Mercedes Gallego
La vida en Nueva York
Justo cuando creíamos que Obama había superado el drama de las primarias, reaparece Hillay Clinton, ¡como posible secretaria de Estado!
Ver para creer. No porque sus seguidores no hubieran sugerido su nombre, sino porque su escudero Terry McAuliffle aseguró tajante durante la convención demócrata a cuantos le quisieron oír que "Hillary Clinton sólo puede ser presidenta, vicepresidenta o senadora". Claro que antes de anunciar su candidatura presidencial ella misma juró por activa y por pasiva que no tenía ningún interés en presentarse a las elecciones.
Pero lo más irritante es que era precisamente la política exterior lo que más distanciaba a ambos candidatos. Los Clintos apedrearon a Obama por mostrarse dispuesto a dialogar con sus enemigos, mientras que Hillary quería ser tan dura que a veces no se la diferenciaba de Bush. Como cuando amenazaba gratuitamente sin previa provocación con "borrar a Irán de la faz de la tierra" si se atrevía a tocar a Israel.
Nunca olvidaré que hace dos veranos, cuando el país hebreo bombardeó durante más de un mes a civiles inocentes en Líbano para torcer el brazo a Hezbolá, Hillary Clinton encabezaba las manifestaciones de apoyo a Israel frente a la ONU con las que los lobbies judíos contrarrestaban las protestas por el bombardeo. Según Unicef, el 30% de las víctimas de ese ataque que defendía la exprimera dama fueron niños menores de 13 años.
Obama, que compartió piso durante sus años de estudiante con un pakistaní y cuenta entre sus amigos de la Universidad de Chicago con mediadores del conflicto palestino, apoya a Israel con un argumento más armonioso: Que la paz es la mejor manera de ayudar al país judío.
Es sólo uno de los muchos ejemplos en los que se distanciaban ambos candidatos, incluyendo la retirada de las tropas de Irak, que en la agenda de Obama era mucho más tajante. Nombrar a Hillary Clinton como su representante diplomática, después de haberla pasado por alto como vicepresidenta, sería una traición a sus principios y a las esperanzas de sus votantes, que tampoco cicatrizaría las heridas de las feministas ofendidas, porque éste sería un premio menor en comparación a lo que creen que merecía su heroína.
Además de un desaire a la comunidad hispana que le dio la victoria en Nevada, Nuevo México, Colorado y Florida, cuatro estados que en 2004 ganase Bush. Sus líderes presionan para que el cargo de secretario de Estado vaya a manos de Bill Richardson, al que también pasó por alto para la vicepresidencia, y cuya experiencia como mediador internacional y embajador en la ONU se suman a su carácter abierto y bonachón. Claro que John Kerry, a quien tanto le debe, también persigue el puesto, por lo que Hillary sería un desempate que nadie podría reclamar, porque en derecho moral le gana a los dos.
Y un dato sospechoso: en una campaña en la que nunca se filtra nada, dos asesores de Obama se lo filtraron por separado a la veterana periodista de NBC Andrea Mitchell, y después al Washington Post. ¿Sondeando las aguas?
Fue anoche cuando por fin el matrimonio Obama tuvo la oportunidad de celebrar su victoria electoral, sin cámaras ni presiones.
Lo hicieron el sábado por la noche en Spiaggia, el mismo restaurante italiano de Chicago donde celebraron hace poco más de un mes el 16 aniversario de su boda. Para su primera aparición ante las cámaras después de las elecciones, cuando el viernes acudió con su marido a una reunión de padres de familia en el colegio de sus hijas, Michelle vistió una chaqueta sport y una gorra de béisbol, sin importarle su imagen para la posteridad. Para su marido el sábado por la noche dicen que llevaba un elegante abrigo hasta la rodilla y botas altas. Pasaron tres horas en la intimidad de las velas y volvieron a casa sobre las 11 de la noche.
Mañana lunes esta descendiente de esclavos que ganó becas para las mejores universidades del país (Princeton y Harvard) tomará el te con Laura Bush en la Casa Blanca para conocer su nuevo hogar. No será ni una dama florero como ella ni el dos por uno que supuso Hillary Clinton. Si la primera preocupación de su marido es paliar la crisis económica, la suya es la crianza de sus hijas Malia y Sasha, de 10 y 7 años respectivamente, a las que siempre ha tratado de educar como niñas responsables.
Las obligaba a hacerse la cama y a poner su propio despertador para ir a la escuela, algo que pretende hacer pese a que ahora vivirán en una masión de 132 habitaciones y 35 cuartos de baño, piscina, pistas de tenis, bolera, sala de cine e innumerables sirvientes.
Estas niñas a las que han tratado de mantener al margen de la campaña electoral tienen desde el martes por la noche su propio par de agentes de los servicios secretos que las siguen a todas partes. No las llevarán a un colegio público, como hiciera para dar ejemplo Jimmy Carter con su hija Amy, que tenía cinco años cuando su padre fue nombrado presidente. Las de Obama ya van a un colegio privado, y la experiencia de Carter demostró que en uno público destacaba tanto que no podía ser una niña normal (Amy ni siqueira podía salir al patio salir durante el recreo porque quedaba demasiado cerca de la calle). La mujer de Obama ya ha consultado telefónicamente con Hillary Clinton, que llevó a Chelsea a la Casa Blanca cuando ésta tenía 11 años. Paradójicamente a esa edad en la que disponía de cinco cocineros, se hizo vegetariana.
