Mercedes Gallego

La vida en Nueva York

Ayer fue uno de esos días en los que sufrí un ataque de rabia en el ejercicio profesional. Me tocó estudiarme el informe sobre la actualización de las perspectivas económicas para España que ha elaborado el Fondo Monetario Internacional (FMI), y entre párrafo y párrafo, áridos todos, me encuentro con su repetida queja de que los salarios en España son demasiado altos.

¿En qué mundo viven estos señores, por el amor del Dios? ¿Alguien les ha contado la epidemia de mileuristas que sufrimos? O lo que es peor, que ser mileurista se ha convertido en el sueño de muchos jóvenes españoles. Y los no tan jóvenes, porque conozco un puñado que rondan los 40 y ganan 800 euros al mes en algunas de las autonomías españolas en las que se suponen los sueldos más altos –Cataluña, Navarra, Madrid y País Vasco. En Andalucía tengo amigos de esa edad que ganan 600, y se dan con un canto en los dientes.

Así que arde la sangre al leer que el FMI le echa la culpa a los trabajadores de que la inflación en España sea más alta que entre sus vecinos europeos. Vamos, que los precios suben porque tenemos demasiado dinero que gastar, hay que joderse. Su receta, “fuerte moderación salarial para recuperar la competitividad”. Rechazar los convenios colectivos, las subidas acorde a la inflación y los contratos permanentes que, según los señores del FMI, son perjudiciales porque impiden que se abran esas plazas para trabajadores “más jóvenes y mejor educados”.

Caballeros, no nos chupamos el dedo. Ya sabemos que para los empresarios eso de “jóvenes mejor educados” es sinónimo de salarios más bajos y contratos basura.

Así por ejemplo, según la Encuesta de Población Activa (EPA), a finales de 2007 los españoles ganaban una media de 1.608,06 euros (por cierto, 78 euros menos que seis meses atrás). Pero en comparación, los jóvenes entre 15 y 29 años ganaban 1.076 €, y “las” jóvenes un 30% menos, o sea, 827€, porque así de ecuánime es todavía nuestra sociedad (datos del Instituto Nacional de la Juventud).

A todo esto, los señores que hacen esos estudios en el FMI ganan de media 73.000 dólares al año, limpios de impuestos (6.083,3 al mes). Y eso porque las abejas trabajadoras bajan mucho la media. Pero la novia del ex presidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz, el cual tuvo que dimitir hace año y medio precisamente por otorgarle subidas injustificadas, ganaba 193.000 dólares al año (16.083 dólares al mes), incluso más que Condoleezza Rice como secretaria de Estado. Ni siquiera tenía un cargo ejecutivo, sino que era una veterana en el departamento de comunicación para Oriente Medio y Norte de África.

Estos expertos tan bien remunerados no parecen haberse dado cuenta de que el españolito medio gana casi la mitad que el estadounidense medio (24,627 dólares al cambio actual, frente a los 45.113 que según el censo gana un estadounidense). Y en la práctica muchos de nuestros propios amigos estarán por debajo de los 10.787 anuales que en EEUU se consideran el umbral de la pobreza (673 euros al mes, al día de hoy).

En fin, que a quienes todavía se atreven a recomendarnos “severa moderación salarial” les quería yo ver una temporada buscándose la vida con estos sueldecitos que disfrutamos los españoles. Insisto, ¡hay que joderse!

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02 Dic 2008

Miedo al desencanto

Me lo he tropezado en cada fiesta a la que he ido en las últimas dos semanas. Hasta en la sobremesa del pavo. No falta quien saque a la conversación con malestar los nombramientos de Obama.

Es gente de izquierdas que se implicó de una manera o de otra en la campaña y se creyó el mensaje de cambio y de esperanza que traía el candidato. Y hoy, viendo la foto de familia de su equipo de política exterior y seguridad nacional, uno no podía evitar un suspiro de decepción.

