Mercedes Gallego
La vida en Nueva York
A Denver llegaron en furgonetas pintadas con signos de la paz y consignas antibélicas que parecían salidas de los años sesenta, como algunos de ellos. Pero la mayoría de los que hacían malabarismos en la calle 16 y repartían consignas reclamando la libertad y denunciando el uso de torturas en Guantánamo no tenían edad ni para haber ido al 40 aniversario de Woodstock. Quizás por eso despedían ese aire de ingenuidad que impregnaba el Civic Center Park, a los pies del Capitolio.


Denver resultó ser uno de esos extraños oasis de progresismo que a veces encuentra uno en la América Profunda, como es Austin para Texas. A los habitantes de esta ciudad al pie de las Montañas Rocosas les ofende que los visitantes lleguen a ella con el tópico del cowboy en la cabeza, pero no por eso dejaron de usarlo con los amables voluntarios que esperaban a los vistantes en el aeropuerto. "Questions? Ask me!", decía el cartel que portaban.

Preguntas, sí, todas, mi vida es un mar de dudas, pero las que esperaban recibir los voluntarios eran más del tipo de "dónde recojo mis maletas" y "cómo salgo de aquí". En lugar de eso Stranberg Russ decía que la que le hacían con más frecuencia es "¿dónde hay un Starbucks?", sonreía este simpático denveriano. "Y no lo entiendo, porque aquí tenemos Caribou y Seattle Best Coffe, que son muy buenos, pero todo el mundo llega buscando el Starbucks". Son las contradicciones de la industria, cuanto más te acercas a la cuna de los Starbucks más se difumina su poderío.
Curioso, hay un canal de energía que conecta a Denver con Seattle, Portland, Eugene y todo ese corredor progresista y ecológico del noroeste del país, por diferentes que sean sus paisajes y su enclave en el mapa. No sé si eran los carriles bicis que trazan líneas por toda la ciudad, los mercados de frutas y verduras ecológicas o el carácter amable de esta gente sincera que soportó divertida las interrupciones de tanto neohippie con una agenda variada.


Mat Ornstein, por ejemplo, marchaba con con la organizacion Iraq Veterans Against the War y un cartel que decía "Troops Out Now" (Sacad las tropas ya). "Ahora, no dentro de año y medio como promete Obama", aclaraba. Y es que entre este ala izquierdista de EEUU que tomó las calles de Denver había pocos devotos del candidato de los jóvenes que, en su búsqueda del centro, se les ha quedado demasiado a la derecha.
Que se lo digan si no a Traver Michaels, un cartero jubilado del área de la Bahia de San Francisco que vendía libros y carteles del Partido Comunista. Ser comunista en EEUU es mucho más transgresor que ser anarquista en España, y este hombre de 62 años ha vivido demasiadas cazas de brujas como para cortarse ahora. "No somos antiObama pero creemos que Obama no es la respuesta, nosotros estamos por un cambio de verdad, ¡para eso somos comunistas!", decía. "Los dos (McCain y Obama) van a ayudar al sistema, son parte de él. Las políticas las deciden otros, no fue el presidente quien decidió invadir Irak, sino los lobbies petroleros y todos los negocios que genera la guerra. Te pongo un ejemplo: Johnson ganó las elecciones como el candidato de la paz y sin embargo multiplicó por diez el número de tropas que teníamos en Vietnam, con él pasamos de 35.000 a 350.000. Mientras que Nixon, que era republicano, fue el que acabó con la guerra".

Traver había conducido 36 horas en su furgoneta hasta llegar a Denver, donde se estaba quedando con unos familiares. Matt, el veterano de Irak de 33 años, venía desde Chicago y pernoctaba con sus colegas semi uniformados en el suelo de una casa que le habían prestado. Al día siguiente pensaban marchar formalmente hasta la Convención Demócrata para entregar una carta a Obama, "pero al final la Policía nos va cortar el paso y muchos de nuestros miembros realizarán actos de desobediencia civil", anunció con seriedad. No llegó a tanto la cosa. Las jaulas del Pequeño Guantánamo que habían preparado las autoridades para encerrar a los manifestantes pasaron más de una noche con un solitario detenido. La mayoría pudo disfrutar de las fiestas que había por toda la ciudad, acudir al concierto de Rage Against The Machine en favor de Ralph Nader, codearse con Susan Sarandon, Spike Lee, Quentin Tarantino, Ben Affleck y ver cantar a la ObamaGirl en el Mercury Cafe.


