Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Entrevisté hace unos meses a Hugo Slim, que fue durante varios años el principal teórico, el chief scholar, del Henri Dunant Centre. Acababa de publicar un libro sobre la protección de civiles en situaciones de guerra.
Publico aquí la entrevista tal como la escribí en su día, tras la lectura del libro y la conversación con su autor. Las fotos son de Ione Saizar, con quien tengo la fortuna de trabajar habitualmente.

En junio de 1990, tropas del Frente Patriótico Nacional de Liberia, liderado por Charles Taylor, entraron en Bakedu, una pequeña ciudad en la frontera entre Sierra Leona y Guinea y, en media hora, mataron a 350 personas, hombres, mujeres y niños. Eran simplemente mandingos, según los guerrilleros.
Hugo Slim visitó Bakedu en 2006. Uno de los viejos de la ciudad le señaló el lugar, en el camino hacia el río, donde un soldado de Taylor dejó que quienes huían de la masacre se pusiesen a salvo. Ese soldado desconocido representa, según Slim, “un sentimiento minoritario entre fuerzas violentas”.
“Ese soldado desconocido es el representante conmovedor de ese otro sentimiento humano que siempre existió junto a la masacre y la crueldad en la guerra, el sentido moral de que matar está mal”, escribe Hugo Slim en Killing Civilians (Matar Civiles), que se ha publicado en lengua inglesa.
Es ahora director de Corporates for Crisis, que intenta atraer inversiones privadas a sociedades que se recuperan de guerras y desastres, y antes fue el principal teórico del Centro Henri Dunant, con sede en Ginebra, que ha ganado notoriedad en España por facilitar el diálogo entre el Gobierno y ETA.
La familia Slim tiene tradiciones militares y religiosas. La estatua de su abuelo, William, ocupa un lugar privilegiado en el barrio gubernativo de Whitehall. Fue uno de los grandes generales británicos del siglo XX. Su padre fue también militar, jefe del regimiento de fuerzas especiales, Servicio Especial del Aire, o SAS.
El hijo, Hugo, siguió por la otra senda familiar, la de la Iglesia, y, tras estudiar Teología en Oxford, encontró en las ONG de ayuda internacional un campo en el que combinar la preocupación religiosa y la llamada del hombre de acción. Su libro responde también a esa doble preocupación.
“Creo que siempre habrá guerras y que lo más práctico es paliar sus efectos”, dice Slim, cuyo empeño es dar cuerpo teórico al movimiento de protección de civiles. Describe cómo se mata a no combatientes o se comete la violación sistemática de mujeres en guerras actuales o pasadas y desmenuza las ‘ideologías anticiviles”.
Enumera éstas: pensamiento genocida o maniqueo, afán de poder mediante la dominación y la subyugación, afán de revancha o de castigo, eficacia de matar civiles, réditos económicos, posibilidad de erradicar al enemigo, ineptitud en la furia de la guerra, lamento sobre la necesidad de matarlos,...
Otra ideología que sustenta el asesinato de civiles es la ‘necesidad asimétrica’, que lo justifica por la desventaja de uno de los oponentes. Se aplica particularmente al terrorismo, que Slim considera “totalmente injustificable, porque mata civiles como un objetivo secundario, con el fin de apelar al Gobierno”.
Slim analiza en su libro la dificultad para promover la protección de civiles por la frecuente ambigüedad de su papel. Los civiles eligen o siguen a sus líderes, sostienen sus economías o, como la joven soprano Maria Callas en la Atenas ocupada de 1942, hacen más agradable la vida de los oficiales de un Ejército brutal.
“Es un problema complejo, con contradicciones”, afirma. Experimentos psicológicos y estudios sobre reclutamiento y atrocidades muestran que, si se dan determinadas condiciones, el 80% de la población participa directamente en actos de violencia, el 10% rehusa y pide que se le asigne a otro puesto y otro 10% resiste activamente lo que percibe como injusto.
La protección de civiles requiere, según Slim, la promoción constante de la filosofía de la guerra limitada, exigir a los que hacen la guerra que acepten “que todos los no combatientes tienen una identidad humana fundamentalmente vulnerable y mixta”. Requiere cosas prácticas que pueden resultar paradójicas, como el adiestramiento de ejércitos y guerrillas.
Hugo Slim cree que, a pesar de que los civiles muertos en conflictos del siglo XX se cifran en 217 millones y que aún queda en la sombra la amenaza nuclear, hay mejoras. La tecnología de armas inteligentes y la extensión de la cultura militar pro-civil explican, por ejemplo, un marcado cambio en la conducta de la guerra en Vietnam y en Irak por Estados Unidos.
Charles Taylor es ahora juzgado por masacres como las de Bakedu en el Tribunal Penal Internacional, un avance para el sentimiento de justicia que puede, sin embargo, empujar a autores de crímenes de guerra hasta la última resistencia.
El telón de fondo de las regulaciones de la conducta de guerra está compuesto por las convenciones de Ginebra. Slim cree que, tras su aprobación en 1949 y su ampliación en 1977, hay ahora una convergencia de intereses para renovarlas.
Enjoy the weekend.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, dos colegas admirables- Ainhoa Paredes y Mónica Bergós- cubren también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Oscar dijo
Muy interesante, y muy desesperanzador lo de que "siempre habrá guerras". En cuanto a las regulaciones de la conducta de guerra veo muy dífícil lograr un consenso para cambiarlas. El Derecho Internacional no es que sea demasiado respetado: Guantánamo es un ejemplo terrible, o las torturas por tropas aliadas en Irak, y más que no nos enteramos. Esto por lo que se refiere a las naciones democráticas, no hablemos ya de los conflictos africanos...
Anónimo dijo
Y un sistema economico tambien puede ser criminal, no solo los dictadores. El director de cine Abderrahmane Sissako, uno de los bien pocos intelectuales africanos con voz internacional, lo denunciaba el pasado sabado en una entrevista en el BFI Southbank de Londres. El director nacido en Mali denunciaba el sistema economico de desarrollo que empobrece a los que tienen menos. Y con su suave voz de poeta nos recordaba las atrocidades que ha llevado a cabo nuestra Europa en nombre de... En fin..
Gracias por tu blog, siempre interesante!
Ane
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