini tuvo su importancia.

Pero volvamos a Anitona, no nos distraigamos. Como se podrán imaginar, y ya lo contamos en otra ocasión, en Roma había cola para tirársela. Sin embargo ella venía avisada. Durante el rodaje, Mastroianni se le acercó y dijo que quería pedirle un favor. «Yo no estar interesada en mamadas», respondió ella, por si acaso. El bueno de Marcello también era una pieza de cuidado. Una vez tuvo que repetir ocho veces un beso a Romy Schneider y murmuró: «Y encima me pagan por esto...». Al final el que se llevó el gato al agua con Anitona fue Dino Risi, que sólo por eso ya debe de figurar en la historia del cine. Un poco más adelante, en la letra T, encontraríamos a Francois Truffaut con una descripción más o menos así: «Ciudadano francés (1932-1984) que se lió, entre otras, con Jeanne Moreau, Julie Christie, Catherine Deneuve, la hermana de ésta, Jacqueline Bisset y Fanny Ardant». Y luego ya: «Cineasta, hizo 24 películas, etcétera...». Con ese currículum, que logró sólo a base de ser majete y tímido, quién quiere una filmografía. Aunque en el caso de Truffaut están en total armonía. Bueno, ya les dije que aprovecharía cualquier excusa para hablarles de Truffaut. Aquí le vemos con Jacqueline en una escena de 'La nuit américaine' (La noche americana, 1973), película maravillosa donde las haya:

El ácido maestro Risi, fallecido este año (el señor de la foto de abajo), ha dejado escrito un librito entrañable, ‘I miei mostri’ (Mis monstruos), en el que cuenta chascarrillos y recuerdos. Y relata un día que pasó con Anita Ekberg. La actriz tenía una lancha que conducía ella misma y salieron a dar una vuelta. Ya en alta mar, se desnudó con la melena al viento. Encontraron un petrolero sueco y los marineros se abalanzaron a la barandilla a mirar y lanzar aullidos. Uno hasta tocó cuatro veces la sirena. El diario de a bordo de ese día debe de ser un poema. Anita reía como loca y habló a voces con la tripulación. Eran de Malmöe, su ciudad. Siempre en bolas, Anita dio dos vueltas al petrolero de premio. De consolación, se entiende. «Pobrecitos, ellos contentos de ver mí desnuda», decía en su italiano macarrónico. Risi flipaba. Luego volvieron a la villa que ella poseía en Roma, situada en una colina, con un prado que terminaba en una piscina de azulejos negros. Tenía dos doberman. De repente apareció un tipo, un actor americano. Su marido. Llevaba un saco. Se sirvió un whisky y arrampló metódicamente con todos los objetos de valor que vio por la casa. Platos, cubiertos, todo. Se fue y Anita se quedó llorando. «Tú no héroe, ¿eh?», preguntó a Risi. «No», contestó él. Y ahí se acabó su historia.

Ante estas avalanchas de extranjeros que, como hemos ido viendo, llegaban a Roma, el talante local hacia el visitante se traducía, y se traduce, en intentar ligarse a las turistas e intentar darle el palo a los turistas. Es tan evidente que no tenemos ni que cambiar de escenario para observar la otra cara del fenómeno. Por la noche se baña Anita, pero miren lo que pasa durante el día. En esta célebre escena de 'Totòtruffa 62' (Mastrocinque, 1961), el gran Totó vende a un incauto la mismísima fontana de Trevi.

Sinopsis: Totó empieza su número, una vez vista su presa, echando a los niños que intentan robar monedas y quejándose al guardia. «¿Lo sabe que pierdo millones de liras al año con estos niños? El sábado cuando limpio la fontana me faltan siempre 3.000 o 4.000 liras», lamenta. «Ah, ¿pero las monedas son suyas?», pregunta el incauto. «Esta es la famosa fontana de Trevi, que pertenece a mi familia desde hace generaciones», y se presenta como el cavaliere ufficiale Antonio de Trevi. «¿Es un buen ‘bisnís’ (bussines)?», pregunta el otro. Totó le expica que, además de las monedas que tira la gente, alquila la fuente para rodajes. En ese momento completa la escena acercándose a un turista y pidiéndole en voz baja un donativo para la Cruz Roja, aunque a la víctima le explica que acaba de cobrar los derechos de imagen por las fotos. Cada foto cien liras. «Ah, yo he hecho tres», añade el inocente, que le paga religiosamente. Mientras se acerca el cómplice, Totó le da carrete y le explica que la fuente la hizo un arquitecto que su bisabuelo hizo venir de Suiza. Cuando el turista le replica que la guía la atribuye a Bernini, Totó está hábil: «Claro, venía de Berna y era bajito, por eso le llamaban Bernini». El incauto se sincera: es hijo de emigrantes italianos en América y quiere establecerse en Italia. Totó le propone venderle la fontana, porque algún día se jubilará. Además explica que aquello no le va bien para el reúma, todo el día cerca del agua: con diez millones está hecho. A la espera del contrato, Totó le pide una fianza. En ese momento interviene el cómplice, con acento toscano (no se pronuncian las ‘ces’, que se aspiran en forma de hache, por ejemplo hohahola=cocacola). Quiere comprar la fontana para una película americana y sube la oferta de la fianza. Al final la víctima pica y ofrece 500.000 liras. Creyéndose ya el propietario de la fontana acaba bastante mal. En efecto, a veces Italia es para volverse loco.

