Mercedes Gallego
La vida en Nueva York
Una imagen: los cientos de bolsitas de carbono activado que quedaron regadas por el suelo en los peldaños del Capitolio. Se llaman “hand warmers”, despiden calor durante horas cuando se sacuden al aire, y tienen la forma perfecta para introducir en los guantes y encajar en el hueco de la mano. Los que no usábamos ni guantes para poder tomar notas sólo podíamos mirarlas.
Un sonido: las sirenas de las ambulancias que evacuaban a la gente desmayada por hipotermia cuando se agotaron las plazas para atenderlos en los museos de los alrededores, cerrados para la ocasión.
Una pregunta: ¿Cómo diablos podía ir Obama en traje de chaqueta y su mujer con el abrigo abierto a seis grados bajo cero? Dicen que ahí arriba habían puesto calentadores de patio, y no se explica de otro modo.
Una escena: el júbilo de la multitud cuando vio pasar sobre sus cabezas el helicóptero en el que se fue Bush. Tengo amigos que han cubierto muchas transferencias de poder en la Casa Blanca y no recuerdan nada igual.
Un pecado: la envidia que me dio ver a Barack y Michelle intercambiar esas miradas de ternura y de complicidad en cada uno de los diez bailes por los que pasaron anoche, cada vez más enamorados después de tantos años juntos. No hay duda de que se adoran.
Un sueño: Un baño caliente y una cama mullida, por favor.
Fue anoche cuando por fin el matrimonio Obama tuvo la oportunidad de celebrar su victoria electoral, sin cámaras ni presiones.
Lo hicieron el sábado por la noche en Spiaggia, el mismo restaurante italiano de Chicago donde celebraron hace poco más de un mes el 16 aniversario de su boda. Para su primera aparición ante las cámaras después de las elecciones, cuando el viernes acudió con su marido a una reunión de padres de familia en el colegio de sus hijas, Michelle vistió una chaqueta sport y una gorra de béisbol, sin importarle su imagen para la posteridad. Para su marido el sábado por la noche dicen que llevaba un elegante abrigo hasta la rodilla y botas altas. Pasaron tres horas en la intimidad de las velas y volvieron a casa sobre las 11 de la noche.
Mañana lunes esta descendiente de esclavos que ganó becas para las mejores universidades del país (Princeton y Harvard) tomará el te con Laura Bush en la Casa Blanca para conocer su nuevo hogar. No será ni una dama florero como ella ni el dos por uno que supuso Hillary Clinton. Si la primera preocupación de su marido es paliar la crisis económica, la suya es la crianza de sus hijas Malia y Sasha, de 10 y 7 años respectivamente, a las que siempre ha tratado de educar como niñas responsables.
Las obligaba a hacerse la cama y a poner su propio despertador para ir a la escuela, algo que pretende hacer pese a que ahora vivirán en una masión de 132 habitaciones y 35 cuartos de baño, piscina, pistas de tenis, bolera, sala de cine e innumerables sirvientes.
Estas niñas a las que han tratado de mantener al margen de la campaña electoral tienen desde el martes por la noche su propio par de agentes de los servicios secretos que las siguen a todas partes. No las llevarán a un colegio público, como hiciera para dar ejemplo Jimmy Carter con su hija Amy, que tenía cinco años cuando su padre fue nombrado presidente. Las de Obama ya van a un colegio privado, y la experiencia de Carter demostró que en uno público destacaba tanto que no podía ser una niña normal (Amy ni siqueira podía salir al patio salir durante el recreo porque quedaba demasiado cerca de la calle). La mujer de Obama ya ha consultado telefónicamente con Hillary Clinton, que llevó a Chelsea a la Casa Blanca cuando ésta tenía 11 años. Paradójicamente a esa edad en la que disponía de cinco cocineros, se hizo vegetariana.
Michelle se ha involucrado a fondo en la campaña de su marido, en la que ha resultado más espontánea y pasional que él, pero se propuso no pasar fuera de casa más de tres noches a la semana y no perderse una sola sesión de baile o partido de sus hijas. Dicen que lo logró. Su plan es llevarse a Washington a su madre para que siga cuidando de ellas en sus forzadas ausencias, pero ésta es tan independiente como ella y quiere buscarse su propia casa.