Michelle se ha involucrado a fondo en la campaña de su marido, en la que ha resultado más espontánea y pasional que él, pero se propuso no pasar fuera de casa más de tres noches a la semana y no perderse una sola sesión de baile o partido de sus hijas. Dicen que lo logró. Su plan es llevarse a Washington a su madre para que siga cuidando de ellas en sus forzadas ausencias, pero ésta es tan independiente como ella y quiere buscarse su propia casa.
Hay algo en Barack Obama que le distancia de los afroamericanos a ojos de sus compatriotas. Quizás su mitad de Kansas. Y sin embargo, en el rostro de Michelle y las niñas los negros ven “a real sister” y los blancos a una “angry woman”. En estos días en los que los asesores del nuevo presidente electo se confían con los medios ha salido a relucir que nunca pensaron que pudiera ganar las elecciones como un negro, sino como un tipo brillante que resultaba ser negro. Por eso evitaron hablar de la raza en todo momento (excepto cuando el reverendo Wright les obligó), y lograron que muchos millones de estadounidenses se olvidaran de su color de piel. Ese lapsus se acaba en cuanto aparece la foto de familia. De ahí que Michelle evite el protagonismo y deje hacer a su marido. Para empezar, ni siquiera tendrá despacho en el Ala Oeste, pero cuesta creer que una mujer tan capaz y apasionada como ella vaya a quedarse cruzada de brazos y no utilice su posición para sacar adelante algún proyecto de justicia social.
Si tuviera que hacer alguna apuesta, creo va a romper el molde de las primeras damas y crear un modelo propio de altruismo que vaya más allá de visitar hospitales y campos de refugiados. A caballo entre Lady Di y Angelina Jolie. A ver qué nos depara.
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Medio mundo todavía daba saltos de alegría celebrando la elección histórica del primer presidente afroamericano de EEUU cuando Barack Obama, un ser humano de carne y hueso, por mucho que hoy le pinten de sobrenatural, sólo pensaba en meterse en la cama.
La caravana blindada lo dejó en casa a la 1.43 minutos de la madrugada. Había prometido llevar a sus hijas al colegio a la mañana siguiente como un padre normal, pero se le pegaron las sábanas, así que su mujer decidió darle una tregua y llevarlas ella misma. A las 10.28 de la mañana salió por la puerta con una gorra de béisbol camino del gimnasio que hay en el edificio de su amigo Mike Signator, como si fuera un día más en su vida.
El deporte es su válvula de escape, y esa hora diaria que pasa con sus amigos en el gimnasio de los apartamentos Regent Park es su momento más memorable del día. Obama es un animal de costumbres muy disciplinado, por lo que ni siquiera el miércoles se pasó más de cinco minutos en su rutina habitual. La víspera, mientras aguardaba los resultados, había matado los nervios con un partido de baloncesto de dos horas que dejó a todo el equipo exhausto. Para Obama ese partido previo a la noche electoral es un ritual aprendido en las primarias que ha pasado a la categoría de superstición, así que no quiso correr ningún riesgo y apretó en el bolsillo los talismanes que le han ido dando en la campaña.
Un “pool” de prensa que los medios estadounidenses han bautizado como “protective pool” le sigue a todas partes, para que si un día aparece un francotirador en un tejado como en Dallas haya imágenes misteriosas que seguir estudiando en los próximos dos siglos. El coche blindado le dejó en el garaje subterráneo de los apartamentos Regent Park, y ahí fue cuando se giró momentáneamente hacia esos periodistas que en ausencia de noticias documentan los detalles más rutinarios de su vida.
- “Hola chicos, ¿habéis dormido algo?”, les preguntó
- “No mucho”, respondió el fotógrafo de AP Alex Brandon. Y aprovechando la cortesía para sacar algo de información que reportar, la periodista Deborah Charles le preguntó: “¿Y tú?
- “No tanto como hubiera querido”, admitió el nuevo presidente electo de EEUU
Duchado y trajeado, la esperanza negra se metió de nuevo en la furgoneta blindada y se dirigió al edificio de oficinas Ariel Investments, en el centro Aon de Chicago, donde pasó las siguientes seis horas confiriendo con sus asesores y agradeciendo por teléfono a todo el personal de su campaña a lo largo y ancho del país por haberle ayudado a lograr la victoria. Era un día de descanso para la mayoría, que se había desplomado tras ver cumplido el sueño por el que han trabajado sin descanso durante 21 meses de campaña, de modo que a las 5.36 de la tarde Obama entró por la puerta de casa, decidido a pasar un rato con sus hijas mientras todavía puedan disfrutar de la intimidad de su hogar en Hyde Park.
La vida tal como la conocen está a punto de cambiar radicalmente en la Casa Blanca, una jaula de oro llena de tensiones que condensa los problemas del mundo, donde estarán servidos por un ejército de cocineros y camareros que nunca han servido a una familia de color tras esos muros.
A Denver llegaron en furgonetas pintadas con signos de la paz y consignas antibélicas que parecían salidas de los años sesenta, como algunos de ellos. Pero la mayoría de los que hacían malabarismos en la calle 16 y repartían consignas reclamando la libertad y denunciando el uso de torturas en Guantánamo no tenían edad ni para haber ido al 40 aniversario de Woodstock. Quizás por eso despedían ese aire de ingenuidad que impregnaba el Civic Center Park, a los pies del Capitolio.