La cosa había empezado por preguntarnos dónde está el cambio si se trata de traer de vuelta al poder a la gente de Clinton. Luego la misma Hillary en política exterior, estarán contentos los judíos a los que ha servido con tanta lealtad, aunque para eso tuviera que apoyar sus guerras. Lo de Janet Napolitano nos dejó temblando a los que nos molestamos en hablar con los grupos de la frontera. Y lo de Gates, sin palabras.

"¿Reformas progresistas?", se preguntaba el editor del blog Dissenting Justice. "Es muy triste para la gente de izquierda que simplemente por estar en desacuerdo con un halcón como Rumsfeld le de a alguien credenciales progresistas".

"Barack Obama no sólo tuvo el buen juicio de oponerse a la guerra de Irak sino que, como dijo a princpios de año, "quiere acabar con la mentalidad que nos llevó a la guerra", entonaba The Nation. "Así que es preocupante que un hombre con tan buen juicio le haya pedido a Robert Gates que se quede como secretario de Defensa y monte un equipo de seguridad nacional tan estrecho. Sí, es verdad que será el presidente Obama el que establezca las políticas, pero este equipo hace más difícil aprovechar la extraordianria oportunidad que la elección de Obama ha ofrecido para reenganchar al mundo y reestablecer las prioridades de EEUU".

Y hasta la escenografía provocaba malestar. "Con la senadora Clinton y otros seis colegas alineados cada uno en frente de su propia bandera americana, Obama dejó pocas dudas de que está girando hacia el centro político de gravedad", decía James Warren. "Con todo lo que se habló el lunes de poder y de acabar con éxito la guerra contra el terrorismo en Afganistán, el significado fue menos las obvias señales de echarle músculo que el intento de ser flexible y, sí, multilateralista.

En la izquierda, los que votaron por Obama todavía no quieren darse por traicionados. Sólo le critican abiertamente aquéllos que en estados como Nueva York, declaradamente demócrata, pudieron permitirse el lujo de votar por un tercer candidato sin posibilidad alguna de ganar. Los demás intentan darle tiempo y confiar en que sabe algo que a nosotros se nos escapa.

Hasta el blog Dailykos recogía ayer un extenso alegato a las muchas similitudes que a su juicio ha habido siempre entre las política exterior de Hillary y Obama, convencido de que "las quejas de que Obama "está girando a la derecha" son ridículas", decía. Y la culpa, claro está, siempre es del mensajero, porque a la prensa "le gusta más el drama que los hechos", acusaba.

Sorry Dailykos, ya nos gustaría que esto fuera un invento de la prensa. Casi me da miedo ir cada semana a recoger mi media acción de verduras ecológicas a la cooperativa de mi barrio, porque en cuanto me ven llegar me asaltan con preguntas retóricas en tono de reprimenda sobre el último nombramiento de Obama, como si yo por dar las noticias fuera responsable de ellas.

Y no, todavía no ha cundido el desencanto, la gente quiere darle la oportunidad de gobernar y espera que empiece con algún gesto significativo como el cierre de Guantánamo, la renegociación del TLC o la Ley Patria. Pero entre la izquierdad todo el mundo está aguantando la respiración. Y eso me recuerda a un semanario de Chicago tipo Village Voice que al día siguiente de la victoria electoral de Obama, más que la enhorabuena le mandaba un mensaje de advertencia en su portada: "Don't screw this one up!" (No lo estropees).

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Justo cuando creíamos que Obama había superado el drama de las primarias, reaparece Hillay Clinton, ¡como posible secretaria de Estado!

Ver para creer. No porque sus seguidores no hubieran sugerido su nombre, sino porque su escudero Terry McAuliffle aseguró tajante durante la convención demócrata a cuantos le quisieron oír que "Hillary Clinton sólo puede ser presidenta, vicepresidenta o senadora". Claro que antes de anunciar su candidatura presidencial ella misma juró por activa y por pasiva que no tenía ningún interés en presentarse a las elecciones.

