Íñigo Domínguez

La vida en Roma

Hay 4 artículos con el tag vittorio gassman en el blog Íñigo Domínguez. Otros artículos en el mundo de cerca clasificados con vittorio gassman

Los postfascistas de Alianza Nacional (AN), uno de los dos partidos de la coalición PDL de Silvio Berlusconi, están muy exaltados con la conmemoración del 4 de noviembre. ¿Qué? ¿El 4 de qué? Sí, es lo mismo que se preguntan tres de cada cuatro italianos, que no saben lo qué es, según una encuesta que publica hoy el ‘Corriere della Sera’. Pero hay que saber un poco de historia, por lo menos para sacar quesitos amarillos en el Trivial: el 4 de noviembre fue el día del final de la Primera Guerra Mundial en Italia.

Está bien celebrar el final de las guerras, pero es que el Gobierno le ha dado por celebrar ahora, por primera vez, la victoria en esa guerra. El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN) se ha puesto muy pesado y ha introducido esta novedad conmemorativa, aprovechando que hoy ya se festeja el día de las fuerzas armadas. Le vemos a la izquierda en una imagen de esta mañana, haciendo risitas con Berlusconi. Al lado, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, está más atento a los solemnes actos.

Bueno, se dirá, pues que lo celebren. Total, han pasado 90 años. Lo que pasa es que últimamente, cada vez que la derecha italiana sale con aniversarios raros, se acaban leyendo libros de historia. Están muy nostálgicos. Bueno, pues esto es lo que he encontrado leyendo a Renzo de Felice, máximo historiador del fascismo italiano:

«El fascismo como movimiento fue en gran parte la expresión de clases medias emergentes, que habiéndose convertido en un hecho social, intentaron conquistar poder político. (...) Fue la Primera Guerra Mundial la que movilizó toda una parte de la sociedad italiana, que hasta entonces había quedado apartada. Y esta parte, movilizada para la guerra pero excluida del poder efectivo, después de la participación tiende, a través del fascismo, a reivindicar y adquirir su función (...) La guerra fue el hecho decisivo que puso en marcha el proceso. Sin la guerra no habría habido fascismo»

Estos chicos de la derecha están en todo. Aunque quizá no hilan tan fino. En realidad, lo que se pretende que esta fecha se añada a las dos establecidas hasta ahora como fiesta nacional en Italia: el 25 de abril, liberación de Italia de la Alemania nazi y derrota del fascismo, y el 2 de junio, referéndum entre monarquía y república, que ganó esta última. En resumen, para la derecha significa más o menos que por fin ellos tienen también algo que celebrar. Por ejemplo, el primer ministro, Silvio Berlusconi, jamás ha asistido oficialmente a las ceremonias del 25 de abril, pero ayer estaba en los actos conmemorativos.

La Primera Guerra Mundial, de todos modos, fue una gigantesca carnicería e Italia, aunque ganó, salió muy mal parada. Por eso se han alzado voces que critican la conmemoración, aunque como todo en Italia, son rabietas políticas. La terrible derrota de Caporetto, por ejemplo, es una trauma nacional. Stanley Kubrick contó magistralmente esta guerra en ‘Senderos de gloria’ (1957). Más modestamente, en Italia lo hizo Francesco Rosi, otro gran director un tanto olvidado, en ‘Uomini contro’ (1970, 'Hombres contra la guerra'), que no está nada mal.

Sinopsis: Un grupo de soldados italianos son enviados a la primera línea con una nueva invención, las corazas Fasina:"Permiten en pleno día acciones de una audacia extrema. El enemigo puede disparar con fusiles, ametralladoras, cañones. ¡Con la corazas Fasina, se pasa de todos modos!". Luego el general añade: "Los soldados romanos vencían gracias a las corazas". Tras masacrarlos, los propios soldados austriacos piden a los italianos que se detengan: "Basta, italianos, no se puede matar así, volved atrás". El teniente (Gian Maria Volontè), harto de combatir, grita: "¡Basta, basta con esta guerra de muertos de hambre, contra muertos de hambre!". Cuando ve al general ordenar el avance dice: "¡Ése es el verdadero enemigo, a nuestras espaldas, soldados alzáos, disparemos allí!".