Denver resultó ser uno de esos extraños oasis de progresismo que a veces encuentra uno en la América Profunda, como es Austin para Texas. A los habitantes de esta ciudad al pie de las Montañas Rocosas les ofende que los visitantes lleguen a ella con el tópico del cowboy en la cabeza, pero no por eso dejaron de usarlo con los amables voluntarios que esperaban a los vistantes en el aeropuerto. "Questions? Ask me!", decía el cartel que portaban.

Preguntas, sí, todas, mi vida es un mar de dudas, pero las que esperaban recibir los voluntarios eran más del tipo de "dónde recojo mis maletas" y "cómo salgo de aquí". En lugar de eso Stranberg Russ decía que la que le hacían con más frecuencia es "¿dónde hay un Starbucks?", sonreía este simpático denveriano. "Y no lo entiendo, porque aquí tenemos Caribou y Seattle Best Coffe, que son muy buenos, pero todo el mundo llega buscando el Starbucks". Son las contradicciones de la industria, cuanto más te acercas a la cuna de los Starbucks más se difumina su poderío.
Curioso, hay un canal de energía que conecta a Denver con Seattle, Portland, Eugene y todo ese corredor progresista y ecológico del noroeste del país, por diferentes que sean sus paisajes y su enclave en el mapa. No sé si eran los carriles bicis que trazan líneas por toda la ciudad, los mercados de frutas y verduras ecológicas o el carácter amable de esta gente sincera que soportó divertida las interrupciones de tanto neohippie con una agenda variada.


Mat Ornstein, por ejemplo, marchaba con con la organizacion Iraq Veterans Against the War y un cartel que decía "Troops Out Now" (Sacad las tropas ya). "Ahora, no dentro de año y medio como promete Obama", aclaraba. Y es que entre este ala izquierdista de EEUU que tomó las calles de Denver había pocos devotos del candidato de los jóvenes que, en su búsqueda del centro, se les ha quedado demasiado a la derecha.
Que se lo digan si no a Traver Michaels, un cartero jubilado del área de la Bahia de San Francisco que vendía libros y carteles del Partido Comunista. Ser comunista en EEUU es mucho más transgresor que ser anarquista en España, y este hombre de 62 años ha vivido demasiadas cazas de brujas como para cortarse ahora. "No somos antiObama pero creemos que Obama no es la respuesta, nosotros estamos por un cambio de verdad, ¡para eso somos comunistas!", decía. "Los dos (McCain y Obama) van a ayudar al sistema, son parte de él. Las políticas las deciden otros, no fue el presidente quien decidió invadir Irak, sino los lobbies petroleros y todos los negocios que genera la guerra. Te pongo un ejemplo: Johnson ganó las elecciones como el candidato de la paz y sin embargo multiplicó por diez el número de tropas que teníamos en Vietnam, con él pasamos de 35.000 a 350.000. Mientras que Nixon, que era republicano, fue el que acabó con la guerra".

Traver había conducido 36 horas en su furgoneta hasta llegar a Denver, donde se estaba quedando con unos familiares. Matt, el veterano de Irak de 33 años, venía desde Chicago y pernoctaba con sus colegas semi uniformados en el suelo de una casa que le habían prestado. Al día siguiente pensaban marchar formalmente hasta la Convención Demócrata para entregar una carta a Obama, "pero al final la Policía nos va cortar el paso y muchos de nuestros miembros realizarán actos de desobediencia civil", anunció con seriedad. No llegó a tanto la cosa. Las jaulas del Pequeño Guantánamo que habían preparado las autoridades para encerrar a los manifestantes pasaron más de una noche con un solitario detenido. La mayoría pudo disfrutar de las fiestas que había por toda la ciudad, acudir al concierto de Rage Against The Machine en favor de Ralph Nader, codearse con Susan Sarandon, Spike Lee, Quentin Tarantino, Ben Affleck y ver cantar a la ObamaGirl en el Mercury Cafe.


