Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Mi hija pequeña disfrutó ayer de su primer día de vacaciones. Volverán a clase en la primera semana de setiembre. Los escolares de aquí tienen en mitad de cada trimestre una semana de vacación; es decir, que aquí se administra el descanso a los estudiantes en dosis más regulares y breves.
Con el fin de curso llegan a casa los informes compilados por los profesores y por el tutor que supervisa el avance del pupilo. Aunque las reuniones con profesores y estos informes tienen interés, buena parte de las informaciones que reciben los padres contienen frases de formulario.
Este año hay un lío en el curso de mi hija, porque una empresa americana, ETS, contratada por el nuevo Ministerio de la Infancia, las Escuelas y las Familias para anotar los exámenes nacionales, SAT, que hicieron en junio, ha organizado tal desbarajuste que posiblemente un millón de alumnos se quede sin marks.
He de reconocer mi indiferencia sobre las notas de mi hija en los SAT, quizás porque los informes de sus profesores son buenos. Esos exámenes nacionales se introdujeron, tras la creación del ahora veinteañero currículum nacional, para que el ministerio pueda publicar luego unas tablas con los porcentajes de alumnos que en cada escuela han pasado determinados baremos.
Así se pretende informar a los padres de cómo va la escuela, más que sobre la educación de su hijo. También se publican- y suelen ser algo más útiles- los informes de los inspectores nacionales sobre cada escuela. Son instrumentos introducidos por los conservadores para dar a los padres poder sobre los maestros de las escuelas públicas . Los laboristas los han mantenido.
Todas estas cuantificaciones de la educación tienen su origen en la tradición religiosa puritana. Cuando lleguen mis vacaciones, la próxima semana, me llevaré a mi refugio Intelligence, Destiny and Education: The ideological roots of intelligence testing, de John White. Lo empecé y tuve que interrumpir la lectura. Me estaba pareciendo magnífico.
Sigan este enlace para ver las fotos de otro magnífico, un profesor de química.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Laura dijo
Nos comentas qué tal el libro?
Por el título, tiene muy buena pinta, quizá nos lo aconsejes cuando lo hayas terminado...
aitortxu dijo
Lo bueno del sistema es que ademas de tu opinion propia de como tu hijo/a progresa el en cole es que tienes informaciones de los inspectores de educacion y del propio colegio a traves de los resultados. Lo malo para los teachers son los targets que tienen que cumplir y el papeleo asociado a esto. Otro punto malo es que a pesar de esto todavia hay coles buenos y malos!
Por cierto que curioso eso del puritanismo y de los quakers (vide link). En una misma carretera por donde vivo hay dos colegios privados: uno donde va mi chica es non-selective, es muy familiar y las clases son de 10-12 chavales, todo el mundo se conoce y tinene todas las ventajas del sector privado. A 3 millas escasas hay otro cole privado, muy conocido por aqui, de origen quaker, selectivo donde hacen criba/filtro desde peque#os a traves de examenes, donde predominan los wasp, y por cierto, donde los resultados no son tan brillantes al final del dia. Son una raza predestinada cuya personalidad se cuaja en el cole...muy controvertido.
Feliz vacaciones.
Iñigo Gurruchaga dijo
Ah, la diferencia clave es el número de alumnos. En las escuelas públicas, es normal que haya treinta. Fue una de las cuatro promesas de Blair en 1997; repartieron aquella tarjetita con cuatro promesas firmes. Una de éllas: que no habría más de treinta alumnos por aula. Lo cumplieron más o menos.
Gracias por tu mensaje y tu deseo de buenas vacaciones, Aitortxu, y a Laura, además de las gracias, la promesa de volver al libro citado: tal como va esto del blog acabaré sacando provecho de todas y cada una de mis actividades. Saludos.
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