Por esta película, Rosi fue juzgado por vilipendio al Ejército, aunque fue absuelto.

Mario Monicelli rodó también una película sobre esta guerra, ‘La Grande Guerra’ (1959), una obra maestra. «Caporetto no fue una derrota, fue una rebelión que serpenteaba desde hace tiempo y que explotó, los soldados se negaron a combatir, no soportaban más ser enviados al matadero», ha dicho estos días. Monicelli está a favor de que se recuerde la Gran Guerra, pero por honrar «no a los superiores ni al poder, sino a los soldados, hombres malnutridos,mal preparados, y mal dirigidos que resistieron con dureza». Es lo que cuenta en su película, con Alberto Sordi y Vittorio Gasmann en estado de gracia.

"¡Os hago yo ver como se hacen agujeros a una sartén!", dice Sordi para poder asar castañas.

El Ministerio de Defensa de entonces, dirigido por Giuilio Andreotti (sí, el mismo, ya en el 59), no le quiso prestar ayuda con material militar. De Monicelli, Gassman y Sordi se esperaba una comedieta irreverente. Pero salió un peliculón. Es un ejemplo sublime de algo que aparece en casi todas las películas bélicas italianas: retratan al soldado italiano como alguien descreído, que va obligado al combate, que desconfía de grandes valores como la patria o la nación y que, si puede, evita la violencia e intenta sobrevivir por su cuenta. Pero que saca toda su humanidad y heroísmo cuando menos se espera. Yo, en particular, si hay una guerra me iría con los italianos.

En la Primera Guerra Mundial Italia estaba al principio con la Triple Alianza, los que perdieron, pero se declaró neutral y luego, con pactos secretos, pasó al otro lado. En la Segunda Guerra Mundial se alineó con Hitler, pero tarde, sólo cuando la guerra parecía ya ganada. Sin embargo al final terminó en el otro bando, el vencedor.

Para terminar, volvemos a Renzo De Felice (aquí al lado, con su Toscano en la boca). Decía otra cosa sobre el auge del fascismo que da que pensar estos días, por lo que se oye sobre la famosa crisis económica:

«En Europa hay entre las dos guerras una cierta crisis general, que asume consistencia después de la crisis de 1929. Una crisis moral y política que afecta a vastos sectores de la burguesía, especialmente de la pequeña burguesía, y a ciertos ambientes intelectuales. Es una crisis de desconfianza en la democracia y en el capitalismo, y principalmente en su eficiencia y funcionalidad, una crisis que después se amplía a toda una serie de aspectos de las sociedad de aquel tiempo. En esta situación se produce un despertar, un surgir ‘ex novo’ de interés por una serie de experiencias que se plantean como alternativas a la democracia y como un intento de poner fin a las principales disfunciones del capitalismo».

(Como la cita anterior, es una reflexión de su clásico 'Entrevista sobre el fascismo' (1975), que imagino, o quiero imaginar, que estará editado en España)

Nunca se sabe dónde llevan estos arreones de la historia. Y ¿no hay cierto aire general de que esto del capitalismo es una farsa y la democracia un programa televisivo malo?

A propósito, para comprender la crisis y cualquier otra cosa, recomiendo fervientemente el blog de Anatoli, un inmigrante de remoto origen eslavo, célibe y obsesionado con los membrillos. Vayan, vayan a ver.

4 comentarios | Enlace permanente

El Partido Demócrata (PD) de Walter Veltroni, teórica oposición en Italia, no da una. Su gran iniciativa del año ha sido convocar en junio una gran manifestación contra el Gobierno en... octubre. Sí, han leído bien. La convocaron antes de las vacaciones de verano, pero será este sábado. Hay rumores de que pensaron hacerla en 2011, pero en un ataque de realismo decidieron hacerla ya mismo, a los cuatro meses. Este es el concepto del tiempo en Italia.

No se puede decir que no han tenido tardes para preparar el acto, pero resulta que el PD no está mejor en cuanto al concepto del espacio. Estos días se ríe mucho con el cartel de la manifestación (aquí a la izquierda). La prensa de derechas (Il Giornale, Libero), tuvo la agudeza de ponerse a mirar con lupa la foto del cartel y descubrió, oh maldición, que era una foto de una audiencia del Papa en San Pedro. Hay hasta monjas y una bandera de Portugal.