De San Francisco venía Johny Nicholson, un músico bostoniano de 20 años que se balanceaba en una hamaca mientras daba de comer a las ardillas. Tan cautivadas las tenía con sus delicatessen que parecían ya perritos falderos, arrastrando la barriguilla blanca por el cesped mientras movían la cola. Su proclama, "Build bridges, no walls" (Construye puentes, no muros). El eslogan se puede aplicar a muchas fronteras del mundo, desde Palestina hasta Georgia, pero ellos se referían al muro que su gobierno está construyendo en la frontera con México. Animaban el movimiento imprimiendo carteles de la paz allí mismo. El eslogan hippie de "Haz el amor y no la guerra" se había transformado en este grupo como "Reprodúcete y Rebélate". Lo que priva es sacudir a la sociedad dormida de EEUU que permitió que George W. Bush saliera reelegido, después de engañar al mundo con las armas de destrucción masiva en Irak y mermar las libertades civiles con la excusa del 11-S.

¿Dónde quedó este mundo idílico cuando el centro de la atención política se desvió de Denver a St. Paul?


Los anarquistas llevaban un año preparando el "Comité de Recepción" a la Convención Republicana. El mismo tiempo que la policía llevaba siguiendo sus pasos, anunciados sin remilgos por todo el ciberespacio (www.nornc.org). El fin de semana pasado, antes incluso de que se inaugurase la gran fiesta republicana, el FBI cayó por sorpresa en las casas donde se habían concentrado entre St Paul y Mineápolis, las Ciudades Gemelas de Minesota. Pese a las decenas de cabecillas detenidos, al día siguiente 10.000 personas se manifestaron por los alrededores del Xcel Center donde se reunían los ricachones republicanos que iban a nombrar al sucesor de Bush. Los grupos de jóvenes enmascarados vestidos de negro que habían prometido "chocar" contra la fiesta republicana quemaron papeleras, pincharon ruedas y rompieron las mamparas de los comercios. Durante toda la semana han jugado al gato y al ratón por la ciudad. La policía los esperaba en cada esquina, bloqueaba las calles y cuando se le escapaba de las manos, se desquitaba horas después en los parques donde acampaban los chavales más pacíficos, esos que se empeñan en predicar contra la tortura y pedir que vuelvan las tropas a casa.


En este parque del Upper Landing, junto al Mississipi, dejaron atrás tiradas en el suelo las pancartas de protesta, las bicicletas amarradas junto a la barandilla del río y un montón de sueños rotos por cambiar el país. Esculcar entre justos y pecadores no era la labor de los agentes antidisturbios que vigilaban por tiera mar y aire con helicópteros y barcazas armadas de ametralladoras. En los autobuses de detenidos metieron también media docena de periodistas que estaban debidamente acreditados
Los anarquistas querían incluso "secuestrar" a los delegados republicanos. Los de Amnistía Internacional, convencerles de que entraran en su reproducción de una celda de Guantánamo que habían instalado junto al pabellón deportivo. Las mujeres de Code Pink que llegaron hasta el escenario vestidas de rosa, poner en entredicho la inconsistencia de su ideológía antiabortista con las políticas bélicas: "Sé pro-vida, Acaba con la guerra", decían cuando se las llevaron arrestadas. Me temo que ninguno pudo cambiar ni una sola mente de esa América patriota que en Minesota acabó con la hippilandia de Denver.

Sobre este blog
Nací un 4 de julio, como si el destino me hubiera ligado de antemano a EEUU. Salvo esa pista que a todo el mundo se le pasó por alto, nada en mi entorno de familia agrícola andaluza hacía prever que fuera a resultar un alma rebelde dispuesta a saltar del nido a los 16 años. Lo del periodismo no había que imaginárselo, a los 11 me diseñé mi primer periódico con pliegos que pedí en La Voz del Sur, un tubo de pegamento y una máquina de escribir. Desde entonces busco papel para narrar las historias humanas que me encuentro por los cuatro continentes, y este blog viene a resolverme el problema.
La ventaja de haber echado el ancla en Nueva York después de explorar Centroamérica es que el imperio no tiene límites. Así es como entra Irak en mi negociado, junto con todas las guerras habidas y por evitar en las que EEUU meta la mano. Mi lema es que no hay causa más perdida que la que no se intenta, y os prometo que eso me ha llevado más lejos que nada en mi vida. Os invito a que me acompañéis en mi recorrido por los caminos de la vida y la política.
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