Hay algo en Barack Obama que le distancia de los afroamericanos a ojos de sus compatriotas. Quizás su mitad de Kansas. Y sin embargo, en el rostro de Michelle y las niñas los negros ven “a real sister” y los blancos a una “angry woman”. En estos días en los que los asesores del nuevo presidente electo se confían con los medios ha salido a relucir que nunca pensaron que pudiera ganar las elecciones como un negro, sino como un tipo brillante que resultaba ser negro. Por eso evitaron hablar de la raza en todo momento (excepto cuando el reverendo Wright les obligó), y lograron que muchos millones de estadounidenses se olvidaran de su color de piel. Ese lapsus se acaba en cuanto aparece la foto de familia. De ahí que Michelle evite el protagonismo y deje hacer a su marido. Para empezar, ni siquiera tendrá despacho en el Ala Oeste, pero cuesta creer que una mujer tan capaz y apasionada como ella vaya a quedarse cruzada de brazos y no utilice su posición para sacar adelante algún proyecto de justicia social.
Si tuviera que hacer alguna apuesta, creo va a romper el molde de las primeras damas y crear un modelo propio de altruismo que vaya más allá de visitar hospitales y campos de refugiados. A caballo entre Lady Di y Angelina Jolie. A ver qué nos depara.
Un chucho en la Casa Blanca
Veinte minutos, nueve preguntas. Así de escueta fue la primera conferencia de prensa que dio Barack Obama tras las elecciones, pero ahora que ya no se juega su futuro con cada palabra por fin pudo relajarse.
La prensa que le ha seguido durante dos años asistió sorprendida a esa transformación del candidato cauto y distante en un hombre capaz de reírse hasta de sí mismo. Porque si bien es cierto que Nancy Reagan fue la primera de la que se burló distraidamente por sus “sesiones de espíritismo”, el major golpe lo tuvo consigo mismo al llamarse “chucho” cuando le preguntaron por el cachorrito que le prometió a sus hijas si ganaba las elecciones.
“Con respecto al perro, éste es el tema más importante”, bromeó. “Y creo que es el que más interés ha generado en nuestra página web. Tenemos dos criterios que necesitamos reconciliar”, observó. “Uno es que Malía es alérgica, así que tiene que ser hipoalergénico. Hay ciertas razas que lo son, pero por otro lado nuestra preferencia es que salga de un albergue para perros abandonados. Y resulta que, obviamente, muchos de los perros que encuentras en los albergues son chuchos, como yo. Así que este tema es de máxima presión en el hogar de los Obama”.
En este extraño universo cósmico de los simbolismos y las señales místicas que rodea siempre a Obama, coincide que el perro favorito de Bush había perdido la víspera los favores de la prensa. Un empleado de la Casa Blanca paseaba a Barney por los jardines cuando el periodista de Reuters Jon Decker pidió permiso para acariciarlo. Y sin previo aviso el terrier negro le asestó un ñasco que ha requerido médico y antibióticos (ejem, no he visto la herida, pero contextualicemos que los estadounidenses son un poco exagerados para estas cosas).
El caso es que ahora que Bush está en tiempo de descuento, los periodistas no ven la hora de que la mansión presidencial cambie al pura raza por el chucho, a ver si van mejor las cosas, porque por lo pronto las conferencias de prensa llevan el mismo patron: Obama salió con una lista de los periodistas que iba a llamar, y por mucho que uno alzara la mano no había oportunidad alguna. Sólo espero que no se dedique a buscar los más fáciles.
Sobre este blog
Nací un 4 de julio, como si el destino me hubiera ligado de antemano a EEUU. Salvo esa pista que a todo el mundo se le pasó por alto, nada en mi entorno de familia agrícola andaluza hacía prever que fuera a resultar un alma rebelde dispuesta a saltar del nido a los 16 años. Lo del periodismo no había que imaginárselo, a los 11 me diseñé mi primer periódico con pliegos que pedí en La Voz del Sur, un tubo de pegamento y una máquina de escribir. Desde entonces busco papel para narrar las historias humanas que me encuentro por los cuatro continentes, y este blog viene a resolverme el problema.
La ventaja de haber echado el ancla en Nueva York después de explorar Centroamérica es que el imperio no tiene límites. Así es como entra Irak en mi negociado, junto con todas las guerras habidas y por evitar en las que EEUU meta la mano. Mi lema es que no hay causa más perdida que la que no se intenta, y os prometo que eso me ha llevado más lejos que nada en mi vida. Os invito a que me acompañéis en mi recorrido por los caminos de la vida y la política.
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