Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Escribí esta nota necrológica sobre mi tío Jesús cuando falleció y no conseguimos entonces publicarla. Espero que a alguien le agrade leer esta historia de pelotaris y de otro tiempo durante el fin de semana, que les deseo feliz.

Jesús Gurruchaga se formó como pelotari en un San Sebastián que ya no existe. Nació el 11 de enero de 1928 en la calle de Miracruz, hijo de un cocinero y hotelero que alternaba los veranos en Zarauz con los inviernos en la capital. Su abuelo materno era el conserje del frontón Moderno, en Atocha, y del Jai Alai, en Ategorrieta. La leyenda afirma que en este último se dieron los mayores pelotazos en la historia porque pelotas que salían por encima del frontis caían a veces en los vagones de carga de algún tren que las llevaba a Irún o a Aranda de Duero. Su tío, Aquilino Sagarna, había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París, cuando la pelota compitió como deporte invitado.
Al terminar la guerra civil, los negocios se habían difuminado, el padre murió de una súbita infección, y la renta de la familia quedó pendiente de la explotación de la cafetería del frontón Urumea. Allí aprendió a jugar. Bajo la instrucción severa del canchero, Daniel Arizala, que exigía a sus pupilos la limpieza de la cancha con serrín y ácido antes de dejarles calzar el remonte. Para completar el callejero de frontones desaparecidos en unas cuantas hectáreas de terreno- en donde también estudió, primero, en el colegio de Nuestra Señora del Pilar, y, después, en la Escuela de Comercio- quedaba el frontón Gros, donde jugó más tarde en las especialidades cortas.
El Urumea fue su frontón. Allí trabajó en el negocio familiar y ganó su primer campeonato juvenil de Guipúzcoa, en 1944. Allí jugó algunos de los partidos más sonados de su vida. Y allí presenció las tardes de gloria del pelotari que más admiró, Jesús Abrego, a quien definía como “la perfección en el juego de la pelota” cuando recordaba partidos interrumpidos mientras se recogían de la cancha los restos de una lluvia de duros de plata, chaquetas o puros arrojados a ‘Don Jesús’ por un público entusiasmado.
En el frontón Urumea ganó también su primer campeonato absoluto de Guipúzcoa, en 1949, y en los ensayos constantes en aquella cancha se forjó la versatilidad de un pelotari que ya en 1955 tenía en su palmarés un curioso logro. Había ganado el campeonato de España de remonte dos veces, en 1952, con Macazaga, y en 1955, con Irastorza. La primera vez jugando de zaguero; la segunda, de delantero.
Pero la especialidad del remonte no atravesaba sus mejores tiempos y Paco Bengoechea le animó a que probase a jugar con la pala. El cambio de herramienta no le resultó fácil, le costaba empalar. Su personal artesanía produjo entonces unos amortiguadores hechos con esponja para evitar el daño del mango en la mano. En el primer año de competición quedaron campeones de larga y subcampeones de corta. Había ya comprobado en el remonte que era un mejor delantero y, al llegar a la pala, quienes le habían visto progresar se preguntaron dónde se le podía meter el tanto.
Según su juicio, para ser buen pelotari hay que tener buenos reflejos, buena vista e intuir la jugada. Pero él añadía otras cualidades.
En primer lugar, una buena forma física, que se ocupaba de mantener en su dilatada carrera con ejercicios especiales, como acudir a las cuestas del monte Ulía para correr en series hacia abajo y con frenada. En segundo lugar, la voluntad de ganar cada partido. Jesús Gurruchaga, que siempre jugó a la pelota como aficionado, tomaba las precauciones de un profesional antes de cada partido. Antes de una final ensayaba durante la semana vestido de blanco para evitar lo que ahora se llamaría miedo escénico. Si jugaba en el frontón Recoletos, entraba en el recinto y veía los partidos previos con gafas de sol, que se quitaba momentos antes del inicio del partido combatiendo así la oscuridad del frontis. Y el limado de los mangos de sus palas con una bolsa repleta de cristales para adaptarlos a su pequeña mano se completaba con el rasgado de la yema de la pala para que la pelota se agarrase más y cogiese más efecto.