Pero lo más irritante es que era precisamente la política exterior lo que más distanciaba a ambos candidatos. Los Clintos apedrearon a Obama por mostrarse dispuesto a dialogar con sus enemigos, mientras que Hillary quería ser tan dura que a veces no se la diferenciaba de Bush. Como cuando amenazaba gratuitamente sin previa provocación con "borrar a Irán de la faz de la tierra" si se atrevía a tocar a Israel.

Nunca olvidaré que hace dos veranos, cuando el país hebreo bombardeó durante más de un mes a civiles inocentes en Líbano para torcer el brazo a Hezbolá, Hillary Clinton encabezaba las manifestaciones de apoyo a Israel frente a la ONU con las que los lobbies judíos contrarrestaban las protestas por el bombardeo. Según Unicef, el 30% de las víctimas de ese ataque que defendía la exprimera dama fueron niños menores de 13 años.

Obama, que compartió piso durante sus años de estudiante con un pakistaní y cuenta entre sus amigos de la Universidad de Chicago con mediadores del conflicto palestino, apoya a Israel con un argumento más armonioso: Que la paz es la mejor manera de ayudar al país judío.

Es sólo uno de los muchos ejemplos en los que se distanciaban ambos candidatos, incluyendo la retirada de las tropas de Irak, que en la agenda de Obama era mucho más tajante. Nombrar a Hillary Clinton como su representante diplomática, después de haberla pasado por alto como vicepresidenta, sería una traición a sus principios y a las esperanzas de sus votantes, que tampoco cicatrizaría las heridas de las feministas ofendidas, porque éste sería un premio menor en comparación a lo que creen que merecía su heroína.

Además de un desaire a la comunidad hispana que le dio la victoria en Nevada, Nuevo México, Colorado y Florida, cuatro estados que en 2004 ganase Bush. Sus líderes presionan para que el cargo de secretario de Estado vaya a manos de Bill Richardson, al que también pasó por alto para la vicepresidencia, y cuya experiencia como mediador internacional y embajador en la ONU se suman a su carácter abierto y bonachón. Claro que John Kerry, a quien tanto le debe, también persigue el puesto, por lo que Hillary sería un desempate que nadie podría reclamar, porque en derecho moral le gana a los dos.

Y un dato sospechoso: en una campaña en la que nunca se filtra nada, dos asesores de Obama se lo filtraron por separado a la veterana periodista de NBC Andrea Mitchell, y después al Washington Post. ¿Sondeando las aguas?

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Fue anoche cuando por fin el matrimonio Obama tuvo la oportunidad de celebrar su victoria electoral, sin cámaras ni presiones.

Lo hicieron el sábado por la noche en Spiaggia, el mismo restaurante italiano de Chicago donde celebraron hace poco más de un mes el 16 aniversario de su boda. Para su primera aparición ante las cámaras después de las elecciones, cuando el viernes acudió con su marido a una reunión de padres de familia en el colegio de sus hijas, Michelle vistió una chaqueta sport y una gorra de béisbol, sin importarle su imagen para la posteridad. Para su marido el sábado por la noche dicen que llevaba un elegante abrigo hasta la rodilla y botas altas. Pasaron tres horas en la intimidad de las velas y volvieron a casa sobre las 11 de la noche.

Mañana lunes esta descendiente de esclavos que ganó becas para las mejores universidades del país (Princeton y Harvard) tomará el te con Laura Bush en la Casa Blanca para conocer su nuevo hogar. No será ni una dama florero como ella ni el dos por uno que supuso Hillary Clinton. Si la primera preocupación de su marido es paliar la crisis económica, la suya es la crianza de sus hijas Malia y Sasha, de 10 y 7 años respectivamente, a las que siempre ha tratado de educar como niñas responsables.

Las obligaba a hacerse la cama y a poner su propio despertador para ir a la escuela, algo que pretende hacer pese a que ahora vivirán en una masión de 132 habitaciones y 35 cuartos de baño, piscina, pistas de tenis, bolera, sala de cine e innumerables sirvientes.