A esto se le puede sacar mucha punta, claro. Bromas aparte, que a cualquiera se le ocurren, lo cierto es que, como todo lo que se escapa de forma inconsciente, el cartel tiene algo de verdad. La única oposición eficaz en este momento en Italia es la Iglesia y sus ramificaciones. La principal revista católica, ‘Famiglia cristiana’, semanario que tira tres millones de ejemplares y uno de los más vendidos de Italia, y el diario de la Conferencia Episcopal, ‘Avvenire’, le han dado mucha caña al Gobierno con las leyes sobre inmigración ilegal, el famoso censo de los gitanos que luego se ha quedado en nada y otros temas. Como se la dieron en su día al Gobierno de Prodi. Bloquearon un proyecto para legalizar las parejas de hecho que ya de por sí era tímido como él solo, para ver si colaba, pero ni por esas. Los católicos infiltrados en el centro-izquierda hundieron el plan.

La Iglesia es el único partido verdaderamente trasversal en Italia, junto con las afiliaciones futbolísticas (en el Parlamento hay clubes romanistas, juventinos,... con políticos de todo signo). Es decir, es el único poder capaz de dominar tanto a la izquierda como a la derecha. A decir verdad, es difícil saber, desde el punto de vista cristiano, qué es más peligroso: los comunistas, que los pobres ya no asustan a nadie, o un elemento como Berlusconi, que da bastante miedo.

Pero es la izquierda la que sin duda lo tiene peor. Como ilustra magistralmente este capítulo de ‘I nuovi mostri’ (‘Los nuevos monstruos’, 1977, Mario Monicelli, Dino Risi y Ettore Scola). Esta película es una continuación de ‘I mostri’, de Risi, y sigue la misma fórmula de capítulos, aunque con dos directores más. No obstante la acumulación de talento, el resultado no es muy afortunado, aunque se salvan algunos episodios y momentos. El mejor, en mi humilde opinión, es éste, firmado por Dino Risi y llamado ‘Tantum ergo’.

Sinopsis: Un cardenal (inmenso Vittorio Gassman) queda tirado en un barrio de las afueras de Roma al pincharse la rueda de su cochazo. Junto a su fiel asistente, ven una iglesia y van a pedir ayuda. Es una iglesia con un cura obrero, rojillo, la Iglesia progre de los sesenta. El sacerdote tiene una asamblea con los fieles para resolver los problemas del barrio, que es una jaula de grillos, para variar. Los vecinos proponen ir al ayuntamiento y armarla. El cura trata de explicarles las vías democráticas y pacíficas, nombrar una comisión... Hasta que un niño ve "uno vestido de rojo", el cardenal. "¿Cómo te llamas, hijo?", le pregunta al cura. "Ah, si, ya he oído hablar de ti...". El cardenal pregunta si puede sentarse a escuchar. El debate continúa, con las clásicas llamadas a montar una bronca y liarse a palos con la Policía. Un desmadre. "¡Hace un año, un año que intento haceros razonar!", se desespera el cura, que propone votar, pero a los feligreses lo de votar democráticamente ya no les convence.