A esas cualidades y dedicación añadía una virtud que él señalaba entre las imprescindibles para ser buen pelotari, la capacidad de adelantarse al movimiento de la pelota. Era un deportista atento a las técnicas de su juego, que se asombraba de que otros no hubiesen caído en la cuenta, por ejemplo, de que una pelota reboteada bota hacia el txoko cuando sale del frontis. Fue un observador muy atento de los gestos, fuerzas y debilidades de parejas y rivales.
El remonte o el talento natural le habían dado además un golpe versátil y poderoso de sotamano. Puramente defensivo con la izquierda, Gurruchaga tenía toda la gama posible en los sesenta grados decisivos del delantero que domina el juego de aire. Esa variedad de golpes de arriba, su intuición y su voracidad para cubrir la cancha fueron sus características más destacadas como pelotari. Era verdaderamente muy difícil ganarle un tanto. Y su pronta calvicie le retrató prematura e injustamente como un veterano. Un perpetuo veterano. Cuando se retiró, en 1972, tras perder la final del campeonato de España de pala larga, habían pasado 28 años desde su primer campeonato de Guipúzcoa.

Su palmarés es único. Nadie será ya campeón del mundo de pala larga, porque, tras su triunfo en el Mundial de Hossegor, en 1958, con Felipe Huarte en la zaga, no se ha vuelto a jugar a la especialidad. Francia y México disputaron el torneo en aquella última ocasión y Jesús incorporó a sus dichos corrientes un ‘se va la ‘lus’’ que algún contrincante charro pronunciaba cuando caía la tarde en el frontón.
El resto del palmarés es algo parecido a esta lista: subcampeón del mundo de paleta con pelota de cuero, en 1962, con Unanue, dos veces campeón de España de remonte, una de pala corta, con Artola, once de pala larga, diez con Fernández y una con Izaguirre, veintiocho campeonatos de Guipúzcoa en esas especialidades, a las que añadió un subcampeonato en el trinquete. Un pelotari tan versátil afirmaba que la pala era la especialidad más difícil, el remonte la más dura y la mano la que tiene más mérito, además de ser madre de todas. Jesús Gurruchaga perdía sin embargo la paciencia como espectador de cesta punta, una especialidad que le parecía cómoda y ventajista.
A los 39 años, cuando dominaba la pala larga en el Torneo de Federaciones con su inseparable José Eugenio Fernández en la zaga, decidió jugar de nuevo a remonte y ganó dos campeonatos de Guipúzcoa. Jugó y ganó finales de pala larga y remonte el mismo día, en su frontón Urumea. Juan Mari Anza, masajista de la Real Sociedad, le llevó tras la final de remonte a un pasillo junto al vestuario, donde le dio a beber una pócima que le permitió ganar la segunda final. Y otras diez, según recordaba Jesús, que a continuación le hubiesen propuesto.
Los palistas guipuzcoanos del Torneo de Federaciones viajaban a Madrid o a Barcelona en el Citroen Pazo del taxista amigo, José, riendo las viejas anécdotas. Como aquella final del campeonato de España de 1957, en el Labrit, cuando su zaguero, José Miguel Yurramendi, decidió con gran amabilidad dar su entrada a un señor que, al verles llegar con sus bolsas a las puertas del frontón, les manifestó su pena por no poder entrar a la final, porque se había agotado el taquillaje. Poco después, el mismo señor era sacado en hombros de la grada tras recibir un pelotazo del propio Yurramendi. ¡Aquellos tiempos de frontones sin red y viajes interminables por carreteras de segunda, cuando el trofeo al mejor deportista guipuzcoano del año caía en un pelotari aficionado, como Jesús Gurruchaga, en la heptatloniana Gisela Struchtmeier o en el ciclista Txomin Perurena!

