Mercedes Gallego
La vida en Nueva York
Justo cuando creíamos que Obama había superado el drama de las primarias, reaparece Hillay Clinton, ¡como posible secretaria de Estado!
Ver para creer. No porque sus seguidores no hubieran sugerido su nombre, sino porque su escudero Terry McAuliffle aseguró tajante durante la convención demócrata a cuantos le quisieron oír que "Hillary Clinton sólo puede ser presidenta, vicepresidenta o senadora". Claro que antes de anunciar su candidatura presidencial ella misma juró por activa y por pasiva que no tenía ningún interés en presentarse a las elecciones.
Pero lo más irritante es que era precisamente la política exterior lo que más distanciaba a ambos candidatos. Los Clintos apedrearon a Obama por mostrarse dispuesto a dialogar con sus enemigos, mientras que Hillary quería ser tan dura que a veces no se la diferenciaba de Bush. Como cuando amenazaba gratuitamente sin previa provocación con "borrar a Irán de la faz de la tierra" si se atrevía a tocar a Israel.
Nunca olvidaré que hace dos veranos, cuando el país hebreo bombardeó durante más de un mes a civiles inocentes en Líbano para torcer el brazo a Hezbolá, Hillary Clinton encabezaba las manifestaciones de apoyo a Israel frente a la ONU con las que los lobbies judíos contrarrestaban las protestas por el bombardeo. Según Unicef, el 30% de las víctimas de ese ataque que defendía la exprimera dama fueron niños menores de 13 años.
Obama, que compartió piso durante sus años de estudiante con un pakistaní y cuenta entre sus amigos de la Universidad de Chicago con mediadores del conflicto palestino, apoya a Israel con un argumento más armonioso: Que la paz es la mejor manera de ayudar al país judío.
Es sólo uno de los muchos ejemplos en los que se distanciaban ambos candidatos, incluyendo la retirada de las tropas de Irak, que en la agenda de Obama era mucho más tajante. Nombrar a Hillary Clinton como su representante diplomática, después de haberla pasado por alto como vicepresidenta, sería una traición a sus principios y a las esperanzas de sus votantes, que tampoco cicatrizaría las heridas de las feministas ofendidas, porque éste sería un premio menor en comparación a lo que creen que merecía su heroína.
Además de un desaire a la comunidad hispana que le dio la victoria en Nevada, Nuevo México, Colorado y Florida, cuatro estados que en 2004 ganase Bush. Sus líderes presionan para que el cargo de secretario de Estado vaya a manos de Bill Richardson, al que también pasó por alto para la vicepresidencia, y cuya experiencia como mediador internacional y embajador en la ONU se suman a su carácter abierto y bonachón. Claro que John Kerry, a quien tanto le debe, también persigue el puesto, por lo que Hillary sería un desempate que nadie podría reclamar, porque en derecho moral le gana a los dos.
Y un dato sospechoso: en una campaña en la que nunca se filtra nada, dos asesores de Obama se lo filtraron por separado a la veterana periodista de NBC Andrea Mitchell, y después al Washington Post. ¿Sondeando las aguas?
Fue anoche cuando por fin el matrimonio Obama tuvo la oportunidad de celebrar su victoria electoral, sin cámaras ni presiones.
Lo hicieron el sábado por la noche en Spiaggia, el mismo restaurante italiano de Chicago donde celebraron hace poco más de un mes el 16 aniversario de su boda. Para su primera aparición ante las cámaras después de las elecciones, cuando el viernes acudió con su marido a una reunión de padres de familia en el colegio de sus hijas, Michelle vistió una chaqueta sport y una gorra de béisbol, sin importarle su imagen para la posteridad. Para su marido el sábado por la noche dicen que llevaba un elegante abrigo hasta la rodilla y botas altas. Pasaron tres horas en la intimidad de las velas y volvieron a casa sobre las 11 de la noche.
Mañana lunes esta descendiente de esclavos que ganó becas para las mejores universidades del país (Princeton y Harvard) tomará el te con Laura Bush en la Casa Blanca para conocer su nuevo hogar. No será ni una dama florero como ella ni el dos por uno que supuso Hillary Clinton. Si la primera preocupación de su marido es paliar la crisis económica, la suya es la crianza de sus hijas Malia y Sasha, de 10 y 7 años respectivamente, a las que siempre ha tratado de educar como niñas responsables.
Las obligaba a hacerse la cama y a poner su propio despertador para ir a la escuela, algo que pretende hacer pese a que ahora vivirán en una masión de 132 habitaciones y 35 cuartos de baño, piscina, pistas de tenis, bolera, sala de cine e innumerables sirvientes.
