Mercedes Gallego

La vida en Nueva York

31 Ago 2009

Gente de bien

Tal día como hoy hace cuatro años los habitantes de Nueva Orleáns estaban encaramados en los tejados de sus casas, empapados hasta las orejas. No hay en la ciudad quien no tenga una historia truculenta que compartir.

A Robert Green se le escurrió del tejado su nieta de 3 años cuando la corriente arrastró su casa calle abajo. Su madre se le murió en lo brazos después de tragar agua varias veces, enferma como estaba del corazón y aquejada de Parkinson. Al resto de la familia lo rescató un vecino en bote, que a lo largo del día dejó a más de 200 personas sobre el puente del Canal Industrial.

“Mi madre está en el tejado de 1826 de la calle Tennessee”, le decía Robert a todo el que se encontraba, creyendo que eso facilitaría la recuperación del cadáver. Tardó tres meses en poderla enterrar. Se ha pasado tres años en una caravana hasta que la organización de Brad Pitt, Make it Right, le ha ayudado a reconstruir su casa (hacer click para ver el reportaje ). Su barrio sigue estando desolado, todavía quedan calles por las que parece que el Katrina pasó ayer.

Y con todo, no hay un deje de resentimiento en sus palabras. Robert está lleno de vida y de agradecimiento por estar de vuelta con los fantasmas de la calle Tennessee. Aquí los espectros no purgan las calles sino que se contonean a ritmo de jazz en cuanto suena la primera trompeta. Así celebraron el sábado el cuarto aniversario del Katrina, porque ellos no lloran la muerte, sino que celebran la vida. De los que están y de los ausentes.

No pierden el tiempo ni el corazón en maldecir a nadie, ni se dejan las energías en rumiar sus miserias. Hasta para criticar emplean el sentido del humor. Son vecinos a la cubana, de esos que se ayudan unos a otros con cuatro naranjas que hayan encontrado. De los que viven en el porche de su casa viendo la vida pasar con una sonrisa. Saludándose unos a otros con besos y abrazos, en un país tan alérgico al contacto físico. De los que te contagian su entusiasmo y a los pocos minutos logran que te olvides de todo lo que te ha salido mal durante el día y te rías con ellos a carcajadas. De esos a los que quieres abrazarte y no soltarte nunca, porque tienen un espíritu que te hace inmune al sufrimiento, sin importar cuántos reveses te aseste la vida.

Esa es la ciudad sin la que no pueden vivir. Si el Katrina hubiera arrasado Houston o Detroit, nadie hubiera vuelto. Pero los habitantes de Nueva Orleáns aman a su ciudad con más cariño del que puedan encontrar en ningún otro rincón del país. Como dijo el arquitecto Robert Tannen, otro maravilloso ser humano digno de Nueva orleáns, para esta gente “el suelo en el que han vivido es más sagrado que su propia religión”.

Hay algo mágico en sus calles que no es más que la suma de tanta energía positiva como han derramado durante generaciones. Es la tierra de los esclavos libres que pudieron comprar sus casas, de los primeros a los que se le permitió tocar su música en la plaza pública, de sus casas de madera al estilo caribeño pintadas de colores y repujada por franceses y españoles. Allí donde el sol brilla todos el año Jenga Mwendo se busca la vida con una chapuza aquí y allá para criar a su hija de cinco años y montar jardines comunitarios en su barrio del Bajo Noveno.

Cuando el Katrina pasó se llevó por delante la casa que acababa de comprar un mes antes en el barrio donde se crió. Como para entonces vivía en Nueva York trabajando en películas de animación, no pudo beneficiarse de ninguna de las ayudas para la reconstrucción que le dieron a los residentes. Y con todo, otra más que hizo la maleta rumbo a casa, donde cada día se las tiene que ingeniar para poner la mesa a su hija pero no le falta una sonrisa en los labios. “Podría volver a trabajar en Nueva York, pero no sería feliz”, contó sin un sesgo de duda.

La magia de Nueva Orleáns no está en los bares de Bourbon Street ni en los balcones coloniales del Barrio Francés, sino en el corazón de su gente. A esa a la que quiero rendir homenaje hoy por las lecciones de vida que me da siempre que paso por allí.

5 comentarios | Enlace permanente

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Cantabrico

Cantabrico dijo

Me agrada de que hayas regresado Mercedes ,pues tiempo sin venir por aca , Mucho Trabajo Inmagino , el otro dia estaba escuchando musica espanola ,las Kepchupts , si mal no recuerdo son Andalusas ,Maravillosa esa musica Andalusa ,se titula ''Asereje'' , ,Maravillosa sin dudas la musica de tu tierra .,Por cierto lo del Huracan cuando Nueva Orleans ,Un desastre ,Nueva Orleans tiene sus costas muy bajas y el mar entro ,Un desastre ,menos mal que todo volvio a la normalidad despues ,Saludos y muy contento de que regreses .

Panera

Panera dijo

Y que cosas como estas pasen en países del Primer Mundo... Vivimos con la falsa seguridad de que papá gobierno acudirá a nuestra ayuda porque para eso le votamos y para eso le pagamos pero... la realidad es a veces muy distinta.

Sacaucus

Sacaucus dijo

Yo estuve allí antes que el katrina... si Dios existiese hubiese borrado del mapa Nueva Orleans y luego habría puesto un presidente negro en el país.

Así es USA. Y sin embargo sigue siendo el mejor sitio del mundo, o precisamente por eso.

jARRILLEROrOJIBLANCO

jARRILLEROrOJIBLANCO dijo

Hola,

Supongo que el trabajo te alejó del blog.

Se te echa de menos.

Saludos

Carlos

peponeto

peponeto dijo

te quedaste en nada , merceditas, tú que ibas para pulitzer

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Sobre este blog

Nací un 4 de julio, como si el destino me hubiera ligado de antemano a EEUU. Salvo esa pista que a todo el mundo se le pasó por alto, nada en mi entorno de familia agrícola andaluza hacía prever que fuera a resultar un alma rebelde dispuesta a saltar del nido a los 16 años. Lo del periodismo no había que imaginárselo, a los 11 me diseñé mi primer periódico con pliegos que pedí en La Voz del Sur, un tubo de pegamento y una máquina de escribir. Desde entonces busco papel para narrar las historias humanas que me encuentro por los cuatro continentes, y este blog viene a resolverme el problema.

La ventaja de haber echado el ancla en Nueva York después de explorar Centroamérica es que el imperio no tiene límites. Así es como entra Irak en mi negociado, junto con todas las guerras habidas y por evitar en las que EEUU meta la mano. Mi lema es que no hay causa más perdida que la que no se intenta, y os prometo que eso me ha llevado más lejos que nada en mi vida. Os invito a que me acompañéis en mi recorrido por los caminos de la vida y la política.

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