Un chucho en la Casa Blanca
Veinte minutos, nueve preguntas. Así de escueta fue la primera conferencia de prensa que dio Barack Obama tras las elecciones, pero ahora que ya no se juega su futuro con cada palabra por fin pudo relajarse.
La prensa que le ha seguido durante dos años asistió sorprendida a esa transformación del candidato cauto y distante en un hombre capaz de reírse hasta de sí mismo. Porque si bien es cierto que Nancy Reagan fue la primera de la que se burló distraidamente por sus “sesiones de espíritismo”, el major golpe lo tuvo consigo mismo al llamarse “chucho” cuando le preguntaron por el cachorrito que le prometió a sus hijas si ganaba las elecciones.
“Con respecto al perro, éste es el tema más importante”, bromeó. “Y creo que es el que más interés ha generado en nuestra página web. Tenemos dos criterios que necesitamos reconciliar”, observó. “Uno es que Malía es alérgica, así que tiene que ser hipoalergénico. Hay ciertas razas que lo son, pero por otro lado nuestra preferencia es que salga de un albergue para perros abandonados. Y resulta que, obviamente, muchos de los perros que encuentras en los albergues son chuchos, como yo. Así que este tema es de máxima presión en el hogar de los Obama”.
En este extraño universo cósmico de los simbolismos y las señales místicas que rodea siempre a Obama, coincide que el perro favorito de Bush había perdido la víspera los favores de la prensa. Un empleado de la Casa Blanca paseaba a Barney por los jardines cuando el periodista de Reuters Jon Decker pidió permiso para acariciarlo. Y sin previo aviso el terrier negro le asestó un ñasco que ha requerido médico y antibióticos (ejem, no he visto la herida, pero contextualicemos que los estadounidenses son un poco exagerados para estas cosas).
El caso es que ahora que Bush está en tiempo de descuento, los periodistas no ven la hora de que la mansión presidencial cambie al pura raza por el chucho, a ver si van mejor las cosas, porque por lo pronto las conferencias de prensa llevan el mismo patron: Obama salió con una lista de los periodistas que iba a llamar, y por mucho que uno alzara la mano no había oportunidad alguna. Sólo espero que no se dedique a buscar los más fáciles.