Estas niñas a las que han tratado de mantener al margen de la campaña electoral tienen desde el martes por la noche su propio par de agentes de los servicios secretos que las siguen a todas partes. No las llevarán a un colegio público, como hiciera para dar ejemplo Jimmy Carter con su hija Amy, que tenía cinco años cuando su padre fue nombrado presidente. Las de Obama ya van a un colegio privado, y la experiencia de Carter demostró que en uno público destacaba tanto que no podía ser una niña normal (Amy ni siqueira podía salir al patio salir durante el recreo porque quedaba demasiado cerca de la calle). La mujer de Obama ya ha consultado telefónicamente con Hillary Clinton, que llevó a Chelsea a la Casa Blanca cuando ésta tenía 11 años. Paradójicamente a esa edad en la que disponía de cinco cocineros, se hizo vegetariana.
Michelle se ha involucrado a fondo en la campaña de su marido, en la que ha resultado más espontánea y pasional que él, pero se propuso no pasar fuera de casa más de tres noches a la semana y no perderse una sola sesión de baile o partido de sus hijas. Dicen que lo logró. Su plan es llevarse a Washington a su madre para que siga cuidando de ellas en sus forzadas ausencias, pero ésta es tan independiente como ella y quiere buscarse su propia casa.
Hay algo en Barack Obama que le distancia de los afroamericanos a ojos de sus compatriotas. Quizás su mitad de Kansas. Y sin embargo, en el rostro de Michelle y las niñas los negros ven “a real sister” y los blancos a una “angry woman”. En estos días en los que los asesores del nuevo presidente electo se confían con los medios ha salido a relucir que nunca pensaron que pudiera ganar las elecciones como un negro, sino como un tipo brillante que resultaba ser negro. Por eso evitaron hablar de la raza en todo momento (excepto cuando el reverendo Wright les obligó), y lograron que muchos millones de estadounidenses se olvidaran de su color de piel. Ese lapsus se acaba en cuanto aparece la foto de familia. De ahí que Michelle evite el protagonismo y deje hacer a su marido. Para empezar, ni siquiera tendrá despacho en el Ala Oeste, pero cuesta creer que una mujer tan capaz y apasionada como ella vaya a quedarse cruzada de brazos y no utilice su posición para sacar adelante algún proyecto de justicia social.
Si tuviera que hacer alguna apuesta, creo va a romper el molde de las primeras damas y crear un modelo propio de altruismo que vaya más allá de visitar hospitales y campos de refugiados. A caballo entre Lady Di y Angelina Jolie. A ver qué nos depara.
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Un chucho en la Casa Blanca
Veinte minutos, nueve preguntas. Así de escueta fue la primera conferencia de prensa que dio Barack Obama tras las elecciones, pero ahora que ya no se juega su futuro con cada palabra por fin pudo relajarse.
La prensa que le ha seguido durante dos años asistió sorprendida a esa transformación del candidato cauto y distante en un hombre capaz de reírse hasta de sí mismo. Porque si bien es cierto que Nancy Reagan fue la primera de la que se burló distraidamente por sus “sesiones de espíritismo”, el major golpe lo tuvo consigo mismo al llamarse “chucho” cuando le preguntaron por el cachorrito que le prometió a sus hijas si ganaba las elecciones.
“Con respecto al perro, éste es el tema más importante”, bromeó. “Y creo que es el que más interés ha generado en nuestra página web. Tenemos dos criterios que necesitamos reconciliar”, observó. “Uno es que Malía es alérgica, así que tiene que ser hipoalergénico. Hay ciertas razas que lo son, pero por otro lado nuestra preferencia es que salga de un albergue para perros abandonados. Y resulta que, obviamente, muchos de los perros que encuentras en los albergues son chuchos, como yo. Así que este tema es de máxima presión en el hogar de los Obama”.
En este extraño universo cósmico de los simbolismos y las señales místicas que rodea siempre a Obama, coincide que el perro favorito de Bush había perdido la víspera los favores de la prensa. Un empleado de la Casa Blanca paseaba a Barney por los jardines cuando el periodista de Reuters Jon Decker pidió permiso para acariciarlo. Y sin previo aviso el terrier negro le asestó un ñasco que ha requerido médico y antibióticos (ejem, no he visto la herida, pero contextualicemos que los estadounidenses son un poco exagerados para estas cosas).
El caso es que ahora que Bush está en tiempo de descuento, los periodistas no ven la hora de que la mansión presidencial cambie al pura raza por el chucho, a ver si van mejor las cosas, porque por lo pronto las conferencias de prensa llevan el mismo patron: Obama salió con una lista de los periodistas que iba a llamar, y por mucho que uno alzara la mano no había oportunidad alguna. Sólo espero que no se dedique a buscar los más fáciles.
