Mercedes Gallego

La vida en Nueva York

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Un chucho en la Casa Blanca

Veinte minutos, nueve preguntas. Así de escueta fue la primera conferencia de prensa que dio Barack Obama tras las elecciones, pero ahora que ya no se juega su futuro con cada palabra por fin pudo relajarse.

La prensa que le ha seguido durante dos años asistió sorprendida a esa transformación del candidato cauto y distante en un hombre capaz de reírse hasta de sí mismo. Porque si bien es cierto que Nancy Reagan fue la primera de la que se burló distraidamente por sus “sesiones de espíritismo”, el major golpe lo tuvo consigo mismo al llamarse “chucho” cuando le preguntaron por el cachorrito que le prometió a sus hijas si ganaba las elecciones.

“Con respecto al perro, éste es el tema más importante”, bromeó. “Y creo que es el que más interés ha generado en nuestra página web. Tenemos dos criterios que necesitamos reconciliar”, observó. “Uno es que Malía es alérgica, así que tiene que ser hipoalergénico. Hay ciertas razas que lo son, pero por otro lado nuestra preferencia es que salga de un albergue para perros abandonados. Y resulta que, obviamente, muchos de los perros que encuentras en los albergues son chuchos, como yo. Así que este tema es de máxima presión en el hogar de los Obama”.

En este extraño universo cósmico de los simbolismos y las señales místicas que rodea siempre a Obama, coincide que el perro favorito de Bush había perdido la víspera los favores de la prensa. Un empleado de la Casa Blanca paseaba a Barney por los jardines cuando el periodista de Reuters Jon Decker pidió permiso para acariciarlo. Y sin previo aviso el terrier negro le asestó un ñasco que ha requerido médico y antibióticos (ejem, no he visto la herida, pero contextualicemos que los estadounidenses son un poco exagerados para estas cosas).

El caso es que ahora que Bush está en tiempo de descuento, los periodistas no ven la hora de que la mansión presidencial cambie al pura raza por el chucho, a ver si van mejor las cosas, porque por lo pronto las conferencias de prensa llevan el mismo patron: Obama salió con una lista de los periodistas que iba a llamar, y por mucho que uno alzara la mano no había oportunidad alguna. Sólo espero que no se dedique a buscar los más fáciles.

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Medio mundo todavía daba saltos de alegría celebrando la elección histórica del primer presidente afroamericano de EEUU cuando Barack Obama, un ser humano de carne y hueso, por mucho que hoy le pinten de sobrenatural, sólo pensaba en meterse en la cama.

La caravana blindada lo dejó en casa a la 1.43 minutos de la madrugada. Había prometido llevar a sus hijas al colegio a la mañana siguiente como un padre normal, pero se le pegaron las sábanas, así que su mujer decidió darle una tregua y llevarlas ella misma. A las 10.28 de la mañana salió por la puerta con una gorra de béisbol camino del gimnasio que hay en el edificio de su amigo Mike Signator, como si fuera un día más en su vida.

El deporte es su válvula de escape, y esa hora diaria que pasa con sus amigos en el gimnasio de los apartamentos Regent Park es su momento más memorable del día. Obama es un animal de costumbres muy disciplinado, por lo que ni siquiera el miércoles se pasó más de cinco minutos en su rutina habitual. La víspera, mientras aguardaba los resultados, había matado los nervios con un partido de baloncesto de dos horas que dejó a todo el equipo exhausto. Para Obama ese partido previo a la noche electoral es un ritual aprendido en las primarias que ha pasado a la categoría de superstición, así que no quiso correr ningún riesgo y apretó en el bolsillo los talismanes que le han ido dando en la campaña.

Un “pool” de prensa que los medios estadounidenses han bautizado como “protective pool” le sigue a todas partes, para que si un día aparece un francotirador en un tejado como en Dallas haya imágenes misteriosas que seguir estudiando en los próximos dos siglos. El coche blindado le dejó en el garaje subterráneo de los apartamentos Regent Park, y ahí fue cuando se giró momentáneamente hacia esos periodistas que en ausencia de noticias documentan los detalles más rutinarios de su vida.

