No lea esto, el chiste está al final

La Fundación para la Calidad de los Medios ha presentado recientemente un informe que intenta ofrecer una perspectiva sobre un debate que es ya intenso en el Parlamento y en los tribunales sobre la falta de exactitud de los periodistas en sus noticias o su intromisión en la vida privada de las personas.

Prometen un informe posterior con propuestas concretas para reformar el sistema actual de regulación voluntaria. Esquemáticamente, pasa por la Comisión de Quejas de la Prensa, que recibe las de sus lectores o las de sus presuntas víctimas y, cuando falla en favor de la queja, porque un periódico ha quebrado el Código Profesional, le obliga a publicar el fallo.

Es un sistema que no satisface a casi nadie. El informe de la Fundación es obra de personas que aquí suelen ser descritas, con afán de caricatura, como ‘the great and the good‘, los grandes y buenos. He buscado en Google el origen de esta frase y he encontrado esa misma pregunta de un tal David, que no recibió respuesta en el foro en el que la colgó. La pregunta está muy bien escrita:

“¿Sabe alguien el origen de ‘the great and the good‘? Creo que en su uso actual se refiere a grupos de personas que pueden ser consideradas eminentes, aunque con frecuencia son simplemente famosas, y casi nunca tiene una connotación de virtud”.

Por tanto, estos informes hay que tomarlos cum grano salis, pero he entresacado algunas frases del informe y, más abajo, las gráficas de sus apéndices:

  • Para sobrevivir esta crisis y los cambios seísmicos que afectan a la producción y consumo de noticias, los medios deben convencer al público del valor real de su contenido, y especialmente de sus noticias.
  • Los periodistas deben producir más material, para más soportes, en menos tiempo. Un estudio de la Universidad de Cardiff muestra que un periodista de la prensa nacional debe producir ahora, como promedio, tres veces más contenidos que los que producía en 1985.
  • La figura del subeditor, que comprueba la exactitud de los datos que se ofrecen en un artículo o el cumplimiento de las normas de redacción, está siendo eliminada en periódicos británicos y eso lleva a menor exactitud.
  • Hay pruebas de que las presiones competitivas llevan a algunos medios a perseguir las ventas a costa de la exactitud. Se ha achacado a esas presiones, por ejemplo, la baja calidad de las informaciones sobre la desaparición de Madeleine McCann. La historia dominó la cobertura de los medios durante varios meses en el verano de 2007. Los tribunales comprobaron que cientos de artículos no eran exactos y que, en algunos casos, eran ‘gravemente difamatorios’. En total, los tribunales fallaron que once medios habían publicado informaciones inciertas. Nuestro sondeo muestra que el 75% de la población cree que los periódicos publican informaciones que saben que no son ciertas.
  • La detención de un detective privado en 2002 reveló que 305 periodistas habían utilizado los servicios de su empresa para obtener informaciones sobre certificados penales, licencias de vehículos, carnets de conducir, facturas telefónicas detalladas de líneas fijas o móviles. 58 periodistas del Daily Mail habían contratado 952 servicios.

Ni que decir tiene que el Daily Mail se distingue por denunciar con gran pesar la decadencia de la civilización y que su director, Paul Dacre, un fenómeno para la venta de periódicos, se sienta también entre los ‘great and good‘ que vigilan el cumplimiento del código ético.

Estos son los gráficos.

El primero es la serie de porcentajes que resultan de agregar las respuestas de los encuetados que dicen que confían en que los practicantes de las siguientes profesiones les dicen la verdad. El 43% dice que confían de los periodistas en medios ‘up-market‘, o de calidad. La mitad de los que confían en su médico.


El segundo es la opinión, de 1 a 5, sobre la confianza en que estas instituciones se comporten con responsabilidad. Lo más deprimente para los de mi gremio es que la encuesta se hizo en diciembre de 2008 y los banqueros puntuaban por encima de los escribas.


El tercero indica el grado de acuerdo con algunas ideas que se exponen en la columna de la izquierda. Por este orden descendente:

- Hay veces en las que se justifica que los periodistas invadan la vida privada de las personas para conseguir la verdad.

-Los periódicos publican frecuentemente noticias que saben que son inciertas.

-El Gobierno debe hacer más para impedir que los periodistas invadan la vida privada de las personas.

- Se puede confiar en los dirtectores de los periódicos para asegurar que sus periodistas actúan por el bien común.

- Hay demasiados casos de invasión de la vida privada por periodistas.

- El Gobierno debe hacer más para obligar a los periódicos a corregir artículos inexactos.

La conclusión del informe es que quizás debe regularse con más detalle una profesión que exige a menudo que otras- médicos, maestros, policías, políticos, banqueros y un larguísimo etcétera- actuen con más transparencia.

Ese argumento lo expresó de forma pionera y en mi opinión magistral Onora O’Neill en ‘A Question of Trust‘.

Y, como epílogo, una joya. El taxista Guy Kewney llevó a su pasajero a la BBC y se quedó en la recepción a esperarle. Pero pasito a pasito fue conducido desde allí hasta el estudio, donde fue entrevistado sobre una sentencia reguladora de las descargas de música en internet. ¡Qué maestro del oficio, que tan a menudo consiste en hablar por hablar!

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