De San Francisco venía Johny Nicholson, un músico bostoniano de 20 años que se balanceaba en una hamaca mientras daba de comer a las ardillas. Tan cautivadas las tenía con sus delicatessen que parecían ya perritos falderos, arrastrando la barriguilla blanca por el cesped mientras movían la cola. Su proclama, "Build bridges, no walls" (Construye puentes, no muros). El eslogan se puede aplicar a muchas fronteras del mundo, desde Palestina hasta Georgia, pero ellos se referían al muro que su gobierno está construyendo en la frontera con México. Animaban el movimiento imprimiendo carteles de la paz allí mismo. El eslogan hippie de "Haz el amor y no la guerra" se había transformado en este grupo como "Reprodúcete y Rebélate". Lo que priva es sacudir a la sociedad dormida de EEUU que permitió que George W. Bush saliera reelegido, después de engañar al mundo con las armas de destrucción masiva en Irak y mermar las libertades civiles con la excusa del 11-S.

¿Dónde quedó este mundo idílico cuando el centro de la atención política se desvió de Denver a St. Paul?


Los anarquistas llevaban un año preparando el "Comité de Recepción" a la Convención Republicana. El mismo tiempo que la policía llevaba siguiendo sus pasos, anunciados sin remilgos por todo el ciberespacio (www.nornc.org). El fin de semana pasado, antes incluso de que se inaugurase la gran fiesta republicana, el FBI cayó por sorpresa en las casas donde se habían concentrado entre St Paul y Mineápolis, las Ciudades Gemelas de Minesota. Pese a las decenas de cabecillas detenidos, al día siguiente 10.000 personas se manifestaron por los alrededores del Xcel Center donde se reunían los ricachones republicanos que iban a nombrar al sucesor de Bush. Los grupos de jóvenes enmascarados vestidos de negro que habían prometido "chocar" contra la fiesta republicana quemaron papeleras, pincharon ruedas y rompieron las mamparas de los comercios. Durante toda la semana han jugado al gato y al ratón por la ciudad. La policía los esperaba en cada esquina, bloqueaba las calles y cuando se le escapaba de las manos, se desquitaba horas después en los parques donde acampaban los chavales más pacíficos, esos que se empeñan en predicar contra la tortura y pedir que vuelvan las tropas a casa.


En este parque del Upper Landing, junto al Mississipi, dejaron atrás tiradas en el suelo las pancartas de protesta, las bicicletas amarradas junto a la barandilla del río y un montón de sueños rotos por cambiar el país. Esculcar entre justos y pecadores no era la labor de los agentes antidisturbios que vigilaban por tiera mar y aire con helicópteros y barcazas armadas de ametralladoras. En los autobuses de detenidos metieron también media docena de periodistas que estaban debidamente acreditados
Los anarquistas querían incluso "secuestrar" a los delegados republicanos. Los de Amnistía Internacional, convencerles de que entraran en su reproducción de una celda de Guantánamo que habían instalado junto al pabellón deportivo. Las mujeres de Code Pink que llegaron hasta el escenario vestidas de rosa, poner en entredicho la inconsistencia de su ideológía antiabortista con las políticas bélicas: "Sé pro-vida, Acaba con la guerra", decían cuando se las llevaron arrestadas. Me temo que ninguno pudo cambiar ni una sola mente de esa América patriota que en Minesota acabó con la hippilandia de Denver.

Sobre este blog
Nací un 4 de julio, como si el destino me hubiera ligado de antemano a EEUU. Salvo esa pista que a todo el mundo se le pasó por alto, nada en mi entorno de familia agrícola andaluza hacía prever que fuera a resultar un alma rebelde dispuesta a saltar del nido a los 16 años. Lo del periodismo no había que imaginárselo, a los 11 me diseñé mi primer periódico con pliegos que pedí en La Voz del Sur, un tubo de pegamento y una máquina de escribir. Desde entonces busco papel para narrar las historias humanas que me encuentro por los cuatro continentes, y este blog viene a resolverme el problema.
La ventaja de haber echado el ancla en Nueva York después de explorar Centroamérica es que el imperio no tiene límites. Así es como entra Irak en mi negociado, junto con todas las guerras habidas y por evitar en las que EEUU meta la mano. Mi lema es que no hay causa más perdida que la que no se intenta, y os prometo que eso me ha llevado más lejos que nada en mi vida. Os invito a que me acompañéis en mi recorrido por los caminos de la vida y la política.
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