Medio mundo todavía daba saltos de alegría celebrando la elección histórica del primer presidente afroamericano de EEUU cuando Barack Obama, un ser humano de carne y hueso, por mucho que hoy le pinten de sobrenatural, sólo pensaba en meterse en la cama.
La caravana blindada lo dejó en casa a la 1.43 minutos de la madrugada. Había prometido llevar a sus hijas al colegio a la mañana siguiente como un padre normal, pero se le pegaron las sábanas, así que su mujer decidió darle una tregua y llevarlas ella misma. A las 10.28 de la mañana salió por la puerta con una gorra de béisbol camino del gimnasio que hay en el edificio de su amigo Mike Signator, como si fuera un día más en su vida.
El deporte es su válvula de escape, y esa hora diaria que pasa con sus amigos en el gimnasio de los apartamentos Regent Park es su momento más memorable del día. Obama es un animal de costumbres muy disciplinado, por lo que ni siquiera el miércoles se pasó más de cinco minutos en su rutina habitual. La víspera, mientras aguardaba los resultados, había matado los nervios con un partido de baloncesto de dos horas que dejó a todo el equipo exhausto. Para Obama ese partido previo a la noche electoral es un ritual aprendido en las primarias que ha pasado a la categoría de superstición, así que no quiso correr ningún riesgo y apretó en el bolsillo los talismanes que le han ido dando en la campaña.
Un “pool” de prensa que los medios estadounidenses han bautizado como “protective pool” le sigue a todas partes, para que si un día aparece un francotirador en un tejado como en Dallas haya imágenes misteriosas que seguir estudiando en los próximos dos siglos. El coche blindado le dejó en el garaje subterráneo de los apartamentos Regent Park, y ahí fue cuando se giró momentáneamente hacia esos periodistas que en ausencia de noticias documentan los detalles más rutinarios de su vida.
- “Hola chicos, ¿habéis dormido algo?”, les preguntó
- “No mucho”, respondió el fotógrafo de AP Alex Brandon. Y aprovechando la cortesía para sacar algo de información que reportar, la periodista Deborah Charles le preguntó: “¿Y tú?
- “No tanto como hubiera querido”, admitió el nuevo presidente electo de EEUU
Duchado y trajeado, la esperanza negra se metió de nuevo en la furgoneta blindada y se dirigió al edificio de oficinas Ariel Investments, en el centro Aon de Chicago, donde pasó las siguientes seis horas confiriendo con sus asesores y agradeciendo por teléfono a todo el personal de su campaña a lo largo y ancho del país por haberle ayudado a lograr la victoria. Era un día de descanso para la mayoría, que se había desplomado tras ver cumplido el sueño por el que han trabajado sin descanso durante 21 meses de campaña, de modo que a las 5.36 de la tarde Obama entró por la puerta de casa, decidido a pasar un rato con sus hijas mientras todavía puedan disfrutar de la intimidad de su hogar en Hyde Park.
La vida tal como la conocen está a punto de cambiar radicalmente en la Casa Blanca, una jaula de oro llena de tensiones que condensa los problemas del mundo, donde estarán servidos por un ejército de cocineros y camareros que nunca han servido a una familia de color tras esos muros.
Millones de estadounidenses llegarán hoy hasta sus colegios electorales para encontrarse que no están en el censo electoral, lo que ha demostrado ser “el eslabón más débil de la democracia estadounidense”, según The New York Times.
La labor de crearlos y mantenerlos no está en manos de un organismo electoral central, como en España, sino en las de los funcionarios locales que, por la razones más peregrinas, algunas de buena fe y otras por pura alevosía, han eliminado a millones de personas sin previo aviso. A los que se encuentren frente a esta situación al final de la cola se les ofrecerá una papeleta provisional, “el talón de aquiles de nuestro proceso electoral”, según Los Angeles Times. Porque lo que no se imagina la mayoría es que al aceptarla su voto quedará a criterio del funcionario de turno, que diez días más tarde optará por tirarlo a la basura en un 34.5% de las veces (media nacional de las elecciones anteriores).
Si en el 2000 George W. Bush ganó Florida y con ello la Casa Blanca gracias a las papeletas mariposa, preñadas y colgantes, en el 2004 salió reelegido por culpa de las papeletas provisionales de Ohio. Su rival, John Kerry, perdió ese estado y con ello las elecciones por 118.000 votos, pero en Ohio 157.000 personas se vieron obligadas a aceptar papeletas provisionales, más que en ningún otro estado del país (1.9 millones de personas en todo EEUU).
