Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres


Crreo que esta semana puede ser una de las más importantes de nuestras vidas. Porque el riesgo de meltdown financiero, de espiral incontrolable, me parece real, aunque no inexorable.

Yo de esto no sé nada. Estudié teoría económica básica en la universidad española, he leído unos cuantos libros de teoría o historia económica a lo largo de mi vida, hice en los años noventa dos cursos de verano sobre finanzas internacionales en la London School of Economics, donde tuve los mejores profesores que he tenido en mi vida, y, desde que llegué a este país, hace veinte años, he leído casi diariamente el Financial Times, que me parece el mejor periódico de Europa. Aunque nunca he prestado mucha atención a la bolsa.

Es decir, que todo mi conocimiento es escaso y, además, indirecto. Pero en los últimos días había comentado a algún amigo que mi impresión es que esta crisis del sistema financiero- cuyas bases generales están indudablemente en los desequilibros de la economía internacional, cuya raíz es la diferencia entre lo que producimos en los países ricos y lo que consumimos- no dejará de ofrecer la posibilidad temible de congelación generalizada del sistema financiero hasta que no se desenrede el monstruoso laberinto de los Credit Default Swaps.

Estos seguros por impago, desarrollados hasta retorcer más allá de lo reconocible el significado de las palabras seguro e impago, han sido intercambiados por bancos e instituciones financieras con frenesí durante los años de dinero barato. Se han desarrollado over the counter, sin supervisión de las autoridades y sin que la casi totalidad de los mortales- incluyendo a los funcionarios de bancos cetrales y entes supervisores- entiendan sus cláusulas, que combinan ley y matemática. Las estimaciones de la suma de esos contratos varían según las publicaciones, pero casi todos parecen estar de acuerdo en que supera el doble del PIB anual combinado de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. Y los cruces son tan extensos y rebuscados que saber cual es la posición deudora o acreedora final de cada uno depende de un número enorme de variables, no todas conocidas.

Ahora hay dos elementos nuevos. El primero, que existe el riesgo general de impago, que no parecía concebible mientras duró la euforia, y que el Tesoro americano se declara dispuesto a quedarse con los contratos que plantean más peligro para la estabilidad del sistema en un fondo al que ha destinado 700.000 millones de dólares. El segundo, que ya hay dos impagos masivos, los de Lehman Brothers- a los que han puesto el precio de ocho centavos por dólar de valor en papel- y los de la peripatética banca islandesa.

Hay que añadir a este cuadro tenebroso la macabra broma de que no se sabe, por supuesto, lo que guardan las opacas cajas fuertes de los centros financieros off shore.

Yo tenía la sensación, inducida por las lecturas de estos días, de que ahí está el abismo que observamos con creciente cercanía. Si caemos en él, temo lo que puede ocurrir en esta gran ciudad de Londres, que es tan dependiente de su City, que ha producido buena parte de este sinsentido, y que será, ya lo es, la más afectada por esta crisis en Europa.

Will Hutton escribió el domingo un artículo, tan apasionado como todos los suyos, en el que confirma, con conocimiento de causa infinitamente mayor que el mío, lo anterior y argumenta que, como yo también intuyo, el plan británico de rescate de sus grandes bancos, seguido parcialmente ayer en la eurozona, no será suficiente para restaurar la confianza y reanudar el mercado interbancario de capitales, dadas las cantidades que amenazan la estabilidad del sistema desde la sombra de los CDS.

Hutton pide liderazgo para evitar lo que él llama, en su artículo, desastre o calamidad. Se retrataba ayer a Gordon Brown como el hombre con las ideas para sacarnos del apuro (tras no hacer nada durante diez años como ministro de Hacienda para evitar que estemos donde estamos). Observen la foto de arriba. Creo que confirma lo que dice un artículo del Daily Telegraph. Brown perdió un ojo cuando era joven, como consecuencia de un accidente jugando a rugby. Y estaría perdiendo la visión en su ojo bueno.

Esperemos que, al fin de esta semana, las acciones de los gobiernos hayan apaciguado el temor y el vértigo, a la espera de que se desenrede el laberinto de los CDS. En la mañana de este lunes, yo me conformo con que dentro de siete días estemos resignados a la idea de vivir una recesión y podamos emprender el reto de adaptarnos al cambio de nuestra cultura económica y de la gobernanza mundial, un proceso que tendría inevitablemente sus períodos convulsos,

Y esperemos tambien que el ojo bueno de Brown le permita ver cómo crecen sus hijos.

PS. Si quieren seguir la cobertura de esta crisis financiera en la prensa inglesa, les recomiendo la lectura de las columnas de Gillian Tett, a quien el Financial Times presenta como supervisora de su cobertura global de los mercads financieros y que se ha convertido en una extraordinariamente lúcida analista de esta crisis.

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Diego Fernández

Diego Fernández dijo

Comparto tus palabras. Brown y todos los que ya estaban se ofrecen ahora como garantes de una situación que ni supieron valorar en su verdadera magnitud ni, por supuesto, encontrar soluciones cuando hubieran sido menos traumáticas.
Abrazos,
Diego

Eugenio

Eugenio dijo

Y de los paríasos fiscales? No se va a "tocar" nada?

Eugenio

Eugenio dijo

De los "paríasos" seguro que no...de los paraísos

In vino veritas

In vino veritas dijo

El articulo del Guardianda, creo, en la diana. Creo, habiendo cambiado mi idea económica, que la única solución es un control efectivo del sistema financiero. Este ha crecido tanto que daña toda la estructura económica y productiva. Y desgraciadamente, sus gestores son mas ricos y avariciosos que el resto, pero no mas listos

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, dos colegas admirables- Ainhoa Paredes y Mónica Bergós- cubren también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".

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