Eran los tiempos de los grandes rivales navarros, Mendiluce y Egaña, de los guipuzcoanos, Aristi y Llorca, de los castellanos, Sola y Ucín II. Un partido contra estos últimos quedó en el recuerdo de Jesús como uno de los más bellos, disputados y decisivos. Era la final del Campeonato de España de 1958. Su primera final de pala larga. Vísperas del Mundial. La selección de la pareja para Hossegor traería más tarde su propia saga, pero, en aquella final de Burgos, en un frontón que todos elogiaban, el de la Ciudad Deportiva Militar, con el sol cayendo por detrás del frontis para añadir más dificultad al juego, Gurruchaga y Fernández dieron la vuelta a la pala larga de aficionados.
Jesús recordaba a Ignacio Sola como el rival que más le había impresionado. El dentista madrileño, que llevaba gafas, parecía tener una facilidad natural para empalar todas. Un día le vio cómo daba un perfecto palazo a una pelota que cogió por detrás de su espalda. Sola y Ucín II, zaguero con gran golpe pero más fácil de desencanchar que su pareja, habían dominado el campeonato en los últimos años. Aquella final, el 8 de junio, fue el mejor partido del campeonato. Con empates hasta el tanto 24, cuando la pareja guipuzcoana logró quebrar a Ucín con el juego insistente a la zaga. 37-32. 38-35. Y 45-38.
Semanas más tarde, el frontón Urumea acogió de nuevo a Gurruchaga y a Sola, a Fernández y al profesional Gallaga, en los partidos de selección para el Campeonato del Mundo. El frontón se llenaba para verlos. Aunque el periodista Paco Ezquiaga ya había anotado en su crónica de las finales de Burgos la decadencia de las grandes modalidades de herramienta. En remonte sólo Guipúzcoa competía. Sola y Ucín defendían a Castilla en pala larga y en pala corta. Los hermanos catalanes Balet no tenían rivales en la cesta punta.
Era un vaticinio certero. En la muerte de Jesús Gurruchaga, el 14 de octubre de 2005, las competiciones en las grandes modalidades de herramienta en el campo aficionado prácticamente han desparecido y la pelota es un deporte distinto, que parece vivir de la transmisión nocturna por televisión de partidos de la mano profesional.
Tuvo la fortuna de ser el pelotari más versátil, más completo, de una época vigorosa de la pelota aficionada, a la que se entregó con una gran pasión, que sólo superó su amor por su mujer, Carmen Imaz, por sus hijos, Jesús y Antxon, y por su familia y sus amigos.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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18 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Ramón Gurruchaga dijo
Y decía una cosa muy curiosa: "No elijas la pelota que mejor te va a ti, sino la que peor le va al contrario".
Esto parece hoy un asunto familiar. Me disculpo.
Carlos Zuluaga dijo
Soy un habitual lector de tu blog que tan bien refleja la vida británica y que hoy se ha visto sorprendido con el tema de pelota. Un auténtico crack tu tío Jesús. Eran otros tiempos donde nuestro deporte era seguido masivamente en los frontones de todo el mundo.
El post lo he referenciado en mi blog de Pelota Vasca que escribo desde 2004.
http://manista.blogs.com/bitacora/
Pedro Ontoso dijo
Buena crónica Iñigo. Me quedo con lo de buenos reflejos, buena vista e intuir la jugada. Un abrazo.
The goddaughter dijo
Gran homenaje a un txapeldun. Me temo que no he podido evitar emocionarme. Un besazo.
marco dijo
Buen panegírico, Iñigo: cautelosamente equilibrado y lleno de cariño.
De casta le viene al galgo, y me alegra saber que tu tio Jesús ha tenido hijos. Aunque tambien sean calvos, serán muy afortunados si les han saldo a él.
aitortxu dijo
hay algun fronton en england?
carlos dijo
Muy bonito. He dejado el trabajo para más tarde porque he empezado a leerlo y me ha emocionado mucho y más cuando he visto en la foto a Sola y Ucín paisanos míos. Esos sí eran de los madrileños que jugaban a la pelota y no nosotros actualmente. Es hablar del Recoletos y me da una tristeza inmensa no haber vivido aquellos tiempos.
Muchas gracias por el relato.
Javi dijo
Que bonito!
Lady T. dijo
Entrañable.