Estas niñas a las que han tratado de mantener al margen de la campaña electoral tienen desde el martes por la noche su propio par de agentes de los servicios secretos que las siguen a todas partes. No las llevarán a un colegio público, como hiciera para dar ejemplo Jimmy Carter con su hija Amy, que tenía cinco años cuando su padre fue nombrado presidente. Las de Obama ya van a un colegio privado, y la experiencia de Carter demostró que en uno público destacaba tanto que no podía ser una niña normal (Amy ni siqueira podía salir al patio salir durante el recreo porque quedaba demasiado cerca de la calle). La mujer de Obama ya ha consultado telefónicamente con Hillary Clinton, que llevó a Chelsea a la Casa Blanca cuando ésta tenía 11 años. Paradójicamente a esa edad en la que disponía de cinco cocineros, se hizo vegetariana.

Michelle se ha involucrado a fondo en la campaña de su marido, en la que ha resultado más espontánea y pasional que él, pero se propuso no pasar fuera de casa más de tres noches a la semana y no perderse una sola sesión de baile o partido de sus hijas. Dicen que lo logró. Su plan es llevarse a Washington a su madre para que siga cuidando de ellas en sus forzadas ausencias, pero ésta es tan independiente como ella y quiere buscarse su propia casa.

Hay algo en Barack Obama que le distancia de los afroamericanos a ojos de sus compatriotas. Quizás su mitad de Kansas. Y sin embargo, en el rostro de Michelle y las niñas los negros ven “a real sister” y los blancos a una “angry woman”. En estos días en los que los asesores del nuevo presidente electo se confían con los medios ha salido a relucir que nunca pensaron que pudiera ganar las elecciones como un negro, sino como un tipo brillante que resultaba ser negro. Por eso evitaron hablar de la raza en todo momento (excepto cuando el reverendo Wright les obligó), y lograron que muchos millones de estadounidenses se olvidaran de su color de piel. Ese lapsus se acaba en cuanto aparece la foto de familia. De ahí que Michelle evite el protagonismo y deje hacer a su marido. Para empezar, ni siquiera tendrá despacho en el Ala Oeste, pero cuesta creer que una mujer tan capaz y apasionada como ella vaya a quedarse cruzada de brazos y no utilice su posición para sacar adelante algún proyecto de justicia social.

Si tuviera que hacer alguna apuesta, creo va a romper el molde de las primeras damas y crear un modelo propio de altruismo que vaya más allá de visitar hospitales y campos de refugiados. A caballo entre Lady Di y Angelina Jolie. A ver qué nos depara.

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Un chucho en la Casa Blanca

Veinte minutos, nueve preguntas. Así de escueta fue la primera conferencia de prensa que dio Barack Obama tras las elecciones, pero ahora que ya no se juega su futuro con cada palabra por fin pudo relajarse.

La prensa que le ha seguido durante dos años asistió sorprendida a esa transformación del candidato cauto y distante en un hombre capaz de reírse hasta de sí mismo. Porque si bien es cierto que Nancy Reagan fue la primera de la que se burló distraidamente por sus “sesiones de espíritismo”, el major golpe lo tuvo consigo mismo al llamarse “chucho” cuando le preguntaron por el cachorrito que le prometió a sus hijas si ganaba las elecciones.

“Con respecto al perro, éste es el tema más importante”, bromeó. “Y creo que es el que más interés ha generado en nuestra página web. Tenemos dos criterios que necesitamos reconciliar”, observó. “Uno es que Malía es alérgica, así que tiene que ser hipoalergénico. Hay ciertas razas que lo son, pero por otro lado nuestra preferencia es que salga de un albergue para perros abandonados. Y resulta que, obviamente, muchos de los perros que encuentras en los albergues son chuchos, como yo. Así que este tema es de máxima presión en el hogar de los Obama”.

En este extraño universo cósmico de los simbolismos y las señales místicas que rodea siempre a Obama, coincide que el perro favorito de Bush había perdido la víspera los favores de la prensa. Un empleado de la Casa Blanca paseaba a Barney por los jardines cuando el periodista de Reuters Jon Decker pidió permiso para acariciarlo. Y sin previo aviso el terrier negro le asestó un ñasco que ha requerido médico y antibióticos (ejem, no he visto la herida, pero contextualicemos que los estadounidenses son un poco exagerados para estas cosas).