Invitado a hablar, el cardenal habla con verbo florido, vauya que si habla: "Es con verdadera mortificación y profundo dolor que tomo la palabra. Mortificación porque llego a vuestra comunidad por un banal incidente mecánico, y no empujado por mi ansia pastoral, como sería mi deber, y dolor al constatar el profundo malestar de vuestra vida cotidiana... Un malestar que puede llevar a la estúpida , ciega e inútil violencia. He oído a uno de vosotros decir (imita el dialecto romano): vamos, ocupamos, pegamos..." Tras el bofetón, dice: "Sí, he usado la violencia, pero ¿he cambiado quizá tu ánimo, te he convencido? No, sólo he incrementado tu rencor". Luego se dirige al atril y habla de la parroquia, acusada de "haber descuidado los valores del espíritu, privilegiado en modo excesivo las instancias sociales, mejorar las condiciones materiales". Cita a los santos que han cultivado la pobreza. "Nosostros no somos santos, somos imperfectos, pero ¿cómo no podriáis ser imperfectos, vosotros que perseguís otra felicidad, sobre la tierra?". "¡No, la justicia!", interviene el cura, que ya le ve venir. "¿Qué justicia, la justicia de un cura que no siente el deber de llevar su sagrada túnica? No, la justicia de Dios", replica monseñor, que recuerda las bienaventuranzas sobre los mansos... "¿Pero cuándo lo ha dicho?", impreca el cura. "Lo ha dicho, lo ha dicho ¿no has visto al película de Zefirelli?...", le cortan los fieles, que le dicen que se calle. "No hagas tu tesoro en la tierra, sino en el cielo", sigue el cardenal. "Qué bien habla, tendrían que hacerlo papa", susurran los fieles. Ya lanzado, su eminencia dice que es un día de alegría, por el feliz encuentro, y ordena encencer las luces, tocar las campanas, el órgano ("Parece Navidad", dicen los fieles admirados), "...la voz de esperanza del órgano, de mansedumbre, de obediencia,...". Con los fieles enardecidos, el chófer comunica que el coche está listo y el cardenal se las pira.

Ahora que me doy cuenta, casi no se ha hablado en este blog del Vaticano. Debe de ser porque este Papa no hace nada, pero también supongo que lo he evitado inconscientemente para evitar líos, porque es uno de esos temas con los que te insultan. Bueno, pues queda pendiente para mañana.

1 comentario | Enlace permanente

El otro día le preguntaron al portero del Milan, Christian Abbiati (llegado ex-Atlético de Madrid), sobre sus ideas políticas, aunque se intuyen porque tiene la canción ‘Faccetta nera’, himno fascista de la guerra de Etiopía, como sintonía del móvil: «Hago míos algunos valores del fascismo: la patria, el orden social, el respeto de la religión católica. No comparto sus errores: la alianza con Hitler y la entrada en la guerra, sobre todo. Pero basta de considerar el fascismo como un tema tabú».

También le preguntaron (y dos veces en lugares distintos) al presidente de su club, y primer ministro de todos los italianos, Silvio Berlusconi, si era antifascista. Respuesta: «Yo pienso sólo en trabajar, para resolver los problemas de los italianos».

Lo cierto es que el fascismo en Italia no es ningún tabú, para tranquilidad de Abbiati, y en cambio el antifascismo parece cada vez más una tontería, para preocupación de los demócratas. Lo del antifascismo tiene más enjundia de lo que parece, pues es la raíz del actual Estado italiano, que de este modo nació en el bando de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y explícitamente contra el fascismo.

Todos los días uno se cruza en los puestos callejeros de Roma con retratos de Mussolini, que se venden tranquilamente junto a los de Totó y Padre Pío. Hay muchos taxistas con el llavero del ‘Duce’ o que afirman que Italia sólo funcionaría con un dictador, «come quando c’era Lui» (‘cuando estaba Él’, que en este caso es Mussolini, no Berlusconi). Los chavales en el instituto se diferencian no sólo por equipos de fútbol, sino por ser fascistas o comunistas (que también existen, como vimos en el capítulo 8 de esta serie), pues la política impregna toda la vida social en Italia, al menos como pose.

Ha habido un partido salido directamente del fascismo, el MSI, que luego se convirtió en Alianza Nacional (AN) y que es el segundo del Gobierno centro-derecha, tras el de Berlusconi. Aún tienen el símbolo de la llama sobre la tumba de Mussolini, en Predappio. Por cierto, fantástico lugar de peregrinación, nostalgia y exaltación fascista. AN ha hecho malabarismos para reciclarse en derecha civilizada -su líder, Gianfranco Fini ha peregrinado a Jerusalén- pero en la base hay un núcleo duro muy ‘negro’. Por alguna razón, el triunfo abrumador de la derecha en mayo les ha dado alas. No se sabe por qué, pues es un Gobierno de lo más progre: Berlusconi, AN y la Liga Norte, el partido ecologista por el esperanto y las razas del mundo, del que ya nos hemos ido ocupando (ver La dura construcción nacional).