Para estas elecciones en las que los expertos han predecido la tormenta perfecta por la avalancha de nuevos registrados y el aumento de la participación, el periódico neoyorquino tenía un llamado urgente en su editorial: “No voten con papeletas provisionales excepto como último recurso, ya que es más probable que no se cuenten”. Su consejo de emergencia era llamar a una de las muchas organizaciones que han dispuesto líneas telefónicas gratuitas y un ejército de abogados para pelear voto a voto a la democracia, e incluso ofrecía uno: 1-866-OUR VOTE.
La verdadera esperanza de los votantes estadounidenses es que uno de los dos candidatos gane holgadamente, porque si se estrechan los márgenes y hay que contar voto arriba o voto abajo, la democracia del país que más presume de ella hace aguas por los cuatro costados. Su equilibrio se basa en que nadie la cuestione, como pasa a menudo en los productos financieros, y ya se sabe cómo ha acabado eso.
En 2004 las primeras encuestas a pie de urna daban a John Kerry como ganador de las elecciones, pero ya sabemos cómo acabó la noche electoral.
Y puesto que ni las últimas encuestas son de fiar, la revista The Economist ha decidido mirar a los astros para deducir las posibilidades de cada candidato. O más bien al horóscopo chino. Así es cómo han determinado que John McCain, nacido en el año de la rata, tiene más posibilidades de convertirse en el próximo presidente de EEUU. Resulta que hasta ahora la Casa Blanca ha estado llena de grandes ratas: George Washington, Franklin Pierce, Richard Nixon, Jimmy Carter y George Bush padre tenían eso en común. Los Bueyes, sin embargo, que es el signo de Obama, han tenido poco que hacer: Sólo dos ganaron el puesto en las urnas, Gerald Ford y y Warren Harding, porque el tercer presidente buey se hizo con el cargo tras el asesinato de una rata, James Garfield.
Y mirando el pasado chino de los inquilinos de la Casa Blanca uno no puede dejar de maravillarse ante la coincidencia de que sean las ratas, los cerdos y las serpientes los que más abunden.
Pero ya puestos a elegir métodos nada científicos, el diario bimensual de Nuevo México "Sun News" ha decidido guiarse por la intuición, o más bien por lo que en inglés llaman "wishful thinking". Forzado a imprimir su edición de los próximos dos meses antes de que se sepa el resultado, el consejo editorial ha meditado concienzudamente el siguiente titular de portada: "Obama wins!". El periódico explica detalladamente su apuesta con unas gotas de humor y un llamado cívico a la participación para que todos sus lectores voten "incluso si ya os hemos arruinado el final", bromea.
Si acierta podrá apuntarse el tanto de haber sido el primero en dar la noticia, y si se equivoca los ejemplares de esa edición se convertirán en caldo de coleccionistas. Como esa primera edición de El País hace cuatro años en la que se hizo a Kerry presidente de EEUU. Gajes de querer ser el primero.

¡Una semana! Dentro de poco los que se hayan vuelto adictos a la política americana con estas elecciones tendrán que buscarse otro docudrama, y a los que les salga por las orejas podrán descansar.
Por mi parte he intentado encontrar alguna contraparte de fanáticos demócratas contra McCain para contentar a aquéllos que me tachan de sectaria, pero "amigos míos", que diría McCain, no es fácil. Está claro que la desesperación en esta campaña está del lado republicano.
Con Ashley Todd creí haber dado con un buen caso que satisfacería a mis lectores más fachas cuando apareció en las noticias Ashley Todd. La estudiante texana de 20 años que trabaja de voluntaria en la campaña de McCain denunció haber sido asaltada en un cajero, y cuando el asaltante -negro, claro está- vio que llevaba un cartel de McCain-Palin le dio una paliza y le grabó a punta de navaja una "B" de Barack Obama en la mejilla. O eso dijo ella. Yo estaba lista para daros la contraparte del fanatismo cuando los propios blog conservadores tuvieron que dar marcha atrás: "She made it all up!", clamó Drudgereport en su portada (Se lo inventó todo).
Y así es como nos quedamos sin historia. No por mucho tiempo, claro. La última de quienes van perdiendo en las encuestas sale de Pensilvania, donde se ha llevado formalmente a Obama a los tribunales por "keniata". Y es que según la Constitución de EEUU para ser presidente es obligatorio haber nacido en territorio estadounidense, por lo que si Obama hubiera nacido en Kenia eso le resolvería la presidencia a McCain sin necesidad de contar un solo voto. McCain, por cierto, nació en el canal de Panamá, pero como fue en una base militar de EEUU no hay problema.
Así que los "Demócratas por McCain" de Pensilvania han llevado el caso a los tribunales exigiendo al senador de Illionis que presente su certificado de nacimiento. Como sus abogados parecen estar demasiado ocupados preparándose para la tormenta legal que caerá el día de las elecciones, la teoría de la conspiración sigue creciendo.