- “Hola chicos, ¿habéis dormido algo?”, les preguntó
- “No mucho”, respondió el fotógrafo de AP Alex Brandon. Y aprovechando la cortesía para sacar algo de información que reportar, la periodista Deborah Charles le preguntó: “¿Y tú?
- “No tanto como hubiera querido”, admitió el nuevo presidente electo de EEUU

Duchado y trajeado, la esperanza negra se metió de nuevo en la furgoneta blindada y se dirigió al edificio de oficinas Ariel Investments, en el centro Aon de Chicago, donde pasó las siguientes seis horas confiriendo con sus asesores y agradeciendo por teléfono a todo el personal de su campaña a lo largo y ancho del país por haberle ayudado a lograr la victoria. Era un día de descanso para la mayoría, que se había desplomado tras ver cumplido el sueño por el que han trabajado sin descanso durante 21 meses de campaña, de modo que a las 5.36 de la tarde Obama entró por la puerta de casa, decidido a pasar un rato con sus hijas mientras todavía puedan disfrutar de la intimidad de su hogar en Hyde Park.

La vida tal como la conocen está a punto de cambiar radicalmente en la Casa Blanca, una jaula de oro llena de tensiones que condensa los problemas del mundo, donde estarán servidos por un ejército de cocineros y camareros que nunca han servido a una familia de color tras esos muros.

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Millones de estadounidenses llegarán hoy hasta sus colegios electorales para encontrarse que no están en el censo electoral, lo que ha demostrado ser “el eslabón más débil de la democracia estadounidense”, según The New York Times.

La labor de crearlos y mantenerlos no está en manos de un organismo electoral central, como en España, sino en las de los funcionarios locales que, por la razones más peregrinas, algunas de buena fe y otras por pura alevosía, han eliminado a millones de personas sin previo aviso. A los que se encuentren frente a esta situación al final de la cola se les ofrecerá una papeleta provisional, “el talón de aquiles de nuestro proceso electoral”, según Los Angeles Times. Porque lo que no se imagina la mayoría es que al aceptarla su voto quedará a criterio del funcionario de turno, que diez días más tarde optará por tirarlo a la basura en un 34.5% de las veces (media nacional de las elecciones anteriores).

Si en el 2000 George W. Bush ganó Florida y con ello la Casa Blanca gracias a las papeletas mariposa, preñadas y colgantes, en el 2004 salió reelegido por culpa de las papeletas provisionales de Ohio. Su rival, John Kerry, perdió ese estado y con ello las elecciones por 118.000 votos, pero en Ohio 157.000 personas se vieron obligadas a aceptar papeletas provisionales, más que en ningún otro estado del país (1.9 millones de personas en todo EEUU).

Para estas elecciones en las que los expertos han predecido la tormenta perfecta por la avalancha de nuevos registrados y el aumento de la participación, el periódico neoyorquino tenía un llamado urgente en su editorial: “No voten con papeletas provisionales excepto como último recurso, ya que es más probable que no se cuenten”. Su consejo de emergencia era llamar a una de las muchas organizaciones que han dispuesto líneas telefónicas gratuitas y un ejército de abogados para pelear voto a voto a la democracia, e incluso ofrecía uno: 1-866-OUR VOTE.

La verdadera esperanza de los votantes estadounidenses es que uno de los dos candidatos gane holgadamente, porque si se estrechan los márgenes y hay que contar voto arriba o voto abajo, la democracia del país que más presume de ella hace aguas por los cuatro costados. Su equilibrio se basa en que nadie la cuestione, como pasa a menudo en los productos financieros, y ya se sabe cómo ha acabado eso.

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En 2004 las primeras encuestas a pie de urna daban a John Kerry como ganador de las elecciones, pero ya sabemos cómo acabó la noche electoral.

