UNA. Hace unos días colgué un post con el texto que no había entrado en el periódico de una entrevista con Nigel Lawson, autor de un libro- An appeal to reason- que analiza la economía de la gran alarma climática. Lord Lawson me envía una nota contándome que la editorial Gota a Gota, de la Fundación FAES, va a publicar el libro en español en la próxima primavera.
Quedan advertidos. Se acerca la contraofensiva de los simpatizantes de un ciudadano injustamente maltratado por el periodismo y la política falaces: aquel primo de Rajoy, profesor universitario, que no estaba de acuerdo con esa apabullante mayoría de los firmemente convencidos de que el clima también nos va a matar.
DOS. Jeremy Irons en ‘Never so good‘. Es una recreación de la vida de Harold Macmillan, el ex primer ministro británico. Margaret Thatcher y lo que vin
o con ella fue, en parte, una reacción contra gente como Macmillan: el péndulo tory.
Comienza la obra con Irons, en el papel protagonista, narrando desde el proscenio los primeros pasos de su vida, que se despliegan en el escenario.
Al principio, el público creyó que era el sonido de un móvil; luego, de algún localizador. Pero siguió sonando, varios minutos. Irons se hizo cargo del asunto. Sin salir del personaje y con la voz supuesta del viejo Macmillan envuelto en reminiscencias, dijo algo así:
- Desde hace ya un rato se oye un agudo pitido en la sala. Alguien ha debido dejar un desfibrilador en su bolsa. Por favor, que lo apague y así podemos seguir tranquilos.
Ovación del público. Sigue la obra. El sonido también sigue imperturbable y al cabo de un buen rato el pitidito agoniza y se extingue.
Al final de obra, Irons, notorio fumador, tose varias veces. Una, dentro del personaje, creo yo. Otras dos, gratis. Tiene una dicción extraordinaria y en este papel hay ecos entre su porte estoico y la personalidad de Macmillan.

TRES. ¡Cómo han mejorado las cosas en Irlanda del Norte y mi vida profesional como consecuencia de ello! Hace unas semanas, asistimos a la despedida de Ian Paisley y a la formación de un nuevo Ejecutivo autonómico. Pero, tras la pompa, la verdad del Ulster. El Ejecutivo no se ha reunido aún. Unos dicen que lleva un mes sin reunirse. Otros, que lleva casi tres, que la cosa ya venía de antes. Los ministros no se aguantan. Viejos rencores. Y no hay artículos sobre tan extraño caso en la prensa británica. A nadie le importa mientras no haya tiros.
Mis jefes en el periódico siempre han combatido mi pereza para escribir tánto como hemos publicado sobre las cosas norirlandesas: “Tú allí no te das cuenta, pero aquí a la gente le interesa mucho”.
Tanto insistir, acabé aprendiendo algo. Mañana me voy de vacaciones- do not cry yet, dejaré un gran post de mi adorada como despedida- y esta vez las necesito. El pasado agosto lo pasé encerrado aquí, escribiendo mi parte de Talking to terrorists, Making peace in Northern Ireland and the Basque Country. Escribirlo en inglés ha sido una big challenge. Está escrito con dos tipos muy listos, John Bew y Martyn Frampton, y lo publicará Hurst en el principio del próximo año. Inshallah.

