En el palacio de Kensington, donde aún los deudos sentimentales de Diana cuelgan sus cosas, hay una exposición sobre las últimas debutantes.
Dos siglos había durado la costumbre de presentar en sociedad a las chicas cuando llegaban a los dieciesete años.
Las vestían bien, las paseaban por los eventos de The Season y las presentaban finalmente a la Reina.
Me hubiese encantado conocer a Madame Vacani, una profesora de ballet que adiestraba a las adolescentes sobre cómo componer la reverencia.
En la exposición aprendí cómo hacer la curtsey. No era un paso de ballet, con movimiento giratorio de una pierna en torno a la otra para acompañar la inclinación.
Esto no es en absoluto.
He intentando encontrar alguna imagen que ilustre la forma correcta, pero sin éxito.
Ahí va la explicación mecanográfica: la pierna izquierda se retrasa en la misma línea que la derecha, las puntas de los pies hacia adelante, las rodillas se juntan y se procede, efecto muelle, a la genuflexión, teniendo en cuenta que la cabeza permanece siempre erguida. Que Madame Vacani perdone mi osadía: yo recomiendo, para practicar ante el espejo, que se coloque encima de la cabeza ‘Bella del señor‘, de Albert Cohen.
Es algo parecido a esto.
Si Sarkozy tuviera algo del gran Jean Gabin, uno se lo imagina diciendo: “Elle est chouette, ma petite, eh, madame”La gran finale era el baile de la Reina Charlotte, en el hotel Grosvernor House. Las ‘debs’ entraban en el gran salón acarreando un enorme pastel, al que también rendían una genuflexión. La última recepción real a las debutantes se celebró en 1958. Había críticas a la monarquía por mantener ritos arcaicos.
Para definir una estratagema social ideada para presentar a las hijas casaderas- el coste entre 11000 y 130.000 libras de hoy- se utilizaba la expresión coming out, que ahora se usa para hablar de los homosexuales que declaran sus predilecciones.
Las chicas utilizaban una serie de acrónimos para definir a los chicos que conocían en los bailes. NSIT era not safe in taxis, peligroso en un taxi. VVSITPQ era very very safe in taxis probably queer, nada peligroso en un taxi probablemente gay.
En los últimos meses, se han publicado en Inglaterra varios libros sobre los años cincuenta, en los que se recuerda con nostalgia un tiempo en el que había menos dinero pero quizás un sentimiento mayor de armonía. He hablado de esto con varias mujeres y todas lo han negado. “Eran un tiempo horrible’, me dijo una diplomática del Foreign Office. En la exposición, que recomiendo, las últimas debutantes de 1958 coinciden. Una dice: “Hacíamos trabajos pero no teníamos carreras, como las mujeres de ahora”.
Las debutantes vestían gowns con esta factura.