En ‘Guardie e ladri’ (Monicelli, 1951), que fue premio al mejor guión en Cannes, Totó se marca otro timo extraordinario a un turista norteamericano, esta vez en el Foro Imperial.

Sinopsis: Totó y su cómplice ensayan la venta de una moneda falsa a un turista norteamericano cuando aparece uno de verdad. El cómplice deja la moneda en el suelo y Totó se presenta como guía improvisando una explicación macarrónica. Un viandante que se lleva la moneda obliga a colocar otra, que Totó tarda en encontrar. El cómplice se presenta como profesor numismático (de asmática, dice Totó) que previene al turista de los timos, pero acaba por admitir que la pieza es auténtica. Empieza la venta mientras aparece el tipo que ha encontrado la otra moneda, al que echan sin contemplaciones. Pero una vez que el turista ha picado, es quien le abre los ojos.

Risas y chicas aparte, como deja entrever la película de Fellini, la mirada desolada de Mastroianni, lo curioso de esta juerga general, esta dolce vita y tanto jijijajá es que se asentaba en un boom económico que, no obstante, era un espejismo y cubría un vacío moral... ¿les suena el fenómeno? La comedia ‘all’italiana’ se basó en explotar sádicamente esta dualidad para hacer reír con una carga de sátira social y melancolía. Dino Risi lo clavó en una de sus mejores películas, ‘Una vita difficile’ (1961), un año antes de su otra obra maestra ‘Il sorpasso’ (La escapada, 1962). Vean, vean en qué se queda el jolgorio cuando llega el amanecer:

La musiquilla de fondo de guateque o de ritmo circense es una marca de la casa del cine italiano que siempre aligera lo que se ve. Esta escena de Alberto Sordi borracho escupiendo a los coches, fruto de una improvisación, es antológica. Y para lo que nos interesa, fíjense en su imprecación al autobús de turistas alemanes: «¿Qué venís a ver aqui? ¡No hay nada que ver, es todo un asco, no visitéis Italia, quedáos en vuestra casa que es mejor!». Esta idea de que Italia es un asco es algo que se dicen los italianos cuando se cabrean, los días que vienen mal dadas, que es bastante más a menudo de lo que quisieran. Sin embargo, el resto del mundo lo sigue ignorando y le parece todavía un lugar maravilloso para ir de vacaciones. Así que también nosotros continuaremos volviendo el próximo día.

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Italia y el Vaticano son dos mundos que se corresponden como en un espejo, lo que no sé es quien llegó antes al espejo, como en la escena de ‘Sopa de ganso’ de los hermanos Marx, una de las más divertidas de la historia del cine.

No sé si la Iglesia es algo muy italiano o Italia algo muy eclesiástico. Lo que si sé es que la Iglesia no es explica sin Italia, y viceversa. Llevan 2000 años viviendo juntos. Se han pegado mutuamente sus rasgos y costumbres. Por ejemplo, Benedicto XVI fue el otro día a Nápoles y ni mencionó la Camorra.

Muchas cosas de la forma de ser y de hacer de la Iglesia se comprenden cuando se vive en Italia, se descubre de dónde salen. Quizá el secreto de su extraordinaria supervivencia es que sea tan italiana. Si San Pedro hubiera recalado en Salzburgo o en Madrigal de las Altas Torres lo mismo la historia hubiera sido distinta. Dios sabía lo que se hacía confiando su empresa a los italianos. Seis de las diez empresas más antiguas del mundo son italianas, que pasan religiosamente de padres a hijos.