El caso es que ahora que Bush está en tiempo de descuento, los periodistas no ven la hora de que la mansión presidencial cambie al pura raza por el chucho, a ver si van mejor las cosas, porque por lo pronto las conferencias de prensa llevan el mismo patron: Obama salió con una lista de los periodistas que iba a llamar, y por mucho que uno alzara la mano no había oportunidad alguna. Sólo espero que no se dedique a buscar los más fáciles.

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Medio mundo todavía daba saltos de alegría celebrando la elección histórica del primer presidente afroamericano de EEUU cuando Barack Obama, un ser humano de carne y hueso, por mucho que hoy le pinten de sobrenatural, sólo pensaba en meterse en la cama.

La caravana blindada lo dejó en casa a la 1.43 minutos de la madrugada. Había prometido llevar a sus hijas al colegio a la mañana siguiente como un padre normal, pero se le pegaron las sábanas, así que su mujer decidió darle una tregua y llevarlas ella misma. A las 10.28 de la mañana salió por la puerta con una gorra de béisbol camino del gimnasio que hay en el edificio de su amigo Mike Signator, como si fuera un día más en su vida.

El deporte es su válvula de escape, y esa hora diaria que pasa con sus amigos en el gimnasio de los apartamentos Regent Park es su momento más memorable del día. Obama es un animal de costumbres muy disciplinado, por lo que ni siquiera el miércoles se pasó más de cinco minutos en su rutina habitual. La víspera, mientras aguardaba los resultados, había matado los nervios con un partido de baloncesto de dos horas que dejó a todo el equipo exhausto. Para Obama ese partido previo a la noche electoral es un ritual aprendido en las primarias que ha pasado a la categoría de superstición, así que no quiso correr ningún riesgo y apretó en el bolsillo los talismanes que le han ido dando en la campaña.

Un “pool” de prensa que los medios estadounidenses han bautizado como “protective pool” le sigue a todas partes, para que si un día aparece un francotirador en un tejado como en Dallas haya imágenes misteriosas que seguir estudiando en los próximos dos siglos. El coche blindado le dejó en el garaje subterráneo de los apartamentos Regent Park, y ahí fue cuando se giró momentáneamente hacia esos periodistas que en ausencia de noticias documentan los detalles más rutinarios de su vida.

- “Hola chicos, ¿habéis dormido algo?”, les preguntó
- “No mucho”, respondió el fotógrafo de AP Alex Brandon. Y aprovechando la cortesía para sacar algo de información que reportar, la periodista Deborah Charles le preguntó: “¿Y tú?
- “No tanto como hubiera querido”, admitió el nuevo presidente electo de EEUU

Duchado y trajeado, la esperanza negra se metió de nuevo en la furgoneta blindada y se dirigió al edificio de oficinas Ariel Investments, en el centro Aon de Chicago, donde pasó las siguientes seis horas confiriendo con sus asesores y agradeciendo por teléfono a todo el personal de su campaña a lo largo y ancho del país por haberle ayudado a lograr la victoria. Era un día de descanso para la mayoría, que se había desplomado tras ver cumplido el sueño por el que han trabajado sin descanso durante 21 meses de campaña, de modo que a las 5.36 de la tarde Obama entró por la puerta de casa, decidido a pasar un rato con sus hijas mientras todavía puedan disfrutar de la intimidad de su hogar en Hyde Park.

La vida tal como la conocen está a punto de cambiar radicalmente en la Casa Blanca, una jaula de oro llena de tensiones que condensa los problemas del mundo, donde estarán servidos por un ejército de cocineros y camareros que nunca han servido a una familia de color tras esos muros.

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Millones de estadounidenses llegarán hoy hasta sus colegios electorales para encontrarse que no están en el censo electoral, lo que ha demostrado ser “el eslabón más débil de la democracia estadounidense”, según The New York Times.