Afortunadas las familias que cuentan con un guardián de los recuerdos.
Saludos,
Iñigo Gurruchaga dijo
Muchísimas gracias por vuestros comentarios.
aitortxu, el único frontón que conozco es el trinquete de Hampton Court, en el sudoeste de Londres. La visita al palacio- donde vivieron una temporada Enrique VIII y Catalina de Aragón- es muy agradable. El trinquete es muy parecido a los de Basqueland, pero juegan allí 'royal tennis', con una red dividiendo la cancha. He visto jugarlo alguna vez, cuando visitaba el palacio. El príncipe Eduardo, hijo de la reina, lo practica. Y hay un torneo anual, very posh indeed.
Luego, en colegios privados y universidades, hay canchas y estructuras en muros de iglesias, ¡como los arkupes de allí!- para el juego de 'fives', que es un juego de pelota a mano con guante y unas reglas distintas a las que hicieron campeones a los más grandes de entre los nuestros: Atano III, Retegui II,...
Saludos a todos.
Ramón Gurruchaga dijo
Para Carlos....y ya que mi hermano no insiste.
A mi tío, el frontón que más le gustaba, arquitectónicamente hablando era el Recoletos. Aunque era oscuro, tenía como cubierta la mejor mebrana de hormigón de "aquel" mundo, entre otras virtudes. Aún os queda la Casa de las Flores, no?
Un abrazo.
paula dijo
A mí me ha gustado mucho saber cómo encontraba soluciones personales y muy imaginativas para problemas como el miedo escénico o los ajustes de la pala, y cómo la historia de la persona y del deporte se entremezclan y uno cuenta la de la otra y viceversa. Muy bonito, felicidades.
CARLOS dijo
Para Ramón: Prácticamente, todo el mundo me ha comentado que el Recoletos ha sido el mejor frontón que han visto nunca. Me comentas que aún nos queda la Casa de las Flores, qué es ? ahora vamos a intentar levantar el Beti-Jai del siglo pasado, aunque lo veo complicado.
CARLOS dijo
Para Ramón. Lamentablemente, ya he visto lo que es la Casa de las Flores, pues eso, una casa en Argüelles de Zuazo, supongo que te refieres a ella. Digo lo de lamentable porque me había hecho ilusiones y pensé que era un frontón.
saludos,
la dama del lago dijo
Mi hijo aprendió a jugar a pelota en una pared de trasteros, en un barrio de Londres, donde vivimos un tiempo.
Fue su padre quien siendo un enamorado de la pelota, no pudo enseñarle a jugar a futbol y le compró un pequeño balón para su pequeña mano y todos los días en una pequeña pared, pasaban horas jugando.
Los chavales del barrio, la mayoría negros, niños y niñas se juntaban a jugar con ellos, al principio les parecía extrañísimo jugar de esa forma con la pelota; bote-mano-pared; bote-mano-pared. Por un tiempo, hasta que nos fuimos, fué el deporte-juego de los chavales en el barrio, habia que hacer barrenes, se juntaban un pelotón, la pared era enena y habia que ir eliminando gente. Fué divertido como cambiaron las raquetas y el futbol por la pelota.
¿Qué será de aquellos chavales se acordarán, de aquel juego que se jugaba con una pelota, una pared y las manos?.
Ramón Gurruchaga dijo
Para Carlos.
Mi hermano me va a matar. Es su blog, no el mío. Yo lamento haberte creado expectativas....pero tenía ese aire.
Googuelea Frontón Recoletos. En el sexto o séptimo enlace: "La forma de lo resistente". Segunda hoja. Foto 1. Igual ya lo has visto.
Me voy, me voy, me voy...
Abrazo final.
Iñigo Gurruchaga dijo
Qué bonita historia, la dama del lago, muchas gracias por compartirla aquí.
Jesus Mª Azurmendi dijo
Me he enterado hoy de que Jesús ya no está entre nosotros, me lo ha dicho su gran compañero José Eugenio Fernández. Jugué bastantes partidos contra el y no pude ganarle nunca, para mi era invencible. Un abrazo.
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