Notas de campaña: Dios odia a Obama

Mañana martes toca darle la vuelta a reloj de arena y empezar la cuenta atrás de unas elecciones históricas: Dos semanas y tendremos un nuevo presidente de EEUU.

Ejem, cruzamos los dedos, quiero decir. A ningún periodista que lo viviese se le ha olvidado la pesadilla de Florida 2000. Llegamos a las elecciones del 7 de noviembre con la lengua fuera y empalmamos la noche en vela con otro día frenético y los pelos de punta, sin acabar de creernos que por primera vez en la historia este país había transformado sus elecciones en las de una república bananera peleándose por los votos. Durante más de un mes tuvimos el acelerador pisado con cada giro legal, cambiando la edición cuatro veces al día, dispuestos a poner un día más toda la carne en el asador, y para cuando al fin se cerró el caso era ya 12 de diciembre. Más de uno estaba ya de camisa de fuerzas, incluyendo a la presente. Para qué hablar de todos aquellos periodistas que ya tenían comprado los billetes de avión y la reseva de hotel para unas merecidas vacaciones que no llegaron hasta Navidad, y no sé de nadie a quien su empresa le reembolsara el billete.

A la pesadilla electoral de este año se le suma la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, así que como repitamos la turbulencia electoral no sé qué va a quedar de mí. Perdonadme, pero en estas dos semanas no habrá tiempo de escribir la historias más elaboradas con las que he querido nutrir este blog. Y como tampoco quiero dejaros sin unas tomas en corto de la campaña, vamos a cambiar de estilo. Pinceladas breves, impresiones en bruto, y material directamente del campo de batalla para que sigáis el melodrama más allá de las noticias.

Hoy os paso un comentario que me mandó un amigo, cámara de una televisión estadounidense que cubre la campaña de Obama desde principios de año

“Hoy ha sido impresionante, especialmente para Missouri: más de 100.000 personas en St Louis y 75.000 en Kansas City. Con todo, la imagen que se me ha quedado grabada es la de unos manifestantes a las afueras del mítin en Kansas City que llevaban carteles impresos de forma muy profesional. En uno se leía: “Dios odia a Obama”. En el otro “Dios odia a Biden”. Es el tipo de extremismo que me preocupa, porque desafía la razón y es muy peligroso. Me inquieta la seguridad de Obama. Hay demasiados locos ahí fuera”.

Cada día más, añadiría yo. A medida que Obama le ha sacado ventaja a McCain en las encuestas ha aumentado el fanatismo. Esos que no soportan la idea de ver a “un negro” en la Casa Blanca, que lo llaman “socialista” o “pecador”, como en este caso. Esos que creen que es un musulmán encubierto que va a destruir al país desde adentro. Todos esos empiezan a sentirse atrapados y no sería de extrañar que alguno se crea conminado a “salvar” a su país de este “apocalípsis”.

Cabe decir que Missouri y Kansas son conocidos por formar el llamado “Cinturón de la Biblia”, allí donde las megaiglesias evangelistas más radicales hicieron de la lucha contra el aborto su bandera para acabar con Sodoma y Gomorra. Para que os hagáis una idea del mérito que tiene el resurgir de Obama en estos estados os dejo a pie de página el vídeo de una entrevista con una de las mujeres que portaban las pancartas que mencionaba mi amigo.

La “profeta” a la que Dios puso “en esta tierra maldita” desprende odio por cada poro de su cuerpo, lo mismo que Dios, dice ella, y si no que se lo pregunten “a los trillones de pecadores que arden en el infierno”. Como lo harán Obama y Biden por “enseñar a EEUU a pecar”, por “condonar la homosexualidad” y defender el derecho de las mujeres a interrumpir su embarazo.

Con ese odio bíblico amenaza prácticamente con las siete plagas, y le carga a Dios la responsabilidad de todos los males de nuestra sociedad, porque Dios “va a destruir a este país de pecadores”, amenaza, y ya lo está haciendo: “¿Estás ciego o qué?, le dice al periodista. “¡Lee mis labios!: soldados muertos en pedacitos que llegan a casa en bolsas de cadáveres, inundaciones, hambruna, la economía destruida, falsos políticos diciéndote lo que quieres oír, divorcios y recasamientos. ¿Que más necesitas ver?”, pregunta airada la feligresa baptista que clama haber sido elegida por Dios. “Pasa la voz, maldito desagradecido: Dios odia a Obama. Sigues vivo, todavía te puedes arrepentir, estás escuchando la voz del profeta. Cuando tu altísimo predicador Barack Obama y su puto gamberro Biden sean elegidos van a hacer todo lo que puedan para eliminar a los profetas de la Tierra, y entonces va a ser demasiado tarde para vosotros, tontos, malditos y pervertidos americanos. El advenimiento de Jesucrito se acerca. ¡Obedece!”.

Y yo, que anoche fui a ver la última película de Oliver Stone, “W”, no puedo por menos que preguntarme: ¿Será el mismo Dios que encomendó a George W. Bush la misión de ser presidente? ¿Ése que según Sarah Palin les ha encomendado la tarea de invadir Irak? Entonces no es de extrañar que odie a Obama.

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