La labor de crearlos y mantenerlos no está en manos de un organismo electoral central, como en España, sino en las de los funcionarios locales que, por la razones más peregrinas, algunas de buena fe y otras por pura alevosía, han eliminado a millones de personas sin previo aviso. A los que se encuentren frente a esta situación al final de la cola se les ofrecerá una papeleta provisional, “el talón de aquiles de nuestro proceso electoral”, según Los Angeles Times. Porque lo que no se imagina la mayoría es que al aceptarla su voto quedará a criterio del funcionario de turno, que diez días más tarde optará por tirarlo a la basura en un 34.5% de las veces (media nacional de las elecciones anteriores).

Si en el 2000 George W. Bush ganó Florida y con ello la Casa Blanca gracias a las papeletas mariposa, preñadas y colgantes, en el 2004 salió reelegido por culpa de las papeletas provisionales de Ohio. Su rival, John Kerry, perdió ese estado y con ello las elecciones por 118.000 votos, pero en Ohio 157.000 personas se vieron obligadas a aceptar papeletas provisionales, más que en ningún otro estado del país (1.9 millones de personas en todo EEUU).

Para estas elecciones en las que los expertos han predecido la tormenta perfecta por la avalancha de nuevos registrados y el aumento de la participación, el periódico neoyorquino tenía un llamado urgente en su editorial: “No voten con papeletas provisionales excepto como último recurso, ya que es más probable que no se cuenten”. Su consejo de emergencia era llamar a una de las muchas organizaciones que han dispuesto líneas telefónicas gratuitas y un ejército de abogados para pelear voto a voto a la democracia, e incluso ofrecía uno: 1-866-OUR VOTE.

La verdadera esperanza de los votantes estadounidenses es que uno de los dos candidatos gane holgadamente, porque si se estrechan los márgenes y hay que contar voto arriba o voto abajo, la democracia del país que más presume de ella hace aguas por los cuatro costados. Su equilibrio se basa en que nadie la cuestione, como pasa a menudo en los productos financieros, y ya se sabe cómo ha acabado eso.

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En 2004 las primeras encuestas a pie de urna daban a John Kerry como ganador de las elecciones, pero ya sabemos cómo acabó la noche electoral.

Y puesto que ni las últimas encuestas son de fiar, la revista The Economist ha decidido mirar a los astros para deducir las posibilidades de cada candidato. O más bien al horóscopo chino. Así es cómo han determinado que John McCain, nacido en el año de la rata, tiene más posibilidades de convertirse en el próximo presidente de EEUU. Resulta que hasta ahora la Casa Blanca ha estado llena de grandes ratas: George Washington, Franklin Pierce, Richard Nixon, Jimmy Carter y George Bush padre tenían eso en común. Los Bueyes, sin embargo, que es el signo de Obama, han tenido poco que hacer: Sólo dos ganaron el puesto en las urnas, Gerald Ford y y Warren Harding, porque el tercer presidente buey se hizo con el cargo tras el asesinato de una rata, James Garfield.

Y mirando el pasado chino de los inquilinos de la Casa Blanca uno no puede dejar de maravillarse ante la coincidencia de que sean las ratas, los cerdos y las serpientes los que más abunden.

Pero ya puestos a elegir métodos nada científicos, el diario bimensual de Nuevo México "Sun News" ha decidido guiarse por la intuición, o más bien por lo que en inglés llaman "wishful thinking". Forzado a imprimir su edición de los próximos dos meses antes de que se sepa el resultado, el consejo editorial ha meditado concienzudamente el siguiente titular de portada: "Obama wins!". El periódico explica detalladamente su apuesta con unas gotas de humor y un llamado cívico a la participación para que todos sus lectores voten "incluso si ya os hemos arruinado el final", bromea.

Si acierta podrá apuntarse el tanto de haber sido el primero en dar la noticia, y si se equivoca los ejemplares de esa edición se convertirán en caldo de coleccionistas. Como esa primera edición de El País hace cuatro años en la que se hizo a Kerry presidente de EEUU. Gajes de querer ser el primero.

