No, you can’t

Cuando regresé de la oficina, mi familia se había congregado ante la pantalla de la televisión para ver la cobertura sobre la victoria de Obama, que repetía en su discurso de la victoria en Chicago el lema que ha marcado su campaña. Yes, we can. ¡Qué gran predicador!

Pero me habían hecho una faena.

- Ha venido un par de veces un vendedor de X y volverá dentro de media hora para hablar contigo- me dijeron.

Los representantes de suministradores de energía son una plaga. Desde que se privatizaron los monopolios, van de puerta en puerta ofreciéndote que cambies de compañía de gas, o de electricidad, o de gas y de electricidad. Saben que la población les acoge con cierta simpatía porque, según dicen los que han estudiado el asunto, lo más barato es cambiar a menudo de suministrador, aprovechar las ofertas. La cuestión es si uno está dispuesto a escuchar la palabrería de los vendedores para ahorrar unas pocas libras.

Y los vendedores suelen ser negros o indios. Es un trabajo duro.

- La victoria de Obama os ha emocionado y por eso habéis citado al vendedor. Estoy seguro de que es negro- dije y, esto es algo insólito, acerté.

Al cabo de media hora, llamó a la puerta. Era un chaval y venía hecho un pimpollo. El pelo con rulos y brillantina, un pendiente de oro en cada oreja, una sonrisa de un millón de dólares, una incongruente gabardina, y unos extraordinarios zapatos acharolados y terminados en una punta muy larga y muy aguda.

Nos sentamos en el comedor y comenzó a sacar fichas:

- X te ofrece un descuento anual de cien libras cada año. ¡Todos los años van a descontarte cien libras de tu factura!

La vida del corresponsal es durísima, no se la deseo a nadie, así que le pedí, por favor, que cortara el rollo.

- ¿Me aseguras que sale más barato si contrato ahora la electricidad con X?

- Sí- respondió él.

- Pues hagamos los papeles.

- ¿De dónde eres?- me preguntó.

- De España.

- ¿De España? I love Spain, man. I love Spain. Voy cada año.

- ¿A dónde vas?

- Voy a ese lugar… Soy tan malo con los nombres… ¡Hay un hotel muy grande y una playa! Aaaaghhh!… No recuerdo… I love to dance.

Quizás se estaba dando cuenta de la envidia que me daban sus zapatos.

- ¿Ibiza?

- What?

- Aibissa?.

- That’s it. That’s it…I think.

Mientras charlábamos, me iba pidiendo los datos para rellenar sus papeles. Ya me había preguntado la fecha de nacimiento.

- Pareces mucho más joven- me mintió-. ¿Haces deporte?

- Si, corro, juego al tenis. ¿Y tú?

- Voy al gimnasio. Para hacer músculos, porque como tanta junk food que estoy gordo. Es increíble la cantidad de junk food que puedo comer.

Se tocaba la tripa y es cierto que parecía fuerte y musculado.

- Antes hacía atletismo, velocidad, pero el entrenador me ha dicho que tengo que bajar el peso antes de correr de nuevo.

- ¿Cien metros?

- Sí, cien metros. Soy muy rápido.

- ¿Cual es tu mejor tiempo?

- Once segundos. Soy rápido. Quiero correr en los Juegos de Londres, en 2012.

- ¿Mmm…? La final de Pekín se corrió en 9.6 o 9.7- le dije, intentando recordar-. Para bajar de once segundos a 9.7 hace falta trabajar mucho.

Y entonces mi vendedor preferido me miró con los ojos grandes como platos, la boca abierta, y exclamó consternado:

- ¿9.7?…¿9.7?…¡Entonces no podré correr en los Juegos Olímpicos!

No sé si se reía de mi. Es muy probable. Es probable también que acabe pagando más por la electricidad que lo que pagaba. Pero prefiero eso al sentimiento de que, mientras una buena parte del planeta disfrutaba con la llegada de un hombre negro a la presidencia de un país con mayoría blanca, yo fastidié el sueño olímpico de un glotón de hamburguesas que sólo tiene una gabardina para los días fríos.

Eso sí. ¡Vaya zapatos!


Este fin de semana, en el Hollywood Bowl, Van Morrison y la banda que grabó Astral Weeks, hace exactamente cuarenta años, tocará por primera vez íntegramente uno de los grandes discos del…¿a qué género pertenece realmente esta música? Esta versión de ‘Ballerina’- con guitarra desafinada incluida- da la medida de cuán impredecible es el genio hosco de Belfast.


Enjoy the weekend.

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