Los artistas acunan a la musa y dan rienda suelta a la creatividad. En los periódicos somos obreros que trabajamos a contrareloj y forcejeamos contra el espacio, la publicidad, las noticias, el cambio horario, el cierre… Metemos la tijera, cortamos, pegamos, pulimos y dejamos los textos lo más digerible posible, dentro de nuestras muchas limitaciones.
Son páginas para todos los públicos, pero están los que se quedan con ganas de más y los que buscan la voz del original, en lugar de nuestra versión embellecida. Para estos va la transcripción completa y en bruto de la entrevista con uno de los escultores más importantes del siglo XX, Richard Serra (San Francisco, 1939), que desde ayer es el nuevo Premio Príncipe de Asturias de las Artes.
P. ¿Qué significa este premio para usted?
- España ha sido el país que realmente ha apoyado mi trabajo desde 1982. Fui allí cuando se terminó el régimen de Franco y había una gran exuberancia en el país, como un despertar cultural. Fui con una exposición de escultores llamada “Correspondencia”, después hice una exposición con el Reina Sofía y durante los últimos 30 años museos, instituciones y colecciones privadas han mostrado mi trabajo. Así que le debo mucho a España y al pueblo español.
P. ¿Qué papel cree que ha jugado en su carrera el Guggenheim de Bilbao?
- Enorme. Desde la concepción del museo, cuando se alzó La Serpiente en la exposición inicial, y luego me invitaron a volver para hacer una exposición mayor dos años después, y a raíz de ésa decidieron que hiciera una exposición permanente. Creo que en los últimos 20 años La matería del Tiempo es la obra más significativa que he hecho, y tenerla allí permanentemente ha permitido exponerla a un público mayor y ha permitido una mayor comprensión de mi obra, y eso se lo debo también a (Thomas) Krens y a (Juan Ignacio) Vidarte.
P. ¿Cree que permite también observar su trayectoria?
- Sí, creo que es una instalación maravillosa, no podía estar más contento con ella.
P. El jurado le ha considerado “uno de los escultores más relevantes de la segunda mitad del siglo 20”. ¿Qué se siente al presenciar su propia entrada en el pabellón de la historia?
- Creo que mis esculturas se han diferenciado de la tradición de la forja y el modelaje. Y al hacerlo se han salido del pedestal para tratar con la psicología y el contexto, que hace del espectador el contenido de la materia. Así que uno experimenta sensibilidad y sensaciones y se convierte en parte del sujeto e incluso del contenido cuando camina a través de ella. Creo que eso permite una singularidad diferente de mi trabajo en la historia de la escultura en relación con cualquier otro trabajo que le haya precedido. Así que si ya ha hecho alguna contribución será en el sentido del lenguaje y la evolución de la escultura.
P. El jurado también ha destacado su “audacia en definir los espacios urbanos desde una perspectiva minimalista”. ¿Está de acuerdo?
- Creo que llamarlo minimalista lo reduce a un movimiento que realmente trabajaba con espacios interiores y objetos, yo realmente vine después de ese movimiento. El movimiento minimalista fue principalmente Donald Judd, Dan Flavin y Carl Andre. Yo surgí con Robert Smithson, Bruce Nauman y Eva Hesse, que lo abrieron a una condición de caminar dentro de él y girar a su alrededor, donde el tiempo y el espacio se hicieron más ascéticos que meramente la presentación de un objeto minimalista. Así que llamar a mi trabajo minimalista es, por definición, un rumbo equivocado.
P. ¿Y cómo le gustaría a usted que lo definieran?
- Creo que eso corre a cuenta de cada uno. Darle una definición sería reducirlo a algo que no sería correcto, porque es un trabajo con una base muy amplia y depende de la visión del espectador en cada contexto y en relación con cada experiencia anterior e incluso a la historia misma. Lo que he descubierto recientemente es que toda una generación más joven está experimentando mi trabajo de forma distinta que la generación de más edad porque no tiene las mismas concepciones previas de lo que tiene que ser una esculptura, así que lo experimentan como es por primera vez en relación a su propio volumen y su propia determinación. Eso ha sido muy satisfactorio.
P. ¿Se podría decir que su trabajo es más para ser experimentado que observado?
- Eso es exactamente. No se trata de mirar a un objeto, donde el contenido está dentro de un marco o la pintura está definida por el modelaje de un objeto o lo que hay en un pedestal. Mi trabajo trata de la experiencia del espectador entendiendo su propia percepción. Así que el sujeto del que trata depende de la habilidad del espectador para entender el movimiento y el volumen del trabajo. Básicamente estoy tratando con el espacio, uso el acero para organizar espacios y controlar el volumen de los espacios.
P. Suena contradictorio hablar de modelar los espacios con algo tan rígido y gigantesco como el acero.
- Uso el acero casi como si no tuviera peso, realmente no se siente su peso cuando se entra en el volumen de las piezas, lo que hace es definir cómo el espacio y las curvas afectan al movimiento de tu cuerpo, lo inesperado de cómo se abre y se cierra el espacio al caminar por él, y lo que aparece detrás tuya y por encima de tu cabeza. Las piezas tienen la tendencia de implicarte en su volumen y su espacio. Juego con el vacío, no sólo con la formación del acero. No es una escultura tradicional en la que miras un objeto y por definición se reduce a un juguete a un coche o a cualquier objeto que alguien esté tratando de definir en la historia de la representación. Mi obra no trabaja con la representación de esa manera, sino con la experiencia en relación a las sensaciones personales.
P. Es como si le hubiera atribuido ligereza al acero.
- Sí, ligereza y movimiento.