Y puesto que ni las últimas encuestas son de fiar, la revista The Economist ha decidido mirar a los astros para deducir las posibilidades de cada candidato. O más bien al horóscopo chino. Así es cómo han determinado que John McCain, nacido en el año de la rata, tiene más posibilidades de convertirse en el próximo presidente de EEUU. Resulta que hasta ahora la Casa Blanca ha estado llena de grandes ratas: George Washington, Franklin Pierce, Richard Nixon, Jimmy Carter y George Bush padre tenían eso en común. Los Bueyes, sin embargo, que es el signo de Obama, han tenido poco que hacer: Sólo dos ganaron el puesto en las urnas, Gerald Ford y y Warren Harding, porque el tercer presidente buey se hizo con el cargo tras el asesinato de una rata, James Garfield.

Y mirando el pasado chino de los inquilinos de la Casa Blanca uno no puede dejar de maravillarse ante la coincidencia de que sean las ratas, los cerdos y las serpientes los que más abunden.

Pero ya puestos a elegir métodos nada científicos, el diario bimensual de Nuevo México "Sun News" ha decidido guiarse por la intuición, o más bien por lo que en inglés llaman "wishful thinking". Forzado a imprimir su edición de los próximos dos meses antes de que se sepa el resultado, el consejo editorial ha meditado concienzudamente el siguiente titular de portada: "Obama wins!". El periódico explica detalladamente su apuesta con unas gotas de humor y un llamado cívico a la participación para que todos sus lectores voten "incluso si ya os hemos arruinado el final", bromea.

Si acierta podrá apuntarse el tanto de haber sido el primero en dar la noticia, y si se equivoca los ejemplares de esa edición se convertirán en caldo de coleccionistas. Como esa primera edición de El País hace cuatro años en la que se hizo a Kerry presidente de EEUU. Gajes de querer ser el primero.

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Mañana martes toca darle la vuelta a reloj de arena y empezar la cuenta atrás de unas elecciones históricas: Dos semanas y tendremos un nuevo presidente de EEUU.

Ejem, cruzamos los dedos, quiero decir. A ningún periodista que lo viviese se le ha olvidado la pesadilla de Florida 2000. Llegamos a las elecciones del 7 de noviembre con la lengua fuera y empalmamos la noche en vela con otro día frenético y los pelos de punta, sin acabar de creernos que por primera vez en la historia este país había transformado sus elecciones en las de una república bananera peleándose por los votos. Durante más de un mes tuvimos el acelerador pisado con cada giro legal, cambiando la edición cuatro veces al día, dispuestos a poner un día más toda la carne en el asador, y para cuando al fin se cerró el caso era ya 12 de diciembre. Más de uno estaba ya de camisa de fuerzas, incluyendo a la presente. Para qué hablar de todos aquellos periodistas que ya tenían comprado los billetes de avión y la reseva de hotel para unas merecidas vacaciones que no llegaron hasta Navidad, y no sé de nadie a quien su empresa le reembolsara el billete.

A la pesadilla electoral de este año se le suma la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, así que como repitamos la turbulencia electoral no sé qué va a quedar de mí. Perdonadme, pero en estas dos semanas no habrá tiempo de escribir la historias más elaboradas con las que he querido nutrir este blog. Y como tampoco quiero dejaros sin unas tomas en corto de la campaña, vamos a cambiar de estilo. Pinceladas breves, impresiones en bruto, y material directamente del campo de batalla para que sigáis el melodrama más allá de las noticias.

Hoy os paso un comentario que me mandó un amigo, cámara de una televisión estadounidense que cubre la campaña de Obama desde principios de año

"Hoy ha sido impresionante, especialmente para Missouri: más de 100.000 personas en St Louis y 75.000 en Kansas City. Con todo, la imagen que se me ha quedado grabada es la de unos manifestantes a las afueras del mítin en Kansas City que llevaban carteles impresos de forma muy profesional. En uno se leía: "Dios odia a Obama". En el otro "Dios odia a Biden". Es el tipo de extremismo que me preocupa, porque desafía la razón y es muy peligroso. Me inquieta la seguridad de Obama. Hay demasiados locos ahí fuera".