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"Es una diva, no acepta consejos de nadie". Así hablaba de Sarah Palin un alto asesor de John McCain que confió anónimamente en John King, veterano periodista político de CNN. Las explosivas declaraciones revelaban la tensión interna de una campaña en la que se ha acabado la luna de miel con una estrella política que parece haber cobrado vida propia.

"Está actuando por su propio futuro político, se ve a sí misma como la próxima líder del partido", mascullaba el asesor. ¿Querrá Sarah Palin ser la candidata a la presidencia en el 2012? Eso dicen. Las encuestas revelan que la número dos de John McCain ha resultado ser un lastre entre los votantes independientes que necesita para ganar, pero Palin sigue atrayendo masas de 20.000 personas mientras que McCain sólo llena pabellones de 2.000.

Su marido ha llamado personalmente a la campaña para quejarse de que no la dejan ser ella misma, convencido de que si le quitaran la mordaza su esposa volaría alto, muy alto, y tal vez podría sacar del hoyo a McCain.

Por eso cuando la campaña decidió retirarse de Michigan ella mostró públicamente su desacuerdo, para disgusto de la campaña: "Esta mañana fui y les chuté un email rapidito diciéndoles: ¿Cooómo?, ¡Nooo! ¿De verdad tenemos que dejarlo? Todd y yo estaríamos encantados de visitar las fábricas de automóviles de Detroit".

Apenas empezaba a desmarcarse. Cuando luego le preguntaron por los "robocalls", esas llamadas automáticas que hace un robot a miles de teléfonos para soltar un monólogo propagandístico, ella se solidarizó con el resto de los estadounidenses y las calificó de irritantes. Si la decisión dependiera de ella, prometió, estaría sentada en las cocinas de sus compatriotas contándoles sus planes para reflotar la economía y ganar la guerra de Irak.

Fue ella también la que dijo a un periodista del New York Times que no entendía por qué McCain no resucita al reveredo Wright y sus proclamas antiamericanas.

Y ella sola la que el domingo se salió del guión para hablar del último tema que la campaña quería recordar en televisión: los 150.000 dólares que el Partido Republicano se gastó para ella en ropa y maquillaje en un sólo mes. Esa tarde, en Tampa (Florida), Palin ya no vestía un modelito de Versache sino una chaqueta rosa menos llamativa que salía de su propio armario, nutrido con visitas a sus almacenes favoritos en Anchorage (Alaska), como se encargo de recalcar. El New York Times pronto los identificó como "Out of The Closet", que según su website vende modelitos de diseño de Armani, Prada y Gucci "que de otro modo no se verían en Alaska".

Palin tenía órdenes de dejarlo correr, ella misma confesó que estuvo a punto de hacerlo, pero cuando la presentadora del programa de televisión V Elizabeth Hasselbeck, que la precedió en el escenario, calificó el revuelo causado de "sexismo deliberado con todo lo que está pasando en el mundo", Palin creyó tener licencia para soltar lo que llevaba cinco días aguantándose.

"Sabéis, intenté ignorarlo, porque es tan ridículo", entonó. "Esta ropa no es de mi propiedad. Lo mismo que el escenario o las luces y todo lo demás que ha comprado el Partido Republicano. No me los voy a llevar conmigo".

Para entonces todos los Steve Schmidt de la campaña ya habían perdido la paciendia con esa diva que "no tiene relación con ninguno de nosotros ni confía en nadie, ni de nosotros ni de su familia, ni de nadie más", había criticado la fuente de CNN. "Recuerda: las divas sólo confían en sí mismas y se ven como el principio y el final de toda la sabiduría". O sea, que saben más que nadie.

Lo cierto es que cuando una campaña va perdiendo proliferan los dedos acusadores y se multiplican los reproches, pero no es menos cierto que se equivoca quien crea que la irritante presencia de Sarah Palin en las noticias se desvanecerá si McCain pierde las elecciones. No es que haya nacido una estrella, sino que McCain ha creado un monstruo. Sara Palin ha descubierto su capacidad para levantar a las masas, su tirón con las clases populares y el entusiasmo entre los evangelistas, que la han bautizado como la nueva cara del feminismo. Tres elementos explosivos que le dan munición para rato.

