Cuando ‘takk fyrir’ significa ‘gracias’

Cuando estuve en Islandia, hace diez días, hablé con Guthrun Kvaran, que es la directora del departamento de lexicografía del Instituto Árni Magnússon de Estudios Islandeses y me contó algunas cosas curiosas.

El islandés es el idioma escandinavo más parecido al viejo Norse y su conocedor contemporáneo puede leer leyendas medievales sin grandes problemas. En el instituto promueven la preservación del idioma y regulan las nuevas palabras. Es decir, que siguen, como en el caso español, más la tradición francesa de la academia normativa que la inglesa de aceptación por el uso.

Los apellidos son en su gran mayoría patronímicos. Bjorgolfur Gudmundsson, propietario del West Ham, es ‘Bjorgolfur hijo de Gudmunds’ y la cantante Björk Gudmundsdóttir es ‘Björk hija de Gudmunds’.

El islandés, que hablan 320.000 habitantes de una isla, se adapta con éxito. El sector que se estaba escapando al deseo de preservar el idioma era el de los negocios y, tras la debacle financiera, los continuadores del movimiento romántico de recuperación lingüística creen que la moda del inglés comercial y globalizador no hará tanta mella. El día 16 es oficialmente el de la lengua islandesa.

Ejemplos de adaptación

Los lexicógrafos vieron que los periódicos se estaban refiriendo a un navegador de internet con una palabra inglesa, browser, hasta que se fue imponiendo la islandesa vafri, asociada a la idea común de búsqueda. Surgió de la población, sin mediaciones académicas.

Otras veces, el islandés permite formar nuevas palabras con piezas del mecano. La comida rápida se extendió por una sociedad notablemente americanizada con su nombre inglés, fast food, pero ahora ya se ha impuesto la inventada por la academia, skindibiti. Skindi es algo que se hace rápido y biti es una porción.

Puse a prueba a la lexicógrafa: ¿cómo dicen los jóvenes islandeses que algo es cool? Svallir, es la respuesta.

En una conferencia de expertos en lenguas escandinavas, se discutió recientemente qué se podía hacer con 200 palabras inglesas de la ciencia, la música, la alimentación o el deporte, que tenían difícil traducción. Los islandeses tenían palabras para todas, salvo para un deporte, el golf.

Me dijo la doctora Kvaran que una cosa muy importante para la preservación del idioma es que a los islandeses les gustan los libros.

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