Seguí el movimiento de los indignados en Londres cuando surgió y ya conté aquí mis impresiones. Las resumiría ahora retrospectivamente como un agudo contraste entre los medios- acampar en la vía pública (en climas templados, obviamente)- y el fin de reivindicar un cambio en la política que se traducía en debates sobre el sistema electoral.
Ahora sus objetivos me parecen aún más difusos. Y se recurre a la misma forma de protesta, congregarse en la calle. Es un acto de difícil justificación y esencialmente pasivo. Que debe ser tratado con respeto cuando no incumple la ley.
Ofrezco este ejemplo británico que me parece más atractivo. Se trata de 38 degrees.
Han hecho campañas diversas, contra la venta de bosques públicos, por la reforma del sistema electoral,… Sondean ahora a sus suscriptores sobre las áreas en las que deben incidir ante la reforma de la sanidad pública.
Es un movimiento activo, que intenta afectar la dirección de la política, ofreciendo una dirección abierta pero no asamblearia y con medios de intervención como la correspondencia masiva dirigida a los políticos.
Quizás su recibo de la luz o del gas haya subido tanto como aquí. 38 degrees agrupó a sus suscriptores y con ayuda de Which, una publicación de servicio al consumidor que no admite publicidad, ha negociado con los suministradores de energía en nombre de todos los que se han unido a la campaña.
Ofrece la asociación cooperativa como enmienda al aislamiento que siente el ciudadano contemporáneo ante el peso aplastante de los grandes poderes.
El resultado de la negociación es que una nueva compañía energética, surgida del movimiento cooperativo británico, que tiene tiendas y supermercados y también servicios financieros, ha ofrecido el mejor precio colectivo.
Quizás ya conocen todos ustedes este vídeo. Es una tercera vía entre la indignación y el cooperativismo.