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¡Una semana! Dentro de poco los que se hayan vuelto adictos a la política americana con estas elecciones tendrán que buscarse otro docudrama, y a los que les salga por las orejas podrán descansar.

Por mi parte he intentado encontrar alguna contraparte de fanáticos demócratas contra McCain para contentar a aquéllos que me tachan de sectaria, pero "amigos míos", que diría McCain, no es fácil. Está claro que la desesperación en esta campaña está del lado republicano.

Con Ashley Todd creí haber dado con un buen caso que satisfacería a mis lectores más fachas cuando apareció en las noticias Ashley Todd. La estudiante texana de 20 años que trabaja de voluntaria en la campaña de McCain denunció haber sido asaltada en un cajero, y cuando el asaltante -negro, claro está- vio que llevaba un cartel de McCain-Palin le dio una paliza y le grabó a punta de navaja una "B" de Barack Obama en la mejilla. O eso dijo ella. Yo estaba lista para daros la contraparte del fanatismo cuando los propios blog conservadores tuvieron que dar marcha atrás: "She made it all up!", clamó Drudgereport en su portada (Se lo inventó todo).

Y así es como nos quedamos sin historia. No por mucho tiempo, claro. La última de quienes van perdiendo en las encuestas sale de Pensilvania, donde se ha llevado formalmente a Obama a los tribunales por "keniata". Y es que según la Constitución de EEUU para ser presidente es obligatorio haber nacido en territorio estadounidense, por lo que si Obama hubiera nacido en Kenia eso le resolvería la presidencia a McCain sin necesidad de contar un solo voto. McCain, por cierto, nació en el canal de Panamá, pero como fue en una base militar de EEUU no hay problema.

Así que los "Demócratas por McCain" de Pensilvania han llevado el caso a los tribunales exigiendo al senador de Illionis que presente su certificado de nacimiento. Como sus abogados parecen estar demasiado ocupados preparándose para la tormenta legal que caerá el día de las elecciones, la teoría de la conspiración sigue creciendo.

Muchos aseguran con una certeza demencial que Obama voló el jueves a Hawai para destruir el certificado de nacimiento que probaría que no puede ser presidente. Y ayer en Scranton había quien prácticamente aseguraba que si la abuela del candiato está al borde de la muerte es porque Obama quiere hacer desaparecer a la única testigo de su falso nacimiento en Hawai.

Para el que quiera seguirle la pista, la demanda sale del exfiscal adjunto de Pensilvania Philip J. Berg, uno de los "expertos" en los que se ha apoyado el grupo "9/11 For the Truth" para impulsar la teoría de que las Torres Gemelas fueron dinamitadas desde dentro. Ejem, sin palabras.

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Sobre este blog

Nací un 4 de julio, como si el destino me hubiera ligado de antemano a EEUU. Salvo esa pista que a todo el mundo se le pasó por alto, nada en mi entorno de familia agrícola andaluza hacía prever que fuera a resultar un alma rebelde dispuesta a saltar del nido a los 16 años. Lo del periodismo no había que imaginárselo, a los 11 me diseñé mi primer periódico con pliegos que pedí en La Voz del Sur, un tubo de pegamento y una máquina de escribir. Desde entonces busco papel para narrar las historias humanas que me encuentro por los cuatro continentes, y este blog viene a resolverme el problema.

La ventaja de haber echado el ancla en Nueva York después de explorar Centroamérica es que el imperio no tiene límites. Así es como entra Irak en mi negociado, junto con todas las guerras habidas y por evitar en las que EEUU meta la mano. Mi lema es que no hay causa más perdida que la que no se intenta, y os prometo que eso me ha llevado más lejos que nada en mi vida. Os invito a que me acompañéis en mi recorrido por los caminos de la vida y la política.

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