Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres

Michael Longley escribió 'The Civil Servant', el funcionario, tras el asesinato de un amigo por algún pistolero con religión específica. De los poetas de Belfast que he leído, me gustan también los más jóvenes Ciarán Carson y Sinead Morrisey, pero estos versos de Longley me parecen una pequeña obra maestra.

Él justificó así este poema: "El asombro y la desesperación me han llevado a escribir algunas elegías, siempre inadecuadas. Las ofrezco como coronas. Eso es todo".

He was preparing an Ulster fry for breakfast
When someone walked into the kitchen and shot him:
A bullet entered his mouth and pierced his skull,
The books he had read, the music he could play.

He lay in his dressing gown and pyjamas
While they dusted the dresser for fingerprints
And then shuffled backwards across the garden
With notebooks, cameras and measuring tapes.

They rolled him up like a red carpet and left
Only a bullet hole in the cutlery drawer:
Later his widow took a hammer and chisel
And removed the black keys from his piano.

Lo traduzco así:

Preparaba fritos del Ulster para desayunar

cuando alguien entró en la cocina y le disparó:

una bala entró en su boca y perforó su cráneo,

los libros que había leído, la música que iba a tocar.

Quedó tendido con su pijama y su batín

mientras buscaban huellas en el aparador

y luego retrocedieron parsimoniosos hacia el jardín

con cuadernos, cámaras y cinta métrica.

Lo enrollaron como una alfombra roja y dejaron

sólo el agujero de una bala en el cajón de la cubertería:

más tarde su viuda cogió un martillo y un cincel

y arrancó las teclas negras del piano.


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Duke

Duke dijo

No quiero ni pensar en la receta de esos fritos del Ulster. Una vez estuve allí y todavía se me levanta el estómago cuando recuerdo lo que se comía por esos pagos. Nuestros anfitriones nativos trataron de agradarnos con una cena, y nos llevaron a un chino.
Preguntados por algo típico del lugar, nos respondieron con espartana brusquedad que lo típico de allí no era el divertimento, ni mucho menos el placer. Así pues, nada de restaurantes hedonistas ni de pubs "papistas".
De vuelta al aeropuerto íbamos empaquetados en un taxi y conducidos por un siniestro malencarado personaje ( seguro que pensaba que olía a católico), un italiano, un francés y su seguro servidor servidor y sin el espacio mínimo para hacer el obligado chiste.
No he vuelto por allí.

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".

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