El regreso de Kenneth Clarke (ex socio de Aznar)


Lo ocurrido en la tarde del 21 de noviembre de 1990 en el despacho del primer ministro en la Cámara de los Comunes ilustra la personalidad de Kenneth Clarke. Aquel día, Margaret Thatcher, recién regresada de París, consultó uno a uno a todos los miembros de su gabinete para verificar que la apoyaban.

La víspera, el partido Conservador había descubierto que la líder que les había llevado a tres victorias sucesivas estaba herida. Michael Heseltine, un multimillonario diputado que se había marchado del Gobierno por sus desavenencias con Thatcher, logró 152 votos de miembros del Parlamento en su batalla por el liderazgo. Thatcher logró 204. Hubo 16 abstenciones. Había que repetir. Nadie tenía la mayoría suficiente según el reglamento interno.

La primera ministra convocó aquel miércoles a sus ministros y el desfile ofreció el abanico completo de la comedia humana. La mayoría le dijo que la apoyaban, porque ya se había demostrado que ellos, niños criados en internados privados, eran incapaces de llevar la contraria a una mujer testaruda y que era capaz de levantar la voz en una disputa. Otros simplemente se echaron a llorar. Clarke, el ministro de Sanidad que había introducido un remedo de mercado interno en el servicio público, le dijo que su suerte estaba echada y que él votaría en una segunda elección a Douglas Hurd.

Thatcher se fue a su residencia, donde su marido Dennis le dijo: “Querida, no quiero que te hagan daño”. Y la Dama de Hierro abandonó entre lágrimas Downing Street en la mañana del jueves. Recuerda a Clarke con afecto en sus memorias. Lo considera un amigo sincero. A otros, como el nuevo líder elegido, John Major, los trata con desdén.

Kenneth Clarke regresó el lunes a la primera fila de la política británica. David Cameron le ha nombrado ministro de Negocios en el Gabinete en la Sombra, el nombre que recibe la primera fila de los escaños de la oposición. Tendrá como tarea contrarrestar el impacto que tiene Peter Mandelson, otro peso pesado de la política británica reciente, que ocupa esa cartera.

Clarke fue, con Major, ministro de Educación, donde introdujo autonomía a las escuelas, en un sistema que, como en la Sanidad pública, los neolaboristas, primero, derogaron, y luego reconstruyeron con matices. Y fue ministro de Hacienda tras el Septiembre Negro de 1993. Como Pedro Solbes en el último gobierno de Felipe González, Clarke capeó en el de Major la crisis de aquellos años y dejó la Hacienda pública en una posición propicia para beneficiarse de la onda expansiva internacional.

Se presentó tres veces como candidato a liderar a los conservadores y tres veces fue rechazado. Su pecado: era el abanderado de la facción conservadora partidaria de la participación activa en la Unión Europea y del ingreso de la libra en el euro. Los líderes conservadores desde la caída de Thatcher- salvo la excepción digna de varios tomos de John Major- han ganado sus galones, ante una militancia menguada y de edad avanzada, mostrándose como euroescépticos de traca.

Cameron, que fue en el pasado un simpatizante neocon, cautivó al partido con su imagen juvenil y la promesa de renovación centrista. Había que encontrar un antídoto a la monstruosa ambigüedad, tan iluminada, de Blair. Pero para ganar la elección pactó con el doctor Liam Fox, el portaestandarte del tratamiento con purgas contra fiebres europeas. El pacto con Fox y su grupo de irredentos eurófobos incluyó la primera decisión importante de Cameron y una de las más disparatadas, el anuncio de la retirada de los europarlamentarios conservadores del Partido Popular Europeo.

Ahora, Clarke vuelve porque Cameron quiere a Big Ken en la batalla que se disputa sobre esta crisis. Ambos dicen que, sobre la política europea, han “acordado que están en desacuerdo”. Los dirigentes laboristas que permanecen fieles a Blair dicen sobre la nueva relación Brown-Mandelson: “Veremos cuanto dura”. Lo mismo se podría decir de Cameron y Clarke. Para cerrar el círculo, se enfrentarán en torno a la cartera de Negocios Lord Mandelson y Kenneth Clarke, los dos políticos más partidarios de la UE en sus respectivos partidos.

Clarke es parte de la mafia de Cambridge, un grupo de estudiantes conservadores que copó posiciones en los gobiernos de Thatcher: Gummer, Lamont, Howard, Brittain, Fowler y Clarke. Se integra ahora en el equipo de la mafia de Eton y Oxford; Cameron y Osborne entre ellos. La política conservadora siempre fue así.

Amante de los puros y de la cerveza, erudito del jazz, impenitentemente calzado con zapatos de ante, el nuevo ministro en la sombra se opuso contra la opinión de su partido a la invasión de Irak y sigue rechazando llevar un teléfono móvil, Es diputado por una circunscripción en Nottingham y percibido como un político más partidario de la industria que de las finanzas. Eso decía ayer al menos un periodista, yo creo que mal informado, de la BBC.

Cuando era ministro de Hacienda, recibió clases de español. Lo que me lleva suavemente a la conclusión de todo esto. ¿Qué relación de negocios han tenido Kenneth Clarke y José María Aznar?

Ambos eran hasta diciembre miembros del Consejo Asesor de Centaurus Capital, un fondo de cobertura o de alto riesgo, con sede en Londres. El sector de los hedge funds es la banca crecida en la sombra de la convencional que esta crisis está pulverizando. El francés Bernard Oppettit les fichó para su Consejo Asesor. Pero Centaurus ha tenido que disolver su fondo estella, el Alpha Fund, que gestionaba cerca de mil millones de euros, después de que sus inversores se negaran a aceptar las barreras propuestas por la dirección para la retirada de dinero. Clarke ya no forma parte del Consejo Asesor de Centaurus.

Clarke es miembro del consejo de administración de INM, el grupo mediático presidido por el irlandés sir Anthony O’Reilly. En lo que va de año, la sociedad ha perdido el 83% de su valor bursátil.

Aznar también es directivo de un grupo mediático, del más grande, News Corporation, presidido por Rupert Murdoch. En lo que va de año, las acciones han perdido el 75% de su valor. Un día hablaremos de cómo evita News Corporation el pago de impuestos.

El ex presidente español tampoco ha tenido fortuna en la otra empresa a cuyo consejo pertenece, la americana JE Robert, especializada en inversiones inmobiliarias. Ha perdido el 90% de su valor en los últimos doce meses.

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