Del mismo modo, Italia está impregnada de carácter religioso, incluida la militancia comunista. Por eso, quizá, no hay un anticlericalismo tan exacerbado y arraigado como en España. Están acostumbrados, familiarizados con él como algo propio, aunque sólo sea porque medio país ha sido del Papa durante siglos, hasta 1870. Y eso porque los propios italianos le invadieron Roma (a la derecha, la brecha de Porta Pia, por donde entraron las tropas). Pío IX amenazó con la excomunión a los romanos que votaran a favor de la unidad de Italia, pero ni por esas. Se quedó sin finca, pero a los italianos algo de súbditos pontificios se les ha quedado.

El Papa opina de política italiana de forma rutinaria, más que Rouco de la española. Y los obispos italianos intervienen hasta sobre los presupuestos. Por eso, cualquier líder político italiano se maneja con el Vaticano como con un partido más, pero que es único porque influye en todos los demás. Van a visitar al Papa cuando les eligen, asisten a ceremonias (D’Alema, el gurú carismático de la izquierda acudió a la canonización de Escrivá de Balaguer) y hacen carreras por tener gestos de respeto. El Parlamento aprobó un indulto masivo en las cárceles por la única razón de que lo pidió el Papa.

En cualquier acto público de media estatura, desde una exposición a una presentación de un libro, hay un cardenal moviéndose entre los canapés. El párroco suele ser uno de los referentes públicos de cualquier municipio y se les entrevista como voces de la comunidad cuando hay un suceso. Es un reflejo de la fragmentación grupal italiana, traducido en la presencia capilar de la Iglesia a través de sus parroquias y organizaciones, que a menudo realizan una labor social imprescindible y son uno de los pocos referentes morales de la comunidad, sobre todo en las zonas más amorales. En la tele, además, resuelven casos policiales:

En la tele uno siempre se encuentra algún cura. Si lo han reconocido pero no creen lo que ven sus ojos han visto bien, es verdad, es él: es Terence Hill, convertido en Don Matteo, serie de éxito de la RAI que va por la sexta temporada. Bueno Bud Spencer, de quien ya hablamos un día, acabó de candidato en Forza Italia... Los curas son personajes habituales de las series, los anuncios o invitados en los debates. En España no sucede desde el Padre Mundina y sus plantas, pero es que Italia sigue un poco en aquella época, es muy setentera. De aquí nace, creo, parte del asombro del Vaticano cuando en el resto del mundo a menudo no les hacen ni caso y no pintan nada. Les gustaría que todos fueran como Italia, esa Arcadia feliz. Del mismo modo, cuando los italianos salen de Italia descubren con pasmo lo lejos que queda el Vaticano de la vida de los demás países.

Sin ánimo de ser exhaustivo, una lista improvisada de parecidos entre Italia y la Iglesia, tanto históricos como actuales, incluiría por ejemplo:

Las jerarquías, los uniformes, los disfraces, la ceremonia, el sentido teatral, las castas sacerdotales, las paráfrasis, la retórica, la lentitud de la burocracia, la gerontocracia, el nepotismo, el machismo, la homofobia, la piedad, la hipocresía, el sentido de grupo, la fragmentación en grupúsculos interminables, el papel central de la madre, la reverencia, la adulación, las reglas férreas con castigos tremendos pero cuya infracción siempre se puede perdonar -de ahí la ley y la trampa, el doble juego y la redención del pecador-, la capacidad de interpretar los textos en sentidos diversos según la ocasión y la conveniencia, la importancia de la familia, la adaptación camaleónica a los cambios, la práctica del relativismo moral pero su condena pública, el fatalismo, el conservadurismo, el inmovilismo, la desconfianza hacia lo nuevo, la alergia a la modernidad, los anacronismos, el sentido del tiempo como eternidad, el arte de la hipocresía, la conciencia de la debilidad del género humano, el olfato para los negocios, la habilidad para la diplomacia, el término medio y la ambigüedad calculada, la superstición, los milagros, la sensación de vivir en un museo, el vivir del dinero de los demás, que el fin justifica los medios, el amor al arte, el comer bien, la sabiduría antigua y la obsesión por el adulterio, las mujeres y las vírgenes.

A mí casi todo me parece bien. Roma, en concreto, la han hecho los papas, y no les quedó nada mal. El Papa ha sido el alcalde de Roma durante siglos y sus cardenales concejales de urbanismo o seguridad, que lo mismo tendían la red de agua como ejecutaban desgraciados con la pena de muerte.

En fin, Fellini, que veía muy bien en las entrañas de Roma con su ojo juguetón y burlón, supo ilustrar estas indefinibles sensaciones, esta confusión de identidades, esta realidad fascinante, en esta famosa secuencia de 'Roma' (1972):

Por cierto que en algunos salones de Roma el ambiente y los personajes siguen siendo los mismos.

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Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que expresar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

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