Muchos aseguran con una certeza demencial que Obama voló el jueves a Hawai para destruir el certificado de nacimiento que probaría que no puede ser presidente. Y ayer en Scranton había quien prácticamente aseguraba que si la abuela del candiato está al borde de la muerte es porque Obama quiere hacer desaparecer a la única testigo de su falso nacimiento en Hawai.
Para el que quiera seguirle la pista, la demanda sale del exfiscal adjunto de Pensilvania Philip J. Berg, uno de los "expertos" en los que se ha apoyado el grupo "9/11 For the Truth" para impulsar la teoría de que las Torres Gemelas fueron dinamitadas desde dentro. Ejem, sin palabras.
Mañana martes toca darle la vuelta a reloj de arena y empezar la cuenta atrás de unas elecciones históricas: Dos semanas y tendremos un nuevo presidente de EEUU.
Ejem, cruzamos los dedos, quiero decir. A ningún periodista que lo viviese se le ha olvidado la pesadilla de Florida 2000. Llegamos a las elecciones del 7 de noviembre con la lengua fuera y empalmamos la noche en vela con otro día frenético y los pelos de punta, sin acabar de creernos que por primera vez en la historia este país había transformado sus elecciones en las de una república bananera peleándose por los votos. Durante más de un mes tuvimos el acelerador pisado con cada giro legal, cambiando la edición cuatro veces al día, dispuestos a poner un día más toda la carne en el asador, y para cuando al fin se cerró el caso era ya 12 de diciembre. Más de uno estaba ya de camisa de fuerzas, incluyendo a la presente. Para qué hablar de todos aquellos periodistas que ya tenían comprado los billetes de avión y la reseva de hotel para unas merecidas vacaciones que no llegaron hasta Navidad, y no sé de nadie a quien su empresa le reembolsara el billete.
A la pesadilla electoral de este año se le suma la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, así que como repitamos la turbulencia electoral no sé qué va a quedar de mí. Perdonadme, pero en estas dos semanas no habrá tiempo de escribir la historias más elaboradas con las que he querido nutrir este blog. Y como tampoco quiero dejaros sin unas tomas en corto de la campaña, vamos a cambiar de estilo. Pinceladas breves, impresiones en bruto, y material directamente del campo de batalla para que sigáis el melodrama más allá de las noticias.
Hoy os paso un comentario que me mandó un amigo, cámara de una televisión estadounidense que cubre la campaña de Obama desde principios de año
"Hoy ha sido impresionante, especialmente para Missouri: más de 100.000 personas en St Louis y 75.000 en Kansas City. Con todo, la imagen que se me ha quedado grabada es la de unos manifestantes a las afueras del mítin en Kansas City que llevaban carteles impresos de forma muy profesional. En uno se leía: "Dios odia a Obama". En el otro "Dios odia a Biden". Es el tipo de extremismo que me preocupa, porque desafía la razón y es muy peligroso. Me inquieta la seguridad de Obama. Hay demasiados locos ahí fuera".
Cada día más, añadiría yo. A medida que Obama le ha sacado ventaja a McCain en las encuestas ha aumentado el fanatismo. Esos que no soportan la idea de ver a "un negro" en la Casa Blanca, que lo llaman "socialista" o "pecador", como en este caso. Esos que creen que es un musulmán encubierto que va a destruir al país desde adentro. Todos esos empiezan a sentirse atrapados y no sería de extrañar que alguno se crea conminado a "salvar" a su país de este "apocalípsis".
Cabe decir que Missouri y Kansas son conocidos por formar el llamado "Cinturón de la Biblia", allí donde las megaiglesias evangelistas más radicales hicieron de la lucha contra el aborto su bandera para acabar con Sodoma y Gomorra. Para que os hagáis una idea del mérito que tiene el resurgir de Obama en estos estados os dejo a pie de página el vídeo de una entrevista con una de las mujeres que portaban las pancartas que mencionaba mi amigo.
La "profeta" a la que Dios puso "en esta tierra maldita" desprende odio por cada poro de su cuerpo, lo mismo que Dios, dice ella, y si no que se lo pregunten "a los trillones de pecadores que arden en el infierno". Como lo harán Obama y Biden por "enseñar a EEUU a pecar", por "condonar la homosexualidad" y defender el derecho de las mujeres a interrumpir su embarazo.
