Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres

asier ayales recordaba el otro día en un comentario a mis noticias desde Reikiavik la decisión del Gobierno británico de requisar fondos de las sucursales de bancos islandeses en Reino Unido.

Y añadía: "Me gustaría que comentaras qué opinas del hecho de que el gobierno británico haya aplicado la ley antiterrorista a Islandia para salvar sus intereses (y, por qué no decirlo, su dinero). ¿Debido a esto los ciudadanos islandeses también serán considerados terroristas? ¿Podrán salir al extranjero sin ser detenidos? Lo absurdo ha llegado al paroxismo".

Lo absurdo ronda realmente nuestras vidas con frecuencia y este episodio es una buena prueba. Desmontemos las piezas para hallarlo en el interior del enredo.

En diciembre de 2001, semanas después del horror de las Torres Gemelas, el parlamento británico renovó la ley Antiterrorista, que se suele reformar anualmente y que esa vez, dadas las circunstancias, tenía más provisiones que lo habitual. Políticos de la oposición liberal-demócrata reprocharon al Gobierno que incluyese en la nueva ley apartados que no se referían al terrorismo. El Gobierno de Tony Blair y su aplastante mayoría no les hizo caso.

Un día intentaré encontrar estadísticas que tuve una vez en mis manos sobre la diferencia entre el número de leyes que aprobaban los gobiernos hace medio siglo y el de ahora. Vivimos la era de los bonos basura, de la televisión basura y también de la legislación basura. No paramos, oiga. ¡Yo mismo tengo un blog!

La imagen de arriba es del apartado segundo de aquella ley. La Hacienda, según 2.4.2.a., 2.4.2.b. y 2.4.3.a., adquiere el poder de congelar fondos si cree que las acciones de una o varias personas o de un Gobierno pueden perjudicar la economía del país o a la vida o bienes de ciudadanos británicos. No hay ninguna mención al terrorismo.

La Hacienda británica recurrió a este apartado tras una conversación telefónica entre el ministro, Alistair Darling, y su colega islandés, Árni M. Mathiesen. Si pinchan aquí, pueden leer una transcripción, publicada en Islandia, de la conversación de ambos ministros.

La chapucera ley Antiterrorista da esos poderes al Gobierno, pero no convierte en sospechoso de terrorismo a la persona o entidad a la que se le aplica.

Esto es así de aburrido, pero los medios prefirieron publicar la noticia con titulares más picantes, que se referían a la ley Antiterrorista. Por oportunismo comercial; lo que se suele llamar sensacionalismo. Les costará creerlo, pero ocurre a menudo y en las mejores familias.

El Gobierno islandés estudia una denuncia contra Londres ante los tribunales, que imagino que se basará contra el fundamento legal de la requisa. Y en los supermercados de Reikiavik se recogen firmas para esta campaña.

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".

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