El ministro de Defensa, Ignazio La Russa (AN), por ejemplo, en plena ceremonia de la Resistencia, reivindicó a los soldados de la República de Saló, el mini-estado fascista que persistió en el norte del país durante el avance aliado. El alcalde de Roma, Gianni Alemanno (AN), que lleva un cruz céltica en el cuello, dijo que «las leyes raciales sí fueron el mal absoluto, pero el fascismo no, es un fenómeno más complejo».

Fini, que aspira a suceder a Berlusconi, intentó quitar hierro al asunto, pero las juventudes del partido se le pusieron bravas. He aquí la carta que le escribió el presidente de Acción Juvenil de Roma, Federico Iadicicco: «He puesto todas mis ganas en encontrar un motivo para ser antifascista pero no lo he encontrado, es más, he encontrado muchas para no serlo. Ruego a Dios que nos dé la fuerza para perdonar a quien en nombre del antifascismo ha matado jóvenes vidas inocentes, pero no podremos ser, no queremos ser y no seremos nunca antifascistas».


Alessandra Mussolini, nieta del Duce, que siempre anda por ahí dando la nota, aprovechó el debate para ponerse una camiseta molona: «Con orgullo, de la parte equivocada» (la chica de la foto de arriba). Curiosamente en su día hizo pinitos como actriz y aparece con quince añitos en una de las mejores películas italianas contra el fascismo, la magnífica ‘Una giornata particolare’ (‘Una jornada particular’, 1977, Ettore Scola), con Mastroianni y la Loren. Pero claro, es que es sobrina de Sofia Loren, cuya hermana se casó con un hijo del Duce. Como también apareció en Playboy y eso no quiere decir que esté buena.

En resumen, en este ambientillo están floreciendo pintadas fachas en Roma y están de modas las palizas a inmigrantes, como se contará en el periódico de mañana. Pero seguramente no tenga nada que ver.

El fascismo, pese a sus ínfulas y pretensiones, siempre choca con una inexplicable falta de consideración, se le infravalora. Basta ver sus inicios, como muestra la genial película de Dino Risi ‘La marcia su Roma’, (1962), con Gassman y Tognazzi.

Sinopsis: La película, tres décadas antes que Forrest Gump, mezcla imágenes reales con la ficción. Es buena ocasión para verlas, pues se pasan siempre las nazis y muy poco las del fascismo italiano. Bajo el esquema de una tragicomedia que cuenta las andanzas de dos desgraciados, reconstruye muy en serio la llegada del fascismo. Aquí, al final de la película, se ve la marcha sobre Roma. Ordenan al Ejército que dejen pasar a los fascistas.

En Roma, los dos protagonistas asisten a la llegada. "¿Has visto? Lo han conseguido", dice Gassman. "No, no está nada claro. ¿Cómo van a mandar a esta gente al Gobierno? Verás como las cosas cambiarán, de así a así", responde Tognazzi, pero mientras el amigo le levanta el brazo por si acaso. "Y el rey, ¿lo han echado?", pregunta de nuevo. "No, ha sido él el que los ha dejado entrar", insiste Tognazzi. "Pero bueno, todavía tiene que hablar,..." En ese momento, golpe maestro de Dino Risi, que pone imágenes reales con una voz en off inventada. El rey Vittorio Emanuele III le pregunta al general Armando Diaz:

-General, desapasionadamente, ¿qué piensa de estos fascistas? ¿Cree que dejamos el país en buenas manos? Dígame sin rodeos su parecer, porque estamos todavía a tiempo de echarlos, ¿eh?

-Desapasionadamente majestad, me parece gente seria.

-Sí hombre sí, vamos a probarlos unos meses.

FINE

13 comentarios | Enlace permanente

18 Ago 2008

Quedarse (Ferragosto)

Estoy de nuevo en mi colocación. Volví a Roma el 15 de agosto, Ferragosto. La feria de Augusto, luego transformada en fiesta cristiana por superposición, como las demás juergas paganas. Es un día en que se podría ocupar Roma tranquilamente, porque no hay nadie. De hecho lo hacen los turistas. Lo primero que vi en la calle, desierta, sin un alma, fue una familia de extranjeros. El padre y las dos niñas tenían camisetas del Athletic de Bilbao. La madre, no. Se suelen resistir a estos disfraces.