Con ese odio bíblico amenaza prácticamente con las siete plagas, y le carga a Dios la responsabilidad de todos los males de nuestra sociedad, porque Dios "va a destruir a este país de pecadores", amenaza, y ya lo está haciendo: "¿Estás ciego o qué?, le dice al periodista. "¡Lee mis labios!: soldados muertos en pedacitos que llegan a casa en bolsas de cadáveres, inundaciones, hambruna, la economía destruida, falsos políticos diciéndote lo que quieres oír, divorcios y recasamientos. ¿Que más necesitas ver?", pregunta airada la feligresa baptista que clama haber sido elegida por Dios. "Pasa la voz, maldito desagradecido: Dios odia a Obama. Sigues vivo, todavía te puedes arrepentir, estás escuchando la voz del profeta. Cuando tu altísimo predicador Barack Obama y su puto gamberro Biden sean elegidos van a hacer todo lo que puedan para eliminar a los profetas de la Tierra, y entonces va a ser demasiado tarde para vosotros, tontos, malditos y pervertidos americanos. El advenimiento de Jesucrito se acerca. ¡Obedece!".
Y yo, que anoche fui a ver la última película de Oliver Stone, "W", no puedo por menos que preguntarme: ¿Será el mismo Dios que encomendó a George W. Bush la misión de ser presidente? ¿Ése que según Sarah Palin les ha encomendado la tarea de invadir Irak? Entonces no es de extrañar que odie a Obama.
A Denver llegaron en furgonetas pintadas con signos de la paz y consignas antibélicas que parecían salidas de los años sesenta, como algunos de ellos. Pero la mayoría de los que hacían malabarismos en la calle 16 y repartían consignas reclamando la libertad y denunciando el uso de torturas en Guantánamo no tenían edad ni para haber ido al 40 aniversario de Woodstock. Quizás por eso despedían ese aire de ingenuidad que impregnaba el Civic Center Park, a los pies del Capitolio.


Denver resultó ser uno de esos extraños oasis de progresismo que a veces encuentra uno en la América Profunda, como es Austin para Texas. A los habitantes de esta ciudad al pie de las Montañas Rocosas les ofende que los visitantes lleguen a ella con el tópico del cowboy en la cabeza, pero no por eso dejaron de usarlo con los amables voluntarios que esperaban a los vistantes en el aeropuerto. "Questions? Ask me!", decía el cartel que portaban.

Preguntas, sí, todas, mi vida es un mar de dudas, pero las que esperaban recibir los voluntarios eran más del tipo de "dónde recojo mis maletas" y "cómo salgo de aquí". En lugar de eso Stranberg Russ decía que la que le hacían con más frecuencia es "¿dónde hay un Starbucks?", sonreía este simpático denveriano. "Y no lo entiendo, porque aquí tenemos Caribou y Seattle Best Coffe, que son muy buenos, pero todo el mundo llega buscando el Starbucks". Son las contradicciones de la industria, cuanto más te acercas a la cuna de los Starbucks más se difumina su poderío.
Curioso, hay un canal de energía que conecta a Denver con Seattle, Portland, Eugene y todo ese corredor progresista y ecológico del noroeste del país, por diferentes que sean sus paisajes y su enclave en el mapa. No sé si eran los carriles bicis que trazan líneas por toda la ciudad, los mercados de frutas y verduras ecológicas o el carácter amable de esta gente sincera que soportó divertida las interrupciones de tanto neohippie con una agenda variada.


Mat Ornstein, por ejemplo, marchaba con con la organizacion Iraq Veterans Against the War y un cartel que decía "Troops Out Now" (Sacad las tropas ya). "Ahora, no dentro de año y medio como promete Obama", aclaraba. Y es que entre este ala izquierdista de EEUU que tomó las calles de Denver había pocos devotos del candidato de los jóvenes que, en su búsqueda del centro, se les ha quedado demasiado a la derecha.
Que se lo digan si no a Traver Michaels, un cartero jubilado del área de la Bahia de San Francisco que vendía libros y carteles del Partido Comunista. Ser comunista en EEUU es mucho más transgresor que ser anarquista en España, y este hombre de 62 años ha vivido demasiadas cazas de brujas como para cortarse ahora. "No somos antiObama pero creemos que Obama no es la respuesta, nosotros estamos por un cambio de verdad, ¡para eso somos comunistas!", decía. "Los dos (McCain y Obama) van a ayudar al sistema, son parte de él. Las políticas las deciden otros, no fue el presidente quien decidió invadir Irak, sino los lobbies petroleros y todos los negocios que genera la guerra. Te pongo un ejemplo: Johnson ganó las elecciones como el candidato de la paz y sin embargo multiplicó por diez el número de tropas que teníamos en Vietnam, con él pasamos de 35.000 a 350.000. Mientras que Nixon, que era republicano, fue el que acabó con la guerra".

