
Chesterfield es una ciudad mercado que tiene una curiosidad arquitectónica, la crooked spire de la iglesia de Nuestra Señora de Todos los Santos. La estructura de la aguja se fue torciendo, pero aún se sostiene.
El mercado diario es el latido de la ciudad. Buscaba algo para almorzar y entré en un café en el que anunciaban comida “local, orgánica y de comercio justo”. Las mujeres que atendían el puesto vestían de negro. Uno no sabía si pedir un sandwich o santiguarse.
Estas dos sucursales de banco son propiedad ahora del Banco Santander.

El bus 170 iba repleto de viejitos que regresaban a sus casas tras el mercado. Y de atractivas mujeres inglesas, muy rubias y con ojos muy claros, con la apariencia de ser sentimentalmente duras. O quizás no. Lástima de uñas postizas y de mocasines blancos.
Tras bajar del autobús y andar un rato, apareció la casa de los Cavendish, duques de Devonshire. La familia vive en la mansión y paga un alquiler a una fundación que ellos crearon y que administra la casa. Un poco complicado y mucho gasto en abogados para la familia promedio.
¿Quién dijo que la principal aportación de los británicos a las artes plásticas es la jardinería paisajística?
En el regreso, atravesé el parque de Chatsworth, que encierra una historia que el periódico publicará este fin de semana, y esperé al 170 en Baslow, un pueblito con un common y cuatro casas. La parada está frente al hall de la comunidad y de los tablones para anuncios, que son siempre la huella visible de la trama vecinal.


En fin, que fue un gran paseo por el otoño en los bordes del parque nacional del Distrito de los Picos o Peak District .

Y una cita. El undécimo duque, Andrew Devonshire, escribió en sus memorias, ‘Accidentes de la Fortuna’, que su padre, ministro del Gabinete conservador, le dijo un día: “Andy, you will find whenever there is trouble in the world, there is always a clergyman behind it”. Descubrirás, Andy, que, allí donde hay problemas en el mundo, siempre hay un clérigo detrás.
Enjoy the weekend.