Quedarse en Roma en Ferragosto es una rareza, una condena, pero es una sorpresa. Roma en agosto es bellísima, como el resto del año. Huele a pino y se oyen las cigarras. Por la noche refresca y la ciudad, que de día duerme, se despierta. En Ferragosto todos huyen al mar, todo está cerrado, no hay periódicos, no se puede ni comprar el pan. Algo está cambiando, porque pude hacer la compra, una cosa impensable hace unos años.

Como todos los Ferragostos, me acuerdo de una las obras maestras del cine italiano que empezaba en este día, ‘Il sorpasso’, 1962, de Dino Risi (‘La escapada’, en español, aunque ‘sorpasso’ significa adelantamiento). Gassman, gamberro, caradura, cínico, romano, simpatiquísimo, humano, entrañable, vagaba en su descapotable por la ciudad vacía buscando un teléfono.

He pasado unas semanas vagando yo también en descapotable por la costa española y me recordaba la Italia de ‘Il sorpasso’, obsesionada con adelantar y correr, sin pensar demasiado. Me temo que España es un país iluso, volcado en el frenesí del consumo, la construcción de bloques infames y la destrucción del paisaje y su pasado. Lo malo es que los italianos lo hicieron hace cuarenta años, cuando había que hacerlo, pero España lo hace ahora. A veces pienso que le espera un futuro parecido a su presente, pero con mucha menos gracia.

Así empezaba ‘Il sorpasso’, en un Ferragosto cegador.

Sinopsis: La copia que he encontrado es francesa y el título que han elegido es 'El fanfarrón' (malditos franchutes, también ellos odian a los italianos, es una conspiración). Gassman ve a Trintignan asomado en la ventana, un estudiante tímido que prepara un examen, y le pide si puede marcarle un teléfono. El chico duda, porque no le ha dicho ni su nombre, y piensa que es mejor que suba él mismo a llamar. Así se encuentran los dos personajes, que luego partirán en el descapotable hacia la Italia de vacaciones, sin conocerse.

'Easy rider' no existiría sin esta película.

Lo malo de ver este trocito es que dan ganas de verla entera. Es un modo estupendo de pasar una tarde de verano.

Lo malo también es que Risi pintaba un cuadro muy amargo de Italia, y era en 1960. Sin duda se trata de otro peligroso imbécil, un traidor, que merece una paliza. Y lo peor es que muchos otros le siguieron. Tantos que se podría inaugurar una nueva serie en este blog de traidores peligrosos, con los grandes maestros del cine que han retratado Italia, una panda de idiotas de cuidado.

En fin, que me alegro de reencontrar al personal y espero que todo el mundo siga bien de salud.

4 comentarios | Enlace permanente

Sobre este blog

Llevo en Roma desde 2001, como la odisea. Es decir, tiempo suficiente para darse cuenta de que no conoceré jamás Italia. Es un país tan popular por sus tópicos que en realidad es totalmente desconocido, y tienen engañado a todo el mundo. Espero poder transmitir la idea.
El periodismo, como a cualquier periodista un poco espabilado, a veces no me convence demasiado, pero se hace lo que se puede, no sé hacer otra cosa y siempre es mejor que trabajar.
El objetivo indisimulado de este blog es descojonarse, para qué nos vamos a engañar. Para las cosas serias ya está el periódico. Si fuera corresponsal en Ulan Bator lo intentaría, pero vivo en Italia. Otro propósito es referir hechos graves que ocurren en este bendito país y que no caben en el periódico, porque ya ni son noticia. Pero no hay que asustarse, en Italia, como decía Ennio Flaiano, «la situación es grave, pero no seria».
Una última pretensión es elogiar y divulgar el cine italiano, así, porque sí, porque es la pera y ya no lo ponen en la tele. Los niños no saben quién es Mastroianni, y eso es terrible.
Otra cosa que debe quedar clara es que no podré por menos que versar algunas opiniones, pero como decía el inspector Harry Callahan, por algo llamado ‘el Sucio’, «las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una».

ver perfil [+]

normas de uso

ver otros blogs [+]

Otros corresponsales

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

PUBLICIDAD