Traver había conducido 36 horas en su furgoneta hasta llegar a Denver, donde se estaba quedando con unos familiares. Matt, el veterano de Irak de 33 años, venía desde Chicago y pernoctaba con sus colegas semi uniformados en el suelo de una casa que le habían prestado. Al día siguiente pensaban marchar formalmente hasta la Convención Demócrata para entregar una carta a Obama, "pero al final la Policía nos va cortar el paso y muchos de nuestros miembros realizarán actos de desobediencia civil", anunció con seriedad. No llegó a tanto la cosa. Las jaulas del Pequeño Guantánamo que habían preparado las autoridades para encerrar a los manifestantes pasaron más de una noche con un solitario detenido. La mayoría pudo disfrutar de las fiestas que había por toda la ciudad, acudir al concierto de Rage Against The Machine en favor de Ralph Nader, codearse con Susan Sarandon, Spike Lee, Quentin Tarantino, Ben Affleck y ver cantar a la ObamaGirl en el Mercury Cafe.


De San Francisco venía Johny Nicholson, un músico bostoniano de 20 años que se balanceaba en una hamaca mientras daba de comer a las ardillas. Tan cautivadas las tenía con sus delicatessen que parecían ya perritos falderos, arrastrando la barriguilla blanca por el cesped mientras movían la cola. Su proclama, "Build bridges, no walls" (Construye puentes, no muros). El eslogan se puede aplicar a muchas fronteras del mundo, desde Palestina hasta Georgia, pero ellos se referían al muro que su gobierno está construyendo en la frontera con México. Animaban el movimiento imprimiendo carteles de la paz allí mismo. El eslogan hippie de "Haz el amor y no la guerra" se había transformado en este grupo como "Reprodúcete y Rebélate". Lo que priva es sacudir a la sociedad dormida de EEUU que permitió que George W. Bush saliera reelegido, después de engañar al mundo con las armas de destrucción masiva en Irak y mermar las libertades civiles con la excusa del 11-S.

¿Dónde quedó este mundo idílico cuando el centro de la atención política se desvió de Denver a St. Paul?


Los anarquistas llevaban un año preparando el "Comité de Recepción" a la Convención Republicana. El mismo tiempo que la policía llevaba siguiendo sus pasos, anunciados sin remilgos por todo el ciberespacio (www.nornc.org). El fin de semana pasado, antes incluso de que se inaugurase la gran fiesta republicana, el FBI cayó por sorpresa en las casas donde se habían concentrado entre St Paul y Mineápolis, las Ciudades Gemelas de Minesota. Pese a las decenas de cabecillas detenidos, al día siguiente 10.000 personas se manifestaron por los alrededores del Xcel Center donde se reunían los ricachones republicanos que iban a nombrar al sucesor de Bush. Los grupos de jóvenes enmascarados vestidos de negro que habían prometido "chocar" contra la fiesta republicana quemaron papeleras, pincharon ruedas y rompieron las mamparas de los comercios. Durante toda la semana han jugado al gato y al ratón por la ciudad. La policía los esperaba en cada esquina, bloqueaba las calles y cuando se le escapaba de las manos, se desquitaba horas después en los parques donde acampaban los chavales más pacíficos, esos que se empeñan en predicar contra la tortura y pedir que vuelvan las tropas a casa.


En este parque del Upper Landing, junto al Mississipi, dejaron atrás tiradas en el suelo las pancartas de protesta, las bicicletas amarradas junto a la barandilla del río y un montón de sueños rotos por cambiar el país. Esculcar entre justos y pecadores no era la labor de los agentes antidisturbios que vigilaban por tiera mar y aire con helicópteros y barcazas armadas de ametralladoras. En los autobuses de detenidos metieron también media docena de periodistas que estaban debidamente acreditados
Los anarquistas querían incluso "secuestrar" a los delegados republicanos. Los de Amnistía Internacional, convencerles de que entraran en su reproducción de una celda de Guantánamo que habían instalado junto al pabellón deportivo. Las mujeres de Code Pink que llegaron hasta el escenario vestidas de rosa, poner en entredicho la inconsistencia de su ideológía antiabortista con las políticas bélicas: "Sé pro-vida, Acaba con la guerra", decían cuando se las llevaron arrestadas. Me temo que ninguno pudo cambiar ni una sola mente de esa América patriota que en Minesota acabó con la hippilandia de Denver.

La semana pasada Barack Obama intentó redefinir el patriotismo como “la valentía de disentir (con tus líderes y tu gobierno) para defender los ideales” que representa tu país. La antítesis de la lealtad absoluta que demanda Bush desde el 11-S. Lo hizo en un pueblo de Missouri llamado “Independencia”, en vísperas del 4 de julio, y puso como ejemplo de “patriota” al soldado que denunció por primera vez los abusos de Abu Ghraib.