P. El acero parece un material muy apropiado para una ciudad como Bilbao. ¿Le inspiró eso de alguna manera?
- Cuando fui la primera vez a Bilbao era una ciudad muy industrial donde seguían contruyendo barcos y había un gran comercio. Todo eso cambió cuando la ciudad se abrió al museo, ya no es ese puerto industrial. Pero cuando fui allí la primera vez ciertamento me impresiono su industrialización. Mi propio origen en EEUU tiene que ver con eso, de niño trabajé en una fábrica de acero, así que he estado trabajo en el marco industrial y en la tecnología de la industria toda mi vida.
P. ¿Echa de menos ese Bilbao industrial?
- Digamos que ese viejo Bilbao vibraba de una manera distinta a la homogeneidad de ahora.
P. ¿Planea visitarlo cuando vaya a recoger este premio?
- Si puedo, por supuesto.
P. ¿Dónde estaba cuando le informaron del premio?
- Me lo dijeron la víspera, por email, lo ví en Long Island.
P. ¿De que forma puede afectar a sus planes de carrera?
- Estoy construyendo dos grandes encargos de las que todavía no puedo hablar hasta que estén hechas, pero puedo decirle que en marzo del año que viene abriré una exposición en el Metropolitan Museum que después irá a San Francisco y más adelante a Houston.
P. ¿Hay alguna oportunidad de que se vea en España?
- No lo sé, habrá que verlo, pero no lo creo. Puede haber alguna posibilidad con la exposición que se está montando en Basel junto con Brancusi, y se está hablando de que vaya a Bilbao, pero no sé si eso ocurrirá o no, está en fase muy inicial.
P. ¿Qué cree que esta etapa de su vida está aportando a su obra?
- Ahora mismo estoy en periodo de recuperación, pero no ha frenado mi capacidad de pensar. No es que ya no esté trabajando en esculturas, es que ahora mismo estoy un poco tumbado y lo estaré durante un par de meses, es cuestion de tiempo y volveré a estar bien. Mi creatividad no se ha mermado, está trabajando tan bien como siempre.
P. Muchas ciudades de España pueden presumir ahora de tener una de sus esculturas, ¿hay alguna que signifique más para usted?
- La materia del tiempo es lo más grande que he hecho en España y puede que en mi vida. Me hace muy feliz saber que va a seguir allí durante la próxima década. Creo que realmente es un momento muy particular en la evolución de mi trabajo. Parte del idioma de la obra es que se haya juntado en un solo sitio para que cualquiera pueda entenderlo cuando vaya allí y camine entre las piezas. Por otro lado, al año siguiente construí en Francia una pieza con unas placas verticales llamada “Promenade” que me gusta mucho. Algún día tendremos que encontrarle un sitio para residir, pero todavía no ha ocurrido.
P. ¿Siente que en EEUU se ha reconocido su trabajo con la misma intensidad que en Europa?
- Sí, ciertamente, hace tres años tuve una exposición en el Moma que visitaron 800.000 personas entres meses, y eso era mucho para el museo.
P. ¿Qué otros reconocimientos le gustaría obtener en su vida?
- Sólo querría tener cuantas más oportunidades posibles de construir, a pesar de que hay una crisis económica mundial que hace más dificil constuir en espacios públicos. Espero que cuando la economía se recupere me encarguen más trabajo y me den más oportunidades.
P. ¿Qué papel cree que deben tener los gobiernos en la financiación del arte?
- Varía de país en país. Algunos países como Francia y España están más dispuestos a poner dinero público en encargos potenciales, mientras que EEUU carece mucho de eso. Gran Bretaña le ha ofrecido a los artistas posibilidades de construir en lugares públicos. Cada país tiene diferente necesidades económicas y diferente conciencia cultural. En la última década o así Inglaterra ha vertido una cantidad de dinero enorme en su programa artístico.
P. Comparado a grandes rasgos con otros siglos parece que esa influencia pública se ha reducido.
- Hasta cierto punto los gobiernos no se quieren implicar con el arte porque el arte normalmente se adelanta a las ideologías de los gobiernos, así que no les interesa porque no tienen constituyentes en cuanto a posibilidades políticas, y por tanto no le prestan mucha atención. No es que sea así en todos los países pero ciertamente lo es en EEUU.
P. Pero por el tamaño y los materiales que utiliza su obra es más apropiada para espacios urbanos que museos.
- Sí, seguro, paisajes y espacios urbanos.
P. Cuando las construye, ¿está pensado en redefinir el espacio?
- Sí, eso es lo que hago. Voy, miro el contexto, el tamaño e intento redefinirlo en términos de las necesidades esculturales de mi trabajo, no de la representación del lugar existente.
P. Y además de estas carácterísticas industriales que encontró en Bilbao, ¿qué otras cosas le inspiran del espacio que ve en España?
- La apertura y la dureza del espacio español me recuerda a la de California, que es de donde soy, así que eso tiene mucho que ver con mi simpatía y mi sensibilidad. Tengo una conexión natural hacia ese paisaje. Tiene mucho que ver el dónde has nacido y de dónde eres, y siendo de San Francisco y habiendo crecido junto al mar entiendo la extensión del espacio abierto. Cuando voy a España siento que es la misma clase de horizonte interminable.
P. ¿Cómo se adapta esa sensibilidad por los espacios abiertos a vivir una ciudad como Nueva York, tan llena de rascacielos?
- No es cuestión de tamaño sino de escala y de cómo jugar con el contexto.
P. ¿Sabe qué va a decir cuando reciba este premio?
- No, es muy pronto, tengo tiempo para pensarlo, pero creo que lo que quiero es darle reconocimiento al país por apoyar mi trabajo en las últimos tres decadas.