Cada día más, añadiría yo. A medida que Obama le ha sacado ventaja a McCain en las encuestas ha aumentado el fanatismo. Esos que no soportan la idea de ver a "un negro" en la Casa Blanca, que lo llaman "socialista" o "pecador", como en este caso. Esos que creen que es un musulmán encubierto que va a destruir al país desde adentro. Todos esos empiezan a sentirse atrapados y no sería de extrañar que alguno se crea conminado a "salvar" a su país de este "apocalípsis".

Cabe decir que Missouri y Kansas son conocidos por formar el llamado "Cinturón de la Biblia", allí donde las megaiglesias evangelistas más radicales hicieron de la lucha contra el aborto su bandera para acabar con Sodoma y Gomorra. Para que os hagáis una idea del mérito que tiene el resurgir de Obama en estos estados os dejo a pie de página el vídeo de una entrevista con una de las mujeres que portaban las pancartas que mencionaba mi amigo.

La "profeta" a la que Dios puso "en esta tierra maldita" desprende odio por cada poro de su cuerpo, lo mismo que Dios, dice ella, y si no que se lo pregunten "a los trillones de pecadores que arden en el infierno". Como lo harán Obama y Biden por "enseñar a EEUU a pecar", por "condonar la homosexualidad" y defender el derecho de las mujeres a interrumpir su embarazo.

Con ese odio bíblico amenaza prácticamente con las siete plagas, y le carga a Dios la responsabilidad de todos los males de nuestra sociedad, porque Dios "va a destruir a este país de pecadores", amenaza, y ya lo está haciendo: "¿Estás ciego o qué?, le dice al periodista. "¡Lee mis labios!: soldados muertos en pedacitos que llegan a casa en bolsas de cadáveres, inundaciones, hambruna, la economía destruida, falsos políticos diciéndote lo que quieres oír, divorcios y recasamientos. ¿Que más necesitas ver?", pregunta airada la feligresa baptista que clama haber sido elegida por Dios. "Pasa la voz, maldito desagradecido: Dios odia a Obama. Sigues vivo, todavía te puedes arrepentir, estás escuchando la voz del profeta. Cuando tu altísimo predicador Barack Obama y su puto gamberro Biden sean elegidos van a hacer todo lo que puedan para eliminar a los profetas de la Tierra, y entonces va a ser demasiado tarde para vosotros, tontos, malditos y pervertidos americanos. El advenimiento de Jesucrito se acerca. ¡Obedece!".

Y yo, que anoche fui a ver la última película de Oliver Stone, "W", no puedo por menos que preguntarme: ¿Será el mismo Dios que encomendó a George W. Bush la misión de ser presidente? ¿Ése que según Sarah Palin les ha encomendado la tarea de invadir Irak? Entonces no es de extrañar que odie a Obama.

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Sobre este blog

Nací un 4 de julio, como si el destino me hubiera ligado de antemano a EEUU. Salvo esa pista que a todo el mundo se le pasó por alto, nada en mi entorno de familia agrícola andaluza hacía prever que fuera a resultar un alma rebelde dispuesta a saltar del nido a los 16 años. Lo del periodismo no había que imaginárselo, a los 11 me diseñé mi primer periódico con pliegos que pedí en La Voz del Sur, un tubo de pegamento y una máquina de escribir. Desde entonces busco papel para narrar las historias humanas que me encuentro por los cuatro continentes, y este blog viene a resolverme el problema.

La ventaja de haber echado el ancla en Nueva York después de explorar Centroamérica es que el imperio no tiene límites. Así es como entra Irak en mi negociado, junto con todas las guerras habidas y por evitar en las que EEUU meta la mano. Mi lema es que no hay causa más perdida que la que no se intenta, y os prometo que eso me ha llevado más lejos que nada en mi vida. Os invito a que me acompañéis en mi recorrido por los caminos de la vida y la política.

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