Desde alguna parte Joseph Darby debió sonreír amargamente. Y digo desde alguna parte porque no sabemos donde vive. Para escapar de las amenazas, de los actos de vandalismo que sufrió su familia, y de las miradas de odio de sus propios vecinos, se encuentra desde hace cuatro años en paradero desconocido, viviendo en secreto, como los testigos protegidos del FBI, sólo que en su caso son los mismos militares a los que supuestamente traicionó los que le guardan las espaldan. Para ellos siempre será “el chivato de Abu Ghraib”.
La pesadilla de Joe Darby comenzó el día en que se le ocurrió pedirle a un compañero que tomaba fotos estupendas de los paisajes iraquíes algunas imágenes para mandar a casa. El interpelado resultó ser Charles Graner, el cabecilla del turno nocturno que torturaba y humillaba a los prisioneros para que los interrogadores lo tuvieran fácil al amanecer.
Joe vio paisajes bellísimos de postal antes de mondarse de risa ante una pirámide de gente desnuda, segundos antes de darse cuenta de que aquéllos eran prisioneros. En la siguiente foto Lyndie England, a la que conocía desde el instituto, arrastraba a uno de ellos por el suelo con una correa al cuello, como si fuera un perro. No quedaba lugar a dudas, era "lo más inmoral que había visto en su vida", dijo después.
Durante días agonizó ante la decisión de qué hacer con aquellos dos CD's. Tanto que una noche que no podía dormir salió sólo a deambular por las calles de Irak, encendiendo un cigarrillo detrás de otro, deseando íntimamente que alguien le pegase un tiro y pusiera fin a su desasosiego. Al final hizo lo correcto, se lo entregó a uno de sus superiores con una condición: permanecer en el anonimato.
En una ocasión tuvieron que sacarlo del cuartel tapado con mantas hasta los pies y poner a todo el mundo de cara contra la pared para poder cumplir la promesa que le habían hecho. Por eso Joe Darby, que entonces tenía 24 años, se quedó petrificado ese 7 de mayo de 2004 en el que el secretario de Defensa Donald Rumsfeld compareció ante el Senado para testificar por el escándalo de Abu Grahib y abrió sus declaraciones dándole las gracias con rango, nombre y apellido, delante de las cámaras de medio mundo.
Se encontraba en Irak, en el comedor de su batallón, delante de la tele cuando se le heló la sangre. “Todo el mundo soltó el tenedor y se me quedó mirando”, recordó en una entrevista que concedió a la BBC. Su mujer ni lo sabía. Según se enteró por el primer periodista que llamó por teléfono cogió los niños y se fue corriendo a casa de su hermana. Allí empezaron las pintadas, las piedras por la ventana, las amenazas telefónicas. A Joe le dieron una hora de aviso para recoger sus cosas antes de sacarlo de Irak. “No puedes volver a casa”, le advirtieron al aterrizar en una base militar de EEUU, “probablemente nunca puedas volver”.
Así paga el gobierno de Bush a los patriotas. Rumsfeld asegura que no sabía que deseaba mantenerse en el anonimato. Joe Darby dice que no le cree, que esas declaraciones ante el Congreso están tan preparadas que es imposible que a todo el mundo se le hubiera pasado por alto el detalle. Probablemente Rumsfeld estaba pensando que ‘Roma no paga traidores’, porque para él la verdadera traición no era que “un puñado de manzanas podridas” pisotearan los ideales de su país torturando y humillando a prisioneros inocentes, sino que tomaran fotos y hubiera quien se atreviera a airearlas.Y prueba del alto número de estadounidenses que piensa como él es que este joven matrimonio sigue en paradero desconocido, temiendo que un día les deguellen la garganta mientras duermen.
Obama tiene mucho trabajo por hacer.
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Sobre este blog
Nací un 4 de julio, como si el destino me hubiera ligado de antemano a EEUU. Salvo esa pista que a todo el mundo se le pasó por alto, nada en mi entorno de familia agrícola andaluza hacía prever que fuera a resultar un alma rebelde dispuesta a saltar del nido a los 16 años. Lo del periodismo no había que imaginárselo, a los 11 me diseñé mi primer periódico con pliegos que pedí en La Voz del Sur, un tubo de pegamento y una máquina de escribir. Desde entonces busco papel para narrar las historias humanas que me encuentro por los cuatro continentes, y este blog viene a resolverme el problema.
La ventaja de haber echado el ancla en Nueva York después de explorar Centroamérica es que el imperio no tiene límites. Así es como entra Irak en mi negociado, junto con todas las guerras habidas y por evitar en las que EEUU meta la mano. Mi lema es que no hay causa más perdida que la que no se intenta, y os prometo que eso me ha llevado más lejos que nada en mi vida. Os invito a que me acompañéis en mi recorrido por los caminos de la vida y la política.
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